zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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martes, 12 de julio de 2011

Que por eso está vivo (por Juan Vicente Piqueras)

Nadie es perfecto, claro, y nadie sabe
que por eso está vivo, que le debe
la vida a sus defectos, que vivir
es tarea de astutos, de cobardes.


Si hemos sobrevivido a aquel dolor
que amenazaba con aniquilarnos
es porque no supimos sufrir como queríamos
y fuimos incapaces de fallecer en él.
O fue la vida, que se ama a sí misma
más que nosotros, la que lo impidió.


El miedo es, a menudo, un buen refugio.
La pereza protege. La cobardía salva.
Quizá exagero para que me entiendas:
si seguimos viviendo lo debemos
a no saber sentir, al deterioro
de nuestro asombro, al miedo
y a la astucia de los supervivientes.


Yo sé bien que la muerte se enamora
de los mejores, que se los lleva pronto.
Los demás olvidamos si podemos
que no somos lo que desearíamos,
que la memoria inventa lo vivido
para ayudarnos a seguir viviendo.


Todo nuestro saber es nuestra astucia
en adaptarse al medio, en ir tirando,
en adaptarse al miedo, en no morir.
Y así nos va, nos vamos
perdiendo el tiempo, devorando días
y llevando la vida que podemos
por no saber llevar la que soñamos.

lunes, 11 de julio de 2011

Me alivias tanto (por Ko Un)

¿Podría arrullar a esa niña meciéndola
con estas manos frías
empapadas de sol de otoño?

Duerme, duerme. Me alivias tanto.
A mí mismo me arrullo
cuando te duermo.

domingo, 10 de julio de 2011

Esas grandes preguntas (por Karmelo Iribarren)

Las tres
de la madrugada.
Que vengan
esas grandes preguntas,
que ya tengo mis respuestas:
El viento
y la lluvia
ahí fuera,
y aquí
al lado
tu respiración.

sábado, 9 de julio de 2011

Malos recuerdos (por Antonio Gamoneda)

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.



Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
"¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…"

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
"Tu madre que te quiere."
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.



Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

viernes, 8 de julio de 2011

La pregunta triste (por Walt Whitman)

¡Oh mi yo! ¡Oh vida! De sus preguntas que vuelven,
del interminable desfile de los desleales, de las
ciudades llenas de necios,
de mí mismo, que me reprocho siempre (pues
¿quién más necio que yo, ni más desleal?),
de los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
de los malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,
de los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los otros.

La pregunta, ¡oh mi yo!, la pregunta triste
vuelve: ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, oh mi yo, oh vida?
Respuesta: Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama y que
tú puedes contribuir con un verso.

jueves, 7 de julio de 2011

Mentiras (por Gloria Fuertes)

Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: "Tengo cuarto de baño"
—mi casa era pobre, con el retrete fuera—.
"Mi padre es ingeniero" y era sólo fumista,
pero yo le veía ingeniero ingenioso

Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.

Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

miércoles, 6 de julio de 2011

Cuando tú quedes libre de este cuerpo (por Juan Ramón Jiménez)

Conciencia… Conciencia, yo, el tercero, el caído, te digo a ti (¿me oyes, conciencia?). Cuando tú quedes libre de este cuerpo, cuando te esparzas en lo otro (¿qué es lo otro?), ¿te acordarás de mí con amor hondo; ese amor hondo que yo creo que tú, mi tú y mi cuerpo se han tenido tan llanamente, con un convencimiento doble que nos hizo vivir un convivir tan fiel como el de un doble astro cuando nace en dos para ser uno? ¿Y no podremos ser por siempre, lo que es un astro hecho de dos?

¿No te apena dejarme? ¿Y por qué te has de ir de mí, conciencia? ¿No te gustó mi vida? … ¿Qué sustancia le pueden dar los dioses a tu esencia, que no pudiera darte yo? … ¿Y te has de ir de mí tú, tú, a integrarte en un dios, en otro dios que éste que somos mientras tú estás en mí?

martes, 5 de julio de 2011

Te ofrezco (por Jorge Luis Borges)

¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco estrechas calles, atardeceres desesperados, la luna de los suburbios derruidos.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha visto mucho tiempo la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis hombres muertos, los fantasmas que los vivos han honrado en bronce: el padre de mi padre muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, fue envuelto por sus soldados en cuero de vaca; el abuelo de mi madre—con tan sólo veinticuatro años—encabezando una cargada de trescientos hombres en Perú, ahora fantasmas en caballos esfumados.
Te ofrezco cualquier acierto que mis libros puedan encerrar, cualquier virilidad o humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco el centro de mí mismo que salvé de algún modo—el corazón central que no utiliza palabras, no trafica con sueños y está intocado por el tiempo, por la desdicha, por las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista al atardecer, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones de ti mismo, teorías sobre ti mismo, autenticas y sorprendentes noticias de ti mismo.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; trato de sobornarte con la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.

lunes, 4 de julio de 2011

A veces (por Nicolás Guillén)

A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser un niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor, rompiéndome el pecho
una flor, y decir: Esta flor,
para usted.

domingo, 3 de julio de 2011

Un hombre pasa (por César Vallejo)

Un hombre pasa con un pan al hombro.
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo.
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano.
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño.
¿Voy, después, a leer a André Breton?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre.
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras.
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza.
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente.
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance.
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda.
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando.
¿Cómo luego ingresar en la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina.
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con los dedos.
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?

sábado, 2 de julio de 2011

Las hojas que estaban muertas han resucitado (por Jacques Prévert)

Al entierro de una hoja muerta
van dos caracoles
Tienen la concha negra
crespones alrededor de los cuernos
Van por la tarde
una preciosa tarde de otoño
Desgraciadamente cuando llegan
es ya primavera
Las hojas que estaban muertas
han resucitado
y los dos caracoles
se hallan muy decepcionados
Pero he ahí el sol
el sol que les dice
Tomaos la molestia
la molestia de sentaros
Tomad un vaso de cerveza
si os lo pide el cuerpo
Tomad si os apetece
el autocar para París
Saldrá esta tarde
veréis el país
Pero no os pongáis de luto
soy yo quien os lo dice
Ennegrece el blanco de los ojos
y además afea
Las historias de ataúdes
son tristes, no son hermosas
Retomad vuestros colores
los colores de la vida
Entonces todos los animales
los árboles y las plantas
se ponen a cantar
a cantar a voz en grito
la verdadera canción viva
la canción del verano
Y todo el mundo a beber
todo el mundo a brindar
Es una preciosa tarde
una precisa tarde de verano
y los dos caracoles
vuelven a sus casas
Van emocionados
van muy contentos
Como han bebido mucho
titubean un poquito
Pero en lo alto en el cielo
vela por ellos la luna.

viernes, 1 de julio de 2011

Ahora que te has ido (por Raymond Carver)

Ahora que te has ido durante cinco días,
fumaré todos los cigarrillos que quiera y
donde quiera. Haré bollos y me los comeré
con mermelada y tocino. Haré el vago. Seré
indulgente conmigo mismo. Pasearé por la playa solo
si me apetece. Y me apetece, a solas y pensando en mis años de juventud.

En las personas que entonces me amaron más allá de la razón.
Y en cómo yo las amé a ellas sobre todas las demás.
Excepto de una. ¡Estoy diciendo que haré todo
lo que quiera mientras estás fuera!
Pero hay una cosa que no haré.
No dormiré en nuestra cama sin ti.
No. No tengo ganas.
Dormiré ahí donde suelto una blasfemia si me apetece,
ahí donde duermo cuando estás fuera
y no puedo abrazarte como lo hago.
En el sofá roto de mi estudio.

jueves, 30 de junio de 2011

Víspera de viaje (por Fernando Pessoa)

Víspera de viaje, campanilla...
¡No me avisen con excesiva estridencia!

Quiero disfrutar del reposo de la estación del alma que tengo
antes de ver avanzar hacia mí la llegada de hierro
del tren definitivo,
antes de sentir la partida verdadera en la boca del estómago,
antes de poner en el estribo un pie
que nunca aprendió a no emocionarse siempre que tuvo que partir.
Quiero, en este momento, fumando en el apeadero de hoy,
seguir todavía un poco agarrado a la antigua vida.
Vida inútil, que sería mejor dejar, que es una celda…
¿Qué importa?
Todo el Universo es una celda, y estar preso no tiene nada que ver con el tamaño de la celda.

Me sabe a náusea próxima el pitillo. El tren ya partió de la otra estación...
Adiós, adiós, adiós, a todos los que no vinieron a despedirse de mí,
mi familia abstracta e imposible.
¡Adiós día de hoy, adiós apeadero de hoy, adiós vida, adiós vida!
Quedarme como un bulto con etiqueta olvidado,
en un rincón al resguardo de pasajeros del otro lado de la vía.
Ser encontrado por el guarda casual después de la partida.
«¿Y ésta? ¿Se la habrá dejado un tipo aquí?».
Quedarse pensando sólo en partir,
quedarse y tener razón,
quedarse y morir menos...

Voy hacia el futuro como hacia un examen difícil.
¿Y si el tren nunca llegara y Dios se apiadara de mí?

Ya me veo en la estación, hasta aquí simple metáfora.
Soy una persona perfectamente presentable.
Se nota -dicen- que he vivido en el extranjero.
Mis modales son de hombre educado, evidentemente.

Tomo la maleta, rechazando al mozo, como a un vicio vil.
Y la mano con que tomo la maleta me tiembla.

¡Partir!
Nunca volveré.
Nunca volveré porque nunca se vuelve.
El lugar al que se vuelve siempre es otro,
la estación a la que se vuelve es otra.
Ya no está la misma gente, ni la misma luz, ni la misma filosofía.

¡Partir! ¡Dios mío, partir! ¡Me da miedo partir!...

miércoles, 29 de junio de 2011

Vos allí (por Juan Gelman)

En la soledad de ella
me acompaña en días sin rostro conocido,
esperan su visita siempre.
Caminar por el borde
de su constelación es instrumento
de un amor que no supo.
El tiempo no resuelve nada, madre,
ahí estamos, vos allí, yo
huyo en silencio
de lo que no te pude dar cuando
las lágrimas lavaban tus mejillas.
Las batas del verano ciñeron
tus olvidos de vos, otras tierras.
Qué hermosa eras en tu desolación,
te parecías a
la palabra que no alcanzo a decir,
la línea negra de la pureza
que nadie sabe cruzar.

martes, 28 de junio de 2011

¿Qué vine a hacer aquí? (por Saiz de Marco)

¿Qué vine a hacer aquí
en el museo arqueológico del tiempo evadido
en el recinto fósil de los días arrancados
si ya no quedan voces
sólo ecos
si ya no quedan luces
sólo sombras
y todos los demás son ahora otros
y ni siquiera yo soy el mismo?

¿Qué vine a hacer en este
teatro de ruina y óxido
donde sólo subsisten
decorados
muebles
donde no sobrevive más que el
escenario?

lunes, 27 de junio de 2011

Aunque no haya camino (por Princesa Inca)

La mujer agarra sus dientes y sus huesos
y huye a cualquier desierto cercano
los metros registran en sus vías lágrimas y desorden
el cemento manifiesta ganas de llorar y llora entre adoquines
y cigarros apagados
muchas veces siente la libertad en los ojos
mirando cómo huyen las palomas de la muerte
como huye la saliva de boca en boca amándose

la mujer agarra sus bártulos y su olvido y sigue su camino
aunque no haya camino
aunque en lugar de una mujer sea sólo una fuente
las mariposas negras se posan en la lengua de los dormidos
y tragan la sangre de todas las madres que desaparecieron

así se sitúa la vida en el vientre del universo
engañando a los que parecen entenderlo todo
sin recordar que en una hora no conocida serán cadáver y sombra

el hilo del infinito juega con las noches oscuras
mientras dos niñas se besan y desaparecen sus almas
camino de un paraíso irreconocible

yo me desnudo y recorro el cuerpo de los fantasmas
con un miedo atroz a desaparecer en el delirio
y a la vez con unas ganas irresistibles de fundirme en él

mis brazos abrazan el aire y escupen versos
mi garganta sufre humo y palabras

despierto al alba insomne y perdida
con la sangre atiborrada de Litio y espera
con las pupilas grandes y erráticas

mi alma tiene un hambre grande de sueños y vísperas de desorden
mis manos conocen el tacto de otra mano enemiga

así transcurre el tiempo entre muertes y juegos
entre el primer error y el segundo y el tercer error
sin saber dónde situar la verdad y el engaño más absoluto
sin saber el origen de todo lo que parece existir y parpadea

los monstruos sonríen sin saber por qué
aposentan sus faces en los pechos de las luciérnagas desnudas
y confunden su luz con el resplandor del sol muriéndose

así por fin viajaremos al sueño y no volveremos de él
así por fin conoceremos el destino de los enloquecidos
que confunden cadenas con abrazos tibios

así regresaremos al vientre plácido y húmedo
y no volveremos al territorio de la memoria

así las mujeres cogerán su útero y huirán al océano
donde se alimentarán de su propia carne

huirán lejos, lejos, lejos

donde nadie niegue sus delirios de destellos azules

domingo, 26 de junio de 2011

Siempre empezar (por Tomás Segovia)

Todo es siempre empezar.
Volver a sostener la mirada sigue siendo empezar.
Y esta frente desnuda que expongo al viento incauto
gozando todavía de su caricia helada
es la frente de un héroe.

sábado, 25 de junio de 2011

Última forma de amar (por Pedro Salinas)

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar.

En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería.

Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.

viernes, 24 de junio de 2011

Golpes (por César Vallejo)

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... ¡Pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

jueves, 23 de junio de 2011

Impuro (por Nicolás Guillén)

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro,
entre otras cosas
falta saber si lo puro existe
o si es, pongamos, necesario
o posible
o si sabe bien.
¿Acaso tú has probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
Puaj, qué porquería.
Yo no te digo, pues, que soy un hombre puro.
Soy impuro, ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.

miércoles, 22 de junio de 2011

Quise mirar (por Ángel González)

Quise mirar el mundo con tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.

Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas.

Y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías.

martes, 21 de junio de 2011

Entre dos formas de asfixia (por José Emilio Pacheco)

En el último río de la ciudad, por error
o incongruencia fantasmagórica, vi
de repente un pez casi muerto. Boqueaba
envenenado por el agua inmunda, letal
como el aire nuestro. Qué frenesí
el de sus labios redondos,
el cero móvil de su boca.
Tal vez la nada
o la palabra inexpresable,
la última voz
de la naturaleza en el valle.
Para él no había salvación
sino escoger entre dos formas de asfixia.
Y no me deja en paz la doble agonía,
el suplicio del agua y su habitante.
Su mirada doliente en mí,
su voluntad de ser escuchado,
su irrevocable sentencia.
Nunca sabré lo que intentaba decirme
el pez sin voz que sólo hablaba el idioma
omnipotente de nuestra madre la muerte.

lunes, 20 de junio de 2011

La gran ola te trajo (por Jorge Luis Borges)

El inútil amanecer me encuentra en una esquina desierta; he sobrevivido a la noche.
Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo, abrumadas con cosas imposibles y deseables.
Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y de rechazos, de cosas a medio entregar, a medio rehusar, de joyas con un hemisferio oscuro.
Las noches actúan de esa manera, te lo advierto.
El oleaje, esa noche, me dejó los acostumbrados retazos y cabos sueltos: algunos odiados amigos para charlar, música para los sueños, y el humear de amargas cenizas. Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento.
La gran ola te trajo.
Palabras, unas palabras, tu risa; y tú tan indolente, tan incesantemente hermosa. Charlamos y has olvidado las palabras.
El destrozado amanecer me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.
Tu figura que se aleja, los sonidos que van a formar tu nombre, la cadencia de tu risa: estos son los insignes juguetes que me dejaste.
Los pongo de cabeza en la madrugada, los pierdo, los recupero; se lo cuento a un puñado de perros vagabundos y a las pocas estrellas extraviadas de la aurora
Tu oscura y esplendorosa vida...

domingo, 19 de junio de 2011

Pavoroso misterio de haber (por Fernando Pessoa)

A veces medito,
a veces medito, y medito más hondo, y aún más hondo
y todo el misterio de las cosas aparece para mí como aceite en la superficie,
y todo el universo es un mar de caras y de ojos cerrados hacia mí.
Cada cosa —un farol en la esquina, una piedra, un árbol—
es un ojo que me observa desde un abismo incomprensible,
y desfilan en mi corazón los dioses todos, y las ideas de los dioses.

¡Ah, que haya cosas!
¡Ah, que haya seres!
¡Ah, que haya forma de haber seres,
de haber haber,
de haber cómo haber haber,
de haber...!
¡Ah, que exista el fenómeno abstracto —existir,
haber conciencia y realidad—,
lo que quiera que esto sea...!
¿Cómo puedo expresar el horror que todo esto me causa?
¿Cómo puedo decir cómo es esto para que se sienta?
¿Cuál es el alma de que haya ser?

Ah, el pavoroso misterio de que exista la más pequeña cosa.
Por qué el pavoroso misterio de haber cualquier cosa
Por qué el pavoroso misterio de haber...

sábado, 18 de junio de 2011

Pero no apaga los ojos (por Marcel Proust)

Todo lo borra el tiempo como las olas borran
los trabajos infantiles sobre la arena llana.
Habremos de olvidar estas palabras tan precisas, tan vagas,
tras las que cada uno siente el infinito.
Todo lo borra todo el tiempo pero no apaga los ojos,
sean de ópalo, de estrella o de agua clara;
bellos como en el cielo o en un lapidario
arderán para nosotros con fuego alegre o triste.
Unos, joyas robadas de su vivo joyero,
lanzarán a mi corazón sus duros reflejos de piedra
igual que un día en que engastados, sellados en el párpado,
brillaban con fulgor precioso y frustrante.
Otros, dulces fuegos robados también por Prometeo,
chispa de amor que brillaba en sus ojos
y que para nuestro amado tormento hemos llevado,
claridades demasiado puras o joyas demasiado preciosas.
Constelad por siempre el cielo de mi memoria,
inextinguibles ojos de aquellas que amé.
Soñad como los muertos, fulgid como aureolas.
Como una noche de mayo brillará mi corazón.
Borra el olvido como una bruma los rostros,
los gestos adorados en otro tiempo a lo divino,
por quienes estuvimos locos, por quienes fuimos sensatos,
fascinación del error y símbolos de fe.
Todo lo borra el tiempo, la intimidad de las noches,
mis dos manos en su cuello como la nieve virgen,
sus miradas que acarician como un arpegio mis nervios
mientras sobre nosotros la primavera agita sus incensarios.
Otros, sin embargo, los ojos de una mujer alegre,
así como las penas eran vastos y negros.
Espanto de las noches, misterio de las tardes,
entre esas mágicas cejas estaba toda su alma
y su corazón era vano como una mirada alegre.
Otros, como el mar tan cambiante y tan dulce,
nos extraviaban hacia el alma hundida en sus ojos
como en esas tardes marinas a que nos empuja lo ignorado.
Sobre tus claras aguas navegábamos, mar de los ojos,
henchía el deseo nuestras velas remendadas
y olvidando las tempestades pasadas, partíamos
sobre las miradas para descubrir las almas.
Tantas miradas diversas, tan parejas las almas,
qué decepción para nosotros, viejos prisioneros de los ojos.
Habríamos debido quedarnos a dormir bajo la pérgola,
pero os habríais ido igual de haberlo sabido todo.
Para tener en el corazón estos ojos prometedores
como un mar de atardecer que sueña con el sol
habéis realizado gestas inútiles.
Para alcanzar el país soñado que, bermejo,
gemía de éxtasis más allá de las verdaderas aguas
bajo el arca sagrada de una nube que creíamos profética.
Pero es dulce tener estas heridas para un sueño
y vuestro recuerdo fulge como una fiesta.

viernes, 17 de junio de 2011

1938 (por Charles Simic)

Los nazis marcharon sobre Viena.
Superman hizo su debut en Action Comics.
Stalin purgó a sus amigos revolucionarios.
El primer Dairy Queen abrió en Kankakee, Illinois.
Yo, en mi cuna, me meaba en los pañales.

“Debes de haber sido un hermoso bebé”, cantaba Bing Crosby.
Un piloto al que los periódicos llamaron “Camino Equivocado Corrigan”
despegó de Nueva York con dirección a California
y acabó aterrizando en Irlanda mientras yo veía a mi madre
sacarse un pecho del camisón azul y dirigirse hacia mí.

Aquel septiembre hubo un huracán que trasladó un cine
desde la playa de Westhampton a algún sitio en medio del mar.
La gente temía que el mundo estuviera a punto de acabarse.
Un pez que se creía extinto desde hacía setenta millones de años
apareció en una red de pesca en la costa de Suráfrica.

Yo estaba en mi cuna mientras los días se hacían más breves y fríos.
La primera gran nevada cayó durante la noche
sumiendo mi habitación en un gran silencio.
Me parece haberme oído llorar durante mucho, mucho tiempo.

jueves, 16 de junio de 2011

Faltó poco (por Wislawa Szymborska)

Faltó poco
y mi madre podría haberse casado
con el señor Zbigniew Wola.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá habría tenido mejor memoria para los nombres
y las caras,
y para las melodías oídas una sola vez.
Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.
Habría tenido excelentes notas en física
y química,
peores en lengua,
pero habría escrito a escondidas poemas
claramente más interesantes que los míos.

Faltó poco
y mi padre podría haberse casado en ese mismo momento
con la señorita Jadwiga R.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá habría sido más terca en lo de salirse con la suya.
Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas,
capaz de abandonarse a emociones gregarias.
Vista continuamente en varios lugares al mismo
tiempo,
pero rara vez entre libros, más a menudo en la calle
jugando a la pelota con los chicos.

Quizá incluso se habrían encontrado ambas
en la misma escuela, en la misma clase.
Pero no habrían sido amigas,
no habrían tenido ningún parentesco,
y en las fotos de grupo estarían lejos una de otra.

Niñas, poneos ahí
-habría dicho el fotógrafo-.
Las más bajas delante, las más altas detrás.
Y sonreíd cuando os dé la señal.
Pero contad antes
si estáis todas.

-Sí señor, estamos todas.

miércoles, 15 de junio de 2011

Dos vidas, un instante (por Vladimir Holan)

Entramos en el ascensor y estábamos allí los dos solos.
Nos miramos sin hacer otra cosa.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba,
comprendí que nunca más la vería,
que era un encuentro de una vez para siempre
y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto,
y que si ella se hubiera vuelto hacia mí
sólo habría podido hacerlo desde el otro mundo.

martes, 14 de junio de 2011

Donde se hunden (por Juan Gelman)

En la intemperie de dos cuerpos
se sabe haber lo que no
se puede haber y el tiempo y la memoria
tejen una belleza diferente. Lento
es el abismo donde se hunden
las asambleas del odio y todo
es un pedazo, menos
el aire absuelto por vos.
La cosa obrada es imperfecta y el vacío
entre las dos verdades parece
un manantial de aguas henchidas
que produce todas las cosas, menos
un ojo más perfecto que el sol
cuando te dora. Es
la libertad que hacés y no cesa,
la palabra que no se esconde en
el banquete de la razón donde
alimañas, sierpes, otras bestias
comen reflejos de la lengua.

lunes, 13 de junio de 2011

Estás enferma, oh rosa (por William Blake)

Estás enferma, ¡oh rosa!
El gusano invisible,
que vuela, por la noche,
en el aullar del viento,
tu lecho descubrió
de alegría escarlata,
y su amor sombrío y secreto
consume tu vida.



domingo, 12 de junio de 2011

Donde antes caminara el sacerdote (por Félix de Azúa)

Por toda referencia
en el paisaje que la nieve ha cubierto
(las sombras ahora resplandecen)
borrado incluso el trecho
donde antes caminara el sacerdote,
un hombre busca el norte, el sur,
el este y el oeste.
El hombre, único en el paisaje,
busca el norte y el sur
y el este y el oeste.

sábado, 11 de junio de 2011

Gana la muerte (por Saiz de Marco)

La muerte gana pero no levanta los brazos
Cuando cruza la meta no descorcha champán
no canta victoria
no hace la uve con los dedos
La muerte gana sin euforia
sin entusiasmo
La muerte gana sin pasión
sin convicción
La muerte gana tímidamente y sin orgullo
(¿quién presumiría de abatir piezas tan frágiles?)
La muerte no goza, no saborea su triunfo
La muerte gana cumpliendo órdenes estrictas
La muerte gana por imperativo legal
La muerte gana con desgana
La muerte gana sin ganas de ganar
Sí, otra vez ganó hoy la muerte y quizás
en el fondo
deseaba perder

viernes, 10 de junio de 2011

A veces (por Nicolás Guillén)

A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor, rompiéndome el pecho
una flor, y decir: Esta flor,
para usted.

jueves, 9 de junio de 2011

Donde la rosa estaba (por Walter de la Mare)

Sólo está el viento donde la rosa estaba,
fría la lluvia donde estaba la hierba,
y nubes como ovejas
trepan por los abruptos
y grises cielos donde la alondra estaba.

No está ya el oro donde tu pelo estaba,
no está el calor donde estaba tu mano,
sino vago, perdido
debajo del espino,
tu espectro está donde tu rostro estaba.

Triste el viento donde estaba tu voz,
lágrimas donde mi corazón estaba,
y ya siempre conmigo,
hijo, siempre conmigo,
sólo el silencio donde estaba la esperanza.

miércoles, 8 de junio de 2011

Con la escoba en la mano (por José Luis Puerto)

Ese paso de danza
de la mujer humilde
delante de su puerta,
con la escoba en la mano,
quiere ser expresión de la alegría,
de ese gozo que lleva, ensimismado,
en el rostro, que mira a sus adentros
y sonríe dichoso,
no para nadie, sino porque el alma
se sabe en plenitud,
aunque ella nada sepa, la mujer,
más que vive y que es pobre
y que lleva una escoba entre sus dedos
y un niño que se agarra a su vestido.

Pero ella ahora se muestra
en el umbral de su vivienda, digna
y con un gozo pleno, ensimismado,
levemente inclinada su cabeza
y cerrados los párpados
mas en franca sonrisa fascinada.
Porque todo es un don
y nada merecemos.

Y sus pies con sandalias tan humildes
y desnudos, sin más,
muestran en su quietud
ese paso de danza reverente,
ese otro modo de sonrisa,
de plenitud lograda.

Y sus ropas tan pobres
no desmienten tampoco una belleza
aquí manifestada, sí, en el ser,
que se ofrece en el marco de su puerta
con toda su pobreza,
mas también
con el don cenital de su alegría.

martes, 7 de junio de 2011

Gotas (por Terenzio Formenti)

cae
la primera gota
en el parabrisas

atentas...
las otras
se abren camino

ahora
como locas...

corren
se rozan
se acarician
se aman

pequeñas gotas
en el parabrisas

lunes, 6 de junio de 2011

Toco tu boca (por Julio Cortázar)

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

domingo, 5 de junio de 2011

Regreso (por Juan Gelman)

Así que has vuelto
como si hubiera pasado nada
como si el campo de concentración no
como si hace 23 años
que no escucho tu voz ni te veo
han vuelto el oso verde tú
sobre todo larguísimo y yo
padre de entonces
hemos vuelto a tu hijar incesante
en estos hierros que nunca terminan
¿Ya nunca cesarán?
ya nunca cesarás de cesar
vuelves y vuelves
y te tengo que explicar que estás muerto.

sábado, 4 de junio de 2011

Suceso (por Wislawa Szymborska)

Cielo, tierra, amanecer,
ocho y cuarto de la mañana.
Calma y silencio
en las amarillas hierbas de la sabana.
A lo lejos un ébano
de hojas siempre verdes
y extensas raíces.

De pronto una alteración de esa quietud.
Dos seres con ganas de vivir rompen a correr.
Una gacela en una repentina huida
y detrás una leona jadeante y hambrienta.
Por un momento sus posibilidades son idénticas.
La que huye tiene incluso cierta ventaja.
Y si no fuera por esa raíz
que sale del suelo,
por ese tropezón
de una de las cuatro patas,
por ese cuarto de segundo
de alterado ritmo
que aprovecha la leona
con un largo salto...

A la pregunta de quién es el culpable,
nada, sólo silencio.
Un cielo inocente.
Una inocente tierra nutridora.
Un inocente tiempo fugitivo.
Una inocente gacela.
Una inocente leona.
Un inocente ébano.
Y un observador que mira con unos prismáticos,
inocente hombre
en este caso.

viernes, 3 de junio de 2011

Todo a pulmón (por Alejandro Lerner)

Que difícil se me hace
mantenerme en este viaje
sin saber adónde voy en realidad;
si es de ida o de vuelta,
si el furgón es la primera,
si volver es una forma de llegar.

Que difícil se me hace
cargar todo este equipaje.
Se hace dura la subida al caminar
esta realidad tirana
que se ríe a carcajadas
porque espera que me canse de buscar.

Cada nota, cada idea,
cada paso en mi carrera
y la estrofa de mi última canción;
cada fecha postergada,
la salida y la llegada
y el oxígeno de mi respiración.

Que difícil se me hace
mantenerme con coraje
lejos de la transa y la prostitución.
Defender mi ideología,
buena o mala, pero mía,
tan humana como la contradicción.

Que difícil se me hace
seguir pagando el peaje
de esta ruta de locura y ambición.
Un amigo en la carrera,
una luz, una escalera
y la fuerza de hacerlo todo a pulmón.

jueves, 2 de junio de 2011

Lo conseguí (por Raymond Carver)

¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra.

miércoles, 1 de junio de 2011

Cómo no ser (por Vladimir Holan)

"¿Cómo no ser?", te preguntas y hasta acabas por decirlo
en voz alta...
Pero el árbol y la piedra lo callan ,
aunque ambos son hijos de la palabra y por tanto mudos,
ya que la palabra se asusta de ver lo que ha sido de ella...
Pero los nombres aún los tienen. Los nombres: pino,
arce, álamo que tiembla... y los nombres: feldespato,
basalto, fonolita, amor... Bellos nombres,
sólo que asustados de ver en qué se han convertido.

martes, 31 de mayo de 2011

Ya sin mí (por Ángel González)

Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo.

Pero nada ya ahora
—ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa—
podrá evitarlo:

exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
creciente en un espacio sin fronteras,

este amor ya sin mí te amará siempre.

lunes, 30 de mayo de 2011

No es mi muerte lo que me preocupa (por Charles Bukowski)

Esperando la muerte
como un gato
que va a saltar sobre
la cama

me da tanta pena
mi mujer

Ella verá este
cuerpo
blanco
rígido
Lo zarandeará una vez y luego
quizás
otra:

¡ Hank !

Hank no
responderá.

No es mi muerte lo que
me preocupa, es mi mujer
que se quedará con este
montón de
nada.

Quiero que
sepa
sin embargo
que todas las noches
que he dormido a su lado

incluso las discusiones
más inútiles
siempre fueron
algo espléndido

Y esas difíciles
palabras
que siempre temí
decir
pueden decirse
ahora:

Te amo.

domingo, 29 de mayo de 2011

Negando (por Ryszard Capuscinski)

Tu corazón es destrozado por el dolor:
empiezas a sentir el corazón.

Tus ojos de repente dejan de ver:
empiezas a sentir los ojos.

Tu memoria se hunde en la oscuridad:
empiezas a sentir la memoria.

Te descubres a ti mismo
negándote a ti mismo.
Existes
negando el existir.

sábado, 28 de mayo de 2011

A Toisha me la mataron de un cañonazo (por Camilo J. Cela)

En este instante en que un dolor inmenso
es incapaz de hacerme mover un solo dedo,
yo te prometo, oh dulce esposa mía asesinada,
oh madrecita sin haber parido, oh muerta,
colgar tu atroz recuerdo cada noche de un pelo,
y que desiertos de tinieblas moradas
o amargas noches de insomnio y sobresalto
sean incapaces de ahogarme como a un niño.

viernes, 27 de mayo de 2011

De agua (por Princesa Inca)

Esta soledad de piel de cuchillo, donde se abren los ojos para mirar
y el alma ensancha su nombre para resucitarse.
Al filo de un cuerpo que no se reconoce y juega a morir
mientras silbando pasan los hombres, los trenes, los nombres.
Agarrada a la imagen muda e inmóvil
contando los días para volver al precipicio.
Los huesos entumecidos, los dedos huyen hacia el cuerpo apedreado
dejándose caer inertes y movedizos al suelo.
Nombrada la víspera del suicidio, ahogada de sangre ajena,
natural de una tierra de nadie, angosta, fría e inútil.
Un mordisco se apresura a realizarse en otra cara, un beso se juega la trayectoria de sí mismo, creándose en el vacío,
y, como una cura de sueño, morir inevitablemente, mojarse de amores divididos, crearse una calle para caminarla y desmayarse en sus esquinas
y porque el cuerpo deja ver morados de golpes en batallas invisibles,
y la boca se enoja de no comerse los labios,
y los labios se enojan de no comerse la boca,
así se sucede la vida en un universo distraído.
Los pájaros han muerto después de visitar la ventana de dos amantes malditos
y el agua ensombrece su discordia de río susurrando paraísos y rastros de sangre,
y porque ese amor nuestro estaba hecho de agua precisamente huyó al infinito,

precisamente por eso,
de agua, de agua, de agua, somos y seremos para siempre.

jueves, 26 de mayo de 2011

Cabe en muy pocas palabras (por Edgar Bayley)

todo lo visto y vivido
cabe en muy pocas palabras:
en la luz de una mañana
en un trompo saltarín
en una tarde de sol
en una silla vacía
en cada piedra y la casa

todo lo visto y vivido
fulgura
se va ocultando
tras las hojas
y entre el viento
al borde de la bahía

todo lo visto y vivido
cabe en la sal
y en la mano
de quien saluda
y me lleva
al caracol y la araña
a la verdad de este día
a mi sendero y mudanza

miércoles, 25 de mayo de 2011

Por último (por César Vallejo)

Al cabo, al fin, por último,
tomo, volví y acábome y os gimo, dándoos
la llave, mi sombrero, esta cartita para todos.
Al cabo de la llave está el metal en que aprendiéramos
a desdorar el oro, y está, al fin
de mi sombrero, este pobre cerebro mal peinado,
y, último vaso de humo, en su papel dramático,
yace este sueño práctico del alma.

¡Adiós, hermanos san pedros,
heráclitos, erasmos, espinosas!
¡Adiós, tristes obispos bolcheviques!
¡Adiós, gobernadores en desorden!
¡Adiós, vino que está en el agua como vino!
¡Adiós, alcohol que está en la lluvia!

¡Adiós también, me digo a mí mismo,
adiós, vuelo formal de los milígramos!
¡También adiós, de modo idéntico,
frío del frío y frío del calor!
Al cabo, al fin, por último, la lógica,
los linderos del fuego,
la despedida recordando aquel adiós.

martes, 24 de mayo de 2011

Persisto (por Eloy Sánchez Rosillo)

Hay en este ir dejando que transcurra
la vida sin dar fruto, en esta voluntaria
renuncia a hacer en la que tantas veces
me mantengo y que no tiene, en mi caso,
ninguna relación con la pereza,
ni con el yermo escepticismo, ni
con esa sequedad del corazón que a muchos,
a mi edad, para siempre les niega la palabra,
hay en este abstenerse deliberado, acaso,
no sé, como un extraño amor por el peligro,
como un oscuro afán irreprimible
de tentar a la suerte andando por el borde
de un abismo espantoso. En ocasiones, pasan
largos meses enteros en los que nada escribo,
en que me opongo inexplicablemente
a cumplir el deber que justifica
mi existir. Y me digo: “Hace ya muchos años
que dejé de ser joven; va acortándose el tiempo
del que tal vez disponga para llevar a cabo
la labor pendiente: los poemas
que porfían y aspiran al aire y a la luz
y que sin forma habitan en las sombras
de mi silencio. No hay mayor tristeza
que la de aquello que queriendo alzarse
no crece y se transforma en flor, en vida
que se afirma y que canta”. Sin embargo, persisto
en la inactividad, mirando, absorto,
lleno de culpa y de desasosiego,
al fondo del abismo: la nada que desdice
mis viejas ilusiones, la fe que me sostuvo,
mi voluntad de ser frente a la muerte.

lunes, 23 de mayo de 2011

A mí que siempre tuve que aprender sola (por Alejandra Pizarnik)

Y las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi dolor insumidas
en mi soplo, agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más
interno de mi nuca, las madres de rojo que me aspiran el único calor
que me doy con mi corazón que apenas pudo nunca latir, a mí que
siempre tuve que aprender sola cómo se hace para beber y comer y
respirar y a mí que nadie me enseñó a llorar y nadie me enseñará ni
siquiera las grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración
con babas rojizas y velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la
que yo me procuré y ahora vienen a beber de mí luego de haber
matado al rey que flota en el río y mueve los ojos y sonríe pero está
muerto y cuando alguien está muerto, muerto está por más que sonría
y las grandes, las trágicas damas de rojo han matado al que se va río
abajo y yo me quedo como rehén en perpetua posesión.

domingo, 22 de mayo de 2011

El virus (por María Eloy García)

el virus toma entonces las riendas
de mi maquinaria
es obvio que me ha reconocido
que entre otros mi envoltorio proteico
es engullible
hace cientos de copias de sí mismo
estallan a la madre
me hacen huésped
y ciudad de su gobierno
se autodeterminan
bajo mi tímida estructura
su nacionalismo no encuentra límites
a todas mis células
me marcan por fin con el estigma
de su envoltura-icosaedro
y cuando me tienen sin tiempo
parasitan y comercian mi descuido
soy la sometida desde entonces
al desorden del que nunca puede irse

sábado, 21 de mayo de 2011

Una noche (por Charles Simic)

Una noche caminábamos tú y yo juntos.
La luna era tan brillante
que podíamos ver la senda entre los árboles.
Luego las nubes la escondieron
y tuvimos que tantear el camino
hasta que sentimos la arena bajo los pies desnudos
y escuchamos el rumor de las olas.

¿Recuerdas que me dijiste:
“Todo, fuera de este momento, es mentira”?
Nos desnudábamos en la oscuridad
al borde del agua
cuando arranqué el reloj de mi muñeca
y sin ser visto ni decir
nada, lo arrojé al mar.

viernes, 20 de mayo de 2011

Ridículas (por Fernando Pessoa)

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fueran ridículas.
También escribí en mi tiempo
cartas de amor, como las demás, ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas.
Pero, al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son ridículas.
Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor ridículas.
La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor sí que son ridículos.
(Todas las palabras esdrújulas, como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente ridículos.)

jueves, 19 de mayo de 2011

Arrumbados (por Saiz de Marco)

Oh sueños que dejé tan arrumbados
varados en la costa del olvido
que no os di de comer ni de beber
que no os vestí ni cuidé de vosotros
como un padre que abandonó a sus hijos
que no os abrí la puerta de mi casa
y ni siquiera me digné ayudaros a que os buscarais la vida ahí fuera
pobrecillos por mí tan maltratados
tan dejados de la mano de dios
del microdiós que os soñaba o sea yo
¿cómo podría deciros que lo siento?
¿cómo me haría perdonar de vosotros?

miércoles, 18 de mayo de 2011

Equilibristas sin hilo (por Princesa Inca)

está la luz escondida para resucitarnos este mundo doblado,
crudo y angosto los huesos se ocultan
pero acabarán por vivir
acabarán las pupilas llorando o esperando una felicidad movediza
hemos salido otra vez del pozo y otra y otra enemistados con el frío y el miedo
aprenderemos una vez más a resucitar enemigos de nosotros mismos
suaves rostros que gritan en el vacío
guerreros en el vacío títeres en el vacío visitantes sin palabras ni rostro
cuántas veces volveremos a nacer desnudos y sorprendidos de nuestro parto
equilibristas sin hilo
aguas movedizas nuestro lamento buscando la luz a tientas
hechos de vidrio origen y motivo del desastre
la voz como tormenta el corazón sin latido huyendo, tocando, moviendo, lamiendo
con una armadura de dolor en las bocas
títeres de un universo no conocido
de un mediodía no conocido de un lamento no conocido
asombrados de vivir cada mañana dolidos de vivir cada mañana extasiados de vivir cada mañana
ajenos a la luz y la vida buscando buscando buscando
nuestra propia sombra extraña y perdida

martes, 17 de mayo de 2011

Una historia vulgar (por Vicente Gallego)

Qué extraño es de repente todo esto cuando te pasa a ti:
que se arruine la carne, que el entusiasmo falle,
esos dos baluartes que jamás se rindieron,
ni siquiera cuando todo tembló en algún momento.
La realidad te alcanza,
y el mundo te parece un chicle masticado que molesta retener en la boca sin sabor.
Vas llegando donde jamás pensaste que llegaras,
porque no piensa el joven seriamente
—y ése ha sido el regalo más grande de la vida—
que su destino sea el deterioro.
Es vulgar esta historia como aquéllas que leías distante en los versos ajenos:
otro hombre comprende que ha gastado para siempre
la parte más hermosa y también la más breve de su tiempo.
Es vulgar esta historia, y al mundo no le importa.
Lo que tiene de nuevo es que por fin
ese hombre eres tú.

lunes, 16 de mayo de 2011

Aliento (por Mark Strand)

Cuando los veas diles que sigo aquí,
que una pierna me sostiene y otra anda en las nubes,
que es el único modo,
que las mentiras que les cuento no son las mentiras que me cuento,
que por estar aquí y allí soy ya casi horizonte,
que como el sol sale y se oculta sé cuál es mi sitio,
que es el aliento lo que me salva,
que hasta las sílabas forzadas del ocaso son aliento,
que si el cuerpo es un sepulcro es también un depósito de aliento,
que el aliento es un espejo empañado por palabras,
que el aliento es lo que queda del grito de socorro
al adentrarse en el oído del extraño y sobrevive mucho tiempo a la palabra,
que aliento es otra vez principio,
que toda resistencia se desprende de él como el sentido se desprende de la vida,
como la oscuridad se desprende de la luz,
que aliento es lo que les doy cuando les envío mi amor.

domingo, 15 de mayo de 2011

Un hombre afortunado (por David González)

son las 09.00.
procuro no hacer ruido al levantarme.

ángeles duerme.

voy al cuarto de baño
y me lavo las manos
y la cara. entro en la cocina
y enciendo el fogón eléctrico
para que vaya calentando mientras

abro mi estuche
y saco el medidor de glucosa
y le inserto una tira reactiva
y saco el pinchador
y le inserto una lanceta.

pínchate en la parte lateral de los dedos,
me aconsejó una enfermera en el hospital,
así no perderás sensibilidad en las yemas.

acerco la gota de sangre
al extremo de la tira reactiva.
al cabo de medio minuto
aparece una cifra
en la pantalla líquida
del medidor de glucosa.
164.
o sea: 34 mg por encima
del nivel normal de azúcar en sangre,
que antes de las comidas
no debería sobrepasar los 130
ni descender por debajo de 70.

a continuación, cojo la pluma precargada
(y digo pluma porque su aspecto y tamaño
son los de una pluma estilográfica)
y le retiro el capuchón
y la giro suavemente
hacia delante y hacia atrás
hacia arriba y hacia abajo
10 veces,
hasta que la insulina se mezcla uniformemente.

luego enrosco una aguja en el extremo de la pluma,
selecciono las unidades de insulina (12)
y me inyecto en el brazo izquierdo, por debajo de la piel.

las 09.10.

ángeles todavía duerme.
su cabeza dentro del hueco
que ha dejado en la almohada la mía.

vuelvo a la cocina
y me preparo el desayuno:
12 gramos de margarina,
60 de pan integral
y 200 cc de leche desnatada, sola,
con café, malta o té. con café.

miro a través de la ventana
mientras desayuno en silencio:

una mujer sacude una alfombra,

pasa el camión del butano,

el perro de un viejo marica
ataca ladrando a un patriarca gitano,
el gitano amenaza al perro con un bastón,
el perro retrocede pero no deja de ladrar.

ángeles se da la vuelta en la cama.
la miro.
cómo duerme.
cómo sueña.

y sé

que todo está bien
que no tengo ningún derecho a quejarme
que soy un hombre afortunado
que no le puedo pedir más a la vida

que es suficiente

Con que ella

esté

ahí.

sábado, 14 de mayo de 2011

La criatura perfecta (por Zbigniew Herbert)

La piedra

La piedra es la criatura
perfecta

igual a sí misma
vigilante de sus fronteras

exactamente repleta
de pétreo sentido

con un aroma que a nada recuerda
a nadie espanta no despierta codicia

su ardor y frío
son justos y están llenos de dignidad

siento su duro reproche
cuando la apreso en mi mano
y su noble cuerpo
absorbe el falso calor

Las piedras no se dejan domesticar
hasta el final nos mirarán
con su mirada tranquila clarísima

viernes, 13 de mayo de 2011

Está bien, nena (por Charles Bukowski)

sabes: otra vez estoy borracho
aquí
escuchando a Tchaikovsky
en la radio.
por Dios, lo escuché 47 años
atrás
cuando era un escritor muerto de hambre
y aquí está
otra vez
y ahora soy un éxito menor como
escritor
y la muerte se pasea
por todos lados
en esta habitación
fumando mis cigarros
sorbiendo de mi
vino
mientras Tchaik se abre camino
por su Patética,
qué viaje ha sido
y la suerte que he tenido fue
porque lancé los dados
bien:
pasé hambre por mi arte, pasé hambre para
ganar 5 malditos minutos, 5 horas,
5 días
sólo escribir la palabra
justa;
la fama, el dinero, no importaba
quería la palabra impresa
y ellos me querían en una perforadora,
una fábrica de producción
ellos querían que fuera un empleado de una
inmobiliaria.

bueno, dice la muerte, mientras se pasea,
te voy a agarrar de todas formas
no importa lo que hayas sido:
escritor, taxista, cafiche, carnicero,
paracaidista, te voy a
agarrar…

está bien nena, le digo

sorbamos juntos ahora
mientras la 1 a.m. se desliza a las 2
a.m. y
sólo ella conoce el
momento, pero he podido estafar-
la: tuve mis
5 malditos minutos
y mucho
más.

jueves, 12 de mayo de 2011

Me habita un grito (por Sylvia Plath)

Dice: conozco el fondo. Lo conozco con mi profunda raíz.
Tú le temes.
Yo no: estuve ahí.

¿Es el mar lo que oyes en mí,
la ansiedad del mar?
¿O es la voz de la nada, tu locura?

El amor es una sombra.
Cómo mientes y lloras por él.
Escucha: estos son sus cascos: se fue, como un caballo.

Resonando, resonando,
Toda la noche galoparé como él, impetuosamente,
hasta que tu cabeza sea una piedra y tu almohada un poco de césped.

¿O he de traerte el sonido de los venenos?
Esta gran calma es la lluvia.
Y éste es su fruto blanco acerado, se parece al arsénico.

He sufrifo la atrocidad de las puestas de sol.
Abrasados hasta la raíz,
mis filamentos rojos arden y resisten, una mano de alambres.

Ahora me rompo en pedazos que vuelan como clavos.
Un viento tan violento
no tolerará espectadores. Debo aullar.

También la luna es cruel: me arrastraría
sin piedad, si fuese estéril.
Su resplandor me hiere. O tal vez la he atrapado.

La dejo ir. La dejo ir.
Disminuida y aplastada como después de una cirugía general.
¡Cómo me poseen tus pesadillas, y me enriquecen!

Me habita un grito.
De noche se agita
buscando con sus garras algo para amar.

Me aterra esta cosa oscura
que duerme en mí;
Todo el día siento su suave insidia, su malignidad.

Las nubes pasan y desaparecen.
¿Son así los rostros del amor, tan pálidos e irrecuperables?
¿Por eso se conmueve mi corazón?

Ése es todo mi saber.
¿Qué es eso, esa cara asesina
ahorcada entre las ramas?

Sus ácidos ofídicos besan.
Petrifica la voluntad. Estos son los lentos y torpes deslices
que matan.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Hace años (por Ernesto Cardenal)

Vi hace muchos años desde un bus en Virginia o Alabama
una muchacha rosada, con pantalones azules
subida a una escalera, cortando manzanas
(la madre llamando desde dentro)
y otra muchacha, la hermana, pantalones azules
pintando de blanco el porche de la casa.
Y miraron hacia el bus que pasaba y aceleraba.
El tiempo ha pasado como el bus de la Greyhound
pero quedaron, a pesar de los años, la pintura
fresca en el porche
la brocha chorreando
la mano en la manzana, las miradas.
Hace años, una mañana, Virginia o Alabama,
el estado está olvidado.

martes, 10 de mayo de 2011

Asistido (por José Jiménez Lozano)

Mas yo sólo recuerdo
haber sido asistido a veces,
de tarde en tarde, por un ángel:
un solitario petirrojo
que quizás tenía hambre
y añoranza, frío,
quizás miedo,
y desde el seto volaba hasta el alféizar
de mi ventana, inquieto,
como si me trajera, clandestino,
su socorro.

lunes, 9 de mayo de 2011

Triunfar, triunfar, triunfar (por D. H. Lawrence)

Me parece que durante cinco mil años por lo menos
los hombres han querido triunfar, triunfar, triunfar,
triunfar sobre sus iguales, triunfar sobre los obstáculos,
triunfar sobre lo malo,
hasta que ahora la palabra misma es nauseabunda, no la
podemos oír más.

Si miráramos en nuestros corazones, veríamos
que detestamos la idea del triunfo,
que estamos asqueados de ella.

domingo, 8 de mayo de 2011

El otro lado (por Ramón Gómez de la Serna)

El otro lado del río siempre estará triste de no estar de este lado.

Esa pena es de lo más insubsanable del mundo y no se arregla ni con un puente.

sábado, 7 de mayo de 2011

La fortuna una vez más (por Henri Michaux)

La fortuna de grandes alas, la fortuna me había llevado por equivocación
con los otros hacia su país alegre, cuando de pronto, pero de pronto,
cuando por fin yo respiraba feliz, unos diminutos e infinitos petardos
en la atmósfera me dinamitaron y luego unos cuchillos que surgían
de todas partes me cosieron a puntazos, de modo que volví a caer en
el suelo duro de mi patria, ahora para siempre mi patria.
La fortuna de alas de paja, la fortuna me había elevado por un instante
por encima de las angustias y los gemidos, cuando un grupo en número
de mil, escondido al reparo de mi distracción en la polvareda
de una alta montaña, un grupo acostumbrado desde siempre a la lucha
a muerte, de pronto se nos echó encima como un bólido, y yo volví a caer
en el suelo duro de mi pasado, pasado ahora para siempre presente.
La fortuna una vez más, la fortuna de paños frescos me había hospedado
con dulzura, y cuando yo sonreía a todos los que me rodeaban, distribuyendo
todo lo que poseía, de pronto, asido por algo desconocido que vino por
debajo y por detrás, de pronto, como una polea que se desengancha,
me sacudí, fue un salto inmenso, y volví a caer en el suelo duro de mi
destino, destino ahora para siempre el mío.
La fortuna una vez más, la fortuna de lengua de aceite, había lavado mis heridas,
la fortuna como un cabello que uno toma y que trenzaría con los suyos, me había
asido y unido indisolublemente a ella, cuando de pronto, como yo me bañaba en la
alegría, de pronto la Muerte vino y me dijo: “Es tiempo ya. Ven.” La Muerte, ahora
la Muerte para siempre jamás.

viernes, 6 de mayo de 2011

Inextinguibles ojos (por Marcel Proust)

Constelad por siempre el cielo de mi memoria,
inextinguibles ojos de aquéllas que amé.
Soñad como los muertos, fulgid como aureolas.
Como una noche de mayo brillará mi corazón.

jueves, 5 de mayo de 2011

Una especie de abismo (por Michel Houellebecq)

Yo ya me sentí viejo al poco de nacer:
los demás luchaban, deseaban, suspiraban,
en mí no sentía más que una añoranza imprecisa.
Nunca tuve nada parecido a una infancia.

En la profundidad de ciertos bosques, sobre una alfombra de musgo,
repugnantes troncos de árbol sobreviven a su follaje;
en torno a ellos se forma una atmósfera de luto.
En su piel ennegrecida y sucia medran los hongos.

Yo no serví jamás a nada ni a nadie:
lástima. Vives mal cuando es para ti mismo.
El menor movimiento constituye un problema,
Te sientes desgraciado y, sin embargo, importante.

Te mueves vagamente, como un bicho minúsculo.
Ya apenas eres nada, pero, ¡qué mal lo pasas!
Llevas contigo una especie de abismo
mezquino y portátil, levemente ridículo.

Dejas de ver la muerte como algo funesto.
De vez en cuando ríes, sobre todo al principio.
Intentas vanamente adoptar el desprecio.
Luego lo aceptas todo y la muerte hace el resto.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Varsovia (por Ana Pérez Cañamares)

Estoy tomando una cerveza
frente a lo que fue tu casa.
Ahora tu casa es un símbolo
y los símbolos no son habitables.
Para ti debió de ser
lo que nunca tendrían
que dejar de ser las casas:
entrechocar de platos
risas que estallan
sábanas estiradas para proyectar
la película velada del sol:
una película que habla de felicidad
o cuanto menos
de la seguridad de un refugio.
Refugio del trasiego y los ruidos de la calle
nunca del horror.
A través de los visillos
el horror no se presupone.

Me cuentan historias. Soldados
lanzando niños a través de las ventanas.
Soldados cortando barbas y patillas
a navaja, en la calle: carnavales de humillación.
Me cuentan historias, pero tu casa
no parece propiedad del infierno.
Está vieja, sí, y hay algún agujero de bala
bajo un alféizar, como marcas de los dedos de dios
al hundirse en barro sólido. Señalando
a los elegidos o a los condenados.
A pesar de todo, como todas las casas,
sigue teniendo algo
de tierno y de inexpugnable.

Estoy bebiendo una cerveza.
No a mi salud ni a la tuya.
¿Qué podría decir de ti?
De ti no tengo recuerdos
y siento pudor de imaginarte.
Tengo memoria de la humanidad.
Aún la tengo. Y tengo también una casa.
La recuerdo ahora: los platos
las sábanas, las cortinas:
tesoros que me delatan como ilusa propietaria.
Una puerta blindada: el foso
que ningún ejército ha puesto a prueba.
Pero más allá o más acá de las casas
hay un lugar. Un lugar que
aunque queramos compartir
aunque quieran invadir
no es un territorio ni una ruina.
Es el lugar al que escapaste
un segundo antes de que la puerta
fuera derribada. O un segundo después.
Cuando comprendiste que las casas
pueden parecernos un universo
pero ni siquiera son un país.
Y un grito en otro idioma abre
de par en par las ventanas
que lo expulsan a la calle como un vómito.
Las casas no pueden digerir
la violencia de los extraños.

Tiene que haber un lugar.
El lugar que no me revela tu foto.
El lugar que otros no destruyen
con palabras o con bombas.
Rata allí no significa nada.
El dolor puede nublarlo
pero no lo tapia.
Es el gueto que levantamos
dentro de nosotros.
La tumba que elegimos ocupar.
No la que nos señalan.

El búnker dentro de ti.

martes, 3 de mayo de 2011

Para mí, una brizna de hierba (por Walt Whitman)

Para mí, una brizna de hierba no vale menos que la
tarea diurna de los astros,
e igualmente perfecta es la hormiga, y así un grano de
arena y el huevo del jilguero;
y la rana arbórea es una obra maestra, digna de
egregias personas,
y la mora pudiera adornar los aposentos del cielo,
y en mi mano la articulación más menuda se ríe
de todas las máquinas,
y la vaca, rumiando con inclinada testuz, es más bella
que cualquier escultura;
y un ratón es un milagro capaz de asombrar a millones de
infieles.

lunes, 2 de mayo de 2011

Final de año (por Jorge Luis Borges)

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que, a despecho de infinitos azares,
de que, a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

domingo, 1 de mayo de 2011

Cuando digo (por Saiz de Marco)

¿Sabes cómo te digo que te quiero cuando digo
"qué calor hace",
"¿quieres beber agua?",
"ya ha anochecido"...?

Entre las gentes,
a un lado de tus gentes y mis gentes te he dicho
"se hace tarde"
y tú debías saber que te decía "te quiero".

sábado, 30 de abril de 2011

¿Es que a nadie le extraña? (por Vicente Gallego)

¿Es que a nadie le extraña
lo que sucede aquí?
Llegamos sin quererlo;
partimos sin querer;
sin consultar catálogo
cargamos con un cuerpo.
Ni la madre se elige,
ni lugar, ni ocasión;
y va de suyo
lo que llamamos alma,
cortada por qué mano a su capricho.

Curioso
de verdad
que el que así parte
compuesto y calibrado y en vereda
pretenda terminar por ser el dueño
de sí y de su camino.

Qué extraño ser un alguien
que afirma decidir pero no puede
sostener su fortuna
ni ahorrarse, entre las suyas,
una lágrima al menos.

Donde dije jamás
hoy digo mío;
tomadme la palabra
y he de daros disgusto;
cuando escuchéis mi siempre
sabed que nunca ha sido.

Nos vamos acusando de traición,
los traicioneros.

Mostradme la sustancia,
la voluntad del títere:
¿puede un hombre decir
quién será si mañana
lo prueban la codicia o los amores
como sólo ellos saben
probar lo que es un hombre?

viernes, 29 de abril de 2011

Y prevalezca (por Ángel González)

¿Hemos de sacrificar a la doncella en el altar de un dios que reclama su sangre
para confirmar su poder sobre nosotros
y comprobar que su grandeza no sufre menoscabo con el paso del tiempo?

Rómpase la grandeza del dios en mil pedazos,
que la lepra corroa la púrpura que cubre su soberbia figura
y que su eternidad se reduzca a ceniza.

Y prevalezca la sencilla gracia de la doncella
viva, fugaz, irrepetible,
su sonrisa tan clara,
su alegría que ella no sabe efímera, y por tanto es
en su ser presente inmortal
un instante.

jueves, 28 de abril de 2011

Con espinas (por Luis García Montero)

Por favor, no hagan ruido
en la tranquilidad de este poema
escrito con la mano
del que cierra la puerta al apagar la luz.
Mis tres hijos acaban de dormirse.
Necesito el silencio para pensar en ellos.

Colores indelebles en un lápiz
de trazado infantil,
vuelvo a dibujar
-pero esta vez en serio-
un árbol, una casa, una memoria
de una luz encendida
con sabor a diciembre,
los cristales del miedo
y la ilusión del porvernir
bajo el sol
de los días laborables.

Un hijo es el segundo país donde nacemos.
Con su falta de edad nos hace cumplir años
y nos devuelve
al mundo del reloj,
a las llamadas telefónicas
que son una raíz
en la orilla del tiempo.
Un hijo nos enseña a preguntar
con voz de agua
la verdad decisiva de la tierra.
Ser como juncos, y en amor flexibles,
no asegura respuestas
ni confirma el reposo.

Elisa, Irene, Mauro,
cada cual con su puerto y con su lluvia,
luces cambiantes en el mismo río.
Nadie comente, por favor,
que acabo de escribirles un poema.
Los hijos crecen con espinas.
Nunca sé imaginar
lo que pueden decir de lo que digo,
lo que pueden pensar de lo que pienso,
lo que pueden hacer de lo que hago.

miércoles, 27 de abril de 2011

martes, 26 de abril de 2011

Por qué (por Saiz de Marco)

¿Por qué nos haces creer
en la lógica
en el orden
y más tarde nos embistes
con dentelladas de absurdo?

¿Por qué insuflas ese pálpito
de justicia
de equilibrio
y luego hieres el mundo
con tus garras arbitrarias?

¿Por qué nos haces proclives
al amor
a la esperanza
y después nos vapuleas
con tus puños siderales?

lunes, 25 de abril de 2011

Hay algo en el silencio (por Agustín Fernández Mallo)

Es difícil entender qué valor se adensa en un beso cuando es todos los besos y al mismo tiempo la única cifra, qué peso específico comprime pero revalida cierta fe, por decir algo, en tu línea de universo cuando un hombre y una mujer toman la decisión de circunvalar una ciudad en silencio. Hay algo en el silencio que llama al frío; no así al calor, que agita sin romper la barrera del sonido y amplifica las palabras, sobre todo cuando se unen los cuerpos de quienes se aman. Después te quedabas muda todas las noches durante horas mirándome. Qué clase de muerto o frío era yo ya entonces, te digo. Quiero pensar que no veías en mí este final de zapatos helados, de barcos detenidos que vimos al llegar a la línea de costa, de bobinas interminables de fibra óptica ciega aún o durmiendo. Pero tampoco veías ese big bang que, lo dicen los cosmólogos, era espuma cuántica, caos de masas solitarias cegadas por la utopía de un futuro universo perfecto (Después se desvió para dar lugar a la Tierra, al cero cósmico, al hombre y su residuo de amor).

domingo, 24 de abril de 2011

Dándote la espalda (por José Daniel Espejo)

Y dándote
la espalda dicta leyes, propaga ideas,
enciende el pecho de los soldados,
mata continentes de hambre, y te inspira
a ti el deseo de un Audi. Rojo,
con los asientos de piel. Y de quién
era esa piel.

sábado, 23 de abril de 2011

Pero no lo hicieron (por Charles Bukowski)

Aún recuerdo los caballos
bajo la luna
aún recuerdo dar a los caballos
azúcar
terrones de azúcar blancos
casi como de hielo,
tenían cabezas
como de águila
peladas cabezas que podían morder
y no lo hacían.
los caballos eran más reales
que mi padre
más reales que Dios
y podían haberme pisado
pero no lo hicieron
podían haberme hecho cualquier cosa horrible
pero no lo hicieron
yo aún no tenía 5 años
pero me acuerdo;
dios mío qué fuertes y buenas
aquellas lenguas rojas que babeaban
desde sus almas.

viernes, 22 de abril de 2011

Un oleaje de nombres (por Juan Gelman)

En el océano del vacío
hay nombres, nombres, nombres.
En el océano de lo perdido
hay nombres.
¿Quién responde
a este chorro de alma
que los llama? Un oleaje
de nombres, nombres, nombres.
¿Qué los separa de la
grande muerte
en brazos ya de lo que
fueron?

jueves, 21 de abril de 2011

Es allí (por Ryszard Kapuscinsky)

Es allí
dijo una voz
miré a mi alrededor
no veo nada, respondí
creo que quiso decir
escucha la voz que hay dentro de ti
no la silencies
con tus propias palabras

miércoles, 20 de abril de 2011

Ferrocarril de Matallana (por Antonio Gamoneda)

A las ocho del día en febrero
aún es de noche.
No hay aún luz en los vagones, sólo
oscuridad y aliento.
No nos vemos: sentimos
la compañía y el silencio.

En el andén estalla la campana.
Nos sobresalta la crueldad de un silbido.
Tiemblan las sombras. Todo vuelve
a un antiguo sentido.

Nos dan la luz amarillenta y floja.
Salimos
de la oscuridad como del sueño:
torpemente vivos.

Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes. Aquí
hay algo desconocido.
Si supiésemos qué, algunos de nosotros
sentiríamos vergüenza, y otros esperanza.

Se está haciendo de día. Ya
veo los montes dentro de la sombra,
los robles, del mismo color del monte,
la yerba vieja, sepultada en escarcha,
y el río, azul y silencioso
como un brazo de acero entre la nieve.
Cruzan los pueblos de sonido humilde:
Pardavé, Pedrún, Matueca…

Cuando bajo del tren, siento frío.
He dejado mi casa. Ahora estoy
solo. ¿Qué hago aquí?, ¿quién me espera en
este lugar excavado en el silencio?

No lo sé; con el tren se aleja
algo que es cierto aunque no puede ser pensado;
es algo mío y no me pertenece.
Está dentro y fuera de mi corazón.

martes, 19 de abril de 2011

Di el porqué del porqué, Dios de silencio (por Miguel de Unamuno)

¿Por qué, Señor, no te nos muestras
sin velos, sin engaños?
¿Por qué, Señor, nos dejas en la duda,
duda de muerte?
¿Por qué te escondes?
¿Por qué encendiste en nuestro pecho el ansia
de conocerte,
el ansia de que existas,
para velarte así a nuestras miradas?
¿Dónde estás, mi Señor?, ¿acaso existes?
¿Eres tú creación de mi congoja,
o lo soy tuya?
¿Por qué, Señor, nos dejas
vagar sin rumbo
buscando nuestro objeto?
¿Por qué hiciste la vida?
¿Qué significa todo, qué sentido
tienen los seres?
¿Cómo del poso eterno de las lágrimas,
del mar de las angustias,
de la herencia de penas y tormentos
no has despertado?
Señor, ¿por qué no existes?
¿Dónde te escondes?
Te buscamos y te hurtas,
te llamamos y callas,
te queremos y tú, Señor, no quieres
decir: ¡vedme, mis hijos!
Una señal, Señor, una tan sólo,
una que acabe
con todos los ateos de la tierra;
una que dé sentido
a esta sombría vida que arrastramos.
¿Qué hay más allá, Señor, de nuestra vida?
Si tú, Señor, existes,
di por qué y para qué, di tu sentido,
di por qué todo.
¿No pudo bien no haber habido nada,
ni tú, ni mundo?
Di el porqué del porqué, Dios de silencio.
Dinos “yo soy”, Señor, que te lo oigamos
sin velo de misterio,
sin enigma ninguno.
Razón del universo, ¿dónde habitas?
¿Por qué sufrimos?
¿Por qué nacemos?
Erramos sin ventura,
sin sosiego y sin norte,
perdidos en un nudo de tinieblas,
con los pies destrozados,
manando sangre,
desfallecido el pecho,
y en él el corazón pidiendo muerte.
Ve, ya no puedo más, Señor,
de aquí no sigo,
aquí me quedo,
yo ya no puedo más, ¡oh Dios sin nombre!
Ya no te busco,
ya no puedo moverme, estoy rendido;
aquí, Señor, te espero,
aquí te aguardo,
en el umbral, tendido, de la puerta
cerrada con tu llave.
Yo te llamé, grité, lloré afligido,
te di mil voces;
llamé y no abriste,
no abriste a mi agonía;
aquí, Señor, me quedo,
sentado en el umbral como un mendigo
que aguarda una limosna;
aquí te aguardo.
Tú me abrirás la puerta cuando muera,
la puerta de la muerte,
y entonces la verdad veré de lleno,
sabré si tú eres
o dormiré en la tumba.

lunes, 18 de abril de 2011

Era inocente cuando me lo puse (por Manuel de Cabral)

Mi cuerpo estaba allí... nadie lo usaba.
Yo lo puse a sufrir... le metí un hombre.
Pero este equino triste de materia
si tiene hambre me relincha versos,
si sueña, me patea el horizonte;
lo pongo a discutir y suelta bosques,
sólo a mí se parece cuando besa...
No sé qué hacer con este cuerpo mío,
alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo...
Me lo dieron desnudo, limpio, manso,
era inocente cuando me lo puse,
pero a ratos,
la razón me lo ensucia y lo adorable...
Y quiero devolverlo como me lo entregaron;
sin embargo,
yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron.

domingo, 17 de abril de 2011

En vano (por Emily Dickinson)

Si consigo impedir que un corazón se rompa
no habré vivido en vano.
Si consigo aliviar el sufrimiento de una vida
o calmar un dolor
o ayudar a un petirrojo exánime
a volver a su nido
no habré vivido en vano.

sábado, 16 de abril de 2011

Ítaca (por Konstantinos Kavafis)

Si vas a emprender el viaje a Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo,
que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos.
Invierte cuanto puedas en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella no hubieras emprendido el camino.
Pero ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya lo que las Ítacas designan.

viernes, 15 de abril de 2011

Cómo será la última noche (por Edward Hirsch)

Estás sentado en un café de playa vacío
junto a una ventana que da a la bahía.
Está oscureciendo, el dueño está cerrando,
pero tú sigues doblado sobre el radiador
que va perdiendo poco a poco temperatura.

Ahora vas caminando hasta la orilla del mar
para ver los últimos azules que se apagan en las olas.
Has vivido en casas pequeñas, en lugares apretados
—los muros a tu alrededor se habían ido cerrando—
pero el mar y el cielo también son tuyos.

No hay nadie que te acompañe a beber de esta
niebla aguada, de estas profundidades imprecisas.
Estás solo con el cosmos giratorio.
Adiós, amor, muy lejos, en un lugar cálido.
La noche aquí es infinita, el silencio no se acaba.

jueves, 14 de abril de 2011

Me voy a quedar aquí (por Charles Bukowski)

Sin mucha elección
y casi sin quererlo,
él era un joven
a bordo de un autobús
que cruzaba Carolina del Norte
rumbo a
algún lugar
y empezó a nevar
y el autobús paró
en un café
sobre las colinas y
los pasajeros
entraron.
Él se sentó en el mostrador
con los demás,
pidió y le
trajeron su comida,
que estaba particularmente buena,
lo mismo que el café.
La camarera no era
como las mujeres que él
había conocido.
No se hacía la interesante,
un humor natural emanaba
de ella.
El cocinero decía
chifladuras.
El lavacopas,
atrás,
se reía
con una risa
limpia
y placentera.
El joven miraba
la nieve a través de las
ventanas.
Quería quedarse
en ese café
para siempre.
Un curioso sentimiento
lo inundó:
que todo
era
bello
ahí,
que todo permanecería
siempre bello
ahí.
Entonces el chófer
indicó a los pasajeros
que ya era tiempo de irse.
El joven
pensó, me voy a quedar
aquí, me voy a quedar aquí.
Pero
se levantó y siguió a
los otros hasta
el autobús.
Encontró su asiento
y miró el café
por la ventanilla.
El autobús arrancó,
dobló una curva,
y fue camino abajo,
alejándose de las colinas.
El joven
miraba
hacia adelante.
Los otros pasajeros
charlaban
de otras cosas,
leían
o
intentaban
dormir.
No se habían dado cuenta
de la magia.
El joven
puso su cabeza
contra el asiento,
cerró los ojos,
fingió
dormir.
Nada quedaba,
sólo escuchar el
sonido
del motor,
el sonido de las
ruedas
en la nieve.

martes, 12 de abril de 2011

¿Dónde estará? (por Jorge Luis Borges)

¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo
y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.

lunes, 11 de abril de 2011

Y muerto el combatiente (por César Vallejo)

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

domingo, 10 de abril de 2011

Manos tercas (por Laura Giordani)

Apertura de manos ante la cerrazón del mundo apertura aún
ante la clausura de los pechos más próximos de tanto puño
reconcentrando su historia de talas y sequías
manos tercas en su ternura desmemoriada del daño
abiertas aún para recibir la epifanía de la lluvia
o al pájaro moribundo como último cofre
antes del frío

manos insistiendo en su vocación de gasa

a pesar de todo

sábado, 9 de abril de 2011

Después del gran silencio (por Julia Prilutzky)

Alguna vez, de pronto, me despierto:
Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.

Estoy sola, pero siempre estoy.
Es lo único cierto.
El amor era un huésped,
la soledad es siempre el compañero
que permanece al lado, inconmovible.
Lo único seguro, verdadero.
Oigo mi corazón, vieja campana
que dobla y que golpea,
que rebota en las sienes y en la nuca
y en la boca y los dedos.
Es cierto, tengo miedo.
Miedo de no poder gritar, de pronto,
de que ya sea demasiado tarde
para un ruego.
La costumbre ahoga las palabras
y alarga el desencuentro.
Ah, tantas cosas quedarán ocultas,
perdidas, sin recuerdo,
tantas palabras que no fueron dichas,
tantos gestos.

Unos dirán: Yo sé, la he conocido,
fue una ardiente rebelde,
se desolló las manos y la vida
por defender los que creyó más débiles.
Otros dirán: Yo sé, la he conocido,
era dura, malévola,
avara de ternura, con la boca
mostraba su desprecio.
Alguien dirá: Y cómo sonreía…
Qué importa
lo que vendrá después del gran silencio.
Claro que tengo miedo.
Así, en la madrugada
mientras algún dolor -un dolor, siempre-
va hincando sus agujas en mi cuerpo,
abro las manos en la sombra dulce
para atrapar mi soledad, de nuevo,
y me quedo a su lado, sin moverme,
con los ojos abiertos
la vida detenida.
Toda mi sangre es un temor inmenso.

viernes, 8 de abril de 2011

Demoliciones (por José María Cumbreño)

He vuelto a colocar en el armario
la ropa de invierno.

El frío es un animal transparente.
El hielo es sed endurecida.

La luz, al chocar contra una superficie
que no la absorbe, se refleja
o cambia de dirección.

Penélope no tejía y destejía:
tejía para destejer.

Los bolsillos de los abrigos
se comunican
con los inviernos anteriores.
El sonido metálico
de las perchas que se cuelgan
y se descuelgan de las barras.
Cambiar una cosa por otra.

Límites y progresiones.

La luz, al pasar del aire al agua,
se desvía.

El destinatario
ya no vive aquí.

Caminaba a oscuras por tu casa
(sabía dónde estaba todo)
sin golpearme contra los muebles.

Cambiar una cosa por otra.
Cambiar una casa por otra.
Mudanzas.
Mitad irse, mitad estar.

La ciudad separa su basura.
El plástico, el papel y el vidrio
(una tribu necesita símbolos)
se tiran en contenedores distintos.

La luz, a medida que la vidriera
iba filtrándola,
se convertía en palabra de Dios.

Recuperar, reemplazar, recobrar.

La forma del edificio
descansa en los materiales utilizados.

O una verdad
dicha una sola vez
o una mentira
contada muchas veces.

Los rascacielos construidos
después del incendio.
Las catedrales levantadas
en el solar donde antes
hubo otros templos.

Apuntalar, restaurar, reforzar.

Me he mirado en demasiados espejos.

Las empresas de demoliciones
ofrecen sus servicios
en las guías de teléfonos.

Crece la ciudad a costa
de alimentarse
de sus propios escombros.

Puede que vivir se reduzca a eso:
a doblar y desdoblar ropa,
a vaciar y llenar armarios.

Mitad irse, mitad estar.
Tejer para destejer.

Las fórmulas matemáticas
definen las proporciones de la utopía.

jueves, 7 de abril de 2011

Que el abismo responda de una vez (por Nicanor Parra)

He preguntado no sé cuántas veces
pero nadie contesta mis preguntas.
Es absolutamente necesario
que el abismo responda de una vez
porque ya va quedando poco tiempo.

miércoles, 6 de abril de 2011

Pero por qué me lloro en vos (por Juan Gelman)

el temor a la vejez ¿envejece?
el temor a la muerte ¿enmuerta?
¿qué estoy haciendo con los miles yo
de compañeros muertos?
¿me estoy enmuerteando yo?
¿acaso les temo/amados?
¿te acaso temo paco/cara
como una alegría humana?
¿o los envidio yo tal vez?
¿o los envidio yo tal vez?
¡juntos cómo anduviéramos ahora
sin sufrir propio y ajeno?
¿pero por qué me lloro en vos-
otros pedazos de mi vida?
¿acaso puedo al fin llorar?
¿puedo por fin al fin llorar?

martes, 5 de abril de 2011

Muros (por Konstantinos Kavafis)

Sin consideración ni piedad ni vergüenza
alzaron muros a mi alrededor: gruesos y altos.
Y ahora me encuentro aquí, tan desesperado.
No puedo pensar en otra cosa: esta suerte roe mi cerebro...
Y es que ¡tenía tanto que hacer ahí fuera!
¿Cómo pude no darme cuenta cuando alzaban los muros?
Pero nunca oí a los constructores. Ni un ruido.
Desde fuera imperceptiblemente me encerraron.

lunes, 4 de abril de 2011

En esa blancura (por Roberto Bolaño)

En esa blancura en la que nos reuniremos finalmente
¿qué aullidos,
qué silencio,
qué permutaciones nos aguardan
cuando hayamos atravesado todo lo que hay que atravesar,
cuando nos hayamos despojado de todo?

domingo, 3 de abril de 2011

Dactilografía (por Fernando Pessoa)

Trazo, solo, en mi cubículo de ingeniero, el plano,
firmo el proyecto, aislado aquí,
remoto hasta de quien yo soy.
Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
el tic-tac que estalla de las máquinas de escribir.
¡Qué nausea de vida!
¡Qué abyección esta regularidad!
¡Qué sueño este ser así!
Hace tiempo, cuando fui otro, eran castillos y caballeros
(ilustraciones, tal vez, de cualquier libro de la infancia).
Hace tiempo, cuando fui fiel a mi sueño,
eran grandes paisajes del Norte, explícitos de nieve,
eran grandes palmares del Sur, opulentos de verdes.
Hace tiempo.
Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
el tic-tac que estalla de las máquinas de escribir.
Todos tenemos dos vidas:
la verdadera, que es la que soñamos en la infancia
y que continuamos soñando, adultos, en un substrato de niebla;
la falsa, que es la que vivimos en convivencia con otros,
que es la práctica, la útil,
aquélla en la que acaban por meternos en un cajón.
En la otra no hay cajones ni muertes,
sólo hay ilustraciones de la infancia:
grandes libros coloreados, para ver y no leer;
grandes páginas de colores para recordar más tarde.
En la otra somos nosotros,
en la otra vivimos;
en ésta morimos, que es lo que vivir significa;
en este momento, por la náusea, vivo en la otra…
Pero al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
alza la voz el tic-tac que estalla de las máquinas de escribir.

sábado, 2 de abril de 2011

Canción de amor de la joven loca (por Sylvia Plath)

Cierro los ojos y el mundo muere;
levanto los párpados y otra vez nace todo.
(Creo que te inventé en mi mente.)

Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
sin sentir galopa la negrura.
Cierro los ojos y el mundo muere.

Soñé que me hechizabas en la cama.
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).

Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.

Imaginé que volverías como dijiste,
pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente.)

Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente.)

viernes, 1 de abril de 2011

Oh capitán, mi capitán (por Walt Whitman)

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro espantoso viaje ha terminado.
La nave ha salvado todos los escollos.
Hemos ganado el premio que anhelábamos.
El puerto está cerca. Oigo las campanas, el pueblo entero regocijado
mientras sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave.
Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!
Oh rojas gotas que caen
allí donde mi capitán yace, frío y muerto.

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas.
Levántate. Por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín.
Para ti ramilletes y guirnaldas con cintas.
Para ti multitudes en las playas.
Por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos:
¡Ven, capitán! ¡Querido padre!
¡Que mi brazo pase por debajo de tu cabeza!
Debe ser un sueño que yazcas sobre el puente,
derribado, frío y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven.
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad.
La nave, sana y salva, ha anclado. Su viaje ha concluido.
De vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad, campanas!
Pero yo, con pasos tristes,
recorro el puente donde mi capitán yace,
frío y muerto.

jueves, 31 de marzo de 2011

Después de amarnos (por Juan Ramón Jiménez)

Cuando, después de amarnos, te coges el cabello
desordenado, ¡cómo son de hermosos tus brazos!
Como en un libro abierto, surge la letra negra
de tus axilas, fina, dulce sobre lo blanco.

Y en el gesto violento se te abren los pechos
y los pezones, tantas veces acariciados,
parecen, desde lejos, más oscuros, más grandes...
el sexo se te esconde, más pequeño y más blando...

¡Oh, qué desdoblamiento de cosas!
Luego, el traje
lo torna todo al paisaje cotidiano,
como una madriguera en donde se ocultaran,
lo mismo que culebras, pechos, muslos y brazos
.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La oscuridad de un orden (por Wallace Stevens)

Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto
en el que descansamos y, casi por nada, pensamos
que el mundo imaginado es un bien esencial.

Ésta es, pues, la más intensa cita.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa:

Dentro de una sola cosa, un solo manto
que nos abriga bien, porque somos pobres, un calor,
una luz, un poder, el milagroso influjo.

Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros.
Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
un conocimiento, lo que la cita compuso.

Dentro de su vital circunscripción, en la mente
decimos: Dios y la imaginación son uno.
La vela más alta, que elevada ilumina lo oscuro…

Y fuera de esta luz, de esta mente central,
hacemos nuestra casa en el aire de la noche,
donde estar los dos juntos es lo que basta.

martes, 29 de marzo de 2011

A todos ellos (por Cristina Martín)

A los que se quedaron dormidos en el nunca,
a los que sueñan sus verdades y se las niegan,
a los que tienen mucho miedo
y lloran por cualquier cosa
y se ocultan la cara de vergüenza.
A los tímidos,
a los solos, a los raros,
a los que dudan y dudan
y les llaman inmaduros, débiles.
A los que duermen en la fría cama del psiquiátrico,
a las madres que cogen la mano de su hijo ingresado,
os digo que no nos vendan verdades, que la verdad no existe,
la verdad y la razón son creaciones del hombre
para doler, para medir.
Hay que luchar contra el silencio
y la ignorancia,
no somos enfermos.
¿Quién tiene la verdad absoluta, la realidad absoluta?
Que la muestre, que la enseñe si puede.
Es mentira, mentira, no existe.
A los que llevan cicatrices de haberse rajado las venas,
a los que consiguieron no rajárselas,
a los que les paraliza la angustia,
les paraliza para ser, amar, soñar.
A los que llaman vagos, idiotas, locos, débiles:
No escuchéis la voz de los que viven solo para tener.
A los que la ansiedad les hace fumar dos paquetes diarios,
a los que no son sociables, ni aptos, ni lúcidos,
ni extrovertidos, ni empáticos, ni asertivos, ni normales.
A los que nunca superarán un test psicotécnico,
a los que llevan medicación en el bolso y el monedero vacío,
a los que ahora están atados a una cama y no nos oyen.
A los psiquiatras que abrazan a sus pacientes
y pidieron alguna vez consejo a un esquizofrénico.
A los que tenemos certificado de disminución
y leemos a Lorca y a Nietszche y lo que haga falta.
A los que no soportaron el túnel y se fueron para siempre,
a los que atravesamos cada día el túnel
agarrados aunque sea a las paredes negras,
a todos los que saben o quieren escucharnos
y no se fían sólo de los manuales, libros, tesis,
estudios y estadísticas.
A los psicólogos que dan besos,
a los que hemos pasado ya el infierno y el cielo
y no queremos volver nunca más allí.
A los que roban dolor y devuelven sonrisas, dice Sabina.
Y sobre todo
a todas esas pupilas dilatadas de tanta química
que miran aturdidas y absortas
pero tienen la luz más hermosa.
Que no existe la locura, sino gente que sueña despierta.

lunes, 28 de marzo de 2011

Globos (por Saiz de Marco)

Por la Calle Tristeza y aledaños cruza a veces
el hombre de los globos.
Y basta ver su manojo de globos para que
las calles muden de nombre:
a Calle del Sosiego
o de la Risa.

De vez en cuando el hombre de los globos
regala a quienes pasan
globos verdes
o naranjas
o rojos
o violetas...

Y de pronto sus caras se encienden
como la de un niño cuando va a la feria
(como ese niño grandullón que somos).

Con un nudo se los atan al brazo
y olvidan
(mientras tienen gas los globos)
el primitivo nombre de la calle.

(Oiga, señor, déme ese globo azul.
Sí, por favor: ¡ lo necesito tanto !)

Ojalá que al doblar aquella esquina
veamos venir al
hombre de los globos.

domingo, 27 de marzo de 2011

Generaciones (por Ana Pérez Cañamares)

Antes de morir, mi madre dijo mamá, ven
mientras me miraba sin verme;
yo dije mamá, quédate
abrazando su cuerpo diminuto
envuelto en pañales y olor a talco;
mi hija dijo mamá, no llores
y me acarició la cabeza consolándome.
Cuando mama murió, durante unos segundos
no tuvimos muy claros los lazos que nos unían
no supimos quién se había ido
y quién se había quedado
ni en qué momento de nuestras vidas
estábamos viviendo
o muriendo.

sábado, 26 de marzo de 2011

Heráclito (por Jorge Luis Borges)

El segundo crepúsculo.
La noche que se ahonda en el sueño.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo.
La mañana que ha sido el alba.
El día que fue la mañana.
El día numeroso que será la tarde gastada.
El segundo crepúsculo.
Ese otro hábito del tiempo, la noche.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo.
El alba sigilosa y en el alba
la zozobra del griego.
¿Qué trama es ésta
del será, del es y del fue?
¿Qué río es éste por el cual corre el Ganges?
¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?
¿Qué río es éste
que arrastra mitologías y espadas?
Es inútil que duerma.
Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.
El río me arrebata y soy ese río.
De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.
Acaso el manantial está en mí.
Acaso de mi sombra surgen,
fatales e ilusorios, los días.