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domingo, 17 de febrero de 2013

Lluvia de medianoche (por Edward Thomas)


Lluvia, lluvia de medianoche, sólo la lluvia salvaje
sobre esta barraca gris, y soledad, y yo
recordando de nuevo que al final moriré
y no podré oír la lluvia ni ofrecer mi gratitud
por su forma de lavarme, dejándome lo más limpio
que he estado desde que nací a esta soledad.
Benditos son los muertos sobre los que llueve la lluvia:
pero ahora rezo para que ninguno de los que amé
se esté muriendo esta noche o yazga aún despierto
y en soledad, escuchando la lluvia,
sufriendo o sintiendo así una compasión
impotente entre los vivos y los muertos,
como agua fría entre juncos quebrados,
incontables juncos quebrados, altos y tiesos,
que, como yo, no poseen un amor que esta lluvia salvaje
no haya disuelto salvo el amor por la muerte,
si acaso es amor hacia aquello que es perfecto y
no puede, me cuentan las tempestades, decepcionar.

4 comentarios:

Cide Hamete Benengeli dijo...

La personita insensible
no puede querer de veras.
Como no sabe sentir,
no sabe qué son las penas.

hAiKu dijo...



La marquesina
espera silenciosa
algún viajero.

(ARTHUS)

casa de citas dijo...


Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más.

(CHAPLIN)

Cide Hamete Benengeli dijo...

Ya no van las niñas
a coger el lino.
Qué tristes se quedan
todos los caminos.