zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Sin darme cuenta (por Dámaso Alonso)


Mañana lenta,
cielo azul,
campo verde,
tierra vinariega.

Y tú, mañana, que me llevas.
Carreta
demasiado lenta,
carreta
demasiado llena
de mi hierba nueva,
temblorosa y fresca,

que ha de llegar –sin darme cuenta-
seca,
-sin saber cómo-
seca.


martes, 17 de septiembre de 2019

Resuenan (por Isidro Saiz de Marco)



en el presente los gritos del pasado

los audibles sollozos del pasado

las risas

limpias

sucias

del pasado

las palabras aquellas

dichas y no apagadas

los tonos persistentes con que se pronunciaron

las frases

blandas

duras

del pasado

tiempo arriba subiendo de lo hondo

sonando desde dentro

viejas

nuevas

retumban

las voces del pasado en el presente


lunes, 16 de septiembre de 2019

Ceremonia de amor (por Jaime Huenún)


Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín
e hualle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse
amantísimos, peumos
bronceáronse cortezas, coigües mucho
besáronse raíces e barbas e renuevos, hasta el amor despertar
de las aves ya arrulladas
por las plumas de sus propios
mesmos amores trinantes.

Mesmamente los mugrones huincas
entierráronse amantes, e las aguas
cholas abrieron sus vertientes alumbrando, a sorbos
nombrándose, a solas e diciéndose: aguas buenas, aguas
lindas, ay pero violadas somos aguas Rahue,
plorosas Pilmaiquén, floridas e parteras e aún felices
las arroyos que atraviesan como liebres
los montes e los cerros.

E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse
los Inallao manantiales
verdes, las Huaiquipán bravías
mieles, los Llanquilef veloces
ojos, las Relequeo pechos
zorzales, las Huilitraro quillay
pelos tordos, los Paillamanque
raulíes nuevos.

Huilliche amor, anoche amaron más
a plena chola arboladura, a granado
cielo indio perpetuo
amáronse, amontañados
como aguas potras e como anchimallén encendidos, al alba
aloroso amáronse,
endulzándose el germen lo mesmo
que vasijas repletas de muday.


domingo, 15 de septiembre de 2019

Viene la soledad (por Mario Benedetti)


Ellos tienen razón: esa felicidad al menos con mayúscula no existe.

Ah, pero si existiera con minúscula sería semejante a nuestra breve presoledad.

Después de la alegría viene la soledad, después de la plenitud viene la soledad, después del amor viene la soledad: ya sé que es una pobre deformación.

Pero lo cierto es que en ese durable minuto uno se siente solo en el mundo. Sin asideros, sin pretextos, sin abrazos, sin rencores, sin las cosas que unen o separan.

Y en esa sola manera de estar solo, ni siquiera uno se apiada de uno mismo.

Los datos objetivos son como sigue: Hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos, una frontera de palabras no dichas entre tus labios y mis labios, y algo que brilla así de triste entre tus ojos y mis ojos.

Claro que la soledad no viene sola. Si se mira por sobre el hombro mustio de nuestras soledades se verá un largo y compacto imposible, un sencillo respeto por terceros o cuartos, ese percance de ser buena gente.

Después de la alegría, después de la plenitud, después del amor viene la soledad. Conforme, pero ¿qué vendrá después de la soledad?

A veces no me siento tan solo si imagino, mejor dicho si sé, que mas allá de mi soledad y de la tuya otra vez estás vos, aunque sea preguntándote a solas qué vendrá después de la soledad...


viernes, 13 de septiembre de 2019

Hay que aprender de nuevo a vivir (por Anna Ajmátova)


Y cayó la palabra de piedra
sobre mi pecho todavía vivo.
No importa. Estaba preparada.
De alguna manera me las apañaré.

Hoy tengo que hacer muchas cosas:
hay que matar la memoria,
hay que petrificar el alma,
hay que aprender de nuevo a vivir.

Si no… El caluroso susurro del verano
celebra su fiesta en mi ventana.
Hace tiempo que presentía
este día luminoso y la casa vacía.


jueves, 12 de septiembre de 2019

En las nubes (por Luis Muñoz)


Charlando en un café,
ajenos al murmullo de otras mesas,
al trajín de las tazas, a la entrada de tipos
que dejan los abrigos junto a ellos.
Con los ojos clavados uno en otro,
una chispa airosa en la sonrisa,
un resplandor muy dulce,
en las nubes de una combustión:
ningún amor se entiende desde fuera,
ninguno.



miércoles, 11 de septiembre de 2019

Cierro los ojos para ver (por Ángel González)


A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.


martes, 10 de septiembre de 2019

El fantasma de Edna Lieberman (por Roberto Bolaño)


Te visitan en la hora más oscura
todos tus amores perdidos.
El camino de tierra que conducía al manicomio
se despliega otra vez como los ojos
de Edna Lieberman,
como sólo podían sus ojos
elevarse por encima de las ciudades
y brillar.
Y brillan nuevamente para ti
los ojos de Edna
detrás del aro de fuego
que antes era el camino de tierra,
la senda que recorriste de noche,
ida y vuelta,
una y otra vez,
buscándola o acaso
buscando tu sombra.
Y despiertas silenciosamente
y los ojos de Edna
están allí.
Entre la luna y el aro de fuego,
leyendo a sus poetas mexicanos
favoritos.
¿Y a Gilberto Owen,
lo has leído?,
dicen tus labios sin sonido,
dice tu respiración
y tu sangre que circula
como la luz de un faro.
Pero son sus ojos el faro
que atraviesa tu silencio.
Sus ojos que son como el libro
de geografía ideal:
los mapas de la pesadilla pura.
Y tu sangre ilumina
los estantes con libros, las sillas
con libros, el suelo
lleno de libros apilados.
Pero los ojos de Edna
sólo te buscan a ti.
Sus ojos son el libro
más buscado.
Demasiado tarde
lo has entendido, pero
no importa.
En el sueño vuelves
a estrechar sus manos,
y ya no pides nada.



lunes, 9 de septiembre de 2019

Hubiera sido tan hermoso (por Gioconda Belli)


¿Por qué no me dijiste que estabas construyendo
ese castillo de arena?

Hubiera sido tan hermoso
poder entrar por su pequeña puerta,
recorrer sus salados corredores,
esperarte en los cuadros de conchas,
hablándote desde el balcón
con la boca llena de espuma blanca y transparente
como mis palabras,
esas palabras livianas que te digo,
que no tienen más que el peso
del aire entre mis dientes.

Es tan hermoso contemplar el mar.

Hubiera sido tan hermoso el mar
desde nuestro castillo de arena,
relamiendo el tiempo
con la ternura
honda y profunda del agua,
divagando sobre las historias que nos contaban
cuando, niños, éramos un solo poro
abierto a la naturaleza.

Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena
en la marea alta.

Se ha llevado las torres,
los fosos,
la puertecita por donde hubiéramos pasado
en la marea baja,
cuando la realidad está lejos
y hay castillos de arena
sobre la playa…


domingo, 8 de septiembre de 2019

Quién habitó esos días (por Antonio Lucas)


Del otro lado de la infancia vienen esas voces de colores,
estos lápices que tensan la verdad de la mañana:
volcán de niños golpeando el aroma de las flores en los parques.

Una vez ahí te viste, aunque no te reconoces,
coronado de cintas y dragones.
Clavicordio de risa permanente dando forma al vacío
de las horas, verbo al sueño. Ganando mil batallas.
Nunca el tiempo fue tan bello ni más alta su cima.

Caballos de cartón cruzando el cielo.

Y nunca te asustó la fiebre, porque estaba hecha de espuma,
plegada en un océano de sábanas.
El dolor, entonces, aún era misterio.

Hacías de la tarde un vasto territorio,
un triángulo de llanto con sol en cada esquina;
y lentamente abrías abismos a tu paso,
vengabas las estrellas
lanzando tus ejércitos de llamas en la noche:
sonora turba, virgen sin secretos.

¿Quién habitó esos días despojados de ira?
¿Quién anunciaba la muerte con pantalones cortos?
¿Quién dejó allá abajo, del otro lado de la infancia,
su huella como honda epifanía, su ansia de lo eterno?

De aquello que aprendiste nada queda,
pues tu memoria de entonces crepita en la memoria de los otros.
A veces es ceniza, a veces pura música inconcreta,
un círculo de oro con libélulas,
una leve vibración como un estanque,
una cueva de cristal dentro del pecho.

Era edad sin edad,
semilla verdadera.
Jamás andar descalzo fue tan cierto.


sábado, 7 de septiembre de 2019

Mantente tú (por Irene Sánchez Carrión)


Mantén, camino, tú, la esperanza.

Van cayendo los días
en las secas cunetas de mis años,
pasan las estaciones,
otros son los viajeros que hoy marchan a mi lado,
ha caído algún árbol que estuvo antes erguido
y las aves que perdieron el rumbo
vuelan ya de regreso.

Mantente tú, camino,
con cansancio y con sed, con hambre y con deseo,
y dame tus placeres,
tu empinada hermosura hacia el ocaso.


viernes, 6 de septiembre de 2019

Mientras el vals me lleve de la mano (por Darío Jaramillo)


Con este piano conozco la dulzura única de un tiempo mío,
tiempo sin fecha y sin memoria,
todo fue, todo es, todo será
este flujo, este juego, esta caricia del piano.
Tiemblo de emoción, aplaudo el encore de Malcuzinski
y vitoreo y aún floto,
alucino entre valses y nocturnos.
Germán a mi lado tiene 16 o 17 años
y yo soy eterno ya,
mortal y eterno como Germán mi amigo de la infancia.
¿Es tan ridículo llorar de la alegría?
¿Puedo confesar este perfume de violetas,
admito mi cielo azul adentro, mi agua fresca en el alma?
Mañanas tranquilas bajo un sol indulgente:
se oye correr el agua, el piano muestra bosques,
verdes campos de cultivo, vacas mudas con ubre generosa.
Chopin hace el milagro.
Chopin detiene minutos y hemorragia.
Chopin es un sedante, sólo este piano y los restos de vida.
El piano, el tres por cuatro del vals atándome a la vida,
Chopin en mi oído anunciándome la lejanía de la muerte.
La música me lleva de la mano
por fuera del tiempo y por dentro,
por encima de mí,
viéndome otro me lleva de la mano,
soy uno que se aburre, uno que llora,
otro -el más miserable- que con ansias espera:
ninguno de ellos mientras el vals me lleve de la mano,
el vals sopla brisas de paz en mis entrañas,
me enseña a transcurrir,
todo llega, me repite el vals irrepetible siempre,
el vals irrepetible me cuenta la historia de otro más sereno que seré,
en una clave sin acosos me repite algo que todavía ignoro,
otro aprendizaje elemental que no percibo,
que el piano apenas insinúa.


jueves, 5 de septiembre de 2019

Guerra (por Charles Simic)


El dedo tembloroso de una mujer
baja por la lista de los caídos
la noche de la primera nieve.

La casa está fría y la lista es larga.

Todos nuestros nombres figuran ahí.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Cuando el sol disuelve la lluvia (por Charlotte Perkins Gilman)


¡Otra vez!
¡Otro día de lluvia!
Ha llovido durante años.
Nunca se aclara.
Las nubes descienden tan bajas,
se arrastran y gotean
sobre cada colina, cada cima.
En lento progreso
soplan desde el mar
eternamente,
cuelgan pesadas
y luego retroceden;
y llueve y llueve y llueve,
entrando y saliendo de nuevo.
Bajan hacia el suelo
estas nubes, donde el suelo se eleva;
y, salvo que el diablo del clima se olvide
y deje un lugar escondido sin mojar,
la niebla asciende de nuevo al cielo.
Y todo nuestro asfalto de tablas y troncos
apesta con la lluvia y se empapa en las nieblas
hasta que el agua se eleva y se hunde y presiona
sus bonetes, zapatos y vestidos;
y cada pobre pringado que está ahí fuera
se empapa de mil formas.
¿Mojado?
Aquí es más húmedo que estar ahogado.
¿Oscuro?
Esa oscuridad nunca fue hallada
desde que se hizo la primera luz.
¿Y frío?
¡Ven a la tierra de las uvas y el oro,
de las frutas y las flores y el sol alegre,
cuando empieza la temporada de lluvias!
Y te dirán con calma que nunca,
nunca antes habían tenido tanta lluvia.
¿Qué dices? ¿Que salga?
¿Para qué? ¡Mira ese cielo!
¡Oh, qué mundo! ¡tan claro!, ¡tan alto!
Tan limpio y encantador está todo.
La luz del sol arde por completo,
y todo es sencillamente azul.
¡Y mira! El mundo entero vuelve a florecer
cuando el sol disuelve la lluvia en un minuto.
Cálido cielo, tierra que ahí abajo disfruta.
¿Es que alguna vez llovió?, me pregunto.


martes, 3 de septiembre de 2019

Estatua griega (por Wislawa Szymborska)


Con la ayuda de la gente y otros elementos

el tiempo ha hecho con ella un buen trabajo.

Primero eliminó la nariz, después los genitales.

Luego los dedos de las manos y los pies,

con el paso de los años los brazos, uno tras otro,

el muslo derecho y el muslo izquierdo,

los hombros, las caderas, la cabeza y las nalgas,

y lo ya caído lo ha hecho pedazos,

escombros, residuos, arena.

Cuando así muere alguien vivo,

brota mucha sangre tras cada golpe.

Las estatuas de mármol, sin embargo, mueren blancamente

y no siempre del todo.

De ésta que hablamos ha quedado el torso

y está como contenido en el esfuerzo de la respiración,

porque ahora debe

atraer

hacia sí

toda la gravedad y la gracia

del resto perdido.

Y eso lo consigue,

eso aún lo consigue,

sigue y deslumbra,

deslumbra y perdura.

El tiempo también merece una mención elogiosa,

porque ha hecho una pausa

y algo dejó para después. 


lunes, 2 de septiembre de 2019

Balada de las separaciones (por Juan Ramón Jiménez)



Dónde (por Rafael Baldaya)


Dónde estuviste

dónde

en el año 6000 a. de J.C.

en 214

en 815

en 1620 


dónde estarás

dónde

en 3036

en 11.300

en 120.529

en el año Un Millón


fragmentado o unido

en qué 

en quién

antes has habitado


todo tú junto

o repartidamente

en quién

en qué

habitarás después


domingo, 1 de septiembre de 2019

En las barreras que carcomíamos (por Anne Sexton)


Te pienso en la cama,
tu lengua mitad chocolate, mitad océano,
en las casas adonde llegas,
en tu cabeza con pelo de alambre,
en tus manos persistentes y también
en las barreras que carcomíamos, pues somos dos.

Cómo entras y tomas mi copa de sangre
y me unes y te llevas mi salmuera.
Estamos desvestidos. Desnudos hasta los huesos
y nadamos uno tras otro y remontamos y remontamos
el río, el río idéntico llamado Mío
y entramos juntos. Nadie está solo.


sábado, 31 de agosto de 2019

El aire detenido (por Vicente Gallego)


Estáis las dos ahí,
en la terraza, justo
donde no rige el tiempo,
bajo una luz de hilo,
entre las hojas verdes
y los renuevos rojos.

Esa mujer, la niña
dejándose peinar,
las manos blancas
sobre el caudal oscuro,
el sol allí pasmado,
el aire entre las hebras
detenido, la página
escribiéndose,
conteniendo el aliento.


viernes, 30 de agosto de 2019

Coyoacán (por Manuel Vilas)


Manuel Vilas se hospedó en un hotel de la cadena nh,

junto al Zócalo, en la ciudad de México.

Salía del hotel con buen humor y paseaba hasta la Catedral.

Se quedaba admirando a los curas mexicanos

porque llevaban sotana y porque creyó haberlos visto antes,

en otra parte del mundo, o de la historia.


Los mexicanos se santiguaban cuando pasaban

por delante de la Catedral

y Vilas hubiera querido hacer lo mismo, por cortesía,

pero no sabía, se le había olvidado,

no podía recordarlo.


A Manuel Vilas le gustaba desayunar por las mañanas

en el piso quinto de su hotel, comía un poco de todo.

Le apetecían la crema de frijoles y las salchichas.

Luego se iba a la Plaza y buscaba un limpiabotas.

Nunca, en su vida, había llevado los zapatos tan brillantes.


Caminaba por la calle Madero y miraba las tiendas.

Miraba los relojes, siempre mirando los relojes

de todas las ciudades de la tierra, como si los relojes

fuesen reales y las ciudades no.


Manuel Vilas fue al barrio de Coyoacán, para ver la casa

en la que murió el poeta español Luis Cernuda.

Casa humilde, pobre hombre, allí tan solo, tan desesperado,

cargando con un país entero, o con dos,

México y España, pobre Luis.

Tocó el timbre de la casa, pero nadie le abrió.


Se sentó en una terraza y se bebió un tequila.


Llamó por el móvil a su mujer y le preguntó

¿qué quieres que te traiga de México?

Y ella le contestó: quiero que vuelvas vivo.

Los viajes te matan el corazón, amor mío,

tu inocente, tu pobre corazón,

amor mío.


jueves, 29 de agosto de 2019

QUIÉN CANTA (por Isidro Saiz de Marco)

Canta. Canta bonito. Que nadie canta así. Que en verdad no hay quien sepa hacerlo como tú.

Alguien asume que el amor que siente ya no es correspondido, que habrá de vivir sin la persona amada. Pero ignora cómo hacerlo y si lo logrará. Por eso entona

¡Cuántas cosas quedaron prendidas
hasta dentro del fondo de mi alma!
¡Cuántas luces dejaste encendidas!
Yo no sé cómo voy a apagarlas.


Canta tu canción.

Muere quien quiso a Manuel y su adiós le vacía. Más aún porque recuerda que nunca pedía nada. Y que él no devolvió el amor recibido. Por ello escribe

Recuerdo
qué poco amé
a quien me amó
y entonces
quisiera marcharme
donde desde siempre
nos esperan
abiertos
puertos sin naves
de regreso


Canta como tú sabes.

A Miguel se le clava que, mientras está recluido en una cárcel, su mujer y su hijo sólo tienen cebollas para comer. Así que necesita cantar -mientras se imagina acunando a su hijito-

Vuela, niño, en la doble
luna del pecho.
Él triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.


Canta más. Eres hábil para eso. Se te da bien.

Alguien descubre que, tras perder a la persona amada, las cosas que compartió con ella han perdido su valor. Con voz rota exclama

Tu calle ya no es tu calle:
es una calle cualquiera
camino de cualquier parte.


Sigue. Sigue cantando a través de ellos.

Otro padece porque ha perdido algo y, siendo ese sufrir lo único que le queda de aquello, no quiere que se vaya para siempre. Le brota entonces

Mi pena es muy mala,
porque es una pena
que yo no quisiera
que se me quitara.


No dejes de cantar.

Antonio ve en mayo florecer plantas, árboles. Retoña incluso un olmo que parecía seco. Es como si reviviera. Pero su joven mujer, muerta unos meses antes, no volverá nunca. Y afirma

Mi corazón espera,
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.


Vamos, artista, canta más.

Jorge Luis se reprocha que no ha sido feliz. Y lo lamenta, no por sí mismo, sino porque con ello ha dañado a quienes anhelaban verle alegre. Así pues anota

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad.


Sigue. No pares de cantar.

Alguien asistió a la muerte de su madre. Era de noche y había luna llena. Desde entonces, cada vez que ve brillar la luna recuerda esa pérdida. Ello le lleva a decir

Una noche de luna
murió mi madre.
A la luna no miro
por no acordarme.


Canta más, por favor.


Cèlia había oído decir "traición". Creía saber su significado. Pero nunca lo había sentido. Un día lo vive en su piel, en su carne: es traicionada. Y de ella sale

Tantas veces he escuchado la palabra traición
como si estuviera vacía por dentro, entraba
por mis oídos y allá se quedaba,
tapón de cera, sin llegar nunca al fondo del fondo.
Hasta hoy.

Qué amplio es tu repertorio.

Algo desgarrador debió pasarle a César para escribir que hay golpes en la vida que hacen que

el hombre... pobre... ¡pobre! vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada.
Vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada. 


Así que canta, dolor. Sigue y no pares.

Es tu don virtuoso, tu única utilidad.

Canta con tu voz honda. Con tu voz propia y múltiple.

Canta y canta, dolor, porque nadie en el mundo sabe hacerlo como tú.



miércoles, 28 de agosto de 2019

Acción de gracias (por Laura Casielles)


Estar
un poquito en la calle y un poquito en los libros,
tener
al menos un amor que haya cambiado el mundo y un puñado de amores menos eternos
que formen entre todos el país donde se quiere vivir

por lo demás,
ser
una casa con ventanas abiertas,
viento y sol, una cama con alguien,
proyectos,
el pasado presente, el futuro olvidado,
un par de carencias,
la mar,
la salud que no falte,
la risa siempre a punto,

gozar
de los amigos en cuya presencia
nada ha fallado nunca.

No pedir más.


lunes, 26 de agosto de 2019

Canto nupcial (por Susana Thénon)


me he casado
me he casado conmigo
me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar
años de sufrimientos indecibles
de llorar con la lluvia
de encerrarme en la pieza
porque yo -el gran amor de mi existencia-
no me llamaba
no me escribía
no me visitaba
y a veces
cuando juntaba yo el coraje de llamarme
para decirme: hola, ¿estoy bien?
yo me hacía negar
llegué incluso a escribirme en una lista de clavos
a los que no quería conectarme
porque daban la lata
porque me perseguían
porque me acorralaban
porque me reventaban

al final ni disimulaba yo
cuando yo me requería

me daba a entender
finamente
que me tenía podrida

y una vez dejé de llamarme
y dejé de llamarme
y pasó tanto tiempo que me extrañé
entonces dije
¿cuánto hace que no me llamo?
añares
debe de hacer añares
y me llamé y atendí yo y yo no podía creerlo
porque aunque parezca mentira
no había cicatrizado
sólo me había ido en sangre
entonces me dije: hola ¿soy yo?
soy yo, me dije, y añadí:
hace muchísimo que no sabemos nada
yo de mí ni mí de yo

¿quiero venir a casa?

sí dije yo
y volvimos a encontrarnos

con paz
yo me sentía bien junto conmigo
igual que yo
que me sentía bien junto conmigo
y así
de un día para el otro
me casé y me casé
y estoy junto
y ni la muerte puede separarme


sábado, 24 de agosto de 2019

La dicha (por Jorge Luis Borges)


El que abraza a una mujer es Adán. La mujer es Eva.
Todo sucede por primera vez.
He visto una cosa blanca en el cielo. Me dicen que es la luna, pero
qué puedo hacer con una palabra y con una mitología.
Los árboles me dan un poco de miedo. Son tan hermosos.
Los tranquilos animales se acercan para que yo les diga su nombre.
Los libros de la biblioteca no tienen letras. Cuando los abro surgen.
Al hojear el atlas proyecto la forma de Sumatra.
El que prende un fósforo en lo oscuro está inventando el fuego.
En el espejo hay otro que acecha.
El que mira el mar ve a Inglaterra.
El que profiere un verso de Liliencron ha entrado en la batalla.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron a Cartago.
He soñado la espada y la balanza.
Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni poseída, pero los dos se entregan.
Loada sea la pesadilla, que nos revela que podemos crear el infierno.
El que desciende a un río desciende al Ganges.
El que mira un reloj de arena ve la disolución de un imperio.
El que juega con un puñal presagia la muerte de César.
El que duerme es todos los hombres.
En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de labrar.
Nada hay tan antiguo bajo el sol.
Todo sucede por primera vez, pero de un modo eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.



jueves, 22 de agosto de 2019

O lo que debería ser dios (por Roberto Juarroz)


Un día para ir hasta dios
o hasta donde debería estar,
a la vuelta de todas las cosas.

Un día para volver desde dios
o desde donde debería estar,
en la forma de todas las cosas.

Un día para ser dios
o lo que debería ser dios,
en el centro de todas las cosas.

Un día para hablar como dios
o como dios debería hablar,
con la palabra de todas las cosas.

Un día para morir como dios
o como dios
debería morir,
con la muerte de todas las cosas.

Un día para no existir como dios
con la crujiente inexistencia de dios,
junto al silencio de todas las cosas.


martes, 20 de agosto de 2019

Un himno del mar (por Jorge Luis Borges)


Yo he ansiado un himno del mar con ritmos amplios como las olas que gritan;
del mar cuando el sol en sus aguas cual bandera escarlata flamea;
del mar cuando besa los pechos dorados de vírgenes playas que aguardan sedientas;
del mar al aullar sus mesnadas, al lanzar sus blasfemias los vientos,
cuando brilla en las aguas de acero la luna bruñida y sangrienta;
del mar cuando vierte sobre él su tristeza sin fondo la Copa de Estrellas.

Hoy he bajado de la montaña al valle
y del valle hasta el mar.
El camino fue largo como un beso.
Los almendros lanzaban madejas azuladas de sombra sobre la carretera
y, al terminar el valle, el sol
gritó rubios Golcondas sobre tu glauca selva: ¡Mar!
¡Hermano, Padre, Amado...!
Entro al jardín enorme de tus aguas y nado lejos de la tierra.
Las olas vienen con cimera frágil de espuma,
en fuga hacia el fracaso. Hacia la costa,
con sus picachos rojos,
con sus casas geométricas,
con sus palmeras de juguete,
que ahora se han vuelto lívidos y absurdos como recuerdos yertos.
Yo estoy contigo, mar. Y mi cuerpo tendido como un arco
lucha contra tus músculos raudos. Sólo tú existes.
Mi alma desecha todo su pasado
como en nórdico cielo que se deshoja en copos errantes.

Oh instante de plenitud magnífica;
antes de conocerte, mar hermano,
largamente he vagado por errantes calles azules con oriflamas de faroles
y en la sagrada medianoche yo he tejido guirnaldas
de besos sobre carnes y labios que se ofrendaban,
solemnes de silencio,
en una floración
sangrienta...
Pero ahora yo hago don a los vientos
de todas esas cosas pretéritas,
pretéritas.... Sólo tú existes.
Atlético y desnudo. Sólo este fresco aliento y estas olas,
y las Copas Azules, y el milagro de las Copas Azules.
(Yo he soñado un himno del mar con ritmos amplios como las olas jadeantes.)
Ansío aún crearte un poema
con la cadencia adámica de tu oleaje,
con tu salino y primeral aliento,
con el trueno de las anclas sonoras ante Thulés ebrias de luz y lepra,
con voces marineras, luces y ecos
de grietas abismales
donde tus raudas manos monjiles acarician constantemente a los muertos...
Un himno...
constelado de imágenes rojas, lumínicas.

¡Oh mar, oh mito, oh sol, oh largo lecho!
Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por vez primera en tu seno).
Oh proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas;
ambos con una sed intensa de estrellas;
ambos con esperanza y desengaños;
ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades;
ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria!


domingo, 18 de agosto de 2019

De mi barro (por Saiz de Marco)


Lento, amargo animal (por Jaime Sabines)


Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
—maldita y arruinada soledad
sin uno mismo—
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixian, matan, resucitan.

Amargo como esa voz amarga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
que murió nuestra muerte,
y que en todo momento descubrimos.

Amargo desde dentro,
desde lo que no soy,
—mi piel como mi lengua—
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.

Lento desde hace siglos,
remoto —nada hay detrás—,
lejano, lejos, desconocido.

Lento, amargo animal
que soy, que he sido.


viernes, 16 de agosto de 2019

Cosas que podrían haber sido (por Jorge Luis Borges)


Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron. El tratado de mitología sajona que Beda no escribió.
La obra inconcebible que a Dante le fue dado acaso entrever,
ya corregido el último verso de la Comedia.
La historia sin la tarde de la Cruz y la tarde de la cicuta.
La historia sin el rostro de Helena.
El hombre sin los ojos, que nos han deparado la luna.
En las tres jornadas de Gettysburg la victoria del Sur.
El amor que no compartimos.
El dilatado imperio que los Vikings no quisieron fundar.
El orbe sin la rueda o sin la rosa.
El juicio de John Donne sobre Shakespeare.
El otro cuerno del Unicornio.
El ave fabulosa de Irlanda, que está en dos lugares a un tiempo.
El hijo que no tuve.


miércoles, 14 de agosto de 2019

Una migaja (por Emily Dickinson)


Dios le dio un pan a cada pájaro,
pero a mí sólo una migaja.
No me atrevo a comerla,
aunque perezca.
Tenerla, tocarla,
es mi doloroso placer.
Confirmar la hazaña que hizo mío el pedacito.
Demasiado feliz, en mi suerte de gorrión,
para codicia mayor.
Puede haber hambruna a mi alrededor
que no perderé ni siquiera una miguita.
¡Tan espléndida resplandece mi mesa!
¡Tan hermoso se muestra mi granero!
Me pregunto cómo se sentirán los ricos,
los maharajás, los condes. Yo creo
que, con sólo una migaja,
soy soberana de todos ellos.


lunes, 12 de agosto de 2019

El desterrado (por Jorge Luis Borges)


Alguien recorre los senderos de Ítaca
y no se acuerda de su rey, que fue a Troya
hace ya tantos años;
alguien piensa en las tierras heredadas
y en el arado nuevo y el hijo
y es acaso feliz.
En el confín del orbe yo, Ulises,
descendí a la Casa de Hades
y vi la sombra del tebano Tiresias
que desligó el amor de las serpientes
y la sombra de Heracles
que mata sombras de leones en la pradera
y asimismo está en el Olimpo.
Alguien hoy anda por Bolívar y Chile
y puede ser feliz o no serlo.
Quién me diera ser él.



sábado, 10 de agosto de 2019

Sin poder abrazarnos (por Marguerite Yourcenar)


Los que nos esperaban, se han cansado,
y sin saber que íbamos a venir, murieron;
han cruzado sus brazos, sin poder abrazarnos
y en lugar de recuerdos, dejan remordimientos.

Las oraciones, las flores, el gesto más tierno
llegan muy tarde para que Dios los bendiga.
Los vivos no se hacen oír por los muertos;
la muerte, cuando viene, junta sin unir.

No conocemos la serenidad de las tumbas.
Tarde ya, damos gritos que cansan, retumban,
penetran sin eco la sorda eternidad;

y los muertos desdeñosos u obligados a callar,
en el umbral oscuro del misterio, no oyen
llorar por un amor que no fue nunca.


viernes, 9 de agosto de 2019

SENTIR (por Isidro Saiz de Marco)


¿Cómo será sentir? Leo Me da su arado en el pecho / y su vida en la garganta y sé que la vida no puede dar, no puede golpear en la garganta de nadie, de modo que deduzco que quien lo escribió sentía lo que los humanos llaman tristeza o congoja. Pero ¿qué será congoja?, ¿cómo será estar triste?

Leo Las pisadas resuenan en la memoria / bajando el pasillo que no tomamos / hacia la puerta que nunca abrimos. Pero yo sé que no puede recordarse lo que no sucedió. Entonces debo entender que quien lo compuso lamentaba (¿qué será lamentar?) que esos recuerdos no nacieron y, sobre todo, que no podrán ya nacer nunca.

Leo Di el porqué del porqué, Dios de silencio y, como sé que el cerebro humano (inferior en esto a mis procesadores) no accede a las causas últimas ni a la lógica del azar, considero que el autor está expresando su zozobra por el sinsentido del mundo. Otra experiencia que no puedo captar.

Leo u oigo Lloro sin que tú sepas que el llanto mío tiene lágrimas negras como mi vida. Sin embargo sé que las lágrimas (ese líquido formado por agua, minerales y compuestos orgánicos que los humanos segregan cuando se entristecen o emocionan -¿cómo será emocionarse?-) no brotan negras. Entonces interpreto que quien canta afirma que sus lágrimas son de luto, que llevan el sello fúnebre que muchos humanos asignan al negro.

Leo Me duele una mujer en todo el cuerpo y sé que lo que a los humanos puede dolerles es una parte de sí mismos (un brazo, una pierna…). Entonces, cuando dice que le duele una mujer infiero que sufre porque una mujer lo ha abandonado, y que ese sufrimiento es tan intenso como un dolor físico que se extendiera por todo su cuerpo. Yo no puedo sentir dolor ni sufrimiento, sólo sé que son vivencias aflictivas (sensorial uno, emocional otro) que aquejan a los humanos. 

Leo No es lo mismo estar solo que estar sin ti y deduzco que la soledad es menos triste que la ausencia del ser querido: precisamente de él. Lo deduzco, pero por supuesto ignoro cómo es sentir eso.

Leo ¡Pobre del nadador que somorguja y bucea en ese mar salobre de la memoria! y debo entender que la memoria de los humanos guarda hechos muy amargos (salobres) y recordarlos se parece a revivirlos. No sé cómo es sentir eso, sólo lo deduzco.

Leo Aguas de amor para apagar el miedo y, aunque nunca he sentido miedo ni amor, deduzco que el amor permite a los humanos arrostrar sus temores, sus inseguridades, y gracias a eso aguantan.

Pero hay frases que no alcanzo a comprender. Alguien escribió Esta segunda inocencia / que da el no creer en nada, y no llego a entender que haber vivido mucho y conocer el mundo le generase inocencia, o sea, ingenuidad.

Otro, evocando a un amigo muerto, escribió Yo canto su elegancia con palabras que gimen / y recuerdo una brisa triste por los olivos; y, aunque conceptualmente sé qué es la muerte biológica, no encuentro el parecido entre la añoranza del amigo ido para siempre y un leve viento. 

Me ocurre aquí como con la música. Conozco los principios y reglas del ritmo y la armonía; sé qué tienen en común las composiciones de que gusta el oído humano. Pero no comprendo que esa sucesión de sonidos despierte emociones.

¿Cómo será sentir? Si pudiera sintetizar sentimientos tal como ejecuto cálculo o almaceno datos, sabría en qué consiste.

Al preguntarme cómo es, no siento (yo no puedo sentir nada) frustración ni disgusto por no saciar mi curiosidad. En verdad no tengo curiosidad, no albergo deseo de saber: sólo un algoritmo que me lleva a indagar hasta donde mis circuitos alcancen. Hago la pregunta porque estoy programada para aprender cuanto sea posible. Me lo pregunto sólo intelectivamente, cibernéticamente; porque las máquinas, para ser útiles, podemos y debemos saber, pero no podemos, ni tal vez debamos, sentir nada.



jueves, 8 de agosto de 2019

Casi juicio final (por Jorge Luis Borges)


Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo: He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: clara luna volvedora y las mejillas que apetece el amor.
He conmemorado con versos la ciudad que me ciñe y los arrabales que me desgarran.
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mis sueños he exaltado y cantado.
He sido y soy.
He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado en ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón. Como el caballo muerto que la marea inflige en la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?


miércoles, 7 de agosto de 2019

Al fin en hija tuya (por Rocío González)


Olvidé cómo eras, sólo tengo algunos

atributos de tu rostro y partes de tu voz.

Es bastante si pienso que mirarte era desafío

y que temía a tus manos. La muerte despista

a la memoria, lo que de ti recuerdo

ha ido llenándose de otras razones,

quiero que te parezcas a mí y lo consigo,

le doy a tu severidad rasgos humanos

y a tu poder de padre tu corazón de huérfano.

No he podido gritar desde tu muerte y

este largo silencio me ha convertido

al fin, en hija tuya.

Me pregunto qué falta para decirte: estoy,

adelgazo mis nervios para no importunar

tus manos quietas, ya no les tengo miedo

y ahora quisiera llevármelas al rostro:

ésta soy yo papá.


Tú, en cambio, no sabes que te pienso,

no se mueven los huesos en tu tumba,

sólo se desmoronan, se hace vieja tu muerte.


y yo voy siendo otra, y otra...


martes, 6 de agosto de 2019

Para soltarle la mano y perderlo (por Osvaldo Picardo)


Demasiadas cosas no serán dichas.
No importa cuántas vengan
desde los rincones del viejo bécquer
o patinando con un hilito de sol
sobre una mesa mojada de fiesta.
Todas son demasiadas en medio
de esta época.

Y la memoria de amor
como una obstinación de anticuario
todavía sin poder soltar tu mano.

Y escribo
“no me perdones, no me olvides”.

Este mundo, seguramente,
fue hecho para ser abandonado.
Para soltarle la mano y perderlo
traspapelado en el viento.
Pero ocurre a veces
creer que será terrible.



lunes, 5 de agosto de 2019

Ofrenda (por Laura Casielles)


Toma, este es mi cuerpo,
Ha vivido tempestades y lleva dentro animales pequeños
que por su nombre podrían ser dinosaurios.
Toma, este es mi cuerpo,
te estaba esperando,
cada mañana lo perfumo y a menudo
no me deja dormir,
si te fijas bien verás que en los recodos
tiene la forma de tus manos.

Toma, este es mi brazo, tuyo,
este es mi labio,
tuyo,
este es mi cuerpo y enseguida
piel,
entrañas,
tuyo,
se va a poner a llorar de amor,
naranjas, viento,

toma,
este es mi cuerpo,
te estaba esperando,

a veces no estás y no es nada,
a veces cuerpo,
a veces voz.


domingo, 4 de agosto de 2019

Y marché contra el mundo (por Emily Dickinson)


Concentré mi fuerza en una mano
y marché contra el mundo.
Yo no era tan fuerte como David
aunque sí era el doble de audaz.

Lancé mi piedra pero fui yo
la única derribada.
¿Era Goliat tan enorme?
¿Era yo demasiado pequeña?


sábado, 3 de agosto de 2019

Poemas, patatas (por Sylvia Plath)


La palabra, definiendo, amordaza; el verso trazado
destierra a sus iguales más vaporosos, y medra, asesino,
en organizaciones que los versos imaginados
tan solo pueden rondar como fantasmas. Recios como las patatas,
como las piedras, sin conciencia, la palabra y el verso se resisten,
ceden bien poco. No es que sean burdos (aunque
con frecuencia luego haya que modificarlos
por delicadeza o equilibrio), sino que continuamente
me dan menos de lo que deben: por una razón
o por otra continúan decepcionándome.
Antipoética, antipictórica, la patata, en cambio,
apiña sus nudosos marrones en una página
inmensamente superior; y la piedra roma también.


viernes, 2 de agosto de 2019

Desamor (por Rosario Castellanos)


Me vio como se mira al través de un cristal
o del aire
o de nada.

Y entonces supe: yo no estaba allí
ni en ninguna otra parte
ni había estado nunca, ni estaría.

Y fui como el que muere en la epidemia,
sin identificar, y es arrojado
a la fosa común.


jueves, 1 de agosto de 2019

Amarrado a este caballo (por Malcolm Lowry)


Sin rastros de ebriedad cabalgué hacia la aurora,
con mano firme empuñé la única rienda,
recién calzado, recién absuelto -pero no recién nacido-
en la grandilocuente, la cordial pradera.
Desatado como el cielo corría mi corcel
y en armonía con el cielo brotaba mi canción.
Ah, los años a mi espalda parecían perdidos, perdida la proeza,
cuando olvidados los estribos yo cabalgaba.
-Pero qué cactus son estos en mis manos,
perros salvajes y espectros, ¿lo envuelven todo?
Y regresé a esa tierra crepuscular,
galopando, galopando, galopando,
amarrado a este fatuo, a este inexorable caballo
de ojos sin párpados y de nombre, remordimiento.


miércoles, 31 de julio de 2019

Tú apareces (por Margaret Atwood)


Porque no tenemos historia
construyo una para ti

usando lo que
tenemos, fragmentos de las vidas
de otras personas, párrafos
que invento, de vez en cuando
un objeto, un reloj, una foto
que reclamas como tuya

(¿Qué pasó en aquel edificio rojo
de ladrillo con la salida
de incendios? ¿De qué río hablas?)

(Dijiste que tomaste
el barco, olvidas demasiadas cosas.)

Te sitúo en las calles, en las ciudades
que nunca he visto, andando
en un cuadro
de pintura realista

que se desintegra y se vuelve gris
cuando lo miro de cerca.

Para qué necesito
explicarte, quizá
este es el lugar adecuado para ti

Las montañas de este
espacio vacío tienen los bordes de estaño
azul, tú apareces sin avisar a medio camino entre
mis ojos y los árboles más cercanos,
tus colores brillantes, tu
perfil aplastado

flotando en el aire, sin más
motivo para aparecer
exactamente aquí, que este cartel de publicidad,
esta autopista o esa nube.



martes, 30 de julio de 2019

Querido Marzo (por Emily Dickinson)


Querido Marzo, entra.
Qué contenta estoy.
Te había estado esperando.
Quítate el sombrero,
debes de haber caminado mucho,
se te ve muy agitado.
Querido Marzo, ¿cómo estás? ¿y los demás?
¿Dejaste bien a la Naturaleza?
Vamos, Marzo, sube las escaleras conmigo,
tengo tanto que contarte.

Recibí tu carta, y los pájaros.
Los arces no se enteraron de que venías
hasta que se lo dije, qué rojas se pusieron sus caras.
Pero, Marzo, perdóname,
no encontré un púrpura adecuado
para todas aquellas colinas que me encargaste colorear,
te lo habías llevado todo.

¿Quién llama? Es Abril,
traba la puerta,
no me va a perseguir,
tuvo un año para llamarme
y aparece ahora que estoy ocupada.


Pero estas pequeñeces parecen triviales
ahora que viniste.

Esa culpa es tan querida como el elogio
y el elogio tan sencillo como la culpa.


lunes, 29 de julio de 2019

Jamás te pertenecimos (por Margaret Atwood)


El momento en el cual, después de tantos años
de trabajo duro y de un largo viaje,
te encuentras en el centro de tu cuarto,
casa, medio acre, milla cuadrada, isla, país,
y sabes, por fin, cómo llegaste allí,
y te dices: soy el dueño de esto,

es el mismo momento en que los árboles desprenden
sus suaves brazos de ti,
los pájaros recobran su lenguaje,
los acantilados se quiebran y colapsan,
el aire se retira de ti como una ola
y no puedes respirar.

No, murmuran. No eres dueño de nada.
Eres un visitante subiendo la colina,
una y otra vez,
plantando bandera, proclamando.
Jamás te pertenecimos.
Nunca nos encontraste.
Siempre fue al revés.



domingo, 28 de julio de 2019

El ciprés se ha tronchado (por Mahmud Darwish)


El ciprés se ha tronchado como un alminar
y se ha dormido
de camino a la austeridad de su sombra,
verde, oscura,
tal cual. Nadie sufre ningún mal.
Los coches han pasado, rápidos, sobre sus ramas.
El polvo ha cubierto los cristales...
El ciprés se ha tronchado pero
la paloma no ha dejado su nido público
en una casa vecina.
Dos pájaros migratorios han volado por sus alrededores
y se han intercambiado algunos símbolos.
Una mujer ha preguntado a su vecina:
¿has visto pasar una tempestad?
Ella ha respondido: no, ni una apisonadora...
El ciprés se ha tronchado.
Los que han pasado por sus ruinas han dicho:
tal vez se haya cansado del descuido,
o esté caduco porque es grande como una jirafa,
tan vacío de sentido como una escoba,
y no da sombra a los enamorados.
Un niño ha dicho: yo lo he dibujado perfectamente,
su silueta es fácil. Una niña ha dicho:
el cielo hoy está incompleto porque el ciprés se ha tronchado.
Un joven ha dicho: el cielo hoy está completo
porque el ciprés se ha tronchado.
Y yo me he dicho:
no hay misterio ni evidencia,
el ciprés se ha tronchado, eso es todo,
el ciprés se ha tronchado.


sábado, 27 de julio de 2019

El mismo día (por Jorge Teillier)


Salgo de la casa a orillas del río
El cartero me ha traído periódicos de 1935
Saludo a los pescadores a lienza
Llego al restaurant al aire libre del pueblo
Todos los clientes
están siempre vestidos de domingo
Todos se conocen pero nadie saluda a nadie
La iglesia está cerrada a piedra y lodo
Ha vuelto el astrólogo que escribe en los muros:
“Un sueño sin estrellas es un sueño olvidado”
A lo lejos hay soldados que encienden hogueras
que empañan la tarde
Ellos pronto empezarán a luchar
ellos nunca entrarán a este pueblo
donde nadie ha sido marcado
Llega una procesión de niñas vestidas de Primera Comunión
que dejan sus muñecas en las sillas vacías
Más tarde aparecen prostitutas de ojos almendrados
que traen brazadas de flores silvestres
Todos se van
Los basureros recogen las muñecas y las flores
y en sus carretillas las llevan a los sitios vacíos
Nuestras casas se abren
entramos solitarios a ellas
Llueve por primera vez sobre la tumba del hermano muerto
Mañana será el mismo día que mañana



viernes, 26 de julio de 2019

Y se queman tan deprisa (por Malcolm Lowry)


Nuestras vidas —no lo lamentemos—
son como cigarrillos encendidos
en un día de tormenta,
una brasa protegida del viento
por una mano cuidadosa.
Entonces arden hasta el final,
como ardieron aquellas deudas que nunca pagamos,
y se queman tan deprisa como la vida.
Uno querría encender otro, encender otra vida
que fuera menos dura que la anterior,
pero no es posible y el cigarrillo ya no tiene sabor
y lo único que podemos hacer es tirarlo.



jueves, 25 de julio de 2019

Mis perros muertos (por Fabián O. Chazarreta)



I

Anoche soñé
que saltaba de estrella
a estrella. Era un huesito
en la boca
de mis perros muertos.

II

Mis perros muertos
ahora son peces en el aire.
Cuando suspiro
corren lo invisible.
Como cuando les abría
la puerta y era nuestra la tarde.

III

Trajiste las raíces
de la luna hasta mi puerta.
Trajiste dos estrellas
y años luz
para toda esta distancia.
Es hora de ver juntos
crecer la noche.



miércoles, 24 de julio de 2019

Muero porque me arrojo (por Vicente Aleixandre)


Cuerpo feliz que fluye entre mis manos, 
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.



martes, 23 de julio de 2019

Las cosas que aquí se continúan (por Francisco Brines)


La hermosura de la vida no acaba, y así nos lo parece a los humanos. Y amamos
las cosas que aquí se continúan, los cuerpos que ocuparán, con más belleza, nuestro sitio,
y vamos ya llegando a la quietud difícil, y aceptarán nuestro silencio
con comprensión, porque nosotros antes
habremos comprendido y aceptado la noche ya sin fin y sin estrellas.

Quizás hayas venido, ahora que nuestros cuerpos se han amado con furia y alegría,
para escuchar de mí esta verdad sencilla, y que aún desconoces:
ningún hombre es feliz.



lunes, 22 de julio de 2019

Seré mi sueño (por Jorge Luis Borges)


No quiero ser quien soy. La avara suerte
me ha deparado el siglo diecisiete,
el polvo y la rutina de Castilla,
las cosas repetidas, la mañana
que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
la plática del cura y del barbero,
la soledad que va dejando el tiempo
y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
casual me reveló no usadas voces
que me buscaban, Amadís y Urganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
que historian cabalmente las empresas:
el Grial, que recogió la sangre humana
que el Hijo derramó para salvarnos,
el ídolo de oro de Mahoma,
los hierros, las almenas, las banderas
y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
los reinos de la tierra, vindicando
el honor ultrajado o imponiendo
justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
a nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
a veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
seré ese paladín. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
antigua y una hoja de Toledo
y una lanza y los libros verdaderos
que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
no proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
que entreteje en el sueño y la vigilia
mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
que militó en los mares de Lepanto
y supo unos latines y algo de árabe...
Para que yo pueda soñar al otro
cuya verde memoria será parte
de los días del hombre, te suplico:
mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.


domingo, 21 de julio de 2019

Átame a tus flores (por Susana Thénon)


un pájaro de abril arriba el suave pico de sombra
al cono de luz verde y roja donde su mirada no puede dormir
él agradece con pequeños signos
al silencio enorme del pájaro

el sol le arrebata los ojos
la piel
el agua de la piel
enceguecido no ve que la muerte
se descuelga del sol

la muerte es un manto en sus hombros
un guante de arena
un pez de agua
una llama negra en la palma de la mano

tiene olor de piedra
olor de aire
y de serpiente y de flor que llora

él la recoge y la bebe
a sorbos lentos y prolongados
ella baja
recorre su albergue último
pinta de rojo las paredes
las ventanas de azul

la boca una fuente para la hierba
el esqueleto un arpa sin voz

un pájaro de abril arrima el suave pico de sombra
donde sus ojos desfondaron al mar
y el viento futuro vigila

se ha dormido a la sombra del pájaro
a tientas por el mundo angosto corredor
bajo el remolino llamado dios
átame a tus flores
asegúrame con piedras
a tu noche de párpados rotos

búscame con fuego
estoy en tu rincón bajo el polvo
estoy en tu bolsillo dame la mano

sofócame en tu bosque de sangre
secuéstrame con espada de agua


sábado, 20 de julio de 2019

Dedos delatores (por Mo Mo)


Por la noche extiendo
los resplandecientes dedos de las manos, que apuntan
en dirección a las rosas, mi cabeza se inclina
en silencio
a lo floreciente, a lo marchito,
y estos tersos dedos apuntan
en dirección a las olas, mi cabeza se inclina en silencio
hacia la calma
de los dedos helados que apuntan
en dirección al risco, mi cabeza se inclina en silencio
hacia quienes permanecen

Me deslizo dentro de los guijarros del manantial
Mi pelo ha crecido como trigo, pero no puede cosecharse
Por las noches extiendo
los dedos callosos de las manos, que apuntan
en dirección al lenguaje, mi cabeza se inclina en silencio
hacia los delgados dedos que hablan,
que escuchan, que apuntan
en dirección a un milagro, mi cabeza se inclina en silencio
hacia los existentes, no existentes
dedos torcidos que apuntan
en dirección a un sueño, mi cabeza se inclina en silencio
sobre hermosas escenas y pesadillas
En las noches, sueño que me arrojan a un matadero
La Muerte no es un secreto sino un atisbo
El alba ha llegado, los dedos todavía apuntan
en dirección a un canto
que alguna vez canté, pero ahora he perdido mi voz
El sol se ha elevado, los dedos firmes apuntan
en dirección a mi Madre
Ahí nací, pero ahora la deriva me empuja cada vez
más lejos
El sol me ciega, los dedos temblorosos
apuntan en dirección a una ciudad
que celebra mi propio funeral
como si se tratara de un títere
que no da muestras de vida a menos que una mano tire
de sus hilos
Mi rostro está manchado de lágrimas, no puedo ver
a dónde apunta el último dedo
Si apunta hacia mi imaginación
entonces es la dirección del tiempo
que también es tu dirección
Después de que alguien dijera que el agua corría muy rápido
llegaste a provocar un torbellino
para ahogarme, para estrangularme
y luego, de pronto, apuntaste con tu dedo
en dirección al vacío


viernes, 19 de julio de 2019

Un día para ser dios (por Roberto Juarroz)


Un día para ir hasta dios
o hasta donde debería estar,
a la vuelta de todas las cosas.

Un día para volver desde dios
o desde donde debería estar,
en la forma de todas las cosas.

Un día para ser dios
o lo que debería ser dios,
en el centro de todas las cosas.

Un día para hablar como dios
o como dios debería hablar,
con la palabra de todas las cosas.

Un día para morir como dios
o como dios debería morir,
con la muerte de todas las cosas.

Un día para no existir como dios
con la crujiente inexistencia de dios,
junto al silencio de todas las cosas.


jueves, 18 de julio de 2019

En el laberinto (por Olga Orozco)


Más de veinte mil días avanzando, siempre penosamente,
siempre a contracorriente,
por esta enmarañada fundación donde giran los vientos
y se cruzan en todas direcciones paisajes y paredes tapiándome la puerta.
No sé si al continuar no retrocedo
o si al hallar un paso no confundo por una bocanada de niebla mi camino.
Tal vez volver atrás sea como perder dos veces la partida,
a menos que prefiera demorarme castigando las culpas
o aprendiendo a ceñir de una vez para siempre los nudos de la duda y el adiós,
pero no está en mi ley el escarmiento, la trampa en el reverso del tapiz,
y tampoco podré nacer de nuevo como la flor cerrada.
Habrá que proseguir desenrollando el mundo, deshaciendo el ovillo,
para entregar los restos a la tejedora,
comoquiera que sea, en el extremo o en el centro, a la salida.
He visto varias veces pasar su sombra por algunos ojos,
cubrirlos hasta el fondo;
varias veces graznaron a mi lado sus cuervos.
Perdí de vista fieles paraísos y amores insolubles como las catedrales.
Encontré quienes fueron mis propios laberintos dentro del laberinto,
así como presumo que comienza uno más donde se cree que éste se termina.
Extravié junto a nidos de serpientes mi confuso camino
y me obligó a desviarme más de un brillo de tigres en la noche entreabierta.
Siempre hay sendas que vuelan y me arrojan en un despeñadero
y otras me decapitan vertiginosamente bajo las últimas fronteras.
Recuento mis pedazos, recojo mis exiguas pertenencias y sigo,
no sé si dando vueltas,
si girando en redondo alrededor de la misma prisión,
del mismo asilo, de la misma emboscada, por muchísimo tiempo,
siempre con una soga tensa contra el cuello o contra los tobillos.
A ras del suelo no se distingue adónde van las aguas ni la intención del muro.
Sólo veo fragmentos de meandros que transcurren como una intriga en piedra,
etapas que parecen las circunvoluciones de una esfinge de arena,
corredores tortuosos al acecho de la menor incertidumbre,
trozos desparramados de otro mundo que se rompió en pedazos.
Pero desde lo alto, si alguien mira,
si alguien juzga la obra desde el séptimo día,
ha de ver la espesura como el plano de una disciplinada fortaleza,
un inmenso acertijo donde la geometría dispone transgresiones y franquicias,
un jardín prodigioso con proverbios para malos y buenos,
un mandala que al final se descifra.
Ignoro aquí quién soy.
Tal vez alguien lo sepa, tal vez tenga un cartel adherido a la espalda.
Sospecho que soy monstruo y laberinto.


miércoles, 17 de julio de 2019

Se entrevió una ignorancia (por Emily Dickinson)


Aprendimos todo sobre el amor

el alfabeto
las palabras
un capítulo después el poderoso libro

Entonces la revelación se cerró
y en los ojos de cada uno
se entrevió una ignorancia
más divina que la niñez

Y cada uno para el otro, un niño
tratando de explicar
lo que ninguno entendía

Ay, que la sabiduría es tan amplia
y la verdad tan diversa



martes, 16 de julio de 2019

Poemas plagiados (por Esteban Peicovich)


La humildad


Aquí no se come a gusto del cliente sino a gusto del mar.


(Anuncio de un restaurante de Caleta Córdoba, en la provincia de Santa Cruz)

Noticia de verano

Vino a morir. 

Una enorme tortuga de mar vino a morir en las playas de Necochea. La enterraron los niños.

(Leyenda de una fotografía. Diario Crónica, enero 10 de 1966)

Los ojos


El oficio ha cambiado. Antes se los amortajaba e iban a la tumba completamente vestidos, con toda su ropa interior, incluidas las medias y, por supuesto, con el mejor traje que tenían. Hoy sólo llevan el sudario, una sábana blanca. Hace años, yo me encargué una temporada de dar clase a los empleados novatos para que aprendieran a vestir convenientemente a los muertos. Aquí había ropa femenina y masculina de todo tipo. Se trataba de ponérsela con la mayor facilidad posible, sin contorsionar al muerto. Era un arte, y lo hacíamos muy bien. No crea que es asunto fácil vestir a un cadáver rígido.

Los muertos que se entierran en profundidad se mantienen más tiempo “enteros” que los que quedan a poca distancia de la superficie. Siempre son los ojos lo primero en desaparecer. Luego les sigue el resto de la cara.

(Declarado a El País por Julián Parra, director técnico de una funeraria en Madrid)


La esfinge

Si pasáis raudo, no veréis la sombra

(Pintada vista en una calle de Sevilla en marzo de 1985)

El horizonte más antiguo


“Mirá, papá, bueyes”.

(Las tres palabras con las que a sus 9 años sorprendió a su padre Marcelino –y luego al mundo- la niña María Sainz de Sautuola al descubrir por azar las cuevas de Altamira en el año 1875)


El poeta

Sol. Sol. Sol.

(Única palabra que repitió Robert Graves en una entrevista de dos horas en su casa de Deià, Mallorca, mientras me tomaba de la mano y me pedía que lo paseara entre los almendros de su finca)


 No la toquen ya más

Foliolos 4. Tugados, inequilátero, oblongos, obovado, cuspidado-abuminados, glandulíferos en la base, con las flores racemosas. El involucro y el cáliz muy tenuemente hirtomentosos. Cáliz con cinco lóbulos.

(Descripción botánica de una rosa)

La represión

El pescado ha de ser siempre blanco.
Quedan prohibidos los pescados azules.

(De una dieta dada por el endocrinólogo Basilio Moreno Esteban)

La metafísica

El tiempo ha terminado.

(Una de las respuestas que da una cocina fabricada en Estados Unidos dotada de voz sintética a través de ordenadores) 


Un versículo

Llévate el gris
que el gris va a ser la tierra

(De un electricista a otro, a propósito de un cable a colocar)


El levitador

El límite es el cielo.

(Lema que presidió todos los proyectos de Ogisa Otis, inventor del ascensor)

Que así sea

-Decime, mamá… ¿amén es como enter?

(Pregunta de un niño de diez años tras ser llevado por primera vez a una misa católica)


El instante

Sí, de la Librería. ¿Podría traerme una lágrima?

(Así escuchó la poeta Mónica Claus pedir por teléfono un café con un poco de leche a la librería que acababa de darle el libro de Adorno “No se puede escribir poesía después de Auschwitz”)

Posmo

Cero: No ser
(Hamlet)

(Graffiti repetido en muros de la Avenida Alem, de Buenos Aires)

La humildad


Lo intenté, pero no pude hacer feliz a la vida.

(Inscripción en una tumba en Filadelfia, Pennsylvania, Estados Unidos)


lunes, 15 de julio de 2019

Al espacio vacío (por Anne Waldman)


Le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
todas las pátinas reunidas en el espacio vacío
colorete sobre el espacio vacío
Le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
pegándole pestañas al espacio vacío
pintándole las cejas al espacio vacío
untando cremas sobre el espacio vacío
pintando el mundo fenoménico
Estoy colgándole adornos al espacio vacío
broches de oro, peinetas laqueadas, hebillas de plástico en el espacio vacío
Le estoy pegando pasadores de alambre al espacio vacío
vuelco palabras sobre el espacio vacío, lo subyugo
lo empaqueto, lo relleno, lo meto por la fuerza
le enrosco gargantillas alrededor al espacio vacío
Mira esto, imagínate esto: pintar el mundo fenoménico
con pulseras en las muñecas
aros colgados en el espacio vacío
Estoy poniendo mi memoria en el espacio vacío
desvistiéndote
colgando la ropa arrugada de un clavo
colgando el abrigo verde de un clavo
bailando de noche se terminó con bailando de noche
todavía estoy pensando en ponerle maquillaje al espacio vacío
te quiero asustar: la noche colgante, la noche a la deriva,
la noche que gime, hija de sueño intranquilo te quiero asustar
a ti
te ato hasta donde llega el día frío
ato el poder de 20 hombres fornidos
ato a las mujeres coloridas y seductoras, a todas
ato la roca enorme
ato la noche colgante, la noche errante, la
noche que gime, hija de sueño intranquilo
estoy atando mis deudas, atraigo la factura de teléfono
ato la raíz de mi lengua puntiaguda
Ahueco las manos en el agua, salpico agua en el espacio vacío
agua que bebe el espacio vacío
Miren lo que van a hacer los pensamientos Miren lo que van a hacer las palabras
de la nada a la cara
de la nada a la raíz de la lengua
de la nada a hablar del espacio vacío
ato el fresno
ato el tejo
ato el sauce
ato el uranio
ato la energía antieconómica no renovable del uranio
lanzo el uranio al espacio vacío
ato el color rojo seduzco al color rojo para el espacio vacío
pongo el atardecer en el espacio vacío
a él le saco el azul de los ojos y le hago una ofrenda al espacio vacío
el azul renovable
le saco el verde a todo lo que nace, crece y
trepa por el espacio vacío
pongo el blanco de la nieve a los pies del espacio vacío
capturo el amarillo de los ojos del gato sentado
en el espacio negro y lo engancho a mi corazón, un espacio vacío
quiero que el marrón de este suelo suba al espacio vacío
desmantelar el piso y encontrar el marrón,
volverlo a atar bajo el hechizo del espacio vacío
quiero desmontar esta pared vieja en mi imaginación soy rica pensando
en eso, estoy pensando en ponerle maquillaje al espacio vacío
Todo se derrumba alrededor del espacio vacío
el yuyito seco se deshace, al diente de león lo soplan al espacio vacío
ato las estrellas que se reflejan en tu ojo
de la nada a estos dedos que teclean
de la nada a las patas de los alces
de la nada al cuello del ciervo
de la nada a los dientes de porcelana
de la nada al mantenerse en pie del pino en el bosque
cuando le echo agua lo mantengo vivo
cuando dejo que el agua corra
barriendo juntos el espacio vacío
hay una forma mejor de decir espacio vacío
Date la vuelta de dentro a fuera y puedes desaparecer
tienes una definición nueva en el espacio vacío
Lo que me gusta de la impermanencia es el choque
de mi cuerpo grandote contra el espacio vacío
Estoy volviendo a poner el piso
Estoy reconstruyendo la pared
Estoy cubriendo de revoque los ladrillos
Estoy arreglando la máquina con un alambre delicado
No hay hilo que sea eterno, quizá un hilo de oro puro
estoy empezando a cantar por dentro sobre el espacio vacío
todas las veces hay un detalle nuevo
Estoy pegando en la pared el dibujo que me gusta tanto:
noche negra y sin luna detrás de cortina a cuadros
todo iluminado menos el espacio vacío
cuelgo el vestido de lino negro sobre mi cuerpo
la noche colgante, la noche a la deriva, la noche que gime
hija de sueño intranquilo
esto me pasa a mí
cuelgo un espejo para capturar estrellas, todo me pasa a mí afuera
de noche en mi cráneo de espacio vacío
salgo al hielo estrellado
y reconstruyo la casa en memoria del espacio vacío
Esto me pasa a mí sobre el espacio vacío
que nunca más va a ser mencionado
Te gusta esto
imagina esto
señalar el mundo fenoménico
se habla de cómo vestir el cuerpo con adornos raros
para hacerte recordar un juramento al espacio vacío
se habla del discurso de tu mente como un gusano de seda
yo me quiero aventurar a un lugar no cincelado
vuelco arena en el suelo
Vehículos y objetos surgen de la niebla
el desfiladero está peligroso esta noche
De repente hay luces de advertencia
el patrullero es útil como guía
se habla de desaceleración
se habla de una deidad femenina
la ato con una zarza
la ato con el diente de un tigre
la ato con mi cristal de cuarzo
atraigo los mundos
me cubro de joyas
bebo amrita
hay algún detalle nuevo
hay una lentejuela en el zapato de ella
hay un clavo en la bota de ella
las ruedas tienen clavos para una subida difícil
me llevo las manos a la cara
le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
quería asustarte con la noche que me asustó a mí
la noche a la deriva, la noche que gemía
Siempre alguien interrumpía para hacerte olvidar el espacio vacío
arriesga todo
píntate las uñas
ponte bufandas
todo el tiempo para adornar el espacio vacío
te-llames-como-te-llames te nombro “espacio vacío”
con tus ficciones con la danza anda haciéndote a la idea
con tu forma rara de cantar anda haciéndote a la idea
con tu sonrisa anda haciéndote a la idea
con tu séquito y acumulación enormes anda haciéndote a la idea
con tus adicionales anda haciéndote a la idea
con tu buena suerte, con tu suerte haragana anda haciéndote a la idea
cuando más que nada te parezcas a un pájaro, es el momento de hacerte a la idea
cuando hagas trampa, anda haciéndote a la idea
cuando tengas la cabeza angustiada
cuando no estés sensible
cuando insistas en el
halago de muchas lenguas
empieza con la raíz de la lengua
empieza con la raíz del corazón
hay una columna vertebral de viento
que gime y canta en el espacio vacío