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martes, 22 de mayo de 2018

La verdad y su opuesto (por Chantal Maillard)


Cuando cumplí seis años, a cambio de su amor,
mi madre me arrancó la terrible promesa
de no mentir jamás.
Así, igual que un soberano controla
al pueblo al que gobierna,
ella me dio la libertad que al necio se le otorga:
actuarás dentro del margen
que yo-mis leyes establecen.
No había escapatoria:
su ministro de asuntos interiores
tenía su despacho montado en mi conciencia.
Yo la echaba de menos,
por eso no traicioné su confianza;
fui fiel a mi promesa.
Pero también, y con el tiempo,
fui fiel a mis instintos;
extensiva se hizo la verdad
al deseo que impulsa nuestros actos
Creo que confundí aquella instancia,
el orden imperioso del sentir
con el orden común de los Estados,
pues provoqué una guerra.
Después del gran naufragio, ella me preguntó:
¿no podrías acaso haber mentido?
En ese instante, entonces, usurpé la corona.
Ser libre no es un don, es una reconquista,
y es preciso callar para construir
aquella historia que se guarda
como un largo secreto del que nadie es testigo.
Ser libre es tener cuidado de un misterio
sobre el cual se construye nuestra vida.
Hay seres que comprenden temprano este principio;
me produce ternura descubrir sus engaños
y comprobar la paz que de ellos resulta;
admiro las mentiras bien trabadas,
la coherencia del engarce, el arte dirigido
hacia un fin; me conmueve
la soledad de aquel que las inventa
y consiente al imperio de su lógica.
El que miente edifica el mundo que conviene
para salvaguardar la ficción de los otros,
la legítima ficción que necesitan para evitar
la angustia de sentirse tan solos sin leyes,
sin verdades, sin ese amor
que creen recibir a cambio de su alma.
Aprendo del que calla, del que miente y engaña
el fuego soterrado que aún gime en mi pecho,
aprendo a dirigir su grito en mis infiernos
para el mejor gobierno de los mundos.
Desde ahora mi mano es la que guía
el fiel de la balanza: la verdad y su opuesto
son las onzas que pongo en los platillos
según el juego lo requiera.


4 comentarios:

Tragikomedia dijo...

"La verdad entera no se tolera".

No mientas, nos dicen.

"No levantarás falso testimonio ni mentirás", dice el decálogo entregado por Yavéh a Moisés en el Sinaí.

Pero tal vez el personaje mismo de Moisés sea, a fin de cuentas y como tantos pasajes bíblicos, una piadosa mentira.

Anónimo dijo...

La mitad de las cosas que digo no son verdad. Y la otra mitad, ni también ni tampoco.

TóTUM REVOLùTUM dijo...

¡Y que el aceite acceda, de una vez por todas, a mezclarse con el agua!

Anónimo dijo...

Se sabe que el mitómano sufre de esa patología porque necesita modificar su realidad para hacerla más tolerable y carece de la capacidad de enfrentarla. Y arrastra en su enfermedad a quienes, lamentablemente, estuvieron en su camino.