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martes, 31 de agosto de 2010

Dos cuerpos (por Octavio Paz)

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

10 comentarios:

Penélope Sierra dijo...

Te felicito por el blog y tus elecciones.

Hermoso!

Emilia Alarcón dijo...

Muchas gracias, Penélope. Como ves, esto no es una antología, sino una antojolía, pues ponemos los poemas que se nos antojan (ja, ja...). Siempre decimos lo mismo pero es así. Saludos.

LA PHRASE LAPIDARIA dijo...

Al final de la vida uno se arrepiente más de las cosas que no hizo que de las que hizo.

Círculo Cultural FARONI dijo...

El problema del mundo es que los tontos y los fanáticos están siempre muy seguros de sí mismos, mientras que la gente más sabia está repleta de dudas.

(BERTRAND RUSSELL)

Cide Hamete Benengeli dijo...

En aquel rinconcito
dejadme llorar,
porque se me ha muerto
la mare de mi alma
y no la veo más.

tERESA pANZA dijo...

Trastos viejos, pocos y lejos.

ORáKULO dijo...

El verdadero artista nunca termina del todo su obra. Sólo la abandona.

Círculo Cultural FARONI dijo...


Si Dios no perdonara, al cielo nadie entrara.

(proverbio austríaco)

casa de citas dijo...

Aquellos que eran vistos bailando eran considerados locos por quienes no podían escuchar la música.

(NIETZSCHE)

Dimes Y Diretes dijo...

Siempre había admirado con fervor la interpretación que Charles Chaplin hace de Hitler en El gran dictador hasta que hace unos años, cuando llegó Youtube y pude ver varios discursos del genocida alemán, cesó en parte mi admiración porque descubrí que, realmente, Chaplin hace poca parodia: Hitler era eso. Cómo un personaje tan ridículo y sobreactuado pudo seducir a gran parte de los alemanes es algo que me maravilla, salvo que esté en lo cierto Gregorio Marañón, que sostiene en sus Ensayos liberales, en el ensayo dedicado a la Psicología del gesto, que los gestos de los líderes, perfectamente inocuos en las épocas de abundancia, adquieren un matiz providencial en las épocas de crisis. Hablo de Hitler y lo mismo podría hablar de Mussolini, otro con el que tampoco consigo aguantar sin reírme ninguno de sus discursos. Que los historiadores y los grandes analistas, que en todo lo demás condenan a estos dictadores, sigan concediendo que fueron dos “excepcionales oradores”, me obliga a frotarme los ojos. ¿Excepcionales oradores Adolfo y Benito? ¡Pero si eran solo dos mamarrachos, y ni siquiera de los mejores!



(NEORRABIOS@)