zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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lunes, 5 de mayo de 2014

Quizá existan (por Solja Krapu)


No abundan tales personas

con las que se podría tener ese

contacto directo

donde sólo una mirada

es un cable de acero puesto a temblar


Quizá no hubo ninguno de ésos

en tu clase en la escuela elemental

nadie que estuviera parado

observando a la gente un viernes a la noche

en el Dragón Azul

Ninguna de esas personas en el radio que abarca la mirada


Esas personas están dispersas al azar

a lo largo del tiempo

y a lo ancho del mundo

Quizá alguien tenía como

el proyecto de su vida buscarte

aunque demasiado temprano

o demasiado tarde

y en un lugar completamente alejado

contando desde tus pies


Y tú estás ahí sentado

en una silla pintada de amarillo

en una casa de campo solitaria al borde de una tala

Quizá existan siete u ocho

personas apropiadas para ti que

exactamente ahora suben y bajan en una escalera

en un pasillo cargado de ecos

con una taza de café vacía

y que no pueden hacerse a la idea

de pedir prestado un poco de pan rallado

a ninguna otra persona

más que a ti


Y él, ése de allí que vive tan feliz en pareja

él quizá eligió así

como se elige entre distintas clases de detergente para lavar la ropa

domingo, 4 de mayo de 2014

Por la luz de sus brazos (por Dylan Thomas)


Una extraña que anda mal
de la cabeza ha venido a compartir mi cuarto en esta casa
una muchacha loca como los pájaros

traba la puerta de la noche con su brazo y pluma.
Ceñida a su laberíntica cama
engaña a la casa a prueba de cielo ingresando nubes

engaña a la habitación de pesadilla
numerosa como los muertos, caminando
o montando los océanos imaginarios del pabellón de los hombres.

Ella ha llegado poseída,
acepta la luz ilusoria a través de la pared mullida,
poseída por los cielos

duerme en la depresión angosta y camina el polvo
alucina a su antojo
en las mesas del manicomio adelgazadas por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos
por fin, puedo, Dios, al fin,
soportar la primera visión que incendió las estrellas.

sábado, 3 de mayo de 2014

Mi primo habló esta tarde (por Cesare Pavese)


Caminamos una tarde sobre la ladera de una colina,
en silencio. En la sombra del tardo crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco,
que se mueve tranquilo, el rostro bronceado,
taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debe de haber estado muy solo,
un gran hombre entre idiotas o un pobre loco,
para enseñar a los suyos tanto silencio.

Mi primo habló esta tarde. Me pidió
que subiera con él: desde la cumbre se divisa
en las noches serenas el reflejo del faro,
lejano, de Turín. "Tú que vives en Turín
-me dijo-... pero tienes razón, la vida se vive
lejos de la tierra: se progresa y se goza;
luego, cuando se regresa, como yo, a los cuarenta,
se encuentra todo nuevo. Las Langas no se pierden".
Todo esto me dijo y no habla italiano
sino el lento dialecto que, como estas mismas piedras,
es tan áspero que veinte años de idiomas y de océanos diversos
no consiguieron pulirlo. Y camina por la cuesta
con la mirada ensimismada que vi, de chico,
en los campesinos un poco cansados.

Veinte años ha estado viajando por el mundo,
Se fue cuando yo era un niño en brazos de mujeres
y lo dieron por muerto. Oí después hablar de él
a las mujeres, a veces, como en una fábula,
pero los hombres, más graves, lo olvidaron.
Un invierno, a mi padre, ya muerto, le llegó una postal
con una gran estampilla verdosa de naves en un puerto
y augurios de buena vendimia. Fue un gran estupor,
pero el muchacho, crecido, explicó ávidamente
que la carta venía de una isla llamada Tasmania
circundada de un mar muy azul, feroz de tiburones,
en el Pacífico, al sur de Australia, y añadió
que, seguro, el primo pescaba perlas. Y guardó la estampilla.
Todos dieron su opinión, pero todos concluyeron
que si no había muerto, moriría.

Desde que jugué a los piratas malayos, ¡cuánto tiempo ha pasado!,
y desde la última vez que bajé a bañarme a un sitio mortal
y he seguido a un compañero de juegos sobre un árbol
quebrando hermosas ramas y le rompí la cabeza a un rival
y también me zurraron, cuánta vida transcurrió.
Otros días, otros juegos, otros sacudones de sangre
delante de rivales más evasivos: los pensamientos y los sueños.
La ciudad me ha enseñado infinitas pavuras,
una muchedumbre, una calle, me han hecho temblar;
un pensamiento, a veces, espiado sobre un rostro.
Todavía siento en los ojos esa luz burlona
de millares de faroles sobre el ruido de pasos.

Mi primo regresó terminada la guerra,
gigantesco como pocos. Y tenía dinero.
La parentela decía por lo bajo: "En un año,
como máximo, se lo comió todo y vuelve a vagar.
Así terminan los desesperados".
Mi primo tiene una cara rotunda. Compró un terreno

en el pueblo y se hizo construir un garaje de cemento
con un flamante surtidor de gasolina enfrente
y sobre la curva del puente, bien grande, un cartel metálico.
Después puso un mecánico dentro a cobrar el dinero
y él se dedicó a recorrer las Langas, fumando.
Se había casado. Escogió a una chica rubia y delicada
como las extranjeras que seguramente conoció en el mundo.
Pero sale todavía solo, vestido de blanco,
con las manos atrás y el rostro bronceado;
por la mañana recorría las ferias, con aire cazurro,
negociando caballos. Después me explicó,
cuando fracasó el proyecto, que su plan
era quitarle al valle todas las bestias
y obligar a la gente a comprarle motores.
"Pero la bestia más grande de todas", decía,
"fui yo al pensarlo. Debí saber
que bueyes y personas son aquí la misma raza."

Caminamos más de media hora. La cima está cerca,
aumentan alrededor el susurro y el silbido del viento.
Mi primo se para de golpe y se da vuelta: "Este año
escribo en el cartel: Santo Stefano ha sido siempre
el primero en los festejos del valle del Belbo.
Y que chillen los de Canelli". Después, sigue la subida.
Un perfume de tierra y viento nos envuelve en lo oscuro.
Algunas luces en la distancia, casitas, automóviles
que se oyen apenas. Y yo pienso en la fuerza
que me ha devuelto a este hombre, arrancándolo del mar,
de las tierras lejanas, del silencio que dura.
Mi primo no habla de los viajes que hizo; dice, seco,
que ha estado en este lugar, en aquel otro,
y piensa en los motores.

Sólo un sueño le ha quedado en la sangre.
Se cruzó una vez, viajando como maquinista
de un pesquero holandés, con el cetáceo,
y ha visto volar los pesados arpones en el sol,
vio huir las ballenas entre espumarajos de sangre
y la persecución, y las colas alzadas y la lucha en la lanza.
Me lo recuerda a veces.

Pero cuando le digo que es uno de los elegidos 
que vieron la aurora sobre las islas más bellas de la tierra,
sonríe al recordarlo y responde que el sol
se levantaba cuando el día era viejo para ellos.

viernes, 2 de mayo de 2014

A lo que hemos llegado (por Robin Myers)

Ésta es la calle donde
naciste. Ésta es la llave que se te cayó en la nieve,
y éste es el abrigo que te pusiste para ir a buscarla.
Éste es el cielo visto desde la ventanilla del avión, la mañana que te fuiste
del país. Éste es el lugar del que pensabas que jamás te irías.
Éste es el sándwich que comiste en la escalinata de una iglesia,
las migas que les diste a las palomas. Ésta es la funda de la almohada
que todavía tiene pelos tuyos. Esto es el verano.
Éste es el continente que cruzaste,
la carta que pusiste a lavar con la ropa por error,
el cuchillo con el que te cortaste picando una cebolla.
Ésta es la maravilla de poder reconocer a un amigo por su tos
en el cuarto de al lado. Esto, aunque estás durmiendo, es un ratón
debajo de las tablas de madera del piso, ésta es la luz que las recubre,
y éstas son las sombras que salpican la columna vertebral
de alguien que está acostado boca abajo.
Esto es casi lo que querías decir.
Esto es alguien que toca una pieza de Brahms en el piso de abajo,
el vaso de agua que tiembla sobre el piano, el agua derramada.
Esto es enojo, ésta es una clase de manejo, un año de tu vida; la parada del camión,
la sábana, la ola de calor; éstos son los
fuegos artificiales que mirabas a lo lejos,
que en silencio brotaban como flores en los montes oscuros.
Ésta es la forma en que miras a la gente en el tren
para luego extrañarla. Ésta es la fe, como un nudo en la soga
que estás trepando, y éstos son tus dedos, ardidos y despellejados
alrededor de ella. Esto no es una excusa. Esto es el mar, adentro
de un caracol. Esto es el mar.
Esto es, según parece, a lo que hemos llegado.
Ésta eres tú, si vuelves tras tus pasos.
Ésta eres tú, si no regresas nunca.

jueves, 1 de mayo de 2014

Haikus (por Aitor Suárez)


Mi gata se
sube al belén. King Kong
llega a Judea.

.....

Muévete, salte,
desvíate de la
ruta Rutina.

.....

Si la exprimiéramos,
de la Tierra saldría
un jugo amargo.

.....

Tras la colina
al doblar el recodo,
¿qué encontraremos?

.....

De lo vivo a
lo inerte. Morir: máxima
metamorfosis.

.....


A veces dono
sangre. Así no soy un
perfecto inútil.

.....

Nos disminuyen,
parcialmente nos matan
las muertes de otros.

.....

En este ser
grotesco es en lo que
me he transmutado.

.....

¿Pero qué has hecho
conmigo?, protesta mi
foto de niño.

.....

¿De dónde vine,
de dónde fui traído
a este lugar?

.....

¿Era la Nada
el sitio donde estuve
en mi antevida?

.....

¿Será la Nada
el lugar donde iré
en la postmuerte?

.....

No ser pudiera
ser una variedad
del bienestar.

.....

Disolverse. Y
da lo mismo en el Todo
que en la Nada.

.....
  
Para matar
y para socorrer
los mismos brazos.

.....

Para abrazar
y para disparar
el mismo encéfalo.

.....

Casi todo en
la Historia debería
no haber pasado.

.....

Algunos hacen
la Historia. El resto,
los más, la sufren.

.....
  
El tanatorio
y la sala de partos
a escasos metros.

.....

Fotos de gente
muerta, su voz grabada:
tiempo infiltrándose.

.....

Lava sus manos
Pilatos y al lavárselas
se las ensucia.


miércoles, 30 de abril de 2014

Y tu mano valía mi vida (por Leopoldo María Panero)


Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas,
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.

martes, 29 de abril de 2014

A los sueños (por Langston Hughes)

Agárrate fuerte a los sueños
porque si mueren
la vida es un pájaro herido
que no puede volar.

Agárrate fuerte a los sueños
porque si escapan
la vida es un páramo yermo
bajo la nieve helada.

lunes, 28 de abril de 2014

Una montaña indócil (por Roque Dalton)


Yo tenía un caballo
más hermoso y más ágil que la luz.

Una ola de sangre parecía piafando.
Una pequeña tempestad con ojos.
Una montaña indócil de bien labradas patas.

Un día nació muerto mi caballo
y los vientos huyeron de mi asombro y mi cara...



domingo, 27 de abril de 2014

Silencio iluminado (por Justo Jorge Padrón)


Vas cosiendo en la máquina
lentamente el vestido,
los sueños de la hija.
En tus manos se trenzan
el tejido y la luz.
Te miro y voy sintiendo un sobresalto
en la sangre. Te estoy
hablando sin mover
los labios
como si no existieran las palabras.
Es un silencio iluminado
el que escuchamos en nuestras paredes
blancas. La máquina prosigue
pespuntando los sueños,
la esperanza se viste
con un traje de niña.
Apenas una leve
mirada y nos hallamos
igual que el primer día:
Sigue el amor. Nos basta.

sábado, 26 de abril de 2014

Sigue tocando (por Omar Musa)


Esto es una advertencia para todos.
El mañana no es tu amigo.

El mañana es un visitante para cuya llegada no estás preparado,
cuyos cambios de ánimo no puedes anticipar.
No los puedes anticipar porque nunca sabes
si va a llegar a tu puerta trayendo flores o un arma,
pero sabes que está todo el tiempo acercándose.

Esto es una advertencia.

Nunca dejes que se consuma el fuego de la lámpara.
Nunca dejes de hacer tu música. Incluso si el disco está rayado,
la aguja quebrada y el micrófono desconectado,
sigue tocando.

Incluso cuando estés de pie mirando los amenazantes arrecifes
donde los corales parecen hechos de cuchillas y navajas,
donde el cielo apenas brilla con una luz de carbón
encima de los tiburones y los intermitentes cardúmenes,
donde te mueves entre mareas de información
(algunas correctas, otras erróneas, otras sencillamente dementes),
olas de opinión tan potentes que amenazan con ahogarte,
sigue tocando.

Incluso cuando sientas que la amistad es un campo de batalla
donde la brisa está cargada de ego y desconfianza,
donde el afilado sol se oscurece
por un billón de flechas que cantan con la claridad de los pájaros,
donde intercambiamos palabras encendidas en bares y autos recalentados,
donde sentimos que somos lo que queda de los naufragios
de los ideales abandonados,
sigue tocando.

Incluso cuando las respuestas negativas se apilen como pirámides
y te digan que no tienes talento
y que nadie quiere escuchar a un rapero de un pequeño pueblo de Australia
y que ninguna radio va a poner tu música
y gritas y gritas y nadie te escucha,
sigue tocando.

Pero no estoy seguro de por qué deberíamos,
cuando claramente las posibilidades apuntan en contra nuestra.
Porque sé que el corazón de los hombres
es un pastizal donde florece la oscuridad.

Todo lo que sé es que tengo suerte de estar aquí
y que algún día, pronto, este hombre de pasión y lujuria
va a ser polvo y cenizas.
Y que voy a esparcirme de vuelta en el suelo del que salí
y que no quiero que mi último suspiro sea un lamento.
Quiero poder decir que salté del acantilado cuando fue necesario,
que bebí del cáliz cuando me lo pasaron.
Que incluso cuando el disco estaba rayado,
la aguja quebrada y el micrófono desconectado,
seguí tocando.

Esto es un advertencia para todos.
El mañana no es tu amigo.
Así que nunca dejes que el fuego de tu lámpara se consuma.
Porque nunca sabes
cuándo podría terminar hoy.

viernes, 25 de abril de 2014

Tu propia voz (por Mary Oliver)


Un día supiste por fin

lo que tenías que hacer, y empezaste,

aunque a tu alrededor las voces

seguían gritando

sus malos consejos,

aunque toda la casa

empezó a temblar

y sentiste el antiguo tirón

en los tobillos.

“¡Arréglame la vida!”

gritaba cada voz.


Pero no paraste.
Sabías lo que tenías que hacer,

aunque el viento hurgaba

con sus dedos rígidos

en las bases mismas,

aunque su melancolía

fuese terrible. Ya era bastante

tarde, y una noche salvaje,

y la calle llena de ramas

caídas y de piedras.
Pero de a poco,

mientras dejabas las voces atrás,

las estrellas empezaron a arder

entre las sábanas de nubes,

y había una voz nueva,

que lentamente

reconociste como tu propia voz,

que te acompañaba

mientras te adentrabas más y más

en el mundo,

decidida a hacer

lo único que podías hacer, decidida a salvar

la única vida que podías salvar.

jueves, 24 de abril de 2014

Pero las manos no te sueltan (por Edith Södergran)


Nadie te había advertido de que este baile
podría durar tanto, tú has entrado como
para participar
en un juego que se puede dejar para
volver a casa a comer o a dormir cuando llega la noche
y la noche llega, pero las manos que te agarran
te mantienen en el corro, no te sueltan,
después de un discreto intento te rindes,
continúas el juego, sigues sonriendo
pero con otra sonrisa,
aún no acabas de creer que va en serio
a pesar de que el baile prosigue por la noche
y que las sombras
se mueven largas y duras
como una carne negra, y el primer horror te golpea
cuando por fin comprendes que era justo eso,
tu propia vida, pero superas ese horror
y decides que puedes vivir con él, y se desvanece
cuando llega la primera alegría, después un segundo
horror más grande y una alegría más grande y
los pasos del baile prosiguen cada vez más profundos en días y noches,
y tú ríes y lloras las risas de todos
y los llantos de todos, y bailas cada vez mejor, inventas
nuevos pasos y sonríes
sonríes y sabes
lo que sabes.
Nadie te lo había advertido, al principio.

miércoles, 23 de abril de 2014

La trampa (por Saiz de Marco)

Cuando llegues a la meta te sentarás en el suelo
respirarás aliviado
la meta tan deseada
y ahora por fin el descanso
crees que te lo has merecido

Brotarán sin darte cuenta las telarañas
la herrumbre
el moho por las paredes interiores de tu vida

ese moho que corroe
que oxida y pudre los muros

Date la vuelta
no cruces
no atravieses esa raya
no entres en zona de ruinas
de fracturas
de derrumbes

Echa a correr nuevamente
vamos
un pie
y otro y otro
aléjate de esa trampa
de ese ardid
de esa impostura

es cuestión de vida o muerte
márchate de allí enseguida

No te dejes apresar por sus cuerdas envolventes
no te dejes amarrar por su lazo de llegada
no te dejes capturar
no te dejes hundir

La meta es una gran farsa
una argucia
una emboscada

pero tú estás aún a tiempo de no caer

en sus redes

martes, 22 de abril de 2014

Y ella está en tu baño (por Andriy Lyubka)


Esa mujer en tu baño, depilándose,
celebrará su 24º cumpleaños mañana.
Tal vez "celebrar" sea una palabra demasiado ruidosa,
simplemente llamará por teléfono a papá y mamá
y hará sus oraciones antes de ir a la cama.
Tú no entiendes sus oraciones, ni sus miradas misteriosas,
la lengua que usa en los menús de su teléfono.
No estáis predestinados a estar juntos, y es mejor así,
te dices a ti mismo: "es mejor así".
En los momentos de ternura infrecuente, dices
que crees que ellos no tienen armas nucleares,
ninguna destrucción masiva, y te sientes un idiota.
Y entonces sueñas que su cuerpo
huele a armas nucleares, como los desiertos, las canciones de los gitanos.
"¿Pero por qué gitanos?", te preguntas a la mañana siguiente,
lástima, no hay respuesta para esa pregunta. No sabes nada
sobre su infancia, sobre el territorio en que recibió su educación en inglés,
ni por qué exactamente te eligió a ti y no a otro.
Estáis juntos hace tres semanas. Y a veces examinas el mapa del mundo,
analizando la localización de Irán, sus vecinos,
sus recursos, naturales y humanos.
Consideras que, con el paso del tiempo, la entenderás mejor.
A veces haces preguntas sobre Irán, y le prometes que iréis a visitar el país juntos,
y ella todavía huele a verano gitano y a armas nucleares,
su desierto está entre vosotros dos, la noche se acerca
y ella está en tu baño, depilándose.

lunes, 21 de abril de 2014

Celebración de la apariencia (por Joaquín Giannuzzi)


Qué materia ligera para el ojo
sometido a presión. Girando
sobre cada eje verde, se agrupan
en explosiones suaves
de rojo, violeta y blanco totalmente recientes
hacia un centro de ingrávidos objetos.
Dominación frontal, casi con nada y al descuido
en la hora indistinta, cuando todo
está bien. Alegrías
de agua liviana en un solo plano. La gracia más conforme
de estar allí como en el campo
de una dulce costumbre. Un poco ebria
la perspectiva asegura
la inestable sociedad de las cosas.
Pero amar el mundo, su abundante presente,
es obtener más luz:
esta celebración de la apariencia
que sin embargo se sostiene hasta el fin.

domingo, 20 de abril de 2014

Tu rostro definitivo (por Sigfrido Radaelli)


Supongamos que soy un espejo.
Me miras. Sólo un instante.
Tu mirada cae, los ojos entreabiertos,
cansados.
Una sombra orgullosa sobre tus labios.
Aprietas la boca. No es desdén,
es una infinita tristeza.
Arriba, enérgico, el casco brillante,
el airón de plumas, los colores.
Debajo, sujetando tu barba,
la cinta de metal.
Miro de nuevo en tus ojos entrecerrados,
estremecidos.
¿Qué más da? ¿Cumpliste tu vida?
¿Todo lo que anhelabas,
tus sueños,
son ya la sombra de tu casco?
De todos los espejos en que te miraste año por año,
joven, sonriente,
fuerte, dominador,
es éste el que contempla tu rostro definitivo.
Aquí estoy, pareces decirme.
Siempre era yo mismo. Y ahora soy yo mismo
este comienzo de ruina dorada
que aún resplandece.

sábado, 19 de abril de 2014

Te ofrezco (por Jorge Luis Borges)


¿Con qué podría retenerte?

Te ofrezco esbeltas calles, puestas de sol desesperadas, la luna de suburbios mal cortados.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivos han honrado con bronce: al padre de mi padre que murió en la frontera de Buenos Aires con dos balas que atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, a quien amortajaron sus soldados con una piel de vaca; a ese bisabuelo, de la línea materna, que comandó, con veinticuatro años, una ofensiva de trescientos hombres en el Perú, ahora sólo fantasmas sobre monturas desleídas.

Te ofrezco, sea cual fuere, la sapiencia que contengan mis libros, y la hombría y el humor que contenga mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que jamás ha sido leal.

Te ofrezco el núcleo duro de mí mismo que he guardado, de algún modo; el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños, y no tocan el tiempo ni el placer ni las adversidades.

Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer algunos años antes de que nacieras.

Te ofrezco explicaciones de vos misma, teorías de vos misma, auténticas y sorprendentes noticias de vos misma.

Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

viernes, 18 de abril de 2014

Espacio de la dicha (por Vicente Sabido)


Libro de pastas verdes, con grandes hojas y selvas
y en tus ojos oscuros, abuela, se refleja
el ruido de la calle.

Y el patio al que regreso
con lágrimas furtivas.
El patio con arriates y mimosas
plantadas en bocoyes.
El patio, el patizuelo
que a mí se me antojaba en las felices siestas.
Profunda, verde fronda, más que la de tus libros.

Qué densa soledad aquellas tardes
el tiempo me ofrecía.
Qué mágicas andanzas tras los perros,
los gatos y las latas.
Qué oscuro microcosmos de grandeza
los viejos torreones, las campanas.

(Tras la persiana verde, abuela, tu universo
de espejos y de encajes.)

Espacio de la dicha que no ha de regresar
pues sólo en mí existía.
Dónde estará. No logro adivinarlo
cansado de mirar
sin inocencia.

jueves, 17 de abril de 2014

El maratonista (por José Watanabe)


Te has metido solo en esto, muchacho,
pero tu lentitud nos angustia a todos.
Después de tantos kilómetros, se acabaron tus fuerzas,
pero todavía insistes en llegar a donde ya no importa.
Esto ya no tiene sentido, no abuses
de nuestra piedad: anda a tu casa
y comprende que alcanzarte una esponja con agua
fue lo único que pudimos hacer por ti.

(Pero ama al niño que cree que puede
lanzar su energía como un rayo al centro de tu cuerpo
y a la vieja
que se santigua como si viera pasar un santo lastimado.)

Tus piernas son cada vez más pesadas.
Conozco cómo es eso: también sé
lo que es ansiar desesperadamente aire
para durar un poco más.

Al dar la curva encontrarás una calle solitaria.
Cambia el paso allí, disimula tu fracaso y camina
lentamente
pisando las hojas amarillas de la morera
como hago yo cada día, ya libre de toda competencia.

miércoles, 16 de abril de 2014

Pero quién (por Thomas Merton)


No te muevas.
Escucha las piedras de las paredes.
Silencio, tratan
de decir
tu nombre.
Escucha
las paredes vivas.

¿Quién eres?
¿Quién
eres? ¿El silencio de quién
eres?

Quién (quédate quieto)
eres (como estas piedras
quietas). No pienses
en lo que eres
y menos en
lo que puedes ser.

Mejor
sé lo que eres (¿pero quién?),
sé el impensable
que no conoces.

Oh, no te muevas, mientras
todavía estás vivo
y las cosas viven a tu alrededor
hablándole (no oigo)
a tu propio ser,
hablando por lo desconocido
que está en ti y en ellas.

"Como ellas, voy a tratar
de ser mi propio silencio":
y eso es difícil. Todo el mundo
se incendia secretamente. Las piedras
arden, hasta las piedras me queman.
¿Cómo puede un hombre estar quieto o
escuchar todas las cosas quemándose?
¿Cómo se atreve a sentarse con ellas
cuando todo ese silencio está en llamas?

martes, 15 de abril de 2014

De los cuerpos y las cosas que otro amó (por Claudia Masín)


Yo comprendo la pasión de los astrónomos,

las noches en vela, la atención dispuesta

a captar, de entre todo lo que existe,

cierta fosforescencia en el cielo. Podría decir,

como ellos, que las cosas que me importan

no suceden en el mundo. La mirada vive, en lo que ve,

una segunda vida, más real que la primera, más intensa.

Yo pensaba que mirándote siempre, en todos los momentos,

los instantes preciosos que guardabas dentro de tu cuerpo

se transferirían a mi propia constelación

de recuerdos, y lo deseaba con tanta fuerza que creí

ver con tus ojos –sin haberme movido jamás de esta ciudad

o de este cuarto- los detalles de tu casa natal, las tormentas

de nieve en un pueblito del sur, la tierra

completamente roja en el otoño, invadida por las hojas

de los arces, dos pies pequeños y descalzos

cubiertos por el barro, el rostro de tu madre.

Quizás la intimidad entre dos seres dura

lo que dura ese momento en que sabemos

de los cuerpos y las cosas que otro amó

en otro tiempo. O acaso nadie alcance a rozar,

ni en su deseo, las imágenes ajenas,

y estés sola, y yo esté solo, y sea el nuestro

-como el recorrido de las familias de esquimales hacia el sol

sobre la nieve- un viaje del cual no queda huella.

lunes, 14 de abril de 2014

Todo lo que os digo es un monólogo (por Wislawa Szymborska)


La relación unilateral entre vosotras y yo
no va mal del todo.

Sé qué es una hoja, un pétalo, una espiga, una piña, un tallo
y qué os pasa en abril y en diciembre.

Aunque mi curiosidad no es correspondida,
sobre algunas me inclino con especial atención
y ante otras levanto la cabeza.

Tengo nombres para vosotras:
arce, cardo, narciso, brezo,
enebro, muérdago, nomeolvides,
y vosotras no tenéis ninguno para mí.

Hacemos el viaje juntas.
Y durante los viajes se habla, ¿no?
Se intercambian opiniones al menos sobre el tiempo
o sobre las estaciones que pasan volando.

No faltarían temas porque nos unen muchas cosas.
La misma estrella nos tiene a su alcance.
Proyectamos sombra según las mismas leyes.
Intentamos saber cosas cada una a su manera
y en lo que no sabemos también hay similitud.

Lo aclararé como pueda, preguntadme y ya está:
qué es mirar a los ojos,
para qué me late el corazón
o por qué mi cuerpo no echa raíces.

Pero cómo contestar a preguntas nunca hechas,
si, además, una es
para vosotras tan nadie.

Musgos, bosques, prados y juncales,
todo lo que os digo es un monólogo
y las que escucháis no sois vosotras.

La conversación con vosotras es necesaria e imposible.
Urgente es una vida apresurada
y aplazada hasta nunca.

domingo, 13 de abril de 2014

Un ritmo (por Robert Creeley)


Todo es un ritmo,

desde el cerrarse

de una puerta, hasta el abrirse

de una ventana.


Las estaciones, la luz

del sol, la luna,

los océanos, el crecimiento

de las cosas,


la mente de los hombres,

íntima, volviendo a ellos

de nuevo,

creyendo que el final


no es el final, volviendo

atrás el tiempo,

ellos muertos pero

con alguien por llegar.


Si estoy muerto en la muerte,

en la vida también

me muero, me muero...

Y las mujeres lloran y se mueren.


Los chicos crecen

hasta ser solo viejos.

El pasto se seca,

la potencia se va.


Pero se encuentra con otra

que vuelve, oh no la mía,

no la mía, y

a su tiempo muere.


El ritmo que se proyecta

desde sí mismo continúa

doblegándolo todo con su fuerza

desde la ventana hasta la puerta

desde el techo hasta el piso,

luz al abrirse,

oscuridad al cerrarse.

sábado, 12 de abril de 2014

La eternidad en nosotros (por Juan Ramón Jiménez)


Puedes ya, sol, apagarte si quieres y como quieras;

porque este instante de nuestro amor

ha ido más allá de tu fin y de tu olvido.


—¡Hermosa, hermosa luz que has alumbrado,

un momento, la eternidad en nosotros;

que nos has hecho ver, súbitamente, una belleza

a la que tu mismo sol no podrá llegar

nunca!


¿En qué lugar se ha cumplido esto? ¿Dónde

tú, sol mortal, has podido lucir inmortalmente?

¿Dónde nosotros, mortalísimos, hemos podido estar

-y siendo más efímeros que tú- más lejos

aún que tú, sol?

viernes, 11 de abril de 2014

De puntillas (por Begoña Abad)


No sé si te lo he dicho:


mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.


Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.


Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta
donde poder querernos.

jueves, 10 de abril de 2014

Un año tan año (por Máximo Simpson)


Tan mortal como el otro,
tan reciente,
es un año tan año que da pena,
que da llanto y da rabia.
Eso eso simplemente: tan pequeño,
tan efímero rostro, tan escaso,
tan difunto y floral,
que lo veo pasar desenrollando
variados arrebatos, diminutas acciones,
coyunturas y brindis,
como el buen empleado de oficina,
impasible escribano de los muertos,
que dejará a su vez un almanaque,
una silla y un sueldo para otro.

Minúsculas reyertas con sus golpes de mano,
los gestos estruendosos y las revoluciones,
los precarios destinos navegando en la gota
del año inmemorial que se repite,
me ponen melancólico, irritable.
Sin embargo a mí esto no me arredra,
no me estorba empezar todo de nuevo:
ordené mis carpetas,
discipliné el declive de mis años,
esta gran inquietud que me atenaza,
y me dispuse a ser,
a ser nomás un hombre,
con el desbarajuste que sostengo,
con mi gran ansiedad desaforada,
y así compaginados mis recelos,
metodizada el ansia, con mi tormento en regla,
yo me puse a vivir entre mis deudos,
a caminar entre vecinos,
para vivir nomás, vivir si esto es posible,
solamente morir,
vivir y estar cayendo.

miércoles, 9 de abril de 2014

Como si estuviera contigo (por Walt Whitman)


Lleno de vida, hoy, compacto, visible.
Yo, de cuarenta años de edad del año ochenta y tres de los Estados.
A ti, dentro de un siglo o de muchos siglos.
A ti, que no has nacido, te busco.
Estás leyéndome. Ahora el invisible soy yo.
Ahora eres tú el compacto, el visible, el que intuye los versos y el que me busca.
Pensando qué feliz serías si yo pudiera ser tu compañero.
Sé feliz como si estuviera contigo 

(no tengas demasiada seguridad
de que no estoy contigo).

martes, 8 de abril de 2014

Ya pasaron (por Selva Casal)


tengo miedo tengo noche
todas las generaciones pasaron por mí
todas las especies
ya pasaron los que aún no nacieron
ya pasaron los amores los odios
los que ríen inauditamente
los que muerden manzanas los que lloran
déjanos resucitar un día
tócanos como el amanecer toca la tierra
y los dragones verdes que están entre las hojas
llámanos
como la lluvia llama a las ranas pequeñas en el bosque
a los saltamontes de ojos taciturnos
sé como la magnolia que un día sostuve entre mis manos
sin saber que ella era yo misma
te estoy hablando de la vida
porque si me hubieras conocido me habrías amado
amándome está la hormiga esquiva en su secreto
amándome está el tigre de ojos dorados
y la luciérnaga 

lunes, 7 de abril de 2014

También (por José Emilio Pacheco)


Dos mil años después de que el Vesubio
sepultó entre cenizas a Pompeya
encontraron un muro en que estaba escrito:


Nada es eterno.
Brillan los soles y en el mar se hunden.
Arde la luna y se desvanece más tarde.
La pasión de amor
se termina también
como la lluvia.

Al tercer día de copiado el grafito
el yeso en que lo inscribieron se vino abajo.

Se acabaron los versos
como la lluvia.

domingo, 6 de abril de 2014

Un anciano y un niño (por Fernando Ortiz)

Los pasos de mi abuelo eran muy lentos.
Me enseñaba los nombres de los astros y las constelaciones:
Osa Mayor, Menor, Orión, El Arquero,
Venus siempre brillante.
El negro terciopelo del campo de Sevilla en mitad de la noche
y un anciano y un niño cogidos de la mano.
¿Qué pensaba aquel viejo de la vida?
Andan mis hijas junto a mí.
Hablan de sus deseos y memorias.
Absorto en mis problemas
quizá les hablo para no escucharlas.
Rito que se renueva, a veces las escucho
y contesto como el anciano
con palabras pausadas de un oculto sentido.
Qué importan las palabras; lo que importa es el tono
y atender a quien pone su vida en nuestras manos.
Mi padre, un pobre hombre,
por pequeñas cuestiones acosado,
hubo de solventarlas para darme la vida,
y yo lo despreciaba.
Su muerte fue tan gris como sus días.
Disipados los sueños, destruida la fe,
quizá tú únicamente, padre mío,
rodees, sabiendo, con tus brazos mis hombros.
Blanda nos sea.
Esa mujer fue dulce
y siempre creyó en mí –era mi madre–.
Cantaba por las tardes con una voz suave.
A la hora de la siesta
se dormía a sus pies el aire del verano.
Murió gritando, la razón perdida.

Perdida la esperanza, quebrada ya la fe,
permanecen los nombres de los astros y las constelaciones.
Un anciano y un niño cogidos de la mano.

sábado, 5 de abril de 2014

Mi oferta de alegría (por Félix Grande)


Contempla todo esto, mujer de tu hombre.
Pongo a tus pies mi oferta de alegría,
lo que me queda por vivir, el arrepentimiento
agusanado, la gratitud florida. Tenme.
Pongo a tus pies lo que me queda.
Siempre fuimos más jóvenes que hoy:
nunca tan juntos. Nunca tan destino.
Éste era el premio. Y aquí está. Y ahora:
precisamente, arrugamente ahora.
Nuestra vida reunida, cauterizada, entera: mírala.
Mírale la carita a la palabra Ahora:
cinco letras omnipotentes.
...Yérguete de la silla. Apóyate en mi brazo.
Ponte guapa, que estamos convidados
a una pizca de tiempo inmenso.

viernes, 4 de abril de 2014

Morirán grandes trozos de nosotros (por Antonio Orihuela)


Los sueños de mi padre se han cumplido,
morirá feliz y atado a sus árboles y su barbecho,
volviendo a casa en su mula,
dormido en el sofá frente un documental de bichos en La 2.
Habrá arena en sus botas
unas humildes botas de mercadillo
de las que guarda tres pares nuevos e idénticos.

Morirán muchas cosas, grandes trozos de nosotros,
cuando la muerte se vista con él.

Mi madre lo mantendrá vivo
mientras se repitan, iguales,
las nieves, las flores, las cosechas.

jueves, 3 de abril de 2014

Algo que estaba oculto (por Ubayd Allah al-Walid)


La libre primavera te ha llegado:
Camina tan sonriente y tan bonita
que casi puede hablar.
En las profundas sombras de la noche
Nawruz ha despertado a las primeras rosas,
dormidas aún ayer.
El frescor del rocío las va abriendo
lo mismo que si fuera divulgando
algo que estaba oculto.
De nuevo devolvió la primavera
su vestido a los árboles, y es como si desplegaras
un precioso brocado.
Y resulta tan fino el soplo de la brisa
que parece traerte
el gozo del aliento de los seres amados.

miércoles, 2 de abril de 2014

Mi alma es como tierra dura (por Leopoldo María Panero)

Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma.
Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.

martes, 1 de abril de 2014

Haikus (por Aitor Suárez)


No sé, amor,
qué he ganado ni qué
perdí por ti.


…..

No sé en qué
me agrandaste ni en qué
me redujiste.


…..

Amor, no sé
el balance y no
quiero saberlo.



lunes, 31 de marzo de 2014

El sueño (por Ray Bradbury)


Somos el sueño que otra gente sueña,

la tierra donde otros aterrizan

cuando, tarde en la noche,

piensan en escaparse

y volando llegan aquí,

a donde nosotros, panda de cretinos, prosperamos irreflexivamente.

Nos negamos a ver que somos aquello a lo que el mundo aspira.

Hervimos tan inmersos en un orden

que nos quedamos ciegos ante la obviedad.

No nos importa el milagro que somos,

así que amordazamos nuestras bocas con maldiciones.

Mientras el orbe intenta

venir aquí a quedarse,

nosotros planeamos una fuga.

Qué tontería, exclaman los recién llegados del Chad.

Estáis locos, gritan los iraquíes.

Venderíamos el alma por cambiaros el puesto.

¿Cómo es posible que no os veáis como os vemos?

Trenzáis un bosque de libertad a vuestro gusto

pero, maldita sea, perdéis el bosque a causa de los árboles.

Vuestras costas engullen

10.000 expatriados por semana.

¿Alguno se pregunta por qué gritan?

¿Por qué son tan felices?

Espabilad. ¿Es mala América?

Sentaos, contemplad sus rostros, mirad.

Sois el deseo de un mundo que no tiene esperanza.

Para las oleadas de inmigrantes que fluyen este año

sois aún el hogar atractivo

que reconocerán en cuanto lleguen.

A medianoche, cuando acostados hacen proyectos, planes y ambiciones,

sois el sueño que otra gente sueña.

domingo, 30 de marzo de 2014

Por tu ausencia (por Antonio Cisneros)


1.

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa mas aburrida del suburbio
no habría primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque.
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.

2.

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire.
Gran Estilo.
Gran Velocidad.
Gran Altura.

3.

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo.
Imposible. Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.

4.

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia,
sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble,
el triple las hojas de afeitar.

sábado, 29 de marzo de 2014

Así es como todo se borra (por Claudia Masin)


En las noches de Marrakesh, los hombres viejos

que me llevan a recorrer la ciudad

y esperan que los guíe, terminan inexorablemente

perdidos. Tal vez sólo sé un camino,

y los demás son rodeos

que convergen en él. No tengo preguntas,

la certeza es un sitio donde me crío a mí misma,

como si yo fuera una hija mía. ¿Ves? me digo,

aquí están las imágenes de tu vida,

desfilan como en una película muda,

las películas mudas son aburridas. No importa

demasiado tu vida. ¿Ves? aquí tu casa, tus padres,

las cosas que olvidaste en las mudanzas,

no importan demasiado tus cosas. Podrías ser

cualquiera, podrías no existir, una sirena

dibujada en un libro de mitos. Escuché la historia

de un grupo de exploradores en la Antártida:

iban a vivir un año en el medio de la soledad

y el frío para estudiar la zoología, la botánica,

el clima. El barco de rescate chocó contra un témpano

mientras viajaban para llevárselos

a Europa de regreso. Pasaron inviernos enteros

en el refugio, una casita noruega que ellos mismos

habían construido en el medio

de un país de hielo. Se inventaron

una vida cotidiana, distribuyeron

las tareas y esperaron. Uno de ellos escribió

en su diario: llegué a olvidarme de que tenía un rostro.

Sólo sobrevivía para estar presente en el momento

en que un improbable barco fantasma

asomara entre las olas. Así es como todo se borra,

la propia voz, el propio cuerpo, cuando alguien

tiene que llegar hasta nosotros

y no llega. El azar es ecuánime -solías decir-

todos encontramos al menos una vez

lo que siempre hemos buscado. Ya no te creo:

el azar, por definición, es injusto. Hay

una vez, sí, pero una sola, y lo demás es el deseo

de que vuelva.

viernes, 28 de marzo de 2014

Aprende (por José Cereijo)

Armónico murmullo de las hojas
en el aire tranquilo de la tarde,
agudo y leve canto de los pájaros,
pequeñas, palpitantes flechas vivas;

aroma silencioso de las flores,
hondura transparente del crepúsculo.
Escucha, siente, mira, goza, aprende:
todo esto tiene que morir, y canta.

jueves, 27 de marzo de 2014

No reconozco a nadie (por Taslima Nasreen)

La ciudad abarrotada de hombres, el hombre a hombros del hombre,
los perros a los pies del hombre:
ni al hombre ni al perro: no reconozco a nadie.
Llegaron de un planeta extranjero.
O soy yo. ¡La extranjera!
Soy yo, no otra alguna, la que siente el vacío.
Las hojas del árbol se me escapan,
las flores me parecen invisibles.
Camino por la hierba pero no es hierba,
es piedra,
las nubes no son nubes verdaderas,
la luna es irreal.
Bajo la lámpara sigo inmóvil como un cuerpo de sombra
y las raíces brotan de mi cuerpo de piedra.
Extranjera a mí misma yo me siento.
Gris es la ciudad.
Gris el agua del río, también él.
Sólo él me era cercano, él que tocaba mi pelo alborotado,
él, que por mí ha llorado, él, este río.
Le dije el otro día:
Me pareces hoy de piedra.
Y él me dijo,
jugando con el viento:
-¡Tú también!

miércoles, 26 de marzo de 2014

En el amanecer (por Ernesto Pentón)


1
Camina conmigo
en el amanecer silencioso
dando saltitos.

2
Preocupado
por el sentido de la vida escuché el canto
de un gorrión preocupado por nada.

3
Cuando emocionado
salgo a la terraza para buscarte,
¿hacia dónde te vas volando?

martes, 25 de marzo de 2014

Día de guerra común (por Adisa Bašić)


-abrir los ojos. levantarte
-despertarlo
-prepararlo para la línea del frente
-darle una rutinaria despedida, sin llorar
-traer agua
-tomar un baño
-preocuparte por el tiempo perdido
-depilarte las cejas
-leer el mismo libro por quinta vez
-aguzar tus oídos para los disparos en dirección donde él monta guardia
-ir en busca de harina
-correr a través de las calles
-escuchar una explosión
-sentir el soplo del metal o la piedra
-recostarte
-tocar tu herida con tus dedos
-lamer sangre
-acostarte un largo tiempo
-no llorar
-abandonar
-abrir los ojos. levantarte

lunes, 24 de marzo de 2014

Y sin cesar se hunde (por Paul van Ostaijen)


Hondos mares rodean la isla
hondos azules mares rodean la isla
no sabes
si la isla de las estrellas está allá arriba
no sabes
si la isla está en el eje de la tierra
hondos mares
hondos azules mares
en que la sonda se hunde
en que la sonda se busca
en hundiéndose busca
y busca hundiéndose
buscando su propia busca
y sin cesar
se hunde
y sin cesar
busca
hondos mares
azules mares
hondos azules mares
mares de azul profundo
se hunden
buscan
las volcadas estrellas
dos veces azules
y dos veces sin fondo
Cuándo encuentra la sonda azul
en el mar azul
el alga verde
y el banco de coral
Un animal persiguiendo en su vida un pensamiento
—aspiración con milenios de milenios sellada—
igual que un animal que caza y halla en sus dedos ciegos
sólo el repetir de hacer lo hecho
igual que un animal así
así se hunde la sonda
del marino
Si este hundirse se adentrara por ti ojos abajo, no conocerías
un vacío mayor

domingo, 23 de marzo de 2014

A nadie le importará (por Sara Teasdale)


Llegarán suaves lluvias y el olor de la tierra,

y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos;


y ranas en los estanques cantarán por la noche,

y ciruelos silvestres de trémulo blanco.


Los petirrojos vestirán su emplumado fuego,

silbando sus caprichos sobre una baja alambrada.


Y nadie sabrá de la guerra, nadie

se preocupará al final cuando haya concluido.


A nadie le importará, ni a pájaro ni a árbol,

si la humanidad pereció completamente.


Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer,

apenas se dará cuenta de que nos hemos ido.

sábado, 22 de marzo de 2014

Por sentirnos todavía (por José Hierro)


Hemos visto, ¡ alegría !, dar el viento

gloria final a las hojas doradas,

arder, fundirse el monte en llamaradas

crepusculares, trágico y sangriento.



Gira, asciende, enloquece, pensamiento...

Hoy da el otoño suelta a sus manadas.

¿No sientes a lo lejos sus pisadas?

Pasan, dejando el campo amarillento.


Por esto, por sentirnos todavía

música y viento y hojas, ¡alegría!

Por el dolor que nos tiene cautivos,

por la sangre que mana de la herida,

¡ alegría en el nombre de la vida !


Somos alegres porque estamos vivos.

viernes, 21 de marzo de 2014

Si vuelves a nacer (por Cintio Vitier)


Él me dijo que era preciso
renacer, y yo le dije: ¿cómo?
¿a mis años puede un hombre
volver a entrar en el vientre de su madre?
Yo sentía mi rostro como una página escrita
en el viento y en la sombra
que hacían temblar nuestros cabellos
y nuestras simples vestiduras.
Las hojas también temblaban levemente,
con un sonido áspero y dulce, acariciando
los mediodías en el patio de la infancia.
Y él me dijo, y sus palabras
no parecían estar saliendo de sus labios
-¿tal vez porque la sombra los cubría, o porque era
tan ardiente su mirada?-: Oye,
tienes que renacer en el agua y el espíritu,
y hacerte del espíritu, si quieres
entrar en el Reino... Todo era
como un encuentro casual y lejanísimo
de dos amigos, y él estuvo hablando
todavía un rato, y yo sentí de pronto
que me hablaba con cierta dureza,
como reprendiéndome, y después
nos separamos silenciosamente.
Pero ahora estoy oyendo sus palabras de otro modo,
como si hubieran pasado por el agua de mi sueño
y gotearan en la luz de la mañana,
en la blanca bocanada de la luz, en las mañanas de mi infancia,
repitiéndome: si crees en mí,
si vuelves a nacer en el agua y el espíritu,
si te haces del espíritu...
Los niños pasan gritando por la ciudad vacía.

jueves, 20 de marzo de 2014

No hay infierno (por Charles Bukowski)

junto a la mesa de la esquina en
el café
está sentada
una pareja de mediana edad.
han terminado de comer
y están bebiendo una cerveza
cada uno.
son las 9 de la noche.
ella está fumando un cigarrillo.
luego él dice algo.
ella asiente.
luego habla ella.
él sonríe, mueve la mano
luego se quedan callados.
a través de las persianas
junto a la mesa
parpadea
una luz roja de neón.

no hay guerra
no hay infierno.

luego él levanta su botella
de cerveza.

es verde,
se la lleva a los labios
le da un sorbo.

es una Coronet.

ella tiene el codo derecho
apoyado sobre la mesa
y en la mano
sostiene el cigarrillo
entre el pulgar y
el índice
y cuando ella le mira
fuera las calles
florecen
en la noche.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Su cara me suena (por Saiz de Marco)

Tanto tiempo ya,
señora Alegría,
sin saber de usted,
que hasta había olvidado cómo era su rostro,
qué se siente al verlo.

Tanto tiempo ya,
señora Alegría,
que al verla de lejos,
al verla acercárseme,
incluso al tocarla con mis propios dedos…,
no supe que era usted quien venía.

(Su cara me suena,
pero ahora no caigo.)

No me encendí al verla,
no la saludé;
y no vaya a creer que fue por desplante.

No vaya a pensar,
señora Alegría,
que no me alegro de que haya venido.

Fue sólo que al principio no
la reconocí.

martes, 18 de marzo de 2014

Mientras allá arriba (por Luis Rogelio Nogueras)

Allá arriba
las nubes de mi infancia sobreviven.
Gané y perdí
Amé
y a los treinta años
todavía soy el dueño del mundo.
Día a día contemplo las nubes
y me digo:
solo el deseo es eterno.

A mi modo soy feliz
al pie del muro blanco
una muchacha me besa.
Sus grandes ojos parecen preguntarme
si nuestro amor va a durar
toda la vida.

Yo sonrío
pero no le digo
que solo el deseo es eterno.
Cada mañana me miro en el espejo
atrás quedó la primavera
de mi vida
pero soy aún el dueño del mundo.
Y lo seré
mientras allá arriba
no se esfumen las nubes de mi infancia
no se apaguen los viejos deseos.

lunes, 17 de marzo de 2014

Con las espaldas protegidas (por David González)

mi padre
se levanta temprano cada mañana
para ir a nadar
para ir a nadar
a la piscina municipal en invierno
y a la del mar cantábrico en verano

él se cree que así
me comenta mi madre, escéptica
no se va a morir nunca

desde la ventana del estudio
donde me encierro a escribir
desde por la mañana temprano
y durante las cuatro estaciones
puedo ver la playa de mi padre
la arena que está pisando
y si tuviese a mano unos prismáticos
y forzara un poco la vista
podría, incluso, verle a él

hace tiempo, años, que no le veo
ni hablo con él
ni siquiera por teléfono

pero cuando luego
retiro mi frente del cristal
y acerco la silla
apoyo los codos sobre la mesa
y empiezo a escribir
lo hago con la confianza
y seguridad
del que se sabe
con las espaldas protegidas:

su padre está ahí afuera,
nadando

y no se va a morir nunca.

domingo, 16 de marzo de 2014

Ya no estaba (por Bertolt Brecht)

Fue un día del azul septiembre cuando
bajo la sombra de un ciruelo joven
tuve a mi pálido amor entre los brazos,
como se tiene a un sueño calmo y dulce.
Y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.
Cuando volví a mirarla ya no estaba.

Pasaron, desde entonces, muchas lunas
navegando despacio por el cielo.
A los ciruelos les llegó la tala.
Me preguntas: «¿Qué fue de aquel amor? »
Debo decirte que ya no lo recuerdo;
y, sin embargo, entiendo lo que dices.
Pero ya no me acuerdo de su cara
y sé que un día la besé.

Y hasta el beso lo habría olvidado
de no haber sido por aquella nube.
No la he olvidado. No la olvidaré:
Era muy blanca y alta, y descendía.
Acaso aún florezcan los ciruelos
y mi amor tenga ahora siete hijos.
Pero la nube sólo floreció un instante:
Cuando volví a mirar, ya se había hecho viento.

sábado, 15 de marzo de 2014

Y la noche (por Antonio Gamoneda)


Has cruzado despacio la ciudad.
Por una vez, tú no vas a trabajar,
ni a comprar una medicina,
ni a entregar una carta:
has salido a la calle para estar en la noche.

Tienes suerte esta vez;
has sabido, esta vez, que se puede vivir
y sentir reunidas tu existencia y la noche,
y que es justo y es bello y es real respirar
en esta libertad oscura hasta las estrellas.

Y, de pronto,
has pensado en tu especie y en tu privación
y en que, todos los días de la vida,
los que no aman la noche nos ocultan
esta paz que hay entre nosotros y las cosas del mundo.

Es entonces
cuando, más que en la noche, tú vives en la cólera
y en el amor también. Y te detienes.

Desandas la ciudad y te reúnes
a otra profundidad también oscura.

viernes, 14 de marzo de 2014

Para seguir (por Walt Whitman)


Hoy, antes del alba, subí a las colinas, 
miré los cielos llenos de luminarias 
y le dije a mi espíritu:

Cuando conozcamos todos estos mundos 

y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen,
¿estaremos tranquilos y satisfechos?

Y mi espíritu dijo:

No, ganaremos esas alturas sólo 

para seguir adelante.

jueves, 13 de marzo de 2014

Un aviador irlandés prevé su muerte (por W. B. Yeats)


Sé que en algún lugar entre las nubes
he de hallar mi destino;
no odio a quienes son mis enemigos,
no amo a quienes debo defender;
mi país es Kiltartan Cross,
mis paisanos los pobres de Kiltartan,
ningún posible fin ha de quitarles nada
o hacerles más felices de lo que eran.
Ni leyes ni deberes me ordenaron luchar,
ni estadistas ni masas entusiastas,
un solitario impulso de deleite
me empujó a este tumulto entre las nubes;
todo lo sopesé, de todo hice memoria,
los años por venir me parecieron
vano aliento,
vano aliento los años transcurridos
en igualdad con esta vida y esta muerte.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Vivíamos al borde (por Selva Casal)


Estos fueron los días sobre la tierra.

Nuestros días.

Cuando éramos tan pequeños como sombras de sueños.

¿Es cierto que vivíamos al borde de las cosas

sin jamás descubrirlas

y que las tardes se arracimaban dulces

en el umbral de la casa?

Y que había fechas para sonreír, para llorar.

Y yo no estaba nunca

porque siempre era tarde, porque siempre era ayer.

martes, 11 de marzo de 2014

Repleto de pasados (por Sakoto Tamura)


Me detengo en el cruce.
Ninguna figura humana
en el paisaje cotidiano.
Sólo claridad de un rayo de sol
y desde las chimeneas de pie
con unos dedos de cadáveres quemados
no oscila el humo.
No se percibe lo que se mueve.

Me apresuré por la calle acostumbrada
hacia mi casa
pero encontré una desconocida vivienda
donde debería estar mi casa.
Si todos me olvidasen,
¿se desatarían los vínculos con mi vida
y desaparecerían todas las figuras de mis ojos?

Quise retroceder
pero no encontré el camino.
Subí por la escalera del edificio
apenas reconocido.
Al abrir la puerta encontré
la habitación donde mi padre y yo
nos hospedamos en un viaje
de días lejanos.
Era un hoyo repleto de pasados
donde los polvorientos, marchitos y pobres
pero únicos verdes vivos
brotaban como los cabellos enroscados en un cráneo.

En algunos huecos al lado muchos conocidos
vivían su última y definitiva residencia.

La realidad llegó hasta mi visión.
Cuando el llanto y el estremecimiento me sacudieron del fondo
y me cubrieron totalmente,
me uní cabizbaja
con la multitud muerta.


lunes, 10 de marzo de 2014

Aunque nunca existieras (por Fernando Pessoa)


Danos Tu paz,

Dios cristiano falso pero consolador, porque todos

nacen hacia la emoción rezada a ti;

Dios anti-científico, pero enseñado por nuestra madre;

Dios absurdo de la absurda verdad, pero poseedor de la verdad de las lágrimas

en las horas de debilidad en que sentimos que pasamos

como el humo y la nube, aunque la emoción no lo quiera,

como la huella en la tierra, aunque el alma es sensible...



Danos Tu paz, aunque nunca existieras,

Tu paz en el mundo que crees Tuyo,

Tu imposible paz tan posible en la Tierra,

en la gran madre pagana, cristiana en nosotros a esta hora

y que ha de ser humana en todo cuanto es humano en nosotros.



Danos la paz como una brisa que brota

o la lluvia por la que se hacen plegarias en los campos,

y llueve por leyes naturales, tranquilizadoramente.



Danos la paz, para que por ella siga y regrese

nuestro espíritu cansado al cuarto del rebujo y la costura

donde en una esquina está la inútil cuna, pero no la madre que arrulla,

donde en la cómoda vieja está la ropa de infancia, desnuda

del poder burlar la vida con el sueño...



Danos tu paz.

El mundo es incierto y confuso,

el pensamiento no llega a parte alguna de la Tierra,

el brazo no alcanza más de lo que la mano puede contener,

la mirada no atraviesa los muros de la sombra,

el corazón no sabe desear lo que desea,

la vida yerra constantemente el camino hacia la Vida.

Danos, Señor, la paz, seas Cristo o Buda,

danos la paz y admite

en los valles olvidados por los pastores ignotos,

en las cumbres de hielo de los eremitas perdidos,

en las callejuelas oblicuas de los barrios apartados de las ciudades,

la paz que es de quienes no conocen y olvidan sin querer.



Materna paz que adormezca la tierra,

durmiente en el hogar sin filosofías,

recuerdo de los cuentos de hadas sin la vida allá fuera,

la canción de cuna revivida a través del niño sin futuro,

el calor, la nana, el niño,

el niño que se va a acostar

y el sentido inútil de la vida,

el antiguo sepulturero de las cosas,

el dolor sin fondo de la tierra, de los hombres, de los destinos,

del mundo...

domingo, 9 de marzo de 2014

Los nexos invisibles (por Javier Cánaves)


El latido que media
entre decir o no decir te quiero.
Los nexos invisibles que nos atan
a una forma de olvido, a unas piernas,
al nombre que se inscribe en una lápida.
Se amontonan las facturas, planos enmohecidos
de ciudades deshechas,
fetiches que nos miran
con la tristeza mansa de saber que son humo,
las víctimas perfectas
de nuestra rendición o desconcierto.

El latido que media
entre el que salta y el que no, la vida
que estalla en las burbujas
del agua que calientas para el té de las cinco.
El modo en que la luz dibuja puentes,
detonaciones sordas,
el caligrama absurdo de todos estos años.

Es tentador pensar que no sirvió de nada,
pero está la tristeza,
su extraño don,
esta manera imbécil de amar el mundo, todo
lo que sabes inútil
y no quieres perder
y perderás.

La tristeza que todo amor precisa
para ser de verdad y para siempre.

sábado, 8 de marzo de 2014

Lluevo (por Andrés Trapiello)


Lluevo en esta ciudad
envuelto en frío, en aguacero, en noche,
y cuanto toco queda convertido
en una calle solitaria y triste
hecha de casas muertas, y en farolas
de cuyo resplandor nacieran ruinas
y a millones las cruces.
Lluevo sin tregua en todos los rincones,
sobre puertas cerradas y en abiertas
alcantarillas ciegas que se llevan
hasta el mar las estrellas.
Mi corazón es charco y cuando anclan
en él las negras nubes
no pueden ser más náufragas,
y con sólo morirme me confundo
en un luto de pájaros.
Lluevo sobre las ramas
desnudas de los árboles y lluevo
dormido sobre el banco de ese parque
constelado de sueños que mendigan
a las sombras que pasan,
por la mucha tristeza de las cosas
que se acaban.
Y a manos llenas lluevo en el cristal
de la fosca ventana de mi estudio, y las gotas que lluvian
mi corazón por dentro
son las mismas que bajan y resbalan
trazando bellos signos
que podría leer, si no tuviera
en los ojos mi lluvia tantas lágrimas.

viernes, 7 de marzo de 2014

Pura exterioridad (por Santiago Kovadloff)

Puedo ser a veces pura exterioridad.
De pie en oficinas donde tramito mis cosas
o atento a que me llamen,
con un número en la mano,
en bancos, casas de cambio,
en la cola
de los que adeudan la luz,
no leo, no pienso, no recuerdo,
ni siquiera miro a los que me rodean.

Aprendí a aguardar mi turno
sin buscar amparo en nada.
Nunca estuve en tantos sitios
tan desnudo como ahora;
nunca tan entero en una fila
entregado sin más
a la espera con que espero,
gestos, músculos, sudores solamente,
libre al fin de mí, sin más allá,
externo, desasido,
absorto en esa mansa
inconsistencia del instante.

jueves, 6 de marzo de 2014

Hasta siempre, Leopoldo María


Amigos: Es el rayo que no cesa. Se nos fueron hace poco Juan Gelman, Félix Grande y José Emilio Pacheco. Y ahora se marcha Leopoldo María Panero. Unidos por la muerte (como dice el poema que a continuación publicamos). Pero lo afirmaremos una vez más: Nadie se va, y todos se quedan. La nada, la muerte y sus ansias carnívoras no podrán con la poesía.


En recuerdo de Leopoldo María, este poema suyo:




Carta al padre (por Leopoldo María Panero)



Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous êtes combien? que nos sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano!
Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman
los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
¿en qué perspectiva
—dime— acoger la muerte?
en la mesa de disección
tú que danzaste
enloquecido en la plaza desierta
tropezando
hiriéndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
Y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo solo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
solo: ABISMO, ABISMO!
Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
—como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la niña que ya es árbol—
crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
(te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes)
percibís el frío
la
conspiración de las algas,
gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la música del beso!
De ese beso, final, padre, en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y tú, mi amada,
aquí, bajo esta piedra.

Presuroso y perdido (por Félix Grande)


La prisa despareja con que miro tu piel

la premura apretada con que altero tu cuerpo

y este desasosiego en que empapo mi lengua

para hablarle a tu carne y lamer a tu voz

son como ávidas gotas de estaño compasivo

que busca aminorar las grietas de la muerte

La planta de la edad nos chupa nuestros días

abriéndose como una flor negra, abominable

y en este esplendor de hoy se oculta la simiente

de una desposesión calcinada y perversa

como la del desierto En el calcio del tacto

hay una lenta caries que nos invade desde

el fin aterrador del tiempo y de la vida

Presuroso y perdido unto en mí tu persona

y soy un bulto de hombre y de loco y de perro

que corre por tu cuerpo y a la vez por un túnel

despavoridamente lamiendo las tinieblas

miércoles, 5 de marzo de 2014

Nos presentamos juntos (por Antonio Orihuela)

Mi madre me estaba dando el pecho
cuando mi padre consiguió un trabajo
del que no se movió en treinta años.

Imaginó que, a cambio de su fidelidad,
la empresa le gratificaría, cerca de su jubilación,
con un reloj de oro, una placa o un viaje a Torremolinos,
pero no, le dieron una patada en el culo
y a base de cambiarse de nombre
resultó que después de treinta años
mi padre no había trabajado allí ni treinta días.

Cada mañana, para el control de parados,
nos presentamos juntos en el INEM,

primero le nombran a él
y después me nombran a mí.


Hay gente que se siente satisfecha viendo a sus hijos imitarles,
me pregunto qué opinará él de todo esto.

martes, 4 de marzo de 2014

lunes, 3 de marzo de 2014

Por un instante (por Inma Luna)


Me asomo a la baranda
y desde allí
con un sol tan benévolo que parece una tregua,
veo cómo pasean los hombres y mujeres,
veo cómo se besan,
se cogen de la mano
y juegan con sus hijos en la arena,
les enseñan los colores del mar,
el olor que remolcan las olas
y, por un instante,
todo parece tan sencillo...
Como si vivir tan sólo consistiese
en amar y enseñarnos
lo hermoso que puede ser el mundo.

domingo, 2 de marzo de 2014

Y ni siquiera (por Alfredo Félix-Díaz)


Y no estás en la lluvia que se filtra

entre las piedras de esta larga calle

llena de historia y árboles indómitos.


Y no estás en los ojos de mi novia,

grises y azules y naranjas, como

el Rin en julio cuando sale el sol.


Y ni siquiera estás entre mis dedos

sordos, Dios mío, que se pasan horas

metidos en las hojas de los libros

más absurdos, buscándote, buscándote.


En la lluvia, entre piedras, en la calle,

en los ríos y el sol lleno de historias,

metido entre las hojas amarillas

y rojas y naranjas, ni siquiera.

sábado, 1 de marzo de 2014

Haikus (por Aitor Suárez)

Ser. Ser sólo uno,
escindido del Todo.
Ser un fragmento.

.....

Morir. (Re)unirse
de nuevo con el Todo.
Reunificarse.

.....

En una grieta
entre asfalto y cemento
crece una flor.

.....

Gracias, Memoria,
por bañar en miel los
recuerdos ácidos.

.....

El mismo sitio
antes, en otro tiempo,
era otro sitio.

.....

Aunque volviera
allí, no volvería
al mismo allí.

.....
  
Como un obsequio
alguien toca el piano
tras las paredes.

.....

Un dolor nuevo
llega y apaga los
otros dolores.

.....

Llanto con risa.
Como lluvia con sol. Y
sale el arco iris.

.....

Ahí abajo,
piel adentro de todos
habita un niño.

.....

Entrará el tiempo
en cualquier recoveco
donde te escondas.

.....

No suavizamos
este mundo; antes bien,
lo endurecemos.

.....
  
Son los humanos
quienes hacen sufrir
a los humanos.

.....

La humanidad
gime, víctima de
la humanidad.

.....

Nosotros mismos
hemos hecho de esto un
valle de lágrimas.

.....

Navegar por
tus ojos. Naufragar.
Hundirme en ellos.

.....

Año 3.000.
No existo, o más bien
no existí nunca.

.....

Balas, y no hachas.
Misiles, y no piedras.
¡Qué gran avance!

.....

A esta renuncia
a interrogarme llamo
"mis convicciones".

.....
  
Dentro de mí
se alza, me contradice,
discrepa el otro.

.....

¿Es todo el Todo
chatarra de un big bang:
de un accidente?

.....

¿Somos cascotes
de una Gran Explosión
descontrolada?

.....


Un óvulo, un
espermatozoide y,
¡zas!, a vivir.

.....

No es muy largo el
trayecto que hay entre
no ser y ser.

.....
  
¿Quién duerme ahí dentro,
como esperando a que
lo despertemos?

.....

Nos da miedo el
trozo de nosotros que
no controlamos.

.....

La vida entera
tengo para olvidarte
o no olvidarte.