zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

Ver una entrada al azar

miércoles, 13 de octubre de 2010

Dactilografía (por Fernando Pessoa)

Trazo, solo, en mi cubículo de ingeniero, el plano,
firmo el proyecto, aislado aquí,
remoto hasta de quien yo soy.
Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
el tic-tac que estalla de las máquinas de escribir.
¡Qué nausea de vida!
¡Qué abyección esta regularidad!
¡Qué sueño este ser así!
Hace tiempo, cuando fui otro, eran castillos y caballeros
(ilustraciones, tal vez, de cualquier libro de la infancia).
Hace tiempo, cuando fui fiel a mi sueño,
eran grandes paisajes del Norte, explícitos de nieve,
eran grandes palmares del Sur, opulentos de verdes.
Hace tiempo.
Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
el tic-tac que estalla de las máquinas de escribir.
Todos tenemos dos vidas:
la verdadera, que es la que soñamos en la infancia,
y que continuamos soñando, adultos, en un substrato de niebla;
la falsa, que es la que vivimos en convivencia con otros,
que es la práctica, la útil,
aquélla en la que acaban por meternos en un cajón.
En la otra no hay cajones ni muertes,
sólo hay ilustraciones de la infancia:
grandes libros coloreados, para ver y no leer;
grandes páginas de colores para recordar más tarde.
En la otra somos nosotros,
en la otra vivimos;
en ésta morimos, que es lo que vivir significa;
en este momento, por la náusea, vivo en la otra…
Pero al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
alza la voz el tic-tac que estalla de las máquinas de escribir.

martes, 12 de octubre de 2010

Una brizna de hierba (por Walt Whitman)

Para mí, una brizna de hierba no vale menos que la
tarea diurna de los astros,
e igualmente perfecta es la hormiga, y así un grano de
arena y el huevo del jilguero;
y la rana arbórea es una obra maestra, digna de
egregias personas,
y la mora pudiera adornar los aposentos del cielo,
y en mi mano la articulación más menuda se ríe
de todas las máquinas,
y la vaca, rumiando con inclinada testuz, es más bella
que cualquier escultura;
y un ratón es un milagro capaz de asombrar a millones de
infieles.

lunes, 11 de octubre de 2010

Después de amarnos (por Juan Ramón Jiménez)

Cuando, después de amarnos, te coges el cabello
desordenado, ¡cómo son de hermosos tus brazos!
Como en un libro abierto, surge la letra negra
de tus axilas, fina, dulce sobre lo blanco.

Y en el gesto violento se te abren los pechos
y los pezones, tantas veces acariciados,
parecen, desde lejos, más oscuros, más grandes...
el sexo se te esconde, más pequeño y más blando...

¡Oh, qué desdoblamiento de cosas!
Luego, el traje
lo torna todo al paisaje cotidiano,
como una madriguera en donde se ocultaran,
lo mismo que culebras, pechos, muslos y brazos.

domingo, 10 de octubre de 2010

Generaciones (por Ana Pérez Cañamares)

Antes de morir, mi madre dijo mamá, ven
mientras me miraba sin verme;
yo dije mamá, quédate
abrazando su cuerpo diminuto
envuelto en pañales y olor a talco;
mi hija dijo mamá, no llores
y me acarició la cabeza consolándome.
Cuando mama murió, durante unos segundos
no tuvimos muy claros los lazos que nos unían
no supimos quién se había ido
y quién se había quedado
ni en qué momento de nuestras vidas
estábamos viviendo
o muriendo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Límite (por Sylvia Plath)

La mujer se ha perfeccionado.
Su cuerpo
muerto luce la sonrisa del acabamiento.
La ilusión de un anhelo griego
fluye por las volutas de su toga.
Sus pies
descalzos parecen decir:
Hasta aquí hemos llegado, se acabó.
Cada niño muerto, enroscado en sí,
una serpiente blanca, uno a cada lado de
su jarrita de leche, ya vacía.
Ella los ha plegado
de nuevo hacia su cuerpo, como se cierran
los pétalos de una rosa cuando el jardín
se despereza y los aromas sangran
de las dulces y profundas gargantas de la flor de la noche.
La luna no tiene por qué entristecerse.
Está acostumbrada a ver este tipo de cosas,
oculta bajo su capuchón de hueso,
arrastrando sus vestiduras negras y crepitantes.

viernes, 8 de octubre de 2010

Heráclito (por Jorge Luis Borges)

El segundo crepúsculo.
La noche que se ahonda en el sueño.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo.
La mañana que ha sido el alba.
El día que fue la mañana.
El día numeroso que será la tarde gastada.
El segundo crepúsculo.
Ese otro hábito del tiempo, la noche.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo.
El alba sigilosa y en el alba
la zozobra del griego.
¿Qué trama es ésta
del será, del es y del fue?
¿Qué río es éste por el cual corre el Ganges?
¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?
¿Qué río es éste
que arrastra mitologías y espadas?
Es inútil que duerma.
Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.
El río me arrebata y soy ese río.
De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.
Acaso el manantial está en mí.
Acaso de mi sombra surgen,
fatales e ilusorios, los días.

jueves, 7 de octubre de 2010

Qué hago aquí (por Saiz de Marco)

Qué hago aquí
escribiendo cosas que ya fueron escritas
contando cosas que ya fueron contadas
por gente más idónea
por gente más capaz
diciendo de otra forma lo que otros ya dijeron
en sánscrito
en latín
en chino
en árabe
a lo sumo cambiando
el orden
los lugares
las fechas
las palabras
pero no lo esencial
(lo esencial ya fue dicho)

Qué hago aquí
contando cosas que ya fueron contadas
escribiendo cosas que ya fueron escritas
por creadores sabidos o anónimos
en cuartillas
en papiros
en códices
en pergaminos
grabadas en piedra
de viva voz
recitadas
cantadas
repetidas
vueltas a repetir
versiones de versiones de lo mismo

Qué hago aquí
plagiando a autores que nunca he leído
(¿a quiénes estaré plagiando ahora?)

Qué hago aquí
si ya no queda nada que añadir
si todo lo decible ya fue dicho

Qué hago aquí
sin crear nada que antes no existiera
(pero ¿es factible?, ¿se puede acaso?)

Qué hago aquí
sin hacer nada nuevo

Qué hago aquí
repitiéndolo todo

miércoles, 6 de octubre de 2010

Oh, las cuatro paredes (por César Vallejo)

Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.
Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.
Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora!
Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.
Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre
.

martes, 5 de octubre de 2010

No me fío de la rosa (por Pedro Salinas)

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

lunes, 4 de octubre de 2010

Ya no (por Idea Vilariño)

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

domingo, 3 de octubre de 2010

Y una fuente se desagua (por Brian Patten)

Y a veces sucede que ustedes son amigos y luego
no lo son,
y la amistad ha terminado.
Y se pierden días enteros y entre ellos
una fuente se desagua sola.
Y a veces sucede que eres amado y luego
ya no te aman,
y el amor ha pasado.
Y se pierden días enteros y entre ellos
una fuente se desagua sola en la hierba.
Y a veces quieres hablar con ella y luego
no quieres hablar,
y la oportunidad ha pasado.
Tus sueños se inflaman, y de pronto se desvanecen.
Y también sucede que no hay lugar adonde ir,
y después hay un lugar adonde ir.
Y luego te has pasado de largo.
Y los años se inflaman y se van
más rápidos que un minuto.
Así que no tienes nada.
Te preguntas si esas cosas importan y luego
dejan de importar,
y la ansiedad ha pasado.
Y una fuente se desagua sola en la hierba.

sábado, 2 de octubre de 2010

Por los dolientes ecos (por Isabel Quiñones)

Llego con la cabeza de vigilia,
pura luz acosada, trashumante,
luz originaria, vegetal,
vengo con las manos adelgazadas
de nupcial vértigo de mayo,
del sueño lustral de la sed mordida,
de las constelaciones primeras.
Vengo del cristal más fijo de la tierra,
de la insumisión irreductible de la llama.
Traigo un torbellino de lenguas alzadas,
de cuerpos alzados y desnudos,
de buques de vuelo duro y fuerte,
traigo un idioma salvaje y oscuro,
un idioma acribillado en el labio
por los siglos de los siglos innumerables,
por los dolientes ecos de las generaciones,
por las miles de muertes muertas sin mí,
por los miles de ojos sangrando sin mí,
por las miles de sílabas
en las que arde mi nombre.


viernes, 1 de octubre de 2010

Siempre el tiempo (por Ricardo Dávila)

Estábamos tan bien ahí...
el árbol, el agua y nosotros tres.
Comíamos juntos toda la semana,
nos reíamos repartiendo disparates en la mesa.

A ellas las vi desde niño...
jugábamos a brincar en las camas y a escuchar detrás de las paredes.
El árbol hacía magias que nosotros descubríamos:
“Ya vimos la moneda, cayó detrás de la cama”.
Y el árbol se caía sobre sus ramas
mientras el agua dejaba su mirada en el paisaje.

Un día salí para mirar el cielo,
y cuando volví ya habían cambiado.
Pasaban horas frente al espejo,
hablando de cosas que yo no entendía.

Después llegaron dos hombres
que venían a conquistarlas.
Ellas llevaban el rostro diferente,
y aquellos jóvenes mostraban rostro de hombres afeitados.
Después las raíces dispersaron su semilla,
y otros fueron agregándose a la casa.
Hubo que volver a ser niño,
porque llegaban a la mesa
nuevas voces de infancia.
Así la casa tuvo un nuevo brillo,
y otra vez hubo risillas que brincaban en las camas.

Pero el tiempo, siempre el tiempo...
pasó la vida...
tuvimos que hacer un silencio prolongado,
para entender que no todo es para siempre...
quedamos solos,
abandonados de algo,
alejados de nuestro centro.
El árbol se quedó sin agua,
"muriendo de pie", como dicen.

La casa lleva meses callada.
Pero el árbol, lleno de silencios y memorias,
dice que a veces,
sólo a veces,
nos mira en ella,
escuchando detrás de las paredes.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Una flor desgarbada (por Williams Carlos Williams)

Una flor desgarbada
e impropia
del clima;
¿cómo es que ha
conseguido tenerme
aquí, boquiabierto,
inmóvil frente a esta ventana,
en medio del frío,
sin más
voluntad, sin ojos
para nada que no sean
sus torcidos
pétalos amarillos?

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Ábrete paso con ella (por Álvaro Mutis)

Cala tu miseria,
sondéala, conoce sus más escondidas cavernas.
Aceita los engranajes de tu miseria,
ponla en tu camino, ábrete paso con ella
y en cada puerta golpea
con los blancos cartílagos de tu miseria.
Compárala con la de otras gentes
y mide bien el asombro de sus diferencias,
la singular agudeza de sus bordes.
Ampárate en los suaves ángulos de tu miseria.
Ten presente a cada hora
que su materia es tu materia,
el único puerto del que conoces cada rada,
cada boya, cada señal desde la cálida tierra
donde llegas a reinar como Crusoe
entre la muchedumbre de sombras
que te rozan y con las que tropiezas
sin entender su propósito ni su costumbre.
Cultiva tu miseria,
hazla perdurable,
aliméntate de su savia,
envuélvete en el manto tejido con sus más secretos hilos.
Aprende a reconocerla entre todas,
no permitas que sea familiar a los otros
ni que la prolonguen abusivamente los tuyos.
Que te sea como agua bautismal
brotada de las grandes cloacas municipales,
como los arroyos que nacen en los mataderos.
Que se confunda con tus entrañas, tu miseria;
que contenga desde ahora los capítulos de tu muerte,
los elementos de tu más certero abandono.
Nunca dejes de lado tu miseria,
así descanses a su vera
como junto al blanco cuerpo
del que se ha retirado el deseo.
Ten siempre lista tu miseria,
y no permitas que se evada por distracción o engaño.
Aprende a reconocerla hasta en sus más breves signos:
el encogerse de las finas hojas del carbonero,
el abrirse de las flores con la primera frescura de la tarde,
la soledad de una jaula de circo varada en el lodo
del camino, el hollín en los arrabales,
el vaso de latón que mide la sopa en los cuarteles,
la ropa desordenada de los ciegos,
las campanillas que agotan su llamado
en el solar sembrado de eucaliptos,
el yodo de las navegaciones.
No mezcles tu miseria en los asuntos de cada día.
Aprende a guardarla para las horas de tu solaz
y teje con ella la verdadera,
la sola materia perdurable
de tu episodio sobre la tierra.

martes, 28 de septiembre de 2010

Y él tocaba su violín (por Charles Bukowsky)

Estaba en tribuna alta
al final
donde hacían sus estiramientos
después de salir de las curvas.
era un hombre pequeño
rosado, calvo, gordo
es sus sesenta.
estaba tocando violín
estaba tocando música clásica en
su violín
y los apostadores de caballos lo ignoraban.
Banker Agent ganó la primera carrera
y él tocaba su violín.
Can Fly ganó la tercera carrera y
él continuaba tocando su violín.
fui por un café y cuando regresé
seguía tocando, y aún seguía tocando
después de que Boomerang ganara la cuarta.
nadie lo paraba
nadie le preguntaba por lo que hacía
nadie aplaudía.
luego de que Pawee ganó la quinta
él continuó
la música cayendo por el borde de la
tribuna y más allá del
viento y el sol.
Stars and Stripes ganó la sexta
y él tocó algo más
y Staunch Hope se metió por el interior
para tomar la séptima
y el violinista tocaba de nuevo
y cuando Lucky Mike ganó 4 a 5 en la octava
él seguía haciendo música.
luego de que Dumpty’s Goddess tomara la última
y todos empezaran a caminar el largo y lento camino hacia sus coches
derrotados y en la ruina de nuevo
el violinista continuaba
mandando su música tras ellos
y me senté a escuchar
ambos estábamos solos allí y
cuando acabó aplaudí.
el violinista se paró
me miró y se inclinó.
luego puso su violín en la caja
se irguió y bajó por las gradas.
le dejé unos pocos minutos
y luego me paré
y empecé el largo y lento camino hacia mi coche.
estaba anocheciendo.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Digamos que ganaste (por Blanca Varela)

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Por una vez (por Saiz de Marco)

Por una vez la alegría
del perro jugando con la nieve
en esta mañana que amaneció blanca

Por una vez la alegría
así sin prenostalgias
sin sombras de antepérdida
sin alertas que avisen de su caducidad

Por una vez así
en el siempreahora
animalmente así
para nosotros también así por una vez
la alegría

sábado, 25 de septiembre de 2010

Tres fósforos (por Jacques Prévert)

Tres fósforos encendidos uno tras otro en la noche
el primero para ver tu cuerpo entero
el segundo para ver tus ojos
el tercero para ver tu boca
y la oscuridad para recordarlo todo
abrazándote

viernes, 24 de septiembre de 2010

Aguacero (por Aimé Césaire)

Aguacero
bello músico
al pie de un árbol desvestido
entre las armonías perdidas
cerca de nuestras desencuadernadas memorias
entre nuestras manos de derrota
y pueblos de extraña fuerza
dejamos colgar nuestros ojos
y naciente
desenrollando el cordón de un dolor
sollozamos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

¿Qué es lo que amamos? (por Djuna Barnes)

¡Ah, Dios mío, qué es lo que amamos!
¿Esta carne puesta en nosotros como un guante arrugado?
Huesos tomados deprisa de alguna lujuriosa cama,
y por ímpetu, el empujón del diablo.


Qué es lo que besamos con prisa,
¿esta boca que busca la nuestra, o aún más ese
pequeño ojo lastimoso en la engañada cabeza,
como si lamentara aquello que a nosotros nos falta?


¿Este pálido, este más que anhelante oído atento
que oye de la lastimosa boca la suave queja,
para marcar la silenciosa y la angustiada caída
de aún otra caliente y deformada lágrima?


Brazos cortos y magullados, pies muy separados
para caminar eternamente con nosotros desde la salida.
¿Ay, Dios, es ésta la razón que amamos,
no son tales cosas golpes mortales al corazón?

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ven y mécenos (por Fernando Pessoa)

Nuestra Señora
de las causas imposibles que buscamos en vano,
de los sueños que nos llegan al atardecer
por la ventana,
de los propósitos que nos acarician
y que nos duelen
porque sabemos que nunca seran realidad.

Ven y mécenos,
ven y acarícianos
besándonos silenciosamente en la frente,
tan levemente que no sepamos que nos besan,
salvo por una cierta alteración del alma.

Ven solemnisima,
solemnísima y plena.

martes, 21 de septiembre de 2010

Mi manera de amarte (por Antonio Gamoneda)

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos,
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Di, silencio (por José Saramago)

El de hoy no era un día de palabras,
de poemas intentados o discursos.
De los caminos, ninguno era el nuestro.
Para decirnos bastaba un acto sólo,
y ya que en las palabras no me salvo,
di, silencio, por mí lo que no puedo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Pero ya qué he de ser (por Eunice Odio)

Yo quisiera ser niña
para acoplar las nubes a distancia
(claudicadoras altas de la forma),
Para ir a la alegría por lo pequeño
y preguntar,
como quien no lo sabe,
el color de las hojas
¿Cómo era?
Para ignorar lo verde,
el verde mar,
La respuesta salobre del ocaso en retirada,
el tímido gotear de los luceros
en el muro vecino.
Ser niña
que cayera de pronto
dentro de un tren con ángeles,
que llegaban así, de vacaciones
a correr un poquito por las uvas,
o por nocturnos
fugados de otras noches
de geometrías más altas.
Pero ya, ¿qué he de ser?
Si me han nacido estos ojos tan grandes,
y esos rubios quereres de soslayo.
Cómo voy a ser ya
esa que quiero yo
niña de verdes,
niña vencida de contemplaciones,
cayendo de sí misma sonrosada,
… si me dolió muchísimo decir
para alcanzar de nuevo la palabra
que se iba,
escapada saeta de mi carne,
y me ha dolido mucho amar a trechos
impenitente y sola,
y hablar de cosas inacabadas,
tinas, cosas de niños,
de candor disimulado,
o de simples abejas,
enyugadas a rosarios tristes.
O estar llena de esos repentes
que me cambian el mundo a gran distancia.
Cómo voy a ser ya
niña en tumulto,
forma mudable y pura,
o simplemente, niña a la ligera,
divergente en colores
y apta para el adiós
a toda hora.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Laberinto hijo mío (por Blanca Varela)

porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver

viernes, 17 de septiembre de 2010

Me la tragué despacio (por Consuelo Tomas)

Yo había llegado tarde al reparto de los dorados dones
Alguien que tenía prisa
olvidó una carcajada que me movió su cola
Lástima me daba verla sin boca ni motivo
La recogí aquel día memorable con cuidado
de madre
me la tragué despacio como quien traga espuma

Desde entonces la risa me acompaña
me preserva del miedo a lo que se me esconde
de la vida sin abrazos
de sendero de ausencias adentro de mi pecho
y los cuchillos que clavan los formales

No me permite distraerme en el lamento
ni autoidolatrarme
Me mantiene alerta contra los infames
los que mintiendo humanidad destilan sombra
en jardines de hierro y fraude

La risa recoge para mí
las flores que no alcanzo
y me ayuda a entender
la eterna vacuidad de aquellos que no ríen
por temor a que una carcajada enorme
se los trague

jueves, 16 de septiembre de 2010

Y la tierra siguió en su silencio (por Jules Laforgue)

Como necio parásito de un planeta oscuro,
en la infinidad sonora de clamores eternos,
aquí, lugar cualquiera, he nacido y vivo,
y sólo es mi deseo que se sepa y se detenga todo.
Que por un grito perdido en la tormenta
los océanos callen de pronto el aullido de sus olas,
que por traer flores a mi tumbra
los soles en masa dejen su verbena.
¡Pobre corazón ingenuo! Rómpete, no eres nada.
Muchos otros murieron con ansias iguales
y la tierra siguió en su silencio.
Todo es duro, descorazonado, superior a ti.
Sufre, ama, espera siempre y baila
sin nunca exigir ese Porqué universal.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El mundo de los demás (por Miguel Hernández)

El mundo es como aparece
ante mis cinco sentidos,
y ante los tuyos que son
las orillas de los míos.
El mundo de los demás
no es el nuestro: no es el mismo.
Lecho de agua que soy,
tú, los dos, somos el río
donde cuando más profundo
se ve más despacio y límpido.
Imágenes de la vida:
a la vez que recibimos,
nos reciben entregadas
más unidamente a un ritmo.
Pero las cosas se forman
con nuestros propios delirios.
El aire tiene el tamaño
del corazón que respiro
y el sol es como la luz
con que yo le desafío.
Ciegos para los demás,
oscuros, siempre remisos,
miramos siempre hacia adentro,
vemos desde lo más íntimo.
Trabajo y amor me cuesta
conmigo así, ver contigo;
aparecer, como el agua
con la arena, siempre unidos.
Nadie me verá del todo
ni es nadie como lo miro.
Somos algo más que vemos,
algo menos que inquirimos.
Algún suceso de todos
pasa desapercibido.
Nadie nos ha visto. A nadie,
ciegos de ver, hemos visto.

martes, 14 de septiembre de 2010

Adolescente (por Wislawa Szymborska)

¿Yo, adolescente?
Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí extraña y lejana?

¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?

Hay tantas diferencias entre nosotras
que probablemente sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.

Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatura mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.

Nos unen, es cierto, familiares y conocidos,
pero casi todos están vivos en su mundo
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.

Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas...

Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.

Yo sé mucho más,
pero, a cambio, sin ninguna seguridad.

Me muestra unos poemas
escritos con una letra cuidada, clara,
que no tengo ya desde hace tiempo.

Leo y leo esos poemas.
A lo mejor este de aquí,
si lo acortáramos
y lo corrigiéramos en un par de lugares.
El resto no augura nada bueno.

La conversación no fluye.
En su pobre reloj
el tiempo es barato e impreciso.
En el mío mucho más caro y exacto.

Al despedirnos nada, una especie de sonrisa
y ninguna emoción.

Sólo cuando desaparece
y olvida con las prisas la bufanda.

Una bufanda de pura lana virgen,
a rayas de colores,
hecha a ganchillo
por nuestra madre para ella.

Todavía la conservo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Antes que nosotros (por Fernando Pessoa)

Antes que nosotros por las mismas arboledas
pasaba el viento, cuando había viento,
y las hojas no se movían
de modo diferente al de hoy.

En vano nos agitamos y pasamos.
No hacemos más ruido en lo que existe
que las hojas de los árboles
o los pasos del viento.

Tratemos pues con abandono asiduo
de entregar nuestro esfuerzo a la Naturaleza
y no querer más vida
que la de los verdes árboles.

Inútilmente parecemos grandes.
Excepto nosotros, nada en el mundo
saluda nuestra grandeza
ni sin querer nos sirve.

Si aquí, junto al mar, mi huella en la arena
el mar con tres olas la borra,
¿qué hará en la otra playa
donde el mar es el Tiempo?

domingo, 12 de septiembre de 2010

Como todos (por Saiz de Marco)

Como todos
ellos cruzaron por el sitio
donde las palabras tienen prohibido el tránsito
vedado el acceso
por el lugar donde habita todo eso que no puede ser dicho con los labios
que no puede escribirse en un papel

Como todos
ellos también pisaron el amplio espacio de lo impalabrable
la avenida de todo lo que no cabe en la parquedad de las palabras
(tan deficientes
tan defectuosas)
en la estrechura de los adjetivos
en la insignificancia de los verbos
en el espectro breve del lenguaje

Como todos
cruzaron esa zona
(aunque ahora estén vendiendo en un mercado
midiendo la presión de los neumáticos
o dando sepultura a algún cadáver)

Como todos
ellos han deambulado
han marchado también alguna vez
sobre el dintel de todos los idiomas
bajo el umbral de todos los hablares
por encima o debajo del Decir

Como todos
ellos también viajaron por los dominios de lo no lenguable
por el territorio de lo sin nombre
por la demarcación de lo indecible

Como todos
ellos también pasaron
ellos también cruzaron por ahí

sábado, 11 de septiembre de 2010

En el corazón del nacimiento (por Sam Hamill)

En el instante en que me pregunto
si la orquídea va a morir
ella florece
y no puedo explicar la emoción
en mi corazón, ni por qué tanto placer
proviene de ese pequeño capullo
en el extremo de un delgado tallo,
de esa pequeña flor
sanguínea roja dorada
abriéndose en el apogeo del verano
pequeña, perfecta en su plenitud.
Incluso para un poeta
de cabellos blancos y rostro curtido,
ella es en su pureza, erótica,
pistilo y estambre, polen,
rocío del mundo, una cucharada
de tierra y de agua.
Ella es erótica
porque en el corazón del nacimiento
la muerte afirma su existencia,
y el efecto dramático de los viejos prismas luminosos
del alba, allí en las húmedas ramas del cedro,
profundísimo misterio
mientras lavo la vajilla al atardecer
o bromeo con mi esposa,
quien a cada momento se vuelve más bella
simplemente porque uno de nosotros ha de morir.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Cada minuto (por Sarah Manguso)

¿Quién dice que es tan fácil salvar vidas?
En mitad de una entrevista de trabajo puede
que veas al gato desde la ventana en el piso diecisiete
cuando cruza la calle contra el tráfico,
cuando vas a responder una pregunta
acerca de tu peor rasgo de carácter
y mientes al decir que eres demasiado cuidadosa.
¿Y qué si sigues viendo al gato en todo momento y no puedes salvarlo?
El fracaso se parece más a esto que a duelos o maratones.
Todo se puede salvar, y no llegar a tiempo lo evita.
A cada minuto, respondes a la pregunta
y miras por la ventana de la iglesia para ver
a tu gran amor cegado por el resplandor, cruzando la calle, solo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Aún no sé qué cargos se me imputan (por Françoise Roy)

El tribunal tiene asientos de terciopelo rojo. Han invitado al juicio a todos mis conocidos, que serán llamados a atestiguar en mi contra. Me llaman, esposada y amordazada, a la barra de los acusados. Los cargos son recitados por el juez en alejandrinos polirrítmicos: 'Por los cisnes sedosos que acarician las cañas / con sus quillas de plumas a medio luminosas / una rosa de nieve deshoja ella infinita / cuyos pétalos forman círculos en las aguas'.

¿Qué será el cisne? ¿Serán mis últimas palabras como el 'padre, padre, ¿por qué me has abandonado?' ¿El don de profecía, el anunciador de fallecimientos? Pienso en la rosa de nieve, y en qué dádiva del invierno podría significar esa copa de pétalos en la blancura de un prado. El fiscal se da cuenta que no entendí nada y repite la misma acusación en endecasílabos: 'Para el cisne sedoso entre las cañas / con su quilla de plumas luminosas / deshoja sin cesar la rosa nívea / y turba con sus pétalos el agua'. Menos entiendo. Ahora el agua se turba como se arrugaría un espejo viejo: no sé si se trata del estanque que llevo dentro y donde un lapidador invisible arroja piedras. El rojo de la rosa, tal vez, es la tintura de cinabrio que pinta mi corazón (pobre, se ha hecho tan pálido, tal vez ni a rosado llegue).

El tiempo corre, gacela fantasmal en el sombrajo del monte. Aún no sé qué cargos se me imputan. El cisne nada en círculos en mi mente. Trae en el pico una rosa de hielo con escarcha en las espinas. Volteo hacia el jurado, buscando en la negra profundidad de los ojos que me acribillan una estrella de clemencia, una mínima estrella, una pupila de luz en la oscura bóveda. Veo una guillotina.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Octava elegía (por Rainer Mª Rilke)

Con todos los ojos ve la criatura
lo abierto. Pero nuestros ojos están
como al revés, y completamente en torno suyo
cercan como trampas, alrededor de su libre salida.
Sólo sabemos lo que hay fuera por la cara del animal,
pues ya desde el principio volteamos al niño
y lo forzamos a que vea de espaldas la creación,
no lo abierto, que en la mirada animal es tan profundo.
Libre de la muerte. Sólo nosotros la vemos;
el libre animal tiene su final siempre detrás
y delante de sí a Dios, y cuando anda, anda
en la eternidad, como andan las fuentes.
Nunca tenemos, ni siquiera un solo día, el espacio puro
delante de nosotros, donde las flores se abren
interminablemente. Siempre está el mundo,
y nunca ninguna parte sin no: la pura, la no vigilada,
la que uno respira e interminablemente conoce y no
anhela. De niño se pierde uno tranquilamente en ella
y nos despiertan a sacudidas. O alguien muere y ya.
Porque cerca de la muerte uno ya no ve a la muerte,
y mira fijamente hacia afuera, quizá con gran mirada
animal. Los amantes -si no estuviera el otro,
que obstruye la vista- se acercan y se asombran…
Como por equivocación, está abierto para ellos detrás
del otro… Pero ninguno avanza y el mundo se queda
de nuevo para él. Siempre vueltos hacia la creación,
vemos solamente sobre ella el reflejo de lo libre,
oscurecido por nosotros. O que un animal, mudo, alza
los ojos tranquilamente y ve al través y a través de nosotros.
Esto se llama destino. Estar enfrente y nada más que eso,
siempre enfrente.
Si existiera una conciencia como la nuestra en el seguro
animal que viene hacia nosotros en otra dirección,
nos volcaría con su paso. Pero su ser es para él
infinito, inasible, no tiene vista hacia su condición; es
puro, tal como su mirada abierta hacia delante. Y donde
nosotros vemos el futuro, ahí ve él el todo, y a sí mismo
en el todo, y salvado para siempre.

Y sin embargo hay en el vigilante, cálido animal
el peso y la inquietud de una gran melancolía.
Pues él también siempre lleva consigo lo que a nosotros
con frecuencia nos abruma, el recuerdo,
como si el sitio hacia donde corremos como impelidos
alguna vez hubiera estado más cerca, hubiese sido más
leal, su contacto infinitamente tierno. Aquí todo
es distancia, allá todo era aliento. Después
de su primer hogar el segundo es para él híbrido
y mudable. Oh, santidad de la criatura pequeña,
que permanece siempre en el vientre que la parió.
Oh, suerte del mosquito, que aun adentro retoza,
incluso en sus bodas: pues el vientre es todo.
Y mira, la media seguridad del pájaro que, desde
su origen, casi conoce ambas cosas, como si fuera un alma
de los etruscos, salida de un muerto, a quien
un espacio acogió, pero con la figura yacente como tapa.
Y qué perplejo está quien debe volar, y proviene
de un vientre. Como espantado de sí mismo, zigzaguea
en el aire, como cuando una grieta se abre en una taza.
Así cruza el rastro del murciélago la porcelana del anochecer.

Y nosotros: siempre espectadores, en todas partes,
¡vueltos hacia el todo, nunca hacia afuera! El todo
nos colma. Lo ordenamos. Se desintegra. Lo volvemos
a ordenar y nos desintegramos nosotros mismos.

¿Quién nos ha volteado así, que hagamos lo que hagamos
mantenemos la actitud de alguien que se va? Como quien,
desde la última colina, que le muestra una vez más todo
su valle, se vuelve, se detiene, permanece un momento,
así vivimos nosotros, y siempre nos estamos despidiendo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Nocturno (por Caballero Bonald)

Por las ventanas, por los ojos
de cerraduras y raíces,
por orificios y rendijas
y por debajo de las puertas,
entra la noche.
Entra la noche como un trueno
por los rompientes de la vida,
recorre salas de hospitales,
habitaciones de prostíbulos,
templos, alcobas, celdas, chozos,
y en los rincones de la boca
entra también la noche.
Entra la noche como un bulto
de mar vacío y de caverna,
se va esparciendo por los bordes
del alcohol y del insomnio,
lame las manos del enfermo
y el corazón de los cautivos,
y en la blancura de las páginas
entra también la noche.
Entra la noche como un vértigo
por la ciudad desprevenida,
rasga las sábanas más tristes,
repta detrás de los cobardes,
ciega la cal y los cuchillos
y en el fragor de las palabras
entra también la noche.
Entra la noche como un grito
por el silencio de los muros,
propaga espantos y vigilias,
late en lo hondo de las piedras,
abre los últimos boquetes
entre los cuerpos que se aman,
y en el papel emborronado
entra también la noche.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Pausa (por Octavio Paz)

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Ayer me porté mal (por Wislawa Szymborska)

Ayer me porté mal en el cosmos.
Viví todo el día sin preguntar por nada,
sin sorprenderme de nada.

Realicé acciones cotidianas,
como si fuera lo único que tenía que hacer.

Aspirar, espirar, un paso tras otro, obligaciones,
pero sin pensamientos que fueran más allá
de salir de casa y volver a casa.

El mundo podría ser tenido por un mundo loco
y yo lo tuve para mi propio y trivial uso.

Ningún cómo, ningún por qué,
o de dónde ha salido éste,
o para qué quiere tantos impacientes detalles.

Fui como un clavo superficialmente clavado a la pared,
o
(aquí una comparación que no se me ha ocurrido).

Uno tras otro se fueron sucediendo cambios
incluso en el limitado campo de un abrir y cerrar de ojos.

En la mesa más joven, con una mano un día más joven
había pan de ayer cortado de forma distinta.

Las nubes como nunca y la lluvia como nunca,
porque era con otras gotas que llovía.

La Tierra giraba sobre su eje
pero en un espacio abandonado para siempre.

Duró sus buenas 24 horas.
1.440 minutos de ocasiones.
86.400 segundos que mirar.

El cósmico savoir-vivre
aunque calla sobre nuestro asunto,
exige, sin embargo, algo de nosotros:
una cierta atención, un par de frases de Pascal
y una sorprendente participación en este juego
de reglas desconocidas.



sábado, 4 de septiembre de 2010

Ése es el momento (por Sáez de Ibarra)

Mirándose a los ojos en un espejo
sin desviarlos
durante ocho o diez minutos
-según los casos-
antes de que resulte aburrido, tonto o fastidioso
hay un instante
en que uno puede descubrir si es feliz.
Ése es el momento del cataclismo.
Luego
años más tarde
o un solo segundo después
podemos:
sostener la mirada
o
caer en el olvido.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Quién taladró mi sueño (por Federico Gª Lorca)

¡Me habéis dejado sobre una flor
de oscuros sollozos de agua!


El llanto que aprendí
se podrá viejecito
arrastrando su cola
de suspiros y lágrimas.


Sin brazos, ¿cómo empujo
la puerta de la Luz?
Sirvieron a otro niño
de remos en su barca.


Yo dormía tranquilo.
¿Quién taladró mi sueño?
Mi madre tiene ya
la cabellera blanca.


¡Me habéis dejado sobre una flor
de oscuros sollozos de agua!

jueves, 2 de septiembre de 2010

El bisonte (por Jorge Luis Borges)

Montañoso, abrumado, indescifrable,
rojo como la brasa que se apaga,
anda fornido y lento por la vaga
soledad de su páramo incansable.
El armado testuz levanta. En este
antiguo toro de durmiente ira,
veo a los hombres rojos del Oeste
y a los perdidos hombres de Altamira.
Luego pienso que ignora el tiempo humano,
cuyo espejo espectral es la memoria.
El tiempo no lo toca ni la historia
de su decurso, tan variable y vano.
Intemporal, innumerable, cero,
es el postrer bisonte y el primero.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Porque no abrigo esperanzas de volver (por T. S. Eliot)

Porque no abrigo esperanzas de volver otra vez
porque no abrigo esperanzas
porque no abrigo esperanzas de volver
ansiando el donde este hombre de este otro sus andanzas
no lucho por llegar hacia esas cosas
(¿Por qué no ha de abrir el halcón sus alas ya andrajosas?)
¿Por qué he de lamentar
el perdido poder del reino usual ?

Porque no abrigo esperanzas de conocer otra vez
la cierta hora de tan incierta gloria
porque no pienso así
y porque sé que no conoceré
la única veraz potencia transitoria
puesto que he de beber, ahí,
donde florecen los árboles y las vertientes fluyen,
porque otra vez no hay nada.
Porque yo sé que el tiempo es siempre tiempo
y que el lugar es siempre y solamente un lugar
y que lo que es actual lo es sólo en cierto tiempo
y para un solo lugar
me alegro que sean así las cosas
y renuncio a la vez
a la sagrada faz y también a la voz
entonces, como no me es posible pensar que he de volver
me regocijo al tener que construir algo que me proporcione regocijo

Y ruego a Dios que nos tenga misericordia
ruego que nos haga olvidar
estos asuntos que originan en mí tanta discordia
ya que los he discutido y me los he explicado demasiado
porque no abrigo esperanzas de volver otra vez
que estas palabras respondan
por lo que ya se ha hecho que no se hará otra vez
y que se nos juzgue con misericordia
porque con estas alas no es posible volar
son simples abanicos y para abanicar
un aire seco ya y muy reducido
más seco, más reducido que la voluntad
enséñanos a sentir y a prescindir,
danos tranquilidad.

Ora por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.
Ora por nosotros por ahora y en la hora de nuestra muerte.

martes, 31 de agosto de 2010

Dos cuerpos (por Octavio Paz)

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

lunes, 30 de agosto de 2010

Canción del emigrado (por Adam Zagajewski)

En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria, pero breve es
el tiempo concedido para admirar sus paredes y sus torres.
Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda
el gran aro del sol
ardiente, a través del cual, como en el circo,
salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas
contemplamos las obras de viejos maestros
y, sin asombro, en añejos cuadros vemos
nuestros propios rostros. Habíamos existido
antes, e incluso conocíamos el sufrimiento,
nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia
ortodoxa de París los últimos rusos blancos,
encanecidos, rezan a Dios, varios lustros
más joven que ellos y, como ellos,
impotente. En ciudades ajenas
permaneceremos como los árboles, como las piedras.

domingo, 29 de agosto de 2010

Torturas (por Wislawa Szymborska)

Nada ha cambiado.
El cuerpo es doloroso,
necesita comer, respirar y dormir,
tiene piel fina y, debajo, sangre,
tiene buenas reservas de dientes y de uñas,
huesos quebradizos, articulaciones dúctiles.
Para las torturas todo se tiene en cuenta.

Nada ha cambiado.
El cuerpo tiembla como temblaba
antes y después de la fundación de Roma,
en el siglo veinte antes y después de Cristo,
las torturas son como fueron, aunque la tierra ha menguado
y diríase que todo sucede a la vuelta de la esquina.

Nada ha cambiado.
Salvo el número de habitantes por metro cuadrado,
a las viejas culpas de suman nuevas,
reales, imputadas, momentáneas y nulas,
pero el grito del cuerpo que las avala
era, es y será un grito de inocencia
según el baremo y escala seculares.
Nada ha cambiado.
Quizás los modales, las ceremonias y las danzas,
pero el gesto de brazos protegiendo una cabeza
sigue siendo el mismo.
El cuerpo se retuerce, forcejea para liberarse,
cae postrado, dobla las rodillas,
lividece, se hincha, babea y sangra.

Nada ha cambiado.
Salvo el curso de los ríos,
la línea de los bosques, costas, desiertos y glaciares.
Por esos parajes el alma yerra,
desaparece, vuelve, se acerca y se aleja,
ajena a sí misma e inasequible,
ora segura, ora insegura de su existencia,
mientras el cuerpo es, es y sigue siendo,
y no tiene donde cobijarse.

Miren esto (por Charles Bukowsky)

una noche llegó piel y huesos a mi puerta, mojado apaleado
temeroso
era un gato blanco bizco rabón
lo dejé entrar lo alimenté fue uno más en la casa
desarrolló hacia mí cierta cariñosa confianza
hasta que un buen día un conocido,
estacionando en mi cochera
pasó con su auto por encima del gato blanco bizco rabón
de inmediato llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo:
“no hay mucho para hacer…dale estas pastillas… su espinazo
está aplastado, pero fue aplastado anteriormente y de algún modo
logró sanar, si sobrevive no volverá a caminar, mira
estas radiografías, le metieron un escopetazo,
mira estos puntos oscuros
son perdigones enquistados… además, alguna vez tuvo una cola
y alguien se la cortó…
me llevé el gato a casa, era un verano caliente, uno
de los más calientes en décadas, puse al gato en el piso del baño,
le serví agua, sus pastillas, no deseaba comer ni beber agua,
yo sumergía mi dedo en el agua, le humedecía la boca el hocico
y le hablaba, ese verano no fui a ningún lado, pasé muchos días
de ese verano en el baño hablándole, acariciándolo suavemente,
él me miraba con esos ojos que se le entrecruzaban
mientras tanto pasaban los días,
una tarde realizó su primer movimiento
arrastrándose con sus patas delanteras
(las traseras no querían moverse)
llegó hasta el rincón donde yo había preparado su cama
se arrastró un poco más y se dejo caer en ella,
fue para mí como el sonido de un clarín presagiando la victoria posible
aturdiendo el baño, desparramándose por la ciudad, yo
le conté entonces a ese gato que lo había pasado mal también, no tan mal,
pero bastante mal…
una mañana se irguió, se paró sobre sus patas, cayendo luego de espaldas,
me observaba mansamente.
“lo puedes hacer” le dije.
él insistió, se levantaba y volvía a caer, una y otra vez,
finalmente
caminó unos pocos pasos, era la viva imagen de un borracho
sus patas se negaban a obedecerle, cayó nuevamente, descansó
y nuevamente se levantó.
ustedes conocen el resto de la historia: está mejor que nunca,
bizco casi sin dientes, pero ha recuperado su gracia, y esa mirada
de sus ojos, pícara, no lo ha abandonado…
algunas veces me hacen entrevistas, ellos desean saber
de mi vida, de mi literatura,
yo me emborracho, alzo en brazos a mi gato
bizco, herido de bala, atropellado dos veces, rabón
y digo: “miren, miren esto!!!”
ellos no entienden nada, insisto, nada de nada, preguntan
algo por el estilo de: ” “reconoce usted influencias de Celine?”.
“no”, levanto mi gato, “por lo que sucede, con cosas
como ésta, como ésta !!!”.
sacudo a mi gato, lo llevo
hacia la luz brumosa por el humo y el alcohol, está relajado, él sabe…
este es el momento en que la entrevista finaliza
a veces me siento orgulloso cuando miro las fotografías
ahí estoy yo, ahí está mi gato, hemos sido
retratados juntos
él también comprende que son estupideces, pero que de alguna manera te ayudan.

sábado, 28 de agosto de 2010

Te regalaré un abismo (por Roberto Bolaño)

Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás,
y ese no será
el final feliz,
pero sí un instante de vacío y de felicidad
Y tal vez entonces te acuerdes de mí,
aunque no mucho.

viernes, 27 de agosto de 2010

El dolor nos agarra (por César Vallejo)

Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tanta cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar...
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más).
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardido!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

jueves, 26 de agosto de 2010

La mosca juzga a miss Universo (por José Emilio Pacheco)

Qué repugnantes los humanos.
Qué maldición
tener que compartir el aire nuestro con ellos.

Y lo más repulsivo es su fealdad.
Miren a ésta.
La consideran hermosísima.
Para nosotras es horrible.
Sus piernas no se curvan ni se erizan de vello.
Su vientre no es inmenso ni está abombado.

Su boca es una raya: no posee
nuestras protuberancias extensibles.
Parecen despreciables esos ojillos
en vez de nuestros ojos que lo ven todo.

Asco y dolor nos dan los indefensos.
Si hubiera Dios no existirían los humanos.
Viven tan sólo para hostilizarnos
con su odio impotente.

Pero los compadezco: no tienen alas
y por eso se arrastran en el infierno.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Ella me amaba (por Edgar Lee Masters)

Ella me amaba. ¡Oh, cómo me amaba!
No logré nunca esquivarla
desde el día en que me vio por vez primera.
Pero después, cuando nos casamos, pensé
que podría demostrar su mortalidad y dejarme libre,
o que podría divorciarse de mí.
Pero pocas mueren, ninguna renuncia.
Entonces me escapé y anduve un año de parranda.
Sin embargo nunca se lamentó. Decía que todo saldría
bien, que yo volvería. Y volví.
Le dije que mientras remaba en un bote
había sido capturado cerca de la calle Van Buren
por piratas del lago Michigan,
y atado con cadenas, así que no pude escribirle.
¡Ella lloró y me besó, y dijo que eso era cruel,
ultrajante, inhumano!
Comprendí entonces que nuestro matrimonio
era un designio divino
y no podría ser disuelto
sino por la muerte.
Tuve razón.

lunes, 23 de agosto de 2010

Así he vivido (por Luis Rosales)

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

domingo, 22 de agosto de 2010

A nosotros también nos llamó el mar (por Saiz de Marco)

En la playa se fue haciendo de noche, pero el mar me pedía seguir dentro.

Hasta entonces no había reparado en ésos que a mi lado flotaban: Los pálpitos, las ilusiones, los destellos fugaces de alegría… También la decepción, los desengaños, todo cuanto perdí por el camino…

Allí estaban, flotando junto a mí.

Extendí mis brazos para abarcarlos. Removí unos con otros y les dije:

“No sabía que vivierais aquí, ni que fuerais amigos unos de otros”.

“No vivimos aquí” -me contestaron. “Hemos salido al mecer de las olas: a nosotros también nos llamó el mar. En realidad estábamos en ti, y ahora tenemos ya que volver dentro”.

“Ya entiendo” -añadí entonces. “Sois yo”.

Asintieron. Y uno a uno fueron entrando, regresando al lugar donde me viven.

viernes, 20 de agosto de 2010

Y no nos dimos cuenta (por Vicente Huidobro)

Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de
tinieblas
En su trono de águila herida de infinito

jueves, 19 de agosto de 2010

De noche (por José Emilio Pacheco)

De noche los ratones poseen
tus orgullosas propiedades privadas
Los mosquitos lancean el cuerpo que amas
Las cucarachas burlan tus medidas higiénicas
Malos sueños afrentan tu respetabilidad
Bajan los gatos a orinar tu soberbia

miércoles, 18 de agosto de 2010

Y una sonrisa (por Fernando Pessoa)

Iba yo por la calle pensando impreciso,
triste a mi manera.
Cruzó un muchacho, me miró, y una sonrisa
le iluminó todo el rostro.
Bien sé, bien sé, que sonreirá así
a otro cualquiera.
Pero entonces sonrió así para mí…
¿Qué más puedo querer?
No soy en esta vida ni yo ni nadie,
voy sin ser ni plazo...
Que al menos en la calle me sonría alguien
aunque sea por azar.

martes, 17 de agosto de 2010

Ellos los pájaros (por Lawrence Ferlinghetti)

Esta noche
el mar está en calma
en las playas de Dover
En el crepúsculo creciente
los pájaros
gritan
en su llanto
las sílabas
de alguna palabra
deconstruida
que nosotros
aún no logramos descifrar
que explique
nuestra existencia
Y ellos los pájaros
elevándose
cargan en sus alas
la luz última
y vuelan con ella
sobre el horizonte
guardando
el secreto

lunes, 16 de agosto de 2010

Sintigo en mi destierro (por Carlos Edmundo de Ory)

Estar contigo es un vocablo insólito
y el día que se rompa en pedacitos
el enorme silencio del olvido
será un eco anacrónico en mis noches

Alejanado de tu hechura a tientas
repitiendo sintigo en mi destierro
ya no cultivaré la corteza uniforme
de una estrella en la punta de mis dedos

Eres tan espantosamente joven
que estar contigo es un regalo loco

domingo, 15 de agosto de 2010

Has llegado a tu casa (por Luis Rosales)

has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

sábado, 14 de agosto de 2010

Testamento (por Georges Brassens)

Estaré triste como un sauce
cuando el Dios que me sigue por todas partes
me diga, la mano en el hombro
“Vete a ver si estoy allá arriba”.
Entonces, del cielo y de la tierra
será necesario hacer mi duelo.
¿Está aún de pie la encina
o el pino de mi ataúd?

Si hay que ir hasta el cementerio
tomaré el camino más largo
haré novillos el dia de mi funeral
dejaré la vida a empujones
Tanto peor si los enterradores me regañan
tanto peor si me creen loco de atar
Quiero partir para el otro mundo
tomando el camino más largo.

Antes de ir a hacer requiebros
a las bellas almas de las condenadas
sueño aún con un amorcito
sueño aún con liarme con unas faldas
decir aún una vez “te quiero”
perder aún una vez el norte
deshojando el crisantemo
que es la margarita de los muertos.

Dios quiera que mi viuda se duela
al enterrar a su compañero
y que para hacer que vierta lágrimas
no hagan falta cebollas.

Que ella tome en segundas nupcias
un esposo de mi aspecto
él podrá aprovechar mis botas
mis pantuflas y mis trajes.

Que beba mi vino, que ame a mi mujer
que fume mi pipa y mi tabaco
pero que nunca –por mi alma-
nunca azote a mis gatos
aunque yo no tengo un átomo
una sombra de maldad
si azota a mis gatos, habrá un fantasma
que vendrá a perseguirlo.

Aquí yace una hoja muerta
aquí acaba mi testamento.
Han escrito encima de mi puerta
“Cerrado por defunción”.
He dejado la vida sin rencor
no me dolerán más las muelas
Aquí estoy en la fosa común
en la fosa común del tiempo.

viernes, 13 de agosto de 2010

Sin saber qué perdía (por Saiz de Marco)

Trenes en que no subí
(vosotros decíais “sube” pero no os hice caso).
Estaciones en que no bajé
(vosotras decíais “baja” pero seguí en mi asiento).

“Tren estacionado en vía 8 va a efectuar su salida”
“Próxima estación con parada…”

A pesar de que erais trenes apetecibles,
de largo recorrido,
con destinos curiosos.
A pesar de que erais estaciones bonitas,
alegres, soleadas,
justo al lado de un pueblo.

Y yo sin saber,
trenes,
adónde conducíais.
Sin saber,
estaciones,
lo que me reservabais.
Sin saber qué perdía,
qué abandonaba
allí.

Estaciones de paso,
trenes que ya partisteis
(todos aquellos nombres que oí por megafonía):
espero que no estéis enfadados conmigo.
Si de nuevo cruzáis por mi vida o raíles,
quizá esta vez
os tome.

jueves, 12 de agosto de 2010

Hay un pozo (por Carlos Marzal)

Por más que aburras esa melodía
monótona y brumosa de la vida diaria,
y que te amansa;
por más lobo sin dientes que te creas;
por más sabiduría y experiencia y paz de espíritu;
por más orden con que hayas decorado las paredes,
por más edad que la edad te haya dado,
por muchas otras vidas que los libros te alcancen,
y añade lo que quieras a esta lista,
hay un pozo salvaje al fondo de ti mismo,
un lugar que es tan tuyo como tu propia muerte.
Es de piedra y de noche, y de fuego y de lágrimas.
En sus aguas dudosas
reposa desde siempre lo que no está dormido,
un remoto lugar donde se fraguan
las abominaciones y los sueños,
la traición y los crímenes.
Es el pozo de lo que eres capaz
y en él duermen reptiles, y un fulgor
y una profunda espera.
Es tu rostro también, y tú eres ese pozo.

Ya sé que lo sabías. Por lo tanto,
acepta, brinda y bebe.



miércoles, 11 de agosto de 2010

Todos han muerto (por César Vallejo)

Todos han muerto.
Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo.
Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: "Buenos días, José! Buenos días, María!"
Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ocho días de la madre.
Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer.
Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina.
Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién.
Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia.
Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados por un género triste de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos.
Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de que el sol se fuese.
Murió mi eternidad y estoy velándola.

martes, 10 de agosto de 2010

Transustanciación (por Vicente Huidobro)

Yo estoy ausente, pero en el fondo de esta ausencia
hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
la espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
ando de viaje dando un poco de mi vida
a cierto árboles y ciertas piedras
que me han esperado muchos años

Se cansaron de esperarme y se sentaron

Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco, el atroz equívoco

Angustioso, lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas

Me estoy haciendo árbol. Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas…
Es doloroso y lleno de ternura

Podría dar un grito pero se espantaría la transustanciación
Hay que aguardar en silencio. Esperar en silencio

lunes, 9 de agosto de 2010

Todavía no se cae (por Julio Cortázar)

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris,
aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf
y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío.
Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana;
se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados,
va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae.
Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse
y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga;
ya es una gotaza que cuelga majestuosa,
y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco
y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto,
sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha
en esa nada del caer y aniquilarse.
Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

domingo, 8 de agosto de 2010

Es la hora del plomo (por Emily Dickinson)

Después de un gran dolor, uno se hace formal.
Los nervios se apoltronan, como tumbas.
El corazón ya tieso se pregunta
si fue él quien lo pudo soportar,
si fue ayer o hace siglos.
Los pies, igual a autómatas, recorren
en el suelo, en el aire, en el vacío
un sendero del bosque
que ha nacido al descuido.
Resignación de cuarzo, como piedra.
Es la hora del plomo.
Si se la sobrevive, es recordada
como quien soportó nieves glaciales,
frío -al principio-, luego aturdimiento,
después dejarse ir.

sábado, 7 de agosto de 2010

El cuento es muy sencillo (por Mario Benedetti)

El cuento es muy sencillo
usted nace en su tiempo
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
y el temerario insecto
que será pisoteado
por su zapato nuevo.

Usted sufre de veras
reclama por comida
y por deber ajeno
o acaso por rutina
llora limpio de culpas
benditas o malditas
hasta que llega el sueño
y lo descalifica.

Usted se transfigura
ama casi hasta el colmo
logra sentirse eterno
de tanto y tanto asombro
pero las esperanzas
no llegan al otoño
y el corazón profeta
se convierte en escombros.

Usted por fin aprende
y usa lo aprendido
para saber que el mundo
es como un laberinto
en sus momentos claves
infierno o paraíso
amor o desamparo
y siempre, siempre un lío.

Usted madura y busca
las señas del presente
los ritos del pasado
y hasta el futuro en ciernes
quizá se ha vuelto sabio
irremediablemente
y cuando nada falta
entonces usted muere.

El cuento es muy sencillo.

viernes, 6 de agosto de 2010

Las cercas de tu patio (por Tania Alegría)

A veces te despiertas y es como si murieses de espanto y de extrañeza
al vislumbrar el día, discernir sus escollos,
evaluar cuántos pasos te alejan de la noche.

Árido suelo espera la impronta de tu mano
y no hay más que un puñado de arcilla para erguir
la colosal muralla que encierra tus silencios.

Tan sola que tu sombra no cruzará contigo el gres de los umbrales,
tan muda que las voces no encontrarán el rumbo que lleva hacia tus tímpanos,
construirás, obstinada, las cercas de tu patio.

Y nada llegará incólume al crepúsculo.

Vendrá la luna clara a alumbrar los despojos
mientras de tu mirada los pájaros emigran.

Mañana volverás, sin otros argumentos
más que tu mano obrera y un puñado de arcilla,
a construir los muros que encierran tus silencios.

jueves, 5 de agosto de 2010

Perdonad, tengo prisa (por Gloria Fuertes)

Todo el pasado se quiere apoderar de mí
y yo me quiero apoderar del futuro,
me dislocan la cabeza para que mire atrás
y yo quiero mirar adelante.


No me asustan la soledad y el silencio,
son los lugares preferidos de Dios
para manifestarse.


Mi eterna gratitud a los que me quieren,
siempre les recordaré a la hora del sol.


No puedo detenerme,
perdonad, tengo prisa,
soy un río de fuerza, si me detengo
moriré ahogada en mi propio remanso.


miércoles, 4 de agosto de 2010

Sólo encontré una verdad y la he perdido (por Francisco Umbral)

Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú.
Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido.
Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad.
Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre.
Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día.
Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia,
como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos,
una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago
solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse.
Si no, haría ese gesto y nada más.

martes, 3 de agosto de 2010

Existe para que te pueda odiar (por Fernando Pessoa)

Dios personal, dios gente de los que creen,
¡existe para que te pueda odiar!
Quiero alguien a quien poder
lanzar la maldición de mi vida que morí,
y no sólo al vacío de la noche muda
que no me oye.

lunes, 2 de agosto de 2010

Todo llega tarde (por Jack Kerouac)

La Luz llega tarde

porque


sucede después de que te has dado cuenta
Tú no ves la luz
hasta que la sensación de ver la luz
es registrada en la Percepción


La Percepción notifica a la Discriminación,
etc., lo Consciente

Hasta entonces no había luz
de modo que la luz llega tarde

La oscuridad llega tarde
Tú no concibes la oscuridad
hasta que tuviste la luz tarde
cuando entendiste la diferencia
Entre polos iguales brillantes
con ideas arbitrarias
acerca de que algo es de esta manera
o de aquélla, morando en esta morada,
negando en esa morada
Shock igual, positivo, eléctrico,
espiral, dacoit, torre,
aceite, todo llega tarde

domingo, 1 de agosto de 2010

Qué va a quedar de mí (por José Emilio Pacheco)

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

sábado, 31 de julio de 2010

Una mujer corría (por Ángela Figuera Aymerich)

Una mujer corría.
Jadeaba y corría.
Tropezaba y corría.
Con un miedo macizo debajo de las cejas
y un niño entre los brazos.

Corría por la tierra que olía a recién muerto.
Corría por el aire con sabor a trilita.
Corría por los hombres erizados de encono.

Miraba a todos lados.
Quería detenerse.
Sentarse en un ribazo con su hijo menudo.
Sentarse en un ribazo y amamantar en paz.

Pero no hallaba sitio.
No encontraba reposo.
No lograba la pausa sosegada y segura
que las madres precisan.
Ese viento apacible que jamás se interpone
entre el pecho y el labio.

Buscaba cerca y lejos.
Buscaba por las calles,
por los jardines y bajo los tejados,
en los atrios de las iglesias,
por los caminos desnudos y carreteras arboladas.
Buscaba un rincón sin espantos,
un lugar aseado para colocar una cuna.

Y corría y corría.
Dio la vuelta a la tierra.
Buscando.
Huyendo.
Y no encontraba sitio.
Y seguía corriendo.

Y el niño sollozaba débilmente.
Crecía débilmente
colgado de su carne fatigada.

viernes, 30 de julio de 2010

Sólo tu recuerdo (por Vladimira Pund)

Deja que me cobije bajo tu sonrisa de plumas blancas
ooooooh! formol de lo único mío
caronte de mi infancia ahogada.

Deja que descanse cansada de explotar
en el único paraíso que he conocido.

Sólo tu recuerdo bombea mi esperanza
y empuja el tapón del vacío.

jueves, 29 de julio de 2010

Poemas tristes (por Saiz de Marco)

Todos los que escriben poemas tristes
yo por ejemplo
como si la vida no les gustara,
como si sólo hallaran melancolía y tristeza…
mienten
mentimos.
En realidad disfrutan
disfrutamos
con escribir:
de la vida gozamos escribiendo.
Otra clase de disfrute.
De modo que no son somos
tan sufridores:
no se puede escribir si no se vive.
Por lo que sí celebramos
estar vivos.
Con lo que nadie debe tomar en serio
los quebrantos duelos
de esos farsantes.

miércoles, 28 de julio de 2010

Más feliz que todos (por Lawrence Ferlinghetti)

podría decir que quizás ella era más feliz
que todos
esa vieja solitaria del chal
en el tren de vagones naranja
con el pequeño pájaro manso
en su pañuelo
al que le canturreaba
todo el tiempo
mia mascotta
mia mascotta
y ni uno de los excursionistas de domingo
con sus botellas y sus canastas
le ponía atención
y el vagón
chirriaba a través de los maizales
tan lentamente que
las mariposas
entraban y salían

martes, 27 de julio de 2010

A punto de perforarse (por Gottfried Benn)

Todo está pulcro y preparado para el corte.
Los cuchillos humean. El abdomen marcado.
Bajo paños blancos hay algo que gime.
“Doctor, todo está listo.”
La primera incisión. Como si el pan se rebanara.
“¡Pinzas!” Algo púrpura brota.
Más profundo. Los músculos: húmedos, brillantes, frescos.
¿Hay un ramo de rosas sobre la mesa?
¿Es pus lo que salta?
¿Habrán cortado el intestino?
“Doctor, si se para contra la luz,
ni el diablo puede ver el diafragma.
Anestesia, no puedo operar,
el hombre se va de paseo con su estómago.”
Silencio, pesado, húmedo. En el vacío
tintinea una tijera en el suelo.
Y la enfermera angelical
ofrece algodones esterilizados.
“¡No puedo encontrar nada en esta porquería!”
“La sangre se oscurece. ¡Quíteme la mascarilla!”
“Pero —Dios del cielo— querido,
¡apriete esos talones!”
Todo deforme. ¡Por fin: aquí está!
“¡El hierro candente, enfermera!” Un siseo.
Por esta vez tuviste suerte, hijo mío.
La cosa estaba a punto de perforarse.
“¿Ve usted la pequeña mancha verde?
Tres horas y el estómago se llenaba de mierda.”
Vientre cerrado, piel cosida. “¡Esparadrapos, acá!
Buenos días señores.”
La sala se vacía.

Furiosa, castañea y rechina con las mejillas.
La muerte se escurre a la barraca de los cancerosos.

lunes, 26 de julio de 2010

¿Has pensado en la paciencia? (por Antonio Gamoneda)

Siéntate en medio de las ruinas, siéntate con dulzura en el medio o al borde de las ruinas.


Son nuestra única propiedad y yo comienzo a distinguir algunas
semillas y láudano y ciertos coágulos obedientes al
ejercicio de la luz.



De esta pasión, de los proverbios posteriores a tu vértigo, del
animal que llora y su piedad está sobre nosotros,


tú deducirías lacre y lo pondrías en mis ojos, o quizá limaduras
de níquel y otras materias aborrecibles.


Sin embargo tú amabas la suntuosidad de las banderas en el azul,
encima de las bodegas.


¿Sabes qué es el olvido? ¿Qué has encontrado tú en la reserva del
olvido?


Todas las enseñanzas se extinguieron como carburo en el fondo de
galerías inacabadas;


todas las enseñanzas menos la palpitación del bosque y algunas
huellas sobre mi carne.


El río desciende aún y yo no siento ahora sino el olor del agua.


Tus hijos y mis hijas se sumergen en el río y los que no
olvidaron no se acercan nunca porque serían recibidos y
quizá entrasen en nuestros cuerpos y morirían.


¿Has pensado en la paciencia, has pensado en la paciencia
semejante a ónice, en la paciencia excavando tumbas en el
sonido, abandonando telas inicuas a los vientos que
llegarán, que llegarán como cada vez después de las
expulsiones?


La ciudad no está limpia, pero en los ejidos hay irritación y el
cornezuelo y el centeno cohabitan y crece un alimento que
será comido por nuestros hijos.

domingo, 25 de julio de 2010

Sin saber por qué (por Carlos Edmundo de Ory)

He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste más triste que un tintero
Triste no soy o si lo soy no sé
la maldita razón porque no quiero

He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste en las calles de mi raza
He vuelto a estar más triste que un quinqué
más triste que una taza

Estoy sentado ahora en un café
y mi alma late late
de sed de no sé qué
tal vez de chocolate

No quiero esta tristeza medular
que nos da un golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y basta de pensar
El cerebro está oscuro cuando arde.

sábado, 24 de julio de 2010

Dejadme ya con ellos (por Emilio Coco)

Dejadme ya con ellos, con mis muertos.
Con tía Franca y su tímida sonrisa
dentro del marco oval de oro falso,
que se angustia las veces que no acudo
a la cita habitual de cada sábado.
Debajo está tía Gina que ha llegado
en enero de este año a mi despecho,
sin avisarme se marchó en el día
del bautismo de Alessio. No debías
hacerme esta injusticia. Te he llorado
encerrado en mi cuarto en Espinardo
mientras comían paella con mariscos
y brindaban con cava catalán.
Un poco más arriba están mis padres,
él con trinchera y el cabello espeso,
ella con traje negro, demacrada.
Finalmente, lindando con el techo,
reunidos todos en el mismo nicho,
la madre y dos hermanos de las tías,
el abuelo Michele que leía,
para pasar el tiempo, la Gaceta
mascando caramelos que compraba
con el diario en el bar de calle Roma.
Para ti hemos guardado el mejor sitio,
a la vista de todos, en el centro.
Faltan sólo la lápida y la foto.

viernes, 23 de julio de 2010

Al fondo del río y de mí (por José Saramago)

Del ovillo enmarañado de la memoria, de la
oscuridad, de los nudos ciegos, tiro de un hilo
que me aparece suelto.
Lo libero poco a poco, con miedo de que se
deshaga entre mis dedos.
Es un hilo largo, verde y azul, con olor a cieno,
y tiene la blandura caliente del lodo vivo.
Es un río.
Me corre entre las manos, ahora mojadas.
Toda el agua me pasa por entre las palmas
abiertas, y de pronto no sé si las aguas nacen
de mí o hacia mí fluyen.
Sigo tirando, no ya sólo memoria, sino el propio
cuerpo del río.
Sobre mi piel navegan barcos, y soy también los
barcos y el cielo que los cubre y los altos
chopos que lentamente se deslizan sobre la
película luminosa de los ojos.
Nadan peces en mi sangre y oscilan entre dos aguas
como las llamadas imprecisas de la memoria.
Siento la fuerza de los brazos y la vara que los
prolonga.
Al fondo del río y de mí, baja como un lento
y firme latir del corazón.
Ahora el cielo está más cerca y cambió de color.
Y todo él es verde y sonoro porque de rama en
rama despierta el canto de las aves.
Y cuando en un ancho espacio el barco se detiene,
mi cuerpo desnudo brilla bajo el sol, entre el
esplendor mayor que enciende la superficie de
las aguas.
Allí se funden en una sola verdad los recuerdos
confusos de la memoria y el bulto súbitamente
anunciado del futuro.
Un ave sin nombre baja de no sé dónde y va a
posarse callada sobre la proa rigurosa del barco.
Inmóvil, espero que toda el agua se bañe de azul
y que las aves digan en las ramas por qué son
altos los chopos y rumorosas sus hojas.
Entonces, cuerpo de barco y de río en la dimensión
del hombre, sigo adelante hasta el dorado
remanso que las espadas verticales circundan.
Allí, tres palmos enterraré mi vara hasta la piedra
viva.
Habrá un gran silencio primordial cuando las
manos se junten con las manos.
Después lo sabré todo.

jueves, 22 de julio de 2010

En ese difuso estamos presentes (por Eduardo Anguita)

Debajo del agua encima de la tierra
En los bosques para el tacto en el fuego
Sobre o entre el cielo transformado en el peor ahogo
Bajo las miradas asfixiantes de los seres
Entre las hojas siempre verdes listas a escuchar
En medio de las sombras los cuerpos de la luz
En el mundo o el sueño
El hombre roba lo que puede a la verdad

Muy náufrago soy pero no ceso en mi trabajo
De poner calor al frío agua a la aspereza
Mi trabajo es verdaderamente inmoral
Hasta el momento de morir nadie descansa
Equilibrando contrapesando queriendo saber
Con nuestro orgullo que quiere tomar parte en la naturaleza
Con nuestros vestidos contra la desnudez
Nuestras palabras contra el silencio
Nuestra población contra la soledad
Nuestro andar contra la vejez
Sólo logramos creer en algo difuso
Porque en ese difuso estamos presentes
Pero con nuestro saber sólo logramos
Robar algo a la verdad
Equilibrar todo negar el desorden verdadero

(Sin duda, es lamentable nuestro afán impurificador. El astrónomo, el físico, el paleontólogo son los peores canallas Dormid, señores: dejad nuestra admirable confusión natural en donde deben moverse las plantas con su calor primitivo, interceptarse los astros sin clasificación y las flores romper el paso por nuestra sien: Hombres que aman la mugre de un falso conocimiento; sólo logran ensuciar con su aliento lo que podrían contemplar frente a frente, en el éxtasis, o en el sueño, que son buenos medios de contacto).

las abejas en su catre de bronce
los gallos inventando juegos sobre el mármol
los gobiernos intranquilos la revolución como moscas
a los cristales de la sordera no llames
volemos entre las ampolletas qué campanadas más tontas
róbale a la verdad róbale una cinta

El hombre nace en el movimiento
Todo equilibrio toda detención
Irrealizan el mundo en su pura impureza
El cielo que cubre todas estas cosas
Estas pequeñas luchas trascendentes
Podría decir

'No llevándote nada de mí
llevas mi mayor parte'
Pero en vez del cielo hablamos nosotros
Y en vez de la hormiga salada -para nuestra desgracia-
La sal detiene los alimentos.




miércoles, 21 de julio de 2010

El disfraz que vestí estaba equivocado (por Fernando Pessoa)

Y hoy no hay mendigo a quien no envidie
sólo por no ser yo.
Le miro a cada uno los andrajos y las llagas
y la mentira,
y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases,
ni amases ni creyeses
(porque es posible hacer la realidad de todo eso
sin hacer nada de eso):
tal vez hayas existido apenas, como un lagarto
a quien cortan la cola
y que es cola hacia aquí del lagarto revolviéndose.
Hice de mí lo que supe,
y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí estaba equivocado,
me tomaron luego por quien no era y no lo
desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
estaba pegada a la cara.
Cuando la tiré y me vi en el espejo,
ya había envejecido, estaba ebrio, ya no
sabía vestir el disfraz que no había tirado.

martes, 20 de julio de 2010

Padre no ha leído nunca a Joyce (por Jorge Espina)

Padre no ha leído nunca a Joyce
ni a Flannery O`Connor.
Padre no ha leído nunca a Carver.
Padre trabajaba de sol a sol
como una bestia de carga.
A padre no le gusta Beethoven.
Sufre de los hombros.
No le gustan Mozart, Telemann o Mahler.
No soporta el dolor de espalda.
Padre trae el pan a casa
y no tiene tiempo para mariconadas.
Padre no distingue el Art nouveau del Dadaísmo
y no conoce el pensamiento
de Kierkegaard o de Engels.
Cuando el cielo está nublado
a padre le aplasta el peso de su sombra.
Cuarenta años
para comprender y admirar a padre,
A mi padre
que trabajaba de sol a sol.
Mucho leer
para no saber nada.

lunes, 19 de julio de 2010

Danza vieja (por Carlos Edmundo de Ory)

El mundo es viejo danza vieja
y el fiero pecador de alma y cabellos
puro entiende la noche
Todas las aves cantan
secretas en la antigua lejanía

Flores blancas y rojas
Separado del hombre el amor
Las celestes columnas
como un sublime aroma
como un tesoro purifican
la enconada mejilla

La rama oscila solitaria
Remos áureos magníficos
furtivos frutos son las nubes

Desde años hace no conozco nada
fuera del mundo huellas deposito
sin dejar rastro nuevas
embisten las guadañas

Y me limito herido por el ocio
a hundir mis miembros
en el espacio y en la llama.

domingo, 18 de julio de 2010

Ha quedado de ti sólo el suspiro (por Emilio Coco)

Ha quedado de ti sólo el suspiro.
Un inmenso suspiro tenebroso
que te destroza el pecho hasta la ingle.
En la nariz el tubo del oxígeno
y la bolsa de hielo en la cabeza.
Ya no salen las gotas del goteo,
con fiebre de cuarenta ya dos días,
el cuerpo frío, las uñas moradas.
Se agarra fuerte a ti la miserable,
exhibiendo su rictus victorioso
en el silencio incrédulo del cuarto.

sábado, 17 de julio de 2010

Todo el tiempo nos dueles (por Saiz de Marco)

Todo el tiempo nos dueles
memoria

Dueles al evocar la alegría del ayer
perdido
irregresable

Dueles al recordar el dolor ya pasado
que tú desolvidas
y desde sus escombros lo rehaces

Por qué
di
te quedas aquí siempre

Por qué permaneces en nosotros
tan anclada en el mar de nosotros

Por qué
di
te quedas todo el tiempo
si todo el tiempo nos dueles
memoria

viernes, 16 de julio de 2010

A qué este vano empeño (por José Luis García Martín)

¿A qué grabar un nombre en las paredes,
manchar con torpes trazos la blancura
deslumbrante, impoluta, de la nada?
¿A qué este vano empeño de ir dejando señales,
de escribir en la arena, a resguardo del viento,
las triviales miserias que conforman tu vida?
Sobre las tercas líneas que dibujan un rostro
ha de pasar la mano piadosa de los años
borrando letras, sílabas, palabras sin sentido.
El papel en que escribes volverá a estar en blanco.
¿Y habrá dicha mayor que no haber sido?

jueves, 15 de julio de 2010

Estaba de pie frente a mí en lo alto (por Zbigniew Herbert)

No puedo recordar
su rostro
estaba de pie frente a mí en lo alto
al final de sus largas piernas separadas
veía
su cadenita de oro
su gris levita
y su flaco cuello
al que estaba prendida
una inerte corbata

fue el primero que nos enseñó
el anca de una rana muerta
que pinchada con un alfiler
violentamente se contrae

él nos introdujo
a través de un microscopio dorado
en la vida íntima
de nuestro bisabuelo
el paramecio

trajo un oscuro grano
y dijo: cornezuelo

instigado por él
en el décimo año de mi vida
fui padre
cuando tras una tensa espera

de una castaña sumergida en el agua
apareció un brote amarillo
y todo estalló en canto
alrededor

en el segundo año de la guerra
mataron al de ciencias
los malandrines de la historia

si es que fue al cielo

quizá camine ahora
sobre largos rayos
vestidos con grises medias
con una enorme red
y una caja verde
alegremente bamboleándose a su espalda

pero si no se fue allá arriba

cuando en el sendero del bosque
encuentro un escarabajo encaramándose
a una pelotilla de arena
me acerco
me cuadro
y digo:
-buenos días señor profesor
permítame ayudarle

lo transporto delicadamente
y me quedo mirando un rato
hasta que desaparece
en la oscura sala de profesores
al final del corredor de hojas

miércoles, 14 de julio de 2010

Partíamos del fin (por Agustín Fernández Mallo)

desconocías el Principio de Mínima Acción por el cual la luz (todo en general) busca el camino más rápido para viajar entre dos puntos. Circunvalamos la ciudad contradiciéndolo cuanto pudimos. Partíamos del fin; en realidad no nos movimos. Pasamos por delante de unas excavaciones (fibra óptica, cableado, comunicaciones Siglo21), e hice una broma acerca de aquella mujer y aquel hombre que encontraron abrazados en la excavación de Pompeya. La escena salía en Viaje a Italia, los descubrieron mientras filmaban. Ingrid Bergman también entonces se había echado a llorar. Partir de un recuerdo equivale a partir del fin, los recuerdos se construyen para el último día aunque nos engañe su gen de pasado. En realidad no nos movimos. Me invitaste a un Lucky (frase entre tus dedos), y en esa cinética apariencia encontramos el exceso, la belleza para alcanzar lo que al llegar al fin nos convirtió en algo más que una frase para el fin, algo más que un isótopo, un punto de luz que no desapareció porque nunca partió. El camino infinito de verdad más corto.

martes, 13 de julio de 2010

Cada mañana (por Salvador Espriu)

Cada mañana contemplo
dos pies de vencido dentro
de zapatos que ríen.

Si lo tengo cerca, la ropa
sobre los débiles hombros
refleja mi rostro.

¡Qué dolor de heridas
de piel y de carne viva,
tanto tiempo! Sin venganza
ni sentido ya, escucho
el paso y la fatiga
de un plebeyo en derrota.

El año entero utilizamos plumas
de velocísimos escribientes.
Cuando llega el verano, penetran,
por el balcón, moscardones.
En invierno, más tristeza
y cielos de frío. Y siempre
gime, escupe, tose.

Rehuso amarlo,
pese a los vuelos de ángel.
Pero le dejo dinero,
a un interés muy módico,
para el calzado que precisa
el poco camino que le queda.

Vamos con paso lento hacia las sombras (por Juan Martínez)

Más lejanos de las estrellas
y más cercanos del ojo,
vamos con paso lento hacia las sombras,
un constante caldero de esencias impuras reverbera al oído;
el aleteo sombrío de lo inmortal
aturde los anhelos,
pero los polvos eternos se rescatan del canto entre la bruma
y la distancia que surgen bajo el sueño;
después el pájaro suelta un canto
sobre un hacinamiento de palabras,
y la esperanza surge
como una flor profética
renovando el aroma salobre de la tierra.
He aquí el momento amargo entre el nacer
y el morir, entre medir el tiempo antiguo
y calcular el futuro
en la velocidad de las inmensidades cósmicas,
y con la resultante procrear la hiel
a la silvestre rosa,
con su simiente
de consabida devoción.