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sábado, 22 de febrero de 2020

La muerte de una rosa (por Katherine Mansfield)


Es una sensación que no puede olvidarse: sentarse en la soledad, en la penumbra, y observar la lenta, dulce y sombría muerte de una rosa.

Oh, ver que la perfección de los pétalos perfumados cambia levemente, como si una delgada llama hubiera besado a cada uno con un aliento cálido, y un color salvajemente intenso hay donde sangraron las heridas. Tengo delante una rosa así, en un cristal delgado y transparente, y tras ella un pequeño manto de hojas escarlatas. Ayer era hermosa, con una belleza virgen, serena, llorosa, fuerte y lozana; y su aroma era fresco y vigoroso.

Hoy ese olor es pesado, lánguido, con amores de mil cosas extrañas que vinieron en horas púrpuras atraídas por la luz dorada de las velas, las besaron ardientemente en la boca y las sorbieron con hermosos labios de apasionado deseo.

...Entonces ahora muere... Y yo escucho... porque debajo de cada pliegue de sus pétalos yace el fantasma de una melodía muerta, tan frágil y completa como un rayo de luz sobre un estanque en sombra. Oh, divina y dulce rosa. Oh, muerte exótica y esquiva y deliciosamente vaga.

De los tediosos sollozos y jadeos, de los gritos roncos y guturales y de los movimientos groseros y repulsivos del cuerpo del hombre moribundo me aparto; y sonriendo me inclino sobre ti y observo tu elegante, tu delicada muerte.


4 comentarios:

Tragikomedia dijo...

La excesiva proliferación y sobreabundancia de adjetivos lastra y echa a perder un texto que con más sobriedad sería hermoso. Aquí va el original en inglés:


It is a sensation that can never be forgotten, to sit in solitude, in semi-darkness, and to watch the slow, sweet, shadowful death of a Rose.

Oh, to see the perfection of the perfumed petals being changed ever so slightly, as though a thin flame had kissed each with hot breath, and where the wounds bled the colour is savagely intense . . . I have before me such a Rose, in a thin, clear glass, and behind it a little spray of scarlet leaves. Yesterday it was beautiful with a certain serene, tearful, virginal beautv, it was strong and wholesome, and the scent was fresh and invigorating.

To-day it is heavy and languid with the loves of a thousand strange Things, who, lured by the gold of my candlelight, came in the Purple Hours, and kissed it hotly on the mouth, and sucked it into their beautiful lips with tearing, passionate desire.

. . . So now it dies . . . And I listen . . . for under each petal fold there lies the ghost of a dead melody, as frail and as full a as a ray of light upon a shadowed pool. Oh divine sweet Rose. Oh, exotic and elusive and deliciously vague Death.

From the tedious sobbing and gasping, and hoarse guttural screaming, and uncouth repulsive movements of the body of dying Man, I draw apart, and, smiling, I lean over you, and watch your dainty, delicate Death.

Carla dijo...

Es la primera regla del escritor: "témele al adjetivo más que a tu peor enemigo".

Carlos Cay dijo...


Es lo primero que te dicen en los talleres literarios. Adjetivos, los mínimos imprescindibles, y siempre certeros. Loa adjetivos aportan muy poco o nada (nieve blanca, hermosa flor, pico afilado...) y, como ladrones profesionales que son, roban la fluidez del texto.

caZa de citas dijo...

Hay hombres capaces de sentir y hasta de sentir delicadamente e incapaces de exteriorizar sus sentimientos.

(SHAW)