zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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lunes, 21 de abril de 2014

Celebración de la apariencia (por Joaquín Giannuzzi)


Qué materia ligera para el ojo
sometido a presión. Girando
sobre cada eje verde, se agrupan
en explosiones suaves
de rojo, violeta y blanco totalmente recientes
hacia un centro de ingrávidos objetos.
Dominación frontal, casi con nada y al descuido
en la hora indistinta, cuando todo
está bien. Alegrías
de agua liviana en un solo plano. La gracia más conforme
de estar allí como en el campo
de una dulce costumbre. Un poco ebria
la perspectiva asegura
la inestable sociedad de las cosas.
Pero amar el mundo, su abundante presente,
es obtener más luz:
esta celebración de la apariencia
que sin embargo se sostiene hasta el fin.

domingo, 20 de abril de 2014

Tu rostro definitivo (por Sigfrido Radaelli)


Supongamos que soy un espejo.
Me miras. Sólo un instante.
Tu mirada cae, los ojos entreabiertos,
cansados.
Una sombra orgullosa sobre tus labios.
Aprietas la boca. No es desdén,
es una infinita tristeza.
Arriba, enérgico, el casco brillante,
el airón de plumas, los colores.
Debajo, sujetando tu barba,
la cinta de metal.
Miro de nuevo en tus ojos entrecerrados,
estremecidos.
¿Qué más da? ¿Cumpliste tu vida?
¿Todo lo que anhelabas,
tus sueños,
son ya la sombra de tu casco?
De todos los espejos en que te miraste año por año,
joven, sonriente,
fuerte, dominador,
es éste el que contempla tu rostro definitivo.
Aquí estoy, pareces decirme.
Siempre era yo mismo. Y ahora soy yo mismo
este comienzo de ruina dorada
que aún resplandece.

sábado, 19 de abril de 2014

Te ofrezco (por Jorge Luis Borges)


¿Con qué podría retenerte?

Te ofrezco esbeltas calles, puestas de sol desesperadas, la luna de suburbios mal cortados.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivos han honrado con bronce: al padre de mi padre que murió en la frontera de Buenos Aires con dos balas que atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, a quien amortajaron sus soldados con una piel de vaca; a ese bisabuelo, de la línea materna, que comandó, con veinticuatro años, una ofensiva de trescientos hombres en el Perú, ahora sólo fantasmas sobre monturas desleídas.

Te ofrezco, sea cual fuere, la sapiencia que contengan mis libros, y la hombría y el humor que contenga mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que jamás ha sido leal.

Te ofrezco el núcleo duro de mí mismo que he guardado, de algún modo; el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños, y no tocan el tiempo ni el placer ni las adversidades.

Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer algunos años antes de que nacieras.

Te ofrezco explicaciones de vos misma, teorías de vos misma, auténticas y sorprendentes noticias de vos misma.

Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

viernes, 18 de abril de 2014

Espacio de la dicha (por Vicente Sabido)


Libro de pastas verdes, con grandes hojas y selvas
y en tus ojos oscuros, abuela, se refleja
el ruido de la calle.

Y el patio al que regreso
con lágrimas furtivas.
El patio con arriates y mimosas
plantadas en bocoyes.
El patio, el patizuelo
que a mí se me antojaba en las felices siestas.
Profunda, verde fronda, más que la de tus libros.

Qué densa soledad aquellas tardes
el tiempo me ofrecía.
Qué mágicas andanzas tras los perros,
los gatos y las latas.
Qué oscuro microcosmos de grandeza
los viejos torreones, las campanas.

(Tras la persiana verde, abuela, tu universo
de espejos y de encajes.)

Espacio de la dicha que no ha de regresar
pues sólo en mí existía.
Dónde estará. No logro adivinarlo
cansado de mirar
sin inocencia.

jueves, 17 de abril de 2014

El maratonista (por José Watanabe)


Te has metido solo en esto, muchacho,
pero tu lentitud nos angustia a todos.
Después de tantos kilómetros, se acabaron tus fuerzas,
pero todavía insistes en llegar a donde ya no importa.
Esto ya no tiene sentido, no abuses
de nuestra piedad: anda a tu casa
y comprende que alcanzarte una esponja con agua
fue lo único que pudimos hacer por ti.

(Pero ama al niño que cree que puede
lanzar su energía como un rayo al centro de tu cuerpo
y a la vieja
que se santigua como si viera pasar un santo lastimado.)

Tus piernas son cada vez más pesadas.
Conozco cómo es eso: también sé
lo que es ansiar desesperadamente aire
para durar un poco más.

Al dar la curva encontrarás una calle solitaria.
Cambia el paso allí, disimula tu fracaso y camina
lentamente
pisando las hojas amarillas de la morera
como hago yo cada día, ya libre de toda competencia.

miércoles, 16 de abril de 2014

Pero quién (por Thomas Merton)


No te muevas.
Escucha las piedras de las paredes.
Silencio, tratan
de decir
tu nombre.
Escucha
las paredes vivas.

¿Quién eres?
¿Quién
eres? ¿El silencio de quién
eres?

Quién (quédate quieto)
eres (como estas piedras
quietas). No pienses
en lo que eres
y menos en
lo que puedes ser.

Mejor
sé lo que eres (¿pero quién?),
sé el impensable
que no conoces.

Oh, no te muevas, mientras
todavía estás vivo
y las cosas viven a tu alrededor
hablándole (no oigo)
a tu propio ser,
hablando por lo desconocido
que está en ti y en ellas.

"Como ellas, voy a tratar
de ser mi propio silencio":
y eso es difícil. Todo el mundo
se incendia secretamente. Las piedras
arden, hasta las piedras me queman.
¿Cómo puede un hombre estar quieto o
escuchar todas las cosas quemándose?
¿Cómo se atreve a sentarse con ellas
cuando todo ese silencio está en llamas?

martes, 15 de abril de 2014

De los cuerpos y las cosas que otro amó (por Claudia Masín)


Yo comprendo la pasión de los astrónomos,

las noches en vela, la atención dispuesta

a captar, de entre todo lo que existe,

cierta fosforescencia en el cielo. Podría decir,

como ellos, que las cosas que me importan

no suceden en el mundo. La mirada vive, en lo que ve,

una segunda vida, más real que la primera, más intensa.

Yo pensaba que mirándote siempre, en todos los momentos,

los instantes preciosos que guardabas dentro de tu cuerpo

se transferirían a mi propia constelación

de recuerdos, y lo deseaba con tanta fuerza que creí

ver con tus ojos –sin haberme movido jamás de esta ciudad

o de este cuarto- los detalles de tu casa natal, las tormentas

de nieve en un pueblito del sur, la tierra

completamente roja en el otoño, invadida por las hojas

de los arces, dos pies pequeños y descalzos

cubiertos por el barro, el rostro de tu madre.

Quizás la intimidad entre dos seres dura

lo que dura ese momento en que sabemos

de los cuerpos y las cosas que otro amó

en otro tiempo. O acaso nadie alcance a rozar,

ni en su deseo, las imágenes ajenas,

y estés sola, y yo esté solo, y sea el nuestro

-como el recorrido de las familias de esquimales hacia el sol

sobre la nieve- un viaje del cual no queda huella.

lunes, 14 de abril de 2014

Todo lo que os digo es un monólogo (por Wislawa Szymborska)


La relación unilateral entre vosotras y yo
no va mal del todo.

Sé qué es una hoja, un pétalo, una espiga, una piña, un tallo
y qué os pasa en abril y en diciembre.

Aunque mi curiosidad no es correspondida,
sobre algunas me inclino con especial atención
y ante otras levanto la cabeza.

Tengo nombres para vosotras:
arce, cardo, narciso, brezo,
enebro, muérdago, nomeolvides,
y vosotras no tenéis ninguno para mí.

Hacemos el viaje juntas.
Y durante los viajes se habla, ¿no?
Se intercambian opiniones al menos sobre el tiempo
o sobre las estaciones que pasan volando.

No faltarían temas porque nos unen muchas cosas.
La misma estrella nos tiene a su alcance.
Proyectamos sombra según las mismas leyes.
Intentamos saber cosas cada una a su manera
y en lo que no sabemos también hay similitud.

Lo aclararé como pueda, preguntadme y ya está:
qué es mirar a los ojos,
para qué me late el corazón
o por qué mi cuerpo no echa raíces.

Pero cómo contestar a preguntas nunca hechas,
si, además, una es
para vosotras tan nadie.

Musgos, bosques, prados y juncales,
todo lo que os digo es un monólogo
y las que escucháis no sois vosotras.

La conversación con vosotras es necesaria e imposible.
Urgente es una vida apresurada
y aplazada hasta nunca.

domingo, 13 de abril de 2014

Un ritmo (por Robert Creeley)


Todo es un ritmo,

desde el cerrarse

de una puerta, hasta el abrirse

de una ventana.


Las estaciones, la luz

del sol, la luna,

los océanos, el crecimiento

de las cosas,


la mente de los hombres,

íntima, volviendo a ellos

de nuevo,

creyendo que el final


no es el final, volviendo

atrás el tiempo,

ellos muertos pero

con alguien por llegar.


Si estoy muerto en la muerte,

en la vida también

me muero, me muero...

Y las mujeres lloran y se mueren.


Los chicos crecen

hasta ser solo viejos.

El pasto se seca,

la potencia se va.


Pero se encuentra con otra

que vuelve, oh no la mía,

no la mía, y

a su tiempo muere.


El ritmo que se proyecta

desde sí mismo continúa

doblegándolo todo con su fuerza

desde la ventana hasta la puerta

desde el techo hasta el piso,

luz al abrirse,

oscuridad al cerrarse.

sábado, 12 de abril de 2014

La eternidad en nosotros (por Juan Ramón Jiménez)


Puedes ya, sol, apagarte si quieres y como quieras;

porque este instante de nuestro amor

ha ido más allá de tu fin y de tu olvido.


—¡Hermosa, hermosa luz que has alumbrado,

un momento, la eternidad en nosotros;

que nos has hecho ver, súbitamente, una belleza

a la que tu mismo sol no podrá llegar

nunca!


¿En qué lugar se ha cumplido esto? ¿Dónde

tú, sol mortal, has podido lucir inmortalmente?

¿Dónde nosotros, mortalísimos, hemos podido estar

-y siendo más efímeros que tú- más lejos

aún que tú, sol?

viernes, 11 de abril de 2014

De puntillas (por Begoña Abad)


No sé si te lo he dicho:


mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.


Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.


Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta
donde poder querernos.

jueves, 10 de abril de 2014

Un año tan año (por Máximo Simpson)


Tan mortal como el otro,
tan reciente,
es un año tan año que da pena,
que da llanto y da rabia.
Eso eso simplemente: tan pequeño,
tan efímero rostro, tan escaso,
tan difunto y floral,
que lo veo pasar desenrollando
variados arrebatos, diminutas acciones,
coyunturas y brindis,
como el buen empleado de oficina,
impasible escribano de los muertos,
que dejará a su vez un almanaque,
una silla y un sueldo para otro.

Minúsculas reyertas con sus golpes de mano,
los gestos estruendosos y las revoluciones,
los precarios destinos navegando en la gota
del año inmemorial que se repite,
me ponen melancólico, irritable.
Sin embargo a mí esto no me arredra,
no me estorba empezar todo de nuevo:
ordené mis carpetas,
discipliné el declive de mis años,
esta gran inquietud que me atenaza,
y me dispuse a ser,
a ser nomás un hombre,
con el desbarajuste que sostengo,
con mi gran ansiedad desaforada,
y así compaginados mis recelos,
metodizada el ansia, con mi tormento en regla,
yo me puse a vivir entre mis deudos,
a caminar entre vecinos,
para vivir nomás, vivir si esto es posible,
solamente morir,
vivir y estar cayendo.

miércoles, 9 de abril de 2014

Como si estuviera contigo (por Walt Whitman)


Lleno de vida, hoy, compacto, visible.
Yo, de cuarenta años de edad del año ochenta y tres de los Estados.
A ti, dentro de un siglo o de muchos siglos.
A ti, que no has nacido, te busco.
Estás leyéndome. Ahora el invisible soy yo.
Ahora eres tú el compacto, el visible, el que intuye los versos y el que me busca.
Pensando qué feliz serías si yo pudiera ser tu compañero.
Sé feliz como si estuviera contigo 

(no tengas demasiada seguridad
de que no estoy contigo).

martes, 8 de abril de 2014

Ya pasaron (por Selva Casal)


tengo miedo tengo noche
todas las generaciones pasaron por mí
todas las especies
ya pasaron los que aún no nacieron
ya pasaron los amores los odios
los que ríen inauditamente
los que muerden manzanas los que lloran
déjanos resucitar un día
tócanos como el amanecer toca la tierra
y los dragones verdes que están entre las hojas
llámanos
como la lluvia llama a las ranas pequeñas en el bosque
a los saltamontes de ojos taciturnos
sé como la magnolia que un día sostuve entre mis manos
sin saber que ella era yo misma
te estoy hablando de la vida
porque si me hubieras conocido me habrías amado
amándome está la hormiga esquiva en su secreto
amándome está el tigre de ojos dorados
y la luciérnaga 

lunes, 7 de abril de 2014

También (por José Emilio Pacheco)


Dos mil años después de que el Vesubio
sepultó entre cenizas a Pompeya
encontraron un muro en que estaba escrito:


Nada es eterno.
Brillan los soles y en el mar se hunden.
Arde la luna y se desvanece más tarde.
La pasión de amor
se termina también
como la lluvia.

Al tercer día de copiado el grafito
el yeso en que lo inscribieron se vino abajo.

Se acabaron los versos
como la lluvia.

domingo, 6 de abril de 2014

Un anciano y un niño (por Fernando Ortiz)

Los pasos de mi abuelo eran muy lentos.
Me enseñaba los nombres de los astros y las constelaciones:
Osa Mayor, Menor, Orión, El Arquero,
Venus siempre brillante.
El negro terciopelo del campo de Sevilla en mitad de la noche
y un anciano y un niño cogidos de la mano.
¿Qué pensaba aquel viejo de la vida?
Andan mis hijas junto a mí.
Hablan de sus deseos y memorias.
Absorto en mis problemas
quizá les hablo para no escucharlas.
Rito que se renueva, a veces las escucho
y contesto como el anciano
con palabras pausadas de un oculto sentido.
Qué importan las palabras; lo que importa es el tono
y atender a quien pone su vida en nuestras manos.
Mi padre, un pobre hombre,
por pequeñas cuestiones acosado,
hubo de solventarlas para darme la vida,
y yo lo despreciaba.
Su muerte fue tan gris como sus días.
Disipados los sueños, destruida la fe,
quizá tú únicamente, padre mío,
rodees, sabiendo, con tus brazos mis hombros.
Blanda nos sea.
Esa mujer fue dulce
y siempre creyó en mí –era mi madre–.
Cantaba por las tardes con una voz suave.
A la hora de la siesta
se dormía a sus pies el aire del verano.
Murió gritando, la razón perdida.

Perdida la esperanza, quebrada ya la fe,
permanecen los nombres de los astros y las constelaciones.
Un anciano y un niño cogidos de la mano.

sábado, 5 de abril de 2014

Mi oferta de alegría (por Félix Grande)


Contempla todo esto, mujer de tu hombre.
Pongo a tus pies mi oferta de alegría,
lo que me queda por vivir, el arrepentimiento
agusanado, la gratitud florida. Tenme.
Pongo a tus pies lo que me queda.
Siempre fuimos más jóvenes que hoy:
nunca tan juntos. Nunca tan destino.
Éste era el premio. Y aquí está. Y ahora:
precisamente, arrugamente ahora.
Nuestra vida reunida, cauterizada, entera: mírala.
Mírale la carita a la palabra Ahora:
cinco letras omnipotentes.
...Yérguete de la silla. Apóyate en mi brazo.
Ponte guapa, que estamos convidados
a una pizca de tiempo inmenso.

viernes, 4 de abril de 2014

Morirán grandes trozos de nosotros (por Antonio Orihuela)


Los sueños de mi padre se han cumplido,
morirá feliz y atado a sus árboles y su barbecho,
volviendo a casa en su mula,
dormido en el sofá frente un documental de bichos en La 2.
Habrá arena en sus botas
unas humildes botas de mercadillo
de las que guarda tres pares nuevos e idénticos.

Morirán muchas cosas, grandes trozos de nosotros,
cuando la muerte se vista con él.

Mi madre lo mantendrá vivo
mientras se repitan, iguales,
las nieves, las flores, las cosechas.

jueves, 3 de abril de 2014

Algo que estaba oculto (por Ubayd Allah al-Walid)


La libre primavera te ha llegado:
Camina tan sonriente y tan bonita
que casi puede hablar.
En las profundas sombras de la noche
Nawruz ha despertado a las primeras rosas,
dormidas aún ayer.
El frescor del rocío las va abriendo
lo mismo que si fuera divulgando
algo que estaba oculto.
De nuevo devolvió la primavera
su vestido a los árboles, y es como si desplegaras
un precioso brocado.
Y resulta tan fino el soplo de la brisa
que parece traerte
el gozo del aliento de los seres amados.

miércoles, 2 de abril de 2014

Mi alma es como tierra dura (por Leopoldo María Panero)

Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma.
Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.

martes, 1 de abril de 2014

Haikus (por Aitor Suárez)


No sé, amor,
qué he ganado ni qué
perdí por ti.


…..

No sé en qué
me agrandaste ni en qué
me redujiste.


…..

Amor, no sé
el balance y no
quiero saberlo.



lunes, 31 de marzo de 2014

El sueño (por Ray Bradbury)


Somos el sueño que otra gente sueña,

la tierra donde otros aterrizan

cuando, tarde en la noche,

piensan en escaparse

y volando llegan aquí,

a donde nosotros, panda de cretinos, prosperamos irreflexivamente.

Nos negamos a ver que somos aquello a lo que el mundo aspira.

Hervimos tan inmersos en un orden

que nos quedamos ciegos ante la obviedad.

No nos importa el milagro que somos,

así que amordazamos nuestras bocas con maldiciones.

Mientras el orbe intenta

venir aquí a quedarse,

nosotros planeamos una fuga.

Qué tontería, exclaman los recién llegados del Chad.

Estáis locos, gritan los iraquíes.

Venderíamos el alma por cambiaros el puesto.

¿Cómo es posible que no os veáis como os vemos?

Trenzáis un bosque de libertad a vuestro gusto

pero, maldita sea, perdéis el bosque a causa de los árboles.

Vuestras costas engullen

10.000 expatriados por semana.

¿Alguno se pregunta por qué gritan?

¿Por qué son tan felices?

Espabilad. ¿Es mala América?

Sentaos, contemplad sus rostros, mirad.

Sois el deseo de un mundo que no tiene esperanza.

Para las oleadas de inmigrantes que fluyen este año

sois aún el hogar atractivo

que reconocerán en cuanto lleguen.

A medianoche, cuando acostados hacen proyectos, planes y ambiciones,

sois el sueño que otra gente sueña.

domingo, 30 de marzo de 2014

Por tu ausencia (por Antonio Cisneros)


1.

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa mas aburrida del suburbio
no habría primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque.
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.

2.

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire.
Gran Estilo.
Gran Velocidad.
Gran Altura.

3.

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo.
Imposible. Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.

4.

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia,
sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble,
el triple las hojas de afeitar.

sábado, 29 de marzo de 2014

Así es como todo se borra (por Claudia Masin)


En las noches de Marrakesh, los hombres viejos

que me llevan a recorrer la ciudad

y esperan que los guíe, terminan inexorablemente

perdidos. Tal vez sólo sé un camino,

y los demás son rodeos

que convergen en él. No tengo preguntas,

la certeza es un sitio donde me crío a mí misma,

como si yo fuera una hija mía. ¿Ves? me digo,

aquí están las imágenes de tu vida,

desfilan como en una película muda,

las películas mudas son aburridas. No importa

demasiado tu vida. ¿Ves? aquí tu casa, tus padres,

las cosas que olvidaste en las mudanzas,

no importan demasiado tus cosas. Podrías ser

cualquiera, podrías no existir, una sirena

dibujada en un libro de mitos. Escuché la historia

de un grupo de exploradores en la Antártida:

iban a vivir un año en el medio de la soledad

y el frío para estudiar la zoología, la botánica,

el clima. El barco de rescate chocó contra un témpano

mientras viajaban para llevárselos

a Europa de regreso. Pasaron inviernos enteros

en el refugio, una casita noruega que ellos mismos

habían construido en el medio

de un país de hielo. Se inventaron

una vida cotidiana, distribuyeron

las tareas y esperaron. Uno de ellos escribió

en su diario: llegué a olvidarme de que tenía un rostro.

Sólo sobrevivía para estar presente en el momento

en que un improbable barco fantasma

asomara entre las olas. Así es como todo se borra,

la propia voz, el propio cuerpo, cuando alguien

tiene que llegar hasta nosotros

y no llega. El azar es ecuánime -solías decir-

todos encontramos al menos una vez

lo que siempre hemos buscado. Ya no te creo:

el azar, por definición, es injusto. Hay

una vez, sí, pero una sola, y lo demás es el deseo

de que vuelva.

viernes, 28 de marzo de 2014

Aprende (por José Cereijo)

Armónico murmullo de las hojas
en el aire tranquilo de la tarde,
agudo y leve canto de los pájaros,
pequeñas, palpitantes flechas vivas;

aroma silencioso de las flores,
hondura transparente del crepúsculo.
Escucha, siente, mira, goza, aprende:
todo esto tiene que morir, y canta.

jueves, 27 de marzo de 2014

No reconozco a nadie (por Taslima Nasreen)

La ciudad abarrotada de hombres, el hombre a hombros del hombre,
los perros a los pies del hombre:
ni al hombre ni al perro: no reconozco a nadie.
Llegaron de un planeta extranjero.
O soy yo. ¡La extranjera!
Soy yo, no otra alguna, la que siente el vacío.
Las hojas del árbol se me escapan,
las flores me parecen invisibles.
Camino por la hierba pero no es hierba,
es piedra,
las nubes no son nubes verdaderas,
la luna es irreal.
Bajo la lámpara sigo inmóvil como un cuerpo de sombra
y las raíces brotan de mi cuerpo de piedra.
Extranjera a mí misma yo me siento.
Gris es la ciudad.
Gris el agua del río, también él.
Sólo él me era cercano, él que tocaba mi pelo alborotado,
él, que por mí ha llorado, él, este río.
Le dije el otro día:
Me pareces hoy de piedra.
Y él me dijo,
jugando con el viento:
-¡Tú también!

miércoles, 26 de marzo de 2014

En el amanecer (por Ernesto Pentón)


1
Camina conmigo
en el amanecer silencioso
dando saltitos.

2
Preocupado
por el sentido de la vida escuché el canto
de un gorrión preocupado por nada.

3
Cuando emocionado
salgo a la terraza para buscarte,
¿hacia dónde te vas volando?

martes, 25 de marzo de 2014

Día de guerra común (por Adisa Bašić)


-abrir los ojos. levantarte
-despertarlo
-prepararlo para la línea del frente
-darle una rutinaria despedida, sin llorar
-traer agua
-tomar un baño
-preocuparte por el tiempo perdido
-depilarte las cejas
-leer el mismo libro por quinta vez
-aguzar tus oídos para los disparos en dirección donde él monta guardia
-ir en busca de harina
-correr a través de las calles
-escuchar una explosión
-sentir el soplo del metal o la piedra
-recostarte
-tocar tu herida con tus dedos
-lamer sangre
-acostarte un largo tiempo
-no llorar
-abandonar
-abrir los ojos. levantarte

lunes, 24 de marzo de 2014

Y sin cesar se hunde (por Paul van Ostaijen)


Hondos mares rodean la isla
hondos azules mares rodean la isla
no sabes
si la isla de las estrellas está allá arriba
no sabes
si la isla está en el eje de la tierra
hondos mares
hondos azules mares
en que la sonda se hunde
en que la sonda se busca
en hundiéndose busca
y busca hundiéndose
buscando su propia busca
y sin cesar
se hunde
y sin cesar
busca
hondos mares
azules mares
hondos azules mares
mares de azul profundo
se hunden
buscan
las volcadas estrellas
dos veces azules
y dos veces sin fondo
Cuándo encuentra la sonda azul
en el mar azul
el alga verde
y el banco de coral
Un animal persiguiendo en su vida un pensamiento
—aspiración con milenios de milenios sellada—
igual que un animal que caza y halla en sus dedos ciegos
sólo el repetir de hacer lo hecho
igual que un animal así
así se hunde la sonda
del marino
Si este hundirse se adentrara por ti ojos abajo, no conocerías
un vacío mayor

domingo, 23 de marzo de 2014

A nadie le importará (por Sara Teasdale)


Llegarán suaves lluvias y el olor de la tierra,

y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos;


y ranas en los estanques cantarán por la noche,

y ciruelos silvestres de trémulo blanco.


Los petirrojos vestirán su emplumado fuego,

silbando sus caprichos sobre una baja alambrada.


Y nadie sabrá de la guerra, nadie

se preocupará al final cuando haya concluido.


A nadie le importará, ni a pájaro ni a árbol,

si la humanidad pereció completamente.


Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer,

apenas se dará cuenta de que nos hemos ido.

sábado, 22 de marzo de 2014

Por sentirnos todavía (por José Hierro)


Hemos visto, ¡ alegría !, dar el viento

gloria final a las hojas doradas,

arder, fundirse el monte en llamaradas

crepusculares, trágico y sangriento.



Gira, asciende, enloquece, pensamiento...

Hoy da el otoño suelta a sus manadas.

¿No sientes a lo lejos sus pisadas?

Pasan, dejando el campo amarillento.


Por esto, por sentirnos todavía

música y viento y hojas, ¡alegría!

Por el dolor que nos tiene cautivos,

por la sangre que mana de la herida,

¡ alegría en el nombre de la vida !


Somos alegres porque estamos vivos.

viernes, 21 de marzo de 2014

Si vuelves a nacer (por Cintio Vitier)


Él me dijo que era preciso
renacer, y yo le dije: ¿cómo?
¿a mis años puede un hombre
volver a entrar en el vientre de su madre?
Yo sentía mi rostro como una página escrita
en el viento y en la sombra
que hacían temblar nuestros cabellos
y nuestras simples vestiduras.
Las hojas también temblaban levemente,
con un sonido áspero y dulce, acariciando
los mediodías en el patio de la infancia.
Y él me dijo, y sus palabras
no parecían estar saliendo de sus labios
-¿tal vez porque la sombra los cubría, o porque era
tan ardiente su mirada?-: Oye,
tienes que renacer en el agua y el espíritu,
y hacerte del espíritu, si quieres
entrar en el Reino... Todo era
como un encuentro casual y lejanísimo
de dos amigos, y él estuvo hablando
todavía un rato, y yo sentí de pronto
que me hablaba con cierta dureza,
como reprendiéndome, y después
nos separamos silenciosamente.
Pero ahora estoy oyendo sus palabras de otro modo,
como si hubieran pasado por el agua de mi sueño
y gotearan en la luz de la mañana,
en la blanca bocanada de la luz, en las mañanas de mi infancia,
repitiéndome: si crees en mí,
si vuelves a nacer en el agua y el espíritu,
si te haces del espíritu...
Los niños pasan gritando por la ciudad vacía.

jueves, 20 de marzo de 2014

No hay infierno (por Charles Bukowski)

junto a la mesa de la esquina en
el café
está sentada
una pareja de mediana edad.
han terminado de comer
y están bebiendo una cerveza
cada uno.
son las 9 de la noche.
ella está fumando un cigarrillo.
luego él dice algo.
ella asiente.
luego habla ella.
él sonríe, mueve la mano
luego se quedan callados.
a través de las persianas
junto a la mesa
parpadea
una luz roja de neón.

no hay guerra
no hay infierno.

luego él levanta su botella
de cerveza.

es verde,
se la lleva a los labios
le da un sorbo.

es una Coronet.

ella tiene el codo derecho
apoyado sobre la mesa
y en la mano
sostiene el cigarrillo
entre el pulgar y
el índice
y cuando ella le mira
fuera las calles
florecen
en la noche.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Su cara me suena (por Saiz de Marco)

Tanto tiempo ya,
señora Alegría,
sin saber de usted,
que hasta había olvidado cómo era su rostro,
qué se siente al verlo.

Tanto tiempo ya,
señora Alegría,
que al verla de lejos,
al verla acercárseme,
incluso al tocarla con mis propios dedos…,
no supe que era usted quien venía.

(Su cara me suena,
pero ahora no caigo.)

No me encendí al verla,
no la saludé;
y no vaya a creer que fue por desplante.

No vaya a pensar,
señora Alegría,
que no me alegro de que haya venido.

Fue sólo que al principio no
la reconocí.

martes, 18 de marzo de 2014

Mientras allá arriba (por Luis Rogelio Nogueras)

Allá arriba
las nubes de mi infancia sobreviven.
Gané y perdí
Amé
y a los treinta años
todavía soy el dueño del mundo.
Día a día contemplo las nubes
y me digo:
solo el deseo es eterno.

A mi modo soy feliz
al pie del muro blanco
una muchacha me besa.
Sus grandes ojos parecen preguntarme
si nuestro amor va a durar
toda la vida.

Yo sonrío
pero no le digo
que solo el deseo es eterno.
Cada mañana me miro en el espejo
atrás quedó la primavera
de mi vida
pero soy aún el dueño del mundo.
Y lo seré
mientras allá arriba
no se esfumen las nubes de mi infancia
no se apaguen los viejos deseos.

lunes, 17 de marzo de 2014

Con las espaldas protegidas (por David González)

mi padre
se levanta temprano cada mañana
para ir a nadar
para ir a nadar
a la piscina municipal en invierno
y a la del mar cantábrico en verano

él se cree que así
me comenta mi madre, escéptica
no se va a morir nunca

desde la ventana del estudio
donde me encierro a escribir
desde por la mañana temprano
y durante las cuatro estaciones
puedo ver la playa de mi padre
la arena que está pisando
y si tuviese a mano unos prismáticos
y forzara un poco la vista
podría, incluso, verle a él

hace tiempo, años, que no le veo
ni hablo con él
ni siquiera por teléfono

pero cuando luego
retiro mi frente del cristal
y acerco la silla
apoyo los codos sobre la mesa
y empiezo a escribir
lo hago con la confianza
y seguridad
del que se sabe
con las espaldas protegidas:

su padre está ahí afuera,
nadando

y no se va a morir nunca.

domingo, 16 de marzo de 2014

Ya no estaba (por Bertolt Brecht)

Fue un día del azul septiembre cuando
bajo la sombra de un ciruelo joven
tuve a mi pálido amor entre los brazos,
como se tiene a un sueño calmo y dulce.
Y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.
Cuando volví a mirarla ya no estaba.

Pasaron, desde entonces, muchas lunas
navegando despacio por el cielo.
A los ciruelos les llegó la tala.
Me preguntas: «¿Qué fue de aquel amor? »
Debo decirte que ya no lo recuerdo;
y, sin embargo, entiendo lo que dices.
Pero ya no me acuerdo de su cara
y sé que un día la besé.

Y hasta el beso lo habría olvidado
de no haber sido por aquella nube.
No la he olvidado. No la olvidaré:
Era muy blanca y alta, y descendía.
Acaso aún florezcan los ciruelos
y mi amor tenga ahora siete hijos.
Pero la nube sólo floreció un instante:
Cuando volví a mirar, ya se había hecho viento.

sábado, 15 de marzo de 2014

Y la noche (por Antonio Gamoneda)


Has cruzado despacio la ciudad.
Por una vez, tú no vas a trabajar,
ni a comprar una medicina,
ni a entregar una carta:
has salido a la calle para estar en la noche.

Tienes suerte esta vez;
has sabido, esta vez, que se puede vivir
y sentir reunidas tu existencia y la noche,
y que es justo y es bello y es real respirar
en esta libertad oscura hasta las estrellas.

Y, de pronto,
has pensado en tu especie y en tu privación
y en que, todos los días de la vida,
los que no aman la noche nos ocultan
esta paz que hay entre nosotros y las cosas del mundo.

Es entonces
cuando, más que en la noche, tú vives en la cólera
y en el amor también. Y te detienes.

Desandas la ciudad y te reúnes
a otra profundidad también oscura.

viernes, 14 de marzo de 2014

Para seguir (por Walt Whitman)


Hoy, antes del alba, subí a las colinas, 
miré los cielos llenos de luminarias 
y le dije a mi espíritu:

Cuando conozcamos todos estos mundos 

y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen,
¿estaremos tranquilos y satisfechos?

Y mi espíritu dijo:

No, ganaremos esas alturas sólo 

para seguir adelante.

jueves, 13 de marzo de 2014

Un aviador irlandés prevé su muerte (por W. B. Yeats)


Sé que en algún lugar entre las nubes
he de hallar mi destino;
no odio a quienes son mis enemigos,
no amo a quienes debo defender;
mi país es Kiltartan Cross,
mis paisanos los pobres de Kiltartan,
ningún posible fin ha de quitarles nada
o hacerles más felices de lo que eran.
Ni leyes ni deberes me ordenaron luchar,
ni estadistas ni masas entusiastas,
un solitario impulso de deleite
me empujó a este tumulto entre las nubes;
todo lo sopesé, de todo hice memoria,
los años por venir me parecieron
vano aliento,
vano aliento los años transcurridos
en igualdad con esta vida y esta muerte.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Vivíamos al borde (por Selva Casal)


Estos fueron los días sobre la tierra.

Nuestros días.

Cuando éramos tan pequeños como sombras de sueños.

¿Es cierto que vivíamos al borde de las cosas

sin jamás descubrirlas

y que las tardes se arracimaban dulces

en el umbral de la casa?

Y que había fechas para sonreír, para llorar.

Y yo no estaba nunca

porque siempre era tarde, porque siempre era ayer.

martes, 11 de marzo de 2014

Repleto de pasados (por Sakoto Tamura)


Me detengo en el cruce.
Ninguna figura humana
en el paisaje cotidiano.
Sólo claridad de un rayo de sol
y desde las chimeneas de pie
con unos dedos de cadáveres quemados
no oscila el humo.
No se percibe lo que se mueve.

Me apresuré por la calle acostumbrada
hacia mi casa
pero encontré una desconocida vivienda
donde debería estar mi casa.
Si todos me olvidasen,
¿se desatarían los vínculos con mi vida
y desaparecerían todas las figuras de mis ojos?

Quise retroceder
pero no encontré el camino.
Subí por la escalera del edificio
apenas reconocido.
Al abrir la puerta encontré
la habitación donde mi padre y yo
nos hospedamos en un viaje
de días lejanos.
Era un hoyo repleto de pasados
donde los polvorientos, marchitos y pobres
pero únicos verdes vivos
brotaban como los cabellos enroscados en un cráneo.

En algunos huecos al lado muchos conocidos
vivían su última y definitiva residencia.

La realidad llegó hasta mi visión.
Cuando el llanto y el estremecimiento me sacudieron del fondo
y me cubrieron totalmente,
me uní cabizbaja
con la multitud muerta.


lunes, 10 de marzo de 2014

Aunque nunca existieras (por Fernando Pessoa)


Danos Tu paz,

Dios cristiano falso pero consolador, porque todos

nacen hacia la emoción rezada a ti;

Dios anti-científico, pero enseñado por nuestra madre;

Dios absurdo de la absurda verdad, pero poseedor de la verdad de las lágrimas

en las horas de debilidad en que sentimos que pasamos

como el humo y la nube, aunque la emoción no lo quiera,

como la huella en la tierra, aunque el alma es sensible...



Danos Tu paz, aunque nunca existieras,

Tu paz en el mundo que crees Tuyo,

Tu imposible paz tan posible en la Tierra,

en la gran madre pagana, cristiana en nosotros a esta hora

y que ha de ser humana en todo cuanto es humano en nosotros.



Danos la paz como una brisa que brota

o la lluvia por la que se hacen plegarias en los campos,

y llueve por leyes naturales, tranquilizadoramente.



Danos la paz, para que por ella siga y regrese

nuestro espíritu cansado al cuarto del rebujo y la costura

donde en una esquina está la inútil cuna, pero no la madre que arrulla,

donde en la cómoda vieja está la ropa de infancia, desnuda

del poder burlar la vida con el sueño...



Danos tu paz.

El mundo es incierto y confuso,

el pensamiento no llega a parte alguna de la Tierra,

el brazo no alcanza más de lo que la mano puede contener,

la mirada no atraviesa los muros de la sombra,

el corazón no sabe desear lo que desea,

la vida yerra constantemente el camino hacia la Vida.

Danos, Señor, la paz, seas Cristo o Buda,

danos la paz y admite

en los valles olvidados por los pastores ignotos,

en las cumbres de hielo de los eremitas perdidos,

en las callejuelas oblicuas de los barrios apartados de las ciudades,

la paz que es de quienes no conocen y olvidan sin querer.



Materna paz que adormezca la tierra,

durmiente en el hogar sin filosofías,

recuerdo de los cuentos de hadas sin la vida allá fuera,

la canción de cuna revivida a través del niño sin futuro,

el calor, la nana, el niño,

el niño que se va a acostar

y el sentido inútil de la vida,

el antiguo sepulturero de las cosas,

el dolor sin fondo de la tierra, de los hombres, de los destinos,

del mundo...

domingo, 9 de marzo de 2014

Los nexos invisibles (por Javier Cánaves)


El latido que media
entre decir o no decir te quiero.
Los nexos invisibles que nos atan
a una forma de olvido, a unas piernas,
al nombre que se inscribe en una lápida.
Se amontonan las facturas, planos enmohecidos
de ciudades deshechas,
fetiches que nos miran
con la tristeza mansa de saber que son humo,
las víctimas perfectas
de nuestra rendición o desconcierto.

El latido que media
entre el que salta y el que no, la vida
que estalla en las burbujas
del agua que calientas para el té de las cinco.
El modo en que la luz dibuja puentes,
detonaciones sordas,
el caligrama absurdo de todos estos años.

Es tentador pensar que no sirvió de nada,
pero está la tristeza,
su extraño don,
esta manera imbécil de amar el mundo, todo
lo que sabes inútil
y no quieres perder
y perderás.

La tristeza que todo amor precisa
para ser de verdad y para siempre.

sábado, 8 de marzo de 2014

Lluevo (por Andrés Trapiello)


Lluevo en esta ciudad
envuelto en frío, en aguacero, en noche,
y cuanto toco queda convertido
en una calle solitaria y triste
hecha de casas muertas, y en farolas
de cuyo resplandor nacieran ruinas
y a millones las cruces.
Lluevo sin tregua en todos los rincones,
sobre puertas cerradas y en abiertas
alcantarillas ciegas que se llevan
hasta el mar las estrellas.
Mi corazón es charco y cuando anclan
en él las negras nubes
no pueden ser más náufragas,
y con sólo morirme me confundo
en un luto de pájaros.
Lluevo sobre las ramas
desnudas de los árboles y lluevo
dormido sobre el banco de ese parque
constelado de sueños que mendigan
a las sombras que pasan,
por la mucha tristeza de las cosas
que se acaban.
Y a manos llenas lluevo en el cristal
de la fosca ventana de mi estudio, y las gotas que lluvian
mi corazón por dentro
son las mismas que bajan y resbalan
trazando bellos signos
que podría leer, si no tuviera
en los ojos mi lluvia tantas lágrimas.

viernes, 7 de marzo de 2014

Pura exterioridad (por Santiago Kovadloff)

Puedo ser a veces pura exterioridad.
De pie en oficinas donde tramito mis cosas
o atento a que me llamen,
con un número en la mano,
en bancos, casas de cambio,
en la cola
de los que adeudan la luz,
no leo, no pienso, no recuerdo,
ni siquiera miro a los que me rodean.

Aprendí a aguardar mi turno
sin buscar amparo en nada.
Nunca estuve en tantos sitios
tan desnudo como ahora;
nunca tan entero en una fila
entregado sin más
a la espera con que espero,
gestos, músculos, sudores solamente,
libre al fin de mí, sin más allá,
externo, desasido,
absorto en esa mansa
inconsistencia del instante.

jueves, 6 de marzo de 2014

Hasta siempre, Leopoldo María


Amigos: Es el rayo que no cesa. Se nos fueron hace poco Juan Gelman, Félix Grande y José Emilio Pacheco. Y ahora se marcha Leopoldo María Panero. Unidos por la muerte (como dice el poema que a continuación publicamos). Pero lo afirmaremos una vez más: Nadie se va, y todos se quedan. La nada, la muerte y sus ansias carnívoras no podrán con la poesía.


En recuerdo de Leopoldo María, este poema suyo:




Carta al padre (por Leopoldo María Panero)



Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous êtes combien? que nos sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano!
Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman
los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
¿en qué perspectiva
—dime— acoger la muerte?
en la mesa de disección
tú que danzaste
enloquecido en la plaza desierta
tropezando
hiriéndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
Y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo solo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
solo: ABISMO, ABISMO!
Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
—como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la niña que ya es árbol—
crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
(te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes)
percibís el frío
la
conspiración de las algas,
gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la música del beso!
De ese beso, final, padre, en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y tú, mi amada,
aquí, bajo esta piedra.

Presuroso y perdido (por Félix Grande)


La prisa despareja con que miro tu piel

la premura apretada con que altero tu cuerpo

y este desasosiego en que empapo mi lengua

para hablarle a tu carne y lamer a tu voz

son como ávidas gotas de estaño compasivo

que busca aminorar las grietas de la muerte

La planta de la edad nos chupa nuestros días

abriéndose como una flor negra, abominable

y en este esplendor de hoy se oculta la simiente

de una desposesión calcinada y perversa

como la del desierto En el calcio del tacto

hay una lenta caries que nos invade desde

el fin aterrador del tiempo y de la vida

Presuroso y perdido unto en mí tu persona

y soy un bulto de hombre y de loco y de perro

que corre por tu cuerpo y a la vez por un túnel

despavoridamente lamiendo las tinieblas

miércoles, 5 de marzo de 2014

Nos presentamos juntos (por Antonio Orihuela)

Mi madre me estaba dando el pecho
cuando mi padre consiguió un trabajo
del que no se movió en treinta años.

Imaginó que, a cambio de su fidelidad,
la empresa le gratificaría, cerca de su jubilación,
con un reloj de oro, una placa o un viaje a Torremolinos,
pero no, le dieron una patada en el culo
y a base de cambiarse de nombre
resultó que después de treinta años
mi padre no había trabajado allí ni treinta días.

Cada mañana, para el control de parados,
nos presentamos juntos en el INEM,

primero le nombran a él
y después me nombran a mí.


Hay gente que se siente satisfecha viendo a sus hijos imitarles,
me pregunto qué opinará él de todo esto.

martes, 4 de marzo de 2014

lunes, 3 de marzo de 2014

Por un instante (por Inma Luna)


Me asomo a la baranda
y desde allí
con un sol tan benévolo que parece una tregua,
veo cómo pasean los hombres y mujeres,
veo cómo se besan,
se cogen de la mano
y juegan con sus hijos en la arena,
les enseñan los colores del mar,
el olor que remolcan las olas
y, por un instante,
todo parece tan sencillo...
Como si vivir tan sólo consistiese
en amar y enseñarnos
lo hermoso que puede ser el mundo.

domingo, 2 de marzo de 2014

Y ni siquiera (por Alfredo Félix-Díaz)


Y no estás en la lluvia que se filtra

entre las piedras de esta larga calle

llena de historia y árboles indómitos.


Y no estás en los ojos de mi novia,

grises y azules y naranjas, como

el Rin en julio cuando sale el sol.


Y ni siquiera estás entre mis dedos

sordos, Dios mío, que se pasan horas

metidos en las hojas de los libros

más absurdos, buscándote, buscándote.


En la lluvia, entre piedras, en la calle,

en los ríos y el sol lleno de historias,

metido entre las hojas amarillas

y rojas y naranjas, ni siquiera.

sábado, 1 de marzo de 2014

Haikus (por Aitor Suárez)

Ser. Ser sólo uno,
escindido del Todo.
Ser un fragmento.

.....

Morir. (Re)unirse
de nuevo con el Todo.
Reunificarse.

.....

En una grieta
entre asfalto y cemento
crece una flor.

.....

Gracias, Memoria,
por bañar en miel los
recuerdos ácidos.

.....

El mismo sitio
antes, en otro tiempo,
era otro sitio.

.....

Aunque volviera
allí, no volvería
al mismo allí.

.....
  
Como un obsequio
alguien toca el piano
tras las paredes.

.....

Un dolor nuevo
llega y apaga los
otros dolores.

.....

Llanto con risa.
Como lluvia con sol. Y
sale el arco iris.

.....

Ahí abajo,
piel adentro de todos
habita un niño.

.....

Entrará el tiempo
en cualquier recoveco
donde te escondas.

.....

No suavizamos
este mundo; antes bien,
lo endurecemos.

.....
  
Son los humanos
quienes hacen sufrir
a los humanos.

.....

La humanidad
gime, víctima de
la humanidad.

.....

Nosotros mismos
hemos hecho de esto un
valle de lágrimas.

.....

Navegar por
tus ojos. Naufragar.
Hundirme en ellos.

.....

Año 3.000.
No existo, o más bien
no existí nunca.

.....

Balas, y no hachas.
Misiles, y no piedras.
¡Qué gran avance!

.....

A esta renuncia
a interrogarme llamo
"mis convicciones".

.....
  
Dentro de mí
se alza, me contradice,
discrepa el otro.

.....

¿Es todo el Todo
chatarra de un big bang:
de un accidente?

.....

¿Somos cascotes
de una Gran Explosión
descontrolada?

.....


Un óvulo, un
espermatozoide y,
¡zas!, a vivir.

.....

No es muy largo el
trayecto que hay entre
no ser y ser.

.....
  
¿Quién duerme ahí dentro,
como esperando a que
lo despertemos?

.....

Nos da miedo el
trozo de nosotros que
no controlamos.

.....

La vida entera
tengo para olvidarte
o no olvidarte.


viernes, 28 de febrero de 2014

Himnos de la creación -Rig Veda libro X, himno 129- (Anónimo)


No había inexistencia ni existencia, entonces.
Entonces no había lo existente ni lo no-existente.
No había reino del aire, ni del cielo, más allá de él.
¿Qué había dentro y dónde? ¿Y qué daba amparo?
¿Había agua allí, insondable profundidad de agua?
No había entonces muerte, ni había algo inmortal,
no había allí ningún signo que dividiera los días y las noches.
Aquello Insondable respiraba por su propia naturaleza.
Aparte de eso, no había nada.

En el principio la oscuridad escondía la oscuridad.
Este Todo era fluido, indeterminado.
El vacío estaba cubierto por el vacío.
Ese Uno nació por la omnipotencia de la intensión.

El deseo descendió sobre él en el principio,
siendo la primera semilla del pensamiento.
Los sabios, que han buscado en el corazón,
encontraron el nexo entre existencia e inexistencia.

Luego se extendió a través del vacío.
¿Había un abajo? ¿Había un arriba?
A continuación la naturaleza, la energía;
el poder de la fuerza abajo, el propósito arriba.

¿Quién lo conoce exactamente?, ¿quién puede exponerlo aquí?
¿De dónde nació?, ¿de qué se derramó?
Aquello era anterior a los dioses,
ellos vinieron después.

¿Quién sabe dónde tiene su origen toda la creación?
Él formó todo, o tal vez no.
Aquél que está más allá del cielo supremo
lo sabe todo, o tal vez no.

jueves, 27 de febrero de 2014

La mitad muda de la música (por Tomas Tranströmer)

Tenue rebota el canto del urogallo en las esferas celestes.
La música, libre de culpa en nuestra sombra, como
el agua de la fuente se eleva entre las fieras,
artísticamente petrificadas en torno al surtidor.

Con los arcos de violín disfrazados de bosque.
Con los arcos como jarcias en un aguacero
bajo los cascos del aguacero se hunde el camarote
y en nuestro interior, en suspensión de giróscopo, la alegría.

En la noche se refleja la calma del mundo
cuando se preparan los arcos pero no se tocan.
Inmóviles en la niebla los árboles del bosque
y la tundra reflejándose en sus propias aguas.

La mitad muda de la música está aquí, nos envuelve
como el aroma de la resina a los abetos heridos por rayos.
Un verano subterráneo en cada hombre.
Allí, en la encrucijada, se libera una sombra

y se aleja galopando adonde apunta la trompeta de Bach.
De repente la gracia proporciona confianza. Abandonar
su propio disfraz de yo en esta ribera,
donde la ola rompe y se hunde, rompe 


y se hunde.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Nuestras sombras movidas (por Jorge Teillier)

Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Ésta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Ésta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.

Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos.
—Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino—.
Ella mira el fuego que envejece.

martes, 25 de febrero de 2014

Y luego nos borramos (por Eloy Sánchez Rosillo)


Después de muchos años
pasé en el autobús hoy por la puerta
de mi casa de niño, mientras iba
a algún otro lugar de la ciudad.
La casa sigue en pie, con su aspecto de entonces,
aunque desvencijada y ya sin nadie.
Unos momentos sólo
tuve para mirarla, y entreví
a mi madre que, aún joven, salía sonriente
de ese portal, conmigo de la mano,
hacia un día del mundo.
El sol de la mañana cayó sobre nosotros
y luego nos borramos en la luz.

lunes, 24 de febrero de 2014

¡ Si disimularan ! (por Wislawa Szymborska)


Un amor feliz. ¿Es normal,

serio, útil?

¿Qué saca el mundo de dos personas

que no ven el mundo?


Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,

dos al azar entre un millón, pero seguros

de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué?, de nada;

la luz llega desde ninguna parte.

¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?

¿Ofende eso a la justicia? Así es.

¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba

de su cima a la moral? Viola y derriba.


Mirad qué felices:

¡si disimularan aunque fuera un poco,

si fingieran aflicción para animar a los amigos!

Escuchad cómo ríen. Es insultante.

Qué lenguaje utilizan, sólo en apariencia comprensible.

Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,

sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,

¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!


Resulta incluso difícil prever qué sucedería

si pudiera cundir su ejemplo.

Qué podrían hacer religiones, poesías;

qué se recordaría, qué se abandonaría,

quién querría permanecer en el círculo.


Un amor feliz. ¿Es necesario?

El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto

como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.

Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.

Nunca podría poblar la tierra,

no es, digamos, muy frecuente.


Que la gente que no conoce un amor feliz

afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.


Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.

domingo, 23 de febrero de 2014

Prevalece lo raro (por Hanni Ossott)


Prevalece el misterio

que haya amor

que haya odio

que existan cuerpos


Prevalece lo raro

las relaciones

los cantos gregorianos

el arte, el corno francés


Prevalece el incendio de nuestras pasiones

la rara faz de uno que no se ha ido

sino que se queda

e insiste

por amor y odio


Prevalecen las extrañas miradas

y los cuerpos que no pueden tocarse

por miedo

por extrañeza

por temor.


Prevalece la distancia entre los amigos

la palabra no dicha

el gesto guardado

los silencios

en medio de la ebriedad


Prevalece que haya los otros y lo otro

la otredad

el más allá de mí

y el más allá de ti

de lo que nunca puede alcanzarse


Prevalece este raro plenilunio

sábado, 22 de febrero de 2014

Como una fila de velas (por Konstantinos Kavafis)


Días por llegar están delante de nosotros

como una fila de velas encendidas…

doradas, cálidas y vívidas velas.


Días pasados caen detrás de nosotros,

una lóbrega fila de velas consumidas;

todavía humean las más próximas,

frías, fundidas y torcidas.


No quiero mirarlas: sus formas me entristecen,

me entristece recordar su luz original.

Miro adelante mis velas encendidas.


No quiero girarme, no quiero ver, aterrado,

con qué rapidez esa oscura fila se alarga,

con qué rapidez una nueva vela muerta sigue a otra.

viernes, 21 de febrero de 2014

Desprovistos de alas (por Arturo Gutiérrez)


Entre el suelo y el techo de un ascensor

cada rostro es territorio incierto para la mirada,

las lenguas se anudan,

las manos buscan el aire en los bolsillos.


En esta pequeña Babilonia

no hay un solo hombre,

siquiera uno de ellos,

que no lleve una pequeña piedra entre sus manos.

Las llaves, el reloj, algún espejo,

todo aquí es atentado contra la gravedad.


Vaya forma de pagar una terrible condena:

haber nacido desprovistos de alas

-a ras de suelo-

con tan torpe afición a las alturas.

jueves, 20 de febrero de 2014

Los que fueron ocultados (por Mª Alejandra Rendón)


La memoria

tiene sus rincones

espacios para poder llorar

y no rendirse.

Sus héroes verdaderos

esos que no nombramos

los que agotaron su aliento en cada pulso

aquí y allá

los que dieron paso a toda su sangre por una herida

los que no han dado forma a ninguna estatua

los de cruces desconocidas

los que nunca fueron encontrados

los que fueron hallados sin nombre, ni linaje

los que fueron ocultados

los que fueron soldados, ahora desconocidos

nos miran.

Con ojos que no caben en la muerte…

nos entregan una historia

una herida al sur

que nunca cicatriza.

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿Dónde estuvo? (por Eugenio Montejo)


Tan altos son los edificios

que ya no se ve nada de mi infancia.

Perdí mi patio con sus lentas nubes

donde la luz dejó plumas de ibis,

egipcias claridades,

perdí mi nombre y el sueño de mi casa.

Rectos andamios, torre sobre torre,

nos ocultan ahora la montaña.

El ruido crece a mil motores por oído,

a mil autos por pie, todos mortales.

Los hombres corren detrás de sus voces

pero las voces van a la deriva

detrás de los taxis.

Más lejana que Tebas, Troya, Nínive

y los fragmentos de sus sueños,

Caracas, ¿dónde estuvo?

Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,

ya no se ve nada de mi infancia.

Puedo pasearme ahora por sus calles

a tientas, cada vez más solitario;

su espacio es real, impávido, concreto,

sólo mi historia es falsa.

martes, 18 de febrero de 2014

La que no se iba (por Julio Cortázar)


Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.


lunes, 17 de febrero de 2014

Tras una lectura de Leopardi (por Vicente Gallego)


Con la lectura lenta de unos versos

he burlado la espina de estas horas adversas,

y ahora elevo mis ojos con asombro:

¿cómo pudo aquel joven, hace casi dos siglos,

tener noticias claras de mi vida,

conocer mis afanes, registrar mi cansancio;

ante la noche hacerse una pregunta

cuya respuesta ignora todavía la noche,

y escribir todo eso con palabras

que supieron burlar las celadas del tiempo?

¿Y para qué apuntar entonces con torpeza

lo que otros dijeron con acierto,

y para qué vivirlo? Y sin embargo,

la vida sigue siendo hermosa y triste,

y esos versos de sombra, extrañamente,

han traído la luz hasta esta tarde.

domingo, 16 de febrero de 2014

Hasta qué hora son cuatro estas paredes (por César Vallejo)


Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora.

Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.

Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.

sábado, 15 de febrero de 2014

El trabajo se hará por etapas (por Mark Strand)


Él entra a tientas por la puerta trasera,

camina en puntillas por la cocina,

la sala, el corredor,

sube las escaleras y entra

en la habitación. Se inclina

sobre mi cama y dice que ha venido

a asesinarme. El trabajo

se hará por etapas.


Primero, las uñas de mis pies

serán recortadas, luego los dedos de mis pies,

y así seguirá hasta que

nada reste de mí.

De su llavero, toma un pequeño instrumento

y comienza.

Escucho el Lago de los Cisnes

en el estéreo de un vecino, y comienzo a tararear.


No podría decir

cuánto tiempo ha pasado. Pero cuando despierto

le escucho decir que ha alcanzado mi cuello

y que no podrá continuar

porque está cansado. Le digo

que ha hecho suficiente,

que debe irse a casa y descansar.

Me da las gracias y se marcha.


Siempre me sorprende

qué fácilmente se sacian

algunas personas.

viernes, 14 de febrero de 2014

Pero entonces tú te acercas (por Alicia Torres)


A veces juego con la idea de matarte

(después de todo, querido,

nadie es inocente)

y entonces pienso en sacerdotes antiguos

ataviados de oro y lino blanco,

incienso rumbo a los cielos,

la precisión de la obsidiana afilada

en noches de luna menguante,

un pecho descubierto,

la tensión rápida y certera

de una mano educada para el puñal,

el placer de los dioses,

la satisfacción del deber cumplido.

Y hay orden de nuevo en el mundo,

la lluvia se derrama por los campos,

el viento hincha las velas aqueas

y la tierra es fértil otra vez,

pero entonces tú te acercas, querido,

con los brazos abiertos

y yo sonrío culpable

besándote la garganta,

las muñecas, la sien.

La vida, allí donde late vulnerable.

jueves, 13 de febrero de 2014

Ley de los hombres (por Paul Éluard)


La ardiente ley de los hombres

de la uva hacen vino

del carbón hacen fuego

de los besos hacen hombres


La dura ley de los hombres

quedar intacto a pesar

de las guerras y la miseria

a pesar de los peligros de muerte


La dulce ley de los hombres

transformar el agua en luz

el sueño en realidad

y los enemigos en hermanos


Una ley antigua y nueva

que se va perfeccionando

desde el fondo del corazón del niño

hasta la razón suprema

miércoles, 12 de febrero de 2014

De tiempo y agua (por Jorge Luis Borges)


Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

martes, 11 de febrero de 2014

Porque hoy llegan los bárbaros (por Konstantinos Kavafis)


¿A qué esperamos, reunidos en el foro?

A los bárbaros que deben llegar hoy.

¿Por qué no ocurre nada en el senado?

¿Por qué los senadores están sentados sin legislar?

Porque hoy llegan los bárbaros.

¿De qué serviría que los senadores hicieran ahora leyes?

Una vez que estén aquí, ellos harán la legislación.

¿Por qué se ha levantado tan temprano nuestro Emperador?

¿Y por qué está sentado en el trono en la puerta de la ciudad,

con gran pompa y corona?

Porque hoy llegan los bárbaros

y el Emperador espera recibir a su jefe.

Incluso tiene un pergamino que darle,

repleto de títulos, con nombres imponentes.

¿Por qué salen hoy nuestros dos cónsules y pretores

vistiendo sus escarlatas togas bordadas?

¿Por qué se han puesto pulseras con tantas amatistas,

sortijas relucientes con magníficas esmeraldas?

¿Por qué hoy salen con elegantes varas

hermosamente trabajadas en oro y plata?

Porque hoy llegan los bárbaros

y cosas como éstas les deslumbran.

¿Por qué no vienen nuestros distinguidos oradores de costumbre

a hacer sus discursos, a decir lo que tengan que decir?

Porque hoy llegan los bárbaros

y les aburre la retórica y los discursos públicos.

¿Por qué esta repentina perplejidad, esta confusión?

(Qué serias se han vuelto las caras de la gente.)

¿Por qué las calles y las plazas se vacían tan deprisa,

todo el mundo volviendo a casa absortos en meditación?

Porque ha caído la noche y los bárbaros no han llegado.

Y algunos de nuestros hombres recién llegados de la frontera dicen

que ya no hay bárbaros.

¿Y ahora qué va a ser de nosotros sin los bárbaros?

Aquella gente era una especie de solución.

lunes, 10 de febrero de 2014

Ulises a Telémaco (por Joseph Brodsky)


Querido Telémaco,


La Guerra de Troya
ha terminado. No recuerdo quién venció.
Los griegos, debe ser: los griegos, quién si no,
pueden dejar en tierra extraña tantos muertos…
De todos modos, el camino que me lleva al hogar
resulta que se alarga demasiado.
Como si Poseidón, mientras perdíamos el tiempo,
hubiera dilatado el espacio.
Ignoro dónde estoy y lo que veo ante mí.
Al parecer, una isla, sucia, arbustos,
casas, gruñir de cerdos, un jardín
abandonado, cierta reina, hierba y pedruscos…
Telémaco, querido, en verdad
todas las islas se parecen una a otra
cuando es tan largo el viaje: el cerebro ya
va perdiendo la cuenta de las olas,
el ojo, tiznado de tanto horizonte, echa a llorar,
la carne de las aguas obtura el oído.
No recuerdo ya cómo acabó la guerra,
ni  recuerdo cuántos años tienes hoy.

Hazte hombre, Telémaco, y crece.
Sólo los dioses saben si hemos de encontrarnos.
Tampoco ahora ya eres el chiquillo
ante el cual detuve aquellos toros.
Hoy, de no ser por Palamedes, estaría a tu lado.
Pero tal vez sea mejor así: pues sin mí
te has librado de los males de Edipo,
y en tus sueños, Telémaco, ignoras el pecado.

domingo, 9 de febrero de 2014

Haikus (por Aitor Suárez)


Sin arquitecto
ni plan de obra se erige
la realidad.


.....

Nada sabemos,
nada de nada, sobre
nuestro futuro.

.....

Ni siquiera es
claro que haya un futuro
para nosotros.


.....

Recuerdos que no
se olvidan de querer
ser recordados.

.....


Qué gran hoguera
si ardieran los recuerdos
encenderíamos.


.....

Pasado, cállate.
¿No ves que con tu ruido
no oigo el presente?


.....

Al recordar,
el antes y el después
se hacen un lío.


.....

Mejor así:
que el tiempo nos prohíba
retroceder.


.....

Siempre perdido.
Donde quiera que esté
estoy perdido.


.....

Sabemos bien
nuestros nombres, sí, pero
no quiénes somos.


.....

¿Con qué derecho
sólo porque te has muerto
abro tus cartas?

.....


¿Con qué licencia
sólo porque no vives
leo tu diario?

.....
  
Lo que sea que
soñemos, lo soñamos
en soledad.


.....

Se nos olvida
celebrar casi todo
lo celebrable.


.....

Aunque no estás,
a veces de repente
oigo tu voz.


.....

Ante mis ojos
desfilaron mil cosas
y no las vi.


.....

Tenía sed
pero no bebí porque
no lo sabía.


.....

Aunque habite entre
terrícolas, la música
no es de este mundo.

.....

Sólo la música
traspasa la membrana
que envuelve todo.

.....

Conozco sólo
a qué lugar me trajo
este sendero.

.....

Había otros
a izquierda y a derecha.
¿Por qué elegí éste?

.....

Nunca sabrás
dónde te habrían llevado
los otros trenes.

.....

No deberíamos
tener que escoger siempre
sólo un trayecto.

.....

No debería
ser tan fácil herir
sin darnos cuenta.


.....

Nunca leeremos
la obra impedida a
Miguel Hernández.

.....

Matan a Lorca y
nos roban todo aquello
que hubiera escrito.

.....

La luz se extingue.
La oscuridad me acoge
en su regazo.

.....


De nada vale
padre o cónyuge o hermano
si no es tu amigo.

.....

Con mis “No puedo”
enmascaro mis “No
me viene en gana”

.....

¿Quién nos cubrió
todo lo que tuvimos
que des-cubrir?


.....

Sin una brújula
ni un vulgar mapa, nos
echan al mar.


.....

Sin instrucciones,
sin un triste manual,
nos traen aquí.


.....
  
Se va la vida
en aprender a usarla.
Luego, ya es tarde.


.....

¡Tantos yoes en
mi cadena de mando…!
¿Habrá algún jefe?

.....


Kafka, Pessoa,
con un blog cada uno
¿qué escribirían?


.....


Me despierto y
por un instante ignoro
cómo y quién soy.


.....

Me despierto y
segundos después cae
mi nombre en mí.


.....

No sólo me
reinicio. También me
reconfiguro.


.....

No nos avisan
de que es la última vez
que vemos a alguien.


.....

Nadie conoce
cómo es visto por fuera
desde otros ojos.


.....
  
Aunque abandones,
alimentaré el fuego
que tú encendiste.


.....

Los no engendrados,
los nunca concebidos,
son mayoría.


.....

Son muchos más
los nunca generados
que los que nacen.


.....


La mayor parte
de la gente existible
no nace nunca.


.....
  
Termina el año.
La Tierra se prepara
para otra vuelta.


.....

Piénsalo bien,
mono, antes de dar el
paso siguiente.


.....

Mono, aún estás
a tiempo de evitar
hacerte humano.


.....

Catorce años.
Ya nunca más oiré
tu voz de niño.


.....

Niña que naces,
¿cuál será tu primera
desilusión?


.....

Qué gran alivio
que ninguno conozca
mi yo de dentro.


.....

¿Cómo es posible?
Alguien que me conoce
se alegró al verme.


.....

Llaves guardadas.
Llaves de cerraduras
que ya no existen.


.....

Hice llorar.
Hice que alguien llorara.
No me perdono.


.....

Ojos de pez
en el supermercado
miran, me acusan.


.....

Amor gatuno,
el único que suena:
ron-ron-roneo.


.....

Sal de esa foto
o si no, por lo menos,
déjame entrar.


.....

Ajeno, extraño,
en la radiografía
veo mi esqueleto.