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lunes, 22 de junio de 2015

Lo que les era cierto (por Wislawa Szymborska)


Cierta gente huyendo de cierta gente.

En cierto país bajo el sol

y bajo ciertas nubes.


Dejan tras de sí todo lo que les era cierto,

campos sembrados, ciertas gallinas, perros,

espejos en los que justamente se contempla el fuego.


Llevan en la espalda cántaros y hatillos,

cuanto más vacíos eran, son cada día más pesados.


Tiene lugar calladamente el detenerse alguien,

y en el tumulto, el arrancarle el pan alguien a alguien

o el sacudir al niño muerto de alguien.


Continuamente ante ellos un cierto no es por ahí,

un no es éste el puente que hace falta cruzar

sobre un río extrañamente rosa.

Alrededor ciertos disparos, más lejos o más cerca,

y en lo alto un avión que levemente bascula.


No estaría mal una cierta invisibilidad,

una cierta pedregosidad parda,

y aún mejor un cierto no-haber-sido

por un tiempo corto o incluso largo.


Algo ocurrirá todavía, pero dónde y qué.

Alguien les saldrá al encuentro, pero cuándo, quién,

de cuántas formas y con qué intenciones.

Si puede elegir,

quizás no quiera ser un enemigo

y los deje con cierta vida.

5 comentarios:

F. dijo...

Pongo en conocimiento de los asiduos a este limonar mi propósito de -ya que Andrés Trapiello ha vertido al español "de hoy" el Quijote de Cervantes- traducir al castellano cervantino-macarrónico la recopilación completa de los relatos de Borges. Ese será el primer paso, que ya vendrán otros que lo traduzcan al español de aquí y ahora.
Y es que los giros lunfardianos de algunos relatos suyos, tal como ocurre en "El hombre de la esquina rosada", los harán del todo ininteligible a personas acostumbradas a que se lo den todo masticado o a amigos de tirar la toalla -como los púgiles flojos- a las primeras hostiecitas de refilón. Porque eso de leer como beben las gallinas (meter el pico en el pilón y parar un ratito para mirar al cielo como degustando) comprendo que es un esfuerzo ímprobo para muchos consoleros de yemas aplastadas por el uso (entre eso y el teclado del ordenata, mutación en ciernes).
Leer supone un esfuerzo de introspección y de apertura. Pero no están los tiempos para hacer esfuerzos que no provean la despensa.
He oído que ya se está pensando en alguna editorial de fuste en encargar la versión castellana (actual) de las obras de Ramón del Valle Inclán. Y es que su "Tirano Banderas" no hay cristiano que lo entienda.

agridulce dijo...

El Quijote se tradujo, ya en el siglo XVII, a otras lenguas, como el francés y el inglés. Pero los franceses e ingleses de hoy día no leen el Quijote en esas traducciones (casi contemporáneas de Cervantes), sino en otras posteriores adaptadas al francés y al inglés actuales. O sea, que lo leen sin arcaísmos y palabras en desuso. Trapiello simplemente ha ampliado el abanico de posibilidades. Lea Vd el Quijote como quiera y pueda. Y si quiere (y puede, ¡quién pudiera!) leer a Homero en griego clásico, hágalo también. Pero ¿no es mejor que quienes no son -somos- capaces de ello puedan leerlo en español actual? Vamos, es un decir...

Perico (el de los palotes) dijo...


La trayectoria histórica de las traducciones del Quijote se inicia durante el mismo siglo XVII cuando Thomas Shelton, en 1612, traduce la Primera parte al inglés y César Oudin, en 1614, al francés.

En 1622 aparece en italiano de la mano del profesor de español Lorenzo Franciosini. En 1648 lo traduce al alemán Pahs Bastelnvon der Sohle y en 1657, al holandés, el escritor Lambert van der Bos.


Más info en

http://www.cervantes.es/quijote/presentacion.htm

F. dijo...

Siempre se leyó el Quijote tal cual nació y con aprovechamiento máximo de los interesados (existen ediciones en las que las notas explicativas al margen son casi tan extensas como el propio texto cervantino). He de decir que bien joven leí este prodigio sin que tenga conciencia de haberme estrellado con un muro de dificultades interpretativas. Si no conocemos cómo hablaban nuestros antepasados (bastante próximos) no entenderemos bien el castellano de hoy. Lo que pasa es que nos estamos reblandeciendo y apresurando en demasía: hay urgencias incompatibles con la degustación de un buen convite. Quiero decir que si algo en el Quijote se nos atraviesa, tenemos recursos suficientes para desbrozar el camino. Pero lo que decía: imitemos a las gallina cuando beben.
Somos un colectivo comodón y desganado para los asuntos de la cultura; por ejemplo: vemos con desagrado cine en V.O., cosa común en todos los países de nuestro entorno. Nunca entendí el chusco reparo de los que no leen el Quijote porque objetan que es una novela demasiado "larga"..., cuando los mismos que tal dicen se meten entre pecho y espalda un buen montón de obras inanes a lo largo el año. Con la ventaja que tiene la descomunal obra cervantina de poder ser leída sin continuidad temporal y sin que se pierda el hilo de la narración si nos tomamos vacaciones entre capítulo y capítulo.
Otra cosa que importa y que se pierde si todo el texto original se vierte al habla actual: en el Quijote existen dos clases de castellano, el de Cervantes (narrador omnisciente) y el de don Quijote (ya anacrónico en tiempos del autor). Si unificamos ambos, perderemos matices que son sustanciales en la obra.
Mal asunto ese de rebajar el buen vino con agua para que pueda todo el mundo echar un trago. Sigmund Freud aprendió el español para poder leer (y gozar) el Quijote en su lengua natal. Véase lo que hacemos aquí.

Dimes Y Diretes dijo...


La lámpara despoja
un fragmento de oscuridad a la noche.

(JOAQUÍN GIANNUZZI)