zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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martes, 21 de mayo de 2013

Si te quedas conmigo (por Josep M. Rodríguez)

No te vayas aún, quédate un rato.

El día nace para destruirse,
y nuestra juventud es el periódico
de ayer.

Amanece conmigo.
Deja que sea la presa la que defina al cazador
y que este instante valga
por cualquier otro instante.

El sol es una broca
de luz:
se abre paso,

no nos necesita.

Si te quedas conmigo,
emergeremos juntos de la noche
igual que el tallo brota de lo oscuro:

Cada vez más fuertes.

No te vayas aún
y quédate conmigo:

Escucharemos cómo
ola
a ola
tartamudea el mar,

como aprendiendo a pronunciar tu nombre.

lunes, 20 de mayo de 2013

Cada gota de lluvia (por Federico García Lorca)

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

domingo, 19 de mayo de 2013

Solos bajo la lluvia (por Raúl Gonzales Tuñón)

Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.

Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, 

todos los gestos que hemos entrevisto y sospechado, los ademanes y las palabras de ellos, 
todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, 
en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, 
cuanto tú y yo seamos dos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, 
subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, 
ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, 
ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, 
ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra esperanza, 
los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste 
y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. 
Oh, íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.

sábado, 18 de mayo de 2013

Bajo los dragones dorados (por Juan Carlos Mestre)


Me enamoré de ti en el restaurante chino de la Plaza Mayor

Ese día bajo los dragones dorados

tú eras todas las dinastías que ha tenido la Tierra

tú eras el delta de los ríos y la cascada de los encantamientos

el curry que tiñe de sol el lazo de las servilletas

El día que me enamoré de ti comenzaba el año del gato

y las nubes maullaban sobre los tejados

celebrando la lluvia de estrellas y la cosecha de arroz

Demonios, al salir tiraste sin querer el buda de escayola

y todos los buenos presagios se hicieron añicos

Nena, ya nada ha vuelto a ser como entonces

cuando sabías a las bolitas de helado Familia Feliz

y yo te acariciaba con palillos de bambú los brotes de primavera

viernes, 17 de mayo de 2013

Como unos labios (por Kirmen Uribe)

Mis pechos son pequeños y mis ojos redondos.
Tus piernas, largas y frías
como el agua de la fuente.
Te mordisqueo el cuello,
lo tienes firme, inmaduro aún,
como una nuez recién caída.
Te pones arriba y me besas el vientre,
húmedas olas por toda mi piel,
ahora aquí, ahora allá,
como las primeras gotas que caen
antes de que descargue la tormenta: pla, pla, pla.

Nos quedamos dormidos,
pecho y espalda se cierran
como unos labios tras un suspiro.

jueves, 16 de mayo de 2013

Manso declive (por Jorge Luis Borges)


La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Un gran simulacro (por Mario Benedetti)


Cada vez que nos dan clases de
amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de
amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de
ausencia
muñones de porvenir, arrabales
de duelo
pero también candores de
mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde
sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo
de otoño
sentimientos insoportablemente
actuales
que se niegan a morir allá en lo
oscuro

el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las
remembranzas
y hay que tirar rencores por la
borda
en el fondo el olvido es un gran
simulacro
nadie sabe ni puede -aunque
quiera- olvidar
un gran simulacro repleto de
fantasmas
esos romeros que peregrinan por
el olvido
como si fuese el camino de
santiago

el día o la noche en que el olvido
estalle
salte en pedazos o crepite,
los recuerdos atroces y de
maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por
el mundo
y esa verdad será que no hay
olvido.

martes, 14 de mayo de 2013

Como primeras muertes (por Juan Ramón Jiménez)


¡Estos instantes
en que no estamos donde estamos
sino donde estuvimos,
en que quisiéramos, mejor
que vivir nuestras horas,
revivir las pasadas!
¡Cómo primeras muertes,
con la nostalgia
de la resurrección!

lunes, 13 de mayo de 2013

Nada le pesa (por Wislawa Szymborska)


El ratonero no tiene nada que reprocharse.

Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.

No dudan de sus actos las pirañas.

La víbora se acepta sin complejo a sí misma.


No existe un chacal autocrítico.

El tábano, la langosta, la tenia y el caimán

viven como viven y así están satisfechos.


Cien kilos pesa el corazón de la orca,

pero nada le pesa.


No hay nada más bestial

que una conciencia limpia

en el tercer planeta bajo el sol.

domingo, 12 de mayo de 2013

Y me dejo cegar (por Félix de Azúa)


Ahora es mi turno, cuando cierro los ojos
y me olvido de ti, de tu salvaje higuera y tus higos salvajes,
cuando tu carne, como un libro de cuentos, resplandece en la noche
a la luz de un hogar mediterráneo;
y me dejo cegar por el brillo solar de la memoria
mientras mi cuerpo entero se quema en un chispazo.

Ahora infantiles yemas te descubren, y entre las llamas muertas
rescato el viejo yugo, los utensilios viejos y las viejas guirnaldas
del buey, de la cebada y de la Pascua de Resurrección.
Es mi turno, no el tuyo. Te levanto en mis palmas
como se exponen los recién nacidos
a las nubes plomizas, irritadas
como vacas repletas que atronan el establo
los campos secos, el pozo, la uva amarga.

Pero tú, hecha una niña, también tientas las ubres, y arqueada
jadeas entre brasas; es mi turno y tú danzas
resonando perpleja y sonriente,
átomo, brizna, astilla de una combustión
que no puedo pensar sin sentirme infinito.

Tus yemas y tu sonrisa atónita me invitan al incendio…
pero me venden luego por la espalda como cosa fútil,
como ese azar minúsculo, gratuito
que te alcanza las nubes y se empeña en durar.

Y mientras tú contratas con terribles clientes
a los que yo sólo conozco por el nombre,
y cuyas sombras, mantos, miradas esquinadas,
me hacen alzar la sábana aterrado;
hundido al fin, hundido,
olvidado por fin, perdido y solo, cobijado en mí mismo,
puedo gritar, gritar hasta romper el techo y por la grieta ver
la esplendorosa faz sin ojos y sin boca
que me agarra del cuello y me disuelve en risas,
fuego de azufre, espanto y aroma de castaños.

sábado, 11 de mayo de 2013

La mancha del amor (por William Carlos Williams)


¿Qué tengo para decirte
cuando nos encontremos?
Sin embargo
estoy aquí pensando en ti.

La mancha del amor
se extiende sobre el mundo.
Amarilla, amarilla, amarilla,
devora entre las hojas,
unta de azafrán las ramas enastadas que se inclinan
pesadamente
contra un cielo blando y violáceo.

No hay luz,
sólo una mancha espesa como miel
goteando de hoja en hoja
y de rama en rama
adentrándose en los colores
del mundo entero.

Estoy solo.
El peso del amor
me sostuvo
hasta que mi cabeza
dio contra el cielo.

Mírame.
Mi pelo chorrea néctar,
los tordos se lo llevan
sobre sus alas negras.
Mira, mis brazos y
mis manos por fin están
sin hacer nada.

¿Cómo puedo decir
si voy a volver a amarte como ahora
alguna vez?

viernes, 10 de mayo de 2013

De plantas (por Ana Blandiana)


Yo creo que somos un pueblo de plantas.
De otra manera, ¿de dónde sacamos la calma
con que esperamos ser deshojados?
¿De dónde el valor
para empezar a deslizarnos en un tobogán de sueños
tan cerca de la muerte,
con la certeza de que podremos
nacer de nuevo?
Yo creo que somos un pueblo de plantas:
¿Quién ha visto
a un árbol rebelándose?

jueves, 9 de mayo de 2013

Loca, desnuda noche de estío (por Walt Whitman)


Cíñete a mí, noche del seno desnudo; cíñete a mí, noche ardiente y nutricia.
Noche de vientos del sur, noche de grandes y pocos luceros,
tú, que en la paz cabeceas, loca, desnuda noche de estío.
Voluptuosa sonríe, ¡oh, tierra de fresco aliento!
Tierra de árboles adormilados y líquidos,
tierra ya sin luz del ocaso, tierra de montes con cumbre de niebla,
tierra donde derrama cristales el plenilunio azulado,
tierra con manchas de luz y de sombra en las aguas del río,
tierra de límpido gris y de nubes que para mí son
más vivas y claras,
tierra de abrazo anchuroso, tierra ataviada con flor de manzano,
sonríe ya, que tu amante se acerca.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Aprende a amar (por Maram Al-Masri)



I

Ella llegaba hasta él

para ofrecerle

los poros de su piel

y las yemas de sus dedos

adornados con cerezas

que comía con avidez.



Y se marchaba

con la cesta de su corazón

vacía.


II


Bendíceme libre

y soporta

mis negativas.

Acércate cuando

te invite,

y cuando

te descuide,

aprende a esperarme.

Acéptame siendo de otro

y aprende a amar.


III


No se avergonzaba ante ella

por su vieja ropa interior de algodón

y sus calcetines agujereados.

Ante ella

se desnuda

como se desnudan

las urgencias del amor,

para descender

como un rey

sobre su cuerpo.

martes, 7 de mayo de 2013

La alegría de perderte (por Álvaro Tato)

Que haya viento a favor.

Que mires atrás una sola vez
para saber que aún no te persigues.

Que encuentres la alegría de perderte,
la certeza fugaz de no estar muerto,
alguien que te acompañe
y cosas que sucedan.

Que sigas. Que te pares.
Que nunca des contigo.

Y que tu patria sea ese lugar
al que no llegarás.



lunes, 6 de mayo de 2013

Una sábana azul (por Clara Janés)

Desplegó una sábana azul
que abarcaba los ocho cielos
salpicados del oro de los astros
y me envolvió, y a sí mismo, en ella.
Y como el entero firmamento
me abrazó...
...Y se adentró en mi vida,
y en aquella noche
la deshojó hasta la tersura del alba.
Con el tacto del más leve pétalo
se dobló su cabeza en mi cuello,
sus bucles negros
emitían un aroma de abismo.

domingo, 5 de mayo de 2013

Sus vidas desperdiciadas (por Charles Bukowski)


Siempre nos piden que entendamos
el punto de vista de los otros
sin importar si es anticuado,
necio,
nauseabundo.

A uno le piden
que entienda
amablemente
todos los errores de los otros,
sus vidas desperdiciadas,
sobre todo si son de edad longeva.

Pero su edad es lo único
en lo que nos fijamos.
Han envejecido mal
porque han vivido sin enfoque,
se han negado a ver.
¿Que no es culpa suya?

Se me pide que oculte
mi opinión ante ellos
por miedo a su miedo.

La edad no es un crimen
pero la vergüenza de una vida
deliberadamente desperdiciada
entre tantas vidas
deliberadamente desperdiciadas

sí lo es.

sábado, 4 de mayo de 2013

Tan sólo ese momento (por Francisco Brines)


¿Y qué es lo que quedó de aquel viejo verano
en las costas de Grecia?
¿Qué resta en mí del único verano de mi vida?
Si pudiera elegir de todo lo vivido
algún lugar, y el tiempo que lo ata,
su milagrosa compañía me arrastra allí,
en donde ser feliz era la natural razón de estar con vida.

Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia;
no queda ya el recuerdo de días sucesivos
en esta sucesión mediocre de los años.
Hoy vivo esta carencia,
y apuro del engaño algún rescate
que me permita aún mirar el mundo
con amor necesario;
y así saberme digno del sueño de la vida.

De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha,
saqueo avaramente
siempre una misma imagen:
sus cabellos movidos por el aire,
y la mirada fija dentro del mar.
Tan sólo ese momento indiferente.
Sellada en él, la vida.

viernes, 3 de mayo de 2013

Con quién habla (por Floridor Pérez)

He visto a un hombre arrodillarse sobre un prado.
Jardinero que riega una flor subterránea,
no lleva regadera ni agua le falta
como si fluyera de su propio ser.
Estoy cerca de él, pero él
está lejos de todos y de todo.

Y sin embargo habla ¿con quién habla
este hombre que no habla con nadie?
Habla con alguien que fue él
y ahora sólo es parte de él y de la tierra:
lo increpa, ruega, lo maldice,
le golpea la cabeza con un por qué:
¿por qué / por qué / por qué / por qué?

Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe
qué decirle a ese hombre que una tarde
-domingo en Concepción- riega su hija
en un parque, y le deja una flor
y un caballito blanco de juguete
para que vuelva a casa por la noche:

caballito blanco
llévame de aquí
llévame a la cuna
donde yo nací.


Y de noche la sueña: y en sueños se levanta
y la cubre, porque llueve en el sur
-ay, cómo llueve en su lecho de trébol-
y yo sueño con él, lo sueño niño
y en sueños se hace hombre
y se arrodilla sobre un prado,
se dobla como un herido a bala
pero no cae, se levanta
-con todo el peso del dolor se levanta-
y en sueños le pregunto ¿cómo? ¿cómo?

Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe.

jueves, 2 de mayo de 2013

En dos (por Juan Ramón Jiménez)



¡Cómo, cantando, el pájaro,

en la cima de luz del chopo verde

al sol alegre de la tarde clara,

me parte el alma, a gusto, inmensamente en dos

-¡y qué sangre de música chorrea!-,

desde el cénit sin vuelta

a la tierra sin fondo!

miércoles, 1 de mayo de 2013

Malos (por Saiz de Marco)

Cuando eras niña tu lengua era sabia,
pero al crecer se fue deteriorando.

Vinieron "tramposo",
"especulador",
"déspota",
"xenófobo",
"esclavista"...

Vinieron voces oscurecedoras:
palabras torcidas, oblicuas, curvas.

Pero al principio sólo tenías "malo":

A la que hacía el mal la llamabas MALA.
Al que hacía sufrir le llamabas MALO.

Les llamabas por su nombre genuino:
su nombre de verdad,
su llano nombre.

Hablabas de ellos como debía ser.

martes, 30 de abril de 2013

En ellas (por Maram Al-Masri)


me disuelvo en las mujeres
desaparezco para ser
cada una de ellas

veo mi mirada en ésta
mi risa
en los labios de aquélla
mis lágrimas
asoman a sus ojos
y por sus cuerpos
circula mi alma

se parecen a mí y yo a ellas
en ellas me reconozco
en ellas
me completo
y me divido

lunes, 29 de abril de 2013

Otro silencio (por Octavio Paz)



Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:


desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

domingo, 28 de abril de 2013

No te abandonarán (por Joan Margarit)


No tires las cartas de Amor
ellas no te abandonarán
el tiempo pasará, se borrará el deseo
-esa flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo
caerán los años. Te cansarán los libros
descenderás aún más
e incluso, perderás la poesía.

El ruido frío de la ciudad en los vidrios
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

sábado, 27 de abril de 2013

Miré hacia atrás (por Wislawa Szymborska)


Dicen que miró hacia atrás por curiosidad.
Pero yo podría haber tenido otras razones aparte de la curiosidad.
Miré hacia atrás por pena de una fuente de plata.
Por distracción mientras me ataba el cordón de mi sandalia.
Para evitar seguir mirando el justo cuello
de Lot, mi esposo.
Por una repentina certidumbre de que si yo hubiera muerto
él ni siquiera habría atenuado su marcha.
Por la desobediencia de los humildes.
Alerta a la persecución.
Repentinamente serena, esperanzada de que Dios hubiera cambiado de parecer.
Nuestras dos hijas ya estaban casi en la cima de la colina.
Sentí la ancianidad dentro de mí. Lejanía.
La futilidad de nuestro vagar. Somnolencia.
Miré hacia atrás mientras dejaba mi atado en el suelo.
Miré hacia atrás por miedo de dónde poner a continuación mi pie.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratas de campo y buitres jóvenes.
Entonces no había justos ni malvados -simplemente todas las criaturas vivientes
reptaban y saltaban en medio de un pánico común.
Miré hacia atrás por soledad.
Por vergüenza de que estaba huyendo.
Por un deseo de gritar, de volver.
Justo cuando una súbita ráfaga de viento
me deshizo el peinado y me levantó mis vestidos.
Tuve la impresión de que lo estaban viendo todo desde las murallas de Sodoma
y estallaban en risas sonoras de vez en cuando.
Miré hacia atrás por rabia
para gozar de su gran ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones que he mencionado.
Miré hacia atrás a pesar de mí misma.
Fue sólo una roca que se desprendió, resonando bajo los pies.
Una repentina grieta que cortó mi camino.
Al borde un hámster correteó parado en sus patas traseras.
Fue entonces que miramos los dos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
repté y gateé hacia arriba,
hasta que la oscuridad me aplastó desde el cielo,
y con ella, grava ardiente y pájaros muertos.
Por falta de aliento me balanceaba repetidamente.
Si alguien me hubiera visto podría haber pensado que estaba bailando.
No es descartable que mis ojos hayan estado abiertos.
Puede ser que cayera con mi cara vuelta hacia la ciudad.
 

viernes, 26 de abril de 2013

Las palabras borradas (por Francisco Brines)


En las horas de amortiguada luz, y música,
en las alegres noches de nuestra juventud,
velamos hasta que el alba llega,
y en el humo se quedan las palabras
que la sombra golpea,
las palabras borradas que fueron nuestra vida.

Hace tiempo que callo,
y son tristes las noches de nuestra juventud,
y el alba llega muerta.
Rodeado de frío vuelvo a la hostil ciudad,
y el clandestino amor me despide furtivo
desde las rotas sombras de los descampados,
y el día se alza lívido
como si sólo un muerto lo hubiese de habitar.

Con el recuerdo sólo de tu vida, porque fuiste mi vida,
qué abandonado estoy.
¿Y a quién le contaré lo que ahora siento?

jueves, 25 de abril de 2013

El más grande de todos los mundos (por Walt Whitman)

¿Quién va allí?
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¿quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?

Cuanto yo señale como mío,
debes tú señalarlo como tuyo,
porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es más que cieno y podredumbre,
no me puedo parar a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como me da la gana.

¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?

Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.

Soy fuerte y sano.
Por mí fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mí.
Y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.

Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy más orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)

Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el más grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tú llamas disolución
porque conozco la amplitud del tiempo.

miércoles, 24 de abril de 2013

El puro no (por Oliverio Girondo)


El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan
noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unísolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no

martes, 23 de abril de 2013

Por eso no gritáis (por Pier Paolo Pasolini)

Si no se grita viva la libertad
humildemente
no se grita viva la libertad.
Si no se grita viva la libertad
riendo
no se grita viva la libertad.
Si no se grita viva la libertad
con amor
no se grita viva la libertad.
Vosotros, hijos de los hijos
gritáis con desprecio
con rabia, con odio
viva la libertad.
Por eso no gritáis
viva la libertad.

lunes, 22 de abril de 2013

He aquí el camino (por Ko Un)

De ahora en adelante, esperanza.
Me falta el aliento,
de ahora en adelante, esperanza.
Si no hay camino
lo construyo mientras lo hago.
De ahora en adelante, historia.
Historia no como pasado,
sino como todo lo que es.
Del futuro, de sus peligros
en mi vida presente,
hasta lo desconocido que viene
y la oscuridad que viene.
Oscuridad
es solo ausencia de luz.
De ahora en adelante, esperanza.
El camino no existe.
Por esto lo construyo mientras lo hago.
He aquí el camino.
He aquí el camino,
y lleva siempre consigo, impecable,
numerosos mañanas.

domingo, 21 de abril de 2013

Casi juicio final (por Jorge Luis Borges)

Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: clara luna volvedora y las mejillas que apetece el amor.
He conmemorado con versos las ciudad que me ciñe y los arrabales que me desgarran.
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mis sueños he exaltado y cantado.
He sido y soy.
He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado en ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón.
Como el caballo muerto que la marea inflige en la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si

esta gran luna de mi soledad me perdona?

sábado, 20 de abril de 2013

Incluso nuestros límites (por Adrienne Rich)


Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

viernes, 19 de abril de 2013

Dueños por un instante (por Juan Ramón Jiménez)


El olor de una flor nos hace dueños

por un instante del destino;

el sol del cielo azul que, por la tarde,

la puerta que se entreabre deja entrar;

el presentir una alegría justa;

un pájaro que viene a la ventana;

un momento de algo inesperado...



No hay en la soledad y en el silencio

más que nosotros tres:

visita, hombre, misterio.



El tiempo y los recuerdos

no son nudos de atajos

sino de aire y luz. Andamos sonriendo

sobre el tranquilo mar.

La casa es dulce,

bellas sus vistas...

Y un instante

reinamos ¡pobres! sobre nuestra vida.

jueves, 18 de abril de 2013

Para abarcarlo (por Saiz de Marco)


Para ser consciente de que te tengo conmigo,

para de par en par felicitarme por ello,

para abarcarlo en su exacta grandeza,

para plenamente agradecerlo y valorarlo...,

necesito recordar cuando no te tenía,

necesito imaginar cuando no te tendré.

miércoles, 17 de abril de 2013

El don de la ternura (por Raymond Carver)


Tarde en la noche. Comenzó a nevar.
Los copos húmedos caían
más allá del cristal de las ventanas,
surcando el aire frío
ocultaban el resplandor de la ciudad.
Observamos un rato la tormenta
sorprendidos, felices, satisfechos
de estar allí y no en otro sitio.
Puse un leño en el hogar,
me pediste que regulara
el tiro de la chimenea.
Nos metimos en la cama.
Cerré mis ojos, de inmediato,
pero
por razones que desconozco
antes de dormirme
el aeropuerto de Buenos Aires
atravesó mi memoria.
Recordé esa tarde,
la temprana oscuridad, las sombras.
Reconstruí la escena:
regresé a ese paisaje desolado
donde flotaba un silencio sepulcral
interrumpido únicamente por el rugido
de las turbinas del avión que carreteaba
lentamente bajo una lluvia de granizo,
tan fino que lo confundimos con nieve.
En las ventanas de los edificios no había luz.
Un lugar realmente solitario.
Sólo pasillos abandonados, hangares vacíos.
No vimos a una sola persona.
"Es como si todo estuviera de luto",
fue tu comentario.

Abrí mis ojos.
El ritmo de tu respiración
me dijo que estabas profundamente dormida.
Te cubrí el cuerpo con uno de mis brazos.
Mis evocaciones
me trasladaron de la Argentina
a un departamento en el que pasé
un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
No nieva en esa ciudad,
pero el departamento disponía
de un amplio ventanal desde donde
podríamos haber mirado por horas
la autopista que rodea la bahía.
La heladera estaba al lado de la cama.
Las noches calurosas, sofocantes,
cuando me despertaba con la garganta seca
sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
y dejarme guiar por la luz interior
hasta el botellón con agua refrescante.
En el baño un pequeño calentador eléctrico
descansaba cerca del lavatorio.
Todas las mañanas mientras me afeitaba
calentaba agua en una vieja sartén,
el frasco de café instantáneo,
siempre a mano, en el botiquín.

Un mañana me senté en la cama
vestido, recién afeitado,
bebiendo sorbos de café caliente
intentando olvidar planes,
proyectos, todas esas cosas
que había decidido realizar.
Finalmente marqué el número
de Jim Houston que vive en Santa Cruz,
le pedí prestados 75 dólares.
Me contestó que estaba sin fondos.
Su mujer había viajado a México
por unos días y él ya no tenía dinero,
no llegaba a fin de mes.
"Está bien", le dije. "Te entiendo".
Y así era,
no necesité explicaciones.
Hablamos un poco más y cortamos.
Terminé el café cuando el avión
comenzaba a elevarse en mi recuerdo
y yo desde la ventanilla miraba
por última vez las luces de Buenos Aires.
Después cerré los ojos
iniciando el largo regreso.

Esta mañana hay nieve por todos lados.
Hablamos sobre la tormenta.
Me comentas que no dormiste bien.
Te digo que yo tampoco.
Tuviste una noche terrible. "Yo también".
Estamos tranquilos el uno con el otro,
nos asistimos tiernamente
como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
las mutuas inseguridades.
Creemos adivinar los sentimientos del otro,
no podemos, por supuesto, nunca podremos.
No tiene importancia.
En realidad es la ternura la que me interesa.
Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
esta mañana, igual que todas las mañanas.

martes, 16 de abril de 2013

Y al contrario (por Paul Valéry)


El más escéptico de todos
es el Tiempo,
que con los Noes hace Síes
y con el odio amor
y al contrario.
Y si el río no remonta a su fuente,
y si la manzana caída no salta
y se reúne a su rama
es porque te falta paciencia para creerlo.

lunes, 15 de abril de 2013

Lamento por la tórtola de Butch Butchanam (por Juan Gelman)


el pobre butch butchanam pasó sus últimos años
cuidando a una tórtola ciega y sin querer ver a nadie
en solidaridad con el pájaro al que amaba y cuidaba
y a veces aleteaba en su hombro dejando caer
un dulce sonido a naranjos azules girando por el cielo
a demonios de pie sobre un ratón
a monos de piedra sorprendidos en el acto de hacer

"oh tórtola" decía butch butchanam "amas la ceguera
y yo convertí mi corazón en ceguera
para que vueles alrededor de él y te quedes"
pero lo que debe desaparecer
todo lo que se masca come chupa bebe o saborea
venía con el crepúsculo y tristeza para butch
tristeza para butch

el cual:
soñaba con el desierto sembrado de calaveras de vaca
los castillos de arena instantánea o polvo rápidamente quieto en tierra
los oleajes (como de serpiente) del tiempo en Melody Spring
y los antepasados que ya no conocían la muerte ni el dolor de la muerte
y hablaban un idioma lento amarillo feliz
como un lazo de oro al cuello

noches y noches soñó butch butchanam
hasta que supo que iba a morir
enfiló su cama hacia el sur y se acostó de espaldas al cielo
y dejó escrito en la tórtola que lo enterraran de espaldas al cielo
y aquí yace de espaldas al cielo mirando todo lo que baja y sube
en Melody pueblo de miserables que:

degollaron la tórtola la asaron se la comieron
y comprobaron con cristiano horror
que los miraba desde el plato
con el recuerdo de sus ojos

domingo, 14 de abril de 2013

Quieren leerme (por Aazam Abidov)


Visto un traje
Largo
De la cabeza hasta los pies
Está hecho de letras árabes
De hilo hecho de algodón y piedra
El hilo es dorado
El algodón y la piedra tienen la forma
de letras árabes
La gente quiere leerme
Lo intentan.
Algunas veces son las letras de algodón
las que tocan sus ojos
Otras, son las de piedra
Ellos quieren leerme
Ellos quieren leer al que nunca supo leerse a sí mismo 

sábado, 13 de abril de 2013

La sombra se amontona (por Luigi Martellini)


Es triste en verano
echar la mirada en la oscuridad
descubrir afectos escondidos en callejas antiguas.
También aquí el cielo nos mira,
es inútil
inventar esquemas cerrados
cuando se es viejo desde siempre.

La sombra se amontona
envuelve piedras relucientes y sucias
defiende a quien duerme.
(El sereno que llega,
levanta sospechoso la mirada
moviendo su gorra:
"Hace calor esta noche, señor"
"Sí, hace calor")

Que pase aquel tiempo

Es triste asomarse solo
y casi descubrirse feliz
en un día
en que no hay vida.

Es así.

viernes, 12 de abril de 2013

Abril que vuelves (por Juan Ramón Jiménez)

¡Abril!, solo, desnudo,
caballo blanco mío de mi dicha.

Llegó rompiendo, llenos de rocío,
los rosales; metiéndose, despedregando
los pesados torrentes; levantando,
ciclón de luz, los pájaros alegres.

Tu jadeo, tu espuma, tu sudor
me parece que vienen de otra vida...
¡Ven aquí, ven aquí, caballo mío;
abril, abril que vuelves,
caballo blanco
de mi amor perdido!

Mis ojos le acarician, apretándole,
la frente blanca cual la luna,
con su diamante negro de carbón.

Abril, abril, ¿y tu jinete bello?
¡Mi pobre amor, abril, mi pobre amor!

jueves, 11 de abril de 2013

Conversación con una piedra (por Wislawa Szymborska)

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.

-Vete -dice la piedra-.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.
Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.
Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,
acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.

miércoles, 10 de abril de 2013

Cuando el amigo llega (por Ernesto Pentón)


Cuando el amigo viene y llega lentamente
y oímos el susurro de sus pasos de olas de mar,
avanzando, avanzando por los senderos del alma,
alguien que recorre el tiempo en un instante,
alguien que viene desde adentro con una flor en la mano.
Cuando el amigo avanza como un huracán de silencio,
cuando el amigo llega...
el corazón, en un temblor, se abre
y allí se sienta el hombre
y el amigo.


martes, 9 de abril de 2013

Una totalidad (por Wallace Stevens)


Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto
en el que descansamos y, casi por nada, pensamos
que el mundo imaginado es el bien esencial.

Ésta es, por tanto, la más intensa cita.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa:

Dentro de una sola cosa, una sola manta
que nos abriga bien, pues somos pobres, un calor,
una luz, un poder, la milagrosa influencia.

Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros.
Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
un conocer, lo que arregló la cita,

dentro de su vital circunscripción, en la mente.
Decimos: Dios y la imaginación son uno.
La candela más alta, que alta ilumina lo oscuro…

Y fuera de esta luz, de esta mente central,
hacemos nuestra casa en el aire nocturno,
donde estar los dos juntos es lo suficiente.

lunes, 8 de abril de 2013

Su canción (por Tolba Phanem)


Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada,
se interna en la selva con otras mujeres 

y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño.

Saben que cada alma tiene su propia vibración 

que expresa su particularidad, unicidad y propósito.

Las mujeres entonan esta canción y la cantan en voz alta. 

Luego regresan a la tribu y se la enseñan a los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le canta su canción.
Luego, cuando el niño comienza su educación, 

el pueblo se junta y le canta su canción. 
Cuando se inicia como adulto la gente se junta nuevamente y canta su canción.

Cuando llega el momento de su casamiento, 

la persona escucha su canción. 
Finalmente cuando el alma va a irse de este mundo, 
la familia y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento, 
le cantan su canción, 
para acompañarlo en su transición.

En esta tribu de África hay otra ocasión en que los pobladores
cantan la canción. 

Si en algún momento de su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, 
lo llevan al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. 
Entonces… le cantan su canción.

La tribu reconoce que la corrección de las conductas antisociales no es el castigo; 

es el amor y el recuerdo de la propia identidad. 
Cuando reconocemos nuestra propia canción 
ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pueda dañar a otros. 
Tus amigos reconocen tu canción 
y la cantan cuando la olvidaste.

Aquellos que te aman no pueden ser engañados 

por los errores que cometes ni por las oscuras imágenes que muestras a los demás. 
Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; 
tu totalidad cuando estás quebrado; 
tu inocencia cuando te sientes culpable; 
y tu propósito cuando estás confundido.

domingo, 7 de abril de 2013

Rodó (por Luis Rogelio Nogueras)

Un botón
ha caído
de mi camisa
rodó
por el suelo
bajo el armario

Un obrero
ha caído
desde un andamio
rodó por
la calle
bajo los autos
todo
en
el
mismo
maldito
minuto

sábado, 6 de abril de 2013

Hay una pausa en la obra de la nada (por Julio Cortázar)


¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges, y arriba está la noche
llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva, hacia muertes de césped,
hacia puertos que se abren entre sábanas.
...Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada,
pero ellos ni siquiera saben que, mientras ruedan en su amarga arena,
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita y les impone los deberes cotidianos.

viernes, 5 de abril de 2013

Sólo nosotros (por Fernando Pessoa)


La abeja que, volando, zumba sobre
la colorida flor, y se posa, casi
sin diferencia de ella
a la vista de quien no discierne,
no cambió desde Cécrope. Sólo quien vive
una vida con un ser que se conoce
envejece, distinto
de la especie en que vive.

Ella es la misma que otra que no es ella.
Sólo nosotros — ¡oh tiempo, oh alma, oh vida, oh muerte! —
mortalmente compramos
tener más vida que la vida.

jueves, 4 de abril de 2013

Un mapa (por Adrienne Rich)


He aquí un mapa de nuestro país:
aquí está el Mar de la Indiferencia, barnizado de sal
Éste es el río maléfico que fluye de la frente a la ingle
agua que no nos atrevemos a probar
Éste es el desierto en el que se han plantado misiles como bulbos
Éste es el granero de las granjas hipotecadas
Éste es el lugar donde nació el chico rockero
Éste es el cementerio de los pobres
que murieron por la democracia Éste es el campo de batalla
de una guerra del siglo diecinueve el sepulcro es famoso:
Ésta es la ciudad marina de mito e historia cuando las flotas pesqueras se arruinaron
aquí es donde había trabajo en el muelle
congelando pescado en trozos paga por horas sin dividendos
Éstos son otros campos de batalla Centralia Detroit
aquí están los bosques primitivos los filones de cobre de plata
Éstos son los suburbios del consentimiento el silencio se eleva como el humo de las calles
Ésta es la capital del dinero y del dolor; sus pináculos
estallan en el aire caliente, sus puentes se desmoronan
sus hijos van a la deriva por ciegos callejones confinados
entre alambres de espinas enrollados
Prometí mostrarte un mapa y dices pero esto es un mural
entonces bien, déjalo estar son pequeñas diferencias
la cuestión es desde dónde lo miramos

miércoles, 3 de abril de 2013

El centinela (por Jorge Luis Borges)

Entra la luz y me recuerdo; ahí está.
Empieza por decirme su nombre, que es (ya se entiende) el mío.
Vuelvo a la esclavitud que ha durado más de siete veces diez años.
Me impone su memoria.
Me impone las miserias de cada día, la condición humana.
Soy su viejo enfermero; me obliga a que le lave los pies.
Me acecha en los espejos, en la caoba, en los cristales de las tiendas.
Una u otra mujer lo ha rechazado y debo compartir su congoja.
Me dicta ahora este poema, que no me gusta.
Me exige el nebuloso aprendizaje del terco anglosajón.
Me ha convertido al culto idolátrico de militares muertos, con los que acaso no podría cambiar una sola palabra.
En el último tramo de la escalera siento que está a mi lado.
Está en mis pasos, en mi voz.
Minuciosamente lo odio.
Advierto con fruición que casi no ve.
Estoy en una celda circular y el infinito muro se estrecha.
Ninguno de los dos engaña al otro, pero los dos mentimos.
Nos conocemos demasiado, inseparable hermano.
Bebes el agua de mi copa y devoras mi pan.
La puerta del suicida está abierta, pero los teólogos afirman
que en la sombra ulterior del otro reino estaré yo, esperándome.

martes, 2 de abril de 2013

Hasta encontrarnos (por Juan Ramón Jiménez)



Yo, centro de mi mundo inmenso.

Tú, de tu inmenso mundo

centro.

¡Qué inmenso penetrarse

de tantas cosas dobles y distintas

hasta encontrarnos ambos, como uno,

en medio de los dos!

lunes, 1 de abril de 2013

Ser un instante (por Rafael Guillén)


La certidumbre llega como un deslumbramiento.
Se existe por instantes de luz. O de tiniebla.
Lo demás son las horas, los telones de fondo,
el gris para el contraste. Lo demás es la nada.

Es un momento. El cuerpo se deshabita y deja
de ser la transparencia con que se ve a sí mismo.
Se incorpora a las cosas; se hace materia ajena
y podemos sentirlo desde un lugar remoto.

Yo recuerdo un instante en que París caía
sobre mí con el peso de una estrella apagada.
Recuerdo aquella lluvia total. París es triste.
Todo lo bello es triste mientras exista el tiempo.

Vivir es detenerse con el pie levantado,
es perder un peldaño, es ganar un segundo.
Cuando se mira un río pasar, no se ve el agua.
Vivir es ver el agua; detener su relieve.

Mi vagar se acodaba sobre el pretil de hierro
del Pont des Arts. De súbito, centelleó la vida.
Sobre el Sena llovía y el agua, acribillada,
se hizo piedra, ceniza de endurecida lava.

Nada altera su orden. Es tan sólo un latido
del ser que, por sorpresa, llega a ser perceptible.
Y se siente por dentro lo compacto del hierro,
y somos la mirada misma que nos traspasa.

La lucidez elige momentos imprevistos.
Como cuando en la sala de proyección, un fallo
interrumpe la acción, deja una foto fija.
Al pronto el ritmo sigue. Y sigue el hundimiento.

La pesada silueta del Louvre no se cuadraba
en el espacio. Estaba instalada en alguna
parte de mí, era un trozo de esa total conciencia
que hendía con su rayo la certeza absoluta.

Ser un instante. Verse inmerso entre otras cosas
que son. Después no hay nada. Después el universo
prosigue en el vacío su muerte giratoria.
Pero por un momento se detiene, viviendo.

Recuerdo que llovía sobre París. Los árboles
también eran eternos a la orilla. Al segundo,
las aguas reanudaron su curso y yo, de nuevo,
las miraba sin verlas, perderse bajo el puente.

domingo, 31 de marzo de 2013

Fluyendo hacia el instante (por Flor Alba)

Ascendente marea creciendo en lenta fiebre
los amantes se buscan y enlazan dulcemente,
como árboles que avanzan,
cumpliendo su destino de incendiada epidermis.
De pie son dos espadas que luchan tercamente
por distraer la muerte,
tendidos son dos ríos fluyendo hacia el instante
que anula la sellada consigna del olvido.

Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre,
su vida recobrada en húmedas batallas
y las pequeñas muertes en cada despedida.

sábado, 30 de marzo de 2013

Vienes (por José Mármol)


Llegas sin por qué, así no más,

como suelen ocurrir los accidentes.

Llegas y te instalas en mi plexo

una hierba silvestre, un frágil de amarillo,

un surtidor de augurios en vacaciones muertas.

Tu llegada es señal de victorias y derrotas,

indeciso acontecer de inequívocos fracasos.

Vienes de mares desbordados y monstruos de neblina.

Vienes del centro de la noche y sus caminos ciegos.

De la nada vienes, la ruta más precisa del hastío al furor.

De todas partes vienes, porque sí, por un tal vez,

por lo inesperado del destino y sus conciertos.

Llegas sin por qué ni para qué, así no más,

como suelen llegar los accidentes.

De inadvertida te disfrazas, con harapos de ti misma.

Llegas sin venir, como las premoniciones.

Llegas y no estás y no te has ido y nunca más por siempre y para qué.

viernes, 29 de marzo de 2013

Golpes en la puerta (por Maram Al-Masri)


Soy la ladrona de los caramelos,
ante tu tienda
mis dedos se quedaron pegados,
y no conseguí
llevarme ninguno a
la boca.


*

Qué estupidez
al mínimo roce,
mi corazón se abre.

*

Golpes en la puerta.
¿Quién es?
Escondo el polvo de mi soledad
bajo la alfombra,
compongo mi sonrisa,
y abro.

*

Entran en nuestra vida
como arroyuelos;
y de repente
nos ahogamos en ellos,
y ya no sabemos
quién nos dio
el agua o la sal,
ni quién
dejó en nosotros
esta amargura.

*

Ella me abre
sus amplias puertas.
Me llama
y me empuja a abalanzarme,
libre,
hacia su espacio,
y como un pájaro
ante la puerta abierta de su jaula
no me atrevo.

*

Arden en llamas los árboles
al tocarlos
con mis dedos.

*

La anudo
entre la mandíbula y el paladar
con un pañuelo blanco
que aprieto en mi nuca,
como a los muertos
como a los prisioneros
para que, la palabra,
no estalle.

*

Esperaré
a que duerman los niños,
para dejar
que el cadáver
de mi fracaso
flote en la superficie.

*

Como me pediste
lavé los platos
fregué el suelo
limpié los cristales
planché las camisas
y leí a Dostoievski.


El malicioso tiempo que
normalmente vuela estando contigo
tic tac
tic tac
comenzó a caminar
*

Mi alegría y yo
esperamos
el aleteo de tus pasos.

*

Maté a mi padre
aquella noche
o aquel día
ya no lo sé,
huyendo con una sola maleta
que llené de sueños sin memoria,
y una fotografía
mía con él
de cuando era pequeña
y me llevaba en brazos.

Enterré a mi padre
en una hermosa caracola
en un profundo océano,
pero me encontró
escondida bajo la cama
temblando de miedo
y de soledad.

jueves, 28 de marzo de 2013

Y tú estarás al fondo (por Susana March)


Me dolerás todavía muchas veces.
Iré apartando sueños
y tú estarás al fondo de todos mis paisajes.
Tú con tu misterio
y tu extraña victoria.
Amor, ¿quién te ha dado esa fuerza de pájaro,
esa libre arrogancia
de mirar las estrellas por encima del hombro?
¿Quién eres que destruyes
mi corazón y puedo, sin embargo, existir?
¿Se vive en la muerte? ¿Se vive
con el alma en desorden y la carne
desmoronándose en el vacío?
Nunca te tuve miedo
y, sin embargo, ahora te rehúyo
porque eres como un dios que me hace daño
cada vez que me mira.
Abandonaré todo lo que me estorba,
todo lo que dificulta la huida
y escaparé por la noche adelante,
temerosa de ti, temerosa
de esta grandeza que intuyo,
de este fulgor, de este cielo
que palpita en tus manos abiertas.
Me dolerás todavía muchas veces
y cada vez me extasiaré en mi daño.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Mi nombre (por José María Fonollosa)


Los nudillos golpean los cristales
de un bar en una esquina. Hasta mí arriba
mi nombre que me busca entre la lluvia.

Es grato oír el nombre que uno lleva.

Es grato descubrir que uno aún importa.
Que importa a sus amigos que le llaman
cuando pasa uno andando por la calle.

martes, 26 de marzo de 2013

Aproximaciones (por Alejandra Pizarnik)

abrazando tu sombra en un sueño
mis huesos se arqueaban como flores

*

los bordes de silencio de las cosas
lo callado que recorre la presencia de las cosas

*

estos ojos
sólo se abren
para evaluar la ausencia

*

quién me perdió
en el silencio fantasma de las palabras

*

pasos en la niebla
del jardín de lilas
el corazón regresa
a su negrura

*

quisiera vivir siempre
como algo olvidado en la mano de un muerto

*

Por qué escribo
Por qué sollozo en madrugada
Por qué de pronto este sabor a canto de cisne
esta espuma verde acumulada en la garganta

Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia
El espanto lo asemeja al mar
Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche

Por qué estas noches como un oasis para brujas
Por qué esta conjuración de ausencias
este secuestro de la hija del viento

Me rodea en la noche una logia exterminadora
te llamo y no vienes
te amo y no vienes

Por qué viniste como el relámpago
y me dejaste sola en lo devastado

Si escucharas mi rumor a celda minúscula
poblada de agonizantes
mi jadeo de asfixiada

Si de pronto me vieras en la orilla del despertar,
cantante enmudecida en la cima de su asombro
Si me vieras atada a tu rostro

*

Canciones ambiguas
de algún país arrasado por las lluvias
Canciones de campaneros
memorias de algún hombre que la noche amó

*

un pueblo de luz arderá en la sombra

*

Si un mar por una lira
ángeles furiosos ahogó en el viento

*

noche amada nunca como ahora
en que la pierdo
en lo incierto del día
que rompe lo que me une a mi vida

*

todos comprenden lo que nadie
nadie comprende lo que todos

*

no lejos del alba nace el día
visión de las últimas flores
la luz gira en mi rostro que esperaba
las nupcias de los cuatro elementos

*

siempre habrá el miedo de otras voces
el miedo de otras voces

*

es tarde para reconocer el sol
el sol está y mis ojos cantan
el sol está su primavera es negra
el sol está y es tarde

*

éste es mi invierno elegido
éste es mi deber ante la niebla y lo confuso

*

querer quedarse queriendo irse

*

El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado
como un lanzador de cuchillos
tatuando en la pared con temor y destreza
la desnudez inmóvil de la que ama.

Así, en lo oscuro, fragmentos de los que amé,
lúbricos rostros adolescentes,
entre ellos soy otro fantasma.

A veces, en la noche,
me dijeron que mi corazón no existe
pero yo escucho canciones ambiguas
de un país arrasado por las lluvias.

*

Lo que no te dieron.
Lo que no te dan.
Noviciado atroz.

*

así iba yo devorando tinieblas
una flor en mi mano de sonámbula
una sonrisa ajena pegada a mis labios
mi cuerpo desnudo como una palabra
mis deseos abrazados a su imagen

*

si solamente hicieran una hoguera en mis labios
para quemar las sílabas que no se unen

*

el gran pájaro de cuerpo de paja teclea el invisible piano de viento

*

La luz amontonándose inservible a espaldas del sol. Niebla en el pozo. Hacer dibujos en un viejo muro rosado.

*

pájaros polvorientos
con sangre vieja en las alas
flores de metal olvidadas
telarañas enamoradas del espacio
en donde vive el tiempo que pasa

*

se han ocultado
entre los sonidos de la noche

*

El jardín triangular
que oprimo en mi mano
chorrea flores de agua
Abejas de perfume azul
fosforecen como ojos enemigos
incrustados en mis huesos

*

soledad cerrada y dichosa
promesas de súbito cumplidas
como campanas en un amanecer helado

*

detrás de las formas sin consuelo
el día se abre como un canto doloroso
un alarido mágico formulado en el viento

*

Apenas remitida del cielo cerrada
en donde yo era sin color y sin forma
sólo una contemplada.
Apenas devuelta de crepúsculos
de playa sola, de corazón silenciosa.

*

Yo creo en los espejos

*

La noche canta amordazada
corazones incendiados
En la memoria de mi boca
me penetran vasos vacíos.

*

En la cavidad iluminada
en que este instante es perla pródiga
escucho el ronco abrirse de mi memoria
como una puerta al viento

*

Si morir es memoria cerrada

*

Yo trabajo el silencio
lo hago llama

*
I


Yo no canto, no celebro,
no bailo desnuda y ebria
sobre mi ataúd.
Pero yo le ruego al poema,
yo le pido la luna al poema.


II

He desatado el corazón de la lluvia

Antiguas baladas
alimentaron mi silencio.


III

El amor es este viaje inútil, pero muy suave,
al otro lado del espejo.

Tantas criaturas en mi sed y en mi vaso vacío.


IV

La niña que fui
ahora en mi memoria
entre mis muertos

De lágrimas se nutrirá mil años
De destierro el sonido de su voz

*

yo vi ese rostro partir la mañana
en dos noches iguales.
Mi cuerpo se pobló de muertos
y mi lengua de palabras crispadas,
ruinas de un canto olvidado.

*
Morir como muere un animal pequeño
en los cuentos para niños.

Eso tan terrible.
Lleno de hermosura.

*

Las cosas amarilleaban frente a mis ojos
recién venidos de un sueño de otoño.

*

Si la noche no es azul,
si el verano es una lenta plaga.

*

habla al gran espacio vacío
en donde corre una niña
que ya no reconoces

sólo deseo no tener nada con nada

*

Has dicho tantas palabras
que ya no te atreves a oírte llamar.

*

En mis huesos la noche tatuada.
La noche y la nada.

*

Escribes poemas
porque necesitas
un lugar
en donde sea lo que no es

*

El aire se eternizaba
En caras plateadas o coléricas

Se puede morir de presencias

*

Hay un rostro salvajemente asomado al día
que se abre en dos noches iguales.

¿Quién cantará al amor?
No yo.
Yo amo.

*

y finalmente

un himno sin desdicha
un sueño como una estrella

*

ebria del silencio
de los jardines abandonados
mi memoria se abre y se cierra
como una puerta al viento

*

Perdida en el silencio
de las palabras fantasmas.
Si vivir es memoria cerrada
quién me pierde
en el silencio fantasma
de las palabras

*

Zona de la visión perpetua.
Yo la atravesé en un misterioso gemido.

*

Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos
para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada.

*

En un lugar de temblores
manos oscilan enamoradas
en la dulzura de mi rostro
sobre tu oscuridad ardiente.

lunes, 25 de marzo de 2013

Lejos del silbido (por Dylan Thomas)

He deseado irme lejos
del silbido de la mentira gastada
y el incesante grito de los antiguos terrores
haciéndose más terribles mientras el día
camina sobre la loma hacia el insondable mar;
he deseado irme lejos
de las repeticiones de los saludos,
porque hay fantasmas en el aire
y ecos fantasmales en el papel,
y el trueno de llamadas y notas.

He deseado apartarme pero he sentido miedo;
alguna vida, aún no gastada, podría explotar
saliendo de la patraña antigua que arde sobre los campos,
y, restallando en el aire, dejarme medio ciego,
ni por el terror antiguo de la noche,
sombrero que se aparta del pelo,
labios en cucurucho sobre el receptor,
caeré yo ante el plumaje de la muerte;
por todo esto no me importaría morir,
a medias convención y a medias mentira.

domingo, 24 de marzo de 2013

El sol se partió (por Marosa Di Giorgio)

De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era un juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes. Al alcance
de las manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.

sábado, 23 de marzo de 2013

Te me fuiste (por Juan Ramón Jiménez)


¡Agua corriente eras
y te me fuiste de las manos!
¿En qué lecho de amor,
hecha cristal, te habrás parado,
corriendo sola dentro de ti misma
a tu propio mar solo, ardiente y mágico?

¡Oh fresco remolino,
que empieza, eterno, en ti, y acaba, eterno,
en ti, y prende lo que ansía
en su raudal cuajado!

viernes, 22 de marzo de 2013

¿Qué voy a cantar? (por León Felipe)


¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y le digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se le veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

jueves, 21 de marzo de 2013

Voy a verme (por Idea Vilariño)

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez -mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es Idea
y le sonreiré dándome ánimos

miércoles, 20 de marzo de 2013

Nave (por Saiz de Marco)


Tomó Noé una pareja de cada especie
y las fue subiendo al arca.

Y mientras subían,
iba diciéndoles:

Vamos a ir a otro sitio:
a vuestro sitio.

Allí no habréis de luchar por vivir.
No tendréis que pelear por comer.
No tendréis que matar ni ser matados.

¡Mis pobrecitos! ¡Cuánto habéis sufrido
bajo el rigor de las leyes vigentes
en la región de las hostilidades!

Donde iremos no hay hambre ni miedo.
Donde iremos no hay vejez ni dolor.
Donde iremos no hay pérdidas ni heridas.


Y cuando la nave por fin estuvo llena,
añadió:

Os llevo a vuestro verdadero sitio.

Porque la Tierra no es vuestro lugar.
Porque esta vida no se hizo para vosotros.
Porque aquí nunca fuisteis felices.

Porque también vosotros nacisteis desterrados,
exiliados en este lugar.

Y porque, en fin,
vuestro reino tampoco es de este mundo.

martes, 19 de marzo de 2013

Sólo porque me amaste (por Marias Polydouri)


No canto sino porque me amaste
en los años pasados.
Y ya con el sol, con presentimientos de verano,
ya con lluvia y con nieves,
no canto sino porque me amaste.
Sólo porque me tuviste entre tus brazos
una noche y en los labios me besaste,
sólo por eso soy hermosa como un lirio siempre abierto
y aún conservo un temblor en mi alma
sólo porque me tuviste entre tus brazos.
Sólo porque tus ojos me miraron
con el alma en la mirada,
orgullosa me adorné con la corona
más excelsa de mi existencia;
sólo porque tus ojos me miraron.
Sólo porque me amaste he nacido,
por esto se dio mi vida;
en el triste vivir no realizado
mi vida se cumplió.
Sólo porque me amaste he nacido.
Sólo porque tan bellamente me amaste
viví para multiplicar
mis sueños, amado mío, que como astro te pusiste.
Y así en tal dulzura muero
sólo porque tan bellamente me amaste.

lunes, 18 de marzo de 2013

Piérdete en ti (por Octavio Paz)

Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allá, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.
Hunde tu ser a oscuras,
anégate en tu piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho el fuego fatuo.
En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no se sabe quién dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
mar que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

domingo, 17 de marzo de 2013

Ha pasado (por Ángel González)



El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.

sábado, 16 de marzo de 2013

Pura lascivia (por Wislawa Szymborska)

No hay peor lujuria que pensar.
Es pura lascivia que se propaga como hierbajo anemófilo
por los parterres reservados a las margaritas.

Nada hay sagrado para quienes piensan.
Con descaro llaman a las cosas por su nombre,
elaboran análisis disipados y síntesis concupiscentes,
se entregan a la salvaje y libertina persecución de la verdad desnuda,
al toqueteo libidinoso de temas delicados,
al roce de opiniones. Y se quedan tan anchos.

A la luz del día o al abrigo de la noche,
se juntan en parejas, triángulos y círculos.
No importan sexo ni edad de los integrantes.
Les brillan los ojos, les arden las mejillas.
El amigo pervierte al amigo.
Hijas depravadas corrompen a sus padres.
El hermano celestinea con su hermana menor.

Les apetecen otros frutos,
los del árbol prohibido de la ciencia,
y no las nalgas rosadas de las revistas en color,
ni la pornografía al uso, ingenua en el fondo.
Les divierten los libros sin estampas,
con único interés: ciertas frases
subrayadas a uña o a lápiz rojo.

¡Qué espanto!¡En qué posturas,
y con qué escabrosa simplicidad
se deja una mente fecundar por otra!
No constan ni en el mismo Kamasutra.

En estas citas sólo el té está caliente.
La gente se sienta, mueve los labios.
Cruza las piernas, pero cada cual las propias.
Así, un pie descansa en el suelo,
y el otro, el libre, se columpia en el aire.
Sólo de vez en cuando alguien se levanta,
se acerca a la ventana
y por una rendija de la persiana
fisga la calle.

viernes, 15 de marzo de 2013

Perder (por Hans Magnus Enzensberger)


Perder el pelo, perder la calma,

¿me explico?, perder el tiempo,

librar una batalla perdida,

perder peso y esplendor, perdón, no importa,

perder puntos, déjame terminar de una vez,

perder la sangre, perder al padre y a la madre,

perder el corazón, hace tiempo perdido

en Heidelberg, y ahora otra vez,

sin parpadear, el encanto de la

novedad, olvídalo, perder los

derechos civiles, me doy cuenta,

perder la cabeza, por favor,

si no puede evitarse,

perder el Paraíso Perdido, y qué más,

el empleo, al Hijo Pródigo,

perder la cara, que le vaya bien,

dos Guerras Mundiales, una muela,

tres kilos de sobrepeso,

perder, perder, y volver a perder, hasta

las ilusiones perdidas hace tanto tiempo,

y qué, no desperdiciemos una palabra más

en la tarea perdida del amor, digo que no,

perder de vista la vista perdida,

la virginidad, qué lástima, las llaves,

qué lástima, perderse en la multitud,

perderse en las ideas, déjame terminar,

perder la mente, el último céntimo,

no importa, termino en un momento,

las causas perdidas, toda sensación de bochorno,

todo, golpe a golpe,

¡ay!, hasta el hilo del relato,

el carnet de conducir, las ganas.

jueves, 14 de marzo de 2013

De mi cuerpo (por Juan Ramón Jiménez)

Vivo olvidada
de mi cuerpo.
Cuando miro la aurora,
confusamente lo recuerdo bello,
cual si estuviera
fuera de mí y muy lejos.

Mas cuando tú me coges
me lo siento
todo,
duro, suave, dibujado, lleno,
y gozo de él en ti y en mí,
contigo, descubierto, en su secreto.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Un encuentro (por Wallace Stevens)



Llegó un día, hubo un día -un día en que un hombre
caminaba vivo entre las formas del pensamiento,
para ver su esplendor tal como es,

y en armonioso prodigio ser,
por un momento, concibiendo su pasaje hacia un tiempo
que él mismo percibió inmóvil, perenne.

Menos tiempo que espacio, menos espacio que pensamiento,
y en sustancia, una semejanza a la tierra,
que, por parecido, vibraba pensamiento tras pensamiento.

Liberando una melodía abismal,
un encuentro, una emergente luz,
un deslumbramiento de recuerdo y de mirada.



martes, 12 de marzo de 2013

Valor (por Erri de Luca)



Considero valor cada forma de vida, la nieve, la fresa, la mosca.

Considero valor el reino mineral, el conjunto de las estrellas.

Considero valor el vino junto a la pasta, una sonrisa involuntaria, el cansancio que no niegan dos viejos que se gustan.

Considero valor lo que mañana no valdrá nada y lo que hoy ya vale poco.

Considero valor todas las heridas.

Considero valor ahorrar agua, reparar zapatos, callar a tiempo, socorrer a gritos, pedir permiso antes de sentarse, probar gratitud sin recordar bien el porqué.

Considero valor poder saber dónde está el norte en una habitación y el nombre del viento que seca la ropa.

Considero valor el viaje del vagabundo, la clausura del monje, la paciencia del condenado sea cual sea su culpa.

Considero valor emplear el verbo amar y la hipótesis de que un creador existe.

Muchos de estos valores no los he conocido.

lunes, 11 de marzo de 2013

Y meterme contigo en una concha (por Kirmen Uribe)



Mira, ha entrado mayo,

ha extendido su párpado azul sobre el puerto.

Ven, hace tiempo que no sé de ti,

se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.

Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,

del valor de ser amable,

de la necesidad de arreglárselas con las dudas,

de cómo llenar los huecos que tenemos dentro.

Ven, siente en tu rostro la mañana,

cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;

cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.

Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,

sea un secreto, un error o un gesto.

Ven y pondremos verdes a los vencedores,

saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.

Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,

porque estar juntos en silencio es

la mejor prueba de la amistad.

Vente conmigo, quiero cambiar de país,

dejar este cuerpo mío a un lado

y meterme contigo en una concha,

con nuestra pequeñez, como los bígaros.

Ven, te espero,

continuaremos la historia interrumpida hace un año,

como si no tuvieran un círculo más

los abedules blancos de la rivera.

domingo, 10 de marzo de 2013

Una ciudad de postigos (por Vladimir Gandelman)

Un puente alto y estrecho sobre las vías,
los silbatos de las locomotoras, el estrépito de los enganches,
un mendigo cojo, con una gorra y monedas de cobre,
bajo un arbusto de lilas florecientes,

una ciudad de postigos con corazoncitos y de calles arenosas,
blanca por la mañana, amarilla de día y azul de noche,
con su peluquero, su loco, su bazar de mostradores húmedos y roñosos,
que huelen a melón,

Dios mío, con la vida pecosa y taheña
de dos gemelos tras una cerca destartalada,
desde el jardín un sonido límpido, de aprendiz,
de un futuro primer violín,

con un nudo en la garganta,
quizá sea la mía, pero yo no me veo,
con una parienta lejana, una muchacha blanca y flaca
sobre un platillo de pendientes de cerezas,

con un punzante sentimiento incestuoso
hacia ella, con una dulzura infantil,
con el aire cálido, vacío,
como un aula en tiempo de vacaciones,

con un señor que bromea todo el rato
y bailotea, y al cabo de diez años,
Dios mío, morirá y se olvidará de todo,
y al cabo de veinte más, resucitará en la última estrofa.


sábado, 9 de marzo de 2013

La mano ha cambiado su destino (por Roberto Juarroz)



La mano se extiende,

pero a mitad de camino

la detiene una imagen.

Y se marcha entonces con ella,

no para poseerla

sino tan sólo para entrar en su juego.

La mano ha comenzado a enamorarse en el camino

y así la posesión y el don se le escapan.

La mano ha cambiado su destino

por un vuelo que no es el vuelo del pájaro,

sino un abandono a las mareas que no tienen costa

o a los desequilibrios de una sabiduría diferente.

La mano ha renunciado a su objeto

y ha adquirido el valor de su distracción.

La mano ha renunciado a salvarse.


viernes, 8 de marzo de 2013

Nuestras metamorfosis (por Paul Éluard)


Vivimos en el olvido de nuestras metamorfosis
El día es holgazán pero la noche es activa
Un bol de aire al mediodía la noche lo filtra y lo consume
La noche no deja polvo sobre nosotros
Pero este eco que rueda a lo largo del día
este eco fuera del tiempo de angustia o de caricias
este brutal encadenamiento de los mundos insípidos
y de los mundos sensibles su sol es doble
Estamos cerca o lejos de nuestra conciencia
Dónde están nuestras orillas nuestras raíces nuestro fin
El largo placer sin embargo de nuestras metamorfosis
esqueletos que se animan en los muros pudriéndose
las citas dadas a las formas insensatas
a la carne ingeniosa a los ciegos videntes
las citas dadas por el rostro al perfil
por el sufrimiento a la luz por la claridad
al bosque por la montaña al valle
por la mina a la flor al sol por la perla
Estamos cuerpo a cuerpo tierra a tierra
nacemos por todas partes no tenemos límites.

jueves, 7 de marzo de 2013

Prescindir de mí (por Henrik Nordbrandt)


Un auténtico verano danés va a ser el tema de este soneto.
Porque debe de ser cierto que lo que te rodea no debe decirse
en trece o quince líneas, sino en catorce: eso es lo que quiero decir
todo llega a su sitio de manera que forma y contenido se funden
así como yo me fundo con el verano
que es fundirse con lo danés
lo que es totalmente correcto: pero no lo sería este poema
si no se advirtiera que nadie puede fundirse con otra cosa.
Tiene que haber sitio: un auténtico verano danés
es probablemente aquel donde mejor puedo prescindir de mí.

Y dejaría con gusto que la naturaleza hablara por mí, si el verde vulgar
no lo hubiera hecho tan embarazoso:
en medio de todo eso hay una alta chimenea roja: pertenece al crematorio.
¡Qué consuelo liberarse por fin de sí mismo!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Una mano (por Federico García Lorca)


Yo no quiero más que una mano,
una mano herida, si es posible.
Yo no quiero más que una mano,
aunque pase mil noches sin lecho.

Sería un pálido lirio de cal,
sería una paloma amarrada a mi corazón,
sería el guardián que en la noche de mi tránsito
prohibiera en absoluto la entrada a la luna.

Yo no quiero más que una mano
para los diarios aceites y la sábana blanca de mi agonía.

Yo no quiero más que esa mano
para tener un ala de mi muerte.

Lo demás todo pasa.
Rubor sin nombre ya, astro perpetuo.
Lo demás es lo otro; viento triste,
mientras las hojas huyen en bandadas.

martes, 5 de marzo de 2013

La cosa es muchísimo más grave (por Mario Benedetti)


Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo

y eso en verdad no es nada extraordinario,

vos lo sabés tan objetivamente como yo.

Sin embargo hay algo que quisiera aclararte:

cuando digo todas las parcelas

no me refiero sólo a esto de ahora,

a esto de esperarte y aleluya encontrarte,

y carajo perderte,

y volverte a encontrar,

y ojalá nada más.

No me refiero a que de pronto digas, voy a llorar,

y yo con un discreto nudo en la garganta, bueno llorá.

Y que un lindo aguacero invisible nos ampare

y quizás por eso salga enseguida el sol.

Ni me refiero sólo a que día tras día

aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades,

o que yo pueda o creerme que puedo convertir mis reveses en victorias,

o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación.



No.

La cosa es muchísimo más grave.

Cuando digo todas las parcelas

quiero decir que además de ese dulce cataclismo

también estás reescribiendo mi infancia,

esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes

y los solemnes adultos las celebran,

y vos en cambio sabés que eso no sirve.

Quiero decir que estás rearmando mi adolescencia,

ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos,

y vos sabés en cambio extraer de ese páramo

mi germen de alegría y regarlo mirándolo.

Quiero decir que estás sacudiendo mi juventud,

ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos,

esa sombra que nadie arrimó a su sombra,

y vos en cambio sabés estremecerla

hasta que empiecen a caer las hojas secas,

y quede la armazón de mi verdad sin proezas.

Quiero decir que estás abrazando mi madurez,

esta mezcla de estupor y experiencia,

este extraño confín de angustia y nieve,

esta bujía que ilumina la muerte,

este precipicio de la pobre vida.

Como ves es más grave,

muchísimo más grave,

porque con estas y con otras palabras

quiero decir que no sos tan sólo

la querida muchacha que sos,

sino también las espléndidas o cautelosas mujeres

que quise o quiero.



Porque gracias a vos he descubierto

(dirás que ya era hora y con razón)

que el amor es una bahía linda y generosa

que se ilumina y se oscurece

según venga la vida,

una bahía donde los barcos llegan y se van,

llegan con pájaros y augurios

y se van con sirenas y nubarrones.

Una bahía linda y generosa

donde los barcos llegan y se van.

Pero vos,

por favor,

no te vayas.