Es de
noche. La noche es muy oscura.
En una casa a una gran
distancia
brilla la
luz de una ventana.
La veo y me
siento humano de los pies a la cabeza.
Es curioso
que toda la vida del individuo que allí vive,
y que no sé
quién es,
me atrae
sólo por esa luz vista a lo lejos.
Sin duda su
vida es real y él tiene rostro, gestos, familia y
profesión.
Pero ahora
sólo me importa la luz de su ventana.
A pesar de
que la luz esté allí por haberla él encendido,
la luz es
la realidad inmediata para mí.
Yo nunca
voy más allá de la realidad inmediata.
Más allá de
la realidad inmediata no hay nada.
Si yo,
desde donde estoy, sólo veo aquella luz,
en relación
a la distancia en que estoy hay sólo aquella luz.
El hombre y
su familia son reales del lado de allá de la ventana.
Yo estoy
del lado de acá, a gran distancia.
Se apagó la
luz.
¿Qué me
importa que el hombre continúe existiendo?