zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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sábado, 31 de marzo de 2018

Pregunta (por May Swenson)


Cuerpo, mi casa
mi caballo, mi sabueso
qué voy a hacer
cuando te rindas

dónde voy a dormir
cómo voy a cabalgar
qué voy a cazar

adónde podré ir
sin mi montura
precipitada y ansiosa
cómo voy a saber
si adelante en el bosque
hay un tesoro o un peligro
cuando el Cuerpo mi buen
perro sabio esté muerto

Cómo será
estar en el cielo
sin techo ni puerta
con el viento por ojos

con las nubes de atuendo
¿cómo voy a esconderme?


viernes, 30 de marzo de 2018

Eres la abuela, eres mamá, eres Marosa (por Marosa di Giorgio)


Árbol de magnolias,
te conocí el día primero de mi infancia,
a lo lejos te confundes con la abuela, de cerca, eres el aparador
de donde ella sacaba el almíbar y las tazas.
De ti bajaron los ladrones;
Melchor, Gaspar y Baltasar;
de ti bajaban los pastores y los gatos;
los pastores, enamorados como gatos,
los gatos, serios como hombres, con sus bigotes y sus ojos de enamorados
Esclava negra sosteniendo criaturitas, inmóviles, nacaradas.
Virgen María de velo negro,
de velo blanco, allá en el patio.
Eres la abuela, eres mamá, eres Marosa, todo eres, con tu
eterna
juventud, tu vejez eterna,
niña de comunión, niña de novia,
niña de muerte.
De ti sacaban las estrellas como tazas,
las tazas como estrellas.
Estuvo oculto en tus ramos el Libro del Destino.
Te has quedado lejos, te has ido lejos.
Pero, voy retrocediendo hacia ti,
voy avanzando hacia ti.
Te veré en el cielo.
No puede ser la eternidad sin ti.


jueves, 29 de marzo de 2018

Ascendente y profunda (por Blanca Varela)


Junto al pozo llegué,
mi ojo pequeño y triste
se hizo hondo, interior.

Estuve junto a mí,
llena de mí, ascendente y profunda,
mi alma contra mí,
golpeando mi piel,
hundiéndola en el aire,
hasta el fin.

La oscura charca abierta por la luz.

Éramos una sola criatura,
perfecta, ilimitada,
sin extremos para que el amor pudiera asirse.
Sin nidos y sin tierra para el mando.


miércoles, 28 de marzo de 2018

Comparado conmigo (por Saiz de Marco)


Cicatriza mi herida.
Se desprende la costra de sangre coagulada.
Caen los rotos tejidos.
Nueva carne reemplaza y suple a la ya muerta.
La piel se regenera.
Se va, célula a célula, rellenando el desgarro...
como lo haría un orfebre.

Tú eres el artesano,
yo te miro en silencio un rato cada día.
Me lo paso bien, cuerpo, viendo cómo lo haces.
Quizá sólo por eso valió la pena herirme.

Con qué garbo trabajas,
yo en cambio no sabría restañarme y coserme.
(Ni latir,
ni hormonar,
ni pulsar tantas teclas sin cometer errores.)

Comparado conmigo, eres un tipo listo.
Se te da bien hacer lo que yo no podría.
Qué raro:
tú tan hábil, y yo en cambio tan torpe.​

Toda la vida has sido
(también tú, como todos)
más capaz,
más idóneo,
más resuelto que yo.



martes, 27 de marzo de 2018

Pero soy siempre yo (por Fernando Pessoa)



No soy igual en lo que digo y escribo.

Cambio, pero no cambio mucho.

El color de las flores no es el mismo bajo el sol

que cuando una nube pasa

o cuando entra la noche

y las flores son color de sombra.


Pero quien mira ve bien que son las mismas flores.

Por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo

fijaos bien en mí:

si estaba vuelto para la derecha

me volví ahora para la izquierda,

pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies.

El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra

y a mis ojos y oídos atentos

y a mi clara sencillez de alma.


lunes, 26 de marzo de 2018

Y comencé a caer (por Emily Dickinson)


Sentí un funeral en mi cabeza,

los dolientes que iban y venían,

pisaban — y pisaban — hasta que pareció

que el sentido se iba abriendo paso —

cuando todos estaban ya sentados,

la liturgia, semejante a un tambor —

redobló — y redobló — llegué a pensar

que mi mente se estaba entumeciendo —

y después les oí levantar una caja

y un crujido me atravesaba el alma

con sus botas de plomo, otra vez,

y entonces el espacio comenzó a repicar,

igual que si los cielos fueran una campana,

y el ser, sólo un oído,

y yo, con el silencio, una especie de raza

extraña, solitaria, naufragada —

y entonces una tabla se quebró en la razón,

y comencé a caer, y caer más

y me di contra un mundo, en cada choque,

y en ese instante terminé de saber


domingo, 25 de marzo de 2018

Sobre este mismo pliegue (por Miguel D' Ors)



Manos pakistaníes
que en un insospechado rincón del tiempo,
anónimas y remotas, pasasteis sobre este mismo pliegue
en que ahora están las mías; que por unos momentos
dejasteis vuestra áspera tibieza
sobre este colorido que ahora mismo,
aquí en mi casa de Granada, España,
acaba de salir de su paquete,
como el pollo del huevo,
hacia la luz de un mundo con que muchos
sueñan en Pakistán
y luego os alejasteis para siempre,
al fondo de una oscura cadena de trabajo.
¿A quién pertenecíais, manos menesterosas?,
¿qué vida estaba tras vosotras, qué
ilusiones, qué rostros,
qué penas y qué nombres? ¿qué puñado
de monedas ilusas
contasteis un minuto después de haber cerrado
este envoltorio? ¿Erais las manos de
una mujer de tez verdimorena
y cabello tirante,
llegadas de la frente sudorosa de un hijo
enfermo entre un oscuro
revoltijo de trapos, o de una
pobre escudilla, o de las ubres secas
de una cabra encerrada entre cartones?
¿O las manos de un niño -al que le estaban grandes
la camisa y los ojos-, que llegaban
ateridas después de atravesar la noche
desde un barrio harapiento, soñando con un día
del futuro, quién sabe, detener
penaltis en alguna
liga de fútbol europeo? Manos
que ahora mismo las mías adivinan y sienten
ligadas a una vida
desconocida pero que misteriosamente
es la mía también, y estrechan, en un gesto
de secreta unidad,
por encima del tiempo y la distancia.
Canción, por donde vayas
proclama que entre todas mis horas hubo una
en que en una camisa comprada en las rebajas
vi que todas las vidas son una misma Vida.



sábado, 24 de marzo de 2018

Cógelo (por Juan Ramón Jiménez)


¡Allá va el olor
de la rosa! ¡Cójelo en tu sinrazón!

¡Allá va la luz
de la luna! ¡Cójela en tu plenitud!

¡Allá va el cantar
del arroyo! ¡Cójelo en tu libertad!


viernes, 23 de marzo de 2018

Algo que tengas y no sepas (por Carlos Edmundo de Ory)


Dame algo más que silencio o dulzura
Algo que tengas y no sepas
No quiero regalos exquisitos
Dame una piedra

No te quedes quieto mirándome
como si quisieras decirme
que hay demasiadas cosas mudas
debajo de lo que se dice

Dame algo lento y delgado
como un cuchillo por la espalda
Y si no tienes nada que darme
¡dame todo lo que te falta!



jueves, 22 de marzo de 2018

El cinturón de Hipólita (por Martha Asunción Alonso)


Una vez, siendo niña, descubrí a la mujer
que me enseñó a montar en bicicleta
tiñéndose las canas: se había puesto, porque la resistencia mancha,
una camisa azul de su marido
muerto.
El cinturón de Hipólita es aquella camisa.
Mi primera maestra, Doña Cati,
enseñó a leer a tres generaciones de españoles
a través de sus gafas, ya estando jubilada: Mi-pa-pá
es-el-más-gua-po-del-mun-do-y-mi-ma-má-la-más-fuer-te
del-pla-ne-ta-tie-rra.

El cinturón de Hipólita es aquel par de gafas.

El día de su boda con el poeta Manuel Altolaguirre,
la poeta Concha Méndez caminó
flotando, con su traje de menta, hacia el altar
de los Jerónimos: su ramo de novia era un manojo
fresco de perejil.

El cinturón de Hipólita es aquel ramo verde.

Y el modo en que mi madre, a los cincuenta, le cambiaba las pilas
a su audífono para asistir a clases
en la universidad (las manos son las mismas que, con catorce
años, dejaran los compases y dictados
para ponerse a amasar pan).

El cinturón de Hipólita nunca lo robó Hércules.

Hércules robó el oro,
pero no la riqueza. ¿Cómo expoliar aquello que se mama,
capital invisible, indivisible, cual río
sangre abajo? Robó Heracles
el oro. Nos dejó

la nobleza.


miércoles, 21 de marzo de 2018

Primavera (por E. E. Cummings)


La primavera es como una quizá mano
que llega cuidadosamente saliendo de ninguna parte
arreglando una ventana
hacia dentro de la cual todos miran
mientras todos se quedan absortos ella arregla y cambia
coloca cuidadosamente allí una cosa extraña
y aquí una cosa conocida
y cambiándolo todo cuidadosamente.
La primavera es como una quizá mano en una ventana
cuidadosamente acá y allá
moviendo nuevas y viejas cosas
mientras todos miran absortos cuidadosamente
moviendo una quizá fracción de flor aquí
colocando una pulgada de aire allí
y sin romper nada.


martes, 20 de marzo de 2018

El incendio (por Santiago Sylvester)


¿Qué haríamos si después
de tantas palabras inútiles (apuestas
por la paz, reflexiones, mensajes de amor,
promesas de justicia)
un hombre aprovecha la caída de las hojas,
rodea la ciudad
y le prende fuego?

Seguramente hartos
con el trajín de los bomberos
diríamos "basta", desaprobando una conducta
que sólo quiere, como la prepotencia,
mostrarnos su propio exceso.
Y seguiríamos hablando, esperando el invierno,
arropados, como otras veces,
con nuestra manera particular
de sobrevivir correctamente entre las llamas.



lunes, 19 de marzo de 2018

Mientras recuerdo las pálidas lagunas (por Ernesto Sábato)



Salude al Respetable Público.

Así,

muy bien,

tenga su terrón de azúcar.

Hop, hop!

Damas y Caballeros,

estrictamente para familias,

poderoso león de la selva: sueñas,

dócilmente ejecutas piruetas

preestablecidas

con leve y tierna y secreta ironía.

Pobres, al fin de cuentas,

hay chicos que me quieren,

así, una vueltita, salto al aro uno dos hop!

excelente

y sueño con la selva

en sus crepúsculos antiguos

mientras distraídamente hago las pruebas

correcta y buenamente salto por el aro en llamas

me ponen sobre una silla

rujo abstraído

mientras recuerdo las pálidas lagunas

en las praderas

a las que un día he de volver

ya para siempre

(lo sé, lo creo, lo necesito)

devorando a un domador

a título simbólico

como adecuada despedida

en un acto de locura

dicen los diarios

inesperadamente su cabeza desapareció entre las fauces

chorreando sangre qué horror!

cundió el pánico

mientras por el momento

sueño

con aquella patria violenta pero candorosa

el orgulloso principado

las ceremonias del huracán y de la muerte

prófugo de la vergüenza

desnacido de la suciedad de cerdo

a la castidad del pájaro y la lluvia

a la altiva soledad.

Pasen, Damas y Caballeros,

esta fiera está amaestrada

espectáculo rigurosamente para familias

aquí lo pueden ver, hop!

salude al Respetable Público

mientras medito en la selva dura pero bella,

en sus noches de luna

en mi madre.



domingo, 18 de marzo de 2018

Y yo sentí la gravedad y la luz (por Antonio Gamoneda)


Existían tus manos.

Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.

Tus manos fueron suaves en las mías
y yo sentí la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.

Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos.



sábado, 17 de marzo de 2018

Dejen descansar a la furtiva (por Robert Desnos)


La furtiva se sienta en el pasto crecido
para descansar de un recorrido agotador
a través de un campo desierto.
Perseguida, acosada, espiada, denunciada, vendida,
fuera de toda ley, de todo alcance.
A la misma hora en que se ponen las cartas sobre la mesa
y un hombre dice a otro:
«Hasta mañana».
Pero mañana estará muerto o se habrá ido lejos.
En la hora en que tiemblan las cortinas blancas en la noche profunda,
cuando el lecho trastornado de las montañas
abierto ante su invitada desaparecida
espera a algún gigante de más allá del horizonte,
la furtiva se sienta, se duerme la furtiva.
No hagan ruido, dejen descansar a la furtiva
en una esquina de esta página.

Teman que se despierte,
más enloquecida que un pájaro que se golpea contra los muros.
Teman que muera en su casa,
teman que pulverice todas las ventanas rotas,
teman que se esconda en un ángulo oscuro,
teman despertar a la furtiva dormida.



viernes, 16 de marzo de 2018

Ese niño (por Isabel Bono)


alguien me oyó decir
quiero ser ese niño
que limpia sus labios de arena
en los puños del jersey

ese otro
que abandona sus zapatos en la orilla
despreocupado

esa niña, vestido al viento
que no sabe de modales
que grita incansable

quiero ser esos niños
que corren por la playa

no uno, todos



jueves, 15 de marzo de 2018

Sin (por Saiz de Marco)


de un piñón ha nacido
ha sido después brote
ha generado tallo

tronco
ramas
robustamente se ha alzado quince metros
ha florecido en marzo cada año
ha dado piñas
la resina ha manado de su cuerpo
ha cobijado pájaros y ardillas
día a día ha respirado
se ha nutrido a través de sus raíces
a la lluvia y al sol ha recibido
ha tenido sus propios descendientes
ha ido haciéndose viejo
300 va a cumplir

tres siglos ya de vida

y todo
todo
sin jamás pena o rabia
sin sueños ni deseos
sin temor ni dolor
(ni falta que le han hecho)


sin ojos en sus hojas
sin saberse en su savia
todo el tiempo in-sintiéndose

siempre en el otro lado

sin rozar ni un momento

sin siquiera asomarse a la consciencia


miércoles, 14 de marzo de 2018

Limpios (por Rafael Baldaya)


Todo lo impuro,
nuestra inmundicia,
nuestra mezquindad interna,
se van cuando morimos,
se salen de nosotros al tiempo que expiramos

Muerte depuradora,
qué bien que luego vengas a limpiarnos por dentro

Y otra vez seré puro,
sin suciedad,
sin costra,
sin las salpicaduras de barro
del camino

Qué bien que finalmente
todos seremos puros,
limpios todos de nuevo como antes de nacer



martes, 13 de marzo de 2018

Casi reían (por Alfred Corn)


Un cementerio tierra adentro:

en la cumbre de una larga, cálida colina,

tierra enrojecida y hojas de roble oscuro;

grave formalidad de piedras inclinadas, fechadas

en los años sesenta y ochenta. “Mr. Daniel.

–Su muerte hizo más necesario al cielo.”

Debatimos la interpretación de este epitafio.

No lejos, bajo la pordiosera sombra

de un madroño con musgo comestible, una piedra cariada

se asfixiaba bajo una telaraña de algarroba.

Unas descoloridas flores de plástico morían de hambre en el arenoso suelo,

verde-amarillo y rosa. Adiviné las verdaderas facciones

de la muerte, casi reían, y después escuché

un cascabeleo de chapulines en los tibios tallos.

¿Eran serpientes venenosas? Me sentí contento de sentir miedo

de nuevo –no gracias a la muerte, que vuelve el vivir

casi innecesario.

Cada quien buscamos

monumentos con nuestros nombres. Hallaste uno.

Los pensamientos eran acacias cuando me senté y los observé,

cabezas de alfileres lanzadas entre los indolentes árboles.

Cuando nos fuimos, lamentaron las piedras que no pudiéramos quedarnos.



lunes, 12 de marzo de 2018

Nuestro vuelo (por Joan Payeras)



Como el vuelo de la ceniza

que gira y gira

a las órdenes del viento

y de repente cae

quieta por unos instantes

como fundida con la tierra

antes de iniciar de nuevo el vuelo

ligero azaroso sutil


nuestro vuelo como el vuelo de la ceniza

con idéntica insignificancia

con idéntica belleza



domingo, 11 de marzo de 2018

Como los que se helaron se acuerdan de la nieve (por Emily Dickinson)


Después de un gran dolor llega una sensación solemne
y los nervios se aquietan, ceremoniosos como tumbas-
El corazón acartonado se pregunta si fue él quien pudo aguantar tanto,
y ¿fue ayer o hace siglos?

Los pies, mecánicos, recorren
por el suelo, o el aire, o la nada
un camino sin gracia
y descuidado,
un contento de cuarzo, como una piedra.

Es la hora del plomo-
recordada, si es que se sobrevive,
como los que se helaron se acuerdan de la nieve-
Primero el frío- después el estupor- después abandonarse.




sábado, 10 de marzo de 2018

En un laboratorio (por Wislawa Szymborska)


Quizá todo esto
está sucediendo en un laboratorio.
Bajo una lámpara de día
y miles de millones de lámparas de noche.

Quizá somos una generación piloto.
Vertidos de un recipiente a otro,
agitados en matraces,
observados por algo más que un ojo,
cada uno por separado
cogidos al final con pinzas de uno en uno.

O quizá de otro modo:
ninguna intervención.
Los cambios se producen solos
según lo establecido.
La aguja del gráfico dibuja lentamente
los zigzags previstos.

Quizá hasta ahora nada tenemos de curioso.
Los monitores de control están pocas veces conectados.
Sólo si hay una guerra, y más bien de las grandes,
algunos vuelos sobre el terrón de la Tierra,
o visibles migraciones del punto A al B.

O quizá al revés:
sólo les gustan las secuencias.
He aquí a una niña en una gran pantalla
mientras se cose un botón de la manga.

Los sensores silban,
el personal acude.
¡Qué ser es ése
con su pequeño corazón latiendo dentro!
¡Qué graciosa seriedad
al enhebrar la aguja!
Alguien grita exaltado:
¡Informad al Jefe
que venga y lo vea él mismo!



viernes, 9 de marzo de 2018

Pero me acuerdo de cómo lavabas (por Patricio Foglia)


una parte de mis días
la dedico a lavar los platos
un poco de detergente sobre la esponja
un poco de agua
después la espuma para recorrer
las ollas los vasos
yo encuentro
en la mecánica de la limpieza
mi nieve incesante
mi reposo
mi mente en blanco
mamá
nunca fuiste la típica
madre ama de casa
pero me acuerdo de cómo lavabas
de tus guantes
impecables tus uñas pintadas
a lo mejor este sea un homenaje
una extraña despedida cotidiana
la forma en que me convierto
poco a poco
yo mismo en mi propia madre



jueves, 8 de marzo de 2018

Medallas (por Charles Simic)


En la chatarrería
hay una pequeña cesta de mimbre
llena de medallas
de viejas guerras
que nadie recuerda.

Le di la vuelta a una
para sentir el alfiler
que una vez atravesó
el orgulloso pecho del héroe.



miércoles, 7 de marzo de 2018

Balzac (por Raymond Carver)


Pienso en Balzac con su gorro de dormir tras
pasarse treinta horas en el escritorio,
se alza de su rostro una neblina,
la bata se le pega
a sus velludos muslos cuando
se rasca, demorándose
ante la ventana abierta.
Afuera, en el bulevar,
las manos blancas y bruscas de los acreedores
estiran bigotes y corbatas,
las damas jóvenes piensan en Chateaubriand
mientras pasean con sus parejas,
los carruajes traquetean vacíos, oliendo
a cuero y a la grasa de los ejes.
Como un enorme caballo de tiro, Balzac
bosteza, resopla, se mueve con pesadez
hasta el baño
y, abriendo la bata,
apunta al orinal de principios de siglo
un gran chorro de pis. La cortina de encaje atrapa
la brisa. ¡Espera! Una última escena
antes de irse a dormir. Su cerebro rebulle mientras
vuelve al escritorio — la pluma,
el frasco de la tinta, las cuartillas revueltas.



martes, 6 de marzo de 2018

Seguro que se llama Encarni o Chary (por Miguel d' Ors)


Mira que es ordinaria y gorda. ¡Y esa falda!
Seguro que se llama Encarni o Chary
(no serás tan cenizo de suponerla Yénifer).
Seguro que se sabe todos los culebrones.
Seguro que habla azín —y con el chicle
asomando por medio de cada tontería—.
Peluquera o cajera, muy sincera,
moderna con su pircin,
chismosa, con un punto rociero
y loca por «salir»: todos los requisitos
de la mujer que tú siempre has soñado
en tus más negras pesadillas.

Y,
sin embargo —confiésalo—, por un instante, sólo
el tiempo de un destello,
algo dentro de ti la ha envidiado: esa mano
apoyada en su hombro,
la mano de ese novio de barriada,
también vulgar y chata, hecha al ladrillo
y el soplete, esa mano que, pese a todo, tú
sabes que, a su manera, es el Amor.



lunes, 5 de marzo de 2018

Mi posible (por Juan Ramón Jiménez)


¿Soy yo quien anda esta noche por mi cuarto, o el mendigo
que rondaba mi jardín, al caer la tarde?

Miro en torno y veo que todo es lo mismo y no es lo mismo…
¿La ventana estaba abierta? ¿Yo no me había dormido?
¿El jardín no estaba verde de luna?… El cielo era limpio
y azul... Y hay nubes y viento y el jardín está sombrío…

Creo que mi barba era negra… Yo estaba vestido
de gris… Y mi barba es blanca y estoy enlutado… ¿Es mío
este andar? ¿Tiene esta voz que ahora suena en mí, los ritmos
de la voz que yo tenía?

¿Soy yo, o soy el mendigo
que rondaba mi jardín al caer la tarde?…

Miro en torno… Hay nubes y viento… El jardín está sombrío…

…Voy y vengo… ¿Y yo, !yo!, no me había ya dormido?
Mi barba está blanca… Y todo no es lo mismo y es lo mismo.


domingo, 4 de marzo de 2018

Sólo que el tiempo lo ha invadido todo (por Nicanor Parra)


A recorrer me dediqué esta tarde
las solitarias calles de mi aldea
acompañado por el buen crepúsculo
que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
y su difusa lámpara de niebla,
sólo que el tiempo lo ha invadido todo
con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
volver a ver esta querida tierra,
pero ahora que he vuelto no comprendo
cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
en la torre más alta de la iglesia;
el caracol en el jardín, y el musgo
en las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
del cielo azul y de las hojas secas
en donde todo y cada cosa tiene
su singular y plácida leyenda:
hasta en la propia sombra reconozco
la mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
que presenció mi juventud primera,
el correo en la esquina de la plaza
y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
uno apreciar la dicha verdadera,
cuando la imaginamos más lejana
es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
que la vida no es más que una quimera;
una ilusión, un sueño sin orillas,
una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
la emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
cuando emprendí mí singular empresa,
una tras otra, en oleaje mudo,
al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
y cuando estuve frente a la arboleda
que alimenta el oído del viajero
con su inefable música secreta
recordé el mar y enumeré las hojas
en homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
me detuve delante de una tienda:
el olor del café siempre es el mismo,
siempre la misma luna en mi cabeza;
entre el río de entonces y el de ahora
no distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
que mi padre plantó frente a la puerta
(ilustre padre que en sus buenos tiempos
fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
era un trasunto fiel de la Edad Media
cuando el perro dormía dulcemente
bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
el delicado olor de las violetas
que mi amorosa madre cultivaba
para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
no podría decirlo con certeza;
todo está igual, seguramente,
el vino y el ruiseñor encima de la mesa,
mis hermanos menores a esta hora
deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
como una blanca tempestad de arena!


sábado, 3 de marzo de 2018

En tu pequeño cráneo (por Saiz de Marco)


No cuentas hasta diez;
ni aun atisbas que tienes dos riñones;
jamás aprenderías a tocar la guitarra;
no sabes leer un texto;
careces de sintaxis:
todo lo más emites unos pocos sonidos sin articulación;
ignoras la noción de continente;
desconoces que la Tierra da vueltas
(de hecho, no sabes qué es el Tierra);
tu yo no reconoces delante del espejo;
no puedes escribir;
pero bajo tu pelo y en tu pequeño cráneo
guardas un recoveco para el amor.


viernes, 2 de marzo de 2018

LO QUE NO OLVIDARÉ


Quienes hacemos zUmO De PoEsÍa nos proponemos recopilar las vivencias más intensas, o emotivas, o fascinantes de la vida de muchas personas, para editarlas en formato de libro (físico o digital) con fines solidarios.

Por ello te pedimos y agradecemos que nos relates, mediante un comentario en nuestro blog (ya sea con tu nombre, con tu nick, o como anónimo), tu experiencia real más impactante o marcadora: aquello que personalmente más te ha impresionado, conmovido o hecho sentir en tu vida.

No tiene por qué ser un suceso insólito ni extraordinario: sólo aquello que, aunque pueda parecer trivial o anecdótico, a ti (por la razón que sea) te impactó o sobrecogió.

Cuando dispongamos de un número suficiente de historias vividas, editaremos esos relatos (por supuesto, sin propósito lucrativo).

Anímate y envía a ZuMo De PoEsÍa tu experiencia vivida más sorprendente o emocionante.

(Esta solicitud aparecerá periódicamente en el blog.)



En camino (por Milo de Angelis)



Todo estaba ya en camino. Desde entonces hasta aquí. Todo

el tiempo, luminoso, rozaba los labios. Toda

la respiración se concentraba en el collar. Las sombras

de Lambrate cerraron la puerta. Toda la habitación,

absorta, se convirtió en el primer latido. El negro

de tus cabellos contra el amarillo del último rayo.

Desde entonces hasta aquí. Era el primer día del verano.

El silencio nos llenaba la frente. Todo estaba

ya en camino, desde entonces, todo estaba aquí, único

y perdido, nuestro y remoto. Todo pedía

permanecer a la espera de volver a su verdadero nombre.



jueves, 1 de marzo de 2018

Con nuestra sombra (por Matthias Johannessen)


Los cráteres descansan
su sueño
milenario

la lava se viste de musgo
bajo el silencio
helado

la sombra del coche
se acerca velozmente
todo ello en el camino
se funde
en luz de luna de la noche clara

así nos encontramos con nuestra sombra
y la seguimos
con un volcán apagado en el pecho.



miércoles, 28 de febrero de 2018

Ese rumor que avanza (por Jorge Galán)


Diez millones de puertas acaban de cerrarse. Un millón de palabras
se acaban de decir. Un millón. Una sola.
El mundo se mueve, los ríos entran en la garganta de leones y antílopes,
el árbol crece, se reduce el anciano, la sangre se abre paso
a través de una piel joven, hogueras enormes se encienden en el este,
se inclinan los árboles por el peso de la nieve en el norte,
las focas avanzan como astillas que penetran la espalda de las aguas glaciales,
un hombre se arrodilla y utiliza palabras temblorosas
para decir una oración, nadie le escucha, él mismo no comprende lo dicho.
Todo avanza. Los días se repiten como el estribillo de una canción
y lo que cuenta ya ha sido contado antes.
El pasado dio un paso y me alcanzó.
La antigua constelación ha llegado por fin a la pupila del astrónomo.
Y aunque todo lo que partió de mí ha regresado a mí de muchas formas distintas,
nada puede explicarme ese rumor que avanza en lo subterráneo
como una colonia de hormigas que crece a través de lo que devora.
Nadie puede explicarme tampoco este instante más grande
ni puede darle un nombre a esta escena de siluetas que crecen sobre el polvo.
Esta noche la brisa en mi cabello también es un fantasma que me cuenta una historia
que no quiero escuchar: la de esos bellos muertos que también son mis muertos,
las siluetas atrás tiradas como arbustos en la niebla nocturna.
Un millón de ventanas acaban de cerrarse y otro millón de abrirse.
Sobre esta calle larga camino. Nada existe
de lo que me rodea. El mundo es una sombra que envuelve mi cabeza.


martes, 27 de febrero de 2018

Nada nos necesita (por Basilio Sánchez)


Hay días en que es posible
bajar hasta la calle y pasear
por los alrededores de las casas
con la humilde sospecha de que nada
depende de nosotros,
nada nos necesita.
Sintiendo que no tiene la vida que alumbrarse
con la luz incompleta de nuestros pensamientos
o de nuestras palabras para hacerse presente.

Así, esta mañana,
nada de lo que miro me requiere:
ni el polvo desprendido del castaño de Indias
ni el barniz de las flores arrastradas
por el agua de las acequias,
en el amanecer de otro verano
que ha empezado a extenderse
sobre los paredones de los huertos y ya alcanza
las fachadas de piedra
y las desmochaduras de las torres.

Donde acaban las naves, los talleres,
los viejos edificios arrumbados
del barrio de las minas, hay una nube inmóvil
que se apoya en su bastón de cerezo
y una mujer perdida, detrás de una ventana,
en las ocupaciones del vivir.

Entre la nube y ella se reparten,
a la vista de todos, ignorándome,
las cuentas de colores del baúl de la noche
con las que se abre el día.

Cerca ya de un arroyo,
donde afloran los restos de hierro y de madera
de unas vías en desuso,
las flores blanquecinas de la jaras
arrancan los reflejos de las salpicaduras
sin esperar tampoco a que yo pase,
a que llegue hasta ellas.

Hay nidos de cigüeñas en los postes
vencidos de teléfonos, sobre árboles secos.
Cuando atravieso el puente,
unas hojas flotantes me separan
del fondo del riachuelo, del poso de la nieve
de los otros inviernos, que permanece allí,
debajo de estas hojas,
sin estar obligado a la mañana
ni a mi luz imprevista.

Nada me pide nada: ni el vuelo de una abeja
ni el milagro de un árbol acunado
por un aire de lejos.

Ni el cielo de la tapia
ni el despuntar azul de las violetas
junto a los que regresan caminando,
con las manos cogidas,
de otra noche lavada
por el agua de lluvia de las gárgolas
de la ciudad antigua,
que me ha dejado afuera.



lunes, 26 de febrero de 2018

El cómplice (por Jorge Luis Borges)


Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.



domingo, 25 de febrero de 2018

La espina (por Tadeusz Różewicz)


no creo

no creo desde que abro los ojos

hasta cerrarlos

no creo desde una orilla

hasta la otra

de mi vida

no creo

con la misma profundidad

con que mi madre

creía

no creo

al comer pan

al beber agua

al amar un cuerpo

no creo

en sus templos

en sus curas en sus signos

no creo

al pasar por la calle de una ciudad

por el campo

bajo la lluvia en el aire

dentro del resplandor

de la anunciación

leo sus parábolas

rectas como la espiga del trigo

y evoco a un dios

que no sabía reír

pienso

en un dios

pequeño y sangrante

que yace

en los blancos lienzos de la infancia

pienso

en una espina que desgarra

nuestros ojos nuestras bocas

ahora

y en la hora de la muerte



sábado, 24 de febrero de 2018

Mi soledad amiga (por José Ángel Valente)


Ah soledad,
mi vieja y sola compañera,
salud.
Escúchame tú ahora
cuando el amor
como por negra magia de la mano izquierda
cayó desde su cielo,
cada vez más radiante, igual que lluvia
de pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron
al fin todos sus huesos,
por una diosa adversa y amarilla
y tú, oh alma,
considera o medita cuántas veces
hemos pecado en vano contra nadie
y una vez más aquí fuimos juzgados,
una vez más, oh dios, en el banquillo
de la infidelidad y las irreverencias.
Así pues, considera,
considérate, oh alma,
para que un día seas perdonada,
mientras ahora escuchas impasible
o desasida al cabo
de tu mortal miseria
la caída infinita
de la sonata opus
ciento veintiséis
de Mozart
que apaga en tan insólita
suspensión de los tiempos
la sucesiva imagen de tu culpa.
Ah soledad,
mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas australes
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche séptuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado.



viernes, 23 de febrero de 2018

De quién es la firma (por Adrienne Rich)


Las nubes y las estrellas no libraron esta guerra
los arroyos no informaron a nadie
si las montañas arrojaron piedras de fuego al río
fue sin tomar partido
la gota de agua que se balanceaba levemente bajo la hoja
no tenía opinión política

y si aquí o allí una casa
se inundó de aguas residuales
o envenenó a los que allí vivían
con lentas humaredas, durante años
las casas no estuvieron en guerra
ni los edificios tapiados

quisieron negar cobijo
a las ancianas sin techo o a los niños vagabundos
no siguieron la política de hacerlos errar
o morir, no, las ciudades no fueron el problema
los puentes no eran partidistas
las autopistas ardieron, pero no con odio

Incluso los kilómetros de alambrada
tendida que oprimía los barracones temporales
diseñados para mantener a los indeseables
a distancia segura, fuera de la vista
incluso los tablones que tuvieron que absorber
año tras año, tantos sonidos humanos

tanta profundidad de vómito, lágrimas
sangre que calaba lentamente
no se ofrecieron a esto
Los árboles no se prestaron a que los cortaran en tablones
ni las espinas a desgarrar carne
Mira a tu alrededor

y pregunta de quién es la firma
impresa en las órdenes, trazada
en la esquina de los planos de construcción
Pregunta dónde estaban los analfabetos, las mujeres
barrigonas, los borrachos y los locos,
aquéllos a los que temes más que a nada: pregunta dónde estabas tú.



jueves, 22 de febrero de 2018

Sin ti (por Julio Cortázar)


Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,
la sopa fría, los zapatos rotos, o que en mitad de la opulencia
se alce la rama seca de la tos, ladrándome
tu nombre deformado, las vocales de espuma, y en los dedos
se me peguen las sábanas, y nada me dé paz.
No aprenderé por eso a quererte mejor,
pero desalojado de la felicidad
sabré cuánta me dabas con solamente a veces estar cerca.
Esto creo entenderlo, pero me engaño:
hará falta la escarcha del dintel
para que el guarecido en el portal comprenda
la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma
del pan que pasa su morena mano por la hendija.


Tan lejos ya de ti
como un ojo del otro,
de esta asumida adversidad
nacerá la mirada que por fin te merezca.



miércoles, 21 de febrero de 2018

El puente de hierro (por Billy Collins)


Me encuentro de pie en un abandonado puente de hierro
construido en 1902
según reza la placa de metal atornillada a la viga,
la fecha en que mi madre cumplió un año de edad.
Imagínate: una madre en su infancia,
y era una niña canadiense en aquella época,
una de las niñas más admirables de la provincia de Ontario.

Pero yo estoy aquí inclinado sobre el oxidado antepecho
mirando el agua que corre debajo,
que está en calma y refleja la mañana,
el cielo azul entreverado con nubes densas,
y cuanto más veo el agua,
que es como una imagen que habla,
más pienso en 1902,
cuando los obreros, en camisetas y gorras
remachaban este puente de hierro
por un estrecho canal que entronca en dos lagos
donde las flores silvestres se dispersan a lo largo de las orillas
y un par de cisnes vaga por los frondosos cuévanos.

1902: mi madre era tan diminuta
que cabía en uno de aquellos canastos ovales
para cargar manzanas,
que su madre cubría con un delgado paño
y colocaba en la mesa de la cocina
para no perder de vista a la pequeña Katherine
mientras, a restregones, limpiaba patatas o desvainaba ejotes,
como yo, que no pierdo de vista al cormorán
que acaba de romper la vidriosa superficie
y se aleja del puente y de mí,
haciendo girar su curiosa cabeza,
escabulléndose hacia donde el sol rastrilla el agua
y se filtra a través de los árboles que atestan la ribera.

Y ahora desciende en picado,
desaparece bajo la superficie,
y mientras espero a que aparezca repentinamente
lo imagino volando bajo el agua con sus extrañas alas,
como te imagino a ti, mi diminuta madre,
que desapareciste el año pasado,
que vuelas hacia algún lado con tus extrañas alas,
tus grandes ojos y tu denso traje mojado,
moviendo las piernas hacia lo más profundo de un lago
sin confín y sin nombre, en alguna provincia de agua sin fronteras.


martes, 20 de febrero de 2018

Para ella todos los chistes son malos (por Nicanor Parra)


La muerte no respeta ni a los humoristas de buena ley
para ella todos los chistes son malos
a pesar de ser ella en persona
quien nos enseña el arte de reír
tomemos el caso de Aristófanes
arrodillado sobre sus propias rodillas
riéndose como un energúmeno en las propias barbas de la Parca:
en mi poder hubiese economizado vida tan preciosa
pero la Muerte que no respeta Fulanos
irá a respetar Sutanos, Menganos o Perenganos?


lunes, 19 de febrero de 2018

Esta grasa que flota (por Raymond Carver)


Apretamos los labios contra el borde esmaltado de las tazas
e intuimos que esta grasa que flota
en el café logrará que el corazón se nos pare cualquier día.
Ojos y dedos se dejan caer sobre los cubiertos de plata
que no son de plata. Al otro lado de la ventana, las olas
golpean contra las paredes desconchadas de la vieja ciudad.
Tus manos se alzan del áspero mantel
como si fueran a hacer una profecía. Tus labios se estremecen…
Te diría que al diablo con el futuro.
Nuestro futuro yace en lo más profundo de la tarde.
Es una calle estrecha por la que pasa un carro con su carretero,
el carretero nos mira y vacila,
luego menea la cabeza. Mientras tanto,
rompo indiferente el espléndido huevo de una gallina de raza Leghorn.
Tus ojos se nublan. Te vuelves para mirar el mar
tras la hilera de tejados. Ni las moscas se mueven,
rompo el otro huevo.
Seguramente nos hemos empequeñecido juntos.



domingo, 18 de febrero de 2018

La escalera (por Blas de Otero)


Mientras tanto subimos la escalera (de vez en cuando se oye
a los que caen de espaldas), nos paramos
un poco, alguna vez (vacilamos, como una hoja
en el instante de arrojarse al aire).
viene
el vértigo a todo correr desde el vacío
y, cerrando los ojos,
nos asimos a nuestro ser más íntimo,
y seguimos
y seguimos subiendo la trágica escalera
colocada,
creada, por nosotros mismos.


sábado, 17 de febrero de 2018

Cóctel (por Rafael Baldaya)


Lo amado
lo sufrido
lo visto
lo soñado
lo odiado
lo sabido
lo ansiado
lo temido
lo oído
lo olvidado
lo exhibido
lo oculto
lo hallado
lo perdido
Todo dentro de un vaso
(son entre sí solubles)


Y ahora, agitadme



viernes, 16 de febrero de 2018

Nadie debería ser nadie (por Cuqui Covaleda)


Guardo teléfonos

de gente muerta, aunque

no nos llamemos.


.....


A nadie expulso

de mi agenda por irse

a un des-lugar.


.....


En el listado

de "Mis contactos", todos

están con vida.


.....

Sin distinción

los vivos y los muertos

siguen conmigo.


jueves, 15 de febrero de 2018

Ni un descenso ni una huida (por Margaret Atwood)


Si el tiempo no era como el desbordarse de una copa

o la fuga de los instantes cuenta atrás

la fuga de todos los instantes insensatos como prófugos

huyendo de tu reloj de pulsera

en un movimiento sutil en la quietud

de tu cuerpo viajero…

Si tampoco era el tiempo

como una amapola de cabeza cortada en tu regazo

ni una felina ausencia

o caer vertiginosamente desde la última ventana del último piso

de una gran torre

describiendo círculos cada vez más amplios.

Si estaba hecha de tiempo o era tiempo

sin ser ninguna de esas cosas:

ni un ciempiés monstruoso

ni una caída hacia la muerte

ni un descenso ni una huida

ni una fuga cuenta atrás ni una ausencia

entonces… ¿cómo?



miércoles, 14 de febrero de 2018

De este mundo vacío (por Joaquín Giannuzzi)



El domingo está desierto. La calle se alarga sin finalidad precisa.

Detrás de las paredes la vida parece haber agotado su última oportunidad.

Llamo al azar en algunas puertas y nadie acude.

La población entera ha abandonado el planeta en automóvil.

La historia ha concluido aquí. Las empresas humanas han hecho el ridículo.

¿A quién llamar por teléfono? ¿Por quién morir?

¿A quién apelar con esta mentira?

Si este simulacro durara demasiado, recordaría

que una vez tuve un destino y hasta un entusiasmo

y que la razón de estar vivo estaba en los otros.

Y no quiero imaginar mi pánico

si buscando la prueba absoluta de este mundo vacío

encendiera la radio portátil

y me respondiera el silencio universal.

Si la llegada del hombre había sido un producto casual,

su partida es una fuga que me excluye

para que deambule como un muerto

que sabe que está muerto en un domingo infinito.


martes, 13 de febrero de 2018

Blues del mostrador (por Antonio Gamoneda)



Llegó con el papel entre las manos

y me miró con sus ojos cansados.

Llegó con el papel y con sus manos

y yo sentí su mirada en mi vida.


Cuando venga otro día con sus manos

y su papel a mirarme en silencio,

espero comprender por qué me mira,

por qué es viejo y es grande y por qué pesan

en mi corazón estos ojos cansados.



lunes, 12 de febrero de 2018

Quien no siente es feliz (por Fernando Pessoa)


El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, es decir, la voluntad. Ahora bien, las dos cosas que estorban a la acción son la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, más que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, debido a su naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior y, como el mundo exterior está en grande y principal parte compuesto por entes humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad es esencialmente el atravesarnos en el camino ajeno, el estorbar, herir y aplastar a los otros, conforme nuestro modo de hacer.

Para hacer es, pues, preciso que no nos figuremos con facilidad a las personalidades ajenas, a sus dolores y alegrías. Quien simpatiza se para. El hombre de acción considera al mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte —o inerte en sí misma, como una piedra sobre la que pasa o aparta del camino, o inerte como un ente humano que, porque no puede oponerle resistencia, lo mismo da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le ha apartado o se ha pasado por encima de él.

El ejemplo máximo del hombre práctico, porque reúne a la extrema concentración de la acción con su extrema importancia, es el estratega. Toda la vida es una guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con las vidas como el jugador de ajedrez con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensase que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y la congoja a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga a la sensibilidad a la que ha tenido que olvidar la acción.

El arte es la Gata Cenicienta, que se quedó en casa porque tuvo que ser.

Todo hombre de acción es esencialmente animoso y optimista porque quien no siente es feliz. Se conoce a un hombre de acción porque nunca está mal dispuesto.

Quien trabaja aunque esté mal dispuesto es un subsidiario de la acción; puede ser en la vida, en la gran generalidad de la vida, un contable, como lo soy yo en su particularidad. Lo que no puede ser es un regente de cosas o de hombres. A la regencia pertenece la insensibilidad. Gobierna quien es alegre porque para ser triste es preciso sentir.



domingo, 11 de febrero de 2018

Todo prestado (por Wislawa Szymborska)


Nada en propiedad, todo prestado.
Hundida en deudas hasta las orejas.
Tendré que liquidar la deuda
entregándome a mí misma.
Así fue convenido:
devolver el corazón,
devolver el hígado
y cada uno de los dedos.
Es tarde para cambiar las cláusulas del contrato.
Me arrancarán el pago
junto con toda la piel.
Voy por el mundo
entre una multitud de deudores.
Sobre unos pesa
el embargo de las alas.
Otros, quieran o no,
tendrán que declarar sus hojas.
Cada tejido nuestro
está en el Debe;
ni una pestaña, ni una ramita
podrá ser conservada para siempre.
Hasta el último detalle está inventariado
y todo parece indicar
que al final nos quedaremos sin nada.
No logro recordar
dónde, cuándo y para qué
permití que me abrieran
esta cuenta.
La protesta contra eso
es lo que llamamos alma.
Y es justo lo único
que no está en el inventario.



sábado, 10 de febrero de 2018

El diálogo (por Concha Lagos)


No hilvanemos historias, no hace al caso,
lo importante es saber que aquí me tienes.
¿Dónde ya la que fui?
Deja que el tiempo se nos lleve y pase,
así quedamos siempre renacidos.

Hoy no sé si estas manos son aquéllas,
sólo las siento como manos tuyas
porque tu tiempo es tiempo que me sueña
y me vive hacia más y más por dentro.

«Ayer», ¡qué lejos la palabra!
Dónde se fueron zapatos y trajes,
billetes de un trayecto recorrido
entre extraños viajeros vistos para olvidados.

Inútilmente en los bolsillos busco
contactos que ya fueron,
y sombras de mi cuerpo en las ventanas
contemplando paisajes con mis aquellos ojos.

¿No descubriste nunca un manojo de llaves
para imposibles cerraduras?

A veces algo vuelve, pero sólo en resumen;
una pequeña fecha que casi nada indica
o ese breve letrero alarmante que advierte:
«cuidado, es peligroso volcarse al interior».

¿Quieres hacer la cuenta?
Si miro a la derecha brilla sólo tu cifra.

A la izquierda la huella de algún borroso cero.
¿Qué prenda pagar debo por haber sido antes,
sin tu tiempo en mis horas?

Alcemos la cabeza
a la igualdad del cielo,
aunque tú apuntes «Marte»
y yo diga: «Saturno» (tal vez por los anillos).

Cada cual con su estrella, con su planeta en alto
y todas las preguntas por la arboleda azul,
compartiendo verdades,
como esta del amor, el milagro más nuestro.

No pienses en mis ramas,
me crezco sobre el tronco.
A punta de navaja puedes grabar el nombre.



viernes, 9 de febrero de 2018

Por donde pasan cosas (por Patricio Foglia)


estoy en la fila del súper
esperando para saludar a la cajera
esperando para sonreírle
esperando que me pida mi tarjeta de descuentos
y el sonido del scanner
mientras los productos pasan
y de fondo suena pop coreano
o Aspen o la Mega o lo que sea
y esta mañana leí en el diario
que las ventas aumentaron un 25%
con respecto a igual período del año anterior
y cuando vuelvo a casa lo que más me gusta
es ir acomodando todo
el arroz en su frasco de vidrio
los fideos en su frasco de fideos
la yerba con la yerba
y cada cosa a su vez
muy prolijamente en la alacena
y es tan raro porque los productos
hicieron un largo viaje
del campo a los camiones
de las fábricas a las góndolas
hasta llegar a las alacenas
y así las personas van transportando productos
de un punto a otro del planeta
y la vida es como un camionero que escucha la radio mientras maneja
o la vida es como un repositor
que se duerme sobre un paquete de fideos
o la vida es como un scanner
por donde pasan cosas
y pasan cosas por el scanner de nuestras manos
pasan cosas por el scanner de nuestra cabeza
de nuestro corazón
y en cada persona
con cada producto
se movilizan la alegría y la tristeza
o la absoluta indiferencia
y últimamente mi vida es un supercamercado chino
mientras de fondo se escucha pop coreano



jueves, 8 de febrero de 2018

Y se aleja el espíritu (por Emily Dickinson)



La Muerte es un diálogo

entre polvo y espíritu.

«Deshazte», dice Ella — y el espíritu:

«Señora, espero algo bien distinto» —

Duda de esto la Muerte – Argumentando

a ras de suelo – Y se aleja el espíritu,

sólo dejando como prueba

un abrigo de arcilla.



miércoles, 7 de febrero de 2018

Estabas en cualquier cosa (por Roberto Bolaño)



Contra ti he intentado irme alejarme

la clausura requería velocidad

pero finalmente eras tú la que abría la puerta


Estabas en cualquier cosa que pudiera

caminar llorar caerse al pozo

y desde la claridad me preguntabas por mi salud


Estoy mal Lola casi no sueño


martes, 6 de febrero de 2018

La luz de una ventana (por Fernando Pessoa)


Es de noche. La noche es muy oscura. 
En una casa a una gran distancia
brilla la luz de una ventana.
La veo y me siento humano de los pies a la cabeza.
Es curioso que toda la vida del individuo que allí vive,
y que no sé quién es,
me atrae sólo por esa luz vista a lo lejos.
Sin duda su vida es real y él tiene rostro, gestos, familia y profesión.

Pero ahora sólo me importa la luz de su ventana.
A pesar de que la luz esté allí por haberla él encendido,
la luz es la realidad inmediata para mí.
Yo nunca voy más allá de la realidad inmediata.
Más allá de la realidad inmediata no hay nada.
Si yo, desde donde estoy, sólo veo aquella luz,
en relación a la distancia en que estoy hay sólo aquella luz.
El hombre y su familia son reales del lado de allá de la ventana.
Yo estoy del lado de acá, a gran distancia.
Se apagó la luz.
¿Qué me importa que el hombre continúe existiendo?


lunes, 5 de febrero de 2018

El hombre interior (por Charles Simic)


No el cuerpo, no.
El extraño es otro.

Nos paseamos por el mundo
con un aspecto igual de lamentable.
Si yo me rasco,
él también.

Hay mujeres
que dicen haberle atrapado.
Un perro
me sigue a todas partes.
A lo mejor es suyo.

Si estoy tranquilo,
él más.
He acabado por olvidarle.
Sin embargo, cuando me inclino
para anudarme los cordones,
él sigue de pie.

Proyectamos la misma sombra.
¿Es suya o mía?

Querría comentar:
“Él estuvo al principio
y seguirá estando al final”,
pero no estoy seguro.

De noche, al sentarme
barajando las cartas
de nuestro silencio,
le digo:

“Aunque pronuncias
cada una de mis palabras,
sigues siendo un extraño.
Ya es hora de que hables".



domingo, 4 de febrero de 2018

¿Hay palabra que pueda ser tu nombre? (por Juan Ramón Jiménez)


Volcán que pasas traslaticio,
como un total cometa,
prendiendo con la llama
de tu abismo dinámico la vida
(las piedras están grises y mojadas,
pero están granas, vivamente granas),
resplandor hondo y alto de otro estraño día
dentro del laminado día
¿qué inminente ser eres?
¿hay palabra que pueda ser tu nombre?
¿qué semejanza tienes con nosotros?
Lo que prendes e inflamas
¿qué anuncia a nuestra estancia
vejetal, animal y mineral?
¿Cuál será el hecho, para quiénes?
Los animales y las plantas
te miran como el hombre, como yo.
Todos estamos gravemente deslumbrados.
Y ya se raja el aire,
se dilata el azul, se espande el agua;
todo va persiguiéndote hacia arriba,
todo hacia ti,
resplandor grana de otro día,
errante herida inmensa,
otro fulgor, otro calor, otro valor
de otra esperanza.

sábado, 3 de febrero de 2018

La culpa (por Rosa Chacel)


La culpa se levanta al caer de la tarde,

la oscuridad la alumbra,

el ocaso es su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos

cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles

como una pampa verdeazul, intacta,

y el silencio recorre

los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.

Antes que caiga la cortina oscura,

gritad al menos, hombres,

como el pavón metálico que grazna su lamento

desgarrado en la rama de la araucaria.

Gritad con voces múltiples,

piad entre la enredadera,

entre las hiedras y rosales trepadores.

Buscad refugio en las glicinas

con los gorriones y zorzales

porque avanza la onda de la noche

y su ausencia de luz,

y su implacable huésped

de suaves pasos, el peligro.


Una apuesta ciega (por Juan Gelman)


El hilo tendido entre
lo que fue y lo que será es una
apuesta ciega. Sentir su cierzo
en pasos del recuerdo como
delicada pasión
es capaz de llorar en la esquina.
Las pesadillas de sí
son hierros que no se pueden doblar.
Aquello que aman se murió.
Hace sufrir la claridad
de una mañana buena que
confía en tus pasos y
nada pregunta. Caminar
por senderos de lo inesperado
prueba que los cisnes existen.
La luz que cae
no se puede sentir.



viernes, 2 de febrero de 2018

Dársenas (por Rafael Guillén)


Hay en el tiempo dársenas
en las que el incesante devenir
fondea; remansos que detienen
el curso natural
de las horas. Son como remolinos
que absorben la energía;
y la materia, libre,
recupera su ingravidez; y el aire,
cristalizado, inmoviliza
toda acción.

Y es que, a veces,
el tiempo también pierde
su tiempo. Después sigue
fluyendo, ajeno siempre
a nuestra condición. Pero nos deja
la desazón de este pequeño lapso
en que fuimos eternos.



jueves, 1 de febrero de 2018

Sobre la nieve (por Antonio Gamoneda)


La nieve cruje como pan caliente
y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos,
y yo pienso en el pan y en las miradas
mientras camino sobre la nieve.

Hoy es domingo y me parece
que la mañana no está únicamente sobre la tierra
sino que ha entrado suavemente en mi vida.

Yo veo el río como acero oscuro
bajar entre la nieve.
Veo el espino: llamear el rojo,
agrio fruto de enero.
Y el robledal, sobre tierra quemada,
resistir en silencio.

Hoy, domingo, la tierra es semejante
a la belleza y la necesidad
de lo que yo más amo.



miércoles, 31 de enero de 2018

Y así nosotros (por Alekséi Petróvich Tsvetkov)


¿Para qué se esmeraban las golondrinas?
¿En qué se afanaban los vencejos?
Qué rápido se desvanecían en el aire
bosquejos de las alas sutiles.
Con qué claridad en el aire deslumbraban
y ahora, observa, vuelve a descifrarlo.
Tan efímero fue todo
como si nunca hubiera sucedido.
Y así nosotros para alguien
tejíamos encaje en el vuelo.
Pero la faena delicada de las alas
no permanece mucho en el aire.
¿Para qué la pose profética
sobre la hoja manchada?
Sólo somos golondrinas sin provecho
en el aire vacío de nadie.



martes, 30 de enero de 2018

Verano del 95 (por Adam Zagajewski)


Fue aquel verano en el Mediterráneo, ¿lo recuerdas?,
cerca de Toulon, un verano seco, fascinado de sí mismo,
que hablaba en un dialecto difícil de captar,
y sólo entendíamos retazos de palabras saladas,
un verano de una luz sesgada de la tarde, de pálidas
manchas nocturnas de las estrellas, cuando amainaba
el bullicio de innumerables conversaciones insignificantes
y el silencio esperaba a que se oyera un pájaro soñoliento,
un verano en la explosión diaria del mediodía, cuando incluso
las cigarras desfallecían, un verano cuando el agua azul
se abría hospitalaria, tan hospitalaria que olvidamos
por completo las ánforas que descansaban
en el fondo del mar hacía miles de años, en la oscuridad,
en soledad; fue aquel verano, ¿lo recuerdas?,
cuando reían las hojas siempre verdes del ligustro,
fue en julio cuando nos hicimos amigos
de aquel gatito negro
que nos pareció tan listo,
fue el mismo verano cuando en Srebrenica
mataban a hombres y a muchachos;
y se sucedían allí innumerables disparos secos
y seguro que también un calor sofocante y polvo,
y hasta las cigarras estaban muertas de miedo.



lunes, 29 de enero de 2018

Pero me acuerdo de la arena (por Elsa Cross)


El mar se hizo para tormentas y naufragios,
para gritos inútiles.
Pero me acuerdo de la arena:
tenía granos azules, negros y amarillos,
arena oscura.
Quedaba en la mano al sacudirla.
Me acuerdo de la calma en el paisaje:
intensa lentitud de la marea,
sombría, apasionada.
El mar me duele por motivos que no importan.
Arena pegajosa,
mala arena para hacer un reloj,
para indicar el paso de mareas y de lunas.
Arena fiel y torpe, deteniendo una tarde.



domingo, 28 de enero de 2018

Palabra abrazadora (por Blas de Otero)


Me pongo la palabra en plena boca
y digo: Compañeros. Es hermoso
oír las sílabas que os nombran,
hoy que estoy (dilo en voz muy baja) solo.

...Es hermoso oír la ronda
de las letras, en torno
a la palabra abrazadora: C-o-m-p-a-
ñ-e-r-o-s. Es como un sol sonoro.

El Duero. Las aceñas de Zamora.
El cielo luminosamente rojo.
Compañeros. Escribo de memoria
lo que tuve delante de los ojos.



sábado, 27 de enero de 2018

Tus ojos (por Juan Ramón Jiménez)


Tus ojos me traspasaron con rayos negros mis ojos.

Les busqué fuga en dos alas nobles. Volé con tus ojos.

Les busqué refugio en dos rosas. Olían tus ojos.

Les busqué ansia en la estrella. Y me subían tus ojos.

Les busqué fondo en dos pozos hondos. Me sumí en tus ojos.



viernes, 26 de enero de 2018

Sobre las piedras del tiempo (por Antonio Colinas)



Dejadme dormir en estas laderas
sobre las piedras del tiempo,
las piedras de la sangre helada de mis antepasados:
la piedra-musgo, la piedra-nieve, la piedra-lobo.
Que mis ojos se cierren en el ocaso salvaje
de los palomares en ruinas y de los encinares de hierro.
Sólo quiero poner el oído en la piedra
para escuchar el sonido de la montaña
preñada de sueños seguros,
el latido de la pasión de los antiguos,
el murmullo de las colmenas sepultadas.

Qué feliz ascensión por el sendero
de las vasijas pisoteadas por los caballos
un siglo y otro siglo.
Y en la cima, bravo como un espino, el viento
haciendo sonar el arpa de las rocas.
Es como el aliento de un dios
propagando armonía entre mis pestañas y las nubes.

Un águila planea lentamente en los límites,
se incendian las sierras de las peñas negras,
mas no veo las llamas,
las llamas que crepitan aquí abajo enterradas
bajo el monte de sueños aromados,
bajo la viga de oro de los celtas,
junto al curso del agua del olvido
que jamás —en vida— podremos contemplar,
pero que habrá de arrastrarnos tras el último suspiro.

¡Cómo pesan los párpados con la música del tiempo!
¡Cómo se embriagan de adolescencia perdida las venas!
Dejadme dormir en la ladera
de los infinitos sacrificios,
en donde arados y rebaños se han petrificado,
en donde el frío ha hecho florecer cenizales y huesos,
en donde las espadas han segado los labios del amor.

Dejadme dormir sobre la música de la piedra del monte,
pues ya sólo soy un nogal junto a una fuente ferrosa,
la vela que ilumina una bodega de mostos morados,
un trigal maduro rodeado de fuego,
una zarza que cruje de estrellas imposibles.



jueves, 25 de enero de 2018

Blues de la tarde de domingo (por Miguel d' Ors)


Tristeza de la tarde de domingo y la lluvia.

Tristeza, sobre todo,

de estar aquí escribiendo estas palabras

y haciendo ya imposibles tantas cosas

que ayer se me ofrecían;

de estar aquí y no estar en La Alcazaba

bajo el látigo gris de la ventisca

ni estar entre las olas de Carchuna

ni viendo con mis hijos desde la oscuridad

los desiertos ecuestres de Arizona;

de estar aquí, pensando a cuántas cosas

dice no cada sí que pronunciamos,

cuántos caminos quedan perdidos para siempre

en cada encrucijada; preguntándome

qué miguel d’ors fue el que impidió aquel otro

miguel d’ors aterido y feliz en la noche

despiadada del Eiger, y aquel que, entre humo y copas,

cantaba, o cantaría, y ya no cantará

en Helsinki rancheras mejicanas

enhiestas como gallos de pelea, y el otro

que explicaba unos versos de Soledades bajo

la nieve de Wyoming,

y tantos otros ex-futuros miguel d’ors,

ninguno de los cuales desearía

encontrarse en Granada un domingo de lluvia

y de octubre escribiendo estas palabras.




miércoles, 24 de enero de 2018

Y ya se ha ido (por Roger Wolfe)


Una mujer
que pasa en bicicleta
a las dos de la mañana,
hermosas piernas morenas
bombeando los pedales
mientras la brisa le alza el vestido
y revela
un perfecto milagro
de carne femenina en movimiento.

Nuestros ojos
se cruzan un momento
y ya se ha ido.

Son cosas como ésa
las que te hacen darte cuenta
de lo poco que realmente sabes
de nada.


martes, 23 de enero de 2018

Como una compañía (por Víctor Manuel Gaviria)


A ustedes, pensamientos, agradezco
que no me hayan traicionado,
y que se hayan escondido tan hondo
detrás de mi cara,
que yo haya estado con tanta gente
en fiestas y reuniones de trabajo,
y ustedes hayan permanecido silenciosos,
sin hacer huir a nadie de mí,
y no hayan hecho ruido involuntario como
lo hacen algunos vasos o sillas que se caen
de extraña inquietud…

A ustedes, pensamientos, agradezco
haber esperado tanto tiempo en la última pieza honda
de mi vida,
sobre todo porque han hecho que algunos me amen
por escucharlos sin decirles nada, por estar ahí como una compañía
que tanto necesitan las cosas,
por estar ahí en las largas noches
en que no éramos nadie, por favor, no éramos nadie,
y el viento nos barría…



lunes, 22 de enero de 2018

El instante (por Jorge Luis Borges)



¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.



domingo, 21 de enero de 2018

Del hombre en cuestión (por Miguel Ángel Petrecca)


El examen de sus documentos personales,
agendas y cuadernos que llevaba consigo
o servilletas llenas de mapas y garabatos,
podrían mantener ocupado durante décadas
a algún pobre diablo con alma de detective.
Y sin embargo no llegarían a revelar mucho
sobre la vida del hombre en cuestión.
Una vida así derrochada entre esos papeles
tendría como único saldo tangible al fin
la acumulación de más documentos y comentarios,
un tesoro documental anexado al primero
a la espera de nuevos comentaristas.
Date una vuelta por el lugar donde vivió
y tratá si podés de alejar los ojos
de la torre de agua que preside horrenda,
igual que un espantapájaros, la zona.
Tal vez después de esa pequeña excursión
no estés más cerca de ninguna clave,
pero al menos podés sentir a la vuelta
una especie de empatía mientras mirás desde la autopista
adefesios de hormigón, fábricas y hoteles que ensayan sin mucho éxito
tibios gestos de seducción hacia los viajeros,
y decir: este era al fin, más que nada, uno de los nuestros.



sábado, 20 de enero de 2018

Tu voz (por Darío Jaramillo)


Tu voz por el teléfono tan cerca
y nosotros tan distantes,
tu voz, amor, al otro lado de la línea
y yo aquí solo, sin ti, al otro lado de la luna,
tu voz por el teléfono tan cerca,
apaciguándome, y
tan lejos tú de mí, tan lejos.

Tu voz que repasa las tareas conjuntas,
o que menciona un número mágico,
que por encima de la alharaca del mundo
me habla para decir en lenguaje cifrado
que me amas.

Tu voz aquí, a lo lejos,
que le da sentido a todo,
tu voz que es la música de mi alma,
tu voz, sonido del agua,
conjuro, encantamiento.



viernes, 19 de enero de 2018

Nunca tan juntos (por Félix Grande)


La mujer de mi vida
duerme lucha en la cama a tos partida, contra
su catarro septuagenario.
Amor mío cúrate cúrame.
Tu tos brama en el cráter de mi miedo…

Cúrate, Curra. Tengo
una sorpresa polifónica
temblando en canas para ti:
¿Te acuerdas de hace medio siglo?

Contempla todo esto, mujer de tu hombre.
Pongo a tus pies mi oferta de alegría,
lo que me queda por vivir... Tenme.
Pongo a tus pies lo que me queda.

Siempre fuimos más jóvenes que hoy:
nunca tan juntos. Nunca tan destino.
Éste era el premio. Y aquí está. Y ahora:
precisamente arrugamente ahora.
Nuestra vida reunida, cauterizada, entera: mírala.
Mírale la carita a la palabra Ahora:
cinco letras omnipotentes.
...Yérguete de la silla. Apóyate en mi brazo.
Ponte guapa, que estamos convidados
a una pizca de tiempo inmenso.



jueves, 18 de enero de 2018

Así nosotros (por Alastair Reid)


Tal como un gato, atrapado por una puerta que se abre,
sobre el peligroso estante superior, maxilar rojo y garra zarzamora,
se deja caer al suelo sin ver,
seguro por instinto de gato que topará con el suelo,
ahí en la mera inocencia; y cae
de todos modos, bola de pelaje, tan rápido que al ojo
se le escapa la voltereta y la confianza
que brotan del haber caído antes,
y sólo distingue un felino desliz sedoso,
crimen inconcebible en un paso tan manso:
así nosotros nos dejamos caer rumbo a la mañana
deslizándonos por estantes del sueño. Cuando, libertinos de noche,
nos dejamos penetrar por las visiones, y la oscura ventana
grotesca nos empuja dentro, nuestro mundo pierde el equilibrio.
Los monstruos multifacéticos hijos de nuestra invención
forcejean al borde del sueño, conforme la habitación
pierde sus bordes y se llena de bruma y presentimientos
por las palabras murmuradas o por las penas recordadas,
hasta que, disueltos al dormir, caemos, el mundo conocido nos abandona,
y habitación y sueño y ser y seguridad se derriten
en un desquiciamiento final, donde cualquier paisaje
fácilmente podría cuajar, y los muertos llaman a gritos...
Pero al fin y al cabo todo termina menguando. Las voces se retiran.
La pálida cuadratura de la ventana brilla y permanece.
Poco a poco la habitación llega y madruga, y nosotros llegamos
a nuestros seres. Anoche, la semana pasada, el pasado
van volviendo a cuentagotas, despiertan. Conforme la luz adquiere solidez,
el sueño pierde claridad. Afuera, el lavado susurro del jardín
espera paciente y, recién llegados de la muerte,
¡qué agradecidos nos sentimos de absorber su aliento!
Y con todo, para soportar lo desconocido noche a noche,
¿acaso no debemos cerciorarnos, con penetración de gato,
de poder hacer frente a sus terrores, y de que la integridad del día
nos hallará sentados al escritorio, sanos y salvos, sin miedo,
con las mejillas afeitadas, las cartas escritas, las cuentas pagadas?



miércoles, 17 de enero de 2018

Los chicos lentos (por Cecilia Woloch)


Los chicos rápidos ya han entrado, urgidos
por sus madres a date-prisa-lávate-las-manos
cariño-la-cena-se-enfría-espera-a-que-venga-tu-padre
y sólo los chicos lentos permanecen en el jardín, trazando
senderos entre las luciérnagas, haciendo ruiditos con la boca, oh,
ese resplandor, y se apaga y se enciende. Y sus lentas madres parpadean
pálidas en el crepúsculo, mirándolos girar en el aire suave, mirándolos
dar vueltas, los brazos abiertos y extendidos, mientras piensan Este es mi hijo,
¿Dónde está su cena? ¿Adónde ha ido su padre?


martes, 16 de enero de 2018

Un momento antes del adiós (por William Morris)


¿Qué parte de la pavorosa eternidad
son esos extraños minutos que he ganado,
aturdido con la duda del amor y el dolor,
cuando puedo ver tu delicado rostro
un momento antes del adiós?

¿Qué parte de la marea anhelante del mundo
que parpadea, cuando el nuevo día desnudo y blanco
borra el deleite de mi ensueño,
y no hay nada a mi lado
y todo lo recordado se ha ido?

¿Qué gota en el torrente gris de lágrimas,
aquella vez, cuando el largo día de trabajo,
ya agotado, no deja nada más que hacer,
nada que justifique el esfuerzo de cargar
con la añoranza del último adiós?

¿Qué pena desde lo alto de los cielos,
qué atención desde la eternidad,
qué palabra del mundo veloz hay para mí?
¡Habla, presta atención y piedad, oh, tierno amor,
que conociste los días antes del adiós!



lunes, 15 de enero de 2018

¿Has existido, amor? (por Juan Ramón Jiménez)


¡Triste ilusión de amores veraniegos, amores
de casa en sombra y de abanico y de pereza!
...Ronda quieta y pesada de humedad y de flores,
lascivia enrojecida de carnes sin tristeza...

Es un olor a traje fresco, a tres de la tarde,
a viento de marea, a llanto de piano,
a vísperas, a jazmín blanco, a calle que arde,
a bastidor, a grillo equivocado, a mano...

Laxitud de mujeres -blancas apariciones-,
ojos que se deshacen en llama de deseos,
ascuas en vez de bocas, soñolientas canciones,
proyectos de colores en vanos balanceos...

...¿Has existido, amor de bruma y de ideales,
de estancia malva con espejos encantados,
amor como llama rosa, con lluvia en los cristales
y con romanticismo de parques deshojados?



domingo, 14 de enero de 2018

Decíamos qué frío (por Liliana Ancalao)


yo al frío lo aprendí de niña en guardapolvo
estaba oscuro
el rambler clasic de mi viejo no arrancaba
había que irse caminando hasta la escuela
cruzábamos el tiempo
los colmillos atravesándonos
la poca carne
yo era unas rodillas que dolían
decíamos qué frío
para mirar el vapor de las palabras
y estar acompañados

las mamás todas
todas
han pasado frío
mi mamá fue una niña que en cushamen
andaba en alpargatas por la nieve
campeando chivas
yo nací con la memoria de sus pies entumecidos
y un mal concepto de las chivas
esas tontas que se van y se pierden
y encima hay que salir a buscarlas
a la nada

mi mamá nos abrigaba
ella es como un adentro
hay que abrigar a los hijos
el pecho
la espalda
los pies y las orejas
dicen así
y les crecen las ramas y las hojas
y defienden a los chicos del invierno
y a veces sale el sol y ellas tapando
porque los brazos se les van en vicio
y hay que sacarles
despacio
con palabras
en gajos

pero el frío no siempre
lo sé porque esa noche en aldea epulef
dormíamos apenas
alrededor de nuestro corazón al descampado
eufemia descansaba el purrún del camaruco
y la noche confundió su pelo corto con el pasto

era la madrugada y eufemia despertó
con la helada en el pelo
y el frío esa vez tenía la boca
y se reía con nosotras
se está poniendo viejo el frío nos decían

las mujeres aprendemos
tarde
que hay un tiempo en la vida
en que hasta sin intención
vamos dejando una huella de incendio
por el barrio
ni sé por qué la perdemos
y esa tarde yo precisaba
medias de lana cruda para cruzar las calles

en las ciudades el frío
nos raspa las escamas
punza en la nuca
se vuelve más prolijo
en eso andaba y a la noche
había un hombre en mi cama
o era un niño o un muchacho
yo no quería respirar muy fuerte

tiene las manos abrigadas este hombre
entonces por qué me fui
para ver si salía a buscarme o me dejaba
a que los esqueletos de pájaros
se incrusten en mi cara

como el eco del silencio seré
si no me encuentra

por hacerme la linda

encima me da abismo
este frío
de azul sangre



sábado, 13 de enero de 2018

Sobre el dolor de otro (por William Blake)


¿Puedo observar el dolor de alguien
sin sentir con él tristeza?
¿Puedo contemplar el pesar de alguien
sin intentar aliviarlo?

¿Puedo mirar la lágrima derramada
sin compartir el dolor?
¿Puede un padre ver llorar a su hijo
sin someterse a la pena?

¿Puede una madre escuchar indiferente
el lamento de un recién nacido, el temor de un niño?
¡No, no! ¡Imposible!
Eso jamás será posible.

¿Puede aquél que a todo sonríe
oír los gemidos del ave?
¿Escuchar a sus pequeños pesarosos y necesitados?
¿Escuchar el llanto de los nacidos sufrientes


sin sentarse junto al nido

rociando de piedad sus pechos?
¿Sin sentarse junto a la cuna
vertiendo llanto sobre las lágrimas del niño?

¿Y no pasarse día y noche
secando nuestras lágrimas?
Oh, no, jamás será posible.

Nos reserva a todos su alegría;
se transforma en joven;
se transforma en hombre compasivo.
También él siente dolor.

Piensa que eres incapaz de exhalar un suspiro
sin que tu hacedor no esté a tu lado;
Piensa que no puedes llorar una lágrima
sin que tu hacedor no esté llorando.

Ah, él nos otorga la alegría
que destruye nuestras penas.
Hasta que nuestro dolor se vacíe,
junto a nosotros se lamentará.



viernes, 12 de enero de 2018

Un camión (por Saiz de Marco)



yo, para ser feliz, quiero un camión

ruedas y no cimientos

cada día un paisaje diferente

no soy de aquí ni soy de allá

baldosas corredizas

“de dónde eres” preguntan, y yo “de mi camión”

vecino sin país

del trasiego habitante

bares de carretera

áreas de servicio con guiso del lugar

fabes en Avilés

pulpo a feira en Sanxenxo

marmitako en Gernika

pipirrana en Baeza

contadme, camareros, vuestras vidas

cada una tan diversa de la otra

y narrada con un acento propio

siempre canciones nuevas en la radio


guitarra del mesón que hoy suenas jota

mañana petenera

rock and roll otro día

durmiendo en la cabina, bañado por la luna

o en un motel distinto cada noche

mi dulce hogar marchante atravesando

puertos de montaña

pirenaicas laderas

desfiladeros

valles

llanuras de la Mancha

faldas del Mulhacén

otro día la costa bordear

Cadaqués, Aguadulce, Finisterre, Zarautz

con olas salpicando los neumáticos

cerca del mar porque no nací en el Mediterráneo

gálibos, puentes, túneles

Ebro, Guadalquivir


Sevilla, Zaragoza

olivos, girasoles, alcornoques, chumberas

sierras, desiertos, bosques

y eso sin contar los portes trasnacionales

autopista de El Cairo

travesía de los Alpes

ruta del Himalaya

las carreteras nacen unas de otras

no acaban en un punto

las alfombras de asfalto no se retiran nunca

y en fin por todo eso

yo para ser feliz

de metal o de carne creo que quiero un camión