Merma, voraz, las garras del león;
haz que la tierra acabe con sus brotes;
arranca, Tiempo, al tigre sus colmillos;
quema en su sangre al fénix milenario.
Trae estaciones tristes o gozosas
y aquello, Tiempo alado, que prefieras
sobre este mundo de dulzuras breves.
Pero un crimen atroz quiero prohibirte:
no cinceles la frente de mi amada
ni con tu vieja pluma la dibujes;
permite que tu curso no lo dañe,
espejo perdurable de hermosura.
O ensáñate si quieres, Tiempo anciano:
mi amor será en mi verso siempre joven.
Gran genialidad, solo a vosotros se os ocurre meter a Shakespeare en este mismo saco de poemas. Y por que no?
ResponderEliminarComplázcase vuesamerced, don Sansón, en las lecturas del buen Guillermo Desesperares. Y descuide el afán que le mueve a retornar a casa a aqueste caballero que ha menester de liberar a tanto cautivo, socorrer a tanta viuda menesterosa, desfacer tamaños entuertos...
ResponderEliminarY, mire sr Alonso, que dicen los enterados que don Miguel y don William nunca se leyeron ni supieron del otro, y ni siquiera es cierto que murieran el mismo dia.
ResponderEliminarPero no es menos cierto que criaturas hay que saben de cosas que ignora su criador, de modo que de zapateros remendones y humildes menestrales danse bachilleres y demás gentes de latines.
ResponderEliminarY es el caso que este cristiano viejo vino en adquirir en almoneda libros del mentado Guillermo Desesperares, que no sólo los libros de caballerías consiguen entretener las noches que pasa de claro en claro y las turbiedades de los días consiguientes.
Y dase el caso de que don Alonso conoce literaturas que don Miguel ignora, de la misma manera que el corazón late en el pecho sin que el mortal que lo posee alcance a saber del complicado mecanismo, ni sea él quien marque el compás de los latidos.
Pardiez, don Alonso, que gran paliqueue
ResponderEliminarQuise decir palique, mister Alonso Quijano
ResponderEliminarTú tranqui, tronco, que también puse "vuesamerced", todo soldado, y son dos palabras.
ResponderEliminarSe me estará secando el seso de tanta olla podrida. Esta ama...
Esto solo pasa en ZUMO DE POESIA, meter en el mismo poupurri al divino William y a Sofia Castañon
ResponderEliminarA los políticos, como a los calconcillos, hay que cambiarlos de vez en cuando. Y por la misma razón.
ResponderEliminarGran frase, Orákulo, y queda claro que te refieres a los calZoncillos con Z de... (ya se sabe).
ResponderEliminarLa lectura es como el alimento; el provecho no está en proporción de lo que se come, sino de los que se digiere.
ResponderEliminar(BALMES)
Dicen que la pena mata
ResponderEliminary yo te digo que no,
que si la pena matara
ya me habría muerto yo.
No debemos atribuir a la maldad lo que puede explicarse por la simple estupidez.
ResponderEliminar(HANLON)
Yo perdí media vida
ResponderEliminarpor un amor fatal
y otra mitad daría
por otro amor igual.