zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

Ver una entrada al azar

lunes, 27 de junio de 2016

Las estaciones (por Henry Parland)


Habéis oído
la carcajada de las estaciones de ferrocarril
cuando al pasar vertiginoso el tren
les guiña el ojo:
¡Venid conmigo!

Las estaciones de ferrocarril jamás se van con él.
Reflexionan
sobre la gélida sonrisa de los horarios
y se carcajean
ante los desesperados intentos de los raíles
por alejarse a rastras de las traviesas.



domingo, 26 de junio de 2016

Una erupción de astillas (por Sara Mesa)


¿Qué hay en el espejo trizado, que en él me reconozco?

¿Son los fragmentos rotos, la ceniza,

este limo estrellado,

estas leves partículas briznadas,

el reflejo poliédrico, escarchado,

el eterno fractal inaprensible,

las limaduras, el serrín, los segmentos;

la descomposición,

es quizá más cercana a mi esencia

a mi alma

que toda la lisura y plenitud

de un espejo pulido?


Manto de hierba.

Soles movibles, fugaces, incompletos.

El mar está formado por un inabarcable movimiento de gotas, de mareas.

Mi saliva jamás destila igual,

nunca es la misma.

La metralla implacable de mis pies, de mis ojos,

reverbera en la noche:

un prisma de cristales, como agua infinita

que se ondula despacio con los flujos nocturnos.


Y soy yo, centelleo; somos todos brillando,

como pájaros de aire que surcan el espacio,

donde no tropezamos con estrellas rotundas,

donde solo hay migajas, ralladuras y polvo.


Mi rostro no se rompe; es elástico,

se recompone mil veces; humedades

distintas me modelan, soplos tibios

de vigor, de deseos, de temibles,

dulces, cambiantes, perecederas ansias

me conforman.


Una erupción de astillas me sostiene.

Soy débil y soy fuerte; ya mi cuerpo

que se alza soberbio y espejea

en añicos de azogue, con fulgores

propios, frescos, novísimos, nunca antes entrevistos;

ya mi forma transida se destapa

y soy yo y soy miles y soy yo siendo miles.


Sentada en una cumbre -visceral, no tangible,

imaginada siempre como refugio y roca-

contemplo el universo disgregado.

Y sé que estoy ahí y en cada cosa

y que el espejo roto me recoge con luces y con nombres

que yo aún desconozco

y que son míos.


sábado, 25 de junio de 2016

Para que no canten ellos (por Alejandra Pizarnik)


Son mis voces cantando

para que no canten ellos,

los amordazados grismente en el alba,

los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,

un rumor a lila rompiéndose.

Y hay, cuando viene el día,

una partición del sol en pequeños soles negros.

Y cuando es de noche, siempre,

una tribu de palabras mutiladas

busca asilo en mi garganta,

para que no canten ellos,

los funestos, los dueños del silencio.

viernes, 24 de junio de 2016

Golpes sin manos (por Yamilka Noa)


Eran las doce de la noche.
Yo caminaba por Kentish Town.
El frío pesaba en mi nariz y en mis manos.
Mi frente aún reñía por tantos pensamientos confusos:
por eso la boina naranja,
el maquillaje clinique,
los pasos imprecisos.

Ya no recordaba de dónde venía.
Sabía que iba a asesinar a la memoria
-No en Kentish Town- me dije.

Llegué a mi casa, entré en mi cuarto, apagué las luces,
me recliné en la cama… (como siempre, sería yo la víctima).
Hubo una lucha, resistencia, golpes sin manos, y una voz que hacía de árbitro;
una voz miserable, ¿acaso ella procuró este juego?

Nadie ganó la pelea.
Vagué de nuevo, mientras clareaba, por Kentish Town;
esta vez sin boina (la memoria resfriada)
y en silencio.


jueves, 23 de junio de 2016

Éramos de ellos (por Sharon Olds)


Uno desde una dirección, otro
desde otra, un día vuelven, juntos,
y de pronto mi cuerpo cabe
en el aire que ocupa, y mi cerebro
entra en mi cráneo otra vez, y mi mente
en mi cerebro, y sobre los relieves anticlinales de mi
mente juega la luz. La semana anterior en la playa había visto
un ser que al principio no pude nombrar,
una criatura baja, erguida, con una cabeza
redonda y el cuerpo echado hacia atrás y unas
extremidades cortas que destellaban a los lados y debajo
como las puntas de una estrella, tanto que parecía brillar,
titilar en la arena -era un pequeño
primate, y detrás de él venía otro,
más pequeño y más primitivo,
un guiño deslumbrante, centelleante,
era un bebé-. Y ahora nuestra hija
duerme en el sillón, no siete kilos
seiscientos, sino más o menos de mi tamaño,
su cara maravillosa compleja delicada,
tranquila. Y nuestro hijo, anoche, miraba de cerca
a su enamorada mientras susurraban por un instante, qué tierna,
atenta mirada tenía. Los criamos
diariamente, quiero decir cada hora-cada minuto
éramos de ellos, ninguna hora pasaba en la que no estuviéramos
criándolos-llevándolos, soportándolos, alzándolos
en brazos, por placer, y para que pudieran ver,
más allá, lejos de nosotros.


miércoles, 22 de junio de 2016

Porque tu pena es única (por Olga Orozco)


Esa es tu pena.

Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras

y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.

Colócala a la altura de tus ojos

y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,

o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,

o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.

Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.

Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,

un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.

Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama

y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.

No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;

sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.

Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.

No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,

aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.

No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.

Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:

sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.

martes, 21 de junio de 2016

A ambos lados (por Antonio Deltoro)


A ambos lados de las doce,
del punto cero de las sombras,
las sombras equidistantes y enemigas
de la mañana y la tarde,
simétricas como la cosa y su imagen,
distintas y gemelas,
una al poniente del objeto,
otra al oriente,
la una fresca, la otra tocada por la muerte,
dibujan los dos brazos
de una balanza de sombras.



lunes, 20 de junio de 2016

Sutura cicatrices (por José Luis Morante)


Eres punto de luz tras el eclipse.
Al despoblar la sombra,
que retornes envuelta
en un aire de víspera
y prodigues abrazos.
Que rompas, trecho a trecho, la costumbre.
Sutura cicatrices,
encrucijadas, miedos.
Deberán confundirse nuestros pasos
en otra orilla, donde duerme el sol.
El beso de la escarcha
no roce tu epidermis con sus labios.
Que tu miedo y tu furia
-falsos techos de niebla-
sean leve rumor desdibujado
que se gestó una noche.
Nunca fue fácil conciliar el sueño.


domingo, 19 de junio de 2016

Prólogo de la comedia (por Wislawa Szymborska)


Se hizo un violín de cristal porque quería ver la música. Arrastró su barca hasta la cima de una montaña y esperó a que el mar llegara hasta allí. Por las noches estudiaba el “Horario de trenes”; las estaciones de destino le sacaban lágrimas de emoción. Criaba rosas con dos erres. Escribió un poema para el crecimiento del cabello y otro para lo mismo. Estropeó el reloj del ayuntamiento para detener de una vez por todas la caída de las hojas de los árboles. En una maceta donde vio crecer la hierbabuena quiso hacer excavaciones para encontrar una ciudad. Anduvo con la Tierra a sus pies, sonriente, despacito, como dos y dos son dos: feliz. Cuando le dijeron que no existía, al no poder morir de pena, tuvo que nacer. Ya anda viviendo por ahí; parpadea y crece. ¡Justo a tiempo! ¡En un buen momento! A Nuestra Señora del Amor Hermoso, la Dulce Máquina de la Prudencia, pronto le irá bien un bufón para la honesta diversión y la inocente alegría.

sábado, 18 de junio de 2016

De noche (por Olga Bernad)


Todas las noches son como esta noche,

todas las noches fueron como ésta;

cuando el mundo nació, ya era de noche.

Y en la excesiva noche de los tiempos

alguien soñó que nada pasaría.

Si te dejas caer hoy por mi sueño,

prometo protegerte de esa nada.

Seguros hacia dentro de la noche,

arrastraré hasta el fondo tus demonios;

al fondo de la noche, donde el tiempo

se convierte despacio en otra cosa. 

viernes, 17 de junio de 2016

El desnudo (por Vicente Aleixandre)

Basta, basta.


Tanto amor en las aves,

en esos papeles fugitivos que en la tierra se buscan,

en ese cristal indefenso que siente el beso de la luz,

en la gigante lámpara que bajo tierra solloza

iluminando el agua subterránea que espera,


Tú, corazón clamante que en medio de las nubes

o en las plumas del ave,

o en el secreto tuétano del hueso de los tigres,

o en la piedra en que apoya su cabeza la sombra.


Tú, corazón que dondequiera existes como existe la muerte,

como la muerte es esa contracción de la cintura

que siente que la abarca una secreta mano,

mientras en el oído fulgura un secreto previsto.


Di, qué palabra impasible como la esmeralda

deslumbra unos ojos con su signo durísimo,

mientras sobre los hombros todas, todas las plumas

resbalan tenuemente como solo memoria.


Di, qué manto pretende envolver nuestro desnudo,

qué calor nos halaga mientras la luz dice nombres,

mientras escuchamos unas letras que pasan,

palomas hacia un seno que, herido, a sí se ignora.


La muerte es el vestido.

Es la acumulación de los siglos que nunca se olvidan,

es la memoria de los hombres sobre un cuerpo único,

trapo palpable sobre el que un pecho solloza

mientras busca imposible un amor o el desnudo.


jueves, 16 de junio de 2016

Aún no ha tocado el suelo (por Frank Báez)


— La pelota que lancé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo—

Siempre quise ser el primer dominicano en la NBA.

Para entonces poner un dominicano en la NBA

era tan difícil como poner un dominicano en la luna.


Practiqué tiros libres, corrí, hice marineros,

sentadillas y lagartijas.

Parodié ganchos, donqueos.

Jugué veinticinco quintetos al día.

Mandé hacer una franela

con el número veintitrés y lloré

cuando Magic Johnson anunció que tenía sida.


Un día toqué la malla de un salto.

Luego toqué el tablero. Nunca llegué a tocar el aro.


Conseguí esas pesas

que se amarran en los tobillos

y que incrementan el salto.

Pero no funcionaron y me las cambiaron

por unos Converse Magic con aire comprimido

que me robaron mientras jugaba bajo

un transformador en San Carlos.


Compré unos Reebook Pump

y me expulsaron del equipo nacional

de minibasket.

Me faltaba estatura, alegaron.

Ni empinado era lo suficientemente alto.


Dormí trece, catorce, quince horas al día

para acelerar mi crecimiento.

Comencé a comprar jarabes,

vitaminas, minerales, suplementos.

Luego de once meses

creo me estaba encogiendo.


Hice barras.

Ejercicios de estiramiento.

Le pedí a Jesús, a la Virgen

y al hombre elástico

unas míseras pulgadas de más.


Ya tengo treinta años y todavía necesito

dos pulgadas para alcanzar los seis pies.

En vez de llegar a la NBA me mudé de barrio

y ahora juego dominó

en donde da lo mismo si eres enano.

También escribo poemas

y se los dedico a quien se me ocurra.


Por ejemplo este, que dedico a los que ya no se quitan

la camiseta al jugar básquetbol

porque les ha crecido pelo en la espalda.


Espero que lo gocen y que aplaudan.


miércoles, 15 de junio de 2016

El de la brocha (por Saiz de Marco)


Olvidar es higiénico,

es un limpiador mágico:


lava heridas profundas,

arranca viejas costras,

borra manchas mugrientas,

retira los escombros,

lleva el hierro oxidado a plantas de residuos,

saca restos de hollín,

desfonda pozos ciegos,

desatasca desagües,


te remoza,

te aclara,


deja correr el aire donde había sólo trastos…


Olvidar es fantástico,

raya en lo milagroso:


lo que una vez pasó no pasó nunca.


(Como esas pesadillas

que llegan pero luego se van sin dejar rastro;

por obra del olvido se esfuman,

se disuelven en medio de la noche.)


Olvidar es salvífico.

Sin su ayuda eficaz, sin su lograda técnica,

¿cómo resistiríamos?


¿Quién podría caminar entre tejas caídas,

desvencijadas losas,

astillas que se clavan,

vidrios rotos,

cascotes…?


Sea siempre bienvenido el ilustre fregón,

el hábil fontanero,

el pintor que recubre de cal las mohosas piedras.


-Eh oiga, el del mono blanco

(sí, usted: el de la brocha y la escalera al hombro):

¿enluciría usted estas sucias paredes?,

¿vertería sobre ellas una capa

de olvido?


martes, 14 de junio de 2016

Momento (por Juan Eduardo Cirlot)


Mi cuerpo se pasea por una habitación llena de libros y de espadas y con dos cruces góticas;

sobre mi mesa están Art of the European Iron Age y The Age of Plantagenets and Valois, aparte de un resumen de la Ars Magna de Lulio.

Las fotografías de Bronwyn están en sus carpetas, como tantas otras cosas que guardo (versos, ideas, citas, fotos).

Si ahora fuera a morir, en esta tarde (son las 6) de finales de mayo de 1971, y lo supiera de antemano,
no me conmovería mucho, ni siquiera a causa del poema «La Quête de Bronwyn» que está en imprenta.

En rigor, no creo en la «otra vida», ni en la reencarnación, ni tengo la dicha (menos aún) de creer
que se puede renacer hacia atrás, por ejemplo, en el siglo XI.

Sé que me espera la nada, y como la nada es inexperimentable, me espera algo no sé dónde ni cómo,
posiblemente ser en cualquier existente como ahora soy en Juan-Eduardo Cirlot.

Mi cuerpo me estorbaría y desearía la muerte −¡ah, cómo la desearía!− si pudiera
creer que el alma es algo en sí que se puede alejar e ir hacia los bosques donde el triángulo invertido de los ojos y boca de Rosemary Forsyth

me lanzaría de nuevo a la tierra de los hombres, porque en esta vida no he sabido o no he podido
trascender la condición humana, y el amor ha sido mi elemento,
aunque fuese un amor hecho de nada, para la nada y donde nunca.

Estoy oyendo Khamma de Debussy, que, sin ser uno de mis músicos favoritos (éstos son Scriabin, Schönberg y otros)
no deja de ayudarme cuando estoy triste, que es casi siempre.

Mi tristeza proviene de que me acuerdo demasiado de Roma y de mis campañas con Lúculo, Pompeyo o Sila,
y de que recuerdo también el brillo dorado de mis mallas doradas en los tiempos románicos,
y proviene de que nunca pude encontrar a Bronwyn cuando, entonces, en el siglo XI,
regresé de la capital de Brabante y fui a Frisia en su busca.

Pero, pensándolo bien, mi tristeza es anterior a todo esto, pues cuando fui en Egipto vendedor de caballos,
ya era un hombre conocido por «el triste».

Y es que el ángel, en mí, siempre está a punto de rasgar el velo del cuerpo,
y el ángel que no se rebeló y luchó contra Lucifer, pero más tarde
cedió a las hijas de los hombres y se hizo hombre,
ese ángel es el peor de los dragones.


lunes, 13 de junio de 2016

He dicho asombro (por Jorge Luis Borges)


Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: la clara luna volvedora y las mejillas que apetece el querer.
He santificado con versos la ciudad que me ciñe: la infinitud del arrabal, los solares.
En pos del horizonte de las calles he soltado mis salmos y traen sabor de lejanía.
He dicho asombro de vivir, donde otros dicen solamente costumbre.
Frente a la canción de los tibios, encendí en ponientes mi voz, en todo amor y en el horror de la muerte.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mi espíritu sacrifiqué con versos.
He sido y soy.
He trabado en fuertes palabras ese mi pensativo sentir, que pudo haberse disipado en sola ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón. 

Como el caballo muerto que la marea inflige a la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna. 
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?


domingo, 12 de junio de 2016

No cierro (por Joan Margarit)


Han llamado a la puerta pero al abrir no hay nadie.
Pienso en los que amo y no vendrán. No cierro.
No es posible ninguna bienvenida.
Espero con la mano sobre el marco.
La vida se ha afianzado en el dolor
como una casa sobre los cimientos.
Sé por quién me demoro
dejando el haz de luz hospitalario
en la desierta calle.



sábado, 11 de junio de 2016

Y di con un mundo (por Emily Dickinson)


Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose- hasta que pareció
que el sentido se quebraba definitivamente

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor
comenzó a temblar -a batir- hasta que pensé
que mi mente enmudecía,

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma.
Con los mismos zapatos de plomo, de nuevo,
el espacio comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna raza extraña,
náufraga, solitaria, aquí

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces-.


viernes, 10 de junio de 2016

La tierra empapada de olvidos (por José Manuel Rivas)


Es sábado y otoño,
del día y la estación se presiente
el leve dibujo de las sombras,
la esférica pronunciación de la lluvia,
el cielo cerrado y gris,
la tierra empapada de olvidos,
los pasos que se alejan,
la mirada altiva y débil que desfallece,
la luz y la simiente entre ruinas,
el vuelo y la memoria que se pierden
y el tenue silencio de las horas
que todo acosa y derriba.

Es sábado y otoño
y octubre,
y llueve sobre el asfalto.


jueves, 9 de junio de 2016

A oler mi tierra iré (por Natalia Toledo)


De mis manos crecieron flores rojas
largas y hermosas,
cómo olvidar el miedo con que fui despojada de toda certeza.
Caminé con las manos
y metí mi cuerpo donde había lodo
mis ojos se llenaron de arena fina.
Me llamaron la niña de los nenúfares
porque mi raíz era la superficie del agua.
Pero también fui mordida por una culebra apareándose en el estero
y quedé ciega, fui Tiresias que recorrió sin báculo su historia.
¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas brotan de estos cascajos?
Tal vez soy la última rama que hablará zapoteco
mis hijos tendrán que silbar su idioma
y serán aves sin casa en la jungla del olvido.
En todas las estaciones estoy en el sur
barco herrumbrado que sueñan mis ojos de jicaco negro:
a oler mi tierra iré, a bailar un son bajo una enramada sin gente,
a comer dos cosas iré.
Cruzaré la plaza, el Norte no me detendrá,
llegaré a tiempo para abrazar a mi abuela antes que caiga la última estrella.
Volveré a ser la niña que porta en su párpado derecho un pétalo amarillo,
la niña que llora leche de flores
a sanar mis ojos iré.


miércoles, 8 de junio de 2016

Sin existir existen (por Fernando Pessoa)


Hay dolencias peores que las dolencias,
hay dolores que no duelen, ni en el alma
pero que son dolorosos más que los otros.
Hay angustias soñadas más reales
que las que la vida nos trae, hay sensaciones
sentidas sólo con imaginarlas
que son más nuestras que la misma vida.
Hay tantas cosas que, sin existir,
existen, existen demoradamente,
y demoradamente son nuestras y nosotros...
Por sobre el verde turbio del ancho río
los circunflejos blancos de las gaviotas...
Por sobre el alma el aleteo inútil
de lo que no fue, ni puede ser, y es todo.


martes, 7 de junio de 2016

Tercera sombra (por Agustín Fernández Mallo)


Vuelven las mariposas monarca, milagro de la navegación,

una vez al año.


Hay dos clases de sombra, la que viaja en contacto con el objeto

y la que se proyecta a distancia —vuela un avión y la ves correr

allí abajo sobre campos como el caudal de un río liso—.

De la primera habló Rosalía de Castro, de la segunda

Lucrecio y los astrónomos en general.


Hay una tercera sombra, nunca citada, efervesce

en el interior de los cuerpos, donde no llega la luz y el cielo

es un mar completamente aplanado.

Delirio de la eficiencia energética, hoy sólo

una mariposa monarca ha regresado.


Nos han encerrado afuera. No podemos

entrar en la casa.


lunes, 6 de junio de 2016

Por dentro (por Laura Giordani)


Bajo la piel hay alforjas

para guardar las noches

lentas, ojeras ocaso

donde se ponen

fulgores y encallan los soles

hasta hacerse crónica

nocturna, pliegue

del desvelo.


Marsupiales

cargan sus penas párvulas:

ese modo

tan humano de llorar

por dentro, de penar

por dentro hasta convertir

en piedra lunar

el llanto.


Dos criaturas de lomo púrpura

abrevan la luz

convaleciente

en nuestros ojos.


domingo, 5 de junio de 2016

Para Marilyn M. (por Charles Bukowski)


deslizándose profundamente en luminosas cenizas,

objetivo de lágrimas de vainilla

tu firme cuerpo encendió velas para los hombres

en las noches oscuras,

y ahora tu noche es más oscura

que el alcance de la vela

y te olvidaremos, de alguna manera,

y eso no es amable

pero los cuerpos reales están más cerca

y como los gusanos suspiran por tus huesos,

me gustaría contarte

que esto les sucede a osos y a elefantes

a tiranos y a héroes y a hormigas

y a las ranas,

aún así, nos entregaste algo,

alguna clase de pequeña victoria,

y por esto digo: bien

y dejemos de apenarnos;

como una flor se seca y se tira,

olvidamos, recordamos,

esperamos. niña, niña, niña,

levanto mi copa un minuto entero

y sonrío.


sábado, 4 de junio de 2016

El malecón (por Eloy Sánchez Rosillo)


Apártate de todo esta mañana
y adéntrate en ti mismo al tiempo que te adentras
en la insólita paz de este olvidado
retiro silencioso.
No hay nadie. Quedan lejos
la ciudad y sus gentes, los trabajos
tan tristes de los hombres. Es tu amigo
el buen sol de febrero, que acaricia
con mucho amor las cosas y derrama
su milagro en tu piel. Vivir deseas
con la antigua inocencia este momento
y ser de nuevo aquel adolescente
que aquí solía venir cuando necesitaba
estar solo y soñar.
Pero detente. Mira.
¿Recuerdas? Puedes verlo. En un banco de piedra
está sentado. Tiene
un cuaderno en las manos, y unos libros
hay junto a él. Quién sabe
en qué estará pensando. Ignora tantas cosas
que te enseñó la vida y que quisieras
no saber.
Déjalo. Nada le digas.
Tiempo habrá de que el tiempo
lo acerque a ti y te alcance.
Pasa a su lado y sigue. No destruyas
el encanto. Silencio. Sed dichosos
bajo esta luz bendita.
Entre las ramas
de los naranjos cantan los jilgueros.


viernes, 3 de junio de 2016

Sólo el tiempo (por Miguel d´ Ors)


Mi vida: tantos días
que no estuve en El Cuzco
ni en Siena ni en Grenoble,
tantos aviones rubricando el cielo
en los que yo no iba, tantas voces
cuyo calor jamás
tocó mi corazón.
Sólo el tiempo, vacío,
sólo el tiempo, esta estepa
desesperada, sólo
ver los martes, los miércoles, los jueves,
ver cómo se suceden, implacables,
los tubos de Colgate.



jueves, 2 de junio de 2016

Para encender la sombra (por Roberto Juarroz)


Cuando se apaga la última lámpara
no sólo se apaga algo mayor que la luz:
también se enciende la sombra.

Debería haber sin embargo lámparas
que sirvieran exclusivamente
para encender la sombra.
¿No hay acaso miradas para no ver,
vidas nada más que para morir
y amores sólo para el olvido?

Hay por lo menos ciertas tinieblas predilectas
que merecen su propia lámpara de oscuridad.



miércoles, 1 de junio de 2016

Su hogar (por Wallace Stevens)


Allí estaba, palabra por palabra,

el poema que tomó el lugar de una montaña.


Él respiraba ese oxígeno,

aun cuando el libro yaciera boca abajo sobre la mesa polvorienta.


Eso le recordaba cuánto había necesitado

un lugar al que ir, siguiendo su propia dirección,


cómo había recompuesto los pinos,

desplazado las rocas y elegido su camino entre las nubes,


para alcanzar la perspectiva correcta,

aquella que lo hiciera sentirse completo, en una culminación inexplicable:


la roca exacta donde su inexactitud

pudiera descubrir, al menos, el panorama hacia el cual se aproximaba,


donde poder echarse y, contemplando el mar,

reconocer su hogar, solitario y único.

martes, 31 de mayo de 2016

Siempre está volviendo (por Carlos Augusto Alfonso)


claro que puede volver
el niño siempre puede volver
era desgraciado era pálido era mandado a volver
he sabido de nubes condicionadas a quedarse antes
si el niño llora en cali en potosí en alabama
entre los filminutos de los empleados de la card vaid
desequilibrado ante los ojos del vio y no vio
más allá de su impacto económico
de su manera fija de proceder/como corresponde a zonas
castigadas por disciplina
aguas tibias y calientes cocinando de lado la anchoveta
llevándose a miles a reforzar el ecologismo
a sentar base de reuniones interminables
navidad de natividades con qué cara puede uno
presentarse ante la fao
y pedir ayuda
a mucho y le compran el traje al bengalí que firma
miles de protocolos en tu mundo
los bancos de cereales cuenta abierta a la polinesia
claro que puede volver
claro que el niño puede volver siempre está volviendo el niño
que necesita para la natividad que no sea que no sea que
entre la virgen por una puerta salga la virgen por la otra
a intervalos de los sueros con un levín en la nariz
el niño mama repugnado de tragar aire
el niño que muere mata y se ríe es válido
nos esperan congresos sobre la corriente del niño
por los días 24 hay también terror
las cosas quedan donde siempre paz y fertilidad
a qué hora abrió los ojos qué ángulo prefirió mirar
cómo se durmió
el niño siempre estará volviendo puntual
con su reloj del hambre.


lunes, 30 de mayo de 2016

De mí murmuran (por Rosalía de Castro)


Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman: —Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?


domingo, 29 de mayo de 2016

En trémulo seguir (por Fernando Pessoa)


Soñar un sueño es perder otro. Entristecido
contemplo el puente pesado y en calma…
Cada sueño es un existir de otro sueño,
¡oh, alma mía, eterna desterrada en ti misma!
Siento en mi cuerpo más conscientemente
el rodar estremecido del tren. ¿Se para?...
Como con un intento intermitente
de mal rodar, se detiene. En una estación, clara
de realidad y gente y movimiento.
Miro afuera… Ceso… Me estanco en mí.
Resoplar de la máquina… Caricia del viento
por la ventana que se abre… Estoy distraído…
Parar… Seguir… Parar… Esto no tiene fin.
¡Oh el horror de la llegada! ¡Horror! ¡Oh nunca
llegar, oh hierro en trémulo seguir!
Al margen del viaje prosigue… Trunca
la realidad, pasa al lado del ir
y por el lado interior de la hora
huye, usa la eternidad, vive…
Sobrevive al momento, va.
Suavemente…, suavemente, cada vez más suave y tarda.
Entra en la estación… Rechina… Se detiene… ¡Es ahora!
Todo lo que fui en sueños, el otro-yo que tuve
resbala por mi alma… Negro declive
resbala, se hunde, se evapora para siempre
y de mi conciencia un yo que nunca obtuve
dentro en mí de mí cae.


sábado, 28 de mayo de 2016

Algo brilla (por Agustín Fernández Mallo)


A la luz blanca le brotan colores para anunciarnos
que se va al recreo, al lavabo, de vacaciones,
pero va de compras
-la luz compra el mundo, siempre ha querido comprar el mundo, ocuparlo todo
es su misión, nunca ha descansado y nunca descansará, incluso los agujeros
negros se hallan saturados de luz, auténticas multinacionales de la luz-,
pero aquí, ahora mismo, es noche cerrada
y la de las estrellas no satisface lo anteriormente dicho
-mucho menos la de la luna: llega con la suciedad
de lo adquirido en segunda mano-.
El páramo se curva más que el ojo, así que
es inmenso, el viento husmea en el frío un boquete de salida.
Algo brilla entre unos matorrales, me agacho,
una tarjeta de crédito.

La había perdido años atrás, las espinas de los cardos
perforan la banda magnética, roedores han limado
la media luna de sus dientes en la fecha de caducidad, un manto
de liquen cubre los dígitos de control y mis apellidos,
no mi nombre,
me dejan huérfano.
Enseguida recuerdo:
mi primera cuenta corriente, Caixa Galicia,
un amigo había dicho "así me ayudas a que me prorroguen el contrato,
después la olvidas y ya está".
La meto en el bolsillo -un acto reflejo-.
Al instante la dejo donde estaba.


viernes, 27 de mayo de 2016

Esto era (por Antonio Gamoneda)


Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:

Llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.


jueves, 26 de mayo de 2016

En cada pecho (por Laura Giordani)


En cada pecho hay un sol sepultado,

con su pulsación clandestina,

su madriguera de temblores

y una confesión de sobrevida

en los labios.


En cada pecho, una rotura,

hueco para alojar la verdad

que no soportarían los ojos:

el aleteo de un pájaro lacerado

sostiene el mundo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Hacia el azul (por Vicente Aleixandre)

Sombras del sur, sombras aquí. Venid todas las ruedas velocísimas y salvadme del mar

que va a caerme de las alas. Si anteayer lloraba yo, hoy río, lo mismo que la trompeta cuando cesa.

Cuando tú, tú, tú, tú, tú callas diciendo: “No te quiero.” Pero el oro en la palma de la mano fulgura

una seguridad tan grata, que yo comprendo que el sueño lo han inventado los cansados, los escépticos

de su corazón mercenario, que golpeaba como una moneda en una jaula, en un—delirante ayer—

agrisado hoy volumen de gorjeo.

Canta, esperanza de agua. Dadme un vaso de nata o una afiladísima espada con que yo parta

en dos la ceguera de bruma, esta niebla que estoy acariciando como frente. Hermosísima, tú eres,

tú, no la superficie de metal, no la garantía de soñar, no la garganta partida por un cuchillo de esmeralda,

no; sino solo un parpadeo de dos visos sin tacto, de dos bellas cortinas de ignorancia. ¡Olvidar!

Olvidar es una palabra fácil, fíjate bien: olvidar. Como quien dice: “Qué día hermoso”, o “Qué hora

será cuando la lluvia”, o “Dime el peso exacto de tu pena y te diré cómo querrías llamarte: Alegre.”

Sí, más alegre es la paloma que el cántaro. Cuando conteniendo la risa se desborda la gracia

gemebunda que antes se balanceó en el columpio de la palmera, el azul más extraño se desmorona

y llora, llora en orden, sin querer saber las noticias que dicen: buen tiempo.

Azul es el caramelo y azul el llanto sobre la mano empequeñecida. Azul la teoría de los vuelos,

esa fácil demostración de cómo las faldas al girar se abren en redondo y brillan sin renuncia. Ese

rumor no es el de tu cuerpo. Son tantos los resplandores interiores, que quiero ignorar el número de

estrellas. Si me cayera en el hombro esa pena goteada, al darme en el hombro, mi cabeza quemada

saldría en cohete en busca de su destino. Ascendiendo, una gran risa celeste ha abierto sus alas.

El sol está próximo. En el seno de las aguas no hay fuego, pero esa faz resplandeciente me

atrae, porque quiero abrasarme mis pupilas, quiero conocer su esqueleto, esa portátil mariposa de

los finos estambres, las más delicadas papilas vibratorias. Acaso el amor no puede quemarse.

Como un acero carnal se salvará su conciencia. Labios de Dios, besadme, salvadme de mi insistencia

infatigada, de mi ceniza desmoronándose. ¡Qué caña hueca de pensar quedará única, oh dulce

viento de la estrella, oh azul envío retrasado, oh dulce corazón que he perdido y que, como un gran

hueco de latido, no atiendes ya en la rama!


martes, 24 de mayo de 2016

Ha llegado la hora (por Raúl Campoy)


Vamos a pensarnos padre.

Vamos a reírnos de los ojos que todo lo quieren reunir.

Has visto el almendro?

Mira su pueblo de corolas.

Allí está mi nervio primero.

Hemos llorado:

no debemos.

Las nubes nos hacen sombra y el aire muerde nuestras mañanas.

No estés triste padre.

Yo te miro en el brote que reverdece que nos rememora.

A veces salgo y te llamo. Sales de las raíces donde siempre me enredo. Paseamos hasta

que somos sólo palabras y nuestros corazones bañan las peñas, riegan la huerta, y la amargura, según crecemos, se va escurriendo de nuestras lenguas. Entonces te miro y veo a ese padre tan valioso, y me pregunto de dónde vienes lleno de brillos de laguna, lleno de años que ya cumpliste y que ahora llegan, quebrando amaneceres como escarchas, clavando tus espinas de miel; y estallas en azúcar y nos haces ver una rosa dos veces rosa y ríes como dos planetas frotándose y lloras cientos de olores y suspiras como el viento entre una grieta, y allí estoy yo:

asqueado de carnes, de llaves, de coches

de ciudades,

queriendo alcanzar la yerba

que tú multiplicas,

intentando ser inoloro, incoloro, invisible,

indetodo,

para no partir el tallo de tu brisa por el campo,

para poder seguir tus pasos de ropa vieja.


No estés triste padre.

No rompas esa sonrisa en agujas.

No te embarres de queratina,

que el dolor ha cambiado su billete.

La presencia de nuestra ausencia no dolerá.

Deja que los cuchillos reboten

que cambie el sonido:

abre una ventana en el sur

y cierra la del norte,

o como tú quieras,

tienes veinte articulaciones en el cráneo

y eres triste de médula como una red a la deriva

(como diría Neruda).

Llora tus soledades en las mías, padre.

Suda entero como el rocío.

No hagas fragoso lo permeable.


Ha llegado la hora de penetrar nuestro cuerpo de roca,

de almacenar con tósigo nuestra ira de colmena,

de visitarnos en la distancia

donde las horas no dictan

ni separan a un hijo de un padre,

donde las palabras no rebotan

ni hay paredes que raspen

ni puertas que podamos cerrar.


lunes, 23 de mayo de 2016

Tú mismo (por Charles Bukowski)


se sentó desnudo y borracho
en una habitación una noche de
verano, pasando el filo del cuchillo
bajo sus uñas, sonriendo, pensando
en todas las cartas que había recibido
contándole que
la manera en que vivió y escribió sobre
eso
les había mantenido avanzando cuando
todo parecía
verdaderamente
desesperanzador.

poniendo la hoja sobre la mesa,
le dio un golpecito con un dedo
y giró
en un círculo brillante
bajo la luz.

¿quién demonios va a salvarme
a mí?
pensó.

mientras el cuchillo paraba de girar
vino la respuesta:
vas a tener que
salvarte tú mismo.

sonriendo todavía,
a: encendió un
cigarrillo
b: se sirvió
otro
trago
c: le dio a la hoja
otra
vuelta

domingo, 22 de mayo de 2016

Aviso para caminantes (por Eloy Sánchez Rosillo)


En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje,
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
Poco dura
el milagro.
Después, si te negaras
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.

sábado, 21 de mayo de 2016

Eres (por Saiz de Marco)


No eres quien eres

Eres el hombre que no tienes qué dar a tus hijos famélicos

Papá, tengo hambre

y no tienes qué darles

Subes a una barcaza

demasiado pequeña para tanta gente

y pones rumbo a Europa sin saber si llegarás o morirás entre olas

y si llegas serás un ilegal

mera carne explotable y sin papeles


Hazte a la idea de que eres ese hombre


No eres quien eres

Eres la mujer que no fuiste a la escuela

Hay letras, números

un rótulo, un cartel

y no sabes qué dicen


Hazte a la idea de que eres esa mujer


No eres quien eres

Eres con ojos que nunca ven nada

y te vistes, te bañas, caminas a oscuras

Así eres

viviendo

sin saber qué es azul, cómo es el verde


Hazte a la idea de que eres ella o él


O quizá eres quien eres

Eres tú

no esos otros




pero ignoras las causas

endebles, fortuitas

no necesarias, no inamovibles


desconoces la rara lotería

la escondida ruleta, los dados enigmáticos

por los que sí eres tú



por los que no eres ellos

viernes, 20 de mayo de 2016

Apiádate (por Miguel d' Ors)


Mira la tarde, mira qué canción
multicolor: las mobylettes felices
como estrellas fugaces, quinceañeras
azules con bermudas y suspensos, gaviotas
acariciando el tiempo,
la playa allá como una bienvenida...
¿Cuánto le habrá costado
al Universo, cuántos siglos, abrazos, guerras...
este momento?
Apiádate.
No sueltes
en medio de esta hora
el paquidermo mustio de tu filosofía.



jueves, 19 de mayo de 2016

Afuera de sí mismo (por Roberto Juarroz)


Mi mirada me espera en las cosas,
para mirarme desde ellas
y despojarme de mi mirada.

Mi memoria me espera en las cosas
para demostrarme que no existe el olvido

Y las cosas se apoyan en mí,
como si yo, que no tengo raíz,
fuera la raíz que les falta.

¿Es que tal vez las cosas
también se esperan en mí?

¿Es que todo lo que existe
se está esperando afuera de sí mismo?

¿Es que al final estarán mis brazos
abiertos para abrazarme?

miércoles, 18 de mayo de 2016

El cangrejo persiste (por Anne Sexton)


Tal vez la tierra flote,

no lo sé.

Tal vez las estrellas sean figuritas de papel

cortadas por una tijera gigante,

no lo sé.

Tal vez la luna es una lágrima congelada,

no lo sé.

Tal vez Dios sea una voz profunda

que un sordo oye,

no lo sé.


Tal vez no soy ninguna.

Es cierto, tengo un cuerpo

y no puedo escaparme de él.

Me encantaría volar lejos de mi cabeza,

pero sobre eso no hay discusión.

Está escrito en la tabla del destino

que permanezca acá, metida en esta forma humana.

Siendo ese el asunto,

quiero llamar la atención sobre mi problema.


Dentro de mí hay un animal

que me agarra el corazón,

un enorme cangrejo.

Los médicos de Boston

metieron mano.

Probaron con escalpelos,

agujas, gases venenosos y todo eso.

El cangrejo persiste.

Es un gran peso.

Yo trato de olvidarlo, me ocupo de mis cosas,

cocino el brócoli, abro libros cerrados,

me cepillo los dientes, me ato los zapatos.

Probé con la plegaria,

pero cuanto más rezo más aprieta el cangrejo

y el dolor aumenta.

Una vez soñé,

tal vez fue un sueño,

que el cangrejo representaba mi ignorancia de Dios.

Pero ¿quién soy yo para creer en los sueños?

martes, 17 de mayo de 2016

De un lugar (por Wallace Stevens)


Los niños que recogen nuestros huesos

nunca sabrán que éstos fueron una vez

tan rápidos como los zorros en el monte;

y que en otoño, cuando las uvas

hacen al aire agrio más agrio con su olor,

ellos tenían un ser, un aliento congelado;


y nunca han de adivinar que con nuestros huesos

dejamos mucho más, dejamos la todavía

apariencia de las cosas y dejamos los sentimientos


hacia lo que vimos. Las nubes de la primavera vuelan

sobre la mansión cerrada,

más allá de nuestra cerca y del cielo airoso


plañe una docta desesperanza.

Conocimos por mucho tiempo la apariencia de la mansión

y lo que dijimos sobre ella se ha convertido


en parte de lo que ahora es… Niños,

que todavía tejen guirnaldas como aureolas

hablarán nuestro lenguaje sin saberlo,


dirán de la mansión que parece

como si el que vivió ahí hubiera dejado

un espíritu atormentado en las paredes vacías,


una casa sucia en un mundo sin entrañas,

un jirón de sombras que despunta en blanco,

manchado con el oro del opulento sol.

lunes, 16 de mayo de 2016

El silencio en una casa (por Bronislaw Maj)


El silencio en una casa donde alguien
está muriendo: susurros, sollozos reprimidos por pañuelos,
puertas que se cierran suavemente. El olor de medicinas
que ya no son necesarias, la llama de las amarillas velas
de la Candelaria. Ese
hombre silencioso, mi padre, es un chico
cuya madre está muriendo. Nadie cree aún
en lo que está sucediendo ahora, ya
ha sucedido, imperceptible, pero aún
este silencio. Alguien está sacudiendo una alfombra
en el patio, un coche se pone en marcha, una discusión
en las escaleras, música, una corriente de aire
con olor a pasto ha apagado la vela. Ya nada de acá
le pertenece a ella. No tenemos ya nada
en común con ella, nos quedamos atrás.
Ahora podemos llorar fuerte, más fuerte:
en un constante testimonio
para la vida.

domingo, 15 de mayo de 2016

Habitan dos (por Sarel Jacob Pretorius)


En esta celda,
detrás de las fronteras
de la piel
y de las elevadas
ventanas de los ojos
habitan dos personas:
uno es el loco,
yo soy el otro.

Él es el que gimotea y grita,
yo soy un alma miedosa y taciturna.

En las descarnadas horas de la noche
lucho contra él con menos menos fuerzas,
y cada vez que me vence, proclama furioso

su rabia contra Dios y contra el mundo.
En este pequeño recinto
de carne y hueso
viven dos: uno
es el loco,
yo soy el otro.

sábado, 14 de mayo de 2016

Y me ahogo de tu no aire (por Gonzalo Rojas)


Más que por la A de amor estoy por la A

de asma, y me ahogo de tu no aire,

ábreme alta mía única anclada ahí, no es bueno

el avión de palo en el que yaces con

vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro

de las que ya no estás, tu esbeltez

ya no está, tus grandes

pies hermosos, tu espinazo

de yegua de Faraón, y es tan difícil

este resuello, tú

me entiendes: asma

es amor.

viernes, 13 de mayo de 2016

Vida (por Vicente Aleixandre)

Un pájaro de papel en el pecho
dice que el tiempo de los besos no ha llegado;
vivir, vivir, el sol cruje invisible,
besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.
Para morir basta un ruidillo,
el de otro corazón al callarse,
o ese regazo ajeno que en la tierra
es un navío dorado para los pelos rubios.
Cabeza dolorida, sienes de oro, sol que va a ponerse;
aquí en la sombra sueño con un río,
juncos de verde sangre que ahora nace,
sueño apoyado en ti calor o vida.


jueves, 12 de mayo de 2016

Como si no existiera (por Wislawa Szymborska)


Escríbelo. Escribe. Con tinta normal

en un papel normal: no les dieron de comer,

todos murieron de hambre. Todos. ¿Cuántos?

Es una pradera grande.¿Cuánta hierba

le tocó a cada uno? Escribe: no sé.

La historia redondea los esqueletos por decenas.

Mil y uno siguen siendo mil.

Ese uno es como si no existiera:

feto imaginario, cuna vacía,

cartilla abierta para nadie,

aire que ríe, grita y crece,

escalera hacia el vacío que baja al jardín,

lugar de nadie en la fila.


Estamos en la pradera donde se hizo hombre.

Y ella calla como un testigo comprado.

Al sol. Verde. Allá, cerca de un bosque

para mascar la madera, para beber por debajo de la corteza

ración del paisaje de una jornada,

hasta que uno pierda la vista. En la altura, un pájaro

que pasaba por la boca con una sombra

de sus alas nutritivas. Se abrían las mandíbulas,

golpeaba diente contra diente.

De noche, en el cielo, brillaba la hoz

y segaba para los panes soñados.

Llegaban volando las manos de ennegrecidos iconos,

con vacíos cálices en los dedos.

En las púas del alambre

se balanceaba el hombre.

Cantaban con tierra en la boca. Un bello canto

que habla de cómo la guerra llega directamente al corazón.

Escribe qué silencio hay aquí.

Sí.


miércoles, 11 de mayo de 2016

Algo que aclare esto (por Joaquín Giannuzzi)


Con dedos pensantes y a fondo

palpo el hueso de mi cara:

un hueso general en el que busco

una forma cumplida, una razón total

un principio de respuesta, algo que aclare esto

con la medida de su oscuridad.

El hueso calla, se ahonda y endurece.

Sólo habla mi cara, mi máscara histriónica,

esta carnadura vaciada del error,

esta superficie apaleada por la época,

su charla de idiota, su falsa dirección

sumando confusión al ruido de la realidad.

martes, 10 de mayo de 2016

Mientras la nieve caía (por Anne Sexton)


Yo estaba envuelta en piel

negra y blanca y

tú me deshiciste y entonces

me colocaste en luz dorada

y entonces me coronaste,

mientras la nieve caía

tras la puerta como dardos diagonales.

Mientras una nieve de diez pulgadas

caía como estrellas

en pequeños fragmentos de calcio,

estábamos en nuestros propios cuerpos

(ese cuarto que nos enterrará)

y tú estabas en mi cuerpo

(ese cuarto que nos sobrevivirá)

y al principio te froté

los pies secándolos con una toalla

porque yo era tu esclava

y entonces me llamaste princesa.

¡Princesa!



Oh entonces

me puse de pie en mi piel dorada

y me deshice de los Salmos

y me deshice de la ropa

y tú desataste la brida

y tú desataste las riendas

y yo desabroché los botones,

y deshice los huesos, los equívocos,

las postales de Nueva Inglaterra,

las noches de enero pasadas las diez

y nos erguimos como trigo,

hectárea tras hectárea de oro,

y cosechamos,

cosechamos.

lunes, 9 de mayo de 2016

Desde fuera (por Fernando Pessoa)


Siempre me ha preocupado, en esas horas ocasionales de desprendimiento en que tomamos conciencia de nosotros mismos como individuos de que somos otros para los demás, la imaginación de la figura que haré físicamente, y hasta moralmente, para aquellos que me contemplan y me hablan, o todos los días o por casualidad.

Estamos todos acostumbrados a considerarnos como primordialmente realidades mentales, y a los demás como directamente realidades físicas; vagamente nos consideramos como gente física, para efectos en los ojos de los demás; vagamente consideramos a los demás como realidades mentales, pero sólo en el amor o en el conflicto adquirimos verdadera conciencia de que los demás tienen sobre todo alma, como nosotros para nosotros.

Me pierdo, por eso, a veces en un imaginar fútil de qué especie de gente seré para quienes me ven, cómo es mi voz, qué tipo de figura dejo escrita en la memoria involuntaria de los demás, de qué manera mis gestos, mis palabras, mi vida aparente, se graban en las retinas de la interpretación ajena.

No he conseguido nunca verme desde fuera.

No hay espejo que nos dé a nosotros mismos como fueras, porque no hay espejo que nos saque de nosotros mismos.

Sería precisa otra alma, otra colocación de la mirada y del pensamiento.

Si yo fuera actor prolongado de cine o grabase en discos audibles mi voz alta, estoy seguro de que del mismo modo quedaría lejos de saber lo que soy del lado de allá, pues, quiera lo que quiera, grábese lo que de mí se grabe, estoy siempre aquí dentro, en la quinta de muros altos de mi conciencia de mí.

No sé si los otros serán así, si la ciencia de la vida no consistirá esencialmente en ser tan ajeno a sí mismo que instintivamente se consiga un alejamiento y se pueda participar de la vida como extraño a la conciencia; o si los demás, más ensimismados que yo, no serán del todo la brutalidad de no ser más que ellos, viviendo exteriormente merced a ese milagro por el que las abejas forman sociedades más organizadas que cualquier nación, y las hormigas se comunican entre sí con un habla de antenas mínimas que excede en los resultados a nuestra compleja ausencia de entendernos.

La geografía de la conciencia de la realidad es de una gran complejidad de costas, accidentadísima de montañas y de lagos.

Y todo me parece, si medito de más, una especie de mapa como el del «Pays du Tendré» o de los «Viajes de Gulliver», broma de exactitud inscrita en un libro irónico o fantasioso para gozo de entes superiores, que saben dónde es donde las tierras son tierras.

Todo es complejo para quien piensa, y sin duda el pensamiento lo torna más complejo por voluptuosidad propia.

Pero quien piensa tiene la necesidad de justificar su abdicación con un vasto programa de comprender, expuesto, como las razones de los que mienten, con todos los pormenores excesivos que descubren, con el esparcir de la tierra, la raíz de la mentira.


domingo, 8 de mayo de 2016

Cableros (por Harry Martinson)


Izamos el cable submarino entre Barbados y Tortuga,
mantuvimos en alto los faroles
y cubrimos con caucho nuevo la herida de su espalda,
15 grados de latitud norte, 61 grados de longitud oeste.
Cuando pegamos la oreja al lugar raído
oímos cómo zumbaba dentro del cable.

—Son los millonarios de Montreal y de Saint John que hablan
sobre el precio del azúcar cubano y la disminución de
nuestros salarios, dijo uno de nosotros.

Allí estuvimos un buen rato pensando, en un círculo de faroles,
nosotros, pacientes cableros,
luego hundimos el cable reparado dejándolo en su sitio,
en las profundidades del mar.

sábado, 7 de mayo de 2016

Donde se levantó moho (por Carlos Martín Eguía)


La humedad traspasó primero la pared
después los caños
tomando los cables y comiéndole la luz
a ese sector de la casa
un espacio a oscuras en el nirvana del mineral
donde se levantó moho.
La causa está a la vista y no hay nada que suponer
me dice ella que siempre supo que vivir es actuar
y que está de nuevo
en lo que una vez pensamos como hogar.
Con cara de desconcertado inquilino que vuelve
de trasnochar a la deriva
me pregunto qué rincón de mi cerebro
se arruinará primero
a imagen y semejanza.



viernes, 6 de mayo de 2016

Y sus grandes ojos negros (por Francisco Galdolfo)


Una mariposa matizada

por contrastes de color beige,

estuvo volando y golpeándose constantemente

contra un tubo de luz fluorescente encendido,

hasta quedar agotada cerca de mi mano derecha

que ahora está escribiendo sobre su efímera vida.

Estaba junto a mí de espaldas, rendida,

con la cara rota de tantos choques,

un ala con un pedacito menos

y sus grandes ojos negros

enceguecidos por el exceso de luz.

Hasta sus patitas finas como telarañas

estaban inmóviles.

La di por muerta, pero al tocarla se movió.

A mi tercer toque reaccionó

y se paró en sus patas.

Al verla recuperada,

seguí escribiendo y me olvidé de ella.

Cuando terminé de escribir,

vi que no estaba más en mi mesa.

La busqué: ahora cerca de la puerta.

Al llegar a ella comprobé que estaba inmóvil

y separada de la pared, como levitando,

con sus alas plenamente abiertas.

Las telitas de araña que la sostenían

eran casi invisibles.

A mi segundo toque volvió a moverse brevemente

como fastidiada de que la molestase,

mientras esperaba morirse

ante de que volviera la araña.

jueves, 5 de mayo de 2016

Pequeña luz (por Claudio Rodríguez)


Dentro de poco saldrá el sol. El viento,
aún con su fresca suavidad nocturna,
lava y aclara el sueño y da viveza,
incertidumbre a los sentidos. Nubes
de pardo ceniciento, azul turquesa,
por un momento traen quietud, levantan
la vida y engrandecen su pequeña
luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero
venturosa, porque ama. Casi a medio
camino entre la noche y la mañana,
cuando todo me acoge, cuando hasta
mi corazón me es muy amigo, ¿cómo
puedo dudar, no bendecir el alba
si aún en mi cuerpo hay juventud y hay
en mis labios amor?

miércoles, 4 de mayo de 2016

Se erguía solo (por Walt Whitman)


Vi crecer un roble en Louisiana,
se erguía solo y el musgo colgaba de las ramas,
crecía allí sin compañero, desplegaba hojas alegres de un verde oscuro,
y su aspecto, rudo, sólido, vigoroso, me hizo pensar en mí,
pero me pregunté cómo podría desplegar hojas alegres parado allí solo,
sin su amigo o amante cerca, porque sabía que yo no podría,
y rompí una ramita con algunas hojas y envolví en ellas un poco de musgo,
y me la llevé y la puse a la vista en mi habitación.
No necesito que me recuerde a mis amigos queridos
(creo que últimamente no pienso en otra cosa),
pero persiste ante mí como una señal curiosa, me hace pensar en el amor viril;
con todo, y aunque el roble brilla allí en Louisiana, solitario en un amplio espacio abierto,
y despliega hojas alegres toda su vida, sin su amigo o amante cerca,
sé muy bien que yo no podría. 


martes, 3 de mayo de 2016

Una hoja (por Bronislaw Maj)


Una hoja, una de las últimas, se soltó de una rama de arce,
gira en el claro aire de octubre, cae
sobre una pila de otras hojas, se vuelve oscura y quieta. Nadie
admiró su entusiasta batalla con el viento,
nadie siguió su vuelo, nadie la distinguirá ahora
yaciendo entre otras hojas, nadie había visto
lo que yo vi, nadie. Estoy
solo.



lunes, 2 de mayo de 2016

De todo aquello que hemos sido (por Gemma Gorga)


Levantarse temprano y comprobar que todo sigue igual,

que las ventanas no han envejecido tanto durante la noche

y que el pan de ayer sigue tierno para los dientes de leche

del nuevo día, que en la cocina perdura el olor áspero

del curri, el olor de nuestras manos preparando la cena,

preparando el amor bajo el lienzo blanco de la harina,

que los libros todavía conservan, tozudos, memoria

de las palabras, que todo está en fin donde tiene que estar,

desde los huesos hasta las mariposas, pasando por

los meridianos y por los silencios, que ocupan la exacta

latitud celeste donde alguien los dibujó. Y así cada

día idéntico trabajo para pasar del ayer

al hoy, para atravesar las oscuras aguas de la noche

con éxito y volver a comenzar como si nada hubiera

pasado –más que un poco de tiempo- el fango de los segundos.


Y así hasta que una noche embarquemos. Pero será otro ya

el río y será otro el barquero. Para entonces, dime, ¿quién

mantendrá el nombre, quién resguardará el olor de todo aquello

que hemos sido, que por nosotros ha vivido, qué mirada

recogerá las ventanas, el pan, las manos, la memoria,

los libros?

¿Qué lodo se atreverá a anegar tanta vida?

domingo, 1 de mayo de 2016

La otra orilla (por Rafael Felipe Oteriño)


No era un río,

no era el mar donde los compañeros del aula veraneaban,

yo lo atravesaba sobre troncos atados.


La otra orilla no era un país,

ni siquiera una región diferente,

donde la curvatura del mundo fuera más visible.


Allí nos emboscábamos y cazábamos.

Cegados por la claridad,

disparábamos perdigones que no daban en el blanco.


No era un río ni una región ni un país,

las cortezas disputaban a las mañanas sus geografías de luz,

las arañas caminaban sobre el agua sin dejar rastros.


Era lo verdadero,

todo lo demás es una historia que se empeña en retroceder.


sábado, 30 de abril de 2016

Pasajero (por Saiz de Marco)


Qué suerte, estar de paso:
no para siempre aquí.

No ser montaña.
No ser catedral gótica.
No ser el Sol,
la Luna,
el núcleo de la Tierra...

Ser tan sólo una efímera combinación de átomos.
(Quizá ellos sean eternos pero mi forma no.)

Como mucho unas décadas y luego diluirme,
acabarme,
apagarme.

Ser fuego que se extingue,
espiga que se agosta,
nube que se disipa.

No ser el barco, sino
un pasajero a bordo que en algún puerto baja.

Cruzar como un turista,
un huésped,
un viajero;

no un residente fijo,
no un vecino afincado aquí a perpetuidad.

Ser de paso: qué suerte.

viernes, 29 de abril de 2016

Esto es mi padre (por Wallace Stevens)


¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
al pie del espíritu?

El padre de mi padre, el padre de su padre, sus
sombras como vientos

vuelven a un padre antes del pensamiento, antes del discurso,
a la cabeza del pasado.

Van a los acantilados de Moher levantándose de la bruma,
sobre lo real.

Levantándose desde el lugar y el tiempo presente,
sobre el pasto verde y húmedo.

Esto no es un paisaje, lleno de las ensoñaciones
de la poesía

y mar. Esto es mi padre o quizá,
es como él era.

Un parecido, uno de la raza de padres: tierra
y mar y aire.


jueves, 28 de abril de 2016

Aquel rayo que fuimos (por Antonio Manilla)


Presente en fuga
o leño ardiente unido
a la insensata juventud
en la hoguera del tiempo

fuimos.
Y no fuimos

futuro proyectado
más allá del estío,
desfalleciente llama,
nostalgia de idos días.

A veces siento
orgullo de nosotros,
felices e inconscientes,
jóvenes y felices,
si nos recuerdo.

Aquel rayo que fuimos
iluminó un instante
la vida entera.


miércoles, 27 de abril de 2016

Fuera brotaba todo (por Rafael Fombellida)


Los había llevado hasta la iglesia. Mujeres afligidas,

criaturas impúberes, paisanos con camisa y sin aperos

por unas horas. Se juntaron al grueso del rebaño.

Arranqué el coche y proseguí. Un despuntar en flor acariciaba

el destello de la carrocería. La luz caía en vetas transversales,

absorbía las cosas y las atesoraba como una laja de ámbar.

Inmadura la fronda, titilaban los sauces

como las campanillas de algún ceremonial.

Cada sombra filtraba un hilo de concordia, devolvía a las formas

el naciente propósito de ser imaginadas.

Se deslizaba el auto lo mismo que un patín rasgando el hielo,

como nuestra cuchilla al afeitarnos.

No estaba Dios, de acuerdo,

pero reconocía la belleza que pudo haber creado,

esa bondad visible de la que vino y pan son también atributo.

Ellos callaban dentro, en la penumbra

de la oración. Mis hijos sacudiendo la cabeza de sueño,

mi esposa preocupándose por el fatal destino de mi espíritu.

Y quizá recibieran la comunión ahora, y solemnes posaran

la santa oblea en su paladar, y acunaran desnudo

y húmedo a Jesús igual que al pez arco iris de su acuario.

No estaba Él, de acuerdo. Nadaba en la saliva

de los niños, en la garganta atribulada de ella.

Fuera brotaba todo bajo una irrebatible claridad.

En el coche elevaba mi inocente plegaria a las alturas,

intuía en su ascenso el esbelto humear de una fogata.

«Quisiera ser eterno

como los dones terrenales», esa

era mi rogativa.

Y el susurro plateado del aire en el ramaje

del fresno, el revolar violento de la tórtola,

el galope del agua perseguida

por un salvaje sol; aquello que encendía

esa rubia mañana del planeta,

podría haberse dado Dios por nombre

sólo una vez, un absoluto instante.

martes, 26 de abril de 2016

Amo (por Dorotea Yves Battistini)


Amo deslizarme amo desordenarlo todo
Amo entrar amo suspirar
Amo domesticar las furtivas melenas de pelo
Amo caliente amo tenue
Amo blando amo infernal
Amo azucarada pero elástica la cortina de primaveras
convirtiéndose en vidrio
Amo la perla amo la piel
Amo la tempestad amo la pupila
Amo la foca benevolente nadadora de larga distancia
Amo lo oval amo luchar
Amo brillar amo romper
Amo la chispa de fumar seda vainilla boca a boca
Amo el azul amo lo conocido-conocer
Amo perezoso amo lo esférico
Amo lo líquido batir tambor el sol si vacila
Amo a la izquierda amo en el fuego
Amo porque amo en los bordes
Amo para siempre muchas veces Sólo una
Amo libremente amo especialmente
Amo separadamente amo escandalosamente
Amo similarmente oscuramente únicamente
ESPERANZADO
Amo He de amar


lunes, 25 de abril de 2016

Bajo mis pies crujían las hojas muertas (por Pierre Reverdy)


Nunca hubiese querido volver a ver tu rostro triste
Tus mejillas hundidas y tus cabellos al viento
Me fui a campo traviesa
Bajo aquellos inmensos bosques
Noche y día
Bajo el sol y bajo la lluvia
Bajo mis pies crujían las hojas muertas
A veces brillaba la luna

Volvimos a encontrarnos cara a cara
Mirándonos sin decir nada
Y ya no tenía lugar a donde irme de nuevo

Permanecí mucho tiempo amarrado a un árbol
Con tu amor terrible ante mí
Más angustiado que en una pesadilla
Alguien más grande que tú, por fin, me liberó
Todas las miradas llorosas me persiguen
Y esta debilidad contra la que no se puede luchar

Huyo rápidamente hacia la maldad
Hacia la fuerza que alza sus puños como armas

Sobre el monstruo que me arrancó de tu dulzura con sus garras
Lejos de la blanda y suave opresión de tus brazos
Me voy respirando a pleno pulmón
A campo traviesa a bosque traviesa
Hacia la milagrosa ciudad donde mi corazón late


domingo, 24 de abril de 2016

Arrancamos las manos de la viva cadena (por Cesare Pavese)


Y entonces nosotros, cobardes

que amábamos la tarde

susurrante, las casas,

los senderos sobre el río,

las luces rojas y sucias

de esos lugares, el dolor

dulce y callado –nosotros

arrancamos las manos

de la viva cadena

y callamos, pero el corazón

se estremeció de sangre

y ya no hubo dulzura,

no hubo más abandonarse

al sendero en el río–,

nunca más siervos, supimos

que estábamos solos y vivos.

sábado, 23 de abril de 2016

Dentro de seiscientos mil años (por Gérard Legrand)


El dardo como una fiera el símbolo deslumbrado
Por el torbellino de las dos serpientes que surgen de la caverna de espuma de una enagua con volados
No habrá reconocido la tumba materna
Ni encontrado al Dios que no existe

Dentro de seiscientos mil años cuando esta carne
Que es la mía y que desposa la tuya en este instante
Sólo seas un poco de arena en una playa desierta
Y cuando la playa sólo sea un ligero hundimiento
En el confuso océano de un planeta sin luz
Y cuando el planeta se disperse soplado por un cometa jamás calculado
Para renacer tal vez
En átomos de un cielo que ya no tendrá nombre

Hosannah por este desastre que no puedo pensar
Hosannah por esta estrella azul como un cráneo
Por los témpanos y los basaltos que se hundirán
Y por la playa donde ese poco de arena habrá rodado
Hosannah de antemano por esta arena
Que permuta nuestros dos cuerpos por su peso en oro
En el solo reloj de arena del sol desesperación
Hosannah
Por este enceguecedor minuto que ya es devorado
Hosannah por la página que está desmoronándose en
la que nuestros nombres forman sólo arabescos
Mi amor por tu carne y la nuestra
Hosannah en seiscientos mil años
Nada permanecerá de esta gloria y de ninguna otra.


viernes, 22 de abril de 2016

Amor al prójimo (por Max Jacob)


¿Quién vio al sapo cruzar una calle? Es todo un hombrecito: una muñeca no es más minúscula. Se arrastra sobre las rodillas: ¿tiene vergüenza, tal vez...? ¡No: es romántico! Una pierna se le retrasa, ¡y la vuelve a traer! ¿Adonde va, así? Sale del albañal, pobre clown. Nadie vio a este sapo en la calle. Antes nadie me veía en la calle, pero hoy los niños se burlan de mi estrella amarilla. ¡Sapo feliz! Tú no tienes estrella amarilla.


jueves, 21 de abril de 2016

Sólo he crecido en esqueleto (por Claudio Rodríguez)


Conmigo tú no tengas
remordimiento, madre. Yo te doy lo único
que puedo darte ahora: si no amor,
sí reconciliación. Ya sé el fracaso,
la victoria que cabe
en un cuerpo. El caer, el arruinarse
de tantos años contra el pedernal
del dolor, el huir
con leyes a mansalva
que me daban razón, un cruel masaje
para alejarme de tí; historias
de dinero y de catres,
de alquileres sin tasa,
cuando todas mis horas eran horas de lobo,
cuando mi vida fue estar al acecho
de tu caída, de tu
herida, en la que puse,
si no el diente, tampoco
la lengua,
me dan hoy el tamaño
de mi pecado.

Sólo he crecido en esqueleto: mírame.
Asómate como antes
a la ventana. Tú no pienses nunca
en esa caña cruda que me irguió
hace dieciséis años. Tú ven, ven,
mira qué clara está la noche ahora,
mira que yo te quiero, que es verdad,
mira cómo donde hubo
parcelas hay llanuras,
mira a tu hijo que vuelve
sin camino y sin manta, como entonces,
a tu regazo con remordimiento.


miércoles, 20 de abril de 2016

Carta a un lector (por Adam Zagajewski)


Demasiado sobre la muerte,
sobre las sombras.
Escribe sobre la vida,
sobre un día normal,
sobre el deseo de orden.

La campana de la escuela
puede ser un modelo
de templanza,
hasta de erudición.

Demasiada muerte,
un exceso
de negro deslumbramiento.

Mira,
naciones amontonadas
en estadios apretujados
cantan himnos de odio.

Demasiada música,
Falta armonía, tranquilidad,
cordura.

Escribe sobre los momentos
cuando los puentes de la amistad
parecen ser más duraderos
que la desesperación.

Escribe sobre el amor,
sobre los largos atardeceres,
sobre el amanecer,
los árboles,
sobre la infinita paciencia
de la luz.

martes, 19 de abril de 2016

Infancia (por Felipe Benítez Reyes)


El viento golpea la puerta
del cuarto siempre cerrado.

El viento llama a la puerta.

El viento quiere abrir
la puerta en que detiene su camino
ese caballo blanco con ojos de cristal.

El viento araña
la puerta con su garra de dragón errabundo.

Los sioux y comanches
van tensando sus arcos.

La paloma mecánica
mueve sus alas frías.

Pero el viento
derriba al fin la puerta.
Y deja ver
la habitación de sombra y amargura.


lunes, 18 de abril de 2016

Como el metal de mi vida (por Amado Nervo)


Esta llave cincelada
que en un tiempo fue colgada
(del estrado a la cancela,
de la despensa al granero)
del llavero de la abuela
y en continuo repicar
inundaba de rumores
los vetustos corredores;
esta llave cincelada,
si no cierra ni abre nada,
¿para qué la he de guardar?

Ya no existe el gran ropero,
la gran arca se vendió:
sólo en un baúl de cuero,
desprendida del llavero,
esta llave se quedó.

Herrumbrosa, orinecida,
como el metal de mi vida,
como el hierro de mi fe,
como mi querer de acero,
esta llave sin llavero
nada es ya de lo que fue.

Me parece un amuleto
sin virtud y sin respeto;
nada abre, no resuena...
¡me parece un alma en pena!
Pobre llave sin fortuna
... y sin dientes, como una
vieja boca: si en mi hogar
ya no cierras ni abres nada,
pobre llave desdentada,
¿para qué te he de guardar?


Sin embargo, tú sabías
de las glorias de otros días:
del mantón de seda fina
que nos trajo de la China
la gallarda, la ligera
española nao fiera.
Tú sabías de tibores
donde pájaros y flores
confundían sus colores;
tú, de lacas, de marfiles
y de perfumes sutiles
de otros tiempos; tu cautela
conservaba la canela,
el cacao, la vainilla,
la suave mantequilla,
los grandes quesos frescales
y la miel de los panales,
tentación del paladar;

mas si hoy, abandonada,
ya no cierras ni abres nada,
pobre llave desdentada,
¿para qué te he de guardar?

Tu torcida arquitectura
es la misma del portal
de mi antigua casa oscura
(que en un día de premura
fue preciso vender mal).

Es la misma de la ufana
y luminosa ventana
donde Inés, mi prima, y yo
nos dijimos tantas cosas
en las tardes misteriosas
del buen tiempo que pasó...

Me recuerdas mi morada,
me retratas mi solar;
mas si hoy, abandonada,
ya no cierras ni abres nada,
pobre llave desdentada,
¿para qué te he de guardar?

domingo, 17 de abril de 2016

En otro sueño (por Gemma Gorga)


Algunas madrugadas
nos llaman por el nombre
en voz muy baja,
de repente nos despiertan de un sueño
para sumergirnos en otro sueño
aún más incomprensible
y equívoco.
Adormilados y descalzos guardamos cola
bajo la secreción lacrimal
de los fluorescentes,
mientras esperamos
que un día u otro nos den permiso
para despertar.
Cuando la vi por última vez
le repetían que faltaba un papel
(tabaleo insistente con el índice
sobre la formica pelada del mostrador),
un papel,
solo un papel,
y ya no despiertas.


sábado, 16 de abril de 2016

Pero ahora volvemos (por Walt Whitman)


¡Durante cuanto tiempo nos engañaron!

Trasmutamos ahora,

nos apresuramos a huir

como huye la

naturaleza.

Somos la naturaleza,

durante mucho tiempo estuvimos lejos.

Pero ahora volvemos,

nos convertimos en plantas,

en troncos, en hojas,

raíces y cortezas.

Estamos asentados en la tierra,

somos peñascos,

pastamos,

somos dos en medio de la hacienda bravía,

tan espontáneos como los otros.

Somos dos peces que nadan juntos en el mar,

somos lo que son las flores del algarrobo,

derramamos fragancia

en los caminos de la mañana y de la tarde.

Somos también lo sucio de las bestias,

de las plantas, de los minerales.

Somos dos aves de rapiña,

nos elevamos en el aire y miramos la tierra.

Somos dos soles que deslumbran,

somos nosotros dos los que giramos,

cósmicos y estelares,

somos como dos cometas.

Merodeamos, cuadrúpedos y feroces, por la espesura,

y saltamos sobre la presa.

Somos dos nubes que se desplazan en lo alto

cuando amanece o atardece.

Somos dos mares que se unen,

somos esas olas felices que se revuelcan

y se juntan, mojándose.

Somos lo que es la atmósfera,

transparentes, hospitalarios,

permeables, impermeables.

Somos nieve, lluvia, frío, tinieblas,

somos lo que el planeta engendra y protege.

Hemos descrito círculos hasta volver los dos al hogar,

hemos renunciado a todo,

salvo a la libertad y a nuestra alegría.


viernes, 15 de abril de 2016

Brindis (por Joan Margarit)


Más juntos de lo que supone nadie,
alzamos las dos copas.
En los ojos del otro, cada uno
halla su propia luz.
En un instante, un hombre, una mujer,
pueden equivocarse.
Pero el instante nunca volverá.


jueves, 14 de abril de 2016

Nadadores (por Rafael Fombellida)


En el lago mi hijo es una cuerda atirantada.

Hemos nadado juntos hasta que mis pulmones se han abierto

y dejado escapar su poco hálito. Lo veo regresar suculento y desnudo

desde la orilla en donde espero. La tiniebla escarlata del crepúsculo

encapota mi piel abandonada a un húmedo estremecimiento.

Cuánto detesto esta rojez de gasa adherida a una honda cortadura.

A mi lado, mi hijo está secándose envuelto en esta luz color fresón maduro.

Silba "Lady Tonight", se tiende soberano sobre el entarimado

y remece sus sólidos tobillos en la maraña tosca de las plantas acuáticas.

Me habla con mi voz, pero su idioma no es mi lengua muerta, es un desperdigarse

suelto, vivaz, sincero lo mismo que un galope de caballo.

Soy el padre de un hombre, un hombre grave, meditativo, oculto,

que se gobierna con pericia mientras cabe pensar

que su mano, ya enorme, clausurará mis párpados como se sella un ataúd de plomo.

Su cuerpo se ha acostado bajo la vena cárdena del cielo.

Miro su trazo hermoso, la cabellera untada con arcilla de un ocaso granate.

Él braceó más lejos con mi salud, mi fuerza, mi enconada constancia,

y se reclina ufano como un bárbaro después de violentar a sus mujeres.

Es la masa engreída que yo amo con el temple del nadador de fondo.

Es el rival que aguarda mi ahogamiento con el bravo estupor del aspirante.

Ocupa mi lugar porque es su padre joven, prematuro,

inconsciente de toda dentellada del tiempo. Disfruto esa codicia

de converger conmigo, arriesgada ambición de parecérseme.

Miro el milagro de su mocedad. La atmósfera bermeja

de la última hora da a su pecho el impulso de un incendio.


Ha cerrado los ojos. Silabea sin ganas "Love, hate, love".

Despreocupado, ajeno. Sólo espera que el púrpura del aire

me desintegre. Adoro el esplendor de su avidez.

miércoles, 13 de abril de 2016

Y talla vida para la eternidad (por E. E. Cummings)


desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo

cercado en el enredo de tus brazos hasta

una oscuridad donde nuevas luces nacen y

crecen,

hace tiempo tu ánimo ha entrado en

mi beso como un extranjero

en las calles y colores de una ciudad

que tal vez he olvidado

cómo, siempre (con

qué apresurada crudeza

de sangre y carne) Amor

acuña Su más gradual gesto,

y talla vida para la eternidad

Después nuestras mitades separadas llegarán a ser museos

repletos de memorias bien colmadas

martes, 12 de abril de 2016

Entonces se abre una puerta (por Rafael Felipe Oteriño)


Me asomo a la lengua extranjera como a un reino.

Tesón de palabras

que son valles, esteros, montañas.


A veces se entrelazan y escucho una voz.

Y devociones que permanecían ocultas

se acercan a mi mesa como guardianes altos.


Conversan animosas, intercambian miradas,

las oigo respirar como catedrales

por cuyas naves espaciosas voy.


Entonces, se abre una puerta y la atravieso.

Y detrás hay un palacio con su jardín enorme

y un lago transparente en el que me zambullo y nado.



lunes, 11 de abril de 2016

Como una alfombra de agua (por Juan María Calles)


Llega tu mano como una alfombra de agua
Ceremonias de bruma en los lagares
Hay mastines que ladran a lo lejos
un silencio más hondo que el lenguaje
Ceremonias de nieve en los altares
Mientras vibra la guitarra de tu cuerpo
nombro el mundo primero allá en su origen
Siempre hay nieve entre los bosques de sus labios
Siempre hay bruma hacia los páramos del alba
Baten palmas los arqueros de la noche
Qué barquero lejano de horizontes
nos traerá blancos pañuelos de la infancia
Va su mano como una alfombra de agua


domingo, 10 de abril de 2016

Las llamas expiran (por Bronislaw Maj)


En un bosque de noche un fuego: un ondeante círculo
de luz, más allá de él no hay nada
porque estamos aquí, en el medio:
emocionados gritos, cantos, risas...
Ahora la leña se ha terminado, las llamas
expiran. Y nosotros también decimos: el hombre
expira. Y todavía hay algo de fuego
ahí. Después nada: la oscuridad y vemos claramente todo
lo que quedó: nuestros rostros de pronto todos tan
diferentes, curvados sobre este lugar, negros
contornos de árboles, un cielo de algún modo más brillante,
frías estrellas. Y nadie sabe por qué
permanecemos tanto tiempo en silencio
y luego hablamos
en susurros.


sábado, 9 de abril de 2016

Busca (por Adam Zagajewski)


Volví a la ciudad
donde fui niño
y adolescente y un viejo de treinta años.
La ciudad me recibió con indiferencia,
los megáfonos de sus calles murmuraban:
¿no ves que el fuego todavía arde?,
¿no oyes el estrépito de las llamas?
Vete.
Busca en otro lugar.
Busca.
Busca la verdadera patria.


viernes, 8 de abril de 2016

La mirada del perro (por Francisco Umbral)


Hoy me ha mirado un perro como preguntándose por mí. Era un perro negro, grande, ya un poco viejo, sin otra nobleza que la edad. Un perro de alguien, sin duda, un perro de otro, que repentinamente se ha interesado por mi persona. Quizá es el perro de un amigo y eso basta para que él me considere continuación difusa e interesante de su amo.

Qué dulce curiosidad en la mirada del perro, qué añosa gravedad, qué dignidad de persona que no tienen las personas. Nunca otro humano nos mira así. Entre los hombres sólo nos cruzamos miradas furtivas, o de momentánea alegría, miradas de superficie, más o menos mentidas. Miradas inquisitivas.

Al perro, en cambio, se ve que le interesa todo de mí. Me mira a los ojos largo tiempo y espera que yo le corresponda con una mirada igualmente honesta, honrada, profunda, interesada, curiosa, digna.

Con una mirada perruna.

No hay entre las especies, y menos en la humana, un ser capaz de mirar así, con tan respetable interrogación, con ese brillo de posible amistad que hay al fondo de sus ojos negros. Quizá piensa el perro si soy digno de él, de su cariño o de una relación de hombre a hombre, de perro a perro. Me ha conmovido la mirada del perro, su distante y profunda observación. Ahora comprendo que nadie me había mirado así jamás, y estoy al final de mi vida, como él, quizá, de la suya. Del fondo vil del hombre jamás puede nacer una mirada semejante.


«Ya no se mira así», dirían los nostálgicos. Pero nunca se ha mirado así.

Hace falta mucha humanidad dentro para mirar como un perro.