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miércoles, 5 de marzo de 2014

Nos presentamos juntos (por Antonio Orihuela)

Mi madre me estaba dando el pecho
cuando mi padre consiguió un trabajo
del que no se movió en treinta años.

Imaginó que, a cambio de su fidelidad,
la empresa le gratificaría, cerca de su jubilación,
con un reloj de oro, una placa o un viaje a Torremolinos,
pero no, le dieron una patada en el culo
y a base de cambiarse de nombre
resultó que después de treinta años
mi padre no había trabajado allí ni treinta días.

Cada mañana, para el control de parados,
nos presentamos juntos en el INEM,

primero le nombran a él
y después me nombran a mí.


Hay gente que se siente satisfecha viendo a sus hijos imitarles,
me pregunto qué opinará él de todo esto.

8 comentarios:

indecible dijo...

En los últimos tiempos está muy arraigada la idea de que la siguiente generación tiene que ser más feliz y tenerlo más fácil, pero es cosa del último siglo. Antes la percepción del tiempo era más estática y remandada, sin esa linealidad del progreso y avance acelerados (tecnológico, económico, social...). Durante mucho tiempo la generación de los hijos no tenía por qué vivir mejor que la de los padres. Eso, ya digo, es cosa reciente. Y encima, parece que no va a tener mucho futuro, pues la generación actual lo tiene más difícil que la de los nacidos en los 60 y 70. No hay más que ver la facilidad que entonces había para acceder al empleo, la emancipación y la vivienda, mientras que ahora treintañeros y hasta cuarentañeros viviendo en casa de sus padres, sin poder casarse ni independizarse. Entre el paro y los precios de la vivienda, aquí no hay quien viva. Pero si esto no cambia pronto, va a reventar. Y puede que no sea una contienda entre ricos y pobres, sino entre ocupados versus desempleados, y entre generaciones (de un lado los mayores con contrato indefinido, y de otro los jóvenes parados y sin horizonte vital).

Anónimo dijo...

La familia que fracasa unida permanece unida...

No, en serio. Hay que repartir el trabajo. Trabajar menos para trabajar todos .

Al dijo...

Una idea interesante esa de repartir el trabajo para que puedan trabajar (y vivir) dos que se reparten un curro de ocho horas. Lo que no sé yo es si -cada uno- podría vivir con cuatrocientos euros mensuales... Porque, ¿alguien piensa que iba
a soltar más pasta la patronal por la misma sangre embotellada?
Mírese a la cara al jefe de la CEOE, el malvado Rosell, y tendremos la respuesta.
Esto es Ejpaña, compañeros. Aunque en el resto de Eurasia no cambian mucho las cosas. Y es que somos una manada de borreguitos que balamos si no vemos cerca al pastor afilando la navaja...

Anónimo dijo...

Cierto lo que dice el anterior comentarista, pero está claro que las cosas tienen que cambiar mucho, máxime cuando los robots van a "expropiar" cada vez más el trabajo que hoy hacen muchos obreros manuales, e incluso personal cualificado. ¿Volveremos al ludismo del siglo XIX, cuando los obreros agrícolas quemaban tractores? Por otro lado, no creo que la situación aguante mucho. No se puede condenar impunemente a toda una generación a estar fuera del sistema, porque al final todos los jóvenes unidos serían una fuerza muy poderosa. Y si el sistema es anti-ellos, ellos serán (ya lo son en gran parte) anti-sistema. Esto tiene que cambiar.

Al dijo...

Esa misma esperanza tengo yo, amigo. Pese a la falta de contundencia en la respuesta de los estafados habrá causas objetivas que hagan inviable la pretensión de estos despiadados, a quienes parece importar poco que la gente se muera de hambre (así han hecho siempre) con tal de engordar la bolsa. Compran los medios de comunicación porque pretenden algo absurdo: convencer a quienes tienen el estómago vacío de que viven en el sistema que les da de comer todos los días. Son tan bestias en su codicia suicida que no reparan (ni les importa)en que su vil modelo atenta hasta contra la supervivencia de la especie. Usan como arma arrojadiza llamar "antisistema" a todo aquel que lo osa cuestionar con lúcida contundencia. Entonces yo me considero antisistema, igual que millones que lo son pero que no lo saben, quizá cohibidos por la denostada -por claro interés de parte- definición.
Sólo el miedo a que los vilmente explotados (de Dickens a esta parte el cerebro de los patronos no ha evolucionado nada, es el mismo) se organicen y se levanten obra el prodigio de que se moderen en su vesania; cada vez menos por lo que se ve. Por eso, independientemente de las bondades o maldades del modelo soviético- la "caída del Muro" fue una auténtica desgracia para los intereses de la clase trabajadora. Y al decir clase trabajadora quiero desengañar a mucho iluso que, siendo un mero currante, se considera de "clase media", porque tiene una hipoteca y un utilitario en el garaje (o en la calle, lo más probable). Por eso me tienta la regocijante idea (sé que es una fantasía poco realizable hoy...o no) que el avispado y poco de fiar Putin plante cara a los depredadores del "mundo libre" y que vayan enterándose de que no sólo ellos tienen patente de corso para invadir y masacrar países según su criminal conveniencia. Y (sigue la fantasía) que, conseguido esto y agitadas en Rusia las aguas con tal motivo, le dieran candela al propio Putin y a su próspera mafia..., y que se volviese a edificar en Rusia un sistema más humano y más cercano al verdadero socialismo que el régimen que devino de la Revolución de Octubre. Ese iba a volver a ser un hecho disuasorio para los ávidos neolíberales (¿neo?) y un referente para las clases populares.
Será un sueño, seralo muy guapamente; pero coincido con quienes dicen que los límites de la paciencia coinciden con los de la supervivencia y que no se pueden poner puertas al campo.

Salud. Y a poder ser, República.

casa de citas dijo...

Se acostumbra pregonar derechos para poder violar deberes.

(GÓMEZ DÁVILA)

tERESA pANZA dijo...

Dale de comer rosas al burro y te lo pagará con un rebuzno.

hAiKu dijo...


En una almohada
dos cabezas viviendo
sueños distintos.

(RAFAEL BALDAYA)