zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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domingo, 9 de febrero de 2014

Haikus (por Aitor Suárez)


Sin arquitecto
ni plan de obra se erige
la realidad.


.....

Nada sabemos,
nada de nada, sobre
nuestro futuro.

.....

Ni siquiera es
claro que haya un futuro
para nosotros.


.....

Recuerdos que no
se olvidan de querer
ser recordados.

.....


Qué gran hoguera
si ardieran los recuerdos
encenderíamos.


.....

Pasado, cállate.
¿No ves que con tu ruido
no oigo el presente?


.....

Al recordar,
el antes y el después
se hacen un lío.


.....

Mejor así:
que el tiempo nos prohíba
retroceder.


.....

Siempre perdido.
Donde quiera que esté
estoy perdido.


.....

Sabemos bien
nuestros nombres, sí, pero
no quiénes somos.


.....

¿Con qué derecho
sólo porque te has muerto
abro tus cartas?

.....


¿Con qué licencia
sólo porque no vives
leo tu diario?

.....
  
Lo que sea que
soñemos, lo soñamos
en soledad.


.....

Se nos olvida
celebrar casi todo
lo celebrable.


.....

Aunque no estás,
a veces de repente
oigo tu voz.


.....

Ante mis ojos
desfilaron mil cosas
y no las vi.


.....

Tenía sed
pero no bebí porque
no lo sabía.


.....

Aunque habite entre
terrícolas, la música
no es de este mundo.

.....

Sólo la música
traspasa la membrana
que envuelve todo.

.....

Conozco sólo
a qué lugar me trajo
este sendero.

.....

Había otros
a izquierda y a derecha.
¿Por qué elegí éste?

.....

Nunca sabrás
dónde te habrían llevado
los otros trenes.

.....

No deberíamos
tener que escoger siempre
sólo un trayecto.

.....

No debería
ser tan fácil herir
sin darnos cuenta.


.....

Nunca leeremos
la obra impedida a
Miguel Hernández.

.....

Matan a Lorca y
nos roban todo aquello
que hubiera escrito.

.....

La luz se extingue.
La oscuridad me acoge
en su regazo.

.....


De nada vale
padre o cónyuge o hermano
si no es tu amigo.

.....

Con mis “No puedo”
enmascaro mis “No
me viene en gana”

.....

¿Quién nos cubrió
todo lo que tuvimos
que des-cubrir?


.....

Sin una brújula
ni un vulgar mapa, nos
echan al mar.


.....

Sin instrucciones,
sin un triste manual,
nos traen aquí.


.....
  
Se va la vida
en aprender a usarla.
Luego, ya es tarde.


.....

¡Tantos yoes en
mi cadena de mando…!
¿Habrá algún jefe?

.....


Kafka, Pessoa,
con un blog cada uno
¿qué escribirían?


.....


Me despierto y
por un instante ignoro
cómo y quién soy.


.....

Me despierto y
segundos después cae
mi nombre en mí.


.....

No sólo me
reinicio. También me
reconfiguro.


.....

No nos avisan
de que es la última vez
que vemos a alguien.


.....

Nadie conoce
cómo es visto por fuera
desde otros ojos.


.....
  
Aunque abandones,
alimentaré el fuego
que tú encendiste.


.....

Los no engendrados,
los nunca concebidos,
son mayoría.


.....

Son muchos más
los nunca generados
que los que nacen.


.....


La mayor parte
de la gente existible
no nace nunca.


.....
  
Termina el año.
La Tierra se prepara
para otra vuelta.


.....

Piénsalo bien,
mono, antes de dar el
paso siguiente.


.....

Mono, aún estás
a tiempo de evitar
hacerte humano.


.....

Catorce años.
Ya nunca más oiré
tu voz de niño.


.....

Niña que naces,
¿cuál será tu primera
desilusión?


.....

Qué gran alivio
que ninguno conozca
mi yo de dentro.


.....

¿Cómo es posible?
Alguien que me conoce
se alegró al verme.


.....

Llaves guardadas.
Llaves de cerraduras
que ya no existen.


.....

Hice llorar.
Hice que alguien llorara.
No me perdono.


.....

Ojos de pez
en el supermercado
miran, me acusan.


.....

Amor gatuno,
el único que suena:
ron-ron-roneo.


.....

Sal de esa foto
o si no, por lo menos,
déjame entrar.


.....

Ajeno, extraño,
en la radiografía
veo mi esqueleto.

sábado, 8 de febrero de 2014

Si acaso (por Wislawa Szymborska)


Podía ocurrir.

Tenía que ocurrir.

Ocurrió antes. Después.

Más cerca. Más lejos.

Ocurrió; no a ti.


Te salvaste porque fuiste el primero.

Te salvaste porque fuiste el último.

Porque estabas solo. Porque la gente.

Porque a la izquierda. Porque a la derecha.

Porque llovía. Porque había sombra.

Porque hacía sol.


Por fortuna había allí un bosque.

Por fortuna no había árboles.

Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,

un marco, una curva, un milímetro, un segundo.

Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.


Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.

Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,

a un paso, por un pelo,

por casualidad.


¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?

¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?

No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.

Escucha

qué deprisa me late tu corazón.

viernes, 7 de febrero de 2014

El vino del asesino (por Charles Baudelaire)


Ahora que ella ha muerto yo soy libre

y puedo emborracharme cuando quiera.

Cuando volvía a casa sin un céntimo

me destrozaba el alma con sus gritos.



Ahora soy dichoso como un rey;

el aire es puro, el cielo es admirable…

Recuerdo que también fue como éste

aquel verano en que la conocí.



Esta sed espantosa que me abrasa

para calmarse necesita al menos

de tanto vino como quepa allí,

en su tumba, lo cual no es decir poco:



en el fondo de un pozo la he arrojado,

y además he cubierto su cadáver

con piedras que formaban el brocal.

¡Intentaré olvidarla, si es posible!



Invocando amorosos juramentos

de los que nada puede desligarnos,

y para hacer las paces y volver

a la embriaguez de aquellos buenos tiempos,



le rogué que acudiera a aquella cita,

cita nocturna en un camino oscuro.

¡Y acudió! ¡Qué mujer más insensata!

¡Todos estamos más o menos locos!



Vi que era todavía muy hermosa,

aunque ya fatigada. En cuanto a mí,

la amaba demasiado. Y ésta fue

la razón de decirle: ¡Has de morir!



Nadie va a comprenderme. Sé que nunca

uno de esos obtusos borrachines

pensó en el desvarío de sus noches

hacer una mortaja con el vino.



Ninguno de esos crápulas, tan sólidos

como una de esas máquinas de hierro,

ni durante el invierno ni en verano

ha conocido el verdadero amor,



con sus encantamientos de negrura,

su cortejo infernal de mil temores,

sus frascos de veneno, con sus lágrimas,

sus ruidos de cadena y de osamenta.



¡Por fin me siento libre y estoy solo!

Esta noche estaré como una cuba;

y sin temor y sin remordimiento

me tenderé en el suelo una vez más



porque quiero dormir a pierna suelta.

Y las pesadas ruedas de los carros

con su carga de piedras y de fango

o los trenes rabiosos, bien podrían



mi culpable cabeza machacar

o dividir mi cuerpo en dos pedazos.

Yo me río de todo, del Demonio,

de Dios y de la corte celestial.

jueves, 6 de febrero de 2014

Retorna, retoña (por Eduardo Mitre)


Otra vez el otoño: pan dorado

recién salido del horno

del verano.


Por las calles:

hojas crocantes al paso:

delicia de o/irlas quebrando.


Sopla el viento: ruedan los días:

púlpitos disueltos,

ramas desposeídas.


Pero el otoño no es trágico,

como su nombre lo indica:

retorna, retoña en otoño.


Solo pido durar, estar

para verlo al año.


Y al otro.

miércoles, 5 de febrero de 2014

En el cielo de México (por W. B. Yeats)


Insurgentes son los que se alzan.


Elevándome,


desde el avión veo la avenida


que levanta su nombre,


esa larga luciérnaga


como un cristal naranja que soplaran,


llenos, los pulmones de la noche;


una pinza dorada y roja


que tira de ese tráfico de afanes


que vienen y van, van y vienen,


pero en cualquier caso alejándose


mientras asciendo.



Debajo de la nítida línea


–una Vía Láctea horizontal


o un espejo postrado de esa vía–,


otros pasajeros apretados


–casi todos de pie,


también insurgentes a su modo–


no ya como una suma de luciérnagas


sino como un gusano oscuro que recorre


otra negrura,


una noche distinta


que refleja igualmente el firmamento


entre las nubes densas.



Alfa Centauro, Chilpancingo,


Zócalo, Tepito, Sirio, Vega,


Indios Verdes, Altair, Lázaro Cárdenas,


Aldebarán, Antares, Chabacano.


Esa red de estaciones,


esa urdimbre de estrellas


–y yo en medio–


que no veo ahora, adivinadas


como una alta, sumida


astrología.

martes, 4 de febrero de 2014

¿Qué protege a los delfines? (por Henri Cole)


Los delfines parecen felices —tumbados sobre su espalda,

mostrando su reluciente dorso— mientras la entrenadora

acaricia sus carrillos y hace que chillen enérgicamente.

Cuando se hace la muerta, ellos la empujan con sus hocicos.

como a través de un cielo Tiepolo, y los niños gritan alegremente,

destrozando mis sentidos.

Recientemente, entre las cosas de Madre, encontré esto:


“Tengo miedo de él. Necesita atención psiquiátrica. Me incita
a creer cosas extrañas. Me ignora, me ataca. Muy tacaño. Quiere saber las condiciones de mi seguro”.

Aquí, en medio del revoltijo, la fidelidad y el amor no han sido

sustituidos por problemas y conflictos. 

¿Qué protege a los delfines de la angustiosa soledad? 

¿Por qué sus almas

no son conscientes de su insignificancia? Qué lejos

parecen del mundo moderno. 

La belleza permanece inalterable.

lunes, 3 de febrero de 2014

Rodillas que arrastré (por Juan Gelman)


Cada día me acerco más a mi esqueleto.

Se está asomando con razón.


Lo metí en buenas y en feas sin preguntarle nada,

él siempre preguntándome, sin ver

cómo era la dicha o la desdicha,

sin quejarse, sin

distancias efímeras de mí.


Ahora que otea casi

el aire alrededor,

qué pensará la clavícula rota,

joya espléndida, rodillas

que arrastré sobre piedras

entre perdones falsos, etcétera.


Esqueleto saqueado, pronto

no estorbará tu vista ninguna veleidad.


Aguantarás el universo desnudo.

domingo, 2 de febrero de 2014

Desayunador solitario (por Brian Patten)


Después del desayuno,
que es en general café y una vista
de la lluvia prolífica y de la catedral vieja y gris
pero con un buen olor de helechos y de hierba,
pienso en toda esa gente que ha venido a este cuarto.

¿Y han dormido aquí
tristes y desnudos
solos en parejas
que vinieron juntos y
fueron jóvenes y blancos con alguna
sugestión de inocencia?
¿O vinieron simplemente por venir
a chapucear un poco y a la larga se hundieron separados?
¿O fueron aún más viejos todavía y más allá del sexo,
perdidos en espejos, contemplando su decadencia y
qué sentido tenía la mañana para ellos?

Quizá algún día fue este cuarto el cuarto de criados.
¿Fue ella joven con pecas y senos de manzanas?
¿Rió alguna vez?
¿Se burlaba el criado de su gracia del siglo XIX
y su falda girando,
miraba ella a través del tragaluz
y deseaba ser libre, y
qué tomaba en el desayuno?

Al despertarme esta mañana pienso
lo bueno que sería tener alguien con quien compartir el desayuno.
¡Familias enteras despertándose!,
mil batas, pijamas, camisones
deambulando todos hacia el desayuno.
¡Qué seguros!, y
hay otros que al salir del extremo del alba
tienen apenas el dolor y la llovizna por desayuno,
despertándose siempre para ser saludados por la pobre fiesta de la luz del día.

¿Cuántas medias-vidas
refunfuñando detrás de estas ventanas
del sótano al altillo
quejándose y preguntando
quien irá a heredarme hoy?
¿Con quién compartiré mi desayuno?
Y es la misma respuesta que regresa.

¡Te heredará la lluvia —desayunador solitario!

sábado, 1 de febrero de 2014

¿Tuve un nudo en los ojos? (por Luis Rosales)


A veces se separan
los pasos que hemos dado y ves que todo
pierde su juventud:
la vida entera
cabe dentro de un odio.
Tratas de unir de nuevo
la sombra con el cuerpo y el reposo
con el cansancio de vivir:
no vives,
lo recuerdas tan sólo.
No hay respuesta posible a una pregunta,
¿tuve un nudo en los ojos
que me impidió mirar?
o bien un ciego
temblor, un transitorio
temblor de nácar, dentro
de la mirada roto,
igual que en el naufragio
se empieza a abrir el agua y ves que todo
está hundiéndose en ella,
y sólo quieres
no tocar nunca la verdad del fondo
para seguir cayendo,
como un grito
que abandonado sigue ardiendo solo.

viernes, 31 de enero de 2014

No basta un solo cuerpo (por Eugenio Montejo)


Ningún amor cabe en un cuerpo solamente,
aunque abarquen sus venas el tamaño del mundo;
siempre un deseo se queda fuera,
otro solloza pero falta.

Lo sabe el mar en su lamento solitario
y la tierra que busca los restos de su estatua;
no basta un solo cuerpo para albergar sus noches,
quedan estrellas fuera de la sangre.

Ningún amor cabe en un cuerpo solamente,
aunque el alma se aparte y ceda espacio
y el tiempo nos entregue la hora que retiene.
Dos manos no nos bastan para alcanzar la sombra;
dos ojos ven apenas pocas nubes
pero no saben dónde van, de dónde vienen,
qué país musical las une y las dispersa.
Ningún amor, ni el más huidizo, el más fugaz,
nace en un cuerpo que está solo;
ninguno cabe en el tamaño de su muerte.

jueves, 30 de enero de 2014

Qué grande por siempre, Félix Grande



Amigos: ¿Qué clase de racha macabra es ésta? En un par de semanas se nos han ido Juan Gelman, José Emilio Pacheco… y ahora Félix Grande. ¿Qué especie de conjura se ha desatado contra nuestra gente? No hay que darle muchas vueltas: “A menudo los dioses se llevan para sí, antes de tiempo, a aquéllos a quienes más aman”.

Pero Félix Grande es más félix y, sobre todo, más grande que la muerte. Así que al menos su poesía se queda con nosotros. En su recuerdo, este poema suyo:
 



Pero te tengo (por Félix Grande)


Palabra, dulce y triste persona pequeñita,
dulce y triste querida vieja, yo te acaricio,
anciano como tú, con la lengua marchita,
y con vejez y amor aclamo nuestro vicio.

Palabra, me acompañas, me das la mano, eres
maroma en la cintura cada vez que me hundo;
cuando te llamo veo que vienes, que me quieres,
que intentas construirme un mundo en este mundo.

Hormiguita, me sirvo de ti para vivir;
sin ti, mi vida yo no sé lo que sería,
algo como un sonido que no se puede oír
o una caja de fósforos requemada y vacía.

Eres una cerilla para mí, como ésa
que enciendo por la noche y con la luz que vierte
alcanzo a ir a la cama viendo un poco, como ésa;
sin ti, sería tan duro llegar hasta la muerte.

Pero te tengo, y cruzo contigo el dormitorio
desde la puerta niña hasta la cama anciana;
y, así, tiene algo de pálpito mi puro velatorio
y mi noche algo tiene de tarde y de mañana.

Gracias sean para ti, gracias sean, mi hormiga,
ahora que a la mitad de la alcoba va el río.
Después, el mar; tú y yo ahogando la fatiga,
alcanzando abrazados la fama del vacío.

Un salto como un incendio (por Roberto Juarroz)


Todo salto vuelve a apoyarse.
pero en algún lugar es posible
un salto como un incendio,
un salto que consuma el espacio
donde debería terminar.

He llegado a mis inseguridades definitivas.
Aquí comienza el territorio
donde es posible quemar todos los finales
y crear el propio abismo,
para desaparecer hacia adentro.

miércoles, 29 de enero de 2014

La habéis abandonado (por Ada Salas)



La casa que abrigó tu corazón

será una ruina. Furtivos

en la noche

la habéis abandonado.

Oscura en el jardín la tierra removida.

Quise

decir traición


y dije llanto.

martes, 28 de enero de 2014

Hasta siempre, José Emilio

Amigos: No paramos de sufrir mellas y amputaciones. Hace unos días se nos fue Juan Gelman y hoy sabemos que acaba de dejarnos José Emilio Pacheco. Pero, como ya hemos escrito, los poetas no mueren del todo. Nos queda su obra, siempre más grande que ellos mismos (porque si no, no serían poetas; porque si no, no sería poesía). La casualidad quiso que ayer, sin saber aún la noticia de su muerte, publicáramos un poema suyo. Hoy, conocedores ya de su adiós carnal, le decimos “hasta siempre” a José Emilio y en su homenaje nos quedamos con otro de sus poemas:



Brizna de luz (por José Emilio Pacheco)


La gota es un modelo de concisión:
todo el universo
encerrado en un punto de agua.

La gota representa el diluvio y la sed.
Es el vasto Amazonas y el gran Océano.

La gota estuvo allí en el principio del mundo.
Es el espejo, el abismo,
la casa de la vida y la fluidez de la muerte.

Para abreviar, la gota está poblada de seres
que se combaten, se exterminan, se acoplan.
No pueden salir de ella,
gritan en vano.

Preguntan como todos:
¿de qué se trata,
hasta cuándo,
qué mal hicimos
para estar prisioneros de nuestra gota?

Y nadie escucha.
Sombra y silencio en torno de la gota,
brizna de luz entre la noche cósmica
en donde no hay respuesta.

Nada y luz (por Antonio Gamoneda)


Retrocede, combate

hacia atrás, corazón mío.

Cíñete al amor, queda

activo en cuerpos, en

materiales amantes.

Olvida la nieve, vive

con los tuyos, desciende

a la ternura. Este

es tu país.

¡Oh la sed, oh la sed!

¿Por qué este mismo fuego

me empuja hacia la nieve?

Subir, subir al agua

eterna donde viven

la claridad y el frío.

Un sueño: cumbre inmóvil.

Nada y luz. Nadie, nadie.

Oh Dios, si sólo un pájaro

me visitase en esta

región de libertad.

Atrás, puros espacios,

belleza inhabitable.

vuelva la sed a su

origen en el fuego.


lunes, 27 de enero de 2014

Este variar (por José Emilio Pacheco)


Mi único tema es lo que ya no está
y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.

domingo, 26 de enero de 2014

Ya no hay más jugadas (por Rafael Cadenas)


Es recio haber sido

sin saberlo, un jugador

y encontrarse

tocando

como una carta

el destino.

Ya no hay más jugadas sino un ponerse

en manos desconocidas.

sábado, 25 de enero de 2014

Para nunca pisarla (por José Ángel Valente)


Hay una leve luz caída

entre las hojas de la tarde.

Dame

tu mano y cruza

de puntillas conmigo

para nunca pisarla,

para no arder tan tenue

en sus dormidas brasas

y consumirte lenta

en el perfil del aire.

viernes, 24 de enero de 2014

Hasta que sólo queda abierta una (por Josefina Plá)

Un cerrarse de puertas,
a derecha e izquierda;
un cerrarse de puertas silenciosas,
siempre a destiempo,
siempre un poco antes
o un momento demasiado tarde;
hasta que sólo queda abierta una,
la única puntual,
la única oscura,
la única sin paisaje y sin mirada.

jueves, 23 de enero de 2014

Descargándose contra la roca (por Gioconda Belli)


Lento,

violento,

rumoroso

temblor

de hojas

en la intrincada selva de mis espinas.

Invasión de ternura en los huesos.

Ola dulce de agua

reventándome en el fondo del pecho,

encrespándose

y volviendo a extenderse

espuma

sobre mi corazón.


Es el amor con su viento cálido,

lamiendo insistente la playa sola de mi noche.

Es el amor con su largo ropaje de algas,

enredándome el nombre, el juicio, los imposibles.

Es el amor salitre, húmedo,

descargándose contra la roca de mi ayer impávida dureza.

Es la marea subiendo lentamente

las esquinas de piedra de mis manos.

Es el espacio con su frío

y el vientre de mi madre palpitando su vida en el silencio.

Es el grupo de árboles en el atardecer,

el ocaso rojo de azul,

la luna colgada como fruta en el cielo.

Es el miedo terrible,

el pavor de abrir la puerta

y unirse a la caravana

de estrellas persiguiendo la luz

como nocturnas, erráticas mariposas.

Es la tiniebla absoluta

o la más terrible y blanca nova del Universo.

Es tu voz como soplo

o el ruido de días ignorando los rumbos de tu existencia.

Es esa palabra conjuro de todas las magias,

látigo sobre mi espalda tendida al filo del sol,

desencajando el tiempo con sus letras recónditas,

desprendida del azar y de la lógica,

loca palabra, espada,

torbellino revolviéndome tibias memorias

apaciblemente guardadas en el desván de los sueños,

estatuas que de pronto se levantan y hablan,

duendes morados saliendo de todas las flores,

silbando música de tambor de guerra,

terribles con sus largos zapatos puntudos,

burlándose de mí

que, inútilmente,

cavo tenaz, enfurecida, incapaz,

llorando en mi espanto,

esta última trinchera.

miércoles, 22 de enero de 2014

Para que no te cierres (por Saiz de Marco)


Herida

cada día

arrancaré tu costra

metódica, disciplinadamente

para que no te cierres

para que nunca acabes

para sentir en mí

tu escozor, tu dulzor

cada día de mi vida

arrancaré tu costra

para que aflores siempre

para que no te borres

y sigas así, abierta

herida ácida y cálida

conmigo

cada día

y no me cicatrices

ni restañes

martes, 21 de enero de 2014

Cuando la oscuridad (por Joan Margarit)


La abadía de piedra se levanta

bajo el sol de un mediodía de verano.

Visitantes en grupos respetuosos

exploran los espacios enormes y perdidos,

reconstruidos y bien iluminados.

Pero es un cadáver. Aquí sólo hubo vida

cuando la oscuridad, desde las bóvedas,

se iba deslizando hacia los muros.

Monjes encapuchados convertidos

en tierra roja bajo algún viñedo,

alzaban otras estructuras

en su mente, lo hacían con el lujo

de una idea de Dios ya desaparecida.


Restaurar significa embalsamar

un cadáver de piedra con las noches de agosto,

veraneantes, pantalones blancos,

focos iluminando muros con luz rasante.

Soy viejo y no deseo que se me reconstruya.

Conozco bien mi oscuridad,

las brasas, las antorchas:

no hay otra claridad que la del propio fuego.

Monjes encapuchados lo sabían.

lunes, 20 de enero de 2014

La berlina detenida en la noche (por Czesław Miłosz)


A la espera de las llaves

-él las busca sin duda

entre las ropas

de Tecla, muerta hace treinta años-

escuchad, señora, escuchad el viejo, el sordo rumor

nocturno de la alameda...

Tan pequeñuela y débil, envuelta dos veces en mi capa,

yo te llevaré a través de las zarzas y de la ortiga de las ruinas

hasta la alta y negra puerta

del castillo.

Así el abuelo, antaño, regresó

de Vercelli con la muerta.

¡Qué recelosa y muda, y negra mansión

para mi criatura!

Ya lo sabéis, señora, es una triste historia.

Ellos duermen dispersos en países lejanos.

Desde hace cien años

un lugar señalado los aguarda

en el corazón de la colina.

Conmigo su raza se extingue.

¡Oh Dama de estas ruinas!

Visitemos el bello aposento de la infancia: allí

la hondura sobrenatural del silencio

es la voz de los retratos oscuros.

Arrebujado en mi lecho

como en el hueco de una armadura,

yo escuchaba por la noche latir sus corazones

en el ruido del deshielo, detrás de los muros.

¡Para mi criatura temerosa, qué patria salvaje!

La linterna se apaga, la luna se ha velado;

llama el alucón a su cría en el boscaje.

A la espera de las llaves

dormid un poco, señora. duérmete, mi pobre criatura, duérmete,

paliducha, apoyando sobre mi hombro tu cabeza.

Verás qué bello es el bosque ansioso

en sus insomnios de junio, ataviado

de flores -¡Oh criatura mía!-, como la hija predilecta

de la reina loca.

Envolveos en mi capa de viaje:

la espesa nieve de otoño se funde sobre vuestro rostro

y tenéis sueño.

(En el haz de luz de la linterna ella gira, gira con el viento,

como giraba en mis sueños de niño

la vieja -¿recordáis

la vieja hechicera?-.)

No, señora, nada escucho.

Él es muy anciano,

su cabeza está trastornada;

apostaría a que ha ido a beber.

¡Para mi criatura temerosa, una mansión tan negra,

en lo hondo, en lo hondo del país lituano!

No, señora, nada escucho.

Mansión negra, negra.

Cerraduras mohosas,

enredadera muerta,

puertas aherrojadas,

postigos clausurados,

hojas sobre hojas desde hace cien años en las alamedas.

Todos los servidores han muerto.

Yo he perdido la memoria.

Para mi criatura confiada, ¡qué mansión más negra!

Ya no recuerdo sino el naranjal

del tatarabuelo y el teatro:

los pichones del búho comían allí en mi mano.

La luna miraba a través del jazminero.

Eso era antaño.

Oigo un paso en el fondo de la alameda.

Sombra. Aquí llega Witold con las llaves.

domingo, 19 de enero de 2014

Para guarecerme del frío (por Alejandra Pizarnik)


Entonces llegas tú, con ojos, con miradas, contemplándome hasta quemar mi edad y mi historia. Me regresas, me trasladas al tiempo sin números, me zambulles en el mar de sangre y cielo. Yo duermo y oficio de contemplada. Mis ojos arrojan fuego verde por los párpados cerrados. Sonrío como un pájaro que muere en medio de su canto. Me deshago en tu mirada: en tus ojos hay la seguridad y el orden, hay la creación, hay la poesía seria como una invocación a la lluvia. Habito tus ojos para guarecerme del frío y del peligro conocido. En tus ojos hay aventuras que siempre finalizan con manos entrelazadas. Llega a mí.

Entonces la Gran Sombra encarnó y me abrazó.

-Mi niña –dijo-, ¿hace cuánto que me esperas?

Yo lloré y me dejé abrazar.

-¿No sabes hablar? –dijo.

Yo la miré confundida. ¿Cómo se habla a una sombra?

-Tengo miedo –dije-. Tengo tanto miedo.

La Sombra me abrazó más fuerte como si yo fuese una viajera asfixiada. Yo lloré más: sentía piedad por mí, como si yo no fuera yo.

sábado, 18 de enero de 2014

Hay una grieta (por Tomas Tranströmer)


Mi ropa irradia

un resplandor azul.

Solsticio de invierno.

Tintineantes panderetas de hielo.

Cierro los ojos.

Hay un mundo sordo,

hay una grieta

por la que los muertos

traspasan la frontera.

viernes, 17 de enero de 2014

Verte desnuda (por Federico García Lorca)


Verte desnuda es recordar la Tierra,

la Tierra lisa, limpia de caballos,

la Tierra sin un junco, forma pura,

cerrada al porvenir; confín de plata.


Verte desnuda es comprender el ansia

de la lluvia que busca débil talle,

o la fiebre del mar de inmenso rostro

sin encontrar la luz de su mejilla.


La sangre sonará por las alcobas

y vendrá con espadas fulgurantes,

pero tú no sabrás dónde se ocultan

el corazón de sapo o la violeta.


Tu vientre es una lucha de raíces.

Tus labios son un alba sin contorno.

Bajo las rosas tibias de la cama

los muertos gimen esperando turno.

jueves, 16 de enero de 2014

Pero esta noche (por Agustín Guambo)


el cielo se inundó de venas digitales no éramos felices no éramos felices corríamos esperando ancianas estrellas –corríamos- eso era la hermosura ver tu cabello perderse esconderse de mis manos no éramos felices pero nos queríamos Bajo del cielo de Lima un perro nos indicaba el fin de la noche y aun mirábamos nuestras pieles como queriendo mutar el abandono mirábamos nuestras pieles de tierra que poco a poco se erosionaban era el olvido [Comenzamos a caminar] Lima refulgía descuartizada y hermosa seguíamos buscándonos nadie nos dijo cómo olvidarnos nadie nos dijo cómo amarnos nunca más estaremos solos La noche es un bisturí para nuestros cuerpos Qué triste es Lima después de amar Qué triste es Lima después de Lima algún día seremos eternos pero esta noche nos es permitido ser mortales Fuimos parte el uno del otro si alguien me preguntara dónde está ella donde habitan sus heridas diré huele mi aliento Un día volverás absoluta, entrarás por esa puerta que tantas veces te despidió y un ruido blanco te dirá ha muerto es ahora -por fin- su propia identidad Si te preguntaran por mí muéstrales las uñas quemadas Leo que moriré en octubre y eso me llena de satisfacción La otra noche conocí a una chica eras tú o quizás solo un ave con una revelación en el plumaje Moriré en octubre como un perro asmático leo Una oración palpita en el centro de las estrellas ayer conocí a una chica que me dijo no me conoces y ya me has matado, una oración palpita en el centro del viento, aún no me conoces y no quieres olvidarme Largas horas [veo moscas en una fruta que se aman] bajo la luna acariciando la piel de las rocas porque nos dijeron que eso -también- era la felicidad Gaviotas quemadas eran los cromosomas de un árbol que usamos para impregnar nuestra derrota éramos pequeños éramos tristes éramos nada así conocí la locura de las hormigas la necesidad de las babosas una hoguera incendiaba mi infancia mientras Lima refulgía descuartizada y hermosa eso fue nuestro cariño…

Hijo, vos que tanto nacés (por Juan Gelman)



Amigos: Se nos fue Juan Gelman. Pero se queda. (Los verdaderos poetas, como los viejos rockeros, nunca mueren.) Siempre anduvo en busca de la Señora (como él llamaba a la poesía): persiguiéndola. Creemos que muchas veces la alcanzó.


En su homenaje, este poema suyo:



un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve /

yo tampoco los veo /

yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve

animalitos que pasan por el cielo / pacen en su temblor /

yo no veo esos animalitos /

yo veo al niño que ve animalitos /

y me pregunto por qué esto pasa hoy /

¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena

del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre /

tiene el alma cerrada y la hunde

en las cenizas que dejará porque ardió /

pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí? / un árbol

mira detrás de la ventana al sol /

hay sol /

detrás de la ventana hay un árbol en la calle /

ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón /

está contento y saca la mano del bolsillo /

abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve /

yo tampoco las veo /

yo sólo veo su palma abierta a la luz /

y él / ¿qué ve? /

¿ve bueyes que tiran del sol? /

yo no sé nada /

no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón /

ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del atlántico

y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón /

yo no veo nada / no sé nada /

ni sé en qué día nací /

conozco la fecha pero no el día en que nací /

¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? /

¿es este día en que todos los que han muerto

se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? /

¿en esta luz dulcísima y abierta? /

¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? /

¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? /

¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? /

¿sin un amor con pena adentro? /

ahora pasan las cartas que nunca me escribiste /

hijo / vos /que tanto nacés de esta luz /

tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada /

y nunca sabré nada /

parecen pajaritos que vuelan con tu serenidad /

astros que tiraste al aire y ninguno ve /

yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro /

pensabas en una vida más limpia que ésta /

una vida que se podía lavar /

tender al sol de tu bondad /

una vida llena de rostros como viajes /

¿dónde están esos rostros / esos viajes? /

la vida está desnuda como un mar sin orillas /

y no puedo volver la vida atrás /

llevarla hasta tu cuna /

ni llevarla adelante /

yo soy menos real que la mesa donde como /

yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana /

ahora un niño se le paró al lado /

saca la mano del bolsillo del pantalón /

abre su palma a la luz

y piensa que la muerte es la muerte

y no más que eso /

miércoles, 15 de enero de 2014

Hablamos el silencio (por Andrés Trapiello)


Se podría argüir otros mil años

en contra o a favor sobre si el mundo

está bien hecho o no, pero yo quiero

decir aquí otra cosa: por lo mismo

que en las grandes ciudades es difícil

hallar un solo justo, aquí, a unos metros,

en el viejo laurel, un ruiseñor,

poco más que una nuez,

lanzó su canto melodioso al aire

sin el menor esfuerzo y sin temor

a que caudal tan alto le rompiera

su pequeño pulmón.

Todo quedó encantado.

Que los golpes funéreos de la azada

no le asustaran, tuvo un no sé qué

de santo y prodigioso y de candor.

Después de unos minutos, y aunque no lo veía,

tan escondido estaba, pregunté

sin levantar la voz

qué quería decirme.

Dejó por un momento su canción

y pudimos oír los pensamientos

como el huso sutil del tejedor.

Hablamos el silencio, nuestra lengua,

pues él no sabe azada y yo no ruiseñor,

y nos contamos cosas

que han de quedar entre él y yo.

Y si ahora me dijeran, en la cena,

que han pasado diez siglos

desde que esta mañana salió el sol,

lo daría por bueno, sin importarme mucho

si el mundo está bien hecho o no.

martes, 14 de enero de 2014

Habrá poesía (por Blas de Otero)

Mientras la Argentinita canta con voz de calandria acompañada
al piano por Federico,
y caminan poco a poco las estrellas llevándose la mano al pelo al pasar por sobre el pozo.
Mientras Elisa tome un helado y yo sienta frío en la espalda
y continúe trayendo y llevando maletas, jabas, cestos, escapularios
y demás chirimías.
Mientras escribo a mi madre una de mis últimas cartas, ignoro si
por la proximidad de mi muerte o el tiempo que le reste de vida.
Mientras Fernanda no se serene y vista de hermosura y luz del Caribe
y tú me esperes vestida de blanco con una cinta me atrevo a decir que malva,
mientras haya en el mundo primavera,
habrá caminos, y barricadas, y grandes nubes luminosas, y aquí termino.

lunes, 13 de enero de 2014

Y el pasado se aproxima (por Joan Margarit)


Intento seducirte en el pasado.
Las manos al volante y esta luz
de club nocturno del tablier me dejan
-fantasía invernal- bailar contigo.

Detrás de mí, igual que un gran camión,
el mañana hace ráfagas de luces.
No lo conduce nadie y me adelanta,
pero ahora tú y yo viajamos juntos
y el coche puede ser el dos caballos
de los años sesenta hacia París.
"Je ne regrette rien" canta Edith Piaf.
Bajo la ventanilla, entra la noche
fría de la autopista, y el pasado
se aproxima de cara, velozmente:
cruza y me ciega sin bajar las luces.

domingo, 12 de enero de 2014

Costas ficticias (por Emily Dickinson)


Muchas veces pensé que la paz había llegado
cuando la paz estaba muy lejos
como los náufragos creen que ven la tierra
en el centro del mar

y débiles luchan más sólo para probar
tan desahuciadamente como yo
cuántas costas ficticias hay
antes de llegar al puerto

sábado, 11 de enero de 2014

Sobrevivientes (por Cristina Peri Rossi)


Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.

viernes, 10 de enero de 2014

En medio de las cosas irracionales (por Walt Whitman)


Yo, tranquilo, serenamente plantado ante la naturaleza,
amo de todo o señor de todo, sereno en medio de las cosas irracionales.
Imbuido como ellas, pasivo, receptivo, y silencioso, también como ellas,
conocedor de que mi ocupación, mi pobreza, mi notoriedad
y mis debilidades son menos importantes de lo que creía,
hacia el mar mexicano, en el Manhattan o en el Tennessee, o lejos en el norte o tierra adentro,
hombre de río u hombre de montes o de granjas de estos estados, ribereño del mar o de los lagos de Canadá.
Yo, dondequiera que viva mi vida, quiero hacer frente a las contingencias
y encarar la noche, las tormentas, el hambre, el ridículo, los accidentes
y los rechazos como lo hace el animal.

jueves, 9 de enero de 2014

Despierto en la oscuridad (por Tomas Tranströmer)


De pronto, el caminante encuentra aquí el viejo,

enorme roble, como un alce petrificado con su interminable

cornamenta, frente a la fortaleza verdinegra del mar de

septiembre.


Tormenta nórdica. Es el tiempo en que

los racimos de serbas maduran. Despierto en la oscuridad,

oigo a las constelaciones piafar en sus establos, en las alturas,

sobre los árboles.

miércoles, 8 de enero de 2014

Déjame naufragar (por Josefina Plá)


Deja llevarme mi última aventura.
Déjame ser mi propio testimonio,
y dar fe de mi propia
desmemoria.
Déjame diseñar mi último rostro,
apretar en mi oído los pasos de la lluvia
borrándome el adiós definitivo.

Déjame naufragar asida
a un paisaje, una nube,
al vuelo humilde de un gorrión,
a un brote renaciente,
o siquiera al relámpago
que abra en dos mi último cielo.

Sujétame los brazos.
engrilla mis tobillos,
empareda mis párpados.
Pero tatuada una flor en la pupila,
crucificada un alba debajo de la frente,
acurrucado un beso en la raíz de la lengua,
déjame ser mi propio testimonio.

martes, 7 de enero de 2014

Una lluvia que no puede mojarnos (por Fina García Marruz)


Uno vuelve a subir las escaleras
de su casa perdida (ya no llevan
a ningún sitio), alguien nos llama
con una voz querida, familiar.
Pero ya no hace falta contestarle.
La voz sola nos llama, suficiente,
cual si nada pudiera hacerle daño,
en el pasillo inmenso. Una lluvia
que no puede mojarnos, no se cansa
de rodear un día preferido.
Uno toca la puerta de la casa
que le fue deparada a nuestras manos
mortales, como un tímido consuelo.

lunes, 6 de enero de 2014

Rendijas (por Susana Benet)


Después de un largo sueño
puedo ver, a través de la persiana,
esa ropa tendida en los balcones,
bajo el radiante sol del mediodía.
No se distingue un alma
ni se oyen voces,
sólo el canto de un pájaro enjaulado
que me anuncia con ímpetu la vida
en esta extraña calma solitaria.
La gente debe andar
en sus quehaceres,
mientras yo me demoro unos instantes
más en el tedio de otro día idéntico,
sin deseos de unirme
al absurdo trajín del mundo,
incapaz de volar, muda en la sombra,
contemplando, a través de las rendijas,
la luz del cielo.



domingo, 5 de enero de 2014

Chillan las tablas (por Zvonimir Balog)

Pongo orden a mi cabeza,
limpio el polvo, quito las telarañas,
ubico cada cosa en su lugar,
hay tantas y todas las habitaciones están llenas,
chillan las tablas bajo el peso de los objetos,
rechinan los peces misteriosos en pesados armarios
escondidos de la luz y las miradas,
pongo cada cosa en su lugar,
de vez en cuando encuentro
difícilmente
un sitio para cualquier cosa,
encuentro difícil cualquier cosa para un sitio,
pongo orden en mi cabeza llevando las gavetas
hasta una repisa que no se desajuste y los cajones vuelen
y todo se venga abajo y se confunda febrilmente
se entrelace y rompa.
Entonces, por un momento, espero hasta que se calme el polvo
para ver dónde está. ¿Qué?

sábado, 4 de enero de 2014

Y fui capaz (por Erika Martínez)


Aterricé en Etiopía y fui a hacerme la pedicura. Me lo ofrecieron y acepté. Para que nadie se ofendiera. Permitiría cosas atroces con tal de que nadie se ofendiera.

Permití que Betty se arrodillara, ese era su nombre, me dijo. Quién se llama así en Etiopía. Permití que Betty se arrodillara y me limpiara el talón y el tobillo y la planta del pie y los dedos y también las uñas, permití que limase todo lo feo que había en mí, que se arrodillara.

Detesto pintarme las uñas. Pero no le pedí que lo dejara: le pedí que escogiera un color. Ponme tu favorito. Como si ceder la iniciativa rompiera algo, la relación de Betty conmigo. Eligió el rosa chicle de mi camisa.

Acepto que me sirvan cerveza, que cultiven lo que como y cosan lo que visto: acepté que me hicieran la pedicura. Tan solo hay una diferencia simbólica. Eso pensé, simbólica. Y fui capaz. Dejé a Betty que siguiera.

viernes, 3 de enero de 2014

Nada de cuanto vengas a llevarte (por Andrés Trapiello)


Hubo primero extremos movimientos

de tropas en el cielo.

Legiones apretadas de vencejos

y ansiosas golondrinas parecían,

entre gritos de júbilo, estar

preparando su anábasis.

De ayer a hoy el aire

se vació de vuelos. Qué extraña

su partida. El silencio que han dejado

cubre los negros árboles y montes

como cubren de sábanas los muebles,

fantasmales y blancas, de un palacio.

Incluso se diría que los últimos

en partir se olvidaron de cerrar

la puerta de los campos,

y ruedan por el suelo, como papeles rotos

en un final de fiesta, desoladas

hojas secas y abrojos.

Siguen sin cosechar algunas uvas

maduras en la parra y el perfume

opulento del nardo

se pierde entre las zarzas. Lo llamamos

otoño. Alguien aquí

tenía que quedarse y rendir cuentas

de momentos tan frágiles,

alquien también que cuando llegue el día

de salir al encuentro del invierno

y rendirle la plaza de la vida,

le diga con voz firme:

“Nada de cuanto vengas a llevarte

es en verdad valioso;

la alegría la dimos a los pájaros,

y está a salvo”.

jueves, 2 de enero de 2014

Yo lo vi (por Edith Södergran)


Una vez creció un árbol en el bosque, era bellísimo y fuerte:

yo lo vi ...

Se levantaba sobre las nieblas más profundas hasta las cimas de la tierra en solitario relucir.

Y ahora me dicen que el rayo lo taló ...

¿Qué hacer

contra el trueno devastador y el rayo mortal?

Pero yo había visto ese árbol en el bosque,

y lo recordaré

mientras tengan raíz las canciones.

miércoles, 1 de enero de 2014

Continuarán los gestos (por Cintio Vitier)


Pienso en la santidad de los lugares
que nos han recibido y que dejamos
quién sabe a qué parejas o a cuáles solitarios
tan distantes de nosotros como astros
y que sin saberlo continuarán los gestos
que entre las cosas quedaron inconclusos, 

y pienso en las costumbres de las cosas, criaturas
de este mundo pequeño, interminable,
que no acabamos nunca de palpar, a tientas
bajo el sol deslumbrante o la callada luna,
desconocidas lámparas de lo desconocido
con nuestras huellas dactilares: jarras,
libros, esquinas, nubarrones, árboles,
el mar, el sillón, el espejo, la noche,
todo lo que llamamos la vida sin saber
qué significa siquiera la palabra
que no es una palabra sino música
oída sólo en sueños, o un instante
de ese llamado amor que nos sorprende y cae,
roto en risa entre las piedras.

martes, 31 de diciembre de 2013

De otra forma (por Saiz de Marco)

Escarba en la memoria

pone por escrito todos sus recuerdos

los nítidos

los borrosos

cronológicamente

detalladamente

sin omitir nada

sin dejar que huya ninguno


Ocupan muchas hojas

“He aquí el libro de todos mis pasos”


Y al terminar

rompe las hojas

rompe los pasos

rompe sus huellas

las echa al fuego


“Escribir todo es una forma”

piensa

“Permitir que las huellas se disipen

dejar que el viento haga su trabajo es

tal vez

otra forma mejor”

lunes, 30 de diciembre de 2013

Con qué amor podrá impedirse (por Ko Un)


Qué fuerza podrá impedir

que este legendario mundo de oriente caiga,

poco a poco o de repente.

Con qué amor

podrá impedirse

que la humanidad se hunda.

Sólo el torbellino perdura.

¡Ah, el último hechizo!

domingo, 29 de diciembre de 2013

Tu mano de luz (por Miguel Ángel Velasco)


Miro tu mano quieta

sobre mi pecho,

tan tímida que apenas se diría

que ha crepitado al roce

de una espuma nocturna, que muy dócil

se somete a esa música

precisa de la sangre, y que un arder

aún más de álgida fiebre ya le pulsa

su racha de coral en otra atmósfera.

Quién lo diría de este manso lirio,

que tu mano de luz se sueña estrella

abriéndose de noche, una bengala

en fuga del arrullo y la caricia.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Aquel otro (por José Emilio Pacheco)


Hoy vino a verme el que no fui:
aquel otro
ya para siempre inexistencia pura.
Ardid verbal para el que “hubiera sido”,
forma atenuada de decir “no fue”.
Ahora lo entiendo:
quien no fui ha triunfado,
la realidad no lo manchó, no tuvo
que adaptarse a la eterna sordidez.
Jamás capituló ni vendió su alma
por una onza de supervivencia.
El que no fui se fue como si nada.
Ya nunca volverá, ya es imposible.
El que se va no vuelve aunque regrese.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cuántas sub-máscaras (por Fernando Pessoa)


¿Cuántas máscaras portamos, cuántas sub-máscaras

sobre nuestro rostro del alma, y cuando,

jugando consigo misma el alma se desenmascara,

conoce ella su propio rostro tras la última máscara?

La verdadera máscara no siente dentro de la máscara

pero ve más allá de la máscara a través de los ojos enmascarados.

Cualquier tarea que la conciencia empieza

con su aceptado uso enlaza al ensueño.

Como un niño asustado por sus rostros espejados,

nuestras almas que son niñas, siendo distraídas,

imponen otredad a sus muecas vistas

y obtienen un mundo entero causando su olvido;

y, cuando un pensamiento pudiera desenmascarar nuestra enmascarada alma,

no irá desenmascarado al desenmascaramiento.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Fuertes, cínicos (por Malgorzatta Hillar)


Nosotros los de la segunda mitad del siglo XX

que rompemos los átomos
que conquistamos la luna
nos avergonzamos
de los gestos delicados
de las miradas tiernas
de las sonrisas cálidas

Cuando sufrimos
fruncimos desdeñosamente los labios

Cuando llega el amor
displicentemente
nos encogemos de hombros

Fuertes cínicos
con los ojos irónicamente entrecerrados

Sólo a altas horas de la noche
junto a las ventanas
herméticamente cerradas

nos mordemos las manos
morimos de amor.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

No volveré (por Ray Bradbury)


No me atrevo a ir. En la isla hay fantasmas

y en las costas, tormentas espectrales,

aguaceros que lloran su pérdida con lágrimas

hasta que al fin me ahogo en el pasado.

La última vez que anduve por las calles dublinesas

mi mirada era clara, el pulso fuerte.

Pero ahora que se me ha ido media vida o más,

no puedo enfrentarme a la triste aurora de Dublín.

Los libreros que entonces me atendieron

están grises y demacrados, ¿cómo es posible?

El personal del hotel ha desaparecido,

algunos sobreviven como espectros, los demás ya ni existen.

¿Los vendedores ambulantes, mendigos, camareras,

duermen bajo las sombras de Maynooth

como artistas de O’ Connell? Se fueron para permanecer

diseminados dentro de las colinas de Bray.

Sus felices rostros emergen y se propulsan

a través de mi vida para materializar cada sueño.

Por tanto, ¿a Irlanda? No, no volveré

a donde los fantasmas arden en tormentas de humo.

No volveré a pasear por Dublín,

no soporto esa lluvia angustiosa

que derrite a la juventud, la disuelve en el mar

y acaba con mi alma, con mi corazón, conmigo.

martes, 24 de diciembre de 2013

Como el vuelo (por Susana Benet)


¿Por qué tira de mí
como el vuelo de un ala la palabra?

¿Adónde me conduce si no sé
siquiera la intención,
ni presiento el destino que persigue?

Sólo sé que en la leve
presencia de este instante
tiembla bajo la piel, revolotea,
como un soplo apresado,
un impulso que pugna por brotar
y transformarse en canto.



lunes, 23 de diciembre de 2013

Te resistes (por Saiz de Marco)

Ellos creen que aún tú crees
en los reyes de enero
(compran furtivamente, escribís una carta,
el día antes, por la tarde, vais a verlos pasar)
y tú con tus seis años
no quieres, te resistes
a arrancar su ilusión.




FELIZ NAVIDAD A TODO/AS
(Durante la próxima semana dejamos entradas programadas.)

Acá está mi hijo (por Sylvia Plath)


¿Qué, quién nos arroja estas almas inocentes?
Miren, están exhaustas, consumidas
en sus cunas de lona, con sus nombres atados en las muñecas,
pequeños trofeos de plata por los que vinieron desde tan lejos.
Hay algunos con el pelo negro y duro, otros son pelados.
El color de su piel es rosado o amarillento, marrón o rojo;
están empezando a recordar sus diferencias.

Creo que están hechos de agua; no tienen expresión.
Sus rasgos duermen como la luz en el agua quieta.
Son los verdaderos monjes y monjas en sus atuendos idénticos.
Veo caer, derramados como estrellas en el mundo
-en India, África, América-, a estos milagros,
a estas puras, pequeñas imágenes. Huelen a leche.
Las plantas de sus pies están intactas. Han caminado por el aire.

¿Puede ser tan abundante la nada?
Acá está mi hijo.
Tiene los ojos de ese azul general, plano.
Se gira y me mira como una pequeña, ciega, radiante planta.
Un llanto. Es el gancho. Resisto.
Soy una colina cálida.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Un puente sobre el río del olvido (por Antonio Rivero Taravillo)


Que no caigan en manos enemigas.


Desmontando la casa de tus padres,

expurgas las carpetas, los papeles,

en un lento escrutinio de sus años

ya detenidos:

facturas y recibos, y también

las cartas, los carnets,

las esquelas que escuecen.


Ojalá hubieras sido analfabeto.


Triturada lo mismo que una fruta,

toda su vida, que se fue en un zumo

nunca más ácido, y que hoy apuráis

tú y la papelera.


Pedacitos pequeños como lágrimas,

cajones que desfondan los sollozos,

gomillas, fundas, clips, sobres, ficheros:


ojos, pilares que componen

un puente sobre el río del olvido,


un puente recorrido por vez última

que no caerá en manos enemigas.

sábado, 21 de diciembre de 2013

El sabor de tu boca (por Malgorzata Hillar)



En medio del día
que se dobla
por el perfume del heno
busco el sabor
de tu boca

Toco con los labios
las hojas de los árboles
el girasol
y la pared fría

Cuando llega la noche
la bebo en soledad
con los labios pesados de sed
como fresas maduras

viernes, 20 de diciembre de 2013

El prodigio era tuyo (por José Hierro)


La estrella aún flotaba en las aguas.
Río abajo, a la noche del mar, la llevó la corriente.
Y de pronto la mágica música errante en la sombra
se apagó, sin dolor, en el fresco silencio silvestre.

Imagínate tú, piensa sólo un instante,
piensa sólo un instante que el alma comienza a caerse.
(Las hojas, el canto del agua que sólo tú escuchas:
maravilloso silencio que pone en las tuyas su mano evidente.)

Piensa sólo un instante que has roto los diques y flotas sin tiempo en la noche,
que eres carne de sombra, recuerdo de sombra; que sombra tan sólo te envuelve.
Piensa conmigo «¡tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo,
antes que todo se desvaneciese!»

Imagínate tú que hace siglos que has muerto.
No te preguntan las cosas, si pasas, quién eres.
Procura un instante pensar que tus brazos no pesan.
Son nada más que dos cañas, dos gotas de lluvia, dos humos calientes.

(¡Tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo!)

Y cuando creas que todo ante ti perfecciona su muerte,
abre los ojos:

El trágico hachero saltaba los montes,
llevaba una antorcha en la mano, incendiaba los bosques nacientes.

El río volvía a mojar las orillas que dan a tu vida.
El prodigio era tuyo y te hacías así vencedor de la muerte.

jueves, 19 de diciembre de 2013

De barro y de maderas (por Isaac Felipe Azofeifa)


La casa de mi infancia es de barro del suelo a la teja,
y de maderas apenas descuajadas, 

que en otro tiempo obedecieron
hachas y azuelas en los cercanos bosques.
El gran filtro de piedra vierte en ella, tan grande,
su agua de fresca sombra.
Yo amo su silencio, que el fiel reloj del comedor vigila.
Me escondo en los muebles inmensos.
Abro la despensa para asustarme un poco
del tragaluz, que hace oscuros los rincones.
Corro aventuras inauditas cuando entro
en el huerto cerrado que me está prohibido.
En la penumbra de la tarde, que va cayendo lenta
sobre el mundo, el grillo del hogar canta de pronto,
y su estribillo triste riega en el aire quieto,
paz y sueño sabrosos.
Cuando venían las lluvias miraba los largos aguaceros
desde el ancho cajón de las ventanas.
Nunca huele a tierra tanto como esa tarde.
Se oye la lluvia primero en el aire venir como un gigante
que se demora, lento, se detiene y no llega,
y luego están ahí sus pies sobre las hojas, tamborileando,
rápidos, mojando,
y lavando sus manos de prisa, tan de prisa, los árboles,
el césped, los arroyos,
los alambres, los techos, las canoas.
Pero también su llanto desolado,
su sinrazón de ser triste, su acabarse de pronto,
sin objeto ni adiós,
para siempre en mi infancia, para siempre.
Llueve en mi alma ahora, como entonces.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El olvido es un gran simulacro (por Mario Benedetti)


Cada vez que nos dan clases de
amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de
amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de
ausencia
muñones de porvenir / arrabales
de duelo
pero también candores de
mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde
sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo
de otoño
sentimientos insoportablemente
actuales
que se niegan a morir allá en lo
oscuro

el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las
remembranzas
y hay que tirar rencores por la
borda
en el fondo el olvido es un gran
simulacro
nadie sabe ni puede / aunque
quiera / olvidar
un gran simulacro repleto de
fantasmas
esos romeros que peregrinan por
el olvido
como si fuese el camino de
santiago

el día o la noche en que el olvido
estalle
salte en pedazos o crepite
los recuerdos atroces y de
maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por
el mundo
y esa verdad será que no hay
olvido.

martes, 17 de diciembre de 2013

Me sorprendió tu voz (por Jana Putrle Srdić)

A los seis meses de tu muerte
llamé a tu casa,
nadie atendió el teléfono y
de repente en el contestador
me sorprendió tu voz.

Como si los cactus de la repisa
rodearan mi cama por la mañana.

Como si contestaras desde un cubo
rosado de gelatina.

Tu voz
es para mí conocida y extraña a la vez,
inusualmente resuelta como la voz
de un hombre de treinta años que nunca
está en casa y necesita un contestador,

porque acaba de volver de balonmano
y tiene prisa para llegar a las prácticas de tiro.
Como todos los tiradores, sabe que en el camino
hacia el campo de tiro debe fijar la mirada
a través de la ventana del autobús, siempre en el mismo punto,
en la luna del cielo del atardecer,

para que después, ante el blanco,
el corazón le empiece a latir en círculos blancos
hasta unirlos con su pulso en un punto,
y apretar entonces el gatillo.

Una voz
conocida de un hombre de treinta años en luna
de miel rumbo a Venecia con una cinta de Glenn Miller
en el coche. Un sombrero femenino con alas grandes.
Unos pantalones livianos de verano – al estilo de Gatsby –
que se deslizan por las rodillas al saltar
dos escalones a la vez en los puentes.
Canales que apestan, paredes húmedas,
palomas, le dice a ella, palomas por todas partes,
y ligeramente prende a la vez con su encendedor
sonrisas en los negativos.

Paso al lado de este alto hombre delgado
con una camisa clara de verano que no me reconoce
porque aún no existo.

Pienso: cuando grabemos encima de la cinta
del contestador y tu voz en mi cabeza
se haga borrosa, también yo voy a volverme
un poco más transparente.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Mi padre anuda mi corbata (por Ray Bradbury)



Mi padre, no yo, anuda mi corbata.

Una noche hace tiempo, en junio,

yo hacía un intento:

Mi primera corbata revuelta sobre el chaleco,

las manos torpes,

cuando de pronto, entró en escena lo inesperado:

algo terrible está por suceder.

Mi padre se acercó en silencio

y me observó y se puso detrás de mí.

No mires, dijo.

Mantente alejado de los espejos.

Que tus dedos aprendan

cómo se hace.

Su enseñanza perdura. Lo que dijo era cierto.

Con los ojos cerrados,

gracias a su ayuda (arriba, vuelta y abajo)

no sé cómo surgió un nudo milagroso.

No tiene nada, dijo mi padre.

Ahora tú, hijo. No, con los ojos cerrados.

Y con una última, cariñosa y ciega observación

enseñó a mis dedos inútiles

el arte de tejer. Entonces, se marchó.

Bueno, hasta hoy, ¿como podría presumir de nudos?

Imposible.

Invoco a ese fantasma de dulce aroma a tabaco, que se marchó hace tiempo,

para que me ayude.

Y lo hace:

En mi cuello su aliento, la fragancia de su último cigarrillo.

La muerte no existe, pues ayer por la tarde

sus dedos fantasmales vinieron y me ayudaron a anudar y enlazar.

Si esto es verdad (¡lo es!), no morirá nunca.

Mi padre, no yo, anuda mi corbata.

domingo, 15 de diciembre de 2013

En paz (por Vicente Gallego)


Esta tarde soy rico porque tengo

todo un cielo de plata para mí,

soy el dueño también de esta emoción

que es nostalgia a la vez de los días pasados

y una dulce alegría por haberlos vivido.

Cuanto ya me dejó me pertenece

transformado en tristeza, y lo que al fin intuyo

que no habré de alcanzar se ha convertido

en un grato caudal de conformismo.

Mi patrimonio aumenta a cada instante

con lo que voy perdiendo, porque el que vive pierde,

y perder significa haber tenido.

Ya no tengo ambiciones, pero tengo

un proyecto ambicioso como nunca lo tuve:

aprender a vivir sin ambición,

en paz al fin conmigo y con el mundo.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Como una puerta (por Miguel Ángel Bernat)


Me acuerdo que
mientras me moría
vi moverse muy lentamente
las ramas desnudas de los árboles
y el cielo encima,
como una puerta abierta
que me recibía feliz
y yo también estaba feliz.



viernes, 13 de diciembre de 2013

Un genio (por Charles Bukowski)


Hoy
conocí a un genio en el tren
como de seis años de edad;
...se sentó a mi lado y,
mientras el tren
corría por la costa,
llegamos al océano.
el niño me miró y me dijo:
el mar no es nada bonito.

fue la primera vez
que me di cuenta
de ello.



jueves, 12 de diciembre de 2013

El revés del mundo (por Czeslaw Milosz)


–Cuando muera, voy a ver el revés del mundo.

El otro lado, más allá de pájaro, montaña, puesta de sol.

El significado verdadero, listo para ser descifrado.

Lo que nunca sumó va a sumar,

lo que fue incomprensible será comprendido.


–¿Y si no hay revés del mundo?

¿Si un zorzal en la rama no es un signo,

sino sólo un zorzal en la rama? ¿Si noche y día

no tienen sentido persiguiéndose

y no hay nada en esta tierra excepto esta tierra?


–Aunque así sea, permanecerá

una palabra despertada por labios que perecen,

un mensajero incansable que corre y corre

a través de campos interestelares, de galaxias vertiginosas.

Y llama, protesta, grita.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El optimista (por Fayad Jamís)


El optimista se sentó a la mesa, miró a su alrededor

y se sirvió un poco de lo poco que halló. Le dijeron

que había demasiado nada (en realidad había pocomucho)

pero él devoró su ración sin hacer comentarios,

abrió el periódico, se fumó su café y acabó

de cenar en paz. Pensó: tengo derecho a comer con alegría

lo pocomucho que me gano mientras llega la abundancia.

Sin embargo seguían hablando de todo lo que no hay

no hay no hay no hay. No hay esto ni lo otro.

Pero el optimista se levantó en silencio

y otra vez recordó aquellos años en que sólo comió

lágrimas. No había nadie para decirle no hay sopa o bistec

o tome un pedazo de pan duro para el perro de su hambre,

pero jamás de sus dientes salieron discursos.

Y ahora estaba satisfecho de la cena frugal. El hombre

salió a la calle y echó a andar mientras silbaba.

Las luces eléctricas le recordaron el porvenir.

martes, 10 de diciembre de 2013

La inquieta sensación de trotamundos (por Carmen Cruz)


A golpe de corazón desorbitado
sin otra razón que la querencia
elijo mi camino en cada encrucijada
y ya no me pregunto si habré elegido bien,
cerebro y corazón no siempre están de acuerdo
y levantado el pie desestimo la duda del error.

He conocido pueblos distintos a los míos
y así me he conocido desde la piel adentro.
Con la prisa del aire volando la aventura, algunas veces
paso a paso,
con la calma del que sabe que no sólo a sí se pertenece,
otras
si no dejando huella,
sí arraigándome toda largas vidas
y siempre la inquieta sensación de trotamundos
que anhela recorrer los vericuetos de la tierra
y algunos entresijos de la propia mente.


Viajar… Con cuerpo y esencia de domingo,
atenta a los sentidos para henchirme absoluta,
emprender nuevo camino cada vez que presienta
que ya no aprendo nada,
aprehender la vida que nace entre sus piedras
y esculpirla, esculpirlas:


A cada paso y en cada pausa
hasta el fin del viaje
hasta el último hogar.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Queda tu nombre (por José Cereijo)


No todo lo he perdido. Queda tu nombre. Queda
la hondura del silencio después de pronunciarlo.

Queda lo que no pasa, ni puede pasar nunca:
lo que nunca ha pasado.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Poema al padre (por Sharon Olds)


De pronto te imaginé

de niño en aquella casa, habitaciones oscuras

y cálida chimenea con el hombre enfrente

callado. Te movías a través del grávido aire

con tu corpórea belleza, un chico de siete años,

indefenso, avispado, hubo cosas que el hombre

hizo cerca de ti, era tu padre,

el molde con el que fuiste creado. Abajo en el

sótano, los barriles de dulces manzanas,

cogidas del árbol en su momento álgido, se pudrieron

y descompusieron y por delante de la puerta del

sótano el arroyo corría y corría, y algo

no te fue dado, o algo te fue

robado, algo con lo que naciste, y hoy

incluso a tus 30 y 40 años te llevas

la oleosa medicina a tus labios

cada noche, ponzoña para ayudarte

a caer inconsciente. Siempre pensé que

la clave fue lo que nos hiciste

de adulto pero luego recordé a aquel niño

siendo moldeado frente al fuego, los

diminutos huesos de su alma

retorcidos y fracturados, los pequeños

tendones sujetando el corazón

partidos en dos. Y lo que ellos te hicieron

tú no me lo hiciste. Cuando ahora te amo,

me gusta pensar que estoy dando mi amor

directamente a ese chico de la habitación tórrida

como si ese amor pudiera alcanzarlo a tiempo.



sábado, 7 de diciembre de 2013

Cnoso (por Luis Alberto de Cuenca)

Y, de pronto, mi madre, abanicándose,
se me aparece en Cnoso, y yo le sirvo
el enésimo vaso de agua, y se me muere
otra vez, y otra vez me entregan sus cenizas.
Y el capricho de Evans se transforma
en un improvisado sanatorio
donde sólo se escuchan los lamentos
de quienes no verán el nuevo dí­a,
en una especie de necrópolis cercada
por guerreros micénicos que ignoran la piedad.
Y, de pronto, me veo con mi madre
-o lo que fue mi madre- entre los brazos,
tratando de burlar el estricto bloqueo
para llegar al puerto. Y lo consigo.
Y vierto el contenido de la urna
en el azul de los frescos minoicos,
que es el inagotable azul del mar.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Florecer y morir (por Antonio Carvajal)

Bocas de vidrio, esbozos de penumbras.
Adelantados o doblados
o pertinaces en su insomne palidez
de vientos como llamas, los narcisos
entregan su aroma, luna de invierno.

Florecer y morir, qué triste júbilo.
Su dispersa agrupación conmueve
el corazón del hombre, pues conoce
que la armonía existe, mas tenerla
sometida no puede a su dominio.

Todo es renuncia: de tanto aroma
nada se percibe, como en la muchedumbre
de los besos tantos pierden relieve,
sólo el beso inicial y el postrero
perduran.

Se han abierto en los días
cálidos de febrero, largamente esperados,
interludio suavísimo
entre la agria orquestación del otoño
y el ascenso difuso y orgiástico del polen.

Y se propagan y se ofrecen y su obsequio
es casi monacal, como si una vidriera
de ponientes áureos derramara
no sé qué olvido glorioso en el tocado
de la novicia, ella, tan nueva, entrada
en la sabiduría de la entrega.

En las columnas del incienso,
en el cavado resonar del órgano
suspenso, en el ilustre bisbiseo
latino de letanías, hay la misma floración
angustiosa de los narcisos,

algo intacto que pasa, y no relámpago;
algo que es luz y, al tiempo, materia deleznable;
algo que llena el pecho de veneno y promesas.
Algo como una nube que transita en silencio.

jueves, 5 de diciembre de 2013

La mirada final (por Hilario Barrero)



De todas las últimas miradas que hemos ido dejando por la vida

sin saber que lo eran

¿cómo será la última, la mirada final?

¿Se quedará pegada a la piel de los ojos?

¿Cuando se seque será raíz del llanto?

¿En que región oscura volverá a ser primera?

¿Tendrá fuego en su voz si la reconocemos

o será como agua si nos llega a traición?

¿Se hundirá el peso de su polvo en el aire

de la nueva mañana que nosotros, ya ciegos, no veremos?

Mirar es responder a preguntas vacías

en la primera noche sin respuestas.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

Entrénate en perder (por Elizabeth Bishop)


El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.

martes, 3 de diciembre de 2013

Partículas de albúmina y fibrina (por Joaquín Mª Bartrina)


¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos


ya no son para mí

lo que llama misterios sobrehumanos

el vulgo baladí.

Sólo la ciencia a mi ansiedad responde

y por la ciencia sé

que no existe ese Dios que siempre esconde

el último porqué.

Sé que soy un mamífero bimano

(que no es poco saber)

y sé lo que es el átomo, ese arcano

del ser y del no ser.

Sé que el rubor que enciende las facciones

es sangre arterial;

que las lágrimas son las secreciones

del saco lacrimal;

que la virtud que al bien al hombre inclina

y el vicio, sólo son

partículas de albúmina y fibrina

en corta proporción.

Que el genio no es de Dios sagrado emblema,

no señores, no tal:

el genio es un producto del sistema

nervioso cerebral.

Y sus creaciones de sin par belleza

sólo están en razón

del fósforo que encierra la cabeza,

¡no de la inspiración!

Amor, misterio, bien indefinido,

sentimiento, placer…:

¡palabrotas vacías de sentido

y sin razón de ser!

Gozar es tener siempre electrizada

la médula espinal,

y en sí el placer es nada o casi nada:

un óxido, una sal.


¡Y aun dirán de la ciencia que es prosaica!

¿Hay nada, vive Dios,

bello como la fórmula algebraica

C = π r²?

¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos

ya no son para mí

lo que llama misterios sobrehumanos

el vulgo baladí.

Mas, ¡ay!, que cuando exclamo satisfecho

“¡Todo, todo lo sé!”

siento aquí en mi interior, dentro del pecho

un algo…, ¡un no sé qué!…

lunes, 2 de diciembre de 2013

Y ellos y el tiempo juntos (por Wallace Stevens)

Adiós a una idea... El rostro de la madre,
el objetivo del poema, llenan el cuarto.
Están juntos aquí, y hace calor.

Sin la presciencia de los sueños incipientes
es al atardecer. La casa es atardecer, medio disuelta.
Sólo la mitad de lo que nunca poseerá permanece,

sigue estrellado. Es la madre que poseen,
quien otorga transparencia a su presente paz.
Ella hace todo más gentil de lo que pueda ser.

Y sin embargo, ella también se disuelve, es destruida.
Ella da transparencia. Pero ha envejecido.
Su collar es una talla, no un beso.

Las manos suaves son un movimiento, no un roce.
La casa se derrumbará, y los libros arderán,
ellos permanecen dichosos en un refugio de la mente.

Y la casa es de la mente y ellos y el tiempo
juntos, todos juntos. La noche boreal
parecerá una escarcha cuando se les acerque

a ellos y a la madre mientras se adormece.
y ellos digan, buenas noches, buenas noches. Arriba
las ventanas estarán iluminadas, no los cuartos.

Un viento diseminará su grandeza ventolera alrededor,
y golpeará la puerta como la culata de un rifle.
El viento les gobernará con sonido invencible.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Trotamundos (por Giuseppe Ungaretti)

En ninguna
parte
de la tierra
puedo
asentarme

En cada
nuevo
clima
que encuentro
descubro
con pena
que
alguna vez
me fue
conocido

Y me separo de él siempre
extranjero

Naciendo
de vuelta de épocas
demasiado vividas

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un país
inocente

sábado, 30 de noviembre de 2013

Ciclo y surco (por Antonio Rivero Taravillo)


Lluvia:

árbol genealógico de la vida,

empapadas dinastías

del recuerdo que vuelve;


ciclo y surco, perímetro mojado

del horizonte curvo de una gota,

atmósfera atravesada

de un rocío que regresa

jornada tras jornada

siguiendo ese rotar

como una noria.


Cangilones, paraguas

hoy vueltos del revés,

arrojando disparos

a cubos llenos

en el revólver o tiovivo

de cachas grises y caballos

de crines húmedas

y relinchos de truenos,

detonaciones:


un ajuste de cuentas entre nubes

que se desangran grises.

viernes, 29 de noviembre de 2013

De aquel hombre fugaz (por Kevork Topalian)


Acaecido, justo después del sacro aguacero

–helada lluvia de todo aquello que no pudo ser–,

veo pasar la silueta de un hombre por mi lado,

doblar la siguiente esquina y perderse calle abajo.


Y de golpe me doy cuenta de mi propia nada.

La misma de aquel hombre fugaz, que pasaba

como el recuerdo de cierto actor, a quien de joven

hace demasiado tiempo en un cine demolido vi;

disperso negativo, secuencia, aleatorio segmento

cinematográfico a contraluz, celuloide

en su infinito rotar y proyectar la imagen.