zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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domingo, 28 de agosto de 2016

Precisamente (por Miguel D' Ors)


Raro asunto la vida: yo que pude
nacer en 1529,
o en Pittsburg o archiduque, yo que pude
ser Chesterton o un bonzo, haber nacido
gallego y d’Ors y todas estas cosas.
Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.


sábado, 27 de agosto de 2016

Mi cara en el espejo (por Robert Lowell)


Al afeitarme veo, en su toda su extensión,
sólo por esta vez, mi cara en el espejo.
La miro de reojo como si se tratase
de un problema de carpintería...
Aunque la encuentro un poco más delgada,
es la cara de siempre,
con ojos acechantes al ritmo de mi mano..

Nunca tienen los días las suficientes horas...
Según estoy tumbado, confinado, anhelante,
monomaniaco,
celoso incluso de la intrusión más mínima
(me resulta imposible rechazar
la diminuta espina de algún cardo).
Incapaz de imitar la manera espontánea
con que exigen los niños sus respuestas.

Tan inflamable es para mí una piedra
como una cerilla de cartón.

La marea doméstica ha cesado;
y, tú también, inclinas la cabeza
sobre lo que has escrito
y corriges, a veces disgustado,
con cara inexpresiva, como los girasoles.

Tenemos suerte
de haber podido juntos realizar tantas cosas.

viernes, 26 de agosto de 2016

Vengan a mí tus espumas rompientes (por Vicente Aleixandre)


¡Ah! eres tú, eres tú, eterno nombre sin fecha,

bravía lucha del mar con la sed,

cantil todo de agua que amenazas hundirte

sobre mi forma lisa, lámina sin recuerdo.

Eres tú, sombra del mar poderoso,

genial rencor verde donde todos los peces son como piedras por el aire,

abatimiento o pesadumbre que amenazas mi vida

como un amor que con la muerte acaba.

Mátame si tú quieres, mar de plomo impiadoso,

gota inmensa que contiene la tierra,

fuego destructor de mi vida sin numen

aquí en la playa donde la luz se arrastra.

Mátame como si un puñal, un sol dorado o lúcido,

una mirada buida de un inviolable ojo,

un brazo prepotente en que la desnudez fuese el frío,

un relámpago que buscase mi pecho o su destino…

¡Ah, pronto, pronto; quiero morir frente a ti, mar,

frente a ti, mar vertical cuyas espumas tocan los cielos,

a ti cuyos celestes peces entre nubes

son como pájaros olvidados del hondo!

Vengan a mí tus espumas rompientes, cristalinas,

vengan los brazos verdes desplomándose,

venga la asfixia cuando el cuerpo se crispa

sumido bajo los labios negros que se derrumban.

Luzca el morado sol sobre la muerte uniforme.

Venga la muerte total en la playa que sostengo,

en esta terrena playa que en mi pecho gravita,

por la que unos pies ligeros parece que se escapan.

Quiero el color rosa o la vida,

quiero el rojo o su amarillo frenético,

quiero ese túnel donde el color se disuelve

en el negro falaz con que la muerte ríe en la boca.

Quiero besar el marfil de la mudez penúltima,

cuando el mar se retira apresurándose,

cuando sobre la arena quedan sólo unas conchas,

unas frías escamas de unos peces amándose.

Muerte como el puñado de arena,

como el agua que en el hoyo queda solitaria,

como la gaviota que en medio de la noche

tiene un color de sangre sobre el mar que no existe.

jueves, 25 de agosto de 2016

Cada silencio (por Roberto Juarroz)


El silencio que queda entre dos palabras

no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae,

ni tampoco el que estampa la presencia del árbol

cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

Así como cada voz tiene un timbre y una altura,

cada silencio tiene un registro y una profundidad.

El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro

y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.

Existe un alfabeto del silencio,

pero no nos han enseñado a deletrearlo.

Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,

tal vez más que el lector.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Un pobre instante (por Joan Margarit)


La muerte no es más que esto: el dormitorio,
la luminosa tarde en la ventana,
y este radiocasete en la mesita
-tan apagado como tu corazón-
con todas tus canciones cantadas para siempre.
Tu último suspiro sigue dentro de mí
todavía en suspenso: no dejo que termine.
¿Sabes cuál es, Joana, el próximo concierto?
¿Oyes cómo en el patio de la escuela
están jugando los niños?
¿Sabes, al acabar la tarde,
cómo será esta noche,
noche de primavera? Vendrá gente.
La casa encenderá todas sus luces.



martes, 23 de agosto de 2016

Jugamos al escondite con nadie (por Fernando Pessoa)


Toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra. Vivimos, en 
un anochecer de la conciencia, nunca seguros de lo que somos y de lo que nos suponemos ser. En los mejores de nosotros vive la vanidad de algo, y hay un error cuyo ángulo no conocemos. Somos algo que sucede en el descanso de un espectáculo; a veces, por determinadas puertas, entrevemos lo que tal vez no sea más que escenario. Todo el mundo es confuso, como unas voces en la noche.

Estas páginas en las que anoto con una claridad que dura para ellas, ahora mismo las he releído y me interrogo: ¿Qué es esto, y para qué es esto? ¿Quién soy cuando siento? ¿Qué cosa muero cuando soy?

Como alguien que, desde muy alto, intentase distinguir las vidas del valle, yo asimismo me contemplo desde una cima, y soy, a pesar de todo, un paisaje vago y confuso.

Es en estas horas de un abismo en el alma cuando el más pequeño pormenor me oprime como una carta de adiós.

Me siento constantemente en una víspera de despertar, me sufro la envoltura de mí mismo, en una sofocación de conclusiones. De buen grado gritaría si mi voz llegara a algún sitio. Pero hay un gran sueño en mí, y se desplaza de unas sensaciones a otras como una sucesión de nubes, de las que dejan de distintos colores de sol y verde la hierba menos ensombrecida de los campos prolongados.

Soy como alguien que busca al acaso, no sabiendo dónde fue escondido el objeto que no le han dicho lo que es. Jugamos al escondite con nadie. Hay, en algún sitio, un subterfugio trascendente, una divinidad fluida y sólo oída.

Releo, sí, estas páginas que representan horas pobres, pequeños sosiegos o ilusiones, grandes esperanzas desviadas hacia el paisaje, penas como cuartos en los que no se entra, ciertas voces, un gran cansancio, el evangelio por escribir.

Cada uno tiene su vanidad, y la vanidad de cada uno es su olvido de que hay otros con un alma igual. Mi vanidad son algunas páginas, unos fragmentos, ciertas dudas…

¿Releo? ¡He mentido! No oso releer. No puedo releer. ¿De qué me sirve releer?

El que está ahí es otro. Ya no comprendo nada… 

lunes, 22 de agosto de 2016

Quién supiera componer una rosa deshojada (por Juan Ramón Jiménez)


Como el cansancio se abandona al sueño
así mi vida a ti se confiaba...
Cuando estaba en tus brazos, dulce sueño,
te quería dejar... y no acababa.

Y no acababa... ¡Y tú te desasiste,
sorda y ciega a mi llanto y a mi anhelo,
y me dejaste desolado y triste,
cual un campo sin flores y sin cielo!

¿Por qué huiste de mi? ¡Ay, quién supiera
componer una rosa deshojada;
ver de nuevo, en la aurora verdadera,
la realidad de la ilusión soñada!

¿Adónde te llevaste, negro viento,
entre las hojas secas de la vida,
aquel nido de paz y sentimiento
que gorjeaba al alba estremecida?

¿En qué jardín, de qué rincón, de dónde
rosalearán aquellas manos bellas?
¿Cuál es la mano pérfida que esconde
los senos de celindas y de estrellas?

¡Ay quién pudiera hacer que el sueño fuese
la vida!, ¡que esta vida fría y vana
que me anega de sombra, fuera ese
sueño que desbarata mi mañana! 


domingo, 21 de agosto de 2016

Te voy a matar derrota (por Juan Gelman)


Te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
Noches y días con vos.
Me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
Te mostraré mi rabioso corazón.
Te pisaré loco de furia.
Te mataré los pedacitos.
Te mataré una con Paco.
Otro lo mato con Rodolfo.
Con Haroldo te mato un pedacito más.
Te mataré con mi hijo en la mano.
Y con el hijo de mi hijo muertito.
Voy a venir con Diana y te mataré.
Voy a venir con José y te mataré.
Te voy a matar derrota.
Nunca me faltará un rostro amado
para matarte otra vez.
Vivo o muerto un rostro amado
hasta que mueras
dolida como estás ya lo sé.
Te voy a matar yo
te voy a matar.


sábado, 20 de agosto de 2016

El nombre del pasado (por Tomás Segovia)


No volverá

como el calor que el pan exhala,

esta mitad ya de tu vida,

no volverá a entibiarte aquella sangre

que ya corrió.


Inhábil como un niño,

tu jaula mal cerrada sus pájaros dispersa;

al viento van tus días,

despedazados aleteos.


Lo que ha sido tu vida,

sobre la tierra ahora tiene menos peso

que la huella de un beso

posada en una frente.


O como una palabra

(menos aún que un beso);

¿y a quién se la dirás?

¿a quién le confiarás que amaste, odiaste,

tuviste un día el tiempo entre tus brazos?

El nombre del pasado no quiere decir nada

si no es para los labios que lo dicen.


Buscarás en el peso del silencio

lo que el presente duramente trenza,

y para tener algo entre las manos,

no dirás «he vivido»,

no hablarás esas sílabas

que conmueven tan fugitivamente al aire...


viernes, 19 de agosto de 2016

Vi dos palomas (por Federico García Lorca)


Por las ramas del laurel

vi dos palomas oscuras.

La una era el sol,

la otra la luna.

«Vecinita», les dije,

«¿dónde está mi sepultura?»

«En mi cola», dijo el sol.

«En mi garganta», dijo la luna.

Y yo que estaba caminando

con la tierra por la cintura

vi dos águilas de nieve

y una muchacha desnuda.

La una era la otra

y la muchacha era ninguna.

«Aguilitas», les dije,

«¿dónde está mi sepultura?»

«En mi cola», dijo el sol.

«En mi garganta», dijo la luna.

Por las ramas del laurel

vi dos palomas desnudas.

La una era la otra

y las dos eran ninguna.


jueves, 18 de agosto de 2016

Déjala que hable (por Elkin Restrepo)


Hazte cargo de esa voz que en ti,

como la sombra de un ausente que acompaña,

reclama ya lo suyo.

Súmala a la deshecha costumbre de tus vacíos y esperanzas,

concédele al menos un instante de reposo y memoria,

acógela.


Es tu voz más antigua,

el golpe del viento sobre las claridades de un primer día,

la palabra olvidada a causa de toda desdicha.


Que ella, como un mal amor, gobierne tu vida.

Déjala que hable y calla.

Su hora pide ya una forma a la luna y sus fantasmas.



miércoles, 17 de agosto de 2016

Caía hacia arriba (por Sharon Olds)


Cuando me acosté, para pasar la noche, en el desierto,

boca arriba, y dormité, y mis ojos se abrieron,

mi mirada voló hacia arriba, como si cayera en el cielo,

y vi el ojo abierto de la noche, completamente

cándido, todo iris de un gris estrella,

salpicado por racimos de pupilas brillantes.

Miré, y dormité, y cuando mis párpados se abrían

me desplomaba en lo alto fuera de la atmósfera,

en picada y jadeando como si hubiera dado un paso en falso

en una escalera. Me dormía y volvía en mí, y me dormía,

y cada vez que abría los ojos

caía hacia arriba en la profundidad del universo.

Se veía atestado, hueco, intrincado, elástico,

no sentí que realmente podía verlo

porque no sabía qué era

lo que estaba viendo. Cuando mis párpados se alzaban,

allí estaba lo real… absoluto,

fresco, impersonal, íntimo,

benigno sin dulzura, yo planeaba en lo alto, mi

velocidad súbitamente aumentada para igualar la suya, estaba

entrando en otra dimensión, y sin embargo

una a la que pertenezco, como si

no sólo la tierra mientras estoy aquí, sino el espacio,

y la muerte, y la existencia sin mí, fueran mi casa.



martes, 16 de agosto de 2016

Qué hemos hecho (por Oliverio Girondo)


Todo,

todo,

en el aire,

en el agua,

en la tierra

desarraigado y ácido,

descompuesto,

perdido.

El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.

Los toros transformados en sumisas poleas.

El engaño sin malla,

sin “tutu”,

sin pezones.

La impúdica mentira exhibiendo el trasero

en todas las posturas,

en todas las esquinas.

Las polillas voraces de expediente cocido,

disfrazadas de hiena,

de tapir con mochila.

Las techumbres que emigran en oscuras bandadas.

Las ventanas que escupen dentaduras de piano,

cacerolas,

espejos,

piernas carbonizadas.

Porque mirad

sin musgo,

mi corazón de yesca,

qué hicimos,

qué hemos hecho

con nuestras pobres manos,

con nuestros esqueletos de invierno y de verano.

Desatar el incendio.

Aplaudir el desastre.

Trasladar,

sobre caucho,

apetitos de pústula.

Prostituir los crepúsculos.

Adorar los bulones

y los secos cerebros de nuez reblandecida…

Como si no existiera más que el sudor y el asco;

como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre

las raíces del odio;

como si ya no fuese bastante deprimente

saber que sólo somos un pálido excremento

del amor,

de la muerte.


lunes, 15 de agosto de 2016

Y estar aquí contigo (por Miguel D' Ors)


Qué dicha no ser Basho, en cuya voz
florecían tan leves los ciruelos,
ni ser Beethoven con su borrasca en la frente
ni Tomás Moro en el taller de Holbein.
Qué dicha no tener
un bungalow en Denver (Colorado)
ni estar mirando desde el Fitz Roy el silencio
mineral de la tarde patagónica
ni oler la bajamar de Saint-Malo

y estar aquí contigo, respirándote, viendo
la lámpara del techo reflejada en tus ojos.



domingo, 14 de agosto de 2016

La lluvia sonaba (por Fernando Pessoa)


Toda la noche, y durante horas, el chirriar de la lluvia ha bajado. Toda la noche, conmigo entredespierto, la monotonía fría me ha insistido en los cristales.

Ora un jirón de viento, en un aire más alto, azotaba, y el agua ondeaba en sonido y pasaba unas manos rápidas por la ventana; ora con un sonido sordo sólo hacía sueño en el exterior muerto. Mi alma era la misma de siempre, entre sábanas como entre gentes, dolorosamente consciente del mundo. Tardaba el día como la felicidad: a aquella hora parecía que también indefinidamente.

¡Si el día y la felicidad no llegasen nunca! Si esperar, cuando menos, pudiese ni siquiera tener la desilusión de conseguir.

El ruido casual de un carro tardío, saltando áspero sobre las piedras, crecía desde el fondo de la calle, hacia el fondo del vago sueño que yo no conseguía del todo.

Batía, de cuando en cuando, una puerta de la escalera. A veces había un chapotear líquido de pasos, un rozar por sí mismas de ropas mojadas. Una u otra vez, cuando los pasos eran más, sonaba alto y atacaban. Después, el silencio volvía, con los pasos que se apagaban, y la lluvia continuaba innumerablemente.

En las paredes oscuramente visibles de mi cuarto, si abría yo los ojos del sueño falso, flotaban fragmentos de sueños por hacerse, vagas luces, trazos oscuros, cosas de nada que trepaban y bajaban. Los muebles, mayores que de día, manchaban vagamente el absurdo de la tiniebla. La puerta era indicada por algo ni más blanco ni más negro que la noche, pero diferente. En cuanto a la ventana, yo sólo la oía.

Nueva, fluida, variable, la lluvia sonaba. Los momentos se retrasaban ante su sonido. La soledad de mi alma se ensanchaba, se arrastraba, invadía lo que yo sentía, lo que yo quería, lo que yo no iba a soñar. Los objetos vagos, participantes, en la sombra, de mi insomnio, pasaban a tener lugar y dolor en mi desolación.


sábado, 13 de agosto de 2016

Un amor no sometido (por Roberto Juarroz)


Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.


viernes, 12 de agosto de 2016

Conquistando un secreto (por José Manuel Díez)


Crece inerme la dicha para aquel que se ignora:

quien no se reconoce no se juzga.

Sin embargo, algo dentro de nosotros asciende

contra su propio impulso sosegado,

sobre su propia inercia, hacia su centro.

Sin embargo, algo dentro de nosotros progresa

conquistando un secreto que, al cifrarnos, protege

cuanto habremos de ser,

desconocidos.


Y quién se hace preguntas sin desvelo.

Y quién duda su nombre sin tristeza.


Somos la voz de un eco irresoluto:

una voz que, al pensarse, manifiesta su nada,

su elipsis ulterior,

su mudo origen.


jueves, 11 de agosto de 2016

Autorretrato con mar (por Joan Margarit)


Aquel niño callado. Juega solo.
Permanece detrás de estos ojos de viejo,
resiste la embestida brutal del mediodía
oyendo los confusos versículos del mar
y el grito de los cuerpos desnudos y oxidados
al entrar en las aguas transparentes y frías
de la playa de piedras. Avergonzado, corre
de un escondite a otro de los cuentos.

Duerme dentro de mí, desvalida criatura:
duerme dentro de mí, una noche de reyes,
donde en silencio vuelan las escobas
y los lobos dejaron sus huellas en la nieve.
Afuera brilla un cielo lleno de albaricoques,
y el mar azul oscuro de ciruelas
se deshace en los negros cuchillos de las rocas.

El verano de alcohol frío en los ojos
me hace sentir mi vida como la pulpa oscura
y dorada de un fruto que se pudre
alrededor del hueso del recuerdo.
Dentro de mí ocúltate, desvalida criatura.
Dentro de mí protégete de la cruel claridad.
Recita la leyenda que habla del niño gris
y de la miserable bicicleta
montada por el triste ciclista del suburbio.
Te busca y está cerca. Pedalea hacia aquí.


miércoles, 10 de agosto de 2016

Gloria (por José Julio Cabanillas)


Gloria por la palabra que mi boca
no acierta a decir nunca, mientras mi mano tiembla
o deja garabatos rotos como la nieve
que a copos viste de niñez los montes.

Por el lucero rojo que acompaña a la luna.

Por el olivo cano, desde chico tan serio,
que luego da el aceite con su risa de oro.

Por el lomo estrellado de la trucha
que se parece al manto de Merlín.

Gloria por el rocío y el diminuto cielo
que deja en cada brizna.

Por la caja de música que suena en el verano
-con el lucero, el grillo; con el sol, la chicharra-,
porque saben sus notas el más secreto anhelo.

Gloria también por todas las cosas que no sé.


martes, 9 de agosto de 2016

Duele la tierra (por Vicente Aleixandre)


Duele la cicatriz de la luz,
duele en el suelo la misma sombra de los dientes,
duele todo,
hasta el zapato triste que se lo llevó el río.

Duelen las plumas del gallo,
de tantos colores
que la frente no sabe qué postura tomar
ante el rojo cruel del poniente.

Duele el alma amarilla o una avellana lenta,
la que rodó mejilla abajo cuando estábamos dentro del
agua
y las lágrimas no se sentían más que al tacto.

Duele la avispa fraudulenta
que a veces bajo la tetilla izquierda
imita un corazón o un latido,
amarilla como el azufre no tocado
o las manos del muerto a quien queríamos.

Duele la habitación como la caja del pecho,
donde palomas blancas como sangre
pasan bajo la piel sin pararse en los labios
a hundirse en las entrañas con sus alas cerradas.

Duele el día, la noche,
duele el viento gemido,
duele la ira o espada seca,
aquello que se besa cuando es de noche.

Tristeza. Duele el candor, la ciencia,
el hierro, la cintura,
los límites y esos brazos abiertos, horizonte
como corona contra las sienes.

Duele el dolor. Te amo.
Duele, duele. Te amo.
Duele la tierra o uña,
espejo en que estas letras se reflejan.

lunes, 8 de agosto de 2016

Una ventana (por Jorge Guillén)


El cielo sueña nubes para el mundo real
con elemento amante de la luz y el espacio.
Se desparraman hoy dunas de un arrecife,
arenales con ondas marinas que son nieves.
Tantos cruces de azar, por ornato caprichos,
están ahí de bulto con una irresistible
realidad sonriente. Yo resido en las márgenes
de una profundidad de transparencia en bloque.
El aire está ciñendo, mostrando, realzando
las hojas en la rama, las ramas en el tronco,
los muros, los aleros, las esquinas, los postes:
serenidad en evidencia de la tarde,
que exige una visión tranquila de ventana.
Se acoge el pormenor a todo su contorno:
guijarros, esa valla, más lejos un alambre.
Cada minuto acierta con su propia aureola,
¿o es la figuración que sueña este cristal?
Soy como mi ventana. Me maravilla el aire,
¡hermosura tan límpida ya de tan entendida,
entre el sol y la mente! Hay palabras muy tersas,
y yo quiero saber como el aire de junio.
La inquietud de algún álamo forma brisa visible,
en círculo de paz se me cierra la tarde,
y un cielo bien alzado se ajusta a mi horizonte.

domingo, 7 de agosto de 2016

Aguas benditas (por Elder Silva)


Los dos bajo la ducha:
tu mano moviendo los grifos amarillos
(equivocados),
el tránsito del agua por los lugares recién amados
de tu cuerpo,
senos altos bajo la cascada,
la lluvia del pelo en el entorno de los hombros,
las manos comerciando con tu vientre,
con los movimientos pretorianos de tu boca desnuda.
El niágara habitual en casa del poeta solo,
a donde llegabas, te mojabas,
ibas y venías
siempre intacta.

(Olímpica en el corredor de los departamentos.)

El niágara habitual bajo el cual el mundo desaparecía.
Al menos, el de las malas ideas,
el de borrascosas tardes.


sábado, 6 de agosto de 2016

La mujer de Noé habla consigo misma (por Bárbara Korun)


Hace días, años estoy acurrucada acá, en el entrepuente.
Descendí por compasión hacia los animales que gemían.
Aquí está oscuro, húmedo, con olor a encierro.
Hay un hedor insoportable.
Los cocodrilos abren sus dentadas fauces,
las serpientes sisean, los leones rugen hambrientos,
y todo lo sobrevuela el inquieto pataleo
del poder de los elefantes.

Al principio tenía miedo a la oscuridad y a los sonidos,
al hormigueo incomprensible de seres que no veía,
que apenas sospechaba -arañas, ratones,
ciempiés, escorpiones-.
Sea grande o pequeño, todo se mueve a un compás
monstruosamente armonioso,
como en un agua invisible,
oscura e irracional.
Me convertí en uno de ellos,
percibí nuestro latido común,
cálido, húmedo, con olor a encierro.

40 días, 40 años.
Hemos envejecido, nos hemos tranquilizado
en nuestra tristeza, en nuestra hambre.
Aquí abajo no hay dios.
Al abrigo de los vapores esperamos el rostro barbado
de alguien que cumple mandatos divinos.

Oigo un ruido:
Noé está soltando a los animales a tierra firme.
Apoyo mi rostro contra la hendidura de la puerta
y la luz, que ya había olvidado, me empapa.

Cuando mi marido, que ya se olvidó de mí, abra la puerta,
se abalanzará contra su pecho lleno de viento y sol
una manada de animales,
un cuerpo de múltiples colas y miles de ojos brillantes
que se mueve a la menor sospecha. Yo la primera.

viernes, 5 de agosto de 2016

¿Quién puede saber? (por Seunghyu Yi)


La nube blanca sale del templo de la colina al amanecer.
La nube blanca vuelve al templo de la colina al atardecer.
El pino verde envejece, la luna clara se mira en el río.
¿Quién puede saber de iluminación y no iluminación?


jueves, 4 de agosto de 2016

Mar ideal (por Juan Ramón Jiménez)


Los dos vamos nadando
-agua de flores o de hierro-
por nuestras dobles vidas.

-Yo, por la mía y por la tuya;
tú, por la tuya y por la mía-.

De pronto, tú te ahogas en tu ola,
yo en la mía; y, sumisas,
tu ola, sensitiva, me levanta,
te levanta la mía, pensativa.


miércoles, 3 de agosto de 2016

Bájate entonces (por Juan Gelman)


Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón!,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello

martes, 2 de agosto de 2016

Geografía fuera de su sitio (por Jorge Spíndola)


ahora manejo un peugeot 404 modelo 79
voy evadiendo el precipicio
ese pozo profundo donde algún día caeremos

cae la helada del invierno
y la noche se ha puesto blanca

unos carteles oxidados
señalan lugares inexactos
geografía fuera de su sitio

aquí no hay indicios de tu nombre

/parada kunzel 2 km./
unos surtidores de nafta abandonados
parecen cristianos a la izquierda del camino

línea sur donde todo se evapora
aquí voy una vez más con el viejo peugeot
alumbrando un pedazo de la ruta

todo ha sido tan fugaz
como esa liebre
encandilada por los focos

la luz abre dos túneles helados
en la espalda del camino

ahí va ese que soy
y todos los que fui

va rodando sobre el mundo
silencioso

a 80 km. por hora

y no hay indicios de tu nombre

lunes, 1 de agosto de 2016

Todo lo que no es mío (por Fernando Pessoa)


Yo nunca he hecho más que soñar. Ha sido ése, y sólo ése, el sentido de mi vida. Nunca he tenido otra preocupación verdadera que mi vida interior. Los mayores dolores de mi vida se me esfuman cuando, abriendo la ventana que da a la calle de mi sueño, puedo olvidarme en la visión de su movimiento.

Nunca he pretendido ser más que un soñador. A quien me ha hablado de vivir nunca le he prestado atención. He pertenecido siempre a lo que no está donde estoy y a lo que nunca he podido ser. Todo lo que no es mío, por bajo que sea, ha tenido siempre poesía para mí. Nunca he amado sino a ninguna cosa.

Nunca he deseado sino lo que no podía imaginar. A la vida, nunca le he pedido sino que pasase por mí sin que yo la sintiera. Del amor apenas he exigido que nunca dejara de ser un sueño lejano. En mis propios paisajes interiores, irreales todos ellos, ha sido siempre lo lejano lo que me ha atraído, y los acueductos que se esfuman —casi en la distancia de mis paisajes soñados- tenían una dulzura de sueño en relación a las otras partes del paisaje, una dulzura que hacía que yo pudiera amarlos.

Mi manía de crear un mundo falso todavía me acompaña, y sólo cuando muera me abandonará. No alineo hoy en mis gavetas carretes de cuerda y peones de ajedrez —con un alfil o un caballo acaso sobresaliendo— pero me da pena no hacerlo… y alineo en mi imaginación, cómodamente, como quien en el invierno se calienta a la lumbre, figuras que habitan, y son constantes y vivas, mi vida interior.

Tengo un mundo de amigos dentro de mí, con vidas propias, reales, definidas e imperfectas. Algunos pasan dificultades, otros llevan una vida bohemia, pintoresca y humilde. Hay otros que son viajantes de comercio. (Poder soñarme viajante de comercio siempre ha sido una de mis grandes ambiciones -¡desgraciadamente irrealizable!-). Otros viven en aldeas y villas, allá hacia las fronteras de un Portugal que hay dentro de mí; vienen a la ciudad, donde por casualidad los encuentro y reconozco, y les abro los brazos emotivamente. Y cuando sueño esto, y me veo encontrándolos, todo yo me alegro, me realizo, me exalto, me brillan los ojos, abro los brazos y siento la felicidad incomparable, real.

¡Ah, no hay añoranzas más dolorosas que las de las cosas que nunca han sido! Lo que siento cuando pienso en el pasado que he tenido en el tiempo real, cuando lloro sobre el cadáver de la vida de mi infancia ida…, eso mismo no llega al fervor doloroso y trémulo con que lloro el que no sean reales las figuras humildes de mis sueños, las mismas figuras secundarias que me acuerdo de haber visto una sola vez, por casualidad, al volver una esquina de mis visiones, al pasar por un portón en una calle que he recorrido por ese sueño.

¡La rabia de que la nostalgia no pueda revivir y levantarse nunca es tan lacrimosa contra Dios que ha creado imposibilidades, como cuando medito que mis amigos de sueño, con quienes he compartido tantos pormenores de una vida supuesta, con quienes tantas conversaciones iluminadas, en cafés imaginarios, he tenido, no han pertenecido, al final, a ningún espacio en el que pudieran ser realmente, con independencia de mi conciencia de ellos!

¡Oh, el pasado muerto que traigo conmigo y jamás ha estado sino en mí! ¡Las huertas, los pomares, el pinar de la quinta que fue sólo en mi sueño! ¡Mis vacaciones supuestas, mis paseos por un campo que nunca ha existido! Los árboles de al borde de la carretera, los atajos, las piedras, los campesinos que pasan…, todo esto, que nunca ha pasado de un sueño, está conservado en mi memoria causando dolor, y yo, que he pasado horas soñándolos, paso después horas recordando haberlos soñado y es, en verdad, nostalgia lo que siento, un pasado que lloro, una vida real muerta que miro, solemne, en su ataúd.

Existen también los paisajes y las vidas que no han sido completamente interiores. Ciertos cuadros, sin subido relieve artístico, ciertos óleo-grabados que había en paredes con las que he convivido muchas horas, pasan a ser realidad dentro de mí. Aquí, la sensación era otra, más hiriente y triste. Me quemaba no poder estar allí, fuesen reales o no. ¡No ser yo, al menos, una figura más, dibujada junto a aquel bosque al claro de luna que había en un grabado pequeño de un cuarto donde dormí de más pequeño! ¡No poder pensar que estaba allí oculto, en el bosque a la orilla del río, por aquel claro de luna eterno (aunque mal dibujado), viendo al hombre que pasa en una barca por debajo de la inclinación del sauce!

Entonces, el no poder soñar enteramente me dolía. Las facciones de mi nostalgia eran otras. Los gestos de mi desesperación eran diferentes. La imposibilidad que me torturaba pertenecía a otro orden de angustia. ¡Ah, no tener todo esto un sentido en Dios, realización conforme al espíritu de nuestros deseos, no sé dónde, por un tiempo vertical, consustanciado con la dirección de mis nostalgias y de mis devaneos! ¡No haber, por lo menos sólo para mí, un paraíso hecho de esto! No poder yo encontrar a los amigos que he soñado, pasear por las calles que he creado, despertar, entre el ruido de los gallos y de las gallinas y el rumorear matutino de la casa, en la quinta en que me supuse… y todo esto más perfectamente organizado por Dios, puesto en ese orden perfecto para existir, en la precisa forma para tenerlo yo, que ni mis propios sueños llegan sino a la falta de conciencia del espacio íntimo que entretienen esas pobres realidades.

Levanto la cabeza de encima del papel en que escribo… Es pronto todavía. Apenas ha pasado el mediodía y es domingo. El mal de la vida, la enfermedad de ser consciente, entra en mi propio cuerpo y me perturba. ¡No haber islas para los incómodos, alamedas vetustas, inencontrables por otros, para los aislados en el soñar! ¡Tener que vivir y, por poco que sea, que hacer cosas; tener que rozarse con el hecho de que haya otra gente, también real, en la vida! ¡Tener que estar aquí escribiendo esto, por serme preciso para el alma el hacerlo, e, incluso esto, no poder soñarlo apenas, expresarlo sin palabras, hasta sin conciencia, mediante una construcción de mí mismo en música y desvanecimiento, de modo que me subieran las lágrimas a los ojos sólo de sentirme expresarme, y yo floreciera, como un río encantado, por lentos declives de mí mismo, cada vez más hacia lo Inconsciente y lo Distante, sin sentido ninguno excepto Dios!


domingo, 31 de julio de 2016

Cielo (por Claudio Rodríguez)


Ahora necesito más que nunca
mirar al cielo. Ya sin fe y sin nadie,
tras este seco mediodía, alzo
los ojos. Y es la misma verdad de antes,
aunque el testigo sea distinto. Riesgos
de una aventura sin leyendas ni ángeles,
ni siquiera ese azul que hay en mi patria.
Vale dinero respirar el aire,
alzar los ojos, ver sin recompensa,
aceptar una gracia que no cabe
en los sentidos pero les daba nueva
salud, los aligera y puebla. Vale
por mi amor este don, esta hermosura
que no merezco ni merece nadie.
Hoy necesito el cielo más que nunca.
No que me salve, sí que me acompañe.


sábado, 30 de julio de 2016

Que alguien diga he acabado (por Concha García)


Me gustaría ser un hombre de fino bigote

que toma el autobús,

no tiene heladas las manos.

Un hombre de estatura media

al que no le espera el bar,

un hombre que charla

con un conductor de autobús

y le dice: ya he terminado,

por hoy se acabó. Alguien

que sienta que por hoy se acabó

no tener manos heladas.

He acabado, le dice al conductor.

Tiene en los labios un deje de ilusión,

es como si le esperase en alguna parte

otra cosa, no sé definir qué

clase de cosa puede ser

la que haga que alguien

de estatura mediana y con bigote

diga: he acabado. Me pregunto

qué clase de sensación

debe ser esa. Que haya acabado.

Y que probablemente haya acabado,

qué clase de cosa puede ser

la que haga que alguien

de estatura mediana y con bigote

diga: he acabado. Me pregunto

qué clase de sensación

debe ser esa. Que haya acabado

y que probablemente haya acabado.

No sé qué puede haber acabado.

Se le nota en el habla.




viernes, 29 de julio de 2016

Cuántas voces (por Dana Gioia)


Escuchas lo que tiene que decir la casa.
Tuberías ruidosas, fugas de agua en lo oscuro,
muros hipotecados que, inconformes,
se trocan y voces que se apilan en barullo infinito
de quejas cortas, como sonidos de familia
que año tras año has ido aprendiendo a ignorar.
Debes oír las cosas que posees,
todo aquello por lo que trabajaste en los últimos años,
el rumor de los bienes, de cosas averiadas,
partes flojas a punto de caer desprendidas.
Enrollado en las sábanas, recuerda todos
esos rostros que nunca te fue dado amar.
Cuántas voces te habían esquivado hasta ahora,
el horno ventilado, la baldosa bajo el pie
y las acusaciones constantes del reloj
que cuenta los minutos registrados por nadie.
La claridad terrible que trae este momento,
la perspicacia inútil, la oscuridad intacta.


jueves, 28 de julio de 2016

Sin la carga (por Anna Frajlich)


cuando
mi nieto de diez años
escribe la fecha
deja caer de los dígitos
los dos primeros números
-un signo
del siglo
que se deslizó entre nuestros dedos
tan subrepticiamente-

tampoco conoció
el siglo veinte
y el siglo veinte
no lo conoció a él

tal vez será más fácil para él
sin la carga
que tira para abajo
y nos pone al lado
de aquellos que pasaron


miércoles, 27 de julio de 2016

Qué lejos llegarás (por Theodor Seuss Geisel)


Oh, qué lejos llegarás.
¡Felicidades!
Hoy es tu día.

¡Visitarás grandes lugares!
¡Ponte en marcha hacia tu destino!
Con cerebro en la cabeza.
y dos pies en los zapatos.

Elegirás cualquier dirección
que tus pies quieran encontrar.
Andarás por tu cuenta. Andarás y, bien lo sabes,
adónde ir eres tú quien lo decidirá.

Mirarás calle arriba y calle abajo.
Mirarás con cuidado.
Algunos te dirán “En esa dirección no elijas avanzar”.
Pero con tu cabeza llena de cerebro
y tus zapatos llenos de pies,
eres demasiado listo para meterte
por ninguna calle que no debas transitar.

Y puede que no encuentres ninguna por la que quieras viajar.
En ese caso, por supuesto,
te dirigirás directamente fuera de la ciudad.

Al aire libre se está estupendamente.
Y hay mil cosas que pueden pasar y a menudo pasan
a gente con tanto cerebro y tantos pies como tú.

Y cuando las cosas empiecen a pasar, no te preocupes. No te enojes.
Sigue recto hacia delante. Tú también empezarás a ocurrir.

¡Oh, qué lejos llegarás!
¡Estarás en marcha! ¡Verás grandes cosas!
Te unirás a personas ambiciosas
que volarán muy alto.

No te quedarás atrás,
porque tendrás la velocidad suficiente.
Pasarás a toda la pandilla
y pronto irás en cabeza.

Donde quiera que vueles,
serás el mejor de los mejores.
Donde quiera que vayas,
superarás a todos los demás.

Excepto cuando así no sea.
Porque, algunas veces, no será.
Lamento decirlo así pero, tristemente,
la verdad es que Bang-ups y Hang-ups pueden ocurrirte.

Puedes quedarte colgado de una rama con espinas.
Y tu pandilla te pasará volando.
Te quedarás plantado.
Del plantón por fin saldrás,
con una fea magulladura que exhibir.

Y habrá veces
en que caerás en un descenso.
Cuando estés bajando,
no será divertido.
Y des-bajarte será un trabajo duro.

Llegarás a un lugar
donde no están marcadas las calles.
Verás algunas ventanas iluminadas
pero sobre todo ventanas oscuras.

¡Un lugar en que podrías torcerte a la vez el codo y la barbilla!
¿Te atreves a quedarte?
¿Te atreves a entrar?
¿Cuánto puedes perder?
¿Cuánto puedes ganar?

Y si entras, ¿deberías girar a la izquierda o a la derecha…
… o justo tres cuartos?
¿O tal vez no tanto?
¿O dar la vuelta y asomarte desde atrás?

Aun siendo un tipo con mente despierta,
me temo que descubrirás
que no será fácil despertar tu mente.

Puedes acabar tan confundido
que empieces a correr a toda prisa
por largas carreteras sinuosas a paso aterrador…
Y vagando durante millas
a través de salvajes páramos inexplorados
dirigiéndote, me temo,
hacia los sitios más inútiles.

El lugar de la espera
…para gente que sólo espera.
Espera un tren que tomar,
o un autobús que llegará, o un avión al que subir,
o el correo por llegar, o la lluvia que caerá,
o el teléfono que sonará, o la nieve que nevará,
o esperan alrededor de un Sí o un No,
o esperan a que les crezca el pelo.

Todo el mundo está simplemente esperando
Esperando a que el pez pique,
o esperando al viento para volar una cometa,
o esperando la noche del viernes,
o esperando, quizá, a su tío Jake,
o a que hierva una cazuela, o un Better Break,
o un collar de perlas, o un par de pantalones,
o una peluca con rizos, u otra oportunidad.
Todo el mundo espera sin más.

¡NO!
¡Eso no es para ti!
De algún modo escaparás
de toda esa espera y espera.
Encontrarás los sitios brillantes
donde está tocando la Boom Bands
con las banderas ondeando, una vez más.

¡Hasta arriba remontarás!
Listo para cualquier cosa bajo el cielo.
¡Listo porque tú eres de esa clase!

¡Oh, qué lejos llegarás!
¡Que divertido será!
Hay puntos que anotar.
Juegos que ganar.
Y las cosas mágicas que puedes hacer
con esa pelota que te hará el ganador más ganador de todos.

¡Fama!
Serás tan famoso como famoso se pueda ser,
con el mundo entero viéndote ganar en la tele…
Excepto cuando no lo hagan.
Porque algunas veces no lo harán.

Me temo que algunas veces también jugarás juegos solitarios.
Juegos en que no puedes ganar
porque jugarás contra ti mismo.

Totalmente solo, te guste o no.
Solo será algo que sentirás bastante.
Y cuando estés solo,
hay muchas probabilidades de que encuentres cosas
que te asustarán hasta que te mees en los pantalones.

Hay cosas, carretera abajo entre la ceca y la meca,
que te asustarán tanto que no querrás seguir.
Pero seguirás aunque el clima sea insoportable.
Seguirás aunque tus enemigos te ronden.
Seguirás aunque el hakken-Kraks aúlle.
Remontando un montón de riachuelos aterradores,
aunque los brazos puedan escocerte
y tus zapatos de lona empaparse.

Sin parar caminarás.
Y sabes que llegarás lejos y
encararás tus problemas, sean cuales sean.
Te enredarás, por supuesto, como ya sabes.
Te enredarás con muchos pájaros extraños, y seguirás.

Asegúrate cuando des un paso.
Pisa con cuidado y gran tacto,
y recuerda esto:
La vida es un gran juego de equilibrio.
Nunca olvides ser diestro y hábil.
Y nunca enredes tu pie derecho con el izquierdo.

¿Tendrás éxito?
¡Si! ¡Lo tendrás, sin duda!
(98 y tres cuartos por ciento garantizado)

¡Chico, moverás montañas!
Así que, te llames Buxbaum,
o Bixby o Bray
o Mordecai Ali Van Allen O’Shea
¡a grandes lugares llegarás!
¡Hoy es tu día!
Tu montaña te espera.
¡Así que ponte a caminar!


martes, 26 de julio de 2016

Filamentos de sí misma (por Walt Whitman)


Una araña paciente y silenciosa,
vi en el pequeño promontorio en que
sola se hallaba,
vi cómo para explorar el vasto
espacio vacío circundante,
lanzaba, uno tras otro, filamentos,
filamentos, filamentos de sí misma.

Y tú, alma mía, allí donde te encuentras,
circundada, apartada,
en inmensurables océanos de espacio,
meditando, aventurándote, arrojándote,
buscando sin cesar las esferas
para conectarlas,
hasta que se tienda el puente que precisas,
hasta que el ancla dúctil quede asida,
hasta que la telaraña que tú emites
prenda en algún sitio, oh alma mía.


lunes, 25 de julio de 2016

Recuérdame (por León Molina)


Tomo un libro que ha estado
décadas en la estantería.
En la primera página
veo una nota manuscrita:
"Recuérdame", seguida
de un nombre de mujer.
Pero no la recuerdo.
Y me aflijo pensando.
No en ella
sino en mí.



domingo, 24 de julio de 2016

Esa cosa con plumas (por Emiliy Dickinson)


La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona melodías sin palabras,
y no se detiene para nada,

y suena más dulce en el vendaval;
y feroz tendrá que ser la tormenta
que pueda abatir al pajarillo
que a tantos ha dado abrigo.

La he escuchado en la tierra más fría
y en el mar más extraño;
y nunca, ni en la mayor adversidad,

me pidió una migaja.


sábado, 23 de julio de 2016

Invento amaneceres (por Pedro Martínez)


Esta soledad que arrasa el rescoldo de la risa,

lloro en mi sima ensimismada, laúd muerto,

hambre de no dormir ya entre tus labios,

invento amaneceres a tu lado.


Brisa de colibríes, el amor como un óxido

que cubre la cansada osamenta de la espera,

la inocente guardia en las esquinas

para verte pasar y nunca pasas.


Silencio metálico de campanas mudas,

nadie escucha caer las hojas de los días,

vida vacía, atroz espera sin alas.

Me duele todo menos tú, menos pensarte.



viernes, 22 de julio de 2016

Metal (por Tarso de Melo)


cada día un poco de la mano se queda en las palancas,

los cabellos se incorporan a los engranajes, renacen

sus dientes en las roldanas, manivelas instigan

y después sorben sus músculos, la boca de la máquina

escupe brazos, piernas, grita su canción monótona,

el sudor lubrifica las poleas, hierve los surcos del tornillo

(ideas ahora son de acero, el sueño vive en el aluminio)


el día entero se consume en ese trueque;

gastada, la vida

en breve cruzará la ciudad deshecha en cien caballos,

en brasa, trocada por mil quinientas cilindradas


jueves, 21 de julio de 2016

Sino la luz y el aire (por Eduardo Mitre)


Cada vez más pienso en ti

ya sin imágenes,

sin recordarte casi.


Te me has vuelto un adentro

donde no cabe nadie

sino la luz y el aire


y tu nombre esquivo

como una mariposa

posada en el silencio


lista para alzar el vuelo

apenas mis labios

se aproximan para nombrarte



miércoles, 20 de julio de 2016

Confesiones de una máquina lectora (por Wislawa Szymborska)


Yo, Número Tres Más Cuatro Dividido Entre Siete,
soy famosa por mi amplio conocimiento lingüístico.
He logrado ya reconocer miles de lenguas,
que a lo largo de su historia
han utilizado personas ya muertas.

Todo lo que escribieron con sus signos,
a pesar de estar cubierto de estratos de catástrofes,
lo extraigo y reproduzco
en su forma original.

No son fanfarronadas:
leo incluso la lava
y hojeo las cenizas.

Explico en la pantalla
todas las cosas citadas,
cuándo fueron hechas,
y de qué, y para qué.

Y ya completamente por mi propio impulso
estudio algunas cartas
y corrijo en ellas
las faltas de ortografía.

Lo reconozco, ciertas palabras
me crean problemas.
Por ejemplo los estados llamados “sentimientos”
no consigo hasta ahora explicarlos de forma exacta.

Lo mismo con “el alma”, palabra rarilla.
De momento concluyo que es un tipo de niebla,
en teoría más duradera que los organismos mortales.

Sin embargo, mi mayor problema es la palabra “soy”.
Tiene la apariencia de una acción común,
realizada de forma general, pero no colectiva,
en un antetiempo presente,
de aspecto imperfectivo,
si bien, como se sabe, ya hace mucho perfectivo.

¿Pero basta eso como definición?
Tengo en las conexiones rugidos y crujir de tornillos.
Mi botón para la Central humea en lugar de brillar.

Creo que pediré la ayuda fraternal
de mi colega Dos Quintos De Cero Dividido entre La Mitad.
Es cierto que es un loco conocido,
pero tiene buenas ideas.


martes, 19 de julio de 2016

Yo sé que algo sucede (por Sara Mesa)


Caen las horas como gotas de aceite,

pesadas, lentas, doradas, tibias.

El aire está inflamado de plegarias,

de cánticos oscuros y enigmáticos.

Yo sé que algo sucede.

Debe de ser que es jueves y algo pasa los jueves.

Debe de ser que es lunes y algo pasa los lunes.

Debe de ser que es sábado y algo pasa los sábados.

¿Por qué no quedan huellas de mis pies

en este asfalto ardiente?

Debe de ser que no peso bastante.

Debe de ser que está lejos la arena.

Debe de ser que el tiempo pasa lento

y aún no te he encontrado.


Se suceden las horas como un hondo rosario,

como un rosario en sombras.

Yo debería pensar ahora en otras luces,

nadar con otros peces.

Aquí estoy resguardada.

La lluvia no me moja.

Mis párpados se cierran sin asombro.


El tiempo pasa lento;

no duele, no me toca.



lunes, 18 de julio de 2016

Sobre la niebla de todos los caminos (por Vicente Huidobro)


Una tarde como ésta
te busqué en vano
Sobre la niebla de todos los caminos
me encontraba a mí mismo
y en el humo de mi cigarro
había un pájaro perdido

Nadie respondía

Los últimos pastores se ahogaron
y los corderos equivocados
comían flores y no daban miel

El viento que pasaba
amontona sus lanas
entre las nubes
mojadas de mis lágrimas

A qué otra vez llorar
lo ya llorado
Y pues que las ovejas comen flores
señal que ya has pasado



domingo, 17 de julio de 2016

La llama (por Fina García Marruz)


Haces de fuego hacen arder

los rollos inservibles de películas,

las variantes violinísticas de un hueco

de agua, de una escalera rodante,

las cómicas variantes de cualquiera

de nuestros sucedidos diarios.

Haces de fuego borran

el trabajo inaudito de lograr lo simple.

Mientras otros se jactan del monto de su esfuerzo

tú lo ocultas, como hace la flor, o hace el arte.



sábado, 16 de julio de 2016

Tan realmente dolor (por Fernando Pessoa)


Me sucede a veces, y siempre que sucede es casi de repente, que surge en medio de mis sensaciones un cansancio tan terrible de la vida que ni siquiera se da la hipótesis de un acto con el que dominarlo.

Para remediarlo, el suicidio parece inseguro; la muerte, incluso supuesta la inconsciencia, todavía poco. Es un cansancio que ambiciona, no el dejar de existir —lo que puede ser o puede no ser posible—, sino algo mucho más horroroso y profundo, el dejar de siquiera haber existido, lo que no hay manera de que pueda ser.

Creo entrever, a veces, en las especulaciones, en general confusas, de los indios algo de esta ambición más negativa que la nada. Pero o bien les falta la agudeza de la sensación para relatar así lo que piensan, o les falta la acuidad de pensamiento para sentir así lo que sienten. El hecho es que lo que en ellos entreveo no lo veo. El hecho es que me creo el primero en entregar a las palabras el absurdo de esta sensación sin remedio.

Y la curo con escribirla. Sí, no hay desolación, si es profunda de verdad, si no es puro sentimiento, pero participando en ella la inteligencia, para que no exista el remedio irónico de decirla. Cuando la literatura no tuviese otra utilidad, ésta, aunque para pocos, la tendría.

Los males de la inteligencia, desgraciadamente, duelen menos que los del sentimiento, y los del sentimiento, desgraciadamente, menos que los del cuerpo. Digo «desgraciadamente» porque la dignidad humana exigiría lo contrario. No hay sensación angustiada del misterio que pueda doler como el amor, los celos, la nostalgia, que pueda sofocar como el miedo físico intenso, que pueda transformar como la cólera o la ambición. Pero tampoco ningún dolor de los que destrozan el alma consigue ser tan realmente dolor como el dolor de muelas, o el de un cólico, o (supongo) el dolor del parto.


viernes, 15 de julio de 2016

Donde surge hongo o larva (por Renato Pita Zilbert)


Compárala

con la mancha negra sobre la historia muerta

que suprime una laguna por ejemplo.

compárala con lo otro que es el estiércol cenizo

de un ave azul o de un silencioso lagarto verde azul y verde

dos cónclaves invisibles a ti.


ahí donde surge hongo o larva es un lugar mejor

que la historia muerta en tus ojos o manos.


la pulpa y el acopio duermen extraños a ti y la paciencia

del cuerpo de una madre es simple y la tierra es simple

ahí donde se reintegran los nutrientes, entonces

el seno es simple y sin embargo total y redondo y cónclave


Pero tú no eres simple, ni tu historia.

jueves, 14 de julio de 2016

El alma es una región (por A.R. Ammons)


El alma es una región sin fronteras definidas:

no es seguro que una pradera

pueda abarcarla

o que una cordillera pueda contenerla:

flota por sí misma como la masa continental,

que cuanta más altura alcanza

más profundamente extiende sus cimientos

(de modo proporcional):

no todo se da de la misma manera: hay ramificaciones:

sistemas fluviales como sombras de árboles invernales

contra las colinas: ramas, paseos, altos lagos:

pantanos plagados de lirios:


su clima es variable: inundaciones

destruyen su interior, alteran

la distribución del peso, la naturaleza del contenido;

por él se desplazan los remolinos

o giran quietos como formas aisladas: viene la luna:

hay espacios muertos: ciénagas surgidas

de sí mismas, un crecimiento hacia la destrucción

del crecimiento,

cambio de papeles,

el álamo y el roble invadidos por la turba: piedras

semipreciosas y preciosos metales de la ciénaga al pantano:


es un área de equilibrio, en verdad, estabilizada,

oscura agua salvaje, feroces anguilas, contracorrientes:

un habitat, la ecología y las formas

se necesitan mutuamente

tolerante, no del todo autodestructivas: una corteza a flote:

escoria, espuma de lo profundo y naturaleza diversa:

pero también más profundas que lo profundo: torbellino y vacío:


puede ser esférico, luz y conocimiento apenas

iris y pupila abriendose

a los oscuros métodos de la vista: vaivén,

rupturas y cicatrices,

remolinos y quietud: viene la luna: terreno.

miércoles, 13 de julio de 2016

De rebaños mortales (por Thomas Lovell Beddoes)


Escucha el eco de los pasos del Tiempo,
esos momentos se han perdido
en el desconocido sepulcro de los años.
Tu nombre se ha desvanecido en el olvido,
hundido para siempre en las aguas del pasado,
convertido en sagrada roca, adorado
por las custodias del valor, de la fuerza y del bien.
El futuro se pasea con jóvenes alas sobre el mar,
naciendo detrás del vuelo, invisible para el siglo humano;
con sus cien pasos indolentes,
masticando el mundo desde el exterior,
pasando suave sobre las almas mortales.
Así le canto al Tiempo, al coloso del universo,
que con cada pie sumido en la Oscuridad
se desliza silenciosamente.

Nubes de muerte se abaten sobre nosotros,
es en vano luchar contra la marea;
todos debemos hundirnos desgarrando el aire.
Con frenético dolor nos enfrentaremos a la Fama.
Podemos pensar en la Eternidad,
de quien el Tiempo es esclavo,
sometido y arrastrado por las sombrías
fronteras de la destrucción.
¿Serán estas palabras el eco de nuestro destino?
Tal vez nuestros temblorosos pensamientos
jamás se perderán, escritos en las inmutables estrellas
como orgullosas aves; como los reyes de antaño
en sus tronos de mármol,
sonriendo con la luz del relámpago.
Buceando en aquel mar del espíritu,
de rebaños mortales; finalmente nos hundiremos.
Nuestro rostro será pintado de arcilla,
de nuevo en el vientre de la Madre Tierra,
mientras nuestra alma, en peregrino vuelo,
persigue un nacer más brillante.


martes, 12 de julio de 2016

Llevadme con vosotras (por Gustavo Adolfo Bécquer)


Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!


lunes, 11 de julio de 2016

Informan la materia (por Jaime Siles)



El que camina y va

y el que regresa


El que está en un lugar

y el que ha venido


El que está inmóvil

y aquel que no ha tornado


El que sólo es el tiempo

de un espacio distinto


El que nunca es el tiempo

ni tampoco el lugar


El que es y no es

el que será y ha sido


El que era agua

y ahora es sólo aire


El que era tierra

y ahora es sólo agua


El que era aire

y ahora es sólo tierra


Informan la materia

de este mismo lugar

donde el que es ya era

y el que será ya ha sido

porque son la materia

de este mismo lugar...



domingo, 10 de julio de 2016

Piensa en la tejedora (por Rosario Castellanos)


I


Considera, alma mía, esta textura

áspera al tacto, a la que llaman vida.

Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos

y en el color, sombrío pero noble,

firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.

Piensa en la tejedora; en su paciencia

para recomenzar

una tarea siempre inacabada.

Y odia después, si puedes.


II


Hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza?

¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo?

¿Castrar al potro Dios?

Pero Dios rompe el freno y continúa engendrando

magníficas criaturas,

seres salvajes cuyos alaridos

rompen esta campana de cristal.

sábado, 9 de julio de 2016

En silencio (por Bertolt Brecht)


Hoy, domingo de Resurrección, muy de mañana
una nevada azotó de repente la isla.
Había nieve entre las plantas verdes. Mi hijo
me llevó hasta un damasco pegado a la tapia de la casa
apartándome de una poesía en la que denunciaba
a quienes preparaban una guerra que
al continente, a la isla, a mi pueblo, a mi familia y a mí
nos puede tragar. En silencio,
cubrimos con un saco
el árbol a punto de helarse.



viernes, 8 de julio de 2016

Hombres que excavan (por Daniel Faria)

Hombres que trabajan bajo la lámpara
de la muerte
que excavan en esa luz para ver quién ilumina
la fuente de sus días

Hombres muy doblados por el pensamiento
que vienen despacio como quien corre
las persianas
para ver en lo oscuro el primer manantial

Hombres que excavan día tras día el pensamiento
que trabajan a la sombra de la copa cerebral
que podan la piedra de la locura cuando aplastan las pupilas
Hombres todo blancos que abren la cabeza
en busca de esa piedra definida

Hombres de cabeza abierta expuesta al pensamiento
libre. Que vienen despacio a abrir
un lugar donde amanezca.
Hombres que se sientan para ver una mañana
que excavan un lugar
para la salida.

jueves, 7 de julio de 2016

En qué palabra (por Sara Mesa)


Quién hay, quién es, quién está hablando ahora

qué palabra, dime paloma

de párpados violáceos, dime

paloma hinchada

qué palabra pronuncia qué persona

qué cuerpo qué garganta qué leche qué saliva.

He de saber en cuál

en qué charca en qué arroyo

en qué pantano sucio en qué

lavabo en qué tubería rota en qué

estanque de nieve

en qué estanque podrido en qué

vertido

he de beber yo ahora. He de saber

en qué palabra en qué idioma en qué

lenguaje he de decir

qué cosa y a qué oreja

a qué persona a quién

que interprete, que escuche

que entienda ahora estas gotas que penden de mis labios.

miércoles, 6 de julio de 2016

Sin ningún instrumento (por Adam Zagajewski)


Está solo en el escenario
sin ningún instrumento.

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado.


martes, 5 de julio de 2016

Con el oscuro fondo del que dependes (por Gottfried Benn)


Toma en lo hondo de ti la campanita china

y cuando llegue la lila, mezcla ésta también

con tu sangre, tu dicha y tu miseria,

con el oscuro fondo del que dependes.

Lentos días. Todo superado.

Y no preguntas si principio o fin,

luego tal vez te llevarán las horas

todavía hasta junio, con sus rosas.

lunes, 4 de julio de 2016

Tren de ganado (por Horacio Castillo)


Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
Asomados por el tragaluz mirábamos la inmensa llanura.
De pronto un mugido nos traía el recuerdo de Ifigenia
y volviéndonos hacia nuestros hijos los apretábamos contra el pecho.
¿Qué es aquello? El sol. ¿Qué es aquello? Una nube.
Habíamos olvidado el color del mar, el olor de la lluvia.
Los que sabían de estrellas habían olvidado sus nombres
y les dábamos los nombres de nuestros hijos para orientarnos al regreso.
¿Qué es aquello? Un árbol. ¿Qué es aquello? Un río.
Y un canto gregoriano se elevaba a nuestro alrededor,
hablaba por todos los destinados al sacrificio.
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
La leche se había agriado en los pechos de las madres,
peinábamos nuestro cabello y se convertía en ceniza.
¿Qué es aquello? Un pájaro. ¿Qué es aquello? Una piedra.
Y bajando la cabeza ocultábamos nuestro rubor,
cortábamos en silencio las uñas de los muertos.
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
Bebíamos al atardecer el vino de los ciegos,
soñábamos todavía con un bosque de orquídeas.
¿Qué es aquello? Arena. ¿Qué es aquello? Niebla.
Y la vida escapaba como un murciélago entre las sombras
y nos dormíamos con una inusitada mansedumbre en la mirada.
Después nuestros ojos se volvieron como los ojos de las estatuas,
miramos nuestras manos y había desaparecido la línea de la vida,
y desde la estiba se elevó el ronco yambo
gimiendo por ti, por mí, por todos nuestros compañeros.
Sólo quedaron detrás nuestro líneas etruscas,
cantos de cera navegando hacia el sol,
y a nuestro lado siempre tú, piadoso coro,
tú, alma mía, vaca coronada de nardos y violetas.


domingo, 3 de julio de 2016

A mí se me ha llevado sólo la juventud (por Miguel D' Ors)


Decir pestes de él tiene, sin duda,

un sólido prestigio literario

-tacharlo de asesino, por ejemplo,

o compararlo con

uno de esos ciclones con nombre de corista

que pasan y que dejan en los telediarios

un paisaje de grandes palmeras derrocadas

y uralitas errantes,

o simplemente lamentarlo a base

de tardes y de otoños en pálidos jardines-,

pero ahora, con la mano en el poema,

os lo confieso: he sido siempre yo

el que salió ganando de todos nuestros tratos.

A cambio de esta luz sabia y serena

con la que la experiencia ilumina las cosas

a mí se me ha llevado

sólo la juventud, ese divino

tesoro que no sirve para nada

-ya lo dijo Mark Twain- puesto en las manos

insensatas de un joven.


sábado, 2 de julio de 2016

Doscientos seis (-haikus- por Aitor Suárez)


206
huesos, dicen que tengo.
Qué despilfarro.

.....

Doscientos seis
goznes. Doscientas seis
piezas de Lego.

.....

Doscientas seis
tuercas. ¿Y de verdad
las necesito?

.....

¡Tanta estructura
-206 ladrillos-
para mí solo!


viernes, 1 de julio de 2016

Fernández (por Saiz de Marco)


Puede que el carpintero Fernández no sea Fernández. Tal vez se apellida de otra forma.

El carpintero Fernández nace en 1782. Aprende el oficio de su padre, con quien trabaja desde niño.

A los diecinueve años se casa con una muchacha del pueblo. Tienen cuatro hijos.

Aunque a su alrededor no es raro golpear mujeres, Fernández no maltrata a la suya.

Pese a ser analfabeto, hace que sus hijos vayan a la escuela.

El carpintero Fernández no engaña a los clientes. Si le encargan un mueble, no miente en la madera ni en las horas empleadas.

Cuando Napoleón, el carpintero Fernández teme ser movilizado. Aprovechando que no hay trabucos para todos, se ofrece a confeccionar camas para los heridos, y así no dispara.

El carpintero Fernández muere de neumonía en 1835, con cincuenta y tres años.

En el cementerio de su pueblo, junto a la iglesia, es enterrado.

Años después el recinto se queda pequeño, sus huesos se exhuman y mezclan con otros. Ahora son anónimos. El tiempo los pulveriza.

Puede que el carpintero Fernández no sea Fernández sino Quesada o García. También puede que no sea carpintero sino herrero o labrador.

El carpintero Fernández, 

el labrador García,
el herrero Quesada 
no salen en los libros. Nadie escribe sus vidas (demasiado planas, demasiado anodinas). 

Para ellos no hay estatuas, mausoleos, calles.

Y de hecho ahora nadie se acuerda de ellos.

Pero existen. Cruzan sin hacer ruido, sin arruinar a nadie, sin traer a otros muerte o desgracia.

Atraviesan el mundo sin dañarlo.

Nada de lo anterior se entiende memorable. Nada de ello es digno de ser registrado.

Aun así estas palabras que quizá nadie lea, prosaicas e incapaces de romper el silencio, te las dedico a ti: carpintero Fernández.



jueves, 30 de junio de 2016

Ya cruzas la puerta (por José Carlos Becerra)


Lo empiezas a saber,
tu amor va enseñando sus sales de baño, sus fiestas de guardar, sus cenas sin nadie;
a veces, el esqueleto de tu ángel de la guarda
baila en tus ojos,
ciertas avecillas silvestres amanecen temblando en tus manos,
ya el tufo de la crucifixión
no te hace taparte la nariz de niña “que no sabe nada”,
“que no entiende nada”.
Ya cruzas la puerta,
ya sabes que el dolor es un mensajero servil del infinito,
en tus ojos aquello que miras despierta en ti misma
como pequeños niños
que se sientan al borde de sus camas
esperando que vengan a vestirlos.
Ya asumes tu cuerpo, ya viajas en todo lo que te rodea,
a veces en tu sonrisa todavía aparece
aquella niña larguirucha “tan bien educada”,
pero tu esperanza enflaquece llamándote con voz cada vez más débil
cuando ya no te dignas escucharla.

Extrañamente hermosa eres ahora tu propio fantasma,
en tu alma han entrado la carne del mundo y la tuya
confundidas,
apiñadas por el mismo placer, revueltas por el mismo dolor.
Desnuda, la ropa que te acabas de quitar
ya no reaparece en tus ojos,
tu mirada y tu voz entonces también se quedan desnudas,
te quedas desnuda,
y por tu desnudez pasan los templos antiguos, las oraciones,
los heridos de guerra y los cánticos de guerra,
los mares lejanos y también la vida posible en otros planetas.
Ya tu cuerpo comprende lo que significa ser tu cuerpo,
lo que significa que tú seas él;
tu cuerpo extendido a lo largo de tu amor, a lo largo de tu alma,
y todos los barcos que zarpan de tu corazón llevan ahora
las luces apagadas.

Ya te has probado en ti
y un hombre no es el extraño invasor que conocías,
el esposo prudente, el hombrecito que cariñosamente
te mataba un momento
por unas cuantas caricias, por unas cuantas monedas.

Pero sabes también que no existe el triunfo que alguna vez deseaste,
por eso en tu mirada puede oírse
el ruido del mar golpeando las costas solitarias y a veces
el chillido de un pájaro detrás de la niebla o la llovizna pertinaz.
Ven aquí con tu colección de mariposas, con tus antiguos
juguetes que ya no existen
y que parecen burlarse de ti desde ciertos rincones,
ven aquí con tus segmentos de niña asombrada.

Ven a mirar mis osos polares.
Ven, ahora que sabes que también en los labios aparece
—sin que nos demos cuenta—
el beso monstruoso y bello
de aquello que todavía llamamos el alma.


miércoles, 29 de junio de 2016

Autorretrato (por Frank Báez)


Rodé al año y medio por las escaleras hasta el segundo piso. A los seis casi me ahogo en una piscina.

A los siete me arrastró la corriente de un río. Me golpearon con un palo, con la culata de un fusil,

con una tabla. Me propinaron un codazo en la cara y otro en el estómago, rodillazos, machetazos, foetazos.

El perro del vecino me mordió un brazo.

Me cortaron una oreja haciéndome el cerquillo. Noqueado. Abofeteado. Calumniado. Abucheado. Apedreado.

Perseguido por sargentos en motor. Por dos cobradores.

Por tres mormones en bicicleta.

Por muchachas de Herrera y del Trece.

Me han atracado treinta veces.

En carros públicos. Taxis. Voladoras. A pie.

Alguien me dio una bola y me dijo I am gay. Me robaron un televisor, un colchón,

seis pares de tenis, cuatro carteras,

un reloj, media biblioteca.

Se llevaron varios manuscritos y cometieron plagio.

(Con lo que me han robado pudieran abrir
una compraventa en Los Prados)

Me fracturé el brazo derecho, el anular, la cadera, el fémur y perdí cuatro dientes.

El hermano Abelardo me dio un cocotazo que todavía me duele.

En la fiesta de graduación me cayeron a trompadas y botellazos.

Luego publiqué un libro de poesía y una vecina lo leyó

y escéptica dijo que era capaz de escribir
mejores poemas en media hora, y lo hizo. Accidente con un burro en la carretera.

Intento de suicidio en Cabarete. Taquicardia. Hepatitis. Hígado jodido. Satanizado en Europa del este. Pateado por mexicanos en Chicago.

En Montecristi una mesera me amenazó de muerte

(ahora mismo, clava alfileres en un muñeco idéntico a mí).

Los vecinos sueñan conmigo baleado.

Los poetas con dedicarme elegías.

Otros con rociarme gasolina en la cabeza y arrojar un fósforo y ver mis rizos en llamas. Otras con llevarme a la cama. Y hace semanas un policía me detiene y me pregunta

si yo no era el poeta que había leído poesía aquella noche y le digo que sí y el policía dice que son buenos poemas y hace una reverencia o algo así.


martes, 28 de junio de 2016

Demasiado (por Vicente Gallego)


Ha venido a dormirse

un cabello de sol sobre el cristal.


En el vaso, el clavel

¿qué hondura le ve al agua?


Todo esto es demasiado a todas luces.


¿No veis que va a llevarnos

a alguna perdición?


lunes, 27 de junio de 2016

Las estaciones (por Henry Parland)


Habéis oído
la carcajada de las estaciones de ferrocarril
cuando al pasar vertiginoso el tren
les guiña el ojo:
¡Venid conmigo!

Las estaciones de ferrocarril jamás se van con él.
Reflexionan
sobre la gélida sonrisa de los horarios
y se carcajean
ante los desesperados intentos de los raíles
por alejarse a rastras de las traviesas.



domingo, 26 de junio de 2016

Una erupción de astillas (por Sara Mesa)


¿Qué hay en el espejo trizado, que en él me reconozco?

¿Son los fragmentos rotos, la ceniza,

este limo estrellado,

estas leves partículas briznadas,

el reflejo poliédrico, escarchado,

el eterno fractal inaprensible,

las limaduras, el serrín, los segmentos;

la descomposición,

es quizá más cercana a mi esencia

a mi alma

que toda la lisura y plenitud

de un espejo pulido?


Manto de hierba.

Soles movibles, fugaces, incompletos.

El mar está formado por un inabarcable movimiento de gotas, de mareas.

Mi saliva jamás destila igual,

nunca es la misma.

La metralla implacable de mis pies, de mis ojos,

reverbera en la noche:

un prisma de cristales, como agua infinita

que se ondula despacio con los flujos nocturnos.


Y soy yo, centelleo; somos todos brillando,

como pájaros de aire que surcan el espacio,

donde no tropezamos con estrellas rotundas,

donde solo hay migajas, ralladuras y polvo.


Mi rostro no se rompe; es elástico,

se recompone mil veces; humedades

distintas me modelan, soplos tibios

de vigor, de deseos, de temibles,

dulces, cambiantes, perecederas ansias

me conforman.


Una erupción de astillas me sostiene.

Soy débil y soy fuerte; ya mi cuerpo

que se alza soberbio y espejea

en añicos de azogue, con fulgores

propios, frescos, novísimos, nunca antes entrevistos;

ya mi forma transida se destapa

y soy yo y soy miles y soy yo siendo miles.


Sentada en una cumbre -visceral, no tangible,

imaginada siempre como refugio y roca-

contemplo el universo disgregado.

Y sé que estoy ahí y en cada cosa

y que el espejo roto me recoge con luces y con nombres

que yo aún desconozco

y que son míos.


sábado, 25 de junio de 2016

Para que no canten ellos (por Alejandra Pizarnik)


Son mis voces cantando

para que no canten ellos,

los amordazados grismente en el alba,

los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,

un rumor a lila rompiéndose.

Y hay, cuando viene el día,

una partición del sol en pequeños soles negros.

Y cuando es de noche, siempre,

una tribu de palabras mutiladas

busca asilo en mi garganta,

para que no canten ellos,

los funestos, los dueños del silencio.

viernes, 24 de junio de 2016

Golpes sin manos (por Yamilka Noa)


Eran las doce de la noche.
Yo caminaba por Kentish Town.
El frío pesaba en mi nariz y en mis manos.
Mi frente aún reñía por tantos pensamientos confusos:
por eso la boina naranja,
el maquillaje clinique,
los pasos imprecisos.

Ya no recordaba de dónde venía.
Sabía que iba a asesinar a la memoria
-No en Kentish Town- me dije.

Llegué a mi casa, entré en mi cuarto, apagué las luces,
me recliné en la cama… (como siempre, sería yo la víctima).
Hubo una lucha, resistencia, golpes sin manos, y una voz que hacía de árbitro;
una voz miserable, ¿acaso ella procuró este juego?

Nadie ganó la pelea.
Vagué de nuevo, mientras clareaba, por Kentish Town;
esta vez sin boina (la memoria resfriada)
y en silencio.


jueves, 23 de junio de 2016

Éramos de ellos (por Sharon Olds)


Uno desde una dirección, otro
desde otra, un día vuelven, juntos,
y de pronto mi cuerpo cabe
en el aire que ocupa, y mi cerebro
entra en mi cráneo otra vez, y mi mente
en mi cerebro, y sobre los relieves anticlinales de mi
mente juega la luz. La semana anterior en la playa había visto
un ser que al principio no pude nombrar,
una criatura baja, erguida, con una cabeza
redonda y el cuerpo echado hacia atrás y unas
extremidades cortas que destellaban a los lados y debajo
como las puntas de una estrella, tanto que parecía brillar,
titilar en la arena -era un pequeño
primate, y detrás de él venía otro,
más pequeño y más primitivo,
un guiño deslumbrante, centelleante,
era un bebé-. Y ahora nuestra hija
duerme en el sillón, no siete kilos
seiscientos, sino más o menos de mi tamaño,
su cara maravillosa compleja delicada,
tranquila. Y nuestro hijo, anoche, miraba de cerca
a su enamorada mientras susurraban por un instante, qué tierna,
atenta mirada tenía. Los criamos
diariamente, quiero decir cada hora-cada minuto
éramos de ellos, ninguna hora pasaba en la que no estuviéramos
criándolos-llevándolos, soportándolos, alzándolos
en brazos, por placer, y para que pudieran ver,
más allá, lejos de nosotros.


miércoles, 22 de junio de 2016

Porque tu pena es única (por Olga Orozco)


Esa es tu pena.

Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras

y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.

Colócala a la altura de tus ojos

y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,

o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,

o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.

Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.

Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,

un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.

Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama

y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.

No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;

sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.

Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.

No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,

aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.

No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.

Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:

sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.

martes, 21 de junio de 2016

A ambos lados (por Antonio Deltoro)


A ambos lados de las doce,
del punto cero de las sombras,
las sombras equidistantes y enemigas
de la mañana y la tarde,
simétricas como la cosa y su imagen,
distintas y gemelas,
una al poniente del objeto,
otra al oriente,
la una fresca, la otra tocada por la muerte,
dibujan los dos brazos
de una balanza de sombras.



lunes, 20 de junio de 2016

Sutura cicatrices (por José Luis Morante)


Eres punto de luz tras el eclipse.
Al despoblar la sombra,
que retornes envuelta
en un aire de víspera
y prodigues abrazos.
Que rompas, trecho a trecho, la costumbre.
Sutura cicatrices,
encrucijadas, miedos.
Deberán confundirse nuestros pasos
en otra orilla, donde duerme el sol.
El beso de la escarcha
no roce tu epidermis con sus labios.
Que tu miedo y tu furia
-falsos techos de niebla-
sean leve rumor desdibujado
que se gestó una noche.
Nunca fue fácil conciliar el sueño.


domingo, 19 de junio de 2016

Prólogo de la comedia (por Wislawa Szymborska)


Se hizo un violín de cristal porque quería ver la música. Arrastró su barca hasta la cima de una montaña y esperó a que el mar llegara hasta allí. Por las noches estudiaba el “Horario de trenes”; las estaciones de destino le sacaban lágrimas de emoción. Criaba rosas con dos erres. Escribió un poema para el crecimiento del cabello y otro para lo mismo. Estropeó el reloj del ayuntamiento para detener de una vez por todas la caída de las hojas de los árboles. En una maceta donde vio crecer la hierbabuena quiso hacer excavaciones para encontrar una ciudad. Anduvo con la Tierra a sus pies, sonriente, despacito, como dos y dos son dos: feliz. Cuando le dijeron que no existía, al no poder morir de pena, tuvo que nacer. Ya anda viviendo por ahí; parpadea y crece. ¡Justo a tiempo! ¡En un buen momento! A Nuestra Señora del Amor Hermoso, la Dulce Máquina de la Prudencia, pronto le irá bien un bufón para la honesta diversión y la inocente alegría.

sábado, 18 de junio de 2016

De noche (por Olga Bernad)


Todas las noches son como esta noche,

todas las noches fueron como ésta;

cuando el mundo nació, ya era de noche.

Y en la excesiva noche de los tiempos

alguien soñó que nada pasaría.

Si te dejas caer hoy por mi sueño,

prometo protegerte de esa nada.

Seguros hacia dentro de la noche,

arrastraré hasta el fondo tus demonios;

al fondo de la noche, donde el tiempo

se convierte despacio en otra cosa. 

viernes, 17 de junio de 2016

El desnudo (por Vicente Aleixandre)

Basta, basta.


Tanto amor en las aves,

en esos papeles fugitivos que en la tierra se buscan,

en ese cristal indefenso que siente el beso de la luz,

en la gigante lámpara que bajo tierra solloza

iluminando el agua subterránea que espera,


Tú, corazón clamante que en medio de las nubes

o en las plumas del ave,

o en el secreto tuétano del hueso de los tigres,

o en la piedra en que apoya su cabeza la sombra.


Tú, corazón que dondequiera existes como existe la muerte,

como la muerte es esa contracción de la cintura

que siente que la abarca una secreta mano,

mientras en el oído fulgura un secreto previsto.


Di, qué palabra impasible como la esmeralda

deslumbra unos ojos con su signo durísimo,

mientras sobre los hombros todas, todas las plumas

resbalan tenuemente como solo memoria.


Di, qué manto pretende envolver nuestro desnudo,

qué calor nos halaga mientras la luz dice nombres,

mientras escuchamos unas letras que pasan,

palomas hacia un seno que, herido, a sí se ignora.


La muerte es el vestido.

Es la acumulación de los siglos que nunca se olvidan,

es la memoria de los hombres sobre un cuerpo único,

trapo palpable sobre el que un pecho solloza

mientras busca imposible un amor o el desnudo.


jueves, 16 de junio de 2016

Aún no ha tocado el suelo (por Frank Báez)


— La pelota que lancé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo—

Siempre quise ser el primer dominicano en la NBA.

Para entonces poner un dominicano en la NBA

era tan difícil como poner un dominicano en la luna.


Practiqué tiros libres, corrí, hice marineros,

sentadillas y lagartijas.

Parodié ganchos, donqueos.

Jugué veinticinco quintetos al día.

Mandé hacer una franela

con el número veintitrés y lloré

cuando Magic Johnson anunció que tenía sida.


Un día toqué la malla de un salto.

Luego toqué el tablero. Nunca llegué a tocar el aro.


Conseguí esas pesas

que se amarran en los tobillos

y que incrementan el salto.

Pero no funcionaron y me las cambiaron

por unos Converse Magic con aire comprimido

que me robaron mientras jugaba bajo

un transformador en San Carlos.


Compré unos Reebook Pump

y me expulsaron del equipo nacional

de minibasket.

Me faltaba estatura, alegaron.

Ni empinado era lo suficientemente alto.


Dormí trece, catorce, quince horas al día

para acelerar mi crecimiento.

Comencé a comprar jarabes,

vitaminas, minerales, suplementos.

Luego de once meses

creo me estaba encogiendo.


Hice barras.

Ejercicios de estiramiento.

Le pedí a Jesús, a la Virgen

y al hombre elástico

unas míseras pulgadas de más.


Ya tengo treinta años y todavía necesito

dos pulgadas para alcanzar los seis pies.

En vez de llegar a la NBA me mudé de barrio

y ahora juego dominó

en donde da lo mismo si eres enano.

También escribo poemas

y se los dedico a quien se me ocurra.


Por ejemplo este, que dedico a los que ya no se quitan

la camiseta al jugar básquetbol

porque les ha crecido pelo en la espalda.


Espero que lo gocen y que aplaudan.


miércoles, 15 de junio de 2016

El de la brocha (por Saiz de Marco)


Olvidar es higiénico,

es un limpiador mágico:


lava heridas profundas,

arranca viejas costras,

borra manchas mugrientas,

retira los escombros,

lleva el hierro oxidado a plantas de residuos,

saca restos de hollín,

desfonda pozos ciegos,

desatasca desagües,


te remoza,

te aclara,


deja correr el aire donde había sólo trastos…


Olvidar es fantástico,

raya en lo milagroso:


lo que una vez pasó no pasó nunca.


(Como esas pesadillas

que llegan pero luego se van sin dejar rastro;

por obra del olvido se esfuman,

se disuelven en medio de la noche.)


Olvidar es salvífico.

Sin su ayuda eficaz, sin su lograda técnica,

¿cómo resistiríamos?


¿Quién podría caminar entre tejas caídas,

desvencijadas losas,

astillas que se clavan,

vidrios rotos,

cascotes…?


Sea siempre bienvenido el ilustre fregón,

el hábil fontanero,

el pintor que recubre de cal las mohosas piedras.


-Eh oiga, el del mono blanco

(sí, usted: el de la brocha y la escalera al hombro):

¿enluciría usted estas sucias paredes?,

¿vertería sobre ellas una capa

de olvido?