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viernes, 7 de agosto de 2015

Vermont (por Antonio Rivero Taravillo)


Un ejército verde,

como un bosque de arces,

escolta la soledad.

En la espesura,

una casa da miedo:

¿quién morirá allí?

Al echar gasolina

mientras chispea,

un leñador carga

con una caja de cerveza:

seis botellas,

seis bolos

que lo derribarán esta noche.

El parabrisas

baila con esta lluvia que viene

de Canadá.

Repostará mañana

el día

para llegar a pasado.

El ruido del agua refunfuña

en los buzones

al pie de los caminos que ascienden.

En algunos

han anidado los pájaros,

y la tristeza

en todos.

Hay árboles que vieron

a los indios.

Son su eco.

En algonquino,

hablaban el lenguaje de las hojas.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

algonquino, na.

1. adj. Se dice de los individuos de numerosas tribus de indios que se extendían por el Canadá y los Estados Unidos. U. t. c. s.

2. m. Cada una de las lenguas habladas por los indios algonquinos.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

F. dijo...

En algonquino hablaba un tatarabuelo mío; en algonquino testó ante un notario de Milwokee de Wisconsin, y así mi bisabuelo -que tenía sangre mohicana- se hizo con unos pastos a orillas del lago Superior. Las tierras hace muchos años que no son de la familia, pero conservo un manojo de cabelleras que en el pasado cubrían la calota de guerreros que tuvieron la desgracia de cruzarse con mis fieros ancestros. Una, presenta una marcada diferencia, porque si bien todas las demás son de pelo oscuro, esta es pajiza y desteñida como estropajo de cáñamo. La explicación me vino en su día de parte de unos primos que tengo en Minnesota y que regentan un supermarket en sociedad con un clan de suecos. Es una historia dura y algo macabra... La cosa parece que fue así: un hermano de mi bisabuelo mohicano, debido a la presión de los blancos sobre territorio indio y con el señuelo de una vida mejor, se fue a vivir con su familia a New York. Las esperanzas se estrellaron con la cruda realidad y mi pariente terminó de limpiabotas en un callejón de Manhattan. Un día que lustraba las botas a un grupo de ganaderos borrachos, habíendose fijado uno de ellos en la cresta que lucía Uyuyuk (Gaviota Veloz, en cristiano) se empeñó en que se las abrillantara con la cresta de la cabeza. Como Uyuyuk no consintiera, lo agarraron por los brazos y, poniéndole de rodillas, consiguieron que el gigantón rubicundo se saliera con la suya. Días después la Gaceta de New York daba cuenta de un espantoso suceso: un granjero de Augusta había acudido al cercano hospital del regimiento de caballería con el cuero cabelludo arrancado y pecho y espalda bañados en sangre.
Mi pariente Uyuyuk dejó el bochinche de lipiabotas neoyorkino y regresó a un villorrio de Wisconsin, en donde compró una punta de vacuno de ocasión y consiguió medrar en el negocio hasta hacerse razonablemente rico. Bastantes años después, uno de sus hijos viajó a Europa y, entre otros presentes, regaló a mi padre la colección de cabelleras que ya tengo dicho. Una de ellas, descolorida como estropajo de cáñamo, destaca entre las otras que, pese al paso del tiempo, son como crines de mustang negro algo resecas.

agridulce dijo...

F. : Eres un genio... y lo sabes.

F. dijo...

No creas, Agri; se trataba de predicar con el ejemplo: un simple comentario al poema de un autor.
Beso, Agri.

Aldonza Lorenzo dijo...

Quien tenga buen asiento, no haga movimiento.

ORáKULO dijo...

No hay "media gota". La mitad de una gota es... otra gota.

Cide Hamete Benengeli dijo...


El día que yo me entere
que me van a licenciar,
entrego la ropa a un quinto
y el fusil al capitán.

Si el capitán no lo quiere
se lo daré al coronel,
que ya no pelo más guardias
ni servicios de cuartel.

batiBURRILLO dijo...


Una gran inteligencia en la cabeza de un malvado es como un cuchillo afilado en las manos de un loco.