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sábado, 15 de agosto de 2015

Con tal de no estar solos (por Ana Elena Pena)


Con tal de no estar solos
andamos con locos, con idiotas y borrachos,
con mujeres vacías o de moral dudosa.
Mentimos a los padres,
juramos en vano,
entregamos la piel
y comprometemos nuestros sueños.
Cruzamos la calle a ciegas
con el primero que nos da la mano.
Con tal de no estar solos
montamos una gran farsa
a la que llamamos AMOR
(así, con mayúsculas)
Sacando conejos muertos de una chistera,
barajando con trampas nuestras
cartas y haciendo trucos malos con espejos,
para no darnos de bruces con la realidad
y alejar de nosotros el miedo
a estar solos.
Porque, con tal de no estarlo,
o de no parecer que lo estamos,
pasamos hambre, despilfarramos dinero,
oímos sin escuchar,
abrazamos sin abarcar,
y nos convertimos en autómatas desesperados,
olvidando lo hermoso que es sentarse
a esperar a que las cosas,
sencillamente, sucedan.
El olor a jazmín de las noches
de verano y el hallazgo inesperado
de lo auténtico, que nos ha de
encontrar desprevenidos, despojados
de artificios, sin adornos,
desarmados y tranquilos.
Liberados de todo lo que
pesa y esclavos de lo vaporoso, lo ingrávido…
Dejarse llevar…
Pero con tal de no estar solos,
ni siquiera un momento,
seguimos buscando y seguimos fingiendo.
Maquillamos lo que se ve,
y lo que no también,
por temor a que descubran nuestros defectos
y la fragilidad que se esconde tras ellos.
Nos apremia el desamparo,
la angustia y la prisa…
de modo que nos devora la noche
y nos sorprende el día
casi siempre en el lugar inadecuado,
donde un incómodo silencio
(y un dolor en el pecho)
nos reprochan una y otra vez
todas esas tonterías que hacemos,
unos y otros,
ahora y siempre,
con tal de no estar solos.

4 comentarios:

Agridulce dijo...

Hay una soledad inherente a la condición de ser , y ser uno y solo y único. La pareja es un sucedáneo de ruptura de la unicidad, pero trasunto y simulacro, pues no se es dos bajo la misma piel. En el ser vivo, en cada ser vivo sólo cabe uno, y ni siquiera los hermanos siameses son dos en uno, sino uno y otro, uno cada uno aunque compartan órganos vitales y gran parte del sustrato corporal. Uno quiere huir de la unicidad, pero lo único que puede llegar a conseguir es olvidarse, a ratos, de ella.

F. dijo...

Ah, ¿pero qué sería de nosotros, Agri, si no tuviésemos a mano un "otro" que nos mire a los ojos con amor, y que confiemos en él para que nos los cierre si morimos?
Hace pocos años, escribía yo una cosilla por el cumpleaños de mi compañera (creo que hasta la colgué en este blog) y es más elocuente que todo lo que pueda decir:

"Le quiero más que a mis hijos." Supe que lo habías dicho a una amiga indiscreta. Más que a los hijos...
Terrible sacrilegio de una madre desnaturalizada, dirán algunos, quizá muchos. 
Y yo te lo perdono de corazón, compañera. Y te doy las gracias.
Hace mucho que sabes de la mar encrespada y de lo duro que es estar en el puente, al lado del timonel, cuando arrecia la galerna. Y a fe mía que el timonel no escatima imprecaciones.
Y ya son tantas las singladuras... Pero esta vez no me acompañas.
Recuerdo un ciclón que nos tronchó la arboladura; a duras penas conseguimos apuntalar el palo de mesana. Con él y los foques capeamos la mar arbolada, hasta que el viento se encalmó y llegamos a puerto cuando amanecía.
Otra vez encallamos en unos bajos traicioneros, en el delta de una tierra feraz de promisión. Hubimos de arrojar lastre al mar y el barco, liberado, volvió a surcar el estuario, aguas arriba. Pero nunca pisamos la tierra prometida.
Y cuando un bergantín corsario nos embistió por estribor y abrió una brecha en la amura y a punto estuvimos de naufragar... Entonces los brazos animosos de la tripulación accionaron las bombas de achique y los carpinteros y calafates lograron taponar la herida. Y el barco resistió.
Hoy es un velero de estampa airosa y porte marinero. El tiempo ha igualado el color de las cuadernas y las velas remendadas le dan la nobleza de los que resisten la adversidad con coraje.
Y es un hermoso barco el nuestro, os lo aseguro.

Hoy cumple años mi compañera de puente, cubierta y camarote. 
Escribo desde una ensenada de las Indias Occidentales, el ancla echada. Ahora que dan las cinco y media de la tarde en el reloj del castillo de popa, ella estará a punto de acostarse en nuestra cama.
Buenas noches, mar mío.

Cide Hamete Benengeli dijo...

Los ratones de la casa del avaro están más gordos que él.

(proverbio mauritano)

hAiKu dijo...

Qué triste ver
tan solo una cabeza
sobre mi almohada.