zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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martes, 19 de marzo de 2019

Y más abajo (por Alfonsina Storni)


Primero había una gran tela azúrea

de rosados dragones claveteada;

muy alta y desde lejos avanzando,

pero recién nacida y pudorosa.


Y más abajo grises continentes

de nubes separaban los azules;

y más abajo pájaros oscuros

bañábanse en los mares intermedios.


Y más abajo aún, ceñudo el bloque

de milenarios pinos susurraba

una canción primera de raíces.


Y estaban, más abajo todavía,

prendidos a la tierra los humanos

rechinando los dientes y herrumbrosos.



lunes, 18 de marzo de 2019

El país de la colcha (por Robert Louis Stevenson)



Cuando yo estaba enfermo y debía guardar cama

tenía dos almohadas a mi espalda

y colocaba al lado todos mis juguetes

para sentirme feliz todo el día.


Y a veces durante casi una hora

veía marchar mis soldados de plomo

con sus uniformes y artilugios

entre las sábanas, por las colinas;

o sacaba mis árboles y casas

y fundaba ciudades por todos lados.


Y yo era el enorme gigante quieto,

sentado sobre la almohada-colina,

que delante de sí ve, llano y montañoso,

el alegre país de la colcha.



domingo, 17 de marzo de 2019

Lecciones de Historia (por Miguel d' Ors)


En el nombre de Dios -ojo: no del Gran Todo,

no del Gran Manitú ni el Punto Omega

ni del dios (Dios me libre) deseado

y deseante de ciertos camarotes de seda-,

en el nombre del Padre que fizo toda cosa,

en el nombre del solo

Dios verdadero, el Dios de los profetas

hirsutos y los vastos patriarcas,

el de Inés y Cecilia,

sexo débil más fuerte que todas las legiones,

el Dios que sostenía la sonrisa

de Tomás Moro bajo el hacha negra,

el Dios de Louis Pasteur, el de Gaudí, de Chesterton,

de los analfabetos como yo,

el Dios de las amebas, de los Tronos

y las Dominaciones,

del simún y el Museo Británico, comienzo

esta declaración, esta memoria

del desolado tiempo que he vivido.

Que Él ponga en mis palabras una chispa de

Su innombrable fuerza.




I

La segunda mitad del siglo XX

era más pertinaz que una sequía

de los años 40.


Tenían -¿cómo no!- las Cinco Vías

de Tomás, el inmenso aventurero,

tenían los ocasos de Granada, el acorde

de octubre en los hayedos de Zuriza,

tenían a Audrey Hepburn (y a Raquel Welch), tenían

el Cervino, Florencia,

la Sexta Sinfonía de Beethoven,

el cielo azul -que es cielo y es azul-,

el silencioso grito de un minuto cualquiera

de la Madre Teresa de Calcuta...


Tropezaban con Dios en cada cosa:

un niño: Dios; una gaviota: Dios;

una mujer que dice -yo también-:

Dios; un buen verso: Dios. Pero eran ciegos,

sordos, inexplicables,

y negaron a Dios como quien niega

el mar o las manzanas.



II

La segunda mitad del siglo XX

no tuvo Dios ni dioses, ni siquiera

un poste de colores como Caballo Loco,

que ser menos salvaje que hombre blanco.


Y vino lo que vino:

si Dios no existe, el hombre es un fosfato

(un fosfato que vota, miren qué delicado).


Si Dios no existe -déjense de bromas-

no existen argumentos contra el horno

crematorio, el Gulag, la clínica asesina,

la bomba de neutrones, las Brigadas

Rojas, los Mao-Tse-Tung...

Si Dios no existe ¿quién me dice a mí

que no me cague en todos los restantes fosfatos?

Si Dios no existe, sálvese quien pueda.

Si Dios no existe, el Mandamiento Nuevo

es “jodeos los unos a los otros”.


Considerad, hermanos, con qué fidelidad

lo cumplió la segunda mitad del siglo XX.



III

La segunda mitad del siglo XX

la humanidad del hombre dimitió.


¿Para qué molestarse en decir no

con la palabra no? Mejor con metralleta,

John Kennedy, mejor con rifle, con pistola,

con granada de mano.

¿Por qué esperar al punto

final para acabar la discrepancia,

Bob Kennedy, pudiendo terminarla

con un tiro?


¿Por qué pedir justicia

con razones, pudiendo, Martin Luther,

pedirla con un kilo

de Goma-2?


¿Por qué perder el tiempo

en ser humanos, Aldo Moro, José María

Ryan, Manuel Expósito, almirante Carrero,

Anwar El Sadat, por qué, muertos y muertas

cuyos nombres se mezclan y confunden

en el olvido igual que las mandíbulas,

los zapatos, los trozos de chatarra, los dedos

en el súbito asfalto ensangrentado,

por qué perder el tiempo en ser humanos

pudiendo ser un cóctel Molotov,

un Cetme, una PO-3, un artilugio?



IV

La segunda mitad del siglo XX

llevó la compasión a un grado alejandrino.


Para ayudar al viejo de lentos sufrimientos,

nada tan tierno como asesinarlo.


Para que no haya niños de mirada famélica,

eliminar los niños.


Durante la segunda mitad del siglo XX

el crimen fue la forma más sublime

de la filantropía.



V

La segunda mitad del siglo XX

proclamó la bandera de la paz y la vida:

la vida de Mick Jagger,

la vida de Alí Agca, la de Charles

Manson, la de Bokassa,

la de José Rodríguez, son sagradas;

la vida de las focas y la de las sequoias

y hasta la vida de los vietnamitas

son sagradas, etcétera...

Muy bien, señores,

pero mientras el Universo se llenaba

de palomitas rosas, mientras todos ustedes

hacían el amor y no la guerra,

en cada útero un Auschwitz, un Dachau, un Stalin,

un Führer, un Vietnam, un Paracuellos,

un negro y fiero y ciego bombardeo.

Todo legal, no sufra, todo a cargo

de la Seguridad Social, naturalmente.


Cinco, veinte, sesenta millones, ochocientos

millones de personas -Dios lleva cuenta exacta-

asfixiadas, quemadas, trituradas

(con absoluta higiene y música ambiental

para que nadie diga).

Yo he escuchado sus llantos diminutos,

he visto sus milímetros de espanto,

sus deditos de leche desvalida

moviéndose en el cubo funerario.


Yo levanto estos versos como un volcán de rabia

y grito a las estrellas

que el mayor genocidio de este planeta fue

la segunda mitad del siglo XX.



VI

La segunda mitad del siglo XX

fue una escena de cama

de dimensiones cósmicas.


El Arte fue la cópula,

la Cultura la cópula,

la Diversión la cópula

y la Revolución también la cópula.


Allí todo fue copula-copulae... Todo menos

la cópula, que fue

durante la segunda mitad del siglo XX

sodomita, enfundada, interrupta, egocéntrica,

auricular, estéril, solitaria,

informática, teledirigida,

only for women, multitudinaria,

etcétera, etcétera, etcétera...

De todas las maneras

inferior a los perros.



VII

La segunda mitad del siglo XX

se propuso llegar al Paraíso

ahorrándose el viaje.


Ser Agustín sin recorrer de bruces

todo el dolor que media

entre el robo de peras y la visión beatífica;

ser Francisco de Asís sin merecerlo

por el hambre y el no y el parecido

con los lirios del campo;

ser -ay- Juan de la Cruz sin noche oscura

ni cadenas voraces ni dolencia de amor;

ser María Goretti, pero llegando a un trato.

Ver a Dios sin limpiarse el corazón.


Para volar tan alto,

tan alto, les vendieron un atajo:

pastillas, sobrecillos, jeringuillas,

perfectos sucedáneos -pensaban- de la ascética.

Ascética sintética.


Una fumata, tío, y el éxtasis. Un sorbo

de este rollo y las ínsulas extrañas.

Un pinchacillo aquí y escuchas en diez pistas

el hosanna de oro de los coros angélicos.


Lo malo es que el atajo era mentira.

Lo malo es que aquel cielo era mentira.

Lo malo es que la puerta que Ferlinghetti & Dylan,

Limited (very limited) cantaban

los condujo -mentira, “Lasciate ogni speranza”-

al Horror infinito.



VIII

La segunda mitad del siglo XX

fue amiga de los ríos y los quebrantahuesos,

de la ballena azul y los otoños,

de la gentiana Clusii y el Yosemite Valley.


Muy bien. Me apunto a todos esos bosques,

a las corrientes aguas

puras, al Aconcagua, a las aves ligeras;

me apunto a todo locus más o menos amoenus;

al lupus homini homo, si esto le hace feliz.


A lo que no me apunto es a después

de tanta historia con Mamá Natura

asesinar 1.000 niños ustedes ya me entienden.


A lo que no me apunto es a morir,

igual que Jimi Hendrix,

con catorce pinchazos diz que de paraíso

debajo de la lengua.

A lo que no me apunto ni borracho

es a clamar por la Naturaleza

con un dispositivo en la vagina,

una funda de plástico ya saben,

un kilo de pastillas en el alma

y millones de hermanos que no llegan

a especie protegida.



IX

La segunda mitad del siglo XX

dijo que la Verdad no era verdad,

que cada cual con su opinión, y todos

a ser homini lupus en paz y compañía.


No es verdad que hoy es martes,

no es verdad esta lluvia, no es verdad Paraguay

ni mi bigote ni sus estornudos

ni dos y dos son cuatro: todo son opiniones.

Usted hoy se ha comido un plato de opiniones

-perdón, una opinión

de opiniones (tampoco voy a imponerle el plato)-;

a usted, cuando se sienta,

le pica esa opinión que le ha salido

en toda la opinión.


Pero ¿qué digo usted!

Usted es solamente

una opinión. Yo soy una opinión.

Esto es sencillamente

una conversación entre opiniones.



X

La segunda mitad del siglo XX

atinó con la Llave

de la Sabiduría: un hombre, un voto.


El manejo es sencillo:

un drogadicto, un voto; un premio Nobel,

un voto; dos maricas, dos votos; un apóstol,

un voto; un loco, un voto; un cuerdo, un voto;

William Shakespeare, un voto; Pedro Pérez, un voto;

Santa Teresa, un voto; Charles Manson, un voto;

Platón, un voto; Claudia Cardinale,

un voto; usted, un voto.


Acto seguido

una rápida suma, y miren qué sencillo

fue para la segunda mitad del siglo XX

el Wahrheitserkenntnisweg.



XI

La segunda mitad del siglo XX

funcionó por razones

que la Raison jamás conocerá.


Pero yo sí conozco algunos casos,

frères humains qui après nous vivez:

Andrés se hizo fascista por profundos

motivos de peinado,

Yvonne marxista porque las milongas

de los Quilapayún, Pedro bakuninista

por Margarita, Plácido católico

por afición al órgano (en el mejor sentido),

Giambattista se hizo socialista

dicen que por la rima, Doña Pura

testigo de Jehová por una minipímer,

Juan y Pedro mormones por razones

de estricta sastrería.


Insondables abismos del organismo humano:

durante la segunda mitad del siglo XX

nadie fue calvinista por Calvino,

ni sartriano por Sartre, ni budista por Buda,

sino que por, o sea, que sentían

un no sé qué, que quedan balbuciendo

aquellos antropoides.



XII

La segunda mitad del siglo XX

fue mediocre también en la herejía.


Pensemos en los grandes

clásicos del error, profesionales

como Pelagio, Arrio,

Lutero, Hus, Calvino: arduos años en trato

con la Biblia y los Padres de la Iglesia,

orando en penumbras temblorosas,

pasando doctorados, sínodos, conclusiones...

De repente una idea infernal: el filioque,

la sustancia, distingo, de humanitate Christi...

Advertencia, Tractatus, advertencia, concilio,

más advertencia, insumisión, condena

y el final conocido:

pregonero, tambores, las calles agolpadas

y una fogata multitudinaria

cuyos fulgores crepitaban años

y años en las memorias campesinas

y se perpetuaban en trovos y consejas.


Durante la segunda mitad del siglo XX

todo fue más chapuza: el padre Van der Buden

a base de ir en cueros entre los tulipanes

dijo no sé qué cosa (ni él tampoco

debió saberlo mucho). A Don Hans Kraus

le bastó con algunas mugres tercermundistas

de Der Spiegel. A Paqui Rodríguez, peluquera

de Mula (Murcia, España), se le ocurrió su cisma

bajándose el tirante del bikini

al borde de un cubata perezoso.


También incompetentes

para el mal. Ni siquiera merecían

el honor de una hoguera.



XIII

La segunda mitad del siglo XX

dio pasos de gigante.


Hubo no obstante algunos reaccionarios,

gentes que se negaron a avanzar con su tiempo

-una monja ruinosa de Calcuta, unos papas,

Escrivá, Solzhenitsyn, Lech Walesa,

Jérome Lejeune y otros,

sin olvidar los pérez con sus codos gastados

en el amargo roce de los lunes y martes

y unos pocos millares de silencios postrados

bajo la lucecita latiente del Sagrario-,

gentes insolidarias, no cabe duda,

gentes

reacias a vivir a cuatro patas

y a dar aquellos pasos de gigante

camino de la nada.


Nadie lo supo, y ellos sostenían

la máquina del mundo.

Luminosos rebeldes, ellos fueron

el rumbo de la Historia

durante la segunda mitad del siglo XX.



SALMO FINAL

Grandes son Tus hazañas, Señor, fuerte Tu brazo:

Tú salvaste a Tu pueblo de la lluvia de napalm,

de los tanques del Pacto de Varsovia,

de Nixon, de Jomeini, de Fernández Ordóñez.


Señor, Tú nos libraste de los que nos traían

la libertad en sus cañones, Tú

has sacado a Tu pueblo intacto de las fauces

de Kruschev, de la CIA, de Playboy, de Alí Agca.


Tu fuerza no la vencen los missiles

ni L’ Être et le Néant

ni Gaddafi ni la Trilateral.


Tu amor no tiene fin, Señor: Tu pueblo,

que atravesó el desierto y el Mar Rojo,

también logró pasar -mayor prodigio-

la segunda mitad del siglo XX.



sábado, 16 de marzo de 2019

¿De dónde te ha llegado? (por Mukaghali Makatayev)


Mi pobre cuñada que da leche y yogur si pides agua
parece haber envejecido mucho.
Dime, ¿por qué resurges como jota de picas
con los ojos tan fuera de sus órbitas?

Oh, Dios mío, ¡qué fría es su mirada!
Ya mira por encima de los hombres
como un palo de guardia mostrándonos la senda
para inspeccionar sus conductas con estrecho bigote.

Oh, querida cuñada, ¿aún recuerdas a nuestro honesto tío?
Ambos respetábamos la vida familiar.
Maldita sea la guerra sangrienta.
Pobre cuñada mía, ¿quién habrá alterado tu sosiego apacible?

¿Dónde está tu resuelta risa?
¿Por qué tienes el rostro así de ceñudo?
Eras rebelde, nadie te atraparía con un lazo,
¿quién hizo que cambiaras tu habitual rebeldía?

Súbitamente te has visto sometida.
Recibiste dolor en lugar de alborozo.
Eras mujer de buen gusto,
¿cómo te has enganchado a esos bigotes negros?

Orgullosa de ti estaba la familia,
calzándote las botas en los pies.
A muchos otros hombres ignorabas,
y a tantos los pisaste...

Ya has envejecido, pobre cuñada mía.
Tú que casi nunca te rendías al dolor,
¿de dónde te ha llegado?
¿O será, amiga mía, que echas de menos
aquella juventud que murió entre la guerra?



viernes, 15 de marzo de 2019

Un guijarro de cuarzo (por Ted Kooser)


Junto a la puntera de mi bota

un guijarro de cuarzo,

una gota de la leche de la tierra,

sucia y fría.

Lo coloqué al trasluz

y a través de él casi vi

la gran explicación.

Déjalo dónde estaba, me dijo algo,

déjalo dónde estaba y sigue tu camino.



jueves, 14 de marzo de 2019

Esa piedra (por Rafael Baldaya)


La piedra,
esa piedra con que
tropiezo
y
tropiezo
y
tropiezo muchas veces
en ella,
en la misma,

la piedra en la que caigo 

recaigo
y
rerrecaigo,
esa piedra es
-o sea,
soy-
la piedra yo.



miércoles, 13 de marzo de 2019

La Recoleta (por Jorge Luis Borges)


Aquí es pundonorosa la muerte,
aquí es la recatada muerte porteña,
la consanguínea de la duradera luz venturosa
del atrio del Socorro
y de la ceniza minuciosa de los braseros
y del fino dulce de leche de los cumpleaños
y de las hondas dinastías de los patios.
Se acuerdan bien con ella
esas viejas dulzuras y también los viejos rigores.

Tu frente es el pórtico valeroso
y la generosidad de ciego del árbol
y la dicción de pájaros que aluden, sin saberla, a la muerte
y el redoble, endiosador de pechos, de los tambores
en los entierros militares;
tu espalda, los tácitos conventillos del norte
y el paredón de las ejecuciones de Rosas.

Crece en disolución bajo los sufragios de mármol
la nación irrepresentable de los muertos
que se deshumanizaron en tu tiniebla
desde que María de los Dolores Maciel, niña del Uruguay
-simiente de tu jardín para el cielo-
se durmió, tan poca cosa, en tu descampado.

Pero yo quiero demorarme en el pensamiento
de las livianas flores que son tu comentario piadoso
-suelo amarillo bajo las acacias de tu costado,
flores izadas a conmemoración en tus mausoleos-
y el porqué de su vivir gracioso y dormido
junto a las terribles reliquias de los que amamos.

Dije el enigma y diré también su palabra:
siempre las flores vigilaron la muerte,
porque siempre los hombres incomprensiblemente supimos
que su existir dormido y gracioso
es el que mejor puede acompañar a los que murieron
sin ofenderlos con soberbia de vida,
sin ser más vida que ellos. 


martes, 12 de marzo de 2019

Yo conozco las estrellas (por Sara Teasdale)


Yo conozco las estrellas por sus nombres,
Aldebarán, Altair,
y conozco el camino que recorren
por la amplia escalera azul del cielo.

Yo conozco los secretos de los hombres
por el aspecto de sus ojos;
sus pensamientos grises, sus pensamientos extraños,
me entristecen y vuelven sabia.

Pero tus ojos son oscuros para mí,
aunque parecen llamar y llamar.
No puedo decir si me amas
o no me amas en absoluto.

Yo conozco muchas cosas,
pero los años vienen y van,
y moriré desconociendo
la única cosa que anhelo saber.



lunes, 11 de marzo de 2019

Ellos (por Uriel Martínez)


Los veo en la calle, cualquier calle,
a cualquier hora y a todas horas;
en su mirada no llevan domicilio
ni remitente, por lo mismo, nadie
habrá que los reclame, a quien
hagan falta, quien los extrañe.
Ellos tampoco, quizá de un momento
a otro se asumieron como son:
libres como un guante o un paraguas
olvidado; acaso una sábana
de algodón sin su par,
sin su correspondiente envés,
como una cicatriz que va sin
rostro, abierta, indolora.



domingo, 10 de marzo de 2019

Trescientos escalones (por Francisca Aguirre)


Estaba todo quieto en la casa apagada.
Hasta el día siguiente, hasta sabe Dios cuándo
el silencio reinaba como un ídolo antiguo.
No funcionaban las leyes del tráfico,
esas imprescindibles ordenanzas
que hay que acatar para transitar el pasillo.
Es como si la noche propusiera una tregua,
como si al apagar la luz se apagara el peligro.
Escucho. Nada. Todos callan unánimes.
Mirar la oscuridad es profesar de muerto:
los ojos van de lo negro que nos habita
a lo negro que nos envuelve.
Somos los apagados, los ausentes,
los que gavillan tiempo en sus muñecas,
somos los auditores del silencio
y ese silencio es como un túnel por el que solo avanza el tiempo.
No ver, no estando ciegos, es hundirse en el tiempo.

El armario, con su puerta entreabierta, da a las costas de Francia.
Oigo los barcos que salen o entran por el puerto del Havre.
Veo tres niñas muy contentas, en Barcelona,
porque se iban de viaje:
se acababan los bombardeos,
ya no tendrían que esconderse debajo de aquella escalerita
que conducía a las habitaciones superiores
mientras oían, espantadas, el agudo silbido de las bombas.
Nos íbamos, nos íbamos a Francia.
Y así llegamos a Bañolas:
nosotras contentísimas de ver el lago,
papá, mamá y la abuela
arrastrando su corazón, empujándolo a la frontera.
París fue para mí, durante mucho tiempo, un gato.
Había un gato en aquella pobre pensión en que vivimos,
un gato que dormía al lado de una estufa.
Yo nunca vi París: tan solo vi ese gato.

Y nos fuimos al Havre para tomar un barco.
Nosotras con dos muñecos y un monito,
papá con su caja de pinturas y un sueño acorralado,
un sueño convertido en pesadilla,
un sueño multitudinario
arrastrado como único equipaje
por una inmensa procesión de solos.
Pero aquel barco no llegó a su puerto:
esperamos, mientras mamá, para alumbrarnos,
cantaba algunos días El niño judío: "De España vengo, soy española".

No llegó el barco. Llegaron aviones alemanes.
Hubo que caminar a gatas por las habitaciones del hotel,
que estaba frente al puerto.
Aquel hotel tenía un nombre,
se llamaba La Rotonde de la Gare.
Papá pintaba. Y, como Modigliani,
iba a ofrecer sus cuadros a las gentes. Tampoco a él le compraban.
Nosotras aprendimos francés en dos semanas.

El reloj de La Gare ha dado un cuarto,
papá me dice que levante la cara un poco más,
dos o tres pinceladas y termina el retrato.
Mi padre, no sé bien por qué, me pintó de japonesa.
Para siempre quedé con mi abanico,
con los ojos ligeramente oblicuos y asombrados,
en una edad más bien indefinida
y con una diadema de pensamientos sobre el pelo.

Papá, vamos al puerto, vamos al puerto ahora que hay tiempo
y luego vámonos corriendo a ver el Bois del Hallates,
vamos, que se perdió tu cuadro y ya solo podré verlo contigo y para siempre.

Papá, perdimos tantas cosas
además de la infancia y los trescientos escalones que tú pintaste
nunca he sabido si para decirnos que había que subirlos o bajarlos.
Y ahora pienso, desde tu mano que me ayudaba a recorrerlos,
que tal vez me dijiste entonces
que había que subirlos y bajarlos
y para eso los pintaste
y para eso pasaste días enteros
pintando una escalera interminable,
una hermosa escalera rodeada de árboles y árboles,
llena de luz y amor,
una escalera para mí,
una escalera para que pudiera subir,
vivir,
y una escalera para descender,
callar,
y sentarme a tu lado como entonces.

Me he levantado para cerrar la puerta del armario.
Está mi casa sosegada,
apenas en el aire zumba tenue la remota sirena de un barco.
Los que más amo duermen:
mi hija arropada en sus nueve años
y Félix indefenso ante sus treinta y ocho.
Al fin se extingue el eco de los barcos.
Vuelvo a la cama.
—Buenas noches, papá. Hasta mañana si Dios quiere. Que descanses.


sábado, 9 de marzo de 2019

En metáfora (por Nicolae Prelipceanu)


Sabes que unos amigos míos un poco más jóvenes al regresar de Atenas

(es bueno que los jóvenes viajen)

me han recordado que la palabra metáfora allí

significa tranvía o metro o incluso tren

esto es coges una metáfora

y te encuentras al otro lado de Grecia

por ejemplo subes a la metáfora y te vas

dejas toda tristeza y alegría

y otros sentimientos contradictorios-contrarios

que te atormentaban allí donde estabas desde hacía mucho tiempo

todo el mundo se va a la oficina en metáfora

todo el mundo se evade (para ir al campo) en metáfora

todo el mundo tiene una sola idea (fija)

cuando se alegra o se entristece

y esta se llama metáfora

te compras un billete para la metáfora

y te vas de viaje sin cuidado

pero a ellos se les olvidó decirme

qué haces cuando la metáfora está de huelga

tal vez pones pies en polvorosa o lo cortas por lo sano (andando) simplemente como antes

cuando la metáfora no significaba transporte en común sino tu transporte

a solas

de soledad en soledad.



viernes, 8 de marzo de 2019

Una ventana donde asomarse (por Andrée Chedid)


Yo no creo en los naufragios.

Hay una máscara azul al fondo de los pozos.

Las portadoras de pan se suceden,

las vidas se acuerdan de otras vidas.

Siempre quedará una ventana donde asomarse,

promesas por mantener,

un árbol donde apoyarse.

En algún sitio existe el rostro de nuestra tierra,

¿quién nos dirá su nombre?



jueves, 7 de marzo de 2019

Intactos (por Víctor Botas)


No me preguntes cómo pasa el tiempo.
El caso es que ya estoy un poco sordo
y el pelo me blanquea. Sin embargo,
aún siento un no sé qué, algo muy tenue
(como un temblor de luna en un estanque),
aquí, justo en la boca del estómago,
cada vez que te miro. Qué curioso,
qué curioso, ¿verdad? Qué raro: el tiempo,
que en Babilonia destruyó las rosas,
que terminó con Júpiter y a polvo
redujo los imperios y las caras
(que todo se lo lleva por delante
como un rinoceronte enloquecido),
me parece que hoy se va a dejar
los dientes (por lo menos), en su inútil
empeño de ir borrándote esos ojos
que intactos yo lo quiero aquí se quedan.



miércoles, 6 de marzo de 2019

Como si volviera (por Miltiadis Malakasis)


¡Ah! Cómo palpita a veces este corazón y tiembla despacio,
ahora, en mi vejez.
Como un joven, me regocijo con la noche y el día, con la claridad
de las estrellas, con los ocasos, con los amaneceres.

Como si volviera de la clase enmohecida a casa de mis padres
con tres días de vacaciones
y me fuera a Galatá y a la inmortal montaña
con su tranquila ladera.

Como si me esperaran allí mis fieles pastores de cabras
y mis compañeros, los pastores de ovejas,
para entrar con unos en los bosques mientras los demás corren
desde la cima visible hasta la fiesta de mi boda.

E, incluso, como si estuvieran preparados el queso, el requesón,
la carne, el dulce de Ios,
el kokoretzi caliente sobre las hojas de los plátanos
y el aguardiente eliótico.

Y, después, como si me llevaran al baile con sus pañuelos de seda
las pastoras y sus hijos
y, allí, donde me balanceo y me inclino y me retuerzo y me deslizo,
me gritaran: ¡Vamos, vamos!...

¡Ay! Cómo palpita a veces este corazón y tiembla despacio,
y cómo me sube la sangre,
como si estuviera allí cantando con el acompañamiento del caramillo:
"Lo dicen los ruiseñores en los desfiladeros...".


martes, 5 de marzo de 2019

Ni tú ni yo (por Josefina de la Torre)


Altas ventanas abiertas
dejaron sombras de luces
disparadas en la arena.
El camino estaba quieto,
muerto del blanco preciso
con doce heridas de invierno.
En las ramas de los pinos
el pensamiento giraba
las brisas de los olivos.
Una vez cerca. El espacio
vacío, libre, perdido
a lo largo de los brazos.
Y qué lejos el momento,
cuatro paredes baratas
imágenes del espejo.
Ni tú ni yo. Las ventanas
altas, abiertas, desnudas,
suicidas de madrugada.



lunes, 4 de marzo de 2019

Inventario (por Jorge Luis Borges)


Hay que arrimar una escalera para subir. Un tramo le falta.
¿Qué podemos buscar en el altillo
sino lo que amontona el desorden?
Hay olor a humedad.
El atardecer entra por la pieza de plancha.
Las vigas del cielo raso están cerca y el piso está vencido.
Nadie se atreve a poner el pie.
Hay un catre de tijera desvencijado.
Hay unas herramientas inútiles.
Está el sillón de ruedas del muerto.
Hay un pie de lámpara.
Hay una hamaca paraguaya con borlas, deshilachada.
Hay aparejos y papeles.
Hay una lámina del estado mayor de Aparicio Saravia.
Hay una vieja plancha a carbón.
Hay un reloj de tiempo detenido, con el péndulo roto.
Hay un marco desdorado, sin tela.
Hay un tablero de cartón y unas piezas descabaladas.
Hay un brasero de dos patas.
Hay una petaca de cuero.
Hay un ejemplar enmohecido del Libro de los Mártires de Foxe, en intrincada letra gótica.
Hay una fotografía que ya puede ser de cualquiera.
Hay una piel gastada que fue de tigre.
Hay una llave que ha perdido su puerta.
¿Qué podemos buscar en el altillo
sino lo que amontona el desorden?
Al olvido, a las cosas del olvido, acabo de erigir este monumento,
sin duda menos perdurable que el bronce y que se confunde con ellas.



domingo, 3 de marzo de 2019

El espantapájaros (por Walter de la Mare)


Durante todo el invierno inclino la cabeza
bajo la lluvia torrencial;
el viento del norte me rocía con nieve
y otra vez me golpea;
a medianoche, bajo un laberinto de estrellas,
ardo con brillante resplandor,
y me incorporo sobre el rastrojo, rígido,
como el correo de la mañana.

Pero cuando ese niño llamado Primavera
y toda su hueste de amigos vienen,
esparciendo sus capullos y gotas
sobre estos acres de mi hogar,
una agitación se despierta en mis harapos;
levanto los ojos vacíos y observo
los cielos en busca de cuervos,
esos enemigos voraces de mi amo: el Hombre.

Lo observo caminar detrás de sus herramientas,
y sé que pronto el trigo
se balanceará sobre los campos,
antes cubiertos por un estéril blanco;
pronto miraré a través de un mar
de granos engendrados por el sol,
que mi estrecha vigilia ha custodiado
para que otra vez haya cosecha.



sábado, 2 de marzo de 2019

Ella (por Rafael Baldaya)


tras lo inventado o fabulado
después de lo narrado
de lo representado
después del sueño o del ensueño
luego del trance
de la pasión
del clímax
terminado el delirio
tras la embriaguez
luego de la lectura justo al cerrar el libro
en cuanto acaba el cine y las luces se encienden
ido el breve respiro
tras la tregua o paréntesis
vuelve otra vez la terca
vuelve la agazapada
alerta y al acecho perseguidora
vuelve ella

la insistente
vuelve la infatigable
sitiadora
rodeante
siempre a lomos del suelo
en sus tres dimensiones vuelve
la cosa esta



viernes, 1 de marzo de 2019

Fue risa y destreza (por Emily Dickinson)


Este tranquilo polvo fue caballeros y damas,
y muchachos y chicas;
fue risa y destreza y jadeos
y trajes y rizos.

Este estático lugar, una agitada casona de verano
donde flores y abejas
completaron su circuito oriental,
para cesar ellas también.


jueves, 28 de febrero de 2019

Vas a ser (por Saiz de Marco)


Vas a sembrar la tierra. Vas a devastar pueblos. Vas a alzar acueductos. Vas a erigir murallas. Vas a trazar caminos. Vas a bombardear ciudades desde el cielo. Vas a hacer hospitales. Vas a arrasar cultivos. A otros humanos vas a esclavizar. Vas a inventar la rueda, la pólvora, el teléfono… Vas a cuidar a enfermos, desvalidos. El dolor de los otros no te va a dar igual. El sufrimiento ajeno no te va a ser ajeno. Vas a cortar cabezas. Tus manos vas a usar para ayudar a otros. Vas a recluir a gente en campos de exterminio. Vas a ser bondadoso. Vas a ser despiadado. Vas a ser egoísta. Vas a ser solidario… Vas a ser Fleming. Vas a ser Gandhi. Vas a ser Hitler. Vas a ser Buda. Vas a ser Marx. Vas a ser Cristo… Vas a hacer todo eso, simio de erguido andar. Todo eso vas a ser, mono desnudo.


miércoles, 27 de febrero de 2019

Plegaria (por Delmira Agustini)

—Eros: ¿acaso no sentiste nunca
piedad de las estatuas?
Se dirían crisálidas de piedra
de yo no sé qué formidable raza
en una eterna espera inenarrable.
Los cráteres dormidos de sus bocas
dan la ceniza negra del Silencio;
mana de las columnas de sus hombros
la mortaja copiosa de la Calma,
y fluye de sus órbitas la noche;
víctimas del Futuro o del Misterio,
en capullos terribles y magníficos
esperan a la Vida o a la Muerte.
Eros: ¿acaso no sentiste nunca
piedad de las estatuas?

Piedad para las vidas
que no doran a fuego tus bonanzas,
ni riegan o desgajan tus tormentas;
piedad para los cuerpos revestidos
del armiño solemne de la Calma,
y las frentes en luz que sobrellevan
grandes lirios marmóreos de pureza,
pesados y glaciales como témpanos;
piedad para las manos enguantadas
de hielo, que no arrancan
los frutos deleitosos de la Carne
ni las flores fantásticas del alma;
piedad para los ojos que aletean
espirituales párpados:
escamas de misterio,
negros talones de visiones rosas...
¡Nunca ven nada por mirar tan lejos!

Piedad para las pulcras cabelleras
«místicas aureolas»
peinadas como lagos
que nunca airea el abanico negro,
negro y enorme de la tempestad;
piedad para los ínclitos espíritus
tallados en diamante;
altos, claros, extáticos
pararrayos de cúpulas morales;
piedad para los labios como engarces
celestes, donde fulge
invisible la perla de la Hostia;
«labios que nunca fueron,
que no apresaron nunca
un vampiro de fuego
con más sed y más hambre que un abismo».
Piedad para los sexos sacrosantos
que acoraza de una
hoja de viña astral la Castidad;
piedad para las plantas imantadas
de eternidad, que arrastran
por el eterno azur
las sandalias quemantes de sus llagas;
piedad, piedad, piedad
para todas las vidas que defiende
de tus maravillosas intemperies
el mirador enhiesto del Orgullo:
apúntales tus sales o tus rayos...

Eros: ¿acaso no sentiste nunca
piedad de las estatuas?...



martes, 26 de febrero de 2019

Cuando llueve así (por Claudia Masin)


¿Viste cómo llueve?
Llovió así toda la noche
y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,
aunque fuera en el extremo más inalcanzable
de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía
pareciera que el mundo fuera a desprenderse de su eje,
pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina
y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden
que lentamente se transforma en armonía.

Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como ésa,
a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:
que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan
arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos
y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces
ha sido nuestra historia, los objetos
que confirman que somos seres físicos y no un soplo
filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia
que no se detiene jamás para incluirnos.

¿Soñaste alguna vez,
cuando llega la violencia del aguacero,
con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,
soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,
descalzos bajo la luz, como esperando saber algo
que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo
podría revelarnos?

Pero el rayo no cae, no cayó
y al día siguiente todo sigue a salvo en el mismo lugar.
Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,
una noche, de que nos fuera concedida una verdad
extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta
de que somos los mismos y no sabemos nada.



lunes, 25 de febrero de 2019


Plaza de San Martín, en Buenos Aires.

A ella aluden los dos poemas, de Benedetti y Borges, que siguen.


Plaza de San Martín (por Mario Benedetti)


En este espacio cada uno es capaz
de zurcir sus vislumbres y tinieblas
árboles me rodean con sus patas de elefante
tengo un gong en las sienes memoriosas

en un banco como éste cubierto de ramitas
mi adolescencia aprendió a Dostoievsky
y gracias a Fernández Moreno en Chascomús
pensó el equivalente de anch’io son’pittore

tozudo como la cadencia de un molino
latigazo del aire desairado
sé del barro prolijo los segmentos de cielo
las hojas muertas y el gemido o la brisa

no es un refugio pero da amparo
oasis ecológico con vista a la jornada
sin la miseria huésped en los lindes
pero con frisos de jactancia y humo

siempre me anima su propuesta de verdes
y la disfruto como si fuera un insomnio
de esos que transitan por los amores de la piel
proclive a tantas otras ceremonias

también me conforta su condición de isla
eco querellante del simulacro organizado
por fortuna libre de viejas simetrías
ya que sus canteros fingen otra retórica

lujo del pobre entre los opulentos 

galaxia de jubilados y niñeras
y seminaristas autoflagelados
que salen a respirar con los gorriones

siempre acudo a vos en peregrinación
plaza san martín de los pastitos elegantes
y de las muchachas que aprenden a besar
con los ojos cerrados como en el cine


domingo, 24 de febrero de 2019

Plaza de San Martín (por Jorge Luis Borges)


En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles.
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.
Con fino bruñimiento de caoba
la tarde entera se había remansado en la plaza,
serena y sazonada,
bienhechora y sutil como una lámpara,
clara como una frente,
grave como ademán de hombre enlutado.

Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de los árboles
-jacarandas, acacias-
cuyas piadosas curvas
atenúan la rigidez de la imposible estatua
y en cuya red se exalta
la gloria de las luces equidistantes
del leve azul y de la tierra rojiza.


¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!

Abajo el puerto anhela latitudes lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.


sábado, 23 de febrero de 2019

Es sólo eso (por Elvira Sastre)


Es sólo que el tiempo avanza,
como avanzan los trenes
en los raíles vacíos,
pero avanza también en quien no conozco,
en quien conozco y no distingo,
en quien distingo y no recuerdo,
en quien recuerdo y no conozco.

Es sólo que este tiempo que no es mío
crece a pasos agigantados sobre las canciones,
bajo las carreteras asfaltadas,
entre las palabras extranjeras,
dentro también de todo aquello
que no alcanzo a comprender.

Es sólo eso, mi vida,
este tiempo incansable,
y tus huellas que lo siguen,
y mis pies quietos, estáticos, incapaces,
deseando deteneros.


viernes, 22 de febrero de 2019

Hierro y carne (por Inger Cristensen)


Me apoyo tiernamente en la noche,
con ayuda de una balaustrada oxidada,
encuentro el camino de mi mejilla y mi hombro,
encuentro el camino de mi ternura:
hierro y carne.
El resto son banderas
que ondean silenciosas, interrogando fuera y dentro,
en el espacio de la noche, en el espacio del alma:
¿muerte?
pongo la mano sobre el rostro palpitante
de la noche,
quito un poco de óxido de mi mejilla.



jueves, 21 de febrero de 2019

Rendición (por Gerard Smyth)


Tu viejo vestido de chiffon
cuelga como el fantasma de Emily Dickinson,
triste y desdichado en el cuarto del fondo.

Un cuarto al que rara vez entramos.
Evoca recuerdos de una noche en los conciertos,
un día en Rávena.

Ahí consignamos
a la pila de trapos y el revoltijo de cosas
tu ropa elegante, mi traje de tweed
grueso como una armadura.


Ahí en el armario con perchas de madera
está el sombrero de paja
de tantos viajes, el ala estropeada;

y la chaqueta suelta, que perdió algunos botones:
en otro tiempo de moda,
ahora anticuada como el echarpe de Aran
o la camisa con vuelos, deshilachada lo mismo
que una bandera de rendición.


miércoles, 20 de febrero de 2019

Quién está debajo de ustedes (por Carl Sandburg)


¿A quiénes pertenecen, sombreros?
¿Quién está debajo de ustedes?
Desde el borde de la frente de un rascacielos
miré y vi: sombreros: cincuenta mil,
hormigueando con un rumor de abejas y de rebaños, 

de hacienda y de cascadas,
parándose con un silencio de musgo marino, 
un silencio de trigo en la llanura.
Sombreros: contadme vuestras grandes esperanzas.


martes, 19 de febrero de 2019

Esto no cambiará (por Sara Teasdale)


Esto no cambiará ahora
después de tantos años;
la vida no lo ha desgastado
con la despedida o las lágrimas;
esto no será vencido por la muerte;
esto vivirá para ti en todas mis canciones
cuando yo me haya ido.


lunes, 18 de febrero de 2019

Salmo del sueño mutilado (por Tadeusz Nowak)


Por las noches en la boca besado en la boca
mi sueño duerme junto a mí Los ojos del sueño abiertos
Una lanza se clava en el costado Mi mano en la lanza
Una guinda que presiente por nosotros sangra

Arrímate al sueño cabeza mía arrímate
manos entrad en su costado perforado
Se tornan blancas las emplumadas estacas de la valla
y en la aldea cantan tres veces los gallos

Arrímate a mí oh arrímate a mí
sueño mío sumergido en la suplicante mutilación del pobre
Ungiré con aceite tu costado perforado
y tus atravesadas manos y tus piernas



domingo, 17 de febrero de 2019

Sentado en esta sombra (por Álvaro Valverde)


Abro la verja del jardín sin nadie.
Espera mi llegada el viejo limonero
y al verlo me parece
que no hubiera pasado en parte alguna
todo este largo tiempo,
que siempre hubiera estado
sentado en esta sombra, silencioso,
viendo pasar los días
con la mirada turbia de los que nada esperan,
pero al fin sobreviven.
Con tanta asiduidad he recordado
este mismo lugar
que no es extraño
sentir la vuelta a casa
como un hecho casual como si ahora
volviera una vez más y simplemente
cerrara una vez más la misma puerta.
La casa es hacia dentro el laberinto
que siempre he perseguido. Permanece
sitiada por los muros
azules de la infancia,
por ecos de una edad sobrevenida.
En la azotea,
el puerto sigue siendo un sueño antiguo
y arriba en las estrellas
leo de nuevo
el rumbo del viaje que comienza.



sábado, 16 de febrero de 2019

Sin conocer sus grietas (por Saiz de Marco)


Cómo vas a juzgarle sin conocer sus grietas

sus secretos profundos que a él mismo se le ocultan
su propio no entenderse
su erosión
sus derrumbes
sus heridas precoces
sus viejas cicatrices
su miedo
sus arrastres
sus sueños amputados
su humillación
su rabia
su gritar hacia dentro
sus dolores silentes
su ira
sus decepciones
su temblor subterráneo
su niebla
su extravío
su
   su
      su
         su

sin saber nada de eso 
cómo vas a juzgar a quien ignoras


viernes, 15 de febrero de 2019

Libro con río (por Robert Rivas)


Abrió un libro con río
enseguida la casa se llenó de intrusos
que atravesaban las paredes
como si fuesen invisibles
enseguida también y además se prepara un viaje
¿colectivo?
y la gente de la casa
arma valijas
numerosas
y baúles cubiertos de etiquetas
con manglares y serpientes
con placas robadas
de calles que muy posiblemente
hayan dejado de existir
al perder el nombre
mientras tanto giran los clientes
en esas tiendas
sobre pequeñas plataformas
circulares
que los llevan de una punta a la otra
exponiéndolo todo a su mirada
y giran como muñecos
¿y quién está vivo en esas
dependencias que imitan
lo fastuoso
y presentan infinidad de objetos
nuevos y brillosos
que anhelan ser tocados
en su espera codiciable?
mientras la noche
gira afuera como una cinta transportadora
cambiando los personajes
las mujeres de piernas como obuses
los señores que creen saber quesloquebuscan
los autos hacen chirriar las cubiertas
en las cintas de asfalto
manos en los volantes
manos creyentes
¿no dirigen el rumbo, acaso?
en este momento
alguien sale de ese salón iluminado
para arrojarse al tren, al río, a la soledad
inmensa de su cuarto
el cuarto insoportable en su cabeza
todo esto, Señor
todo esto, sí, Señor
¿por qué nos has dado?
y todo el resto
y todos los que duermen
y todos los que sueñan
y todos los que no pueden dormir
y están sentados a la espera
del desistimiento de sus preocupaciones
y están aquellos que se disfrazan una última vez
ante el espejo grande
antes de desparramarse en una cama
que podría ser un bote desmayado
en un océano
de olvido
y de rabia


jueves, 14 de febrero de 2019

Extranjero en la propia alma (por Fernando Pessoa)


Nadie me conoció bajo la máscara de la identidad ni supo nunca que era una máscara, porque nadie sabía que en este mundo hay enmascarados. Nadie supuso que junto a mí estuviera otro que, al fin, era yo. Siempre me juzgaron idéntico a mí.

Vivimos todos lejanos y anónimos; y disfrazados sufrimos, desconocidos. Para unos esta distancia entre un ser y ellos mismos jamás se revela; para otros resulta de cuando en cuando iluminada, con horror o dolor, por un relámpago sin límites; para algunos ésta es la penosa constancia y cotidianidad de la vida.

Saber bien que quienes somos no nos atañe, que lo que pensamos o sentimos es siempre una traducción, saber todo eso a cada minuto, sentir todo eso en cada sentimiento, ¿no será ser extranjero en la propia alma, exiliado en las propias sensaciones?


miércoles, 13 de febrero de 2019

Habla bien de los muertos (por William Hope Hodgson)


Habla bien de los Muertos en tu corazón,
habla bien de los Muertos,
quienes ahora están mirando, tristes;
habla bien del barro silencioso,
del espíritu apenado y amargo que tiembla
en cada epíteto que arrojas
sobre la cabeza indefensa.

Habla bien de los Muertos con tu lengua,
habla bien de los Muertos,
si es que puedes, y si no, arremete mudo
contra el barro silencioso,
con respeto, sin virulencia desbocada
o palabras que puedan aplastar
la triste alma de los Muertos.

Habla bien de los Muertos en tu alma,
habla bien de los Muertos;
si la memoria te sugiere algo
para avergonzar al barro silencioso,
recuérdalo como un viejo carbón, y nada más,
que las cenizas no hieren a los Muertos.



martes, 12 de febrero de 2019

Carcaj (por Esther Ramón)


Un perro que se abalanza
sobre mí en plena calle
desnuda, el perro abierto
sobre mí
y sus dientes fuertemente
agarrados a mi ropa
a la mía
y reconozco el collar,
aún llevo puestas
las manos que lo cerraron
mis manos
y el perro es mi perro
al que olvidé al que
nunca nunca nunca
dimos de comer,
ninguna tienda abierta y los
escaparates llenos de carne,
lo están devorando
parásitos que no vemos
y su mordisco es el único
abrazo que merezco.



lunes, 11 de febrero de 2019

La suma de ellos (por Tomas Tranströmer)


Siempre nos sentimos más jóvenes 
de lo que somos. 

Llevo dentro de mí 
mis rostros anteriores, 
como un árbol contiene sus anillos. 

La suma de ellos soy yo. 

El espejo no ve más que 
mi último rostro, 
mientras que yo conozco 
todos los anteriores.


domingo, 10 de febrero de 2019

Veleta (por Federico García Lorca)


Viento del Sur,
moreno, ardiente,
llegas sobre mi carne,
trayéndome semilla
de brillantes
miradas, empapado
de azahares.

Pones roja la luna
y sollozantes
los álamos cautivos, pero vienes
¡demasiado tarde!
¡Ya he enrollado la noche de mi cuento
en el estante!
Sin ningún viento,
¡hazme caso!,
gira, corazón;
gira, corazón.

Aire del Norte,
¡oso blanco del viento!
Llegas sobre mi carne
tembloroso de auroras
boreales,
con tu capa de espectros
capitanes,
y riyéndote a gritos
del Dante.
¡Oh pulidor de estrellas!
Pero vienes
demasiado tarde.
Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.

Sin ningún viento,
¡hazme caso!,
gira, corazón;
gira, corazón.

Brisas, gnomos y vientos
de ninguna parte.
Mosquitos de la rosa
de pétalos pirámides.

Alisios destetados
entre los rudos árboles,
flautas en la tormenta,
¡dejadme!
Tiene recias cadenas
mi recuerdo,
y está cautiva el ave
que dibuja con trinos
la tarde.

Las cosas que se van no vuelven nunca,
todo el mundo lo sabe,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse.
¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?
¡Es inútil quejarse!

Sin ningún viento.
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.



sábado, 9 de febrero de 2019

Desde las nueve (por Konstantino Kavafis)


Doce y media. Rápidamente el tiempo
pasó desde las nueve, cuando encendí mi lámpara
y me senté aquí. Estoy sentado
sin hablar o leer. ¿A quién podría hablar
en la casa desierta?

La imagen de mi cuerpo joven,
cuando encendí mi lámpara a las nueve,
vino a mi encuentro despertando
un perfume de cámaras cerradas
y pasado placer. ¡Qué audaz placer!
También trajo a mis ojos
calles ahora no reconocibles,
lugares de otro tiempo donde la vida ardió,
viejos teatros o cafés difuntos.

La imagen de mi cuerpo joven vino
y me trajo también memorias tristes:
las penas familiares, los adioses,
los sentimientos de los míos,
los sentimientos de los muertos
apenas atendidos.

Doce y media. Cómo pasan las horas.
Doce y media. Cómo pasan los años.



viernes, 8 de febrero de 2019

Salvaje (por Claudia Masin)


Un cachorro de jaguar abre los ojos

cuando la luz empieza

a retirarse y es la hora del hambre, de aprender

a procurarse el alimento

por sí mismo. Cierra

los ojos cuando el sol aparece,

en medio de las hojas filtrándose,

tocándolo como se toca a un animal salvaje

aún pequeño: con suavidad,

con miedo, con prudencia. Yo te dije:

un jaguar no es hijo

de nadie, es siempre huérfano. Pero quisiste

darme casa y alimento, la domesticidad

que cura y tranquiliza a los serenos, que enloquece

y esclaviza a las fieras. No quiero

la familia, la casa, la luz demasiado brillante

sobre el cuero. Duele. El cuero está curtido

pero debajo hay lastimaduras y el calor

las trae de vuelta, me hace volver

a retorcerme, es la soga que me encorva

y me entristece. Yo te dije que no puedo.

No puede la bestia calmarse y condolerse

de sí misma, no puede desprenderse ya

de su fiereza que es amor

aunque aterre a todo el que se acerca: amor a la inestable

y violenta vida que encrespa los nervios,

amor a las silenciosas

ramas del álamo que espera la estampida

porque en su interminable estarse quieto es el momento

más precioso: el momento en que despiertan

las criaturas del bosque y se aparean y se matan

y se lamen las heridas mutuamente, una vez

terminada la batalla que siempre,

pero siempre, recomienza.



jueves, 7 de febrero de 2019

Soy forastera (por Inger Christensen)


He tratado de relatar un mundo que no existe
para que existiese. 
El aire que está inmóvil en el aire
sobre los campos de los alrededores de la ciudad 
a los que ya no voy.
La alegría de una distancia a la que te has acostumbrado. 
El sosiego de una desazón a la que te has acostumbrado. 
Como durante la fiebre alta
el júbilo de que no significas nada.

He tratado de mantener al mundo a distancia. 
Ha sido fácil.
Estoy acostumbrada a mantener el mundo a distancia. 
Soy forastera. 
Como mejor me encuentro es siendo forastera. 
De esa manera me olvido del mundo. 
De esa manera no lloro ni me encolerizo más. 
De esa manera el mundo se vuelve blanco e indiferente.

Y camino por cualquier parte. 
Y permanezco completamente inmóvil.
De esa manera me acostumbro a estar muerta.

Esto es un crítica del poder del hombre sobre el idioma
porque es una crítica del poder del idioma sobre el hombre.


miércoles, 6 de febrero de 2019

Y no intentes atar la mariposa (por Emily Dickinson)


No te acerques demasiado a una casa de rosa,

pues los estragos de una brisa

o la inundación de una gota de rocío

derrumbarán su pared, amedrentada.


Y no intentes atar la mariposa,

ni escalar los setos de la consecución.

Hallar descanso en lo inseguro

está en el mismo ser de la alegría.


martes, 5 de febrero de 2019

El día que ella se fue (por Nandeo Dhasal)


El día que ella se fue
pinté mi cara de negro.
Abofeteé duramente en su cara al salvaje viento demenciado.
Recogí los pequeños pedazos de mi vida
y me quedé desnudo ante un espejo agrietado.
Me permití hacer venganza sobre mí.
Miré condescendientemente el sol y dije '¡estúpido!'.
Lancé selectas maldiciones sobre todos los artistas que pintan sueños.
Caminé desde el este hacia el oeste.
Tomé piedras que encontré en el camino y las lancé contra mí mismo.
Cómo fluye rápidamente esta agua en su ataque de risa
a través de montañas y gargantas,
¿qué océano persigue encontrar?,
¿o se filtrará
en el suelo al nivel del mar?
¿Alguna vez pertenecí a mí mismo?
No pude ni abrazar su cuerpo muerto
y desahogar mi corazón.
El día que ella se fue
pinté mi cara negra.


lunes, 4 de febrero de 2019

Las noches recuerdan (por Sara Teasdale)


Los días recuerdan y las noches recuerdan
las nobles horas que una vez hiciste grandes.
Ocultas en su esplendor, en lo profundo de mi corazón yacen,
enterradas como soberanos en sus ropas reales.

Que no despierten de nuevo, mejor que se queden encerradas,
envueltas en recuerdos, adornadas con joyas y arreglos;
muchos reyes fantasmales han despertado del sueño de la muerte
y encontraron sus tronos decaídos y sus coronas robadas.


domingo, 3 de febrero de 2019

Porque no dijimos nada (por Vladimir Maiakovski)


La primera noche se acercan 
y cortan una flor de nuestro jardín, 
pero no decimos nada.

La segunda noche ya no se esconden 
y pisan las flores, matan nuestro perro 
y no decimos nada.
Hasta que un día, el más débil de ellos 
entra solo en nuestra casa, 
nos roba la luna y, 
conociendo nuestro miedo,
nos arranca la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada 
ya no podemos decir nada.


sábado, 2 de febrero de 2019

La letanía de los siete besos (por Clark Ashton Smith)



I

Beso tus manos, tus manos, cuyos dedos son delicados y pálidos como los pétalos del loto blanco.


II

Beso tu cabello, que tiene el lustre de negras joyas, y es más oscuro que el Leteo, floreciendo a medianoche a través del sueño sin luna de tierras con fragancias de amapola.

III

Beso tu frente, que se asemeja a la luna creciente en un valle de cedros.

IV

Beso tus mejillas, donde persiste un leve rubor, como el reflejo de una rosa sostenida en una urna de alabastro.

V

Beso tus párpados, los comparo con las flores veteadas de púrpura y me cierro bajo la opresión de una noche presente, en una tierra donde los ocasos son tan brillantes como las llamas del ámbar ardiente.

VI

Beso tu garganta, cuya ardiente palidez es la del mármol calentado por el sol de otoño.

VII

Beso tu boca, que tiene el sabor y el perfume de las frutas humedecidas con el rocío de una fuente mágica, en el paraíso secreto que solo nosotros encontraremos; un paraíso donde los que vienen nunca más se irán, ya que sus aguas son las del Leteo, y su fruto es el del árbol de la Vida.


viernes, 1 de febrero de 2019

Sin mí (por Susana Benet)


Por un instante he visto
la terraza, sin mí.
Mi pequeño sillón, vacío.
Sobre la mesa, una taza de té
y un libro abierto.
Los gatos dormitando;
las tórtolas, ociosas.
Abriéndose la flor,
sola, en el aire perfumado.
Las ramas de la acacia
levemente mecidas
por la brisa de otoño.
Las nubes deslizándose
con calma por el cielo.
Y he sentido la súbita nostalgia
de vivir el instante que ahora vivo.


jueves, 31 de enero de 2019

En lo alto sobre vosotros (por Enrique Molina)


Me abrazo a vosotros -¡oh zapatos!- color herrumbre de bodega
en los viejos barcos sarnosos que crujen de miedo
color muro de monasterio y puerta de letrina
zapatos míos queridos que beso y se disuelven como una caricia de arena

Encajonado en vosotros soy el rehén vagabundo
de este planeta cálido como una bestia
lleno de hojas
y calles que el invierno baldea inundando vuestras suelas por un frío agujero
y no obstante
con apasionados labios de cuero volvéis a la hierba
trotando en silenciosos parques o franjas de césped baldío de los suburbios
y el repiquetear sobre los adoquines cuando el alba aparece envuelta en leche humeante
o bien zapatos de cementerio
junto a la sangre polar de un ataúd
bamboleado en lo alto sobre vosotros y agitando sus largas cintas moradas que se desprenden
como los tentáculos de un ronco carguero que zarpa en la niebla
con el chasquito de la resaca
y un rumor de pisadas que se alejan

Zapatos de vientre sombrío
cálidas bocas curtidas caparazones errantes uno tras otro hacia un astro de sombra ineluctable
tras enormes mujeres con las axilas abiertas en el sofocante aliento de algún cuarto de
respiraciones de flores donde palpitan tantos abrazos pasionales tantas rampas de sexos
vivos que conducen a la infancia del fuego
entre el elástico alcohol de los bares con sorprendentes individuos coronados de humo y de
blasfemias
prisioneros hasta la muerte
de esos tatuajes que perpetúan en las almas
los romances absurdos de este mundo

Hermanos incitantes zapatos desmantelados escucho en vuestro caracol una atronadora
melodía de cosas que pasan y estallan como un tambor quemado vivo en viejas
habitaciones abandonadas
hacia donde me condujeron y de las cuales me arrancaron sin saber por qué
para lanzarme al viento de esos grandes paisajes asados de la nada
¡dementes zapatos míos mocasines hambrientos de garras de pantera!



miércoles, 30 de enero de 2019

De una orilla a otra (por Octavio Paz)


Entre ahora y ahora
entre yo soy y tú eres
la palabra puente.

Entras en ti misma
al entrar en ella:
como un anillo
el mundo se cierra.

De una orilla a otra
siempre se tiende un cuerpo,
un arcoiris.

Yo cantaré por sus repechos,
yo dormiré bajo sus arcos.



martes, 29 de enero de 2019

Si alguno, desarmado, da con él (por Emily Dickinson)


Es una criatura tan curiosa el pasado.
Examinar su rostro
puede dejarnos como impronta un éxtasis
o, en cambio, una vergüenza.


Si alguno, desarmado, da con él
que escape cuanto antes.
Sus consumidas municiones pueden
aún reaccionar.


lunes, 28 de enero de 2019

Se llaman Descubrimiento (por Ciaran Carson)


Sucedió por una manzana. 

Estábamos en un mercado, luz solar y lloviznas de agosto parpadeaban a través del techo acristalado sobre un barril de manzanas, verdes con un rubor rojizo, el rocío aún parecía relucir sobre ellas. 

Tomaste una.

Pruébela y vea señorita, dijo el vendedor. 

Asentiste, y mordiste la pulpa crujiente. 

Sentiste el jugo explotar en tu boca, al igual que yo cuando me la pasaste para la segunda mordida.

Se llaman Descubrimiento, dijo el vendedor, una muy buena manzana para comer. 

Compramos una libra de ellas, algo de vino y queso, y acudimos al campo, donde hicimos un picnic junto a un arroyo.

Me ofreciste una Descubrimiento. 

Esta vez pude sentir tu boca a través del jugo. 

Mordida a mordida, hasta que la terminamos como uno. 

Tiramos el centro.

Luego nos preguntamos cosas que nunca nos habíamos preguntado antes.


domingo, 27 de enero de 2019

Todas las habitaciones (por Louis Aragon)


Todas las habitaciones de mi vida
me habrán estrangulado con sus muros
aquí los murmullos se ahogan
los gritos se rompen

Aquellas en las que viví solo
con grandes pasos vacíos
aquellas que guardaban sus espectros antiguos
las habitaciones de indiferencia

las habitaciones de la fiebre y aquella que
yo había instalado para morir ahí fríamente
el placer alquilado las noches extranjeras

Hay habitaciones más hermosas que heridas
hay habitaciones que les parecerán banales
hay habitaciones de súplicas
habitaciones de luz baja
habitaciones dispuestas para todo salvo para la felicidad
hay habitaciones para mí para siempre salpicadas de mi sangre

Todas las habitaciones llega un día en que el hombre
ahí se despelleja vivo
en que cae de rodillas en que pide piedad
en que balbucea y se vuelca como un vaso
y sufre el suplicio espantoso del tiempo
asceta lento es el tiempo redondo que gira sobre sí mismo
que mira con un ojo circular
el descuartizamiento de su destino
y el pequeño ruido de angustia antes de las
horas de las medias horas
Nunca sé si eso va a sonar por mi muerte
Todas las habitaciones son habitaciones de justicia
Aquí conozco mi medida y el espejo
no me perdona

Todas las habitaciones cuando al fin me duermo
han lanzado sobre mí el castigo de los sueños
porque de los dos, soñar o vivir, no sé cuál es peor.



sábado, 26 de enero de 2019

Catedral (por Jorge Luis Borges)


Las olas de rodillas
los músculos del viento
las torres verticales como gritos
la catedral colgada de un lucero
la catedral que es una inmensa parva
con espigas de rezos

Lejos
lejos
los mástiles hilvanan horizontes
y en las playas ingenuas
las olas nuevas cantan los maitines.

La catedral es un avión de piedra

que puja por romper las mil amarras
que lo encarcelan
la catedral sonora como un aplauso
o como un beso.



viernes, 25 de enero de 2019

Formulario (por Olga Ivanova)


Llenemos el formulario: fecha de nacimiento-
ése es el inicio del engaño,
el comienzo del delirio o sueño...
El problema es claro, parece.
Y en la casilla debajo de la fecha
damos nuestra dirección y número de teléfono;
a la izquierda nuestro sexo, abajo a la derecha
damos nuestra nacionalidad,
luego viene la firma. Bueno, ¿es más clara la vida
ahora y cómo manejarla?


jueves, 24 de enero de 2019

Ya sé que no es aquel (por Alfredo Buxán)


Ha vuelto el gorrión a la ventana.
Es un instante de belleza pura.
Ya sé que no es aquel. Ni yo tampoco.
Escucharé el gorjeo con que aviva,
acaso sin saberlo, las macetas
del balcón, la mirada que contempla
su loca algarabía y sus afanes.

Quisiera, como él, no tener miedo
y volar a otro alero por sorpresa.
Vivir de rama en rama, tan tranquilo,
sin que nada interrumpa mi alegría.

Ya sé que no es aquel, pero me mira,
casi inmóvil, como si se acordara.


miércoles, 23 de enero de 2019

Pero ahora sé resucitar (por Elvira Sastre)


He redondeado esquinas
para no encontrar monstruos a la vuelta
y me han atacado por la espalda.
He lamido mi cara cuando lloraba
para recordar el sabor del mar
y solo he sentido escozor en los ojos.
He esperado de brazos cruzados
para abrazarme
y me he dado de bruces contra mi propio cuerpo.
He mentido tanto
que cuando he dicho la verdad
no
me
he
creído.

He huido
con los ojos abiertos
y el pasado me ha alcanzado.
He aceptado
con los ojos cerrados
cofres vacíos
y se me han ensuciado las manos.
He escrito mi vida
y no me he reconocido.

He querido tanto
que me he olvidado.
He olvidado tanto
que me he dejado de querer.

Pero
he muerto tantas veces
que ahora sé resucitar
—la vida es
quien tiene la última palabra—.
He llorado tanto
que se me han hecho los ojos agua
cuando he reído,
y me he besado.
He fallado tantas veces
que ahora sé cómo discernir los aciertos de lo inevitable.
He sido derrotada por mí misma
con dolor y consciencia,
pero la vuelta a casa ha sido tan dulce
que me he dejado ganar
—prefiero mi consuelo
que el aplauso—.

He perdido el rumbo
pero he conocido la vida en el camino.
He caído
pero he visto estrellas en mi descenso
y el desplome ha sido un sueño.

He sangrado,
pero
todas mis espinas
han evolucionado a rosa.

Y ahora
mi vida
huele a flor.



martes, 22 de enero de 2019

Lo que sin forma avanza por el tiempo (por Eleonora González)


La evolución de las especies tiene

barba de viejo

finas pilosidades

de árbol fueguino, hongo de alga,

tiene quince picos por capítulo

hijos de la misma madre.

Es la cara de un hombre

que antes no fue Dios.

Lo que hay que traducir es el recuerdo

de ese origen bajo el agua buscando palabras como

océano, transmutación, pinzones,

lo que sin forma avanza por el tiempo

multiplicado,

encontrar el estilo de epitafia simbiótica,

el rasgo variable de la lengua ajena.

Esta cola, por ejemplo, es más larga

y sobrevive.

Sobre el mundo material

podemos decir al menos esto

venimos a la Tierra por leyes generales,

así empieza.

Termina la traducción diciendo:

todos éramos peces al principio

y todavía tenemos branquias.



lunes, 21 de enero de 2019

Tan estrábicos (por Rafael Baldaya)


¿cuántas veces el sur ha sido el norte
oriente fue occidente
andar hacia delante era retroceder
creíamos acertar y nos equivocábamos
lo idóneo era lo pésimo
lo limpio fue lo turbio?

tan extraviados
tan aturdidos
tan estrábicos porque anduvo nuestra mente
confusa en otro tiempo

y ahora ¿cómo sabemos si este norte es el norte
si subir es subir
si la noche es de noche
si está recto lo recto?

eh cómo lo sabemos si antes no lo intuimos
y ni siquiera estamos seguros de que ahora lo sepamos

¿cómo saber si ya se hizo la claridad

se disipó la niebla?

¿cómo saber que ahora no estamos ofuscados si antes
cuando lo estábamos
creíamos no estarlo?

¿es que acaso no puede una obnubilación

venir detrás de otra
o tras el lienzo opaco
una oscuridad blanca?

¿cómo saberlo
cómo
si podemos estar ¡si de hecho estamos!
si residimos 

si pasamos la vida 
en el error?


domingo, 20 de enero de 2019

Un corazón helado (por Louise E. Glück)


Así se vive cuando tienes un corazón helado.
Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría,
bajo las copas inmensas de los arces.

El sol apenas me alcanza.
A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos.
Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo.
Siento su brillo entre las hojas, vacilante,
como quien golpea un vaso con una cuchara de metal.

No todos necesitan de la luz
en igual medida. Algunos
creamos nuestra propia luz: una hoja plateada
como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata
poco profundo bajo la oscuridad de los arces.

Pero esto ya lo sabes.
Tú y aquellos que piensan
que viven por la verdad, y en consecuencia,
aman todo lo que es frío.



sábado, 19 de enero de 2019

En tierra lejana (por Edith Södergran)


Mi alma adora las tierras extrañas
como si no tuviera patria.
En tierra lejana están las grandes rocas
sobre las que mis pensamientos reposan.
Fue un forastero quien escribió las extrañas palabras
en el duro tablero que se hace llamar mi alma.
Días y noches pienso tumbada
en las cosas que jamás pasaron:
mi alma sedienta pudo beber una vez.



viernes, 18 de enero de 2019

Dueños de su quietud (por Andrés Trapiello)


Al final de la tarde
las últimas estelas se detienen
en la pared de cal,
accidentes, cenizas.
En los ojos entonces los paisajes
suenan como lacados
y hasta parecen lágrimas,
tan suavemente llegan.

Hablo de mí porque temo a la muerte
desnuda de las cosas
y que la muerte venga a esta azotea
a quedarse en la calma y el silencioso valle.

Como en su vaso el té moruno y verde
o el viejo libro que abierto está a su lado
han conseguido ser dueños de su quietud,
y en su quietud
igualarse a los astros que van en vastas órbitas,

como ese viejo libro y ese vaso de té,
recuerda este lugar y este momento.

Un día llegará en que te preguntes
¿de ti, de mí, qué fue de todo aquello?,
y de los ojos
ya no vendrán palabras.



jueves, 17 de enero de 2019

Su lado imposible (por Sergio Navarro)


Lanzaste al aire
la moneda vibrante de tu vida.
Hoy al mundo le enseñas
la cara que tocó del lanzamiento.
Y mientras la sostienes en la palma,
acaricia tu mano
la cruz oculta que tu corazón
quería.
Estrechas la moneda
y es su lado imposible
el que en tu piel se graba.



miércoles, 16 de enero de 2019

El gorrión solitario (por Giacomo Leopardi)


Desde la cima de la antigua torre,
solitario gorrión, hacia los campos
vas cantando hasta que muere el día
y la armonía corre por el valle.


La primavera alrededor
brilla en el aire y en el campo exulta,
como al mirarla el alma se enternece.
Escuchas los balidos, los mugidos.
Las otras aves juntas, compitiendo,
dan, alegres, mil vueltas por el cielo
libre, y celebran su estación mejor.

Tú, ajeno y pensativo, miras todo;
sin volar, sin amigos,
huyendo del juego y evitando el gozo;
cantas, y así atraviesas
la flor más bella de tu edad y el tiempo.

¡Oh cuánto se parecen
nuestras costumbres! Risas y gozo,
dulce familia de la edad temprana,
amor, hermano de los jóvenes,
suspiro amargo de pasados días,
no sé por qué no los busco; y es más, de ellos
me alejo cuanto puedo
casi solo y extraño
a mi lugar natal,
y así paso la primavera de mi vida.

Este día que ahora ya anochece
se suele celebrar en nuestra villa.
Se oye el son de una esquila en el sereno,
se oyen a lo lejos broncas escopetas,
atronadoras, de una aldea a la otra.


Toda la juventud
con los trajes de fiesta
deja las casas, corre por las calles;
y mira y es mirada, y su alma ríe.

Yo saliendo a los campos
en soledad por lugar tan lejano,
tanto deleite y juego
dejo para otro tiempo; y al tender
la vista al aire ardiente
me hiere el sol, que tras lejanos montes
se disipa al caer, como diciendo
que la feliz juventud declina.

Cuando a la noche llegues, solitario,
del vivir que te otorgan las estrellas,
en verdad tu existencia
no llorarás; pues cada deseo
es fruto de la naturaleza.

Pero si el detestado
umbral de la vejez
no consigo evitar,
cuando mis ojos sean mudos a otros pechos,
ya de ellos vacío el mundo, y el mañana
sea más tétrico y tedioso que el hoy,
¿qué será del deseo?,
¿qué será de estos años?, ¿qué será de mí mismo?
¡Ay, me arrepentiré y a menudo,
sin consuelo, miraré hacia atrás!



martes, 15 de enero de 2019

Mecánica social (por César Vallejo)



Algo te identifica con el que se aleja de ti, y es la facultad común de volver: de ahí tu más grande pesadumbre.

Algo te separa del que se queda contigo, y es la esclavitud común de partir: de ahí tus más nimios regocijos.

Me dirijo, en esta forma, a las individualidades colectivas, tanto como a las colectividades individuales y a los que, entre unas y otras, yacen marchando al son de las fronteras o, simplemente, marcan el paso inmóvil en el borde del mundo.

Algo típicamente neutro, de inexorablemente neutro, interpónese entre el ladrón y su víctima. Esto, así mismo, puede discernirse tratándose del cirujano y del paciente. Horrible medialuna, convexa y solar, cobija a unos y otros. Porque el objeto hurtado tiene también su peso indiferente, y el órgano intervenido, también su grasa triste.

¿Qué hay de más desesperante en la tierra, que la imposibilidad en que se halla el hombre feliz de ser infortunado y el hombre bueno, de ser malvado?

¡Alejarse! ¡Quedarse! ¡Volver! ¡Partir! Toda la mecánica social cabe en estas palabras.



lunes, 14 de enero de 2019

La herida (por Anestis Evangelou)


Aquí
un poco más abajo del cuello
en el pecho
jugando casi
insospechada
indiferente
dejaste tu profunda huella
me marcaste para siempre.

Han pasado tantos años, claro, desde entonces
pero
brilla, sabes, levemente bajo la ropa todavía
de modo extraño
no puedo ocultarme, me ven
el marcado dicen y con el dedo
me señalan.

Por las noches sin embargo,
me quito despacio la ropa y a la luz
de la lámpara, desnudo,
acaricio con ternura la herida
la venero
y la cuido con orgullo secreto.



domingo, 13 de enero de 2019

Aquello (por Ángel González)


Aquello.
No eso.
Ni
—mucho menos— esto.

Aquello.

Lo que está en el umbral
de mi fortuna.
Nunca llamado, nunca
esperado siquiera;
sólo presencia que no ocupa espacio,
sombra o luz fiel al borde de mí mismo
que ni el viento arrebata, ni la lluvia disuelve,
ni el sol marchita, ni la noche apaga.

Tenue cabo de brisa
que me ataba a la vida dulcemente.
Aquello
que quizá hubiese sido
posible,
que sería posible todavía
hoy o mañana si no fuese
un sueño.