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miércoles, 24 de febrero de 2016

Capullos de mi sangre (por Walt Whitman)


Perfumados herbajes de mi pecho,

hojas tuyas recojo, escribo, a fin de investigarlas mejor luego,

hojas del cementerio, hojas del cuerpo que crecen sobre mí, sobre la muerte,

vivas raíces, altas hojas, el invierno no habrá de helaros, hojas delicadas,

año tras año floreceréis de nuevo, saldréis de donde estabais retiradas.

No sé si serán muchos los que al pasar observen que estáis ahí presentes o aspiren vuestros suaves aromas, pero algunos lo harán.

¡Esbeltas hojas! ¡Capullos de mi sangre!, os permito que habléis a vuestro modo de ese gran corazón que tenéis ahí debajo,

no comprendo vuestro significado oculto, no dais felicidad,

sois con frecuencia tan amargas que no puedo aguantaros, me pincháis, me quemáis.

Y sin embargo me parecéis hermosas, raíces de tan suaves colores, me recordáis la muerte,

la muerte, por vosotras, se me antoja muy hermosa (¿qué es de verdad hermoso, a excepción del amor y la muerte?).

Estoy pensando que no entono aquí mi canto a los amantes por honrar a la vida sino por honrar a la muerte,

que crece tan solemne y serena para subir al cielo de aquellos que se aman.

Vida o muerte es lo mismo; mi alma renuncia a tener que elegir

(tal vez la muerte sea la mejor bienvenida para el alma sublime de aquellos que se aman),

Oh muerte, pienso ahora que estas horas significan realmente lo mismo que tú dices,

¡creced más alto, dulces hojas, para que pueda veros! ¡arraigad en mi pecho!

¡Dejad el corazón que se encuentra allí oculto!

¡No os repleguéis así en vuestras raíces, tímidas hojas, esmaltadas de rosa!,

no os demoréis allí avergonzados, herbajes de mi pecho,

venid, estoy resuelto a desnudar el ancho pecho mío que tanto tiempo reprimí.

Caprichosas y emblemáticas hojas, os dejo, de nada me servís,

diré sin más lo que debo decir,

proclamaré tan sólo mi ser y el de mis camaradas, no volveré a hacer oír otra voz más que la de ellos,

encenderé reflejos inmortales en todos los estados,

me ofreceré en ejemplo a los amantes para que cobren voluntades y formas en todos los estados,

pronunciaré palabras que exalten a la muerte.

Dame tu acento, muerte, para que pueda armonizar contigo,

dame tu ser, porque percibo ahora que tú me perteneces por encima de todo y que tú y el amor estáis estrechamente unidos,

no dejaré que te burles de mí con lo que yo llamaba vida,

porque ahora he comprendido que tú eres el ser más esencial,

que te escondes, por alguna razón, en esas formas cambiantes de la vida, que existen sobre todo para ti,

que tú, la realidad real, surges tras ella si permaneces,

que, tras la máscara de lo material, aguardas muy paciente, sin importarte el tiempo,

que tal vez algún día acabarás dominándolo todo,

y que quizá disipes este mundo de sombras y apariencias,

que tal vez eres eso a lo que todo tiende mas no perdura,

pero tú perdurarás.

4 comentarios:

ORáKULO dijo...

Puede sentirse rico aquél cuyos placeres son baratos.

Cajón desastre dijo...

Todo apretar, nada cogiendo... Yo mismo de mí mal ministro siendo.

(ALDANA)

Círculo Cultural FARONI dijo...


Cuando apuntas con un dedo, otros tres dedos te señalan a tí.

(proverbio inglés)

Cide Hamete Benengeli dijo...


Para celebrar la fiesta,
si yo hiciera el calendario,
sería la Santa Patrona
cinco o seis veces al año.