zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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martes, 27 de enero de 2015

Hasta entonces (por Philip Larkin)


Siempre demasiado impacientes por el futuro, adquirimos
la mala costumbre de la esperanza.
Siempre hay algo que se acerca; cada día
decimos Hasta entonces,

desde un acantilado observamos cómo se aproxima
la íntima, nítida y centelleante flota de promesas.
¡Qué lenta es! ¡Y cuánto tiempo pierde
evitando darse prisa!

Y ahí nos tiene, sujetando los tristes tallos
de la decepción, pues, aunque nada frustra
cada gran aproximación, con ostentación de bronce,
cada maroma definida,
con su pendón, y el mascarón con sus tetas doradas
arqueándose hacia nosotros, nunca echa el ancla.
En cuanto se hace presente ya es pasado.


Hasta el final
pensamos que la nave se pondrá al pairo y descargará
todo lo bueno en nuestras vidas, todo lo que nos deben
por esperar tanto y con tanto fervor.
Pero nos equivocamos:

Sólo un barco nos busca, desconocido,
de velas negras que remolca un silencio
inmenso y sin pájaros. A su estela
ni nacen ni rompen las aguas.

lunes, 26 de enero de 2015

Trabajo nocturno (por Juan Manuel Inchauspe)


Temprano
esta mañana
encontré en el patio de casa
el cuerpo de una enorme rata
inmóvil.
Moscas de alas tornasoladas
zumbaban alrededor del cadáver
y se apretaban en los orificios de unas heridas
que habían sido sin duda mortales.
Con bastante asco
la alcé con la pala y la enterré
en un rincón alejado
del jardín.

Al volverme
desde el matorral de hortensias florecidas
emergió mi gata dócil
desperezándose.
Su brillante pelaje estaba todavía
erizado por la electricidad de la noche.
Me miró
y después comenzó a seguirme
maullando suavemente
pidiéndome —como todas las mañanas-
su tazón de leche fresca
y pura.

domingo, 25 de enero de 2015

En esta vecindad (por Vicente Gallego)


El cuerpo ametrallado de la persiana filtra los primeros rayos de un sol frío. Van apuntando los volúmenes de las cosas, todavía dormidas, en el cuarto. Es el momento de la pereza santa, la que no forma parte de los pecados capitales, porque no es una pereza de hacer, que oculta la de ser, sino gustoso abandono a la plena realidad de la conciencia en calma que, a estas horas, todavía temprano, halla en sí su acomodo. En la calle sopla su silbato el último afilador. Choca el acero contra el esmeril y prende el chismorreo de las chispas. En esta vecindad vive el hombre, en esta familiaridad con lo prodigioso.


sábado, 24 de enero de 2015

Y algún día me las traiga (por Juan Carlos Onetti)


Desde hace meses
con inusitada frecuencia
no me deja el cartero cartas tuyas.

Será amnesia del hombre
o tal vez las apile
en un rincón limpio
de su cuarto de soltero
solterón
y algún día me las traiga
cinta rosa
todas juntas
como un banquete
para el olvidado hambriento
que puede imaginarse
desde ahora
una clara catarata
de ternuras y recuerdos.


viernes, 23 de enero de 2015

Este grito (por Maha Vial)


grito enquistado ferviente sube por las laderas de la garganta y raspa hiere sangra amurra el alma y un torbellino una amalgama de carne y ánima que espanta y revuelve la estructura como sopa caliente oh este grito hecho de infamia tormento hacinamiento de voz mezcla de parición y muerte grito demencial en la mente estertóreo y final de alguna parte que viene más atrás ancestral añejo y sudante inoculado en la palabra que roza que martiriza ay duele ah sí ese grito borracho maloliente de retrete y un olvido petrificado en su reflejo dando vueltas la espiral infinita que no cesa suspira el grito antes de clavar sus uñas su maleficio en la memoria y qué ganas de huir mientras atrapa y suma otros gritos entonces caen cubos de hielo gritantes rompiendo la barrera del sonido avanzando a la velocidad de la luz oh grito grito de refinamientos y operístico en su representación que se acicala antes de salir a escena deja perplejo provoca risa después de todo pero es mal que mal un grito que se avecina y ya viene la tormenta y nos deja desnudos en medio de la plaza qué vergüenza qué estupor ay grito hecho de polvo y convertido en polvo al final ag lo único que se anhela es gritar AG AG


jueves, 22 de enero de 2015

Y se arman nudos (por Germán Gallo)


cuando lucía agarra las agujas
teje fantasmas

un punto acá en el blanco
y otro
acá
haciendo espacio

acá está ese que dijo que no
y acá el miedo
punto
no estoy linda
punto basta

a veces me miro
y quiero estar hecha de otro cuerpo punto

es en el tren volviendo de la facultad
y la bufanda en sus manos parece un par de alas
verde las alas y no hay punto que no hable
de lo que todavía está vacío

acá viene mamá diciendo vos vas a ser alguien
y mamá diciendo yo confío en vos
y mamá, llorando un día sin saber por qué
vos no te preocupes, querida, y seguí que sos distinta
punto y aprendiendo a tejer
siempre fantasmas
qué tejía mamá, se pregunta lucía
qué fantasmas, dónde estaba yo cuando ponía un punto

acá está ella y padre y el campo
y las mariposas que se parecen a esta bufanda
punto y él
que un día me dijo te quiero para siempre y se fue
y no va a volver y yo estoy sola y
punto
por qué se va por qué lo llevan punto

mamá las armas padre las horas el piso sucio en el tren
punto
lucía yo mi nombre mis manos

a veces se forman círculos en la tela y se arman nudos
y lucía piensa
los fantasmas se están quejando otra vez
tengo que desarmar
y volver a tejer

miércoles, 21 de enero de 2015

Así es como emigro (por Luz Marchio)


Dejar atrás todo.

Incluso los días en los que fui

un perro amado

al borde de la cama.

Así es como emigro de la niñez.

Me hubiera gustado que te dieras cuenta

de algo: llevo un árbol con uñas rojas por dentro.

Yo hablo con Anahí.

Niña perro tenemos que encontrar la manera

de convivir sin vernos.

Ahora somos una sola mujer

repartida en la calle.

Cada verano

las tardes de tierra mojada

harán el resto.

Puede ser.

martes, 20 de enero de 2015

El otro (por Saiz de Marco)


"Ya no soy ése

sino otro distinto

El que no desertó de ser quien era

El que no arrinconó sus ilusiones

El que nunca se zancadilleó

En adelante

desde ahora mismo voy a ser

otro

el otro

el de verdad"



Lo piensas y en eso

(primer obstáculo)

alguien te llama con


tu viejo nombre

lunes, 19 de enero de 2015

Rebelaos (por Dylan Thomas)

No entres dócilmente en esa buena noche,
la vejez ha de arder y delirar al final del día:
rebélate, rebélate contra la luz que agoniza.

Aunque los sabios sepan al final que están bien las tinieblas,
porque de sus palabras no ha brotado el relámpago,
no entres dócilmente en esa buena noche.

Hombres buenos, ante la última ola, llorando el resplandor
que sus frágiles obras habrían tenido danzando en la verde bahía,
rebelaos, rebelaos contra la luz que agoniza.

Hombres locos que al vuelo atraparon y cantaron al sol,
y que comprendieron, demasiado tarde, que ensombrecían su camino,
no entréis dócilmente en esa buena noche.

Hombres serios, moribundos, que con mirada cegadora veis;
los ojos ciegos pueden arder como meteoros y ser joviales,
rebelaos, rebelaos contra la luz que agoniza.

Y tú, padre mío, allí en la triste cima,
maldíceme, bendíceme con tus fieras lágrimas, te imploro.
No entres dócilmente en esa buena noche,
rebélate, rebélate contra la luz que agoniza.

domingo, 18 de enero de 2015

Ardo sencillamente (por Ana Istarú)


Ahora que el amor

es una extraña costumbre,

extinta especie

de la que hablan

documentos antiguos,

y se censura el oficio desusado

de la entrega;


ahora que el vientre

olvidó engendrar hijos,

y el tobillo su gracia

y el pezón su promesa feliz

de miel y esencia;


ahora que la carne se anuda

y se desnuda,

anda y revolotea

sobre la carne buena

sin dejar perfumes, semilla,

batallas victoriosas,

y recogiendo en cambio

redondas cosechas;


ahora que es vedada la ternura,

modalidad perdida de las abuelas,

que extravió la caricia

su avena generosa;


ahora que la piel

de las paredes se palpan

varón y mujer

sin alcanzar el mirto,

la brasa estremecida,

ardo sencillamente,

encinta y embriagada.


Rescato la palabra primera

del útero,

y clásica y extravagante

emprendo la tarea

de despojarme.


Y amo.

sábado, 17 de enero de 2015

Durmiendo sobre la colina (por Edgar Lee Masters)


¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el débil de voluntad, el fuerte de brazo, el payaso, el borrachín, el luchador?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.

Uno murió de una fiebre,
uno murió quemado en una mina,
uno fue muerto en una riña,
uno murió en una cárcel,
uno cayó de un puente trabajando asiduamente para sus niños y su esposa.
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
el tierno de corazón, el alma simple, la ruidosa, la orgullosa, la feliz?
Todas, todas están durmiendo sobre la colina.

Una murió en un vergonzoso nacimiento de un niño,
una de un amor frustrado,
una a manos de un bruto en un burdel,
una de un orgullo roto, buscando el deseo del corazón;
una después de vivir lejos en Londres y París,
había llevado a su pequeño espacio a Ella y Kate y Mag.
Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde están el Tío Isaac y la Tía Emily,
y el viejo Towny Kincaid, y Sevigne Houghton,
y Major Walter, quien había conversado
con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.

Ellos les llevaron hijos muertos de la guerra
e hijas cuyas vidas estaban aplastadas
y sus niños sin padres, llorando.
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde está el viejo Fiddler Jones,
quien jugó con la vida durante todos sus noventa años,
arrostrando aguanieve con el pecho desnudo,
bebiendo, alborotando, no pensando en su esposa ni en sus parientes,
ni en el oro, ni en el amor, ni en el cielo?
¡Helo aquí! Parlotea largamente sobre pescados fritos,
sobre carreras de caballos largamente en Clary Grove,
sobre lo que Abraham Lincoln dijo
una vez en Springfield.

viernes, 16 de enero de 2015

Asoman las raíces (por Jaime Gil de Biedma)


Los pinos son más viejos.

Sendero abajo,
sucias de arena y rozaduras
igual que mis rodillas cuando niño,
asoman las raíces.
Y allá en el fondo el río entre los álamos
completa como siempre este paisaje
que yo quiero en el mundo,
mientras que me devuelve su recuerdo
entre los más primeros de mi vida.

Un pequeño rincón en el mapa de España
que me sé de memoria, porque fue mi reino.
Podría imaginar
que no ha pasado el tiempo,
igual que a los seis años, a esa edad
en que el dormir descansa verdaderamente,
con los ojos cerrados
y despierto en la cama, las mañanas de invierno,
imaginaba un día del verano anterior.
Con el olor
profundo de los pinos.
Pero están estos cambios apenas perceptibles,
en las raíces, o en el sendero mismo,
que me fuerzan a veces a deshacer lo andado.
Están estos recuerdos, que sirven nada más
para morir conmigo.

Por lo menos la vida en el colegio
era un indicio de lo que es la vida.
Y sin embargo, son estas imágenes
—una noche a caballo, el nacimiento
terriblemente impuro de la luna,
o la visión del río apareciéndose
hace ya muchos años, en un mes de setiembre,
la exaltación y el miedo de estar solo
cuando va a atardecer—,
antes que otras ningunas,
las que vuelven y tienen un sentido
que no sé bien cuál es.
La intensidad
de un fogonazo, puede que solamente,
y también una antigua inclinación humana
por confundir belleza y significación.

Imágenes hermosas de una historia
que no es toda la historia.
Demasiado me acuerdo de los meses de octubre,
de las vueltas a casa ya de noche, cantando,
con el viento de otoño cortándonos los labios,
y de la excitación en el salón de arriba
junto al fuego encendido, cuando eran familiares
el ritmo de la casa y el de las estaciones,
la dulzura de un orden artificioso y rústico,
como los personajes
en el papel de la pared.

Sueño de los mayores, todo aquello.
Sueño de su nostalgia de otra vida más noble,
de otra edad exaltándoles
hacia una eternidad de grandes fincas,
más allá de su miedo a morir ellos solos.
Así fui, desde niño, acostumbrado
al ejercicio de la irrealidad,
y todavía, en la melancolía
que de entonces me queda,
hay rencor de conciencia engañada,
resentimiento demasiado vivo
que ni el silencio y la soledad lo calman,
aunque acaso también algo más hondo
traigan al corazón.
Como el latido
de los pinares, al pararse el viento,
que se preparan para oscurecer.

Algo que ya no es casi sentimiento,
una disposición
de afinidad profunda
con la naturaleza y con los hombres,
que hasta la idea de morir parece
bella y tranquila. Igual que este lugar.


jueves, 15 de enero de 2015

Abrigo azul (por José Luis Piquero)


Hace un frío de muerte, un frío triste
incluso para enero y para estar tan solo.
Y yo soy poco menos que una persona hundida
en las solapas de mi americana,
un ser raro del frío que gasta americana, un sospechoso,
alguien que bien podría enseñar una placa o un cuchillo.

Y ahora me acuerdo de mi abrigo azul
de pelo de camello,
el mejor que he tenido. Tú me lo regalaste.
Recuerdo que llegaste con él a la oficina y allí mismo
me lo probé. Mis compañeros
se reían y a mí me daba igual.
Era un señor abrigo, lo escogiste
a ojo de buen cubero: me caía perfecto.
Se podía plantar cara al invierno con un abrigo así.

Pero ahora no lo llevo y mira que hace frío en estas calles
de todos los demonios. El abrigo
estará a 1.000 kilómetros, cálido para nadie, piel gastada.
Tú y yo estamos también a 1.000 kilómetros
o a 100.000 años luz, igual que dos cometas, y si nos encontráramos
sólo cabría un choque: un cataclismo.

Mi querida enemiga: finalmente
ocurrió lo que entonces, cuando venías con tu bolsa y en la bolsa el abrigo
y yo me lo probaba en la oficina
como se viste un príncipe en el día de su coronación,
ha ocurrido lo que era en aquel tiempo la peor de nuestras pesadillas: no estar juntos.
Y me pregunto cuándo, en qué momento, a lo largo de eones que han pasado, desde que el mundo era
una gran primavera reluciente,
empezaron las cosas a ir tan mal,
tan rematadamente mal,
y a hacer tanto, tanto frío.

Y supongo que tú
también tendrás noches a la intemperie
-como esta misma- en las que haces recuento de errores y fracasos, y no sé
qué clase de calor será el que eches de menos.
Seguro que yo hice algo por ti,
pero no lo recuerdo, algo inocente o práctico, o generoso o noble,
que compensa todos esos errores
y a ti te reconforta en las peores noches
y a mí me salva.

Mi abrigo azul de pelo de camello.
En mi vida he tenido
un abrigo tan puñeteramente bueno como aquel.

miércoles, 14 de enero de 2015

Mapa (por Wislawa Szymborska)


Plano como la mesa

sobre la que se extiende.

Bajo él nada se mueve

ni busca una salida.

Sobre él mi humano aliento

no crea remolinos de aire

y deja en paz

toda su superficie.


Sus llanuras y valles siempre son verdes,

sus mesetas y montes, amarillos y ocres,

y los mares y océanos de un azul amigable

en sus desgarradas orillas.


Aquí todo es pequeño, cercano y accesible.

Puedo con el filo de la uña aplastar los volcanes,

acariciar los polos sin gruesos guantes;

puedo con una mirada

abarcar cualquier desierto

junto a un río que está justo ahí al lado.


Las selvas están marcadas con algunos arbolitos

entre los que sería difícil perderse.

Al este y al oeste,

sobre y bajo el ecuador,

un espacio sembrado de un silencio absoluto

y en cada oscura semilla

hay gente viviendo tan tranquila.

Fosas comunes y ruinas inesperadas,

de eso nada en esta imagen.


Las fronteras de los países son apenas visibles,

como si dudaran si ser o no ser.


Me gustan los mapas porque mienten.

Porque no dejan paso a la cruda verdad.

Porque magnánimos y con humor bonachón

me despliegan en la mesa un mundo

no de este mundo.

martes, 13 de enero de 2015

Un último invitado (por José Luis García Martín)


Se han ido despidiendo los amigos

y antes de que pudieras darte cuenta

estás bebiendo solo una vez más.

Tú también quieres irte a alguna parte

donde sin fin la fiesta continúe.

Pero no puedes. Hay un invitado

que falta por llegar. Abres la puerta,

te sientas a esperarlo, miras lejos

lentas luces de barcos en la noche.

Un último invitado. Tienes miedo

a que al final decida no venir.

Se te cierran los ojos. No te importe.

Puede que al verlo llores como un niño.

Mejor que llegue cuando estés dormido.


lunes, 12 de enero de 2015

Y no está en sus manos (por Joaquín O. Giannuzzi)


Los niños despavoridos

alzan los brazos en la carretera bombardeada.

Hay un cielo humoso que ha resignado su inocencia

sin preguntar qué sucede con las lágrimas

ni si el dolor tenía ya lenguaje suficiente.

La fotografía planea

hacia el escritorio del presidente como un naipe

y pierde la apuesta: no logra detener la guerra.

Entre la imagen y los ojos

del Gran Magistrado circula una sombra

que de pronto es coagulada

para que el imperio devore su petróleo mortal.

Pulcro y contra natura, tiene ante sí

suficientes razones de Estado, su bandera en la Luna

y una familia sonriendo detrás del vidrio.

Y no está en sus manos

hacer de la historia un lugar para vivir.


domingo, 11 de enero de 2015

Me purificó el corazón (por Bai Juyi)

De noche fui a la orilla del río
para despedirme de un amigo.
Sentía el melancólico susurro
de las hojas de los arces
y de las flores de los juncos.
Bajé del caballo.
Ya me esperaba en la barca.
Levantamos las copas y apuramos.
¡Qué lástima no tener
laúdes y flautas
para apresar el instante!

El vino no nos dio alegría.
Bajo una luna bañada
en la inmensidad del agua
íbamos a separarnos,
tristes, cuando de repente
nos llegaron cautivadoras
dulces voces de un laúd
y fuimos retenidos.
Preguntamos en voz baja
quién lo pulsaba.
Cesó la música
sin adelantar respuesta.
Aproximamos la barca.
De nuevo encendí la lámpara.
Volvimos a poner la mesa;
llenamos de vino las copas,
y a la tañedora invitamos.
Sólo tras repetidos ruegos
apareció, con el laúd en los brazos,
y medio cubierto el rostro.

Templa las cuerdas
y, aún sin interpretar,
llena el espacio de emoción.
Una a una vibran de tristeza
y cada acorde es un lamento
de indescriptibles sufrimientos.
Inclinando la cabeza
ella sigue tocando,
y así se desahoga
de infinitas penas.
Ahora puntea las cuerdas,
ahora las rasga;
tañidos fuertes,
después ligeros.
Primero nos endulza
«Vestido de Arco Iris»,
y luego «Verde Cintura».
De las cuerdas gruesas
se desata una furiosa tormenta,
y de las delgadas
un alegre murmullo de muchachas.

Notas sonoras se mezclan
con notas susurrantes.
Perlas grandes y pequeñas
caen en un plato de jade,
y en medio de frescas flores
trinar y trinar alegres.
Por debajo del limpio hielo,
vienen sollozos de un arroyo.
Se congelan y cesan luego.
¡Qué tristeza tan profunda
vive en el fondo del alma!

Por momentos el silencio
expresa más que la música.
De pronto, quebrado jarrón de plata
y agua esparcida, cristalina.
Oigo el galope de corceles
y furiosos ruidos de sables y jinetes;
la ejecución termina.
Por entre las cuerdas
que suenan como al rasgarse
una tela de seda,
el plectro se retira.
De silencio están cubiertas
las dos barcas.
Sólo la luna plateada
yace en el centro del río.

Indecisa, la tañedora
guarda el plectro.
Se estira la ropa,
grave la expresión,
se levanta y dice:
«Nací en la capital;
vivía mi familia
cerca del Mausoleo Siamo.
Con trece años
aprendí a tañer el laúd,
y mi nombre estaba en la lista
de las tañedoras más destacadas.
Cada vez que interpretaba
los maestros me prodigaban elogios,
y con mi agraciado rostro
me convertí en la envidia
de las artistas celebradas.
Los jóvenes ricos disputaban
por galantearme y obsequiarme.
Para escuchar una sola pieza
me regalaban seda abundante;
quebraban, para llevar el compás,
mis horquillas floreadas de plata,
y el vino que derramaban
regaba mi falda púrpura.
Entre acordes y risas
un año siguió al otro.
Pasó el viento de primavera.
Se ocultó la luna de otoño.
El ejército se llevó a mi hermano,
y la muerte, a mi tía.
Se marchitó la flor de mi vida.
Cada vez menos carruajes
se estacionaban frente a mi puerta.
Casé con un comerciante,
quien me trajo a esta aldea.
La separación no le importa nada:
a él sólo le atraen las ganancias.
Salió a comprar el mes pasado
dejándome sola en la barca,
acompañada de la luna
y el gélido río.
Muchas veces, avanzada la noche,
sueño con mis felices tiempos pasados
y corren las lágrimas
como por arroyuelos rosados.»

Escuchando la ejecución
me penetra su lamento,
y la desconsolada narración
me carga con un pesado dolor.
Estamos huérfanos de suerte,
y para comprendernos
nos basta un solo encuentro.

«Abandoné la capital el año pasado,
y vine desterrado, enfermo.
En este lugar apartado
no oí ni una canción hermosa
desde tan largo tiempo.
Vivo a la orilla del río,
en húmedo y bajo paraje;
mi casa está rodeada
de cañas amargas
y amarillos juncos.
A mis oídos sólo llegan
desgarradores lamentos de cucos
y aullidos melancólicos de monos.
En las florecientes mañanas de primavera
y en las otoñales noches de luna,
ante una jarra de vino, bebo solo.
Aunque se oyen coplas y flautas,
son feas y me desagradan.
Esta noche me ha deleitado
escuchar su interpretación.
Me purificó el corazón
y me parecieron melodías
de los dioses.
Le ruego que nos toque algo más».

Improvisaré un poema titulado
La Tañedora del Laúd
y va a usted dedicado.

La bella dama, conmovida,
permanece de pie largo rato.
Luego se sienta
y con cadencias aceleradas
pulsa las cuerdas.
Vibran tan desconsoladas
que arrancan a todos lágrimas.
El que compone este poema,
con túnica bañada,
es quien llora con más tristeza.

sábado, 10 de enero de 2015

Quién soy (por Tomas Tranströmer)


Me dormí al volante y choqué contra un árbol al lado de la

carretera. Me arrebujé en el asiento de atrás y me dormí. ¿Cuánto

tiempo? Horas. Se había hecho de noche.

De repente, me desperté y no sabía quién era. Estoy plenamente

consciente, pero no me sirve de nada. ¿Dónde estoy?

¿QUIÉN soy? Soy algo que acaba de despertar en un asiento trasero

dominado por el pánico como un gato en un saco de arpillera.

¿Quién soy?

Un rato después, la vida vuelve a mí. Mi nombre vuelve a

mí como un ángel. Por fuera del muro del castillo suena una

trompeta (como en la obertura Leonora) y los pasos que me ayudarán

bajan rápido rápido la larga escalinata. ¡Soy yo el que viene!

¡Soy yo!

Pero imposible olvidar la decimoquinta batalla en el infierno

de la nada, a unos pocos pasos de una carretera principal por

la que pasan los coches con las luces encendidas.

viernes, 9 de enero de 2015

Y creyendo comprender (por Fina García Marruz)

No hay tiempo de empezar por el principio, todo
en orden, sin vergüenza, en el azul elemental y cándido.
No hay lucidez posible, el círculo ha cerrado
su horizonte en que humildes paraísos fanfarroneaban.
No hay tiempo ya de ser, por algún modo, ilustre
como un asno, una vid, y de igual muerte
no hay tiempo de ignorarlo completamente todo.
Y se está ya en la hora de sonreír como los tontos
mirando el juego de los niños y la furia del adolescente,
y creyendo comprender, conformarse como los pequeños pájaros
que asaltan sin mover las patas, a brincos, de dos en dos.
Pero el futuro lucirá siempre viejo frente al hoy minucioso,
frente a la posesión diurna, el cegador privilegio.
No hay tiempo ya para la inocencia y el rostro individual.
La desdicha corrompiéndonos, nos cambia los nombres a capricho.
Y mientras nos vamos pareciendo a todos en la vida y en la muerte,
en el pecado y en el deseo, en el desasimiento y la noche,
acobardados entramos en lo uniforme, y entonces,
como una loca promesa, sentimos por los hombros
la inmerecida investidura de lo vivo, lo oscuro.


jueves, 8 de enero de 2015

Por eso te espera (por Federico Hernández)


Le pedí a esta silla que te esperara.

Disculpa si permanece fiel a mi desgracia,
si la encuentras firme como un soldado.

Ella no quiso dejarme solo.
Le hablé de ti con más pasión que la polilla.

Tuvo a bien agradecer con calma,
con resignada paciencia y con fricciones
-la casi inaudible voz de su madera-.

No se quejó como el casero,
no puso en duda mi avaricia,
no tuvo roces con mis llagas.

Por eso te espera, obediente;
por eso dice que estuve solo
y que mis abrigos ya no abrigan;
por eso nos ves aquí,
más honestos y amparados que una rabia.

Siéntate.

Ahora dinos que llegaste.

miércoles, 7 de enero de 2015

Aquello que perturba (por William Butler Yeats)


A través del invierno invocamos la primavera,
durante toda la primavera llamamos al verano,
y cuando ya resuenan los setos rebosantes
declaramos que lo mejor es el invierno.
Y después nada hay bueno
porque la primavera no ha venido.
No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre
es sólo su nostalgia de la tumba.


martes, 6 de enero de 2015

La mujer de Lot (por Anna Ajmátova)


Y el justo seguía al enviado de Dios,
inmenso y claro, por la negra montaña.
Pero la angustia le hablaba en voz alta a su esposa:
aún no es tarde, aún puedes mirar
las torres rojas de tu natal Sodoma,
la plaza donde cantabas en el patio, donde hilabas,
las vacías ventanas de la alta casa,
donde a tu querido esposo le pariste hijos.
Lanzó una mirada, y paralizada por un dolor mortal,
sus ojos ya no pudieron mirar más;
y se convirtió su cuerpo en sal transparente,
y sus veloces piernas se soldaron al suelo.
¿Quién llorará a esta mujer?
¿No parece ser la menor de las pérdidas?
Sólo mi corazón no olvidará jamás
a la que cambió su vida por una sola mirada.


lunes, 5 de enero de 2015

Guerra (por Charles Simic)

El dedo tembloroso de una mujer
recorre la lista de bajas
en la tarde de la primera nevada.

La casa es fría y la lista es larga.

Todos nuestros nombres están incluidos.


domingo, 4 de enero de 2015

Aquella casa en obras (por Francisco Barrionuevo)

Le llevaron a ver aquella casa
en obras frente al mar.

Conversaban sus padres -sintió miedo-
con gente extraña y sucia. Y la tristeza
por una casa fea, gris y rota,
sin puertas ni ventanas.
Creyó que estaba terminada.

Que habían de habitarla de ese modo,
con todo aquel desorden, sin saber
muy bien qué era el desorden.
Más tarde fue feliz en esa casa.
Que un día demolieron.

De mayor fue arquitecto. En toda obra
siente, al entrar, tristeza.

sábado, 3 de enero de 2015

Yo soñé otra (por Toni Morrison)

Esta casa ¿de quién es?
¿De quién es la noche que impide que entre
la luz?
Di, ¿a quién pertenece esta casa?
Mía no es.
Yo soñé otra, más acogedora, más luminosa,
con vistas a lagos que surcan barcos pintados,
a anchos campos abiertos ante mí como brazos.
Es extraña esta casa.
Sus sombras mienten.
Di, contesta, ¿por qué entra mi llave en la cerradura?

viernes, 2 de enero de 2015

Un relámpago (por Inmaculada Moreno)

Nada me gusta más
que estar con los amigos
donde no falte el vino ni la charla,
y mejor si ya es tarde y si la noche
nos va pasando a todos
sus brazos por los hombros
confidente y serena.

Pero entre todas esas
horas de la penumbra,
ninguna como aquélla en que, de pronto,
un relámpago ciego atravesaba
la larguísima mesa,
la barricada de las voces,
el laberinto de los hombros
y, en un vuelo sin sitio, me llegaba
el minúsculo abrazo de tus párpados.

jueves, 1 de enero de 2015

Llueve en el mar (por Leopoldo Lugones)


Llueve en el mar con un murmullo lento.
La brisa gime tanto, que da pena.
El día es largo y triste. El elemento
duerme el sueño pesado de la arena.

Llueve. La lluvia lánguida trasciende
su olor de flor helada y desabrida.
El día es largo y triste. Uno comprende
que la muerte es así..., que así es la vida.

Sigue lloviendo. El día es triste y largo.
En el remoto gris se abisma el ser.
Llueve... Y uno quisiera, sin embargo,
que no acabara nunca de llover.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Por eso vengo aquí (por León Molina)


El viento me envejece

y sin embargo

me siento como un niño

cuando llega a este monte

y me revuelve la melena.

Clava sus dardos en mi piel

mientras en el valle se aquieta

el tiempo que me ignora.

Por eso vengo aquí.

En el gélido abrazo soy de nuevo

vigorosamente mortal

y entrego mi pasión

al viento que me va desmoronando.

En estos montes solitarios

comprendo que acabarse

es también una forma de estar vivo.

martes, 30 de diciembre de 2014

Oración de Caín (por José Luis Piquero)


Gracias, odio; gracias, resentimiento;
gracias, envidia:
os debo cuanto soy.
Lo peor de nosotros mantiene el mundo en marcha
y la ira es un don: estamos vivos.

De quien demonios sean las sonrisas,
derrochadas igual que mercancía barata,
yo nunca me he ocupado.
Gracias por no dejarme ser inconstante y dulce
mientras levanta el mundo su obra minuciosa de dolor
y nos hacemos daño unos a otros
amándonos a ciegas,
con torpes manotazos.

Yo soy esa pregunta del insomnio
y su horrible respuesta.
Bésanos en la boca, muchedumbre, y esfúmate,
que estamos siempre solos y no somos felices.

Gracias, angustia; gracias, amargura,
por la memoria y la razón de ser:
no quiero que me quieran al precio de mi vida.

Gracias, señor, por mostrarme el camino.
Gracias, Padre,
por dejar a tu hijo ser Caín.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Hueco palpable (por Jordi Doce)

Harapos de deseo o de memoria
te regresaron de esa nada o nunca
en que el reverso del amor (su ausencia
o su oscuro fulgor) te confinara.

Harapos de tu voz, de tu mirada
que no cesa, que vuelve a visitarme
en la fugaz baraja de las calles,
en el paso azaroso de otros rostros

mientras el tiempo impone sus traiciones,
su indócil vertedero de silencios,
la cera desgastada de sus noches

como torpe remedo de tu cuerpo,
hueco palpable que es tu fiel ausencia
cuando otros ojos son, dicen ser tuyos.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Oigo (por Sinéad Morrissey)

Entre otros ruidos, oigo a mis hijos llorando;
a los niños mayores jugando en la calle
después de la hora de dormir, sus bulliciosas voces
en la luz debilitada; o al bebé
de la puerta colindante, malhumorado y sin sueño,
a través de paredes demasiado finas; o en el constante
y singular tono de Baltimore Westside
en The Wire, sus sirenas y frecuentes disparos,
sus policías atribulados arengando a los niños
desde seis años para confinar
a los camellos en las esquinas, su insolencia
y su colérico discurso; o en el espacio en blanco
entre estaciones de radio cuando no se oye
ninguna voz y el chisporroteo estático
puede engullir por completo los gritos
de socorro de un niño; incluso en el silencio mismo,
sus bucles y pliegues que amortiguan
un grito fantasma, uno que yo he inventado, pero que se oye,
subiendo las escaleras, deteniéndose
en el vestíbulo, se escucha, se escucha con fuerza,
igual que –como mucho– la respiración acompasada.
Pero la mayoría de las veces no se oye nada, el aire
espeso del rellano con algo suspendido,
motas de polvo, el voladizo de las mantas, un barco
en el lago a través de la ventana, un sueño infantil.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Reparaciones (por Martín López-Vega)


(Relación de reparaciones efectuadas en la iglesia del Bom Jesús de Braga en 1853 según consta en la factura del Maestro De Obras)


Recolocar una estrella caída.

Un gallo nuevo para San Pedro y pintarle la cresta.

Poner una piedra en la honda de David.

Dorar y poner plumas nuevas en el ala izquierda del Ángel de la Guarda.

Pendientes nuevos para la hija de Abraham.

Adornar el arca de Noé.

Corrección de los diez mandamientos.

Renovar el cielo y lavar la luna.

Retocar el purgatorio y añadirle almas nuevas.

Avivar las llamas del infierno y varios arreglos a los condenados.

Limar las uñas del diablo.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Tan imposible (por Juan Ramón Jiménez)


¡Ay, es tan imposible
que yo la tenga en mí,
como que el agua quieta de esta fuente
que refleja la hora dulce y malva,
tenga en sí la campana de la tarde;

campana de la tarde,
que está en la hora, como el cielo;

en la hora que la fuente copia,
y no en la fuente, ay!

jueves, 25 de diciembre de 2014

Pájaro del viaje de hilo (por Antonio Orihuela)


Escribir poemas como comprar el pan
esperando que nutran y alimenten,
ojalá el poema me ayude a respirar y arder.
Escarbar palabras, agujeros, laberintos,
mientras gruñe alrededor el lobo.
La palabra es un cepo oxidado y yo
un cazador torpe en la nieve hostil,
en el torno del alfarero,
en el yunque del herrero de los huesos,
en el collar de la negra de calaveras erradas,
a la búsqueda de sendas propicias
y semillas silvestres.
Pájaro del viaje de hilo,
dónde quiero ir,
dónde quieres ir,
adónde crees que vas a llegar.
Voy a susurrarte que nada existe
para defenderme de ti.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Y sacarlos a flote (por Saiz de Marco)


Como buzos que buscan hundidos galeones
con sondas
batiscafos
en las fosas marinas,
puede también que un día de este ya nuestro invierno
podamos bajar hasta el fondo de nosotros
en busca de esos sueños
que fuimos arrojando a las aguas negruzcas

Y tal vez encontrarlos allí
languidecientes,
y sacarlos a flote, y revivirlos

-Oh habéis permanecido,
sueños de abril y mayo
Ni el abismo ni el tiempo ni el salitre pudieron
con vosotros

Y de nuevo ante ellos
(de óxido corroídos pero no corrompidos)
abrazarlos diciéndoles

-Nunca más volveremos a dejar que os hundáis

martes, 23 de diciembre de 2014

Pero dónde (por Máximo Simpson)


Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
un arpegio sonámbulo, exiliado,
ya ciego entre los pájaros,
y un piano derribado en la intemperie,
y un músico extraviado por las nieves del tiempo.
Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
vi un caballo sin alas,
un fuego sin calor, un río sin orillas.

Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
¿Está reconstruyendo los rotos mecanismos?
¿Está bebiendo luz, prepara sus maletas?
Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
vi un sueño que corría hacia el abismo,
vi un zapato perdido,
una paloma herida convocando a los ángeles.
Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
¿Cómo hará en las mañanas para entornar las puertas?
¿Cómo hará por las noches para inventar las flores?
Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
Yo vi una copla exhausta, despoblada,
una trova, un acorde, una rapsodia
sin violín, sin garganta.
Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
¿Dónde andará?

Ay, yo vi una melodía ahogada en alta mar.


lunes, 22 de diciembre de 2014

Así tiemblan (por Fernando Ortiz)


Atrás van quedando rostros,
nombres, calles y ciudades.
Atrás quedó el que yo era
y que ahora ya no es nadie.
El que yo soy y el que fui
y el que seré algo más tarde
están juntos y se miran
como si me preguntasen:
¿Quién sabe lo que es atrás
y quién sabe qué es delante?
Así tiemblan y se extinguen
tres llamitas con el aire.


domingo, 21 de diciembre de 2014

La muralla que no derribamos (por Glauce Baldovin)


No es necesario envenenar el agua
cortarse las venas
colgarse
El recuerdo de lo que quisimos ser
el acto heroico
ante el cual retrocedimos
la muralla que no derribamos
la fortaleza que no construimos
el fuego que dejamos apagar
son suficientes...


sábado, 20 de diciembre de 2014

El viento lo agita todo (por Philip Larkin)


El viento sopló todo el día de mi boda,
y mi noche de bodas fue la noche del vendaval;
la puerta del establo no dejó de golpear,
y él tuvo que bajar y cerrarla, dejándome
como una estúpida a la luz de las velas, oyendo
la lluvia, viendo mi cara en el curvo candelabro,
en realidad sin ver nada. Cuando volvió
dijo que los caballos estaban inquietos, y me entristeció
que aquella noche hubiera un hombre o animal
que no compartiera mi felicidad.

Ahora, de día,
el viento lo agita todo bajo el sol.
Él ha ido a ver la riada, y llevó
un cubo desportillado al gallinero,
lo dejó en el suelo y quedó mirándome. Todo es un viento
que revuelve las nubes y los bosques, que azota
mi delantal y la ropa del tendedero.
¿Puedo soportar que el viento me haga encarnar
la alegría de mis actos, como un hilo ensartado
de cuentas? ¿Podré dormir ahora
que esta mañana perpetua comparte mi cama?
¿Conseguirá secar la muerte
estos nuevos lagos de dicha, impedir que nos arrodillemos
como el ganado junto a sus generosísimas aguas?

viernes, 19 de diciembre de 2014

Regresa al misterio (por Julio Inverso)


Todo lo que hemos visto, todo lo que hemos oído, las pequeñas vidas, todas esas comedias tras las ventanas, los gritos, los edificios navegando lentamente, los perfumes en la incansable y cóncava memoria, la jornada sideral de las estrellas, los sentimientos que nos llenaron el pecho y los ojos, nuestras caras flameando desde el sueño, la ceniza meteórica,

oh cementerios de autos de todo el universo

oh sangre derramada en remembranza

todo cuanto pasó, todo aquello, la flor recóndita y el diamante pródigo, el vino largo tiempo refrescado bajo la tierra, el obstinado pulso del tiempo y de las cosas, todo, todo lo que agregó una perla al árbol del misterio y huyó como las luminosas espaldas de las aguas, todo lo que el misterio engendró, prisma increíble, inicia otra serie de galerías infinitas, regresa al misterio, inconcebible, fatal y soberano.

Tomad, pues, vuestro paraguas y penetrad en lo desconocido.


jueves, 18 de diciembre de 2014

Hasta que sí aparece (por Daniela Camozzi)


suele decirse

que un cuerpo aparece

cuando se lo toca

y que antes

no estaba ahí

el mío apenas sale

cuando se choca

con algún mueble

y se magulla

o al apoyar

la mano en la mesada

y así el metal

me devuelve la mano

como propia

ese es también

un cuerpo

pero menos

es como una anticipación

un fragmento

es que si nadie lo toca

él no está

del todo ahí

hasta que sí aparece

como suele decirse

estremecido por la caricia

y deja de ser

un fragmento que se apoya

en alguna superficie

para tener realidad

con tu caricia aparece

la realidad completa

de mi cuerpo

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Y no los viste (por Eloy Sánchez Rosillo)


Mirar no es sólo asunto de los ojos.
Primero, ciérralos unos instantes
y dentro de ti busca –en tu sosiego–
la facultad de ver.
Y ahora ábrelos, y mira.
Es enero ahí afuera, pero está
muy hermosa la vida esta mañana.
Cuánto sol en los álamos
que en trémulas hileras van creciendo
en esta vieja plaza
de tu ciudad. Un día y otro día,
durante muchos años,
a su lado pasaste y no los viste,
ciego que dabas pena y que hoy, por fin,
de milagro has sanado y puedes ver
y en tu mirar te salvas.


martes, 16 de diciembre de 2014

2 ó 3 golpecitos en la espalda (por Nicanor Parra)


Los patrones no tienen idea
quieren que les regalen el trabajo
nunca se ponen en el lugar del obrero

píqueme esa leñita maestro
cuándo me va a matar esos ratones
anoche no pude dormir otra vez
hágame brotar agua de la roca
la Sra. tiene que ir a un baile de gala
hay que bajar al fondo del mar
un puñado de perlas x favor

otros son + carajo todavía
plánchame esa camisa desgraciado
anda a buscarte un árbol al bosque güeón
arrodíllate mierda
....................... anda a arreglar los tapones
¿Y si me electrocuto?
¿Y si la roca se me viene encima?
¿Y si me cruzo con el león en el bosque?
eh!
eso no tiene nada de particular
eso no tiene la menor importancia

lo verdaderamente importante
es que el caballero pueda leer el diario trancuilo
bostezar a su regalado gusto
oír música clásica x el campeonato

que el obrero se rompa la crisma
que se mande guardabajo
mientras está soldando una viga de fierro
nada de qué admirarse
estos rotos son unos pajarones

que se vaya a la punta de su madre
y después yo no sé lo que pasó
no se imagina cuánto lo siento sra
2 ó 3 golpecitos en la espalda
y una viuda con sus 7 pajaritos a la miseria


lunes, 15 de diciembre de 2014

El pájaro no tenía préstamos (por Forough Farrokhzad)


El pájaro era sólo un pájaro

¡Oh, qué olor, qué brillo del sol! -dijo el pájaro
La primavera ha llegado
y buscaré alimento

El pájaro se elevó desde el borde de la baranda
y voló como un mensaje

El pájaro era pequeño
El pájaro no pensó
El pájaro no leía los diarios
El pájaro no tenía préstamos
El pájaro no conocía a los hombres

En el cielo
sobre la luz roja
voló el pájaro a través de las alturas de los pensamientos
y disfrutó con locura
los momentos del azul celeste

Oh, el pájaro era sólo un pájaro

domingo, 14 de diciembre de 2014

Puede ser otra (por Mario Benedetti)


Cada ciudad puede ser otra

cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren

el amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos

cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
uno es el rostro del amor

y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros

y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amor


sábado, 13 de diciembre de 2014

De la maravillosa aspereza (por Miguel d´ Ors)


Y ahora hablaré de la maravillosa aspereza de tus manos cuando llegan a mi alma, directas, desde el Vim-Clorex,
hablaré del olor celeste a cebolla o sardinas que tiene a veces tu ternura,
de tus te quiero con estornudos, o con prisa o qué sueño,
de los cinco hijos que dan a cada gesto tuyo ese inmenso trasfondo de años y habitaciones y lágrimas y viajes,
ese inmenso trasfondo que tanto te embellece,
compañera de lunes, de martes, de heridas, de sonrisas,
de aniversarios secretos, de Beethoven,
de papeles que lo lamentan mucho pero no,
compañera.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Aguas de este río (por Bai Juyi)


Ante mis ojos la sierra Song y el río Luo.
Poniendo la mirada en el pasado,
lamento las penurias del mundo.
Las flores y las glorias humanas,
aguas de este río impetuoso.
Las amarguras y los sufrimientos,
inmensas montañas de la sierra.
Sólo habiéndose degustado la tristeza
se conoce la alegría.
Sólo los que han vivido años turbulentos
saben apreciar la paz.
¿Querrá volver a la jaula
el pájaro que vuela en el espacio?


jueves, 11 de diciembre de 2014

Así te hubiera amado (por Dulce María Loynaz)


Como la rosa en el rosal...

así, armoniosamente,

sencillamente estaba la palabra

de paz sobre tu boca.

A ella hubiera ido

yo con las manos juntas

en cuenco tembloroso

a recoger frescura, verdad, amor...


Como la rosa en el rosal, así espaciaba

tu corazón fragancia; así volvía

blancura y suavidad la tierra que lo ataba...


¡Y así te hubiera amado, con la tierra

hecha luz en tu frente hacia la luz

por el instinto vertical del cielo!...


Y así pasaste de una tarde a otra,

breve y eterno... Como la rosa en el rosal.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Gota a gota (por Roberto Picciotto)


antes que lleguen las lluvias comenzó gota

a gota a caer el agua. la recogen los surcos

se despeña de piedra en piedra valle abajo

fluye tranquila por la planicie se esparce

negra en los pantanos: dicen las malas lenguas

que durante el día han de titilar las estrellas

que por la noche ha de brillar el sol y que

balanceándose sobre el filo de un verbo habrá

que buscar en el cielo esmaltado una nube rosada.

llamen al malabarista de sílabas al orfeo

de gorra y bufanda prestidigitador de la palabra

y pídanle juglar de verde jubón y cascabel

en los escarpines que cuando caiga la noche

de ciprés y luna acorde su antigua guitarra

y si elevando la voz canta invención suprema

viento sal y espuma lejos del sueño estival

al socaire si canta fondos donde la gota

se disuelve en el infinito si canta el flujo

y el reflujo del desorden final sucede que es allí

que termina. ¿por qué picotea con cresta crispada

la abubilla a tu ventana?


martes, 9 de diciembre de 2014

Imágenes que se duermen (por Víctor López Zumelzu)

¿Cuántas palabras existirán para nombrar la nieve,
el frío, el hielo, la escarcha?
La manera en que estamos aquí
en este espacio (tú leyendo)
y no allá
y decimos en la sala de clases
presente cuando se lee la lista
o simplemente pasamos
a no estar si no hablamos
Con el tiempo aprendemos
que las cosas alrededor de nosotros
tienen un nombre
y nosotros también las aprendemos
a nombrar
esto es una silla
esto otro una carta
si deseas abrirla debes rasgar el sobre
Mi padre construyendo mi primera biblioteca se golpeó
el dedo tan fuerte que la uña se le cayó
quedando en su lugar un espacio vacío
el cual yo siempre evité mirar
Los recuerdos ya no son así de claros
El tiempo se ha plegado sobre ellos dejando entrever
una grieta oscura algo así como un significante
Pienso con frecuencia en aquello
que nos es difícil de recordar
las distorsiones narrativas
y poéticas a las que uno se ve expuesto
La lógica que guarda cada acto infinito
Una mariposa mueve sus alas en Quinta normal
y eso causa una tormenta
de proporciones de Rhode Island
Un lugar entre la falta de límite
o la falta de definición
La última vez que vi llorar a mi hermano fue cuando
se marchó al servicio militar
después volvió y su rostro era mucho más duro
indiferente
Cada país tiene una palabra para definir el miedo
La soledad
La música de los insectos en verano
La interpretación de la danza
de la naturaleza
La angustia de vivir pensando en el corazón
como un cazador solitario
incluso la idea de caza parece ser anterior a la misma idea
de representación
¿Cómo puede ser posible que alguien
haya decidido levantar un edificio
frente al paisaje que dibujaba todos los días
en su cuaderno?
Ahora no hay horizonte ni distancia visible
la distancia es un asunto de contexto piensa
Sin embargo un cuaderno vacío sin ninguna imagen
también es una imagen
No nos olvidemos que este texto
se compone de imágenes
Imágenes débiles
Imágenes sutiles
Imágenes que se duermen
en la velocidad de la lengua
Lo único que uno aprende con el tiempo
es a abrocharse los zapatos
prepararse huevos revueltos
e intentar simular la falta de confianza
al nombrar los puntos oscuros
los vidrios rotos en los que ha chocado la nieve
Todo placer ha nacido de la necesidad
nos dice Hölderlin
y Joseph Brodsky nos dice al respecto que las cosas
se endurecen en la memoria
para que uno no pueda mudarlas de lugar
Pero todo depende del cristal
con que uno observe
el día o la noche
y cómo la imaginación es capaz de fundir
dos o más conceptos
en una imagen
La ventana ese año permaneció todo el tiempo cerrada
aún así el mundo afuera seguía
dando muestras de su existencia
Las gotas en el cristal,
la débil melodía de los pájaros
en la mañana
¿Cómo podremos reconocer algún día ante nosotros
lo que nunca antes hemos visto?
Cómo decir felicidad sin haber escuchado
nunca la palabra felicidad
En esta parte del texto hay algo indescifrable
una imagen que imita nuestra vida, que intenta
ser nuestra vida
La extensión es proporcional
al miedo
y ella la última imagen que conserva de él
es marchándose
bajo un camino oscuro rodeado de cipreses

lunes, 8 de diciembre de 2014

Ni tiene por qué saber (por Juan Manuel Inchauspe)


Un prolongado ulular me despertó durante la noche.
Tuve una visión fugaz de luces rojas y amarillas, intermitentes.
Con los ojos recién abiertos en la oscuridad
escuché el sonido giratorio por las calles desiertas.
Instintivamente estiré mi mano por entre las varillas
y palpé el cuerpo de mi pequeño hijo:
suave, cálido,
pacificado como un animalito.

Él no sabe nada de estas cosas.
No sabe nada del sueño cortado
en la fría madrugada.
Ni tiene nunca tampoco por qué saber
cómo brotan del sueño estas visiones;
cómo giran, intermitentes, en la memoria,
y flotan con sus ojos de vidrio alrededor del corazón.


domingo, 7 de diciembre de 2014

Cuando llegue a los 100 (por Jan Erik Vold)

Hokusai
llegó
casi a los 90. Cuando tenía 75
años, dijo
de sus cuadros: Empecé a dibujar
cosas cuando tenía
6 años. Todo lo que conseguí hacer
antes de los 50, no vale
nada. Cuando llegué a los 70
aún no había hecho
nada
bueno. A los 73 años
empecé a comprender
las formas básicas
de animales
y plantas.
Cuando llegue a los 80, habré
comprendido más, y cuando tenga 90
conoceré
los misterios del arte
hasta el fondo,
así es que cuando llegue a los 100
produciré
cosas elogiables. Para no hablar
de los años
siguientes.
Ahora lo esencial es
seguir en marcha.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Sol remoto (por Vicente Gallego)


Al salir de casa a primera hora de la mañana, el sol resbala y canta por los aleros, empapa las fachadas y se extiende por las calles de la ciudad como una fina película de oro. Te he contemplado muchas veces inundar los aires de onírica certeza, de aplomada liviandad. Sol niño de la niñez, sol sin duda. Sol del hombre cumplido, sol de siesta tranquila. Sol de las armas y las letras. Sol remoto del viejo, tan desnudo y tan solo. Sol que rompes el cántaro y estás brillando sobre el sereno lago de la muerte. Patinador del iris, arpista del cabello, garra seca en la espalda. Salía de mi casa y te me vienes encima para que arda así con la mañana, con el eje de los mundos, con las extensiones marinas. Sol en blanco que callas y otorgas, aguador de las largas carreteras, santidad del adobe y de las tapias, lávanos los huesos, tú que brillas sobre justos y pecadores.


viernes, 5 de diciembre de 2014

Qué misterio (por Juan Gelman)


Viendo a la gente andar, ponerse el traje,

el sombrero, la piel y la sonrisa,

comer sobre los platos dulcemente,

afanarse, correr, sufrir, dolerse,

todo por un poquito de paz y de alegría,

viendo a la gente, digo, no hay derecho

a castigarle el hueso y la esperanza,

a ensuciarle los cantos, a oscurecerle el día,

viendo, sí,

cómo la gente llora en los rincones

más oscuros del alma y sin embargo

sabe reír y sabe andar derecho,

viendo a la gente, bueno, viéndola

tener hijos y esperar y siempre

creer que van a mejorar las cosas

y viéndola pelear por sus riñones,

digo gente,

qué hermoso andar contigo

a descubrir la fuente de lo nuevo,

a arrancar la felicidad,

a traer el futuro sobre el lomo, a hablar

familiarmente con el tiempo y saber

que acabaremos y de una buena vez por ser dichosos,

qué hermoso, digo, gente, qué misterio

vivir tan castigado

y cantar y reír,

¡qué asunto raro!

jueves, 4 de diciembre de 2014

Ha muerto Mark Strand


Amigos: Hoy de nuevo tenemos que dar una noticia triste. Acaba de irse uno de los nuestros, el maestro Mark Strand. Son muchos los poemas por él creados que hemos publicado en zUmO dE pOeSíA. Con gratitud y como homenaje a él, aquí van estos versos suyos que tratan precisamente de aquello, y aquéllos, que se van.



El guardián (por Mark Strand)



La puesta del sol; el césped ardiendo.

El día perdido, la luz perdida.

¿Por qué amo lo que se va?


Tú que te fuiste, que te ibas,

¿qué cuartos oscuros habitas?

Guardián de mi muerte,


guarda mi ausencia. Estoy vivo.


Qué músico nos tiene entre sus manos (por Rainer Maria Rilke)


¿Cómo habré de retener mi alma para que
no toque la tuya? ¿Cómo habré de encaminarla
por encima de ti hacia otras cosas?
Ah, bien preferiría someterla a algo lejano,
perdido en la tiniebla, en un paraje extraño, sosegado,
que no se estremeciera cuando tus entrañas se estremecen.
Sin embargo, todo lo que nos toca a ti y a mí
nos une como un arco de violín
que de dos cuerdas saca una sola voz.
¿En qué instrumento los dos estamos tensos?
¿Qué músico nos tiene entre sus manos?
¡Oh, la más dulce canción!




miércoles, 3 de diciembre de 2014

Un jugo antiguo (por Rodrigo Olay)


En la Odisea, Homero nos descubre

la imprevista existencia de una planta

que en las manos precisas es capaz

de dar un jugo antiguo con que puede

adormecerse la melancolía.

Es la planta Nephentes. El olvido

cuya infusión bebía cada luna

Helena, la de los hermosos pechos,

herida de nostalgia para siempre.

Dónde estará esta noche ese licor.


martes, 2 de diciembre de 2014

Sólo conozco (por Juan Carlos Onetti)


Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda
con labios separados
el misterio
mi terca obsesión
de desvelarlo
y avanzar porfiado
y sorprendido
tanteando tu pasado
Sólo conozco
la dulce leche de tus dientes
la leche plácida y burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible mañana
de paz y dicha silenciosa
de abrigo y pan compartido
de algún objeto cotidiano
que yo pudiera llamar
nuestro

lunes, 1 de diciembre de 2014

Su voz en mi cabeza (por Ana Pérez Cañamares)


Los platos que me regaló mi madre
están ya deslucidos y pasados de moda.
Cuando hacemos limpieza
nos miran como enfermos agonizantes
que no entienden qué queremos de ellos.
Pero son los platos que me regaló mi madre
que ya nunca volverá a regalarme
nada.
Si un día nos decidiéramos a tirarlos
intentaré escuchar su voz en mi cabeza:
“las cosas, hija, son sólo cosas“.
Mi madre no está en un plato.
Mi madre está en el pan que como.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Cuando tengas los mapas (por José Carlos Rosales)


Cuando tengas el mapa de la ruta
escogida y empieces a mirarlo
y no encuentres un sitio favorable
ni el atajo o la clave que te aleje
de aquí, sabrás entonces que los mapas
clandestinos que venden en el puerto
están equivocados, o son falsos,
o responden a tronos o países
que no son los que fueron, que no fueron
lo que dicen las crónicas del mundo.

Cuando tengas los mapas que buscabas
verás que ya no valen, que los mapas
engañan, siempre traen lo que hubo
y nunca lo que hay.


sábado, 29 de noviembre de 2014

Benditos sean (por Francesco Petrarca)

Benditos sean el año, el mes, el día,
la estación, la hora, el tiempo y el instante,
y el país y el lugar en que delante
de los ojos que me atan me veía;

y el dulce afán primero que sentía
cuando me ataba Amor, y aquel tirante
arco, y sus flechas, y, en mi pecho amante,
las profundas heridas que me abría.

Bendito sea el incesante acento
que llamando a mi dama he difundido,
y el llanto y el deseo y el lamento,

y bendito el papel con que solía
ganarle fama y, ay, mi pensamiento,
del que nadie más que ella disponía.


viernes, 28 de noviembre de 2014

Volviendo a buscarlas, volviendo a buscarme (por José Hierro)


Me da pena pensar que algún día querré ver de nuevo este espacio,

tornar a este instante.

Me da pena soñarme rompiendo mis alas

contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme.


Estas ramas en flor que palpitan y rompen alegres

la apariencia tranquila del aire,

esas olas que mojan mis pies de crujiente hermosura,

el muchacho que guarda en su frente la luz de la tarde,

ese blanco pañuelo caído tal vez de unas manos

cuando ya no esperaban que un beso de amor las rozase...


Me da pena mirar estas cosas, querer estas cosas, guardar estas cosas.

Me da pena soñarme volviendo a buscarlas, volviendo a buscarme,

poblando otra tarde como ésta de ramas que guarde en mi alma,

aprendiendo en mí mismo que un sueño no puede volver otra vez a soñarse.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Hora es de contestaros (por Saiz de Marco)


-¿Qué fruto dio
mi gangrena en Verdún?

-¿De qué sirvió
dejar la vida en Waterloo?

-¿Qué aprovechó
que me ahogué en Trafalgar?

Despiezados, hundidos, muertos
de aquellas citas:

Hora es de contestaros.
En resumidas cuentas, la respuesta es

-Nada.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Mi patria es mi patria (por Maha Vial)


MI PATRIA es sagrada: nadie me la mea ni me la toca nadie me la quita: ni moros ni cristianos MI PATRIA mi bidé mi círculo de carne roja mi sopa de letras MI PATRIA de miel y sangre de mi ojo de mi boca MI PATRIA ritmo de mi lenguaje MI PATRIA alterada y sexuante MI PATRIA rasgada malparida rugosa patas flacas bandera nunca arriada MI PATRIA se encama a lo puta se enreza a lo santa se encama a lo santa se enreza a lo puta MI PATRIA trasvestida lentejuela y varieté MI PATRIA madre sacrificio sudor pañal y griterío MI PATRIA neodisfrénica al borde del abismo al borde del camino al borde de la pataleta al borde del amor borderline MI PATRIA sustrato de mi cuerpo de mi patio trasero de mi tejado de mi posesión MI PATRIA pobre MI PATRIA borracha MI PATRIA natura MI PATRIA «que yo amo sabe que la amo» MI PATRIA es MI PATRIA mis vísceras mi estructura rockoideal MI PATRIA corpus christi en la hora de la hora de mi muerte amén de MI PATRIA


martes, 25 de noviembre de 2014

Cuando te abrazo (por Juan Ramón Jiménez)


Cuando te abrazo, me parece

que abrazo a un árbol alto, cuya copa inmensa

me cobija meciendo, al viento eterno del amor

-¡oh sol universal de nuestra aurora!-,

su alegría infinita de hojas y de pájaros.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Dos trenes que se cruzan (por Álvaro Valverde)


Imagina dos trenes
rodando en la alta noche,
que se cruzan de golpe
camino cada cual de su destino.

En cualquier parte,
en medio de un empalme en ningún sitio,
por vías oxidadas, los vagones,
de pronto, se detienen.

Miras por el cristal y allí,
en lo negro,
se ilumina una cara justo enfrente.

De momento has pensado que es la tuya
reflejando tu insomnio y tu cansancio.
Es una sensación. Dura un instante.

Te fijas con cuidado en la ventana
y el rostro que se enciende al otro lado
es, sin duda, de otro.
De una oscura mujer, para más señas.
Es hermosa, te dices, mientras miras
sus ojos en los tuyos duplicados.

La escena es momentánea.
Tras un ruido metálico
y muy seco, el movimiento
empieza a separaros para siempre.

Ninguno de los dos hacéis ya nada
que impida lo que es inevitable.

Con el ruido del tren y el traqueteo
supones que pensabais en lo mismo:
que fue un vano espejismo,
que fue un sueño.


domingo, 23 de noviembre de 2014

Con sus cables (por Martín López-Vega)


El poeta es una antigua telefonista
que con sus cables conecta
lo visible y lo invisible.
Ojo avizor, supervisa el estado
de las conexiones entre las cosas
y los símbolos, las repara.

Conecta el cuerpo con el alma,
la tierra y el sentimiento de desarraigo,
el mar azul y sus velas con la intertextualidad.

Está en medio
con una mano hundida en la tierra,
intentando con la otra alcanzar el cielo.

El poema —una barca anegada
a punto de hundirse.
El poeta —achica palabras sin cesar,
no sabe si la mantendrá a flote,
ni a dónde le llevará.

Después del baño
esperamos a que la piel se seque
envueltos en lo que Tomasz dice
que parecen capas de alguna orden hospitalaria
—llevan el escudo del hotel: esto ha hecho el tiempo
con los viejos hábitos, y así trabaja el poeta.

Junto a nosotros unos muchachos
hablan de las cosas del día,
supuran ansias.
Tú intentas conectar
las dos partes de ti,

y solo tienes una clavija. 


sábado, 22 de noviembre de 2014

Yo, el perro (por Wislawa Szymborska)


Hay perros de perros. Yo era uno de los elegidos.

Mis papeles estaban en regla y por mis venas corría

sangre de lobos.

Vivía en las alturas y aspiraba el olor de los paisajes:

praderas asoleadas, abetos después de la lluvia

y pedazos de tierra bajo la nieve.


Tenía una casa decente y había gente pendiente de mí.

Me alimentaban, me bañaban, me acicalaban,

y daba estupendos paseos.

Respetuosamente, sin embargo, como debe ser.

Todos sabían muy bien de quién era perro yo.


Hasta el más pinche gozque puede tener un amo.

Pero, ojo, cuidado con las comparaciones.

Mi amo era de raza aparte.

La espléndida manada seguía cada paso que daba

y fijaba en él los ojos con asombrado pavor.


Para mí siempre esbozaban una sonrisa

tras la cual se vislumbraba una envidia mal disimulada.

Como yo era el único que podía

saludarlo con ágiles brinquitos,

sólo yo podía despedirlo mordiéndole los pantalones.

Sólo a mí me estaba permitido

recibir caricias y reburujes

cuando tenía mi cabeza en su canto.

Yo era el único que podía fingir sueño

mientras él se inclinaba hacia mí para susurrarme algo.


Con frecuencia se encolerizaba y trataba a la gente a

gritos.

Gruñía, ladraba y no cabía

entre las paredes del recinto.

Sospecho que yo era el único que de verdad le gustaba;

nadie más, nunca.


También tenía mis responsabilidades: esperaba

y confiaba

ya que él aparecía brevemente y luego se esfumaba.

Qué hacía allá abajo en las llanuras, no lo sé.

Supuse, sí, que debía de ser urgente,

casi tan urgente

como mi batalla contra los gatos

y contra cualquier cosa que se moviera sin razón

aparente.


Hay destinos de destinos. El mío cambió de repente.

Vino una primavera

y él ya no estaba.

En casa todo se puso patas arriba.

Maletas, cofres, baúles embutidos en automóviles.

Las llantas chirriando a toda velocidad cuesta abajo

y, luego, silencio tras la curva.


En la terraza trozos y escombros en llamas,

camisas pardas, brazaletes con emblemas negros,

y toneladas y toneladas de cartones machacados

desbordantes de estandartes inútiles.


Me vi a la deriva en medio de esta vorágine,

más asombrado que irritado.

Sentí miradas poco amigables sobre mi pelambre,

como si fuera un perro sin amo,

un gozque fisgón

al que espantan escaleras abajo con una escoba.


Alguien arrancó mi collar con adornos de plata,

alguien pateó mi plato, vacío durante días.

Luego alguien más, antes de alejarse,

se bajó del coche

y me pegó un par de tiros.


Ni siquiera sabía disparar derecho,

pues me vi moribundo durante largo tiempo,

en medio del dolor,

a merced del zumbido impertinente de las moscas.

Yo, el perro de mi amo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Allí, resonando (por Roald Hoffmann)

De esta pintura de Munch,
una persona sufriendo sobre un puente,
las manos sobre sus oídos, el observador
podría raspar una minúscula
mota naranja, podría
ponerla sobre un portaobjetos, sintonizar
los rápidos rayos que giran
bajo los aparcamientos y los estadios
de fútbol, aguijoneados por el empujón
etéreo de los imanes, enfocar, porque ese
es su oficio, las partículas de sonda
(lujosas piedras calibradas)
para su desgarrador, dibujado impacto
en la pintura. Lo que se busca
es la fuerza del grito.
Pero la intromisión de la partícula es
muy fuerte, libera sólo
moléculas de pintura, en patente
demostración del Principio
de Incertidumbre. La pintura cuelga;
el cielo noruego y el puerto
recogen el grito, reflejándolo
hacia el cráneo del observador.
Allí, resonando, se produce el cambio.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Así que nada de discursos (por Charles Bukowski)


ahora, escucha,

cuando muera no quiero ningún llanto,

solamente pon

los trámites en marcha,

he tenido una vida excesiva, y

si alguien tiene ventaja,

yo

la he tenido, he vivido

7 u 8 vidas en una,

suficiente para

cualquiera.

todos somos, finalmente,

lo mismo, así que nada de

discursos,

por favor,

a menos que quieras

decir que apostaba a los caballos y

era muy

bueno en eso.


tú eres el

próximo y ya sé algo que tú no sabes,

tal vez

miércoles, 19 de noviembre de 2014

En la oscuridad con mi NyQuil (por Raymond Carver)


Llámalo voluntad de hierro. Pero durante meses

nunca tomé la primera copa

antes de las once de la noche. No está tan mal,

después de todo. Eso fue en la primera

fase. Conocí a un hombre cuya bebida preferida era Listerine [*].

Estaba dejando el whisky.

Por eso compró Listerine

y por eso lo bebía. Una pila de soldados muertos

en el asiento de atrás.

¡Todas aquellas botellas de Listerine vacías

brillando en el escaldado asiento de atrás!

Esa imagen me llevó a hacer examen de conciencia.

Una o dos veces. Todo el mundo lo hace.

Ir hacia dentro y echar un vistazo.

Me llevaba horas, pero

no encontré allí a nadie ni nada

que tuviera interés. Volví al aquí y ahora

y me puse las zapatillas. Me hice con

un simpático frasco de NyQuil [**].

Arrastré una silla hasta la ventana.

Allí contemplé la brega de una pálida luna

por elevarse sobre Cupertino, California.

Me pasaba horas allí en la oscuridad con mi NyQuil.

Y entonces, alabado sea Dios, la primera astilla

de luz. 


.....

[*] marca de un elixir bucal.

[**] marca de un jarabe para la tos.

martes, 18 de noviembre de 2014

Están ahora alquilados (por Konstantinos Kavafis)


Qué bien conozco este cuarto,

éste y el contiguo están ahora alquilados

para oficinas comerciales. Toda la casa se ha convertido

en despachos de corredores, de comerciantes

y sociedades mercantiles.


¡Ah, qué familiar me es este cuarto!

Aquí, junto a la puerta, estaba el canapé,

y, delante de él, una alfombra turca;

al lado, la estantería, con dos jarrones amarillos.

A la derecha, no, enfrente, un armario de espejo.

En medio, la mesa donde escribía

y los tres sillones de mimbre.

Junto a la ventana se hallaba la cama

en que tantas veces nos amamos.


Aún estarán por algún sitio esos viejos muebles.


Junto a la ventana estaba la cama;

sólo hasta la mitad la bañaba el sol del mediodía.


… Una tarde, a las cuatro, nos separamos

por sólo una semana… Pobre de mí,

aquella semana se convirtió en eterna.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Por algo que nunca aparece (por Alejandro Schmidt)


Por algo te echaron de tu casa
del corazón de tu casa
por algo ganaste el cuarto premio
hasta en la lotería de Santiago en el '82
por algo comprendes naturalmente la metafísica
y sabés que lo metafísico era ese pino y su paloma
por algo escribís siempre lo mismo
por algo no aprendiste a jugar fútbol
por algo estás esperando desde hace veinte años


por algo que todos saben, comprenden,
menos vos

por algo no estudiaste, viajaste
ni fuiste músico, criminal, artista plástico
por algo cavas en tu corazón
los días de tu vida, las páginas de la Biblia, tu tabaco
por algo se abrieron las puertas de la lluvia
por algo aparece tu padre en sueños
qué bien cómo se arremangaba la camisa en el video
por algo sos mejor que unos candados rotos en la arena
por algo no te moriste a los 30
o sí, o sí

por algo que nunca aparece
que siempre está
que todos saben.


domingo, 16 de noviembre de 2014

Si no lo acosas (por Aurora Luque)


Ya no atrapes el día —no se deja,

no es tan fácil ser dueño del presente,

persistir en la dicha o detenerla

para el trámite mínimo

de asignarle palabras-.

Y ni al acariciar

las sienes o los pómulos o el pecho

que con furia deseas, cuando la luz parece

palparse con las yemas de los dedos,

estás lejos al fin de los vampiros:

la Utopía, el Vacío, la Memoria.

Amas para escribirlo solamente,

la dicha pide a gritos que un recuerdo

del futuro la abrace y la duplique.

No corras tras el día. Si no lo acosas puede

que se tienda sumiso

de noche en tu regazo.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Los amantes (por Sigfrido Radaelli)


Como un predicador iluminado
me aproximo a ti,
me voy aproximando.
Los ojos abiertos,
devoradores,
para que nada quede fuera de la mirada.
El soplo y la respiración: ya no hay distancia.
Ahora el tacto,
la múltiple, la repetida caricia de los dedos
que se curvan, exploran, reconocen.
La piel contra la piel.
¡Eternidad, instante fugitivo
guardado en la memoria!
Después la chispa, la explosión, el fuego,
las voces, las palabras, el silencio.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Y siempre comprendiste (por Cintio Vitier)


Noche mía estrellada

girando cristalina:

nunca me has sido tú impasible (esa calumnia),

no fuiste indiferente nunca a mi dolor.


Bañado en lágrimas

o sudando espanto te he buscado, y siempre

comprendiste como nadie mi dolor.


Nos hablamos

con un lenguaje que no existe todavía:

estas palabras son su prehistoria.

Tú relatas tu gloria, yo mi nada,

tú relatas tu nada, yo mi gloria.


Los dos somos los niños del dolor.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Dentro de los inocentes (por Antonio Orihuela)


Ahora que todo arde,
te hablaré de los inocentes dentro de los inocentes.

En mitad de un arroyo
dos ciervos se miran
cercados por las llamas.

Un fotógrafo
está a punto de ganar un premio.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Llave de niebla (por Fernando Ortiz)


Nunca sabremos nada sobre el tiempo.

Ya cobija la cuna en suave sombra,

ya con su sombra oscura cubre al hombre.

Quizás acerca de esto las palabras

poco puedan decir. ¿Dónde la llave

de niebla que entreabría la mañana?

Era entonces eterno ese mañana

y ni siquiera preocupaba el tiempo

a quien creía poseer la llave

para abrirnos las puertas de la sombra.

-Nada nos preocupaban las palabras

propias de la miseria de los hombres-

¿Mas por qué esa miseria que a los hombres

disuade de esperar en el mañana?

¿Y esa desconfianza en las palabras

mayor aún cuanto menor el tiempo

de gozar de las luces y las sombras

antes que nos encierren bajo llave?

He intentado saber cuál es la llave

que nos descubra que por qué los hombres

se resignan al reino de la sombra

antes de que se extinga su mañana.

Años hace pensé: cuestión de tiempo;

cuestión de libros, años y palabras.

Algo sé ya de cierto. Con palabras

nadie nunca logró forjar la llave

que permitiera traspasar el tiempo.

Así, de nada sirve para el hombre

ni la promesa de un feliz mañana

ni la amenaza de la eterna sombra.

Mas todos fuimos dioses. Suaves sombras

nos cobijaron. Cálidas palabras

iluminando siempre la mañana.

En nuestra mano siempre aquella llave

que detenía el paso de los hombres

y penetraba el corazón del tiempo.

Ya sé que el tiempo huye como sombra,

que poco importa el hombre y su palabra

y que perdí la llave y el mañana.


martes, 11 de noviembre de 2014

El rastreador (por Máximo Simpson)

¿Dónde están las pisadas de mis pasos,
dónde están las miradas que dejé por el aire?
En pos de aquellos rastros
camino tras el puma,
el buitre, la calandria,
pruebo pasto, mastico,
huelo el viento, la brisa,
registro las raíces,
las grietas, los resquicios,
vuelvo atrás, adelante,
giro en torno
del olor a pasado,
a triste antigüedad, a tardes viejas,
convoco desde el sueño las guitarras del mar,
los tambores del tiempo.

¿Quién soy yo entre tinieblas?

Yo soy el rastreador,
el que se busca.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Ella me aguarda (por Glauce Baldovin)


Vuelvo temprano
Ella me aguarda leyendo el destino en las hojas de té
bordando paneles con pájaros rosados.
A veces calla
y espera que sea yo quien hable de las últimas lluvias
de la revolución que avanza.
A veces habla.
Como una bruja que dice qué hice en el día
en la noche
y por qué lo hice
A veces callamos las dos
descorremos las cortinas
y miramos en el horizonte no sé si el pasado o el futuro.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Vietnam (por Wislawa Szymborska)


Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.

¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo corazón? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Las veces (por Saiz de Marco)


Recuerdo bien las veces que estuve en un quirófano

de niño las anginas

más tarde por fimosis

por las muelas del juicio

por el tabique nasal desviado


Recuerdo bien las veces que me picó una avispa

cuando sin darme cuenta puse la mano encima

cuando en aquella ducha yendo hacia la piscina pisé varias

cuando la eché del pelo creyéndola una mosca

cuando en el coche con el cristal bajado se metió en mi camisa


Y hay también otras cosas que no puedo olvidar

y son también heridas

aguijones


Recuerdo bien las veces que hice llorar a alguien

los ojos de otra gente por mí vertiendo lágrimas

mis lágrimas de autor

Sí, las recuerdo bien

Ojalá sólo yo

yo y nadie más se acuerde 


viernes, 7 de noviembre de 2014

El álbum (por Philip Larkin)


Al fin sacaste el álbum que, una vez
abierto, me dejó estupefacto. ¡Todas tus edades
en mate y brillo sobre las páginas negras!
Demasiado dulce, demasiado indigesto:
me ahogan esas imágenes tan nutritivas.

Mi ojo giratorio va de una pose a otra:
con trenzas, agarrando un gato reacio;
o con pieles, una encantadora licenciada;
o levantando una gruesa rosa
bajo un espaldar, con un sombrero de hombre

(un detalle perturbador, por varios motivos):
de todos lados escapas a mi control,
sobre todo acompañada de esos inquietantes individuos
que campan a sus anchas en una época anterior:
yo diría, querida, que no son de tu clase.

Pero ¡oh, fotografía! ¡No hay otro arte
tan fiel y decepcionante! Registra el tedio
como tedio, y las sonrisas forzadas
como fraudes, y no censura imperfecciones
en forma de tendedero o algún anuncio.

Pero muestra renuente al gato, y sombrea
la papada cuando aparece, ¡cuánta gracia
derrama en tu cara la inocencia!
¡Hasta qué punto nos convence
de que eres una chica real en un lugar real,

en todos los sentidos empíricamente cierta!
¿O es solo el pasado? Esas flores, esa verja,
esos parques y coches entre la niebla, afligen
tan solo porque ya no existen; me encoges
el corazón por parecer de otra época.
Sí, cierto; pero al final, seguramente, lloramos
no solo por la exclusión, sino porque eso
nos permite llorar. Sabemos que lo que fue
no nos incitará a justificar
nuestra pena, por fuerte que gritemos

en el abismo entre ojo y página. Y así
te lloro (sin que vaya a tener importancia)
al verte en equilibrio sobre una bici contra una cerca;
me pregunto si advertirías el robo
de ésta en bañador; condenso, en suma,

un pasado que ahora nadie puede compartir,
tanto da a quien pertenezca tu futuro; calmo e insípido,
te contiene como un cielo, y tú permaneces
en él invariablemente hermosa,
con los años más pequeña y mas nítida.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Estas páginas se mueven entre tus manos (por Alan Mills)

Éste es el Primer Libro escrito desde el Futuro
Va a reventar como las olas dentro de los sueños
No será el mar sino apenas la memoria
de lo que ya no vendrá más
y menciono las olas porque estas páginas
se mueven ahora entre tus manos
Son peces anunciando el final de una enfermedad
que jamás sufriste
El Futuro es parecido al mar pero con hojas
Toda nuestra materia corresponde al símbolo negro
que ahora toca tus dedos
Una letra besando a otra letra que besa a la otra
hasta formar la idea de lo que va a venir
Nos da miedo pero ha llegado el momento
de leer este Libro Primero

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Semana Santa (por Salvador Espriu)


Ríes y enciendes lámparas bien largas de pabilo.

Murmullo de voces de locos: ninguna fe.

Pero, ¿por qué te vas con ellos?

En vueltas de veletas,

arambeles de viento en cárceles de aire.

Más allá del todo, de la nada, del algo,

del poco y el mucho, hay tempestad.

Sobre ti caen muros de aguacero

y la rasgada pesadez

del velo, del paso al vacío

donde sin daño, una vez al año,

quizá con miedo veía el elegido,

dentro del perdón, la verdad.

martes, 4 de noviembre de 2014

Presente ausente a la vez (por Miquel Martí i Pol)


Ahora que todo vuelve: el silencio y la espera,

las palabras que hemos guardado en lugar seguro

todo este julio de viento y nostalgia.

Ahora que todo vuelve: la tibieza del cuerpo

aquietado y dócil bajo las manos amantes

y aquel perderse en las tardes tranquilas,

bosque adentro, por el tapiz crujiente de hojas de pino,

¿no es su valor este esfuerzo cálido y el quererse

con certeza a solas, la dura

voluntad de permanecer, presente ausente a la vez,

sin pensar que el tiempo es un vacío sin límites?


Mujer: nada me cuesta decir tu nombre,

aunque estés lejos. Lo escribo en las piedras y el agua,

en la sombra acogedora de los árboles a la vera del río

y en el comedor de casa. Sé que oirás

mis palabras, porque llevas en las manos

el signo de un tiempo nuevo, y has crecido en la esperanza

de que alguien lo aceptara sin hacerte preguntas.


lunes, 3 de noviembre de 2014

De pronto sobran los barcos, los andenes (por Armando Tejada)

Si ahora digo amor tal vez no diga
que la ausencia me mira del fondo de tus ojos,
que aquí estuvimos juntos, que fue hermoso
y que el sol conocía tu perfil de memoria.
Tal vez sea imposible que alguien sepa lo claro,
la luz que fue llevarte de la mano pequeña
como a un tallo mecido por un viento de música
hacia los territorios donde aguarda el silencio.

Y ya que estás distante,
qué pensarán los árboles,
qué dirán las canciones,
cómo verá la noche mi soledad de río;
dónde pondrán su ronda los niños de la tarde,
adónde irán los pájaros sin tu risa y mi silbo
y la calle tan sola con sus puertas inútiles
y las sombras sin besos
y los perros perdidos;
ahora que la ausencia me interrumpe la boca,
ahora que me esperas tan allá de los niños.

Se nos ha muerto el año.
Yo le veo el invierno
hecho de un sólo frío,
de un solo tajo solo
a la mitad de agosto,
de una dura distancia...
larga, definitiva.
Porque de pronto sobran los barcos,
los andenes
y de pronto este rumbo ya no tiene sentido
como si nadie fuera hacia ninguna parte
o alguien hubiera muerto a mitad de camino.

Alguien.
Mi voz. Tu pelo. Las cosas que no dije.
La flor de tu vestido.
Se nos ha muerto el año donde dejé tu nombre
para que recobrara su condición de estío.

Ya no sé,
nunca entiendo estas precarias sílabas,
cosas que no recuerdo de pronto me dominan:
¿te dije que tenías la piel como de humo?
¿que de estarme en tus ojos me conozco el origen?
¿Te he enseñado el misterio de los árboles solos?
¿Sabes ya que tus manos son dos siestas dormidas?

No sé,
nunca recuerdo tanta distancia,
tanta canción que no he cantado cuando anduvimos juntos.
Me dolería mucho no haberte dicho todo
lo que llevo en la boca casi como otra risa.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Tal es la vida (por Darío Jaramillo)


Rasguños, limaduras de piel,

instantes que permanecen porque dejaron cicatrices,

tal es la vida que puede contarse de aquel hombre.

Él fue feliz, sólo él lo supo,

lo supo a su manera

-buena la digestión, mejor el sueño-,

pero estuvo donde estalló la pólvora,

practicó deportes rudos,

dejó a su corazón endurecerse

y su biografía se cuenta por heridas que disfrazan la

dicha.

No amó, sobra advertirlo

-dije que fue feliz-,

pero acumuló afectos y lealtades,

inesperados cómplices que acudían a él con un

chasquido,

mujeres dispuestas a morir por él

(con él no vivirían):

sólo una noche, una temporada cuando más 
con este soldado que no sufre

o que sabe sufrir,

no demasiado tiempo con este solitario,

con este sobreviviente.

Sus biógrafos resaltarán su heroísmo

y él desde su tumba

pedirá que barajen y repartan de nuevo.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Te beso (por Efraín Bartolomé)

Yo te beso

Frente a la destrucción y el aire sucio
te beso

En el estruendo de los automóviles
‒la migraña del día‒
te beso

En el festín de los ladrones
en el pozo de los iracundos
ante el cuchillo de los asesinos
ante la baba fóbica de los intolerantes
frente a la sangre agusanada de los corruptos
frente a la mansedumbre
frente a la podredumbre
frente a la muchedumbre
yo te beso de frente
y el día empieza a caminar
con la frente muy alta