zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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lunes, 25 de julio de 2016

Recuérdame (por León Molina)


Tomo un libro que ha estado
décadas en la estantería.
En la primera página
veo una nota manuscrita:
"Recuérdame", seguida
de un nombre de mujer.
Pero no la recuerdo.
Y me aflijo pensando.
No en ella
sino en mí.



domingo, 24 de julio de 2016

Esa cosa con plumas (por Emiliy Dickinson)


La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona melodías sin palabras,
y no se detiene para nada,

y suena más dulce en el vendaval;
y feroz tendrá que ser la tormenta
que pueda abatir al pajarillo
que a tantos ha dado abrigo.

La he escuchado en la tierra más fría
y en el mar más extraño;
y nunca, ni en la mayor adversidad,

me pidió una migaja.


sábado, 23 de julio de 2016

Invento amaneceres (por Pedro Martínez)


Esta soledad que arrasa el rescoldo de la risa,

lloro en mi sima ensimismada, laúd muerto,

hambre de no dormir ya entre tus labios,

invento amaneceres a tu lado.


Brisa de colibríes, el amor como un óxido

que cubre la cansada osamenta de la espera,

la inocente guardia en las esquinas

para verte pasar y nunca pasas.


Silencio metálico de campanas mudas,

nadie escucha caer las hojas de los días,

vida vacía, atroz espera sin alas.

Me duele todo menos tú, menos pensarte.



viernes, 22 de julio de 2016

Metal (por Tarso de Melo)


cada día un poco de la mano se queda en las palancas,

los cabellos se incorporan a los engranajes, renacen

sus dientes en las roldanas, manivelas instigan

y después sorben sus músculos, la boca de la máquina

escupe brazos, piernas, grita su canción monótona,

el sudor lubrifica las poleas, hierve los surcos del tornillo

(ideas ahora son de acero, el sueño vive en el aluminio)


el día entero se consume en ese trueque;

gastada, la vida

en breve cruzará la ciudad deshecha en cien caballos,

en brasa, trocada por mil quinientas cilindradas


jueves, 21 de julio de 2016

Sino la luz y el aire (por Eduardo Mitre)


Cada vez más pienso en ti

ya sin imágenes,

sin recordarte casi.


Te me has vuelto un adentro

donde no cabe nadie

sino la luz y el aire


y tu nombre esquivo

como una mariposa

posada en el silencio


lista para alzar el vuelo

apenas mis labios

se aproximan para nombrarte



miércoles, 20 de julio de 2016

Confesiones de una máquina lectora (por Wislawa Szymborska)


Yo, Número Tres Más Cuatro Dividido Entre Siete,
soy famosa por mi amplio conocimiento lingüístico.
He logrado ya reconocer miles de lenguas,
que a lo largo de su historia
han utilizado personas ya muertas.

Todo lo que escribieron con sus signos,
a pesar de estar cubierto de estratos de catástrofes,
lo extraigo y reproduzco
en su forma original.

No son fanfarronadas:
leo incluso la lava
y hojeo las cenizas.

Explico en la pantalla
todas las cosas citadas,
cuándo fueron hechas,
y de qué, y para qué.

Y ya completamente por mi propio impulso
estudio algunas cartas
y corrijo en ellas
las faltas de ortografía.

Lo reconozco, ciertas palabras
me crean problemas.
Por ejemplo los estados llamados “sentimientos”
no consigo hasta ahora explicarlos de forma exacta.

Lo mismo con “el alma”, palabra rarilla.
De momento concluyo que es un tipo de niebla,
en teoría más duradera que los organismos mortales.

Sin embargo, mi mayor problema es la palabra “soy”.
Tiene la apariencia de una acción común,
realizada de forma general, pero no colectiva,
en un antetiempo presente,
de aspecto imperfectivo,
si bien, como se sabe, ya hace mucho perfectivo.

¿Pero basta eso como definición?
Tengo en las conexiones rugidos y crujir de tornillos.
Mi botón para la Central humea en lugar de brillar.

Creo que pediré la ayuda fraternal
de mi colega Dos Quintos De Cero Dividido entre La Mitad.
Es cierto que es un loco conocido,
pero tiene buenas ideas.


martes, 19 de julio de 2016

Yo sé que algo sucede (por Sara Mesa)


Caen las horas como gotas de aceite,

pesadas, lentas, doradas, tibias.

El aire está inflamado de plegarias,

de cánticos oscuros y enigmáticos.

Yo sé que algo sucede.

Debe de ser que es jueves y algo pasa los jueves.

Debe de ser que es lunes y algo pasa los lunes.

Debe de ser que es sábado y algo pasa los sábados.

¿Por qué no quedan huellas de mis pies

en este asfalto ardiente?

Debe de ser que no peso bastante.

Debe de ser que está lejos la arena.

Debe de ser que el tiempo pasa lento

y aún no te he encontrado.


Se suceden las horas como un hondo rosario,

como un rosario en sombras.

Yo debería pensar ahora en otras luces,

nadar con otros peces.

Aquí estoy resguardada.

La lluvia no me moja.

Mis párpados se cierran sin asombro.


El tiempo pasa lento;

no duele, no me toca.



lunes, 18 de julio de 2016

Sobre la niebla de todos los caminos (por Vicente Huidobro)


Una tarde como ésta
te busqué en vano
Sobre la niebla de todos los caminos
me encontraba a mí mismo
y en el humo de mi cigarro
había un pájaro perdido

Nadie respondía

Los últimos pastores se ahogaron
y los corderos equivocados
comían flores y no daban miel

El viento que pasaba
amontona sus lanas
entre las nubes
mojadas de mis lágrimas

A qué otra vez llorar
lo ya llorado
Y pues que las ovejas comen flores
señal que ya has pasado



domingo, 17 de julio de 2016

La llama (por Fina García Marruz)


Haces de fuego hacen arder

los rollos inservibles de películas,

las variantes violinísticas de un hueco

de agua, de una escalera rodante,

las cómicas variantes de cualquiera

de nuestros sucedidos diarios.

Haces de fuego borran

el trabajo inaudito de lograr lo simple.

Mientras otros se jactan del monto de su esfuerzo

tú lo ocultas, como hace la flor, o hace el arte.



sábado, 16 de julio de 2016

Tan realmente dolor (por Fernando Pessoa)


Me sucede a veces, y siempre que sucede es casi de repente, que surge en medio de mis sensaciones un cansancio tan terrible de la vida que ni siquiera se da la hipótesis de un acto con el que dominarlo.

Para remediarlo, el suicidio parece inseguro; la muerte, incluso supuesta la inconsciencia, todavía poco. Es un cansancio que ambiciona, no el dejar de existir —lo que puede ser o puede no ser posible—, sino algo mucho más horroroso y profundo, el dejar de siquiera haber existido, lo que no hay manera de que pueda ser.

Creo entrever, a veces, en las especulaciones, en general confusas, de los indios algo de esta ambición más negativa que la nada. Pero o bien les falta la agudeza de la sensación para relatar así lo que piensan, o les falta la acuidad de pensamiento para sentir así lo que sienten. El hecho es que lo que en ellos entreveo no lo veo. El hecho es que me creo el primero en entregar a las palabras el absurdo de esta sensación sin remedio.

Y la curo con escribirla. Sí, no hay desolación, si es profunda de verdad, si no es puro sentimiento, pero participando en ella la inteligencia, para que no exista el remedio irónico de decirla. Cuando la literatura no tuviese otra utilidad, ésta, aunque para pocos, la tendría.

Los males de la inteligencia, desgraciadamente, duelen menos que los del sentimiento, y los del sentimiento, desgraciadamente, menos que los del cuerpo. Digo «desgraciadamente» porque la dignidad humana exigiría lo contrario. No hay sensación angustiada del misterio que pueda doler como el amor, los celos, la nostalgia, que pueda sofocar como el miedo físico intenso, que pueda transformar como la cólera o la ambición. Pero tampoco ningún dolor de los que destrozan el alma consigue ser tan realmente dolor como el dolor de muelas, o el de un cólico, o (supongo) el dolor del parto.


viernes, 15 de julio de 2016

Donde surge hongo o larva (por Renato Pita Zilbert)


Compárala

con la mancha negra sobre la historia muerta

que suprime una laguna por ejemplo.

compárala con lo otro que es el estiércol cenizo

de un ave azul o de un silencioso lagarto verde azul y verde

dos cónclaves invisibles a ti.


ahí donde surge hongo o larva es un lugar mejor

que la historia muerta en tus ojos o manos.


la pulpa y el acopio duermen extraños a ti y la paciencia

del cuerpo de una madre es simple y la tierra es simple

ahí donde se reintegran los nutrientes, entonces

el seno es simple y sin embargo total y redondo y cónclave


Pero tú no eres simple, ni tu historia.

jueves, 14 de julio de 2016

El alma es una región (por A.R. Ammons)


El alma es una región sin fronteras definidas:

no es seguro que una pradera

pueda abarcarla

o que una cordillera pueda contenerla:

flota por sí misma como la masa continental,

que cuanta más altura alcanza

más profundamente extiende sus cimientos

(de modo proporcional):

no todo se da de la misma manera: hay ramificaciones:

sistemas fluviales como sombras de árboles invernales

contra las colinas: ramas, paseos, altos lagos:

pantanos plagados de lirios:


su clima es variable: inundaciones

destruyen su interior, alteran

la distribución del peso, la naturaleza del contenido;

por él se desplazan los remolinos

o giran quietos como formas aisladas: viene la luna:

hay espacios muertos: ciénagas surgidas

de sí mismas, un crecimiento hacia la destrucción

del crecimiento,

cambio de papeles,

el álamo y el roble invadidos por la turba: piedras

semipreciosas y preciosos metales de la ciénaga al pantano:


es un área de equilibrio, en verdad, estabilizada,

oscura agua salvaje, feroces anguilas, contracorrientes:

un habitat, la ecología y las formas

se necesitan mutuamente

tolerante, no del todo autodestructivas: una corteza a flote:

escoria, espuma de lo profundo y naturaleza diversa:

pero también más profundas que lo profundo: torbellino y vacío:


puede ser esférico, luz y conocimiento apenas

iris y pupila abriendose

a los oscuros métodos de la vista: vaivén,

rupturas y cicatrices,

remolinos y quietud: viene la luna: terreno.

miércoles, 13 de julio de 2016

De rebaños mortales (por Thomas Lovell Beddoes)


Escucha el eco de los pasos del Tiempo,
esos momentos se han perdido
en el desconocido sepulcro de los años.
Tu nombre se ha desvanecido en el olvido,
hundido para siempre en las aguas del pasado,
convertido en sagrada roca, adorado
por las custodias del valor, de la fuerza y del bien.
El futuro se pasea con jóvenes alas sobre el mar,
naciendo detrás del vuelo, invisible para el siglo humano;
con sus cien pasos indolentes,
masticando el mundo desde el exterior,
pasando suave sobre las almas mortales.
Así le canto al Tiempo, al coloso del universo,
que con cada pie sumido en la Oscuridad
se desliza silenciosamente.

Nubes de muerte se abaten sobre nosotros,
es en vano luchar contra la marea;
todos debemos hundirnos desgarrando el aire.
Con frenético dolor nos enfrentaremos a la Fama.
Podemos pensar en la Eternidad,
de quien el Tiempo es esclavo,
sometido y arrastrado por las sombrías
fronteras de la destrucción.
¿Serán estas palabras el eco de nuestro destino?
Tal vez nuestros temblorosos pensamientos
jamás se perderán, escritos en las inmutables estrellas
como orgullosas aves; como los reyes de antaño
en sus tronos de mármol,
sonriendo con la luz del relámpago.
Buceando en aquel mar del espíritu,
de rebaños mortales; finalmente nos hundiremos.
Nuestro rostro será pintado de arcilla,
de nuevo en el vientre de la Madre Tierra,
mientras nuestra alma, en peregrino vuelo,
persigue un nacer más brillante.


martes, 12 de julio de 2016

Llevadme con vosotras (por Gustavo Adolfo Bécquer)


Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!


lunes, 11 de julio de 2016

Informan la materia (por Jaime Siles)



El que camina y va

y el que regresa


El que está en un lugar

y el que ha venido


El que está inmóvil

y aquel que no ha tornado


El que sólo es el tiempo

de un espacio distinto


El que nunca es el tiempo

ni tampoco el lugar


El que es y no es

el que será y ha sido


El que era agua

y ahora es sólo aire


El que era tierra

y ahora es sólo agua


El que era aire

y ahora es sólo tierra


Informan la materia

de este mismo lugar

donde el que es ya era

y el que será ya ha sido

porque son la materia

de este mismo lugar...



domingo, 10 de julio de 2016

Piensa en la tejedora (por Rosario Castellanos)


I


Considera, alma mía, esta textura

áspera al tacto, a la que llaman vida.

Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos

y en el color, sombrío pero noble,

firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.

Piensa en la tejedora; en su paciencia

para recomenzar

una tarea siempre inacabada.

Y odia después, si puedes.


II


Hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza?

¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo?

¿Castrar al potro Dios?

Pero Dios rompe el freno y continúa engendrando

magníficas criaturas,

seres salvajes cuyos alaridos

rompen esta campana de cristal.

sábado, 9 de julio de 2016

En silencio (por Bertolt Brecht)


Hoy, domingo de Resurrección, muy de mañana
una nevada azotó de repente la isla.
Había nieve entre las plantas verdes. Mi hijo
me llevó hasta un damasco pegado a la tapia de la casa
apartándome de una poesía en la que denunciaba
a quienes preparaban una guerra que
al continente, a la isla, a mi pueblo, a mi familia y a mí
nos puede tragar. En silencio,
cubrimos con un saco
el árbol a punto de helarse.



viernes, 8 de julio de 2016

Hombres que excavan (por Daniel Faria)

Hombres que trabajan bajo la lámpara
de la muerte
que excavan en esa luz para ver quién ilumina
la fuente de sus días

Hombres muy doblados por el pensamiento
que vienen despacio como quien corre
las persianas
para ver en lo oscuro el primer manantial

Hombres que excavan día tras día el pensamiento
que trabajan a la sombra de la copa cerebral
que podan la piedra de la locura cuando aplastan las pupilas
Hombres todo blancos que abren la cabeza
en busca de esa piedra definida

Hombres de cabeza abierta expuesta al pensamiento
libre. Que vienen despacio a abrir
un lugar donde amanezca.
Hombres que se sientan para ver una mañana
que excavan un lugar
para la salida.

jueves, 7 de julio de 2016

En qué palabra (por Sara Mesa)


Quién hay, quién es, quién está hablando ahora

qué palabra, dime paloma

de párpados violáceos, dime

paloma hinchada

qué palabra pronuncia qué persona

qué cuerpo qué garganta qué leche qué saliva.

He de saber en cuál

en qué charca en qué arroyo

en qué pantano sucio en qué

lavabo en qué tubería rota en qué

estanque de nieve

en qué estanque podrido en qué

vertido

he de beber yo ahora. He de saber

en qué palabra en qué idioma en qué

lenguaje he de decir

qué cosa y a qué oreja

a qué persona a quién

que interprete, que escuche

que entienda ahora estas gotas que penden de mis labios.

miércoles, 6 de julio de 2016

Sin ningún instrumento (por Adam Zagajewski)


Está solo en el escenario
sin ningún instrumento.

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado.


martes, 5 de julio de 2016

Con el oscuro fondo del que dependes (por Gottfried Benn)


Toma en lo hondo de ti la campanita china

y cuando llegue la lila, mezcla ésta también

con tu sangre, tu dicha y tu miseria,

con el oscuro fondo del que dependes.

Lentos días. Todo superado.

Y no preguntas si principio o fin,

luego tal vez te llevarán las horas

todavía hasta junio, con sus rosas.

lunes, 4 de julio de 2016

Tren de ganado (por Horacio Castillo)


Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
Asomados por el tragaluz mirábamos la inmensa llanura.
De pronto un mugido nos traía el recuerdo de Ifigenia
y volviéndonos hacia nuestros hijos los apretábamos contra el pecho.
¿Qué es aquello? El sol. ¿Qué es aquello? Una nube.
Habíamos olvidado el color del mar, el olor de la lluvia.
Los que sabían de estrellas habían olvidado sus nombres
y les dábamos los nombres de nuestros hijos para orientarnos al regreso.
¿Qué es aquello? Un árbol. ¿Qué es aquello? Un río.
Y un canto gregoriano se elevaba a nuestro alrededor,
hablaba por todos los destinados al sacrificio.
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
La leche se había agriado en los pechos de las madres,
peinábamos nuestro cabello y se convertía en ceniza.
¿Qué es aquello? Un pájaro. ¿Qué es aquello? Una piedra.
Y bajando la cabeza ocultábamos nuestro rubor,
cortábamos en silencio las uñas de los muertos.
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
Bebíamos al atardecer el vino de los ciegos,
soñábamos todavía con un bosque de orquídeas.
¿Qué es aquello? Arena. ¿Qué es aquello? Niebla.
Y la vida escapaba como un murciélago entre las sombras
y nos dormíamos con una inusitada mansedumbre en la mirada.
Después nuestros ojos se volvieron como los ojos de las estatuas,
miramos nuestras manos y había desaparecido la línea de la vida,
y desde la estiba se elevó el ronco yambo
gimiendo por ti, por mí, por todos nuestros compañeros.
Sólo quedaron detrás nuestro líneas etruscas,
cantos de cera navegando hacia el sol,
y a nuestro lado siempre tú, piadoso coro,
tú, alma mía, vaca coronada de nardos y violetas.


domingo, 3 de julio de 2016

A mí se me ha llevado sólo la juventud (por Miguel D' Ors)


Decir pestes de él tiene, sin duda,

un sólido prestigio literario

-tacharlo de asesino, por ejemplo,

o compararlo con

uno de esos ciclones con nombre de corista

que pasan y que dejan en los telediarios

un paisaje de grandes palmeras derrocadas

y uralitas errantes,

o simplemente lamentarlo a base

de tardes y de otoños en pálidos jardines-,

pero ahora, con la mano en el poema,

os lo confieso: he sido siempre yo

el que salió ganando de todos nuestros tratos.

A cambio de esta luz sabia y serena

con la que la experiencia ilumina las cosas

a mí se me ha llevado

sólo la juventud, ese divino

tesoro que no sirve para nada

-ya lo dijo Mark Twain- puesto en las manos

insensatas de un joven.


sábado, 2 de julio de 2016

Doscientos seis (-haikus- por Aitor Suárez)


206
huesos, dicen que tengo.
Qué despilfarro.

.....

Doscientos seis
goznes. Doscientas seis
piezas de Lego.

.....

Doscientas seis
tuercas. ¿Y de verdad
las necesito?

.....

¡Tanta estructura
-206 ladrillos-
para mí solo!


viernes, 1 de julio de 2016

Fernández (por Saiz de Marco)


Puede que el carpintero Fernández no sea Fernández. Tal vez se apellida de otra forma.

El carpintero Fernández nace en 1782. Aprende el oficio de su padre, con quien trabaja desde niño.

A los diecinueve años se casa con una muchacha del pueblo. Tienen cuatro hijos.

Aunque a su alrededor no es raro golpear mujeres, Fernández no maltrata a la suya.

Pese a ser analfabeto, hace que sus hijos vayan a la escuela.

El carpintero Fernández no engaña a los clientes. Si le encargan un mueble, no miente en la madera ni en las horas empleadas.

Cuando Napoleón, el carpintero Fernández teme ser movilizado. Aprovechando que no hay trabucos para todos, se ofrece a confeccionar camas para los heridos, y así no dispara.

El carpintero Fernández muere de neumonía en 1835, con cincuenta y tres años.

En el cementerio de su pueblo, junto a la iglesia, es enterrado.

Años después el recinto se queda pequeño, sus huesos se exhuman y mezclan con otros. Ahora son anónimos. El tiempo los pulveriza.

Puede que el carpintero Fernández no sea Fernández sino Quesada o García. También puede que no sea carpintero sino herrero o labrador.

El carpintero Fernández, 

el labrador García,
el herrero Quesada 
no salen en los libros. Nadie escribe sus vidas (demasiado planas, demasiado anodinas). 

Para ellos no hay estatuas, mausoleos, calles.

Y de hecho ahora nadie se acuerda de ellos.

Pero existen. Cruzan sin hacer ruido, sin arruinar a nadie, sin traer a otros muerte o desgracia.

Atraviesan el mundo sin dañarlo.

Nada de lo anterior se entiende memorable. Nada de ello es digno de ser registrado.

Aun así estas palabras que quizá nadie lea, prosaicas e incapaces de romper el silencio, te las dedico a ti: carpintero Fernández.



jueves, 30 de junio de 2016

Ya cruzas la puerta (por José Carlos Becerra)


Lo empiezas a saber,
tu amor va enseñando sus sales de baño, sus fiestas de guardar, sus cenas sin nadie;
a veces, el esqueleto de tu ángel de la guarda
baila en tus ojos,
ciertas avecillas silvestres amanecen temblando en tus manos,
ya el tufo de la crucifixión
no te hace taparte la nariz de niña “que no sabe nada”,
“que no entiende nada”.
Ya cruzas la puerta,
ya sabes que el dolor es un mensajero servil del infinito,
en tus ojos aquello que miras despierta en ti misma
como pequeños niños
que se sientan al borde de sus camas
esperando que vengan a vestirlos.
Ya asumes tu cuerpo, ya viajas en todo lo que te rodea,
a veces en tu sonrisa todavía aparece
aquella niña larguirucha “tan bien educada”,
pero tu esperanza enflaquece llamándote con voz cada vez más débil
cuando ya no te dignas escucharla.

Extrañamente hermosa eres ahora tu propio fantasma,
en tu alma han entrado la carne del mundo y la tuya
confundidas,
apiñadas por el mismo placer, revueltas por el mismo dolor.
Desnuda, la ropa que te acabas de quitar
ya no reaparece en tus ojos,
tu mirada y tu voz entonces también se quedan desnudas,
te quedas desnuda,
y por tu desnudez pasan los templos antiguos, las oraciones,
los heridos de guerra y los cánticos de guerra,
los mares lejanos y también la vida posible en otros planetas.
Ya tu cuerpo comprende lo que significa ser tu cuerpo,
lo que significa que tú seas él;
tu cuerpo extendido a lo largo de tu amor, a lo largo de tu alma,
y todos los barcos que zarpan de tu corazón llevan ahora
las luces apagadas.

Ya te has probado en ti
y un hombre no es el extraño invasor que conocías,
el esposo prudente, el hombrecito que cariñosamente
te mataba un momento
por unas cuantas caricias, por unas cuantas monedas.

Pero sabes también que no existe el triunfo que alguna vez deseaste,
por eso en tu mirada puede oírse
el ruido del mar golpeando las costas solitarias y a veces
el chillido de un pájaro detrás de la niebla o la llovizna pertinaz.
Ven aquí con tu colección de mariposas, con tus antiguos
juguetes que ya no existen
y que parecen burlarse de ti desde ciertos rincones,
ven aquí con tus segmentos de niña asombrada.

Ven a mirar mis osos polares.
Ven, ahora que sabes que también en los labios aparece
—sin que nos demos cuenta—
el beso monstruoso y bello
de aquello que todavía llamamos el alma.


miércoles, 29 de junio de 2016

Autorretrato (por Frank Báez)


Rodé al año y medio por las escaleras hasta el segundo piso. A los seis casi me ahogo en una piscina.

A los siete me arrastró la corriente de un río. Me golpearon con un palo, con la culata de un fusil,

con una tabla. Me propinaron un codazo en la cara y otro en el estómago, rodillazos, machetazos, foetazos.

El perro del vecino me mordió un brazo.

Me cortaron una oreja haciéndome el cerquillo. Noqueado. Abofeteado. Calumniado. Abucheado. Apedreado.

Perseguido por sargentos en motor. Por dos cobradores.

Por tres mormones en bicicleta.

Por muchachas de Herrera y del Trece.

Me han atracado treinta veces.

En carros públicos. Taxis. Voladoras. A pie.

Alguien me dio una bola y me dijo I am gay. Me robaron un televisor, un colchón,

seis pares de tenis, cuatro carteras,

un reloj, media biblioteca.

Se llevaron varios manuscritos y cometieron plagio.

(Con lo que me han robado pudieran abrir
una compraventa en Los Prados)

Me fracturé el brazo derecho, el anular, la cadera, el fémur y perdí cuatro dientes.

El hermano Abelardo me dio un cocotazo que todavía me duele.

En la fiesta de graduación me cayeron a trompadas y botellazos.

Luego publiqué un libro de poesía y una vecina lo leyó

y escéptica dijo que era capaz de escribir
mejores poemas en media hora, y lo hizo. Accidente con un burro en la carretera.

Intento de suicidio en Cabarete. Taquicardia. Hepatitis. Hígado jodido. Satanizado en Europa del este. Pateado por mexicanos en Chicago.

En Montecristi una mesera me amenazó de muerte

(ahora mismo, clava alfileres en un muñeco idéntico a mí).

Los vecinos sueñan conmigo baleado.

Los poetas con dedicarme elegías.

Otros con rociarme gasolina en la cabeza y arrojar un fósforo y ver mis rizos en llamas. Otras con llevarme a la cama. Y hace semanas un policía me detiene y me pregunta

si yo no era el poeta que había leído poesía aquella noche y le digo que sí y el policía dice que son buenos poemas y hace una reverencia o algo así.


martes, 28 de junio de 2016

Demasiado (por Vicente Gallego)


Ha venido a dormirse

un cabello de sol sobre el cristal.


En el vaso, el clavel

¿qué hondura le ve al agua?


Todo esto es demasiado a todas luces.


¿No veis que va a llevarnos

a alguna perdición?


lunes, 27 de junio de 2016

Las estaciones (por Henry Parland)


Habéis oído
la carcajada de las estaciones de ferrocarril
cuando al pasar vertiginoso el tren
les guiña el ojo:
¡Venid conmigo!

Las estaciones de ferrocarril jamás se van con él.
Reflexionan
sobre la gélida sonrisa de los horarios
y se carcajean
ante los desesperados intentos de los raíles
por alejarse a rastras de las traviesas.



domingo, 26 de junio de 2016

Una erupción de astillas (por Sara Mesa)


¿Qué hay en el espejo trizado, que en él me reconozco?

¿Son los fragmentos rotos, la ceniza,

este limo estrellado,

estas leves partículas briznadas,

el reflejo poliédrico, escarchado,

el eterno fractal inaprensible,

las limaduras, el serrín, los segmentos;

la descomposición,

es quizá más cercana a mi esencia

a mi alma

que toda la lisura y plenitud

de un espejo pulido?


Manto de hierba.

Soles movibles, fugaces, incompletos.

El mar está formado por un inabarcable movimiento de gotas, de mareas.

Mi saliva jamás destila igual,

nunca es la misma.

La metralla implacable de mis pies, de mis ojos,

reverbera en la noche:

un prisma de cristales, como agua infinita

que se ondula despacio con los flujos nocturnos.


Y soy yo, centelleo; somos todos brillando,

como pájaros de aire que surcan el espacio,

donde no tropezamos con estrellas rotundas,

donde solo hay migajas, ralladuras y polvo.


Mi rostro no se rompe; es elástico,

se recompone mil veces; humedades

distintas me modelan, soplos tibios

de vigor, de deseos, de temibles,

dulces, cambiantes, perecederas ansias

me conforman.


Una erupción de astillas me sostiene.

Soy débil y soy fuerte; ya mi cuerpo

que se alza soberbio y espejea

en añicos de azogue, con fulgores

propios, frescos, novísimos, nunca antes entrevistos;

ya mi forma transida se destapa

y soy yo y soy miles y soy yo siendo miles.


Sentada en una cumbre -visceral, no tangible,

imaginada siempre como refugio y roca-

contemplo el universo disgregado.

Y sé que estoy ahí y en cada cosa

y que el espejo roto me recoge con luces y con nombres

que yo aún desconozco

y que son míos.


sábado, 25 de junio de 2016

Para que no canten ellos (por Alejandra Pizarnik)


Son mis voces cantando

para que no canten ellos,

los amordazados grismente en el alba,

los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,

un rumor a lila rompiéndose.

Y hay, cuando viene el día,

una partición del sol en pequeños soles negros.

Y cuando es de noche, siempre,

una tribu de palabras mutiladas

busca asilo en mi garganta,

para que no canten ellos,

los funestos, los dueños del silencio.

viernes, 24 de junio de 2016

Golpes sin manos (por Yamilka Noa)


Eran las doce de la noche.
Yo caminaba por Kentish Town.
El frío pesaba en mi nariz y en mis manos.
Mi frente aún reñía por tantos pensamientos confusos:
por eso la boina naranja,
el maquillaje clinique,
los pasos imprecisos.

Ya no recordaba de dónde venía.
Sabía que iba a asesinar a la memoria
-No en Kentish Town- me dije.

Llegué a mi casa, entré en mi cuarto, apagué las luces,
me recliné en la cama… (como siempre, sería yo la víctima).
Hubo una lucha, resistencia, golpes sin manos, y una voz que hacía de árbitro;
una voz miserable, ¿acaso ella procuró este juego?

Nadie ganó la pelea.
Vagué de nuevo, mientras clareaba, por Kentish Town;
esta vez sin boina (la memoria resfriada)
y en silencio.


jueves, 23 de junio de 2016

Éramos de ellos (por Sharon Olds)


Uno desde una dirección, otro
desde otra, un día vuelven, juntos,
y de pronto mi cuerpo cabe
en el aire que ocupa, y mi cerebro
entra en mi cráneo otra vez, y mi mente
en mi cerebro, y sobre los relieves anticlinales de mi
mente juega la luz. La semana anterior en la playa había visto
un ser que al principio no pude nombrar,
una criatura baja, erguida, con una cabeza
redonda y el cuerpo echado hacia atrás y unas
extremidades cortas que destellaban a los lados y debajo
como las puntas de una estrella, tanto que parecía brillar,
titilar en la arena -era un pequeño
primate, y detrás de él venía otro,
más pequeño y más primitivo,
un guiño deslumbrante, centelleante,
era un bebé-. Y ahora nuestra hija
duerme en el sillón, no siete kilos
seiscientos, sino más o menos de mi tamaño,
su cara maravillosa compleja delicada,
tranquila. Y nuestro hijo, anoche, miraba de cerca
a su enamorada mientras susurraban por un instante, qué tierna,
atenta mirada tenía. Los criamos
diariamente, quiero decir cada hora-cada minuto
éramos de ellos, ninguna hora pasaba en la que no estuviéramos
criándolos-llevándolos, soportándolos, alzándolos
en brazos, por placer, y para que pudieran ver,
más allá, lejos de nosotros.


miércoles, 22 de junio de 2016

Porque tu pena es única (por Olga Orozco)


Esa es tu pena.

Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras

y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.

Colócala a la altura de tus ojos

y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,

o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,

o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.

Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.

Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,

un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.

Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama

y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.

No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;

sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.

Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.

No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,

aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.

No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.

Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:

sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.

martes, 21 de junio de 2016

A ambos lados (por Antonio Deltoro)


A ambos lados de las doce,
del punto cero de las sombras,
las sombras equidistantes y enemigas
de la mañana y la tarde,
simétricas como la cosa y su imagen,
distintas y gemelas,
una al poniente del objeto,
otra al oriente,
la una fresca, la otra tocada por la muerte,
dibujan los dos brazos
de una balanza de sombras.



lunes, 20 de junio de 2016

Sutura cicatrices (por José Luis Morante)


Eres punto de luz tras el eclipse.
Al despoblar la sombra,
que retornes envuelta
en un aire de víspera
y prodigues abrazos.
Que rompas, trecho a trecho, la costumbre.
Sutura cicatrices,
encrucijadas, miedos.
Deberán confundirse nuestros pasos
en otra orilla, donde duerme el sol.
El beso de la escarcha
no roce tu epidermis con sus labios.
Que tu miedo y tu furia
-falsos techos de niebla-
sean leve rumor desdibujado
que se gestó una noche.
Nunca fue fácil conciliar el sueño.


domingo, 19 de junio de 2016

Prólogo de la comedia (por Wislawa Szymborska)


Se hizo un violín de cristal porque quería ver la música. Arrastró su barca hasta la cima de una montaña y esperó a que el mar llegara hasta allí. Por las noches estudiaba el “Horario de trenes”; las estaciones de destino le sacaban lágrimas de emoción. Criaba rosas con dos erres. Escribió un poema para el crecimiento del cabello y otro para lo mismo. Estropeó el reloj del ayuntamiento para detener de una vez por todas la caída de las hojas de los árboles. En una maceta donde vio crecer la hierbabuena quiso hacer excavaciones para encontrar una ciudad. Anduvo con la Tierra a sus pies, sonriente, despacito, como dos y dos son dos: feliz. Cuando le dijeron que no existía, al no poder morir de pena, tuvo que nacer. Ya anda viviendo por ahí; parpadea y crece. ¡Justo a tiempo! ¡En un buen momento! A Nuestra Señora del Amor Hermoso, la Dulce Máquina de la Prudencia, pronto le irá bien un bufón para la honesta diversión y la inocente alegría.

sábado, 18 de junio de 2016

De noche (por Olga Bernad)


Todas las noches son como esta noche,

todas las noches fueron como ésta;

cuando el mundo nació, ya era de noche.

Y en la excesiva noche de los tiempos

alguien soñó que nada pasaría.

Si te dejas caer hoy por mi sueño,

prometo protegerte de esa nada.

Seguros hacia dentro de la noche,

arrastraré hasta el fondo tus demonios;

al fondo de la noche, donde el tiempo

se convierte despacio en otra cosa. 

viernes, 17 de junio de 2016

El desnudo (por Vicente Aleixandre)

Basta, basta.


Tanto amor en las aves,

en esos papeles fugitivos que en la tierra se buscan,

en ese cristal indefenso que siente el beso de la luz,

en la gigante lámpara que bajo tierra solloza

iluminando el agua subterránea que espera,


Tú, corazón clamante que en medio de las nubes

o en las plumas del ave,

o en el secreto tuétano del hueso de los tigres,

o en la piedra en que apoya su cabeza la sombra.


Tú, corazón que dondequiera existes como existe la muerte,

como la muerte es esa contracción de la cintura

que siente que la abarca una secreta mano,

mientras en el oído fulgura un secreto previsto.


Di, qué palabra impasible como la esmeralda

deslumbra unos ojos con su signo durísimo,

mientras sobre los hombros todas, todas las plumas

resbalan tenuemente como solo memoria.


Di, qué manto pretende envolver nuestro desnudo,

qué calor nos halaga mientras la luz dice nombres,

mientras escuchamos unas letras que pasan,

palomas hacia un seno que, herido, a sí se ignora.


La muerte es el vestido.

Es la acumulación de los siglos que nunca se olvidan,

es la memoria de los hombres sobre un cuerpo único,

trapo palpable sobre el que un pecho solloza

mientras busca imposible un amor o el desnudo.


jueves, 16 de junio de 2016

Aún no ha tocado el suelo (por Frank Báez)


— La pelota que lancé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo—

Siempre quise ser el primer dominicano en la NBA.

Para entonces poner un dominicano en la NBA

era tan difícil como poner un dominicano en la luna.


Practiqué tiros libres, corrí, hice marineros,

sentadillas y lagartijas.

Parodié ganchos, donqueos.

Jugué veinticinco quintetos al día.

Mandé hacer una franela

con el número veintitrés y lloré

cuando Magic Johnson anunció que tenía sida.


Un día toqué la malla de un salto.

Luego toqué el tablero. Nunca llegué a tocar el aro.


Conseguí esas pesas

que se amarran en los tobillos

y que incrementan el salto.

Pero no funcionaron y me las cambiaron

por unos Converse Magic con aire comprimido

que me robaron mientras jugaba bajo

un transformador en San Carlos.


Compré unos Reebook Pump

y me expulsaron del equipo nacional

de minibasket.

Me faltaba estatura, alegaron.

Ni empinado era lo suficientemente alto.


Dormí trece, catorce, quince horas al día

para acelerar mi crecimiento.

Comencé a comprar jarabes,

vitaminas, minerales, suplementos.

Luego de once meses

creo me estaba encogiendo.


Hice barras.

Ejercicios de estiramiento.

Le pedí a Jesús, a la Virgen

y al hombre elástico

unas míseras pulgadas de más.


Ya tengo treinta años y todavía necesito

dos pulgadas para alcanzar los seis pies.

En vez de llegar a la NBA me mudé de barrio

y ahora juego dominó

en donde da lo mismo si eres enano.

También escribo poemas

y se los dedico a quien se me ocurra.


Por ejemplo este, que dedico a los que ya no se quitan

la camiseta al jugar básquetbol

porque les ha crecido pelo en la espalda.


Espero que lo gocen y que aplaudan.


miércoles, 15 de junio de 2016

El de la brocha (por Saiz de Marco)


Olvidar es higiénico,

es un limpiador mágico:


lava heridas profundas,

arranca viejas costras,

borra manchas mugrientas,

retira los escombros,

lleva el hierro oxidado a plantas de residuos,

saca restos de hollín,

desfonda pozos ciegos,

desatasca desagües,


te remoza,

te aclara,


deja correr el aire donde había sólo trastos…


Olvidar es fantástico,

raya en lo milagroso:


lo que una vez pasó no pasó nunca.


(Como esas pesadillas

que llegan pero luego se van sin dejar rastro;

por obra del olvido se esfuman,

se disuelven en medio de la noche.)


Olvidar es salvífico.

Sin su ayuda eficaz, sin su lograda técnica,

¿cómo resistiríamos?


¿Quién podría caminar entre tejas caídas,

desvencijadas losas,

astillas que se clavan,

vidrios rotos,

cascotes…?


Sea siempre bienvenido el ilustre fregón,

el hábil fontanero,

el pintor que recubre de cal las mohosas piedras.


-Eh oiga, el del mono blanco

(sí, usted: el de la brocha y la escalera al hombro):

¿enluciría usted estas sucias paredes?,

¿vertería sobre ellas una capa

de olvido?


martes, 14 de junio de 2016

Momento (por Juan Eduardo Cirlot)


Mi cuerpo se pasea por una habitación llena de libros y de espadas y con dos cruces góticas;

sobre mi mesa están Art of the European Iron Age y The Age of Plantagenets and Valois, aparte de un resumen de la Ars Magna de Lulio.

Las fotografías de Bronwyn están en sus carpetas, como tantas otras cosas que guardo (versos, ideas, citas, fotos).

Si ahora fuera a morir, en esta tarde (son las 6) de finales de mayo de 1971, y lo supiera de antemano,
no me conmovería mucho, ni siquiera a causa del poema «La Quête de Bronwyn» que está en imprenta.

En rigor, no creo en la «otra vida», ni en la reencarnación, ni tengo la dicha (menos aún) de creer
que se puede renacer hacia atrás, por ejemplo, en el siglo XI.

Sé que me espera la nada, y como la nada es inexperimentable, me espera algo no sé dónde ni cómo,
posiblemente ser en cualquier existente como ahora soy en Juan-Eduardo Cirlot.

Mi cuerpo me estorbaría y desearía la muerte −¡ah, cómo la desearía!− si pudiera
creer que el alma es algo en sí que se puede alejar e ir hacia los bosques donde el triángulo invertido de los ojos y boca de Rosemary Forsyth

me lanzaría de nuevo a la tierra de los hombres, porque en esta vida no he sabido o no he podido
trascender la condición humana, y el amor ha sido mi elemento,
aunque fuese un amor hecho de nada, para la nada y donde nunca.

Estoy oyendo Khamma de Debussy, que, sin ser uno de mis músicos favoritos (éstos son Scriabin, Schönberg y otros)
no deja de ayudarme cuando estoy triste, que es casi siempre.

Mi tristeza proviene de que me acuerdo demasiado de Roma y de mis campañas con Lúculo, Pompeyo o Sila,
y de que recuerdo también el brillo dorado de mis mallas doradas en los tiempos románicos,
y proviene de que nunca pude encontrar a Bronwyn cuando, entonces, en el siglo XI,
regresé de la capital de Brabante y fui a Frisia en su busca.

Pero, pensándolo bien, mi tristeza es anterior a todo esto, pues cuando fui en Egipto vendedor de caballos,
ya era un hombre conocido por «el triste».

Y es que el ángel, en mí, siempre está a punto de rasgar el velo del cuerpo,
y el ángel que no se rebeló y luchó contra Lucifer, pero más tarde
cedió a las hijas de los hombres y se hizo hombre,
ese ángel es el peor de los dragones.


lunes, 13 de junio de 2016

He dicho asombro (por Jorge Luis Borges)


Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: la clara luna volvedora y las mejillas que apetece el querer.
He santificado con versos la ciudad que me ciñe: la infinitud del arrabal, los solares.
En pos del horizonte de las calles he soltado mis salmos y traen sabor de lejanía.
He dicho asombro de vivir, donde otros dicen solamente costumbre.
Frente a la canción de los tibios, encendí en ponientes mi voz, en todo amor y en el horror de la muerte.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mi espíritu sacrifiqué con versos.
He sido y soy.
He trabado en fuertes palabras ese mi pensativo sentir, que pudo haberse disipado en sola ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón. 

Como el caballo muerto que la marea inflige a la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna. 
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?


domingo, 12 de junio de 2016

No cierro (por Joan Margarit)


Han llamado a la puerta pero al abrir no hay nadie.
Pienso en los que amo y no vendrán. No cierro.
No es posible ninguna bienvenida.
Espero con la mano sobre el marco.
La vida se ha afianzado en el dolor
como una casa sobre los cimientos.
Sé por quién me demoro
dejando el haz de luz hospitalario
en la desierta calle.



sábado, 11 de junio de 2016

Y di con un mundo (por Emily Dickinson)


Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose- hasta que pareció
que el sentido se quebraba definitivamente

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor
comenzó a temblar -a batir- hasta que pensé
que mi mente enmudecía,

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma.
Con los mismos zapatos de plomo, de nuevo,
el espacio comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna raza extraña,
náufraga, solitaria, aquí

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces-.


viernes, 10 de junio de 2016

La tierra empapada de olvidos (por José Manuel Rivas)


Es sábado y otoño,
del día y la estación se presiente
el leve dibujo de las sombras,
la esférica pronunciación de la lluvia,
el cielo cerrado y gris,
la tierra empapada de olvidos,
los pasos que se alejan,
la mirada altiva y débil que desfallece,
la luz y la simiente entre ruinas,
el vuelo y la memoria que se pierden
y el tenue silencio de las horas
que todo acosa y derriba.

Es sábado y otoño
y octubre,
y llueve sobre el asfalto.


jueves, 9 de junio de 2016

A oler mi tierra iré (por Natalia Toledo)


De mis manos crecieron flores rojas
largas y hermosas,
cómo olvidar el miedo con que fui despojada de toda certeza.
Caminé con las manos
y metí mi cuerpo donde había lodo
mis ojos se llenaron de arena fina.
Me llamaron la niña de los nenúfares
porque mi raíz era la superficie del agua.
Pero también fui mordida por una culebra apareándose en el estero
y quedé ciega, fui Tiresias que recorrió sin báculo su historia.
¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas brotan de estos cascajos?
Tal vez soy la última rama que hablará zapoteco
mis hijos tendrán que silbar su idioma
y serán aves sin casa en la jungla del olvido.
En todas las estaciones estoy en el sur
barco herrumbrado que sueñan mis ojos de jicaco negro:
a oler mi tierra iré, a bailar un son bajo una enramada sin gente,
a comer dos cosas iré.
Cruzaré la plaza, el Norte no me detendrá,
llegaré a tiempo para abrazar a mi abuela antes que caiga la última estrella.
Volveré a ser la niña que porta en su párpado derecho un pétalo amarillo,
la niña que llora leche de flores
a sanar mis ojos iré.


miércoles, 8 de junio de 2016

Sin existir existen (por Fernando Pessoa)


Hay dolencias peores que las dolencias,
hay dolores que no duelen, ni en el alma
pero que son dolorosos más que los otros.
Hay angustias soñadas más reales
que las que la vida nos trae, hay sensaciones
sentidas sólo con imaginarlas
que son más nuestras que la misma vida.
Hay tantas cosas que, sin existir,
existen, existen demoradamente,
y demoradamente son nuestras y nosotros...
Por sobre el verde turbio del ancho río
los circunflejos blancos de las gaviotas...
Por sobre el alma el aleteo inútil
de lo que no fue, ni puede ser, y es todo.


martes, 7 de junio de 2016

Tercera sombra (por Agustín Fernández Mallo)


Vuelven las mariposas monarca, milagro de la navegación,

una vez al año.


Hay dos clases de sombra, la que viaja en contacto con el objeto

y la que se proyecta a distancia —vuela un avión y la ves correr

allí abajo sobre campos como el caudal de un río liso—.

De la primera habló Rosalía de Castro, de la segunda

Lucrecio y los astrónomos en general.


Hay una tercera sombra, nunca citada, efervesce

en el interior de los cuerpos, donde no llega la luz y el cielo

es un mar completamente aplanado.

Delirio de la eficiencia energética, hoy sólo

una mariposa monarca ha regresado.


Nos han encerrado afuera. No podemos

entrar en la casa.


lunes, 6 de junio de 2016

Por dentro (por Laura Giordani)


Bajo la piel hay alforjas

para guardar las noches

lentas, ojeras ocaso

donde se ponen

fulgores y encallan los soles

hasta hacerse crónica

nocturna, pliegue

del desvelo.


Marsupiales

cargan sus penas párvulas:

ese modo

tan humano de llorar

por dentro, de penar

por dentro hasta convertir

en piedra lunar

el llanto.


Dos criaturas de lomo púrpura

abrevan la luz

convaleciente

en nuestros ojos.


domingo, 5 de junio de 2016

Para Marilyn M. (por Charles Bukowski)


deslizándose profundamente en luminosas cenizas,

objetivo de lágrimas de vainilla

tu firme cuerpo encendió velas para los hombres

en las noches oscuras,

y ahora tu noche es más oscura

que el alcance de la vela

y te olvidaremos, de alguna manera,

y eso no es amable

pero los cuerpos reales están más cerca

y como los gusanos suspiran por tus huesos,

me gustaría contarte

que esto les sucede a osos y a elefantes

a tiranos y a héroes y a hormigas

y a las ranas,

aún así, nos entregaste algo,

alguna clase de pequeña victoria,

y por esto digo: bien

y dejemos de apenarnos;

como una flor se seca y se tira,

olvidamos, recordamos,

esperamos. niña, niña, niña,

levanto mi copa un minuto entero

y sonrío.


sábado, 4 de junio de 2016

El malecón (por Eloy Sánchez Rosillo)


Apártate de todo esta mañana
y adéntrate en ti mismo al tiempo que te adentras
en la insólita paz de este olvidado
retiro silencioso.
No hay nadie. Quedan lejos
la ciudad y sus gentes, los trabajos
tan tristes de los hombres. Es tu amigo
el buen sol de febrero, que acaricia
con mucho amor las cosas y derrama
su milagro en tu piel. Vivir deseas
con la antigua inocencia este momento
y ser de nuevo aquel adolescente
que aquí solía venir cuando necesitaba
estar solo y soñar.
Pero detente. Mira.
¿Recuerdas? Puedes verlo. En un banco de piedra
está sentado. Tiene
un cuaderno en las manos, y unos libros
hay junto a él. Quién sabe
en qué estará pensando. Ignora tantas cosas
que te enseñó la vida y que quisieras
no saber.
Déjalo. Nada le digas.
Tiempo habrá de que el tiempo
lo acerque a ti y te alcance.
Pasa a su lado y sigue. No destruyas
el encanto. Silencio. Sed dichosos
bajo esta luz bendita.
Entre las ramas
de los naranjos cantan los jilgueros.


viernes, 3 de junio de 2016

Sólo el tiempo (por Miguel d´ Ors)


Mi vida: tantos días
que no estuve en El Cuzco
ni en Siena ni en Grenoble,
tantos aviones rubricando el cielo
en los que yo no iba, tantas voces
cuyo calor jamás
tocó mi corazón.
Sólo el tiempo, vacío,
sólo el tiempo, esta estepa
desesperada, sólo
ver los martes, los miércoles, los jueves,
ver cómo se suceden, implacables,
los tubos de Colgate.



jueves, 2 de junio de 2016

Para encender la sombra (por Roberto Juarroz)


Cuando se apaga la última lámpara
no sólo se apaga algo mayor que la luz:
también se enciende la sombra.

Debería haber sin embargo lámparas
que sirvieran exclusivamente
para encender la sombra.
¿No hay acaso miradas para no ver,
vidas nada más que para morir
y amores sólo para el olvido?

Hay por lo menos ciertas tinieblas predilectas
que merecen su propia lámpara de oscuridad.



miércoles, 1 de junio de 2016

Su hogar (por Wallace Stevens)


Allí estaba, palabra por palabra,

el poema que tomó el lugar de una montaña.


Él respiraba ese oxígeno,

aun cuando el libro yaciera boca abajo sobre la mesa polvorienta.


Eso le recordaba cuánto había necesitado

un lugar al que ir, siguiendo su propia dirección,


cómo había recompuesto los pinos,

desplazado las rocas y elegido su camino entre las nubes,


para alcanzar la perspectiva correcta,

aquella que lo hiciera sentirse completo, en una culminación inexplicable:


la roca exacta donde su inexactitud

pudiera descubrir, al menos, el panorama hacia el cual se aproximaba,


donde poder echarse y, contemplando el mar,

reconocer su hogar, solitario y único.

martes, 31 de mayo de 2016

Siempre está volviendo (por Carlos Augusto Alfonso)


claro que puede volver
el niño siempre puede volver
era desgraciado era pálido era mandado a volver
he sabido de nubes condicionadas a quedarse antes
si el niño llora en cali en potosí en alabama
entre los filminutos de los empleados de la card vaid
desequilibrado ante los ojos del vio y no vio
más allá de su impacto económico
de su manera fija de proceder/como corresponde a zonas
castigadas por disciplina
aguas tibias y calientes cocinando de lado la anchoveta
llevándose a miles a reforzar el ecologismo
a sentar base de reuniones interminables
navidad de natividades con qué cara puede uno
presentarse ante la fao
y pedir ayuda
a mucho y le compran el traje al bengalí que firma
miles de protocolos en tu mundo
los bancos de cereales cuenta abierta a la polinesia
claro que puede volver
claro que el niño puede volver siempre está volviendo el niño
que necesita para la natividad que no sea que no sea que
entre la virgen por una puerta salga la virgen por la otra
a intervalos de los sueros con un levín en la nariz
el niño mama repugnado de tragar aire
el niño que muere mata y se ríe es válido
nos esperan congresos sobre la corriente del niño
por los días 24 hay también terror
las cosas quedan donde siempre paz y fertilidad
a qué hora abrió los ojos qué ángulo prefirió mirar
cómo se durmió
el niño siempre estará volviendo puntual
con su reloj del hambre.


lunes, 30 de mayo de 2016

De mí murmuran (por Rosalía de Castro)


Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman: —Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?


domingo, 29 de mayo de 2016

En trémulo seguir (por Fernando Pessoa)


Soñar un sueño es perder otro. Entristecido
contemplo el puente pesado y en calma…
Cada sueño es un existir de otro sueño,
¡oh, alma mía, eterna desterrada en ti misma!
Siento en mi cuerpo más conscientemente
el rodar estremecido del tren. ¿Se para?...
Como con un intento intermitente
de mal rodar, se detiene. En una estación, clara
de realidad y gente y movimiento.
Miro afuera… Ceso… Me estanco en mí.
Resoplar de la máquina… Caricia del viento
por la ventana que se abre… Estoy distraído…
Parar… Seguir… Parar… Esto no tiene fin.
¡Oh el horror de la llegada! ¡Horror! ¡Oh nunca
llegar, oh hierro en trémulo seguir!
Al margen del viaje prosigue… Trunca
la realidad, pasa al lado del ir
y por el lado interior de la hora
huye, usa la eternidad, vive…
Sobrevive al momento, va.
Suavemente…, suavemente, cada vez más suave y tarda.
Entra en la estación… Rechina… Se detiene… ¡Es ahora!
Todo lo que fui en sueños, el otro-yo que tuve
resbala por mi alma… Negro declive
resbala, se hunde, se evapora para siempre
y de mi conciencia un yo que nunca obtuve
dentro en mí de mí cae.


sábado, 28 de mayo de 2016

Algo brilla (por Agustín Fernández Mallo)


A la luz blanca le brotan colores para anunciarnos
que se va al recreo, al lavabo, de vacaciones,
pero va de compras
-la luz compra el mundo, siempre ha querido comprar el mundo, ocuparlo todo
es su misión, nunca ha descansado y nunca descansará, incluso los agujeros
negros se hallan saturados de luz, auténticas multinacionales de la luz-,
pero aquí, ahora mismo, es noche cerrada
y la de las estrellas no satisface lo anteriormente dicho
-mucho menos la de la luna: llega con la suciedad
de lo adquirido en segunda mano-.
El páramo se curva más que el ojo, así que
es inmenso, el viento husmea en el frío un boquete de salida.
Algo brilla entre unos matorrales, me agacho,
una tarjeta de crédito.

La había perdido años atrás, las espinas de los cardos
perforan la banda magnética, roedores han limado
la media luna de sus dientes en la fecha de caducidad, un manto
de liquen cubre los dígitos de control y mis apellidos,
no mi nombre,
me dejan huérfano.
Enseguida recuerdo:
mi primera cuenta corriente, Caixa Galicia,
un amigo había dicho "así me ayudas a que me prorroguen el contrato,
después la olvidas y ya está".
La meto en el bolsillo -un acto reflejo-.
Al instante la dejo donde estaba.


viernes, 27 de mayo de 2016

Esto era (por Antonio Gamoneda)


Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:

Llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.


jueves, 26 de mayo de 2016

En cada pecho (por Laura Giordani)


En cada pecho hay un sol sepultado,

con su pulsación clandestina,

su madriguera de temblores

y una confesión de sobrevida

en los labios.


En cada pecho, una rotura,

hueco para alojar la verdad

que no soportarían los ojos:

el aleteo de un pájaro lacerado

sostiene el mundo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Hacia el azul (por Vicente Aleixandre)

Sombras del sur, sombras aquí. Venid todas las ruedas velocísimas y salvadme del mar

que va a caerme de las alas. Si anteayer lloraba yo, hoy río, lo mismo que la trompeta cuando cesa.

Cuando tú, tú, tú, tú, tú callas diciendo: “No te quiero.” Pero el oro en la palma de la mano fulgura

una seguridad tan grata, que yo comprendo que el sueño lo han inventado los cansados, los escépticos

de su corazón mercenario, que golpeaba como una moneda en una jaula, en un—delirante ayer—

agrisado hoy volumen de gorjeo.

Canta, esperanza de agua. Dadme un vaso de nata o una afiladísima espada con que yo parta

en dos la ceguera de bruma, esta niebla que estoy acariciando como frente. Hermosísima, tú eres,

tú, no la superficie de metal, no la garantía de soñar, no la garganta partida por un cuchillo de esmeralda,

no; sino solo un parpadeo de dos visos sin tacto, de dos bellas cortinas de ignorancia. ¡Olvidar!

Olvidar es una palabra fácil, fíjate bien: olvidar. Como quien dice: “Qué día hermoso”, o “Qué hora

será cuando la lluvia”, o “Dime el peso exacto de tu pena y te diré cómo querrías llamarte: Alegre.”

Sí, más alegre es la paloma que el cántaro. Cuando conteniendo la risa se desborda la gracia

gemebunda que antes se balanceó en el columpio de la palmera, el azul más extraño se desmorona

y llora, llora en orden, sin querer saber las noticias que dicen: buen tiempo.

Azul es el caramelo y azul el llanto sobre la mano empequeñecida. Azul la teoría de los vuelos,

esa fácil demostración de cómo las faldas al girar se abren en redondo y brillan sin renuncia. Ese

rumor no es el de tu cuerpo. Son tantos los resplandores interiores, que quiero ignorar el número de

estrellas. Si me cayera en el hombro esa pena goteada, al darme en el hombro, mi cabeza quemada

saldría en cohete en busca de su destino. Ascendiendo, una gran risa celeste ha abierto sus alas.

El sol está próximo. En el seno de las aguas no hay fuego, pero esa faz resplandeciente me

atrae, porque quiero abrasarme mis pupilas, quiero conocer su esqueleto, esa portátil mariposa de

los finos estambres, las más delicadas papilas vibratorias. Acaso el amor no puede quemarse.

Como un acero carnal se salvará su conciencia. Labios de Dios, besadme, salvadme de mi insistencia

infatigada, de mi ceniza desmoronándose. ¡Qué caña hueca de pensar quedará única, oh dulce

viento de la estrella, oh azul envío retrasado, oh dulce corazón que he perdido y que, como un gran

hueco de latido, no atiendes ya en la rama!


martes, 24 de mayo de 2016

Ha llegado la hora (por Raúl Campoy)


Vamos a pensarnos padre.

Vamos a reírnos de los ojos que todo lo quieren reunir.

Has visto el almendro?

Mira su pueblo de corolas.

Allí está mi nervio primero.

Hemos llorado:

no debemos.

Las nubes nos hacen sombra y el aire muerde nuestras mañanas.

No estés triste padre.

Yo te miro en el brote que reverdece que nos rememora.

A veces salgo y te llamo. Sales de las raíces donde siempre me enredo. Paseamos hasta

que somos sólo palabras y nuestros corazones bañan las peñas, riegan la huerta, y la amargura, según crecemos, se va escurriendo de nuestras lenguas. Entonces te miro y veo a ese padre tan valioso, y me pregunto de dónde vienes lleno de brillos de laguna, lleno de años que ya cumpliste y que ahora llegan, quebrando amaneceres como escarchas, clavando tus espinas de miel; y estallas en azúcar y nos haces ver una rosa dos veces rosa y ríes como dos planetas frotándose y lloras cientos de olores y suspiras como el viento entre una grieta, y allí estoy yo:

asqueado de carnes, de llaves, de coches

de ciudades,

queriendo alcanzar la yerba

que tú multiplicas,

intentando ser inoloro, incoloro, invisible,

indetodo,

para no partir el tallo de tu brisa por el campo,

para poder seguir tus pasos de ropa vieja.


No estés triste padre.

No rompas esa sonrisa en agujas.

No te embarres de queratina,

que el dolor ha cambiado su billete.

La presencia de nuestra ausencia no dolerá.

Deja que los cuchillos reboten

que cambie el sonido:

abre una ventana en el sur

y cierra la del norte,

o como tú quieras,

tienes veinte articulaciones en el cráneo

y eres triste de médula como una red a la deriva

(como diría Neruda).

Llora tus soledades en las mías, padre.

Suda entero como el rocío.

No hagas fragoso lo permeable.


Ha llegado la hora de penetrar nuestro cuerpo de roca,

de almacenar con tósigo nuestra ira de colmena,

de visitarnos en la distancia

donde las horas no dictan

ni separan a un hijo de un padre,

donde las palabras no rebotan

ni hay paredes que raspen

ni puertas que podamos cerrar.


lunes, 23 de mayo de 2016

Tú mismo (por Charles Bukowski)


se sentó desnudo y borracho
en una habitación una noche de
verano, pasando el filo del cuchillo
bajo sus uñas, sonriendo, pensando
en todas las cartas que había recibido
contándole que
la manera en que vivió y escribió sobre
eso
les había mantenido avanzando cuando
todo parecía
verdaderamente
desesperanzador.

poniendo la hoja sobre la mesa,
le dio un golpecito con un dedo
y giró
en un círculo brillante
bajo la luz.

¿quién demonios va a salvarme
a mí?
pensó.

mientras el cuchillo paraba de girar
vino la respuesta:
vas a tener que
salvarte tú mismo.

sonriendo todavía,
a: encendió un
cigarrillo
b: se sirvió
otro
trago
c: le dio a la hoja
otra
vuelta

domingo, 22 de mayo de 2016

Aviso para caminantes (por Eloy Sánchez Rosillo)


En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje,
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
Poco dura
el milagro.
Después, si te negaras
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.

sábado, 21 de mayo de 2016

Eres (por Saiz de Marco)


No eres quien eres

Eres el hombre que no tienes qué dar a tus hijos famélicos

Papá, tengo hambre

y no tienes qué darles

Subes a una barcaza

demasiado pequeña para tanta gente

y pones rumbo a Europa sin saber si llegarás o morirás entre olas

y si llegas serás un ilegal

mera carne explotable y sin papeles


Hazte a la idea de que eres ese hombre


No eres quien eres

Eres la mujer que no fuiste a la escuela

Hay letras, números

un rótulo, un cartel

y no sabes qué dicen


Hazte a la idea de que eres esa mujer


No eres quien eres

Eres con ojos que nunca ven nada

y te vistes, te bañas, caminas a oscuras

Así eres

viviendo

sin saber qué es azul, cómo es el verde


Hazte a la idea de que eres ella o él


O quizá eres quien eres

Eres tú

no esos otros




pero ignoras las causas

endebles, fortuitas

no necesarias, no inamovibles


desconoces la rara lotería

la escondida ruleta, los dados enigmáticos

por los que sí eres tú



por los que no eres ellos

viernes, 20 de mayo de 2016

Apiádate (por Miguel d' Ors)


Mira la tarde, mira qué canción
multicolor: las mobylettes felices
como estrellas fugaces, quinceañeras
azules con bermudas y suspensos, gaviotas
acariciando el tiempo,
la playa allá como una bienvenida...
¿Cuánto le habrá costado
al Universo, cuántos siglos, abrazos, guerras...
este momento?
Apiádate.
No sueltes
en medio de esta hora
el paquidermo mustio de tu filosofía.



jueves, 19 de mayo de 2016

Afuera de sí mismo (por Roberto Juarroz)


Mi mirada me espera en las cosas,
para mirarme desde ellas
y despojarme de mi mirada.

Mi memoria me espera en las cosas
para demostrarme que no existe el olvido

Y las cosas se apoyan en mí,
como si yo, que no tengo raíz,
fuera la raíz que les falta.

¿Es que tal vez las cosas
también se esperan en mí?

¿Es que todo lo que existe
se está esperando afuera de sí mismo?

¿Es que al final estarán mis brazos
abiertos para abrazarme?

miércoles, 18 de mayo de 2016

El cangrejo persiste (por Anne Sexton)


Tal vez la tierra flote,

no lo sé.

Tal vez las estrellas sean figuritas de papel

cortadas por una tijera gigante,

no lo sé.

Tal vez la luna es una lágrima congelada,

no lo sé.

Tal vez Dios sea una voz profunda

que un sordo oye,

no lo sé.


Tal vez no soy ninguna.

Es cierto, tengo un cuerpo

y no puedo escaparme de él.

Me encantaría volar lejos de mi cabeza,

pero sobre eso no hay discusión.

Está escrito en la tabla del destino

que permanezca acá, metida en esta forma humana.

Siendo ese el asunto,

quiero llamar la atención sobre mi problema.


Dentro de mí hay un animal

que me agarra el corazón,

un enorme cangrejo.

Los médicos de Boston

metieron mano.

Probaron con escalpelos,

agujas, gases venenosos y todo eso.

El cangrejo persiste.

Es un gran peso.

Yo trato de olvidarlo, me ocupo de mis cosas,

cocino el brócoli, abro libros cerrados,

me cepillo los dientes, me ato los zapatos.

Probé con la plegaria,

pero cuanto más rezo más aprieta el cangrejo

y el dolor aumenta.

Una vez soñé,

tal vez fue un sueño,

que el cangrejo representaba mi ignorancia de Dios.

Pero ¿quién soy yo para creer en los sueños?

martes, 17 de mayo de 2016

De un lugar (por Wallace Stevens)


Los niños que recogen nuestros huesos

nunca sabrán que éstos fueron una vez

tan rápidos como los zorros en el monte;

y que en otoño, cuando las uvas

hacen al aire agrio más agrio con su olor,

ellos tenían un ser, un aliento congelado;


y nunca han de adivinar que con nuestros huesos

dejamos mucho más, dejamos la todavía

apariencia de las cosas y dejamos los sentimientos


hacia lo que vimos. Las nubes de la primavera vuelan

sobre la mansión cerrada,

más allá de nuestra cerca y del cielo airoso


plañe una docta desesperanza.

Conocimos por mucho tiempo la apariencia de la mansión

y lo que dijimos sobre ella se ha convertido


en parte de lo que ahora es… Niños,

que todavía tejen guirnaldas como aureolas

hablarán nuestro lenguaje sin saberlo,


dirán de la mansión que parece

como si el que vivió ahí hubiera dejado

un espíritu atormentado en las paredes vacías,


una casa sucia en un mundo sin entrañas,

un jirón de sombras que despunta en blanco,

manchado con el oro del opulento sol.

lunes, 16 de mayo de 2016

El silencio en una casa (por Bronislaw Maj)


El silencio en una casa donde alguien
está muriendo: susurros, sollozos reprimidos por pañuelos,
puertas que se cierran suavemente. El olor de medicinas
que ya no son necesarias, la llama de las amarillas velas
de la Candelaria. Ese
hombre silencioso, mi padre, es un chico
cuya madre está muriendo. Nadie cree aún
en lo que está sucediendo ahora, ya
ha sucedido, imperceptible, pero aún
este silencio. Alguien está sacudiendo una alfombra
en el patio, un coche se pone en marcha, una discusión
en las escaleras, música, una corriente de aire
con olor a pasto ha apagado la vela. Ya nada de acá
le pertenece a ella. No tenemos ya nada
en común con ella, nos quedamos atrás.
Ahora podemos llorar fuerte, más fuerte:
en un constante testimonio
para la vida.

domingo, 15 de mayo de 2016

Habitan dos (por Sarel Jacob Pretorius)


En esta celda,
detrás de las fronteras
de la piel
y de las elevadas
ventanas de los ojos
habitan dos personas:
uno es el loco,
yo soy el otro.

Él es el que gimotea y grita,
yo soy un alma miedosa y taciturna.

En las descarnadas horas de la noche
lucho contra él con menos menos fuerzas,
y cada vez que me vence, proclama furioso

su rabia contra Dios y contra el mundo.
En este pequeño recinto
de carne y hueso
viven dos: uno
es el loco,
yo soy el otro.

sábado, 14 de mayo de 2016

Y me ahogo de tu no aire (por Gonzalo Rojas)


Más que por la A de amor estoy por la A

de asma, y me ahogo de tu no aire,

ábreme alta mía única anclada ahí, no es bueno

el avión de palo en el que yaces con

vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro

de las que ya no estás, tu esbeltez

ya no está, tus grandes

pies hermosos, tu espinazo

de yegua de Faraón, y es tan difícil

este resuello, tú

me entiendes: asma

es amor.

viernes, 13 de mayo de 2016

Vida (por Vicente Aleixandre)

Un pájaro de papel en el pecho
dice que el tiempo de los besos no ha llegado;
vivir, vivir, el sol cruje invisible,
besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.
Para morir basta un ruidillo,
el de otro corazón al callarse,
o ese regazo ajeno que en la tierra
es un navío dorado para los pelos rubios.
Cabeza dolorida, sienes de oro, sol que va a ponerse;
aquí en la sombra sueño con un río,
juncos de verde sangre que ahora nace,
sueño apoyado en ti calor o vida.


jueves, 12 de mayo de 2016

Como si no existiera (por Wislawa Szymborska)


Escríbelo. Escribe. Con tinta normal

en un papel normal: no les dieron de comer,

todos murieron de hambre. Todos. ¿Cuántos?

Es una pradera grande.¿Cuánta hierba

le tocó a cada uno? Escribe: no sé.

La historia redondea los esqueletos por decenas.

Mil y uno siguen siendo mil.

Ese uno es como si no existiera:

feto imaginario, cuna vacía,

cartilla abierta para nadie,

aire que ríe, grita y crece,

escalera hacia el vacío que baja al jardín,

lugar de nadie en la fila.


Estamos en la pradera donde se hizo hombre.

Y ella calla como un testigo comprado.

Al sol. Verde. Allá, cerca de un bosque

para mascar la madera, para beber por debajo de la corteza

ración del paisaje de una jornada,

hasta que uno pierda la vista. En la altura, un pájaro

que pasaba por la boca con una sombra

de sus alas nutritivas. Se abrían las mandíbulas,

golpeaba diente contra diente.

De noche, en el cielo, brillaba la hoz

y segaba para los panes soñados.

Llegaban volando las manos de ennegrecidos iconos,

con vacíos cálices en los dedos.

En las púas del alambre

se balanceaba el hombre.

Cantaban con tierra en la boca. Un bello canto

que habla de cómo la guerra llega directamente al corazón.

Escribe qué silencio hay aquí.

Sí.


miércoles, 11 de mayo de 2016

Algo que aclare esto (por Joaquín Giannuzzi)


Con dedos pensantes y a fondo

palpo el hueso de mi cara:

un hueso general en el que busco

una forma cumplida, una razón total

un principio de respuesta, algo que aclare esto

con la medida de su oscuridad.

El hueso calla, se ahonda y endurece.

Sólo habla mi cara, mi máscara histriónica,

esta carnadura vaciada del error,

esta superficie apaleada por la época,

su charla de idiota, su falsa dirección

sumando confusión al ruido de la realidad.

martes, 10 de mayo de 2016

Mientras la nieve caía (por Anne Sexton)


Yo estaba envuelta en piel

negra y blanca y

tú me deshiciste y entonces

me colocaste en luz dorada

y entonces me coronaste,

mientras la nieve caía

tras la puerta como dardos diagonales.

Mientras una nieve de diez pulgadas

caía como estrellas

en pequeños fragmentos de calcio,

estábamos en nuestros propios cuerpos

(ese cuarto que nos enterrará)

y tú estabas en mi cuerpo

(ese cuarto que nos sobrevivirá)

y al principio te froté

los pies secándolos con una toalla

porque yo era tu esclava

y entonces me llamaste princesa.

¡Princesa!



Oh entonces

me puse de pie en mi piel dorada

y me deshice de los Salmos

y me deshice de la ropa

y tú desataste la brida

y tú desataste las riendas

y yo desabroché los botones,

y deshice los huesos, los equívocos,

las postales de Nueva Inglaterra,

las noches de enero pasadas las diez

y nos erguimos como trigo,

hectárea tras hectárea de oro,

y cosechamos,

cosechamos.

lunes, 9 de mayo de 2016

Desde fuera (por Fernando Pessoa)


Siempre me ha preocupado, en esas horas ocasionales de desprendimiento en que tomamos conciencia de nosotros mismos como individuos de que somos otros para los demás, la imaginación de la figura que haré físicamente, y hasta moralmente, para aquellos que me contemplan y me hablan, o todos los días o por casualidad.

Estamos todos acostumbrados a considerarnos como primordialmente realidades mentales, y a los demás como directamente realidades físicas; vagamente nos consideramos como gente física, para efectos en los ojos de los demás; vagamente consideramos a los demás como realidades mentales, pero sólo en el amor o en el conflicto adquirimos verdadera conciencia de que los demás tienen sobre todo alma, como nosotros para nosotros.

Me pierdo, por eso, a veces en un imaginar fútil de qué especie de gente seré para quienes me ven, cómo es mi voz, qué tipo de figura dejo escrita en la memoria involuntaria de los demás, de qué manera mis gestos, mis palabras, mi vida aparente, se graban en las retinas de la interpretación ajena.

No he conseguido nunca verme desde fuera.

No hay espejo que nos dé a nosotros mismos como fueras, porque no hay espejo que nos saque de nosotros mismos.

Sería precisa otra alma, otra colocación de la mirada y del pensamiento.

Si yo fuera actor prolongado de cine o grabase en discos audibles mi voz alta, estoy seguro de que del mismo modo quedaría lejos de saber lo que soy del lado de allá, pues, quiera lo que quiera, grábese lo que de mí se grabe, estoy siempre aquí dentro, en la quinta de muros altos de mi conciencia de mí.

No sé si los otros serán así, si la ciencia de la vida no consistirá esencialmente en ser tan ajeno a sí mismo que instintivamente se consiga un alejamiento y se pueda participar de la vida como extraño a la conciencia; o si los demás, más ensimismados que yo, no serán del todo la brutalidad de no ser más que ellos, viviendo exteriormente merced a ese milagro por el que las abejas forman sociedades más organizadas que cualquier nación, y las hormigas se comunican entre sí con un habla de antenas mínimas que excede en los resultados a nuestra compleja ausencia de entendernos.

La geografía de la conciencia de la realidad es de una gran complejidad de costas, accidentadísima de montañas y de lagos.

Y todo me parece, si medito de más, una especie de mapa como el del «Pays du Tendré» o de los «Viajes de Gulliver», broma de exactitud inscrita en un libro irónico o fantasioso para gozo de entes superiores, que saben dónde es donde las tierras son tierras.

Todo es complejo para quien piensa, y sin duda el pensamiento lo torna más complejo por voluptuosidad propia.

Pero quien piensa tiene la necesidad de justificar su abdicación con un vasto programa de comprender, expuesto, como las razones de los que mienten, con todos los pormenores excesivos que descubren, con el esparcir de la tierra, la raíz de la mentira.


domingo, 8 de mayo de 2016

Cableros (por Harry Martinson)


Izamos el cable submarino entre Barbados y Tortuga,
mantuvimos en alto los faroles
y cubrimos con caucho nuevo la herida de su espalda,
15 grados de latitud norte, 61 grados de longitud oeste.
Cuando pegamos la oreja al lugar raído
oímos cómo zumbaba dentro del cable.

—Son los millonarios de Montreal y de Saint John que hablan
sobre el precio del azúcar cubano y la disminución de
nuestros salarios, dijo uno de nosotros.

Allí estuvimos un buen rato pensando, en un círculo de faroles,
nosotros, pacientes cableros,
luego hundimos el cable reparado dejándolo en su sitio,
en las profundidades del mar.

sábado, 7 de mayo de 2016

Donde se levantó moho (por Carlos Martín Eguía)


La humedad traspasó primero la pared
después los caños
tomando los cables y comiéndole la luz
a ese sector de la casa
un espacio a oscuras en el nirvana del mineral
donde se levantó moho.
La causa está a la vista y no hay nada que suponer
me dice ella que siempre supo que vivir es actuar
y que está de nuevo
en lo que una vez pensamos como hogar.
Con cara de desconcertado inquilino que vuelve
de trasnochar a la deriva
me pregunto qué rincón de mi cerebro
se arruinará primero
a imagen y semejanza.