zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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miércoles, 31 de julio de 2019

Tú apareces (por Margaret Atwood)


Porque no tenemos historia
construyo una para ti

usando lo que
tenemos, fragmentos de las vidas
de otras personas, párrafos
que invento, de vez en cuando
un objeto, un reloj, una foto
que reclamas como tuya

(¿Qué pasó en aquel edificio rojo
de ladrillo con la salida
de incendios? ¿De qué río hablas?)

(Dijiste que tomaste
el barco, olvidas demasiadas cosas.)

Te sitúo en las calles, en las ciudades
que nunca he visto, andando
en un cuadro
de pintura realista

que se desintegra y se vuelve gris
cuando lo miro de cerca.

Para qué necesito
explicarte, quizá
este es el lugar adecuado para ti

Las montañas de este
espacio vacío tienen los bordes de estaño
azul, tú apareces sin avisar a medio camino entre
mis ojos y los árboles más cercanos,
tus colores brillantes, tu
perfil aplastado

flotando en el aire, sin más
motivo para aparecer
exactamente aquí, que este cartel de publicidad,
esta autopista o esa nube.



martes, 30 de julio de 2019

Querido Marzo (por Emily Dickinson)


Querido Marzo, entra.
Qué contenta estoy.
Te había estado esperando.
Quítate el sombrero,
debes de haber caminado mucho,
se te ve muy agitado.
Querido Marzo, ¿cómo estás? ¿y los demás?
¿Dejaste bien a la Naturaleza?
Vamos, Marzo, sube las escaleras conmigo,
tengo tanto que contarte.

Recibí tu carta, y los pájaros.
Los arces no se enteraron de que venías
hasta que se lo dije, qué rojas se pusieron sus caras.
Pero, Marzo, perdóname,
no encontré un púrpura adecuado
para todas aquellas colinas que me encargaste colorear,
te lo habías llevado todo.

¿Quién llama? Es Abril,
traba la puerta,
no me va a perseguir,
tuvo un año para llamarme
y aparece ahora que estoy ocupada.


Pero estas pequeñeces parecen triviales
ahora que viniste.

Esa culpa es tan querida como el elogio
y el elogio tan sencillo como la culpa.


lunes, 29 de julio de 2019

Jamás te pertenecimos (por Margaret Atwood)


El momento en el cual, después de tantos años
de trabajo duro y de un largo viaje,
te encuentras en el centro de tu cuarto,
casa, medio acre, milla cuadrada, isla, país,
y sabes, por fin, cómo llegaste allí,
y te dices: soy el dueño de esto,

es el mismo momento en que los árboles desprenden
sus suaves brazos de ti,
los pájaros recobran su lenguaje,
los acantilados se quiebran y colapsan,
el aire se retira de ti como una ola
y no puedes respirar.

No, murmuran. No eres dueño de nada.
Eres un visitante subiendo la colina,
una y otra vez,
plantando bandera, proclamando.
Jamás te pertenecimos.
Nunca nos encontraste.
Siempre fue al revés.



domingo, 28 de julio de 2019

El ciprés se ha tronchado (por Mahmud Darwish)


El ciprés se ha tronchado como un alminar
y se ha dormido
de camino a la austeridad de su sombra,
verde, oscura,
tal cual. Nadie sufre ningún mal.
Los coches han pasado, rápidos, sobre sus ramas.
El polvo ha cubierto los cristales...
El ciprés se ha tronchado pero
la paloma no ha dejado su nido público
en una casa vecina.
Dos pájaros migratorios han volado por sus alrededores
y se han intercambiado algunos símbolos.
Una mujer ha preguntado a su vecina:
¿has visto pasar una tempestad?
Ella ha respondido: no, ni una apisonadora...
El ciprés se ha tronchado.
Los que han pasado por sus ruinas han dicho:
tal vez se haya cansado del descuido,
o esté caduco porque es grande como una jirafa,
tan vacío de sentido como una escoba,
y no da sombra a los enamorados.
Un niño ha dicho: yo lo he dibujado perfectamente,
su silueta es fácil. Una niña ha dicho:
el cielo hoy está incompleto porque el ciprés se ha tronchado.
Un joven ha dicho: el cielo hoy está completo
porque el ciprés se ha tronchado.
Y yo me he dicho:
no hay misterio ni evidencia,
el ciprés se ha tronchado, eso es todo,
el ciprés se ha tronchado.


sábado, 27 de julio de 2019

El mismo día (por Jorge Teillier)


Salgo de la casa a orillas del río
El cartero me ha traído periódicos de 1935
Saludo a los pescadores a lienza
Llego al restaurant al aire libre del pueblo
Todos los clientes
están siempre vestidos de domingo
Todos se conocen pero nadie saluda a nadie
La iglesia está cerrada a piedra y lodo
Ha vuelto el astrólogo que escribe en los muros:
“Un sueño sin estrellas es un sueño olvidado”
A lo lejos hay soldados que encienden hogueras
que empañan la tarde
Ellos pronto empezarán a luchar
ellos nunca entrarán a este pueblo
donde nadie ha sido marcado
Llega una procesión de niñas vestidas de Primera Comunión
que dejan sus muñecas en las sillas vacías
Más tarde aparecen prostitutas de ojos almendrados
que traen brazadas de flores silvestres
Todos se van
Los basureros recogen las muñecas y las flores
y en sus carretillas las llevan a los sitios vacíos
Nuestras casas se abren
entramos solitarios a ellas
Llueve por primera vez sobre la tumba del hermano muerto
Mañana será el mismo día que mañana



viernes, 26 de julio de 2019

Y se queman tan deprisa (por Malcolm Lowry)


Nuestras vidas —no lo lamentemos—
son como cigarrillos encendidos
en un día de tormenta,
una brasa protegida del viento
por una mano cuidadosa.
Entonces arden hasta el final,
como ardieron aquellas deudas que nunca pagamos,
y se queman tan deprisa como la vida.
Uno querría encender otro, encender otra vida
que fuera menos dura que la anterior,
pero no es posible y el cigarrillo ya no tiene sabor
y lo único que podemos hacer es tirarlo.



jueves, 25 de julio de 2019

Mis perros muertos (por Fabián O. Chazarreta)



I

Anoche soñé
que saltaba de estrella
a estrella. Era un huesito
en la boca
de mis perros muertos.

II

Mis perros muertos
ahora son peces en el aire.
Cuando suspiro
corren lo invisible.
Como cuando les abría
la puerta y era nuestra la tarde.

III

Trajiste las raíces
de la luna hasta mi puerta.
Trajiste dos estrellas
y años luz
para toda esta distancia.
Es hora de ver juntos
crecer la noche.



miércoles, 24 de julio de 2019

Muero porque me arrojo (por Vicente Aleixandre)


Cuerpo feliz que fluye entre mis manos, 
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.



martes, 23 de julio de 2019

Las cosas que aquí se continúan (por Francisco Brines)


La hermosura de la vida no acaba, y así nos lo parece a los humanos. Y amamos
las cosas que aquí se continúan, los cuerpos que ocuparán, con más belleza, nuestro sitio,
y vamos ya llegando a la quietud difícil, y aceptarán nuestro silencio
con comprensión, porque nosotros antes
habremos comprendido y aceptado la noche ya sin fin y sin estrellas.

Quizás hayas venido, ahora que nuestros cuerpos se han amado con furia y alegría,
para escuchar de mí esta verdad sencilla, y que aún desconoces:
ningún hombre es feliz.



lunes, 22 de julio de 2019

Seré mi sueño (por Jorge Luis Borges)


No quiero ser quien soy. La avara suerte
me ha deparado el siglo diecisiete,
el polvo y la rutina de Castilla,
las cosas repetidas, la mañana
que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
la plática del cura y del barbero,
la soledad que va dejando el tiempo
y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
casual me reveló no usadas voces
que me buscaban, Amadís y Urganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
que historian cabalmente las empresas:
el Grial, que recogió la sangre humana
que el Hijo derramó para salvarnos,
el ídolo de oro de Mahoma,
los hierros, las almenas, las banderas
y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
los reinos de la tierra, vindicando
el honor ultrajado o imponiendo
justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
a nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
a veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
seré ese paladín. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
antigua y una hoja de Toledo
y una lanza y los libros verdaderos
que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
no proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
que entreteje en el sueño y la vigilia
mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
que militó en los mares de Lepanto
y supo unos latines y algo de árabe...
Para que yo pueda soñar al otro
cuya verde memoria será parte
de los días del hombre, te suplico:
mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.


domingo, 21 de julio de 2019

Átame a tus flores (por Susana Thénon)


un pájaro de abril arriba el suave pico de sombra
al cono de luz verde y roja donde su mirada no puede dormir
él agradece con pequeños signos
al silencio enorme del pájaro

el sol le arrebata los ojos
la piel
el agua de la piel
enceguecido no ve que la muerte
se descuelga del sol

la muerte es un manto en sus hombros
un guante de arena
un pez de agua
una llama negra en la palma de la mano

tiene olor de piedra
olor de aire
y de serpiente y de flor que llora

él la recoge y la bebe
a sorbos lentos y prolongados
ella baja
recorre su albergue último
pinta de rojo las paredes
las ventanas de azul

la boca una fuente para la hierba
el esqueleto un arpa sin voz

un pájaro de abril arrima el suave pico de sombra
donde sus ojos desfondaron al mar
y el viento futuro vigila

se ha dormido a la sombra del pájaro
a tientas por el mundo angosto corredor
bajo el remolino llamado dios
átame a tus flores
asegúrame con piedras
a tu noche de párpados rotos

búscame con fuego
estoy en tu rincón bajo el polvo
estoy en tu bolsillo dame la mano

sofócame en tu bosque de sangre
secuéstrame con espada de agua


sábado, 20 de julio de 2019

Dedos delatores (por Mo Mo)


Por la noche extiendo
los resplandecientes dedos de las manos, que apuntan
en dirección a las rosas, mi cabeza se inclina
en silencio
a lo floreciente, a lo marchito,
y estos tersos dedos apuntan
en dirección a las olas, mi cabeza se inclina en silencio
hacia la calma
de los dedos helados que apuntan
en dirección al risco, mi cabeza se inclina en silencio
hacia quienes permanecen

Me deslizo dentro de los guijarros del manantial
Mi pelo ha crecido como trigo, pero no puede cosecharse
Por las noches extiendo
los dedos callosos de las manos, que apuntan
en dirección al lenguaje, mi cabeza se inclina en silencio
hacia los delgados dedos que hablan,
que escuchan, que apuntan
en dirección a un milagro, mi cabeza se inclina en silencio
hacia los existentes, no existentes
dedos torcidos que apuntan
en dirección a un sueño, mi cabeza se inclina en silencio
sobre hermosas escenas y pesadillas
En las noches, sueño que me arrojan a un matadero
La Muerte no es un secreto sino un atisbo
El alba ha llegado, los dedos todavía apuntan
en dirección a un canto
que alguna vez canté, pero ahora he perdido mi voz
El sol se ha elevado, los dedos firmes apuntan
en dirección a mi Madre
Ahí nací, pero ahora la deriva me empuja cada vez
más lejos
El sol me ciega, los dedos temblorosos
apuntan en dirección a una ciudad
que celebra mi propio funeral
como si se tratara de un títere
que no da muestras de vida a menos que una mano tire
de sus hilos
Mi rostro está manchado de lágrimas, no puedo ver
a dónde apunta el último dedo
Si apunta hacia mi imaginación
entonces es la dirección del tiempo
que también es tu dirección
Después de que alguien dijera que el agua corría muy rápido
llegaste a provocar un torbellino
para ahogarme, para estrangularme
y luego, de pronto, apuntaste con tu dedo
en dirección al vacío


viernes, 19 de julio de 2019

Un día para ser dios (por Roberto Juarroz)


Un día para ir hasta dios
o hasta donde debería estar,
a la vuelta de todas las cosas.

Un día para volver desde dios
o desde donde debería estar,
en la forma de todas las cosas.

Un día para ser dios
o lo que debería ser dios,
en el centro de todas las cosas.

Un día para hablar como dios
o como dios debería hablar,
con la palabra de todas las cosas.

Un día para morir como dios
o como dios debería morir,
con la muerte de todas las cosas.

Un día para no existir como dios
con la crujiente inexistencia de dios,
junto al silencio de todas las cosas.


jueves, 18 de julio de 2019

En el laberinto (por Olga Orozco)


Más de veinte mil días avanzando, siempre penosamente,
siempre a contracorriente,
por esta enmarañada fundación donde giran los vientos
y se cruzan en todas direcciones paisajes y paredes tapiándome la puerta.
No sé si al continuar no retrocedo
o si al hallar un paso no confundo por una bocanada de niebla mi camino.
Tal vez volver atrás sea como perder dos veces la partida,
a menos que prefiera demorarme castigando las culpas
o aprendiendo a ceñir de una vez para siempre los nudos de la duda y el adiós,
pero no está en mi ley el escarmiento, la trampa en el reverso del tapiz,
y tampoco podré nacer de nuevo como la flor cerrada.
Habrá que proseguir desenrollando el mundo, deshaciendo el ovillo,
para entregar los restos a la tejedora,
comoquiera que sea, en el extremo o en el centro, a la salida.
He visto varias veces pasar su sombra por algunos ojos,
cubrirlos hasta el fondo;
varias veces graznaron a mi lado sus cuervos.
Perdí de vista fieles paraísos y amores insolubles como las catedrales.
Encontré quienes fueron mis propios laberintos dentro del laberinto,
así como presumo que comienza uno más donde se cree que éste se termina.
Extravié junto a nidos de serpientes mi confuso camino
y me obligó a desviarme más de un brillo de tigres en la noche entreabierta.
Siempre hay sendas que vuelan y me arrojan en un despeñadero
y otras me decapitan vertiginosamente bajo las últimas fronteras.
Recuento mis pedazos, recojo mis exiguas pertenencias y sigo,
no sé si dando vueltas,
si girando en redondo alrededor de la misma prisión,
del mismo asilo, de la misma emboscada, por muchísimo tiempo,
siempre con una soga tensa contra el cuello o contra los tobillos.
A ras del suelo no se distingue adónde van las aguas ni la intención del muro.
Sólo veo fragmentos de meandros que transcurren como una intriga en piedra,
etapas que parecen las circunvoluciones de una esfinge de arena,
corredores tortuosos al acecho de la menor incertidumbre,
trozos desparramados de otro mundo que se rompió en pedazos.
Pero desde lo alto, si alguien mira,
si alguien juzga la obra desde el séptimo día,
ha de ver la espesura como el plano de una disciplinada fortaleza,
un inmenso acertijo donde la geometría dispone transgresiones y franquicias,
un jardín prodigioso con proverbios para malos y buenos,
un mandala que al final se descifra.
Ignoro aquí quién soy.
Tal vez alguien lo sepa, tal vez tenga un cartel adherido a la espalda.
Sospecho que soy monstruo y laberinto.


miércoles, 17 de julio de 2019

Se entrevió una ignorancia (por Emily Dickinson)


Aprendimos todo sobre el amor

el alfabeto
las palabras
un capítulo después el poderoso libro

Entonces la revelación se cerró
y en los ojos de cada uno
se entrevió una ignorancia
más divina que la niñez

Y cada uno para el otro, un niño
tratando de explicar
lo que ninguno entendía

Ay, que la sabiduría es tan amplia
y la verdad tan diversa



martes, 16 de julio de 2019

Poemas plagiados (por Esteban Peicovich)


La humildad


Aquí no se come a gusto del cliente sino a gusto del mar.


(Anuncio de un restaurante de Caleta Córdoba, en la provincia de Santa Cruz)

Noticia de verano

Vino a morir. 

Una enorme tortuga de mar vino a morir en las playas de Necochea. La enterraron los niños.

(Leyenda de una fotografía. Diario Crónica, enero 10 de 1966)

Los ojos


El oficio ha cambiado. Antes se los amortajaba e iban a la tumba completamente vestidos, con toda su ropa interior, incluidas las medias y, por supuesto, con el mejor traje que tenían. Hoy sólo llevan el sudario, una sábana blanca. Hace años, yo me encargué una temporada de dar clase a los empleados novatos para que aprendieran a vestir convenientemente a los muertos. Aquí había ropa femenina y masculina de todo tipo. Se trataba de ponérsela con la mayor facilidad posible, sin contorsionar al muerto. Era un arte, y lo hacíamos muy bien. No crea que es asunto fácil vestir a un cadáver rígido.

Los muertos que se entierran en profundidad se mantienen más tiempo “enteros” que los que quedan a poca distancia de la superficie. Siempre son los ojos lo primero en desaparecer. Luego les sigue el resto de la cara.

(Declarado a El País por Julián Parra, director técnico de una funeraria en Madrid)


La esfinge

Si pasáis raudo, no veréis la sombra

(Pintada vista en una calle de Sevilla en marzo de 1985)

El horizonte más antiguo


“Mirá, papá, bueyes”.

(Las tres palabras con las que a sus 9 años sorprendió a su padre Marcelino –y luego al mundo- la niña María Sainz de Sautuola al descubrir por azar las cuevas de Altamira en el año 1875)


El poeta

Sol. Sol. Sol.

(Única palabra que repitió Robert Graves en una entrevista de dos horas en su casa de Deià, Mallorca, mientras me tomaba de la mano y me pedía que lo paseara entre los almendros de su finca)


 No la toquen ya más

Foliolos 4. Tugados, inequilátero, oblongos, obovado, cuspidado-abuminados, glandulíferos en la base, con las flores racemosas. El involucro y el cáliz muy tenuemente hirtomentosos. Cáliz con cinco lóbulos.

(Descripción botánica de una rosa)

La represión

El pescado ha de ser siempre blanco.
Quedan prohibidos los pescados azules.

(De una dieta dada por el endocrinólogo Basilio Moreno Esteban)

La metafísica

El tiempo ha terminado.

(Una de las respuestas que da una cocina fabricada en Estados Unidos dotada de voz sintética a través de ordenadores) 


Un versículo

Llévate el gris
que el gris va a ser la tierra

(De un electricista a otro, a propósito de un cable a colocar)


El levitador

El límite es el cielo.

(Lema que presidió todos los proyectos de Ogisa Otis, inventor del ascensor)

Que así sea

-Decime, mamá… ¿amén es como enter?

(Pregunta de un niño de diez años tras ser llevado por primera vez a una misa católica)


El instante

Sí, de la Librería. ¿Podría traerme una lágrima?

(Así escuchó la poeta Mónica Claus pedir por teléfono un café con un poco de leche a la librería que acababa de darle el libro de Adorno “No se puede escribir poesía después de Auschwitz”)

Posmo

Cero: No ser
(Hamlet)

(Graffiti repetido en muros de la Avenida Alem, de Buenos Aires)

La humildad


Lo intenté, pero no pude hacer feliz a la vida.

(Inscripción en una tumba en Filadelfia, Pennsylvania, Estados Unidos)


lunes, 15 de julio de 2019

Al espacio vacío (por Anne Waldman)


Le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
todas las pátinas reunidas en el espacio vacío
colorete sobre el espacio vacío
Le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
pegándole pestañas al espacio vacío
pintándole las cejas al espacio vacío
untando cremas sobre el espacio vacío
pintando el mundo fenoménico
Estoy colgándole adornos al espacio vacío
broches de oro, peinetas laqueadas, hebillas de plástico en el espacio vacío
Le estoy pegando pasadores de alambre al espacio vacío
vuelco palabras sobre el espacio vacío, lo subyugo
lo empaqueto, lo relleno, lo meto por la fuerza
le enrosco gargantillas alrededor al espacio vacío
Mira esto, imagínate esto: pintar el mundo fenoménico
con pulseras en las muñecas
aros colgados en el espacio vacío
Estoy poniendo mi memoria en el espacio vacío
desvistiéndote
colgando la ropa arrugada de un clavo
colgando el abrigo verde de un clavo
bailando de noche se terminó con bailando de noche
todavía estoy pensando en ponerle maquillaje al espacio vacío
te quiero asustar: la noche colgante, la noche a la deriva,
la noche que gime, hija de sueño intranquilo te quiero asustar
a ti
te ato hasta donde llega el día frío
ato el poder de 20 hombres fornidos
ato a las mujeres coloridas y seductoras, a todas
ato la roca enorme
ato la noche colgante, la noche errante, la
noche que gime, hija de sueño intranquilo
estoy atando mis deudas, atraigo la factura de teléfono
ato la raíz de mi lengua puntiaguda
Ahueco las manos en el agua, salpico agua en el espacio vacío
agua que bebe el espacio vacío
Miren lo que van a hacer los pensamientos Miren lo que van a hacer las palabras
de la nada a la cara
de la nada a la raíz de la lengua
de la nada a hablar del espacio vacío
ato el fresno
ato el tejo
ato el sauce
ato el uranio
ato la energía antieconómica no renovable del uranio
lanzo el uranio al espacio vacío
ato el color rojo seduzco al color rojo para el espacio vacío
pongo el atardecer en el espacio vacío
a él le saco el azul de los ojos y le hago una ofrenda al espacio vacío
el azul renovable
le saco el verde a todo lo que nace, crece y
trepa por el espacio vacío
pongo el blanco de la nieve a los pies del espacio vacío
capturo el amarillo de los ojos del gato sentado
en el espacio negro y lo engancho a mi corazón, un espacio vacío
quiero que el marrón de este suelo suba al espacio vacío
desmantelar el piso y encontrar el marrón,
volverlo a atar bajo el hechizo del espacio vacío
quiero desmontar esta pared vieja en mi imaginación soy rica pensando
en eso, estoy pensando en ponerle maquillaje al espacio vacío
Todo se derrumba alrededor del espacio vacío
el yuyito seco se deshace, al diente de león lo soplan al espacio vacío
ato las estrellas que se reflejan en tu ojo
de la nada a estos dedos que teclean
de la nada a las patas de los alces
de la nada al cuello del ciervo
de la nada a los dientes de porcelana
de la nada al mantenerse en pie del pino en el bosque
cuando le echo agua lo mantengo vivo
cuando dejo que el agua corra
barriendo juntos el espacio vacío
hay una forma mejor de decir espacio vacío
Date la vuelta de dentro a fuera y puedes desaparecer
tienes una definición nueva en el espacio vacío
Lo que me gusta de la impermanencia es el choque
de mi cuerpo grandote contra el espacio vacío
Estoy volviendo a poner el piso
Estoy reconstruyendo la pared
Estoy cubriendo de revoque los ladrillos
Estoy arreglando la máquina con un alambre delicado
No hay hilo que sea eterno, quizá un hilo de oro puro
estoy empezando a cantar por dentro sobre el espacio vacío
todas las veces hay un detalle nuevo
Estoy pegando en la pared el dibujo que me gusta tanto:
noche negra y sin luna detrás de cortina a cuadros
todo iluminado menos el espacio vacío
cuelgo el vestido de lino negro sobre mi cuerpo
la noche colgante, la noche a la deriva, la noche que gime
hija de sueño intranquilo
esto me pasa a mí
cuelgo un espejo para capturar estrellas, todo me pasa a mí afuera
de noche en mi cráneo de espacio vacío
salgo al hielo estrellado
y reconstruyo la casa en memoria del espacio vacío
Esto me pasa a mí sobre el espacio vacío
que nunca más va a ser mencionado
Te gusta esto
imagina esto
señalar el mundo fenoménico
se habla de cómo vestir el cuerpo con adornos raros
para hacerte recordar un juramento al espacio vacío
se habla del discurso de tu mente como un gusano de seda
yo me quiero aventurar a un lugar no cincelado
vuelco arena en el suelo
Vehículos y objetos surgen de la niebla
el desfiladero está peligroso esta noche
De repente hay luces de advertencia
el patrullero es útil como guía
se habla de desaceleración
se habla de una deidad femenina
la ato con una zarza
la ato con el diente de un tigre
la ato con mi cristal de cuarzo
atraigo los mundos
me cubro de joyas
bebo amrita
hay algún detalle nuevo
hay una lentejuela en el zapato de ella
hay un clavo en la bota de ella
las ruedas tienen clavos para una subida difícil
me llevo las manos a la cara
le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
quería asustarte con la noche que me asustó a mí
la noche a la deriva, la noche que gemía
Siempre alguien interrumpía para hacerte olvidar el espacio vacío
arriesga todo
píntate las uñas
ponte bufandas
todo el tiempo para adornar el espacio vacío
te-llames-como-te-llames te nombro “espacio vacío”
con tus ficciones con la danza anda haciéndote a la idea
con tu forma rara de cantar anda haciéndote a la idea
con tu sonrisa anda haciéndote a la idea
con tu séquito y acumulación enormes anda haciéndote a la idea
con tus adicionales anda haciéndote a la idea
con tu buena suerte, con tu suerte haragana anda haciéndote a la idea
cuando más que nada te parezcas a un pájaro, es el momento de hacerte a la idea
cuando hagas trampa, anda haciéndote a la idea
cuando tengas la cabeza angustiada
cuando no estés sensible
cuando insistas en el
halago de muchas lenguas
empieza con la raíz de la lengua
empieza con la raíz del corazón
hay una columna vertebral de viento
que gime y canta en el espacio vacío



domingo, 14 de julio de 2019

Asfódelo (por William Carlos Williams)



Del asfódelo, esa flor algo verde, 
igual que un botón de oro
sobre su tallo bifurcado
—si no fuera porque es verde y leñoso—
yo vengo, querida,
a cantarte.
Vivimos mucho tiempo juntos
una vida llena,
si quieres,
de flores. Así que
me alegré
apenas supe
que también había flores
en el infierno.
Hoy
estoy lleno de la memoria borrosa de aquellas flores
que a los dos nos gustaban
incluso esta pobre
cosa descolorida
—la vi
cuando era niño—
poco apreciada entre los vivos
aunque los muertos la ven,
preguntándose entre ellos:
¿Recuerdo algo
que estuviera modelado
como esta cosa?
mientras nuestros ojos se llenan
de lágrimas.
De amor, constante amor
contarán que
aunque demasiado débil un baño de carmesí
le da color
para hacerla totalmente creíble.
Hay algo,
algo urgente
que debo decirte a ti
y sólo a ti
pero que debe esperar
mientras bebo en
el goce de tu cercanía
quizá por última vez.
Y así,
con el miedo en el corazón,
dejo que pase el tiempo
y sigo hablando
porque no me atrevo a detenerme.
Óyeme mientras hablo
contra el tiempo.
No durará
mucho.
He olvidado
y veo sin embargo con bastante claridad
algo
central en el cielo
de lo que un olor emana,
¡un olor dulcísimo!
¡Madreselva! Y ahora
llega el zumbar de una abeja
y toda una marea
de memorias hermanas.
Sólo dame tiempo,
tiempo para recordarlas
antes de que deba hablar.
Dame tiempo,
tiempo.
Cuando era muchacho
tenía un libro
al que, de cuando en cuando,
agregaba flores prensadas;
luego, tras cierto tiempo,
tuve una buena colección.
El asfódelo,
agorero,
entre ellas.
Te traigo,
resucitada,
la memoria de esas flores.
Eran dulces
al prensarlas
y retenían
algo de su dulzura
por largo tiempo.
Es un curioso olor,
un olor moral,
éste que me trae
cerca de ti.
El color
fue lo primero en irse.
Tuvo que llegarme
un desafío,
tu querido ser
mortal como yo lo era,
¡la garganta del lirio
ante el colibrí!
La riqueza sin fin
-pensé-
me tiende sus brazos.
Mil tópicos
en un florecer del manzano.
A sí misma
se dio de buena gana la tierra generosa.
¡El mundo entero
llegó a ser mi jardín!
Pero el mar
que nadie cultiva
también es jardín
cuando el sol lo hiere
y las olas
despiertan.
Lo vi
lo mismo que tú
cuando hace avergonzar
a todas las flores.
Además, allí está la estrella de mar
endurecida por el sol
y las otras hierbas
y algas marinas. Sabíamos esto
y lo demás acerca de ella
porque nacimos junto al mar,
conocimos sus setos rosa
al mismo borde del agua.
Allí crece la malva coral,
y cuando es época
las frutillas
y allí, más tarde,
fuimos a recoger
la ciruela silvestre.
No puedo decir
que llegué al infierno
por tu amor
pero muchas veces
me descubrí allí
al ir en tu búsqueda.
No me gustó
y quise estar
en el Cielo. Óyeme.
No te alejes.
Aprendí mucho durante mi vida,
en los libros
y fuera de ellos
acerca del amor.
La muerte
no marca su fin.
Hay una jerarquía
que puede ser recorrida,
creo,
en su servicio.
Su galardón:
es una flor mágica;
un gato de veinte vidas.
Si nadie viene a ponerlo a prueba
el mundo
saldrá perdiendo.
Ha sido
para ti y para mí
como el que vigila una tormenta
viniendo sobre el agua.
Estuvimos
año tras año
frente al espectáculo de nuestras vidas
con las manos juntas.
La tormenta desenvuelta.
El relámpago
juega sobre el filo de las nubes.
Hacia el norte el cielo
es plácido,
azul en los arreboles
mientras la tormenta crece.
Es una flor
que pronto alcanzará
el máximo de su florecer.
Bailábamos,
en nuestras mentes,
y leíamos un libro juntos.
¿Recuerdas?
Era un libro serio.
Y así los libros
entraron en nuestras vidas.
¡El mar! ¡El mar!
Siempre
cuando pienso en el mar
me viene a la mente la Ilíada
y el yerro público de Helena
que engendró el poema.
De no haber sido por él
no hubiera habido poema y el mundo,
si hubiéramos recordado
esos pétalos carmesí
desparramados sobre las piedras,
lo hubiera llamado simplemente
asesinato.
La orquídea sexual que floreció entonces
enviando a tantos
hombres
desinteresados a sus tumbas
les dejó su memoria
a una raza de locos
o de héroes
si el silencio es una virtud.
El mar solo
en su multiplicidad
guarda alguna esperanza.
La tormenta
resultó abortada
pero nosotros seguimos
tras los pensamientos que ella despertó
para
cimentar de nuevo nuestras vidas.
Es la mente,
la mente
que debe ser curada
antes de la intervención
de la muerte
y se volverá otra vez
un jardín. El poema
es complejo y también el lugar que hay hecho
en nuestras vidas
para el poema.
El silencio puede asimismo ser complejo también
pero no se llega lejos
con el silencio.
Empieza otra vez.
Es como el catálogo
de naves en Homero:
ocupa el tiempo.
Hablo con figuras
lo suficiente, los vestidos
que llevas puestos también son figuras,
no podríamos encontrarnos
de otro modo. Cuando hablo
de flores
es para recordar
que en un tiempo
fuimos jóvenes.
No todas las mujeres son Helena,
ya lo sé,
pero tienen a Helena en sus corazones.
Querida mía:
lo tienes en el tuyo, por eso
te amo
y no podría amarte si no fuera así, de otro modo.
Imagina que ves
un campo hecho de mujeres
todas de un blanco-plata.
¿Qué habrías de hacer
sino amarlas?
¡La tormenta estalla
o se disipa! y no es
el fin del mundo.
El amor es algo más,
o al menos así lo pensé,
un jardín que se expande,
aunque te conocí como mujer
y nunca pensé de otra forma,
hasta que el mar entero
y todos sus jardines

hayan sido tomados.
Era el amor del amor,
el amor que devora todo el resto,
un amor agradecido,
un amor a la naturaleza, la gente,
los animales,
un amor que engendra
la gentileza y bondad
que me movieron,
y eso fue lo que vi en ti.
Debí haber sabido,
aunque no lo supe,
que el lirio del valle
es una flor que causa mucho mal
al que la sopla.
Tuvimos nuestros hijos
rivales en la furiosa arremetida general.
Los dejé a un lado
a pesar de cuidarlos
tanto como un hombre
puede cuidar a sus hijos
en la medida de mis luces.
Tú lo entiendes,
tenía que encontrarte
después de lo que pasó
y tengo todavía que encontrarte.
Amor
al que también tú reverenciarás
conmigo;
una flor
una flor muy frágil
será nuestra alianza
y no porque
seamos demasiado débiles
para actuar de otro modo
sino porque
en la cumbre de mi potencia
arriesgué lo que debía hacer,
para probar que no obstante
nos amamos,
mientras mis huesos sudaban
porque no podía gritártelo
en el acto.
¡Del asfódelo, esa flor algo verde,
yo vengo, mi amor,
a cantarte!
Mi corazón revive
cuando piensa que te trae noticias
de algo
que te concierne
y concierne a muchos hombres. Mira
lo que se hace pasar por nuevo.
No lo encontrarás allí sino
en los poemas despreciados.
Es difícil
obtener noticias de los poemas
aun cuando los hombres mueren miserablemente todos los días
por carecer
de lo que se encuentra allí.
Óyeme,
que también a mí me conciernen
y a cada hombre
que quiere morir en su cama pacíficamente
reconciliado.


sábado, 13 de julio de 2019

Un cartel (por Saiz de Marco)


debiera llevar todo

debieran llevar todos

una nota adherida

un aviso en el pecho

o en la frente

un cartel que dijera

soy frágil

soy efímero

ahora valórame

si crees que soy querible ámame ahora

ámame intensamente

inmensamente

sin contención

sin freno

ahora que estoy aquí

que estoy contigo quiéreme

sí porque en algún paso o tramo inesperado

a una hora no prevista de un día que desconoces

inevitablemente

justo cuando parezca que nunca he de ausentarme


y más certeza tengas de que soy para siempre

me perderás



viernes, 12 de julio de 2019

Ha pasado (por Ángel González)


El otoño se acerca con muy poco ruido:

apagadas cigarras, unos grillos apenas,

defienden el reducto

de un verano obstinado en perpetuarse,

cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,

pero un silencio súbito ilumina el prodigio:

ha pasado

un ángel

que se llamaba luz o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.



jueves, 11 de julio de 2019

Oh sueño en mis entrañas (por José Antonio Muñoz Rojas)


La madre soñaba oscuramente:
Será rubio, tendrá estos ojos mismos,
le amarán las muchachas. Una tarde,
de pronto, llorará junto a una rosa.

Le crecerá la angustia sin saberlo.
y cada nuevo umbral será una herida.
Temblará al traspasarlos, hijo mío.
Acaso una paloma, acaso nada.

El viento por la frente; las caídas
hojas que se acumulan; los rumores
del corazón callados: nadie sabe
las formas repentinas de la dicha.

Yo lo siento aquí hondo, en mis entrañas,
el río de tu vida, que me deja
una nostalgia antigua, una dulzura
vieja en mi corazón, como la sangre.

Me hace toda ribera, toda muro
donde pasan las aguas de tus años.
Vuelvo otra vez a ser niña que juega,
corriendo como niña entre las rosas.

¡Oh sueño en mis entrañas! ¡Oh alto río,
resonando de siempre en mis entrañas!



miércoles, 10 de julio de 2019

El ruido que crece (por Emily Dickinson)


El ruido más triste, el ruido más dulce,
el ruido que más locamente crece
lo hacen los pájaros en primavera,
cuando se cierran las delicias de la noche,
en la línea entre marzo y abril,
esa frontera mágica
más allá de la cual vacila el verano
en una cercanía casi demasiado celestial.

Nos hace pensar en los muertos
que andan con nosotros por aquí,
separados por una brujería
que los vuelve, cruelmente, más queridos.

Nos hace pensar en lo que tuvimos,
y en lo que lamentamos hoy.
Y desearíamos que esas gargantas de sirena
se fueran y no cantaran más.

El oído puede romper un corazón humano
con la velocidad de una lanza.
Querríamos que el oído no estuviera
tan peligrosamente cerca del corazón.


martes, 9 de julio de 2019

Una plaza (por Liudmila Quincoses Clavelo)


Hay una plaza inmensa allá afuera.
Me separan de ella las ventanas,
la madera antigua con que fueron hechos los postigos.
Ya no veo la plaza, ahora la imagino.
Ahora sé por qué ha resistido tantos años.
Está hecha de nada,
de recuerdos que le dan forma.
Y uno puede quitar las rejas, las estatuas,
quitar la plaza.
Caminar sobre la tierra espesa.
Mirar la iglesia, la torre, el campanario,
sentir el ruido del bronce que ahuyenta las palomas.
Mirar la plaza de lejos sobre el puente,
regresar luego a los arcos, a los portales.
Regresar a esas ruinas que aún no fueron fundadas,
regresar a uno mismo.
Y abrir los ojos, las ventanas,
caminar luego por la plaza.
Palparla tal como es, volver a hacerla,
morirse de viejo,
fundarla.



lunes, 8 de julio de 2019

En esa música (por Jorge Luis Borges)


Música del Japón. Avaramente
de la clepsidra se desprenden gotas
de lenta miel o de invisible oro
que en el tiempo repiten una trama

eterna y frágil, misteriosa y clara.
Temo que cada una sea la última.
Son un ayer que vuelve. ¿De qué templo,
de qué leve jardín en la montaña,

de qué vigilias ante un mar que ignoro,
de qué pudor de la melancolía,
de qué perdida y rescatada tarde,

llegan a mí, su porvenir remoto?
No lo sabré. No importa. En esa música
yo soy. Yo quiero ser. Yo me desangro.


domingo, 7 de julio de 2019

El abuelo me mira (por Juan Gelman)


El abuelo me mira desde
la foto de siempre, me mira
desde el fondo de Rusia y otras desgracias.
Desde el ghetto me mira. Dicen que
escribió una carta a Dios para
que inundara las casas de trigo,
de vino y de pan ázimo en Pascua,
y ató la carta a la pata de un pájaro
que voló de país en país buscando el cielo.
Me mira con las ojeras lentas
de quien veló el espanto. Nunca
me levantó en sus brazos. Nunca
lo tuve, nunca
me tuvo, nunca
es la palabra entre los dos. Quiso
que la verdad paseara por la calle
y la cubrió con una máscara
para que la quisieran.
Esa máscara es su rostro en la foto.
Le habrá pedido a Dios que no
borre ni escriba nada porque
todo podía ser peor. La foto
está enferma, levanta
una humareda de brazos que no se encontrarán.
Empoza su linaje y
me sigue como un perro.



sábado, 6 de julio de 2019

Dónde están (por Jorge Teillier)


Las manos del viento
remecen los árboles de la huerta,
y caen sobre el pasto
pequeñas frutas descarnadas,
picoteadas por los pájaros.

Dónde están, dónde van a parar,
caídos de árboles de otra época,
remecidos por un viento extranjero,
la harina tostada en las mañanas,
el pozo que no le contaba a nadie
la historia de los primeros besos,
el croar campesino de ranas a medianoche.

Dónde han caído,
frutas descarnadas,
olvidadas, picoteadas por los pájaros,
la charla de la niña con el gato,
su vestido celeste y el columpio,
y el tren que se la llevó a una aldea
muerta como un reflejo de la luna
en el vidrio roto del granero.


viernes, 5 de julio de 2019

Que la nada devora (por Leopoldo María Panero)


Toda belleza por el cadáver pasa
y se limpia en el río de la muerte, el Ganges
que a los inmortales conduce
toda mujer
se transfigura en la tumba y adorna
en el eterno peligro de la nada
así, querida
sabrás muriendo lo que es el Adorno
y te adorarán los pulgones y aplaudirán las ranas
de ellas compuesto el canto eterno de la nada
oh, tú, hermana
llena con tu cántico mi noche
de tu susurro delgada hermana
de tu sollozo
que la nada devora

Sabiendo así lo que es el Adorno
las chotacabras avisan Su Llegada.



jueves, 4 de julio de 2019

Lo sabes ahora (por Xuan Bello)


Las últimas palabras, ¿cuáles serán?
¿De sombra, de luz? ¿Semillas acaso
en silencio trasvoladas? Lo sabes ahora

y posiblemente sonrías contenida,
encerrada en una emoción que se desbordaba
fuera de los límites de quienes brindábamos

ayer mismo contigo por la vida. Ahora, ya ves.
Recuerdo tus ojos, la palabra exacta,
la sonrisa, entre vuelo y salto de gato,

que se lanzaba acariciándolo en el torbellino
de una existencia entendida como laberinto.
Quizás sea esa la respuesta, la que desvela

precisa la explicación, lo será, no lo sé,
la vida que lleva entre pasadizos hacia dónde.
Todos somos Ariadna, Teseo y el Minotauro,

todos silenciosos nos damos la mano
hacia lo oscuro. Quiero presentir una luz al fondo
donde sonríes a salvo del dolor y del tiempo.


miércoles, 3 de julio de 2019

Vosotras, grises piedras (por Walt Whitman)


¡Tú, aire que me brindas el aliento para hablar!

¡Vosotros, objetos que concentráis mis significados y les dais forma!

¡Tú, luz que me envuelves y envuelves a todas las cosas con delicadas e iguales túnicas!

¡Vosotros, senderos abiertos en las hondonadas irregulares junto a las carreteras!

Creo que palpitáis de existencias no vistas, me sois tan queridos.

¡Vosotras, calles marcadas de las ciudades! ¡Vosotros, ásperos rebordes de las aceras!

¡Vosotros, transbordadores! ¡Vosotros, tablados y postes de los embarcaderos! 


¡Vosotras, paredes entablilladas! ¡Vosotras, embarcaciones distantes!

¡Vosotras, hileras de casas! ¡Vosotras, fachadas agujereadas por ventanas! ¡Vosotros, techos!

¡Vosotros, umbrales y entradas! ¡Vosotras, alféizares y barandillas de hierro!

¡Vosotras, ventanas cuyas cubiertas transparentes podrían exhibir tanto!

¡Vosotras, puertas y escalinatas! ¡Vosotros, arcos!

¡Vosotras, grises piedras de interminables empedrados! ¡Vosotros, enmarañados cruces!

De todo cuanto os ha tocado creo que habéis tomado algo y ahora, secretamente, queréis compartirlo conmigo,

De lo vivo y lo muerto habéis poblado vuestras impasibles superficies, y los espíritus que allí reposan serán patentes y amigables para mí.



martes, 2 de julio de 2019

El espejo (por Sylvia Plath)


Soy plateado y exacto. No tengo prejuicios.
Todo lo que que veo lo trago de inmediato
tal como es, sin que me empañen ni el amor ni el disgusto.
No soy cruel, soy sincero,
el ojo de un pequeño dios de cuatro ángulos.
La mayor parte del tiempo la paso meditando sobre la pared de enfrente.
Es rosada, con manchas. Tanto la miré que
me parece que ya forma parte de mi corazón. Aunque con intermitencias.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
buscando en mi extensión su verdadero ser.
Después se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Ella me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Ella viene y va.
Es su cara, cada mañana, la que reemplaza la oscuridad.
En mí, ella ahogó a una muchacha, y en mí, una vieja
se alza hacia ella día tras día, como un pez terrible.


lunes, 1 de julio de 2019

Solos (por Rafael Baldaya)


sin nadie al frente
al timón de todo
sin nadie que dirija
que conduzca
sin aparentemente nadie que firme todo lo que pasa
sin nadie al que poder atribuir lo caótico
las turbulencias súbitas
los velados motivos
los flujos de inmateria
los sin-porqués

de modo que no importe
que dé igual porque estamos en buenas manos
pero en qué manos
en las manos de quién
sin nadie al que decirle no entendemos
sin nadie al que poderle preguntar tantas dudas
sin nadie al que rogar que nos lo explique
sin nadie al que llamar para que venga
vea lo que está pasando en este sitio
ponga un poco de orden
ejerza autoridad

haga prevalecer su poder blando
su difuso dominio
sin nadie que se muestre y se revele
que haga acto de presencia y no de 
aquí no hay nadie
se manifieste
se identifique
sin nadie diligente al que invocar
sin nadie confiable al que implorar
sin nadie al que pedirle arréglalo

sin nadie divisable arriba en la tribuna
sin nadie
nadie
no-alguien en el puente de mando 
de todo esto


domingo, 30 de junio de 2019

Mañana sin nosotros (por Wislawa Szymborska)


Se esperaba una mañana fría y con niebla.
Por el oeste
se avecinan nubes de lluvia.
La visibilidad será escasa.
Condiciones adversas para la circulación.

Según avance la jornada, la gradual
influencia de una cuña anticiclónica por el norte
hará posibles algunos claros.
A pesar de ello, ráfagas fuertes y racheadas de viento
pueden ir acompañadas de tormentas.

Por la noche,
cielos despejados en casi todo el país.
Sólo en la parte sureste
podrían darse algunas precipitaciones.

Las temperaturas bajarán considerablemente,
pero aumentará la presión atmosférica.

El día siguiente
se anuncia soleado,
si bien a los que sigan viviendo
todavía les será de utilidad el paraguas.


sábado, 29 de junio de 2019

Me lo pongo al entrar (por Anne Carson)


El suéter azul de papá
hoy cuelga del respaldo de la silla de la cocina
donde siempre me siento, cuelga
del mismo respaldo y de la misma silla donde solía sentarse.
Me lo pongo al entrar,
como él solía, sacudiendo
la nieve de sus botas.
Me lo pongo y me siento en la oscuridad.
Él no haría esto.
Lajas de frío caen desde el hueso de la luna.
Sus leyes eran un secreto.
Pero recuerdo el momento en que supe
que perdía el juicio dentro de sus leyes.
Estaba de pie en la curva de la entrada cuando lo vi.
Llevaba puesto el suéter azul con los botones abrochados hasta
el cuello.
No sólo porque era una calurosa tarde de julio
pero la mirada en su rostro...
como un niño a quien la tía vistió temprano en la mañana
antes de un largo viaje
en trenes fríos y venteados andenes
sentado muy tieso en la orilla de su asiento
mientras las sombras, como largos dedos,
sobre almiares dejados atrás,
aún lo estremecen
porque él viaja mirando hacia atrás.



viernes, 28 de junio de 2019

Así soy la máscara (por Fernando Pessoa)


Me he quitado la máscara y me miro al espejo.
Era el niño de hace cuántos años...
no había cambiado nada...

Esta es la ventaja de saberse quitar la máscara.
Seguimos siendo niños,
ese pasado que permanece,
el niño.

Me he quitado la máscara y me la he vuelto a poner.
Así está mejor.
Así soy la máscara.

Y vuelvo a la normalidad como a una terminal de línea.

Hace más de media hora
que estoy sentado al escritorio
con la única intención
de mirarlo.

(Estos versos están fuera de mi ritmo.
Yo también estoy fuera de mi ritmo.)

Tintero (grande) delante.
Plumas con sus plumines, menos delante.
Más hacia aquí papel muy limpio.
A la izquierda, un tomo de la Enciclopedia Británica,
a la derecha
¡ah, a la derecha!
ese abrecartas con el que ayer
no tuve paciencia para abrir completamente
ese libro que me interesa y que no voy a leer.

¡Quién pudiera hipnotizar todo esto!

Los antiguos invocaban a las Musas.
Nosotros nos invocamos a nosotros mismos.
No sé si las Musas se aparecían,
dependería sin duda del invocado y de la invocación,
pero sé que nosotros no nos aparecemos.
Cuántas veces me he asomado
sobre el pozo que me supongo ser
y ululado “¡Uh!” sólo para oír un eco
y no he oído más de lo que he visto:
ese tenue albor oscuro con que el agua resplandece
en la inutilidad del fondo.
Ningún eco para mí...
Sólo tenuemente una cara, que debe de ser la mía porque
no puede ser la de otro,
es una cosa casi invisible,
excepto cómo luminosamente surge
en el fondo...
En el silencio y en la luz falsa del fondo...


¡Qué Musa!


jueves, 27 de junio de 2019

Te seguimos buscando (por Reinaldo Arenas)


Sé que más allá de la muerte
está la muerte,
Sé que más acá de la vida
está la estafa.
Sé que no existe el consuelo,
que no existe
la anhelada tierra de mis sueños ni la desgarrada visión de nuestros héroes.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las tradiciones del recién llegado
y en las mentiras del primer cronista.
Sé que no existe el refugio del abrazo
y que Dios es un estruendo de hojalata.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las amenazas del nuevo impostor
y en las palmas que revientan buldoceadas.
Sé que no existe la visión
del que siempre perece entre las llamas,
que no existe la tierra presentida
Pero
te seguimos buscando, tierra,
en el roer incesante de las aguas,
en el reventar de mangos y mameyes,
en el tecleteo de las estaciones
y en la confusión de todos los gritos.
Sé que no existe la zona de descanso,
que faltan alimentos para el sueño,
que no hay puertas en medio del espanto.
Pero
te seguimos, buscando, puerta,
en las costas usurpadas de metralla,
en la caligrafía de los delincuentes,
y en el insustancial delirio de la conga.

que hay un torrente de ofensas aún guardadas
y arsenales de armas estratégicas,
que hay palabras malditas, que hay prisiones
y que en ningún sitio está el árbol que no existe.
Pero
te seguimos buscando, árbol,
en las madrugadas de cola para el pan
y en las noches de cola para el sueño.
Te seguimos buscando, sueño,
en las contradicciones de la historia,
en los silbidos de las perseguidoras
y en las paredes atestadas de blasfemias.

que no hallaremos tiempo,
que no hay tiempo ya para gritar,
que nos falla la memoria,
que olvidamos el poema, que, aturdidos,
acudimos a la última llamada
(el agua, la cola de cigarro).
Pero
te seguimos buscando, tiempo,
en nuestro obligatorio concurrir a mítines,
funerales y triunfos oficiales,
y en las interminables jornadas en el campo.
Te seguimos buscando, palabra,
por sobre la charla de las cacatúas
y el que vendió su voz por un paseo,
por sobre el cobarde que reconoce el llanto
pero tiene familias... y horas de recreo.
Te seguimos trabajando, poema,
por sobre la histeria de las multitudes
y tras la consigna de los altavoces,
más allá del ficticio esplendor y las promesas.
Todo eso lo sé.
Pero te seguimos buscando, dicha,
en la memoria de un gran latigazo
y tras el escozor de la última patada.
Te seguimos buscando, tierra,
en el fatigado ademán de nuestros padres
y en el obligatorio trotar de nuestras piernas.
Te seguimos buscando, calma,
en el infinito gravitar de nuestras furias,
en el sitio donde confluyen nuestros huesos,
en los mosquitos que comparten nuestros cuerpos,
en el acoso por sueños y aceras,
en el aullido del mar,
en el sabor que perdieron los helados,
en el olor del galán de noche,
en las ideas convertidas en interjecciones ahogadas,
en las noches de abstinencia,
en la lujuria elemental,
en el hambre de ayer que hoy hambrientos condenamos,
en la pasada humillación que hoy humillados denunciamos.
En la censura de ayer que hoy amordazados señalamos,
en el día que estalla,
en los épicos suicidios,
en el timo colectivo,
en el chantaje internacional,
en el pueril aplauso de las multitudes,
en el reventar de cuerpos contra el muro,
en las mañanas ametralladas,
en la perenne infamia,
en el impublicable ademán de los adolescentes,
en nuestra voracidad impostergable,
en el indolente estruendo de la primavera,
en la ausencia de Dios,
en la soledad perpetua
y en el desesperado rodar hacia la muerte
te seguimos buscando
te seguimos
te seguimos.


miércoles, 26 de junio de 2019

El camino abierto (por Walt Whitman)


A pie y con el corazón tranquilo tomo el camino abierto.
Saludable, libre, el mundo se abre ante mí
y este largo camino pardo delante de mí 

conduce adonde yo quiera ir.

Ahora no pido buena suerte: yo mismo soy la buena suerte.
Ahora no reniego, ya nada pospongo y nada necesito.
Se acabaron las quejas domésticas, las bibliotecas, las críticas pendencieras.
Poderoso y contento, recorro el camino abierto.

La tierra: con eso me basta.
No quiero a las constelaciones más cerca,
sé que están muy bien allá donde se encuentran,
sé que bastan para aquellos a quienes pertenecen.

(No obstante aquí llevo mis viejas deliciosas cargas,
las llevo, hombres y mujeres, las llevo conmigo adonde quiera que vaya.
Juro que me resulta imposible deshacerme de ellas.
Estoy pleno de ellas y, a cambio, yo las haré plenas.)


martes, 25 de junio de 2019

A través de la madre (por Herberto Helder)


En la sonrisa loca de las madres golpean las leves
gotas de lluvia. En las amadas
caras locas golpean y golpean
los dedos amarillos de las candelas.
Que oscilan. Que son puras.
Gotas y candelas puras. Y las madres
se acercan soplándose los dedos fríos.
Su cuerpo se mueve
por entre los huesos filiales, por los tendones
y órganos sumergidos,
y las calmas madres intrínsecas se sientan
con las cabezas filiales.
Se sientan, y están allí en un silencio demorado y apresurado,
viéndolo todo.
y quemando las imágenes, alimentando las imágenes,
mientras el amor es cada vez más fuerte.
Y les golpea en la cara, el amor leve.
El amor feroz.
Y las madres son cada vez más hermosas.
Piensan sus hijos que ellas levitan.
Flores violentas golpean sus párpados.
Respiran por lo alto y por lo bajo. Son
silenciosas.
Y su cara está en medio de las gotas particulares
de la lluvia,
en torno a las calendas. En el continuo
gotear de sus hijos.
Las madres son lo más alto
que los hijos crean, porque se colocan
en la combustión de los hijos, porque
los hijos están como invasores dientes de león
en el terreno de las madres.
Y las madres son pozos de petróleo en las palabras de sus hijos,
y se abalanzan, a través de ellos, como chorros
que salen de la tierra.
Y los hijos se sumergen con escafandras en el interior
de muchas aguas,
y sacan a las madres como pulpos enredados en sus manos
y en la agudeza de toda su vida.
Y el hijo se sienta con su madre a la cabecera de la mesa,
y a través de él la madre anda moviendo de aquí para allá
las tazas y los tenedores.
Y a través de la madre el hijo piensa
que ninguna muerte es posible y que las aguas
están unidas entre ellas
por medio de la mano de él que toca la cara loca
de la madre que toca la mano presentida del hijo.
y dentro del amor, hasta que sólo sea posible
amarlo todo,
y sea posible que todo vuelva a encontrarse dentro del amor.


lunes, 24 de junio de 2019

La foto de la niña (por Sharon Olds)


La niña está sentada sobre la tierra dura,
áspero molde de Rusia, en la sequía
de 1921, aturdida,
los ojos cerrados, la boca abierta,
un crudo viento abrasador le sopla
arena en la cara. Hambruna y pubertad
se apoderan de ella. Echada en un saco,
el calor descoloca todo lo que lleva puesto,
curvado el tierno radio de su brazo.
No puede no ser bella, pero
se muere de hambre. Adelgaza cada día, y sus huesos
se hacen largos, porosos. El pie de foto dice
que va a morir de hambre ese invierno
con miles de otros seres. En la sima de su cuerpo
los ovarios liberan sus primeros óvulos,
dorados como el grano.



domingo, 23 de junio de 2019

Me miraba en el fuego (por Vicente Gallego)


Ha llegado el invierno
a la casa del monte, y ha venido
apretada en la piña
de mi última niñez, la gratitud.

Me miraba en el fuego, vi pagadas
mis deudas, no encontré
tampoco a mis deudores, cuando allí,
junto a la chimenea, entre una sombra
y una lengua de llama,
se me dio todo junto a manos llenas.

Aquello -yo no sé
llamarlo sino aquello solamente-
estaba tan ardiendo con el fuego,
tan abrazado al fin
de todos los finales, que empezó
a no tener principio ya la noche.

¿Quién miraba a los ojos
a quién en ese pozo de ser uno
mi corazón, la vida?

Y no quise saber, pero era cierto:
entró la casa en luna, algo temblaba.



sábado, 22 de junio de 2019

Fluían, flotaban pétalos (por Shinkichi Takahashi)


Como los pétalos
de una flor,
incontables,
el tiempo
marchito, disipado.
La suma de las vidas
de los hombres
se hundió en silencio en el olvido,
alimento para el pez de cola roja.
Bajo la luz lunar,
en la corriente del río,
fluían, flotaban pétalos.
Entre las rocas,
esparcidos
en lo oscuro.
Pero continuaba el tiempo floreciendo.



viernes, 21 de junio de 2019

Temblor y atracción (por Seamus Heanay)


Como todo el mundo, yo inclinaba la cabeza

durante la consagración del pan y el vino,

levantaba los ojos ante la hostia alzada y el cáliz alzado,

creía (signifique lo que signifique) que ocurría un cambio.

Me acercaba al antealtar y recibía el misterio

en la lengua, regresaba a mi lugar, cerraba los ojos con fuerza,

una acción de gracias, abría los ojos y sentía

que el tiempo comenzaba de nuevo.

Nunca hubo una escena

en que tuviera que vérmelas conmigo o con otro.

La pérdida ocurrió fuera del escenario. Sin embargo, no puedo

repudiar palabras como “acción de gracias”, “hostia”
o “pan de la comunión”. 

Poseen un eterno

temblor y atracción, como el agua honda de un pozo.


jueves, 20 de junio de 2019

Si al final sólo huesos (por Rafael Baldaya)


Y ahora voy a escribir lo que cuesta trabajo,

lo que entrevemos pero no queremos decir,

mucho menos ver escrito,

que si no hay más allá ni ultramuerte entonces todo acaba, se esfuma con la vida,

tu cerebro se apaga, deja de sentir, de pensar, de pensarse,

deja de percibir y percibirse,

tu cuerpo se convierte en una cosa,


esqueleto,

inconsciencia,

huesos 


-fosfato, carbonato de calcio…-,

huesos como otros huesos,

el fosfato del tirano, el calcio del homicida

como los de sus víctimas,

el carbono, el nitrógeno da igual dónde estuvieron y en quiénes se alojaron.

No importa lo que hagas porque luego un objeto,

al final una cosa ni mejor ni peor.

Ya no un quién, sino un qué.

Cuando esto acabe nadie ha de pedirte cuentas,

de hecho ya no serás.

Los fenómenos físicos, las reacciones químicas de la materia simplemente suceden;


las implacables reglas de la termodinámica no saben de justicia,

nada entienden de ética

ni de bien

ni de mal.

Es raro que así sea,

nuestra profundidad se resiste a admitirlo:


"No puede ser lo mismo",

"No puede dar igual",

"No puede ser".

De ahí quizá el juicio último, la luz y la tiniebla

(¿así habló Zaratustra?,


¿de otra forma lo dijo Jesús el galileo?,

¿también aquel Siddhartha?),

de ahí el ciclo del karma, el samsara, el trayecto,


la rotación regida por cómo hiciste antes,

lo crees o no lo crees.

Quizá todo un recurso, un milenario método, un soporte esencial para hacer fluir la vida,

que los humanos puedan convivir,

agruparse,

un ancestral y necesario hallazgo:

si hay tablas de la ley y el Gran Ojo te mira, todo el tiempo observándote,

y al cabo un veredicto,

entonces los humanos se abstendrán de matarse, hostigarse, saquearse de continuo,

porque al final no meros huesos-tierra-ceniza,

no vuelves a ser cosa, sino que

te examinan

y "He aquí tu logro o fruto".

Sí, es una buena idea,

una fábula útil,

una leyenda práctica.

Pero si no es así,

si al final sólo huesos

(los benéficos huesos junto con los malvados,

los huesos asesinos como los inocentes,

los huesos alevosos mezclados con los justos,

indistinguibles


vértebras - tibias - cráneos

unos y otros revueltos,


todos ellos iguales en la Fosa común),

entonces...

esto otro...

esta bruma negruzca,

este temblor o pálpito que evitamos decir,

que una parte de ti se resiste a aceptar,

que atisbas pero mejor sería

no haberlo escrito.



miércoles, 19 de junio de 2019

Aquí también (por Jorge Luis Borges)


Aquí también. Aquí, como en el otro
confín del continente, el infinito
campo en que muere solitario el grito;
aquí también el indio, el lazo, el potro.

Aquí también el pájaro secreto
que sobre los fragores de la historia
canta para una tarde y su memoria;
aquí también el místico alfabeto

de los astros, que hoy dictan a mi cálamo
nombres que el incesante laberinto
de los días no arrastra: San Jacinto

y esas otras Termópilas, el Álamo.
Aquí también esa desconocida
y ansiosa y breve cosa que es la vida.


martes, 18 de junio de 2019

Agua (por Robert Lowell)


Era un pueblo langostino de Maine:
cada mañana cargamentos de obreros
zarpaban rumbo a las canteras
de granito en las islas,

y dejaban atrás docenas de lóbregas
casas de madera blanca adheridas
como conchas de ostras
a una colina rocosa,

y a nuestros pies, el agua lamía
el laberinto de toscos palillos
de una encañizada
en la que se capturaban los peces usados como cebo.

¿Te acuerdas? Nos sentamos sobre una roca.
Ha pasado ahora tanto tiempo
que me parece que era del color
de un lirio, pudriéndose, cada vez más morado,

pero era sólo
la típica roca gris
volviéndose del típico verde
al empaparla el mar.

El mar empapó la roca
el día entero a nuestros pies,
y no dejó de arrancarle
una esquila tras otra.

Una noche soñaste
que eras una sirena aferrada a un muelle
y que tratabas de arrancar
los percebes con la mano.

Ojalá nuestras dos almas
puedan volver como gaviotas
a la roca. Al fin y al cabo
el agua estaba demasiado fría.



lunes, 17 de junio de 2019

Cuando crecen (por Manuel Pujante)


También saben los árboles lo que es la simetría
y violentan su cuerpo cuando crecen.

Una mano se alza, araña el aire,
no asume la distancia, busca el cielo.
Se camufla de hojas, de flores y de frutos,
da cobijo a los pájaros, se afana
en los quehaceres propios de su nombre,
bebe la luz, se esconde en la belleza acaso
para esconder también aquel empeño inútil
al que regresa siempre cuando completa el círculo,
se desnuda e intenta, desesperadamente,
llegar tan alto
en vano.

La otra, que sujeta todo el árbol
al suelo y lo mantiene vivo y recto,
la que lo ancla a la tierra firmemente,
se hunde en la humedad sin luz ni horas,
se hipertrofia y encuentra su alimento
en lo podrido.
Y la diestra no sabe lo que hace la siniestra.

También saben los árboles lo que es la simetría
y de la enfermedad del crecimiento
en todas direcciones.



domingo, 16 de junio de 2019

Allegro (por Tomas Tranströmer)


Después de un día negro toco a Haydn
y siento un humilde calor en las manos.

Las teclas obedecen. Golpean dulces martillos.
El acorde es verde, vivo y sereno.

El acorde dice que la libertad existe
y que alguien no le paga impuesto al césar.

Me meto las manos en los bolsillos haydn
e imito a alguien que contempla el mundo con serenidad.

Izo bandera haydn- eso quiere decir
“No nos rendiremos. Pero queremos paz.”

La música es un edificio de cristal en la ladera
donde vuelan las piedras, ruedan las piedras.

Y las piedras atraviesan la casa rodando
pero todos los cristales quedan intactos.


sábado, 15 de junio de 2019

Mi condena, mi amor (por José Luis Piquero)


¿Quién juega ahora con los grifos?
¿Una esposa afligida, un Dios-ama de casa,
haciendo cosas útiles como llenar la olla o fregar las sartenes?
¿Eres tú? No lo hagas. Me he escaldado los hombros
con los que llevo el peso
de nuestras vidas
cuando no estás ni para abrir un grifo,
y de reírte ya no digo nada.

Sí: eres como Dios, no te das cuenta.
Es por tu intercesión que me quemo la espalda o me muero de frío,
a la intemperie, en medio de toda esta blancura (empañado milagro, santa sábana un cristo dando voces).
O quizá no: serán
caprichos de traviesas tuberías
-¿qué sabemos nosotros de tantas tuberías, de Misterios?-,
y a lo mejor eres tan inocente y estás tan indefensa
como el blanco gusano enjabonado: yo. Mira a tu Hijo.

Si pudiera quedarme para siempre bajo la ducha, lo he pensado,
ensayando una especie de renacimiento, una muda de piel.
Los frascos amigables no contienen secretos,
no dicen: ya no puedo más. No juegan
al escondite con sus semejantes.
El mentol y la esencia de vainilla sólo quieren quererme.
Ser el vapor, difuminando el mundo,
un indio bautizado,
un alegre tritón pringoso de fragancias, un no-resucitado, ungido para nadie, cualquier cosa
menos el responsable
de esto:
de nosotros.

Los santuarios no existen. Moriremos de exceso
de realidad. ¿Es otro día malo, mi condena, mi amor,
mi Padre cruel, que me has mandado a redimir el mundo, y tengo que salvarte?

No toques esos grifos. Saldré tonificado, reluciente,
tan fiable y tan sólido, puro mármol de Roca,
dispuesto a hacerme cargo, como siempre.
Feliz como una gota de colonia.

A no ser que las gotas de colonia tampoco sean felices.



viernes, 14 de junio de 2019

El dibujante de cardos (por José Saborit)


A orillas de las carreteras,

ejércitos amenazantes

de rigurosos cardos,

afilados y adustos

como el fino cristal cuando se quiebra,

repetidos, resecos,

agostados después del largo estío,

en espera tal vez del golpe bravo

de viento o de pedrisca que rompiera

su corona de espinas

su aguda hostilidad de abrojos duros.

Con pinzas los cogía y con cuidado

los dejaba en su mesa descansar,

los miraba despacio, con respeto

o con veneración incluso

y una y otra vez los dibujaba,

volvía a dibujarlos

queriendo descifrar el orden cósmico

de su gravitación,

la lógica ofensiva

de aquellas diminutas

constelaciones

de soles con espinas

o al menos

como intentando dejar algo,

algo sobre el papel de toda esa

belleza tan doliente

del camino difícil,

de la vertiente dura

y de la exquisitez del mal.

Espina por espina

se afilaba el pincel,

se afanaba en el reto, pero nunca

lograba abrir la herida

de cárdenas aguadas.

Por eso no dejó

nunca de dibujarlos.

Cada espina bordaba en el papel

la huella del fracaso.



jueves, 13 de junio de 2019

Qué hacemos aún allí (por Abraham Gragera)


Era mi libro favorito.

Era un regalo de mi padre

lleno de gráficos y epígrafes,

fotografías en color

de máscaras, de buceadores

en el antártico, entre nubes

de krill; de esquirlas de cristal,

de ocelos y cefalotórax

vistos con microscopio cien

veces más grandes; e indecibles,

como lo que sentía con

"Y los árboles se volvieron

piedra", escrito junto al fósil

en el que me costaba un poco

dar con el árbol. O al llegar

a lo de la partenogénesis;

o al tratar de entender qué fue

lo que llevó a las procariotas

a fagocitar otras células,

y a convertirse en eucariotas,

inaugurando la noción

misma de vida, separando

lo vivo y lo inerte en el mar

primordial.

¿Fue de mutuo acuerdo,

la carencia de núcleo y de

membrana respectivamente?

¿O el hambre sin más y la lucha

por la supremacía? ¿Fue

un acto rutinario, ciego,

o una singularidad? ¿Cómo

se llega a ser nosotros?

Qué hacemos aún allí,

mi padre y yo, sin responder;

yo con mi libro favorito,

él con mi vida por delante;

los dos mirando al infinito

más próximo, no con nostalgia,

sino con nuestra única certeza:

que no nacemos, no morimos,

sólo nos separamos.



miércoles, 12 de junio de 2019

Y en todo desnuda tú (por Juan Ramón Jiménez)


He visto la aurora rosa
y la mañana celeste,
he visto la tarde verde
y he visto la noche azul.

Y en todo desnuda tú.

Desnuda en la noche azul,
desnuda en la tarde verde
y en la mañana celeste,
desnuda en la aurora rosa.

Y en todo desnuda tú.


martes, 11 de junio de 2019

Veintiocho muchachos (por Walt Whitman)


Veintiocho muchachos se bañan en la orilla,
veintiocho muchachos, y todos tan cariñosos;
veintiocho años de vida femenil y todos tan solos.

Ella es dueña de la bonita casa que se alza sobre la ribera,
se oculta elegante y ricamente vestida tras las persianas.

¿Cual de los muchachos es el que más le gusta?
Ah, el más feúcho es el que parece más bello.

¿Adónde va, señora? Que la veo,
salpica allí en el agua, aunque permanece totalmente
inmóvil en su cuarto.

Bailando y riendo por la playa vino la vigésimo novena bañista,
los demás no la vieron, pero ella sí que los vio y los amó.

Las barbas de los muchachos relucían húmedas, el agua
corría por sus largos cabellos,
arroyuelos recorrían sus cuerpos.

Una mano invisible también pasaba por sus cuerpos,
por sienes y costillas descendía temblorosa.

Los muchachos flotan boca arriba, sus vientres sobresalen
bajo el sol, no preguntan quién se les prende con fuerza,
no saben quién jadea y declina con un arco colgante
y que se curva,
no piensan a quién empapan de espuma.



lunes, 10 de junio de 2019

Hubo un camino (por Rudyard Kipling)


Cerraron el camino que cruzaba los bosques
hace setenta años.
El tiempo y la lluvia lo han deshecho otra vez,
ahora ya no podrías saber
que una vez hubo un camino a través de los bosques
antes de ser plantados los árboles.
Está debajo de los sotos y de los brezos
y de las anémonas delgadas.
Sólo el guarda ve,
allí donde los pichones aprenden a volar
y los tejones escarban con más facilidad,
que una vez hubo un camino a través de los bosques.

Sí, si entras en los bosques
del verano, al anochecer,
cuando el aire de la noche se enfría en los estanques de truchas
donde la nutria silba a su pareja
(no temen al hombre en los bosques
porque se ven tan pocos),
oirás los golpes de las uñas de un caballo
y el chasquido de unas faldas en el rocío,
firmemente a medio galope a través
de la soledad, de la bruma,
como si perfectamente conocieran
el viejo camino a través de los bosques…


Pero no hay camino que cruce los bosques.


domingo, 9 de junio de 2019

Elegía del recuerdo imposible (por Jorge Luis Borges)


Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas
y de un alto jinete llenando el alba
(largo y raído el poncho)
en uno de los días de la llanura,
en un día sin fecha.
Qué no daría yo por la memoria
de mi madre mirando la mañana
en la estancia de Santa Irene,
sin saber que su nombre iba a ser Borges.
Qué no daría yo por la memoria
de haber combatido en Cepeda
y de haber visto a Estanislao del Campo
saludando la primer bala
con la alegría del coraje.
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche
antes de perderse en el sueño
y que empujó por última vez
el 14 de febrero del 38.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca
para debelar una isla
que aún no era Inglaterra.
Qué no daría yo por la memoria
(la tuve y la he perdido)
de una tela de oro de Turner,
vasta como la música.
Qué no daría yo por la memoria
de haber oído a Sócrates
que, en la tarde de la cicuta,
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad,
alternando los mitos y las razones
mientras la muerte azul iba subiendo
desde los pies ya fríos.
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz.



sábado, 8 de junio de 2019

Pero las colinas son aún las mismas (por Derek Mahon)


Viajo por mar a casa
por primera vez en años.
Alguien puntea una guitarra
en la cubierta oscura, mientras una gaviota
sueña al tope del mástil,
las olas salpicadas de luna se regocijan.
Al alba el barco tiembla, gira
en amplio arco hacia atrás,
avanzando estremecido por el estuario gris
más allá del faro y las boyas,
las gradas y el dique seco
donde arde una lámpara desnuda;
y yo piso tierra bajo una fina lluvia
en una ciudad tan cambiada
por cinco años de guerra
que apenas reconozco
los lugares en donde me crié,
las fachadas que intentan explicar.
Pero las colinas son aún las mismas
gris-azuladas sobre Belfast.
Tal vez si me hubiera quedado
y vivido bomba tras bomba
hubiera sido adulto al fin
y aprendido qué quiere decir hogar.



viernes, 7 de junio de 2019

Un momento o dos (por Alicia Ostriker)


En toda vida hay un momento o dos,
en que el yo desaparece, la herida cruel
toma el control, y después otra vez
por momentos estamos llenos de cielo
o de pájaros
o simplemente del té con azúcar que quedó sobre la mesa
dijo la anciana

Sé a lo que te refieres en cuanto
a las epifanías dijo el tulipán
por ejemplo un cielo despejado de abril
el acercamiento de una mariposa
con respecto a la desaparición del yo
no
todavía no lo experimenté

Están creando distinciones
que no existen en la realidad
donde “yo” y “no yo” son como la sal
en el océano, la nube en el cielo
el oxígeno en el fuego
dijo el perro filosófico
rascándose las bolas debajo de la mesa.


jueves, 6 de junio de 2019

Difícil (por Ana Martins Marques)


Es tan difícil amar

en este mundo imperfecto

es difícil decir algo

que no sea un malentendido

es difícil encontrar

el peso correcto

de las cosas

saber nuestro propio tamaño

mirar algunos animales a los ojos

pensar con dulzura

aprovechar adecuadamente la luz

desear para el pájaro un destino de pájaro,

para la seda, un destino de seda.


miércoles, 5 de junio de 2019

La vida sin fin (por Lawrence Ferlinghetti)


No tiene fin
la espléndida vida del mundo
no tiene fin su hermoso vivir
su hermoso respirar
sus hermosas criaturas sensibles
observando escuchando y pensando
riendo y bailando
suspirando y llorando
a través de las tardes sin fin
noches sin fin de amor y éxtasis
alegría y desesperanza
bebiendo y fumando
charlando cantando
en los Ámsterdams sin fin
de la existencia
de animadas conversaciones sin fin
y de los cafés sin fin
en los cafés literarios de las mañanas de lluvia
sin fin las películas de la calle que pasan
en los automóviles en los tranvías del deseo
en las inagotables vías de la luz radiante

Sin fin el baile de las melenas
al ritmo sin aliento del punk rock
y de la música disco su aire en la cabeza
a través de las medianoches de la Vía Láctea
hasta los paraísos del amanecer
hablando fumando y pensando
de todo aquello que en la noche no tiene fin
en lo blanco de la noche la luz de la noche
Ah sí el vivir y amar no tienen fin
odiando y amando besando y matando
No tienen fin los latidos la respiración la procreación
la rueda de la vida de carnes
girando constantemente en el tiempo
Vida sin fin muerte sin fin
no tienen fin el aire y la respiración
Mundos sin fin
en los que los días nunca terminan
en las capitales del otoño
sus grandes avenidas de hojas en llamas
Sin fin los sueños y los cuerpos
en los que el sueño desovilla
las mangas tejidas de la ansiedad
los laberintos del pensamiento
las laberínticas ensoñaciones del amor
las espirales del deseo y su exageración
los innumerables finales de lo innombrable
Sin fin los cielos incendiados
sin fin el universo que gira
Mundo sobre una hoguera de hongos
No tiene fin el fuego que respira en nuestros cuerpos
tatuados comedores de fuego bailando en las plazas
tragando el aire incendiado de la gasolina
Valiente el corazón batiente de la vida llameante
sus pulsos compases y llamas apagadas
Sin fin los campos de los sentidos
los olores del deseo del amor
los maullidos de los gatos en celo
el aroma intenso de los sexos
El sonido de los que hacen el amor no tiene fin
el sonido de las camas chirriantes no tiene fin
el gemido de los amantes no tiene fin
escuchado en la noche a través de las paredes
Los gritos del éxtasis inacabables
las voces encendidas
en la última y perdida culminación
el ruido de las máquinas de música saltando
el fluir del jazz del esperma sus ritmos
difunden su energía en el paraíso
Y luego los intentos de fuga no tienen fin
huir de la náusea de Sartre
de las colinas peladas
donde se consumió la sensación
en el lento fuego del tiempo
de la alegría de vivir desesperanzada
de los barcos cargados de ilustración
de los barcos cargados de mierda
que aún flotan
en los infernales ríos de Caronte
codicias histerias paranoias
poluciones y perversiones
Sin fin l’homme revolté
en el anónimo rostro de la muerte
en las huellas del estado monstruo
No tienen fin sus visiones anárquicas
No tiene fin su alienación
No tiene fin su poesía alienada
tábano del estado
portador de la esencia de Eros
No tiene fin el sonido de la vida
del hombre que vive en la tierra
las audiciones radiales sin fin
las transmisiones de tv sin fin
No tienen fin
los rollos de papel en la rotativas
el fluir de las palabras y las imágenes
en las cintas de las máquinas de escribir
escritura automática y garabatos
sin fin los poèmes dictés por lo desconocido
sin fin los llamados telefónicos
hacia los confines de la tierra
y la espera de los amantes en las terminales
y el llanto de los pájaros en las terrazas
y el graznido constante de los cuervos en el cielo
y el multiplicado canto de los grillos
y los mares rugientes y las aguas gimientes
alzándose y cayendo sobre guijarros distantes
y las mareas lamedoras durante los Idus del otoño
beso salitroso de la creación
Infinitas las campanas del mar anunciándose
más allá de las represas y los diques de la vida
y el repetido llamado de las campanas
en las iglesias vacías
en las torres del tiempo
Infinita la manifestación de calamidades
del barbado hombre santificado
No tiene fin
la cuerda del corazón del mundo
desenroscándose
resplandeciente en el tiempo
brillando a través del espacio
No tienen fin los cruceros turísticos
atravesándola
barquitos pequeños en los canales infinitos
millones de ventanas en llamas en el atardecer
la ciudad quemándose con las sobras de la luz
los distritos de faroles rojos brillan y danzan
con pijas porno pijas de neón
y los vibradores que vibran sin descanso
en las piezas de edificios a medio derruir
Sin fin el movimiento de las mandíbulas
masticando las carnes de los sandwiches del deseo
los jugosos bifes anchos del amor
Sin fin los sueños y los orgasmos
ritos de fertilidad ritos de pasaje
y el vuelo de las aves fértiles
sobre los techos de las casas
y los huevos que caen en los nidos
en las vaginas sin fin
los intentos y tentaciones de la carne
en las habitaciones por hora del amor
donde canta la paloma golpeada
No tiene fin el nacimiento de las criaturas
en los sitios donde el amor y el deseo
han tomado aposento
Sin fin el dulce nacimiento de la conciencia
y sus amargas muertes en vano
Sin fin el marchitamiento
de las pieles las frutas efímeras fugaces
y las sirenas de neón
cantando unas a otras en alguna parte
Sin fin las leves variaciones
de lo absolutamente familiar
los fuegos de la juventud
las brasas de la ancianidad
la furia del poeta renacido
No tiene fin toda creación
en la danza muda de las moléculas
Todo se transmuta todo cae en el silencio
y todo gime llora una y otra vez
Sin fin la espera interminable
Dios y Godot
nunca terminan de llegar
No tienen fin las acciones los planes
los dilemas y las demoras
Absurda la espera que anula la acción
y desea que ya no existan las guerras
y desea la desaparición de los Estados
Es inútil la espera que niega la acción
No tiene fin la lucha entre el bien y el mal
las cabriolas del destino los viajes del odio
sin fin la energía nuclear
la energía interna de la tierra
las reacciones en cadena sin fin
del fogonazo final
que fallan en sus intentos
mientras las Blancas Bicicletas de la protesta
circulan lentamente a su alrededor
Pues algún día estos dioses con rostros caninos
que calzan zapatos a la moda escarpines de Gucci
botas tejanas y sombreros de latón
y viven en bunkers
con muchos botones e interruptores
a su alcance
desaparecerán les llegará el fin
Pues lo que nunca tendrá fin
es la esperanzadora posibilidad
de elegir en nuestras encrucijadas
elección que aún no ha sido realizada
elegiremos
la iluminación de las mentes oscuras
los senderos de la gloria
los verdes gigantes de la casualidad
los anzuelos de la esperanza
en los pantanos del desaliento
las colinas en la distancia
los pájaros en los arbustos
los arroyos de la luz oculta
las melodías desconocidas
las sesiones del pensamiento dulce y silencioso
y las muertes felices de los corazones todos los días
y las pijas de barro
y los pies enfundados en zapatillas
recorriendo la bahía
Y es más
son infinitas las puertas
de la percepción que aún deben ser abiertas
y los potentes chorros de luz
en el elevado espíritu del hombre
en el espacio exterior muy dentro nuestro
en el Ámsterdam del Ying y del Yang
Sin fin las rubaiatas sin fin las beatitudes
sin fin los shangrilas sin fin los nirvanas
sutras y mantras sin fin
satoris y sensaras sin fin
Bodhiramas y Bodisatvas
Karmas y Karmapas
Sin fin las Shivas cantando danzando
en los humeantes vientres del éxtasis
Brillos trascendencia
penetrando la cristalina noche del tiempo
en el silencio sin fin del alma
en la larga y altisonante historia del hombre
en el sonido y la furia sin fin
significando todo
con sus alucinaciones sin fin
adoraciones e iluminaciones
y destrucción total
y erecciones y exhibiciones
fascismo y machismo
circos de las almas extraviadas
parques de diversión de la imaginación
Coney Islands
del poema sin mente sin fin
dictado por la voz individual
del inconsciente colectivo
ciego en las huellas
del tiempo
En los últimos días de Alejandría
el día que precede a Waterloo
los bailes prosiguen
en la noche se escuchan
los sonidos de una fiesta bulliciosa