lunes, 30 de noviembre de 2015
Sectores defectuosos (por Theodore Roethke)
La dilatada ruta de salida del yo
tiene muchos rodeos, sectores defectuosos aún sin asfaltar,
donde el auto resbala por el ripio,
y las ruedas de atrás quedan casi colgando en el vacío,
ante el desvío súbito que obliga a hacer la curva.
Mejor estar atento, precaverse de piedras y derrumbes.
El arroyo que corre en medio de la ruta, las lomas
carcomidas por el viento, las quebradas,
los torrentes crecidos en verano por las riadas
que bajan hacia el angosto valle.
Los juncos aplastados por el viento y la lluvia,
que el largo invierno agrisa, y que al fin del verano
se queman hasta el tallo.
O la ruta se estrecha,
y sube viboreando hacia el riacho con sus filosas piedras,
las tierras altas donde crecen alisos y abedules,
a través del pantano que parece vivir por sus arenas movedizas,
y un abeto caído impide finalmente continuar,
cae la oscuridad sobre los matorrales
y en las cañadas se adivina el miedo.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Esta corona de luz (por Horacio Zabaljáuregui)
Esa noche sacamos las sillas a la vereda.
Como todas las noches.
La respiración calcinada.
Los cascarudos hacen pogo bajo los faroles.
Cientos.
Las familias en auto
salen a dar una vuelta:
el saludo desganado, desde la puerta
mascullado apenas el nombre del paseante.
Días de bochorno y seca.
Las gallinas con los picos abiertos y el ojo de miel,
desencajado.
El viento norte levanta polvo radioactivo.
No se apura el resto de cerveza;
queda tibia en el fondo del vaso.
Sacamos las sillas a la vereda
pero no hay fresca.
Habrá tormenta,
será inolvidable:
“Santa Bárbara, bendita
que en el cielo estás escrita “
se persigna mi tía.
Súbitas sierpes de luz
en la bóveda de la noche:
galerías de refucilos
estampados
sobrenaturales
en el recuerdo.
El agua no llega
y la sequía raspa el aire inmóvil.
Que no llegue por ahora;
que se resquebraje el cielo,
fulminado.
Que se astille en un laberinto de relámpagos
(La iglesia, está a la vuelta, tiene pararrayos.)
Los truenos rezagados
empiezan a templar el parche por el oeste.
Yo sabía que primero era la luz
y después, la garganta tonante del cielo.
De pronto un relámpago
dibuja mi sombra contra la pared.
Mis tías invocan a Dios
y entran las sillas.
“Dios se agarró flor de tranca”, pienso,
pero no lo digo:
susceptibles, si los hay,
los creyentes.
“No voy a entrar”, digo
fascinado;
voy a ver para encofrar
esta corona de luz,
virulenta
que a mano alzada
labra Santa Bárbara.
Líneas en la entraña oscura
del verano,
lo que queda
en la red del sueño.
Al fin de la noche,
los desfiladeros de la lluvia,
su piadoso manto,
animarán
la fiesta de las ranas.
sábado, 28 de noviembre de 2015
La puerta (por Charles Tomlinson)
Muy poco
se ha dicho
de la puerta, una de
sus hojas vuelta hacia el aguacero
de la noche, y la otra
hacia el temblor y el brillo de la lumbre.
El aire, encerrado
tras esta cubierta
en el libro del cuarto,
se llena con las páginas
sucesivas de oscuridad y fuego
mientras el viento empuja los paneles o revuelve la llama.
No solo
el rompeolas
de la tormenta, sino la repentina
frontera de nuestros encuentros, apariciones,
y dueña de tanto espacio
como la vista a través de un dolmen.
Pues las puertas
son a la vez marco y monumento
al tiempo consumido,
y muy poco
se ha dicho
de nuestras idas y venidas a través de ellas.
se ha dicho
de la puerta, una de
sus hojas vuelta hacia el aguacero
de la noche, y la otra
hacia el temblor y el brillo de la lumbre.
El aire, encerrado
tras esta cubierta
en el libro del cuarto,
se llena con las páginas
sucesivas de oscuridad y fuego
mientras el viento empuja los paneles o revuelve la llama.
No solo
el rompeolas
de la tormenta, sino la repentina
frontera de nuestros encuentros, apariciones,
y dueña de tanto espacio
como la vista a través de un dolmen.
Pues las puertas
son a la vez marco y monumento
al tiempo consumido,
y muy poco
se ha dicho
de nuestras idas y venidas a través de ellas.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Podría ser un montón de cosas (por Leigh Stein)
Gracias a la viciada definición del eterno retorno
no me agrada hablar de materias filosóficas.
Han encontrado la verdad y la verdad es que
no hay verdad alguna, así que en sábado ellos
usan sus abrigos y se quedan sumidos en sus reflexiones
y tratan de averiguar cuál infancia fue peor,
pero al final ellos caen en la cuenta de que comparten
el mismo sueño de tener una razón
para unirse al programa de protección a testigos
para decepcionar al menos a una persona, quien
pensó que su sueño era tan único como él.
La otra noche una galleta de la fortuna me decía
que no congeniaría con nadie,
y a cambio aprendí la palabra china
para decir uva: putao, esto me hizo imaginar cómo cada
uno informa al otro. Para averiguarlo, ve a la página 117.
Me imagino cuánto tiempo podré vivir aquí
antes de hacer algo irresponsable como
conocer algún adolescente en una rueda de la fortuna en 1941
o quedarme en la calle y ver a los semáforos
cambiar de verde a amarillo o sentarme en un porche
columpiándome al atardecer y escuchar Leaves of Grass
leído por alguien que no ha hecho otra cosa que trabajar todo el día
con sus manos. Ya en la página 56 te amo
tanto que sólo quiero robar tu ropa
cuando te has dormido y lavarla. Quiero
comunicarme telepáticamente contigo hasta envejecer
y sufrir de demencia y no importarme que no pueda
recordar que sé cómo tocar el piano hasta
que la enfermera me diga que lo sé y aun así negarme a tocar
hasta que ella ponga mis manos en las teclas y entonces
ahí tendremos a Chopin tan rápido, como la luz
que se derrama en las ventanas inclinándose
a las lilas. Gracias a la viciada definición del eterno
retorno estoy delante de un espejo
sosteniendo una copia de la película basada en el libro
que escribiste basada en las partes de nuestra vida
juntos que ya no logro recordar y
mirando hacia mí veo a una mujer sosteniendo
la película basada en un libro basado en su vida
y ella se pregunta si la mujer que ve
desea morir tanto como ella. Sigo
mirando este moretón en mi pierna y dibujo
un espacio en blanco. Anoche que llamaste te conté
que era feliz, lo que era cierto, pero pensando hacia el futuro
podría ser tremendamente infeliz, también, si es eso
lo que deseas escuchar. Podría ser un montón de cosas más:
una muñeca, un fantasma, una bahía, una soga. Pude
ser la persona que no conocía el lenguaje.
Yo podría ser la razón por la que te llevaron.
Yo podría ser la última persona que te vio con vida.
jueves, 26 de noviembre de 2015
O no esperando nada (por Lezama Lima)
Estar en la noche
esperando una visita,
o no esperando nada
y ver cómo el sillón lentamente
va avanzando hasta alejarse de la lámpara.
Sentirse más adherido a la madera
mientras el movimiento del sillón
va inquietando los huesos escondidos,
como si quisiéramos que no fueran vistos
por aquellos que van a llegar.
Los cigarros van reemplazando
los ojos de los que no van a llegar.
Colocamos el pañuelo
sobre el cenicero para que no se vea
el fondo de su cristal,
los dientes de sus bordes,
los colores que imitan sus dedos
sacudiendo la ausencia y la presencia
en las entrañas que van a ser sopladas.
La visita o la nada
cubiertas por el pañuelo,
como el llegar de la lluvia
para oídos lejanos,
saltan del cenicero,
preparando la eternidad
de sus pisadas o se organizan
inclinándose sobre un montón de hojas
que chisporrotean sobre el jarrón
de la abuela,
huyendo del cenicero.
esperando una visita,
o no esperando nada
y ver cómo el sillón lentamente
va avanzando hasta alejarse de la lámpara.
Sentirse más adherido a la madera
mientras el movimiento del sillón
va inquietando los huesos escondidos,
como si quisiéramos que no fueran vistos
por aquellos que van a llegar.
Los cigarros van reemplazando
los ojos de los que no van a llegar.
Colocamos el pañuelo
sobre el cenicero para que no se vea
el fondo de su cristal,
los dientes de sus bordes,
los colores que imitan sus dedos
sacudiendo la ausencia y la presencia
en las entrañas que van a ser sopladas.
La visita o la nada
cubiertas por el pañuelo,
como el llegar de la lluvia
para oídos lejanos,
saltan del cenicero,
preparando la eternidad
de sus pisadas o se organizan
inclinándose sobre un montón de hojas
que chisporrotean sobre el jarrón
de la abuela,
huyendo del cenicero.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Mono (por Wislawa Szymborska)
Expulsado del paraíso antes que el hombre
por tener unos ojos tan contagiosos
que, al pasear la mirada por el jardín,
hundía en una tristeza imprevisible
a los mismos ángeles. Por esa razón
debía, aunque sin su humilde consentimiento,
erigir aquí en la tierra sus nobles linajes.
Saltarín, prensil y atento, hasta hoy tiene gratia
escrita con la t de terciario.
Adorado en el antiguo Egipto, con una constelación
de pulgas en sus cabellos plateados por la santidad,
escuchaba archicallando, afligido,
lo que querían de él. ¡Ay, la no muerte!
Y se alejaba moviendo su rosado trasero
en señal de que ni aprueba, ni prohíbe.
En Europa le quitaron el alma,
pero le dejaron las manos por descuido;
y cierto monje, al pintar a una santa,
le puso manos delgaditas, animales.
Y la santa tenía que
tomar la gracia como si fuera una nuez.
Caliente como un recién nacido, tembloroso como un anciano,
los navíos lo llevaban a las cortes reales.
Chillaba, brincando con una cadena dorada,
con su frac de marqués con los colores de un loro.
Casandra. De qué reírse aquí.
Comestible en China, hace sobre el plato
muecas asadas o cocidas.
Irónico como un brillante en un engaste falso.
Parece ser que su cerebro, al que le falta algo,
después de todo no ha inventado la pólvora,
tiene un sabor muy fino.
En las fábulas, solitario e inseguro,
llena el interior de los espejos con sus muecas,
se burla de sí mismo, es decir, nos da un buen ejemplo,
a nosotros, de quienes sabe todo, como un pariente pobre,
aunque no nos saludemos.
por tener unos ojos tan contagiosos
que, al pasear la mirada por el jardín,
hundía en una tristeza imprevisible
a los mismos ángeles. Por esa razón
debía, aunque sin su humilde consentimiento,
erigir aquí en la tierra sus nobles linajes.
Saltarín, prensil y atento, hasta hoy tiene gratia
escrita con la t de terciario.
Adorado en el antiguo Egipto, con una constelación
de pulgas en sus cabellos plateados por la santidad,
escuchaba archicallando, afligido,
lo que querían de él. ¡Ay, la no muerte!
Y se alejaba moviendo su rosado trasero
en señal de que ni aprueba, ni prohíbe.
En Europa le quitaron el alma,
pero le dejaron las manos por descuido;
y cierto monje, al pintar a una santa,
le puso manos delgaditas, animales.
Y la santa tenía que
tomar la gracia como si fuera una nuez.
Caliente como un recién nacido, tembloroso como un anciano,
los navíos lo llevaban a las cortes reales.
Chillaba, brincando con una cadena dorada,
con su frac de marqués con los colores de un loro.
Casandra. De qué reírse aquí.
Comestible en China, hace sobre el plato
muecas asadas o cocidas.
Irónico como un brillante en un engaste falso.
Parece ser que su cerebro, al que le falta algo,
después de todo no ha inventado la pólvora,
tiene un sabor muy fino.
En las fábulas, solitario e inseguro,
llena el interior de los espejos con sus muecas,
se burla de sí mismo, es decir, nos da un buen ejemplo,
a nosotros, de quienes sabe todo, como un pariente pobre,
aunque no nos saludemos.
martes, 24 de noviembre de 2015
Como de un calabozo (por Juan Gelman)
cuando raf salinger se enamoró o quiso de verdad
salió de sí como de un calabozo
brilló con propia luz
no tuvo tacha ni defecto ni mengua
como caballos como vacas al fin de la jornada
raf salinger vertía sus aguas en plena soledad
fulguró afuera como sol
no pálido de cárcel no en guerra
"cuidado que me lastimás” decía raf salinger
a los hombres de manos ásperas
que como niños están cubiertos de miel
pero le quitan la victoria el vencedor
“oh ángel que te inclinas en la primera mitad”
decía raf salinger furioso cavando
el viento que le envolvía la trasluz
o el revés de los días malos que le comían la verdad
“si el coraje consiste en ser prudente” decía raf salinger
“si los vestidos significan desnudez y miseria
dicha el llanto cadáver curación, te arde amor el odio” decía
con gran perdones finalmente
todas las ventanitas se cerraron
cuando raf salinger murió
un calor le creció entre amor y afuera
juntándole los dos al solito
“ah tiempos no distancias que hay entre mí
entre mi calor y mi sol” decía raf salinger
casi disuelto ya bajo la sombra
que le apagaba el hubo que vivir
sobre su gente subió el frecuente olvido
peor raf salinger viajaba abrigado
por un cuerpo desnudo
encontrado o joven
salió de sí como de un calabozo
brilló con propia luz
no tuvo tacha ni defecto ni mengua
como caballos como vacas al fin de la jornada
raf salinger vertía sus aguas en plena soledad
fulguró afuera como sol
no pálido de cárcel no en guerra
"cuidado que me lastimás” decía raf salinger
a los hombres de manos ásperas
que como niños están cubiertos de miel
pero le quitan la victoria el vencedor
“oh ángel que te inclinas en la primera mitad”
decía raf salinger furioso cavando
el viento que le envolvía la trasluz
o el revés de los días malos que le comían la verdad
“si el coraje consiste en ser prudente” decía raf salinger
“si los vestidos significan desnudez y miseria
dicha el llanto cadáver curación, te arde amor el odio” decía
con gran perdones finalmente
todas las ventanitas se cerraron
cuando raf salinger murió
un calor le creció entre amor y afuera
juntándole los dos al solito
“ah tiempos no distancias que hay entre mí
entre mi calor y mi sol” decía raf salinger
casi disuelto ya bajo la sombra
que le apagaba el hubo que vivir
sobre su gente subió el frecuente olvido
peor raf salinger viajaba abrigado
por un cuerpo desnudo
encontrado o joven
lunes, 23 de noviembre de 2015
Abrevadero (por Vicente Gallego)
Veo el verdín, el musgo.
Oigo crótalos verdes
por la piedra bañada y olorosa.
Ahí una iglesia atrás, como si allí
la hubiera edificado la luz misma.
Ahí un reloj de sol,
pero no hay tiempo.
domingo, 22 de noviembre de 2015
Recolección del musgo (por Theodore Roethke)
Desprender con los diez dedos abiertos y ágiles, y levantar
una mancha, verde oscuro, de la que se usa para forrar los cestos fúnebres,
blanco y espeso como un felpudo pasado de moda,
las pequeñas espinas vueltas hacia la cara interna, mezcladas con raíces,
y bayas y hojas todavía adheridas a la parte superior;
esto era la recolección del musgo.
Pero siempre algo huía de mí cuando cavaba y revolvía esas alfombras
de verde, o me hundía hasta los codos en el fofo amarillento musgo de los pantanos;
y siempre después me sentía indigno, en el lento camino del retorno.
Como si hubiera quebrantado el orden natural de las cosas en esa ciénaga;
alterado algún ritmo, antiguo y de vasta importancia,
desgarrando la carne del planeta vivo;
como si hubiese perpetrado, en contra del esquema total de la vida, un sacrilegio.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Las paredes (por Lidija Dimkowska)
Las paredes duelen desde los tapices gobelinos de mi madre.
La niña de pequeño sombrero, la Mujer Pirata, Dirty Jean,
e incluso más desde las fotografías colgadas junto a ellas,
la de la boda de mi hermana, la de la recepción donde el Presidente.
Hoy han colgado mi diploma de un clavo
y se abrirá campo para algunas Medallas de Trabajo, también.
Mañana deberemos pegar el calendario ortodoxo
junto a aquel que supuestamente cuenta un tiempo diferente.
Quienes sea que vengan dejan señales de sí mismos,
fijan pequeños cuadros y ganchos de plástico,
y cuelgan sus sombras alrededor del reloj de pared
en clavos recién martillados.
Tuve que sostener las paredes con mi vida hasta el amanecer
cuando los albañiles vinieron a reconstruirlas de nuevo.
Las paredes se durmieron, yo ya había muerto.
No las despiertes con martillos, ruego no las despierten,
déjenlas desnudas, y yo a solas con ellas, y yo a solas con ellas.
viernes, 20 de noviembre de 2015
No sé por qué ha vuelto (por Eugénio de Andrade)
La lluvia, otra vez la lluvia sobre los olivos.
No sé por qué ha vuelto esta tarde
si mi madre ya se ha ido,
ya no viene al balcón para verla caer,
ya no levanta los ojos de la costura
para preguntar: ¿Oyes?
Oigo, madre, es otra vez la lluvia,
la lluvia sobre tu rostro.
jueves, 19 de noviembre de 2015
Un cuerpo dormido (por Hugo Gutiérrez)
Desde aquí veo tu casa
rodeada por el aire
de esta mañana lívida.
Veo tu puerta cerrada
y el balcón entreabierto,
siempre entreabierto
para librarte de los sueños malos.
Me asomo y veo tu cuerpo
entre las sábanas,
siento tu respiración lenta.
Todo está vivo.
La sangre cumple su trabajo
y transcurre sin prisa
por tus sienes
para que tú te duermas.
Miles de vidas siguen
en un solo, prodigioso segundo
de ese tiempo tan diferente al tiempo
que nos manda a la calle
y nos dicta sus leyes,
nos obliga a correr y va pasando
como pasan los ríos.
Siento tu desnudo
creciendo en la cama.
Un cuerpo dormido
nos entrega la paz del mundo.
Me voy sin hacer ruido.
Te dejo en el país
construido por el sueño.
Al irme siento que sonríes.
Los ángeles del otoño,
con un dedo en los labios,
le ordenan a la vida
que no te despierte.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Una costura a mano (por Analía R. Giordanino)
Cuando enhebrás una aguja
a veces el hilo que se enhebra se afina
por zonas diminutas.
Hay que mojarlo con la lengua
para que entre en el ojo de la aguja.
A veces no entra.
El ojo puede ser grande
y entonces parece que es fácil enhebrar.
Es fácil. Pero después
la punta te abre
un redondel grande en la tela
en la trama.
Y el nudo que amarra costura
al final del hilo se pierde
pasa como agua.
Las agujas que sirven
son las de ojo chico:
para costuras a mano
para ruedos finos
para puntada escondida.
Una costura a mano se resuelve así:
levantás un hilo de la trama visible
das la lazada arriba
(esa tela no se verá,
no importa si picás grande)
terminás el punto abajo
(queda un ángulo agudo)
en otro hilo de la trama visible.
Es como los dos caminos: el ancho y el difícil.
¿Te acordás de las figuritas difíciles?
Pocas había. Muchos sobres había que comprar.
Si el hilo es nuevo y no hay irregulares en el enrolle
tampoco quita que sirva una aguja de ojo grande.
Pasa lo mismo: la puntada corre y no queda.
Yo no quiero decir nada con esto.
Pero algo quiero decir.
El amor es un trabajo como cualquier otro.
martes, 17 de noviembre de 2015
Pensamientos durante un ataque aéreo (por Stephen Spender)
Por supuesto, todo está en colocarme
fuera del alcance normal
de las llamadas estadísticas. Matan a cien
en los barrios periféricos. Bien, bien, yo continúo.
Mientras que el gran "Yo" se mantenga sobre esta
recia cama que más parece un coche fúnebre,
en un cuarto de hotel con papel de flores en las paredes
que termina en guirnaldas, puedo pasar por alto
la presión de esos nombres bajo mis dedos
duros y negros mientras rozo el papel;
gime la radio al fondo de la sala.
Pero ¿y si una bomba sumergiera el hocico
a través de esta cama en la que estoy?
El pensamiento es obsceno. Con ello y todo hay muchos
para quienes mi muerte sería tan sólo un nombre;
una cifra en una columna. Lo esencial es que todos
los "Yo" permanezcamos aparte,
guardados bajo flores, y que no sufra nadie
por su vecino. Entonces el horror se pospone
para cada uno solo hasta que llega a él
y lo arrastra hacia esa pena no comunicable
que es misterio total o nada.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Justo en el momento mágico (por Raymond Carver)
¿Qué habrá sido de aquel aro de latón
que había en los tiovivos?
El aro que las niñas y niños pobres pero felices
agarraban justo en el Momento Mágico.
Pregunté por ahí: ¿Sabes algo del aro de latón…?
Le pregunté a mi vecino.
Le pregunté a mi mujer,
incluso le pregunté al carnicero
(creo que es extranjero y algo sabría).
Nadie sabía nada, al parecer.
Entonces le pregunté a un tipo que solía trabajar
en una feria ambulante. Hace años, me dijo, era diferente.
Montaban incluso los adultos.
Se acordaba de una mujer joven en Topeka, Kansas.
Era agosto. Le daba la mano al hombre que montaba
el caballito de al lado, que tenía bigote y
era su marido. La mujer reía sin parar, me dijo.
El marido también se reía, aunque tenía bigote.
Pero ésa es otra historia. Nada me dijo acerca
del aro de latón.
domingo, 15 de noviembre de 2015
El rostro de un candidato político en una valla publicitaria (por Charles Bukowski)
Ahí está:
No demasiadas resacas
No demasiadas peleas con mujeres
No demasiados neumáticos desinflados
Nunca pensó en el suicidio
No más de tres dolores de muelas
Nunca se saltó una comida
Nunca estuvo encarcelado
Nunca estuvo enamorado
7 pares de zapatos
un hijo en la universidad
un coche que no tiene más que un año
pólizas de seguros
un césped muy verde
cubos de basura con tapa hermética
seguro que le eligen.
sábado, 14 de noviembre de 2015
En esta Calle de los Doradores (por Fernando Pessoa)
La tragedia principal de mi vida es, como todas las tragedias, una ironía del Destino. Recuso la vida real como una condenación; recuso el sueño como una liberación innoble. Pero vivo lo más sórdido y lo más cotidiano de la vida real; y vivo lo más intenso y lo más constante del sueño. Soy como un esclavo que se emborracha por la siesta -dos miserias en un solo cuerpo-.
Sí veo nítidamente, con la claridad con que los relámpagos de la razón hacen destacarse de la negrura de la vida a los objetos cercanos que nos la forman, lo que hay de vil, de laso, de abandonado y de facticio en esta Calle de los Doradores que es para mí la vida entera -esta oficina sórdida hasta su médula de gente, este cuarto mensualmente alquilado donde no sucede otra cosa que vivir un muerto, esta tienda de ultramarinos de la esquina a cuyo dueño conozco como la gente conoce a la gente, estos muchachos de la puerta de la taberna antigua, esta inutilidad trabajosa de todos los días iguales, esta repetición persistente de los mismos personajes, como un drama que consistiese tan sólo en el
escenario, y el escenario estuviese del revés…-.
Pero veo también que huir de esto sería o dominarlo o repudiarlo, y yo no lo domino, porque no lo excedo dentro de lo real, ni lo repudio porque, sueñe lo que sueñe, me quedo siempre donde estoy. ¡Y el sueño, la vergüenza de huir hacia mí, la cobardía de tener como vida esa basura del alma que los otros sólo tienen en el sueño, en la figura de la muerte con que roncan, en la calma con que parecen vegetales que han progresado! ¡No poder tener un gesto noble que no sea de puertas adentro, ni un deseo inútil que no sea de verdad inútil!
Definió César toda la estatura de la ambición cuando dijo aquellas palabras: «¡Antes el primero en la aldea que el segundo en Roma!» Yo no soy nada ni en la aldea ni en Roma ninguna. Por lo menos, el tendero de la esquina es respetado desde la calle de la Asunción hasta la calle de la Victoria; es el César de una manzana. ¿Yo superior a él? ¿En qué, si la nada no admite superioridad, ni inferioridad, ni comparación?
viernes, 13 de noviembre de 2015
El girasol de Blake (por Elizabeth Smart)
1
¿Por qué dijo Blake
"Girasoles agotados de tiempo"?
Cada vez que los veo
parecen decir
¡Ahora! ¡con un estrellar
de platillos!
Muy contentos
y positivos
y un absoluto deleite
en su propia redonda brillantez.
2
¡Perdón, Blake!
Ahora entiendo qué querías decir.
Las tormentas y la escarcha han maltratado
su brillante deleite
y aunque aún están enhiestos
nada podría mostrar la defección
mejor que sus agotadas
desilusionadas
cabezas colgantes.
jueves, 12 de noviembre de 2015
De vez en cuando se apagan (por Samuel González)
Viajar guiado por el dibujo que trazan las estrellas.
No hay instrumentos de orientación
durante estas noches azules
interminables
cuando pasan los espejos sobre el agua.
La mirada jamás descansa si no asoman
por algún lado los puertos.
La costa de espaldas y los tanteos para llegar.
Las estrellas que nos muestran la ruta
de vez en cuando se apagan
e implica un esfuerzo enorme
tener que subir uno mismo a encenderlas.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Lavandera (por César Vallejo)
El traje que vestí mañana
no lo ha lavado mi lavandera:
lo lavaba en sus venas otilinas,
en el chorro de su corazón, y hoy no he
de preguntarme si yo dejaba
el traje turbio de injusticia.
A hora que no hay quien vaya a las aguas,
en mis falsillas encañona
el lienzo para emplumar, y todas las cosas
del velador de tanto qué será de mí,
todas no están mías
a mi lado.
Quedaron de su propiedad,
fratesadas, selladas con su trigueña bondad.
Y si supiera si ha de volver;
y si supiera qué mañana entrará
a entregarme las ropas lavadas, mi aquella
lavandera del alma. Qué mañana entrará
satisfecha, capulí de obrería, dichosa
de probar que sí sabe, que sí puede
¡CÓMO NO VA A PODER!
azular y planchar todos los caos.
martes, 10 de noviembre de 2015
Vaciadero de flores (por Theodore Roethke)
Cañas brillantes como escorias,
tallos como babosas,
enteras camadas de flores arrojadas en montón,
claveles, verbenas, cosmos,
abono, malezas, hojas muertas,
raíces desventradas,
con venas descoloridas
entrelazadas como finos cabellos,
cada masa con la forma de un tiesto,
todo fláccido
salvo un tulipán en la cumbre,
una cabeza jactanciosa
sobre lo agonizante, lo recién muerto.
lunes, 9 de noviembre de 2015
Nostalgia (por Laura Giordani)
Tormentas de tierra
sulquis
escuerzos
las tazas que habían venido de Europa
descascaradas
las fotos de niños ya muertos
las paspaduras
el primer vello en el pubis
fruto que se volvía extraño
la infancia un carozo de durazno
trepanado por hormigas negras
papá silbando en el patio
mientras quema sus libros
todas las memorias amarilleando
bajo el cráneo
nostalgia: esta dulce podredumbre en la espalda esta pútrida dulcedumbre de las palabras que no mueren del todo como esas hojas que antes de desaparecer agonizan juntas en parvas exudando el fervor del verano y la savia
domingo, 8 de noviembre de 2015
Ritual sioux (por Leopoldo María Panero)
El indio hablaba de Dios
sosteniendo una vela con los labios del odio
del odio a España y a la muerte
como un dulce efebo para que rezara el indio
con miedo del paraíso en que el amor me castrara
un hombre llamado caballo
con miedo a la multitud
como pájaros que caen sobre la página
que cortejan a la página
como una flor contra el mundo
como una flor hedionda
que corteja a la página
nada de nada henchida
pájaro que cae sobre los hombres
duro ritual de iniciación india
para el oscuro hombre blanco
fuimos indios
hasta que nos mataron a todos
e hicieron ropas con nuestras pieles
y nos inculcaron un Dios vacío de hastío e ignorancia
Dios que es menos que Nada
sobre la que vuelan los hombres
y no se puede llamar a la lluvia con roto instrumental
¡oh! Suite Lulú sobre la que vuelan los hombres
yo soy el indio Crow
soy el monarca de la Nada y del hombre
soy el emperador de la Nada
el emperador del Helado
y pinto mi cara con sangre
y pinto estrellas contra el hombre.
sábado, 7 de noviembre de 2015
Reaparece (por Daniela Camozzi)
Otra vez un viento
entre las hojas de la parra.
Pero ya nada se derrama ni se cae.
Mamá se ríe ahora
sin preocupaciones
sentada en el sillón
de hierro del patio.
Sonríe con mi hermana a upa
mientras se acomoda el pañuelo
que la protege del sol.
Un sol que pega fuerte
en el verano de la tarde
y atraviesa las hojas.
Es una escena que reaparece
en las mejores tardes de verano
cuando estoy al reparo de algún verde
y las hojas se mueven levemente
y al moverse dejan
filtrar la luz.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Una muerte en un barrio (por Charles Bukowski)
hablaba con los ratones y los gorriones
y su cabello era blanco a los 16.
su padre le golpeaba todos los días y su madre
encendía velas en la iglesia.
su abuela iba mientras el niño dormía
y rezaba para que el diablo lo dejara libre
de su poder sobre él
mientras su madre escuchaba y lloraba sobre la
biblia.
parecía no darse cuenta de las chicas
parecía no darse cuenta de los juegos de los chicos
no parecía darse cuenta de mucho
simplemente no parecía interesado.
tenía una muy grande, fea boca y los dientes
le sobresalían
y sus ojos eran pequeños y sin brillo.
tenía los hombros caídos y la espalda encorvada
como la de un viejo.
vivía en nuestro vecindario.
hablábamos de él cuando nos aburríamos y después
pasábamos a cosas más interesantes.
muy pocas veces salía de su casa. nos hubiera gustado
torturarlo
pero su padre
que era un hombre enorme y terrible
lo torturaba por
nosotros.
un día el chico murió. a los 17 todavía era un
niño. una muerte en un barrio pequeño se conoce
enseguida y se olvida 3 o 4 días
después.
pero la muerte de este chico pareció quedarse con
todos nosotros. seguimos hablando de ello
con nuestras voces de niños-hombres
a las 6 p.m. justo antes del anochecer
justo antes de la cena.
y cada vez que conduzco a través de ese barrio ahora
décadas después
sigo pensando en su muerte
mientras que he olvidado todas las otras muertes
y todo lo demás que sucedió
entonces.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Otra forma (por Roberto Juarroz)
¿Cómo amar lo imperfecto,
si escuchamos a través de las cosas
cómo nos llama lo perfecto?
¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o el fracaso de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?
Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Ábreme (por Saiz de Marco)
Por una vez permíteme que allane tu morada.
Nada me llevaré.
Cambiaré solamente de sitio algunos muebles:
el orden de importancia con que gradué las cosas;
la niebla de mis ojos justo en aquel instante;
el paso que di en donde se dividió un camino;
unas pocas palabras que dije o que no dije.
Apenas moveré aquel cuadro,
esa lámpara.
Retocaré a lo sumo cuatro detalles tontos.
No revolveré nada esencial ahí dentro
-ni techos
ni cimientos
ni vigas
ni tabiques-.
Nadie se dará cuenta
en una mansión tan grande como la tuya.
Tu fama de rocoso,
de fijo,
de inmutable
no sufrirá por eso.
Tan sólo esta vez ábreme
tu trabado cerrojo,
tu clausurada puerta.
Por una vez,
Pasado,
déjame entrar en ti.
martes, 3 de noviembre de 2015
Niebla o humo (por Fernando Pessoa)
¿Niebla o humo? ¿Subía de la tierra o bajaba del cielo? No se sabía: era más como una enfermedad del aire que una bajada o una emanación. A veces, parecía más una enfermedad de los ojos que una realidad de la naturaleza.
Fuese lo que fuese, iba por todo el paisaje una inquietud turbia, hecha de olvido y de atenuación. Era como si el silencio del mal sol tomase por suyo un cuerpo imperfecto. Se diría que iba a suceder algo y que por todas partes había una intuición, debido a la cual lo visible se velaba.
Era difícil decir si el cielo tenía nubes o más bien nieblas. Era un torpor empañado, aquí y allí colorido, un acenizamiento imponderablemente amarillento, salvo donde se deshacía en color rosa falso, o donde se estancaba azuleando, pero allí no se distinguía si era el cielo que se revelaba, si era otro azul que lo encubría.
Nada era definido, ni lo indefinido. Por eso apetecía llamar humo a la niebla, porque no parecía niebla, o preguntar si era niebla o humo, porque no se advertía nada de lo que era. El mismo calor del aire colaboraba en la duda. No era calor, ni frío, ni fresco; parecía componer su temperatura con elementos sacados de otras cosas que el calor. Se diría, de verdad, que una niebla fría a los ojos era caliente al tacto, como si tacto y vista fuesen dos modos sensibles del mismo sentido.
No era, en torno a los contornos de los árboles, o de las esquinas de los edificios, aquel esfumarse de salientes o de aristas, que la verdadera niebla trae, al estancarse, o el verdadero humo, natural, entreabre y entreoscurece. Era como si cada cosa proyectase una sombra vagamente diurna, en todos los sentidos, sin luz que la explicase como sombra, sin lugar de proyección que la justificase como visible.
Ni visible era: era como un comienzo de ir a verse algo, pero en todas partes por igual, como si lo a revelar dudase en ser aparecido. ¿Y qué sentimiento había? La imposibilidad de tenerlo, el corazón deshecho en la cabeza, los sentimientos confundidos, un torpor de la existencia despierta, un apurar de algo anímico como lo oído, hacia una revelación definitiva, inútil, siempre apareciendo ya, como la verdad, siempre, como la verdad, gemela del nunca aparecer.
Hasta las ganas de dormir, que recuerdan al pensamiento, aparté, por parecer un esfuerzo el mero bostezo de tenerlas.
Hasta dejar de ver hace doler los ojos. Y, en la abdicación incolora del alma entera, sólo los ruidos exteriores, lejos, son el mundo imposible que todavía existe.
¡Ah, otro mundo, otras cosas, otra alma con que sentirlas, otro pensamiento con que saber de esa alma! ¡Todo, hasta el tedio, menos este esfumarse del alma y de las cosas, este desamparo azulado de la indefinición de todo!
Fuese lo que fuese, iba por todo el paisaje una inquietud turbia, hecha de olvido y de atenuación. Era como si el silencio del mal sol tomase por suyo un cuerpo imperfecto. Se diría que iba a suceder algo y que por todas partes había una intuición, debido a la cual lo visible se velaba.
Era difícil decir si el cielo tenía nubes o más bien nieblas. Era un torpor empañado, aquí y allí colorido, un acenizamiento imponderablemente amarillento, salvo donde se deshacía en color rosa falso, o donde se estancaba azuleando, pero allí no se distinguía si era el cielo que se revelaba, si era otro azul que lo encubría.
Nada era definido, ni lo indefinido. Por eso apetecía llamar humo a la niebla, porque no parecía niebla, o preguntar si era niebla o humo, porque no se advertía nada de lo que era. El mismo calor del aire colaboraba en la duda. No era calor, ni frío, ni fresco; parecía componer su temperatura con elementos sacados de otras cosas que el calor. Se diría, de verdad, que una niebla fría a los ojos era caliente al tacto, como si tacto y vista fuesen dos modos sensibles del mismo sentido.
No era, en torno a los contornos de los árboles, o de las esquinas de los edificios, aquel esfumarse de salientes o de aristas, que la verdadera niebla trae, al estancarse, o el verdadero humo, natural, entreabre y entreoscurece. Era como si cada cosa proyectase una sombra vagamente diurna, en todos los sentidos, sin luz que la explicase como sombra, sin lugar de proyección que la justificase como visible.
Ni visible era: era como un comienzo de ir a verse algo, pero en todas partes por igual, como si lo a revelar dudase en ser aparecido. ¿Y qué sentimiento había? La imposibilidad de tenerlo, el corazón deshecho en la cabeza, los sentimientos confundidos, un torpor de la existencia despierta, un apurar de algo anímico como lo oído, hacia una revelación definitiva, inútil, siempre apareciendo ya, como la verdad, siempre, como la verdad, gemela del nunca aparecer.
Hasta las ganas de dormir, que recuerdan al pensamiento, aparté, por parecer un esfuerzo el mero bostezo de tenerlas.
Hasta dejar de ver hace doler los ojos. Y, en la abdicación incolora del alma entera, sólo los ruidos exteriores, lejos, son el mundo imposible que todavía existe.
¡Ah, otro mundo, otras cosas, otra alma con que sentirlas, otro pensamiento con que saber de esa alma! ¡Todo, hasta el tedio, menos este esfumarse del alma y de las cosas, este desamparo azulado de la indefinición de todo!
lunes, 2 de noviembre de 2015
Un nudo (por Anne Sexton)
Cuando el hombre
entra en la mujer
como muerde la orilla el oleaje
una y otra vez
y la mujer abre la boca de placer
y destellan sus dientes
como el alfabeto,
el Logos se aparece ordeñando una estrella
y el hombre
dentro de la mujer
aprieta un nudo
para que nunca más los separen
y la mujer
se encarama a una flor
tragándose su tallo
y se aparece el Logos,
y desencadena el río de ambos.
Este hombre
esta mujer
con duplicada hambre
han intentado traspasar
la cortina de Dios
y por segundos lo consiguen,
por más que Dios
en Su perversidad
desate el nudo.
entra en la mujer
como muerde la orilla el oleaje
una y otra vez
y la mujer abre la boca de placer
y destellan sus dientes
como el alfabeto,
el Logos se aparece ordeñando una estrella
y el hombre
dentro de la mujer
aprieta un nudo
para que nunca más los separen
y la mujer
se encarama a una flor
tragándose su tallo
y se aparece el Logos,
y desencadena el río de ambos.
Este hombre
esta mujer
con duplicada hambre
han intentado traspasar
la cortina de Dios
y por segundos lo consiguen,
por más que Dios
en Su perversidad
desate el nudo.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Desconocido en ti (por Antonio Gamoneda)
Yo estaré en tu pensamiento,
no seré más que una sombra imprecisa;
habré existido en un instante en que la
alegría y la piedad ardían en tus ojos.
Pero también quiero permanecer desconocido en ti.
Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.
Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así,
imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.
Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de
sombra y cada uno está en su propia luz
no seré más que una sombra imprecisa;
habré existido en un instante en que la
alegría y la piedad ardían en tus ojos.
Pero también quiero permanecer desconocido en ti.
Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.
Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así,
imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.
Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de
sombra y cada uno está en su propia luz
y la mía es la que tú vas abandonando.
sábado, 31 de octubre de 2015
Vuestra muerte estalla como vida (por Judith Wright)
Brotes de flores caducas se convierten en tallos en otoño,
llenan el jardín, requieren
la disciplina de las podadoras.
Atragantado exceso, caos de malas hierbas,
frío amargor que estrangula telas de raíces;
lo apilo todo en un gran túmulo,
quebrada rama que olvida flor y fruto,
tallo espinoso demasiado duro para pudrirse,
os amontono en una alta pila para un rito postrero.
Cuando las ramas están listas y la cerilla prende
vuestra muerte estalla como vida, vuestro brillo
corona y consume el año que acaba.
La podredumbre se transforma en deseo
que abrasa el puro aire ondulante
y la muerte se eleva como una oración.
viernes, 30 de octubre de 2015
Hay quien (por Wislawa Szymborska)
Hay quien se realiza en esta vida mejor que los demás.
Todo está en orden en su interior y alrededor de él.
Tiene método y respuesta para todo.
Es rápido descubriendo el qué el cómo el dónde
y el porqué.
Pone el sello en las verdades absolutas,
arroja los hechos superfluos a la trituradora de papel
y ordena a las personas desconocidas
en los ficheros correctos.
Piensa durante el tiempo justo,
ni un segundo más,
porque en ese segundo se esconde la duda.
Y cuando se despide de la vida
deja el lugar
por la puerta indicada.
A veces le envidio un poco;
pero por suerte se me pasa enseguida.
jueves, 29 de octubre de 2015
Pez de espinas y filos (por Robert Rivas)
En el macizo central,
en las cordilleras y encrucijadas del cuerpo,
vive la herida.
Herida no vuela, no corre.
Corta, saja, lacera, hiende.
El día la abre
y la noche no la cierra.
Reposa en un limo fresco
como un gordo pez de espinas y filos.
Asentándose como una roca que siente
y exsiente
extendiendo día a día sus dominios.
Muchas veces parece ser lo único vivo
en el silencio del cuerpo.
Herida sorda y sobre todo ciega, que siega.
¡Qué herida!
En algún momento parece que se alzará
de su lecho
y echará a rodar
su por ahora inmóvil ejército
de un millón de fichas-espina.
Como que el cisne negro se alzara del agua
para convertirlo todo en noche.
Hasta entonces, piensa la Herida,
seré siempre quien no fui.
en las cordilleras y encrucijadas del cuerpo,
vive la herida.
Herida no vuela, no corre.
Corta, saja, lacera, hiende.
El día la abre
y la noche no la cierra.
Reposa en un limo fresco
como un gordo pez de espinas y filos.
Asentándose como una roca que siente
y exsiente
extendiendo día a día sus dominios.
Muchas veces parece ser lo único vivo
en el silencio del cuerpo.
Herida sorda y sobre todo ciega, que siega.
¡Qué herida!
En algún momento parece que se alzará
de su lecho
y echará a rodar
su por ahora inmóvil ejército
de un millón de fichas-espina.
Como que el cisne negro se alzara del agua
para convertirlo todo en noche.
Hasta entonces, piensa la Herida,
seré siempre quien no fui.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Bruma -haikus- (por Aitor Suárez)
Abres los ojos
pero para amplias zonas
siguen cerrados.
Obnubilados,
llevamos en la frente
niebla infiltrada.
No conocemos
el tamaño de nuestra
ofuscación.
Idos los trucos,
las ilusiones ópticas,
¿qué quedará?
Cuando lo opaco
se vuelva transparente,
¿qué sentiremos?
¿Qué encontraremos
tras despertar de este
sonambulismo?
Lo extramental,
las ultradimensiones,
los otros planos,
lo que el cerebro
sabiamente se niega
a comprender,
y todo aquello
cuya percepción nos
derribaría,
lo que no cabe
ni en lóbulos ni en pliegues
ni en neuronas,
lo que está aquí,
ante nosotros, mas no
para nosotros.
Como la luna
para un pez. Como el mar
para una hormiga.
Como el poliedro
para el topo, o el álgebra
para el caimán.
Por des-cifrar,
por des-oscurecer
está todo esto.
Lo único cierto
es que todo está lleno
de incertidumbre.
Tantos candados,
tantas llaves echadas,
tantos pestillos,
tantas estancias
con las puertas cerradas
a cal y canto,
tantos lugares
que no han dejado nunca
de estar oscuros,
tantos secretos
de los que no seremos
nunca partícipes,
tantos cerrojos
para los que jamás
tendremos llaves.
martes, 27 de octubre de 2015
Oigo caer al tiempo (por Fernando Pessoa)
El reloj que está allá detrás, en la casa desierta, porque todos duermen, deja caer lentamente el cuádruple son claro de las cuatro de cuando es de noche. Todavía no me he dormido, ni espero dormir. Sin que nada me ocupe la atención, y así no duerma, o me pese en el cuerpo, y por eso no me tranquilice, acuesto en la sombra, que el lugar vago de los faroles de la calle torna más desacompañada todavía, al silencio amortecido de mi cuerpo extraño. No sé pensar, de tanto sueño como tengo; no sé sentir, de tanto sueño que no consigo tener.
Todo en torno a mí está el universo, desnudo, abstracto, hecho de negaciones nocturnas. Me divido entre cansado e inquieto, y llego a tocar con la sensación del cuerpo un conocimiento metafísico del misterio de las cosas. A veces se me ablanda el alma, y entonces los pormenores sin forma de la vida cotidiana se me flotan a la superficie de la conciencia, y estoy efectuando botaduras a la superficie de no poder dormir.
Otras veces me despierto desde dentro del mediosueño en que me he estancado, e imágenes vagas, de un colorido poético e involuntario, dejan escurrir por mi distracción su espectáculo sin ruidos. No tengo los ojos completamente cerrados. Me orla la vista débil una luz que viene de lejos; son los faroles públicos encendidos allá abajo, en los confines abandonados de la calle. ¡Cesar, dormir, sustituir esta conciencia intervelada por mejores cosas melancólicas, dichas en secreto al que me desconociese!… ¡Cesar, pasar fluido y ribereño, flujo y reflujo de un mar vasto, en costas visibles por la noche en que verdaderamente se durmiese!…
¡Cesar, ser incógnito y exterior, movimientos de ramas en paseos apartados, tenue caer de hojas, conocido por el ruido más que por la caída, mar alto fino de los surtidores a lo lejos, y todo lo indefinido de los parques por la noche, perdidos entre enmarañamientos continuos, laberintos naturales de las tinieblas!… Cesar, acabar
finalmente, pero con una supervivencia translaticia, ser la página de un libro, la madeja de un cabello suelto, el oscilar de la enredadera al pie de la ventana entreabierta, los pasos sin importancia en la grava fina de la curva, el último humo alto de la aldea que duerme, el olvido del látigo del arriero a la vera matutina del camino…
El absurdo, la confusión, el apagamiento -todo lo que no fuese la vida…-. Y duermo, a mi manera, sin sueño ni reposo, esta vida vegetativa de la suposición, y bajo mis párpados sin sosiego flota, como la espuma quieta de un mar sucio, el reflejo lejano de las farolas mudas de la calle. Duermo y desduermo.
Del otro lado de mí, allá por detrás de donde yazgo, el silencio de la casa toca al infinito. Oigo caer al tiempo, gota a gota, y ninguna gota que cae se oye caer. Siento a la cabeza materialmente colocada en la almohada en que la tengo haciendo un valle. La piel de la funda tiene, con mi piel, un contacto de persona en la sombra.
La propia oreja, sobre la que me acuesto, se me graba matemáticamente contra el cerebro. Pestañeo de cansancio, y mis pestañas producen un ruido pequeñísimo, inaudible, en la blancura sensible de la almohada erguida. Respiro, suspirando, y mi respiración sucede: no es mía. Sufro sin sentir ni pensar.
El reloj de la casa, lugar seguro allá en medio del infinito, da la media hora seca y nula. ¡Todo es tanto, todo es tan hondo, todo es tan negro y tan frío!
Paso tiempos, paso silencios, mundos sin forma pasan por mí. Súbitamente, como una criatura del Misterio, un gallo canta sin saber de la noche. Puedo dormir, porque es mañana en mí. Y siento a mi boca sonreír, dislocando levemente las arrugas de la funda que me prende el rostro. Puedo abandonarme a la vida, puedo dormir, puedo ignorarme… Y a través del sueño nuevo que me oscurece, o recuerdo al gallo que ha cantado, o es él, de verdad quien canta por segunda vez.
lunes, 26 de octubre de 2015
Pero aún lo veíamos (por Benjamín Prado)
Mi padre había muerto, pero aún lo veíamos
por las habitaciones
o cruzando el jardín:
como al cerrar los ojos
después de ver un bosque,
los pájaros se mueven todavía un momento en la mirada.
Después llegaron luces
de autopista,
emisoras
de media noche
hoteles conocidos,
la luna sobre el río de automóviles.
Atravesábamos despacio los nombres de las ciudades,
sintiendo, al mismo tiempo,
la lentitud y el paso de los días.
Hacia el final, mi padre era del agua,
del cuarzo,
de la sombra.
Sus ojos eran limpios,
más azules.
Y extraños
como una luz encendida en una habitación vacía.
domingo, 25 de octubre de 2015
Sin nada entre las garras (por Klaus Rifbjerg)
ve el ratón al cernícalo
o acaso es sólo el pájaro
el que avista al ratón
de todos modos se
da la supremacía
a la rapaz
fíjate únicamente en la elegancia de sus maniobras
en su capacidad de estar como en el agua
en el aire
y la maniobra fulminante
de navaja cerrándose
cuando se dirige contra
el ratón cuya insignificancia
no es suficiente para
asegurar su destino
pero piensa también cuántas veces el pájaro
abandona la tierra
sin nada entre las garras
e intenta recordar el ojo ardiente
del ratón que detrás de la maleza
intenta serenar su aliento y
mira al ave allá arriba
que se lleva su vanidad su hambre
su orgullo
a otro lugar
sábado, 24 de octubre de 2015
Vacilando florecen (por Do Yong Hwan)
¿Habrá flor que florezca sin vacilar?
Hasta las flores más hermosas del mundo,
vacilando, florecen.
Vacilando yerguen su tallo recto;
pues no hay amor que prospere sin vacilar.
¿Habrá flor que florezca sin mojarse?
Hasta las flores más relucientes del mundo,
mojándose, florecen.
Sus tiernas hojas brotaron entre lluvia y viento;
pues no hay vida que sin mojarse prospere.
viernes, 23 de octubre de 2015
Las nubes (por Wislawa Szymborska)
Con la descripción de las nubes
debería darme mucha prisa,
en una milésima de segundo
dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.
Es propio de ellas
no repetirse nunca
en formas, matices, posturas y orden.
Sin la carga de ningún recuerdo
se elevan sin problemas sobre los hechos.
¡De qué van a ser testigos!,
en un segundo se disipan en todas direcciones.
Comparada con las nubes
la vida parece tener los pies sobre la tierra,
se diría que es inmutable y prácticamente eterna.
Frente a las nubes
hasta una piedra parece un hermano
en el que se puede confiar
y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.
Que exista la gente si quiere,
y después que se mueran uno tras otro,
poco les importa a las nubes
esas cosas
tan extrañas.
Sobre toda tu vida
y también sobre la mía, aún incompleta,
desfilan pomposas igual que desfilaban.
No tienen la obligación de morir con nosotros.
No necesitan ser vistas para poder pasar.
jueves, 22 de octubre de 2015
En otras playas (por Jorge Luis Borges)
Lejos del mar y de la hermosa guerra,
que así el amor lo que ha perdido alaba,
el bucanero ciego fatigaba
los terrosos caminos de Inglaterra.
Ladrado por los perros de las granjas,
pifia de los muchachos del poblado,
dormía un achacoso y agrietado
sueño en el negro polvo de las zanjas.
Sabía que en remotas playas de oro
era suyo un recóndito tesoro
y esto aliviaba su contraria suerte;
a ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Cumpleaños (por Ángel González)
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Y pronto caería la noche (por Rafael Campo)
¿Me vas a recordar igual que como me ves
hoy? Este largo compromiso—veinte años—
ha contraído algunos estragos. Me
acosté anoche y pensé que estábamos
lejos de no sonar más. Giraste hacia mí,
y yo era joven, y aún miedoso; la luna de junio
nos espió, con preocupación familiar. Me dolía
la rodilla, castigo por hacer culto a la tierra
de nuestro pequeño jardín. Los lirios florecidos,
sus caras enjutas y barbudas, de viejos
hermosos, dispensaron sus bendiciones y sus culpas.
Vos pintabas un mueble, y dijiste "lo haré,
por supuesto lo haré". Yo plantaba ajedrea,
no muy resistente a los meses invernales, al lado
de la menta que odias por invasiva.
Se entremetió una brisa, siempre la novia radiante
con quien todos se quieren casar. La labor de una vida,
por la mitad hasta ahora, omnipresente.
Estaba cansado, y pronto caería la noche,
pero nadie puede negar el amor, ni nosotros.
hoy? Este largo compromiso—veinte años—
ha contraído algunos estragos. Me
acosté anoche y pensé que estábamos
lejos de no sonar más. Giraste hacia mí,
y yo era joven, y aún miedoso; la luna de junio
nos espió, con preocupación familiar. Me dolía
la rodilla, castigo por hacer culto a la tierra
de nuestro pequeño jardín. Los lirios florecidos,
sus caras enjutas y barbudas, de viejos
hermosos, dispensaron sus bendiciones y sus culpas.
Vos pintabas un mueble, y dijiste "lo haré,
por supuesto lo haré". Yo plantaba ajedrea,
no muy resistente a los meses invernales, al lado
de la menta que odias por invasiva.
Se entremetió una brisa, siempre la novia radiante
con quien todos se quieren casar. La labor de una vida,
por la mitad hasta ahora, omnipresente.
Estaba cansado, y pronto caería la noche,
pero nadie puede negar el amor, ni nosotros.
martes, 20 de octubre de 2015
Una voz en la niebla (por Joan Margarit)
El tren se ha detenido entre la niebla
de plomo, que amortigua
ruido de calles, cláxones de hierro,
el desorden de alguna mala música.
Tomo un taxi hasta un centro impersonal.
Es una ciudad fea que me espera
con un desánimo de vieja hetaira.
Pero comienzo a rescatar lugares:
casas, aceras,
las luces de unas tiendas, aquel bar.
Poco a poco, el paseo me devuelve
una voz en la niebla y una música
con una letra escrita por la vida.
Las calles, cómo cambian a medida
que mi recuerdo va reconociéndolas.
No hay ciudades feas, ni hombre o mujer
tan miserables que no podamos ser
tú y yo en esta historia de amor.
de plomo, que amortigua
ruido de calles, cláxones de hierro,
el desorden de alguna mala música.
Tomo un taxi hasta un centro impersonal.
Es una ciudad fea que me espera
con un desánimo de vieja hetaira.
Pero comienzo a rescatar lugares:
casas, aceras,
las luces de unas tiendas, aquel bar.
Poco a poco, el paseo me devuelve
una voz en la niebla y una música
con una letra escrita por la vida.
Las calles, cómo cambian a medida
que mi recuerdo va reconociéndolas.
No hay ciudades feas, ni hombre o mujer
tan miserables que no podamos ser
tú y yo en esta historia de amor.
lunes, 19 de octubre de 2015
Y miro al que yo he sido (por José Hierro)
¡Tanto hermoso momento
muerto por la costumbre!
¡Tanto instante terrible
que luego en la memoria
se hunde!
Sé que somos la suma
de instantes sucesivos
que el tiempo no destruye.
Y miro al que yo he sido
un instante olvidado
de algún día de octubre.
Me duele su tristeza:
quisiera liberarle
de aquella pesadumbre;
pero somos la suma
de instantes sucesivos
que el tiempo no destruye.
Aquel que ahora recuerdo
seguirá siempre en sombras
aun cuando el sol me alumbre.
Oh, no poder borrarlo,
no poder alegrarlo,
darle cielos azules.
Mientras esté yo vivo
él llenará su instante
ciñendo rosas fúnebres.
Y cuando yo me muera
él seguirá viviendo
ciñendo rosas fúnebres.
Sé que somos la suma
de instantes sucesivos.
Ceñimos rosas fúnebres.
(Miro: estoy en mi estela,
ciñendo rosas fúnebres.)
domingo, 18 de octubre de 2015
De la mano (por Saiz de Marco)
Ves en la lejanía los pasos que no has dado
-los senderos futuros,
las huellas aún no impresas-
y allá al fondo
esos dos antagónicos juntos
( como aquellas parejas en que
él alto / ella baja ;
“pies en la tierra” ella / “siempre en la luna” él ;
extravertido uno / ensimismado el otro ).
Como el negro y el blanco
o lo amargo y lo dulce
o el agua y el aceite
cogidos de la mano
atraviesan,
recorren el camino de enfrente
-tu ruta aún por andar-.
Hacia ti están viniendo
esos polos opuestos, esos novios tan raros,
ese amor imposible:
el miedo y la esperanza.
sábado, 17 de octubre de 2015
Un doble ser (por Fernando Pessoa)
Cerca con grandes muros a aquél que te sueñas.
Después, donde es visible el jardín
a través del portón de reja adecuada,
pon las flores que sean más risueñas,
para que te conozcan sólo así.
Donde nadie lo vea no pongas nada.
Haz macizos como los que otros tienen
donde las miradas puedan entrever
tu jardín tal como vas a mostrárselo.
Pero donde es tuyo, y nunca lo ve nadie,
deja que crezcan las flores que vienen del suelo
Después, donde es visible el jardín
a través del portón de reja adecuada,
pon las flores que sean más risueñas,
para que te conozcan sólo así.
Donde nadie lo vea no pongas nada.
Haz macizos como los que otros tienen
donde las miradas puedan entrever
tu jardín tal como vas a mostrárselo.
Pero donde es tuyo, y nunca lo ve nadie,
deja que crezcan las flores que vienen del suelo
y a las hierbas naturales déjalas medrar.
Haz de ti mismo un doble ser guardado;
y que nadie que vea y mire pueda
saber de ti más de lo que sabe un jardín
-un jardín mostrable y reservado,
por detrás del cual la flor nativa roza
la hierba tan pobre que ni tú la ves…-.
y que nadie que vea y mire pueda
saber de ti más de lo que sabe un jardín
-un jardín mostrable y reservado,
por detrás del cual la flor nativa roza
la hierba tan pobre que ni tú la ves…-.
viernes, 16 de octubre de 2015
Yo estudiaba los ríos (por Benjamín Prado)
Palabras como la nieve que se oculta a sí misma.
Los bosques destilaban pájaros tropicales,
el Amazonas era la sombra de los tigres,
el Sena
comenzaba en las campanas
y en el Hudson morían las palomas.
Yo estudiaba los ríos.
Mi padre,
envuelto en humo,
hablaba de esperanzas y de escombros,
de la lluvia inocente sobre el hombre culpable,
del puñal enterrado en la arena de los números,
del sol vacío que entra en la casa del muerto.
La luz del televisor se extendía por la habitación.
En el Ebro flotaban duros montes de estaño.
En el Guadalquivir hubo torres de oro.
En el Nilo brillaban las pirámides.
Nuestros cuerpos teñían de rojo la luna.
Los bosques destilaban pájaros tropicales,
el Amazonas era la sombra de los tigres,
el Sena
comenzaba en las campanas
y en el Hudson morían las palomas.
Yo estudiaba los ríos.
Mi padre,
envuelto en humo,
hablaba de esperanzas y de escombros,
de la lluvia inocente sobre el hombre culpable,
del puñal enterrado en la arena de los números,
del sol vacío que entra en la casa del muerto.
La luz del televisor se extendía por la habitación.
En el Ebro flotaban duros montes de estaño.
En el Guadalquivir hubo torres de oro.
En el Nilo brillaban las pirámides.
Nuestros cuerpos teñían de rojo la luna.
jueves, 15 de octubre de 2015
Por las noches hendidas (por Jorge Luis Borges)
Como un ciego de manos precursoras
que apartan muros y vislumbran cielos,
lento de azoramiento voy palpando
por las noches hendidas
los versos venideros.
He de quemar la sombra formidable
en su límpida hoguera:
púrpura de palabras
sobre la espalda flagelada del tiempo.
He de encerrar el llanto de los siglos
en el duro diamante del poema.
Nada importa que el alma
ande sola y desnuda como el viento
si el universo de un glorioso beso
aún abarca mi vida
y en lo callado se embravece un grito.
Para ir sembrando versos
la noche es una tierra labrantía.
que apartan muros y vislumbran cielos,
lento de azoramiento voy palpando
por las noches hendidas
los versos venideros.
He de quemar la sombra formidable
en su límpida hoguera:
púrpura de palabras
sobre la espalda flagelada del tiempo.
He de encerrar el llanto de los siglos
en el duro diamante del poema.
Nada importa que el alma
ande sola y desnuda como el viento
si el universo de un glorioso beso
aún abarca mi vida
y en lo callado se embravece un grito.
Para ir sembrando versos
la noche es una tierra labrantía.
miércoles, 14 de octubre de 2015
Instante (por Wislawa Szymborska)
Camino por la ladera de una verdeante colina.
Hierba, florecillas en la hierba,
como si fuera un cuadro para niños.
Un neblinoso cielo ya azulea.
Una vista sobre otras colinas se extiende en silencio.
Como si aquí nada hubiera de cámbricos, silúricos,
ni rocas gruñéndose unas a otras,
ni abismos elevados,
ninguna noche en llamas
ni días en nubes de oscuridad.
Como si no pasaran por aquí llanuras
en febriles delirios,
en helados temblores.
Como si sólo en otros lugares se agitaran los mares
y desgarraran las orillas de los horizontes.
Un bosque que aparenta un bosque por los siglos de los siglos, amén,
y en lo alto unos pájaros que vuelan en su papel de pájaros que vuelan.
Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.
Uno de esos terrenales instantes
a los que se pide que duren.
martes, 13 de octubre de 2015
Y así estuvimos (por Mauro Lo Coco)
el ruido de la heladera, ese verano
se paraba todas las noches a las tres
y a las tres y diez empezaba de nuevo
nos tenía a todos tarados, Alberto
decía que Roxana se levantaba dormida y la apagaba
y cuando volvía a la cama se despertaba de verdad
y volvía a la cocina y la prendía de nuevo;
a mí nunca me pareció lo mismo
estaba seguro que era parte de algún mecanismo
interno que descansaba para funcionar
diez minutos por ahí, algo así
que necesitaba girar y cuando llegaba a la pata
que faltaba
giraba en falso, o más lento, no sé
yo nunca entendí de máquinas
y te digo que así estuvimos varios días los cuatro
que al desayuno otra cosa no comentábamos
y siempre todos menos Roxana
la habíamos oído sonar y dejar de sonar
hasta que vino ese muchacho
un pibe joven que era amigo del novio de María
la amiga de Roxana, Rodrigo
creo que se llamaba
o Ramiro
Ramiro;
venían los tres de la playa a tomar mate
era técnico de algo no sé, compact disc, dvd
y nos dice que es normal
que todas las heladeras lo hacen
el ruido a la noche y parar,
y que tal vez sea la costumbre de dormir o de oír
y que también se paran de día pero
que uno no está ahí para escuchar
se entiende
si te lo explica alguien que sabe
lunes, 12 de octubre de 2015
Qué rueda (por Kim Sung-Hui)
La oscuridad precede al sol,
el sol destruye a la oscuridad.
La realidad se opone al sueño
y entonces, los sueños destruyen la realidad.
El águila toma el sol en su paseo.
Ahora, detrás de una pared de nubes
me arriesgo
a soñar
que las corpusculares ondas misteriosas del sol
están uniendo mi vida con la suya
para evitar que mi existencia se convierta en cenizas
para evitar que se convierta en una máscara de hielo.
Me atrevo a imaginar:
mi fuego girando como el sol en su eterna órbita.
para siempre, eternamente.
uniendo
mi vida y esa enorme vida.
¿Qué rueda giratoria
en el vacío de qué niebla
es nuestro hilo que comienza a destejerse?
domingo, 11 de octubre de 2015
Hijo (por José Mateos)
¿Para venir a este mundo
en qué otro mundo habrás muerto,
hijo? ¿Qué voces te arrastran
y quién te echará de menos
allí, donde nadie sabe
que estás aquí y eres nuestro?
¿Cuántos días, cuántas noches
vivirás, mi dios pequeño,
junto a nosotros, oculto
y reclamado por ellos?
sábado, 10 de octubre de 2015
Por las que no he podido entrar (por León Felipe)
Sé muy pocas cosas…
No he leído los libros cabalísticos…
Mi cerebro es muy corto…
No entiendo nada. Soy viejo
y todo me parece un gran enigma.
La filosofía y las profundas especulaciones me paralizan y me aturden. Físicamente me destruyen.
Hay muchas puertas por las que no he podido entrar…
¡Cuántas veces me he quedado llorando a la puerta cerrada de Dios!
Sólo alguna vez, por el resquicio de mi llanto, he vislumbrado no sé qué lucecillas… y me he dado a soñar.
Luego me he puesto a escribir.
Así han salido mis versos… desgarrándome, con ansiedad y con dolor…
Nada son, sin embargo, bien lo sé… Balbuceos…
lenguaje infantil y primario…
¿Cuándo comenzaré a hablar?...
¿Cuántos siglos tendrán que transcurrir todavía
para que pueda pronunciar las palabras esenciales
cargadas de conocimiento, de amor, de Luz…?
viernes, 9 de octubre de 2015
Cogí de sus dedos la foto (por Yusef Komunyakaa)
Se tambaleó por un momento
entre la hierba alta, como si estuviese bailando
con una mujer. Nuestros cañones
se pusieron al rojo vivo.
Cuando me acerqué,
un halo azul de moscas volaba sobre él.
Cogí de sus dedos
la foto deteriorada.
No hay otra manera
de decirlo: Me enamoré.
La mañana empezaba a clarear,
menos para un mortero lejano
y para algunos helicópteros que despegaban
en alguna parte.
Le metí la cartera en el bolsillo
y le di la vuelta para que no siguiera
besando el suelo.
jueves, 8 de octubre de 2015
Una máscara (por Haris Vlavianós)
de noche
con la luna llena de las contradicciones
bailando en la cúpula de tu mente
piensas en cambiar el papel
en quitarte al fin la máscara de la pena
ayer
encantado por las posibilidades de los sentimientos escribiste:
sólo como pasión tiene sentido el amor
todo espíritu profundo necesita una máscara
porque así lo demanda la sutileza de su preocupación
hoy
bajo este cielo predecible
quieres pensar
que la avenida a tus pies se abre
termina en algún sitio
en una resolución final de la materia
en un resumen que te permitirá admirar o temer
el desarrollo predestinado de la historia
tu historia
en cuyos episodios dramáticos
buscas renococer una señal de afirmación
la seguridad de la recompensa
la luz brilla
"la luz siempre está brillando"
es tarde sin embargo
para hojear el momento
(la vida no es un argumento / la vida no es una discusión)
nadie tiene ganas de leer más
ni tú tampoco (que hable el texto)
que cansada por la intensidad
de las últimas horas
descuelgas el teléfono
"un expresso doble"
(como siempre,
el mejor somnífero).
miércoles, 7 de octubre de 2015
Borrar (por Roberto Juarroz)
¿Qué borrar primero:
la sombra o el cuerpo,
la palabra escrita ayer
o la palabra escrita hoy,
el día oscuro
o el día claro?
Hay que encontrar un orden.
El aprendizaje de borrar el mundo
nos ayudará luego a borrarnos.
la sombra o el cuerpo,
la palabra escrita ayer
o la palabra escrita hoy,
el día oscuro
o el día claro?
Hay que encontrar un orden.
El aprendizaje de borrar el mundo
nos ayudará luego a borrarnos.
martes, 6 de octubre de 2015
Sólo queríamos (por Ana Rüsche)
A nuestra generación nunca se nos permitió ver el mar
por primera vez.
Él siempre estuvo adentro, reluciente, tan grande
como nosotros mismos
Rogamos tanto a las noches que se hiciera nuevamente la
oscuridad
pero las plegarias atendidas
son ilusión de tontos, un ardor en los
ojos y
el mar se enfurece aquí dentro, monstruo devorador
de piedra
Nacimos ballenas mórbidas
pobres diablas ahogadas en este papel de luz,
y es tan mezquino en sus inicios el deseo
Nosotros sólo queríamos ver el maldito mar
por favor,
por primera vez
lunes, 5 de octubre de 2015
Ante las cosas (por Fernando Pessoa)
A veces, en días de luz perfecta y exacta,
en que las cosas tienen cuanta realidad pueden tener,
me pregunto a mí mismo despacio
por qué siquiera atribuyo
belleza a las cosas.
¿Una flor acaso tiene belleza?
¿Tiene belleza acaso una fruta?
No: tienen color y forma
y existencia tan sólo.
La belleza es el nombre de algo que no existe
y que doy a las cosas a cambio del agrado que me dan.
No significa nada.
Entonces, ¿por qué digo de las cosas: son bellas?
Sí, incluso a mí, que vivo solamente de vivir,
invisibles, vienen a hablarme las mentiras de los hombres ante las cosas,
ante las cosas que simplemente existen.
¡Qué difícil ser uno mismo y no ver sino lo visible!
domingo, 4 de octubre de 2015
Y se hace aire (por Agustín Fernández Mallo)
Detectan su fin, van haciéndose transparentes los cuerpos,
ves cómo se funden con el paisaje -ves a través de ellos el paisaje-.
Es paradójico porque más que nunca la carne reivindica
en esos momentos su porqué
-una flecha se clava en el aire y se hace aire y luego telón y cae y levanta
un polvo sin propietario-.
Ya nadie se llamará como yo,
me dijo.
ves cómo se funden con el paisaje -ves a través de ellos el paisaje-.
Es paradójico porque más que nunca la carne reivindica
en esos momentos su porqué
-una flecha se clava en el aire y se hace aire y luego telón y cae y levanta
un polvo sin propietario-.
Ya nadie se llamará como yo,
me dijo.
sábado, 3 de octubre de 2015
Teléfono (por Vicente Huidobro)
HILOS TELEFÓNICOS
CAMINO DE LAS PALABRAS
Y de noche
violín de la luna
UNA VOZ
Una montaña
ha surgido ante mí
Lo que espera detrás
busca su camino
DOS LUGARES
DOS OREJAS
Una larga ruta por recorrer
Palabras
a lo largo de tu cabello
Una ha caído al agua
ALLO
ALLO
viernes, 2 de octubre de 2015
Cuando todo se entienda (por Saiz de Marco)
Cuando caigan los velos,
las vendas de los ojos,
¿cómo será, cómo se verá
todo?:
lo oscuro,
lo insondable,
lo real imperceptible,
lo absurdo,
lo aleatorio,
los efectos,
las causas,
el sinsentido,
el caos,
las falsas evidencias,
los errores veraces,
lo trágico,
lo injusto,
la razón,
la locura,
los rodillos del odio,
la crueldad desde dentro,
la estructura del mal,
el dolor que sentiste,
el daño que infligí,
el yo,
el aquí,
el ahora...
Cuando todo se aclare y se ilumine,
cuando todo se encienda,
cuando todo se entienda...,
¿qué aspecto tendrá entonces?
¿Qué forma adquirirá cuando se muestre entero,
no sólo este rincón
lleno de sombras?
¿Cómo será, cómo se verá todo
-el todo,
todo el todo-
después de irse la niebla,
cuando se haga la Luz?
jueves, 1 de octubre de 2015
Su voz (por Oscar Wilde)
La intrépida abeja vaga de rama en rama
con su hirsuto abrigo y ligeras alas,
ahora sobre el pétalo del lirio,
ahora balanceándose en un jacinto,
en torno a él:
estaba cerca el amor; y fue aquí, supongo,
donde realicé mi voto.
Juré que dos almas deberían ser una
mientras las gaviotas amen el mar,
mientras los girasoles amen el sol.
Será, dije, nuestra eternidad,
tuya y mía.
Querida amiga, aquellos tiempos se han ido,
la red del Amor se ha cerrado.
Mira hacia arriba, donde los álamos
danzan y danzan en el aire del estío.
Aquí, en el valle, la brisa nunca
agita los frutos, pero allí
los grandes vientos soplan,
y desde el susurro místico del mar
arriban las olas que acarician la costa.
Mira hacia arriba, donde gritan las níveas gaviotas.
¿Qué pueden contemplar qué nosotros no vemos?
¿Acaso una estrella? ¿O quizá la lámpara que ruge
en algún lejano y perdido buque?
¡Ah, puede ser!
¡Hemos vivido en una tierra de sueños!
Y qué triste parece.
Mi Vida, no queda nada por decir,
salvo esto: el amor nunca se pierde.
El filo del invierno desgarra el pecho de mayo,
y sus rosas carmesí brotan quebrando el hielo.
Los navíos de la tempestad
en alguna bahía encontrarán su muelle,
así como nosotros deberíamos hacerlo.
Y no queda nada por hacer
salvo besarnos una vez más, y partir.
No, no hay nada que debamos lamentar,
yo tengo mi belleza, y tú el arte.
No, que nunca comience;
un mundo no es suficiente
para dos como tú y yo.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Pequeño testamento (por Miguel D´ Ors)
Os dejo el río Almofrey, dormido entre zarzas con mirlos,
las hayas de Zuriza, el azul guaraní de las orquídeas,
los rinocerontes, que son como carros de combate,
los flamencos como claves de sol de la corriente,
las avispas, esos tigres condensados,
las fresas vagabundas, los farallones de Maine, el Annapurna,
las cataratas del Niágara con su pose de rubia platino,
los edelweiss prohibidos de Ordesa, las hormigas minuciosas,
la Vía Láctea y los ruyseñores conplidos.
Os dejo las autopistas
que exhalan el verano en la hora despoblada de la siesta,
el Cántico espiritual, los goles de Pelé,
la catedral de Chartres y los trigos ojivales,
los aleluya de oro de los Uffizi,
el Taj Mahal temblando en un estanque,
los autobuses que se bambolean en Sao Paulo y en Mombasa
con racimos de negros y animales felices.
Todo para vosotros, hijos míos.
Suerte de haber tenido un padre rico.
martes, 29 de septiembre de 2015
Reflejarse (por Roberto Juarroz)
Digo palabras frente al espejo.
Unas veces se fugan por el aire.
Otras veces duplican el espejo
y encuentro dos espejos mirándose.
Pero algunas veces
las palabras entran en el espejo.
Las palabras no han aprendido a reflejarse
porque reflejarse es mantenerse afuera.
El reflejo es el comienzo de la pérdida.
Unas veces se fugan por el aire.
Otras veces duplican el espejo
y encuentro dos espejos mirándose.
Pero algunas veces
las palabras entran en el espejo.
Las palabras no han aprendido a reflejarse
porque reflejarse es mantenerse afuera.
El reflejo es el comienzo de la pérdida.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Mi vida flotaba (por Pedro Xavier Solís)
Y yo me dije: “Haré a Dios conforme a mi semejanza”.
Y me puse en el centro para hacerlo a mi manera.
Pero yo era un gran vacío;
mi vida flotaba sobre la haz del abismo.
Y vi que yo era noche y que era noche para otros.
Y dije yo: “Haya luz”. Pero no se apartó la oscuridad.
Ni amaneció el día primero. Y sin pertrechos
–en medio de la nada– vi que mi caducidad era eterna.
Y me puse en el centro para hacerlo a mi manera.
Pero yo era un gran vacío;
mi vida flotaba sobre la haz del abismo.
Y vi que yo era noche y que era noche para otros.
Y dije yo: “Haya luz”. Pero no se apartó la oscuridad.
Ni amaneció el día primero. Y sin pertrechos
–en medio de la nada– vi que mi caducidad era eterna.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Un espacio en el aire (por Roberto Appratto)
Esos momentos en los cuales no vacilo,
cuando la noche, en pleno descenso,
abre un espacio en el aire
delante de mí. Los sonidos
en presente puro,
disponibles.
Llego y me instalo para pedir un café:
no vacilo. Este es el arte
de mantenerse solo,
como sobre una cuerda en su máximo
estado de tensión. Mientras tanto
miro al vacío y silbo: la melodía, breve,
intempestiva,
proyecta el cuerpo hacia fuera;
el sentimiento canta para mí,
estoy bien. El dominio sobre el lugar
es el dominio sobre el tiempo,
de un modo que el mozo parece comprender
sin esfuerzo. Si un aire de legítima tristeza
corta mi respiración un instante,
no es nada: la presión que la realidad ejerce sobre nosotros
es siempre variable, y es esto
lo que tengo para dar esta noche; ese
es el presente que un segundo café
retiene junto a mí,
más denso y más
iluminado.
sábado, 26 de septiembre de 2015
En esa hora (por Alvin Pang)
Ese día la marea se dará la vuelta
y suavemente pondrá su cabeza coronada
a descansar en las mejillas de la orilla.
El árbol del yambo derramará
hojas húmedas, para devolver a la tierra
su deuda en lágrimas.
Cada nube se colocará
en su lugar elegido. Incluso el sol
comprenderá su audacia.
Tanto tiempo he escuchado la llamada
de las montañas en su soledad.
La sed del río que se dirige al océano.
Sé que los años se quedaron atrapados
en ti, como si fueran pájaros, sus alas
el aleteo de tu propio corazón.
En esa hora, liberaré con el mío
la tristeza de tu cuerpo,
y haré que sea el sonido del candado
al abrirse de golpe.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Oh risa (por Annie Leclerc)
Yo le decía a mi hermana,
o ella me decía,
ven, ¿jugamos a reír?
Nos acostábamos una junto a la otra en la cama
y empezábamos.
Para hacer como que hacíamos, por supuesto.
Risas forzadas.
Risas ridículas.
Risas tan ridículas que nos hacían reír.
Entonces venía, sí, la verdadera risa,
la risa entera a arrastrarnos en su rompiente inmensa.
Risas estalladas, proseguidas, atropelladas, desencadenadas,
risas magníficas, suntuosas y locas...
y reíamos al infinito de la risa de nuestras risas...
Oh risa, risa del goce, goce de la risa;
reírse es de una manera tan profunda vivir
o ella me decía,
ven, ¿jugamos a reír?
Nos acostábamos una junto a la otra en la cama
y empezábamos.
Para hacer como que hacíamos, por supuesto.
Risas forzadas.
Risas ridículas.
Risas tan ridículas que nos hacían reír.
Entonces venía, sí, la verdadera risa,
la risa entera a arrastrarnos en su rompiente inmensa.
Risas estalladas, proseguidas, atropelladas, desencadenadas,
risas magníficas, suntuosas y locas...
y reíamos al infinito de la risa de nuestras risas...
Oh risa, risa del goce, goce de la risa;
reírse es de una manera tan profunda vivir
jueves, 24 de septiembre de 2015
¿A paso de cangrejo?
zUmO dE pOeSíA rechaza las fronteras.
zUmO dE pOeSíA rechaza las banderas.
zUmO dE pOeSíA está por la desfronterización del mundo.
zUmO dE pOeSíA defiende la existencia de una única organización política y democrática a escala planetaria. Una Humanidad = un Estado. (Lo que, por cierto, es plenamente compatible con el respeto y la pasión que sentimos por todas las lenguas y culturas del mundo.)
Desde esta premisa, creemos que la decisión de erigir una nueva frontera en Europa sería un desalentador e insolidario paso en la dirección incorrecta. Un retroceso.
Por ello zUmO dE pOeSíA invita a no apoyar, en las próximas elecciones para el Parlament de Catalunya del 27 septiembre 2015, aquellas opciones que postulan una nueva fragmentación y fronterización territorial.
Página en construcción (por Luis Bagué)
Perdimos otra vez el equipaje.
Las maletas aprenden
a viajar sin nosotros, a buscarnos
nombres y domicilios.
El paisaje no envidia la verticalidad
ni justifica el vuelo,
la ráfaga incesante
de nubes de mosquitos
cuya danza se enciende
con los cambios de luz.
La simetría
distribuye el desorden
proporcional de calles y mercados,
bicicletas y templos y jardines
y un largo polisíndeton que en vano
trata de coordinar
la insubordinación de la mirada.
El espacio horizontal se extiende,
crece,
se dilata en la anchura del tiempo
donde la lentitud
avanza a 20 megas por segundo
entre los cables del tendido eléctrico,
las latas oxidadas y los puestos
que ofertan
el monzón de la vida en las ventanas.
Las líneas no se cruzan. Nada
es perpendicular. El cielo finge
que este suelo ya no le pertenece
—página en construcción, disculpen
las molestias—.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
Irse cayendo (por Jotaele Andrade)
mientras cepillaba mis últimos dientes
y muelas
la podredumbre de las caries y de los besos muertos
y las palabras
de amor que no diré nunca
y las otras
enraizadas a lo indecible
y la noche afuera era un niño
frío
y caído entre las cosas
un cabello sobresalía
colgado de otro cabello
es lenta la calvicie
me dije
y lento
irse cayendo
entre muelas
cabellos
fatigas
cotidianidades
tomé la hebra
frágil
quebradiza
qué modo de irse despojando
de uno
pensé
mientras la dejaba caer sobre la blancura del lavabo
fue bajando con una velocidad
asombrosa
hacia el mármol
una hebra negra y curvada sobre sí misma
cayendo verticalmente
una parte de mí yéndose a estrellar
cayendo
como un bólido
hacia un blanco estruendoso
y deteniéndose
de un modo abrupto
a unos milímetros del lavabo
podría referir
las conjeturas
la búsqueda de razones para semejante espectáculo
pero mi corazón gozaba
de ver
aquel cabello
flotando
como si hilos invisibles
lo sostuvieran
oh misterio
oh dicha de estos oscuros sucesos
para que el poeta diga que en toda catástrofe hay un milagro
martes, 22 de septiembre de 2015
La cara que me mira (por Jorge Luis Borges)
No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.
Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.
Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,
pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.
Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.
Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,
pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.
lunes, 21 de septiembre de 2015
Todavía no (por Tom Kristensen)
La hierba se me hace raramente alta,
tumbado con la nariz pegada a la tierra.
Si me doblo hacia abajo hasta donde puedo,
mi mundo se hace enorme.
Bajo los verdes portales puntiagudos
me detengo. Aquí me quedaré.
No me atrevo a perderme en la oscuridad brillante.
No me atrevo a perderme entre las briznas.
Dentro de los vestíbulos alboreantes de las briznas
hay una voz que se despierta y llama
en un ascendente: ¿vienes, vienes ahora,
vienes, vienes, vienes ahora,
ahora tú?
Y como respuesta
dentro de mí suena,
sorprendente, una voz clara como la de un niño:
¡No, todavía no! ¡No, todavía no!
Pero cuando haya pasado mi locura,
cuando mis sueños de grandeza hayan pasado,
entonces iré, entonces iré,
seré entonces pequeño y lo bastante feliz.
domingo, 20 de septiembre de 2015
En ese ojo que le mira (por Luis Suñén)
Aquello que hoy recuerdas está escrito
en alguna parte. Y aparecen las
cosas de entonces, el sol tan alto,
ese campo sin fin por el que sube un niño,
‘No voy a ser nada de lo que piensas’,
dice, y aquel que le lleva de la mano
no lo entiende, sólo sabe
lo que ha visto.
‘No renuncies a tu secreto’, escucha
y ve la soledad
en ese ojo que le mira
mientras pasan las cosas y vuelan los pájaros.
Ahí es donde empieza la historia
del que busca entre la sombra un nombre,
ese que le dieron y no encuentra
ni en los otros ni en el aire.
Vendrán los días
y le darán muy pronto un cuerpo suyo,
puro saberse así, de un modo hecho
a la verdad que, oculta en tanta luz,
no espera todavía ese final:
‘Desgarrada la nube; el arco iris . . .
sábado, 19 de septiembre de 2015
Ni tiene nunca por qué saber (por Juan Manuel Inchauspe)
Un prolongado ulular me despertó durante la noche.
Tuve una visión fugaz de luces rojas y amarillas, intermitentes.
Con los ojos recién abiertos en la oscuridad
escuché el sonido giratorio por las calles desiertas.
Instintivamente estiré mi mano por entre las varillas
y palpé el cuerpo de mi pequeño hijo:
suave, cálido,
pacificado como un animalito.
Él no sabe nada de estas cosas.
No sabe nada del sueño cortado
en la fría madrugada.
Ni tiene nunca tampoco por qué saber
cómo brotan del sueño estas visiones;
cómo giran, intermitentes, en la memoria,
y flotan con sus ojos de vidrio alrededor del corazón.
viernes, 18 de septiembre de 2015
De río desbordado (por José Manuel Benítez)
Ahora pulsa el canalón
y la nota metálica percute
en algún olvidado sentimiento de culpa.
Tan sólo yo la oigo.
Avanzo un paso más y me sorprende
un rumor de corriente subterránea.
(Una mano rasando un arpa.)
Y luego soy yo mismo el instrumento,
y suenan en mi espalda las notas en sordina
de un pizzicato tenue,
mientras la calle entera alza su canto unánime de río desbordado.
Me he cruzado con hombres embozados
que venían, quizá, de apalear a un mendigo
o de robar un banco.
A esa mujer la tela de la falda
se le ciñe a los muslos
como los pliegues de una túnica
al cuerpo de una estatua.
Mi deseo resbala entre las piernas.
La ciudad se deshace.
Como ropa mojada
pesan sus injusticias sobre mí.
Suena un redoble de tambor.
Y no me canso de escucharte,
ensimismada multiinstrumentista,
lluvia.
pesan sus injusticias sobre mí.
Suena un redoble de tambor.
Y no me canso de escucharte,
ensimismada multiinstrumentista,
lluvia.
jueves, 17 de septiembre de 2015
De tu puerta inservible (por Liu Changqing)
A lo largo del camino
recubierto de musgo,
en dirección a tu cabaña,
descubro tus huellas.
Blancas nubes yacen ocultas
sobre tu isla silenciosa.
Olorosas hierbas crecen
hasta la altura
de tu puerta inservible.
Un chubasco pasajero
descubre el color
de los pinos.
Vagando por los cerros
encontré el nacimiento
de un arroyo.
Arroyo, flores, meditación:
todo es uno y no siento
necesidad de hablar.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Irse a pique (por Herman Melville)
He visto una nave de construcción marcial
(estandartes enarbolados, temeroso aparejo)
timonear por mera locura hacia un impasible témpano,
y luego, sin demora, su fatua robustez irse a pique.
El impacto partía bloques enormes de hielo por el aire,
que iban a dar a la cubierta de modo tétrico,
pues esa sola avalancha fue todo
para hacer zozobrar la nave de súbito.
A lo largo de las espuelas pálidas del hielo
ni un madero ni una frágil traza de la nave.
El imponente prisma de verde hielo no siente el topetazo.
Ni un ornamento ni un vestigio queda,
ni las gotas pendiendo de las grutas se inquietan
cuando la nave se va a pique.
Ni siquiera las gaviotas como una nube rondan,
un pico alejado, ni otras aves que descendían,
ni las playas de cristal se conmueven.
Tampoco el menor estremecimiento bulle
como para que bruscas agujas de hielo se levanten
cuando los mástiles colapsan entre olas
e inconmovible el bloque se mantiene en su sitio.
Ni las focas amodorradas en los escurridizos y brillantes flancos
resbalaron desde pesadas placas
disparadas a ambos lados de la nave.
La impetuosa nave que en vana resistencia sucumbe.
Inquebrantable el témpano parece, tan vasto, tan frío.
Su mortal desánimo lo ensombrece;
y sin embargo le hace exhalar su insano aliento
disolviéndose a la deriva y destinado a estar muerto.
El témpano, pesado y torpe, que holgazanea y pierde el tiempo
invade el barco con lamentos y lo hunde.
Lo hace resonar en la profundidad abisal
sin perturbar demasiado al cieno
y a la viscosa caracola, que se revuelven
junto a la exámine indiferencia de sus flancos.
martes, 15 de septiembre de 2015
Tren detenido (por Vicente Huidobro)
El villorio
un tren detenido sobre el llano
En cada charco
duermen estrellas sordas
y el agua tiembla
cortinaje al viento
la noche cuelga en la arboleda
En el campanario florecido
una gotera viva
desangra las estrellas
De cuando en cuando
las horas maduras
caen sobre la vida
lunes, 14 de septiembre de 2015
Contra "El toro de la Vega"
TORDESILLAS, LA GRAN VERGÜENZA
Mañana 15 de septiembre de 2015 tendrá lugar en la ciudad de
Tordesillas (Valladolid, España) un macabro “espectáculo” consistente en
perseguir a un toro por personas montadas a caballo y alancear al animal hasta
matarlo entre todos.
La mayoría de la gente come carne, y por tanto admite la
muerte de animales para alimentar a los humanos. Ahora bien, a estas alturas
del siglo XXI la Humanidad debería haber decidido que, existiendo medios para
causar la muerte animal de forma indolora, no es lícito ni admisible matar
animales de modo doloroso y cruel.
A algunas personas esto último les da igual, y es más, están
incluso dispuestas a participar en tan bochornosa “fiesta”. Tal es el caso de
la corporación municipal de Tordesillas, que ha autorizado –un año más- ese
aquelarre de salvajismo. (Sin embargo, aún está a tiempo de evitarlo.)
Desde ZuMo De PoEsÍa expresamos nuestro rechazo, incluso
nuestra repugnancia, a este ignominioso acto y a las personas que, directa o
indirectamente, contribuyan a su realización.
Los impodidos (por Saiz de Marco)
Lo que pudo ser y no fue
hoy desde el horizonte me pregunta
¿Por qué no soy?,
¿por qué no pude ser?
Desde lo lejano me interpelan
ellos: los impedidos,
los impodidos (pero no imposibles).
Desde el mar y entre la neblina
inquieren,
claman
(tampoco ellos lo saben)
¿Qué nos hizo no ser?,
¿qué nos impudo?
Las cosas y los hechos que no fueron
preguntan y no sé
qué contestarles.
domingo, 13 de septiembre de 2015
A nuestro lado dos sombras (por John Donne)
Mi amor, párate un poco, que una filosofía
de amor quiero leerte. En las tres horas
que desgranamos juntos paseando,
iban a nuestro lado dos sombras que nosotros producíamos.
Ahora el sol se cierne sobre nuestras cabezas;
avanzamos pisándonos las sombras;
y ya todas las cosas se concretan
en dura claridad.
Así mientras crecían nuestros amores niños,
los disfraces, las sombras fluían de nosotros
y de nuestro cuidado. Ahora ya no es lo mismo.
Aún no había llegado aquel amor
a su grado más alto. Por eso se ingeniaba
en celarse a la vista de los hombres.
Pero si nuestro amor no se sostiene
en puro mediodía, nuevas sombras
proyectaremos al opuesto lado.
Y mientras las primeras cegaban a los otros,
las que vengan después trabajarán
sobre nosotros mismos, cegando nuestros ojos.
Si nuestro amor desmaya, declina hacia el ocaso,
tú me disfrazarás
falsamente tus actos, yo los míos.
Las sombras mañaneras se esfumaron,
pero éstas de la tarde irán creciendo
a lo largo del día.
Pero, ¡ay!, el día del amor es corto
cuando el amor desmaya.
El amor es la luz siempre creciente,
o plena e inmutable.
Y su primer minuto
después del mediodía es ya la noche.
sábado, 12 de septiembre de 2015
La cita (por Alfonso Brezmes)
Es posible que no sepas
que ayer tomamos café juntos,
que estaba un poco amargo
(como a ti te gusta),
que hablamos de muchas cosas
(aunque no vinieses),
y que cuando el camarero
vino a traer la cuenta,
sólo nos cobró una consumición.
El muy idiota.
viernes, 11 de septiembre de 2015
Y mientras tanto suceden cosas (por Wislawa Szymborska)
Todavía duermo
y mientras tanto suceden cosas.
Blanquea la ventana,
la oscuridad se vuelve gris,
el cuarto se desprende del espacio turbio,
buscan en él apoyo, titubeantes, pálidas estelas.
Sucesivamente, sin prisa,
porque es una ceremonia,
amanecen las superficies del techo y las paredes,
se separan las formas,
una de otra,
el lado izquierdo del derecho.
Clarean las distancias entre los objetos,
pían los primeros destellos
en el vaso, el picaporte.
No sólo parece, sino que es plenamente
aquello que ayer fue movido,
lo que se ha caído al suelo,
lo que se encierra en los marcos.
Solamente los detalles
no se han hecho aún visibles.
Pero atención, atención, atención,
muchas cosas indican que regresan los colores
y hasta la más pequeña recuperará el suyo,
junto con el matiz de la sombra.
Muy rara vez me sorprende, y debería.
Suelo despertarme como testigo tardío,
cuando el milagro está ya hecho,
el día establecido
y lo alboreante magistralmente transformado en matinal.
jueves, 10 de septiembre de 2015
La luz del sol nos apuntaba (por Rafael Campo)
No es que a mí no me guste el hospital.
Esos ramos de flores, tan audaces.
Ese vaho de yodo. Los enfermos
absortos y genuinos en sus cuartos.
Mi amigo, el que se está muriendo, ha ido
conmigo a donde los pacientes fuman
con sus tanques de oxígeno a un costado:
un patio de esqueletos. Compartimos
un cigarrillo: una delicia corta,
demasiado. Tomé su mano y era
como asir un llavero. Fue bellísimo:
la luz del sol nos apuntaba, como
si importáramos algo. Merodeé
por un momento el hueco en sus costillas
que se abrió para mí, y junto al estruendo
del salto de su corazón, froté
mis ojos y me dije “estoy perdido”.
Esos ramos de flores, tan audaces.
Ese vaho de yodo. Los enfermos
absortos y genuinos en sus cuartos.
Mi amigo, el que se está muriendo, ha ido
conmigo a donde los pacientes fuman
con sus tanques de oxígeno a un costado:
un patio de esqueletos. Compartimos
un cigarrillo: una delicia corta,
demasiado. Tomé su mano y era
como asir un llavero. Fue bellísimo:
la luz del sol nos apuntaba, como
si importáramos algo. Merodeé
por un momento el hueco en sus costillas
que se abrió para mí, y junto al estruendo
del salto de su corazón, froté
mis ojos y me dije “estoy perdido”.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Por el balón (por Antonio Deltoro)
Entre la multitud que se agita como un bosque encantado,
libres del deber, por el gusto del pasto, en la delicia de ver rodar,
de sentir cómo nace del pie la precisión que en la vida normal le arrebató la mano,
estamos reunidos hoy en este campo donde no crece ni la cebada ni el trigo;
somos el coro que lamenta y que festeja,
el suspiro que acompaña al balón cuando pasa de largo y el grito entre las redes.
Nació la pelota con una piedra o con la vejiga hinchada de una presa abatida.
No la inventó un anciano, ni una mujer, ni un niño:
la inventó la tribu en la celebración, en el descanso, en el claro del bosque.
Contra el hacer, contra la dictadura de la mano,
yo canto al pie emancipado por el balón y el césped,
al pie que se despierta de su servil letargo,
a la pierna artesana que vestida de gala va de fiesta,
al corazón del pie, a su cabeza, a su vuelo aliado de Mercurio,
a su naturaleza liberada del tubérculo:
a cada hueso de los dos pies, a sus diez dedos
que atrapan habilidades hace milenios olvidadas en las ramas de los árboles.
Yo canto a los pies que fatigados de trabajar las sierras llegaron al llano e inventaron el fútbol.
martes, 8 de septiembre de 2015
Por dentro (por Esteban Peicovich)
Un amoroso estudio radiográfico de mi mujer
permite comprobar que la naturaleza
contempló también su belleza interior.
Por ejemplo, esas teselas bizantinas
caídas por el tallo de su guitarra oculta.
Se le ve en su vestido más noche
la desnuda luciérnaga.
Hay ese breve recodo en su columna
y luego la protocolaria curva sonriente
sobre la que descansa el sistema
de su elegancia serenamente náutica.
Hay sus riñones, con ronroneo de Alhambra
y el arco dispensador de sus caderas,
un miriñaque obsceno
ofrecido hasta el fin.
Y hay la Vía Láctea en viaje intercostal
y una rosa que dice sí y no, desde un andamio.
También se muestra nítido el esternón
donde suele esperarme.
Estas son apenas las primeras imágenes
de la constelación de mi mujer por dentro.
Dar las de afuera escapa a las angulaciones
y compases de la astronomía.
Sólo se sabe que no tiene término
y que aun dormida ondula,
en pliegues invisibles,
como una buena luz.
permite comprobar que la naturaleza
contempló también su belleza interior.
Por ejemplo, esas teselas bizantinas
caídas por el tallo de su guitarra oculta.
Se le ve en su vestido más noche
la desnuda luciérnaga.
Hay ese breve recodo en su columna
y luego la protocolaria curva sonriente
sobre la que descansa el sistema
de su elegancia serenamente náutica.
Hay sus riñones, con ronroneo de Alhambra
y el arco dispensador de sus caderas,
un miriñaque obsceno
ofrecido hasta el fin.
Y hay la Vía Láctea en viaje intercostal
y una rosa que dice sí y no, desde un andamio.
También se muestra nítido el esternón
donde suele esperarme.
Estas son apenas las primeras imágenes
de la constelación de mi mujer por dentro.
Dar las de afuera escapa a las angulaciones
y compases de la astronomía.
Sólo se sabe que no tiene término
y que aun dormida ondula,
en pliegues invisibles,
como una buena luz.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Sin barandilla (por Mireia Calafell)
Tras cien peldaños sin barandilla
encontró por fin lo que buscaba:
la llave, y unos metros más allá, una puerta.
Viéndola de rodillas gritar al cielo
-¡ahora, ya lo entiendo, todo aquí recomienza!-
sé también que vosotros habríais llorado.
Y haríais lo mismo que yo, callado como yo,
ante las noches probando con la cerradura,
de boca seca y frío, ¡dejadme entrar!
Era inquietante atender al desconsuelo
de quien no ha entendido que el orden va al revés.
Tuve que marchar, que abandonarla.
¿Podéis por favor ir a por ella
y decirle que amar es primero la puerta,
tener la puerta abierta, y ya después
encontrar la llave que tendrá que abrir el vértigo
de cien escalones subidos sin barandilla?
domingo, 6 de septiembre de 2015
No te apartes (por Salvador Espriu)
Mira que pasas sin sabiduría
por el viejo camino transitado, tan sólo una vez,
y que la voz de súbito gritará
el secreto nombre que en ti lleva la muerte.
No volverás. Recuerda, no te apartes,
mientras caminas, de lo que es tan sencillo
de amar: este trigo y la casa,
la blanca señal de la barca en el mar,
el oro lento del invierno tendido en las viñas,
la sombra de un árbol sobre el ancho campo.
¡Oh, ama sobre todo la sagrada
vida del árbol y el rumor del viento
en las ramas que se alzan hacia la luz!
sábado, 5 de septiembre de 2015
No queda nada más ya que la escena (por Joan Margarit)
El escenario está junto a la playa
y frente a las terrazas de los bares.
El brillo de la luna va creciendo
como si fuese parte de la fiesta.
Salen unas siluetas: de repente,
nos golpea la música, una voz nos seduce
con la vulgaridad de la inocencia
y con sus rimas fáciles.
Los músicos, el mar, la playa, las terrazas,
todo está en el estuche de la noche
y, encima, la etiqueta de la luna.
Los bares han cerrado, y bajo el firmamento
no queda nada más ya que la escena,
hecha de viejas tablas,
y el nítido rumor de desesperación
que repiten las olas en la noche.
El mar reluce dentro de la sombra
como un caballo dentro de su establo.
viernes, 4 de septiembre de 2015
Miran en el tiempo (por Antonio Machado)
Esta luz de Sevilla… Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. —La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.
Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.
Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. —La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.
Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.
Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.
jueves, 3 de septiembre de 2015
Mamíferos (por Jesús Lizano)
Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.
Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantautores.
¿Cantautores?
Yo veo mamíferos.
Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…,
académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.
Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras.
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.
Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.
Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas.
Yo veo mamíferos.
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.
Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.
Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas.
Yo veo mamíferos.
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