zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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lunes, 27 de julio de 2015

Única manera (por Wislawa Szymborska)


Vida: única manera
de cubrirse de hojas,
tomar aliento en la arena,
alzar el vuelo con alas;

ser perro
o acariciar su cálido pelaje;

distinguir el dolor
de todo lo que no lo es;

tener sitio en los hechos,
meterse en las vistas,
buscar el menor de los errores.

Excepcional ocasión
para recordar por un momento
sobre qué se habló
con la lámpara apagada;

y para una vez al menos
tropezar con una piedra,
mojarse con alguna lluvia,
perder la llave en la hierba;

y dirigir la mirada tras una chispa en el viento;

y de continuo no saber
algo importante.


domingo, 26 de julio de 2015

En su alboroto (por Vicente Gallego)


A esta roja amapola que se ha hecho
dueña entera del mundo,
firme en su indignación,
puesta en su escándalo,
dan ganas de decirle
que lleva la razón en su alboroto,
que no hemos de dudar, que nos perdone.


sábado, 25 de julio de 2015

Como el fresno (por Patricio Emilio Torne)


Así como así,

lo que era transparencia

en la reverberación de la tarde

se oscurece.

El contorno de las cosas

y su etimología

se trastocan: la lisura es aspereza

y los frutos se descomponen sin madurar.

Entre el viento que no cesa

y la rama que ya no puede,

algo está por colapsar en el paisaje de la calle.

Tras el aire ceniciento,

al alcance de una pedrada,

el cartel del supermercado anuncia ofertas

como si fuera un bálsamo ante los ojos.

La vida se ha vuelto eso,

una suma de ínfimas posibilidades

con nombres de productos

que quieren satisfacerte.

Sabemos bien que las ofertas

no dan sombras, pero en ellas,

comprando las que se puedan, está

la posibilidad de ensombrecernos.

El cuerpo todo en su sensibilidad

presiente el filo

que habrá de vencer al árbol.

El fresno, a lo largo de su existencia,

hace lo imposible por resistir

las embestidas del viento,

la mala poda,

la intolerancia del hombre

y el desprecio natural

por todo aquello que no entra

en el decálogo mezquino de los intereses,

Siempre ha sabido

que su sombra vale menos

que el kilo de papas, así las cosas

horadando su simiente.

El corazón resiste todo engaño

del que es objeto hasta donde puede.

Agosto quiere dar el golpe final

y nada hay que pueda hacerse,

salvo no sucumbir ante la impotencia,

y como el fresno,

reverdecer en primavera,

saber que habremos de volvernos oro

cuando llegue el otoño, sin que ello

garantice que pasemos el invierno.

viernes, 24 de julio de 2015

Exento (por Saiz de Marco)


Te queremos,

cuadrúpedo,

compañero prehistórico,

inmerecido amigo (indignos de ti somos),

lobo fiel al erguido,


porque tú no has llegado

a la mentira,

al odio,

a la traición,

al mal,


a todo lo que anega,

lo que tizna y embarra nuestra simiesca mente.


Te queremos

-ser noble,

exento de perfidia,


libre de retorsión-


porque necesitamos que algo como tú

exista,

sea aún posible en el mundo.


Sí, Perro, te queremos

porque tienes aquello que nosotros perdimos

y careces de todo

cuanto nos hace turbios.

jueves, 23 de julio de 2015

Nadie me ve (por Linda Hogan)


Una luz polvorienta cae a través de ventanas

donde familias enteras viajan juntas, solas.

Las madres abren las persianas y sacuden el

mundo viejo

de los manteles de encaje.

Debajo de pañoletas floreadas

mujeres inmigrantes ponen su fe en los

autobuses de la ciudad.

Se refugian detrás de los vidrios,

apoyan las cabezas contra las ventanas.

Detrás de párpados azulados de venas,

viajan.

Bruselas, tal vez, su destino.

Donde mujeres más viejas tejen encajes,

envuelven lino alrededor de agujas

y el sol se acuesta sobre telas de araña.

En la calle

hojas invisibles de vidrio atadas

a los costados de un camión.

El mundo se ve a través de ellas,

lleno de gente, con caballos rojos

que se alejan sobre las calles.

Dentro de esa piel lenta de caballo

detrás de las anteojeras

los animales oscuros corren,

caballos sombríos,

caballos de luz

corriendo sobre colinas de América.

Todo es extraño aquí.

Nadie me ve.

Nadie ve a esta mujer que recorre calles de la

ciudad.

Nadie ve los animales que corren dentro de mi

piel,

la selva profunda de árboles sureños,

las abuelas oscuras que miran a través de mis ojos,

observándolo todo, viajando todavía.


miércoles, 22 de julio de 2015

Me abandono en tu mar (por Carmen Conde)


Porque siendo tú el mismo, eres distinto
y distante de todos los que miran
ese rosa de luz que viertes siempre
de tu cielo a tu mar, campo que amo. 


Campo mío, de amor nunca confeso;
de un amor recatado y pudoroso,
como virgen antigua que perdura 

en mi cuerpo contiguo al tuyo eterno.

He venido a quererte, a que me digas
tus palabras de mar y de palmeras;
tus molinos de lienzos que salobres
me refrescan la sed de tanto tiempo.

Me abandono en tu mar, me dejo tuya
como darse hay que hacerlo para serte.
Si cerrara los ojos quedaría
hecha un ser y una voz: ahogada viva.

¿He venido, y me fui; me iré mañana
y vendré como hoy...?; ¿qué otra criatura
volverá para ti, para quedarse
o escaparse en tu luz hacia lo nunca?

martes, 21 de julio de 2015

Pero todos se van (por Roberto Juarroz)

Cada uno se va como puede,
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano,
unos con la cédula de identidad en el bolsillo,
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos.

Cada uno se va aunque no pueda,
unos con el amor entre dientes,
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida,
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro.

Cada uno se va porque se va,
unos con alguien trasnochado entre las cejas,
otros sin haberse cruzado con nadie,
unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino,
otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,
unos sin haber empezado a vivir
y otros sin haber empezado a vivir.

Pero todos se van con los pies atados,
unos por el camino que hicieron,
otros por el que no hicieron
y todos por el que nunca harán.

lunes, 20 de julio de 2015

A la orilla (por Eduardo Galeano)

No consigo dormir.
Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Arránqueme, Señora, la ropa y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.


domingo, 19 de julio de 2015

Torturador y espejo (por Mario Benedetti)


Mirate
así

qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia
qué paliza paterna te generó cobarde
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado
no escapes a tus ojos

mirate
así

dónde están las walkirias que no pudiste
la primera marmita de tus sañas
te metiste en crueldades de once varas
y ahora el odio te sigue como un buitre
no escapes a tus ojos

mirate
así

aunque nadie te mate
sos cadáver

aunque nadie te pudra
estás podrido

dios te ampare
o mejor
dios te reviente.

sábado, 18 de julio de 2015

Canción de la muerte resplandeciente (por Salvador Espriu)


Fortunas de mar

me llevarán consigo.

No podrás

orzar ni perder,

uno a uno, velero blanco,

todos los palos.

Por el engaño

de luz de mediodía,

eres súbito prisionero

de un viejo canto.

¿En qué puerto

se enroló, serviola,

este nuevo timonel

tan extraño?

Yo no sé

que caminos de mi sueño

lo han llevado al gobierno

de la nave.

Ásperas manos

nunca dejan la rueda,

y ya calmo se torna

mi tiempo.

Lejos, más allá

de palabras amargas,

encontré una muerte

resplandeciente.


viernes, 17 de julio de 2015

Todos los laberintos (por Sònia Moll Gamboa)


Sentarse con la espalda

apoyada en el muro.

Asumir los ciegos caminos,

las paredes altísimas,

la curva afilada de todos los rincones.

Respirar las dudas,

reflexionar las muertes.

Mirar hacia lo alto:

todos los laberintos tienen cielo,

e incluso algunos tienen terrazas

desde donde puede verse un trozo de mar. 


jueves, 16 de julio de 2015

Todo ha pasado (por Tom Kristensen)

Mira, por tercera vez el verdugo
limpia de sangre y de humedad su espada
y se encienden tres llamas rojas
en el trapo que ha usado;
pero yo no tengo cabeza y estoy muerto
cuando por sexta vez una llama
se alumbra, se alumbra
en el trapo del verdugo.

Nos arrodillamos, nosotros, veinte hombres,
con la cabeza estirada,
y tendré que ver la reluciente espada
cortar la cabeza a cinco;
pero la sexta, la sexta vez,
cuando el tiempo se va haciendo mortalmente largo,
el ojo se ha cerrado,
todo ha pasado.

Ahora por cuarta vez el verdugo
limpia su espada con el mismo trapo,
mientras el número cuatro se derrumba
y la sangre brota
y el verdugo se acerca más;
entreveo la empuñadura de su espada,
el ala de un dragón en
el anillo de la empuñadura.

Entonces vuelvo un poco la cabeza
y lo veo amenazador, grande y gris,
cabeza afeitada y coleta desnuda
contra el cielo azul.
Veo cada simple pelo que nace
en la nariz y cejas del verdugo.
Ahora veo y veo
cada vez más y más.

Ahora por quinta vez el verdugo
seca la sangre y humedad de su espada,
y la cabeza del número cinco
se ha detenido junto a su pie;
pero el tiempo se demora infinitamente
antes de la sexta vez, la sexta.
Ya no creo que
vaya a pasar nada más.

¿Se ha parado el mundo para siempre?
¿Está la espada llena de humedad?
¿Le estará sacando brillo el verdugo eternamente
para no tener que usarla jamás?
La nuca me duele sin parar y el dolor
me lanza una vertiginosa corona
a la carne del cuello.
¿Estaré quizá muerto?

No, el verdugo todavía está mirando
el cortante y resistente filo de la espada.
Entonces da el paso siguiente
y se detiene —mide— retrocede un poco.
Veo un escarabajo caminando confiado
con el verde metálico de su abovedada espalda,
va caminando hacia
un pie del verdugo.

miércoles, 15 de julio de 2015

Oda sobre la oda del viejo ruiseñor (por Andrés Neuman)


Sentado bajo el árbol que sustituye al árbol
donde John Keats oyó cantar al ruiseñor
me pregunto qué acordes hubieran sorprendido
al poeta una tarde del año 2006.
El oído es un ojo que lee como vive
y la vida presente se ha vuelto un pentagrama
caótico, crispado, cada vez más agudo.
Tampoco el ruiseñor sería el mismo pájaro:
antes era un milagro en medio del reposo,
melódico misterio en labios de la noche.
Pero hace ya tiempo que los seres alados
perdieron el reloj a través de las ramas
y un reflejo nervioso de vatios en cadena
los obliga a cantar torpemente a deshora.
Lo más probable hoy es que Keats no pudiese
oír a un ruiseñor ni distinguir su canto.

Pero, ah, ¿y si pudiera? ¿Y si en este jardín
bajo el cielo de Hampstead quedara algún jirón
de silencio flotando? De ser así me temo
que esta tarde el poeta ya no habría envidiado
la estirpe voladora ni exclamado en un trance
de armónico furor: «¡Tú no naciste
para la muerte, pájaro inmortal!».
Se habría referido más bien a la extinción
de especies muscicápidas, al smog enredado
entre sus alas cortas o al tenso laberinto
de tendidos eléctricos que dificulta el vuelo.

Y pese a todo Keats, que cantaba mejor
que el cándido jilguero o la inconsciente flauta
al final suspiró: «No nos puede engañar
tan bien la fantasía», dudando si los sones
habían sido fruto de un sueño pasajero.
Quizás esa sospecha amarga y terrenal
(que en lugar de mancharlo eleva su poema)
nació del rumor rojo de las enfermedades,
de la sangre perdida por la boca que canta.
Al comprender temprano que su vida era breve
el ruiseñor John Keats intentó imaginar
una voz más constante durando en las alturas,
algún pájaro eterno a lo largo de siglos
unísonos, aéreos…

Y fue en aquel refugio,
resguardado a la sombra de este leve ciruelo
que no es el genuino y que me desprotege,
donde el joven cantor soñó la permanencia
hace doscientos años sin suponer que alguien
(yo mismo o cualquier otro: la historia nos transplanta)
pagaría un billete para probar su asiento
y saldría más tarde pensando en viejas odas,
en la remota cuerda de la tuberculosis,
oyendo un aletear de fugaces motores
(¿de dónde provendrán?, ¿adónde vuelan?)
y parando a comprar un frasco de jarabe
en la absurda farmacia llamada Keats, oh tiempo,
que han abierto a la vuelta de su jardín inmóvil. 


martes, 14 de julio de 2015

Todos los hombres matan lo que aman (por Oscar Wilde)


Sin embargo -¡Y escuchen bien todos!-
todos los hombres matan lo que aman:
unos con una mirada de odio,
otros con una palabra acariciadora;
el cobarde con un beso,
el valiente con la espada.
Unos matan su amor cuando son jóvenes,
otros cuando ya son viejos,
unos lo ahogan con las manos de la lujuria,
otros con las manos del oro;
los más compasivos se sirven de un cuchillo,
del cuchillo que mata sin agonía.
El amor de unos es demasiado corto,
demasiado largo el de otros;
unos venden y otros compran;
unos hacen lo que deben hacer con lágrimas,
otros sin un solo suspiro;
pues todos los hombres matan lo que aman,
aunque no todos deban morir por ello.


lunes, 13 de julio de 2015

En mi flor me he escondido (por Emily Dickinson)


En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin tú sospecharlo también allí estuviera...
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.

En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.



domingo, 12 de julio de 2015

La vida de la que has sido testigo (por Carl Dennis)


Debe ser inquietante para el dios que te ama
sopesar cuánto más feliz serías hoy
si hubieras podido avistar tus muchos futuros.
Debe ser doloroso para él verte los viernes por la noche
conduciendo a casa desde la oficina, satisfecho con tu semana
-tres buenas casas vendidas a familias dignas de ellas-
sabiendo como sabe perfectamente qué habría pasado
si hubieses ido a por tu segunda elección en la universidad,
conociendo el compañero de cuarto que se te habría asignado
cuyas ardientes opiniones sobre pintura y música
habrían prendido en ti una pasión de por vida.
Una vida treinta puntos por encima de la que vives
en cualquier escala de satisfacción. Y cada punto
una espina en el costado del dios que te ama.
No quieres eso, un hombre espiritual como tú
que intenta salvar a su esposa de las decepciones del día
para que pueda guardar su empatía hacia los niños.
¿Y querrías que este dios comparase a tu mujer
con la mujer que estabas predestinado a encontrar en el otro campus?
Te duele pensar en él tras la conversación
que habrías disfrutado allí valorándola mejor
que la conversación a la que estás acostumbrado.
Y piensa cómo este amante dios se sentiría
sabiendo que el siguiente hombre en la fila para tu mujer
la habría satisfecho mucho más de lo que tú no podrás nunca
ni siquiera en tus mejores días, cuando de verdad te esfuerzas.
¿Puedes dormir por las noches sabiendo que un dios así
recorre su habitación de nubes, atormentado por las posibilidades
de las que tú te libras por ignorancia? La diferencia entre lo que es
y lo que pudo ser permanecerá viva para él
incluso después de que dejes de existir, después de que cojas frío
al correr en la nevada a por el periódico de la mañana,
perdiendo once años que el dios que te ama
se sentirá obligado a imaginar escena por escena
a no ser que vengas al rescate imaginándole
no más sabio de lo que tú eres, para nada divino, sólo un amigo
no más cercano que el amigo real que hiciste en la universidad,
al que no has escrito desde hace meses. Siéntate esta noche
y escríbele sobre la vida a la que puedes referirte
con total autoridad, la vida de la que has sido testigo,
la que desde tu punto de vista has elegido.

sábado, 11 de julio de 2015

Lo que debe olvidarse (por Miguel Ángel Arcas)


Olvidar lo que debe olvidarse para seguir vivos, 

lo que no es tuyo y no te mejora.
Olvidar la limosna del tiempo, el cansancio, 
el hollín de la tristeza que atasca el engranaje, 
el hierro dulce de la lengua roja.

Olvidar las ideas que perdimos, 

los fantasmas, los sueños, 
las fieras que te gritan en el pecho y no te dejan.

Olvidar como quien se traga una llave.

Inventarse la nada
como quien sopla un fósforo en el tiempo.

viernes, 10 de julio de 2015

Sin saber quién los abraza (por Walt Whitman)


Veintiocho muchachos se bañan en el río.
Veintiocho muchachos, en cordial camaradería, se bañan en el río.
Y una mujer de veintiocho años, virgen y hermosa, vive solitaria.
Suya es la suntuosa mansión que se alza en la ribera,
y, espléndida y ricamente vestida, espía oculta tras las cortinas del balcón.

¿Cuál de aquellos muchachos le gusta más?
¡Todos le parecen hermosos!
¿Adónde vais, señora?
Aunque seguís fija en vuestra atalaya,
yo os veo ahora chapotear en el agua.
Danzando y riendo ha entrado en el río una hermosa bañista.
Ellos no la ven,
pero ella los ve y los siente henchida de amor.
Brilla el agua en las barbas mojadas de los hombres,
corre por los cabellos largos
y como pequeños arroyos
pasa acariciando los cuerpos.
Una mano invisible pasa también acariciando temblorosa las sienes y los lomos.
Los muchachos flotan boca arriba con el vientre blanco combado bajo el sol,
sin saber quién los abraza y los aprieta,
quién resopla y se inclina sobre ellos,
suspensa y encorvada como un arco,
ni a quién salpican al golpear el agua con los brazos.


jueves, 9 de julio de 2015

No vayamos más lejos (por Ida Vitale)

Quizás no se deba ir más lejos.
Aventurarse quizás apenas sea
desventurarse más,
alejarse un atroz infinito
del sueño al que accedemos
para irisar la vida,
como el juego de luces que encendía,
en la infancia,
el prisma de cristal,
el lago de tristeza, ciertas islas.
Sí, entre biseles citados los colores,
un fulgor anidaba sobre otro
-seda y deslumbramiento
el margen del espejo-
y aquello también era un espectro,
sabido, exacto. Centelleos ajenos
en un mundo apagado.
Como un canto sin un cuerpo visible,
un reflejo del sol creaba
una cascada un río una floresta
entre paredes áridas.
Sí, no vayamos más lejos,
quedemos junto al pájaro humilde
que tiene nido entre la buganvilla
y de cerca vigila.
Más allá sé que empieza lo sórdido,
la codicia, el estrago.

miércoles, 8 de julio de 2015

La carne dulce (por Braulio Ortiz)


A menudo ha irrumpido en tu memoria
ese campo al que escapabais los domingos,
ese campo
con un altivo eucalipto como guarda,
un caserón que jugaba con el eco
y unos perros que siempre tenían hambre.

Allí tu padre os mostraba con orgullo
la última variedad de algún naranjo
que habían incorporado a aquellas tierras.
Recuerdas con qué emoción pelaba aquella fruta
y os daba a probar su carne dulce,
recuerdas
que aunque pusierais cuidado en el empeño
el zumo os cubría la mandíbula.

A menudo te viene aquella imagen
y te preguntas
si tu padre, que no pudo jubilarse,
que renunció a sus sueños por vosotros,
sabía que esa naranja, esa simple naranja,
era en su pequeñez la plenitud,
era toda la verdad que escondía el mundo.

Quizá
esa sea la lección que trae el viento:
que en vez de fantasear con el futuro
hay que tomar la carne dulce, el jugo,
del momento que vives.


martes, 7 de julio de 2015

Barcas sigilosas (por Philip Larkin)


Esta ciudad tiene muelles a los que llegan barcas sigilosas;
dóciles y estrechos pasos, altos galpones, y el viajero ve
(mientras el maletín de muestras le golpea las rodillas)
y oye, todavía por debajo de las máquinas que amainan,
anunciar su llegada a la orilla matinal.

Y nosotros, todavía medio dormidos,
percibimos el mugido de las llegadas a una triste distancia:
una vez más peliagudos dilemas en la puerta.
Ya verás cómo te equivocas, gritan, ya verás cómo te equivocas;
y nos levantamos. Por la noche suenan otra vez

llamando ahora al viajero que se marcha:
No por mucho tiempo, gritan, no por mucho tiempo.
Nos sacan a empujones de la comodidad, y nunca sabemos
con qué tranquilidad podríamos ignorar sus sirenas,
ni si, esta noche, la felicidad también se marcha.


lunes, 6 de julio de 2015

Juan, I, 14 (por Jorge Luis Borges)

No será menos un enigma esta hoja
que la de Mis libros sagrados
ni aquellas otras que repiten
las bocas ignorantes,
creyéndolas de un hombre, no espejos
oscuros del Espíritu.
Yo que soy el Es, el Fue y el Será,
vuelvo a condescender al lenguaje,
que es tiempo sucesivo y emblema.
Quien juega con un niño juega con algo
cercano y misterioso;
yo quise jugar con Mis hijos.
Estuve entre ellos con asombro y ternura.
Por obra de una magia
nací curiosamente de un vientre.
Viví hechizado, encarcelado en un cuerpo
y en la humildad de un alma.
Conocí la memoria,
esa moneda que no es nunca la misma.
Conocí la esperanza y el temor,
esos dos rostros del incierto futuro.
Conocí la vigilia, el sueño, los sueños,
la ignorancia, la carne,
los torpes laberintos de la razón,
la amistad de los hombres,
la misteriosa devoción de los perros.
Fui amado, comprendido, alabado y pendí de una cruz.
Bebí la copa hasta las heces.
Vi por Mis ojos lo que nunca había visto:
la noche y sus estrellas.
Conocí lo pulido, lo arenoso, lo desparejo, lo áspero,
el sabor de la miel y de la manzana,
el agua en la garganta de la sed,
el peso de un metal en la palma,
la voz humana, el rumor de unos pasos sobre la hierba,
el olor de la lluvia en Galilea,
el alto grito de los pájaros.
Conocí también la amargura.
He encomendado esta escritura a un hombre cualquiera;
no será nunca lo que quiero decir,
no dejará de ser su reflejo.
Desde Mi eternidad caen estos signos.
Que otro, no el que es ahora su amanuense, escriba el poema.
Mañana seré un tigre entre los tigres
y predicaré Mi ley a su selva,
o un gran árbol en Asia.
A veces pienso con nostalgia
en el olor de esa carpintería.

domingo, 5 de julio de 2015

Por las palabras que no hemos dicho (por Corrado Benigni)


Por las palabras seremos juzgados,

por las palabras que no hemos dicho

seremos juzgados

por una voz precedente.

Aténganse a los hechos, aclaren los indicios

de sus coartadas, pues poco es lo que queda.

Dentro de un círculo la razón

busca su gozne extraviado, la verdad

que no tiene nombres,

sombras que el árbol de Judas proyecta

sobre esta tierra que dicen prometida

donde nadie osa volverse, culpable o inocente,

pero cada desaparición deja

la huella de un despertar.

sábado, 4 de julio de 2015

En ese patio (por Miyó Vestrini)


En el patio de Anaïs Nin

dilapido mi muerte.


Perdida pero obstinada, lleno el vaso de agua para

el sudor de la madrugada y estiro la colcha viendo la

arañita quieta en el techo, siempre con el frío de la

noche anterior, siempre lo mismo,


y de ese patio, recuerdo sobre todo el olor,

aquel encuentro que nadie tomó en cuenta,

porque el día era muy gris

y temíamos

que la gente amaneciera triste.


Había lo imprevisible en ese patio.

La estatua del niño de mirada inconmovible,

toquecitos de cielo, lluvia y palomas.

Un viajero que mentía para no llegar a su destino.

Un extraño transeúnte de abril.

Un asesino desencantado por la brisa

que decía no tengas miedo, son ruidos

de madera de algún vecino melancólico,

de algún aparecido. Y seguía rondando,

miraba y medía la niebla, casi pasaba

a otro tiempo, tiempo para que no

empezara nada nuevo.


En el patio de Anaïs Nin,

despiertan a veces los días malos

despiertan el agua y las campanas y las

palabras rigurosas y el furor ciego de los

solitarios y el golpe sobre los ojos y los

que te ven, como si nada pasara. Todo un

enojo de graznidos, bullas, desazones,

confusiones, monotonías, hasta la quietud

de la muerte, cuando será inútil ya agitarse.


En el patio de Anaïs Nin,

los tragos son dulces y demoníacos


dan vueltas y más vueltas,

aplauden a mi amado


el más amado de los lunáticos.


En el patio de Anaïs Nin,

no se aceptan extraños

y menos aquellos que vengan de coléricas comarcas.


En el alto techo, habrá tiempo para tu cuerpo y el mío.


Nada diré de tu bienaventuranza, de tus

mañanas de jazmín, de tus insoportables

desastres. Correrás bajo el paso rápido

de las nubes y darás el santo y seña junto

a la fuente.


En el patio de Anaïs Nin,

cuando duermes y me amas,

es ahora el día de todas las furias juntas.

viernes, 3 de julio de 2015

Auschwitz (por León Felipe)


Estos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud
que hablen más bajo…
que toquen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
Y solo.
¡Solo!
aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, «gran cicerone»)
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue una aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa… otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú… no tienes imaginación,
Acuérdate que en tu «Infierno»
no hay un niño siquiera…
Y ese que ves ahí…
está solo
¡Solo! Sin cicerone…
esperando que se abran las puertas de un infierno que tú, ¡pobre florentino!,
no pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos los violines del mundo.
¿Me habéis entendido poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo! ¡Chist!
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista…
y he tocado en el infierno muchas veces…
Pero ahora, aquí…
rompo mi violín… y me callo.

jueves, 2 de julio de 2015

Caminan viejas botas (por Antonio Rivero Taravillo)

Una curva entre el cárdeno y la verde
extensión de la hierba: los brezales.
La guedeja férrea del tren
va por esa región deshabitada,
los brillantes raíles que la lluvia
bruñe junto a los cardos a su vera.

Por las Tierras Altas de Escocia
y aquel agosto joven de otro siglo
caminan viejas botas y unos pies
que aún no conocían asperezas,
cuando no tenía tampoco
encallecida el alma.

Recuerdo aquel recodo; y si bajase
–menos duro de oído y sin mareos
por tantas cervicales machacadas–
ahora la cabeza, escucharía
una locomotora y sus vagones
de mercancías del pasado

más cerca, cada vez más cerca.
Pastor o montañero,
por la ruta cerrada en ocasiones
alguien sorprende a mi fantasma.
De su misma especie, las nubes
van y vienen. Pasan. Regresan.


miércoles, 1 de julio de 2015

Y entonces cantó un gallo (por Saiz de Marco)

En el 2500 no son los hombres-máquinas propensos a emociones.
Aun así un hombre-máquina ha leído ese pasaje
en que en tres ocasiones Pedro niega haber sido amigo de Jesús.
Entonces canta un gallo y las lágrimas ruedan por la cara de Pedro.

“Y lloró amargamente”
(lo dice así el relato,
puede que “lloró” a secas no describiera bien).

Y aunque los hombres-máquinas son fríos y circunspectos,
al leer ese episodio se alteran o saturan sus conexiones híbridas.

Las veces que fue amado y no devolvió amor.

Las veces que no estuvo al nivel de sí mismo.

Las veces que fue infiel,
que engañó o traicionó.

Culpas y deslealtades del siglo 26...

No llora el hombre-máquina
(no tiene el cibercuerpo glándulas lacrimales)

pero algo se revuelve,
quiere ser derramado de esos visores que hay
en el hueco donde antes se insertaban los ojos.


martes, 30 de junio de 2015

Adherida al insomnio (por Oliverio Girondo)

debajo de la almohada
una mano,
mi mano,
que se agranda,
se agranda
inexorablemente,
para emerger,
de pronto,
en la más alta noche,
abandonar la cama,
traspasar las paredes,
mezclarse con las sombras,
distenderse en las calles
y recubrir los techos de las casas sonámbulas.
A través de mis párpados
yo contemplo sus dedos,
apacibles,
tranquilos,
de ciclópeas falanges;
los millares de ríos
zigzagueantes,
resecos,
que recorren la palma desierta de esa mano,
desmesurada,
enorme,
adherida al insomnio,
a mi brazo,
a mi cuerpo
diminuto,
perdido
en medio de las sábanas;
sin explicarme cómo esa mano
es mi mano,
ni saber por qué causa se empeña en disminuirme.

lunes, 29 de junio de 2015

Muñeca rusa (por Joan Manuel Serrat)


Dentro de ella se esconde otra 

que es como ella, pero no es;
y en esa otra se oculta otra 
que esconde otra a su vez.

Una se ve, 
la otra se adivina, 
la otra ya fue, 
la otra será,
y todas son de mentira 

y todas son de verdad.

Ella es la que se mira al espejo 
y la que en el espejo se ve.
Es lo que dice su boca 
y lo que ocultan sus ojos también.

Son muchas y distintas mujeres 
viviendo en una mujer no más.
Uno no puede querer a una 
sin querer a las demás.

Ella es como una Matryshka.
Ella es como una muñeca rusa.

Y aunque nadie sabe quién es ella, 
ni lo que ellos para ella son,
todos cuentan la feria según como les fue en el frontón.

Que si la oruga 
o la mariposa, 
que si la reina del ajedrez,
que si el infierno 
o el paraíso, 
que si el agua, 
que si la sed.

¡Cuántos quisieran verla entregada 
como la playa en la bajamar
con sus secretos a la intemperie y sus arenas por hollar!

A mí me basta con ser para ella 
la misma cosa que siempre fui:
el viejo osito de felpa que abraza para dormir.

domingo, 28 de junio de 2015

Plenitud (por Aquilino Duque)


Hay que buscar con la esperanza

de no encontrarlo todo.

Hay siempre que pararse a dos jornadas

de la felicidad.

Hay que tender al infinito.

Estar a punto de llegar

pero no llegar nunca.

Eso es la plenitud. Eso es la vida.


sábado, 27 de junio de 2015

Silenciosos (por Víctor Gaviria)


A ustedes pensamientos, agradezco
que no me hayan traicionado,
y que se hayan escondido tan hondo
detrás de mi cara,
que yo haya estado con tanta gente
en las fiestas y en las reuniones de trabajo,
y ustedes hayan permanecido silenciosos,
sin hacer huir a nadie de mí,
y no hayan hecho ruido involuntario como
lo hacen algunos vasos o sillas que se caen
de extraña inquietud…
A ustedes, pensamientos, agradezco
haber esperado tanto tiempo en la última pieza honda
de mi vida,
sobre todo porque han hecho que algunos me amen
por escucharlos sin decirles nada,
por estar ahí como una compañía
que tanto necesitan las cosas,
por estar ahí en las largas noches
en que no éramos nadie
y el viento nos barría…


viernes, 26 de junio de 2015

Dicha tan desgraciada (por César Vallejo)


Pero antes que se acabe
toda esta dicha, piérdela atajándola,
tómale la medida, por si rebasa tu ademán; rebásala,
ve si cabe tendida en tu extensión.

Bien la sé por su llave,
aunque no sepa, a veces, si esta dicha
anda sola, apoyada en tu infortunio
o tañida, por sólo darte gusto, en tus falanjas.
Bien la sé única, sola,
de una sabiduría solitaria.

En tu oreja el cartílago está hermoso
y te escribo por eso, te medito:
No olvides en tu sueño de pensar que eres feliz,
que la dicha es un hecho profundo, cuando acaba,
pero al llegar, asume
un caótico aroma de asta muerta.

Silbando a tu muerte,
sombrero a la pedrada,
blanco, ladeas a ganar tu batalla de escaleras,
soldado del tallo, filósofo del grano, mecánico del sueño.

(¿Me percibes, animal?
¿me dejo comparar como tamaño?
No respondes y callado me miras
a través de la edad de tu palabra).
Ladeando así tu dicha, volverá
a clamarla tu lengua, a despedirla,
dicha tan desgraciada de durar.
Antes, se acabará violentamente,
dentada, pedemalina estampa,
y entonces oirás cómo medito
y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida
y entonces olerás cómo he sufrido.

jueves, 25 de junio de 2015

La carretera se borra (por Alicia Genovese)

autopistas rectas
exhalantes de una pesadez gomosa
humo de las chimeneas de Baltimore
sobre paisajes
que la velocidad mutila

otro viaje
la ausencia
como un par de párpados
un acá un allá
y la fantasía autobiográfica de las cartas

cielo abierto sobre este asfalto
que se transforma
a ventana en Buenos Aires
cortada por cables de teléfono
el miedo como un vuelo de alguaciles
que anuncian lluvia
y chocan contra las paredes
rodar de neumáticos perseguidos
devorados
en una calle muerta

la noción de infinito en esta ruta
como en un paisaje lunar
nube enorme
encima del camino
ningún sitio familiar para estos pies

un agitar de manos como gesto que se
metamorfosea
en el de espantar a una mosca verde
detrás del túnel del avión

experiencias nuevas
como músculos bronceados
por avisos de publicidad

el error de creer que los actos
no tienen pasado
que mi sonrisa a bordo
es anónima
como la mirada ajena la dibuja

geografías superficies
espacios perfectamente nombrables
sobre un tiempo
enmarañado por la memoria:
gaseosa con limón y
hamburguesas con ketchup
en el aeropuerto de llegada
amigos en un bar
no saben cómo
volver a hablarse
afilados dientes en el cansancio
se lastiman

nadie habla en el supermercado
pero es ensordecedor el ruido de
los carritos las botellas las
máquinas lectoras de códigos
y una boca que quiso decir
pero donde palabras vivían
animales abstrusos

el cuerpo exigido por los frenos
un pueblito casi igual al anterior
el mismo Mc Donald's
los semáforos
el paso de cuarta
de segunda
cambio de planes
para el semestre de primavera
las vacaciones serán de sólo doce días

nada más que un susto el gatito corre
fuera de la ruta
pero un pedal al clavarse
detiene el motor
una crispación de
intrusos por debajo de la puerta
en los pezones
papeles tirados al inodoro
blancos
grises que lo velocidad encima
como una masa metálica

en el tejido inconexo
el sitio de desgarro

un cruce roto
la linealidad se pierde
verdes que la velocidad esfuma
muy pronto Washington D.C.

la escritura no vuelve transparente
un agujero negro

luces bajas
la carretera se borra
en las líneas marcadas al costado

dos líneas para aferrarse
cuando el camino

desboca su sentido
el peligro en la imprecisión
de las formas luminosas

miércoles, 24 de junio de 2015

Pérdidas (por Kay Ryan)


La mayoría de las pérdidas agregan algo:
un nuevo hueco o un silencio,
un espacio en un personal
archipiélago de islas.

Tenemos esa diferencia
a donde ir, en sí misma
una sucesión de posibilidades.

Pero hay otras pérdidas
tanto más allá de nuestro conocimiento
que dejan sólo agujeros
en los agujeros

como el fin de las
largas y solitarias vidas
de los náufragos
creídos muertos por error.


martes, 23 de junio de 2015

Una mujer ausente (por Luis García Montero)

En el décimo B
no amanecen los días y las noches,
ya no tienen un sueño para el amor o el miedo.

Tras las ventanas sucias,
de la mujer ausente nadie sabe.
Sus paredes la dan por desaparecida.

Una mujer ausente
y el cisne negro de la soledad
que se posa en un lago de luz desalquilada.

Ya nadie sabe nunca.
Pero alguien que pasa sin saber
piensa que el viento flota con olor a cerrado.


lunes, 22 de junio de 2015

Lo que les era cierto (por Wislawa Szymborska)


Cierta gente huyendo de cierta gente.

En cierto país bajo el sol

y bajo ciertas nubes.


Dejan tras de sí todo lo que les era cierto,

campos sembrados, ciertas gallinas, perros,

espejos en los que justamente se contempla el fuego.


Llevan en la espalda cántaros y hatillos,

cuanto más vacíos eran, son cada día más pesados.


Tiene lugar calladamente el detenerse alguien,

y en el tumulto, el arrancarle el pan alguien a alguien

o el sacudir al niño muerto de alguien.


Continuamente ante ellos un cierto no es por ahí,

un no es éste el puente que hace falta cruzar

sobre un río extrañamente rosa.

Alrededor ciertos disparos, más lejos o más cerca,

y en lo alto un avión que levemente bascula.


No estaría mal una cierta invisibilidad,

una cierta pedregosidad parda,

y aún mejor un cierto no-haber-sido

por un tiempo corto o incluso largo.


Algo ocurrirá todavía, pero dónde y qué.

Alguien les saldrá al encuentro, pero cuándo, quién,

de cuántas formas y con qué intenciones.

Si puede elegir,

quizás no quiera ser un enemigo

y los deje con cierta vida.

domingo, 21 de junio de 2015

ENLACE

[A petición de F., seguidor y comentarista desde los inicios de esta página, dejamos link del llamamiento que en su blog hace la poeta Sofía Serra ante la angustiosa situación que está viviendo:]


Pequeña belleza (por Nuno Judice)

El absoluto se manifestó en un vaso de agua, 
cuando el sol apareció detrás de una nube 
y le dio un brillo inesperado en la más gris de las mañanas. 
A veces, piensa el agnóstico, 
lo inverosímil nace de una pura explicación lógica, 
como si el azar no existiera. 
Lo que hace, sin embargo, es colocarse 
en el lugar del hombre que no acepta que la belleza pueda nacer de la nada, 
al descubrir que tiene el pie en la frontera entre lo que sabemos 
y lo que ni siquiera necesitamos comprender. 
Por eso, al beber el agua, 
sentí el brillo de la mañana llenarme el alma, 
como si el agua fuera algo más que un líquido sin color ni olor. 
Sin embargo, cuando posé el vaso vacío, 
sintiendo la falta de luz que lo había llenado, 
pensé en lo frágil que es esa pequeña belleza, 
y que tal vez hubiera sido mejor quedarme con sed.

sábado, 20 de junio de 2015

El cuchillo del tiempo (por Juan José Vélez)


Llegó esta mañana
con el viento hiriente de las alas primeras,
con la luz brillante que llamaba a mis párpados,
con las olas insomnes del mar,
del desierto agitado
que lame los muelles solitarios del alba.

Llegó. Y no hizo ruido.
No sé qué brisa de ojos ciegos
la coló por debajo de mi puerta
dejándola allí desnuda
como una paloma muerta y aún caliente,
expuesta en el suelo
con las alas plegadas, desvalida y dulce,
como luna vencida
por los rayos primeros que delatan la conciencia.

Era aún tibia en mis manos
y no me costó trabajo reconocerla.

Al abrirla sentí la respuesta del humo,
el cristal de la niebla, el cuchillo del tiempo,
lo que nota una momia al romperle el vendaje.

La carta que yo mismo
escribiera hace ya tantos años,
la que depositara con manos de deseo
en el buzón oscuro del destino,
estaba allí de repente, amarilla,
herida en las aristas
por la voz desvaída de un oráculo en sueños.

Me volví hacia el solar a llorar sobre el musgo.

viernes, 19 de junio de 2015

Padre polvo que escoltan los átomos (por César Vallejo)


Padre polvo que subes de España,
Dios te salve, libere y corone,
padre polvo que asciendes del alma.

Padre polvo que subes del fuego,
Dios te salve, te calce y dé un trono,
padre polvo que estás en los cielos.

Padre polvo, biznieto del humo,
Dios te salve y ascienda a infinito,
padre polvo, biznieto del humo.

Padre polvo en que acaban los justos,
Dios te salve y devuelva a la tierra,
padre polvo en que acaban los justos.

Padre polvo que creces en palmas;
Dios te salve y revista de pecho,
padre polvo, terror de la nada.

Padre polvo, compuesto de hierro,
Dios te salve y te dé forma de hombre,
padre polvo que marchas ardiendo.

Padre polvo, sandalia del paria,
Dios te salve y jamás te desate,
padre polvo, sandalia del paria.

Padre polvo que avientan los bárbaros,
Dios te salve y te ciña de dioses,
padre polvo que escoltan los átomos.

Padre polvo, sudario del pueblo,
Dios te salve del mal para siempre,
padre polvo español, padre nuestro.

Padre polvo que vas al futuro,
Dios te salve, te guíe y te dé alas,
padre polvo que vas al futuro.

jueves, 18 de junio de 2015

De firmamento y suela (por Manuel Marcos)


El hombre meteorito, el hombre acémila,
con su pulga mayúscula deambula
hecho de firmamento y suela de zapato
por enteros océanos, no va
a ningún desierto sin paraguas.

Minoría descomunal
este hombre compuesto
de horizonte desnudo que pierde la memoria.
Tanta altura brillante
o
lágrima de arena
se acabará algún día,

y fijaremos nuestra residencia
en la primera duna que veamos
por riguroso orden de resurrección.
Amo por tanto su neurona triste.


martes, 16 de junio de 2015

Hay otro (por Gonzalo Rojas)

Por un Gonzalo hay otro, por el que sale
hay otro que entra, por el que se pierde en lo áspero
del páramo hay otro que resplandece, nombre por nombre, otro
hijo del rayo, con toda la hermosura
y el estrépito de la guerra, por un Gonzalo veloz
hay otro que salta encima del caballo, otro que vuela
más allá del 2000, otro que le arrebata
el fuego al origen, otro que se quema en el aire
de lo oscuro: entonces aparece otro y otro.


lunes, 15 de junio de 2015

Este es el futuro (por Philip Larkin)

Esta calle vacía, este cielo restregado hasta lo anodino,
este aire, que poco se distingue del otoño,
como un reflejo, constituye el presente:
un tiempo tradicionalmente amargado,
un tiempo que los hechos hacen poco aconsejable.

Pero igualmente componen otra cosa:
Este es el futuro que vio nuestra más remota infancia
entre altas casas, bajo nubes viajeras,
que oyó entre una pugna de campanas:
un aire en el que brillaban los planes de los adultos,

y al día siguiente será el pasado,
un valle sembrado de irrisorias oportunidades desperdiciadas
que insensatamente renunciamos a aprovechar.
De esto culpamos a nuestras últimas
y trilladas perspectivas, a nuestro estacional declive.


domingo, 14 de junio de 2015

Dame tu mano (por Antonio Gala)


Bajo los fuegos de fugaces colores
que iluminan el aire de la noche,
dame tu mano.
Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;
caen los frutos azules de la altura;
rasgan el negro terciopelo
las estelas de plata...
En tus ojos yo veo el frío ardor,
artificial y efímero
de los castillos que veloces surgen
y veloces se extinguen.
Dame tu mano: es todo cuanto tengo
en medio de esta falsa
riqueza, de esta dádiva
que fugazmente se otorga y se consume.
Así es todo: organizado y yerto
brota el amor, crece, se desparrama, se hunde,
vuelve la oscuridad
en la que, previsto y bien envuelto, yacía.
Nada, nada...
Dame tu mano. Entre los irisados estampidos
alegres sólo para los alegres,
se esfuma el corazón, igual que una girándula
demasiado mojada para arder o dar luz.
En este tornasolado e intrincado bosque
dame tu mano para que no me pierda.

sábado, 13 de junio de 2015

Después (por Víctor Alarcón)


Después de la muerte de mi padre
están las memorias del tiempo
las horas taciturnas
los retratos perdidos

Después de la muerte
está la pubertad como una loba vieja
los hospitales asmáticos
los amores que se desvelan al ritmo de una intravenosa
bigotes oscuros ojos verdes paredes blancas
cuadros familiares viéndose en los espejos
una visita recordando algún blues
un cigarrillo en la ceniza

Después de la muerte
están unos niños con el olvido clavado en el estómago
con las manos sucias de tierra
con los ojos verdes
recordando la distancia de sus pasos en la grama
están las viejas rezando sin lágrimas junto al muerto
desvelando los rosarios
recordando sus nombres

Después
están las cuerdas de una guitarra
vibrantes en medio de las estrellas
el bajo robándole notas a la batería
los discos de pasta
y el equipo de música
encendido en las mañanas silenciosas

Después de la muerte
hay un amor neoyorkino
destrozado en las visitas quirúrgicas

Está el jardín de la infancia
armonizado por ranas que se esconden entre las piedras
el recuerdo de una mata de mango
rodeada de frutos caídos
y una bicicleta oxidada

Después
está un cuarto
poblado de memorias y libros prestados
el recuerdo como algo ajeno
la noche desde un piso trece rodeado de edificios

Después de la muerte
están las hazañas de mis abuelos
mi madre y sus rosas
mi hermano que calla distante en un mar rítmico

Después
hay un lago negro lleno de luces perdidas
están solitarios los fantasmas
los espíritus noctámbulos
los suspiros que saben a sombra y a descanso

Después de la muerte de mi padre
está la vida despertándose de golpe

viernes, 12 de junio de 2015

Mujer de los tres trapos (por Carlos Edmundo de Ory)

¿Te acuerdas de la mustia mujer de los tres trapos
encontrada en la vida o no sé si en la muerte
una lluviosa noche de solitarios sapos
y solitarias lilas allá en el Sur sin suerte?
Hoy la he visto. Es un sello de eternidad un dado
de carne sin destino rodando en mi cabeza.
Sus ojos implorantes de amor al otro lado
me caían nevando mi rostro de tristeza.
La he visto pero en sueños. ¡Oh qué tristeza Eduardo!
¡Oh qué tristeza Eduardo! ¡Juan Eduardo, qué triste!
¿Es que tú aquella noche silente de leopardo
no oliste sus cabellos húmedos los oliste?

No estás sola mi harapo de celestes destellos
No estás sola mi harapo de seda inmaculada
Mi dulce harapo negro cubierto de cabellos
Mi dulce harapo blanco arropado de nada.

Ha venido tu hombre Juan Eduardo tu hombre
Ese con sus quinientos palomares extintos
Se han mirado sin duda sin ocasión sin nombre
Se han mirado en la noche con sus ojos distintos.
Los he visto besarse bajo la lluvia. Y dijo
después sueltos los pechos y suelta la garganta
la mujer. Dijo esto dijo: «¿Quién eres hijo?»
Él contestó: «No importa» con una voz que espanta.

¡Ay! ¿Qué has hecho? ¿Qué hiciste Juan Eduardo? Se han ido
para siempre... ¡Se han ido! ¿Por qué la diste esposo?
Desde hoy soy yo el hombre del putrefacto nido
¡Adiós! Los vagos entes no tienen ya reposo.

Me has hecho que me encuentre conmigo y mi consorte
Un siglo repitiendo me estuvo: «¿No me tomas?»
Y ya lejos del Sur sin norte por el Norte
¡Mujer de los tres trapos no nombres mis palomas!

jueves, 11 de junio de 2015

Todo a mi alrededor (por Joshua Jennifer Espinoza)


no he salido en dos días
sino para probar el calor del aire
que sube a ráfagas desde el cañón.

vuelvo adentro y siento el frío
como nunca nada antes.

el suelo me empuja hacia sí,
dice ven aquí niña, dame
cinco minutos de tu piel.

digo lo mismo a mis sentimientos.

mi corazón es agua hirviendo en una taza.
siempre lo olvido cuando
meto los dedos para revolverlo.

miro al techo hasta
que la gravedad se invierte.

intento dejar de pensar en la muerte
y mis veinte años.

no soy un cerebro en una bacina.
soy una gominola húmeda en un campo
de basura y flores.

todo a mi alrededor
me hace más y menos viva
al mismo tiempo.


miércoles, 10 de junio de 2015

Veo tu carne limpia (por Walt Whitman)

¿Es agradable nacer?
Pues yo os digo que igual de agradable es morir.
Oídme:
Muero con el moribundo
y nazco con el niño que acogen los pañales.
Yo no soy sólo esto que se alarga entre mi sombrero y mis zapatos.
Mira atentamente la pluralidad del universo:
nada es igual y todo es bueno.
Buena es la tierra,
buenos los astros…
y las estrellas subalternas también.
Yo no soy sólo arcilla,
ni lo auxiliar de la arcilla tampoco.
Soy el compañero,
el semejante de ése,
tan inmortal y tan insondable como yo
(tal vez él no sabe que es inmortal,
pero yo sí lo sé).
Cada especie para sí y para los suyos.
Para mí los machos y las hembras,
para mí los adolescentes que luego amarán a las mujeres,
para mí el hombre altivo que se encabrita ante el desprecio,
para mí la novia
y la novicia,
para mí las madres
y las madres de las madres,
para mí los labios que sonríen
y los ojos que lloran,
para mí los niños
y los que engendran a los niños.
¡Desnúdate!
No eres culpable,
no estás marchita
ni repudiada por ninguno.
Veo tu carne limpia.
Te veo a través del manto fino
o del refajo tosco…
y me quedo aquí… tenaz,
empeñoso,
incansable…
No me puedes echar.

martes, 9 de junio de 2015

Trinchera (por Jorge Luis Borges)


Angustia
En lo último una montaña camina
Hombres color de tierra naufragan en la grieta más baja
El fatalismo unce las almas de aquéllos
que bañaron su pequeña esperanza en las piletas de la noche
Las bayonetas sueñan con los entreveros nupciales
El mundo se ha perdido y los ojos de los muertos lo buscan
El silencio aúlla en los horizontes hundidos


lunes, 8 de junio de 2015

Ahora te siento nuevamente (por Ángel González)

Te tuve
cuando eras
dulce,
acariciado mundo.
Realidad casi nube,
¡cómo te me volaste de los brazos!
Ahora te siento nuevamente.
No por tu luz, sino por tu corteza,
percibo tu inequívoca
presencia,
...agrios perfiles, duros meridianos,
¡áspero mundo para mis dos manos!

domingo, 7 de junio de 2015

Una niña pequeña tira del mantel (por Wislawa Szymborska)


Desde hace más de un año se está en este mundo,

y en este mundo no todo se ha examinado
y puesto bajo control.

Ahora hay que probar las cosas
que no pueden moverse solas.

Hay que ayudarlas en eso,
correrlas, empujarlas,
cogerlas de un lugar y llevarlas a otro.

No todas quieren. Por ejemplo el armario,
la cómoda, la inflexible pared, la mesa.

Pero ya el mantel sobre la testaruda mesa
-si se le agarra bien de las orillas-
muestra disposición al viaje.

Y sobre el mantel los vasos, los platos,
una jarra con leche, cucharillas y un tazón
hasta tiemblan de ganas.

Muy interesante.
Qué movimiento elegirán
cuando se agiten en el borde:
¿recorrido por el techo?
¿vuelo alrededor de la lámpara?,
¿salto a la ventana y de ahí al árbol?

El señor Newton no tiene aún nada que ver con esto.
Que mire desde el cielo y agite los brazos.

Esta prueba tiene que hacerse.
Y se hará.

sábado, 6 de junio de 2015

Como quien oye llover (por Octavio Paz)


Óyeme como quien oye llover,

ni atenta ni distraída,

pasos leves, llovizna,

agua que es aire,

aire que es tiempo,

el día no acaba de irse,

la noche no llega todavía,

figuraciones de la niebla

al doblar la esquina,

figuraciones del tiempo

en el recodo de esta pausa,

óyeme como quien oye llover.


Sin oírme, oyendo lo que digo

con los ojos abiertos hacia adentro,

dormida con los cinco sentidos despiertos,

llueve, pasos leves, rumor de sílabas,

aire y agua, palabras que no pesan:

lo que fuimos y somos,

los días y los años, este instante,

tiempo sin peso, pesadumbre enorme,

óyeme como quien oye llover,

relumbra el asfalto húmedo,

el vaho se levanta y camina,

la noche se abre y me mira,

eres tú y tu talle de vaho,

tú y tu cara de noche,

tú y tu pelo, lento relámpago,

cruzas la calle y entras en mi frente,

pasos de agua sobre mis párpados,

óyeme como quien oye llover,

el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,

es la niebla errante en la noche,

como quien oye llover.


Es la noche dormida en tu cama,

es el oleaje de tu respiración,

tus dedos de agua mojan mi frente,

tus dedos de llama queman mis ojos,

tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,

manar de apariciones y resurrecciones,

óyeme como quien oye llover,

pasan los años, regresan los instantes,

¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?

no aquí ni allá: los oyes

en otro tiempo que es ahora mismo,

oye los pasos del tiempo

inventor de lugares sin peso ni sitio,

oye la lluvia correr por la terraza,

la noche ya es más noche en la arboleda,

en los follajes ha anidado el rayo,

vago jardín a la deriva

entra, tu sombra cubre esta página.


viernes, 5 de junio de 2015

Si en lugar del simio (por Saiz de Marco)

Si en vez del simio hubieran sido los tigres,
¿habría habido Gulag, Auschwitz felinos?

Si en vez del simio hubieran sido los cuervos,
¿colgarían hoy cañones de las ramas?

Si en vez del simio hubieran sido los delfines,
¿habría expolios, genocidios mar adentro?

Si en vez del simio hubieran sido las ranas,
¿practicarían la anfibia esclavitud?

Si en vez del simio hubieran sido los topos,
¿desplegarían lanzamisiles subterráneos?

Si en lugar del simio – primate – homo...,
si en vez de los humanos hubieran sido las flores,
¿en Hiroshima calcinan 100.000 rosas?


jueves, 4 de junio de 2015

Matamos lo que amamos (por Rosario Castellanos)


Matamos lo que amamos. Lo demás

no ha estado vivo nunca.

Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

miércoles, 3 de junio de 2015

Después del cisne (por Julio César Galán)


En la biblioteca del bosque
olvidamos el rostro por otros rostros más aniñados,
por la estrella escuchada entramos
de puntillas en la claridad;

escuchamos el zig-zag de los azores
aún por nacer, las moras aún por enrojecer el aire,
las moras que cada noviembre llenan los versos.

Converger es abrir el día desde
la llanura. Los muertos que arrastramos,
aquellos que tuvieron nuestra voz
y aquellos que confundimos
con nuestra máscara,
comprenden nuestra inclinación
al envés,
nuestro gusto por saborear márgenes,
nuestra nube solar sin tiempo.

Ojeo cómo atardece el río,

si es que un río puede salir de un cisne
y por los ojos cruza la noche de verano con sus promesas juveniles,
la imagen del primer hombre
sorprendiendo su imagen en la corriente,
los años luz de las luciérnagas,
el anonimato de los desaparecidos
y los lenguajes olvidados,
la agonía de los hospitales y el polen luminoso de los niños,
los libros que no abandonan
y las conversaciones amicales
aupadas por la dicha y la palabra,
la rueca de los siglos y sus civilizaciones
y el big bang y las galaxias en anillos
y las estrellas enanas emblanquecidas por un superviento estelar
y el agua de nuevos muertos y la muerte
ya no importa tanto,
después de haber visto cómo sale el río
desde un cisne.

martes, 2 de junio de 2015

Dos toneladas de desmisericordia (por Félix Grande)

Esta es la cabellera de la Shoá.
Calla más que el silencio y está ciega.
Lo ve todo. Retumba.
La cabellera de la Shoá
pesa mil novecientos cincuenta kilos de pelo de mujer.
La cabellera de la Shoá
pesa un milenio y otro de ruidos cercanos en la noche.
La cabellera de la Shoá
pesa setecientos mil días fronteros de diáspora.
La cabellera de la Shoá
pesa dos toneladas europas de desmisericordia.
La cabellera de la Shoá
pesa dos mil colmillos anuales de calumnia.
La cabellera de la Shoá
pesa un derrumbamiento del sosiego
multiplicado por cien generaciones
de criaturas humanas como tú.
Todo esto antiguo y junto pesa esta cabellera
de suave pelo de mujer sin nombres.
La cabellera de la Shoá
pesa mil novecientos cincuenta abismos de silencio.


lunes, 1 de junio de 2015

Ahí vienen (por Lilia Lardone)


El aceite chisporroteante/ un móvil de madreperlas en la brisa/
la zambullida/ el falso café al estallar/ la llave en la cerradura (cuando espero)/
un moscardón en la siesta de verano/
el primer soplo antes de la tormenta/ el crujido del quebracho quemándose/
una moneda rueda/ hojas secas bajo mis pies/ la bolita cae
sobre las baldosas rojas/
un taconeo en la noche/ los molinos de viento (cuando hay viento)/
el teclear de la máquina de escribir/ susurros en la cama/
sirenas/ el teléfono en la noche/
la respiración jadeante de mamá/ ladridos/ una canilla gotea/ el globo se desinfla/
la pedrea sobre el zinc/ las langostas comiéndolo todo/
un perro rascándose/ una voz canta (en esa iglesia de Quito)/
la escoba barre el patio de tierra/ se quiebra el vidrio/ las campanas/
pasan silenciosas las hojas del libro en el silencio de la siesta/
un portazo/
golpes en el techo/
ahí vienen/insaciables/
los recuerdos.


domingo, 31 de mayo de 2015

Noche (por Iñaki Uriarte)


Esta noche me has dado miedo, noche.

Tu impecable urdimbre de tensa plata,
tan quieta, como esperando,

la venenosa luna tan alerta,

¿qué querían?


sábado, 30 de mayo de 2015

Este abrazo de las profundidades (por Leopoldo María Panero)

Como un hilo o aguja que casi no se siente
como un débil cristal herido por el fuego
como un lago en que ahora es dulce sumergirse
oh esta paz que de pronto cruza mis dientes
este abrazo de las profundidades
luz lejana que me llega a través de la inmensa lonja de
la catedral desierta
quién pudiera quebrar estos barrotes como espigas
dejadme descansar en este silencioso rostro que nada exige
dejadme esperar el iceberg que cruza callado el mar sin luna
dejad que mi beso resbale sobre su cuerpo helado
cuando alcance la orilla en que sólo la espera es posible
oh dejadme besar este humo que se deshace
este mundo que me acoge sin preguntarme nada este
mundo de titíes disecados

morir en brazos de la niebla
morir sí, aquí, donde todo es nieve o silencio
que mi pecho ardiente expire tras de un beso a lo que
es sólo aire
más allá el viento es una guitarra poderosa pero él no
nos llama
dejadme entonces besar este astro apagado traspasar el
espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es
posible
donde sólo unos labios inmóviles
ya no dicen o sueñan

y recorrer así este inmenso Museo de Cera deteniéndome
por ejemplo en las plumas recién nacidas
o en el instante en que la luz deslumbra a la crisálida
y algo más tarde la luna y los susurros
y examinar después los labios que fulgen
cuando dos cuerpos se unen formando una estrella
y cerrar por fin los ojos cuando la mariposa próxima a
caer sobre la
tierra sorda quiere en vano volver sus alas hacia lo verde
que ahora la desconoce

viernes, 29 de mayo de 2015

Ahora que por fin está bastante claro (por Mario Benedetti)


Ahora que empecé el día

volviendo a tu mirada

y me encontraste bien

y te encontré más linda

ahora que por fin

está bastante claro

dónde estás y dónde

estoy



sé por primera vez

que tendré fuerzas

para construir contigo

una amistad tan piola

que del vecino

territorio del amor

ese desesperado

empezarán a mirarnos

con envidia

y acabaran organizando

excursiones

para venir a preguntarnos


cómo hicimos.


jueves, 28 de mayo de 2015

¿No son mías sus alas? (por Vicente Gallego)


Campean por el parque
como viento en el viento los chiquillos.
Se ve que aún no le pesan
esas almas al mundo, y son sus pies
como cintas de luz
sobre las aguas trémulas de hierba.

Estos niños, jugando y entregándose
por entero a lo cierto, me han ganado.

¿No son mías sus alas,
no soy yo la mañana de ojos limpios?


miércoles, 27 de mayo de 2015

El río (por Patricio Emilio Torne)


Vi el río, su orilla, la profundidad de su cauce,

su potestad, su desborde, el desconsuelo, la aparición

de algún cardumen de dientes afilados que siempre está al acecho,

un remolino que intentará llevarte a sus fauces.

La corriente y su mensaje atrayendo como un imán,

directo al corazón en el recuerdo de los días de la infancia.

La rama del sauce acariciando, con su mano de seda,

las oraciones del que pesca, el vuelo rasante de la garza,

el paso militar de los gallitos del agua,

y la presa en el pico del martín pescador.

Veo el río, mi historia zambulléndose en sus aguas,

y la torpe manera de sostener mi cuerpo en la superficie.

Sé que si hay un modo de tocar el barro,

en barro habría de convertirme para sostener las raíces del irupé

y hacer mía esa fuente, esa flor, de una vez, para saber

que alguna vez la tuve.

Nada existe como es, sino existe como ha sido.


Alguien tira la red, alguien recoge el espinel.

Cada quien busca el sustento que lo mantendrá atado

a un paisaje, una religión de supervivencia y penas.

Siempre hay un anclaje que nos lleva al fondo de las cosas,

y siempre una barca donde nos dejamos llevar.

Aunque dudemos, le quitemos un sí a ciegas

o nos vare la desconfianza, la corriente intentará

dejarnos en buen puerto. Nos entregamos, pensando

que siempre habrá un árbol, de cuyas ramas

ha de surgir el sostén para salvarnos a tiempo.


Así el río ante nuestra mirada, la memoria y el eterno regreso.

Así nuestra manera de celebrar su modo de estar allí

y ser bautizados por sus aguas.

El río en el desborde de mi corazón

y la sensualidad al tacto de mis pies,

el río como una cuna donde me duermo

en la candidez del recuerdo, y donde juego

y vuelvo a zambullirme para que no me pesquen.


El río, no como fuente, sino como praxis.

El mismo donde alguna vez se te lavó la ropa,

donde enjuagaste tu pelo, te bañaste,

batiste un récord, o simplemente usaste 
para regocijo del verano,

como un modo de salvar lo que nos da la tierra. 

martes, 26 de mayo de 2015

Porque ha sido dañado (por Juan López)


cuido mi corazón

de ataques repentinos por un lado

y de adormecimiento

por otro

cuido mi corazón cuando veo todo claro

y cuando la noche me atormenta

y me arrincona contra mi propia estupidez

cuido mi corazón porque ha sido dañado

por el descuido y la lluvia

y porque más de una vez lo he dejado solo

y he viajado lejos sin su consentimiento

cuido mi corazón porque la sangre y el oxígeno

no deben separarse

y porque todo regresa de otra forma

cuido mi corazón

que un día

en mi pecho o en otro

no tendrá más remedio

lunes, 25 de mayo de 2015

Algo mío que tú eres (por Jaime Sabines)


Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

domingo, 24 de mayo de 2015

Pampa (por Jorge Luis Borges)

Pampa:
Yo diviso tu anchura que ahonda las afueras,
yo me desangro en tus ponientes.
Pampa:
Yo te oigo en las tenaces guitarras sentenciosas
y en los altos benteveos y en el ruido cansado
de los carros de pasto que vienen del verano.
Pampa:
El ámbito de un patio colorado me basta
para sentirte mía.
Pampa:
Yo sé que te desgarran
surcos y callejones y el viento que te cambia.
Pampa sufrida y macha que ya estás en los cielos.
No sé si eres la muerte. Sé que estás en mi pecho.


sábado, 23 de mayo de 2015

Múltiples ojos invisibles (por Carmen Conde)


Nos miran;
nos ven, nos están viendo, nos miran
múltiples ojos invisibles que conocemos de antiguo,
desde todos los rincones del mundo. Los sentimos
fijos, movedizos, esclavos y esclavizantes.
Y, a veces, nos asfixian.

Querríamos gritar, gritamos cuando los clavos
de las interminables vigías acosan y extenúan.
Cumplen su misión de mirarnos y de vernos;
pero quisiéramos meter los dedos entre sus párpados.

Para que vieran,
para que viéramos frente a frente,
pestañas contra pestañas, soslayando el aliento
denso de inquietudes, de temores y de ansias,
la absoluta visión que todos perseguimos.

¡Ah, si los sorprendiéramos, concretos,
coincidiendo en la fluida superficie del espejo!

Nos mirarán eternamente,
lo sabemos.
Y andaremos reunidos, sin hallarnos como mortales
en torno a la misma criatura intacta
que rechaza a los ojos que ha creado.
¿Para qué, si no vamos a verla, aunque nos ciegue,
hizo aquellos y estos innumerables ojos?

viernes, 22 de mayo de 2015

Extraños frutos cuelgan (por Abel Meeropol)

Los árboles del sur tienen frutos extraños,
sangre en las hojas y sangre en las raíces,
cuerpos negros se balancean con la brisa del sur,
extraños frutos cuelgan de los álamos.

La escena bucólica del sur galante,
los ojos fuera de órbita y la boca torcida,
el aroma de las magnolias, dulce y fresco,
entonces, de repente el olor a carne quemada.

Aquí está el fruto para que los cuervos lo desgarren,
para que la lluvia lo recoja, para que el viento lo absorba,
para que el sol lo pudra, para que los árboles lo descarguen,
aquí está la extraña y amarga cosecha.

jueves, 21 de mayo de 2015

La hora del acero (por Mila Ramos)

si mañana amanece y tú no estás conmigo
y el espejo me arroja de golpe las ojeras
si entre el desorden de las sábanas
encuentro tu pendiente atado a un par de lágrimas
si persigo la ciudad de los sueños
que te trajo para después perderte
si el teléfono/la puerta/la ventana
me sorprenden haciendo las maletas
si llegó ya en fin la hora del acero y la partida
dispara 100 palabras
no te cortes
prueba y verás

decir adiós es fácil
decir en general suele ser fácil

y callar también.


miércoles, 20 de mayo de 2015

¿De qué se hicieron? (por W. S. Merwin)


Toda la noche me estuvo despertando el ruido

de la llovizna que caía suavemente

entre las hojas del valle

quieto bajo la ventana

y el de Paula dormida acostada aquí

a mi lado y el rumor

de los perros junto a la cama

roncando como pequeñas

olas que llegan a la orilla Me

asombro de la suerte

de este momento en la oscuridad

total de este favor no dicho

de esta paz que se respira

mientras está y después

pienso en los farsantes del poder

que en este momento urden

sus masacres en mi nombre

¿De qué parte de mí pudieron haber

salido? ¿de qué se hicieron? ¿de mi

aversión? ¿dragando las profundidades

amargas de mi vergüenza?

martes, 19 de mayo de 2015

En su bolso no hay poemas (por Wislawa Szymborska)


Mi hermana no escribe poemas,

y probablemente ya nunca se pondrá a escribir poemas.

Lo heredó de nuestra madre, que no escribía poemas,

y de nuestro padre, que tampoco escribía poemas.

Bajo el techo de mi hermana me siento segura:

el marido de mi hermana por nada del mundo escribiría poemas.

Y, aunque mis palabras suenen a texto de Adam Macedónski,

en mi familia nadie escribe poemas.

Los cajones de mi hermana no guardan viejos poemas,

en su bolso no hay poemas recién escritos.

Y cuando mi hermana me invita a comer,

sé que no lo hace con intención de leerme poemas.

Mis sopas son deliciosas y carecen de ocultos significados

y el café no se derrama sobre los manuscritos.

En muchas familias nadie escribe poemas

pero si uno de sus miembros empieza, suele sembrar el contagio.

A veces la poesía cae en cascada sobre las generaciones

y origina remolinos capaces de engullir sentimientos familiares.

Mi hermana practica una prosa oral muy aceptable

y su obra literaria se reduce a las postales turísticas

con un texto que cada año repite la misma promesa:

Cuando vuelva

contaré

todo

todito.


lunes, 18 de mayo de 2015

Dibuja el miedo (por Stephen Spender)

Como abraza un chiquillo a su perro
apretando los brazos sin que lleguen las manos a juntarse
y el tímido animal mira por medio
hacia el aire animal libre de fuera,
así los brazos —roca y tierra— de este puerto
abrazan a este mar sin encerrarlo
y vibra en la rendija hacia el océano
donde nadan delfines y vibran los vapores.
Al claro sol de invierno me siento en la baranda
de un puente; allí mis brazos circundantes
están sobre un periódico y mi mente
vacía está como la piedra que brilla
mientras busco una imagen
(la que está escrita encima) y las palabras (de antes)
que describan los cerros pequeños de Port Bou.
Para un camión enfrente, con frenos que chirrían,
y miro hacia las caras que miran hacia abajo,
milicianos que observan mi diario (francés).
"¿Qué escriben de esta lucha desde la otra frontera?"
Les enseño el diario, pero no pueden leerlo;
quieren sólo la charla y ofrecen cigarrillos.
En sus rostros-bandera encuentra paz la guerra
y las bocas hambrientas de viejas carabinas
rozan los pantalones,
como cañas de hierro oxidado, frágiles y apoyadas.
Envuelta por un paño —abuela en su mantilla—
descansa, tartamuda, una ametralladora.
Gritan; también saludan cuando el camión arranca
hacia el robusto monte, detrás del promontorio.
Pasa un viejo, su boca temblorosa
con tres dientes negros grita "Pom-pom-pom".
Corren detrás los niños; más despacio, las mujeres;
cogiéndose las faldas pasan el horizonte.
Port Bou está ya vacío para ensayar el tiro.
Estoy solo en el puente, en el exacto centro
sobre el río que gotea por la garganta
como era la saliva de aquel viejo.
El centro exacto, solo, como centro de diana.
Y no se mueve nada sobre el fondo de casas de tramoya
salvo algún chucho suelto. Empieza el fuego
por encima del puerto, desde un monte hasta el otro.
Blancas manchas de espuma que en el mar hace el plomo
mientras el eco extiende un latigazo
azotando el costado de los cercanos cerros.
Mis brazos circundantes están sobre el periódico;
mi mente es papel donde cae el polvo y las palabras;
a mí mismo me digo que el tiro es sólo prácticas.
Pero soy el mayor de los cobardes:
y la ametralladora va cosiendo
con aguja, de un lado a otro mis intestinos;
el blanco humo espasmódico y solo de fusiles
dibuja el miedo en blancas puntadas en mi cuerpo.

domingo, 17 de mayo de 2015

Sólo donde empecé (por Philip Larkin)


Cruzando Inglaterra por una línea distinta
por una vez, temprano en el frío de año nuevo,
nos detuvimos, y al ver a unos hombres con unas matrículas
correr por el andén hacia unas puertas conocidas,
«¡Vaya, Coventry!», exclamé. «Yo nací aquí.»

Asomé medio cuerpo, y me puse a buscar una señal
de que ésa era aún la que fue «mi» ciudad
durante mucho tiempo, pero no tenía muy claro
dónde me encontraba. Desde donde estaban aquellas
bicicletas embaladas, ¿habíamos salido cada año

rumbo a nuestras vacaciones familiares? Sonó un silbato:
todo empezó a moverse. Me senté, mirándome las botas.
«¿Es ahí», sonrió mi amiga, «donde están tus raíces?»
No, sólo donde dejé pasar mi infancia,
quise replicar, sólo donde empecé:

pero ahora ya lo tengo todo situado.
Nuestro jardín, primero: donde no inventé
deslumbrantes teologías de flores y frutos,
y donde no me habló un viejo sombrero.
Y aquí tuvimos esa magnífica familia

a la que nunca acudí corriendo cuando estaba deprimido,
los chicos todo biceps y las chicas todo pechos,
sus cómicos Ford, sus granjas donde pude ser
«yo mismo de verdad». Te enseñaré, ya puestos,
el helecho en el que nunca me senté temblando,

decidido a llegar hasta el final; donde ella
se recostó, y «todo se volvió una neblina ardiente».
Y en esas oficinas mis ripios
nunca se imprimieron en un gastado cuerpo diez,
ni los leyó un distinguido primo del alcalde,
que no llamó a mi padre para decirle: Aquí
ante nosotros, si pudiéramos ver el futuro…
«A juzgar por tu cara», dijo mi amiga, «es
como si desearas que este lugar ardiera en el Infierno.»
«Bueno, supongo que la culpa no es del lugar», dije.
«Nada, y todo, ocurre en todas partes.»

sábado, 16 de mayo de 2015

Cuántos otros (por Saiz de Marco)

Bebí del agua que nunca iba a beber.
Crucé las líneas que no traspasaría.
He sido aquello que antes abominé.
Poco a poco he abjurado de lo que idolatraba.
Me he convertido a fes que anteayer perseguí.
(Caí de tantos caballos…)
Sólidas convicciones más tarde fueron líquidas.

(Quizá era gente que aguardaba su turno.
Quizá esperaban que los fueras tú llamando.)

-Di, vientotiempo:
¿qué más harás de mí
en tu remolino?
¿En qué otros estaré?; ¿todavía en quiénes más?

Di, tiempoviento:
¿en qué desconocidos proyectas convertirme?,
¿cuántos otros yo-mismos me tienes preparados?


viernes, 15 de mayo de 2015

O imaginarte (por Saúl Ibargoyen)

Belleza
Eres como el amor:
naces de la destrucción
que tu ausencia
ha provocado.
Mencioné tu nombre muchas veces,
y muchas veces hablé de ti
largamente con los pájaros.
Siempre anduve cerca de aquellos caminos
por donde iba tu voz,
sin encontrarte;
y siempre dispuse
de seguras señales:
quién puede saber
que la luz con que miras,
no es de tus ojos,
y que nada hay en ti
afectado por la sombra.
Tú estás por indicarme
palabras que no conoces,
para que el tiempo vacile,
pensando en su muerte.
Tú estás para que el orden
de las cosas se desplome,
para demostrar
que todo puede ser iluminado.
Eres la posibilidad,
la lluvia inesperada,
la vocación del hombre
por agarrarse al aire.
No existes, pero naces
de tantas manos distintas
que no pueden tocarte,
y de tanta fiebre oscura
que a través de ti
se purifica.
Nunca tuve esperanzas de verte;
prefiero saber que estás lejos
y buscarte, o sentir el calor que te he dado,
o imaginarte entre blancas colinas,
disminuyendo las miserias del mundo
y hablando largamente
con los pájaros.

jueves, 14 de mayo de 2015

Y yo no te decía (por Antonio Gala)


Nadie mojaba el aire
tanto como mis ojos.
Me decías: "¿Trabajas?"
Me decías: "¿Ya es la hora del té?"
Y yo no te decía: "Te amo";
no te decía:
"Eres todo lo que tengo";
no te decía:
"Eres la única rosa en la que caben
todas las primaveras".
Me decías:
"Adiós, hasta mañana".
O me decías:
"¿Necesitas algo?".
Y yo no te decía:
"Me estoy muriendo
de amor... me estoy muriendo".
Nadie mojaba el aire
como yo.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Sólo un testamento de ceniza (por Juan Luis Panero)


Sólo son tuyas -de verdad- la memoria y la muerte,

la memoria que borra y desfigura

y la sombra de la muerte que aguarda.

Sólo fantasmales recuerdos y la nada

se reparten tu herencia sin destino.

Después de sucios tratos y mentiras,

de gestos a destiempo y de palabras

-irreales palabras ilusorias-,

sólo un testamento de ceniza

que el viento mueve, esparce y desordena.


martes, 12 de mayo de 2015

Ven triste ve tú ven (por Carlos Edmundo de Ory)


Triste estoy como un cajón vacío
El mutuo sueño de mis ojos rueda
Me acuesto en los valles a ver el tiempo
Agrando con mi cansancio el espacio

El sol todavía me persigue ¡oh dioses!
Sigo ciego y en mis manos mis manos pongo
Deseo conducirme a espaldas de la vida
como un cuerpo que al alma sus horas disminuye

Ven triste ve tú ven y ve solo
Sopla allá en el portal del infinito
La alborada metódica de la existencia sale
No encuentro puro territorio en nada

Un plagado único dolor perdido acude
a la desierta esfera blanca de los misterios
La sed santa la fe secreta roza el ánimo
¡Me asisten seres de fatales alas!

Ni voluntad ni empleo en el celeste fin
Sólo brillos comparten las altas apetencias
Triste sigo lo mismo que el hórreo
abandonado en la tormenta alada

Ven triste ve tú ven y ve solo

lunes, 11 de mayo de 2015

Luna (por Joshua Jennifer Espinoza)

de aquí en adelante, vuestro satélite es trans.
no escribiréis más sobre Luna a menos que respetéis esto.
no hablaréis más con Luna a menos que uséis sus pronombres correctos.
no enviaréis más hombres a Luna a menos que su trabajo sea
inclinarse ante Ella y pedir perdón por los pecados de vuestro planeta.
Ella os está esperando, tirando de vosotros con suavidad,
pidiendo que por favor cerréis la boca de una puta vez.
los científicos tienen la teoría de que Luna fue un trozo del planeta
que se desprendió cuando otro planeta chocó con Él.
Eva procede de un hueso de Adán.
etc.
¿creéis en el poder de no hacer caso
a lo que ordena la cabeza?
yo creo en el poder de no hacer caso
a lo que ordena la cabeza.
todo está confundido.
deberíamos estar hablando de cómo la sangre
se parece al espacio exterior que media entre Tierra y Luna
pero en lugar de eso estamos ocupados derramándola.
a menudo se describe a Luna como un astro muerto, aunque Ella está muy viva.
Luna nunca ha conocido lo que es no querer estar muerta
por un periodo extenso de tiempo
en toda su existencia, pero
no es delicada, ni es débil.
huye constantemente de vosotros del único modo que sabe.
nunca aparta su rostro de vosotros por lo que pudierais hacer.
Ella vivirá más que todo lo que conocéis.


domingo, 10 de mayo de 2015

Cada momento (por Marcel Schwob)


Y Monelle dijo: Te hablaré de los momentos.
Mira todas las cosas bajo el aspecto del momento.
Deja ir tu yo a merced del momento.
Piensa en el momento. Todo pensamiento que perdura es contradicción.
Ama el momento. Todo amor que perdura es odio.
Sé sincero con el momento. Toda sinceridad que perdura es mentira.
Sé justa para con el momento. Toda justicia que perdura es injusticia.
Actúa para el momento. Toda acción que perdura es un reino muerto.
Sé feliz con el momento. Toda felicidad que perdura es desventura.
Ten respeto por todos los momentos, y no tiendas lazos entre las cosas.
No retrases el momento: extenuarías una agonía.
Observa: todo momento es una cuna y un ataúd: que toda vida y toda muerte te resulten extrañas y nuevas.
Y Monelle dijo: Te hablaré de la vida y de la muerte.
Los momentos se asemejan a bastones mitad blancos y mitad negros.
No arregles tu vida mediante dibujos hechos con las mitades blancas. Pues de inmediato toparás los dibujos con las mitades negras.
Que cada negrura esté transida de la espera de la blancura futura.
No digas: vivo ahora, moriré mañana. No partas la realidad entre vida y muerte. Di: ahora vivo y muero.
Escancia en cada momento la totalidad positiva y negativa de las cosas.
La rosa del otoño prevalece una estación; cada mañana se abre; todas las noches se cierra.
Aseméjate a las rosas: ofrece tus hojas al arrebato de las voluptuosidades, al pisoteo de los dolores.
Que en ti todo éxtasis esté moribundo, que toda voluptuosidad aspire a la muerte.
Que todo dolor pase por ti como un insecto que ha de levantar el vuelo. No te cierres sobre el insecto que carcome. No te enamores de esos cárabos negros. Que todo gozo pase por ti como un insecto que ha de levantar el vuelo. No te cierres sobre el insecto que succiona. No te enamores de esas cetonias doradas.
Que toda inteligencia centellee y se apague en ti en el lapso de un relámpago.
Que tu dicha se divida en fulguraciones. Así tu parte de gozo será igual a la de los otros.
Ten del universo una contemplación de atomista.
No te resistas a la naturaleza. No apoyes contra las cosas los pies de tu alma. Que tu alma no vuelva la cara como el niño malo.
Anda en paz con la luz roja de la mañana y el resplandor gris del anochecer. Sé el alba mezclada al ocaso.
Mezcla la vida con la muerte y divídelas en momentos.
No esperes la muerte: ella está en ti. Sé su camarada y tenla contra ti; es como tú mismo.
Muere de tu muerte; no codicies las muertes antiguas. Varía los géneros de muerte con los géneros de vida.
Ten por viva toda cosa incierta, y toda cosa segura, por muerta.

sábado, 9 de mayo de 2015

La noche nos acoge (por Jules Supervielle)


Aguardar a que la noche, siempre reconocible

por su gran altitud donde el viento no llega

mas sí el dolor de los hombres,

venga a encender sus íntimos fuegos temblorosos

y deposite silenciosa sus barcas de pesca,

sus linternas de a bordo que el cielo ha mecido,

sus redes estelares por nuestra alma extendida.

Esperar que nos tome para sus confidencias

gracias a mil reflejos y a secretas mociones

y que ella nos atraiga a sus manos de pieles,

a nosotros los niños que el día ha maltratado

con su luz excesiva,

la noche nos acoge, porosa y penetrante,

más segura que una cama bajo el techo familiar,

ella es el abrigo susurrante que nos da compañía,

es el tálamo donde posar la cabeza que ya

comienza a gravitar,

a llenarse de estrellas, a encontrar su camino.


viernes, 8 de mayo de 2015

Con ojos que no veis os contemplamos (por Antonio Rivero Taravillo)


Dejadnos ser sin gran estorbo

(o, con más propiedad, estar).

Ya estábamos aquí cuando llegasteis

y seguiremos existiendo, rotas, transformadas,

cuando ya no estéis ni seáis,

tras de vosotros.


No interfiráis con nuestros ciclos,

no menoscabéis nuestra materia

ni pequéis de soberbia, fugitivos.

Este beso que os da la permanencia

es un beso no más de despedida.

Con ojos que no veis os contemplamos

sabiendo

que no os volveremos a ver nunca.


Jamás turbéis nuestro silencio

con ajorcas de voz atolondrada,

mas resignaos.


Tan solo lo que es nada persevera en su nada.

Alguien siempre es un tránsito hacia nadie.

jueves, 7 de mayo de 2015

No caben (por Jorge Posada)


los precios de la carne no aparecen en el poema

no hay rimas sobre el incremento del gas


la cocinera con sus manos frágiles

los que duermen en las banquetas

los repartidores de pizza

el gesto ante las vallas de publicidad

la tristeza al tocar los cheques

la subcontratación

la venta de los órganos del hombre por el hombre

no caben


aclaran los jurados de las becas

sentencian los creadores nacionales

confirman los artistas en la presentación de sus libros


el poema

no huele

no se pudre