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martes, 24 de enero de 2012

Que he salido (por Alfonsina Storni)

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
Te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

8 comentarios:

F. y Alfonsina forever dijo...

Rezumadores de mis desdichas, ¿es que queréis hundirme en la miseria? Pues es el caso que leo este poema y después escucho a Mercedes Sosa cantar "Alfonsina y el mar" -que Félix y Ariel le brindaron para que quedase en la Historia- y es tal la sinergia de ambos que me hacen polvo, me aniquilan por un rato, me hunden en el cieno rioplatense de este pecho acanalado.
Y es que tengo tan interiorizado el mito que, cada vez que lo leo y la escucho, me embarga un dulce morbo con olor a algas y brea de calafate.
Y me acorrala una desazón...
Estas cosas se avisan.

LuisMi dijo...

Oh, alguien que habla de Mercedes Sosa, de la Negra divina, con sus sublimes interpretaciones de Violeta Parra (Gracias a la vida...), de Silvio Rodríguez (El unicornio azul...), de Fito Páez (Yo no buscaba nada y te vi...) y tantos otros. También ella -Mercedes- se nos fue. Como Violeta. Como Alfonsina. Como casi todos. Como casi todo. Por la blanda arena que lame el mar su pequeña huella no vuelve más. Un sendero solo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda.

F. dijo...

Chócala, LuisMi.

Cide Hamete Benengeli dijo...

El sol da de plano,
tengo mucha sed.
Deja que te beba
tus labios miel.

Cide Hamete Benengeli dijo...

de miel

Cide Hamete Benengeli dijo...

Los muchachos de otros tiempos
trabajaban por mujer,
los muchachos de estos tiempos
buscan una que les dé.


Ay quien fuera zapatico
para tu bonito pie,
y mirar con los dos ojos
lo que el zapatico ve.


Las avecillas del cielo
se mantienen con mosquitos,
así me mantengo yo
con abrazos y besitos.

La bala que a mí me hirió
también hirió al comandante,
a él lo hicieron capitán
y a mí soldado como antes.

La caña con ser la caña,
también tiene su dolor:
si la meten al trapiche
le parten el corazón.

Desde el punto que te vi,
le dije a mí corazón:
qué bonita piedrecita
para dar un tropezón.




Déjame entrar al monte,
déjame coger la flor,
déjame dormir sueñito
entre tus brazos, mi amor.

En declives.blogspot.com dijo...

¿Tendremos finalmente nuestro merecido? ¿Juzgará la naturaleza al ser humano y actuará según lo que nuestros actos merecen?

Círculo Cultural FARONI dijo...

Los dichos de los viejitos son evangelios chiquitos.

(proverbio mexicano)