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martes, 19 de abril de 2011

Di el porqué del porqué, Dios de silencio (por Miguel de Unamuno)

¿Por qué, Señor, no te nos muestras
sin velos, sin engaños?
¿Por qué, Señor, nos dejas en la duda,
duda de muerte?
¿Por qué te escondes?
¿Por qué encendiste en nuestro pecho el ansia
de conocerte,
el ansia de que existas,
para velarte así a nuestras miradas?
¿Dónde estás, mi Señor?, ¿acaso existes?
¿Eres tú creación de mi congoja,
o lo soy tuya?
¿Por qué, Señor, nos dejas
vagar sin rumbo
buscando nuestro objeto?
¿Por qué hiciste la vida?
¿Qué significa todo, qué sentido
tienen los seres?
¿Cómo del poso eterno de las lágrimas,
del mar de las angustias,
de la herencia de penas y tormentos
no has despertado?
Señor, ¿por qué no existes?
¿Dónde te escondes?
Te buscamos y te hurtas,
te llamamos y callas,
te queremos y tú, Señor, no quieres
decir: ¡vedme, mis hijos!
Una señal, Señor, una tan sólo,
una que acabe
con todos los ateos de la tierra;
una que dé sentido
a esta sombría vida que arrastramos.
¿Qué hay más allá, Señor, de nuestra vida?
Si tú, Señor, existes,
di por qué y para qué, di tu sentido,
di por qué todo.
¿No pudo bien no haber habido nada,
ni tú, ni mundo?
Di el porqué del porqué, Dios de silencio.
Dinos “yo soy”, Señor, que te lo oigamos
sin velo de misterio,
sin enigma ninguno.
Razón del universo, ¿dónde habitas?
¿Por qué sufrimos?
¿Por qué nacemos?
Erramos sin ventura,
sin sosiego y sin norte,
perdidos en un nudo de tinieblas,
con los pies destrozados,
manando sangre,
desfallecido el pecho,
y en él el corazón pidiendo muerte.
Ve, ya no puedo más, Señor,
de aquí no sigo,
aquí me quedo,
yo ya no puedo más, ¡oh Dios sin nombre!
Ya no te busco,
ya no puedo moverme, estoy rendido;
aquí, Señor, te espero,
aquí te aguardo,
en el umbral, tendido, de la puerta
cerrada con tu llave.
Yo te llamé, grité, lloré afligido,
te di mil voces;
llamé y no abriste,
no abriste a mi agonía;
aquí, Señor, me quedo,
sentado en el umbral como un mendigo
que aguarda una limosna;
aquí te aguardo.
Tú me abrirás la puerta cuando muera,
la puerta de la muerte,
y entonces la verdad veré de lleno,
sabré si tú eres
o dormiré en la tumba.

16 comentarios:

Mar Muerto dijo...

Pero, don Miguel, ¿no ve que ese dios suyo es caprichoso y se goza viéndolo a usted angustiado, tratando de encontrar un hilo que le ayude a transitar el Laberinto?
¿No se da cuenta de que ese dios lo considera indigno de su interlocución, que ha preferido desde el principio de los tiempos crear una corte de intermediarios,
togados y ceremoniosos, que son
los que le han de transmitir sus designios, recoger sus súplicas y
gestionar sus arrepentimientos?
¿No ve que es ciego y mudo al
clamor de los miserables, que tal parece que se complace en sus cuitas?
Es usted un buen hombre, don Miguel de Unamuno y Jugo, pero ingenuo.
Ingenuo debió de ser cuando apoyó a Franco en la crucial primera hora. Ingenuo por no ver la bestia agazapada debajo del capote del Felón.
Pese a que era usted hombre culto y bien informado de tantas cosas, no lo vio.
Y hubo de ser otro brutal militar
quien le abriese los ojos en el paraninfo de su Universidad de Salamanca.
Se puede decir que la barbarie de un general tuerto le rescató a usted de la ceguera.
Paradojas de la vida.
Pues ahora, don Miguel, en coherencia con el camino hacia la luz que ha emprendido, no se rebaje a implorar a ese dios suyo tan injusto y tan cicatero, que en lugar de tocar el corazón de los hombres con un lenguaje llano y directo, ha preferido delegar el
mensaje en chamanes poco creibles.
Lo dicho: no le suplique más. Si dios entra en razón, que venga a
usted y se lo explique.
Y que le pida perdón.

Anónimo dijo...

Un dios o Dios que nos considera indignos de él o de Él. Ummmmmm, muy buena materia para reflexionar, más aún en estos cuaresmales días.

Mateo (II) dijo...

El hombre hizo a Dios a su imagen y semejanza.
No ha de extrañar, entonces, que haya salido rana.

amenophis dijo...

Saramago, en "Caín", dice que ni el creador conoce el idioma de sus criaturas, ni éstas conocen el idioma del creador. Vete tú a saber si quien nos creó ni siquiera sabe que nos ha creado...

M.M. dijo...

¿Sugieres que quizá seamos un aborto que tuvo la Divinidad en el inodoro (insípio e incoloro) celestial, y que como éramos un minúsculo embrión (como esos que tanto defiende Rouco)nos deslizamos en caída libre por un agujero negro hasta aterrizar en este planeta azul, cuya envoltura gaseosa habrá propiciado que Dios no nos haya descubierto aún?
Nunca había pensado en esa posibilidad. Explicaciones creacionistas más infumables he oído yo desde pequeño. Bueno, más no, digamos que igual de infumables.
Saludos, Amenothep.

Anónimo dijo...

También puede ser que quien nos creó no sea "quién" sino "qué", o sea, no una Persona ni una persona, sino una cosa. Tendríamos entonces un Dios-Objeto, un Dios-Cosa, un Dios Que No Se Entera De Nada.

C´ est possible...

Maldito roedor dijo...

Pues esto se anima en ausencia de Emilia...
A ver si va a resultar que intimidaba al personal con su poderío y las colaboraciones brotan como los caracoles tras la lluvia cuando ella no está.
Podríamos solicitar a Aitor (y hasta a la CIA) que prescindiesen de ella...
Ya tenemos un Dios-objeto: que pase ella a ser mujer-objeto.
Sus lo pensáis.

Emilia Alarcón dijo...

Pues ya estoy aquí. Y debo decir que a mí eso de la Biblia, de que "Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza", no parece nada atinado. Más bien es al contrario. Es decir, que, si un Dios nos creó, entonces nos hizo de un modo muy distinto a él, ya que nuestros criterios (de justicia, de equidad, de ética...), nuestros principios, nuestros valores, etc no se parecen en nada a los divinos.

POR EJEMPLO: ¿Cuántos de nosotros haríamos que las tragedias (tsunamis, inundaciones, terremotos...) se ceben casi siempre con los pobres, con los que más sufren -como si no tuvieran ya bastante con su miseria y sus privaciones-?
¿Cuántos de nosotros permaneceríamos pasivos e impasibles ante las guerras, los campos de exterminio, las cámaras de gas... si pudiéramos evitar todo eso fulminando con un rayo a los culpables?

Si hay un Dios, entonces sus valores, sus principios, su ética... son muy diferentes de los nuestros.

Anónimo dijo...

Por eso la religión oficial dice que los designios del señor son inescrutables. Se inventan la palabreja esa, "inescrutables", para justificar que a su Dios no hay quien lo entienda.

F dijo...

Pero Emilia, que esto es un politeísmo...
El dios que te creó a ti, o que tú has creado, no es el mismo que ampara a los rufianes de las Azores. Ni el de los genocidas de solideo en el cogote. Ni el de los travestidos de la ripa tiberina.
El dios de los aznaresbushesblaires es tan bellaco como ellos lo inventaron: asesora en los negocios al Avidas Dollars de la Gran Bretaña; guía el brazo del judas de Quintanilla de Onésimo en el pádel, y le procura los mejores golpes ganadores; al zafio etílico de Texas, le manda a un ángel que le recoja en sus brazos cuando, ebrio, está a punto de romperse la crisma sobre la mesa de cristal que hollaron los zapatones con alzas del Gran Acomplejado.
Tienen dinero a espuertas y, del mismo modo que en la edad media los nobles pagaban por las bulas, ellos contratan a diseñadores capaces de crear un dios a su medida.

Emilia Alarcón dijo...

Sin duda, F., pero nos gustaría tanto que hubiera un Dios justo, ecuánime, bondadoso, que defendiera a los buenos (como en la canción aquella "Ven, capitán Trueno, haz que gane el bueno"). Sí, nos gustaría tanto que hubiera un Dios como Dios manda...

Cide Hamete Benengeli dijo...

No me mates con tomate,
mátame con bacalao,
que el tomate está muy soso
y a mí me gusta salao.

casa de citas dijo...

Es gran riqueza saber ser pobre.

(CHESNEL)

hAiKu dijo...


Por mucho que hagas,
nunca habrás hecho todo
lo que podías.

(RAFAEL BALDAYA)

TóTUM REVOLùTUM dijo...

Cuando alguien pide justicia, lo que quiere es que le den la razón.

ORáKULO dijo...


Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunades.