lunes, 12 de julio de 2010
Y tú me dijiste éstos ya no volverán (por Óscar Aguado)
Mamá cuándo vuelven los barcos
aquéllos que vimos alejarse en la niñez
y tú me dijiste
éstos ya no volverán mi niño
te estás haciendo un hombre y ya no volverán
y yo te dije
Mamá
sí que volverán los barcos
todo vuelve incluso los barcos
todo vuelve Mamá
todo vuelve Mamá
y lo repetía miles de veces enfadado
los barcos se marchaban por mi culpa
y mi Mamá se dormía y no había manera de despertarla
y las lágrimas se resbalaban de mis ojos
y yo con un dedo intentaba empujarlas hacia arriba
susurrando con los dientes bien apretados
has visto cómo todo vuelve Mamá
hasta las lágrimas a mis ojos
aquéllos que vimos alejarse en la niñez
y tú me dijiste
éstos ya no volverán mi niño
te estás haciendo un hombre y ya no volverán
y yo te dije
Mamá
sí que volverán los barcos
todo vuelve incluso los barcos
todo vuelve Mamá
todo vuelve Mamá
y lo repetía miles de veces enfadado
los barcos se marchaban por mi culpa
y mi Mamá se dormía y no había manera de despertarla
y las lágrimas se resbalaban de mis ojos
y yo con un dedo intentaba empujarlas hacia arriba
susurrando con los dientes bien apretados
has visto cómo todo vuelve Mamá
hasta las lágrimas a mis ojos
domingo, 11 de julio de 2010
Oí funcionar los motores de la muerte (Por Raymond Carver)
Éramos cinco a la mesa de juego
sin contar al croupier
y su ayudante. El hombre
de junto a mí tenía los dados
en la mano.
Se sopló los dedos, dijo:
¡Vamos, pequeños! Y se inclinó
sobre la mesa para tirar.
En ese momento, una sangre roja brotó
de su nariz, salpicando
el verde paño de fieltro. Soltó
los dados. Se echó hacia atrás pasmado.
Y luego aterrorizado cuando la sangre
corrió por su camisa abajo. ¡Dios mío!
¿qué me está pasando?
gritó. Se agarró a mi brazo.
Oí funcionar los motores de la Muerte.
Pero en aquella época yo era joven,
y estaba borracho, y quería jugar.
No tenía por qué escuchar.
Así que me largué. No me volví ni siquiera,
ni encontré esto dentro de mi cabeza, hasta hoy.
sin contar al croupier
y su ayudante. El hombre
de junto a mí tenía los dados
en la mano.
Se sopló los dedos, dijo:
¡Vamos, pequeños! Y se inclinó
sobre la mesa para tirar.
En ese momento, una sangre roja brotó
de su nariz, salpicando
el verde paño de fieltro. Soltó
los dados. Se echó hacia atrás pasmado.
Y luego aterrorizado cuando la sangre
corrió por su camisa abajo. ¡Dios mío!
¿qué me está pasando?
gritó. Se agarró a mi brazo.
Oí funcionar los motores de la Muerte.
Pero en aquella época yo era joven,
y estaba borracho, y quería jugar.
No tenía por qué escuchar.
Así que me largué. No me volví ni siquiera,
ni encontré esto dentro de mi cabeza, hasta hoy.
sábado, 10 de julio de 2010
Frente al espejo (por Vera Pavlova)
Frente al espejo
estuve aprendiendo a decir no.
No. No. No.
El reflejo decía:
sí.
estuve aprendiendo a decir no.
No. No. No.
El reflejo decía:
sí.
viernes, 9 de julio de 2010
O tal vez eres tú (por Francisca Aguirre)
No entiendes lo que dicen, mas te llega,
te alcanza, te hiere, te trastorna.
¿O tal vez eres tú y tu terror?
Huele mucho, huele por todas partes,
es un olor dulzón y pegajoso,
pero no sabes a qué huele.
¿O tal vez eres tú y tu viejo espanto?
Suena una música que no descifras,
que no acabas de oír, pero que invade.
¿O eres tú y tu temor, tu constante recelo?
Hay algo que no ves, pero que está,
o se ahonda o crece o se dilata.
¿O tal vez eres tú y tu pavor diseminado?
Algo te cerca, algo te rodea,
no sabes lo que es ni lo que dice,
no sabes a qué huele ni entiendes lo que canta.
¿O eres tú y tu miseria, tu consabido pánico?
El aire se ha espesado como el tiempo,
y la luz es opaca y dirimente,
y una urgencia precoz te acosa y lame.
¿O eres tú y tu implacable cobardía?
Todo se ha convertido en extrañeza,
es como si tu vida te mirara
de esa forma distante y asombrada
con que observamos siempre a los ajenos,
con ese miedo obtuso hacia los otros.
¿Qué sabes tú de ti, criatura absurda?
¿Qué sabes tú de tus razones?
¿Quién es ésa que escapa mientras vives?
¿Quién es la que sonríe cuando lloras,
la que se queda muda mientras hablas?
Nadie va a responder por ti,
ni siquiera tú misma.
La vida te ha alcanzado,
ha llegado primero y ha cruzado la meta.
Huele, huele mucho y no sabes a qué.
Suena, suena por todas partes
una música que no acabas de oír.
Déjalo, deja que caiga, que se ahonde,
déjalo que prospere como el miedo.
Al fin y al cabo de algo hay que vivir.
Peor sería que conocieras las respuestas.
te alcanza, te hiere, te trastorna.
¿O tal vez eres tú y tu terror?
Huele mucho, huele por todas partes,
es un olor dulzón y pegajoso,
pero no sabes a qué huele.
¿O tal vez eres tú y tu viejo espanto?
Suena una música que no descifras,
que no acabas de oír, pero que invade.
¿O eres tú y tu temor, tu constante recelo?
Hay algo que no ves, pero que está,
o se ahonda o crece o se dilata.
¿O tal vez eres tú y tu pavor diseminado?
Algo te cerca, algo te rodea,
no sabes lo que es ni lo que dice,
no sabes a qué huele ni entiendes lo que canta.
¿O eres tú y tu miseria, tu consabido pánico?
El aire se ha espesado como el tiempo,
y la luz es opaca y dirimente,
y una urgencia precoz te acosa y lame.
¿O eres tú y tu implacable cobardía?
Todo se ha convertido en extrañeza,
es como si tu vida te mirara
de esa forma distante y asombrada
con que observamos siempre a los ajenos,
con ese miedo obtuso hacia los otros.
¿Qué sabes tú de ti, criatura absurda?
¿Qué sabes tú de tus razones?
¿Quién es ésa que escapa mientras vives?
¿Quién es la que sonríe cuando lloras,
la que se queda muda mientras hablas?
Nadie va a responder por ti,
ni siquiera tú misma.
La vida te ha alcanzado,
ha llegado primero y ha cruzado la meta.
Huele, huele mucho y no sabes a qué.
Suena, suena por todas partes
una música que no acabas de oír.
Déjalo, deja que caiga, que se ahonde,
déjalo que prospere como el miedo.
Al fin y al cabo de algo hay que vivir.
Peor sería que conocieras las respuestas.
jueves, 8 de julio de 2010
Y sentía tu alma (por Tristan Tzara)
Y sentía tu alma pulcra y triste
como sientes la luna que se desliza calladamente
detrás de los visillos corridos.
Y sentía tu alma pobre y encogida,
como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,
sin atreverse a llamar y entrar,
y sentía tu alma frágil y humilde
como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,
y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor
como un pañuelo en la mano en el que gotean lágrimas,
y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,
solamente tu recuerdo lo detiene
con invisibles dedos de fantasma
como sientes la luna que se desliza calladamente
detrás de los visillos corridos.
Y sentía tu alma pobre y encogida,
como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,
sin atreverse a llamar y entrar,
y sentía tu alma frágil y humilde
como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,
y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor
como un pañuelo en la mano en el que gotean lágrimas,
y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,
solamente tu recuerdo lo detiene
con invisibles dedos de fantasma
miércoles, 7 de julio de 2010
Dame otro nombre (por José Luis García Martín)
Calles de una ciudad que desconozco
con poca gente y viento y lluvia gris.
Espero a quien no llega mientras altas
se encienden luces en ventanas solas
y una mujer pasea en una esquina.
Hay ojos que me miran un instante
y no saben leer palabras que no digo:
"Dame otro nombre, cambia mi destino".
con poca gente y viento y lluvia gris.
Espero a quien no llega mientras altas
se encienden luces en ventanas solas
y una mujer pasea en una esquina.
Hay ojos que me miran un instante
y no saben leer palabras que no digo:
"Dame otro nombre, cambia mi destino".
martes, 6 de julio de 2010
Todo era verdad bajo los árboles (por Antonio Gamoneda)
Existían tus manos.
Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.
Tus manos fueron suaves en las mías
y yo sentí la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.
Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos.
Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.
Tus manos fueron suaves en las mías
y yo sentí la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.
Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos.
lunes, 5 de julio de 2010
Un mar es lo que necesito (por Francisca Aguirre)
Un mar, un mar es lo que necesito.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
Tampoco quiero flores, manos,
ni un corazón que me consuele.
No quiero un corazón
a cambio de otro corazón.
No quiero que me hablen de amor
a cambio del amor.
Yo sólo quiero un mar:
yo sólo necesito un mar.
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.
Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
Tampoco quiero flores, manos,
ni un corazón que me consuele.
No quiero un corazón
a cambio de otro corazón.
No quiero que me hablen de amor
a cambio del amor.
Yo sólo quiero un mar:
yo sólo necesito un mar.
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.
Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note.
domingo, 4 de julio de 2010
Aquel tiempo (por Ángel González)
Aquel tiempo
no lo hicimos nosotros;
él fue quien nos deshizo.
Miro hacia atrás.
¿Qué queda de esos días?
Restos, vida quemada, nada.
Historia: escoria.
no lo hicimos nosotros;
él fue quien nos deshizo.
Miro hacia atrás.
¿Qué queda de esos días?
Restos, vida quemada, nada.
Historia: escoria.
sábado, 3 de julio de 2010
Metempsicosis (por Margaret Atwood)
Tu abuela se desliza por los helechos,
vestida de luto, grácil
y aguda como siempre: ¡mira cómo le brillan los ojos!
¿Quién eras tú cuando fuiste serpiente?
Aquel fue un bailarín y ahora
una verde serpentina ondulada por su propia brisa
y he aquí a tu tío, persona brusca y a rayas,
que regresa a vigilarte
y relajarse bajo las mecedoras
del porche.
Cuando se despoja de su vieja piel
la serpiente proclama la resurrección
a todos los creyentes
aunque hay quienes se cansan pronto
de nacer y renacer... para ellos es el soplo
que tiembla en la hierba amarilla,
un dedo de papel, la mitad de un lazo,
la cita para acudir al río muerto.
¿Quién se refugia en la bodega fría
con las manzanas y las ratas?
¿De quién es esa voz de pellejo
que se crispa al viento?
...Del hijo que perdiste y que susurra "Madre",
el que jamás pariste
y quiere volver a entrar.
vestida de luto, grácil
y aguda como siempre: ¡mira cómo le brillan los ojos!
¿Quién eras tú cuando fuiste serpiente?
Aquel fue un bailarín y ahora
una verde serpentina ondulada por su propia brisa
y he aquí a tu tío, persona brusca y a rayas,
que regresa a vigilarte
y relajarse bajo las mecedoras
del porche.
Cuando se despoja de su vieja piel
la serpiente proclama la resurrección
a todos los creyentes
aunque hay quienes se cansan pronto
de nacer y renacer... para ellos es el soplo
que tiembla en la hierba amarilla,
un dedo de papel, la mitad de un lazo,
la cita para acudir al río muerto.
¿Quién se refugia en la bodega fría
con las manzanas y las ratas?
¿De quién es esa voz de pellejo
que se crispa al viento?
...Del hijo que perdiste y que susurra "Madre",
el que jamás pariste
y quiere volver a entrar.
viernes, 2 de julio de 2010
A un árbol (por Pierre Louys)
A un árbol, desnuda, subí cierta vez:
la lisa corteza mis muslos asían,
en húmedo musgo hincaba los pies.
Tan alto que, apenas, las hojas mojadas del sol me cubrían con sombra discreta,
me puse a horcajadas en cómoda horqueta y balanceaba feliz, al descuido, los pies en el aire.
De lluvia temprana, besando mi piel las gotas rodaban del fresco dosel;
de zumo de flores bermejas tenía las plantas, y el musgo mis brazos cubría.
Y al soplo impetuoso del viento -al empuje de fuerzas internas- el árbol hermoso temblaba de vida...
Lo sentí de pronto, toda estremecida, y apreté las piernas y posé, entreabiertos,
los labios ardiendo sobre la vellosa nuca de la rama.
la lisa corteza mis muslos asían,
en húmedo musgo hincaba los pies.
Tan alto que, apenas, las hojas mojadas del sol me cubrían con sombra discreta,
me puse a horcajadas en cómoda horqueta y balanceaba feliz, al descuido, los pies en el aire.
De lluvia temprana, besando mi piel las gotas rodaban del fresco dosel;
de zumo de flores bermejas tenía las plantas, y el musgo mis brazos cubría.
Y al soplo impetuoso del viento -al empuje de fuerzas internas- el árbol hermoso temblaba de vida...
Lo sentí de pronto, toda estremecida, y apreté las piernas y posé, entreabiertos,
los labios ardiendo sobre la vellosa nuca de la rama.
jueves, 1 de julio de 2010
Robert Browning resuelve ser poeta (por Jorge Luis Borges)
Por estos rojos laberintos de Londres
descubro que he elegido
la más curiosa de las profesiones humanas,
salvo que todas, a su modo, lo son.
Como los alquimistas
que buscaron la piedra filosofal
en el azogue fugitivo,
haré que las comunes palabras
-naipes marcados del tahúr, moneda de la plebe-
rindan la magia que fue suya
cuando Thor era el numen y el estrépito,
el trueno y la plegaria.
En el dialecto de hoy
diré a mi vez las cosas eternas;
trataré de no ser indigno
del gran eco de Byron.
Este polvo que soy será invulnerable.
Si una mujer comparte mi amor,
mi verso rozará la décima esfera de los cielos concéntricos;
si una mujer desdeña mi amor,
haré de mi tristeza una música,
un alto río que siga resonando en el tiempo.
Viviré de olvidarme.
Seré la cara que entreveo y que olvido,
seré Judas que acepta
la divina misión de ser traidor,
seré Calibán en la ciénaga,
seré un soldado mercenario que muere
sin temor y sin fe,
seré Polícrates que ve con espanto
el anillo devuelto por el destino,
seré el amigo que me odia.
El persa me dará el ruiseñor y Roma la espada.
Máscaras, agonías, resurrecciones,
destejerán y tejerán mi suerte
y alguna vez seré Robert Browning.
descubro que he elegido
la más curiosa de las profesiones humanas,
salvo que todas, a su modo, lo son.
Como los alquimistas
que buscaron la piedra filosofal
en el azogue fugitivo,
haré que las comunes palabras
-naipes marcados del tahúr, moneda de la plebe-
rindan la magia que fue suya
cuando Thor era el numen y el estrépito,
el trueno y la plegaria.
En el dialecto de hoy
diré a mi vez las cosas eternas;
trataré de no ser indigno
del gran eco de Byron.
Este polvo que soy será invulnerable.
Si una mujer comparte mi amor,
mi verso rozará la décima esfera de los cielos concéntricos;
si una mujer desdeña mi amor,
haré de mi tristeza una música,
un alto río que siga resonando en el tiempo.
Viviré de olvidarme.
Seré la cara que entreveo y que olvido,
seré Judas que acepta
la divina misión de ser traidor,
seré Calibán en la ciénaga,
seré un soldado mercenario que muere
sin temor y sin fe,
seré Polícrates que ve con espanto
el anillo devuelto por el destino,
seré el amigo que me odia.
El persa me dará el ruiseñor y Roma la espada.
Máscaras, agonías, resurrecciones,
destejerán y tejerán mi suerte
y alguna vez seré Robert Browning.
miércoles, 30 de junio de 2010
La realidad (por Wislawa Szymborska)
La realidad no se esfuma
como se esfuman los sueños.
Ni ruidos ni timbres
la dispersan,
ni gritos ni estruendos
la interrumpen.
Las escenas en los sueños
son equívocas y ambiguas,
lo que se puede explicar
de muy distintas maneras.
Lo real representa lo real,
por eso es mayor su misterio.
Para los sueños hay llaves.
La realidad se abre sola
y no se deja cerrar.
Por el resquicio se asoman
certificados y estrellas,
se derraman mariposas
y almas de viejas planchas,
gorros sin sus cabezas
y los cráneos de las nubes.
De esto surge un acertijo
que no tiene solución.
Sin nosotros no habría sueños.
Aquel sin quien no habría realidad
no es conocido,
y el producto de su insomnio
se contagia a todo el que despierta.
No deliran los sueños,
delira la realidad
aunque sea por la insistencia
con que se aferra
al suceder de los hechos.
En los sueños aún vive
nuestro difunto reciente,
goza de buena salud,
se ve incluso más joven.
La realidad tiende ante nosotros
su cuerpo sin vida.
No retrocede ni un paso.
Los sueños son tan ligeros
que la memoria se los quita de encima fácilmente.
La realidad no tiene que temerle al olvido.
Es un hueso duro de roer.
Nos trae de cabeza,
nos pesa en el alma,
se nos enreda en los pies.
No hay escapatoria,
la realidad nos acompaña en cada huida.
Y no hay una estación
de nuestro itinerario
en la que no nos espere.
como se esfuman los sueños.
Ni ruidos ni timbres
la dispersan,
ni gritos ni estruendos
la interrumpen.
Las escenas en los sueños
son equívocas y ambiguas,
lo que se puede explicar
de muy distintas maneras.
Lo real representa lo real,
por eso es mayor su misterio.
Para los sueños hay llaves.
La realidad se abre sola
y no se deja cerrar.
Por el resquicio se asoman
certificados y estrellas,
se derraman mariposas
y almas de viejas planchas,
gorros sin sus cabezas
y los cráneos de las nubes.
De esto surge un acertijo
que no tiene solución.
Sin nosotros no habría sueños.
Aquel sin quien no habría realidad
no es conocido,
y el producto de su insomnio
se contagia a todo el que despierta.
No deliran los sueños,
delira la realidad
aunque sea por la insistencia
con que se aferra
al suceder de los hechos.
En los sueños aún vive
nuestro difunto reciente,
goza de buena salud,
se ve incluso más joven.
La realidad tiende ante nosotros
su cuerpo sin vida.
No retrocede ni un paso.
Los sueños son tan ligeros
que la memoria se los quita de encima fácilmente.
La realidad no tiene que temerle al olvido.
Es un hueso duro de roer.
Nos trae de cabeza,
nos pesa en el alma,
se nos enreda en los pies.
No hay escapatoria,
la realidad nos acompaña en cada huida.
Y no hay una estación
de nuestro itinerario
en la que no nos espere.
martes, 29 de junio de 2010
Hay una soledad (por Emily Dickinson)
Hay una soledad del mar,
una soledad del espacio,
una soledad de la muerte.
Y no obstante parecen compañía
comparadas con ésa más profunda
intimidad polar,
infinitud finita:
la del alma consigo misma.
una soledad del espacio,
una soledad de la muerte.
Y no obstante parecen compañía
comparadas con ésa más profunda
intimidad polar,
infinitud finita:
la del alma consigo misma.
lunes, 28 de junio de 2010
Cansado de todos los que llegan con palabras (por Tomas Tranströmer)
Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
sábado, 26 de junio de 2010
Todo va a dormir (por Fernando Pessoa)
Comienza a haber medianoche, a haber sosiego
en cada parte de las cosas superpuestas,
los varios pisos que acumulan vida.
Han acallado el piano del tercero...
Ya no oigo los pasos del segundo...
En el entresuelo la radio está en silencio...
Todo va a dormir.
Me quedo a solas conmigo y con el universo entero.
No quiero asomarme a la ventana:
Si mirara, ¡cuántas estrellas!
¡Qué grandes silencios mayores en lo alto!
¡Qué anticiudadano cielo!
Prefiero, recluido
en el deseo de no ser recluso,
escuchar, anhelante, los ruidos de la calle...
un automóvil -¡demasiado deprisa!-.
Los dobles pasos, dialogando, me hablan…
El ruido del portal que cierran bruscamente duele…
Todo va a dormir...
Sólo yo velo, somnoliento, escuchando,
esperando,
algo antes de dormir...
Algo.
en cada parte de las cosas superpuestas,
los varios pisos que acumulan vida.
Han acallado el piano del tercero...
Ya no oigo los pasos del segundo...
En el entresuelo la radio está en silencio...
Todo va a dormir.
Me quedo a solas conmigo y con el universo entero.
No quiero asomarme a la ventana:
Si mirara, ¡cuántas estrellas!
¡Qué grandes silencios mayores en lo alto!
¡Qué anticiudadano cielo!
Prefiero, recluido
en el deseo de no ser recluso,
escuchar, anhelante, los ruidos de la calle...
un automóvil -¡demasiado deprisa!-.
Los dobles pasos, dialogando, me hablan…
El ruido del portal que cierran bruscamente duele…
Todo va a dormir...
Sólo yo velo, somnoliento, escuchando,
esperando,
algo antes de dormir...
Algo.
viernes, 25 de junio de 2010
Ésta es mi creación (por Ted Hughes)
Cuando Dios, asqueado con el hombre,
se volvió para el cielo,
y el hombre, asqueado de Dios,
se volvió cara a Eva,
todo pareció desmoronarse.
Pero Cuervo Cuervo
Cuervo los juntó clavándolos,
juntó el cielo y la tierra clavándolos.
Y entonces el hombre gritó, pero con la voz de Dios.
Y Dios sangró, pero la sangre del hombre.
El cielo y la tierra crujieron por la juntura
que empezó a gangrenarse y heder
un horror imposible de redimir.
La agonía no disminuyó.
El hombre no podía ser el hombre, ni Dios, Dios.
La agonía
se intensificó.
Cuervo
sonrió burlonamente
gritando: “Ésta es mi Creación”,
enarbolando la bandera negra de sí mismo.
se volvió para el cielo,
y el hombre, asqueado de Dios,
se volvió cara a Eva,
todo pareció desmoronarse.
Pero Cuervo Cuervo
Cuervo los juntó clavándolos,
juntó el cielo y la tierra clavándolos.
Y entonces el hombre gritó, pero con la voz de Dios.
Y Dios sangró, pero la sangre del hombre.
El cielo y la tierra crujieron por la juntura
que empezó a gangrenarse y heder
un horror imposible de redimir.
La agonía no disminuyó.
El hombre no podía ser el hombre, ni Dios, Dios.
La agonía
se intensificó.
Cuervo
sonrió burlonamente
gritando: “Ésta es mi Creación”,
enarbolando la bandera negra de sí mismo.
jueves, 24 de junio de 2010
Ese "No" (por Konstantinos Kavafis)
A ciertas personas llega un día
en que deben decir el gran Sí o el gran No.
Pronto aparece quien dentro lleva
presto el Sí, y diciéndolo prosigue
adelante en su honor y propia convicción.
Quien dijo No, no se arrepiente. Si de nuevo le preguntasen,
diría No otra vez. Pero ese No -legítimo-
lo avasalla para toda su vida.
en que deben decir el gran Sí o el gran No.
Pronto aparece quien dentro lleva
presto el Sí, y diciéndolo prosigue
adelante en su honor y propia convicción.
Quien dijo No, no se arrepiente. Si de nuevo le preguntasen,
diría No otra vez. Pero ese No -legítimo-
lo avasalla para toda su vida.
miércoles, 23 de junio de 2010
Un hermoso lugar si... (por Lawrence Ferlinguetti)
El mundo es un hermoso lugar
para nacer
si no te importa que la felicidad
no siempre sea
tan divertida
si no te importa un toque del infierno
cada tanto
justo cuando todo está bien
porque incluso en el cielo
no cantan
todo el tiempo
El mundo es un hermoso lugar
para nacer
si no te importa que algunas personas mueran
todo el tiempo
o quizá sólo mueran de hambre
parte del tiempo
que no es ni la mitad de malo
si no te toca a ti
¡Oh! el mundo es un lugar hermoso
para nacer
si no te importan demasiado
algunas mentes anquilosadas
en los altos cargos
o una bomba o dos
cada tanto
sobre tu cara altiva
o cualquier otra canallada
en la medida en que nuestra Marca social
es víctima
con sus hombres distinguidos
y sus hombres extintos
y sus curas
y sus guardias
y sus diversas segregaciones
y las investigaciones del Congreso
y otras constipaciones
de las que nuestra estúpida carne
es heredera
Sí, el mundo es el mejor lugar de todos
por un montón de motivos como
hacer el tonto
hacer el enamorado
hacer el triste
y cantar canciones melancólicas y tener iluminaciones
y deambular
mirando todo
y oliendo las flores
y jugando a las estatuas
e incluso pensando
y besando a las personas y
haciendo bebés y usando pantalones
y agitando sombreros y
bailando
y yendo a nadar en los ríos
o a picnics
a mitad del verano
y, en general, sólo
‘pasándola bien’
Sí
pero después, justo en la mitad de esto
aparece el sonriente
funebrero.
para nacer
si no te importa que la felicidad
no siempre sea
tan divertida
si no te importa un toque del infierno
cada tanto
justo cuando todo está bien
porque incluso en el cielo
no cantan
todo el tiempo
El mundo es un hermoso lugar
para nacer
si no te importa que algunas personas mueran
todo el tiempo
o quizá sólo mueran de hambre
parte del tiempo
que no es ni la mitad de malo
si no te toca a ti
¡Oh! el mundo es un lugar hermoso
para nacer
si no te importan demasiado
algunas mentes anquilosadas
en los altos cargos
o una bomba o dos
cada tanto
sobre tu cara altiva
o cualquier otra canallada
en la medida en que nuestra Marca social
es víctima
con sus hombres distinguidos
y sus hombres extintos
y sus curas
y sus guardias
y sus diversas segregaciones
y las investigaciones del Congreso
y otras constipaciones
de las que nuestra estúpida carne
es heredera
Sí, el mundo es el mejor lugar de todos
por un montón de motivos como
hacer el tonto
hacer el enamorado
hacer el triste
y cantar canciones melancólicas y tener iluminaciones
y deambular
mirando todo
y oliendo las flores
y jugando a las estatuas
e incluso pensando
y besando a las personas y
haciendo bebés y usando pantalones
y agitando sombreros y
bailando
y yendo a nadar en los ríos
o a picnics
a mitad del verano
y, en general, sólo
‘pasándola bien’
Sí
pero después, justo en la mitad de esto
aparece el sonriente
funebrero.
martes, 22 de junio de 2010
En perfecta sintaxis (por Saiz de Marco)
Sin discordancias ni incorrecciones
en perfecta sintaxis
con jerga ordenancista y ortografía académica
mandaban
acallar otras voces
someter otras razas
invadir territorios
practicar exterminios…
Y aunque lo que mandaban era sucio
lo mandaban en leyes muy pulcramente escritas
con gramática impecable
con lenguaje cuidado
con las frases bien construidas y las comas
en su sitio.
en perfecta sintaxis
con jerga ordenancista y ortografía académica
mandaban
acallar otras voces
someter otras razas
invadir territorios
practicar exterminios…
Y aunque lo que mandaban era sucio
lo mandaban en leyes muy pulcramente escritas
con gramática impecable
con lenguaje cuidado
con las frases bien construidas y las comas
en su sitio.
lunes, 21 de junio de 2010
Igual que dioses (por José Saramago)
Las palabras son nuevas; nacen cuando
al aire las lanzamos en cristales
de suaves o duras resonancias.
Somos igual que los dioses, inventando
desde la soledad del mundo estas señales
como puentes que abrazan las distancias.
al aire las lanzamos en cristales
de suaves o duras resonancias.
Somos igual que los dioses, inventando
desde la soledad del mundo estas señales
como puentes que abrazan las distancias.
domingo, 20 de junio de 2010
Así todo siempre (por León Felipe)
Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas.
Qué pena si esta vida tuviera -esta vida nuestra-
mil años de existencia.
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
y los mismos poetas.
Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera.
y siempre se repitieran los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas.
Qué pena si esta vida tuviera -esta vida nuestra-
mil años de existencia.
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
y los mismos poetas.
Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera.
sábado, 19 de junio de 2010
Moriré (por Boris Vian)
Moriré de un cáncer en la columna vertebral
Sucederá en una noche horrible
Clara, caliente, perfumada y sensual
Moriré por emponzoñamiento
De ciertas células poco conocidas
Moriré por una pierna arrancada
Por una rata gigante salida de un agujero gigante
Moriré de cien heridas
Porque el cielo caerá sobre mí
Y se romperá igual que un vidrio
Moriré a causa de un grito
Que hará estallar mis tímpanos
Moriré por magullamiento
Apaleado a las dos de la madrugada
Por matones calvos, indecisos
Moriré sin darme cuenta
Que muero yo moriré
Enterrado bajo las ruinas secas
De mil metros de algodón hundido
Moriré ahogado en aceite sucio
Pisoteado por bestias indiferentes
Y, poco después, por bestias diferentes
Moriré desnudo, o vestido de tela roja
O metido en un saco lleno de hojas de afeitar
Moriré quizá sin haberme puesto
Barniz en las uñas de los dedos de los pies
Y con las manos llenas de lágrimas
Y con las manos llenas de lágrimas
Moriré cuando me despeguen
Los párpados bajo un sol rabioso
Cuando lentamente se me digan
A la oreja maldades torcidas
Moriré de ver torturar a niños
Y a hombres asombrados y pálidos
Moriré roído vivo
Por los gusanos, moriré con las
Manos atadas bajo una cascada
Moriré ardiendo en un incendio triste
Moriré un poco, mucho
Sin pasión, pero con interés
Y luego, cuando todo haya terminado
Moriré
Sucederá en una noche horrible
Clara, caliente, perfumada y sensual
Moriré por emponzoñamiento
De ciertas células poco conocidas
Moriré por una pierna arrancada
Por una rata gigante salida de un agujero gigante
Moriré de cien heridas
Porque el cielo caerá sobre mí
Y se romperá igual que un vidrio
Moriré a causa de un grito
Que hará estallar mis tímpanos
Moriré por magullamiento
Apaleado a las dos de la madrugada
Por matones calvos, indecisos
Moriré sin darme cuenta
Que muero yo moriré
Enterrado bajo las ruinas secas
De mil metros de algodón hundido
Moriré ahogado en aceite sucio
Pisoteado por bestias indiferentes
Y, poco después, por bestias diferentes
Moriré desnudo, o vestido de tela roja
O metido en un saco lleno de hojas de afeitar
Moriré quizá sin haberme puesto
Barniz en las uñas de los dedos de los pies
Y con las manos llenas de lágrimas
Y con las manos llenas de lágrimas
Moriré cuando me despeguen
Los párpados bajo un sol rabioso
Cuando lentamente se me digan
A la oreja maldades torcidas
Moriré de ver torturar a niños
Y a hombres asombrados y pálidos
Moriré roído vivo
Por los gusanos, moriré con las
Manos atadas bajo una cascada
Moriré ardiendo en un incendio triste
Moriré un poco, mucho
Sin pasión, pero con interés
Y luego, cuando todo haya terminado
Moriré
viernes, 18 de junio de 2010
Con mi soledad (por Georges Moustaki)
Por haber dormido tan a menudo con mi soledad
se ha convertido casi en una amiga, en una dulce costumbre.
No me deja ni un momento. Fiel como una sombra
me ha seguido por todas partes, por los cuatro rincones del mundo.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad
Cuando se tiende en mi cama, la ocupa toda entera,
y pasamos largas noches, los dos, frente a frente.
Realmente no sé hasta dónde me seguirá esta cómplice.
Será preciso que me acostumbre o reaccione.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad
Por su culpa he visto tanto que he llorado.
Si alguna vez la rechazo, nunca se rinde y,
aunque a veces prefiera el amor de alguna otra cortesana,
ella será, en mi último día, mi última compañera.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad.
se ha convertido casi en una amiga, en una dulce costumbre.
No me deja ni un momento. Fiel como una sombra
me ha seguido por todas partes, por los cuatro rincones del mundo.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad
Cuando se tiende en mi cama, la ocupa toda entera,
y pasamos largas noches, los dos, frente a frente.
Realmente no sé hasta dónde me seguirá esta cómplice.
Será preciso que me acostumbre o reaccione.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad
Por su culpa he visto tanto que he llorado.
Si alguna vez la rechazo, nunca se rinde y,
aunque a veces prefiera el amor de alguna otra cortesana,
ella será, en mi último día, mi última compañera.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad.
jueves, 17 de junio de 2010
45 años (por Dámaso Alonso)
Mi portento inmediato,
mi frenética pasión de cada día,
mi flor, mi ángel de cada instante,
aún como el pan caliente con olor de tu hornada,
aún sumergido en las aguas de Dios,
y en los aires azules del día original del mundo:
dime, dulce amor mío,
dime, presencia incógnita,
45 años de misteriosa compañía,
¿aún no son suficientes
para entregarte, para desvelarte
a tu amigo, a tu hermano,
a tu triste doble?
¡No, no! Dime, alacrán, necrófago,
cadáver que se me está pudriendo encima
desde hace 45 años,
hiena crepuscular,
fétida hidra de 800.000 cabezas,
¿por qué siempre me muestras sólo una cara?
Siempre a cada segundo una cara distinta,
unos ojos crueles,
los ojos de un desconocido,
que me miran sin comprender
(con ese odio del desconocido)
y pasan:
a cada segundo.
Son tus cabezas hediondas, tus cabezas crueles,
oh hidra violácea.
Hace 45 años que te odio,
que te escupo, que te maldigo,
pero no sé a quién maldigo,
a quién odio, a quién escupo.
Dulce,
dulce amor mío incógnito,
45 años hace ya
que te amo.
mi frenética pasión de cada día,
mi flor, mi ángel de cada instante,
aún como el pan caliente con olor de tu hornada,
aún sumergido en las aguas de Dios,
y en los aires azules del día original del mundo:
dime, dulce amor mío,
dime, presencia incógnita,
45 años de misteriosa compañía,
¿aún no son suficientes
para entregarte, para desvelarte
a tu amigo, a tu hermano,
a tu triste doble?
¡No, no! Dime, alacrán, necrófago,
cadáver que se me está pudriendo encima
desde hace 45 años,
hiena crepuscular,
fétida hidra de 800.000 cabezas,
¿por qué siempre me muestras sólo una cara?
Siempre a cada segundo una cara distinta,
unos ojos crueles,
los ojos de un desconocido,
que me miran sin comprender
(con ese odio del desconocido)
y pasan:
a cada segundo.
Son tus cabezas hediondas, tus cabezas crueles,
oh hidra violácea.
Hace 45 años que te odio,
que te escupo, que te maldigo,
pero no sé a quién maldigo,
a quién odio, a quién escupo.
Dulce,
dulce amor mío incógnito,
45 años hace ya
que te amo.
miércoles, 16 de junio de 2010
Tu ausencia invadiendo los muebles (por Alejandro Jodorowsky)
Como un aceite negro tu ausencia
invadiendo los muebles, los trajes, el espejo,
los ojos de mis gatos, cada letra
de cada línea de cada hoja de cada libro,
y más abajo la herida, nada,
sólo el eco difunto de tu voz
y yo dentro del pozo cayendo eternamente
sin alcanzar tu nombre, cofre de acero
donde duermen para siempre mis semillas.
Tus caricias para el otro en mi piel son latigazos,
son el cielo del alba atravesado por espinas,
son las sábanas del lecho convertidas en pantano,
son mis manos arañando el aire hasta sacarle sangre,
No supe ofrecerte cortadas en un plato ni mis orejas ni mi
alma.
Te di de puñetazos tratando de romper en tu cara la cara
de mi madre.
Te encerré en un cementerio lleno de lápidas portando sólo
mi nombre.
Hoy avanzo en las tinieblas llorando lágrimas de siete
metros
por debajo de mi máscara de perro
mientras lejos lejos lejos y más lejos
bailas tratando de asemejarte a tus propios límites.
invadiendo los muebles, los trajes, el espejo,
los ojos de mis gatos, cada letra
de cada línea de cada hoja de cada libro,
y más abajo la herida, nada,
sólo el eco difunto de tu voz
y yo dentro del pozo cayendo eternamente
sin alcanzar tu nombre, cofre de acero
donde duermen para siempre mis semillas.
Tus caricias para el otro en mi piel son latigazos,
son el cielo del alba atravesado por espinas,
son las sábanas del lecho convertidas en pantano,
son mis manos arañando el aire hasta sacarle sangre,
No supe ofrecerte cortadas en un plato ni mis orejas ni mi
alma.
Te di de puñetazos tratando de romper en tu cara la cara
de mi madre.
Te encerré en un cementerio lleno de lápidas portando sólo
mi nombre.
Hoy avanzo en las tinieblas llorando lágrimas de siete
metros
por debajo de mi máscara de perro
mientras lejos lejos lejos y más lejos
bailas tratando de asemejarte a tus propios límites.
martes, 15 de junio de 2010
Otra existencia distinta (por Wystan Hugh Auden)
No se me ocurre nada
que menos me gustaría ser
que un espíritu descarnado,
incapaz de masticar o sorber
o hacer contacto con las superficies,
aspirar las fragancias del verano,
comprender el lenguaje y la música
o contemplar lo que vendrá después.
No, Dios me ha ubicado exactamente
donde yo hubiera escogido estar:
el mundo sub-lunar es divertido,
un lugar en que las personas son hombres y mujeres
y les dan nombres propios a las cosas.
No obstante, puedo concebir
que los órganos que me dio la naturaleza,
por ejemplo, mis glándulas endocrinas,
que trabajan como esclavas las veinticuatro horas del día
sin ningún gesto de resentimiento
para gratificarme a mí, su amo,
y mantenerme en buena forma
(no porque se los ordene,
pues no sabría qué gritarles),
sueñen con otra existencia
distinta de la que han conocido hasta ahora:
sí, bien podría ser que mi carne
esté rezando para que él muera,
y la libere entonces a ella, convertida
en materia irresponsable.
que menos me gustaría ser
que un espíritu descarnado,
incapaz de masticar o sorber
o hacer contacto con las superficies,
aspirar las fragancias del verano,
comprender el lenguaje y la música
o contemplar lo que vendrá después.
No, Dios me ha ubicado exactamente
donde yo hubiera escogido estar:
el mundo sub-lunar es divertido,
un lugar en que las personas son hombres y mujeres
y les dan nombres propios a las cosas.
No obstante, puedo concebir
que los órganos que me dio la naturaleza,
por ejemplo, mis glándulas endocrinas,
que trabajan como esclavas las veinticuatro horas del día
sin ningún gesto de resentimiento
para gratificarme a mí, su amo,
y mantenerme en buena forma
(no porque se los ordene,
pues no sabría qué gritarles),
sueñen con otra existencia
distinta de la que han conocido hasta ahora:
sí, bien podría ser que mi carne
esté rezando para que él muera,
y la libere entonces a ella, convertida
en materia irresponsable.
lunes, 14 de junio de 2010
¿Ves que me conformo con poco? (por Sebastiana)
Tu foto en el PC
-pantalla completa-
Mahler en la bocinas
-Adagietto para piano-
Un vaso de cocacola sin gas
y un plato de arroz blanco para compartir contigo.
(Hay algo bien triste en todas estas cosas.)
Este tiempo es de soledades
de vacío en lo que se mira
de miradas que no tienen respuesta.
No es como antes
cuando yo te lanzaba una pregunta con los ojos
y tú querías decir que sí
y con eso bastaba.
Ves que me conformo con poco?
Con la palmadita dulce en la espalda
con una sonrisa para mis chistes…
Este tiempo se hace agua
corre así desparramado y sin sentido
dejando notas menores a su paso.
Ves que me conformo con poco?
Tu imagen ahí estática
y debajo de mis ojos el recuerdo
de ese abrazo en que se me fue la vida.
Ya no vas a venir
Ya estás y sigues siendo en otro aire
Sigues allá lejos
estás vivo
yo lo sé
y no sé nada más que tu imagen congelada.
Estás vivo y eso me basta.
Ves que me conformo con poco?
Un poquito de sol por la mañana
y una hebra de tu pelo que se quedó prendida en mi suéter...
-pantalla completa-
Mahler en la bocinas
-Adagietto para piano-
Un vaso de cocacola sin gas
y un plato de arroz blanco para compartir contigo.
(Hay algo bien triste en todas estas cosas.)
Este tiempo es de soledades
de vacío en lo que se mira
de miradas que no tienen respuesta.
No es como antes
cuando yo te lanzaba una pregunta con los ojos
y tú querías decir que sí
y con eso bastaba.
Ves que me conformo con poco?
Con la palmadita dulce en la espalda
con una sonrisa para mis chistes…
Este tiempo se hace agua
corre así desparramado y sin sentido
dejando notas menores a su paso.
Ves que me conformo con poco?
Tu imagen ahí estática
y debajo de mis ojos el recuerdo
de ese abrazo en que se me fue la vida.
Ya no vas a venir
Ya estás y sigues siendo en otro aire
Sigues allá lejos
estás vivo
yo lo sé
y no sé nada más que tu imagen congelada.
Estás vivo y eso me basta.
Ves que me conformo con poco?
Un poquito de sol por la mañana
y una hebra de tu pelo que se quedó prendida en mi suéter...
domingo, 13 de junio de 2010
Donde hubo nidos (por Gloria Fuertes)
Cuando un árbol gigante se suicida,
harto de estar ya seco y no dar pájaros,
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
-sinfónica explosión donde hubo nidos-,
crujen todos sus huecos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,
presintiendo que es algo de belleza que muere.
harto de estar ya seco y no dar pájaros,
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
-sinfónica explosión donde hubo nidos-,
crujen todos sus huecos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,
presintiendo que es algo de belleza que muere.
sábado, 12 de junio de 2010
En la noche terrible (por Fernando Pessoa)
En la noche terrible, sustancia natural de todas las noches,
en la noche de insomnio, sustancia natural de todas mis noches,
recuerdo, velando en modorra incómoda,
recuerdo lo que hice y lo que podía haber hecho en la vida.
Recuerdo, y una angustia se dispersa por mí todo
como un frío del cuerpo o un miedo.
Lo irreparable de mi pasado, ¡ése es el cadáver!
Todos los muertos puede ser que sean vivos en otra parte.
Todos mis propios momentos pasados puede ser que existan en algún lugar,
en la ilusión del espacio y del tiempo, en la falsedad del transcurrir.
Pero lo que yo no fui, lo que yo no hice, lo que ni siquiera soñé;
lo que sólo ahora veo que debería haber sido,
eso está muerto más allá de todos los Dioses,
eso –y fue finalmente lo mejor de mí- ni los Dioses lo hacen vivir…
Si a cierta altura hubiese girado para la izquierda en vez de para la derecha;
si en cierto momento hubiese dicho sí en vez de no, o no en vez de sí;
si en cierta conversación hubiese tenido las frases que sólo ahora, en la somnolencia elaboro,
si todo eso hubiese sido así, sería otro hoy,
y tal vez el universo, el universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también.
Pero no giré para el lado irreparablemente perdido,
no giré ni pensé en girar, y sólo ahora lo percibo;
pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo lo que no dije;
pero las frases que faltaron decir en ese momento me surgen todas,
claras, inevitables, naturales.
La conversación cerrada concluyentemente, la materia toda resuelta…
Pero sólo ahora lo que nunca fue, ni será para atrás, me duele.
Lo que frustré de veras no tiene ninguna esperanza en ningún sistema metafísico.
Puede ser que para otro mundo yo pueda llevar lo que soñé, pero
¿podré llevar para otro mundo lo que me olvidé de soñar?
Ésos, los sueños por tener, sí que son el cadáver.
Lo entierro en mi corazón para siempre,
para todo el tiempo, para todos los universos.
en la noche de insomnio, sustancia natural de todas mis noches,
recuerdo, velando en modorra incómoda,
recuerdo lo que hice y lo que podía haber hecho en la vida.
Recuerdo, y una angustia se dispersa por mí todo
como un frío del cuerpo o un miedo.
Lo irreparable de mi pasado, ¡ése es el cadáver!
Todos los muertos puede ser que sean vivos en otra parte.
Todos mis propios momentos pasados puede ser que existan en algún lugar,
en la ilusión del espacio y del tiempo, en la falsedad del transcurrir.
Pero lo que yo no fui, lo que yo no hice, lo que ni siquiera soñé;
lo que sólo ahora veo que debería haber sido,
eso está muerto más allá de todos los Dioses,
eso –y fue finalmente lo mejor de mí- ni los Dioses lo hacen vivir…
Si a cierta altura hubiese girado para la izquierda en vez de para la derecha;
si en cierto momento hubiese dicho sí en vez de no, o no en vez de sí;
si en cierta conversación hubiese tenido las frases que sólo ahora, en la somnolencia elaboro,
si todo eso hubiese sido así, sería otro hoy,
y tal vez el universo, el universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también.
Pero no giré para el lado irreparablemente perdido,
no giré ni pensé en girar, y sólo ahora lo percibo;
pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo lo que no dije;
pero las frases que faltaron decir en ese momento me surgen todas,
claras, inevitables, naturales.
La conversación cerrada concluyentemente, la materia toda resuelta…
Pero sólo ahora lo que nunca fue, ni será para atrás, me duele.
Lo que frustré de veras no tiene ninguna esperanza en ningún sistema metafísico.
Puede ser que para otro mundo yo pueda llevar lo que soñé, pero
¿podré llevar para otro mundo lo que me olvidé de soñar?
Ésos, los sueños por tener, sí que son el cadáver.
Lo entierro en mi corazón para siempre,
para todo el tiempo, para todos los universos.
viernes, 11 de junio de 2010
Rugientes monstruos finales (por Lawrence Ferlinghetti)
En las grandes escenas de Goya nos parece que vemos
los pueblos del mundo
exactamente en el momento en que
por primera vez alcanzaron el título de humanidad sufriente
Se retuercen en la página
con una verdadera furia de adversidad
amontonados
gimiendo con bebés y bayonetas
bajo cielos de cemento
en un paisaje abstracto de palos secos
estatuas dobladas alas de murciélagos y picos
horcas resbaladizas
cadáveres y gallos carnívoros
y todos los rugientes monstruos finales de la
imaginación del desastre
son tan sangrientamente reales
es como si todavía existieran realmente
y existen
sólo el paisaje ha cambiado
todavía están alineados en las carreteras
plagadas de legionarios
falsos molinos de viento y gallos dementes
son la misma gente
sólo que más lejos del hogar
en autopistas de cincuenta carriles
en un continente concreto
intercalado de blandos anuncios
representando imbéciles ilusiones de felicidad
la escena tiene menos piezas de cañón
pero más ciudadanos inválidos
en automóviles pintados
y llevan placas extrañas
y motores
que devoran Norteamérica
los pueblos del mundo
exactamente en el momento en que
por primera vez alcanzaron el título de humanidad sufriente
Se retuercen en la página
con una verdadera furia de adversidad
amontonados
gimiendo con bebés y bayonetas
bajo cielos de cemento
en un paisaje abstracto de palos secos
estatuas dobladas alas de murciélagos y picos
horcas resbaladizas
cadáveres y gallos carnívoros
y todos los rugientes monstruos finales de la
imaginación del desastre
son tan sangrientamente reales
es como si todavía existieran realmente
y existen
sólo el paisaje ha cambiado
todavía están alineados en las carreteras
plagadas de legionarios
falsos molinos de viento y gallos dementes
son la misma gente
sólo que más lejos del hogar
en autopistas de cincuenta carriles
en un continente concreto
intercalado de blandos anuncios
representando imbéciles ilusiones de felicidad
la escena tiene menos piezas de cañón
pero más ciudadanos inválidos
en automóviles pintados
y llevan placas extrañas
y motores
que devoran Norteamérica
jueves, 10 de junio de 2010
Y sueño con la selva (por Ernesto Sábato)
Máscara del conferenciante que habla ante señoras, que sonríe y
presenta simulacros
de buena crianza,
de correcto caballero,
de señor bien vestido y correctamente alimentado.
A no temer, Damas y Caballeros,
esta fiera está amaestrada,
sus dientes han sido limados,
extraídos, carcomidos, debilitados
por comiditas convenientes.
Ya no es el animal que devora carne cruda,
que asalta y mata en la selva.
Ha perdido su majestuosa barbarie.
Pasen, Señoras y Señores.
Espectáculo rigurosamente para familias,
lleve a su tía en el día de la tía,
y a su madre en el día de la madre.
Aquí lo pueden ver.
Media vuelta a la derecha,
hop!
Salude al Respetable Público.
Así,
muy bien,
tenga su terrón de azúcar.
Hop, hop!
Damas y Caballeros,
estrictamente para familias,
poderoso león de la selva: sueñas,
dócilmente ejecutas piruetas
preestablecidas
con leve y tierna y secreta ironía.
Pobres, a fin de cuentas,
hay chicos que me quieren,
así, una vueltita, salto al aro uno dos hop!
excelente
y sueño con la selva
en sus crepúsculos antiguos
mientras distraídamente hago las pruebas
correcta y buenamente salto por el aro en llamas
me ponen sobre la silla
rujo abstraído
mientras recuerdo las pálidas lagunas
en las praderas
a las que un día he de volver
ya para siempre
(lo sé, lo creo, lo necesito)
devorando a un domador
a título simbólico
como adecuada despedida
en un acto de locura
dicen los diarios
inesperadamente su cabeza desapareció entre las fauces
chorreando sangre qué horror!
cundió el pánico
mientras por el momento
sueño
con aquella patria violenta pero candorosa
el orgulloso principado
las ceremonias del huracán y de la muerte
prófugo de la vergüenza
desnacido de la suciedad de cerdo
a la castidad del pájaro y la lluvia
a la altiva soledad.
Pasen, Damas y Caballeros,
esta fiera está amaestrada
espectáculo rigurosamente para familias
aquí lo pueden ver, hop!
salude al Respetable Público
mientras medito en la selva dura pero bella,
en sus noches de luna
en mi madre.
presenta simulacros
de buena crianza,
de correcto caballero,
de señor bien vestido y correctamente alimentado.
A no temer, Damas y Caballeros,
esta fiera está amaestrada,
sus dientes han sido limados,
extraídos, carcomidos, debilitados
por comiditas convenientes.
Ya no es el animal que devora carne cruda,
que asalta y mata en la selva.
Ha perdido su majestuosa barbarie.
Pasen, Señoras y Señores.
Espectáculo rigurosamente para familias,
lleve a su tía en el día de la tía,
y a su madre en el día de la madre.
Aquí lo pueden ver.
Media vuelta a la derecha,
hop!
Salude al Respetable Público.
Así,
muy bien,
tenga su terrón de azúcar.
Hop, hop!
Damas y Caballeros,
estrictamente para familias,
poderoso león de la selva: sueñas,
dócilmente ejecutas piruetas
preestablecidas
con leve y tierna y secreta ironía.
Pobres, a fin de cuentas,
hay chicos que me quieren,
así, una vueltita, salto al aro uno dos hop!
excelente
y sueño con la selva
en sus crepúsculos antiguos
mientras distraídamente hago las pruebas
correcta y buenamente salto por el aro en llamas
me ponen sobre la silla
rujo abstraído
mientras recuerdo las pálidas lagunas
en las praderas
a las que un día he de volver
ya para siempre
(lo sé, lo creo, lo necesito)
devorando a un domador
a título simbólico
como adecuada despedida
en un acto de locura
dicen los diarios
inesperadamente su cabeza desapareció entre las fauces
chorreando sangre qué horror!
cundió el pánico
mientras por el momento
sueño
con aquella patria violenta pero candorosa
el orgulloso principado
las ceremonias del huracán y de la muerte
prófugo de la vergüenza
desnacido de la suciedad de cerdo
a la castidad del pájaro y la lluvia
a la altiva soledad.
Pasen, Damas y Caballeros,
esta fiera está amaestrada
espectáculo rigurosamente para familias
aquí lo pueden ver, hop!
salude al Respetable Público
mientras medito en la selva dura pero bella,
en sus noches de luna
en mi madre.
miércoles, 9 de junio de 2010
La causa a secas del sufrimiento (por Blas de Otero)
Quiero encontrar, ando buscando la causa del sufrimiento.
La causa a secas del sufrimiento a veces
mojado en sangre, en lágrimas, y en seco
muchas más. La causa de las causas de las cosas
horribles que nos pasan a los hombres.
No a Juan de Yepes, a Blas de Otero, a Leon
Bloy, a César Vallejo, no, no busco eso,
qué va, ando buscando únicamente
la causa del sufrimiento
(del sufrimiento a secas),
la causa a secas del sufrimiento a veces...
Y siempre vuelta a empezar.
Me pregunto quién goza con que suframos los hombres.
Quién se afeita a favor del viento de la angustia.
Qué sucede en la sección de Inmortalidad
cuando según todas las pruebas nos morimos para siempre.
Sabemos poco en materia de sufrimiento.
Estamos muy orgullosos con nuestro orgullo,
pero si yo les arguyo con el sufrimiento no saben qué decirme.
Mire usted en la guía telefónica,
o en la biblia, es fácil que allí encuentre algo.
Y agarro la biblia telefónica,
y agarro
con las dos manos la guía de pecadores..., y se caen al suelo
todos los platos.
Desde los siete años
oyendo lo mismo a todas horas, cielo santo
santo, santo, como de Dios al fin obra maestra!
Pero, del sufrimiento, como el primer día:
mudos y flagelados a doble columna. Es horrible.
La causa a secas del sufrimiento a veces
mojado en sangre, en lágrimas, y en seco
muchas más. La causa de las causas de las cosas
horribles que nos pasan a los hombres.
No a Juan de Yepes, a Blas de Otero, a Leon
Bloy, a César Vallejo, no, no busco eso,
qué va, ando buscando únicamente
la causa del sufrimiento
(del sufrimiento a secas),
la causa a secas del sufrimiento a veces...
Y siempre vuelta a empezar.
Me pregunto quién goza con que suframos los hombres.
Quién se afeita a favor del viento de la angustia.
Qué sucede en la sección de Inmortalidad
cuando según todas las pruebas nos morimos para siempre.
Sabemos poco en materia de sufrimiento.
Estamos muy orgullosos con nuestro orgullo,
pero si yo les arguyo con el sufrimiento no saben qué decirme.
Mire usted en la guía telefónica,
o en la biblia, es fácil que allí encuentre algo.
Y agarro la biblia telefónica,
y agarro
con las dos manos la guía de pecadores..., y se caen al suelo
todos los platos.
Desde los siete años
oyendo lo mismo a todas horas, cielo santo
santo, santo, como de Dios al fin obra maestra!
Pero, del sufrimiento, como el primer día:
mudos y flagelados a doble columna. Es horrible.
martes, 8 de junio de 2010
Por sólo una semana (por Konstantinos Kavafis)
Sí, recuerdo muy bien esta habitación.
Esta pieza y la otra se han alquilado
a empresas comerciales:
toda la casa está ocupada
por comerciantes, agentes, compañías.
Ah, conozco muy bien esta habitación...
El diván estaba allí, junto a la puerta,
y al pie de él un tapiz de Turquía.
Al lado, la repisa con dos floreros amarillos.
A la derecha, no, enfrente, un armario con espejo.
En el centro, una mesa y tres grandes sillas de anea.
Cerca de la mesa, el lecho
donde nos amamos tantas veces.
Pobres muebles,
aún deben existir en algún lado...
Cerca de la ventana, el lecho.
El sol de la tarde daba justo en el centro.
Un día, a las cuatro,
nos separamos por sólo una semana.
Ay, esa semana dura todavía.
Esta pieza y la otra se han alquilado
a empresas comerciales:
toda la casa está ocupada
por comerciantes, agentes, compañías.
Ah, conozco muy bien esta habitación...
El diván estaba allí, junto a la puerta,
y al pie de él un tapiz de Turquía.
Al lado, la repisa con dos floreros amarillos.
A la derecha, no, enfrente, un armario con espejo.
En el centro, una mesa y tres grandes sillas de anea.
Cerca de la mesa, el lecho
donde nos amamos tantas veces.
Pobres muebles,
aún deben existir en algún lado...
Cerca de la ventana, el lecho.
El sol de la tarde daba justo en el centro.
Un día, a las cuatro,
nos separamos por sólo una semana.
Ay, esa semana dura todavía.
lunes, 7 de junio de 2010
Tu ausencia me rodea (por Jorge Luis Borges)
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
domingo, 6 de junio de 2010
Esa isla desierta (por Muñoz Rojas)
Alguien me ha hablado
de una isla desierta y yo le he dicho:
¿pero existe una isla desierta?
Claro que en el mundo existen
muchas islas desiertas, es decir,
espacios rodeados de almas
por todas partes que son las aguas,
aunque desierto e isla son términos
imposibles, sobre todo si se piensa
que el amor no tiene refugio
más que en lo hondo de cada uno,
que es lo que le dije cuando me dijo
aquello de la isla desierta.
Y es sabido que cada uno
lleva dentro su isla desierta
y cuando llegas a verla, no está,
y te encuentras que la llevas contigo
donde vayas, esa isla desierta
que somos cada uno de nosotros,
rodeada de nosotros por todas partes,
de manera que no hay manera de llegar.
de una isla desierta y yo le he dicho:
¿pero existe una isla desierta?
Claro que en el mundo existen
muchas islas desiertas, es decir,
espacios rodeados de almas
por todas partes que son las aguas,
aunque desierto e isla son términos
imposibles, sobre todo si se piensa
que el amor no tiene refugio
más que en lo hondo de cada uno,
que es lo que le dije cuando me dijo
aquello de la isla desierta.
Y es sabido que cada uno
lleva dentro su isla desierta
y cuando llegas a verla, no está,
y te encuentras que la llevas contigo
donde vayas, esa isla desierta
que somos cada uno de nosotros,
rodeada de nosotros por todas partes,
de manera que no hay manera de llegar.
viernes, 4 de junio de 2010
La flecha (por José Emilio Pacheco)
No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada
miércoles, 2 de junio de 2010
No podían tener un final triste (por Wislawa Szymborska)
Darwin.
Dicen que para descansar leía novelas.
Pero tenía sus exigencias:
no podían tener un final triste.
Si daba con una así,
furioso la arrojaba al fuego.
Verdad o no,
lo creo gustosamente.
Recorriendo con el pensamiento tantas regiones y tiempos
se encontró con tantas especies muertas,
con tantos triunfos de los fuertes sobre los más débiles,
con tantos intentos de supervivencia
tarde o temprano inútiles,
que al menos de la ficción
y de su microescala
tenía derecho a esperar un final feliz.
Así que, necesitaba: un rayo de luz de entre las nubes,
amantes de nuevo juntos, linajes que se reconcilian,
dudas resueltas, fidelidades premiadas,
fortunas recuperadas, tesoros hallados,
vecinos arrepentidos de sus rencores,
el honor recobrado, la codicia ridiculizada,
solteronas casadas con reverendos pastores,
intrigantes desterrados al otro hemisferio,
falsificadores de documentos lanzados por las escaleras,
seductores de doncellas de camino al altar,
huérfanos acogidos, viudas reconfortadas,
soberbias humilladas, heridas cerradas,
hijos pródigos llamados a la mesa,
el cáliz de la amargura en el mar,
pañuelos húmedos de lágrimas de perdón,
cantos y música por todos lados;
y el perro Fido,
perdido ya en el primer capítulo,
¡qué corra de nuevo por la casa
y ladre con alegría!
Dicen que para descansar leía novelas.
Pero tenía sus exigencias:
no podían tener un final triste.
Si daba con una así,
furioso la arrojaba al fuego.
Verdad o no,
lo creo gustosamente.
Recorriendo con el pensamiento tantas regiones y tiempos
se encontró con tantas especies muertas,
con tantos triunfos de los fuertes sobre los más débiles,
con tantos intentos de supervivencia
tarde o temprano inútiles,
que al menos de la ficción
y de su microescala
tenía derecho a esperar un final feliz.
Así que, necesitaba: un rayo de luz de entre las nubes,
amantes de nuevo juntos, linajes que se reconcilian,
dudas resueltas, fidelidades premiadas,
fortunas recuperadas, tesoros hallados,
vecinos arrepentidos de sus rencores,
el honor recobrado, la codicia ridiculizada,
solteronas casadas con reverendos pastores,
intrigantes desterrados al otro hemisferio,
falsificadores de documentos lanzados por las escaleras,
seductores de doncellas de camino al altar,
huérfanos acogidos, viudas reconfortadas,
soberbias humilladas, heridas cerradas,
hijos pródigos llamados a la mesa,
el cáliz de la amargura en el mar,
pañuelos húmedos de lágrimas de perdón,
cantos y música por todos lados;
y el perro Fido,
perdido ya en el primer capítulo,
¡qué corra de nuevo por la casa
y ladre con alegría!
martes, 1 de junio de 2010
La esperanza de una gran sombra (por Giuseppe Ungaretti)
1
Soy un hombre herido.
Y quisiera irme
y llegar finalmente,
piedad, a donde se escucha
al hombre que está sólo consigo.
No tengo más que soberbia y bondad
y me siento exilado en medio de los hombres.
mas por ellos estoy en pena.
¿No sería digno de volver a mí?
He poblado de nombres el silencio.
¿He hecho pedazos corazón y mente
para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre fantasmas.
Hojas secas,
alma llevada aquí y allá...
No, odio el viento y su voz
de bestia inmemorable.
Dios, ¿aquéllos que te imploran
no te conocen más que de nombre?
Me has arrojado de la vida:
¿me arrojarás de la muerte?
Quizá el hombre también es indigno de esperanza.
¿Hasta la fuente del remordimiento está seca?
El pecado, qué importa
si ya no conduce a la pureza.
La carne apenas recuerda
que tuvo fuerza una vez.
Loca y gastada está el alma.
Dios, mira nuestra debilidad.
Queremos una certeza.
¿Ya ni siquiera te ríes de nosotros?
Compadécenos entonces, crueldad.
No puedo seguir amurallado
en el deseo sin amor.
Muéstranos una huella de justicia.
Tu ley, ¿cuál es?
Fulmina mis pobres emociones,
libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.
2
Carne melancólica
donde una vez pululó la alegría,
ojos entreabiertos del despertar cansado,
¿ves tú, alma demasiado madura,
lo que seré caído en la tierra?
Está en los vivos el camino de los difuntos,
nosotros somos una riada de sombras,
y ellas el grano que explota en el sueño,
de ellas es la lejanía que nos queda
y de ellas la sombra que da peso a los nombres.
La esperanza de una gran sombra
¿sólo es esto nuestra suerte?
¿Y no serías tú más que un sueño, Dios?
Temerarios, por lo menos un sueño
queremos que sea semejante a ti.
Es parto de la locura más clara.
No tiembla en nubes de ramas
como pájaros de la madrugada
al borde de los párpados.
En nosotros está y languidece, llaga misteriosa
3
La luz que nos aguija
es un hilo cada vez más sutil.
¿Sólo deslumbras matando?
Dame esta suprema alegría.
4
El hombre, monótono universo,
cree acrecentar sus bienes
y de sus manos febriles
no salen, sin fin, más que límites.
Pegado al vacío,
a su hilo de araña,
no teme ni seduce
más que a su propio grito.
Evita el desgaste haciendo tumbas,
y para pensarte, Eterno,
no tiene más que blasfemias.
Soy un hombre herido.
Y quisiera irme
y llegar finalmente,
piedad, a donde se escucha
al hombre que está sólo consigo.
No tengo más que soberbia y bondad
y me siento exilado en medio de los hombres.
mas por ellos estoy en pena.
¿No sería digno de volver a mí?
He poblado de nombres el silencio.
¿He hecho pedazos corazón y mente
para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre fantasmas.
Hojas secas,
alma llevada aquí y allá...
No, odio el viento y su voz
de bestia inmemorable.
Dios, ¿aquéllos que te imploran
no te conocen más que de nombre?
Me has arrojado de la vida:
¿me arrojarás de la muerte?
Quizá el hombre también es indigno de esperanza.
¿Hasta la fuente del remordimiento está seca?
El pecado, qué importa
si ya no conduce a la pureza.
La carne apenas recuerda
que tuvo fuerza una vez.
Loca y gastada está el alma.
Dios, mira nuestra debilidad.
Queremos una certeza.
¿Ya ni siquiera te ríes de nosotros?
Compadécenos entonces, crueldad.
No puedo seguir amurallado
en el deseo sin amor.
Muéstranos una huella de justicia.
Tu ley, ¿cuál es?
Fulmina mis pobres emociones,
libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.
2
Carne melancólica
donde una vez pululó la alegría,
ojos entreabiertos del despertar cansado,
¿ves tú, alma demasiado madura,
lo que seré caído en la tierra?
Está en los vivos el camino de los difuntos,
nosotros somos una riada de sombras,
y ellas el grano que explota en el sueño,
de ellas es la lejanía que nos queda
y de ellas la sombra que da peso a los nombres.
La esperanza de una gran sombra
¿sólo es esto nuestra suerte?
¿Y no serías tú más que un sueño, Dios?
Temerarios, por lo menos un sueño
queremos que sea semejante a ti.
Es parto de la locura más clara.
No tiembla en nubes de ramas
como pájaros de la madrugada
al borde de los párpados.
En nosotros está y languidece, llaga misteriosa
3
La luz que nos aguija
es un hilo cada vez más sutil.
¿Sólo deslumbras matando?
Dame esta suprema alegría.
4
El hombre, monótono universo,
cree acrecentar sus bienes
y de sus manos febriles
no salen, sin fin, más que límites.
Pegado al vacío,
a su hilo de araña,
no teme ni seduce
más que a su propio grito.
Evita el desgaste haciendo tumbas,
y para pensarte, Eterno,
no tiene más que blasfemias.
lunes, 31 de mayo de 2010
En tal caso (por Saiz de Marco)
Proust pudo casarse con una muchacha en flor
y tener hijos.
Cogidos de la mano, los llevaría al colegio
y les ayudaría después con los deberes.
En tal caso no habría siete tomos de
En busca del tiempo perdido.
(Y bueno, y qué pasa.)
Kafka pudo casarse con Felice o Milena.
Largas noches de amor,
niños en el jardín
y domingos de té y pastas en casa de su suegra.
Entonces no tendríamos Metamorfosis, Proceso ni Castillo.
(Y bueno, y qué importa.)
Pessoa pudo casarse con Ophelia Queiroz.
Lo habrían visto por las calles de Lisboa
empujando un carrito de bebé.
Podría, quizá, haber sido feliz.
En tal caso no habría heterónimos, Tabaquería
ni libro del Desasosiego.
(Y bueno, y qué más da.)
y tener hijos.
Cogidos de la mano, los llevaría al colegio
y les ayudaría después con los deberes.
En tal caso no habría siete tomos de
En busca del tiempo perdido.
(Y bueno, y qué pasa.)
Kafka pudo casarse con Felice o Milena.
Largas noches de amor,
niños en el jardín
y domingos de té y pastas en casa de su suegra.
Entonces no tendríamos Metamorfosis, Proceso ni Castillo.
(Y bueno, y qué importa.)
Pessoa pudo casarse con Ophelia Queiroz.
Lo habrían visto por las calles de Lisboa
empujando un carrito de bebé.
Podría, quizá, haber sido feliz.
En tal caso no habría heterónimos, Tabaquería
ni libro del Desasosiego.
(Y bueno, y qué más da.)
viernes, 28 de mayo de 2010
Miedo (por Raymond Carver)
Miedo de ver una patrulla policial pararse frente a mi casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado vuelva.
Miedo de que el presente vuele.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y a llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la letra de mis hijos en la solapa de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y sentirme culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Eso ya lo dije.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado vuelva.
Miedo de que el presente vuele.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y a llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la letra de mis hijos en la solapa de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y sentirme culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Eso ya lo dije.
jueves, 27 de mayo de 2010
Cristo se bajó de su árbol desnudo (por Lawrence Ferlinghetti)
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
no hubiera árboles de Navidad arrancados
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
y huyó a donde
no hubiera árboles de Navidad dorados
ni árboles de Navidad plateados
ni árboles de Navidad de papel de estaño
ni árboles de Navidad de plástico rosado
ni árboles de Navidad de oro
ni árboles de Navidad negros
ni árboles de Navidad celestes
adornados con velitas eléctricas de lata
y tíos pesados y creídos
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
ningún intrépido vendedor ambulante de Biblias
recorriera el país
en un cadillac de dos tonos
y donde ningún nacimiento de Sears Roebuck
completo con niño de plástico y pesebre
llegara por correo certificado
el niño con entrega inmediata
y donde los Magos de televisión
no cantaran alabanzas al Whisky Lord Calvert
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
ningún gordo desconocido y bonachón
vestido de franela roja
con barba de mentira
caminara haciéndose pasar
por una especie de santo del Polo Norte
a través del desierto de Belen Pennsylvania
en un trineo Volkswagen
arrastrando por renos retozones de Adirondack
con nombres alemanes
y cargado de sacos de Humildes Regalos
de Sacks de la Quinta Avenida
para el Niño Dios que cada uno se imagina
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
los cantadores de villancicos de Bing Crosby
no lloriquearan que la Nochebuena es fría
y los ángeles del radio City
no patinaran sin alas
en un país de las maravillas todo nevado
entrando a un cielo de alegres cascabeles
diariamente a los 8:30
con matinés de la Misa del Gallo
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y se fue a refugiar silenciosamente en
el vientre de una anónima María otra vez
donde en la noche oscura
del alma anónima de cada uno
él espera otra vez
una inimaginable
e imposible
inmaculada Reconcepción
la más loca
de las Segundas Venidas
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
no hubiera árboles de Navidad arrancados
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
y huyó a donde
no hubiera árboles de Navidad dorados
ni árboles de Navidad plateados
ni árboles de Navidad de papel de estaño
ni árboles de Navidad de plástico rosado
ni árboles de Navidad de oro
ni árboles de Navidad negros
ni árboles de Navidad celestes
adornados con velitas eléctricas de lata
y tíos pesados y creídos
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
ningún intrépido vendedor ambulante de Biblias
recorriera el país
en un cadillac de dos tonos
y donde ningún nacimiento de Sears Roebuck
completo con niño de plástico y pesebre
llegara por correo certificado
el niño con entrega inmediata
y donde los Magos de televisión
no cantaran alabanzas al Whisky Lord Calvert
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
ningún gordo desconocido y bonachón
vestido de franela roja
con barba de mentira
caminara haciéndose pasar
por una especie de santo del Polo Norte
a través del desierto de Belen Pennsylvania
en un trineo Volkswagen
arrastrando por renos retozones de Adirondack
con nombres alemanes
y cargado de sacos de Humildes Regalos
de Sacks de la Quinta Avenida
para el Niño Dios que cada uno se imagina
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y huyó a donde
los cantadores de villancicos de Bing Crosby
no lloriquearan que la Nochebuena es fría
y los ángeles del radio City
no patinaran sin alas
en un país de las maravillas todo nevado
entrando a un cielo de alegres cascabeles
diariamente a los 8:30
con matinés de la Misa del Gallo
Cristo se bajó
de su árbol desnudo
este año
y se fue a refugiar silenciosamente en
el vientre de una anónima María otra vez
donde en la noche oscura
del alma anónima de cada uno
él espera otra vez
una inimaginable
e imposible
inmaculada Reconcepción
la más loca
de las Segundas Venidas
miércoles, 26 de mayo de 2010
Los columpios (por Fabio Morábito)
Los columpios no son noticia,
son simples como un hueso
o como un horizonte,
funcionan con un cuerpo
y su manutención estriba
en una mano de pintura
cada tanto,
cada generación los pinta
de un color distinto
(para realzar su infancia)
pero los deja como son,
no se investigan nuevas formas
de columpios,
no hay competencias de columpios,
no se dan clases de columpio,
nadie roba los columpios,
la radio no transmite rechinidos
de columpios,
cada generación los pinta
de un color distinto
para acordarse de ellos,
ellos que inician a los niños
en los paréntesis,
en la melancolía,
en la inutilidad de los esfuerzos
para ser distintos,
donde los niños queman
sus reservas de imposible,
sus últimas metamorfosis,
hasta que un día, sin una gota
de humedad, se bajan
del columpio
hacia sí mismos,
hacia su nombre propio
y verdadero, hacia
su muerte todavía lejana.
son simples como un hueso
o como un horizonte,
funcionan con un cuerpo
y su manutención estriba
en una mano de pintura
cada tanto,
cada generación los pinta
de un color distinto
(para realzar su infancia)
pero los deja como son,
no se investigan nuevas formas
de columpios,
no hay competencias de columpios,
no se dan clases de columpio,
nadie roba los columpios,
la radio no transmite rechinidos
de columpios,
cada generación los pinta
de un color distinto
para acordarse de ellos,
ellos que inician a los niños
en los paréntesis,
en la melancolía,
en la inutilidad de los esfuerzos
para ser distintos,
donde los niños queman
sus reservas de imposible,
sus últimas metamorfosis,
hasta que un día, sin una gota
de humedad, se bajan
del columpio
hacia sí mismos,
hacia su nombre propio
y verdadero, hacia
su muerte todavía lejana.
martes, 25 de mayo de 2010
La mañana está en paz (por Tania Alegría)
La luz chispea sobre el muro blanco donde se desperezan los rosales.
El aire es poco más que una intuición que resbala en la piel y huele a pinos.
La mañana está en paz. No pasa nada.
Y sin embargo, tú, tan desvalida, tan pálida, tan sucia de tormentas,
como si un vendaval hubiese, fiero, demolido la almena de tu patio.
Hongos húmedos cuelgan de tu pelo;
en tus manos se enredan hojas tristes;
humo en los ojos, musgo entre los dientes
y pecho adentro aúlla una jauría
husmeando los puntos cardinales por oler las cosechas incendiadas.
Tienes carbón debajo de las uñas, tal fue tu saña al escarbar la noche.
Traes manchas de liquen en la espalda por haberte acostado en tantas tumbas.
Cálmate, tú. No hay más que olor a pinos,
alborada serena, brisa suave, gorriones despertando en los ramajes.
No hay huracanes destrozando bosques.
No hay incendio en la mies de tus exilios.
La mañana está en paz consigo misma.
Cálmate tú, Marién. No pasa nada.
El aire es poco más que una intuición que resbala en la piel y huele a pinos.
La mañana está en paz. No pasa nada.
Y sin embargo, tú, tan desvalida, tan pálida, tan sucia de tormentas,
como si un vendaval hubiese, fiero, demolido la almena de tu patio.
Hongos húmedos cuelgan de tu pelo;
en tus manos se enredan hojas tristes;
humo en los ojos, musgo entre los dientes
y pecho adentro aúlla una jauría
husmeando los puntos cardinales por oler las cosechas incendiadas.
Tienes carbón debajo de las uñas, tal fue tu saña al escarbar la noche.
Traes manchas de liquen en la espalda por haberte acostado en tantas tumbas.
Cálmate, tú. No hay más que olor a pinos,
alborada serena, brisa suave, gorriones despertando en los ramajes.
No hay huracanes destrozando bosques.
No hay incendio en la mies de tus exilios.
La mañana está en paz consigo misma.
Cálmate tú, Marién. No pasa nada.
lunes, 24 de mayo de 2010
Despertar (por Pedro Salinas)
Sabemos, sí, que hay luz. Está aguardando
detrás de esa ventana
con sus trágicas garras diamantinas,
ansiosa
de clavarnos, de hundirnos, evidencias
en la carne, en los ojos, más allá.
La resistimos, obstinadamente,
en la prolongación, cuarto cerrado,
de la felicidad oscura
caliente, aún, en los cuerpos, de la noche.
Los besos son de noche, todavía:
y nuestros labios cavan en la aurora,
aún, un espacio el gran besar nocturno.
Sabemos, sí, que hay mundo.
Testigos vagos de él, romper de olas,
los ruidos, píos de aves, gritos rotos,
arañan escalándolo, lloviéndolo,
el gran silencio que nos reservamos,
isla habitada sólo por dos voces.
Del naufragio tristísimo, en el alba,
de aquel callar en donde se abolía
lo que no era nosotros en nosotros,
quedamos solos,
prendidos a los restos del silencio,
tú y yo, los escapados por milagro.
“¡Tardar!”, grito del alma.
“¡Tardar, tardar!”, nos grita el ser entero.
Nuestro anhelo es tardar.
Rechazando la luz, el ruido, el mundo,
semidespiertos, aquí, en la porfiada
penumbra, defendemos,
inmóviles,
trágicamente quietos,
imitando quietudes de alta noche,
nuestro derecho a no nacer aún.
Los dos tendidos, boca arriba,
El techo oscuro es nuestro cielo claro,
Mientras no nos lo niegue ella: la luz.
El cuerpo, apenas visto, junto al cuerpo,
detrás del sueño, del amor, desnudos
fingen
haber sido así siempre
vírgenes de las telas y del suelo,
creen que no pisaron mundo.
Aquí en nuestra batalla silenciosa
-¡no, no abrir todavía, no, no abrir!-
contra la claridad, está latiendo
el ansia de soñar que no nacimos,
el afán de tardarnos en vivir.
Nuestros cuerpos se ignoran sus pasados;
horizontales, en el lecho,
flotan sobre virginidades y candor:
juego pueril en su abrazar.
Estamos
mientras la luz, el ruido,
no nos corrompan con su gran pecado,
tan inocentemente perezosos,
aquí en la orilla del nacer.
Y lo que ha sido ya, los años,
las memorias llamadas nuestra vida,
alzan vuelos ingrávidos, se van,
parecen sombras, dudas de existencia.
Cuando por fin nazcamos
abierta la ventana -¿quién, tú o yo?-
contemplaremos asombradamente
a lo que está detrás, incrédulos
de haber llamado nuestra vida a aquello,
nuestro dolor o amor. No.
La vida es la sorpresa en que nos suelta
como en un mar inmenso,
desnudos, inocentes,
esta noche, gran madre de nosotros:
vamos hacia el nacer.
Nuestro existir de antes
era presagio. ¿No le ves al borde
de su cumplirse, tembloroso, retrasando
desesperadamente, a abrazos,
la fatal caída en él?
Y al despedirnos -¡ya la luz, la luz!-
de lo gozado y lo sufrido atrás,
se nos revela transparentemente
que el vivir hasta ahora ha sido sólo
trémulo presentirse jubiloso
-antes aún de las almas y su séquito-,
pura promesa prenatal.
detrás de esa ventana
con sus trágicas garras diamantinas,
ansiosa
de clavarnos, de hundirnos, evidencias
en la carne, en los ojos, más allá.
La resistimos, obstinadamente,
en la prolongación, cuarto cerrado,
de la felicidad oscura
caliente, aún, en los cuerpos, de la noche.
Los besos son de noche, todavía:
y nuestros labios cavan en la aurora,
aún, un espacio el gran besar nocturno.
Sabemos, sí, que hay mundo.
Testigos vagos de él, romper de olas,
los ruidos, píos de aves, gritos rotos,
arañan escalándolo, lloviéndolo,
el gran silencio que nos reservamos,
isla habitada sólo por dos voces.
Del naufragio tristísimo, en el alba,
de aquel callar en donde se abolía
lo que no era nosotros en nosotros,
quedamos solos,
prendidos a los restos del silencio,
tú y yo, los escapados por milagro.
“¡Tardar!”, grito del alma.
“¡Tardar, tardar!”, nos grita el ser entero.
Nuestro anhelo es tardar.
Rechazando la luz, el ruido, el mundo,
semidespiertos, aquí, en la porfiada
penumbra, defendemos,
inmóviles,
trágicamente quietos,
imitando quietudes de alta noche,
nuestro derecho a no nacer aún.
Los dos tendidos, boca arriba,
El techo oscuro es nuestro cielo claro,
Mientras no nos lo niegue ella: la luz.
El cuerpo, apenas visto, junto al cuerpo,
detrás del sueño, del amor, desnudos
fingen
haber sido así siempre
vírgenes de las telas y del suelo,
creen que no pisaron mundo.
Aquí en nuestra batalla silenciosa
-¡no, no abrir todavía, no, no abrir!-
contra la claridad, está latiendo
el ansia de soñar que no nacimos,
el afán de tardarnos en vivir.
Nuestros cuerpos se ignoran sus pasados;
horizontales, en el lecho,
flotan sobre virginidades y candor:
juego pueril en su abrazar.
Estamos
mientras la luz, el ruido,
no nos corrompan con su gran pecado,
tan inocentemente perezosos,
aquí en la orilla del nacer.
Y lo que ha sido ya, los años,
las memorias llamadas nuestra vida,
alzan vuelos ingrávidos, se van,
parecen sombras, dudas de existencia.
Cuando por fin nazcamos
abierta la ventana -¿quién, tú o yo?-
contemplaremos asombradamente
a lo que está detrás, incrédulos
de haber llamado nuestra vida a aquello,
nuestro dolor o amor. No.
La vida es la sorpresa en que nos suelta
como en un mar inmenso,
desnudos, inocentes,
esta noche, gran madre de nosotros:
vamos hacia el nacer.
Nuestro existir de antes
era presagio. ¿No le ves al borde
de su cumplirse, tembloroso, retrasando
desesperadamente, a abrazos,
la fatal caída en él?
Y al despedirnos -¡ya la luz, la luz!-
de lo gozado y lo sufrido atrás,
se nos revela transparentemente
que el vivir hasta ahora ha sido sólo
trémulo presentirse jubiloso
-antes aún de las almas y su séquito-,
pura promesa prenatal.
domingo, 23 de mayo de 2010
El amor es su nombre (por Vicente Aleixandre)
Todo tú, fuerza desconocida que jamás te explicas.
Fuerza que a veces tentamos por un cabo del amor.
Allí tocamos un nudo. Tanto así es tentar un cuerpo,
un alma, y rodearla y decir: “Aquí está” y repasamos despaciosamente,
morosamente, complacidamente, los accidentes de una verdad que únicamente por ellos se nos denuncia.
Y aquí está la cabeza, y aquí el pecho, y aquí el talle y su huida,
y el engolfamiento repentino y la fuga, las dos largas piernas dulces que parecen infinitamente fluir, acallarse.
Y estrechamos un momento el bulto vivo.
Y hemos reconocido entonces la verdad en nuestros brazos, el cuerpo querido, el alma escuchada,
el alma avariciosamente aspirada.
¿Dónde la fuerza entonces del amor? ¿Dónde la réplica que nos diese un Dios respondiente,
un Dios que no se nos negase y que no se limitase a arrojarnos un cuerpo, un alma que por él nos acallase?
Lo mismo que un perro con el mendrugo en la boca calla y se obstina,
así nosotros, encarnizados con el duro resplandor, absorbidos
estrechamos aquello que una mano arrojara.
Pero ¿dónde tú, mano sola que haría
el don supremo de suavidad con tu piel infinita,
con tu sola verdad, única caricia que, en el jadeo, sin términos nos callase?
Alzamos unos ojos casi moribundos. Mendrugos,
panes, azotes, cólera, vida, muerte:
todo lo derramas como una compasión que nos dieras,
como una sombra que nos lanzaras, y entre los dientes nos brilla
un eco de un resplandor, el eco de un eco de un eco del resplandor,
y comemos.
Comemos sombra, y devoramos el sueño o su sombra, y callamos.
Y hasta admiramos: cantamos. El amor es su nombre.
Pero luego los grandes ojos húmedos se levantan. La mano
no está. Ni el roce
de un vestido se escucha.
Sólo el largo gemido, o el silencio apresado.
El silencio que sólo nos acompaña
cuando, en los dientes la sombra desvanecida,
famélicamente de nuevo echamos a andar.
Fuerza que a veces tentamos por un cabo del amor.
Allí tocamos un nudo. Tanto así es tentar un cuerpo,
un alma, y rodearla y decir: “Aquí está” y repasamos despaciosamente,
morosamente, complacidamente, los accidentes de una verdad que únicamente por ellos se nos denuncia.
Y aquí está la cabeza, y aquí el pecho, y aquí el talle y su huida,
y el engolfamiento repentino y la fuga, las dos largas piernas dulces que parecen infinitamente fluir, acallarse.
Y estrechamos un momento el bulto vivo.
Y hemos reconocido entonces la verdad en nuestros brazos, el cuerpo querido, el alma escuchada,
el alma avariciosamente aspirada.
¿Dónde la fuerza entonces del amor? ¿Dónde la réplica que nos diese un Dios respondiente,
un Dios que no se nos negase y que no se limitase a arrojarnos un cuerpo, un alma que por él nos acallase?
Lo mismo que un perro con el mendrugo en la boca calla y se obstina,
así nosotros, encarnizados con el duro resplandor, absorbidos
estrechamos aquello que una mano arrojara.
Pero ¿dónde tú, mano sola que haría
el don supremo de suavidad con tu piel infinita,
con tu sola verdad, única caricia que, en el jadeo, sin términos nos callase?
Alzamos unos ojos casi moribundos. Mendrugos,
panes, azotes, cólera, vida, muerte:
todo lo derramas como una compasión que nos dieras,
como una sombra que nos lanzaras, y entre los dientes nos brilla
un eco de un resplandor, el eco de un eco de un eco del resplandor,
y comemos.
Comemos sombra, y devoramos el sueño o su sombra, y callamos.
Y hasta admiramos: cantamos. El amor es su nombre.
Pero luego los grandes ojos húmedos se levantan. La mano
no está. Ni el roce
de un vestido se escucha.
Sólo el largo gemido, o el silencio apresado.
El silencio que sólo nos acompaña
cuando, en los dientes la sombra desvanecida,
famélicamente de nuevo echamos a andar.
sábado, 22 de mayo de 2010
Entre la vida y yo hay un vidrio tenue (por Fernando Pessoa)
Todo me cansa, hasta lo que no me cansa.
Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.
Quién me diera ser un niño poniendo barcos de papel
en un estanque de la quinta, con un dosel rústico
de redes de parral poniendo ajedreces de luz y sombra verde
en los reflejos sombríos de la poca agua.
Entre la vida y yo hay un vidrio tenue.
Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, no la puedo tocar.
¿Razonar mi tristeza? ¿Para qué, si el raciocinio es un esfuerzo?
Y quien está triste no puede esforzarse.
Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la vida
de los que yo tanto querría abdicar.
Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme.
¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel coche,
el conductor de aquel tren! ¡Cualquier banal otro supuesto
cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me penetra
para que yo la quiera y se me finge ajena!
Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa.
La noción de la vida como un Todo no me aplastaría los hombros del pensamiento.
Mis sueños son un refugio estúpido, como un paraguas contra un rayo.
Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos y de actos...
Por más que por mí me interne, todos los atajos de mi sueño
van a dar a claridades de angustia.
Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en los que el sueño me huye.
Entonces las cosas me parecen nítidas.
Se desvanece la neblina en la que me cerco.
Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma.
Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas.
Todos los pesos visibles de objetos me pesan por dentro del alma.
La (mi) vida es como si me golpeasen con ella.
Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.
Quién me diera ser un niño poniendo barcos de papel
en un estanque de la quinta, con un dosel rústico
de redes de parral poniendo ajedreces de luz y sombra verde
en los reflejos sombríos de la poca agua.
Entre la vida y yo hay un vidrio tenue.
Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, no la puedo tocar.
¿Razonar mi tristeza? ¿Para qué, si el raciocinio es un esfuerzo?
Y quien está triste no puede esforzarse.
Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la vida
de los que yo tanto querría abdicar.
Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme.
¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel coche,
el conductor de aquel tren! ¡Cualquier banal otro supuesto
cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me penetra
para que yo la quiera y se me finge ajena!
Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa.
La noción de la vida como un Todo no me aplastaría los hombros del pensamiento.
Mis sueños son un refugio estúpido, como un paraguas contra un rayo.
Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos y de actos...
Por más que por mí me interne, todos los atajos de mi sueño
van a dar a claridades de angustia.
Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en los que el sueño me huye.
Entonces las cosas me parecen nítidas.
Se desvanece la neblina en la que me cerco.
Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma.
Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas.
Todos los pesos visibles de objetos me pesan por dentro del alma.
La (mi) vida es como si me golpeasen con ella.
viernes, 21 de mayo de 2010
Dame una mentira enorme (por Luis Benítez)
Dame una mentira enorme, que haga temblar los pulsos de la edad
con su pisada grave y significativa,
que espante de mí los pájaros negros y los gusanos
que cosecho sin proponérmelo en la dársena del miedo
y se las arregle para hacerme creer que el hombre puede salir de sí,
ser uno con la mujer y amarla sin destruirse.
Algo que dure un momento y venga de tus labios,
para que yo me esconda y los altivos y los necios no me vean.
Detrás de esos frágiles decorados vivirá feliz y pequeñito,
lejos del tedio y de los ojos que escrutan en la noche.
Sin miedo al silencio y a las fieras,
luego que la mentira fuese pronunciada,
como por un hechizo efímero correrían los talones del infortunio
y ni él, ni la miseria, pescarían ya nada en mis sentidos embotados.
La angustia del hombre ardería como bruja-fénix
y estos ojos y estas pobres manos que rezan sin llegar
al rabo de Dios en las alturas, arrojarían al suelo,
deshecho, el viejo corazón de la amargura,
contentos en su careta nueva.
Dame una mentira enorme,
que haga girar al revés el tiempo en los relojes
y arrúllame en ella,
hasta que en mis labios aparezca
la helada sonrisa del idiota.
con su pisada grave y significativa,
que espante de mí los pájaros negros y los gusanos
que cosecho sin proponérmelo en la dársena del miedo
y se las arregle para hacerme creer que el hombre puede salir de sí,
ser uno con la mujer y amarla sin destruirse.
Algo que dure un momento y venga de tus labios,
para que yo me esconda y los altivos y los necios no me vean.
Detrás de esos frágiles decorados vivirá feliz y pequeñito,
lejos del tedio y de los ojos que escrutan en la noche.
Sin miedo al silencio y a las fieras,
luego que la mentira fuese pronunciada,
como por un hechizo efímero correrían los talones del infortunio
y ni él, ni la miseria, pescarían ya nada en mis sentidos embotados.
La angustia del hombre ardería como bruja-fénix
y estos ojos y estas pobres manos que rezan sin llegar
al rabo de Dios en las alturas, arrojarían al suelo,
deshecho, el viejo corazón de la amargura,
contentos en su careta nueva.
Dame una mentira enorme,
que haga girar al revés el tiempo en los relojes
y arrúllame en ella,
hasta que en mis labios aparezca
la helada sonrisa del idiota.
jueves, 20 de mayo de 2010
Algo que el cuerpo ha producido (por Lawrence Schimel)
No pienso morirme de amor.
Pero estoy convencido de que
si me abren el cuerpo ahora mismo
descubrirán algún órgano
que no tenía antes
y que ahora tanto me duele.
Igual no es nuevo para la ciencia
pero lo es para mí:
algo que el cuerpo ha producido
sólo desde que te conocí,
desde que sigo esperando
alguna respuesta tuya.
Pero estoy convencido de que
si me abren el cuerpo ahora mismo
descubrirán algún órgano
que no tenía antes
y que ahora tanto me duele.
Igual no es nuevo para la ciencia
pero lo es para mí:
algo que el cuerpo ha producido
sólo desde que te conocí,
desde que sigo esperando
alguna respuesta tuya.
miércoles, 19 de mayo de 2010
No te vayas así (por José Agustín Goytisolo)
Muchacha, si le amabas
no te vayas así, di que te esperan,
que debes regresar pero que estás
alegre por las horas que has vivido
como dentro de un sueño;
declárale que a veces pensarás
en su rostro de lluvia,
en sus papeles o en su fantasía:
hazlo ahora, aún es tiempo,
ya que quizás algún día,
cuando estés en otros brazos,
te acuerdes de él con repentino amor
y no puedas llorar aunque lo intentes
no te vayas así, di que te esperan,
que debes regresar pero que estás
alegre por las horas que has vivido
como dentro de un sueño;
declárale que a veces pensarás
en su rostro de lluvia,
en sus papeles o en su fantasía:
hazlo ahora, aún es tiempo,
ya que quizás algún día,
cuando estés en otros brazos,
te acuerdes de él con repentino amor
y no puedas llorar aunque lo intentes
martes, 18 de mayo de 2010
Tanto caminar (por Lucía Estrada)
Tanto caminar en el mismo laberinto
y todavía no se reconoce la piedra
en la que tropezamos una y otra vez.
El olvido llueve sobre los ojos,
y es aquí cuando simulamos dar un paso adelante.
Alguien sostiene con su sombra
el peso de lo que un día, una noche, volverá a repetirse.
No hay una máscara para el miedo,
tampoco para la muerte.
Todos los muros que nos rodean
están siendo escritos por el paso de las horas,
por nuestras largas vigilias, por el secreto deseo de la sangre,
por la insistencia del amor y el fracaso,
por la oscura ceniza que una vez fue nuestra casa
y que nos obliga a permanecer.
Pregunto entonces con la boca de los muertos:
¿qué quedó de ti entre las rosas?
y todavía no se reconoce la piedra
en la que tropezamos una y otra vez.
El olvido llueve sobre los ojos,
y es aquí cuando simulamos dar un paso adelante.
Alguien sostiene con su sombra
el peso de lo que un día, una noche, volverá a repetirse.
No hay una máscara para el miedo,
tampoco para la muerte.
Todos los muros que nos rodean
están siendo escritos por el paso de las horas,
por nuestras largas vigilias, por el secreto deseo de la sangre,
por la insistencia del amor y el fracaso,
por la oscura ceniza que una vez fue nuestra casa
y que nos obliga a permanecer.
Pregunto entonces con la boca de los muertos:
¿qué quedó de ti entre las rosas?
lunes, 17 de mayo de 2010
Abro la espita del tiempo (por Saiz de Marco)
Abro la espita del tiempo y oigo canciones de corro
oigo el rumor de unos niños jugando a olvidados juegos que sin embargo conozco
pero sobre todo oigo alguien que dice mi nombre
alguien que me está llamando
que ahora repite mi nombre
mi nombre, sí, mi agrio nombre
me llama y luego “A cenar”
y oído en esa voz, mi nombre
se despoja de acritud e incluso se me hace
dulce.
oigo el rumor de unos niños jugando a olvidados juegos que sin embargo conozco
pero sobre todo oigo alguien que dice mi nombre
alguien que me está llamando
que ahora repite mi nombre
mi nombre, sí, mi agrio nombre
me llama y luego “A cenar”
y oído en esa voz, mi nombre
se despoja de acritud e incluso se me hace
dulce.
sábado, 15 de mayo de 2010
Preguntas de un obrero delante de un libro (por Bertolt Brecht)
Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a construir otras tantas?
¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china, ¿adónde fueron los albañiles?
Roma la Grande está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
Bizancio, tan cantada, ¿tenía sólo palacios para sus habitantes?
Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba,
los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a construir otras tantas?
¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china, ¿adónde fueron los albañiles?
Roma la Grande está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
Bizancio, tan cantada, ¿tenía sólo palacios para sus habitantes?
Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba,
los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos?
viernes, 14 de mayo de 2010
Quién hubiera dicho (por Mario Benedetti)
Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser
míos
después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser…
quién hubiera dicho
que estos poemas míos
iban a ser
de otros
que estos poemas de otros
iban a ser
míos
después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser…
quién hubiera dicho
que estos poemas míos
iban a ser
de otros
jueves, 13 de mayo de 2010
Ámalo libre (por Luis R. Nogueras)
No intentes posar tus manos sobre su inocente
cuello (hasta la más suave caricia le parecería el
brutal manejo del verdugo).
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche).
No remuevas el agua de la laguna, no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.
Confórmate con su salvaje lejanía,
con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne salvaje.
cuello (hasta la más suave caricia le parecería el
brutal manejo del verdugo).
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche).
No remuevas el agua de la laguna, no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.
Confórmate con su salvaje lejanía,
con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne salvaje.
miércoles, 12 de mayo de 2010
El sueño avanza (por José Ángel Valente)
Por una espesa y honda
avenida de árboles que unen
en lo alto su copa y pesadumbre
el sueño avanza.
Abre sus grandes alas,
sus poderosos brazos
de lenta sombra y noche grande: cierra
contra todo horizonte.
En el centro del aire
cabecea un navío
rodeado de enormes
territorios de sueño.
El sueño avanza: pone
su silenciosa planta
en el umbral de nuestra
transitoria vigilia.
Acaricia y golpea,
llama con voz suave
y entra como un río
de seguro poder.
El sueño halaga,
porfía y nos rodea
hasta que al fin caemos
en su seno girando
como plumas, girando
interminablemente.
Ésta es la inerme paz, la sosegada
mentira de la sombra.
El sueño multiplica
su rostro en un espejo
sin fin: vértigo quieto, inmóvil
torbellino.
¡Gritad! Pero no; el grito
es también sueño. Ahora su dominio.
Potestad de la noche.
avenida de árboles que unen
en lo alto su copa y pesadumbre
el sueño avanza.
Abre sus grandes alas,
sus poderosos brazos
de lenta sombra y noche grande: cierra
contra todo horizonte.
En el centro del aire
cabecea un navío
rodeado de enormes
territorios de sueño.
El sueño avanza: pone
su silenciosa planta
en el umbral de nuestra
transitoria vigilia.
Acaricia y golpea,
llama con voz suave
y entra como un río
de seguro poder.
El sueño halaga,
porfía y nos rodea
hasta que al fin caemos
en su seno girando
como plumas, girando
interminablemente.
Ésta es la inerme paz, la sosegada
mentira de la sombra.
El sueño multiplica
su rostro en un espejo
sin fin: vértigo quieto, inmóvil
torbellino.
¡Gritad! Pero no; el grito
es también sueño. Ahora su dominio.
Potestad de la noche.
martes, 11 de mayo de 2010
Lo malo de la trinchera (por Ana Pérez Cañamares)
Lo malo de la trinchera
no es su húmeda estrechez.
El barro y la sangre abrigan
somos muchos aquí
y las fotos que nos mandaron desde casa
nunca se desgastan.
Siempre hay tiempo para una partida de cartas.
Para el momento íntimo y juguetón
de despiojarnos.
Alguien que baila al ritmo
de los tableteos lejanos
de las ametralladoras
o un buen imitador de generales
que nos hace reír.
Lo malo de la trinchera
es que no sabemos cuándo
tendremos que abandonarla.
no es su húmeda estrechez.
El barro y la sangre abrigan
somos muchos aquí
y las fotos que nos mandaron desde casa
nunca se desgastan.
Siempre hay tiempo para una partida de cartas.
Para el momento íntimo y juguetón
de despiojarnos.
Alguien que baila al ritmo
de los tableteos lejanos
de las ametralladoras
o un buen imitador de generales
que nos hace reír.
Lo malo de la trinchera
es que no sabemos cuándo
tendremos que abandonarla.
lunes, 10 de mayo de 2010
Y allí tendré algo de paz (por W. B. Yeats)
Me levantaré y me pondré en marcha, e iré a Innisfree,
y haré allí una choza de arcilla y espinos:
nueve surcos de habas tendré allí, un panal para la miel,
y viviré solo en el arrullo de los zumbidos.
Y allí tendré algo de paz, porque la paz viene goteando con calma,
goteando desde los velos de la mañana hasta donde canta el grillo;
allí la medianoche es una luz tenue, y el mediodía un brillo escarlata
y el atardecer está lleno de alas de pájaro.
Me levantaré y me pondré en marcha, noche y día
oigo el agua del lago chapotear levemente contra la orilla.
Mientras me detengo en la carretera o en el asfalto gris
la oigo en lo más hondo del corazón.
y haré allí una choza de arcilla y espinos:
nueve surcos de habas tendré allí, un panal para la miel,
y viviré solo en el arrullo de los zumbidos.
Y allí tendré algo de paz, porque la paz viene goteando con calma,
goteando desde los velos de la mañana hasta donde canta el grillo;
allí la medianoche es una luz tenue, y el mediodía un brillo escarlata
y el atardecer está lleno de alas de pájaro.
Me levantaré y me pondré en marcha, noche y día
oigo el agua del lago chapotear levemente contra la orilla.
Mientras me detengo en la carretera o en el asfalto gris
la oigo en lo más hondo del corazón.
domingo, 9 de mayo de 2010
La muerte (por Riszard Kapuscinski)
Está aquí al lado
anda por aquí
no para de dar vueltas
siempre en movimiento
con su propia lista de direcciones
Tiene un corazón fuerte
no se queja del cansancio
no se deprime
no tiene tiempo para la hipocondria
un dechado de salud
Tiene una vista perfecta
no se puede contar con que no se dé cuenta
tiene una memoria formidable
no hay que esperar que puede que se olvide
es aplicada
se concentra
es muy precisa
la perfección desde todos los puntos de vista.
anda por aquí
no para de dar vueltas
siempre en movimiento
con su propia lista de direcciones
Tiene un corazón fuerte
no se queja del cansancio
no se deprime
no tiene tiempo para la hipocondria
un dechado de salud
Tiene una vista perfecta
no se puede contar con que no se dé cuenta
tiene una memoria formidable
no hay que esperar que puede que se olvide
es aplicada
se concentra
es muy precisa
la perfección desde todos los puntos de vista.
sábado, 8 de mayo de 2010
En vano nos agitamos y pasamos (por Fernando Pessoa)
Antes que nosotros
por las mismas arboledas
pasaba el viento,
cuando había viento,
y las hojas no se movían
de modo diferente al de hoy.
En vano nos agitamos y pasamos.
No hacemos más ruido en lo que existe
que las hojas de los árboles
o los pasos del viento.
Tratemos pues con abandono asiduo
de entregar nuestro esfuerzo a la Naturaleza
y no querer más vida
que la de los verdes árboles.
Inútilmente parecemos grandes.
Excepto nosotros, nada en el mundo
saluda nuestra grandeza ni sin querer nos sirve.
Si aquí, junto al mar, mi huella en la arena
el mar con tres olas la borra,
¿qué hará en la otra playa
donde el mar es el Tiempo?
por las mismas arboledas
pasaba el viento,
cuando había viento,
y las hojas no se movían
de modo diferente al de hoy.
En vano nos agitamos y pasamos.
No hacemos más ruido en lo que existe
que las hojas de los árboles
o los pasos del viento.
Tratemos pues con abandono asiduo
de entregar nuestro esfuerzo a la Naturaleza
y no querer más vida
que la de los verdes árboles.
Inútilmente parecemos grandes.
Excepto nosotros, nada en el mundo
saluda nuestra grandeza ni sin querer nos sirve.
Si aquí, junto al mar, mi huella en la arena
el mar con tres olas la borra,
¿qué hará en la otra playa
donde el mar es el Tiempo?
viernes, 7 de mayo de 2010
Rap del salmón (por José Emilio Pacheco)
Vuelvo a la poza en que nací
y tengo al mundo contra mí.
Navego oleajes, venzo tormentas.
Las que me esperan serán más cruentas.
Tantas feroces navegaciones
y yo no cuento: somos billones.
Qué esfuerzo inútil: cada minuto
pienso en la cuna, para mi luto.
Arde y me quema el agua salada
y la que es dulce me sabe helada.
Al remontarla a contracorriente
veo la ribera llena de gente.
Son mis verdugos, los pescadores.
Lanzan anzuelos torturadores.
Si no me atrapan hombres odiosos
caigo en las fauces de crueles osos.
Roto y exhausto, muy malherido,
llego a la poza que es meta y nido.
Sufro martirio y tribulaciones
para que existan otros salmones.
Cumplí mi sino: he multiplicado
la guerra inútil. Todo ha acabado.
No habrá odisea de vuelta al mar
pero otra vida va a comenzar.
Lo más terrible es que aún me toca
ser la comida que entra en tu boca.
y tengo al mundo contra mí.
Navego oleajes, venzo tormentas.
Las que me esperan serán más cruentas.
Tantas feroces navegaciones
y yo no cuento: somos billones.
Qué esfuerzo inútil: cada minuto
pienso en la cuna, para mi luto.
Arde y me quema el agua salada
y la que es dulce me sabe helada.
Al remontarla a contracorriente
veo la ribera llena de gente.
Son mis verdugos, los pescadores.
Lanzan anzuelos torturadores.
Si no me atrapan hombres odiosos
caigo en las fauces de crueles osos.
Roto y exhausto, muy malherido,
llego a la poza que es meta y nido.
Sufro martirio y tribulaciones
para que existan otros salmones.
Cumplí mi sino: he multiplicado
la guerra inútil. Todo ha acabado.
No habrá odisea de vuelta al mar
pero otra vida va a comenzar.
Lo más terrible es que aún me toca
ser la comida que entra en tu boca.
jueves, 6 de mayo de 2010
El suicida (por Jorge Luis Borges)
No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Así dije al Yeti (por Wislawa Szymborska)
Así, pues, esto es el Himalaya.
Montañas corriendo hacia la luna.
El instante del despegue detenido
en un cielo rasgado.
Un desierto de nubes lleno de agujeros.
Un golpe en la nada.
El eco: un mudo blanco.
Silencio.
Yeti, abajo es miércoles,
hay abecedario y pan,
dos y dos son cuatro,
y la nieve se funde.
Hay una manzana roja
partida en cuatro.
Yeti, entre nosotros
no sólo existe el crimen.
Yeti, no todas la palabras
condenan a muerte.
Heredamos la esperanza,
regalo del olvido.
Verás cómo entre ruinas
parimos niños.
Yeti, tenemos a Shakespeare.
Yeti, tocamos el violín.
Yeti, al anochecer
prendemos la luz.
Aquí, ni luna ni tierra,
y se congelan las lágrimas.
¡Oh, Yeti, casi hombre de la luna,
piénsalo y vuelve!
Así dije, a gritos, al Yeti
entre las cuatros paredes de avalanchas,
y para entrar en calor pateaba
en las nieves eternas.
Montañas corriendo hacia la luna.
El instante del despegue detenido
en un cielo rasgado.
Un desierto de nubes lleno de agujeros.
Un golpe en la nada.
El eco: un mudo blanco.
Silencio.
Yeti, abajo es miércoles,
hay abecedario y pan,
dos y dos son cuatro,
y la nieve se funde.
Hay una manzana roja
partida en cuatro.
Yeti, entre nosotros
no sólo existe el crimen.
Yeti, no todas la palabras
condenan a muerte.
Heredamos la esperanza,
regalo del olvido.
Verás cómo entre ruinas
parimos niños.
Yeti, tenemos a Shakespeare.
Yeti, tocamos el violín.
Yeti, al anochecer
prendemos la luz.
Aquí, ni luna ni tierra,
y se congelan las lágrimas.
¡Oh, Yeti, casi hombre de la luna,
piénsalo y vuelve!
Así dije, a gritos, al Yeti
entre las cuatros paredes de avalanchas,
y para entrar en calor pateaba
en las nieves eternas.
martes, 4 de mayo de 2010
El momento más grave (por César Vallejo)
Un hombre dijo:
El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne, cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne, cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
lunes, 3 de mayo de 2010
¿Dónde está lo que me falta? (por Sebastiana*)
Me ha gustado soñar mucho, de día, despierta y sin cerrar los ojos...
y es que no sueño de noche.
No pasa nada ahí cuando cierro los ojos.
Sueño tantas cosas sobre las cosas
que hago mal dicen
(así me dicen los desalmados)
cuando me pongo a llorar, apoyada en las rodillas
ya lejos de mis sueños,
ya lejos,
con la carita contra la realidad
(que siempre es contraria).
Las palabras no son cosas,
los sueños
¿qué son?
¿o no son acaso?
Y ¿qué es lo que es?
¿Qué es lo que asiste?
¿Sólo la mano que dice adiós?
¿Sólo la palabra Alma, ese nombre que le pongo a esa parte que me duele y no está en ninguna parte?
Y luego digo Vacío como dijiste Amor
y a ninguna de las dos las encuentro en esta colección de balazos...
¿Dónde está lo que me falta?
¿Y lo que tengo está?
Están estas dos piernas, esta espalda de tormentas, estos ojos que caen agudos sobre sus cuencas, dos brazos delgados, débiles sin duda.
Una cadera con fuerza,
unas manitas de niño... y mi pelo largo y enredado que no cambia con el tiempo.
Y si eso se va, se va conmigo.
Y lo que se fue, ¿estuvo acaso?
Si usted sabe debe decirlo,
no se haga el loco ni tenga piedad.
Si usted vive de decir cosas, habla tanto de tanto vacío, y vacío habla, vacías cosas.
Eso que calla no explica, nada explica...,
ni esta rabia que tiene forma,
forma de pez espada, dispuesto a atravesar trenes que descansan en sus rieles,
dispuesto a romper soles inflados y lunas de colores,
rabia que embiste toda su dulzura,
y retira el pez su espada, sin sangre en el cuchillo.
Mi pez de palabras miente
y no mata pues no existe.
A mí me mata soñarlo
porque sueño siempre de día.
(*) De tiempodelefantes.blogspot.com
y es que no sueño de noche.
No pasa nada ahí cuando cierro los ojos.
Sueño tantas cosas sobre las cosas
que hago mal dicen
(así me dicen los desalmados)
cuando me pongo a llorar, apoyada en las rodillas
ya lejos de mis sueños,
ya lejos,
con la carita contra la realidad
(que siempre es contraria).
Las palabras no son cosas,
los sueños
¿qué son?
¿o no son acaso?
Y ¿qué es lo que es?
¿Qué es lo que asiste?
¿Sólo la mano que dice adiós?
¿Sólo la palabra Alma, ese nombre que le pongo a esa parte que me duele y no está en ninguna parte?
Y luego digo Vacío como dijiste Amor
y a ninguna de las dos las encuentro en esta colección de balazos...
¿Dónde está lo que me falta?
¿Y lo que tengo está?
Están estas dos piernas, esta espalda de tormentas, estos ojos que caen agudos sobre sus cuencas, dos brazos delgados, débiles sin duda.
Una cadera con fuerza,
unas manitas de niño... y mi pelo largo y enredado que no cambia con el tiempo.
Y si eso se va, se va conmigo.
Y lo que se fue, ¿estuvo acaso?
Si usted sabe debe decirlo,
no se haga el loco ni tenga piedad.
Si usted vive de decir cosas, habla tanto de tanto vacío, y vacío habla, vacías cosas.
Eso que calla no explica, nada explica...,
ni esta rabia que tiene forma,
forma de pez espada, dispuesto a atravesar trenes que descansan en sus rieles,
dispuesto a romper soles inflados y lunas de colores,
rabia que embiste toda su dulzura,
y retira el pez su espada, sin sangre en el cuchillo.
Mi pez de palabras miente
y no mata pues no existe.
A mí me mata soñarlo
porque sueño siempre de día.
(*) De tiempodelefantes.blogspot.com
domingo, 2 de mayo de 2010
Invictus (por W. E. Henley)
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su abismo insondable,
doy gracias a los dioses, sean quienes sean,
por mi alma inconquistable.
Caído en las garras de las circunstancias
nadie me ha visto llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me halla, y me hallará, sin miedo.
No importa lo estrecho que sea el camino,
lo severa que sea la sentencia.
Soy el dueño de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
negra como su abismo insondable,
doy gracias a los dioses, sean quienes sean,
por mi alma inconquistable.
Caído en las garras de las circunstancias
nadie me ha visto llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me halla, y me hallará, sin miedo.
No importa lo estrecho que sea el camino,
lo severa que sea la sentencia.
Soy el dueño de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
sábado, 1 de mayo de 2010
Un duro paisaje de hueso (por García Lorca)
Me he perdido muchas veces por el mar
con el oído lleno de flores recién cortadas,
con la lengua llena de amor y de agonía.
Muchas veces me he perdido por el mar
como me pierdo en el corazón de algunos niños.
No hay noche que, al dar un beso,
no sienta la sonrisa de las gentes sin rostro
ni hay nadie que, al tocar un recién nacido,
olvide las inmóviles calaveras de caballo.
Porque las rosas buscan en la frente
un duro paisaje de hueso
y las manos del hombre no tienen más sentido
que imitar a las raíces bajo tierra.
Como me pierdo en el corazón de algunos niños
me he perdido muchas veces por el mar.
Ignorante del agua voy buscando
una muerte de luz que me consuma.
con el oído lleno de flores recién cortadas,
con la lengua llena de amor y de agonía.
Muchas veces me he perdido por el mar
como me pierdo en el corazón de algunos niños.
No hay noche que, al dar un beso,
no sienta la sonrisa de las gentes sin rostro
ni hay nadie que, al tocar un recién nacido,
olvide las inmóviles calaveras de caballo.
Porque las rosas buscan en la frente
un duro paisaje de hueso
y las manos del hombre no tienen más sentido
que imitar a las raíces bajo tierra.
Como me pierdo en el corazón de algunos niños
me he perdido muchas veces por el mar.
Ignorante del agua voy buscando
una muerte de luz que me consuma.
viernes, 30 de abril de 2010
Si nuestro amor resiste (por Saiz de Marco)
Si nuestro amor resiste
el asedio del cazo,
la agresión de la mopa,
el roce de eso ya lo habías dicho,
la erosión de me duele la espalda,
el acoso del tubo de dentífrico,
el envite de la tapa del váter,
el asalto de la factura del gas,
el desafío de la ropa tendida…,
si nuestro amor resiste todo eso,
si nuestro amor aguanta y sobrevive y
-aunque maltrecho- aún puede respirar,
entonces lo miraremos
sorprendidos,
extrañados,
y le diremos
“explícanos:
¿cómo has logrado tú solo
-con tus pequeños músculos desprovistos de acero-
imponerte a esa banda de
salteadores de caminos?”.
el asedio del cazo,
la agresión de la mopa,
el roce de eso ya lo habías dicho,
la erosión de me duele la espalda,
el acoso del tubo de dentífrico,
el envite de la tapa del váter,
el asalto de la factura del gas,
el desafío de la ropa tendida…,
si nuestro amor resiste todo eso,
si nuestro amor aguanta y sobrevive y
-aunque maltrecho- aún puede respirar,
entonces lo miraremos
sorprendidos,
extrañados,
y le diremos
“explícanos:
¿cómo has logrado tú solo
-con tus pequeños músculos desprovistos de acero-
imponerte a esa banda de
salteadores de caminos?”.
jueves, 29 de abril de 2010
Voy a soltarla (por Jacques Prévert)
Dónde vas carcelero
con esa llave manchada de sangre
Voy a liberar a la que amo
si aún queda tiempo
y a la que encerré
tiernamente cruelmente
en lo más secreto de mi deseo
en lo más hondo de mi tormento
en las mentiras del porvenir
en las necedades de los juramentos
Voy a soltarla
quiero que sea libre
incluso para olvidarme
incluso para irse
incluso para volver
y aun para amarme
o amar a otro
si le gusta otro
Y si me quedo solo
y ella se ha ido
guardaré solamente
guardaré siempre
en mis dos manos cruzadas
hasta el fin de mis días
la dulzura de sus senos modelados por el amor.
con esa llave manchada de sangre
Voy a liberar a la que amo
si aún queda tiempo
y a la que encerré
tiernamente cruelmente
en lo más secreto de mi deseo
en lo más hondo de mi tormento
en las mentiras del porvenir
en las necedades de los juramentos
Voy a soltarla
quiero que sea libre
incluso para olvidarme
incluso para irse
incluso para volver
y aun para amarme
o amar a otro
si le gusta otro
Y si me quedo solo
y ella se ha ido
guardaré solamente
guardaré siempre
en mis dos manos cruzadas
hasta el fin de mis días
la dulzura de sus senos modelados por el amor.
miércoles, 28 de abril de 2010
Reniega de la luz que nos falsea (por Juan Ramón Mansilla)
Deja en paz el día, no, no lo cojas.
Reniega de la luz que nos falsea,
del tiempo que se desprende la piel
reptando como sierpe contra el tiempo.
Sea la claridad de esta mañana
la irradiación oscura de la noche,
que descienda con la llovizna el recuerdo
como el polvo dorado de una sombra.
Si todo ha de cumplirse, si fugaz
el soplo de la brisa en el instante,
que el instante nos brinde permanencia.
Acaso un dios distinto se conduela
y en el dulce fulgor de la penumbra
otra noche nos dé de contrabando.
Reniega de la luz que nos falsea,
del tiempo que se desprende la piel
reptando como sierpe contra el tiempo.
Sea la claridad de esta mañana
la irradiación oscura de la noche,
que descienda con la llovizna el recuerdo
como el polvo dorado de una sombra.
Si todo ha de cumplirse, si fugaz
el soplo de la brisa en el instante,
que el instante nos brinde permanencia.
Acaso un dios distinto se conduela
y en el dulce fulgor de la penumbra
otra noche nos dé de contrabando.
martes, 27 de abril de 2010
Cuando el que amo camina conmigo (por Walt Whitman)
Pienso en la duda terrible de las apariencias,
En la incertidumbre en que nos hallamos, pienso que quizá
somos juguetes de una ilusión.
Que acaso la esperanza y la fe no son más que especulaciones,
que acaso la identidad de ultratumba sólo es una bella
fábula;
quizá las cosas que percibo, los animales, las plantas, los
hombres, las colinas, las aguas brillantes y corrientes,
los cielos del día y de la noche, los colores, las densidades, las formas,
quizá todas esas cosas no son (lo son seguramente) sino
apariciones, y nos falta por conocer aún lo verdaderamente real
(¡Cuántas veces estas cosas se desprenden de ellas mismas
como para confundirme y burlarme!
¡Cuántas veces pienso que yo ni hombre alguno sabemos
la menor palabra de ello!).
Pudiera ser que las cosas me parecieran lo que son (seguramente no son sino aparentes)
según mi criterio presente,
y que ellas no serían (seguramente resultaría así) tales como me
parecen ahora, quizá no serían nada consideradas con criterios enteramente distintos.
Sin embargo, para mí estas cuestiones y otras del mismo orden son curiosamente resueltas por los que me aman, mis amigos queridos.
Cuando el que amo camina conmigo o está sentado junto
a mí, oprimiendo largo rato mi mano con la suya,
cuando el aire sutil, lo impalpable, el sentido que las palabras y la razón no expresan, nos rodean y nos invaden,
entonces me siento poseído de una sabiduría inaudita e
indecible, permanezco silencioso, no pregunto nada.
No puedo resolver el problema de las apariencias ni el de
la identidad de ultratumba,
pero camino o me paro indiferente, me siento contento.
El que oprime mi mano me ha traído la paz y me ha llenado.
En la incertidumbre en que nos hallamos, pienso que quizá
somos juguetes de una ilusión.
Que acaso la esperanza y la fe no son más que especulaciones,
que acaso la identidad de ultratumba sólo es una bella
fábula;
quizá las cosas que percibo, los animales, las plantas, los
hombres, las colinas, las aguas brillantes y corrientes,
los cielos del día y de la noche, los colores, las densidades, las formas,
quizá todas esas cosas no son (lo son seguramente) sino
apariciones, y nos falta por conocer aún lo verdaderamente real
(¡Cuántas veces estas cosas se desprenden de ellas mismas
como para confundirme y burlarme!
¡Cuántas veces pienso que yo ni hombre alguno sabemos
la menor palabra de ello!).
Pudiera ser que las cosas me parecieran lo que son (seguramente no son sino aparentes)
según mi criterio presente,
y que ellas no serían (seguramente resultaría así) tales como me
parecen ahora, quizá no serían nada consideradas con criterios enteramente distintos.
Sin embargo, para mí estas cuestiones y otras del mismo orden son curiosamente resueltas por los que me aman, mis amigos queridos.
Cuando el que amo camina conmigo o está sentado junto
a mí, oprimiendo largo rato mi mano con la suya,
cuando el aire sutil, lo impalpable, el sentido que las palabras y la razón no expresan, nos rodean y nos invaden,
entonces me siento poseído de una sabiduría inaudita e
indecible, permanezco silencioso, no pregunto nada.
No puedo resolver el problema de las apariencias ni el de
la identidad de ultratumba,
pero camino o me paro indiferente, me siento contento.
El que oprime mi mano me ha traído la paz y me ha llenado.
lunes, 26 de abril de 2010
Y el mirlo canta (por Juan Ramón Jiménez)
Cuando el mirlo, en lo verde nuevo, un día
vuelve, y silba su amor, embriagado,
meciendo su inquietud en fresco de oro,
nos abre, negro, con su rojo pico,
carbón vivificado por su ascua,
un alma de valores armoniosos
mayor que todo nuestro ser.
No cabemos, por él, redondos, plenos,
en nuestra fantasía despertada.
(El sol, mayor que el sol,
inflama el mar real o imaginario,
que resplandece entre el azul frondor,
mayor que el mar, que el mar.)
Las alturas nos vuelcan sus últimos tesoros,
preferimos la tierra donde estamos,
un momento llegamos
en viento, en ola, en roca, en llama,
al imposible eterno de la vida.
La arquitectura etérea, delante,
con los cuatro elementos sorprendidos,
nos abre total, una,
a perspectivas inmanentes,
realidad solitaria de los sueños,
sus embelesadoras galerías.
La flor mejor se eleva a nuestra boca,
la nube es de mujer,
la fruta seno nos responde sensual.
Y el mirlo canta, huye por lo verde,
y sube, sale por lo verde, y silba,
recanta por lo verde venteante,
libre en la luz y la tersura,
torneado alegremente por el aire,
dueño completo de su placer doble;
entra, vibra silbando, ríe, habla,
canta... Y ensancha con su canto
la hora parada de la estación viva.
y nos hace la vida suficiente.
¡Eternidad, hora ensanchada,
paraíso de lustror único, abierto
a nosotros mayores, pensativos,
por un ser diminuto que se ensancha!
¡Primavera, absoluta primavera,
cuando el mirlo ejemplar, una mañana,
enloquece de amor entre lo verde!
vuelve, y silba su amor, embriagado,
meciendo su inquietud en fresco de oro,
nos abre, negro, con su rojo pico,
carbón vivificado por su ascua,
un alma de valores armoniosos
mayor que todo nuestro ser.
No cabemos, por él, redondos, plenos,
en nuestra fantasía despertada.
(El sol, mayor que el sol,
inflama el mar real o imaginario,
que resplandece entre el azul frondor,
mayor que el mar, que el mar.)
Las alturas nos vuelcan sus últimos tesoros,
preferimos la tierra donde estamos,
un momento llegamos
en viento, en ola, en roca, en llama,
al imposible eterno de la vida.
La arquitectura etérea, delante,
con los cuatro elementos sorprendidos,
nos abre total, una,
a perspectivas inmanentes,
realidad solitaria de los sueños,
sus embelesadoras galerías.
La flor mejor se eleva a nuestra boca,
la nube es de mujer,
la fruta seno nos responde sensual.
Y el mirlo canta, huye por lo verde,
y sube, sale por lo verde, y silba,
recanta por lo verde venteante,
libre en la luz y la tersura,
torneado alegremente por el aire,
dueño completo de su placer doble;
entra, vibra silbando, ríe, habla,
canta... Y ensancha con su canto
la hora parada de la estación viva.
y nos hace la vida suficiente.
¡Eternidad, hora ensanchada,
paraíso de lustror único, abierto
a nosotros mayores, pensativos,
por un ser diminuto que se ensancha!
¡Primavera, absoluta primavera,
cuando el mirlo ejemplar, una mañana,
enloquece de amor entre lo verde!
domingo, 25 de abril de 2010
Llévame en tu espiral (por Lorenzo Oliván)
Quisiera perseguir lo que persigues,
ver las curvas del aire desde dentro
-el alma de qué piel-,
tocarlas como a un cuerpo que se forma
delante de mis propias manos ávidas
y dar salida al insistente ritmo
de la vida que brota
en sucesión
sin fin.
¿Persiste en este mundo
el aliento primero, el de su origen?
¿La inicial ebriedad de las esferas
se mira ahora en ebriedad de alcohol,
y de música humana
y de tabaco?
Sensual constelación
del humo acariciándose,
abstraído de sí,
fundido en son de jazz,
sé tú mi órbita.
Llévame en tu espiral, envuélveme
en tu armonioso anillo, álzame al ala
intacta, en que adivine
una nueva versión del paraíso,
abierto a un acuciante desear,
donde el soplo de dios vibra en un saxo
y alguien busca
y encuentra
tu amor
serpiente.
ver las curvas del aire desde dentro
-el alma de qué piel-,
tocarlas como a un cuerpo que se forma
delante de mis propias manos ávidas
y dar salida al insistente ritmo
de la vida que brota
en sucesión
sin fin.
¿Persiste en este mundo
el aliento primero, el de su origen?
¿La inicial ebriedad de las esferas
se mira ahora en ebriedad de alcohol,
y de música humana
y de tabaco?
Sensual constelación
del humo acariciándose,
abstraído de sí,
fundido en son de jazz,
sé tú mi órbita.
Llévame en tu espiral, envuélveme
en tu armonioso anillo, álzame al ala
intacta, en que adivine
una nueva versión del paraíso,
abierto a un acuciante desear,
donde el soplo de dios vibra en un saxo
y alguien busca
y encuentra
tu amor
serpiente.
sábado, 24 de abril de 2010
Soy vertical (por Sylvia Plath)
Soy vertical.
Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con las raíces en la tierra
absorbiendo minerales y amor materno
para que cada marzo florezcan las hojas,
ni soy la belleza del jardín
de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración
ignorando que pronto perderá sus pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,
y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra.
Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores han derramado sus olores frescos.
Camino entre ellos, pero no se dan cuenta.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
me debo parecer a ellos a la perfección,
oscurecidos ya los pensamientos.
Para mí es más natural estar tendida.
Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
y así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces los árboles podrán tocarme por una vez,
y las flores tendrán tiempo para mí.
Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con las raíces en la tierra
absorbiendo minerales y amor materno
para que cada marzo florezcan las hojas,
ni soy la belleza del jardín
de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración
ignorando que pronto perderá sus pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,
y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra.
Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores han derramado sus olores frescos.
Camino entre ellos, pero no se dan cuenta.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
me debo parecer a ellos a la perfección,
oscurecidos ya los pensamientos.
Para mí es más natural estar tendida.
Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
y así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces los árboles podrán tocarme por una vez,
y las flores tendrán tiempo para mí.
viernes, 23 de abril de 2010
Campo de batalla (por Ángel González)
Hoy voy a describir el campo
de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir,
otros
hasta seguir viviendo todavía.
No hubo elección:
murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
los árboles nevaban lentos frutos;
era verano, invierno, todo un año
o más quizá, era la vida
entera
aquel enorme día de combate.
Por el Oeste el viento traía sangre,
por el Este la tierra era ceniza,
el Norte entero estaba
bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el Sur,
tan sólo
el Sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.
Pero el Sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el Sur era un inmenso precipicio,
un abismo sin fin de donde,
lentos,
los poderosos buitres ascendían.
Nadie escuchó la voz del capitán
porque tampoco el capitán hablaba.
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
"dale a mi novia esto si la encuentras
un día"
Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto,
agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.
Quietos, pegados a la dura
tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento
último,
sin oponerse ya,
sin rebeldía.
Algunos se murieron,
como dije,
y los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan
ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
"amigos, podéis iros, el combate..."
Entre tanto,
es verano otra vez,
y crece el trigo
en el que fue ancho campo de batalla.
de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir,
otros
hasta seguir viviendo todavía.
No hubo elección:
murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
los árboles nevaban lentos frutos;
era verano, invierno, todo un año
o más quizá, era la vida
entera
aquel enorme día de combate.
Por el Oeste el viento traía sangre,
por el Este la tierra era ceniza,
el Norte entero estaba
bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el Sur,
tan sólo
el Sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.
Pero el Sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el Sur era un inmenso precipicio,
un abismo sin fin de donde,
lentos,
los poderosos buitres ascendían.
Nadie escuchó la voz del capitán
porque tampoco el capitán hablaba.
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
"dale a mi novia esto si la encuentras
un día"
Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto,
agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.
Quietos, pegados a la dura
tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento
último,
sin oponerse ya,
sin rebeldía.
Algunos se murieron,
como dije,
y los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan
ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
"amigos, podéis iros, el combate..."
Entre tanto,
es verano otra vez,
y crece el trigo
en el que fue ancho campo de batalla.
jueves, 22 de abril de 2010
A las cosas del olvido (por Jorge Luis Borges)
Hay que arrimar una escalera para subir. Un tramo le falta.
¿Qué podemos buscar en el altillo
sino lo que amontona el desorden?
Hay olor a humedad.
El atardecer entra por la pieza de plancha.
Las vigas del cielo raso están cerca y el piso está vencido.
Nadie se atreve a poner el pie.
Hay un catre de tijera desvencijado.
Hay unas herramientas inútiles.
Está el sillón de ruedas del muerto.
Hay un pie de lámpara.
Hay una hamaca paraguaya con borlas, deshilachada.
Hay aparejos y papeles.
Hay una lámina del estado mayor de Aparicio Saravia.
Hay una vieja plancha a carbón.
Hay un reloj de tiempo detenido, con el péndulo roto.
Hay un marco desdorado, sin tela.
Hay un tablero de cartón y unas piezas descabaladas.
Hay un brasero de dos patas.
Hay una petaca de cuero.
Hay un ejemplar enmohecido del Libro de los Mártires de Foxe, en intrincada letra gótica.
Hay una fotografía que ya puede ser de cualquiera.
Hay una piel gastada que fue de tigre.
Hay una llave que ha perdido su puerta.
¿Qué podemos buscar en el altillo
sino lo que amontona el desorden?
Al olvido, a las cosas del olvido, acabo de erigir este monumento,
sin duda menos perdurable que el bronce y que se confunde con ellas.
miércoles, 21 de abril de 2010
Este domingo (por Tania Alegría)
Este domingo sabe a muerte antigua.
La tarde se extravió en el cementerio.
Desde un sepulcro una memoria artera
me hace señas con brazos de espantajo.
Este domingo huele a brujería.
En mi desván mental mora un diabillo
con síndrome servil de penitencia
que se alimenta de oración y amonio.
Este domingo suena a perro herido.
Lleva un puñal clavado en las costillas,
una guitarra afónica en el pecho,
un retazo de tango y un rencor.
Este domingo suda pesadumbre.
Voy de puntillas sorteando azares
por no borrar del patio de la infancia
una rayuela enferma de tristeza.
La tarde se extravió en el cementerio.
Desde un sepulcro una memoria artera
me hace señas con brazos de espantajo.
Este domingo huele a brujería.
En mi desván mental mora un diabillo
con síndrome servil de penitencia
que se alimenta de oración y amonio.
Este domingo suena a perro herido.
Lleva un puñal clavado en las costillas,
una guitarra afónica en el pecho,
un retazo de tango y un rencor.
Este domingo suda pesadumbre.
Voy de puntillas sorteando azares
por no borrar del patio de la infancia
una rayuela enferma de tristeza.
martes, 20 de abril de 2010
¿Valió la pena? (por Adam Zagajewski)
¿Valió la pena?
¿Valió la pena esperar en los consulados
un momento de buen humor de la funcionaria,
y en la estación esperar el tren retrasado,
ver el Etna con su capucha japonesa,
y París al alba, cuando de la oscuridad emergían
las convencionales cariátides de Hausmann,
entrar en restaurantes baratos,
donde el ajo olía triunfal?
¿Valió la pena ir en metro
bajo tierra de no sé ya qué ciudad
y observar las sombras de mis antepasados,
volar con un pequeño avión sobre un incendio,
o apenas respirar durante tres meses,
casi no existir, haciendo trémulas preguntas
olvidando la incomprensible acción de la clemencia,
leer en los periódicos sobre la traición, el asesinado?
¿Valió la pena pensar y recordar, sumirse
en el sueño más profundo, donde se prolongaban
grises pasillos, comprar negros libros,
anotar tan sólo imágenes sueltas
de un caleidoscopio más rico que la catedral
de Sevilla, que no he visto?
¿Valió la pena partir y volver, valió la pena?
Sí no sí no
No tachar nada.
¿Valió la pena esperar en los consulados
un momento de buen humor de la funcionaria,
y en la estación esperar el tren retrasado,
ver el Etna con su capucha japonesa,
y París al alba, cuando de la oscuridad emergían
las convencionales cariátides de Hausmann,
entrar en restaurantes baratos,
donde el ajo olía triunfal?
¿Valió la pena ir en metro
bajo tierra de no sé ya qué ciudad
y observar las sombras de mis antepasados,
volar con un pequeño avión sobre un incendio,
o apenas respirar durante tres meses,
casi no existir, haciendo trémulas preguntas
olvidando la incomprensible acción de la clemencia,
leer en los periódicos sobre la traición, el asesinado?
¿Valió la pena pensar y recordar, sumirse
en el sueño más profundo, donde se prolongaban
grises pasillos, comprar negros libros,
anotar tan sólo imágenes sueltas
de un caleidoscopio más rico que la catedral
de Sevilla, que no he visto?
¿Valió la pena partir y volver, valió la pena?
Sí no sí no
No tachar nada.
lunes, 19 de abril de 2010
La mirada del otro (por José Emilio Pacheco)
El pez en el acuario
mudo observa
el espacio que mide con su vuelo.
Del agua sólo sabe:
“esto es el mundo”.
De nosotros lo azoran los enigmas.
“¿Quiénes serán? Extraños prisioneros
de la Tierra y el aire.
Si vinieran aquí se asfixiarían.
“Los compadezco. Pobres animales
que dan vueltas eternas al vacío.
“Viven para ser vistos.
Son carnada
de un poderoso anzuelo inexplicable.
“Algún día
he de verlos inertes, boca arriba,
flotantes en la cima de su Nada”.
mudo observa
el espacio que mide con su vuelo.
Del agua sólo sabe:
“esto es el mundo”.
De nosotros lo azoran los enigmas.
“¿Quiénes serán? Extraños prisioneros
de la Tierra y el aire.
Si vinieran aquí se asfixiarían.
“Los compadezco. Pobres animales
que dan vueltas eternas al vacío.
“Viven para ser vistos.
Son carnada
de un poderoso anzuelo inexplicable.
“Algún día
he de verlos inertes, boca arriba,
flotantes en la cima de su Nada”.
domingo, 18 de abril de 2010
Adiós (por Luis Cernuda)
Muchachos
que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
adiós.
Que no seréis nunca compañeros de mi vida,
adiós. Mano de viejo mancha
el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Con solitaria dignidad el viejo debe
pasar de largo junto a la tentación tardía.
Qué dulce hubiera sido
en vuestra compañía vivir un tiempo:
Bañarse juntos en aguas de una playa caliente,
compartir bebida y alimento en una mesa,
sonreír, conversar, pasearse
mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.
Adiós, adiós, compañeros imposibles.
que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
adiós.
Que no seréis nunca compañeros de mi vida,
adiós. Mano de viejo mancha
el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Con solitaria dignidad el viejo debe
pasar de largo junto a la tentación tardía.
Qué dulce hubiera sido
en vuestra compañía vivir un tiempo:
Bañarse juntos en aguas de una playa caliente,
compartir bebida y alimento en una mesa,
sonreír, conversar, pasearse
mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.
Adiós, adiós, compañeros imposibles.
viernes, 16 de abril de 2010
Después de cada guerra (por Wislawa Szymborska)
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien ha de poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso tiene poco de fotogénico
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien ha de poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso tiene poco de fotogénico
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
jueves, 15 de abril de 2010
Cuento cuentos (por Déborah Vukusic)
cuento cuentos
me cuento cuentos a mí misma
cada noche
para recordarme la ilusión que perdí
los niños quieren que les lean el mismo cuento
una y otra vez
se lo apreden de memoria
y cuando los padres se equivocan
o se saltan algún párrafo
para conducirles más deprisa al sueño
protestan y piden que vuelvan atrás
así se cambian los papeles
y son los niños
quienes dicen a los padres
lo que deben hacer o decir
cuento cuentos
me cuento el mismo cuento cada noche
para decirle al futuro
cómo tiene que ser
me cuento cuentos a mí misma
cada noche
para recordarme la ilusión que perdí
los niños quieren que les lean el mismo cuento
una y otra vez
se lo apreden de memoria
y cuando los padres se equivocan
o se saltan algún párrafo
para conducirles más deprisa al sueño
protestan y piden que vuelvan atrás
así se cambian los papeles
y son los niños
quienes dicen a los padres
lo que deben hacer o decir
cuento cuentos
me cuento el mismo cuento cada noche
para decirle al futuro
cómo tiene que ser
miércoles, 14 de abril de 2010
Como un armario viejo (por Anise Koltz)
De cara a la muerte
mi padre evoca su pasado
Su corazón se abre
como un armario viejo
que cruje
Repentinamente
nos ahogamos
bajo una capa
de polvo espeso
mi padre evoca su pasado
Su corazón se abre
como un armario viejo
que cruje
Repentinamente
nos ahogamos
bajo una capa
de polvo espeso
martes, 13 de abril de 2010
El hombre de los globos (por Saiz de Marco)
Por la Calle Tristeza y aledaños cruza a veces
el hombre de los globos.
Y basta ver su manojo de globos para que
las calles muden de nombre:
a Calle del Sosiego
o de la Risa.
De vez en cuando el hombre de los globos
regala a quienes pasan
globos verdes
o naranjas
o rojos
o violetas...
Y de pronto sus caras se encienden
como la de un niño cuando va a la feria:
como ese niño grandullón que somos.
Con un nudo se los atan al brazo
y olvidan,
mientras tienen gas los globos,
el primitivo nombre de la calle.
(Oiga, señor, déme ese globo azul.
Sí, por favor: ¡ lo necesito tanto !)
Ojalá que al doblar aquella esquina
veamos venir al
hombre de los globos.
el hombre de los globos.
Y basta ver su manojo de globos para que
las calles muden de nombre:
a Calle del Sosiego
o de la Risa.
De vez en cuando el hombre de los globos
regala a quienes pasan
globos verdes
o naranjas
o rojos
o violetas...
Y de pronto sus caras se encienden
como la de un niño cuando va a la feria:
como ese niño grandullón que somos.
Con un nudo se los atan al brazo
y olvidan,
mientras tienen gas los globos,
el primitivo nombre de la calle.
(Oiga, señor, déme ese globo azul.
Sí, por favor: ¡ lo necesito tanto !)
Ojalá que al doblar aquella esquina
veamos venir al
hombre de los globos.
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