zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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viernes, 29 de marzo de 2013

Golpes en la puerta (por Maram Al-Masri)


Soy la ladrona de los caramelos,
ante tu tienda
mis dedos se quedaron pegados,
y no conseguí
llevarme ninguno a
la boca.


*

Qué estupidez
al mínimo roce,
mi corazón se abre.

*

Golpes en la puerta.
¿Quién es?
Escondo el polvo de mi soledad
bajo la alfombra,
compongo mi sonrisa,
y abro.

*

Entran en nuestra vida
como arroyuelos;
y de repente
nos ahogamos en ellos,
y ya no sabemos
quién nos dio
el agua o la sal,
ni quién
dejó en nosotros
esta amargura.

*

Ella me abre
sus amplias puertas.
Me llama
y me empuja a abalanzarme,
libre,
hacia su espacio,
y como un pájaro
ante la puerta abierta de su jaula
no me atrevo.

*

Arden en llamas los árboles
al tocarlos
con mis dedos.

*

La anudo
entre la mandíbula y el paladar
con un pañuelo blanco
que aprieto en mi nuca,
como a los muertos
como a los prisioneros
para que, la palabra,
no estalle.

*

Esperaré
a que duerman los niños,
para dejar
que el cadáver
de mi fracaso
flote en la superficie.

*

Como me pediste
lavé los platos
fregué el suelo
limpié los cristales
planché las camisas
y leí a Dostoievski.


El malicioso tiempo que
normalmente vuela estando contigo
tic tac
tic tac
comenzó a caminar
*

Mi alegría y yo
esperamos
el aleteo de tus pasos.

*

Maté a mi padre
aquella noche
o aquel día
ya no lo sé,
huyendo con una sola maleta
que llené de sueños sin memoria,
y una fotografía
mía con él
de cuando era pequeña
y me llevaba en brazos.

Enterré a mi padre
en una hermosa caracola
en un profundo océano,
pero me encontró
escondida bajo la cama
temblando de miedo
y de soledad.

jueves, 28 de marzo de 2013

Y tú estarás al fondo (por Susana March)


Me dolerás todavía muchas veces.
Iré apartando sueños
y tú estarás al fondo de todos mis paisajes.
Tú con tu misterio
y tu extraña victoria.
Amor, ¿quién te ha dado esa fuerza de pájaro,
esa libre arrogancia
de mirar las estrellas por encima del hombro?
¿Quién eres que destruyes
mi corazón y puedo, sin embargo, existir?
¿Se vive en la muerte? ¿Se vive
con el alma en desorden y la carne
desmoronándose en el vacío?
Nunca te tuve miedo
y, sin embargo, ahora te rehúyo
porque eres como un dios que me hace daño
cada vez que me mira.
Abandonaré todo lo que me estorba,
todo lo que dificulta la huida
y escaparé por la noche adelante,
temerosa de ti, temerosa
de esta grandeza que intuyo,
de este fulgor, de este cielo
que palpita en tus manos abiertas.
Me dolerás todavía muchas veces
y cada vez me extasiaré en mi daño.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Mi nombre (por José María Fonollosa)


Los nudillos golpean los cristales
de un bar en una esquina. Hasta mí arriba
mi nombre que me busca entre la lluvia.

Es grato oír el nombre que uno lleva.

Es grato descubrir que uno aún importa.
Que importa a sus amigos que le llaman
cuando pasa uno andando por la calle.

martes, 26 de marzo de 2013

Aproximaciones (por Alejandra Pizarnik)

abrazando tu sombra en un sueño
mis huesos se arqueaban como flores

*

los bordes de silencio de las cosas
lo callado que recorre la presencia de las cosas

*

estos ojos
sólo se abren
para evaluar la ausencia

*

quién me perdió
en el silencio fantasma de las palabras

*

pasos en la niebla
del jardín de lilas
el corazón regresa
a su negrura

*

quisiera vivir siempre
como algo olvidado en la mano de un muerto

*

Por qué escribo
Por qué sollozo en madrugada
Por qué de pronto este sabor a canto de cisne
esta espuma verde acumulada en la garganta

Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia
El espanto lo asemeja al mar
Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche

Por qué estas noches como un oasis para brujas
Por qué esta conjuración de ausencias
este secuestro de la hija del viento

Me rodea en la noche una logia exterminadora
te llamo y no vienes
te amo y no vienes

Por qué viniste como el relámpago
y me dejaste sola en lo devastado

Si escucharas mi rumor a celda minúscula
poblada de agonizantes
mi jadeo de asfixiada

Si de pronto me vieras en la orilla del despertar,
cantante enmudecida en la cima de su asombro
Si me vieras atada a tu rostro

*

Canciones ambiguas
de algún país arrasado por las lluvias
Canciones de campaneros
memorias de algún hombre que la noche amó

*

un pueblo de luz arderá en la sombra

*

Si un mar por una lira
ángeles furiosos ahogó en el viento

*

noche amada nunca como ahora
en que la pierdo
en lo incierto del día
que rompe lo que me une a mi vida

*

todos comprenden lo que nadie
nadie comprende lo que todos

*

no lejos del alba nace el día
visión de las últimas flores
la luz gira en mi rostro que esperaba
las nupcias de los cuatro elementos

*

siempre habrá el miedo de otras voces
el miedo de otras voces

*

es tarde para reconocer el sol
el sol está y mis ojos cantan
el sol está su primavera es negra
el sol está y es tarde

*

éste es mi invierno elegido
éste es mi deber ante la niebla y lo confuso

*

querer quedarse queriendo irse

*

El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado
como un lanzador de cuchillos
tatuando en la pared con temor y destreza
la desnudez inmóvil de la que ama.

Así, en lo oscuro, fragmentos de los que amé,
lúbricos rostros adolescentes,
entre ellos soy otro fantasma.

A veces, en la noche,
me dijeron que mi corazón no existe
pero yo escucho canciones ambiguas
de un país arrasado por las lluvias.

*

Lo que no te dieron.
Lo que no te dan.
Noviciado atroz.

*

así iba yo devorando tinieblas
una flor en mi mano de sonámbula
una sonrisa ajena pegada a mis labios
mi cuerpo desnudo como una palabra
mis deseos abrazados a su imagen

*

si solamente hicieran una hoguera en mis labios
para quemar las sílabas que no se unen

*

el gran pájaro de cuerpo de paja teclea el invisible piano de viento

*

La luz amontonándose inservible a espaldas del sol. Niebla en el pozo. Hacer dibujos en un viejo muro rosado.

*

pájaros polvorientos
con sangre vieja en las alas
flores de metal olvidadas
telarañas enamoradas del espacio
en donde vive el tiempo que pasa

*

se han ocultado
entre los sonidos de la noche

*

El jardín triangular
que oprimo en mi mano
chorrea flores de agua
Abejas de perfume azul
fosforecen como ojos enemigos
incrustados en mis huesos

*

soledad cerrada y dichosa
promesas de súbito cumplidas
como campanas en un amanecer helado

*

detrás de las formas sin consuelo
el día se abre como un canto doloroso
un alarido mágico formulado en el viento

*

Apenas remitida del cielo cerrada
en donde yo era sin color y sin forma
sólo una contemplada.
Apenas devuelta de crepúsculos
de playa sola, de corazón silenciosa.

*

Yo creo en los espejos

*

La noche canta amordazada
corazones incendiados
En la memoria de mi boca
me penetran vasos vacíos.

*

En la cavidad iluminada
en que este instante es perla pródiga
escucho el ronco abrirse de mi memoria
como una puerta al viento

*

Si morir es memoria cerrada

*

Yo trabajo el silencio
lo hago llama

*
I


Yo no canto, no celebro,
no bailo desnuda y ebria
sobre mi ataúd.
Pero yo le ruego al poema,
yo le pido la luna al poema.


II

He desatado el corazón de la lluvia

Antiguas baladas
alimentaron mi silencio.


III

El amor es este viaje inútil, pero muy suave,
al otro lado del espejo.

Tantas criaturas en mi sed y en mi vaso vacío.


IV

La niña que fui
ahora en mi memoria
entre mis muertos

De lágrimas se nutrirá mil años
De destierro el sonido de su voz

*

yo vi ese rostro partir la mañana
en dos noches iguales.
Mi cuerpo se pobló de muertos
y mi lengua de palabras crispadas,
ruinas de un canto olvidado.

*
Morir como muere un animal pequeño
en los cuentos para niños.

Eso tan terrible.
Lleno de hermosura.

*

Las cosas amarilleaban frente a mis ojos
recién venidos de un sueño de otoño.

*

Si la noche no es azul,
si el verano es una lenta plaga.

*

habla al gran espacio vacío
en donde corre una niña
que ya no reconoces

sólo deseo no tener nada con nada

*

Has dicho tantas palabras
que ya no te atreves a oírte llamar.

*

En mis huesos la noche tatuada.
La noche y la nada.

*

Escribes poemas
porque necesitas
un lugar
en donde sea lo que no es

*

El aire se eternizaba
En caras plateadas o coléricas

Se puede morir de presencias

*

Hay un rostro salvajemente asomado al día
que se abre en dos noches iguales.

¿Quién cantará al amor?
No yo.
Yo amo.

*

y finalmente

un himno sin desdicha
un sueño como una estrella

*

ebria del silencio
de los jardines abandonados
mi memoria se abre y se cierra
como una puerta al viento

*

Perdida en el silencio
de las palabras fantasmas.
Si vivir es memoria cerrada
quién me pierde
en el silencio fantasma
de las palabras

*

Zona de la visión perpetua.
Yo la atravesé en un misterioso gemido.

*

Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos
para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada.

*

En un lugar de temblores
manos oscilan enamoradas
en la dulzura de mi rostro
sobre tu oscuridad ardiente.

lunes, 25 de marzo de 2013

Lejos del silbido (por Dylan Thomas)

He deseado irme lejos
del silbido de la mentira gastada
y el incesante grito de los antiguos terrores
haciéndose más terribles mientras el día
camina sobre la loma hacia el insondable mar;
he deseado irme lejos
de las repeticiones de los saludos,
porque hay fantasmas en el aire
y ecos fantasmales en el papel,
y el trueno de llamadas y notas.

He deseado apartarme pero he sentido miedo;
alguna vida, aún no gastada, podría explotar
saliendo de la patraña antigua que arde sobre los campos,
y, restallando en el aire, dejarme medio ciego,
ni por el terror antiguo de la noche,
sombrero que se aparta del pelo,
labios en cucurucho sobre el receptor,
caeré yo ante el plumaje de la muerte;
por todo esto no me importaría morir,
a medias convención y a medias mentira.

domingo, 24 de marzo de 2013

El sol se partió (por Marosa Di Giorgio)

De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era un juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes. Al alcance
de las manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.

sábado, 23 de marzo de 2013

Te me fuiste (por Juan Ramón Jiménez)


¡Agua corriente eras
y te me fuiste de las manos!
¿En qué lecho de amor,
hecha cristal, te habrás parado,
corriendo sola dentro de ti misma
a tu propio mar solo, ardiente y mágico?

¡Oh fresco remolino,
que empieza, eterno, en ti, y acaba, eterno,
en ti, y prende lo que ansía
en su raudal cuajado!

viernes, 22 de marzo de 2013

¿Qué voy a cantar? (por León Felipe)


¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y le digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se le veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

jueves, 21 de marzo de 2013

Voy a verme (por Idea Vilariño)

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez -mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es Idea
y le sonreiré dándome ánimos

miércoles, 20 de marzo de 2013

Nave (por Saiz de Marco)


Tomó Noé una pareja de cada especie
y las fue subiendo al arca.

Y mientras subían,
iba diciéndoles:

Vamos a ir a otro sitio:
a vuestro sitio.

Allí no habréis de luchar por vivir.
No tendréis que pelear por comer.
No tendréis que matar ni ser matados.

¡Mis pobrecitos! ¡Cuánto habéis sufrido
bajo el rigor de las leyes vigentes
en la región de las hostilidades!

Donde iremos no hay hambre ni miedo.
Donde iremos no hay vejez ni dolor.
Donde iremos no hay pérdidas ni heridas.


Y cuando la nave por fin estuvo llena,
añadió:

Os llevo a vuestro verdadero sitio.

Porque la Tierra no es vuestro lugar.
Porque esta vida no se hizo para vosotros.
Porque aquí nunca fuisteis felices.

Porque también vosotros nacisteis desterrados,
exiliados en este lugar.

Y porque, en fin,
vuestro reino tampoco es de este mundo.

martes, 19 de marzo de 2013

Sólo porque me amaste (por Marias Polydouri)


No canto sino porque me amaste
en los años pasados.
Y ya con el sol, con presentimientos de verano,
ya con lluvia y con nieves,
no canto sino porque me amaste.
Sólo porque me tuviste entre tus brazos
una noche y en los labios me besaste,
sólo por eso soy hermosa como un lirio siempre abierto
y aún conservo un temblor en mi alma
sólo porque me tuviste entre tus brazos.
Sólo porque tus ojos me miraron
con el alma en la mirada,
orgullosa me adorné con la corona
más excelsa de mi existencia;
sólo porque tus ojos me miraron.
Sólo porque me amaste he nacido,
por esto se dio mi vida;
en el triste vivir no realizado
mi vida se cumplió.
Sólo porque me amaste he nacido.
Sólo porque tan bellamente me amaste
viví para multiplicar
mis sueños, amado mío, que como astro te pusiste.
Y así en tal dulzura muero
sólo porque tan bellamente me amaste.

lunes, 18 de marzo de 2013

Piérdete en ti (por Octavio Paz)

Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allá, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.
Hunde tu ser a oscuras,
anégate en tu piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho el fuego fatuo.
En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no se sabe quién dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
mar que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

domingo, 17 de marzo de 2013

Ha pasado (por Ángel González)



El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.

sábado, 16 de marzo de 2013

Pura lascivia (por Wislawa Szymborska)

No hay peor lujuria que pensar.
Es pura lascivia que se propaga como hierbajo anemófilo
por los parterres reservados a las margaritas.

Nada hay sagrado para quienes piensan.
Con descaro llaman a las cosas por su nombre,
elaboran análisis disipados y síntesis concupiscentes,
se entregan a la salvaje y libertina persecución de la verdad desnuda,
al toqueteo libidinoso de temas delicados,
al roce de opiniones. Y se quedan tan anchos.

A la luz del día o al abrigo de la noche,
se juntan en parejas, triángulos y círculos.
No importan sexo ni edad de los integrantes.
Les brillan los ojos, les arden las mejillas.
El amigo pervierte al amigo.
Hijas depravadas corrompen a sus padres.
El hermano celestinea con su hermana menor.

Les apetecen otros frutos,
los del árbol prohibido de la ciencia,
y no las nalgas rosadas de las revistas en color,
ni la pornografía al uso, ingenua en el fondo.
Les divierten los libros sin estampas,
con único interés: ciertas frases
subrayadas a uña o a lápiz rojo.

¡Qué espanto!¡En qué posturas,
y con qué escabrosa simplicidad
se deja una mente fecundar por otra!
No constan ni en el mismo Kamasutra.

En estas citas sólo el té está caliente.
La gente se sienta, mueve los labios.
Cruza las piernas, pero cada cual las propias.
Así, un pie descansa en el suelo,
y el otro, el libre, se columpia en el aire.
Sólo de vez en cuando alguien se levanta,
se acerca a la ventana
y por una rendija de la persiana
fisga la calle.

viernes, 15 de marzo de 2013

Perder (por Hans Magnus Enzensberger)


Perder el pelo, perder la calma,

¿me explico?, perder el tiempo,

librar una batalla perdida,

perder peso y esplendor, perdón, no importa,

perder puntos, déjame terminar de una vez,

perder la sangre, perder al padre y a la madre,

perder el corazón, hace tiempo perdido

en Heidelberg, y ahora otra vez,

sin parpadear, el encanto de la

novedad, olvídalo, perder los

derechos civiles, me doy cuenta,

perder la cabeza, por favor,

si no puede evitarse,

perder el Paraíso Perdido, y qué más,

el empleo, al Hijo Pródigo,

perder la cara, que le vaya bien,

dos Guerras Mundiales, una muela,

tres kilos de sobrepeso,

perder, perder, y volver a perder, hasta

las ilusiones perdidas hace tanto tiempo,

y qué, no desperdiciemos una palabra más

en la tarea perdida del amor, digo que no,

perder de vista la vista perdida,

la virginidad, qué lástima, las llaves,

qué lástima, perderse en la multitud,

perderse en las ideas, déjame terminar,

perder la mente, el último céntimo,

no importa, termino en un momento,

las causas perdidas, toda sensación de bochorno,

todo, golpe a golpe,

¡ay!, hasta el hilo del relato,

el carnet de conducir, las ganas.

jueves, 14 de marzo de 2013

De mi cuerpo (por Juan Ramón Jiménez)

Vivo olvidada
de mi cuerpo.
Cuando miro la aurora,
confusamente lo recuerdo bello,
cual si estuviera
fuera de mí y muy lejos.

Mas cuando tú me coges
me lo siento
todo,
duro, suave, dibujado, lleno,
y gozo de él en ti y en mí,
contigo, descubierto, en su secreto.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Un encuentro (por Wallace Stevens)



Llegó un día, hubo un día -un día en que un hombre
caminaba vivo entre las formas del pensamiento,
para ver su esplendor tal como es,

y en armonioso prodigio ser,
por un momento, concibiendo su pasaje hacia un tiempo
que él mismo percibió inmóvil, perenne.

Menos tiempo que espacio, menos espacio que pensamiento,
y en sustancia, una semejanza a la tierra,
que, por parecido, vibraba pensamiento tras pensamiento.

Liberando una melodía abismal,
un encuentro, una emergente luz,
un deslumbramiento de recuerdo y de mirada.



martes, 12 de marzo de 2013

Valor (por Erri de Luca)



Considero valor cada forma de vida, la nieve, la fresa, la mosca.

Considero valor el reino mineral, el conjunto de las estrellas.

Considero valor el vino junto a la pasta, una sonrisa involuntaria, el cansancio que no niegan dos viejos que se gustan.

Considero valor lo que mañana no valdrá nada y lo que hoy ya vale poco.

Considero valor todas las heridas.

Considero valor ahorrar agua, reparar zapatos, callar a tiempo, socorrer a gritos, pedir permiso antes de sentarse, probar gratitud sin recordar bien el porqué.

Considero valor poder saber dónde está el norte en una habitación y el nombre del viento que seca la ropa.

Considero valor el viaje del vagabundo, la clausura del monje, la paciencia del condenado sea cual sea su culpa.

Considero valor emplear el verbo amar y la hipótesis de que un creador existe.

Muchos de estos valores no los he conocido.

lunes, 11 de marzo de 2013

Y meterme contigo en una concha (por Kirmen Uribe)



Mira, ha entrado mayo,

ha extendido su párpado azul sobre el puerto.

Ven, hace tiempo que no sé de ti,

se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.

Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,

del valor de ser amable,

de la necesidad de arreglárselas con las dudas,

de cómo llenar los huecos que tenemos dentro.

Ven, siente en tu rostro la mañana,

cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;

cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.

Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,

sea un secreto, un error o un gesto.

Ven y pondremos verdes a los vencedores,

saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.

Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,

porque estar juntos en silencio es

la mejor prueba de la amistad.

Vente conmigo, quiero cambiar de país,

dejar este cuerpo mío a un lado

y meterme contigo en una concha,

con nuestra pequeñez, como los bígaros.

Ven, te espero,

continuaremos la historia interrumpida hace un año,

como si no tuvieran un círculo más

los abedules blancos de la rivera.

domingo, 10 de marzo de 2013

Una ciudad de postigos (por Vladimir Gandelman)

Un puente alto y estrecho sobre las vías,
los silbatos de las locomotoras, el estrépito de los enganches,
un mendigo cojo, con una gorra y monedas de cobre,
bajo un arbusto de lilas florecientes,

una ciudad de postigos con corazoncitos y de calles arenosas,
blanca por la mañana, amarilla de día y azul de noche,
con su peluquero, su loco, su bazar de mostradores húmedos y roñosos,
que huelen a melón,

Dios mío, con la vida pecosa y taheña
de dos gemelos tras una cerca destartalada,
desde el jardín un sonido límpido, de aprendiz,
de un futuro primer violín,

con un nudo en la garganta,
quizá sea la mía, pero yo no me veo,
con una parienta lejana, una muchacha blanca y flaca
sobre un platillo de pendientes de cerezas,

con un punzante sentimiento incestuoso
hacia ella, con una dulzura infantil,
con el aire cálido, vacío,
como un aula en tiempo de vacaciones,

con un señor que bromea todo el rato
y bailotea, y al cabo de diez años,
Dios mío, morirá y se olvidará de todo,
y al cabo de veinte más, resucitará en la última estrofa.


sábado, 9 de marzo de 2013

La mano ha cambiado su destino (por Roberto Juarroz)



La mano se extiende,

pero a mitad de camino

la detiene una imagen.

Y se marcha entonces con ella,

no para poseerla

sino tan sólo para entrar en su juego.

La mano ha comenzado a enamorarse en el camino

y así la posesión y el don se le escapan.

La mano ha cambiado su destino

por un vuelo que no es el vuelo del pájaro,

sino un abandono a las mareas que no tienen costa

o a los desequilibrios de una sabiduría diferente.

La mano ha renunciado a su objeto

y ha adquirido el valor de su distracción.

La mano ha renunciado a salvarse.


viernes, 8 de marzo de 2013

Nuestras metamorfosis (por Paul Éluard)


Vivimos en el olvido de nuestras metamorfosis
El día es holgazán pero la noche es activa
Un bol de aire al mediodía la noche lo filtra y lo consume
La noche no deja polvo sobre nosotros
Pero este eco que rueda a lo largo del día
este eco fuera del tiempo de angustia o de caricias
este brutal encadenamiento de los mundos insípidos
y de los mundos sensibles su sol es doble
Estamos cerca o lejos de nuestra conciencia
Dónde están nuestras orillas nuestras raíces nuestro fin
El largo placer sin embargo de nuestras metamorfosis
esqueletos que se animan en los muros pudriéndose
las citas dadas a las formas insensatas
a la carne ingeniosa a los ciegos videntes
las citas dadas por el rostro al perfil
por el sufrimiento a la luz por la claridad
al bosque por la montaña al valle
por la mina a la flor al sol por la perla
Estamos cuerpo a cuerpo tierra a tierra
nacemos por todas partes no tenemos límites.

jueves, 7 de marzo de 2013

Prescindir de mí (por Henrik Nordbrandt)


Un auténtico verano danés va a ser el tema de este soneto.
Porque debe de ser cierto que lo que te rodea no debe decirse
en trece o quince líneas, sino en catorce: eso es lo que quiero decir
todo llega a su sitio de manera que forma y contenido se funden
así como yo me fundo con el verano
que es fundirse con lo danés
lo que es totalmente correcto: pero no lo sería este poema
si no se advirtiera que nadie puede fundirse con otra cosa.
Tiene que haber sitio: un auténtico verano danés
es probablemente aquel donde mejor puedo prescindir de mí.

Y dejaría con gusto que la naturaleza hablara por mí, si el verde vulgar
no lo hubiera hecho tan embarazoso:
en medio de todo eso hay una alta chimenea roja: pertenece al crematorio.
¡Qué consuelo liberarse por fin de sí mismo!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Una mano (por Federico García Lorca)


Yo no quiero más que una mano,
una mano herida, si es posible.
Yo no quiero más que una mano,
aunque pase mil noches sin lecho.

Sería un pálido lirio de cal,
sería una paloma amarrada a mi corazón,
sería el guardián que en la noche de mi tránsito
prohibiera en absoluto la entrada a la luna.

Yo no quiero más que una mano
para los diarios aceites y la sábana blanca de mi agonía.

Yo no quiero más que esa mano
para tener un ala de mi muerte.

Lo demás todo pasa.
Rubor sin nombre ya, astro perpetuo.
Lo demás es lo otro; viento triste,
mientras las hojas huyen en bandadas.

martes, 5 de marzo de 2013

La cosa es muchísimo más grave (por Mario Benedetti)


Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo

y eso en verdad no es nada extraordinario,

vos lo sabés tan objetivamente como yo.

Sin embargo hay algo que quisiera aclararte:

cuando digo todas las parcelas

no me refiero sólo a esto de ahora,

a esto de esperarte y aleluya encontrarte,

y carajo perderte,

y volverte a encontrar,

y ojalá nada más.

No me refiero a que de pronto digas, voy a llorar,

y yo con un discreto nudo en la garganta, bueno llorá.

Y que un lindo aguacero invisible nos ampare

y quizás por eso salga enseguida el sol.

Ni me refiero sólo a que día tras día

aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades,

o que yo pueda o creerme que puedo convertir mis reveses en victorias,

o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación.



No.

La cosa es muchísimo más grave.

Cuando digo todas las parcelas

quiero decir que además de ese dulce cataclismo

también estás reescribiendo mi infancia,

esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes

y los solemnes adultos las celebran,

y vos en cambio sabés que eso no sirve.

Quiero decir que estás rearmando mi adolescencia,

ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos,

y vos sabés en cambio extraer de ese páramo

mi germen de alegría y regarlo mirándolo.

Quiero decir que estás sacudiendo mi juventud,

ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos,

esa sombra que nadie arrimó a su sombra,

y vos en cambio sabés estremecerla

hasta que empiecen a caer las hojas secas,

y quede la armazón de mi verdad sin proezas.

Quiero decir que estás abrazando mi madurez,

esta mezcla de estupor y experiencia,

este extraño confín de angustia y nieve,

esta bujía que ilumina la muerte,

este precipicio de la pobre vida.

Como ves es más grave,

muchísimo más grave,

porque con estas y con otras palabras

quiero decir que no sos tan sólo

la querida muchacha que sos,

sino también las espléndidas o cautelosas mujeres

que quise o quiero.



Porque gracias a vos he descubierto

(dirás que ya era hora y con razón)

que el amor es una bahía linda y generosa

que se ilumina y se oscurece

según venga la vida,

una bahía donde los barcos llegan y se van,

llegan con pájaros y augurios

y se van con sirenas y nubarrones.

Una bahía linda y generosa

donde los barcos llegan y se van.

Pero vos,

por favor,

no te vayas.

lunes, 4 de marzo de 2013

Muerte de Clarice Lispector (por Haroldo de Campos)


Mientras te enterraban en el cementerio judío
de Caju
(y el destello de tu mirar soterrado
aún resistía),
el taxi corría conmigo a la orilla de la Laguna
en dirección a Botafogo.
Y las piedras y las nubes y los árboles
en el viento
mostraban alegremente
que no dependen de nosotros.

domingo, 3 de marzo de 2013

Reencuentro (por Ray Bradbury)


Veníamos aquí, pensé.

Por aquí, por allá, por el césped…

Hará cuarenta años,

regresé y caminé por esas calles.

Vi la casa donde nací,

crecí y pasé mis días infinitos.

Ahora que eran cortos, había vuelto

para contemplar y mirar y observar

mi recuerdo de aquel ilimitado laberinto de tardes.

Pero, sobre todo, ansiaba el reencuentro con aquellos espacios

por los que corría

como corren los perros, por delante o detrás de los chavales;

con las rutas trazadas por los indios o por esos hermanos (prudentes y veloces)

que se creían miembros de una tribu.

Llegué al barranco.

Por poco me resbalo en el descenso.

Ya tenía mis canas,

pero mi corazón era robusto.

Allí no había nadie. Estos chicos de ahora,

¡qué cretinos! Me dije.

¿Acaso no sabéis que hay un abismo que os está esperando?

Los barrancos son de un verde especial, perfecto y agradable.

Son lugares inaccesibles, por donde deambulan pequeños rateros

y abejas bandidas que roban a las flores para dárselo a los árboles.

En las cuevas hay eco, y arroyos en los que meterte en busca de un botín:

una araña de agua, un cangrejo, una piedra preciosa

o una bota de goma perdida hace tiempo.

Son el hogar natural de los tesoros. Entonces, ¿a qué se debe este silencio?

¿Qué les ha pasado a nuestros chicos, que ya no se persiguen,

que contemplan la artesanía del Señor:

su clara sangre brotando como sirope de árboles heridos?

¿Por qué sólo veo abejas y mirlos en el viento y briznas de hierba inclinadas?

No importa. Camina. Camina, mira y recuerda con dulzura.

Llegué al roble que trepé con doce años

y por el que llamé a Skip para que me bajara.

Estaba a miles de kilómetros del suelo. Cerré los ojos y chillé.

Mi hermano, profundamente alborozado, soltó una carcajada

y subió a rescatarme.

“¿Qué hacías ahí?” Preguntó.

No se lo dije. Antes, la muerte.

Pero estaba allí para dejar en el nido de una ardilla una nota

en la que había escrito un antiguo secreto ya olvidado.

Ahora, en el verde barranco de la edad madura, me paré

bajo aquel mismo árbol. ¿Por qué, por qué, Dios mío?

Pero si no es tan alto. ¿Por qué grité?

No pueden ser más de dos metros. Subiré sin dificultad.

Y lo hice.

Y me acuclillé como un simio decrépito, dando gracias a Dios

de que nadie me viese haciendo el payaso

agarrado grotescamente al tronco.

Pero entonces (¡oh Dios, qué desazón!)

el agujero de la ardilla y su nido se encontraban allí.

Me quedé pensando un buen rato apoyado en la rama.

Me embebí de todas las hojas y de las nubes y de las sensaciones

que pasaban de manera mecánica

como los días.

¿Y qué, y qué, y qué si…? Pensé. Pero no. ¡Han transcurrido unos cuarenta años!

¿La nota que dejé? Ya se la habrán llevado.

Un chico o una lechuza blanca la habrán robado, leído y destrozado.

Habrá volado hasta el lago como el polen, como una hoja de castaño

o como el humo del diente de león que atraviesa el viento del tiempo…

No. No.

Metí la mano en el nido. Hundí los dedos.

Nada. Nada. Sin embargo, al seguir horadando

la saqué:

la nota.

Como alas de polilla dobladas limpiamente sobre sí mismas, y plegadas,

había sobrevivido. Las lluvias no la habían tocado, ni los rayos de sol habían blanqueado su superficie. La tenía en mi palma. La reconocía:

papel rayado de un viejo cuaderno de la marca Sioux.

¿Qué, qué, pero qué había escrito

hacía tantos años?

La abrí. Tenía que saberlo.

La abrí y sollocé. Me agarré al árbol y dejé que las lágrimas

me resbalaran por la barbilla.

“Chico querido, niño extraño que conoce la Historia,

que es consciente del tiempo y ha aspirado la muerte en las flores del lejano jardín de la iglesia”.

Se trataba de un mensaje al futuro, dirigido a mí,

sabiendo que alguna vez vendría, volvería, buscaría, retornaría.

Del joven al viejo. De mi yo pequeño e inocente, a mi yo grande y ya no tan ingenuo.

¿Qué ponía que provocó mi llanto?

“Te recuerdo.

Te recuerdo”.

sábado, 2 de marzo de 2013

También (por Saiz de Marco)



También en esa hermosa lengua

que suena dulce

blanda

exótica

también en ese amable idioma

hay palabras tiernas

melódicas

suaves

para designar miedo

para llamar dolor

o para decir pérdida

finitud



Sabe a decepción constatar que

debajo de esa lengua eufónica

que suena blanda

dulce

armónica

debajo de ella y sus palabras

vibra también la realidad

viernes, 1 de marzo de 2013

Voy a someteros, monstruos (por Ilarie Voronca)


Quiero luchar contra vosotras, fuerzas

de la desgracia, fuerzas tenebrosas de la muerte,

térreas máscaras de la epidemia,

hambres y sed más pesadas que un cadáver.

Angustias,

el sudario de vuestras llamas sobre los delirantes cuerpos,

os convoco aquí, os hago frente,

me acerco riendo al lecho del agonizante,

su boca, sortija de oro en el dedo de la noche,

su cabellera, temblorosa respiración, sus pupilas,

piedras trazando círculos en el agua de su rostro,

belleza, heme aquí con las manos llenas

de caricias más perfumadas que un jardín, heme aquí,

los labios, una alabanza para cada uno de tus contornos,

la muerte nada podrá, abandonará esta habitación.

¡Ah! Voy a someteros, monstruos, voy

a pisotearos,

incluso si adoptáis rasgos humildes: miseria,

enfermedad, injusticia, fatiga, incluso si

vuestras garras se ocultan bajo el terciopelo de la piedad.

Entro en el tugurio, en el patio sofocante,

la prisión, el hospital, el tormento, el suplicio,

el frío, la sangre, los remordimientos, las heridas,

el vientre de la mujer donde nace un sol

y el hombre que maldice el pan, y el hombre

a quien el sueño ara mejor que un arado,

la garganta, cuando abandona la voz, como un hueco de árbol

el seno cortado en dos por un puñal de leche,

el fango, el ojo ciego, el agujero de obús, la gangrena.

¡Yo os destierro! Y digo: “levántate y anda” al enfermo

y el enfermo es el rayo que quema sus muletas,

la imagen de lo lejano embellece las palabras

y lo cercano es suave en este apaciguamiento.

Mujeres, he aquí el día, su cetro y su corona,

vosotras sois los escaparates que iluminan la calle,

y todos vosotros, muchachos, adolescentes, ancianos,

ved cómo os acogen en las casas alegres.

He aquí las ciudades orgullosas del amor, de la gracia.

¡Ah! la muerte y la miseria caen extenuadas.

jueves, 28 de febrero de 2013

Sobre la muerte sin exagerar (por Wislawa Szymborska)



No sabe encajar una broma,

no sabe de estrellas, de puentes,

de tejidos, de minas, de labranza,

de construir barcos, ni de pastelería.



Hablamos sobre el día de mañana

y dice su última palabra

sin venir nunca al caso.



Ni siquiera sabe hacer

las funciones propias de su oficio:

ni cavar fosas,

ni clavar ataúdes,

ni limpiar los despojos que su paso deja.



Ajetreada con tanto matar,

lo hace de cualquier modo,

sin método ni destreza.

Como si se estrenara con cada uno de nosotros.



De acuerdo, tiene éxitos

pero, ¡cuántos fracasos,

cuántos golpes fallidos

e intentonas estériles!



A veces faltan fuerzas

para fulminar a una mosca al vuelo.

Y más de una oruga la deja atrás

al arrastrarse en la carrera a más velocidad.



Todos esos tubérculos, vainas,

antenas, aletas y branquias,

plumajes nupciales y pelambres de invierno

demuestran serios retrasos

en su penosa labor.



La mala voluntad no basta,

y nuestra ayuda a base de guerras y revueltas

no le resulta por ahora suficiente.



En los huevos laten corazones.

Crecen los esqueletos de los recién nacidos.

Las semillas se visten con sus primeras hojas

y a veces también con árboles en el horizonte.



Quien afirma que es todopoderosa

es, él mismo, prueba viviente

de que, de todopoderosa, nada.



No existe vida,

que, aun por un instante,

no sea inmortal.



La muerte

siempre llega con ese instante de retraso.



En vano golpea la aldaba

en la puerta invisible.

Lo ya vivido

no se lo puede llevar.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Sonetos teológicos (por Agustín García Calvo)



I


Enorgullécete de tu fracaso,
que sugiere lo limpio de la empresa:
luz que medra en la sombra, más espesa
hace la sombra y más durable acaso.

No quiso Dios que dieras ese paso,
y ya del solo intento bien le pesa;
que tropezaras y cayeras, ésa
es justicia de Dios: no le hagas caso.

¿Por lo que triunfo y lo que logro, ciego,
me nombras y me amas?: yo me niego,
y en ese espejo no me reconozco.

Yo soy el acto de quebrar la esencia:
yo soy el que no soy. Yo no conozco
más modo de virtud que la impotencia.

II

Pero no cejes; porque no se sabe
cuándo pierde el amor, dónde la tierra
volteando camina, ni qué encierra
mensaje del que nadie tiene clave.

Pues el Libro Mayor (y eso es lo grave)
del Debe y el Haber nunca se cierra,
y acaso acierte el que con tino yerra;
ni es nada el mundo hasta que el mundo acabe.

Si te dicen que Dios es infinito,
di que entonces no es; y si finito,
que lo demuestre pues, y que concluya.

Pero no hay Dios ni hay Ley que a contradanza
no se pueda bailar. Tu muerte es tuya.
Tu no saber es toda tu esperanza.

martes, 26 de febrero de 2013

No eras (por Teresa Rita)


Madre
eras mentira en tu ataúd

Apenas te toqué las manos
vi que no eras tú aquella
Tu cadáver era un extraño
vestido con tu ropa
fingiendo
que eras tú

Lo maldije
como a un impostor.

lunes, 25 de febrero de 2013

El fluir de mi sangre (por Norma Jean Baker [Marilyn Monroe])



Silencio.

Silencio.

Silencio.

Solo se escucha

el fluir de mi sangre

como un río que anhela

un lago tranquilo

en que perderse para siempre.

domingo, 24 de febrero de 2013

Los días (por Philip Larkin)


¿Para qué son los días?
Los días son donde vivimos.
Vienen, nos despiertan
una y otra vez.
Son para que estemos felices en ellos:
¿Dónde podríamos vivir sino en los días?

Ah, contestar esa pregunta
hace que vengan el cura y el doctor
con sus abrigos largos
corriendo por los campos.

sábado, 23 de febrero de 2013

Con mi fusil descargado (por Giorgio Caproni)



Hace frío en la historia.
Me gustaría largarme. Adonde,
también yo, con mi fusil descargado,
pueda gritar: "¡Viktoria!"

viernes, 22 de febrero de 2013

Pero deja tu recuerdo (por Federico García Lorca)


No te lleves tu recuerdo.
Déjalo solo en mi pecho.

Temblor de blanco cerezo
en el martirio de enero.

Me separa de los muertos
un muro de malos sueños.

Doy pena de lirio fresco
para un corazón de yeso.

Toda la noche en el huerto
mis ojos, como dos perros.

Toda la noche, corriendo
los membrillos de veneno.

Algunas veces el viento
es un tulipán de miedo.

Es un tulipán enfermo,
la madrugada de invierno.

Un muro de malos sueños
me separa de los muertos.

La niebla cubre en silencio
el valle gris de tu cuerpo.

Por el arco del encuentro
la cicuta está creciendo.

Pero deja tu recuerdo,
déjalo solo en mi pecho.

jueves, 21 de febrero de 2013

El plano se duplica (por Alejandro Céspedes)

¿dónde estás tú? ¿qué decisión te elige?

el papel sólo puede crear iguales pero hay cosas
que ocurren más allá del envés
de estas mismas palabras crece la división
el plano se duplica con la simplicidad y la complicidad
de tus dos ojos

escenografía vida que se parece a la vida irrealidad
símbolo y certidumbre
se aparearán en este mismo espacio y cuando ocurran
simultáneamente será posible habitar en las palabras

en la figuración de lo real somos inconstatables
a veces lo que no es y lo que es decide confundirse
nos confunde
pero tampoco en la confusión habrá cobijo
volando
un cisne resbala sobre el hielo y en su reflejo cree estar
volando

miércoles, 20 de febrero de 2013

Ahí está el odio (por Enriqueta Arvelo)

No quiero mirar hacia ese sitio;
ahí está el odio.

Tiene los ojos curtidos
de mal fuego.

Lo esquivo.
No quiero saber siquiera
cómo hace sus incendios.
No quiero ver su factoría.
Le rehúyo abiertamente.

Y yo no soy su blanco.

martes, 19 de febrero de 2013

Lo nuestro era el silencio (por Cristian Antüllangka)

El sol cae sobre el chuponal
El viento sur llega a los huesos
Los caballos que pastaban quietos
se asustan
corren
En el mar el marullage ha florecido

Recuerdo cuando en la orilla
los perros y yo te esperábamos
Cuando llegabas a puerto
ellos saltaban sobre ti
te lamían la cara
tú reías
Yo los envidiaba
Pero no te culpo
lo nuestro era el silencio
Para mí tú eras la lanza que descansaba
en un lugar preciso de la casa
Ahora que no estás escribo
para que el silencio venga,
como cuando de la mar llegabas




lunes, 18 de febrero de 2013

Tus pies tocan los míos (por Octavio Paz)


Tus cabellos se pierden en el bosque,
tus pies tocan los míos.
Dormida eres más grande que la noche
pero tu sueño cabe en este cuarto.
Cuánto somos qué poco somos!
Afuera pasa un taxi
con su carga de espectros.
El río que se va
siempre
está de regreso.

¿Mañana será otro día?



domingo, 17 de febrero de 2013

Lluvia de medianoche (por Edward Thomas)


Lluvia, lluvia de medianoche, sólo la lluvia salvaje
sobre esta barraca gris, y soledad, y yo
recordando de nuevo que al final moriré
y no podré oír la lluvia ni ofrecer mi gratitud
por su forma de lavarme, dejándome lo más limpio
que he estado desde que nací a esta soledad.
Benditos son los muertos sobre los que llueve la lluvia:
pero ahora rezo para que ninguno de los que amé
se esté muriendo esta noche o yazga aún despierto
y en soledad, escuchando la lluvia,
sufriendo o sintiendo así una compasión
impotente entre los vivos y los muertos,
como agua fría entre juncos quebrados,
incontables juncos quebrados, altos y tiesos,
que, como yo, no poseen un amor que esta lluvia salvaje
no haya disuelto salvo el amor por la muerte,
si acaso es amor hacia aquello que es perfecto y
no puede, me cuentan las tempestades, decepcionar.

sábado, 16 de febrero de 2013

Un día giratorio (por Carina Sedevich)


Suena una alarma.
El calor, la ausencia, una rama de sauce:
¿qué hace que la alarma suene?
El perro del vecino llora.
Es la mañana de una nochebuena.
Un día giratorio,
más que otros.
Cegador como una vuelta al mundo.
Si fueras a perdonarme
escribiría una carta, hijo,
de despedida.
Te diría que no encuentro la belleza
más.
Que me sequé.
Quisiera
rodearte de piel embarazada
para siempre.
Que te quedes así, en la tibieza.
Que tu vuelo
sea el vuelo del que nunca va a perder.
Hijo, si pudiera,
te dejaría el álbum grande de la vida
completo, con todas las figuritas,
sobre todo las difíciles.
Hijo, si pudiera,
repartiría mi cuerpo por tajadas,
lo dejaría guardado en la heladera.
Hijo, si pudiera,
dejaría la palabra exacta
blanda y blanca como un cirio
cada noche en tu mesita.
Suena una alarma.
Pero no pasa nada.
Porque estas cosas no se anuncian.

viernes, 15 de febrero de 2013

Bóveda tras bóveda (por Thomas Tranströmer)


En el interior de la enorme iglesia románica se apretujaban
los turistas en la penumbra.
Bóveda tras bóveda y sin visión global.
Flameaban las llamas de algunas velas.
Un ángel sin rostro me abrazó,
y me susurró por todo el cuerpo:
"No te avergüences de ser persona. ¡Enorgullécete!
En tu interior se abre bóveda tras bóveda sin fin.
Nunca habrás terminado, y es lo que debe ser".
Las lágrimas me cegaban
y alguien me sacó a la plaza ardiente de sol
junto con Mr y Mrs Jones, el señor Tanaka y la signora Sabatini,
y en el interior de todos ellos se abría bóveda tras bóveda sin fin.

jueves, 14 de febrero de 2013

Laurel de espuma sobre mi cuerpo (por Lorena Estrada)


Salitre ultimísimo,
hoy que es mi lámpara
quien marca la hora en este cuarto gris y ciego,
el siguiente viento
que necesito es el de tu abrazo.
Tu abrazo más allá de la carne y la arteria,
un abrazo que no se apague con el día.
Suspiro del polvo que fue estrella
y Teshcal, eterno hueso del fuego que somos.
Un abrazo con la calentura de una lluvia.
Fuerte huracán de ramas de bronce.
Rosa del sismo, laurel de espuma sobre mi cuerpo.
Hogar, como sombra hecha de mis propios brazos.
Tu abrazo de color de primera tarde y primer beso.
Catedral de pájaros,
patria de tu nombre y el mío,
tu abrazo de ancho mar
y de minúscula lágrima.
Tu abrazo…
sin más palabras que tus brazos alrededor de nuestro sueño
es lo que necesito
en este cuarto gris y ciego.

miércoles, 13 de febrero de 2013

He saltado fuera de mi piel (por Wislawa Szymborska)


Perdí unas pocas diosas camino del sur al norte,
también muchos dioses camino de este a oeste.
Un par de estrellas se apagaron para siempre, ábrete, oh cielo.
Una isla, otra se me perdió en el mar.
Ni siquiera sé dónde dejé mis garras,
quién anda con mi piel, quién habita mi caparazón.
Mis parientes se extinguieron cuando repté a tierra,
y sólo algún pequeño hueso dentro de mí celebra el aniversario.
He saltado fuera de mi piel, desparramado vértebras y piernas,
dejado mis sentidos muchas, muchas veces.
Hace tiempo que he guiñado mi tercer ojo a eso,
chasqueado mis aletas, encogido mis ramas.
Está perdido, se ha ido, está esparcido a los cuatro vientos.
Me sorprendo de qué poco queda de mí:
un ser individual, por el momento del género humano,
que ayer simplemente perdió un paraguas en un tranvía. 


martes, 12 de febrero de 2013

En este instante (por Antonio Ferres)



En este instante
está deshaciéndose la nieve
en el tejado de este año

está tan tibio el sol
en este instante
que vienen conmigo hombres
como recién resucitados

y mujeres con sudarios blancos.

En este instante
canta un gorrión en el tejado
y está deshaciéndose la nieve

mientras la tierra brilla como fuego
en este instante

mientras hay caminos
con hombres iguales que nosotros

y ciudades donde aún no he nacido.

lunes, 11 de febrero de 2013

Porque podía escribirse (por Saiz de Marco)



Me acuso

de haber escrito aquello que se podía escribir:

aquello que podía meterse en el lenguaje,

aquello que podía ponerse por escrito.



Me acuso porque

¿qué importancia tiene, qué valor añade

escribir lo escribible?



Si lo escribí fue

porque podía escribirse.

Así pues, hacerlo no aportó nada.

Nada hizo aflorar,

nada alumbró.



Sólo si hubiera escrito algo inescribible

-algo intrasladable,

algo inconvertible en texto, en palabras;

algo irreductible,

algo incapturable en letras y signos-…,

estaría justificado haberlo escrito.



Así pues, me acuso

de escribir tan sólo versos escribibles.



Y no sólo de eso, sino de

creer que escribirlos serviría de algo

y –qué perversión, qué atrocidad-

pretender ¡incluso! que otros los leyeran.

domingo, 10 de febrero de 2013

No conozco la impermanencia (por Gregory Corso)


Te digo a ti
morir, creer que vas a morir
es una horrible
triste creencia
Las personas no son de fiar
y tus padres tu sacerdote tu gurú son personas
y son ellos los que te dicen que debes morir
creerles a ellos es morir
Porque ves a otro morir
crees que tienes que morir
sin embargo sólo conocerás la muerte de otro
nunca la tuya propia
incluso en tu lecho canceroso
nunca sabrás que te despiertas muerto
El cuerpo es simplemente una etapa
nacemos de nosotros mismos
del encarnado amanecer
a la noche desencarnada
al amanecer reencarnado
una continua conexión
cuyo hilo conductor es el espíritu
nuevamente te digo
no conozco la impermanencia
estoy con la permanencia
y desprecio la muerte
sólo tengo sentimientos por los vivos
no tengo sentimientos por los muertos
Te dicen que tienes que morir para llegar al cielo
manda a la mierda a esos engreídos poco creíbles
que con su fe fraudulenta
matan a millones de eternas inteligencias
Les digo a ustedes. Los muertos: no van a ningún lado
sólo si están vivos podrán llegar aquí, allá, a cualquier lado
El espíritu es más sabio que el cuerpo
Creer que la vida muere con el cuerpo
es estar enfermo del espíritu
El gran peligro es
pensar con el cuerpo que el espíritu es cosa efímera
La víctima de cáncer de espíritu saludable
no es una cosa terminal
y el cuerpo saludable frágil de espíritu
sí lo es
Como los peces son aguas animalizadas
nosotros somos espíritus humanizados
los peces van y vienen los humanos también
la muerte de los peces
no es la muerte de las aguas
la muerte de tu cuerpo
no es la muerte de la vida
Así es
cuando digo que nunca conoceré mi muerte, creo en ello,
conmigo el espíritu emergió con su rostro humano
logré salir de la vida vivo
Y no permitas que un cuerpo en una tumba
en cuya lápida podrás leer el nombre de Gregory Corso
te haga gracia, tiente a esa risa tuya “Ja, ja”
“Él decía que nunca moriría,
mira, el imbécil fue enterrado bien muerto”
Sólo tienes que saber que habrá un cielo
sobre esa tumba ahí
y transportará el tamaño de mi espíritu a todas partes
y esto es una mera suposición
porque quizá nunca verás esa tumba
seguramente yo nunca la veré
Así de este modo como los peces son al agua
así soy yo respecto de la tierra, el fuego, el aire
y así seré hasta tanto todos estos elementos
no estén más allí
Habré muerto en realidad
hasta entonces todavía seré
como ahora, como mañana
como ayer;
adiós, que tengan una buena vida
recuerden
que las personas
las más de las veces
no son confiables,
y son ellas, las que te dicen que tienes que morir;
te estaré viendo en mis ecos
la próxima vez

sábado, 9 de febrero de 2013

Lo que somos (por Óscar Hahn)


Se desvía el curso de la vida
tuerce su rumbo y se va por el camino equivocado
Entra por una puerta que no estaba en sus planes
y no vuelve a salir
Allá adentro
la cercan alambradas murallas
fosos de agua
Entonces la vida marca el paso
desfila en círculos
como los presos en el patio de una cárcel
o sobrevive a ciegas
como el condenado a muerte
que conoce la pena
pero ignora el día de su ejecución

La vida que está afuera
la vida de los otros no cuenta para el muerto
Lo único que cuenta
es la vida que uno lleva adentro
y si se va la vida
uno se va con ella tomado de su mano
que ya no existe

Se fue
se acabó
desapareció
Y por más que los vivos nos recuerden
por más que pongan flores en nuestra tumba
no cambia nada
porque nadie está hecho
de la materia del recuerdo
Los héroes famosos
cuyas estatuas pueblan la ciudad
no están menos muertos
que los huesos que yacen
en la tumba del soldado desconocido
Y es eso lo que somos: soldados desconocidos
o conocidos (da lo mismo)
que día a día pierden la batalla
pero también la guerra

La memoria es un atributo de los vivos
Los muertos no recuerdan nada
Estar muerto es no tener pasado
ni presente ni futuro
Y todo lo que se dice de los muertos
lo decimos nosotros
expertos en vivencias que nunca hemos tenido
¿Alguien sabe lo que piensa el agua
la tierra el aire el fuego?

La muerte es el quinto elemento.

viernes, 8 de febrero de 2013

Amanecer (por Jorge Luis Borges)


En la honda noche universal
que apenas contradicen los faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
los arrabales desmantelados del mundo.
Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen.
Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río,
la doctrina anterior
asumió otra forma en el alba
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi razón
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa Buenos Aires
no es más que un sueño
que erigen en compartida magia las almas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
y es el instante estremecido del alba,
cuando son pocos los que sueñan el mundo
y sólo algunos trasnochadores conservan,
cenicienta y apenas bosquejada,
la imagen de las calles
que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo su obra!

Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.

jueves, 7 de febrero de 2013

Curriculum vitae (por Justo Navarro)


Acabé los estudios con facilidad y honor.

Empecé a trabajar sin la mediación de mi padre.

Fui a Londres y volví. Encontré a mi padre

más callado que nunca, más

enmudecido y más mutante,

avergonzado

de envejecer, de haber envejecido.

Esperaba en la puerta

del Hotel Alhambra: le había

caído encima una sombra, igual que cambia

la luz de un día espléndido por un

movimiento invisible de una nube

casi invisible, aunque la nube

desaparece y vuelve el esplendor, y la sombra

de encima de mi padre no se iba.

-No queda en ti nada de ti -me dijo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

En algún sitio (por Carina Sedevich)


Yo sé que en algún lado nuestro amor existe
como existen los esteros y los ríos.
Ajeno a nosotros como si fuera un hijo.
Un hijo que se fue.
Y lo pensamos.
En algún lado, le damos nuestro cuerpo.
Le damos todavía nuestros gestos.
Nos preguntamos.
En nuestra memoria es tan distinto
como cada día que tuvimos.
Hasta podemos saborear su sangre
como después de un puñetazo.
Porque hoy nuestro amor no nos asiste.
Aunque esté erigido en algún sitio
o fluya sobre un cauce
o se haga brasa.

martes, 5 de febrero de 2013

Un zumbido de fondo (por Roberto Juarroz)


Un zumbido de fondo
acusa la presencia de las cosas.
Necesitamos la palabra y el viento
para poder soportarlo.

Un zumbido de fondo
denuncia la ausencia de las cosas.
Necesitamos inventar otra memoria
para no enloquecer.

Un zumbido de fondo
anuncia que no hay nada
que no pueda existir.
Necesitamos un silencio doblado de silencio
para aceptar que todo existe.

Un zumbido de fondo
subraya el frío de la muerte.
Necesitamos la suma de todos los cantos
y el resumen de todos los amores
para poder aplacar ese zumbido.

O una tarde cualquiera,
sin más condición que su abertura,
vendrá un pájaro a posarse en el aire
como si el aire fuera otra rama.
Y entonces cesarán todos los zumbidos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Hacia la puerta que nunca abrimos (por T. S. Eliot)

Tiempo presente y tiempo pasado
están ambos quizá presentes en el tiempo futuro,
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente,
todo tiempo es irredimible.
Lo que podía haber sido es una abstracción
y permanece como posibilidad perpetua
sólo en un mundo de especulación.
Lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.
Las pisadas resuenan en la memoria
bajando el pasillo que no tomamos
hacia la puerta que nunca abrimos
a la rosaleda. Mis palabras resuenan
así en tu mente,
pero con qué propósito,
removiendo el polvo en un cuenco de pétalos de rosa.
No lo sé.
Otros ecos
habitan el jardín. ¿Los seguimos?
Rápido, dijo el pájaro, encuéntralos, encuéntralos,
al doblar la esquina. Por la primera puerta,
entrando en nuestro primer mundo, ¿Seguimos
el engaño del tordo? En nuestro primer mundo.
Ahí estaban, solemnes, invisibles,
moviéndose sin presión, sobre las hojas muertas,
en el calor del otoño, a través del aire vibrante,
y el pájaro llamó, en respuesta a
la música no oída oculta en los arbustos,
y la mirada no vista lanzada, pues las rosas
tenían el aspecto de flores que son miradas.
Ahí estaban como nuestros invitados, aceptados y aceptando.
Así que avanzamos, y ellos, en formación,
por el paseo vacío, hacia el círculo de boj,
para mirar dentro del estanque drenado.
Seco el estanque, hormigón seco, de borde ocre,
y el estanque se llenó con agua de luz solar,
y el loto se elevó, quietamente, quietamente,
la superficie brilló desde el corazón de la luz,
y estaban tras nosotros, reflejados en el estanque.
Entonces pasó una nube, y el estanque estaba vacío.
Marchaos, dijo el pájaro, pues el estanque estaba lleno de niños,
escondidos, nerviosos, conteniendo la risa.
Id, id, id, dijo el pájaro, la especie humana
no puede soportar mucha realidad.
Tiempo pasado y tiempo futuro,
lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.

domingo, 3 de febrero de 2013

Perseguidores del perseguidor (por Pere Gimferrer)



Todo poema tiene un tema sólo:
cómo dice otra cosa la palabra.
Ciego y sereno vive el gavilán
en la tiniebla de palabras últimas.
Yo pisaba estas calles en los años
en que mi juventud fue loba muerta,
pero eran irreales, no trazadas
todavía, o trazadas e insepultas.
Me miraban con ojos de pintura
o de fotografía incandescente
aquellas calles hoy borrosas, claras,
al mismo tiempo nítidas y angostas:
están en el pasado y hoy las cruzo,
voy en pos de mí mismo ensabanándome.
Todo es un pacto de irrealidad:
la serenata del rosal del tiempo.
Al doblar esta esquina, me veré desdoblado
como en el almacén La Rinascente
una tarde en Turín hecha de yeso
en la grisalla oscura de los pórticos.
(Recordé entonces que era carnaval,
al ver luces en nieve de febrero.)
Perseguidores del perseguidor,
nos acechamos porche a porche, esquina
a esquina, zigzagueo de mercurio
que escapa entre las manos, edad mía.
Como gárgola en piazza Solferino,
me mira mi carátula de ayer.
Haber llegado al cabo de la calle:
la luna pudo detenerse al fin.
Un mosaico de voces el poema:
son todos los poemas una voz
que murmura palabras maquilladas,
el rímmel descorrido y afónica la luz,
el oleaje que, al venir, se va.
La predela de Urbino es la palabra
clausuradora de Paolo Uccello:
sombras de azogue, luz endemoniada
en el bozal del aire que llamea.
Pero no es muralla la predela;
la palabra absoluta de la alhaja,
el encerado de la claridad.

sábado, 2 de febrero de 2013

Hubo algo perdido y encontrado (por Wislawa Szymborska)


Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto por la mitad.

viernes, 1 de febrero de 2013

Matrimonio (por Gregory Corso)



¿Tendría que casarme? ¿Tendría que ser Bueno?

¿Sorprender a la chica de al lado con mi traje de terciopelo y mi capucha de Fausto?

No llevarla al cine sino al cementerio

hablarle de los baños de inmersión del hombre lobo y de clarinetes bifurcados

después desearla y besarla y todos los preliminares

y ella sin querer ir tan lejos y yo entendiendo por qué

diciéndole sin enojarme ¡Tienes que sentir! ¡Sentir es hermoso!

y en vez de eso tomarla en mis brazos y recostarla en una lápida vieja y torcida

y enamorarla toda la noche con las constelaciones del cielo



Cuando me presentara a los padres

enderezando la espalda

y por fin con el pelo bien peinado, estrangulado por una corbata,

me sentaría con las rodillas juntas en su sofá de tercer grado

y no preguntaría ¿Dónde está el baño?

De qué otro modo sentirme distinto del que soy,

casi siempre pensando en el jabón de Flash Gordon

Oh qué terrible debe ser para un hombre joven

sentarse delante de una familia que piensa

¡Nunca lo vimos! ¡Quiere a nuestra Mary Lou!

Después del té y las tortitas caseras preguntarían ¿Qué haces para vivir?

¿Tendría que decirles? ¿Les caería bien?

Dirían Está bien cásense, perdemos una hija

pero ganamos un hijo

¿Y entonces podría preguntar dónde está el baño?



¡Oh Dios, y la boda! Todos los familiares y amigos de ella

y nada más que un puñado de los míos desgreñados y barbudos

esperando para lanzarse sobre los tragos y la comida

¡Y el cura! Mirándome como si me masturbara

preguntando ¿Quiere a esta mujer como legítima esposa?

Y qué diría yo, temblando, diría ¡“Sin Hielo”!

Besaría a la novia con todos los cornudos palmeándome la espalda

¡Es toda tuya, chico! ¡je-je-je!

Y en sus ojos se vería pasar una luna de miel obscena



Después todo ese absurdo del arroz y latas ruidosas y zapatos

¡Las Cataratas del Niágara! ¡Hordas de nosotros!¡Maridos!¡Esposas!¡Flores!¡Bombones!

Todos entrando en tropel en hoteles acogedores

Todos yendo a hacer lo mismo esta noche

El conserje indiferente sabiendo lo que va a pasar

Los zombies del vestíbulo sabiéndolo

El que silba en el ascensor sabiéndolo

El botones que me guiña un ojo sabiéndolo

¡Todos sabiéndolo! ¡Casi estaría tentado de no hacer nada!

¡Me quedaría levantado toda la noche!¡Miraría a los ojos a ese conserje!

Gritándole: ¡Me niego a la luna de miel! ¡Me niego a la luna de miel!

corriendo desaforado entre las suites climatizadas

gritando ¡Panza de radio! ¡Pala de gato!

¡O me quedaría a vivir en Niágara para siempre! en una cueva oscura frente a las cataratas

Me sentaría ahí como el Mielero Loco urdiendo formas de romper matrimonios, un flagelo de bigamia un santo del divorcio



Pero tendría que casarme tendría que ser bueno

Qué lindo sería llegar a casa a ella

y sentarme junto al hogar y ella en la cocina

joven y preciosa con su delantal queriendo tener a mi bebé

y tan feliz conmigo que se le quemaría el asado

y vendría a mí llorando y yo me levantaría de mi sillón grande de papá

diciendo ¡Diente navideño! ¡Cerebros radiantes! ¡Manzana sorda!

¡Por Dios qué esposo sería! Sí, ¡tendría que casarme!
¡Hay tanto por hacer! como meterme en la casa del Sr. Jones tarde a la noche

y tapar sus palos de golf con libros noruegos de 1920

como colgar de la podadora un cuadro de Rimbaud

como pegar estampillas de Tannu Tuva en la cerca

cuando viniera la sra. Kindhead a recolectar para el Community Chest

agarrarla y decirle ¡Hay presagios desfavorables en el cielo!

y cuando el Intendente viniera a ganarse mi voto decirle

¡Cuándo va a parar la matanza de ballenas!

Y cuando viniera el lechero dejarle una nota en la botella

Polvo de pingüino, déjeme polvo de pingüino, quiero polvo de pingüino



Aunque me casara y viviera en Connecticut y nevara

y ella tuviese un bebé y yo estuviera insomne, agotado,

sin dormir durante noches, con la cabeza contra una ventana inmóvil, con el pasado detrás,

en la más común de las situaciones un hombre que tiembla

absorbido por las responsabilidades nada de ramita ni sopa de moneda romana

¡Oh lo que sería!

Seguro que le daría un Tácito de goma como chupete

como sonajero una bolsa de discos rotos de Bach

le clavaría De la Francescas con tachuelas por toda la cuna

le cosería el alfabeto griego en el babero

y le construiría un Partenón sin techo como corralito



No, dudo que yo fuera esa clase de padre

nada de campo, nada de nieve ni de ventana inmóvil

sino la ciudad de Nueva York caliente y olorosa

siete pisos por escalera, con cucarachas y ratas en las paredes

una esposa gorda y Reichiana gritándome sobre las patatas ¡Consigue un trabajo!

Y cinco mocosos con la nariz chorreando enamorados de Batman

Y los vecinos sin dientes y con el pelo electrizado

como esas multitudes de brujas del siglo 18

todos queriendo entrar a ver la tele

Y el dueño que quiere el alquiler

Supermercado Cruz Roja Gas & los Caballeros Eléctricos de Columbus

Imposible acostarse y soñar que nieva el Teléfono, estacionamiento fantasma

¡No! ¡No tendría que casarme y no me casaría jamás!

Pero me imagino si me casara con una mujer hermosa y sofisticada

alta y pálida que usara un vestido negro muy elegante y guantes largos negros

con una boquilla en una mano y un vaso de whisky en la otra

y viviéramos en un ático con una ventana enorme

desde la que pudiéramos ver toda Nueva York y todavía más lejos en días despejados

No no me puedo imaginar casado con ese sueño de preso



Ah pero ¿qué hay del amor? Me olvido del amor

no es que yo sea incapaz de amar

es solamente que veo al amor tan raro como andar con zapatos

Nunca quise casarme con una chica que fuese como mi madre

Ingrid Bergman siempre fue imposible

Y ahora debe haber alguna chica pero ya estará casada

Y los hombres no me gustan y

¡pero tiene que haber alguien!

Porque qué pasa si llego a los 60 y no estoy casado,

solo en una pensión con manchas de meado en los calzoncillos

¡y todos los demás están casados! ¡Todos en el universo casados menos yo!



Ah, sé muy bien que si hubiera una mujer posible como yo soy posible

el matrimonio sería posible

Como Ella en su lujo exótico y solitario esperando a su amante egipcio

así espero privado de 2000 años y del baño de la vida.

jueves, 31 de enero de 2013

Sigamos siendo noche (por Manuel Altolaguirre)



Si para ti fui sombra
cuando cubrí tu cuerpo,
si cuando te besaba
mis ojos eran ciegos,
sigamos siendo noche,
como la noche inmensos,
con nuestro amor oscuro,
sin límites, eterno...
Porque a la luz del día
nuestro amor es pequeño.

miércoles, 30 de enero de 2013

Por un solo resplandor (por Marcin Świetlicki)



Me despierto por el insomnio, espero una tormenta.
¡Dios, por favor, una tormenta! ¡Que resalte todas
las siluetas! ¡Que resplandezca,
aunque luego se haga la negrura, muera!

¡Por un solo resplandor,
Dios, por favor, una tormenta, por una sola explosión!
He sido paciente, he soportado muchas
sofocantes y turbias horas.

Un solo segundo limpio, por favor.


martes, 29 de enero de 2013

En algún lugar (por William Faulkner)



En algún lugar resplandecerá una luna sin encontrarme,
luego se apagarán los jardines sin viento del azul;
en algún lugar un dolor fresco y perdido (pero mejor así
que olvidado hace ya tiempo en la fértil desolación).
En algún lugar una dulce boca recordada que besar...
Silencio, tonto; estate quieto que no es para ti.

lunes, 28 de enero de 2013

Cruz de destinos (por Tomás Díaz Barlett)



Tú que llevas las manos empapadas de ausencia
y los labios de olvido,
con los párpados duros bajo un peso de estrellas,
la garganta sin ecos
y los pasos profundos sollozando silencio;
con las formas diluidas
y las voces vaciadas en secretos de seda,
no te das ya palpable,
modelada en ti misma
con la piel de luceros protegiendo la forma
y una alondra de luces en la firme promesa.
Tú que llevas las manos de ausencia.

Yo que llevo la sombra de las noches heridas,
las heridas en sombras,
la conciencia obstinada sobre el yunque del hielo
y el enorme vacío,
el enorme vacío de tu nombre ya suelto.

¡Oh qué cruz de destinos!


Tú que llevas las manos empapadas de ausencia,
yo que llevo las sombras de los cuervos agónicos
sobre hielos nocturnos.

domingo, 27 de enero de 2013

Tú eres la luz no interrogada (por Yannis Ritsos)


¿Dónde andabas, niña mía, antes de venir?
Donde se funde el amor de la madre
con el amor del padre,
donde se funde el amor de los hombres
es tu patria.

Pero... ¿dónde andabas tú, niña mía, antes de venir?

Traes el rocío del cielo en tu frente
y los reflejos del mar en tus ojos.
Estuviste caminando abajo abajo entre las algas,
anduviste paseando arriba arriba entres las nubes.

Peces y estrellas, semillas y aves
confiaron su secreto a tu silencio.
No vas a repetirlo.
Guardas el secreto entre tus ojos.
Mañana o tal vez después lo buscarás para vivir.

Atravesaste por el misterio del mundo
y llegaste aquí para encontrarlo,
nombrarlo,
cambiarlo.

¿Cómo vas a encontrarlo?
¿Cómo vas a cambiarlo?
Un poco en la sombra,
otro poco en la luz,
oculto siempre en el silencio.

Haz, niña, del silencio voz
y de la voz canción.

En una de tus manitas el antes
y en la otra el después
y en nuestros desvelos el ahora.

Frente al silencio profundo,
frente a la sombra profunda,
tú eres la luz no interrogada
y la duda azul.
Mira cerca, mira lejos.
Eres sonrisa nueva
y hondo trozo de inmortalidad.

Contigo comienzo todo de nuevo, niña mía,
la luz, la sombra y el silencio.
Sopla en nuestros cabellos la eternidad
y en nuestro corazón se arrebolan los frutos.

Las patas de mi silla
echaron hojas,
el respaldo de mi silla
floreció.
Una nueva estrella,
estrella azul.
¿Adónde nos llama?

¿Todavía está lejos nuestra casa?
¿Está en el ayer o en el mañana?
¿Está en ninguna parte nuestra casa?

Ah, niña mía, nuestra casa
no es la casa en que vivimos
sino la que construimos.

Camina, mi niña.
Es largo,
largo,
largo el camino.

El camino es nuestra casa.

Camina, mi niña.

sábado, 26 de enero de 2013

Quiero decir adiós (por Octavio Paz)



Es en la madrugada.
Quiero decir adiós a este pequeño mundo,
único mundo verdadero.

Adiós a este penoso abrir los ojos
del día que se levanta:
embozado en su capa, el sueño huye
del lugar de su crimen,
y el alma es una plaza abandonada.

Adiós a la silla
donde colgué mi traje cada noche,
ahorcado cotidiano;
y al sillón, roca de mi insomnio,
peña que no abrió el rayo
ni la sed agrietó.

Adiós al espejo verídico
donde dejé mi máscara
por descender al fondo del sinfín
(y nunca descendía:
¿no tienes fondo, sólo superficie?).

Adiós al poco cielo de la ventana
donde, a veces, las rosas se asomaban
y ángeles extraviados una mañana penetraron.

Adiós al alba, deshielo silencioso de la noche,
y a la niebla que sube a ciegas la colina,
manso rebaño que se desvanece.

Al vestido de copos, al ciruelo,
decirle adiós, y a ese pájaro
que es un poco de brisa en una rama.

Con palabras pequeñas y puras
decirle adiós al río:
“Tus aguas siempre fueron para mí las mismas aguas.”

Quisiera decirte adiós, besar tu falda,
niña, mujer, fantasma de la orilla;
decirte siempre adiós
como el río se lo dice a la ribera,
en una interminable despedida.

Madre, quisiera decirte adiós
y que soplaran en mi espíritu tus labios:
“Esos delirios eran mariposas.”

Quisiera decir adiós a esas presencias,
memorias de mañana,
nombres que tengo aquí encerrados, en el pecho;
mas tengo miedo que despierten y me digan adiós.

viernes, 25 de enero de 2013

Tenía nueve años y era pecador (por Valeriu Stancu)



I


en el pueblo en el que ni siquiera he podido gozar de mi infancia
los abuelos se juntan bajo cruces de plata
tenía nueve años
cuando me confesé
por última vez
y estaba podrido de pecados
y se llenó de vergüenza todo mi ser
tenía nueve años, una manzana
y una prima errante
tenía nueve años y deseaba tanto
una guitarra
y un silbato de hueso
tenía nueve años y era pecador
en el pueblo limoso, miedoso, aterrador
en aquel pueblo era un proscrito
en el pueblo del Sena limoso, París

II

se ahorcan los abuelos con cuerdas de plata
en el pueblo en el que ni siquiera he podido gozar de mi infancia
tenía nueve años
y era pecador
ya se había podrido la manzana
de marfil,
de oro,
de hueso
desde hace tiempo se había ahorcado mi abuelo
me había dejado a mí en el tumulto de la vida
la noche como un pájaro ciego
la espero para que me absorba
la noche de la cuerda de plata escucho
como pasa por mí
un pedazo de cuerda con cadena
podrido ya desde hace tiempo
un pedazo hostil, oculto
en el pueblo en el que ya me hice adulto
en el pueblo en el que no he podido gozar de mi infancia
vienen los sabios, nos llaman, nos mienten
en aquel tiempo no sabía que sería un renegado
en el pueblo del Sena limoso, París

III

en el pueblo en el que mienten las sendas
los abuelos se emborrachan en cálices de plata
tenía nueve años me importaba un bledo la vida
y se asombraba el cura
de mis desmesurados pecados
dinamitando los altares de todas las iglesias
en la noche pecadora
escucho
el alboroto de la cuerda
cómo pasa por mí
un trocito hostil
oculto
un trocito es maldición y el otro es abismo
en el pueblo del Sena limoso, París

jueves, 24 de enero de 2013

Préstamos (por Mª Rosaria Valentini)




Me quedo

con el corazón en el pecho

y las uñas en las manos




me quedo

con tu voz

en mi silencio




con tu risa

en mi llanto




con tu paz

en mi tumulto




con tu valor

en mi miedo




con tu alegría

en mi tristeza




con tu hambre

en mi saciedad




con tu descaro

en mi timidez




con tu vigor en mi fragilidad

con tus ojos en los míos




con mi alma

mendiga

en la tuya.

miércoles, 23 de enero de 2013

Como si pudiéramos permanecer (por Paul Auster)

Porque lo que sucede jamás sucederá,
y porque lo que ha sucedido
vuelve sin fin a suceder,

somos tal como fuimos, todo
ha cambiado en nosotros. Si hablamos
del mundo es sólo
para dejar desdicho

al mundo. Primer invierno: manzanas amarillas
aún por caer
de un árbol desnudo, las pisadas
de ciervos invisibles

en la primera nieve, y más tarde la nieve
que no cesa. No nos arrepentimos
de nada. Como si pudiéramos permanecer
en esta luz. Como si pudiéramos permanecer en el silencio
de este único instante
de luz.

martes, 22 de enero de 2013

Sólo yo estoy de más (por Saiz de Marco)

Ocres
pardos
castaños
No hay palabras para todos los marrones, para todos los cárdenos, para todos los mates
(o tal vez sí pero yo las ignoro)
Hojas que aún cuelgan
Hojas caídas prestas a ser suelo: barro otra vez
Todos los ojos se han escondido
entre cuevas de la tierra, entre huecos de los árboles
Sólo una uve de pájaros que viaja cortando el cielo gris
Rumor de río
Humedad que me sube cuerpo arriba

Sólo yo estoy de más. Sólo yo desentono
Sólo yo ajeno, intruso
Sólo yo sobro aquí

lunes, 21 de enero de 2013

Debajo de mi falsa cabellera (por José Ángel Valente)



Llevo tal cantidad de vidas no narradas debajo de mi falsa cabellera,
tal cantidad de fechas incumplidas.
No me digas jamás ni siempre.
Búscame.
Pues cómo de otro modo
iba a saber si estoy o si no he vuelto
o cómo si he llegado o cómo cuándo
si el que ha llegado soy o el que me espera.

No encadenes a nadie al pie de nunca.

Ocúltame, solapa,
bajo el llanto tardío

domingo, 20 de enero de 2013

Te reíste una vez (por Viola Fischerová)



Cuando cree

que ya no quiere nada

se arrojan sobre ella los lugares de antaño

en el sol brusco del mediodía

-Aquí en las piedras te reíste una vez

a borbotones

completamente feliz-

A mí del futuro me da frío

sólo lo que fue

sábado, 19 de enero de 2013

Llega la sombra (por Tomas Tranströmer)



El sol quema. El avión vuela a baja altura

proyectando una sombra en forma de gigantesca cruz que corre vertiginosa por el suelo.

Hay un hombre sentado en el campo hurgando en algo.

Llega la sombra.

Durante una fracción de segundo él está en mitad de la cruz.

He visto la cruz colgada en frescas bóvedas de iglesia.

A veces semeja una imagen instantánea

de algo en brusco movimiento.



viernes, 18 de enero de 2013

Loco jinete (por Juan Ramón Jiménez)



¡Dame tu carne!¡Quiero ir en ella loco jinete
al norte, al sur, al este y al oeste!
Quiero cruzar el mundo
con tu cuerpo luciente,
derramarlo, un instante, más allá
en la vida y la muerte.

jueves, 17 de enero de 2013

Sobre un extraño puente (por Edward Thomas)



Hoy vengo desde lejos:
sobre un extraño puente, solo,
recordando amigos, viejos amigos,
descanso, sin sonrisa y sin lamento,
tal y como ellos me recuerdan sin sonrisa y sin lamento.

Todos quedan atrás, los amables
y los antipáticos también, esta noche
no son más que un sueño. El arroyo
discurre suave y sin embargo ahoga al Pasado,
el arroyo oscuramente iluminado ha ahogado al Pasado
y al Futuro.

Ningún viajero ha descansado más bendecido
que este breve momento entre
dos vidas, cuando las primeras luces de la noche
y las sombras esconden lo que nunca fue,
cosas más buenas, hermosas y queridas de lo que
han sido y serán.

miércoles, 16 de enero de 2013

Como a la orilla (por Yorgos Seferis)



He viajado, me he cansado y escrito poco
pero pensé mucho en el regreso, cuarenta años.
El hombre en todas las edades es un niño:
la ternura y la brutalidad de la cuna;
a lo demás le pone límite la mar, como a la orilla,
a nuestro abrazo y al eco de nuestra voz.

martes, 15 de enero de 2013

Un terror continuo (por Zbigniew Herbert)



Buenas noches Marco Aurelio apaga la luz
y cierra el libro Encima de tu cabeza
se levanta una dorada alarma de estrellas
el cielo habla alguna lengua extranjera
este es el bárbaro grito de miedo
que tu latín no puede entender
un terror continuo un negro terror
contra la frágil tierra humana

empieza a golpear y triunfa Escucha
su rugido El flujo incesante
de los elementos ahogará tu prosa
hasta que se derrumben los cuatro muros del mundo

¿Y para nosotros? -temblar en el aire
soplar las cenizas agitar el éter
roernos los dedos buscar vanas palabras
arrastrar las sombras caídas a nuestras espaldas

Bueno Marco Aurelio mejor cuelga tu paz
a través de las tinieblas dame la mano
Déjala temblar cuando el ciego mundo golpea
en nuestros cinco sentidos como en una lira caída
Traidores el universo y la astronomía
el cálculo de las estrellas la sabiduría de la hierba
y tu grandeza demasiado enorme
y Marco mis lágrimas indefensas

lunes, 14 de enero de 2013

Como si fueras aire y yo me ahogara (por Idea Vilariño)

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.