viernes, 19 de febrero de 2016

Y con tu salvación repruébame (por Herman Melville)

Niño de mi feliz amanecer
cuando aún vivías conmigo, y enviabas
tu arco iris por sobre la vida y el tiempo,
¡incluso sobre la Esperanza, mi esposa, y madre para ti!,
oh, nutrido en el dulce aire pastoral
alimentado de flores, luz y rocío de los prados matinales,
sálvame, y con tu salvación repruébame;
pero no, no reproches mi escaso temple fértil y mi inestable humor
aunque celoso de tu amplio futuro te haya sellado en un dócil destino.
¿Acaso hubiera podido salvarte del temeroso ladrón
incluso ignorando el triunfo de la más insincera y unánime mediocridad?
Descansa, pues, libre, completamente libre
mecido en los brazos de la serena noche.


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