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miércoles, 4 de agosto de 2010

Sólo encontré una verdad y la he perdido (por Francisco Umbral)

Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú.
Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido.
Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad.
Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre.
Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día.
Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia,
como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos,
una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago
solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse.
Si no, haría ese gesto y nada más.

6 comentarios:

Ana Pérez Cañamares dijo...

Leo este texto a través de las décadas y siempre con los ojos llenos de lágrimas.
Abrazos

zUmO dE pOeSíA (emilia y aitor) dijo...

Llevas razón, Ana. Fíjate que a nosotros Umbral no es un escritor que nos guste (ni como novelista ni como articulista), pero, aun así, en su libro "Mortal y rosa" (escrito tras la muerte de su hijo y recorrido por esta terrible experiencia) tiene algunos párrafos, como éste, que transmiten plenamente la sensación de dolor y espanto vivida por el autor. Saludos y esperamos ávidamente la reapertura en septiembre de tu estupendo blog.

ORáKULO dijo...

Siempre hay un túnel al final de cada luz.

Cide Hamete Benengeli dijo...



Las mujeres son muy malas

porque ellas mismas lo han dicho,

y los pobrecicos hombres

somos unos angelicos.


Si las mujeres son malas

y los hombres angelicos,

¿pa’ qué venís a buscarnos,

pedacico de borricos?



Esto sí que es cosa buena:

mucho meterte conmigo

y luego nos separamos

y nos morimos de pena.

Aldonza Lorenzo dijo...

De Campomanes pa bajo ya floreció la espinera; de Campomanes pa arriba que florezca cuando quiera.

hAiKu dijo...


Beethoven nunca
oyó una grabación con
sus sinfonías.

(CUQUI COVALEDA)