zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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martes, 15 de julio de 2014

Un viaje (por Carlos Martínez Rivas)

Día y noche golpeaba el pie de tu sonrisa.
Pero tú no me oías. Te llamé con abejas...
y nada. Con gorriones... tampoco. Con caballos...
y tu pecho seguía cerrado.

Hasta que un día,
cuando todo era inútil y la cosa parecía perdida,
se me ocurrió llamarte a ti contigo misma.
Y por medio de ti llegar a ti. Y di en el clavo.

Fue leve, como un zarpazo de violeta,
como un puñetazo de abanico. Pero sonó la aldaba,
rechinaste... y te fui abriendo toda,
como una puerta, y penetré en tu nombre.

Por eso, y desde entonces:
Para el día y la noche.
Para los dolorosos y quebrantados ojos
que dejaste perdidos. Para todos los días
y todas las noches de la vida. Para que el mar y el fuego
te coronen y tejan para ti una guirnalda.

Para que el viento venga. Para que el vino venga
y te diga: "¡Levántate y anda!
Corta un racimo de uvas, y sígueme".

Para que pidas todo lo que te dé la gana:
El laurel,
el espejo,
la guitarra.
El lirio
blanco como una niña después de un accidente.
El árbol,
la pianola,
el reloj,
la naranja.
El paisaje que espera en el fondo del vaso
dar de beber al ojo lo que no bebió el labio.
El frutero en donde cabe todo el verano,
y el sofá dentro de una pecera con violines.

La fuente donde el líquen sueña sus catedrales.
El clavel que en el tallo se enciende como un fósforo
y el pájaro que sueña atornillado a un trino.

En fin para que todas las cosas de la tierra,
para que todas las cosas trémulas y hermosas de la tierra
descansen en el hueco
de cada una de esas manos tuyas que yo amo
y en doble arroyo lleguen hasta tu boca pura:
te levanté una rosa lo más alto que pude.
Te he construido una casa sitiada por la espuma.
Pon el oído en esa rosa, y oye lo que su olor te dice.
Húndete en esta casa que te hice, y habítala.
Y bébete esta copa de agua con golondrinas.

Porque tú... Pero espera. No vayamos tan lejos.
Creo que ya va siendo hora de que me explique.
Yadira, aquí me tienes:
solo, como los monogramas en los pañuelos.

Y desde Granada, desde el Colegio.
Sobre mi ventana que da al Lago de Nicaragua,
y en esta hora, te recuerdo, y pienso:

Era entonces en San José de Costa Rica...
En el Barrio Amón, y en la misma esquina de tu casa,
de tu casa con barandas...

Ahora ya de lejos,
toda la ciudad cabe en tu pequeño nombre.
Y por eso, hasta las cosas más pequeñas, todo,
lo tomo y lo empujo hacia ti para que brille.

Me refiero a las vueltas alrededor del parque,
a los discos en moda de ese tiempo;
a las interminables partidas de ping pong
en el asueto de los sábados por la tarde.
A tus vestidos con un barco bordado en la bolsa,
y a los paseos en bicicleta
por los alrededores de la capital...
Cosas que no valen la pena,
pero que yo las canto -y lo hago ardientemente-
porque en torno de esto hay algo tuyo que se reúne:
un desprendido pétalo que llega de tu cielo.
Un pedazo de espuma caído de tu espuma.
Un resto de palomas, una pelusa de alma.
Pero es el caso que yo no me conformo con eso.
Que ninguno de nosotros puede conformarse con eso.

Porque tú no eres únicamente
esa niña que juega ping pong, sonríe,
y se vuelve manzana cuando cumple quince años.

Hay algo más en ti. Esa tu otra tú
que te aguarda en el sueño de tu desnudo puro.

Y a esto es, precisamente, a lo que vengo:
vas a emprender un viaje que nunca habías hecho.

Conmigo. Tú y yo, solos. Nosotros dos, volando
hacia los otros dos nosotros que nos esperan
allá, sobre las nubes de luz fría,
entre un camino de lámparas, paseándose,
altos, eternos y definitivos.

Prepárate. Iguala
tu reloj de pulsera con el reloj del aire.

Y ahora mismo, mientras todos bailan,
y en tu puerto el alcalde y el comandante juegan
una partida de ajedrez para mientras llega el barco,
tú y yo nos vamos.

Deja que todo quede como está, en desorden.
Y date prisa. Tenemos todo el día por delante
pero el camino es largo.
Llegaremos allá cuando las estrellas brillen.

Prepárate para el salto.
Y que el aire sea con nosotros.
Listos.
¡A la una...
a las dos...
y a las...
tres!

lunes, 14 de julio de 2014

Para que la verdad no nos mate (por Ray Bradbury)

¿Sólo conoces lo real? Cae muerto.
Eso dijo Nietzsche.
Tenemos el arte para que la verdad no nos mate.
El mundo es demasiado para nosotros.
Después de cuarenta días el diluvio sigue.
Las ovejas que pastan allá lejos son chacales.
Ese tictac en tu cabeza es de verdad el tiempo
y vendrá por la noche a sepultarte.
El tibio niño que ahora duerme partirá en el alba,
y con tu corazón irá hacia mundos que ignoras.
Y por eso
necesitamos que el arte enseñe a respirar
y haga latir la sangre; tener que aceptar la cercanía
del diablo
y la edad y la sombra y el coche que atropella,
y al payaso con máscara de muerte
o la calavera que con corona de bufón
a medianoche agita cascabeles
de óxido sangriento y matracas gruñonas
que estremecen los huesos del desván.
Tanto, tanto, tanto... ¡Demasiado!
¡Destroza el corazón!
¿Y entonces? Encuentra el arte.
Toma el pincel. Aviva el paso. Mueve las piernas.
Baila. Prueba el poema. Escribe teatro.
Más hace Milton que Dios, aun borracho,
para justificar los modos del hombre con el hombre.
Y el divagante Melville se toma en serio la tarea
de encontrar la máscara bajo la máscara.
Y la homilía de Emily D. señala el basurero
de nuestras anomalías.
Y Shakespeare envenena el dardo de la muerte
y la herramienta de un arte de enterrador.
Y Poe construye un arca de huesos
porque ha presentido un diluvio de sangre.
La muerte es una dolorosa muela del juicio;
extrae esa verdad con las tenazas del arte
y emploma el abismo en donde estaba
oculta en las sombras con el tiempo y las causas.
Aunque el Gusano Rey nos devore el corazón
con la boca de Yorick demos gracias al arte.

domingo, 13 de julio de 2014

Faro de mi alma (por Juan Ramón Jiménez)

Cuando te enciendes, faro de mi alma,
torre de ensueño,
y prendes en tu luz toda la vida
—este doble silencio, mar y playa—,
¡qué hermoso eres!

Luego, ¡qué triste
cuando estás apagado,
faro en el día, torre de ladrillo!

sábado, 12 de julio de 2014

Limpieza general (por Amalia Bautista)


Vamos a hacer limpieza general
y vamos a tirar todas las cosas
que no nos sirven para nada, esas
cosas que ya no utilizamos, esas
otras que no hacen más que coger polvo,
las que evitamos encontrarnos porque
nos traen los recuerdos más amargos,
las que nos hacen daño, ocupan sitio
o no quisimos nunca tener cerca.
Vamos a hacer limpieza general
o, mejor todavía, una mudanza
que nos permita abandonar las cosas
sin tocarlas siquiera, sin mancharnos,
dejándolas donde han estado siempre;
vamos a irnos nosotros, vida mía,
para empezar a acumular de nuevo.
O vamos a prenderle fuego a todo
y a quedarnos en paz, con esa imagen
de las brasas del mundo ante los ojos
y con el corazón deshabitado.

viernes, 11 de julio de 2014

Dos insomnios (por Yalal ad-Din Muhammad Rumí)


Cuando estoy contigo, 

estamos despiertos toda la noche.
Cuando no estás, no puedo dormir.
¡Que Dios bendiga estos dos insomnios,
y la diferencia entre ellos!

jueves, 10 de julio de 2014

Ese trazo (por Álvaro Valverde)


Vivir es deslizarse, repetiste,
captar nuestra existencia de soslayo
o verla desde lejos, en lo alto,
con la perplejidad del que contempla.
Los que te conocieron aseguran
que tú viviste así, que no hubo nada
ni nadie que pudiera desviarte
ni un ápice siquiera de ese trazo
que le diste por fin a tu camino.
Esa senda emboscada conducía
a una casa perdida entre los páramos.
Sobre aquel pedregal erosionado,
bajo la ardiente luz de los veranos,
una sombra precisa dibujaba
el estupor final de tu extravío.
En ese santuario estableciste
una visión del mundo peligrosa.
Rogabas a los dioses con frecuencia
que no nos castigaran con desgracias
(capaces en su ardor de destruirnos)
sin antes enseñarnos lo importante:
la frágil transparencia de la vida.

miércoles, 9 de julio de 2014

Un baño mágico (por May Swenson)


En el amor nos hacemos visibles
Como en un baño mágico
nos pelamos
hasta la afilada médula
tan largamente escondida

En el amor alerta
reconocemos
el mudo quejido
del alma
detrás de los ojos
Se abre un conducto
y tímidamente
salta a la superficie
con alas abiertas

Las yemas de los dedos del amor descubren
más que la suavidad del cuerpo
Revelan un conducto escondido
para la transfusión
de empatías que burlan
la intrusión de la mente

En el amor nos liberamos
En su objetividad, el hueso
y la carne ya no nos aíslan
Nos descargamos
y fluimos yo a tu copa y tú a la mía
Frágiles, nuestros frascos se perforan
el mío bebe el tuyo
el tuyo el mío


martes, 8 de julio de 2014

Última lección (por Martín López-Vega)


Mi abuelo,
que lo sabía todo del mundo,
que podía agarrar un relámpago de trucha con la mano,
que sabía silbar en lenguas para atraer a los jilgueros,
que conocía las horas en que se podía atravesar el túnel
sin peligro de encontrarse con un tren de frente,
que sabía cuándo envidar y cuándo callar,
mi abuelo que tumbó a un irlandés de dos metros
a coñacs, que se salvó de un tren que cayó al río,
mi abuelo que asaba las mejores castañas del mundo,
mi abuelo que me llevaba de la mano
a descubrir la tierra,
mi abuelo
confunde el día con la noche, duerme si hay sol
y en cuanto oscurece entra en una vigilia enloquecida,
abre puertas, enciende luces, despierta, grita,
y yo, acostumbrado a aprender de él,
me niego a creer que sea verdad
que ha perdido la cabeza,
y paso las noches abriendo puertas,
encendiendo luces, buscando desesperado
en todo esto una lección postrera
aterrado no sé
si por no encontrarla, o por entenderla.


lunes, 7 de julio de 2014

Ahora que entendí (por Saiz de Marco)

raro placer
del rencor disolviéndose
gota a gota licuándose

derretido rencor
por mi cuerpo escurriendo

ahora que estuve
en casa del odiado
ahora que probé
el desayuno del odiado

ahora que me puse
su jersey
sus zapatos
su corazón
su frente

ahora que entendí
un poco
al odiado

el rencor desprendiéndose
como un antiguo peso
que deja de pesar

el rencor disipándose
como un dolor rebelde
que para de doler

raro placer
del punzón ya arrancándose


del rencor que se suelta
y me suelta

domingo, 6 de julio de 2014

Soy una fábrica (por Vladimir Mayakovski)


Se le ladra al poeta:
«¡Quisiera verte con un torno!
¿Qué, versos?
¿Esas pamplinas?
¡Y cuando llaman al trabajo, te haces el sordo!»
Sin embargo
es posible que nadie
ponga tanto ahínco en la tarea
como nosotros.
Yo mismo soy una fábrica.
Y si bien me faltan chimeneas,
esto quiere decir
que más coraje me cuesta serlo.
Sé muy bien
que no gustáis de frases vacías.
Cuando aserráis la madera, es para hacer leños.
Pero nosotros
qué somos sino ebanistas
que trabajan el leño de la cabeza humana.
Por supuesto
que pescar es cosa respetable.
Echar las redes.
¿Quién sabe? ¡Tal vez un esturión!
Pero el trabajo del poeta es más beneficioso:
la pesca de hombres vivos, esto es lo mejor.
Enorme, ardiente es el trabajo en los altos hornos,
donde se forma el hierro chisporroteante.
¿Pero quién
se atrevería a llamarnos holgazanes?
Nosotros bruñimos las mentes con áspera lengua.
¿Quién es más aquí?
¿El poeta o el técnico
que procura a los hombres
tantas ventajas prácticas?
Los dos.
Los corazones son también motores.
El alma es también fuerza motriz.
Somos iguales.
Camaradas de la clase trabajadora.
Proletarios del cuerpo y del espíritu.
Solamente unidos,
solamente juntos podremos engalanar el universo,
acelerar el ritmo de su marcha.
Ante una oleada de palabras, levantemos un dique.
¡Manos a la obra!
¡Al trabajo, nuevo y vivo!
Y a los que discursean
que se les mande al molino.
¡Para que el agua de sus discursos haga girar sus aspas!

sábado, 5 de julio de 2014

La envidia (por Sigfrido Radaelli)

Un corazón alimentado de pesadumbre,
una sucia y lívida columna de fuego,
una gesticulación alevosa,
una mano devorada por monstruos
y otra vacía.
Tengo que retratarte así
mientras rumias tu propia aridez,
mientras tus ojos se cubren de melancolía
porque el bien de tu prójimo
brilla inocente.

viernes, 4 de julio de 2014

Antepasados (por Vicente Sabido)


Llegaron de muy lejos.
Hartazgo de camino
sembrado de esperanza.
Hicieron sus cabañas,
sepulcros y alcazabas
con cánones exóticos.
Dejaban tras de sí
paisajes más bravíos,
recuerdo sin raigambre.
Eran escoria, ripio
sin tiempo ni ventura.
Vinieron, se quedaron.
Están. Somos nosotros.

jueves, 3 de julio de 2014

Sujetamos recuerdos (por Begoña Abad)


Mi madre no recuerda el nombre se su madre.
Ha olvidado el camino de regreso a la vida,
no sabe usar el peine, ni la cuchara,
se pone, casi siempre, la chaqueta al revés
y revuelve los cajones en su memoria,
pero siempre sonríe al escuchar mi nombre.

Mi madre no recuerda si tuvo algún amante,
si ha viajado muy lejos, si ha perdido algún tren,
dónde están sus anillos, si alguna vez fue guapa,
que le gustaba tanto el Chinchón y el café,
que las letras unidas tienen significado
y que el perro que amaba nos dejó ya hace un mes.

Mi madre me recuerda, sin amargura,
lo que yo he olvidado tan tontamente,
la oración de su abuela que me dormía
las canciones de cuna que me cantaba,
y unas romanzas moras que, en letanía,
desgrana mirando por la ventana.

Mi madre y yo sujetamos recuerdos olvidados
como podemos, a veces con dolor,
otras con risas, siempre con esperanza.

miércoles, 2 de julio de 2014

No abandones (por Rudyard Kipling)


Cuando las cosas vayan mal como ocurrirá a veces,
cuando el camino que difícilmente recorres parezca todo él cuesta arriba,
cuando los recursos sean escasos y altas las deudas
y quieras sonreír pero tengas que suspirar,
cuando la inquietud te pese…,
descansa si es necesario pero ¡no abandones!

La vida es rara con sus giros
como cada unos de nosotros a veces aprende
y más de un fracaso da media vuelta
cuando podría haber ganado si hubiera insistido.
No abandones aunque la marcha parezca lenta.
Puede que con otro paso más tengas éxito.

El éxito es fracaso vuelto del revés, el tono
plateado en la nube de la duda,
y nunca puedes decir lo cerca que estás.
Puede que esté cerca cuando parece tan lejos.
Así que insiste en luchar cuando más duramente seas golpeado.
Es justo cuando las cosas parecen peores cuando no debes abandonar.

martes, 1 de julio de 2014

Con quién nos mediremos (por Cintio Vitier)


El árbol sabe, con sus raíces y sus ramas,
todo aquello que puede ser un árbol:
¿o acaso también falta
a su mitad visible otro esplendor
que es lo que está sufriendo y anhelando?
No lo sabemos. Pero él
no necesita conocerse. Basta
que su misterio sea, sin palabras
que vayan a decirle lo que es, lo que no es.
El árbol, majestuoso como un árbol,
lleno de identidad hasta las puntas,
puede medirse cara a cara con el ángel.

Y nosotros ¿con quién nos mediremos,
quién ha de compartir nuestra congoja?
Ved ese rostro, escrutad esa mirada
donde lo que brilla es un vacío,
repasad como en sueños
esas líneas dolorosas en tomo de los labios,
ese surco que ha de ahondarse en la mejilla,
la desolada playa de la frente,
la nariz como un túmulo funesto. ¡Qué devastado reino,
qué fiero y melancólico despojo, humeando todavía!
Sólo otro rostro podría comprenderlo.
Así nos miramos cara a cara, el alma desollada,
con el secreto júbilo insondable que nos funda,
que está hecho de vergüenza
y de un extraño honor.


lunes, 30 de junio de 2014

Me disteis un instante (por Juan Vicente Piqueras)


¡Oh dioses, hondos dioses, altos dioses,

seáis o no seáis, qué poco importa!


me disteis un instante

en esta vida, un día

breve, encendido, ciego, luminoso,

para abrazar el aire, arder de amor,

gozar, sufrir, cantar, saber, decir,

aprender a deciros

sencillamente gracias.



domingo, 29 de junio de 2014

Y aun así brilla en tus ojos (por Antonio Orihuela)


Me tomas de la mano

y a mitad de un cigarro

me dices que la herida de la operación de hernia estrangulada

no termina de cerrar por falta de plaquetas en los glóbulos rojos,

que se te ha disparado el azúcar

y la tensión va a su puta bola

dispuesta a joderte el corazón en cualquier momento,

y además está lo del hígado, los pies, los pulmones...

y aun así

brilla en tus ojos

la extraña luz de los rebeldes.


Me dices que aquí no te va quedando nadie,

que tal vez te bajes al sur, con tus hijos,

definitivamente.


Me dices que España es una caverna

habitada por cuarenta millones de cadáveres.


Me dices que estás paseando por Picadilly

debajo de una gabardina

y llevas un ómnibus rojo en el bolsillo para tus hijos.


Me dices que en medio de la escasez y de las sombras

has decido casarte con una comunista

por la Iglesia.


Me dices que es domingo

y hombres sonrientes,

con un mundo nuevo en los corazones,

se agitan dentro de monos azules

y marchan hacia el Alcázar.


Me dices que estás jugando con metralla

en el último agujero de obús

en el Parque del Oeste

en el frente de Madrid.


Me dices que eres un niño,

pero yo

solo veo

a un hombre

que se está muriendo.

sábado, 28 de junio de 2014

Todo nos dijo adiós (por Jorge Luis Borges)


Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.
Somos el agua, no el diamante duro;
la que se pierde, no la que reposa.

Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo
cambia en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.

Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja.

La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.



viernes, 27 de junio de 2014

Parecerse al aire (por Robin Myers)


Según lo veo, el cielo es otro mundo, nada más,
y yo no soy de ahí.
Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades,
que viven tan hondo que casi no son peces, sino apenas
pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño.
Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina.
De intentar respirar, nos ahogaría el agua,
y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces
se la pasan nadando por ahí, con sus luces de giro y sus dientecillos,
comiendo lo que sea que comen,
todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada;
y todas esas sombras y las cosas que brillan,
junto con la comida invisible de los peces,
tienen bastante más sentido que nosotros.
¿Por qué sería diferente el cielo?
Otro país por el que para entrar tenemos que morir,
y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos,
y hay que aprender a parecerse al aire
después de caminar durante tantos años.
Cuando a la noche prendo una vela al costado de mi cama,
eso es lo más que llego a parecerme
a los peces de las profundidades.
Se me voló el sombrero un día de viento;
quizá eso se parezca un poco a volar
o a tener un espíritu o a ser uno. Jamás volví a encontrarlo.
Quizá llegue a algún lado antes que yo,
quizá me quede donde estoy sin él.

jueves, 26 de junio de 2014

Llega al corazón (por Jorge Riechmann)


Llega a ser el que eres.
Llega a habitar el lugar donde vives.
Llega a pensar tus propios pensamientos.
Llega a aproximarte a tus prójimos.
Llega a hacerte cargo de tus acciones, y a amar a aquéllos a quienes amas.
Llega al corazón de las tautologías que en realidad no son tales.

miércoles, 25 de junio de 2014

Después del tiempo (por Octavio Paz)


¿Sólo en el tiempo soy? ¿Sólo soy tiempo?
¿Una imagen que huye de sí misma
y está más lejos mientras más se acerca?
¿Soy un llegar a ser que nunca llega?
Lo que fui ayer -las nubes, la muchacha,
y en recodo de cualquier momento
la no invitada sombra de la muerte-
no fue, no llegó a ser, no será nunca:
ayer está pasando todavía
y nunca acaba y nunca llega.
“Después del tiempo”: pienso, “está
la muerte
y allí seré por fin, aunque no sea”.
Mas no hay después ni hay antes y la muerte
no nos espera al fin: está en nosotros
y va muriendo a sorbos con nosotros.

martes, 24 de junio de 2014

Entro en la vieja casa (por Gianni Siccardi)


La casa bosteza su pasado

en el lamento de los tatuajes del techo

grietas que guardan las miradas furtivas

de sus antiguos habitantes.


Crepitan las historias oxidadas de los muertos.

en la memoria de la casa

sus risas grotescas

sus estériles agravios

que entran y salen

de la cárcel de las habitaciones

sus fugaces deseos repentinos

a media luz

que nunca se jugaron la vida.


La sombra mezquina

de sus minúsculas batallas

sube lentamente por las paredes

y una gelatina de humores sombríos

avanza con un gemido amenazante

y se apodera

de las secretas cicatrices de los zócalos

del silencio pudoroso del armario.


Los gritos de la casa

sus alcobas inconfesables

aparecen de pronto en sus cerraduras trabajosas

en sus espejos

atiborrados de caras desconocidas.


Y esos aullidos amordazados

que interrumpen la noche

¿son los llamados paganos de los vencidos

antiguos habitantes

o los desvaríos de la casa

y su vendaval de ausencias?


¿Y ese rumor de ropa tendida?

¿Ese suculento olor a guisos?

¿El golpe de viento en las ventanas ajadas

y el arrastrar de sillas en el piso indefenso?

¿Y la música gangosa de una radio

que todavía se queja de sus achaques?


Estas habitaciones

me echan en cara su pasado irreparable

sus trabajos para sobrevivir

a tantas historias

y muecas y diálogos fracasados

y pequeñas traiciones domésticas.


El centro de las habitaciones

donde se palpan

los cuerpos enredados de los amantes

y sus asfixias y ceremonias y delirios

sus gestos demenciales

sus respiraciones de náufragos

sus besos a la deriva

la celebración de la eterna fogata

donde crecieron los sexos

y se abrazaron.

Palpo sus suspiros desgarradores

que iluminan toda la casa

y la casa se estremece

con una alegría insensata.


¿Merezco este lugar

estas paredes?

¿Podré sobrellevar los excesos

de los desconocidos antepasados?

¿Podré ser el legítimo heredero de esos años?


Extranjero

advenedizo

intruso

extraño

usurpador.


Entro al baño

y veo a sus mujeres

que enjabonan sus cuerpos sagrados

detrás de la cortina.

Ahora

la exactitud de los gestos rápidos

de la eficaz mujer solitaria

que verifica con mirada higiénica

el trabajo de sus manos asépticas

sobre el mapa de su piel.

Ahora

la lentitud de esa otra que adormece

los rincones más redondos de su cuerpo

bajo la sensualidad de la lluvia caliente

y se demora en ese refugio

que le oculta al mundo

y el jabón encuentra

entonces

su verdadera naturaleza

de espuma soñadora

de crema voluptuosa

de miel reparadora.


Salgo a la libertad del patio

y las voces de los chicos

se me suben a los hombros.

¿Serán ahora ancianos

abuelos

penosos jubilados

acortando las tardes frente al televisor

o inventando el pasado

con sus débiles voces quejumbrosas?


¿Por qué dejaron la casa?

¿Por qué permitieron

que el intruso que soy atravesara la puerta?

¿Nacieron aquí?

¿Murieron aquí?

¿Escribieron aquí cartas de abandono y desasiento?

¿Sonó el teléfono para destrozar sus lágrimas?

¿Amaron hasta la extinción de sus cuerpos?


Con permiso.

Déjenme entrar.

Soy el nuevo ocupante de la casa.

lunes, 23 de junio de 2014

Apenas mi perfil (por Máximo Simpson)

Yo quise ser un rojo violín desorbitado,
un exabrupto eterno,
un jardín de magnolias o una tromba,
y sólo soy ahora profesor de nostalgias,
edecán del otoño pesaroso.

Yo quise ser el mar,
o tal vez quise ser lo que no quise,
un triángulo isósceles o un trueno,
o una momia egipcia
con su paz infinita, imperturbable.

Eso quise tal vez en mi constancia,
en mi apuro, en mi afán, en mi zozobra,
quise ser el revés, la mano izquierda,
el costado de mí, mi renegado,
y sólo soy mi tú, mi pobre mí,
un pronombre ya exhausto,
un posesivo huérfano, un despojado mi.

Eso quise tal vez,
y sólo soy ahora mi vecino,
apenas mi perfil, mi suroeste,
mi terco lateral:
estoy en la adyacencia limítrofe de mí,
y siento desazón, me extraño mucho.

domingo, 22 de junio de 2014

Condenados a fósiles (por Carlos Juárez Aldazábal)

Si es por tragedia, alguien debería
contar la historia de los trilobites,
animales marinos condenados a fósiles,
a que nadie humedezca sus mañanas
ni recuerde la razón de los abismos.
Pero no se trata de escribir lo que se sabe.
Aquí la tragedia es no poder despedirse,
no poder desear buena ventura,
un “que te vaya bien, que todo amaine”.
No se conocen las rutas de la muerte
ni los designios del azar que transforman los restos.
No se conoce el rumbo, ni el color, ni la forma.
Sólo sabemos lo que supura el ojo,
y líquido por líquido, ojo por ojo,
es la tragedia la que decora el cuadro:
caminata torcida para subir un cerro
con fósiles marinos creciendo en sus cornisas.
Un caprichoso adiós, que ya no importa.

sábado, 21 de junio de 2014

Vuestro son en mis oídos -“oda a Salinas”- (por [fray] Luis de León)

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primero esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo vil adora
la belleza caduca, engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran maestro
a esta inmensa cítara aplicado
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entre ambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí el alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él así se anega
que ningún accidente
extraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a este bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de continuo,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos!

viernes, 20 de junio de 2014

La mañana absuelta (por Gabriel Celaya)

Con los ojos limpios
veo la nueva primavera,
la mañana absuelta.
Con los ojos lavados de pensamientos,
la alegría es otra vez lo que comienza
sin ideas,
la locura feliz, lo que se estrena.

Allí está el mar. Mira el mar.
Los pinos tiemblan
aquí, que no, que sí.
La brisa me envuelve, vuela mi camisa
y un frescor me anima.

Con los ojos cerrados
pienso en mis queridos amigos muertos
que no viven esta dicha.
Con los ojos abiertos
mi sonrisa riza la melancolía.

jueves, 19 de junio de 2014

Y el agua me columpia (por Matilde Alba Swann)


Y la lluvia sonríe, canta dentro

del cristal que me habita

y repercute

sobre un suelo ya antiguo

en otras lluvias, y otras tardes miradas

desde lejos.


Mi ventana de ver el mundo, abierta,

y mi puerta a algún náufrago,

descubro

que no hay puertas,

que nunca hubo ninguna

para abrir, ni cerrar; que estuve afuera.


Y esta lluvia...


La tarde me habla quedo

como un hombre, cansado ya de días,

que repite y repite la aventura

no vivida,

y es su única aventura.


Que no sea la noche aún, imploro;

que esta penumbra se prolongue

y siga.

Que no llegue la sombra, que no arribe

la hora parda,

y el agua me columpia; recién nazco,

es temprano, necesito

de la gracia de un pétalo de tiempo,

del milagro de dar

mi voz exacta.


Un rocío ya apenas, esta lluvia

se ha quedado fulgiendo

en las corolas

amarillas y rojas de mi patio.

En cada gota –yo te absuelvo– escucho,

de la espina y la herida

que causaste.


Esta lluvia, el perdón, y mis rosales.


Emplumada de gris, vuela la tarde.

miércoles, 18 de junio de 2014

Aunque tomen otros caminos (por Karol Wojtyla)


Querido hermano
eres como una inmensa tierra
donde de pronto los ríos se secan
y el sol quema el cuerpo
como metal fundiente.
Siento tus pensamientos
como míos
aunque tomen otros caminos.
Porque usaremos la misma balanza
para pesar la verdad y el error.
Es como una fiesta:
pensamientos que brillan
diferentes
en tus ojos y en los míos
aunque sea la misma

sustancia para ambos.

martes, 17 de junio de 2014

Con su temblor (por Eugenio Montejo)


Escribo al lado de esta vela,

de esta vela que tiembla.

Le queda llama, pero tiembla,

cree, como yo, que ya no cree,

que alumbra sola frente al universo.


Despacio cae la indescifrable noche

con sus astros girando.

La vela erguida, contra el mundo, arde,

y en mi cuaderno lenta se derrama

su luz atea.

Estamos solos uno frente al otro,

ella con su temblor y yo, mirándola,

mientras en derredor, junto a su lumbre,

van y vienen los vuelos planetarios

de pequeños insectos que dan vueltas,

la errante lucha de una galaxia mínima

que quizás gira porque cree, porque no cree,

que gira porque gira…

lunes, 16 de junio de 2014

Claros rayos en mi vida oscura (por Antonio Buero Vallejo)


Te contaré, Gerardo,
cierta historia secreta.
Dentro de los pupitres
tu Antología brillaba.
Capturábamos versos cual luciérnagas
de Juan Ramón, Alberti, Lorca, Huidobro.
Y tuyos. El pocillo
de tinta violeta
aún competía con la estilográfica.
Albert Samain diría, Vallejo dice...
Y yo, sin decir nada.
Yo no era aquel Vallejo.
(Pensando en otra cosa
cuarenta años más tarde
repito, sin embargo, esas palabras
como un raro estribillo esquizofrénico.)
Estalló la bombona
de sangre, frío, piojos.
Entre disparos, miles de estudiantes
musitaban aún cercanos versos.
Supervivientes joyas
contadas una a una
después, en grises celdas.
Nuestro pobre tesoro.
De tarde en tarde alguna gema nueva.
En un viejo envoltorio de sardinas
hallé la luz verdosa
de tu farol cantábrico
y nunca me abandona el reverbero
de su jugosa pulpa azucarada.
Tu giratoria lluvia
robé mas tarde
y en mayo siempre es mía.
Ahora nos acompañas
en el café, a unos pocos que quedamos,
como si en vez de ser Gerardo Diego
un jubilado fueses.
El luminoso nácar
de una bella cercana nos ignora.
Aún no está dicha la palabra Dicha,
piensas, y yo contigo.
Pero el verso la encierra
nombrada y poseída.
Otros adolescentes
(limpios o ensangrentados, no se sabe)
acopiarán, dichosos, el tesoro.
Renovados Quevedos
te han de oír con sus ojos.
Gracias, Gerardo, por tu centelleo
de claros rayos en mi vida oscura.
La astucia excusarás de estos renglones;
no ignoro, bien lo sabes, que son prosa.

domingo, 15 de junio de 2014

Limpieza (por Irene Gruss)

Jabón y agua tibia arrastran lo que quedó de la fiesta.
Todavía no es rancio el perfume del vino
y el ahora pastoso manjar barrido de los platos
es burbuja que salta en un mover sagrado:
limpieza;
otra vez la vajilla sin mácula,
nada que reste de alegría tan breve, esmerada
en un durar interior.
Lo que brilla es pasado y preparación
para –y aún más breve– lo que urge, lo que se aproxima, inevitable reunión
y ágape: ¿has amado
o lavado así?

sábado, 14 de junio de 2014

Y te paras a verte (por Jaime Gil de Biedma)


¿De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

¡Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

viernes, 13 de junio de 2014

Entonces se va a acabar (por Paulo Leminsky)


cuando yo tenga setenta años
entonces se va a acabar esta adolescencia

voy a dejar esta vida loca
y terminar mi libre docencia

voy hacer lo que mi padre quiere
comenzar la vida con paso perfecto
voy hacer lo que mi madre desea
aprovechar las oportunidades
de transformarme en un pilar de la sociedad
y terminar mi curso de derecho

entonces veré todo con sana conciencia
cuando acabe esta adolescencia

jueves, 12 de junio de 2014

Como si este verano fuera el mismo (por Lola Mascarell)


Cuando volvéis a la ciudad, vencejos,

acaso regresáis como si nada

hubiera sucedido desde entonces,

como si este verano fuera el mismo

que dejasteis ayer flotando inmersos

en el giro sin fin de vuestro grito.
 


Pertinaces y aleves os he visto

volando en redondel sobre el asfalto,

dejando en el presente la sospecha

de un retorno falaz al tiempo antiguo.

¿Por qué nos engañáis con la esperanza

de habitar otra vez aquel instante

que el aire se ha llevado para siempre?


Unidos al misterio de la rueda

esta tarde, otra vez, habéis cruzado

las altas azoteas incendiadas.

Otra vez, obstinados, agoreros,

otra vez ululando en desbandada

otra vez, esta tarde, habéis trazado

un círculo sonoro que constela

el nítido crepúsculo de junio.


Y al cabo del estío que os regresa,

de nuevo os marcharéis mientras nosotros

tratamos de afrontar esa certeza

de ser como vosotros breve vuelo,

leve sombra fugaz sobre la tierra.

miércoles, 11 de junio de 2014

Quién sabe a dónde (por Pär Lagerkvist)


La vida se me va… Quién sabe a dónde
Con la luz parte… Sigilosamente
se aleja de mí sin decir a dónde.

Lo mismo que un amigo
que me abandona sin decir palabra,
que me abandona en soledad conmigo.

Si le pregunto: ¿A dónde vas, a dónde?
se sonríe sin más, plácidamente,
sin dejar de partir quién sabe a dónde.

Le grito con angustia:
Mírame aquí, viviente, vivo. ¿A dónde
quieres que te siga? -Y con risa mustia,
“Tú no eres yo” -doliente me responde.

martes, 10 de junio de 2014

Llegaron del desierto (por Nadia Anjuman)

El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
nos llega desde la carretera
almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto
su ardiente respiración y el espejismo fundido
de sus bocas secas y cubiertas de polvo
nos llegan ahora desde la carretera
sus atormentados cuerpos, muchachas criadas en el dolor
la alegría alejada de sus rostros
corazones viejos y alineados de grietas
no surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
ni una lágrima brota del seco cauce de sus ojos
¡Oh Dios!
¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo
alcanzan las nubes?
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia

lunes, 9 de junio de 2014

Un baño mágico (por May Swenson)


En el amor nos hacemos visibles
Como en un baño mágico
nos pelamos
hasta la afilada médula
tan largamente escondida

En el amor alerta
reconocemos
el mudo quejido
del alma
detrás de los ojos
Se abre un conducto
y tímidamente
salta a la superficie
con alas abiertas

Las yemas de los dedos del amor descubren
más que la suavidad del cuerpo
Revelan un conducto escondido
para la transfusión
de empatías que burlan
la intrusión de la mente

En el amor nos liberamos
En su objetividad, el hueso
y la carne ya no nos aíslan
Nos descargamos
y fluimos yo a tu copa y tú a la mía
Frágiles, nuestros frascos se perforan
el mío bebe el tuyo
el tuyo el mío

Quien ama nunca sabe por qué ama (por Fernando Pessoa)


Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo.
Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender.
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo…
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la naturaleza
no es porque sepa lo que es
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama,
ni sabe por qué ama, ni qué es amar…
Amor es la eterna inocencia
y la única inocencia es no pensar.

domingo, 8 de junio de 2014

Sino tú misma (por Paul Éluard)


Te amo por todas las mujeres que no he conocido.
Te amo por todos los tiempos que no he vivido.
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente.
Por la nieve que se funde por las primeras flores.
Por los animales puros que el hombre no persigue.
Te amo por amar.
Te amo por todas las mujeres que no amo.

Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco
sin ti no veo más que una planicie desierta.
Entre antes y ahora
están todas estas muertes que he sorteado sobre paja.
No he podido atravesar el muro de mi espejo.
Tuve que aprender la vida como se olvida
palabra por palabra

Te amo por tu sabiduría que no me pertenece.
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión.
Por el corazón inmortal que no poseo
crees ser la duda y no eres sino razón.
Eres el sol que me sube a la cabeza
cuando estoy seguro de mí.

sábado, 7 de junio de 2014

Y en general te habías ido (por Juan Gelman)


Solo de ti, lleno de ti,

esta tarde a las 7,

el ciudadano de tu ausencia

se palpaba la cara, la voz, los papelitos,

de veras comprobando

que tus ruidos andaban por sus huesos

y en general te habías ido.


Golpeó puertas, teléfonos.

La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora,

y él sentía tirones detrás del corazón.

A lo mejor era el tabaco,

de todos modos yo soy otro:

un pedazo de ti,

alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos,

y, anda a saber por qué,

toda la parentela de la muerte.

viernes, 6 de junio de 2014

Anda a saber (por Susana Thénon)


¿por qué grita esa mujer?
¿por qué grita?
¿por qué grita esa mujer?
andá a saber

esa mujer ¿por qué grita?
andá a saber
mirá que flores bonitas
¿por qué grita?
jacintos margaritas
¿por qué?
¿por qué qué?
¿por qué grita esa mujer?

¿y esa mujer?
¿y esa mujer?
vaya a saber
estará loca esa mujer
mirá mirá los espejitos
¿será por su corcel?
andá a saber

¿y dónde oíste
la palabra corcel?
es un secreto esa mujer
¿por qué grita?
mirá las margaritas
la mujer
espejitos
pajaritas
que no cantan
¿por qué grita?
que no vuelan
¿por qué grita?
que no estorban
la mujer
y esa mujer
¿y estaba loca mujer?

Ya no grita

(¿te acordás de esa mujer?)

jueves, 5 de junio de 2014

Caminos del espejo (por Alejandra Pizarnik)


I


Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II

Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

III

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV

Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V

Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

VI

Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII

La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII

Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX

Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X

Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI

Al negro sol del silencio las palabras se doraban.


XII

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

XIII

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV

La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV

Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

XVII

Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII

Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX

Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

miércoles, 4 de junio de 2014

Hablo de la desolación (por Félix Grande)


1


Baja desde el futuro un tufo a crimen ecuménico
el mono horrible de la muerte espesa
remontando la selva calcinada que muestra el vaticinio
amanece jugando sobre los hombros del presente infectado
el mono horrible con su mueca colorada epiléptica
tira de las orejas a américa a asia a europa
retuerce la nariz al rostro occidental
mete los dedos en los ojos de oriente
y atormenta a la hoja del calendario que esta noche
con la unción del terror arrancamos entre silencio
desciende avanza esa bufatarada de infortunio
es como un tren de pudre que recula hacia ahora
con el furgón de cola cubierto de gusanos
y la locomotora vociferando ardiendo
diluvia una nación de llamaradas gigantescas
sofoca el hondo amago de los hongos horrendos
nos refuta la visión entrevista de un dolor general desde donde
como avispas locas emanarán las quejas metálicas
imágenes de pueblos derritiéndose como azúcar morena
un fragor de infinito final de lumbre extraordinaria
un resuello vastísimo como un átono coro
que interpretara augusto a las incalculables agonías

entre la urdimbre de lianas de los congresos de la paz
entre la fronda pantanosa de la bolsa del armamento
ágil y alucinante peludo apocalíptico baja desde el futuro
avanza el mono horrible de la muerte avanza oliendo
a multitudes agrietadas a naciones recubiertas de astillas
el mono llega haciendo cabriolas se detiene y restriega
en la epidermis del presente su bárbara pelambre
y se masturba cínico colgado del horror que anticipa
péndulo sonriente y espantoso miradlo

el tiempo se ha caído en un embudo loco
y gira y se revuelve y se transforma en una gelatina
que hiede al tenso crimen que estalla en el futuro
el tiempo desconchado desordenado avanza y retrocede
se contrae y se expande perdidas sus bisagras
como un motín de puertas al abordaje del vacío
el tiempo retorcido sin brújulas ni mandos
clama eructa enloquece y a los pies del presente
descompuesto vomita sus venideras hecatombes.

2

(Tenemos miedo. Tenéis miedo.
Nosotros, para quienes ni existe
la calderilla del poder, subimos
por la espina dorsal del miedo.
Vosotros, a quienes el poder os ha servido
matinalmente junto al desayuno,
descendéis por la espina dorsal del miedo.
Tenemos miedo. Tenéis miedo.
Pero mientras que nuestro espanto
segrega miradas circulares, busca
grietas de humanidad a lo largo de la amenaza,
vuestro pánico graso solamente rezuma
venalidad y odio. Nuestro miedo
es igual que un antílope en el bosque incendiado;
el vuestro, un gato oscuro, arrebujado de arañazos.
Nuestras manos hinchadas de terror
buscan únicamente manos;
las vuestras buscan mapas,
y tórridos decretos y fusiles.

Tenemos miedo. Tenéis miedo. El nuestro
es apesadumbrado y deambulante;
el vuestro, acorazado y tumefacto. Todavía,
pulpos de hipocresía, salamandras bursátiles,
todavía hay clases entre los espantados. Todavía
hay diferencias de matiz que advierten
la víctima en un miedo y en el otro la hiena.)

3

se acabará oír mirar nacer
el venero del mundo se quedará obstruido
el manantial que baja entre las grietas de las peñas
luego sin ojos sin oídos sin labios ni hocicos que los usen
viudo y errante sonará por las faldas de la montaña
como un balido dilatado y solo
-nunca la soledad habrá tenido tantísimas campanas-
torcidos vegetales con la fibra reseca cerrarán sus testuces en la tarde vacía
y el cogollo de polvo de los caminos miserables
irá borrando lentamente las antiguas pisadas:
hablo de la desolación

el mar los cinco océanos lamiendo
con su lengua bovina los arrecifes calcinados
y en los puertos pesqueros las barcas con su nombre de hembra
amable y torpemente escrito debajo de la quilla
una vez podrida la maroma otearán por la costa
bamboleándose humildes en el ir y venir de las mareas
algún velero inerme errará como un cáncer
sobre la superficie del agua solitaria:
hablo de la desolación

donde una raza hubiera sobrevendrá una estepa
interceptada vagamente por montones irregulares
de materias innominadas y de escombros enfermos
en los campos concisos y como rastro de la locura
brillarán entre el abandono las camisas de las serpientes
cadáveres de cuerpos y de grajos pernoctarán de día y de noche
junto a cadáveres de reses en atroz camaradería:
hablo de la desolación

4

miradlo ahí está todo mirad bien el diario
que alguno de vosotros depositó en la mesa
con la unción del terror

mirad el gorgoteo de todos esos titulares
que algún linotipista compuso lentamente
con la unción del terror

recorred esas crónicas meticulosas que alguien
mirando por encima del hombro tecleó sobre la máquina despacio
con la unción del terror

sumad todo el silencio del periodista en sus informes
sumad la lentitud del cajista en su sótano
sumadle al viejo vendedor del kiosco su temblor boreal
sumad la expectativa inerme del amigo que puso
ese periódico en la mesa ¡y abocicaos en ese impreso
como vacas sedientas y saciaos! y miraos después
los unos a los otros chorreando babillas de terror
desde las comisuras que han bebido y leído
y rumiad luego extenuados
en esta habitación donde el diario preside
¡y vociferad de una vez con las mandíbulas de bronce
ante esas grietas que se abren como unas fauces de prehistoria!

5

como un ecuador criminal cuelga el filo de un hacha
que de un cercén promete liquidar a la historia
la historia lo que ha sido algo más que un macizo concepto
la historia lo que ha sido la urdimbre emocionante
de una conducta universal y un fragor de futuro
arrebatado adobe a adobe y sílaba tras sílaba

humanismo coraje la emoción misteriosa de la vida
todo el largo cordón umbilical mediante el cual los siglos
se insuflaban el uno al otro alimento para nacer
la permanencia modificada que venía desde épocas remotas
las vaginas abriéndose como sangrientos túneles
al paso de las asunciones toda esa celular aritmética
toda esa turba de pasión y de esfuerzo fue la historia

todo el bárbaro ceño del amor
la multitudinaria voluntad de camaradería
los musculosos sueños de aquellos que empleaban su existencia
en combatir las causas del miedo y del desastre
aquellos luminosos desprendidos segregando futuro
aquella obcecación purísima que era un imán aquello
aquello fue también la historia
la historia era también la nervatura de las esperanzas
ese relevo inmemorial de los hombres de ciencia
combatiendo obstinados a los males mortíferos
a la busca de un cósmico resuello de alivio y de fortuna
sí mientras giraban los planetas majestuosos
y crecían las galaxias y se dilataba la mañana del mundo
ellos con batas blancas manos limpias y pequeñas necesidades
miraban a los cancerosos retorcerse en sus vidas únicas
y corrían hacia sus rincones sus materias sus cálculos
con la idea del servicio humano como un clavo en su corazón
la suma de esos grandes calenturientos era también la historia

la historia fue esa marcha ese avance de fiebre
ese alpinismo llameante por la mañana de las edades
ese proyecto general de pasos ese búcaro gigantesco
donde el agua del tiempo alimentaba las flores de los actos
esa mirada taladrante a la persecución del porvenir

¿el porvenir? hoy cuelga un hacha incomprensible
sobre la yugular de la historia el hacha chirriando pendulando
convierte al porvenir en un minuto en un segundo en nada
convierte a la conciencia en una llama en un harapo en un escalofrío
¿el porvenir? ¿la historia? ¿la grandeza? ¿la multitud? ¿el hacha?
¡fuimos muchos amamos creímos quisimos lo mejor para todos!

6

(dan ganas de matarse y de llorar al otro borde del suicidio
ganas de ser un muerto que llora todavía
ganas de estar en una caja rodeado de aquellos que te aman
y continuar llorando amarillo hediondo
llorando por las quietas mejillas apagadas
dan ganas de llorar desde el subsuelo de la muerte
y contagiar de lágrimas y muerte a quienes contemplan tu cadáver
hasta que todos muertos en la alcoba callada
no haya más que un llorar de muertos congregados
un fluir de muchas lágrimas desde pestañas frías un fluir en el silencio y en la quietud y en la sombra
un fluir que repitiera dulcemente: asesinos).

martes, 3 de junio de 2014

Una fuente se desagua (por Brian Patten)


Y a veces sucede que ustedes son amigos y luego
no lo son,
y la amistad ha terminado.
Y se pierden días enteros y entre ellos
una fuente se desagua sola.
Y a veces sucede que eres amado y luego
ya no te aman,
y el amor ha pasado.
Y se pierden días enteros y entre ellos
una fuente se desagua sola en la hierba.
Y a veces quieres hablar con ella y luego
no quieres hablar,
y la oportunidad ha pasado.
Tus sueños se inflaman, y de pronto se desvanecen.
Y también sucede que no hay lugar adonde ir,
y después hay un lugar adonde ir.
Y luego te has pasado de largo.
Y los años se inflaman y se van
más rápidos que un minuto.
Así que no tienes nada.
Te preguntas si esas cosas importan y luego
dejan de importar,
y la ansiedad ha pasado.
Y una fuente se desagua sola en la hierba.

lunes, 2 de junio de 2014

La nueva ausencia (por Philip Larkin)

La cortadora se detuvo un par de veces, al arrodillarme encuentro
un zorrillo acurrucado frente a las cuchillas
ya muerto. Había hecho en el pasto alto su refugio.

Recuerdo haberlo visto antes, incluso una vez le di de comer.
Ahora yo había dañado su ignorado mundo.
No había modo de arreglarlo. En nada iba a ayudar que lo enterrase.

La mañana siguiente yo me levantaría y él ya no.
El primer día después de una muerte, la nueva ausencia
es siempre la misma. Debemos tener cuidado

de cada uno de nosotros y los demás. Debemos ser buenos
mientras todavía haya tiempo.

domingo, 1 de junio de 2014

A quién saliste (por Saiz de Marco)

Mulato
hijo de blanco y negra
o tal vez hijo de negro y blanca
tu madre esclava
tu padre libre
barcos en África
argollas
látigos
tu padre quizá dueño de tu madre

Y tú qué eres
a quién saliste
híbrido
aleación genética de
los que atan y los que van atados

La triste historia del mundo en tus ancestros
toda esa estirpe en ti desembocando

Hijo de violador y de violada
por tus venas la sangre de uno y otra

Hijo de abusadora y de abusado

En islas aniquilan a los guanches
en montañas arrasan a los incas
mosquetes y cañones contra flechas
tu tierra no es tu tierra
es nuestra ahora
tampoco tú eres tuyo sino nuestro
hemos venido aquí a cristianizaros
así que disponemos de coartada

Y tú en la piel de aquellos
guanches
incas
navajos
sioux

Pero en verdad tú no vienes de ellos
más bien vienes de quienes masacraron
o eres mestizo de impura cepa

Así que qué eres
eh tú quien eres

Tu propio hijo

el hijo de ti mismo

sábado, 31 de mayo de 2014

Tojo (por Miguel D´ Ors)


Ya sé que eres arisco, doloroso de trato,

que invades las laderas con tu espesura hostil,

que ciegas los caminos (ahora mismo le están

doliendo a mi recuerdo

las rúbricas sangrientas que ponías

en mis piernas de niño); pero, con todo eso,

a algún rincón de mí le inspiras algo

parecido al amor.


Será que estás dentro de mí, alfombrando

los veranos felices de la infancia;

será que aún cruza mi memoria el carro,

tirado por la «Roxa» y la «Morena»,

que del áspero monte te bajaba

a las cuadras de «A Costa»; será que si me heriste

nunca fue por la espalda.


O que quizá nos parecemos algo,

que, igual que tú, soy áspero y montuno,

que daño a quien me abraza


y que también, desde las mismas ramas

que sustentan mis púas, como tú, contribuyo

al esplendor del mundo

con unas pocas flores amarillas.

viernes, 30 de mayo de 2014

Más que piedra (por Amalia Bautista)


Para ti nunca fui más que un pedazo
de mármol. Esculpiste en él mi cuerpo,
un cuerpo de mujer blanco y hermoso,
en el que nunca viste más que piedra
y el orgullo, eso sí, de tu trabajo.
Jamás imaginaste que te amaba
y que me estremecía cuando, dulce,
moldeabas mis senos y mis hombros,
o alisabas mis muslos y mi vientre.
Hoy estoy en un parque, donde sufro
los rigores del frío en el invierno,
y en verano me abraso de tal modo
que ni siquiera los gorriones vienen
a posarse en mis manos porque queman.
Pero, de todo, lo que más me duele
es bajar la cabeza y ver la placa:
«Desnudo de mujer», como otras muchas.
Ni de ponerme un nombre te acordaste.

jueves, 29 de mayo de 2014

Cómo se nos van (por Charles Bukowski)


lo tenemos todo y no tenemos nada.

a algunos les va bastante bien por un tiempo y

luego aflojan. la fama los atrapa o el asco

o la edad o la falta de una dieta apropiada o la tinta

en los ojos o los hijos en la universidad

o los coches nuevos o una espalda rota esquiando

en Suiza o las nuevas políticas o la nueva esposa

o simplemente el cambio y la decadencia naturales

-ese conocido tuyo que ayer era capaz de soltar ganchos

diez asaltos seguidos o se pasaba tres días y

tres noches bebiendo por las montañas Sawtooht ahora

es sólo una cosa bajo una sábana o una cruz

o una lápida o bajo una vana ilusión barata,

o el que cargaba una biblia o una bolsa de palos de golf o un

maletín: ¡cómo se nos van, cómo se nos van!- todos

los que creíste que nunca se irían

miércoles, 28 de mayo de 2014

Nuevo amor (por Juan Ramón Jiménez)


En carne viva tengo

el corazón.

El roce de la rosa –de la mano-

con que me lo acaricias

me duele, ¡nuevo amor!


Vámonos a la sombra,

que el mirar mismo tuyo, dulce y bueno

mirar de estrellas,

me duele, ¡nuevo amor!


Y en carne viva tengo

el corazón.

Cállate, que tu suave voz

(y me habla de las nubes, de las naves,

de las fuentes, de las alas, de los iris del sol

y de la luna)

me duele, ¡nuevo amor!

martes, 27 de mayo de 2014

Para merecer el alma (por Yalal ad-Din Muhammad Rumí)


Abandona la razón, oh enamorado, sé loco.
Entra en el corazón del fuego, sé mariposa.

A la par extravíate y destruye tu casa.
Ven a morar entonces con los enamorados.

Limpia tu pecho siete veces de rencores.
Para el vino del amor sé entonces copa.

Alma del todo debes ser para merecer el alma.
Si a los ebrios te diriges, sé ebrio.

La perla de aquel pendiente real es la que acompaña el rostro.
Si quieres aquella oreja y aquel rostro, sé perla.

Cuando tu alma ascienda al cielo por nuestra hermosa leyenda,
anonádate y, como los enamorados, sé leyenda.

Eres tal noche de tumba, sé la Noche del Destino.
Como esta noche para las almas, sé morada.

Tu pensamiento va a algún lugar, allí te arrastra.
Abandona el pensamiento, si el destino llega sé vanguardia.

Deseo y apego son cerradura para nuestros corazones.
Sé la llave, y de esa llave sé diente.

La luz del profeta acarició la columna que emitió quejas de amor.
Menos que ella no eres, sé el quejumbroso.

Te dice Salomón: escucha el diálogo de los pájaros.
Eres trampa, de ti huye el ave, sé nido.

Si el ídolo enseña el rostro, llénate de él como un espejo.
Si se suelta el bucle el ídolo, sé peine.

¿Hasta cuándo tendrás cuernos como la torre, y poco te moverás como el peón de ajedrez?
¿Hasta cuándo, como la reina, irás de través? Sé sabio.

En señal de agradecimiento regalaste bienes y recuerdos.
Deja los bienes, a ti mismo hazte un regalo, sé la señal.

En una época fuiste elemento, en otra época animal,
en otra época el alma. Sé alma del alma, el alma de las almas sé.

Oh hablador, ¿hasta cuándo rondarás por el tejado y junto a la puerta?,
¡de un salto entra en la casa! Deja quieta la lengua, sé mudo.

lunes, 26 de mayo de 2014

Sólo sé que fue inútil (por Álvaro Valverde)


Quise volver de donde no se vuelve.

Si el viaje duró lo que dura una vida,
fue el destino culpable.
Nada hice que hoy me recuerde el pasado.

Una bruma extravía los mares que cruzara
y en el puerto se cubren las balizas de sal.
De las ciudades guardo la nostalgia del límite
y ningún barco lleva el nombre de mi reino.

Demoré la llegada sin saber que perdía
esa clave dudosa que dibujan los atlas.
Sólo sé que fue inútil.
Viviré de olvidarme.



domingo, 25 de mayo de 2014

Junto a nosotros (por José Luis Hidalgo)


¿Para venir a este mundo
en qué otro mundo habrás muerto,
hijo? ¿Qué voces te arrastran
y quién te echará de menos
allí, donde nadie sabe
que estás aquí y eres nuestro?

¿Cuántos días, cuántas noches
vivirás, mi dios pequeño,
junto a nosotros, oculto
y reclamado por ellos?

sábado, 24 de mayo de 2014

D.N.I. (por Francisco García Marquina)


Busco razón de mí en la cartera

y he logrado mirarme como me ven los otros

sobre esta cartulina

fulgente, indesteñible y taxativa.

Estoy constituido por mis dos apellidos,

un nombre impropio y un lugar común

de nacimiento. Una fecha lejana

que aumenta de ceniza cada día,

un sexo V con antecedentes

penales y a medio uso.

En su renglón: un padre y una madre

de hijo desconocido, una hipoteca

como domicilio y varias cifras

que me escoltan, que hablan por mí, que dictan

en líneas ordenadas que soy lo que no soy.

Me encuentro reducido

a varios casilleros, adornado

con una huella negra del delito,

pero muy bien dotado de un número larguísimo

que nunca he merecido. ¡Pero, ay,

si se rebela o huye alguna cifra

ya puedo darme por inexistente!

¿Qué hacer con este número

que yo he llegado a ser sin convicción alguna?

¿Dónde guardar lo mío que no tiene apellido

pero es lo más certero de mí mismo

aquello tan caliente y desastroso

como un gorrión ilícito

que vive a contrapunto de la calle?

Soy tenuemente un hombre

sometido a la vida aproximada

de ir empezando a ser el que deja de ser, cada momento.

Soy un hombre confuso

y alguna vez me animo pensando en el mañana, pero siempre

me veo tiempo atrás.

Formo una sociedad dubitativa

hecha a solas conmigo

con un prometedor futuro en el pasado.

Os hago algunas señas con el cuerpo

pero sólo me atienden

desde la talla beige de mis camisas, desde la horma

de mis zapatos del cuarenta y uno,

y desde el seis millones trescientos once mil

ciento cuarenta y siete letra ge.

Vuelvo a ver mi carnet y tampoco me encuentro

en la fotografía

que siempre es de otro tiempo y compostura,

donde estoy detenido

con varios kilos menos en el cuerpo

y unos gramos superfluos en el alma.

Este es el D.N.I. donde me inscribo

como buen ciudadano, con derecho

a una vida marcada de antemano

y a una baja civil en fecha fija.

Y me siento seguro en mi papel,

porque no moriré

por libre y de improviso, simplemente

al expirar (el plazo)

caducaré en la fecha que se indica.

viernes, 23 de mayo de 2014

Hacia destinos nuevos (por William Carlos Williams)

El descenso nos llama
como nos llamó el ascenso
La memoria es como
un logro,
una especie de renovación
casi
una iniciación, nuevos espacios abiertos
habitados por hordas
y por tanto, no implica
nuevas especies
pues su movimiento
se dirige hacia destinos nuevos
(aunque hayan sido abandonados)

Ninguna derrota se compone sólo de derrota, pues
el mundo que abre siempre es un lugar
hasta entonces
insospechado. Un
mundo perdido,
un mundo insospechado,
nos llama a nuevos lugares
y ninguna blancura (perdida) es tan blanca como
el recuerdo de la blancura

Con la tarde, el amor despierta
aunque sus sombras
vivas por el brillo
del sol,
somnolientas ahora se abandonen
al deseo
El amor sin sombras surge ahora
comienza a despertar
conforme la noche
avanza

El descenso
hecho de desesperanza
sin logros
cae en la cuenta
del nuevo despertar:
que es el revés
de la desesperanza.
Así, lo que no logramos,
lo negado al amor,
lo que hemos perdido antes,
se hace descenso
sin fin, indestructible

jueves, 22 de mayo de 2014

A mi esposa (por Carlos Edmundo de Ory)


Sin ti soy triste cosa y triste cosa

Sin ti me lleno de humo y me extravío

Sin ti me armo un lío y me armo un lío

Sin ti mi esposa busco en ti, mi esposa


Contigo la hosca vida es cosa hermosa

Contigo sin dinero compro un río

Contigo nunca lloro y siempre río

Contigo viajo al cielo en mariposa


Yo no te he dado nada y sin embargo

Sin darte nada tú me has dado una

Una mejilla donde puse un beso


Y tú me has dado eso y me hago cargo

Y tú me has dado el queso de la luna

Y tú me has dado eso, eso, eso

miércoles, 21 de mayo de 2014

De todo el viaje, ¿qué recordaré? (por Wang Wei)


Una hoja errante en el espacio infinito.
Viento glacial barriendo las nubes.
El agua corre hacia el oeste.
Al claro de luna, en todas las aldeas,
junto a los juncos,
suenan mazazos en la ropa macerada.
Se deja sentir el otoño
en medio de los grillos que chillan.
El viajero vaga mil leguas en su sueño.
Altas horas de la noche.
Campanadas interminables.
Tristezas y angustias sin fin.
De todo el viaje, ¿qué recordaré?
Un solitario barco de pescadores
entre la desoladora niebla.

martes, 20 de mayo de 2014

Después, que vengan a nacer conmigo (por Ángela Figueroa)


Prepárame una cuna de madera inocente
y pon bandera blanca sobre su cabecera.
Yo voy a nacer y desde ti, mi madre,
pido la paz y pido la palabra.


Pido una tierra sin metralla, enjuta de llanto y de sangre,
limpia de cenizas, libre de escombros,
saneada tierra para sembrar a pulso 
la simiente que tengo entre los dedos apretada.

Pido la paz y pido la palabra.
Pido un aire sosegado, un cielo dulce, 
un mar alegre, un mapa sin fronteras;
una argamasa de sudor caliente sobre las cicatrices y fisuras.
Pido la paz y pido a mis hermanos.

Los hijos de mujeres por todo el mundo,
que escuchen esta voz y se apresuren.
Que se levanten al rayar el día y vayan al más próximo arroyuelo,
laven allí sus manos y su boca,
se quiten los gusanos de las uñas,
saquen su corazón que le dé el aire,
expurguen sus cabellos de serpientes 

y apaguen la codicia de sus ojos.
Después...

Después, que vengan a nacer conmigo,
haremos entre todos cuenta nueva.

Quiero vivir.
Lo exijo por derecho.
Pido la paz y entrego la esperanza.

lunes, 19 de mayo de 2014

No eres tú todavía (por Luis García Montero)


Nadaba yo en el mar y era muy tarde,
justo en ese momento
en que las luces flotan como brasas
de una hoguera rendida
y en el agua se queman las preguntas,
los silencios extraños.

Había decidido nadar hasta la boya
roja, la que se esconde como el sol
al otro lado de las barcas.

Muy lejos de la orilla,
solitario y perdido en el crepúsculo,
me adentraba en el mar
sintiendo la inquietud que me conmueve
al adentrarme en un poema
o en una noche larga de amor desconocido.

Y de pronto la vi sobre las aguas.

Una mujer mayor,
de cansada belleza
y el pelo blanco recogido,
se me acercó nadando
con brazadas serenas.
Parecía venir del horizonte.

Al cruzarse conmigo,
se detuvo un momento y me miró a los ojos:
no he venido a buscarte,
no eres tú todavía.

Me despertó el tumulto del mercado
y el ruido de una moto
que cruzaba la calle con desesperación.
Era media mañana,
el cielo estaba limpio y parecía
una bandera viva
en el mástil de agosto.
Bajé a desayunar a la terraza
del paseo marítimo
y contemplé el bullicio de la gente,
el mar como una balsa,
los cuerpos bajo el sol.
En el periódico
el nombre del ahogado no era el mío.

domingo, 18 de mayo de 2014

Cuerpos a la hoguera (por Hilario Barrero)


Y tener que explicar de nuevo el subjuntivo,
acechante la tiza de la noche del encerado en luto,
ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera
cuando lo que desean es sentir el mordisco
que tatúa con rosas coaguladas sus cuellos
ofrecidos
y olvidarse del viejo profesor que les roba
su tiempo inútilmente.
Mientras copian los signos del lenguaje,
emotion, doubt, volition, fear, joy…,
y usando el subjuntivo de mi lengua de humo
mi deseo es que tengan un amor como el nuestro,
pero sé que no escuchan la frase
que les pongo para ilustrar su duda
ansiosos como están de usar indicativo.
Este será su más feliz verano,
el que recordarán mañana
cuando la soledad y la rutina
les hayan destrozado su belleza,
la rosa sin perfume, los cuerpos asaltados,
ajadas las espinas de sus labios.
Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,
por salir a la noche, por disfrutar la vida,
por conocer el rostro de la muerte.

sábado, 17 de mayo de 2014

Una blancura que era diferente (por Wallace Stevens)


Adiós a una idea... Una cabaña en pie
abandonada sobre una playa. Es blanca
como de costumbre, o de acuerdo con
un tema ancestral, o como consecuencia
de un rumbo infinito. Las flores contra el muro
son blancas, están mustias, una especie de marca
recordando, intentando recordar una blancura
que era diferente, otra cosa, el año pasado
o antes, no la blancura de una tarde al envejecer,
no sé si más fresca o apagada, si de nube de invierno
o de cielo invernal, de un horizonte a otro
el viento arrastra la arena por el suelo.
Aquí ser invisible es ser blanco,
es tener la solidez del blanco, la realización
de un extremista en un ejercicio...
Cambia la estación. Un viento frío congela la playa.
Sus largas líneas se hacen más extensas y vacías,
una oscuridad se acumula, aunque no cae,
y la blancura se hace más vívida en el muro.
El hombre que camina se vuelve sobre la arena con estupor.
Observa cómo el norte siempre engrandece el cambio
con sus brillos helados, sus curvas rojiazules
y ráfagas de grandes ascuas, su verde polar,
el color del hielo, del fuego y de la soledad.

viernes, 16 de mayo de 2014

Sálvame (por Saiz de Marco)

diosa de lo sencillo:
ayúdame

líbrame de ropajes,
de oropeles,
sálvame de lo henchido y de lo hinchado

no me permitas ser lo que no soy

diosa de sencillez:
hazme yo mismo,
hazme llano,
sin lastre de apariencia

hazme alegre y sencillo como tú

jueves, 15 de mayo de 2014

El conejo se ha ido (por Alan Brownjohn)

Vamos a ver al conejo.
¿Vamos a ver al conejo,
qué conejo, dice la gente?
¿Qué conejo, preguntan los niños?
¿Qué conejo?
El único conejo,
el único conejo de Inglaterra,
sentado detrás de una alambrada,
bajo reflectores, lámparas de neón,
lámparas de sodio,
royendo yerba
sobre el único pedazo de yerba
en Inglaterra, en Inglaterra
(salvo la yerba amontonada,
la cual no vale).

Vamos a ver al conejo
y tenemos que estar a tiempo.
Primero iremos por la escalera mecánica,
luego iremos en metro.
Y luego por la autopista,
y luego en helicóptero,
y las últimas diez yardas tendremos
que hacerlas a pie.

Y ahora vamos
hasta el fin, a ver al conejo,
ya casi hemos llegado,
tenemos muchas ganas de verlo,
y también el gentío
que ha venido por miles
con policía montada
y grandes altavoces
y orquestas y banderas
y todo el mundo ha venido de lejos.
Pero pronto lo veremos
sentado y royendo
los tallos de yerba
del único pedazo de yerba
de —¡Pero algo ha fallado!
¿por qué está todo el mundo tan amargado,
armando jaleo,
quejándose, empujándose?

El conejo se ha ido,
sí, el conejo se fue.
De hecho, ha minado la tierra,
ha construido una madriguera entre la tierra,
a pesar de toda esta gente.
¿Y qué vamos a hacer?
¿Qué podemos hacer?
Es lástima, sin duda estarán contrariados.

Váyanse a casa y hagan hoy otra cosa,
váyanse a casa, váyanse a casa por hoy.
Porque no pueden oír al conejo, bajo la tierra,
triste, haciendo observaciones, solo
mientras descansa en su madriguera, bajo tierra.


"No tardarán, están destinados a venir,
están destinados a venir y a encontrarme,
aún entre la tierra".

miércoles, 14 de mayo de 2014

Qué haré sin mi cuerpo (por May Swenson)


Mi cuerpo es mi hogar,
mi caballo, mi sabueso.
Qué haría si lo perdiera.

Dónde dormiría.
Cómo montaría.
Qué cazaría.

A dónde iría
sin mi montura,
toda impaciente, vital.
Cómo sabría
si más adelante en la maleza
está el peligro o la traición.

Qué haré sin mi cuerpo, mi bien;
con mi perro alegre, muerto.

Cómo sería
yacer en el cielo
sin techos ni puertas
sin más ojos que el viento.

Con una nube para cubrirme,
¿cómo me esconderé?

martes, 13 de mayo de 2014

Demasiada memoria (por Martín López-Vega)


Agendas viejas. Bosques en mayo. Camisas
compradas cerca de la playa. Cicatrices, una.
Tengo demasiada memoria. El ovillo de hilo
rueda y yo le sigo, de eso se trata, nadie
querría ser el que recoge hilo sucio. También escuché
a Mozart en Nueva York, pero cuando suenan
esas notas a donde vuelvo es a aquella iglesia
de la Via del Corso. Demasiada memoria.

Tenías el colchón en el suelo. Eso lo recuerdo.
Y también la cuesta que llevaba a tu casa en aquella
calle oscura, detrás de la estación. Me grababas
en una casete tus canciones favoritas y luego
traducíamos las letras. Recuerdo más cosas,
desde luego, pero esto es lo que llega ahora,
como el olor que nos sorprende en la calle
y nos devuelve un rostro, otro paisaje, más vida.

No quiero escarbar más, recuerdo demasiadas
cosas. Se me ha ocurrido decirte: recordarás tal vez
el día que nos despedimos, las frases vagas
que se dicen en esos casos y que no evitamos,
cada uno tenemos nuestro camino, seguir buscando
es lo que toca, es lo mejor, nos quedamos con lo bueno.

Arcos románicos. Semáforos en rojo bajo la lluvia.
Una mesa puesta frente al mar. El amor sin prisa.
¿Quizás tú encontraste lo que esperabas?

lunes, 12 de mayo de 2014

Canción por la muerte de Tom Wieland (por Renée Acosta)


I


que el cielo se detenga, que detengan sus barcas

los pescadores, que nadie pueda ahora levantarse

que dejen de brillar las anémonas y se apaguen

los faros celestes, porque ha muerto Tom Wieland


pero las barcas no se detienen

ni las olas arrancan de las rocas los percebes

porque ha muerto Tom Wieland


nadie detiene su paso, nadie despierta ni duerme

la causa de la navaja no es la herida

pero juntas rasgan las cuerdas que escriben

la canción por la muerte de Tom Wieland


siguen los cangrejos su marcha retrógrada

como estrellas rojas cavando en la arena

nadie se inmuta por la muerte del muchacho del norte

y nadie se inmutará ante la muerte de todos

los que ya adelante vienen, con su cuerpo

cifrado de signos que hablan de su devastación


pero todo sigue su rumbo…

no importa si hablamos del destino


II

todo ocupaba su lugar

todo en su momento, formó parte

de un vaivén de nubes

nadie tocará sus bajos deslaves

de muchacho pecoso sobre las laderas


habrá quien llore por sus labios

la última saliva, pero nadie

nadie volteará a los tactos

de sus dedos, ni tomará sus recuerdos

por bandera de iluminación


las barcas siguen su pesca

las mujeres van a trabajar en las cafeterías

pensando en sus hijos que quedaron en casa

las negociaciones en Hong Kong proseguirán

a menos que una ráfaga gélida las detenga

nada será diferente


quienes lo amaron dirán:

si aún viviera Tom Wieland


no cantará bajo los cielos septentrionales

con los indios de sienes fractales

no cantarán los mismos hippies, buscando

el Nirvana, con hierba y alcohol

a lo Jim Morrison, protestando en Tlatelolco


no estará cuando niños rubios pecosos

festejen frente al televisor la llegada

del hombre a la luna

no estará para besar a Jane Marie River

a la puesta del sol en las playas de México


no vivirá, en conclusión

las sombras de las marmotas presagiando

el hielo sobre las viejas calcetas olvidadas

en el fogón


no se quedará, sin embargo, a mirar

la devastación de su pueblo el once de septiembre

ni tendrá un apartamento de alquiler

para alquilar jóvenes orientales con ansias

de cocaína en el estupor de las madrugadas

no tendrá ojos vasos circunspectos

para quedarse a la luz de la imaginación

a ver llegar las señales del Big-bang

en el telescopio Hubble, ni mirará

el descubrimiento de las nuevas tecnologías

cibernéticas


pobre Tom Wieland, débil, asmático

pecoso


sin embargo su muerte inspirará

una canción para seducir a una muchacha

en el asiento trasero de un cadillac en

New Island, y nacerá un niño que tendrá

la vida que él no vivió

domingo, 11 de mayo de 2014

También yo debo pagar (por Vladimir Mayakovsky)


Ciudadano inspector,
perdone la molestia.
Gracias,
no se preocupe,
me quedaré de pie.
Quiero tratar
un asunto bastante delicado:
qué sitio ha de ocupar
el poeta
en las filas obreras.
Igual que los que tienen
tiendas y terrenos
también yo debo pagar
impuestos.
Usted me pide
quinientos al semestre
más veinticinco
por no declarar a tiempo.
Mi trabajo
es igual
a cualquier otro.
Mire
cuántas pérdidas,
cuántos gastos
invierto en materiales.
Usted sabe
naturalmente
eso que llaman rima.
Si la primera línea
termina en “ajo”
entonces, la tercera,
repitiendo las sílabas
debe poner
algo así
como “cascajo”.
Si utilizo su lenguaje
la rima es un cheque,
hay que cobrarlo alternando los versos
y buscas
con detalle sufijos y prefijos
en el cofre vacío
de las declinaciones,
de las conjugaciones.

Coges una palabra
y quieres meterla en la estrofa
pero si no entra
y aprietas,
se rompe.
Ciudadano inspector:
le juro
que el poeta paga caras
las palabras.
Hablando mi lenguaje
la rima es un barril
de dinamita,
y la estrofa es la mecha.
La estrofa se consume,
y estalla la rima,
y por el aire y la ciudad
la estrofa
vuela.
¿Dónde hallar,
y a qué precio,
rimas que estallen
y de golpe maten?
Quizá sólo sean
cinco las rimas
increíbles
y sin estrenar, perdidas
más allá
de Venezuela.
Me voy a buscarlas,
haga frío, haga calor,
atado por anticipos, préstamos y deudas.
Ciudadano,
tenga en cuenta
el pago de los viajes.
La poesía
toda
es un viaje a lo desconocido.
La poesía
es como la extracción del radio.
Un año de trabajo
para sacar un gramo.
Sacar una sola palabra
entre miles de toneladas
de materia prima verbal.
Pero ¡qué ardiente
el calor de estas palabras
comparado
con la humeante
palabra bruta!
Esas palabras
mueven
millares de años,
millares de corazones.
Claro
que hay poetas
de distinta calidad.
Muchos
de hábil mano,
como prestidigitador,
sueltan estrofas de la boca,
suyas y de otros.
Y para qué hablar
de los castrados líricos.
Meten un verso ajeno
y están felices.

Eso es
robo y despilfarro,
uno más entre los que azotan el país.

Esos
versos y odas
aplaudidos
hasta la saciedad
entrarán en la historia
como gastos accesorios
de lo hecho
por dos o tres buenos versos
de nosotros.
Muchos kilos de sal
habrás de comer
como suele decirse,
y fumar cien cigarrillos
hasta
sacar
la palabra preciosa
de las honduras artesianas
de la humanidad.
Rebaje por eso
los impuestos,
quíteles
una rueda
a los ceros.
Uno noventa
cuestan cien cigarrillos.
Uno sesenta
la arroba de sal.
Demasiadas preguntas
tiene su formulario:
¿Ha viajado
o no ha viajado?
Y si le respondo
que en estos quince años
he reventado
decenas de Pegasos,
¿qué?
Póngase usted
en mi sitio,
piense en el servicio
y propiedades.
¿Qué ha de contestarme
si le digo que soy
caudillo popular
y al mismo tiempo
trabajo a su servicio?
La clase obrera
vibra en nuestras palabras,
somos proletarios
motores de la pluma.
La máquina
del alma
se gasta con los años.
Dicen entonces:
estás gastado,
fuera.
Cada vez amas menos,
te arriesgas menos
y mi frente
desgastada
por el tiempo no arremete.
Entonces llega
el desgaste mayor,
el desgaste
del alma, del corazón.
Y cuando
este sol,
grande y redondo
se alce
en el futuro
sin lisiados ni tullidos,
ya me habré
podrido,
muerto en una cuneta
junto
a decenas
de mis colegas.
Hago
mi balance final. Afirmo,
y no miento:
entre los vividores
y actuales fulleros
seré
el único
con deudas impagables.

Nuestra deuda
es aullar
como sirenas de bronce,
entre la niebla filistea
y el fragor de la tormenta.
El poeta
siempre adeuda al universo,
paga con su dolor
las multas,
los impuestos.
Adeudo
las calles de Broadway,
los cielos de Bagdad,
el ejército rojo,
los jardines de cerezos del Japón,
todo aquello
sobre lo que aún
no pude cantar.
Al fin y al cabo
¿para qué
tanto jaleo?
¿Para disparar rimas
y atronar con el ritmo?
La palabra del poeta
es su resurrección,
su inmortalidad,
ciudadano inspector.
Dentro de cien años,
en un pliego de papel
cogerán una estrofa
y resucitarán este tiempo
Y ese día
surgirá
con fulgor de asombros,
y olor a tinta
le envolverá en su vaho,
señor inspector.
Usted, habitante convencido
del día de hoy
saque en el Comisariado de Caminos
un pasaje para la eternidad,
calcule
el efecto de mis versos,
divida
mi salario
en trescientos años.
Pero la fuerza del poeta
no estriba
en que le recuerden a usted en el futuro
y se asusten.
No.
Hoy
la rima del poeta
es caricia también,
consigna,
látigo,
bayoneta.
Ciudadano inspector,
pagaré cinco
quitando los ceros que van detrás.
Por derecho
yo
reclamo un hueco
entre las filas
de los obreros
y campesinos más pobres.
Y si usted piensa
que todo consiste
en saber utilizar
palabras ajenas,
entonces, camaradas,
aquí tienen mi pluma,
y escriban
ustedes
cuanto quieran.

sábado, 10 de mayo de 2014

Dónde desagua el tiempo (por Vicente Sabido)


Aquellas noches tibias

los grillos de cristal,

las temblorosas

esquilas, el aroma pequeño del jazmín,

ahogaban con su música

el rumoroso vals de las constelaciones.

Y las abuelas negras

en sus sillitas viejas

hablando de los muertos, las cosechas...

Los niños en la plaza

juegan al escondite.

Verano lentamente

inunda, lame, aquieta...

Bajo la enredadera

hay un clamor de risas.

Mis padres. Tía Maruja.

Limón. Agosto. Cal. Somos dichosos.


Dónde desagua el tiempo. Di. Decidme.

viernes, 9 de mayo de 2014

De aquella dulcedumbre (por Miguel Ángel Velasco)


De cuanta mies cernida entre tú y yo,

de cuantos actos de preciso arder,

de fiebre singular, de gloria exacta

señora de su hora,

de aquel reconocerse el doble ausente

en el espejo mudo

del otro, qué gavilla

escasa de reflejos nos alcanza

la lente del recuerdo.

De aquella dulcedumbre de fundirse

solo y sola de gozo

en un cuerpo maestro, torneado

con las ondas sabidas del volver

la sed a su agua toda,

qué poco me retiene

el cuenco de mis lluvias.

Quedó quieto aquel vértigo

que te vi, que me viste, una celdilla

con la miel del amor

cuando nos jaleábamos,

y con todo y con tanto que celaba

la cámara del ámbar, qué tan parco

haz consiente la grieta

abierta en el olvido.

De aquella muchedumbre de los trigos

qué poco le rebosa al corazón

en su vaso de áridos.

jueves, 8 de mayo de 2014

De ellos dependía (por Cintio Vitier)


Esto hicieron otros
mejores que tú
durante siglos.
De ellos dependía
tu sensación de libertad
tu camisa limpia
y el ocio de tus lecturas y escrituras.
De ellos depende
todo
lo que te parecía natural
como ir al cine
o estar triste, levemente.
Lo natural, sin embargo, es el fango,
el sudor, el excremento.
A partir de ahí, comienza
la epopeya, que no es sólo
un asunto de héroes deslumbrantes,
sino también
de oscuros héroes, suelo de tus pisadas,
página donde se escriben las palabras.
Deja las palabras, prueba
un poco
lo que ellos hicieron, hacen,
seguirán haciendo
para que seas:
ellos,
los sumidos en la necesidad
y la gravitación,
los molidos por los soles implacables
para que tu pan siempre esté fresco,
los atados
al poste férreo de la monotonía
para que puedas barajar todos los temas,
los mutilados
por un mecánico gesto infinitamente repetido
para que puedas hacer
lo que te plazca con tu alma y con tu cuerpo.
Redúcete como ellos.
Paladea el horno,
come fatiga.
Entra un poco, siquiera sea clandestinamente,
en el terrible reino de los sustentadores
de la vida.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Mi padre no está (por Inma Luna)

En la escritura viven todos los desperfectos
y pasan las cosas de la vida,
las cosas de la muerte,
y miro los cipreses detrás del carrefour,
y lloro imaginando la cama fría de mi padre
desde el cerro con vistas al centro comercial,
y cojo el coche
y mientras voy cantando una canción horrible y pegadiza
me asalta la certeza
de que no volveré a escuchar sus piropos,
y lloro otra vez en el semáforo
que parpadea naranja
y se emborrona sin saber que mi padre no está
y me ha dejado triste para siempre, aunque yo ya lo estaba.
Se me nota que no tengo ganas,
se nota que intoxica el olor a aguarrás de esta habitación,
los pelos de mi perra,
se nota que le pongo más sal a las comidas
y montones de especias
porque nada me sabe como antes.
Se me nota que no tengo ganas,
que estoy como de paso,
que algunas veces miro hacia la nada cuando te estoy besando,
la nada que es un pasillo largo de luz artificial.
Somos una insignificancia, sobre todo la gente como yo,
que no sabe crecer ni puede.

martes, 6 de mayo de 2014

Cuánto hemos andado (por Kamau Brathwaite)


Así desvalido
así
sin guía,
sin héroes,
te encontramos: amante
guerrero, tú que odias,
llegando por las hileras
del bosque
pie suave
al suave suelo
del silencio:
nos encontramos en el túnel
sucio de hojas.

Artilla
tu mosquete apunta
sonó
fuego y nuestros
guerreros de firmes
carnes, cálidos,
picados por
moscas
cayeron.

Cuánto
Cuánto
Oh Señor
Oh demonio
Oh fuego
Oh flama
hemos andado
hemos viajado
hasta aquí
a este encuentro
este susto
y vergüenza
en el sucio
silencio.
Cuánto tiempo hemos
viajado por
cuestas jaspeadas
de sílice, piedras
secas como agua,
a este centellear
de flama en el bosque.
Oh quién nos ayudará
Ahora, desvalidos, sin
caballos, sin
guía, sin
esperanza, sin
Hawkins, sin
Cortés por venir.
Encarcelado Prempeh,
muerto Tawiah,
reprimido y colgado
Asentawa.
Oh quién nos ayudará
Ahora: Jerónimo, Tackie,
Moctezuma por venir.

Y el fuego, nuestro
fuego, forjando candados,
rocas más negras que hierro;
el fuego nos traicionó ya
en nuestra aldea; ahora
en el bosque, el fuego nos
tira como pájaros; nos arden
vainas en el vientre. El fuego
tira muros, forja
estos candados fogosos
más negros que el hierro
y en fila recorrimos el sendero
eslabonados en un nuevo
silencio de sonoro hierro.



Pasaremos mucho tiempo sin ver
otra vez esta tierra, estos árboles
de nuevo, vagando tierra adentro con el sonido
del rompiente, el humo subiendo.

Pasaremos mucho tiempo sin ver
otra vez estas granjas, suaves húmedas lentas verdes
de nuevo: Aburrí, Akwamu,
sube la niebla.

Ahora mira estos duros hombres, fríos
ojos claros como el agua que montamos
hábiles con la vela y la soga y los aparejos.

Ahora mira estos fríos hombres, audaces
como el agua golpeando la proa en súbita ola feroz,
indiferentes, al parecer, a la batalla
del viento en el agua;
pues nuestra sangre, pronto
mezclada por capricho con su pasión,
por indiferencia, por furia,
creará nuevos suelos, nuevas almas, nuevos
ancestros; fluirá como esta marea fija
a la estrella que mantiene a flote la nave
a nuevos mundos, nuevas aguas, nuevos
puertos, el orgullo de nuestros ancestros mezclado
con el viento y el agua
la carne y las moscas, los látigos y el fijo
miedo al dolor en este puerto encadenado que nos recibe.