¡Azotadme!
Aquí estoy,
¡azotadme!
Merezco que me azoten.
No lamí la rompiente,
la sombra de las vacas,
las espinas,
la lluvia;
con fervor,
durante años;
descalzo,
estremecido,
absorto,
iluminado.
No me postré ante el barro,
ante el misterio intacto
del polen,
de la cama,
del gusano,
del pasto;
por timidez,
por miedo,
por pudor,
por cansancio.
No adoré los pesebres,
las ventanas heridas,
los ojos de los burros,
los manzanos,
el alba;
sin restricción,
de hinojos,
entregado,
desnudo,
con los poros erectos,
con los brazos al viento,
delirante,
sombrío;
en comunión de espanto,
de humildad,
de ignorancia,
como hubiera deseado...
¡como hubiera deseado!
No sé si llegaré a tiempo (o sea, antes de que los habituales pongan aquello de "Este Girondo es un cachondo"), pero ne adelante o no quiero decir que éste de Oliverio Girondo me parece un magnífico poema.
ResponderEliminarSer cachondo no es ningún desdoro ni demérito, todo lo contrario. Ser cachondo es no tomarse la vida demasiado en serio. Ser cachondo es abonarse al humor y no a la úlcera. Se puede ser un cachondo y, al mismo tiempo, poeta muy hondo (como Girondo).
ResponderEliminarNuestros sentidos disfrazan la realidad y adulteran lo que percibimos. Las matemáticas son el único puente entre nuestra razón y la realidad.
ResponderEliminar(DESCARTES)
Roma conocí y la fe perdí.
ResponderEliminarDulcinea, ese refrán viene del latín: Roma cognita, fide perdita.
ResponderEliminarSi me miras, me matas,
ResponderEliminarsi no, me muero;
mírame, vida mía,
que morir quiero.
Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente, y no una condición de las circunstancias.
ResponderEliminar(LOCKE)
ResponderEliminarEl verdadero descanso es trabajar sin prisa.