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viernes, 11 de septiembre de 2015

Y mientras tanto suceden cosas (por Wislawa Szymborska)


Todavía duermo
y mientras tanto suceden cosas.
Blanquea la ventana,
la oscuridad se vuelve gris,
el cuarto se desprende del espacio turbio,
buscan en él apoyo, titubeantes, pálidas estelas.

Sucesivamente, sin prisa,
porque es una ceremonia,
amanecen las superficies del techo y las paredes,
se separan las formas,
una de otra,
el lado izquierdo del derecho.

Clarean las distancias entre los objetos,
pían los primeros destellos
en el vaso, el picaporte.
No sólo parece, sino que es plenamente
aquello que ayer fue movido,
lo que se ha caído al suelo,
lo que se encierra en los marcos.
Solamente los detalles
no se han hecho aún visibles.

Pero atención, atención, atención,
muchas cosas indican que regresan los colores
y hasta la más pequeña recuperará el suyo,
junto con el matiz de la sombra.

Muy rara vez me sorprende, y debería.
Suelo despertarme como testigo tardío,
cuando el milagro está ya hecho,
el día establecido
y lo alboreante magistralmente transformado en matinal.

4 comentarios:

Agridulce dijo...

Me gusta el poema pero a la vez descubro o entreveo cosas que puede llegar a decir y no dice del todo o plenamente. Da la impresión de que en la traducción se pierden matices y valores del poema original. Suele pasarme leyendo a Szymborska.

Fred dijo...

Si, Agri; pasa con toda traducción, especialmente si viene de idiomas lejanos al de uno: necesariamente leemos algo distinto de lo que escribió el poeta y ello constituye una barrera infranqueable para casi todos... Por eso reivindico la prioridad de leer a los autores que escriben en castellano. Pese a todo, me priva Szymborska. Por eso, reciente el día de su muerte escribí esta bagatela, que creo que colgué en este mismo blog:

A la muerte de Wislawa Szymborska.

Mereció la pena el viaje, ¿eh, Szymborska? Venir al mundo en la terrible Polonia en un siglo tan maldito no deja de ser una broma pesada... Pero no todos iban a nacer en las Maldivas, o en Tahití, o en una isba del parque de Redes, en la Astúrica transmontana. Entonces no iba a tener mayor mérito lanzar granadas de belleza, pues una viviría entre los tallos de las orquídeas que le hacen cosquillas en los sobacos. Y por eso aquella gente es tan risueña. Pero crecer entre rigores, entre crucifijos de lignito y botas claveteadas, no invita a la alegría de cantar a la vida.
Qué lúcido optimismo emana de los versos de Wislawa... Qué canto de esperanza, qué lección para los que toman demasiado en serio la existencia y se dejan abrumar por bagatelas.
Vivió en la adusta Cracovia y parece que la nacieran en el fértil valle del Guadalquivir.

agridulce dijo...

Muy hermosas y lúcidas palabras, Fred.

Anónimo dijo...

TRADUCERE EST TRADERE.