zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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viernes, 4 de septiembre de 2015

Miran en el tiempo (por Antonio Machado)

Esta luz de Sevilla… Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. —La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.
Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.
Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.


jueves, 3 de septiembre de 2015

Mamíferos (por Jesús Lizano)


Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.

Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantautores.
¿Cantautores?
Yo veo mamíferos.

Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!

Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…,
académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.

Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras.
La verdad, yo veo mamíferos.


Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?

Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.

Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.

Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas.
Yo veo mamíferos.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Con nuestra pobre luz (por Hugo Gola)


De cuánta inclinación

estamos hechos

de cuántos hilos

decaídos

y sin embargo

somos

otra sustancia

una piedra

quizás

o una legumbre

un alambre sonoro

pero no un hueco


Quiero abrazar

lentamente

el aire

palparlo

reconocer

su agudo crecimiento

quiero beber

la espuma

toda la espuma de los soles

y la tempestad

y todo ese viento

azul

que asume la mañana

y tocar mis piernas

recorrer su lento límite

pero sabiéndolas

simples

y útiles

e inacabables

como cualquier estrella

o mucho más


Estamos tan ciegos

estamos hechos

con una inclinación

y una plegaria

y sin embargo

somos tan enhiestos

como la hierba

tan hondos

como el agua

la piedra

o el canto del océano

que nunca acaba

ni declina


Estallamos de pronto

y sin saberlo

cuando la tarde

doblega su rostro

y temblamos

como si el sol muriera

para siempre

como si acabara

detrás de esa cortina

liviana

que teje el horizonte


Somos más que la hierba

y la plegaria

unidas

somos más que el cielo

infinitamente vacío

y desgarrado

y sin embargo

tenemos siempre el llanto

atado aquí

mientras las aves

renuevan su susurro

y los amaneceres

arrastran otra música


La tierra

no ganó lo que pensaba

se hizo más triste

con nuestra pobre luz

y comenzó a inclinarse

más allá de la pregunta

y a destilar

las últimas gotas

del sueño

a triturar los goces supremos

del aire

y la estación


Mas no alcanzó a saber

por qué la muerte

y el silencio

doblan la felpa tierna

de nuestras rodillas


No es el momento aún

Todo vendrá

sin embargo

con las nuevas legumbres

con los vinos sabrosos

de un verano

sin término


Todo vendrá

cuando los músculos

ensanchen el área de su luz

y las voces alcancen

la nueva esfera

que ya planea

detrás del horizonte

más allá de las estrellas

y de los surcos sangrantes

de estos días

martes, 1 de septiembre de 2015

Como un extranjero (por Ángel Ferrer)

Siento que no he vivido.
Miro hacia atrás
y solo veo que he vivido.
Escribo desde la no vida,
desde un silencio que no significa,
interesado por lo que no existe,
como un extranjero
llegado a otro lugar en el tiempo.
Distanciado y cercano,
vacío, con la experiencia llena.


lunes, 31 de agosto de 2015

Cuando vuelva (por Saiz de Marco)


cuando vuelva el cometa

¿serán
azul el mar
verdes los árboles?

¿se nacerá al mundo desde un útero?

¿vivir dependerá de un cuerpo envejecible?

¿llegará aún el otoño?

¿olerá el pan a pan
el jazmín a jazmín?

¿el dátil sabrá a dátil?

¿habrá osos en Groenlandia?

tras completar su elipse
cuando el cometa vuelva y de nuevo se acerque

¿persistirán las guerras?

¿seguirá habiendo estados
fronteras
alambradas

o se habrán olvidado las banderas
los himnos?

¿existirán palabras como esperanza o sueño?

¿quedará alguien
todavía alguien aquí
cuando vuelva el cometa?


domingo, 30 de agosto de 2015

Otro pez plano (por Moon Tae Jun)


En la habitación 302, Hospital Gimcheon, habitación para seis,
ella yace con su máscara de oxígeno, peleando contra el cáncer.
Ella yace cual pez plano bajo y plano sobre el piso del suelo oceánico.
Me tiendo paralelo a su lado, otro pez plano.
Al mirar un pez plano al otro súbitamente sus ojos se anegan de lágrimas.
Se lamenta, tan delgada que un ojo se ha ido rozando hacia el otro lado,
y mira fijamente a la muerte mientras yo contemplo el mar de su vida.
Recuerdo su vida de océano, oscilando de izquierda a derecha, en los mares acuosos,
su sendero arbolado, con su canción de cucú al mediodía,
cenas de fideo delgado, una familia apenas dueña de una pared de adobe.
Sus dos piernas se están rompiendo lentamente,
su espina dorsal se dobla como rama bajo el peso de una nieve súbita,
pienso en aquel día de invierno.
Su aliento se hace áspero como la corteza de un olmo.
Ahora sé que ella no puede ver el mundo más allá de la muerte,
un ojo es arrastrado hacia la oscuridad del otro.
Izquierda, derecha, me mezo hacia ella para yacer a su lado en el mar.
Ella me cubre suavemente con el agua que inhala con su máscara de oxígeno.


sábado, 29 de agosto de 2015

César Vallejo (por Luis Benítez)


Por los corredores de la imaginación ir caminando,

libre y solo para siempre, como cuando era

y no sabía que era un niño,

hasta olvidar que estoy imaginando.

Que esta carne pesada, que orina y suda,

en una o dos ideas se resuma

o vuelva bien atrás, a esa casi nada

que casi nada ve en su cielo nublado.

Devuélveme al chimpancé o hazme sólo literatura,

mas no me dejes la condición de hombre.

Esto que todo lo pesa en mí

afuera no pesa nada.


viernes, 28 de agosto de 2015

¿Qué posee quien ama? (por Fernando Pessoa)

Amar es poseer. ¿Y qué posee quien ama? ¿El cuerpo? Para poseerlo sería necesario hacer nuestra su materia, comerlo, incluirlo en nosotros... Y esa imposibilidad sería temporal, porque nuestro propio cuerpo pasa y se transforma, porque nosotros no poseemos nuestro cuerpo (poseemos tan sólo la sensación de él), y porque, una vez poseído ese cuerpo amado, se volvería nuestro, dejaría de ser otro, y el amor, por eso, con la desaparición del otro ser, desaparecería... La más feroz y dominadora posesión de un cuerpo, ¿qué posee de él? Ni el cuerpo, ni el alma, ni siquiera la belleza. La posesión de un cuerpo hermoso no abraza a la belleza, abraza a la carne celular y grasienta; el beso no toca la belleza de la boca, sino la carne húmeda de los labios perecederos con mucosas; la propia cópula es sólo un contacto, un contacto restregado y cercano, pero no una penetración real, ni siquiera de un cuerpo en otro... ¿Qué poseemos?


jueves, 27 de agosto de 2015

Instante (por Wislawa Szymborska)


Camino por la ladera de una verdeante colina.

Hierba, florecillas en la hierba,

como si fuera un cuadro para niños.

Un neblinoso cielo ya azulea.

Una vista sobre otras colinas se extiende en silencio.


Como si aquí nada hubiera de cámbricos, silúricos,

ni rocas gruñéndose las unas a las otras,

ni abismos elevados,

ninguna noche en llamas

ni días en nubes de oscuridad.


Como si no pasaran por aquí llanuras

en febriles delirios,

en helados temblores.


Como si sólo en otros lugares se agitaran los mares

y desgarraran las orillas de los horizontes.


Son las nueve y media hora local.

Todo está en su sitio en ordenada armonía.

En el valle un pequeño arroyo como pequeño arroyo.

Un sendero en forma de sendero desde siempre hasta siempre.


Un bosque que aparenta un bosque por los siglos de los siglos, amén,

y en lo alto unos pájaros que vuelan en su papel de pájaros que vuelan.


Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.

Uno de esos terrenales instantes

a los que se pide que duren.



miércoles, 26 de agosto de 2015

Siquiera un día (por Jorge Luis Borges)


¿Hubo un Jardín o fue el Jardín un sueño?
Lento en la vaga luz, me he preguntado,
casi como un consuelo, si el pasado
de que este Adán, hoy mísero, era dueño,

no fue sino una mágica impostura
de aquel Dios que soñé. Ya es impreciso
en la memoria el claro Paraíso,
pero yo sé que existe y que perdura,

aunque no para mí. La terca tierra
es mi castigo y la incestuosa guerra
de Caínes y Abeles y su cría.

Y, sin embargo, es mucho haber amado,
haber sido feliz, haber tocado
el viviente Jardín, siquiera un día.


martes, 25 de agosto de 2015

En la pared es tarde (por Alejandro Zambra)


Observo una de las cuatro paredes
Cuando alce una mano
esa sombra será mi sombra
Hace dos horas es tarde
También es tarde en la pared.

Tomo la posición de un cuerpo cansado
Decido que el viento golpea intensamente en la ventana
Decido la situación de mis ojos
Pienso en una fotografía
En la mesa hay un vaso con agua hasta la mitad
Beberlo es lo único que está pendiente.

Observo una de las cuatro paredes
Cuando pienso, esa sombra es sólo una sombra
con bordes exactos e inevitables
una imagen parecida a un cuerpo
Hace dos horas llegué a este cuarto
Al cerrar la puerta sentí el ruido
que hace algo al destruirse
Quizás era la última nuez
o una fotografía difícil
o los restos de un espejo.
Si abriera la puerta no miraría hacia el suelo.
Para qué.

Observo una de las cuatro paredes
Propongo las orillas de mi sombra
Mi sombra se refiere a la pared
Todo se refiere a la pared
En la pared es tarde
Hace dos horas el viento insiste contra la ventana
Traspaso papeles de una caja a otra
No son recuerdos, son fragmentos
que anticiparon esta hora equívoca.

Miro una fotografía
La oculto en un libro
Si alguien lo abriera
pensaría que marqué la página
en que dejé de leer
o que quise recordar ese poema,
este poema.

Puedo asegurar que no es así.
No es así.

No necesito mirar mis manos
Sé que las tengo cerradas
Miro, en cambio, hacia el lugar
donde está la mesa
Veo el vaso y no veo el agua
Veo el agua y no veo el vaso
Es como si pudiera jugar con las palabras.

Observo una de las cuatro paredes
Si alzo una mano esa sombra será la mía
Si hago el menor movimiento
ocurrirá la sombra de alguien
que toma un vaso de agua
y piensa en sí mismo
como en un extraño.

lunes, 24 de agosto de 2015

En el columpio (por Antonio Rivero Taravillo)


Sube

y

baja.

Cuando ese gafotas desciende,

yo asciendo;

y él se hunde

cuando remonto:

lo veo sumirse allí

con vista cansada,

y al elevarse

no reconocer sus ojeras.

En el columpio

de mi niñez

jugamos.

En el de la suya,

este intruso que hace

que en el parque infantil se haga de noche.

Con los pies en el suelo,

él es mis alas;

cada vez más arriba,

soy sus raíces.

La gravedad y su ley.

La ley de la grave edad.

Hay un momento en que están

a la misma altura nuestros ojos.

Es este.

Corro con pantalones cortos a casa.

Él arranca el coche, y se marcha

por calles que han cambiado de sentido

en un segundo,

en estos años.


domingo, 23 de agosto de 2015

Las persianas dividen la luz del ojo (por Kat Dixon)


Tapiada por cigarrillos
con un imperdible entre el hormigón y un coche que pasa
Al menos, digo, al menos me sujetan
Los sistemas opioides me hicieron
una relación opiácea
me hicieron, hicieron
hegemonía de alas negras
¿Puedes? ¿Puedes callártelo?
Nunca me marcho
En los espacios traseros
donde nunca me molesto en barrer
una hélice doble, triple quizás, de alfabetos
del tipo mano-sobre-el-corazón
que vienen de la leche y saben a narcisos
No, el color es devastador en sombras de negro
Las persianas dividen la luz del ojo, zambulléndose gravitalmente desde arriba
hasta los dedos de los pies, donde las palabras son demasiado buenas para ser habladas
y los derrames son absorbidos
Los dientes son rectos porque deberían serlo
El ventilador del techo gira raro
Llevo demasiado tiempo aquí

sábado, 22 de agosto de 2015

Nadie regresa (por Antonio Gamoneda)


Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.

Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento.


viernes, 21 de agosto de 2015

Lady Lázaro (por Sylvia Plath)


He vuelto a hacerlo.
Una vez por decenio
me las compongo...

Especie de milagro andante, mi piel
que destella como una pantalla de lámpara nazi,
mi pie derecho

pisapapeles,
mi rostro sin rasgos, delicada
tela judía.

Arráncame el paño,
oh enemigo mío.
¿Infundo terror?...

¿La nariz, las cuencas de los ojos, todos los dientes?
El aliento agrio
en un día se irá.

Pronto, pronto la carne
que devoró la tétrica caverna
en mí estará a sus anchas

y seré una mujer que sonríe.
No tengo más que treinta años.
Y, al igual que los gatos, siete ocasiones para morir.

Ésta es la Número Tres.
¡Qué basura
a aniquilar cada diez años!

¡Qué millón de filamentos!
La multitud de mascacacahuetes
se apelotona para mirar

cómo me desenvuelven de pies y manos
¡Gran strip-tease!
Caballeros señoras:

éstas, pues, son mis manos.
Mis rodillas.
Puedo estar en los huesos,

pero, no obstante, sigo siendo la misma idéntica mujer.
La primera vez que sucedió yo tenía diez años.
Fue un accidente.

La segunda vez estaba decidida
a seguir hasta el fin, a no regresar nunca.
Meciéndome, me cerré

como una concha.
Tuvieron que llamarme una y otra vez,
que arrancarme uno a uno los gusanos, como perlas pringosas.

Morir
es un arte, como todo.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Tan bien, que parece un infierno.
Tan bien, que parece de veras.
Supongo que cabría hablar de vocación.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Es bastante fácil hacerlo, y quedarse esperando.
Es la teatral

reaparición a pleno día,
en el mismo lugar, ante la misma cara, al mismo bestial
y divertido grito

-¡es un milagro!-,
que te deja inconsciente.
Hay que pagar,

por verme las cicatrices; hay que pagar
por escucharme el corazón...
Late de veras.

Y hay que pagar; hay que pagar muchísimo,
por palabra o contacto,
o un poquito de sangre

o un jirón de mi pelo o de mi ropa.
¿Y pues, Herr Doktor?
¿Y pues, Herr Enemigo?

Soy tu opus,
soy tu inversión,
el bebé de oro puro

que se funde en un grito.
Me doy vuelta y me abraso.
No creas que no estimo tu preocupación en todo lo que vale.

Ceniza, ceniza...
que eres tú quien atiza y quien remueve.
Carne, hueso, no queda nada...

Una pastilla de jabón.
Un anillo de boda.
Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer;
tened cuidado,
tened cuidado.

De las cenizas
con el cabello rojo me levanto
y me como a los hombres como aire.

jueves, 20 de agosto de 2015

No me has dado tiempo de llamarte por tu nombre (por Moo Tae Jun)


La nieve que cayó en campanas toda la noche se ha detenido
Estoy solo mis pensamientos están lejos
Pequeña ave, ave de pecho rojo en el sarmiento
llegaste y lloraste tu partida fue súbita
Por qué te has ido tan pronto no me has dado tiempo de llamarte por tu nombre
Tu lamento es terso, terso como luz de invierno al pasar por la puerta empapelada
Quién es el que extrae ese llanto de mi oído
Alguna vez alguien vino a visitarme dejó lágrimas
teñidas de rojo en mi corazón
que nadie puede ya quitar 

miércoles, 19 de agosto de 2015

Una máscara (por Stephen Spender)


El rostro del paisaje es una máscara
en que el tiempo labró, con surcos
de hierro y hueso, su carácter.
Miro y observo intentando descifrar,
a través de errores de luz y ojos de agua,
un signo de temor y el recuerdo de una lucha
bajo la voluntad de la tierra:
pues el hombre conserva bajo su máscara
el niño que un día fue.

martes, 18 de agosto de 2015

Un día cualquiera (por Juan Ramón Saravia)


Cada mañana
el hombre saluda uno por uno los rincones de su casa,
abraza con el corazón el sol del patio,
conversa con los líquenes,
con los clavos de las vigas,
comparte con su perro
el terrible secreto de llevar los días
y abre de parte a parte, a la orilla de los pájaros,
el mar.

Pero un día cualquiera
el hombre recuesta su levedad en la pared del tiempo
y el tiempo le bebe su único segundo
y el Universo se niega a dar un paso más.

lunes, 17 de agosto de 2015

Y va a ser todos (por Luis Benítez)


Caen sobre él los actos inútiles del día.

John Keats recuerda y es también de otros el recuerdo:

humillaciones, rostros y palabras

hacen de un pozo la noche repetida.

“Fanny Brawne me has alejado,

tú me has acercado a Keats y era lo mismo”.

Suena tan distante el Mar del Norte

para ser cada segundo todos los mares,

pero si lo que fue y será mañana brilla

en su oscura hora presente, ese hombre pequeño,

inclinado sobre el verso, lo adivina.

Presiente que será uno y va a ser todos

cuando es tan caro el precio de eso múltiple:

ya no lo amparará el primer fervor por las palabras,

no aliviará sus horas la furia, perdida, de estar vivo

ni lo protegerá la noche pedida de ningún olvido;

nada lo salvará de tanto

que es, en su medida, tan un poco.

John Keats será John Keats, será nosotros.

domingo, 16 de agosto de 2015

sábado, 15 de agosto de 2015

Con tal de no estar solos (por Ana Elena Pena)


Con tal de no estar solos
andamos con locos, con idiotas y borrachos,
con mujeres vacías o de moral dudosa.
Mentimos a los padres,
juramos en vano,
entregamos la piel
y comprometemos nuestros sueños.
Cruzamos la calle a ciegas
con el primero que nos da la mano.
Con tal de no estar solos
montamos una gran farsa
a la que llamamos AMOR
(así, con mayúsculas)
Sacando conejos muertos de una chistera,
barajando con trampas nuestras
cartas y haciendo trucos malos con espejos,
para no darnos de bruces con la realidad
y alejar de nosotros el miedo
a estar solos.
Porque, con tal de no estarlo,
o de no parecer que lo estamos,
pasamos hambre, despilfarramos dinero,
oímos sin escuchar,
abrazamos sin abarcar,
y nos convertimos en autómatas desesperados,
olvidando lo hermoso que es sentarse
a esperar a que las cosas,
sencillamente, sucedan.
El olor a jazmín de las noches
de verano y el hallazgo inesperado
de lo auténtico, que nos ha de
encontrar desprevenidos, despojados
de artificios, sin adornos,
desarmados y tranquilos.
Liberados de todo lo que
pesa y esclavos de lo vaporoso, lo ingrávido…
Dejarse llevar…
Pero con tal de no estar solos,
ni siquiera un momento,
seguimos buscando y seguimos fingiendo.
Maquillamos lo que se ve,
y lo que no también,
por temor a que descubran nuestros defectos
y la fragilidad que se esconde tras ellos.
Nos apremia el desamparo,
la angustia y la prisa…
de modo que nos devora la noche
y nos sorprende el día
casi siempre en el lugar inadecuado,
donde un incómodo silencio
(y un dolor en el pecho)
nos reprochan una y otra vez
todas esas tonterías que hacemos,
unos y otros,
ahora y siempre,
con tal de no estar solos.

viernes, 14 de agosto de 2015

La lista de preguntas (por Wislawa Szymborska)


He hecho una lista de preguntas,
cuyas respuestas ya no alcanzaré a saber,
porque es demasiado pronto para ello,
o porque seré incapaz de entenderlas.

La lista de preguntas es larga,
toca temas importantes y menos importantes,
pero como no quiero aburriros
sólo revelaré alguna de ellas:

Qué era real
y qué apenas si lo parecía
en este auditorio
estelar y bajo las estrellas,
donde es necesario tanto billete de entrada
como billete de salida;

Qué pasa con todo ese mundo vivo
que no tendré tiempo
de comparar con otro mundo vivo;

Sobre qué escribirán
pasado mañana los diarios;

Cuándo acabarán las guerras
y por qué otras cosas serán sustituidas;

En qué dedo corazón estará ahora
el anillo del alma
que me fue robado, que perdí;

Cuál es el lugar del libre albedrío
que es capaz de ser y de no ser
al mismo tiempo;

Qué ha sido de decenas de personas:
¿nos habremos conocido realmente?

Qué intentaba decirme M.,
cuando ya no podía hablar;

¿Por qué tomé por buenas
cosas malas
y qué necesito
para no volver a equivocarme?

Tomé nota antes de dormirme
de algunas preguntas.
Al despertarme
ya no pude leerlas.

A veces sospecho
que se trata de un código preciso.
Pero ésta también es una pregunta
que me abandonará algún día.

jueves, 13 de agosto de 2015

Abuela (por Ray Young Bear)

si viera
su forma a un kilómetro
sabría tan rápido
que es ella.
la bufanda púrpura
y la bolsa
de plástico
para las compras.
si sintiera sus manos sobre mi cabeza
sabría que ésas
son sus manos
tibias y húmedas
con olor
a raíces.
si oyera
una voz
que llega
desde una piedra
sabría
y sus palabras
se deslizarían en mí
como la luz
de alguien
que mueve las cenizas
de un fuego dormido
en la noche.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Usted sonríe (por Mario Benedetti)


A veces

por supuesto

usted sonríe

y no importa lo linda

o lo fea

lo vieja

o lo joven

lo mucho

o lo poco

que usted realmente

sea


sonríe

cual si fuese

una revelación

y su sonrisa anula

todas las anteriores

caducan al instante

sus rostros como máscaras

sus ojos duros

frágiles

como espejos en óvalo

su boca de morder

su mentón de capricho

sus pómulos fragantes

sus párpados

su miedo


sonríe

y usted nace

asume el mundo

mira

sin mirar

indefensa

desnuda

transparente


y a lo mejor

si la sonrisa viene

de muy

de muy adentro

usted puede llorar

sencillamente

sin desgarrarse

sin desesperarse

sin convocar la muerte

ni sentirse vacía


llorar

sólo llorar


entonces su sonrisa

si todavía existe

se vuelve un arco iris.

martes, 11 de agosto de 2015

No será absurdo solo (por Saiz de Marco)


¿Acaso no es absurdo nacer sin que lo pidas,

la fuerza de la inercia,

las bacterias,

los átomos,

los planetas girando,

el tiempo que no cede (ya otra vez el otoño)…?


Pero si tú me abrazas no será absurdo solo,

no será puro absurdo

repleto de vacío.


Si me abrazas, será absurdo y otra cosa:


Será la suave mezcla, el blando entretejido

de absurdo más tú y yo.

lunes, 10 de agosto de 2015

Mateo, XXV, 30 (por Jorge Luis Borges)


El primer puente de Constitución y a mis pies
fragor de trenes que tejían laberintos de hierro.
Humo y silbatos escalaban la noche,
que de golpe fue el Juicio Universal. Desde el invisible horizonte
y desde el centro de mi ser, una voz infinita
dijo estas cosas (estas cosas, no estas palabras,
que son mi pobre traducción temporal de una sola palabra):
—Estrellas, pan, bibliotecas orientales y occidentales,
naipes, tableros de ajedrez, galerías, claraboyas y sótanos,
un cuerpo humano para andar por la tierra,
uñas que crecen en la noche, en la muerte,
sombra que olvida, atareados espejos que multiplican,
declives de la música, la más dócil de las formas del tiempo,
fronteras del Brasil y del Uruguay, caballos y mañanas,
una pesa de bronce y un ejemplar de la Saga de Grettir,
álgebra y fuego, la carga de Junín en tu sangre,
días más populosos que Balzac, el olor de la madreselva,
amor y víspera de amor y recuerdos intolerables,
el sueño como un tesoro enterrado, el dadivoso azar
y la memoria, que el hombre no mira sin vértigo,
todo eso te fue dado, y también
el antiguo alimento de los héroes:
la falsía, la derrota, la humillación.
En vano te hemos prodigado el océano,
en vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman.
Has gastado los años y te han gastado,
y todavía no has escrito el poema.

domingo, 9 de agosto de 2015

Esta noche es el día siguiente (por Alejandro Zambra)


Sobre la carga de los días persistentes
en el lugar en que debía estar una sombra
en espera del antiguo roce entre los peces y la sal.

Desde aquí es posible escuchar
la respiración de la lluvia.

(Observa el movimiento de las aguas.
Cuáles son las sombras que originó tu paso.
Cuál es ese sueño que no recuerdas.
Cuál es tu tristeza. Cuáles son las formas de
tu tristeza.
Tu llanto. Cuáles son los colores de tu llanto.)

La noche es la invención de la paciencia
y esta noche todo sucede por última vez.

El viento no respeta la forma de los árboles.
Las raíces pierden el sentido de sus años.
La música se desvía hacia la orilla del océano.
Y tú vuelves a ofrecer
tus cicatrices al viento

Ven, el invierno conoce la duración de tu viaje.
Ven, esta noche es el día siguiente.

Deja que los dioses calmen tu dolor.
Sólo ellos pueden hacerlo.
Yo sólo miro por la ventana
y espero el final de nuestro último abrazo.

sábado, 8 de agosto de 2015

Traen maletas (por Enrique Winter)

Estamos envejeciendo con la casa
cada pieza a que se entra puede reconocerse
por el olor de su alojado

La mesa tiene otros comensales
traen maletas llenas de –llueve porque ellos quieren lluvia,
llevan la rienda suelta y no se caen de los caballos que
inventaron:
esta casa no estaba aquí anoche-

Mi padre nunca fue dueño de nada
y el agua que ponía en la maleta
la sacaba de un lago
que no aparece ya en el mapa.


viernes, 7 de agosto de 2015

Vermont (por Antonio Rivero Taravillo)


Un ejército verde,

como un bosque de arces,

escolta la soledad.

En la espesura,

una casa da miedo:

¿quién morirá allí?

Al echar gasolina

mientras chispea,

un leñador carga

con una caja de cerveza:

seis botellas,

seis bolos

que lo derribarán esta noche.

El parabrisas

baila con esta lluvia que viene

de Canadá.

Repostará mañana

el día

para llegar a pasado.

El ruido del agua refunfuña

en los buzones

al pie de los caminos que ascienden.

En algunos

han anidado los pájaros,

y la tristeza

en todos.

Hay árboles que vieron

a los indios.

Son su eco.

En algonquino,

hablaban el lenguaje de las hojas.

jueves, 6 de agosto de 2015

Horóscopo para un tirano olvidado (por Ángel González)


Ni Mars

ni Venus:

sólo

Marte de carnaval,

sórdido Eros de café cantante,

con chistera al prostíbulo,

recién besada la mano de la reina.


En la tribuna,

presidiendo el desfile,

tu pecho rutilante de medallas y cruces

brilla como una noche constelada:

noche que alberga todas las traiciones.


Pero tú no podrás, no:

no pudiste.


Otro vendrá después que te hará bueno.


Asesino platónico,

tu idea

del crimen

será soberbiamente realizada,

y el desprecio

-el Norte de tus actos-

desde otra boca azuzará a la muerte

con más saña que tú y mejor fortuna.


Muere tranquilo y solo, desterrado,

si acaso te consuela saber esto:

En nuestros días

pocas veces los hombres su destino merecen;

también los justos que te combatieron

han de morirse desterrados, solos.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Y entramos reptando en el gran telescopio (por Kat Dixon)


Fuimos al gran telescopio.
No estaba oscuro.

Si recuerdo lo que tú recuerdas
no estaba oscuro. Solo había, por todas partes,

árboles. La radio nos dijo: suceso devastador.
No tiene importancia, dijiste, que todo lo que podemos
ver

sean árboles.

Fuimos al gran telescopio
y entramos reptando en el gran telescopio

como alguien deslizándose dentro de un rayo X.
Estaba oscuro.

La radio nos dijo: en algún lugar la muerte.
En algún lugar el devastador

tan devastador suceso. Entraste reptando,
entré reptando

en negros pedazos rotos de un rayo X.

Quise preguntar
si mirar desde fuera de la lente a las profundidades del telescopio

sería más parecido a un torbellino
o a un hueso hueco.

Dentro de la radio triste y chasqueante, ningún espacio
podría ser el efecto personal

del ahogamiento
o de la asfixia sobre una lengua perezosa,

pero, oh, cuántas veces me he equivocado
en el pasado.

Entramos tendidos en la máquina de rayos X
y nos dijimos a nosotros mismos que podríamos ver más

que nuestras propias pestañas. Fue tan
devastador.
La oscuridad.

La estrella podría tardar mucho tiempo, dijiste,
en morir. Podría ser muy terca.

Podría tardar toda su vida. Golpeé
con mis fríos nudillos mis huesos a mi alcance

para asegurarme de que no eran tus huesos.

Si te quiero no puedo empezar a decir que
echo de menos mi idioma. No puedo empezar a decir.

En el mundo del telescopio como un ojo de pez,
escenas de materia oscura siguieron siendo

eclipsadas por escenas de materia oscura.
Yo esperaba el siseo solitario de los agujeros negros,

algo que nos llevara de vuelta al principio
otra vez.

Pero los grandes agujeros negros son mudos.
Esto no es, dijiste,

el suceso devastador.

martes, 4 de agosto de 2015

Aquí están todos los juegos (por Claudio Daniel)


Flor occipital es el nombre de la cabeza.

Líneas, volúmenes.

Una escritura de huesos, nervios,

orbes, recuerdos.

Palabras que se perderán en algún lugar

que evitas.

Escenas que surgen de repente

como lagos, cristales,

pequeñas facas

blancas.

Una cobra que no es el nombre que escurre de tus labios.

Árbol que no dice más ni menos

que

esto.

¿Tiene un aprendizaje para la locura?

Trituras un insecto entre los dedos

pero la sensación

permanece.

Es un escalofrío que no puedes explicar.

Fibras, son todas fibras de un tejido milagroso.

Un tapete oriental

en forma de riñón,

donde somos un minúsculo detalle,

hormiga que cabalga en el lomo de un dragón.

En la palma, el pulso, la piel,

pensaste haber sentido los juegos de la noche,

manos fugadas, voz enmudecida,

Ningún tablero

o peón.

Esta no es la cara de un sueño,

menos luz, ninguna membrana,

carajo, gritas

a los tuétanos del pan.

Hormigas de nadie cruzan de un lado a otro

el cantero

del jardín.

Existe una ilusión del amor y de los dientes, dientes, dientes.

Porque todo es real.

Una piedra que explota en las sienes.

Una Tierra en forma de cáliz.

La palabra que se reproduce como las aves en el Palacio de la Diosa de la Luna.

El sentido es apenas la sombra.

Soy el hambre de una claridad que nunca ocurrirá.

Porque los ritmos, los ritmos, los ritmos.

Porque la risa de la perra.

Celan y la “locura abierta de un poro”.

Ninguna salida para lugar alguno.

Cangrejos extraviados en la lluvia, un cuadro, un nombre

que no es la cobra

que no escurre

de tus labios.

Jugarse la sombra en busca del sentido de mascar hojas de cobre.

Jugarse la sombra en busca del íntimo escarabajo

tatuado en la concha

de la Señora Lengua.

Jugarse la sombra porque la piedra es más que el grito es más que la

ardilla es más que el disturbio

aullido

de alacrán.

Escribir poesía no es un trabajo para hombres delicados.

Flor occipital es el nombre de la cabeza.

Aquí están todos los juegos, todos los mapas, todas las palabras,

incluso aquellas por inventar.

Flor occipital es el nombre de la cabeza.

Tu voz.

Tus caras.

Tus mandalas de ternura y escarnio.

La desfiguración de líneas en el cuerpo convulsivo, haciendo saltar lémures.

Esmeralda.

Todo se inicia y se acaba con el encantamiento de esmeralda.

lunes, 3 de agosto de 2015

Si a costa de mí (por José Hierro)


Amanece. Descalzo he salido a pisar los caminos,
a sentir en la carne desnuda la escarcha.
¡Tanta luz, tanta vida, tan verde cantar de la hierba!
¡Tan feliz creación elevada a la cima más alta!
Siento el tiempo pasar y perderse y tan solo por fuera de mí
se detiene.
Y parece que está el universo encantado, tocado de gracia.
¡Tanta luz, tanta vida, tan frágil silencio!
¡Tantas cosas eternas que mellan al tiempo su trágica espada!
¡Tanta luz, tan abiertos caminos!
¡Tanta vida que evita los siglos y ordena en el día su magia!

Si la flor, si la piedra, si el árbol, si el pájaro;
si su olor, su dureza, su verde jadeo, su vuelo entre el cielo y la rama.
Si todos me deben su vida, si a costa de mí, de mi muerte

es posible su vida,
a costa de mí, de mi muerte diaria…

¡Tanta luz, tan remoto latir de la hierba…!
(Descalzo he salido a sentir en la carne desnuda la escarcha.)
¡Tanta luz, tan oscura pregunta!
¡Tan oscura y difícil palabra!
¡Tan confuso y difícil buscar, pretender comprender y aceptar,
y parar lo que nunca se para…!

domingo, 2 de agosto de 2015

Objetos olvidados (por Raymond Carver)

En esos tiempos yo era joven y la fuerza
de diez hombres habitaba mi cuerpo. Para
lo que mandaran, eso pensaba.
Trabajaba en el hospital en el turno de noche
y una de mis responsabilidades
cuando el forense terminaba su trabajo
era limpiar la sala de autopsias.
Ellos no tenían horario, algunas veces
terminaban temprano, otras demasiado tarde.
Y dejaban objetos olvidados en la mesa de trabajo
construida para esas tareas en particular.
Un pequeño bebé quieto como una piedra
y más frío que la nieve. Otra vez un negro corpulento
de pelo blanco con el pecho partido por medio,
todos sus órganos vitales
en una bandeja a un costado de su cabeza.
La manguera derramaba agua.
Las luces colgadas del techo encandilaban.
Una vez dejaron sobre la mesa una pierna,
una pierna de mujer, pálida y bien formada.
Yo sabía para qué era la pierna,
en ocasiones los había observado.
A pesar de eso me quedé sin respiración.

Cuando volvía a casa tarde de noche mi mujer
me decía “Cariño, todo va a salir bien. 

Podemos intercambiar esta vida por otra”. Pero no era así de fácil.
Ella sujetaba mi mano entre las suyas, con fuerza,
yo me reclinaba en el sillón y cerraba los ojos.
Pensaba en... cualquier cosa. No sabía en qué.
Dejaba que llevara mi mano a su pecho.
En ese momento yo abría los ojos y miraba el cielorraso o el piso.
Entonces mis dedos se arrastraban hacia su pierna, 

tibia y bien formada, que ante la más suave caricia temblaba
lista para elevarse con delicadeza. Mi mente
estaba confundida y, cómo decirlo, ¿sacudida?
No pasaba nada. Todo estaba pasando. La vida
era una piedra moliendo y afilándose.

sábado, 1 de agosto de 2015

El otro tigre (por Jorge Luis Borges)


Pienso en un tigre. La penumbra exalta
la vasta Biblioteca laboriosa
y parece alejar los anaqueles;
fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo,
él irá por su selva y su mañana
y marcará su rastro en la limosa
margen de un río cuyo nombre ignora
(en su mundo no hay nombres ni pasado
ni porvenir, sólo un instante cierto).
Y salvará las bárbaras distancias
y husmeará en el trenzado laberinto
de los olores el olor del alba
y el olor deleitable del venado.
Entre las rayas del bambú descifro
sus rayas y presiento la osatura
bajo la piel espléndida que vibra.
En vano se interponen los convexos
mares y los desiertos del planeta;
desde esta casa de un remoto puerto
de América del Sur, te sigo y sueño,
oh tigre de las márgenes del Ganges.


Cunde la tarde en mi alma y reflexiono
que el tigre vocativo de mi verso
es un tigre de símbolos y sombras,
una serie de tropos literarios
y de memorias de enciclopedia
y no el tigre fatal, la aciaga joya
que, bajo el sol o la diversa luna,
va cumpliendo en Sumatra o en Bengala
su rutina de amor, de ocio y de muerte.
Al tigre de los símbolos he opuesto
el verdadero, el de caliente sangre,
el que diezma la tribu de los búfalos
y hoy, 3 de agosto del 59,
alarga en la pradera una pausada
sombra, pero ya el hecho de nombrarlo
y de conjeturar su circunstancia
lo hace ficción del arte y no criatura
viviente de las que andan por la tierra.

Un tercer tigre buscaremos. Éste
será como los otros una forma
de mi sueño, un sistema de palabras
humanas y no el tigre vertebrado
que, más allá de las mitologías,
pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo
me impone esta aventura indefinida,
insensata y antigua, y persevero
en buscar por el tiempo de la tarde
el otro tigre, el que no está en el verso.

viernes, 31 de julio de 2015

Pedazos de palabras (por Roberto Juarroz)

Romper también las palabras,
como si fueran coartadas delante del abismo
o cristales burlados
por una conspiración de la luz y la sombra.

Y hablar entonces con los fragmentos,
hablar con pedazos de palabras,
ya que de poco o nada ha servido
hablar con las palabras enteras.

Reconquistar el olvidado balbuceo
que hacía juego en el origen con las cosas
y dejar que los pedazos se peguen después solos,
como se sueldan los huesos,
como se sueldan las ruinas.

A veces lo roto precede a lo entero,
los trozos de algo son anteriores a algo.
El aprendizaje de las unidades aún más humilde e incierto
que lo que sospechamos.
La verdad es tan poco segura (para el hombre)
como su negación.

jueves, 30 de julio de 2015

Arráncalo (por Ángel González)


¿Qué sabes tú de lo que fue mi vida?

Ahora sólo ves estos últimos años
que son como la empuñadura de un cuchillo
clavado hasta el final en mi costado.

Arráncalo de golpe y un borbotón de sueños
salpicará tu rostro.

Podría dejarte ciega. Ten cuidado.


miércoles, 29 de julio de 2015

Fatiga de ser amado (por Fernando Pessoa)


Sólo una vez he sido verdaderamente amado. Simpatías, las he tenido siempre, y de todos. Ni al más ocasional le ha sido fácil ser grosero, o ser brusco, o hasta ser frío para conmigo. Algunas simpatías he tenido que, con mi ayuda, podría -por lo menos una vez- haber convertido en amor o afecto. Nunca he tenido la paciencia o atención del espíritu para siquiera desear emplear ese esfuerzo.

Al principio de observar esto en mí, creí -tanto nos desconocemos- que había en este caso de mi alma una razón de timidez. Pero después descubrí que no la había; había un tedio de las emociones, diferente del tedio de la vida, una impaciencia de unirme a cualquier sentimiento continuo, sobre todo cuando hubiese que unirlo a un esfuerzo continuado. ¿Para qué?, pensaba en mí lo que no piensa. Tengo la suficiente sutileza, el suficiente tacto psicológico para saber el «cómo»; el «cómo del cómo» siempre se me ha escapado. Mi flaqueza de voluntad ha comenzado siempre por ser una flaqueza del deseo de tener voluntad. Así me ha sucedido con las emociones como me sucede con la inteligencia, y con la misma voluntad, y con todo cuanto es vida.

Pero aquella vez en que una malicia de la oportunidad me hizo creer que amaba, y comprobar de veras que era amado, me quedé, primero, aturdido y confuso, como si me hubiera tocado un premio gordo en moneda inconvertible. Me quedé, después porque nadie es humano sin serlo, ligeramente envanecido; esta emoción, sin embargo, que parecería la más natural, pasó rápidamente. Vino a continuación un sentimiento difícil de definir, pero en el que sobresalían incómodamente las sensaciones de tedio, de humillación y de fatiga.

De tedio, como si el Destino me hubiese impuesto una tarea en trabajos nocturnos desconocidos. De tedio, como si un nuevo deber -el de una horrorosa reciprocidad- me fuese impuesto por la ironía de un privilegio, que yo me tendría todavía que fastidiar agradeciéndoselo al Destino. De tedio, como si no me bastase la monotonía inconsciente de la vida, para que se le superpusiera ahora la monotonía obligatoria de un sentimiento definido.

Y de humillación, sí, de humillación. Tardé en darme cuenta de a qué venía un sentimiento aparentemente tan poco justificado por su causa. El amor a ser amado debería haber aparecido en mí. Debería haberme envanecido de que alguien se fijase atentamente en mi existencia como ser amable. Pero, aparte el breve momento de verdadero envanecimiento, en que todavía no sé si el asombro tuvo más parte que la propia vanidad, la humillación fue la sensación que recibí de mí. Sentí que me era dada una especie de premio destinado a otro -premio, sí, valioso para quien naturalmente lo mereciese.


Pero fatiga, sobre todo fatiga: la fatiga que sobrepasa al tedio. Comprendí entonces una frase de Chateaubriand que siempre me había confundido por falta de experiencia de mí mismo. Dice Chateaubriand, figurándose en René que «le cansaba que le amasen» -on le fatiguait en l’aimant. Conocí, asombrado, que esto representaba una experiencia idéntica a la mía, y cuya verdad yo no tenía, en consecuencia, el derecho a negar.

¡La fatiga de ser amado, de ser amado de verdad! ¡La fatiga de ser el objeto del fardo de las emociones ajenas! Convertir a quien quisiera verse libre, siempre libre, en el mozo de cuerda de la responsabilidad de corresponder, de la decencia de no alejarse, para que no se suponga que se es príncipe en las emociones y se reniega lo máximo que un alma puede dar. ¡La fatiga de convertírsenos la existencia en algo absolutamente dependiente de una relación con un sentimiento ajeno! ¡La fatiga de, en todo caso, tener forzosamente que sentir, tener forzosamente, aunque sin reciprocidad, que amar también un poco!

Se fue de mí, como hasta mí vino, aquel episodio en la sombra. Hoy no queda nada de él, ni en mi inteligencia ni en mi emoción. No me trajo experiencia alguna que yo no pudiese haber deducido de las leyes de la vida humana cuyo conocimiento instintivo albergo en mí porque soy humano. No me dio ni un placer que recuerde con tristeza, ni un pesar que recuerde también con tristeza. Tengo la impresión de que fui una cosa que leí en algún sitio, un incidente acaecido a otro, novela de la que leí la mitad, y de la que faltó la otra mitad, sin que me importara que faltase, pues hasta donde la leía estaba bien y, aunque no tuviese sentido, tal era ya que no le podría dar sentido a la parte que faltaba, cualquiera fuese su enredo.

Me queda apenas una gratitud a quien me amó. Pero es una gratitud abstracta, asombrada, más de la inteligencia que de cualquier emoción. Siento pena de que alguien hubiese sentido pena por mi culpa; es de esto de lo que tengo pena, y no tengo pena de nada más.

No es natural que la vida me traiga otro encuentro con las emociones naturales. Casi deseo que aparezca para ver cómo siento esa segunda vez, después de haber pasado a través de todo un extenso análisis de la primera experiencia. Es posible que sienta menos; es también posible que sienta más. Si el Destino lo concede, que lo conceda. Por las emociones, siento curiosidad. Por los hechos, cualesquiera que vengan a ser, no siento curiosidad alguna.

martes, 28 de julio de 2015

Ignorar (por Philip Larkin)


Qué raro no saber nada, nunca estar seguro
de qué es cierto o acertado o real,
y verse obligado a puntualizar O eso creo,
o Bueno, eso parece,
seguro que alguien lo sabe.

Qué raro ignorar cómo van las cosas:
su talento para encontrar lo que necesitan,
su sentido de la forma, su puntual diseminación
de la semilla, y su disposición para cambiar;
sí, es raro

incluso vestir ese conocimiento pues nuestra carne
nos rodea con sus decisiones
y pasar sin embargo toda la vida en imprecisiones,
y así cuando empezamos a morir
no tenemos ni idea de por qué.



lunes, 27 de julio de 2015

Única manera (por Wislawa Szymborska)


Vida: única manera
de cubrirse de hojas,
tomar aliento en la arena,
alzar el vuelo con alas;

ser perro
o acariciar su cálido pelaje;

distinguir el dolor
de todo lo que no lo es;

tener sitio en los hechos,
meterse en las vistas,
buscar el menor de los errores.

Excepcional ocasión
para recordar por un momento
sobre qué se habló
con la lámpara apagada;

y para una vez al menos
tropezar con una piedra,
mojarse con alguna lluvia,
perder la llave en la hierba;

y dirigir la mirada tras una chispa en el viento;

y de continuo no saber
algo importante.


domingo, 26 de julio de 2015

En su alboroto (por Vicente Gallego)


A esta roja amapola que se ha hecho
dueña entera del mundo,
firme en su indignación,
puesta en su escándalo,
dan ganas de decirle
que lleva la razón en su alboroto,
que no hemos de dudar, que nos perdone.


sábado, 25 de julio de 2015

Como el fresno (por Patricio Emilio Torne)


Así como así,

lo que era transparencia

en la reverberación de la tarde

se oscurece.

El contorno de las cosas

y su etimología

se trastocan: la lisura es aspereza

y los frutos se descomponen sin madurar.

Entre el viento que no cesa

y la rama que ya no puede,

algo está por colapsar en el paisaje de la calle.

Tras el aire ceniciento,

al alcance de una pedrada,

el cartel del supermercado anuncia ofertas

como si fuera un bálsamo ante los ojos.

La vida se ha vuelto eso,

una suma de ínfimas posibilidades

con nombres de productos

que quieren satisfacerte.

Sabemos bien que las ofertas

no dan sombras, pero en ellas,

comprando las que se puedan, está

la posibilidad de ensombrecernos.

El cuerpo todo en su sensibilidad

presiente el filo

que habrá de vencer al árbol.

El fresno, a lo largo de su existencia,

hace lo imposible por resistir

las embestidas del viento,

la mala poda,

la intolerancia del hombre

y el desprecio natural

por todo aquello que no entra

en el decálogo mezquino de los intereses,

Siempre ha sabido

que su sombra vale menos

que el kilo de papas, así las cosas

horadando su simiente.

El corazón resiste todo engaño

del que es objeto hasta donde puede.

Agosto quiere dar el golpe final

y nada hay que pueda hacerse,

salvo no sucumbir ante la impotencia,

y como el fresno,

reverdecer en primavera,

saber que habremos de volvernos oro

cuando llegue el otoño, sin que ello

garantice que pasemos el invierno.

viernes, 24 de julio de 2015

Exento (por Saiz de Marco)


Te queremos,

cuadrúpedo,

compañero prehistórico,

inmerecido amigo (indignos de ti somos),

lobo fiel al erguido,


porque tú no has llegado

a la mentira,

al odio,

a la traición,

al mal,


a todo lo que anega,

lo que tizna y embarra nuestra simiesca mente.


Te queremos

-ser noble,

exento de perfidia,


libre de retorsión-


porque necesitamos que algo como tú

exista,

sea aún posible en el mundo.


Sí, Perro, te queremos

porque tienes aquello que nosotros perdimos

y careces de todo

cuanto nos hace turbios.

jueves, 23 de julio de 2015

Nadie me ve (por Linda Hogan)


Una luz polvorienta cae a través de ventanas

donde familias enteras viajan juntas, solas.

Las madres abren las persianas y sacuden el

mundo viejo

de los manteles de encaje.

Debajo de pañoletas floreadas

mujeres inmigrantes ponen su fe en los

autobuses de la ciudad.

Se refugian detrás de los vidrios,

apoyan las cabezas contra las ventanas.

Detrás de párpados azulados de venas,

viajan.

Bruselas, tal vez, su destino.

Donde mujeres más viejas tejen encajes,

envuelven lino alrededor de agujas

y el sol se acuesta sobre telas de araña.

En la calle

hojas invisibles de vidrio atadas

a los costados de un camión.

El mundo se ve a través de ellas,

lleno de gente, con caballos rojos

que se alejan sobre las calles.

Dentro de esa piel lenta de caballo

detrás de las anteojeras

los animales oscuros corren,

caballos sombríos,

caballos de luz

corriendo sobre colinas de América.

Todo es extraño aquí.

Nadie me ve.

Nadie ve a esta mujer que recorre calles de la

ciudad.

Nadie ve los animales que corren dentro de mi

piel,

la selva profunda de árboles sureños,

las abuelas oscuras que miran a través de mis ojos,

observándolo todo, viajando todavía.


miércoles, 22 de julio de 2015

Me abandono en tu mar (por Carmen Conde)


Porque siendo tú el mismo, eres distinto
y distante de todos los que miran
ese rosa de luz que viertes siempre
de tu cielo a tu mar, campo que amo. 


Campo mío, de amor nunca confeso;
de un amor recatado y pudoroso,
como virgen antigua que perdura 

en mi cuerpo contiguo al tuyo eterno.

He venido a quererte, a que me digas
tus palabras de mar y de palmeras;
tus molinos de lienzos que salobres
me refrescan la sed de tanto tiempo.

Me abandono en tu mar, me dejo tuya
como darse hay que hacerlo para serte.
Si cerrara los ojos quedaría
hecha un ser y una voz: ahogada viva.

¿He venido, y me fui; me iré mañana
y vendré como hoy...?; ¿qué otra criatura
volverá para ti, para quedarse
o escaparse en tu luz hacia lo nunca?

martes, 21 de julio de 2015

Pero todos se van (por Roberto Juarroz)

Cada uno se va como puede,
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano,
unos con la cédula de identidad en el bolsillo,
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos.

Cada uno se va aunque no pueda,
unos con el amor entre dientes,
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida,
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro.

Cada uno se va porque se va,
unos con alguien trasnochado entre las cejas,
otros sin haberse cruzado con nadie,
unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino,
otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,
unos sin haber empezado a vivir
y otros sin haber empezado a vivir.

Pero todos se van con los pies atados,
unos por el camino que hicieron,
otros por el que no hicieron
y todos por el que nunca harán.

lunes, 20 de julio de 2015

A la orilla (por Eduardo Galeano)

No consigo dormir.
Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Arránqueme, Señora, la ropa y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.


domingo, 19 de julio de 2015

Torturador y espejo (por Mario Benedetti)


Mirate
así

qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia
qué paliza paterna te generó cobarde
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado
no escapes a tus ojos

mirate
así

dónde están las walkirias que no pudiste
la primera marmita de tus sañas
te metiste en crueldades de once varas
y ahora el odio te sigue como un buitre
no escapes a tus ojos

mirate
así

aunque nadie te mate
sos cadáver

aunque nadie te pudra
estás podrido

dios te ampare
o mejor
dios te reviente.

sábado, 18 de julio de 2015

Canción de la muerte resplandeciente (por Salvador Espriu)


Fortunas de mar

me llevarán consigo.

No podrás

orzar ni perder,

uno a uno, velero blanco,

todos los palos.

Por el engaño

de luz de mediodía,

eres súbito prisionero

de un viejo canto.

¿En qué puerto

se enroló, serviola,

este nuevo timonel

tan extraño?

Yo no sé

que caminos de mi sueño

lo han llevado al gobierno

de la nave.

Ásperas manos

nunca dejan la rueda,

y ya calmo se torna

mi tiempo.

Lejos, más allá

de palabras amargas,

encontré una muerte

resplandeciente.


viernes, 17 de julio de 2015

Todos los laberintos (por Sònia Moll Gamboa)


Sentarse con la espalda

apoyada en el muro.

Asumir los ciegos caminos,

las paredes altísimas,

la curva afilada de todos los rincones.

Respirar las dudas,

reflexionar las muertes.

Mirar hacia lo alto:

todos los laberintos tienen cielo,

e incluso algunos tienen terrazas

desde donde puede verse un trozo de mar. 


jueves, 16 de julio de 2015

Todo ha pasado (por Tom Kristensen)

Mira, por tercera vez el verdugo
limpia de sangre y de humedad su espada
y se encienden tres llamas rojas
en el trapo que ha usado;
pero yo no tengo cabeza y estoy muerto
cuando por sexta vez una llama
se alumbra, se alumbra
en el trapo del verdugo.

Nos arrodillamos, nosotros, veinte hombres,
con la cabeza estirada,
y tendré que ver la reluciente espada
cortar la cabeza a cinco;
pero la sexta, la sexta vez,
cuando el tiempo se va haciendo mortalmente largo,
el ojo se ha cerrado,
todo ha pasado.

Ahora por cuarta vez el verdugo
limpia su espada con el mismo trapo,
mientras el número cuatro se derrumba
y la sangre brota
y el verdugo se acerca más;
entreveo la empuñadura de su espada,
el ala de un dragón en
el anillo de la empuñadura.

Entonces vuelvo un poco la cabeza
y lo veo amenazador, grande y gris,
cabeza afeitada y coleta desnuda
contra el cielo azul.
Veo cada simple pelo que nace
en la nariz y cejas del verdugo.
Ahora veo y veo
cada vez más y más.

Ahora por quinta vez el verdugo
seca la sangre y humedad de su espada,
y la cabeza del número cinco
se ha detenido junto a su pie;
pero el tiempo se demora infinitamente
antes de la sexta vez, la sexta.
Ya no creo que
vaya a pasar nada más.

¿Se ha parado el mundo para siempre?
¿Está la espada llena de humedad?
¿Le estará sacando brillo el verdugo eternamente
para no tener que usarla jamás?
La nuca me duele sin parar y el dolor
me lanza una vertiginosa corona
a la carne del cuello.
¿Estaré quizá muerto?

No, el verdugo todavía está mirando
el cortante y resistente filo de la espada.
Entonces da el paso siguiente
y se detiene —mide— retrocede un poco.
Veo un escarabajo caminando confiado
con el verde metálico de su abovedada espalda,
va caminando hacia
un pie del verdugo.

miércoles, 15 de julio de 2015

Oda sobre la oda del viejo ruiseñor (por Andrés Neuman)


Sentado bajo el árbol que sustituye al árbol
donde John Keats oyó cantar al ruiseñor
me pregunto qué acordes hubieran sorprendido
al poeta una tarde del año 2006.
El oído es un ojo que lee como vive
y la vida presente se ha vuelto un pentagrama
caótico, crispado, cada vez más agudo.
Tampoco el ruiseñor sería el mismo pájaro:
antes era un milagro en medio del reposo,
melódico misterio en labios de la noche.
Pero hace ya tiempo que los seres alados
perdieron el reloj a través de las ramas
y un reflejo nervioso de vatios en cadena
los obliga a cantar torpemente a deshora.
Lo más probable hoy es que Keats no pudiese
oír a un ruiseñor ni distinguir su canto.

Pero, ah, ¿y si pudiera? ¿Y si en este jardín
bajo el cielo de Hampstead quedara algún jirón
de silencio flotando? De ser así me temo
que esta tarde el poeta ya no habría envidiado
la estirpe voladora ni exclamado en un trance
de armónico furor: «¡Tú no naciste
para la muerte, pájaro inmortal!».
Se habría referido más bien a la extinción
de especies muscicápidas, al smog enredado
entre sus alas cortas o al tenso laberinto
de tendidos eléctricos que dificulta el vuelo.

Y pese a todo Keats, que cantaba mejor
que el cándido jilguero o la inconsciente flauta
al final suspiró: «No nos puede engañar
tan bien la fantasía», dudando si los sones
habían sido fruto de un sueño pasajero.
Quizás esa sospecha amarga y terrenal
(que en lugar de mancharlo eleva su poema)
nació del rumor rojo de las enfermedades,
de la sangre perdida por la boca que canta.
Al comprender temprano que su vida era breve
el ruiseñor John Keats intentó imaginar
una voz más constante durando en las alturas,
algún pájaro eterno a lo largo de siglos
unísonos, aéreos…

Y fue en aquel refugio,
resguardado a la sombra de este leve ciruelo
que no es el genuino y que me desprotege,
donde el joven cantor soñó la permanencia
hace doscientos años sin suponer que alguien
(yo mismo o cualquier otro: la historia nos transplanta)
pagaría un billete para probar su asiento
y saldría más tarde pensando en viejas odas,
en la remota cuerda de la tuberculosis,
oyendo un aletear de fugaces motores
(¿de dónde provendrán?, ¿adónde vuelan?)
y parando a comprar un frasco de jarabe
en la absurda farmacia llamada Keats, oh tiempo,
que han abierto a la vuelta de su jardín inmóvil. 


martes, 14 de julio de 2015

Todos los hombres matan lo que aman (por Oscar Wilde)


Sin embargo -¡Y escuchen bien todos!-
todos los hombres matan lo que aman:
unos con una mirada de odio,
otros con una palabra acariciadora;
el cobarde con un beso,
el valiente con la espada.
Unos matan su amor cuando son jóvenes,
otros cuando ya son viejos,
unos lo ahogan con las manos de la lujuria,
otros con las manos del oro;
los más compasivos se sirven de un cuchillo,
del cuchillo que mata sin agonía.
El amor de unos es demasiado corto,
demasiado largo el de otros;
unos venden y otros compran;
unos hacen lo que deben hacer con lágrimas,
otros sin un solo suspiro;
pues todos los hombres matan lo que aman,
aunque no todos deban morir por ello.


lunes, 13 de julio de 2015

En mi flor me he escondido (por Emily Dickinson)


En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin tú sospecharlo también allí estuviera...
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.

En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.



domingo, 12 de julio de 2015

La vida de la que has sido testigo (por Carl Dennis)


Debe ser inquietante para el dios que te ama
sopesar cuánto más feliz serías hoy
si hubieras podido avistar tus muchos futuros.
Debe ser doloroso para él verte los viernes por la noche
conduciendo a casa desde la oficina, satisfecho con tu semana
-tres buenas casas vendidas a familias dignas de ellas-
sabiendo como sabe perfectamente qué habría pasado
si hubieses ido a por tu segunda elección en la universidad,
conociendo el compañero de cuarto que se te habría asignado
cuyas ardientes opiniones sobre pintura y música
habrían prendido en ti una pasión de por vida.
Una vida treinta puntos por encima de la que vives
en cualquier escala de satisfacción. Y cada punto
una espina en el costado del dios que te ama.
No quieres eso, un hombre espiritual como tú
que intenta salvar a su esposa de las decepciones del día
para que pueda guardar su empatía hacia los niños.
¿Y querrías que este dios comparase a tu mujer
con la mujer que estabas predestinado a encontrar en el otro campus?
Te duele pensar en él tras la conversación
que habrías disfrutado allí valorándola mejor
que la conversación a la que estás acostumbrado.
Y piensa cómo este amante dios se sentiría
sabiendo que el siguiente hombre en la fila para tu mujer
la habría satisfecho mucho más de lo que tú no podrás nunca
ni siquiera en tus mejores días, cuando de verdad te esfuerzas.
¿Puedes dormir por las noches sabiendo que un dios así
recorre su habitación de nubes, atormentado por las posibilidades
de las que tú te libras por ignorancia? La diferencia entre lo que es
y lo que pudo ser permanecerá viva para él
incluso después de que dejes de existir, después de que cojas frío
al correr en la nevada a por el periódico de la mañana,
perdiendo once años que el dios que te ama
se sentirá obligado a imaginar escena por escena
a no ser que vengas al rescate imaginándole
no más sabio de lo que tú eres, para nada divino, sólo un amigo
no más cercano que el amigo real que hiciste en la universidad,
al que no has escrito desde hace meses. Siéntate esta noche
y escríbele sobre la vida a la que puedes referirte
con total autoridad, la vida de la que has sido testigo,
la que desde tu punto de vista has elegido.

sábado, 11 de julio de 2015

Lo que debe olvidarse (por Miguel Ángel Arcas)


Olvidar lo que debe olvidarse para seguir vivos, 

lo que no es tuyo y no te mejora.
Olvidar la limosna del tiempo, el cansancio, 
el hollín de la tristeza que atasca el engranaje, 
el hierro dulce de la lengua roja.

Olvidar las ideas que perdimos, 

los fantasmas, los sueños, 
las fieras que te gritan en el pecho y no te dejan.

Olvidar como quien se traga una llave.

Inventarse la nada
como quien sopla un fósforo en el tiempo.

viernes, 10 de julio de 2015

Sin saber quién los abraza (por Walt Whitman)


Veintiocho muchachos se bañan en el río.
Veintiocho muchachos, en cordial camaradería, se bañan en el río.
Y una mujer de veintiocho años, virgen y hermosa, vive solitaria.
Suya es la suntuosa mansión que se alza en la ribera,
y, espléndida y ricamente vestida, espía oculta tras las cortinas del balcón.

¿Cuál de aquellos muchachos le gusta más?
¡Todos le parecen hermosos!
¿Adónde vais, señora?
Aunque seguís fija en vuestra atalaya,
yo os veo ahora chapotear en el agua.
Danzando y riendo ha entrado en el río una hermosa bañista.
Ellos no la ven,
pero ella los ve y los siente henchida de amor.
Brilla el agua en las barbas mojadas de los hombres,
corre por los cabellos largos
y como pequeños arroyos
pasa acariciando los cuerpos.
Una mano invisible pasa también acariciando temblorosa las sienes y los lomos.
Los muchachos flotan boca arriba con el vientre blanco combado bajo el sol,
sin saber quién los abraza y los aprieta,
quién resopla y se inclina sobre ellos,
suspensa y encorvada como un arco,
ni a quién salpican al golpear el agua con los brazos.


jueves, 9 de julio de 2015

No vayamos más lejos (por Ida Vitale)

Quizás no se deba ir más lejos.
Aventurarse quizás apenas sea
desventurarse más,
alejarse un atroz infinito
del sueño al que accedemos
para irisar la vida,
como el juego de luces que encendía,
en la infancia,
el prisma de cristal,
el lago de tristeza, ciertas islas.
Sí, entre biseles citados los colores,
un fulgor anidaba sobre otro
-seda y deslumbramiento
el margen del espejo-
y aquello también era un espectro,
sabido, exacto. Centelleos ajenos
en un mundo apagado.
Como un canto sin un cuerpo visible,
un reflejo del sol creaba
una cascada un río una floresta
entre paredes áridas.
Sí, no vayamos más lejos,
quedemos junto al pájaro humilde
que tiene nido entre la buganvilla
y de cerca vigila.
Más allá sé que empieza lo sórdido,
la codicia, el estrago.

miércoles, 8 de julio de 2015

La carne dulce (por Braulio Ortiz)


A menudo ha irrumpido en tu memoria
ese campo al que escapabais los domingos,
ese campo
con un altivo eucalipto como guarda,
un caserón que jugaba con el eco
y unos perros que siempre tenían hambre.

Allí tu padre os mostraba con orgullo
la última variedad de algún naranjo
que habían incorporado a aquellas tierras.
Recuerdas con qué emoción pelaba aquella fruta
y os daba a probar su carne dulce,
recuerdas
que aunque pusierais cuidado en el empeño
el zumo os cubría la mandíbula.

A menudo te viene aquella imagen
y te preguntas
si tu padre, que no pudo jubilarse,
que renunció a sus sueños por vosotros,
sabía que esa naranja, esa simple naranja,
era en su pequeñez la plenitud,
era toda la verdad que escondía el mundo.

Quizá
esa sea la lección que trae el viento:
que en vez de fantasear con el futuro
hay que tomar la carne dulce, el jugo,
del momento que vives.


martes, 7 de julio de 2015

Barcas sigilosas (por Philip Larkin)


Esta ciudad tiene muelles a los que llegan barcas sigilosas;
dóciles y estrechos pasos, altos galpones, y el viajero ve
(mientras el maletín de muestras le golpea las rodillas)
y oye, todavía por debajo de las máquinas que amainan,
anunciar su llegada a la orilla matinal.

Y nosotros, todavía medio dormidos,
percibimos el mugido de las llegadas a una triste distancia:
una vez más peliagudos dilemas en la puerta.
Ya verás cómo te equivocas, gritan, ya verás cómo te equivocas;
y nos levantamos. Por la noche suenan otra vez

llamando ahora al viajero que se marcha:
No por mucho tiempo, gritan, no por mucho tiempo.
Nos sacan a empujones de la comodidad, y nunca sabemos
con qué tranquilidad podríamos ignorar sus sirenas,
ni si, esta noche, la felicidad también se marcha.


lunes, 6 de julio de 2015

Juan, I, 14 (por Jorge Luis Borges)

No será menos un enigma esta hoja
que la de Mis libros sagrados
ni aquellas otras que repiten
las bocas ignorantes,
creyéndolas de un hombre, no espejos
oscuros del Espíritu.
Yo que soy el Es, el Fue y el Será,
vuelvo a condescender al lenguaje,
que es tiempo sucesivo y emblema.
Quien juega con un niño juega con algo
cercano y misterioso;
yo quise jugar con Mis hijos.
Estuve entre ellos con asombro y ternura.
Por obra de una magia
nací curiosamente de un vientre.
Viví hechizado, encarcelado en un cuerpo
y en la humildad de un alma.
Conocí la memoria,
esa moneda que no es nunca la misma.
Conocí la esperanza y el temor,
esos dos rostros del incierto futuro.
Conocí la vigilia, el sueño, los sueños,
la ignorancia, la carne,
los torpes laberintos de la razón,
la amistad de los hombres,
la misteriosa devoción de los perros.
Fui amado, comprendido, alabado y pendí de una cruz.
Bebí la copa hasta las heces.
Vi por Mis ojos lo que nunca había visto:
la noche y sus estrellas.
Conocí lo pulido, lo arenoso, lo desparejo, lo áspero,
el sabor de la miel y de la manzana,
el agua en la garganta de la sed,
el peso de un metal en la palma,
la voz humana, el rumor de unos pasos sobre la hierba,
el olor de la lluvia en Galilea,
el alto grito de los pájaros.
Conocí también la amargura.
He encomendado esta escritura a un hombre cualquiera;
no será nunca lo que quiero decir,
no dejará de ser su reflejo.
Desde Mi eternidad caen estos signos.
Que otro, no el que es ahora su amanuense, escriba el poema.
Mañana seré un tigre entre los tigres
y predicaré Mi ley a su selva,
o un gran árbol en Asia.
A veces pienso con nostalgia
en el olor de esa carpintería.

domingo, 5 de julio de 2015

Por las palabras que no hemos dicho (por Corrado Benigni)


Por las palabras seremos juzgados,

por las palabras que no hemos dicho

seremos juzgados

por una voz precedente.

Aténganse a los hechos, aclaren los indicios

de sus coartadas, pues poco es lo que queda.

Dentro de un círculo la razón

busca su gozne extraviado, la verdad

que no tiene nombres,

sombras que el árbol de Judas proyecta

sobre esta tierra que dicen prometida

donde nadie osa volverse, culpable o inocente,

pero cada desaparición deja

la huella de un despertar.

sábado, 4 de julio de 2015

En ese patio (por Miyó Vestrini)


En el patio de Anaïs Nin

dilapido mi muerte.


Perdida pero obstinada, lleno el vaso de agua para

el sudor de la madrugada y estiro la colcha viendo la

arañita quieta en el techo, siempre con el frío de la

noche anterior, siempre lo mismo,


y de ese patio, recuerdo sobre todo el olor,

aquel encuentro que nadie tomó en cuenta,

porque el día era muy gris

y temíamos

que la gente amaneciera triste.


Había lo imprevisible en ese patio.

La estatua del niño de mirada inconmovible,

toquecitos de cielo, lluvia y palomas.

Un viajero que mentía para no llegar a su destino.

Un extraño transeúnte de abril.

Un asesino desencantado por la brisa

que decía no tengas miedo, son ruidos

de madera de algún vecino melancólico,

de algún aparecido. Y seguía rondando,

miraba y medía la niebla, casi pasaba

a otro tiempo, tiempo para que no

empezara nada nuevo.


En el patio de Anaïs Nin,

despiertan a veces los días malos

despiertan el agua y las campanas y las

palabras rigurosas y el furor ciego de los

solitarios y el golpe sobre los ojos y los

que te ven, como si nada pasara. Todo un

enojo de graznidos, bullas, desazones,

confusiones, monotonías, hasta la quietud

de la muerte, cuando será inútil ya agitarse.


En el patio de Anaïs Nin,

los tragos son dulces y demoníacos


dan vueltas y más vueltas,

aplauden a mi amado


el más amado de los lunáticos.


En el patio de Anaïs Nin,

no se aceptan extraños

y menos aquellos que vengan de coléricas comarcas.


En el alto techo, habrá tiempo para tu cuerpo y el mío.


Nada diré de tu bienaventuranza, de tus

mañanas de jazmín, de tus insoportables

desastres. Correrás bajo el paso rápido

de las nubes y darás el santo y seña junto

a la fuente.


En el patio de Anaïs Nin,

cuando duermes y me amas,

es ahora el día de todas las furias juntas.

viernes, 3 de julio de 2015

Auschwitz (por León Felipe)


Estos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud
que hablen más bajo…
que toquen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
Y solo.
¡Solo!
aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, «gran cicerone»)
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue una aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa… otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú… no tienes imaginación,
Acuérdate que en tu «Infierno»
no hay un niño siquiera…
Y ese que ves ahí…
está solo
¡Solo! Sin cicerone…
esperando que se abran las puertas de un infierno que tú, ¡pobre florentino!,
no pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos los violines del mundo.
¿Me habéis entendido poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo! ¡Chist!
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista…
y he tocado en el infierno muchas veces…
Pero ahora, aquí…
rompo mi violín… y me callo.

jueves, 2 de julio de 2015

Caminan viejas botas (por Antonio Rivero Taravillo)

Una curva entre el cárdeno y la verde
extensión de la hierba: los brezales.
La guedeja férrea del tren
va por esa región deshabitada,
los brillantes raíles que la lluvia
bruñe junto a los cardos a su vera.

Por las Tierras Altas de Escocia
y aquel agosto joven de otro siglo
caminan viejas botas y unos pies
que aún no conocían asperezas,
cuando no tenía tampoco
encallecida el alma.

Recuerdo aquel recodo; y si bajase
–menos duro de oído y sin mareos
por tantas cervicales machacadas–
ahora la cabeza, escucharía
una locomotora y sus vagones
de mercancías del pasado

más cerca, cada vez más cerca.
Pastor o montañero,
por la ruta cerrada en ocasiones
alguien sorprende a mi fantasma.
De su misma especie, las nubes
van y vienen. Pasan. Regresan.


miércoles, 1 de julio de 2015

Y entonces cantó un gallo (por Saiz de Marco)

En el 2500 no son los hombres-máquinas propensos a emociones.
Aun así un hombre-máquina ha leído ese pasaje
en que en tres ocasiones Pedro niega haber sido amigo de Jesús.
Entonces canta un gallo y las lágrimas ruedan por la cara de Pedro.

“Y lloró amargamente”
(lo dice así el relato,
puede que “lloró” a secas no describiera bien).

Y aunque los hombres-máquinas son fríos y circunspectos,
al leer ese episodio se alteran o saturan sus conexiones híbridas.

Las veces que fue amado y no devolvió amor.

Las veces que no estuvo al nivel de sí mismo.

Las veces que fue infiel,
que engañó o traicionó.

Culpas y deslealtades del siglo 26...

No llora el hombre-máquina
(no tiene el cibercuerpo glándulas lacrimales)

pero algo se revuelve,
quiere ser derramado de esos visores que hay
en el hueco donde antes se insertaban los ojos.


martes, 30 de junio de 2015

Adherida al insomnio (por Oliverio Girondo)

debajo de la almohada
una mano,
mi mano,
que se agranda,
se agranda
inexorablemente,
para emerger,
de pronto,
en la más alta noche,
abandonar la cama,
traspasar las paredes,
mezclarse con las sombras,
distenderse en las calles
y recubrir los techos de las casas sonámbulas.
A través de mis párpados
yo contemplo sus dedos,
apacibles,
tranquilos,
de ciclópeas falanges;
los millares de ríos
zigzagueantes,
resecos,
que recorren la palma desierta de esa mano,
desmesurada,
enorme,
adherida al insomnio,
a mi brazo,
a mi cuerpo
diminuto,
perdido
en medio de las sábanas;
sin explicarme cómo esa mano
es mi mano,
ni saber por qué causa se empeña en disminuirme.

lunes, 29 de junio de 2015

Muñeca rusa (por Joan Manuel Serrat)


Dentro de ella se esconde otra 

que es como ella, pero no es;
y en esa otra se oculta otra 
que esconde otra a su vez.

Una se ve, 
la otra se adivina, 
la otra ya fue, 
la otra será,
y todas son de mentira 

y todas son de verdad.

Ella es la que se mira al espejo 
y la que en el espejo se ve.
Es lo que dice su boca 
y lo que ocultan sus ojos también.

Son muchas y distintas mujeres 
viviendo en una mujer no más.
Uno no puede querer a una 
sin querer a las demás.

Ella es como una Matryshka.
Ella es como una muñeca rusa.

Y aunque nadie sabe quién es ella, 
ni lo que ellos para ella son,
todos cuentan la feria según como les fue en el frontón.

Que si la oruga 
o la mariposa, 
que si la reina del ajedrez,
que si el infierno 
o el paraíso, 
que si el agua, 
que si la sed.

¡Cuántos quisieran verla entregada 
como la playa en la bajamar
con sus secretos a la intemperie y sus arenas por hollar!

A mí me basta con ser para ella 
la misma cosa que siempre fui:
el viejo osito de felpa que abraza para dormir.

domingo, 28 de junio de 2015

Plenitud (por Aquilino Duque)


Hay que buscar con la esperanza

de no encontrarlo todo.

Hay siempre que pararse a dos jornadas

de la felicidad.

Hay que tender al infinito.

Estar a punto de llegar

pero no llegar nunca.

Eso es la plenitud. Eso es la vida.


sábado, 27 de junio de 2015

Silenciosos (por Víctor Gaviria)


A ustedes pensamientos, agradezco
que no me hayan traicionado,
y que se hayan escondido tan hondo
detrás de mi cara,
que yo haya estado con tanta gente
en las fiestas y en las reuniones de trabajo,
y ustedes hayan permanecido silenciosos,
sin hacer huir a nadie de mí,
y no hayan hecho ruido involuntario como
lo hacen algunos vasos o sillas que se caen
de extraña inquietud…
A ustedes, pensamientos, agradezco
haber esperado tanto tiempo en la última pieza honda
de mi vida,
sobre todo porque han hecho que algunos me amen
por escucharlos sin decirles nada,
por estar ahí como una compañía
que tanto necesitan las cosas,
por estar ahí en las largas noches
en que no éramos nadie
y el viento nos barría…


viernes, 26 de junio de 2015

Dicha tan desgraciada (por César Vallejo)


Pero antes que se acabe
toda esta dicha, piérdela atajándola,
tómale la medida, por si rebasa tu ademán; rebásala,
ve si cabe tendida en tu extensión.

Bien la sé por su llave,
aunque no sepa, a veces, si esta dicha
anda sola, apoyada en tu infortunio
o tañida, por sólo darte gusto, en tus falanjas.
Bien la sé única, sola,
de una sabiduría solitaria.

En tu oreja el cartílago está hermoso
y te escribo por eso, te medito:
No olvides en tu sueño de pensar que eres feliz,
que la dicha es un hecho profundo, cuando acaba,
pero al llegar, asume
un caótico aroma de asta muerta.

Silbando a tu muerte,
sombrero a la pedrada,
blanco, ladeas a ganar tu batalla de escaleras,
soldado del tallo, filósofo del grano, mecánico del sueño.

(¿Me percibes, animal?
¿me dejo comparar como tamaño?
No respondes y callado me miras
a través de la edad de tu palabra).
Ladeando así tu dicha, volverá
a clamarla tu lengua, a despedirla,
dicha tan desgraciada de durar.
Antes, se acabará violentamente,
dentada, pedemalina estampa,
y entonces oirás cómo medito
y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida
y entonces olerás cómo he sufrido.

jueves, 25 de junio de 2015

La carretera se borra (por Alicia Genovese)

autopistas rectas
exhalantes de una pesadez gomosa
humo de las chimeneas de Baltimore
sobre paisajes
que la velocidad mutila

otro viaje
la ausencia
como un par de párpados
un acá un allá
y la fantasía autobiográfica de las cartas

cielo abierto sobre este asfalto
que se transforma
a ventana en Buenos Aires
cortada por cables de teléfono
el miedo como un vuelo de alguaciles
que anuncian lluvia
y chocan contra las paredes
rodar de neumáticos perseguidos
devorados
en una calle muerta

la noción de infinito en esta ruta
como en un paisaje lunar
nube enorme
encima del camino
ningún sitio familiar para estos pies

un agitar de manos como gesto que se
metamorfosea
en el de espantar a una mosca verde
detrás del túnel del avión

experiencias nuevas
como músculos bronceados
por avisos de publicidad

el error de creer que los actos
no tienen pasado
que mi sonrisa a bordo
es anónima
como la mirada ajena la dibuja

geografías superficies
espacios perfectamente nombrables
sobre un tiempo
enmarañado por la memoria:
gaseosa con limón y
hamburguesas con ketchup
en el aeropuerto de llegada
amigos en un bar
no saben cómo
volver a hablarse
afilados dientes en el cansancio
se lastiman

nadie habla en el supermercado
pero es ensordecedor el ruido de
los carritos las botellas las
máquinas lectoras de códigos
y una boca que quiso decir
pero donde palabras vivían
animales abstrusos

el cuerpo exigido por los frenos
un pueblito casi igual al anterior
el mismo Mc Donald's
los semáforos
el paso de cuarta
de segunda
cambio de planes
para el semestre de primavera
las vacaciones serán de sólo doce días

nada más que un susto el gatito corre
fuera de la ruta
pero un pedal al clavarse
detiene el motor
una crispación de
intrusos por debajo de la puerta
en los pezones
papeles tirados al inodoro
blancos
grises que lo velocidad encima
como una masa metálica

en el tejido inconexo
el sitio de desgarro

un cruce roto
la linealidad se pierde
verdes que la velocidad esfuma
muy pronto Washington D.C.

la escritura no vuelve transparente
un agujero negro

luces bajas
la carretera se borra
en las líneas marcadas al costado

dos líneas para aferrarse
cuando el camino

desboca su sentido
el peligro en la imprecisión
de las formas luminosas

miércoles, 24 de junio de 2015

Pérdidas (por Kay Ryan)


La mayoría de las pérdidas agregan algo:
un nuevo hueco o un silencio,
un espacio en un personal
archipiélago de islas.

Tenemos esa diferencia
a donde ir, en sí misma
una sucesión de posibilidades.

Pero hay otras pérdidas
tanto más allá de nuestro conocimiento
que dejan sólo agujeros
en los agujeros

como el fin de las
largas y solitarias vidas
de los náufragos
creídos muertos por error.


martes, 23 de junio de 2015

Una mujer ausente (por Luis García Montero)

En el décimo B
no amanecen los días y las noches,
ya no tienen un sueño para el amor o el miedo.

Tras las ventanas sucias,
de la mujer ausente nadie sabe.
Sus paredes la dan por desaparecida.

Una mujer ausente
y el cisne negro de la soledad
que se posa en un lago de luz desalquilada.

Ya nadie sabe nunca.
Pero alguien que pasa sin saber
piensa que el viento flota con olor a cerrado.


lunes, 22 de junio de 2015

Lo que les era cierto (por Wislawa Szymborska)


Cierta gente huyendo de cierta gente.

En cierto país bajo el sol

y bajo ciertas nubes.


Dejan tras de sí todo lo que les era cierto,

campos sembrados, ciertas gallinas, perros,

espejos en los que justamente se contempla el fuego.


Llevan en la espalda cántaros y hatillos,

cuanto más vacíos eran, son cada día más pesados.


Tiene lugar calladamente el detenerse alguien,

y en el tumulto, el arrancarle el pan alguien a alguien

o el sacudir al niño muerto de alguien.


Continuamente ante ellos un cierto no es por ahí,

un no es éste el puente que hace falta cruzar

sobre un río extrañamente rosa.

Alrededor ciertos disparos, más lejos o más cerca,

y en lo alto un avión que levemente bascula.


No estaría mal una cierta invisibilidad,

una cierta pedregosidad parda,

y aún mejor un cierto no-haber-sido

por un tiempo corto o incluso largo.


Algo ocurrirá todavía, pero dónde y qué.

Alguien les saldrá al encuentro, pero cuándo, quién,

de cuántas formas y con qué intenciones.

Si puede elegir,

quizás no quiera ser un enemigo

y los deje con cierta vida.

domingo, 21 de junio de 2015

ENLACE

[A petición de F., seguidor y comentarista desde los inicios de esta página, dejamos link del llamamiento que en su blog hace la poeta Sofía Serra ante la angustiosa situación que está viviendo:]


Pequeña belleza (por Nuno Judice)

El absoluto se manifestó en un vaso de agua, 
cuando el sol apareció detrás de una nube 
y le dio un brillo inesperado en la más gris de las mañanas. 
A veces, piensa el agnóstico, 
lo inverosímil nace de una pura explicación lógica, 
como si el azar no existiera. 
Lo que hace, sin embargo, es colocarse 
en el lugar del hombre que no acepta que la belleza pueda nacer de la nada, 
al descubrir que tiene el pie en la frontera entre lo que sabemos 
y lo que ni siquiera necesitamos comprender. 
Por eso, al beber el agua, 
sentí el brillo de la mañana llenarme el alma, 
como si el agua fuera algo más que un líquido sin color ni olor. 
Sin embargo, cuando posé el vaso vacío, 
sintiendo la falta de luz que lo había llenado, 
pensé en lo frágil que es esa pequeña belleza, 
y que tal vez hubiera sido mejor quedarme con sed.