zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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miércoles, 31 de julio de 2013

Todo lo que escribí sobre nosotros (por Nazim Hikmet)

La separación estaba sobre la mesa, entre la taza de café
y el vaso de limonada.
Fuiste tú quien la puso ahí.
Un cuenco era el agua en el fondo del pozo.
Contemplaba inclinándome.
Una criatura gigantesca sonreía lentamente a una nube.
Yo gritaba.
Mi voz te había perdido.
Su eco retrocedía.
La separación estaba sobre la mesa en la cajetilla de tabaco.
La trajo el camarero de gafas, sin que la hubieras encargado.
Era humo retorciéndose en tus ojos
en la punta de tu cigarrillo,
en la palma de tu mano, dispuesta para decir adiós.
La separación estaba sobre la mesa
en el punto donde apoyabas el codo.

En lo que pasaba por tu mente estaba la separación,
en lo que escondías en mí, en lo que no escondías,
la separación estaba en tu serenidad.
En tu miedo ilimitado estaba la separación.

Enamorarse, así, de repente, como si se abriera una puerta...

Mentira todo lo que hemos escrito sobre nosotros.
No ha sido lo que fue, sino lo que quise
que fuera entre nosotros.
Eran mis anhelos puestos en mis inalcanzables ramas,
era mi sed, sacada del pozo de mis sueños.
Los había dibujado sobre la luz.
Todo lo que escribí sobre nosotros es verdad.
Tu belleza:
es decir, un cesto de frutas o bien una comida campestre;
estar lejos de ti:
es decir, el que me vuelva el último farol
en la última calle de la última esquina de la ciudad.
El que esté celoso de ti:
es decir, el que corra, con los ojos vendados, de noche, tras los trenes.
Mi felicidad:
es decir, el río soleado que rompe su dique y corre.

Todo lo que escribí sobre nosotros es mentira.
Todo lo que escribí sobre nosotros es verdad.

martes, 30 de julio de 2013

........Nota de servicio........

zUmO dE pOeSíA no cierra durante agosto. Así pues, seguirá apareciendo el poema diario.

Durante una parte del mes hemos dejado entradas programadas. Los comentarios que enviéis pueden tardar más tiempo del normal en ser publicados.

Granada (España) 30 julio 2013 

En una isla creada por ti (por Brian Patten)


Es horrible no saber adónde ir.

Llevas la calle como un abrigo.
Ciertas cosas son amigas, otras
no pueden visitarse ya.
Los viejos amores acechan en los portales;
tras las ventanas las mujeres envejecen. Florece el abandono.

Has declinado numerosas invitaciones,
dejado los teléfonos sin contestar y has dicho "no"
a los pocos que te necesitaban.
Abandonado en una isla creada por ti
has lanzado llamadas, anhelos.

Qué inútil es saber que adonde quieres ir
no está exactamente en ninguna parte.
Los trenes no te llevarán allí,
los autobuses rojos pasan de largo sin detenerse.

No hay taxis libres.

lunes, 29 de julio de 2013

Nadie cree que esté sucediendo (por Czeslaw Milosz)



El día del fin del mundo
la abeja gira encima de la flor de capuchina.
El pescador repara una red brillante.
En el mar los delfines saltan alegres.
Los gorriones jóvenes se agarran del canalón
y la serpiente tiene piel dorada, como debe tenerla.

El día del fin del mundo
las mujeres cruzan el campo bajo las sombrillas,
un borracho se duerme a la orilla del césped,
en la calle pregonan los verduleros
y una lancha con vela amarilla llega a la isla,
el son del violín en el aire persiste
y abre la noche estrellada.

Y quienes esperaban relámpagos y truenos
están decepcionados.
Y quienes esperaban señales y trompetas de arcángeles
no creen que esté sucediendo ya.
Mientras el sol y la luna están arriba,
mientras el abejorro visita a la rosa,
mientras nacen los niños rosados,
nadie cree que esté sucediendo ya.

Sólo un viejito cano, que hubiera sido profeta,
pero no es profeta porque tiene otro quehacer,
dice amarrando los tallos de tomates:
No habrá otro fin del mundo,
no habrá otro fin del mundo. 

domingo, 28 de julio de 2013

Nada podría habernos unido tanto (por William Carlos Williams)

Lo que me daban aquellas mujeres
es difícil decirlo
Flossie

tú no
tú viviste conmigo
muchos años recuerda
el año en que tuvimos
aquel magnífico tiesto
de peonias

qué contentos estábamos
los dos con ellas
pero una noche
nos las robaron
compartimos la pérdida
ninguno pudo pensar
en nada más
durante todo un día
nada podría
habernos unido tanto


llevábamos
casados diez años

sábado, 27 de julio de 2013

Y yo lo pasaré (por Juan Ramón Jiménez)


Éste es el verdadero río, amor soñado.

Tú estás en la nada y yo en la vida.

Sólo el tiempo corre entre los dos. 



La orillas son iguales

pero apenas se ve de la otra,

ahora que el río es tan ancho. 


Pero el río se irá estrechando. 


Y yo te veré amor soñado,

y yo lo pasaré

y me quedaré contigo para siempre.

viernes, 26 de julio de 2013

Olas cansadas de horizonte y retornos (por Derek Walkott)


Esquizofrénico, desterrado por dos estilos,

uno de una escindida prosa alquilada, me gano

mi exilio. Avanzo millas de playa bajo la hoz del claro de luna,


bronceado, quemado, echado fuera

de este amoroso océano que a sí mismo se ama.


Para cambiar tu lengua debes cambiar tu vida.


No puedo corregir viejos errores.

Olas cansadas de horizonte y retornos.

Gaviotas chillan con oxidadas lenguas

sobre las piraguas podridas de la playa,

fueron una venenosa nube picuda en Charlotteville.


Una vez pensé que el amor a la patria era suficiente,

ahora, incluso si lo decido, no le encuentro lugar en el pensamiento.


Veo las mejores mentes pedir como perros

por migajas de favores.

Estoy cerca de la mitad

de mi vida, mi piel quemada

se deshace en mis manos como papel, fina como piel de cebolla,

al igual que el acertijo de Peer Gynt.


En el corazón no hay nada,

ni el horror de la muerte. Conozco muchas muertes.

Me son todas familiares, todas dentro de su papel,

e incluso cómo murieron. Encendida, la carne

ya no teme la boca de caldera

de la tierra,


ese horno de ceniza del sol,

ni este nubarrón, despejando la hoz de la luna

otra vez palideciendo esta playa como una hoja en blanco.


Su indiferencia total es otra clase de rabia.

jueves, 25 de julio de 2013

Pan duro (por Jaime García-Máiquez)


La madre de mi madre se tomaba
el pan del día anterior o el de hacía dos días
para desayunar, con su café manchado.
Era como un gorrión. Emocionaba ver
a aquella señorita de Alicante
con más de ochenta años de ternura
nutrirse despacito igual que un pobre
cartujo, allí sentada en su butaca.
Mi madre sonreía al verme sorprendido
contemplando a su madre, en una casa
cuya despensa inmensa
se parecía a un bodegón de Snyders.
Y alguna vez, para explicarme aquello
me dijo llanamente: es por la guerra;
no te preocupes, Jaime, es por la guerra.
Dos décadas después, y a casi un siglo
de la Guerra Civil, ahora soy yo
el que coge el pan duro
y lo besa despacio
y se lo come haciéndolo migajas
con un café con leche.
Mi mujer no da crédito, y se queda
alucinada cuando le contesto
completamente en serio que no le dé importancia,
que lo hago por la Guerra.

miércoles, 24 de julio de 2013

Bastante movedizo a su manera (por Wislawa Szymborska)

Le dio por la felicidad,
le dio por la verdad,
le dio por la eternidad,
¡miradlo!

Apenas distinguió entre realidad y sueño,
apenas comprendió que él era él,
apenas chapuceó con su mano nacida de una aleta
una piedra de lumbre y una nave espacial,
capaz de ahogarse en una cucharada de océano,
poco gracioso incluso para la vacuidad,
sólo ve con sus ojos,
sólo oye con sus oídos,
su gran logro lingüístico es el condicional,
usa su razón para increpar a la razón,
en una palabra: es un cero a la izquierda,
pero por la cabeza le rondan la libertad, la omnisciencia y el ser
fuera de la carne tonta,
¡miradlo!

Porque parece existir,
haber llegado a ser de veras
bajo una de las estrellas provincianas.
Vivaz y bastante movedizo a su manera.
Pese a ser un bastardo de un cristal
está harto estupefacto.
Pese a haber vivido una infancia difícil entre las necesidades de la manada
no está mal individualizado.
¡Miradlo!

¡Adelante, aún por un instante,
por un abrir y cerrar de una menuda galaxia!
Que por fin se vea a grandes rasgos
quién será, dado que existe.
Porque es tenaz.
Muy tenaz, a decir verdad.
Con ese aro en la nariz, con esa toga, con ese jersey.
En fin, es una monada.
Pobrecito.
Todo un hombre.

martes, 23 de julio de 2013

Niña que nunca te has ido (por Norma Jean Baker -Marilyn Monroe-)


No vuelvas a visitarme,

niñita sola y asustada,

no vuelvas nunca más,

no vuelvas cuando todos me miran,

cuando mi amor me abraza,

cuando cientos de manos

aplauden fervorosas

y cientos de ojos

me desean.

No vuelvas nunca más,

niña que nunca te has ido

de mi lado.

lunes, 22 de julio de 2013

La obstinada piedra (por Philip Larkin)

Si la pena pudiera quemarse
como sumergido carbón
el corazón descansaría sosegado,
el alma desalquilada
sería aún como un velo.
Pero he mirado toda la noche
el fuego crecer en silencio,
la gris ceniza deshacerse.
Y avivo la obstinada piedra
que las llamas han dejado,
y la pena se aviva, y el sordo
corazón se queda sin fuerzas.

domingo, 21 de julio de 2013

sábado, 20 de julio de 2013

Para el polvo (por Antonio Machado)

¿Y ha de morir contigo el mundo mago
donde guarda el recuerdo
los hálitos más puros de la vida,
la blanca sombra del amor primero,
la voz que fue a tu corazón, la mano
que tú querías retener en sueños,
y todos los amores
que llegaron al alma, al hondo cielo?


¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
la vieja vida en orden tuyo y nuevo?

¿Los yunques y crisoles de tu alma
trabajan para el polvo y para el viento?

viernes, 19 de julio de 2013

Se precisaron todas esas cosas (por Jorge Luis Borges)

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

jueves, 18 de julio de 2013

Hay un desconocido que me habita (por Gabriel Celaya)

¡Qué extraño es verme aquí sentado,
y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar,
y oír como una lejana catarata que la vida se derrumba,
y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar!

¡Qué extraño es verme aquí sentado!
¡Qué extraño verme como una planta que respira,
y sentir en el pecho un pájaro encerrado,
y un denso empuje que se abre paso difícilmente por mis venas!

¡Qué extraño es verme aquí sentado,
y agarrarme una mano con la otra,
y tocarme, y sonreír, y decir en voz alta
mi propio nombre tan falto de sentido!

¡Oh, qué extraño, qué horriblemente extraño!
La sorpresa hace mudo mi espanto.
Hay un desconocido que me habita
y habla como si no fuera yo mismo.

miércoles, 17 de julio de 2013

Contigo (por Roberto Juarroz)


Estoy contigo.

Pero por encima de tu hombro

me dice adiós tu mano que se aleja.

Entonces yo contengo mi mano

para que no nos traicione ella también.

E insisto:

estoy contigo.

Los innegables títulos del adiós

abandonan entonces provisoriamente sus derechos.

Y nuestras manos se aquietan

en las equidistancias de estar juntos.



martes, 16 de julio de 2013

Me refiero a las flores de cuneta (por Miguel d´ Ors)


No tienen el prestigio de la rosa,

ni ocupan con su aroma los crepúsculos, como

los dondiegos de noche y los jazmines,

ni se andan con las ínfulas heráldicas

de las flores de lis,

ni se mantienen lejos de la vida,

como el acanto (al que jamás ha visto

nadie bajarse de los capiteles

corintios) o los graves aligustres

que cantan los poeti laureati,

ni llegan a las masas como esos

claveles encarnados que suenan como un «ole»

si una mujer morena se los pone en el pelo.


Me refiero a las flores de cuneta,

esas que nunca vemos

en los poemas: simples margaritas,

collejas, corregüelas, malvas, dientes

de león, digitales, las niñas amarillas

de la xesta y el tojo, y esas otras

tan bonitas –no sé cómo se llaman–

que lucen, agrupadas como en constelaciones,

una versión barata del azul

de las gencianas de los Pirineos.


Ya sé que les da cosa salir en los papeles

y se sienten cohibidas en los endecasílabos,

pero, por ser humildemente humildes

(no como la violeta,

muy modestiña, sí, pero ahí la tienes,

pregonada en el Guiness con el número 1

en el ranking worldwide

de la modestia), porque me conmueve

ver cómo van creciendo

–buenas vecinas de las lagartijas–

entre los tapacubos expósitos, las latas

de refrescos, el óxido y los bichos

espachurrados, porque si las miras

con buenos ojos tienen su belleza

–de arte menor si quieres, pero segura: como

la de una novia de tu mismo pueblo–,

porque de alguna forma luchan en la frontera,

porque son la vanguardia de mi misma

guerra con el asfalto y el CO2,


que, con palabras tan fáciles como ellas,

estos versos les rindan homenaje.

lunes, 15 de julio de 2013

Yo y la casa (por Juan Ramón Jiménez)



¡Qué bien la casa

conmigo;

como un cuerpo gustoso

con su corazón!



Cuando me voy,

¡qué tristes yo y la casa,

como dos hondamente enamorados

que no se ven!



¡Qué ritmo plácido y tranquilo

el que se siente ella

en plenitud de plenitudes!

¡Cómo todo se inunda de mi sangre!



¡Cómo sus cuartos, cómo

las cámaras del corazón

se llenan de mi sangre!

domingo, 14 de julio de 2013

Antes de los nombres (por John Burnside)


Sueño con el silencio
del día anterior a que Adán
diera nombre a las bestias,

desprendidas sus pieles de oro
de los dedos de los brillantes de Dios,
contenidas aún en esa luz.

Un día, tal vez, como éste:
su blancura invernal
cautivando la creación

como a nosotros, a veces,
nos cautiva el espacio
que llenamos, o las formas

que habríamos podido conocer
antes de los nombres, más allá
de la pátina de las cosas.

sábado, 13 de julio de 2013

Cualquier cosa que sirva (por Charles Bukowski)


Por el huevo roto en el suelo
Por el 5 de julio
Por el pez en la pecera
Por el viejo de la habitación nº 9
Por el gato sobre el muro

Por ti mismo

no por la fama
ni por el dinero

tienes que seguir luchando

Cuanto te haces viejo
disminuye el atractivo

es más fácil cuando se es joven


Cualquiera puede alcanzar
las alturas alguna que otra vez

La clave consiste en
resistir


Cualquier cosa que sirva
para que

esta vida siga bailando

frente a
doña Muerte.
 

viernes, 12 de julio de 2013

Instante con mi padre (por Geraldino Brasil)


Un día yo estaba triste (y mirando al suelo)
y él creyó erradamente, como casi siempre
se piensa de un niño, que dormía en paz.
Pero yo miraba al suelo y vi acercarse sus pies.
Y porque no me llamó, yo sabía
que él estaba mirándome
y que su mirada me envolvía dulcemente.
Entonces todavía por algunos segundos simulé dormir,
e hice como que despertaba y reconocía sus zapatos,
y cuando levanté la cabeza él esperaba mi mirada
con una sonrisa.

jueves, 11 de julio de 2013

De tu clavo, alegría (por Rubén Bonifaz)


Ábrese el fuego, y salta la burbuja
metálica de un pez; barre los ojos
una flor instantánea; doble salto
mortal, ensaya el corazón. Amigos,
algo mejor gocemos que un lamento.

Ya, para no caerme, estoy colgado
de tu clavo, alegría; de tu absorto
badajo, de tu azúcar infalible
de mujer conseguida.

Has caminado
de gusto, te has sentado de gusto,
has llorado de gusto hasta reírte.
Eras tuya, y bailabas, y las piernas
no te dolían tanto. Y es domingo.

Escaleras del aire, pan del día,
turquesa el vuelo entre nosotros.

Y de pronto es domingo,
y hay gente, y es de fiesta
y fraterna la gente, y es ahora,
y hay el viaje y la carta recibida
y el intercambio de la contraseña,
y la risa espiral regocijada.

Risa del pobre, cúpula sin suelo
por sí misma orquestándose;
música sin orquesta que la amarre,
deslimitándome, soldándome,
compacta, el dentro y el afuera.

Desde la almendra glandular me encumbras,
desde las cuatro alcobas
cordiales, me trabajas, alegría;
plural jarabe, rosa visitante,
llave de toda cerradura.

Amigos, ha pasado la nocturna
concepción de los cantos, y la víspera
de cristal doloroso, y la semilla,
y está el deleite con nosotros
como vino de suyo madurado.

Y está en las manos el solemne
fulgor; el número premiado
en esta lotería de campanas.

miércoles, 10 de julio de 2013

Yo me remonto a mayo de 1937 (por Sharon Olds)


Les veo, de pie, a las puertas rituales de sus universidades,
veo a mi padre paseándose
bajo el arco de piedra arenisca, color almagre,
los azulejos rojos centelleando
como torcidos platos de sangre detrás de su cabeza,
veo a mi madre con unos cuantos libros triviales a su lado,
de pie, donde la columna hecha de pequeños ladrillos,
con la puerta de hierro forjado todavía abierta detrás de ella,
sus puntas de espada negras en el aire de mayo;
están a punto de graduarse, a punto de casarse,
son chavales, son tontos, lo único que saben es
que son inocentes, nunca harán daño a nadie.
Quiero acercarme a ellos y decir, ¡alto!
No lo hagáis: ella no es la mujer,
él no es el hombre que quieres, haréis cosas
que no podéis imaginar jamás haríais,
haréis cosas malas a niños,
sufriréis de manera inconcebible,
querréis morir. Quiero
acercarme a ellos allí a la luz solar de un mayo tardío y
decírselo,
la cara de ella, deseosa, bonita y vacía volviéndose a mí,
su pobre cuerpo hermoso, no tocado,
pero no lo hago. Quiero vivir.
Les recojo como esas muñequitas de papel,
hombre y mujer, les empujo uno contra el otro
por las caderas, como astillas de pedernal como para
encender una chispa de los dos, digo:
haced lo que vais a hacer, y yo lo contaré.

martes, 9 de julio de 2013

Su propia luz (por Lao Tsé)


Quien se alza de puntillas no se yergue firmemente. 


Quien se apresura no llega lejos. 

Quien intenta brillar vela su propia luz. 

Quien se define a sí mismo no puede saber quién es realmente.

Quien ejerce poder sobre otros no tiene poder sobre sí. 

Quien se aferra a su trabajo no creará nada duradero. 

Si quieres armonizar con el Tao, haz tu tarea y suéltala luego.

lunes, 8 de julio de 2013

Que tanto amor queme sus naves (por Eduardo Lizalde)


Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto amor, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.

domingo, 7 de julio de 2013

Prestada (por Emily Dickinson)


Tal vez quisieras comprar una flor,
pero yo nunca podría venderla.
Si quieres tomarla prestada,
hasta que el narciso

despliegue su sombrero amarillo
bajo la puerta del pueblo,
hasta que las abejas saquen, de las hileras de tréboles,
su jerez y su vino del Rin,

bien, te la prestaré hasta entonces,
¡pero ni una hora más!

sábado, 6 de julio de 2013

Apocalipsis (por Saiz de Marco)



como en Pompeya

desciende la lava

líquido ardiente que brota de dentro

y vuelve piedra todo cuanto toca



señores y esclavos

pobres y ricos

déspotas

sabios

parias de la tierra

fieles y traidores

ruines y honestos

animales

plantas

estatuas

puentes

casas suntuosas

cabañas

cárceles

proyectos

recuerdos

horrores

sueños

dolor y placer

sonrisas y lágrimas



todo es ahora un Vesubio

un cráter ígneo

un manantial que fluye a borbotones

que se derrama

que anega los suelos que



incontenible

se esparce y avanza



como un torrente hirviendo en la ladera



magma abrasador

pira funeraria

lengua de fuego que todo lo lame



sin distinguir (no sabe de justicia

no entiende de maldades ni bondades)

sin nada exceptuar

sin salvar nada



como en Pompeya cae

montaña abajo

petrificando todo cuanto cubre



la lava que clausura el episodio

la lava final que sepulta al mundo

la lava que todo lo inunda y sumerge

la lava que todo lo lava

viernes, 5 de julio de 2013

Esta vieja de paso monótono (por Sully Prudhomme)

La costumbre es una forastera
que suplanta a nuestra razón,
una vieja ama de casa que se instala en el hogar.
Es discreta, humilde y fiel.
Conoce todos los rincones.
Nunca nos ocupamos de ella
porque sus atenciones son invisibles.

Conduce los pasos del hombre
por el camino que él habría elegido.
Sabe los fines que él persigue
sin que haya de señalárselos,
y con voz queda le dice: «Por aquí. »

Trabajando en silencio para nosotros
con ademán seguro y siempre el mismo,
tiene la vigilancia en la mirada
y la dulzura del sueño en los labios.
¡Pero imprudente aquél
que se abandona a su yugo, una vez conocido!

Esta vieja de paso monótono
va adormeciendo la joven libertad,
y todos los que, insensiblemente,
se han dejado ganar por su oscura fuerza,
por fisionomía son hombres
pero por sus movimientos son cosas.

jueves, 4 de julio de 2013

Ausencia de amor (por Juan Gelman)


Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.

miércoles, 3 de julio de 2013

Este día (por Jaime Sabines)


Vamos a guardar este día
entre las horas, para siempre,
el cuarto a oscuras,
Debussy y la lluvia,
tú a mi lado, descansando de amar.
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo
flotaba densamente, imantado, como una mano
acariciando.
Tu espalda como una llanura en el silencio
y el declive inmóvil de tu costado
en que trataban de levantarse,
como de un sueño, mis besos.

La atmósfera pesada
de encierro, de amor, de fatiga,
con tu corazón de virgen odiándome y odiándote.
todo ese malestar del sexo ahíto,
esa convalecencia en que nos buscaban los ojos
a través de la sombra para reconciliarnos.
Tu gesto de mujer de piedra,
última máscara en que a pesar de ti te refugiabas,
domesticabas tu soledad.
Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué.
Y más tarde tu mano apretando la mía,
cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho,
y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello.

Vamos a guardar este día
entre las horas para siempre.

martes, 2 de julio de 2013

Al mar (por Amalia Bautista)



¿Cuándo iremos al mar,

tú y yo, juntos y solos?,

¿cuándo podremos ir al mar?, ¿podremos?,

¿iremos algún día tú y yo al mar?

No conozco la arena entre tus dedos,

ni el olor de la crema protectora en tus hombros,

no he escuchado contigo el rumor de las olas,

ni he besado la sal en nuestros labios.

No sé lo que es quedarse

a tu lado en silencio mirando el horizonte.

No he visto el mar contigo.

No sé lo que es el mar.

lunes, 1 de julio de 2013

Ese sonido misterioso (por Nika Turbina)


Con eco volaron los dedos,

la música les daba miedo,

les dolía y los iluminaba.

Toco el piano,

no sé palabras,

no sé notas.

Sólo una sensación extraña

tengo del sonido

que llenó la casa.

Él bate las ventanas,

en torbellino sacudió

los árboles,

confundió la noche con el día,

ese sonido misterioso.

Toco el piano,

poco a poco los dedos se detienen.

Esa música pertenece al universo,

mi casa le es pequeña.
 

domingo, 30 de junio de 2013

Besarnos (por Miguel Hernández)


Besarse, mujer,
al sol, es besarnos
en toda la vida.
Ascienden los labios,
eléctricamente
vibrantes de rayos,
con todo el furor
de un sol entre cuatro.
Besarse a la luna,
mujer, es besarnos
en toda la muerte.
Descienden los labios,
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
del labio de arriba,
del labio de abajo,
gastada y helada
y en cuatro pedazos.

sábado, 29 de junio de 2013

Llévalas todas (por Dulce María Loynaz)

Éstas son mis alegrías: 
las he contado, y creo que no falta ninguna. 
Llévalas todas a cantar en tus noches, 
o a perderse en tus mares, 
o a morir en tus labios.

Éstas son mis tristezas. 
Contarlas no he podido, 
pero sé que me siguen fielmente. 
Llévalas todas a abonar tu tierra, 
a ser la levadura de tu pan, 
la leña de tu lumbre.

Ésta soy yo: fundida con mi sombra,
entera y sin rezagos. 
Llévame a tu corazón, 
que peso poco y no tengo otra almohada 
ni otro sueño.

viernes, 28 de junio de 2013

Lo llenan todo (por Juan Ramón Jiménez)

Como médanos de oro,
que vienen y que van, son los recuerdos.
El viento se los lleva,
y donde están, están,
y están donde estuvieron,
y donde habrán de estar... –Médanos de oro–.
Lo llenan todo, mar
total de oro inefable,
con todo el viento en él... –Son los recuerdos–.

jueves, 27 de junio de 2013

De una sola vida (por Roberto Juarroz)

Decir una palabra excluye a todas las otras,
abrir un libro cierra todos los demás,
pensar una sola cosa desequilibra el mundo,
amar a alguien es el mayor olvido.

El ejercicio puntual de una sola vida
no podrá tener sentido nunca.

Queda sólo encontrar el plural.

miércoles, 26 de junio de 2013

Hermosura no atendida (por Luis Cernuda)

Ya es noche. Vas a la ventana.
El jardín está oscuro abajo.
Ves el lucero de la tarde
latiendo en fulgor solitario.

Y quietamente te detienes.
Dentro de ti algo se queja:
Esa hermosura no atendida
te seduce y reclama afuera.

Encanto de estar vivo, el hombre
sólo siente en raros momentos
y aún necesita compartirlos
para aprender la sombra, el sueño.

martes, 25 de junio de 2013

Y aún hoy (por Peter Handke)


Cuando el niño era niño
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera río,
que el río fuera torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
todo le parecía animado
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito.
A menudo se sentaba en cuclillas,
de pronto echaba a correr,
tenía un remolino en el pelo
y nunca posaba para tomarle una foto.

Cuando el niño era niño,
era el tiempo de estas preguntas:
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde acaba el espacio?
¿Es la vida bajo el sol tan sólo un sueño?
¿Es lo que veo y oigo y huelo,
sólo una ilusión de un mundo antes del mundo?
Vistas las acciones del Mal y de la gente,
¿existe realmente la maldad?
¿Cómo es posible que yo, que soy quien soy,
no haya sido antes de existir
y que algún día yo, que soy quien soy,
deje ya de ser quien soy?

Cuando el niño era niño,
le costaba tragar espinacas, guisantes, arroz con leche
y coliflor cocida,
y ahora come de todo, y no sólo por necesidad.

Cuando el niño era niño,
alguna vez despertó en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas, entonces, le parecían hermosas
y ahora solo unas pocas, y con suerte.

Había visto una imagen nítida del Paraíso
y ahora, como mucho, la intuye.
No podía pensar la Nada
y hoy se estremece ante ella.

Cuando el niño era niño,
jugaba con entusiasmo,
y ahora tiene la misma excitación que entonces,
pero sólo en lo que afecta a su trabajo.

Cuando el niño era niño,
le bastaba con comerse una manzana.... y pan,
y aún hoy es así.

Cuando el niño era niño,
las moras le llenaban la mano como sólo las moras lo hacen,
y aún hoy es así.
Las nueces verdes le ponían áspera la lengua,
y aún hoy es así.
Tenía, en cada cumbre,
el anhelo de un monte aún mas alto,
y en cada ciudad,
el anhelo de una ciudad mayor,
y aún hoy es así.
Alcanzaba las cerezas de las ramas altas,
con un ímpetu que todavía hoy tiene.
Era tímido ante los extraños,
y aún hoy lo sigue siendo.
Esperaba la primera nevada,
y aún hoy la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiró un bastón, como lanza, contra un árbol
y aún sigue allí vibrando.

lunes, 24 de junio de 2013

El sentimiento a la deriva (por Paul Éluard)


Tu voz, tus ojos,
tus manos, tus labios.
Nuestro silencio, nuestras palabras.
La luz que se va,
la luz que retorna.
Una sola sonrisa para nosotros dos.
Por necesidad de aprender,
vi la noche crear el día
sin que nosotros cambiemos de apariencia.
O muy queridos de todos,
o muy queridos de uno solo,
el silencio de tu boca prometía ser feliz.
Fuera, fuera, decía el odio.
Más cerca, más cerca, decía el amor.
Una caricia nos guía desde nuestra infancia.
Cada vez veo más la forma humana
como un diálogo de amantes.
El corazón no tiene más que una boca.
Todo por casualidad.
Todas las palabras sin pensamiento.
El sentimiento a la deriva.
Hombres vagan por la ciudad.
Una mirada, una palabra.
El hecho de que te amo.
Todas las cosas se mueven.
Debemos avanzar para vivir.
Dirígete directamente hacia los que amas.
Yo fui hacia ti,
continuamente hacia la luz.
Si tú sonríes, es para invadirme mejor.
Los rayos de tus brazos perforan la niebla.

domingo, 23 de junio de 2013

Sobre la superficie de mi vida (por Yehuda Amijai)

Mi padre con un traje espacial blanco
camina con el paso ligero y torpe de los muertos
sobre la superficie de mi vida que no sujeta nada.
Pone nombres: esto, canal de la infancia.
Esto, abismo. Este tenía trece años.
Estas, colinas blancas. Esto, habla profunda de antaño.
Toma muestras y pone en sus probetas
arena, palabras y piedras de suspiros de mis sueños.
Mide y define. Me llama
estrella de su nostalgia, tierra de mi infancia,
de su infancia, de nuestra infancia.

"Hijo mío, aprende a tocar el violín. Cuando
seas mayor la melodía te ayudará
en las difíciles horas de soledad y dolor".
Eso me dijo una vez y no le hice caso.

Y después vuela alto
hacia el duelo de su muerte blanca e infinita.

sábado, 22 de junio de 2013

Y ella habita otro estado (por John Burnside)


Antes de que los nombres de las cosas
se adentren en su mente,
no hay más que una secuencia de ecos:
el pelo color óxido y los ojos acuosos,
el ángulo y pivote de los huesos
bajo la piel oscura y blanda,

y ella habita otro estado
donde somos fluidos e indistintos,
caprichos de sonido y alimento
que se encienden y apagan,

y lo que sabe de los perros,
o de la luz, o el agua, es un misterio a nuestros ojos,
que los hemos nombrado y extraviado,
verdad resuelta en la gramática
que viste y mina nuestro pensamiento
y oscurece su asombro ante éste, el imposible mundo.

viernes, 21 de junio de 2013

Sintámonos huéspedes (por Wislawa Szymborska)


Mientras no se sepa aún algo seguro,

pues no nos llegan todavía señales,


mientras la Tierra siga siendo diferente

a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,


mientras no se diga ni se escuche nada

sobre otras hierbas honradas por el viento,

sobre otros árboles ceñidos por coronas,

sobre otros animales comprobados como aquí,


mientras no haya un eco, además del nativo,

que sea capaz de entrecortar palabras,


mientras no haya noticia

de peores o mejores mozarts,

edisons, platones,


mientras nuestros crímenes

puedan rivalizar sólo entre sí,


mientras nuestra bondad

siga sin parecerse a nada

y siendo excepcional hasta en su imperfección,


mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones

se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,


mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas

pueda ponerse un grito en el cielo,


sintámonos huéspedes de este refugio,

distinguidos y extraordinarios,

bailemos al son de la banda local


y hagamos como si éste fuera

el baile de los bailes.


No sé si para otros,

para mí esto es del todo suficiente

para ser feliz e infeliz:


un rincón modesto,

en el que las estrellas den las buenas noches

y hacia el que parpadeen

sin mayor significado.

jueves, 20 de junio de 2013

A la que hoy pierdo (por Claudio Rodríguez)


Tal vez, valiendo lo que vale un día,

sea mejor que el de hoy acabe pronto.

La novedad de este suceso, de esta

muchacha, casi niña pero de ojos

bien sazonados ya y de carne a punto

de miel, de andar menudo, con su moño

castaño claro, su tobillo hendido

tan armoniosamente, con su airoso

pecho que me deslumbra más que nada

la lengua... Y no hay remedio, y le hablo ronco

como la gaviota, a flor de labio

(de mi boca gastada), y me emociono

disimulando ciencia e inocencia

como quien no distingue un abalorio

de un diamante, y le hablo de detalles

de mi vida, y la voz se me va, y me oigo

y me persigo, muy desconfiado

de mi estudiada habilidad, y pongo

cuidado en el aliento, en la mirada

y en las manos, y casi me perdono

al sentir tan preciosa libertad

cerca de mí. Bien sé que esto no es sólo

tentación. Cómo renuncio a mi deseo

ahora. Me lastimo y me sonrojo

junto a esta muchacha a la que hoy amo,

a la que hoy pierdo, a la que muy pronto

voy a besar muy castamente sin que

sepa que en ese beso va un sollozo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Inscripción en cualquier sepulcro (por Jorge Luis Borges)


No arriesgue el mármol temerario
gárrulas infracciones al todopoder del olvido,
rememorando con prolijidad
el nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria.
Tanto abalorio bien adjudicado está a la tiniebla
y el mármol no hable lo que callan los hombres.
Lo esencial de la vida fenecida
-la trémula esperanza,
el milagro implacable del dolor y el asombro del goce-
siempre perdurará.
Ciegamente reclama duración el alma arbitraria
cuando la tiene asegurada en vidas ajenas,
cuando tú mismo eres la continuación realizada
de quienes no alcanzaron su tiempo
y otros serán (y son) tu inmortalidad en la tierra.

martes, 18 de junio de 2013

Como una llamarada (por Luis Rosales)

Siento tu cuerpo entero bajo el mío.
Tu carne
es
como un ascua,
fresca e imprescindible,
que está fluyendo hacia
mi cuerpo, por un puente
de miel lenta y silábica.
Hay un solo momento en que se junta
el cuerpo con el alma,
y se sienten recíprocos,
y viven
su transfiguración,
y se adelantan
el uno al otro en una misma entrega
desde su mismo origen deseada.
Siento tus labios en mis labios, siento
tu piel desnuda y ávida,
y siento,
¡al fin!
esa frescura súbita
como una llamarada
de eternidad, en que la carne deja
de serlo y se desata,
se dispersa en el vuelo,
y va cayendo
en la tierra sonámbula
de tu cuerpo que cede interminable
mente cediendo,
hasta
que el vuelo acaba y ya la carne queda
quieta, milagreada,
y me devuelve el cuerpo,
y todo ha sido
un pasmo, un rebrillar y luego nada.

lunes, 17 de junio de 2013

La hora tuya (por Dulce María Loynaz)

De las veinticuatro horas del día, 
siempre te dejo una para que puedas irte, 
si lo quieres.

Si me das veintitrés horas de cada día tuyo, 

bien puedes conservar una sola para pensar en ella, 
si están las otras veintitrés bien empleadas.

Ésa es la hora tuya, 

y de tal modo la respeto 
que casi me privo de respirar, 
a fin de que ni mi aliento te turbe o te desvíe.

Es la hora en que yo me borro a mí misma, 

en que yo me sujeto el corazón y me vuelvo de espaldas a tu tiempo, 
de cara a la pared, para esperar, 
trémula, ansiosa, 
esa hora que dura todo un siglo...

Cuando ella pasa vuelvo a abrir los ojos, y,

viéndote a mi lado todavía, 
te saludo entonces sin gestos, sin palabras, 
como un nuevo milagro, para mí sola florecido.

Es un milagro que se hace todos los días sin gastarse, 

sin que la angustia deje de ser angustia, 
ni la alegría deje de ser maravillosa, pura, 
estrenada alegría.

domingo, 16 de junio de 2013

Bajo túneles de dolor (por César Vallejo)

Este piano viaja para adentro,
viaja a saltos alegres.
Luego medita en ferrado reposo,
clavado con diez horizontes.

Adelanta. Arrástrase bajo túneles,
más allá, bajo túneles de dolor,
bajo vértebras que fugan naturalmente.

Otras veces van sus trompas,
lentas ansias amarillas de vivir,
van de eclipse,
y se espulgan pesadillas insectiles,
ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis.

Piano oscuro ¿a quién atisbas
con tu sordera que me oye,
con tu madurez que me asorda?

Oh pulso misterioso.

sábado, 15 de junio de 2013

Crece hasta sucumbir (por José Antonio Labordeta)

Cuando vuelvas
cuando cansado te sientes al borde del camino
y contemples el mar
como una luz vencida
y el otoño te traiga
el amargo sabor de los días agrestes
RECUERDA,
como si nada fuese a suceder,
tus infinitos pasos
huellas sobre las yerbas de otros días.

Luego crece
crece hasta sucumbir como un gigante
como una hormiga inútil.
Tú y yo
y el celeste paisaje de las noches
habremos sido viento
palabras apresadas
miedo vencido
inútil NADA.

viernes, 14 de junio de 2013

Y no eres más que razón (por Paul Éluard)


Te amo por todas las mujeres que no he conocido
Te amo por todos los tiempos en que no he vivido
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente
Por la nieve que se derrite por las primeras flores
Por los animales puros a los que el hombre no aterra
Te amo por amar
Te amo por todas las mujeres a las que no amo

Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco
Sin ti no veo nada más que una extensión desierta
Entre antaño y hoy
Ha habido todas esas muertes que he superado en la miseria
No he podido atravesar la pared de mi espejo
He tenido que aprender palabra por palabra la vida
Como se olvida

Te amo por tu sabiduría que no es la mía
Por la salud
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión
Por ese corazón inmortal que no detento
Crees ser la duda y no eres más que razón
Eres el gran sol que se me sube a la cabeza
Cuando estoy seguro de mí.

jueves, 13 de junio de 2013

Toma (por Laura Casielles)



Toma, éste es mi cuerpo.
Ha vivido tempestades y lleva dentro animales pequeños
que por su nombre podrían ser dinosaurios.
Toma, éste es mi cuerpo,
te estaba esperando,
cada mañana lo perfumo y a menudo
no me deja dormir.
Si te fijas bien verás que en los recodos
tiene la forma de tus manos.

Toma, éste es mi brazo, tuyo,
éste es mi labio,
tuyo,
éste es mi cuerpo y enseguida
piel,
entrañas,
tuyo,
se va a poner a llorar de amor,
naranjas, viento,

toma,
éste es mi cuerpo,
te estaba esperando,

a veces no estás y no es nada,

a veces cuerpo,

a veces voz.

miércoles, 12 de junio de 2013

Después de amarnos (por Kirmen Uribe)


El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.

Dormida en la cama, sólo
los párpados te cubren.

No hagas caso del miedo,
no digas siempre, no digas nunca,
deja que el mundo
siga adelante.

El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.

Dormida y flotando
como un feto o un ojo.

No hagas caso del miedo,
no digas siempre, no digas nunca,
deja que el mundo
siga adelante.

El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.

martes, 11 de junio de 2013

Mi dolor (por Manuel Altolaguirre)


Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa
de donde salí llorando
me llegaba a la cintura.

¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo!
Crecí como una alta llama
de tela blanca y cabellos.

Si derribaran mi frente
los toros bravos saldrían,
luto en desorden, dementes,
contra los cuerpos humanos.

Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.


lunes, 10 de junio de 2013

Por qué fue roto aquello (por José Moreno Villa)


No vinimos acá, nos trajeron las ondas.

Confusa marejada, con un sentido arcano,

impuso el derrotero a nuestros pies sumisos.


Nos trajeron las ondas que viven en misterio.

Las fuerzas ondulantes que animan el destino.

Los poderes ocultos en el manto celeste.


Teníamos que hacer algo fuera de casa,

fuera del gabinete y del rincón amado,

en medio de las cumbres solas, altas y ajenas.


El corazón estaba aferrado a lo suyo,

alimentándose de sus memorias dormidas,

emborrachándose de sus eternos latidos.


Era dulce vivir en lo amoldado y cierto,

con su vino seguro y su manjar caliente,

con su sábana fresca y su baño templado.


El libro iba saliendo, el cuadro iba pintándose,

el intercambio entre nosotros y el ambiente

verificábase como función del organismo.


Era normal la vida: el panadero, al horno,

el guardián, en su puesto; en su hato, el pastor,

en su barca el marino, y el pintor en su estudio.


¿Por qué fue roto aquello? ¿Quién hizo capitán

al mozo tabernero y juez al hortelano?

¿Quién hizo embajador al pobre analfabeto

y conductor de almas a quien no se conduce?


Fue la borrasca humana, sin duda, pero tú,

que buscas lo más hondo, sabes que por debajo

mandaban esas fuerzas, ondulantes y oscuras,

que te piden un hijo donde no lo soñabas,

que es pedirte los huesos para futuros hombres.

domingo, 9 de junio de 2013

Sino decir palabras (por Luis Cernuda)

Un día comprendió cómo sus brazos eran
solamente de nubes;
imposible con nubes estrechar hasta el fondo
un cuerpo, una fortuna.

La fortuna es redonda y cuenta lentamente
estrellas del estío.
Hacen falta unos brazos seguros como el viento,
y como el mar un beso.

Pero él con sus labios,
con sus labios no sabe sino decir palabras;
palabras hacia el techo,
palabras hacia el suelo,
y sus brazos son nubes que transforman la vida
en aire navegable.

sábado, 8 de junio de 2013

Cada vez más pequeños (por Ana Blandiana)



Deberíamos nacer ancianos,

despiertos, capaces de decidir

nuestro destino en la Tierra,

saber desde la primera encrucijada

qué camino tomar

y que irresponsable sólo sea

el deseo de ir más lejos.

Después, hacernos al caminar,

aún más y más jóvenes,

maduros y fuertes alcanzar

las puertas de la creación,

traspasarlas y entrar enamorados

a la adolescencia,

ser niños cuando nazcan nuestros hijos.

Igual serían siempre más viejos que nosotros,

nos enseñarían a hablar,

y nos mecerían para dormirnos,

desapareceríamos cada vez más,

seríamos cada vez más pequeños,

como un granito de uva, de arveja o de trigo...

viernes, 7 de junio de 2013

Qué nada soy yo (por Juan Ramón Jiménez)



¡Cómo me siguen
en fila interminable
todos los yos que he sido!
¡Cómo se abre el ante mí
en infinita fila
para todos los yos que voy a ser!
¡Y qué poco, qué nada soy yo,
este yo de hoy
que casi es de ayer,
que va a ser todo de mañana!

jueves, 6 de junio de 2013

En el centro de la ciudad sagrada (por Roberto Juarroz)


Hemos llegado a una ciudad sagrada.
Preferimos ignorar su nombre:
así le podemos dar todos los nombres.
No encontramos a quién preguntar
por qué estamos solos en la ciudad sagrada.
No conocemos qué cultos se practican en ella.
Sólo vemos que aquí forman un solo filamento
el hilo que une toda la música del mundo
y el hilo que une todo el silencio.

No sabemos si la ciudad nos recibe o nos despide,
si es un alto o un final del camino.
Nadie nos ha dicho por qué no es un bosque o un desierto.
No figura en ninguna guía, en ningún mapa.
Las geografias han callado su ubicación o no la han visto.
Pero en el centro de la ciudad sagrada hay una plaza
donde se abre todo el amor callado
que hay adentro del mundo.
Y sólo eso comprendemos ahora:
lo sagrado
es todo el amor callado.

miércoles, 5 de junio de 2013

Adioses (por Miguel d´ Ors)



Las hojas del castaño se despiden –noviembre–

convirtiendo en belleza la pena del adiós:

esta polifonía de verdes, amarillos,

ocres, marrones, pardos… Veo desde el balcón

cómo va, hoja tras hoja, rindiéndose al otoño

y cayendo en la broza otra generación

vegetal. Y recuerdo al viejo Homero: como

van pasando las hojas, vamos pasando los

hombres. En este otoño, en el que cada hora

es una despedida, que sepa también yo,

imitando el ejemplo callado de esas hojas,

hacer de los adioses mi música mejor.

martes, 4 de junio de 2013

Tango (por Günter Grass)


Orden, como desde arriba: el cuerpo que huye del cuerpo,
estirado, está en fuga,
así es como esto nos arrebata.

Ningún abismo, pero una vastedad a la que,
como si hubiera espejos alrededor,
lanzamos miradas que se pierden.

Y luego, ordenado: volver hacia dentro.
Nos movemos en el sitio, en lo más interior del sitio
y seguimos el compás.

Caídas contadas, las casi-caídas,
los pasos que siguen, vacilan, retrasan,
arrastran, posponen el fin.

¡No muere, no muere! Este yo de dos,
en tanto que el tango, el tango mortal
siga una forma de paso.

Con lo que queda de aliento en la fiesta sin nadie
los dos se celebran, y al final, no obstante,
esperan aplausos.

El dolor es sólo máscara. En disfraz nos deslizamos
en pista sin límite, pisándole a la muerte los talones
y también a nosotros.

lunes, 3 de junio de 2013

Todo (por Wislawa Szymborska)



Todo:
palabra impertinente y henchida de orgullo.
Habría que escribirla entre comillas.
Aparenta que nada se le escapa,
que reúne, abraza, recoge y tiene.
Y en lugar de eso,
no es más que un jirón de caos.

domingo, 2 de junio de 2013

Más que nunca (por Claudio Rodríguez)



Ahora necesito más que nunca

mirar al cielo. Ya sin fe y sin nadie,

tras este seco mediodía, alzo

los ojos. Y es la misma verdad de antes

aunque el testigo sea distinto. Riesgos

de una aventura sin leyendas ni ángeles,

ni siquiera ese azul que hay en mi patria.

Vale dinero respirar el aire,

alzar los ojos, ver sin recompensa,

aceptar una gracia que no cabe

en los sentidos pero les da nueva

salud, los aligera y puebla. Vale

por mi amor este don, esta hermosura

que no merezco ni merece nadie.

Hoy necesito el cielo más que nunca.

No que me salve, sí que me acompañe.

sábado, 1 de junio de 2013

De tiempo y agua (por Jorge Luis Borges)



Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo.

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

viernes, 31 de mayo de 2013

Ése es el término (por Li Po)



¿Cuánto podrá durar para nosotros

el disfrute del oro, la posesión del jade?

Cien años cuanto más, ése es el término

de la esperanza máxima.

Vivir y morir luego, he aquí la sola

seguridad del hombre.

Escuchad, allá lejos,

bajo los rayos de la luna,

al mono acurrucado y solo

llorar sobre las tumbas…

Y ahora llenad mi copa, es el momento

de vaciarla de un trago.

jueves, 30 de mayo de 2013

A salvo (por Saiz de Marco)

Todo el horror ahí enfrente
batalla de Stalingrado
y yo sin embargo a salvo
Sí
qué extraño se me hace que yo a resguardo de todo
yo con mi escudo invisible
en la ciudad asediada y sobre la línea de fuego
en medio de aquello pero
sin salpicarme la sangre
las vísceras
la metralla
yo lo único invulnerable
a menos de quince metros y a salvo de todo eso
yo inmune
parapetado
entre butacas de cine

miércoles, 29 de mayo de 2013

Como una flor tardía (por Hart Crane)


Esta lámpara dejó caer una tímida
solemnidad en nuestro pobre cuarto.
¡Oh dorada y gris amenidad,
tristeza intensa y gentil!

A lo largo y ancho del mundo
reclamamos las horas robadas ya que ninguno puede saber
cuánto le agrada al amor florecer como una flor tardía
en los días posteriores a la incandescencia.

Y aunque el mundo deba despedazarse
con celos y engaños,
al menos podrá reverenciar y conquistar
nuestra piedad con una sonrisa.

martes, 28 de mayo de 2013

Quién es ahora (por Paal Brekke)


El hombre que asesinó el martes
¿era el asesino del lunes?
Y si se despierta el miércoles frente a una ventana gris
y la niebla vagando solitaria a través de él
quién es ahora

¿el hombre de ayer?
cuando la piedra levantó su mano para golpear
o el que era anteayer
quién
cuando fue anteayer
Recuerda él la luz de la lámpara del piano
y las manos sobre las teclas
sí, Hãndel.
Y una pesada piedra gris, crujiente
Mira fijamente hacia adentro
donde viejos puntos de referencia se disuelven en la niebla
modifican su forma y cambian de sitio
Y él mira esas manos
¡de quién son!
una piedra que ellas lanzan a un malecón
o Hãndel, Hãndel

que se ha levantado del piano
sin mirarlo a él
deja que la puerta vuelva a cerrarse
Y sólo quedan las manos
usadas prestadas
Como perros callejeros están
por ahí aullando en un páramo desierto
hacia el jueves viernes

lunes, 27 de mayo de 2013

Olvido y años (por Stein Mehren)


El tiempo cura todas las heridas, decimos
de todo lo que ocurrió hace mucho
Ni siquiera el eco de un grito de dolor
queda colgando en el cielo

Pero el dolor tiene sus caminos
que atraviesan olvido y años, tiene
sus lentos caminos oscuros
y huellas luminosas

Aquello que hemos olvidado, continúa
acordándose de nosotros, como secretos sepultados
vivos en palabras y en tiempo
grabándose a fuego en el centro de nosotros

Allí dentro donde llevamos nuestras heridas
como manantiales secretos, de cariño o dolor
de odio o amor, silenciosamente
el original grito deviene con los años

silencioso y tenaz

domingo, 26 de mayo de 2013

En pequeños rincones (por Paul-Helge Haugen)


Y sin embargo

el amor existe
por todas partes: en pequeños rincones
y lugares perdidos en el paisaje
dispuesto a desbordarse

a menudo apuñalado o atropellado
se retira hasta el fondo
de las grietas del muro a esperar
el pequeño reptil del amor, siempre
dispuesto a cambiar de color

a menudo ahuyentado como un ángel
que se envuelve en el aire que lo rodea y se va
a menudo colocado bajo una campana de cristal en un paisaje
donde nieva si le das la vuelta a la bola de cristal
sin embargo el amor puede brotar
también en el tembloroso resplandor de la pantalla de rayos X
se hace visible dentro del cuerpo
incluso el amor que nunca verá la luz
los fetos gemelos con su halo de muerte
uno al otro dulcemente acariciándose

sábado, 25 de mayo de 2013

Todas han muerto (por Antonio Machado)


Llamó a mi corazón, un claro día,
con un perfume de jazmín, el viento.

—A cambio de este aroma,
todo el aroma de tus rosas quiero.

—No tengo rosas; flores
en mi jardín no hay ya; todas han muerto.

Me llevaré los llantos de las fuentes,
las hojas amarillas y los mustios pétalos.
Y el viento huyó... Mi corazón sangraba...

Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?

viernes, 24 de mayo de 2013

La niña de Pompeya (por Primo Levi)


Como la angustia ajena es también la nuestra,

otra vez vivimos la tuya, niña delgada,

aferrada en un espasmo a tu madre,

como si cuando el cielo del mediodía se tornó negro

hubieras querido volver a su seno.

Era inútil, porque el aire, envenenado,

se filtró hasta hallarte tras las ventanas cerradas

de tu casa tranquila, de gruesos muros,

alguna vez feliz con tu canto y tus tímidas risas.

Han pasado siglos, las cenizas se han petrificado

aprisionando esos delicados miembros para siempre.

Así has permanecido con nosotros, como un molde de yeso

retorcido,

una agonía sin término, testigo terrible de lo mucho

que nuestra orgullosa estirpe importa a los dioses.

Nada queda de tu hermana lejana,

la muchacha holandesa aprisionada entre cuatro paredes

que escribió sobre su juventud sin futuro.

Sus cenizas calladas fueron esparcidas por el viento,

su corta vida encerrada de un portazo en un cuaderno arrugado.

Nada queda de la niña de la escuela de Hiroshima,

sombra impresa sobre un muro por la luz de mil soles,

víctima sacrificada en el altar del miedo.

Poderosos de la tierra, dueños de venenos nuevos,

tristes guardianes secretos del trueno final,

los tormentos que el cielo nos envía son suficientes.

Antes de que vuestro dedo apriete el botón, deteneos, y pensad.

jueves, 23 de mayo de 2013

Con mi soledad (por Georges Moustaki)


Amigos, otro grande que se nos va: Georges Moustaki. Lo suyo era poesía hecha canción. Sus seguidores lo saben, lo sabemos bien. Muchos aprendimos francés leyendo sus letras y oyendo su voz. En su homenaje publicamos hoy este poema. Quienes además quieran disfrutarlo en francés ("Ma solitude"), de su garganta y con su música, ya saben lo que tienen que hacer. Pero en zUmO dE pOeSíA nos quedamos, en silencio, con sus poemas… y, tras su marcha, con nuestra soledad. Hasta siempre, amigo. 



Con mi soledad

Por haber dormido tan a menudo con mi soledad
se ha convertido casi en una amiga, en una dulce costumbre.
No me deja ni un momento. Fiel como una sombra
me ha seguido por todas partes, por los cuatro rincones del mundo.

No, nunca estoy solo,
con mi soledad

Cuando se tiende en mi cama, la ocupa toda entera,
y pasamos largas noches, los dos, frente a frente.
Realmente no sé hasta dónde me seguirá esta cómplice.
Será preciso que me acostumbre o reaccione.

No, nunca estoy solo,
con mi soledad

Por su culpa he visto tanto que he llorado.
Si alguna vez la rechazo, nunca se rinde y,
aunque a veces prefiera el amor de alguna otra cortesana,
ella será, en mi último día, mi última compañera.

No, nunca estoy solo,
con mi soledad.

Amor es esto (por Günter Grass)


Amor

Es esto:
Transacciones sin efectivo.
La manta siempre un poco corta.
El contacto flojo.

Buscar más allá del horizonte.
Rozar con cuatro zapatos las hojas muertas
y frotar mentalmente pies desnudos.
Arrendar y tomar en arriendo corazones;
o en la habitación con ducha y espejo,
en un coche alquilado, con el capó hacia la luna,
dondequiera que la inocencia se baja
y quema su programa,
suena la palabra en falsete,
cada vez diferente y nueva.

Hoy, ante la taquilla aún cerrada,
susurran, de la mano,
el avergonzado viejo y la vieja delicada.
La película prometía amor.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Y tú envejeces lejos (por Jon Juaristi)


Al otro pertenecen

las escenas que guarda tu memoria:

imágenes confusas

que el óxido del tiempo deteriora.

Otro es el que las sueña

desde un ayer de rabia silenciosa.


Muere con ellas una lengua exangüe

y una causa llamada a la derrota.


Y tú envejeces lejos,

en el destierro de la tierra toda,

entre voces ajenas

y soledades próximas,

perdiendo cada día y rescatando

los colores, las líneas y las formas

de un mundo ajeno que creíste tuyo

y alzando en torno de su ausencia torva

gastados laberintos de palabras,

una mansión decrépita y angosta,

una torre, un brocal, quizá una vida.

martes, 21 de mayo de 2013

Si te quedas conmigo (por Josep M. Rodríguez)

No te vayas aún, quédate un rato.

El día nace para destruirse,
y nuestra juventud es el periódico
de ayer.

Amanece conmigo.
Deja que sea la presa la que defina al cazador
y que este instante valga
por cualquier otro instante.

El sol es una broca
de luz:
se abre paso,

no nos necesita.

Si te quedas conmigo,
emergeremos juntos de la noche
igual que el tallo brota de lo oscuro:

Cada vez más fuertes.

No te vayas aún
y quédate conmigo:

Escucharemos cómo
ola
a ola
tartamudea el mar,

como aprendiendo a pronunciar tu nombre.

lunes, 20 de mayo de 2013

Cada gota de lluvia (por Federico García Lorca)

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

domingo, 19 de mayo de 2013

Solos bajo la lluvia (por Raúl Gonzales Tuñón)

Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.

Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, 

todos los gestos que hemos entrevisto y sospechado, los ademanes y las palabras de ellos, 
todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, 
en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, 
cuanto tú y yo seamos dos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, 
subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, 
ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, 
ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, 
ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra esperanza, 
los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste 
y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. 
Oh, íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.

sábado, 18 de mayo de 2013

Bajo los dragones dorados (por Juan Carlos Mestre)


Me enamoré de ti en el restaurante chino de la Plaza Mayor

Ese día bajo los dragones dorados

tú eras todas las dinastías que ha tenido la Tierra

tú eras el delta de los ríos y la cascada de los encantamientos

el curry que tiñe de sol el lazo de las servilletas

El día que me enamoré de ti comenzaba el año del gato

y las nubes maullaban sobre los tejados

celebrando la lluvia de estrellas y la cosecha de arroz

Demonios, al salir tiraste sin querer el buda de escayola

y todos los buenos presagios se hicieron añicos

Nena, ya nada ha vuelto a ser como entonces

cuando sabías a las bolitas de helado Familia Feliz

y yo te acariciaba con palillos de bambú los brotes de primavera

viernes, 17 de mayo de 2013

Como unos labios (por Kirmen Uribe)

Mis pechos son pequeños y mis ojos redondos.
Tus piernas, largas y frías
como el agua de la fuente.
Te mordisqueo el cuello,
lo tienes firme, inmaduro aún,
como una nuez recién caída.
Te pones arriba y me besas el vientre,
húmedas olas por toda mi piel,
ahora aquí, ahora allá,
como las primeras gotas que caen
antes de que descargue la tormenta: pla, pla, pla.

Nos quedamos dormidos,
pecho y espalda se cierran
como unos labios tras un suspiro.

jueves, 16 de mayo de 2013

Manso declive (por Jorge Luis Borges)


La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Un gran simulacro (por Mario Benedetti)


Cada vez que nos dan clases de
amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de
amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de
ausencia
muñones de porvenir, arrabales
de duelo
pero también candores de
mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde
sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo
de otoño
sentimientos insoportablemente
actuales
que se niegan a morir allá en lo
oscuro

el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las
remembranzas
y hay que tirar rencores por la
borda
en el fondo el olvido es un gran
simulacro
nadie sabe ni puede -aunque
quiera- olvidar
un gran simulacro repleto de
fantasmas
esos romeros que peregrinan por
el olvido
como si fuese el camino de
santiago

el día o la noche en que el olvido
estalle
salte en pedazos o crepite,
los recuerdos atroces y de
maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por
el mundo
y esa verdad será que no hay
olvido.

martes, 14 de mayo de 2013

Como primeras muertes (por Juan Ramón Jiménez)


¡Estos instantes
en que no estamos donde estamos
sino donde estuvimos,
en que quisiéramos, mejor
que vivir nuestras horas,
revivir las pasadas!
¡Cómo primeras muertes,
con la nostalgia
de la resurrección!

lunes, 13 de mayo de 2013

Nada le pesa (por Wislawa Szymborska)


El ratonero no tiene nada que reprocharse.

Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.

No dudan de sus actos las pirañas.

La víbora se acepta sin complejo a sí misma.


No existe un chacal autocrítico.

El tábano, la langosta, la tenia y el caimán

viven como viven y así están satisfechos.


Cien kilos pesa el corazón de la orca,

pero nada le pesa.


No hay nada más bestial

que una conciencia limpia

en el tercer planeta bajo el sol.

domingo, 12 de mayo de 2013

Y me dejo cegar (por Félix de Azúa)


Ahora es mi turno, cuando cierro los ojos
y me olvido de ti, de tu salvaje higuera y tus higos salvajes,
cuando tu carne, como un libro de cuentos, resplandece en la noche
a la luz de un hogar mediterráneo;
y me dejo cegar por el brillo solar de la memoria
mientras mi cuerpo entero se quema en un chispazo.

Ahora infantiles yemas te descubren, y entre las llamas muertas
rescato el viejo yugo, los utensilios viejos y las viejas guirnaldas
del buey, de la cebada y de la Pascua de Resurrección.
Es mi turno, no el tuyo. Te levanto en mis palmas
como se exponen los recién nacidos
a las nubes plomizas, irritadas
como vacas repletas que atronan el establo
los campos secos, el pozo, la uva amarga.

Pero tú, hecha una niña, también tientas las ubres, y arqueada
jadeas entre brasas; es mi turno y tú danzas
resonando perpleja y sonriente,
átomo, brizna, astilla de una combustión
que no puedo pensar sin sentirme infinito.

Tus yemas y tu sonrisa atónita me invitan al incendio…
pero me venden luego por la espalda como cosa fútil,
como ese azar minúsculo, gratuito
que te alcanza las nubes y se empeña en durar.

Y mientras tú contratas con terribles clientes
a los que yo sólo conozco por el nombre,
y cuyas sombras, mantos, miradas esquinadas,
me hacen alzar la sábana aterrado;
hundido al fin, hundido,
olvidado por fin, perdido y solo, cobijado en mí mismo,
puedo gritar, gritar hasta romper el techo y por la grieta ver
la esplendorosa faz sin ojos y sin boca
que me agarra del cuello y me disuelve en risas,
fuego de azufre, espanto y aroma de castaños.

sábado, 11 de mayo de 2013

La mancha del amor (por William Carlos Williams)


¿Qué tengo para decirte
cuando nos encontremos?
Sin embargo
estoy aquí pensando en ti.

La mancha del amor
se extiende sobre el mundo.
Amarilla, amarilla, amarilla,
devora entre las hojas,
unta de azafrán las ramas enastadas que se inclinan
pesadamente
contra un cielo blando y violáceo.

No hay luz,
sólo una mancha espesa como miel
goteando de hoja en hoja
y de rama en rama
adentrándose en los colores
del mundo entero.

Estoy solo.
El peso del amor
me sostuvo
hasta que mi cabeza
dio contra el cielo.

Mírame.
Mi pelo chorrea néctar,
los tordos se lo llevan
sobre sus alas negras.
Mira, mis brazos y
mis manos por fin están
sin hacer nada.

¿Cómo puedo decir
si voy a volver a amarte como ahora
alguna vez?

viernes, 10 de mayo de 2013

De plantas (por Ana Blandiana)


Yo creo que somos un pueblo de plantas.
De otra manera, ¿de dónde sacamos la calma
con que esperamos ser deshojados?
¿De dónde el valor
para empezar a deslizarnos en un tobogán de sueños
tan cerca de la muerte,
con la certeza de que podremos
nacer de nuevo?
Yo creo que somos un pueblo de plantas:
¿Quién ha visto
a un árbol rebelándose?

jueves, 9 de mayo de 2013

Loca, desnuda noche de estío (por Walt Whitman)


Cíñete a mí, noche del seno desnudo; cíñete a mí, noche ardiente y nutricia.
Noche de vientos del sur, noche de grandes y pocos luceros,
tú, que en la paz cabeceas, loca, desnuda noche de estío.
Voluptuosa sonríe, ¡oh, tierra de fresco aliento!
Tierra de árboles adormilados y líquidos,
tierra ya sin luz del ocaso, tierra de montes con cumbre de niebla,
tierra donde derrama cristales el plenilunio azulado,
tierra con manchas de luz y de sombra en las aguas del río,
tierra de límpido gris y de nubes que para mí son
más vivas y claras,
tierra de abrazo anchuroso, tierra ataviada con flor de manzano,
sonríe ya, que tu amante se acerca.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Aprende a amar (por Maram Al-Masri)



I

Ella llegaba hasta él

para ofrecerle

los poros de su piel

y las yemas de sus dedos

adornados con cerezas

que comía con avidez.



Y se marchaba

con la cesta de su corazón

vacía.


II


Bendíceme libre

y soporta

mis negativas.

Acércate cuando

te invite,

y cuando

te descuide,

aprende a esperarme.

Acéptame siendo de otro

y aprende a amar.


III


No se avergonzaba ante ella

por su vieja ropa interior de algodón

y sus calcetines agujereados.

Ante ella

se desnuda

como se desnudan

las urgencias del amor,

para descender

como un rey

sobre su cuerpo.

martes, 7 de mayo de 2013

La alegría de perderte (por Álvaro Tato)

Que haya viento a favor.

Que mires atrás una sola vez
para saber que aún no te persigues.

Que encuentres la alegría de perderte,
la certeza fugaz de no estar muerto,
alguien que te acompañe
y cosas que sucedan.

Que sigas. Que te pares.
Que nunca des contigo.

Y que tu patria sea ese lugar
al que no llegarás.



lunes, 6 de mayo de 2013

Una sábana azul (por Clara Janés)

Desplegó una sábana azul
que abarcaba los ocho cielos
salpicados del oro de los astros
y me envolvió, y a sí mismo, en ella.
Y como el entero firmamento
me abrazó...
...Y se adentró en mi vida,
y en aquella noche
la deshojó hasta la tersura del alba.
Con el tacto del más leve pétalo
se dobló su cabeza en mi cuello,
sus bucles negros
emitían un aroma de abismo.

domingo, 5 de mayo de 2013

Sus vidas desperdiciadas (por Charles Bukowski)


Siempre nos piden que entendamos
el punto de vista de los otros
sin importar si es anticuado,
necio,
nauseabundo.

A uno le piden
que entienda
amablemente
todos los errores de los otros,
sus vidas desperdiciadas,
sobre todo si son de edad longeva.

Pero su edad es lo único
en lo que nos fijamos.
Han envejecido mal
porque han vivido sin enfoque,
se han negado a ver.
¿Que no es culpa suya?

Se me pide que oculte
mi opinión ante ellos
por miedo a su miedo.

La edad no es un crimen
pero la vergüenza de una vida
deliberadamente desperdiciada
entre tantas vidas
deliberadamente desperdiciadas

sí lo es.

sábado, 4 de mayo de 2013

Tan sólo ese momento (por Francisco Brines)


¿Y qué es lo que quedó de aquel viejo verano
en las costas de Grecia?
¿Qué resta en mí del único verano de mi vida?
Si pudiera elegir de todo lo vivido
algún lugar, y el tiempo que lo ata,
su milagrosa compañía me arrastra allí,
en donde ser feliz era la natural razón de estar con vida.

Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia;
no queda ya el recuerdo de días sucesivos
en esta sucesión mediocre de los años.
Hoy vivo esta carencia,
y apuro del engaño algún rescate
que me permita aún mirar el mundo
con amor necesario;
y así saberme digno del sueño de la vida.

De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha,
saqueo avaramente
siempre una misma imagen:
sus cabellos movidos por el aire,
y la mirada fija dentro del mar.
Tan sólo ese momento indiferente.
Sellada en él, la vida.

viernes, 3 de mayo de 2013

Con quién habla (por Floridor Pérez)

He visto a un hombre arrodillarse sobre un prado.
Jardinero que riega una flor subterránea,
no lleva regadera ni agua le falta
como si fluyera de su propio ser.
Estoy cerca de él, pero él
está lejos de todos y de todo.

Y sin embargo habla ¿con quién habla
este hombre que no habla con nadie?
Habla con alguien que fue él
y ahora sólo es parte de él y de la tierra:
lo increpa, ruega, lo maldice,
le golpea la cabeza con un por qué:
¿por qué / por qué / por qué / por qué?

Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe
qué decirle a ese hombre que una tarde
-domingo en Concepción- riega su hija
en un parque, y le deja una flor
y un caballito blanco de juguete
para que vuelva a casa por la noche:

caballito blanco
llévame de aquí
llévame a la cuna
donde yo nací.


Y de noche la sueña: y en sueños se levanta
y la cubre, porque llueve en el sur
-ay, cómo llueve en su lecho de trébol-
y yo sueño con él, lo sueño niño
y en sueños se hace hombre
y se arrodilla sobre un prado,
se dobla como un herido a bala
pero no cae, se levanta
-con todo el peso del dolor se levanta-
y en sueños le pregunto ¿cómo? ¿cómo?

Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe.

jueves, 2 de mayo de 2013

En dos (por Juan Ramón Jiménez)



¡Cómo, cantando, el pájaro,

en la cima de luz del chopo verde

al sol alegre de la tarde clara,

me parte el alma, a gusto, inmensamente en dos

-¡y qué sangre de música chorrea!-,

desde el cénit sin vuelta

a la tierra sin fondo!

miércoles, 1 de mayo de 2013

Malos (por Saiz de Marco)

Cuando eras niña tu lengua era sabia,
pero al crecer se fue deteriorando.

Vinieron "tramposo",
"especulador",
"déspota",
"xenófobo",
"esclavista"...

Vinieron voces oscurecedoras:
palabras torcidas, oblicuas, curvas.

Pero al principio sólo tenías "malo":

A la que hacía el mal la llamabas MALA.
Al que hacía sufrir le llamabas MALO.

Les llamabas por su nombre genuino:
su nombre de verdad,
su llano nombre.

Hablabas de ellos como debía ser.

martes, 30 de abril de 2013

En ellas (por Maram Al-Masri)


me disuelvo en las mujeres
desaparezco para ser
cada una de ellas

veo mi mirada en ésta
mi risa
en los labios de aquélla
mis lágrimas
asoman a sus ojos
y por sus cuerpos
circula mi alma

se parecen a mí y yo a ellas
en ellas me reconozco
en ellas
me completo
y me divido

lunes, 29 de abril de 2013

Otro silencio (por Octavio Paz)



Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:


desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

domingo, 28 de abril de 2013

No te abandonarán (por Joan Margarit)


No tires las cartas de Amor
ellas no te abandonarán
el tiempo pasará, se borrará el deseo
-esa flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo
caerán los años. Te cansarán los libros
descenderás aún más
e incluso, perderás la poesía.

El ruido frío de la ciudad en los vidrios
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

sábado, 27 de abril de 2013

Miré hacia atrás (por Wislawa Szymborska)


Dicen que miró hacia atrás por curiosidad.
Pero yo podría haber tenido otras razones aparte de la curiosidad.
Miré hacia atrás por pena de una fuente de plata.
Por distracción mientras me ataba el cordón de mi sandalia.
Para evitar seguir mirando el justo cuello
de Lot, mi esposo.
Por una repentina certidumbre de que si yo hubiera muerto
él ni siquiera habría atenuado su marcha.
Por la desobediencia de los humildes.
Alerta a la persecución.
Repentinamente serena, esperanzada de que Dios hubiera cambiado de parecer.
Nuestras dos hijas ya estaban casi en la cima de la colina.
Sentí la ancianidad dentro de mí. Lejanía.
La futilidad de nuestro vagar. Somnolencia.
Miré hacia atrás mientras dejaba mi atado en el suelo.
Miré hacia atrás por miedo de dónde poner a continuación mi pie.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratas de campo y buitres jóvenes.
Entonces no había justos ni malvados -simplemente todas las criaturas vivientes
reptaban y saltaban en medio de un pánico común.
Miré hacia atrás por soledad.
Por vergüenza de que estaba huyendo.
Por un deseo de gritar, de volver.
Justo cuando una súbita ráfaga de viento
me deshizo el peinado y me levantó mis vestidos.
Tuve la impresión de que lo estaban viendo todo desde las murallas de Sodoma
y estallaban en risas sonoras de vez en cuando.
Miré hacia atrás por rabia
para gozar de su gran ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones que he mencionado.
Miré hacia atrás a pesar de mí misma.
Fue sólo una roca que se desprendió, resonando bajo los pies.
Una repentina grieta que cortó mi camino.
Al borde un hámster correteó parado en sus patas traseras.
Fue entonces que miramos los dos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
repté y gateé hacia arriba,
hasta que la oscuridad me aplastó desde el cielo,
y con ella, grava ardiente y pájaros muertos.
Por falta de aliento me balanceaba repetidamente.
Si alguien me hubiera visto podría haber pensado que estaba bailando.
No es descartable que mis ojos hayan estado abiertos.
Puede ser que cayera con mi cara vuelta hacia la ciudad.
 

viernes, 26 de abril de 2013

Las palabras borradas (por Francisco Brines)


En las horas de amortiguada luz, y música,
en las alegres noches de nuestra juventud,
velamos hasta que el alba llega,
y en el humo se quedan las palabras
que la sombra golpea,
las palabras borradas que fueron nuestra vida.

Hace tiempo que callo,
y son tristes las noches de nuestra juventud,
y el alba llega muerta.
Rodeado de frío vuelvo a la hostil ciudad,
y el clandestino amor me despide furtivo
desde las rotas sombras de los descampados,
y el día se alza lívido
como si sólo un muerto lo hubiese de habitar.

Con el recuerdo sólo de tu vida, porque fuiste mi vida,
qué abandonado estoy.
¿Y a quién le contaré lo que ahora siento?

jueves, 25 de abril de 2013

El más grande de todos los mundos (por Walt Whitman)

¿Quién va allí?
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¿quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?

Cuanto yo señale como mío,
debes tú señalarlo como tuyo,
porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es más que cieno y podredumbre,
no me puedo parar a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como me da la gana.

¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?

Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.

Soy fuerte y sano.
Por mí fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mí.
Y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.

Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy más orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)

Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el más grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tú llamas disolución
porque conozco la amplitud del tiempo.