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jueves, 30 de junio de 2016

Ya cruzas la puerta (por José Carlos Becerra)


Lo empiezas a saber,
tu amor va enseñando sus sales de baño, sus fiestas de guardar, sus cenas sin nadie;
a veces, el esqueleto de tu ángel de la guarda
baila en tus ojos,
ciertas avecillas silvestres amanecen temblando en tus manos,
ya el tufo de la crucifixión
no te hace taparte la nariz de niña “que no sabe nada”,
“que no entiende nada”.
Ya cruzas la puerta,
ya sabes que el dolor es un mensajero servil del infinito,
en tus ojos aquello que miras despierta en ti misma
como pequeños niños
que se sientan al borde de sus camas
esperando que vengan a vestirlos.
Ya asumes tu cuerpo, ya viajas en todo lo que te rodea,
a veces en tu sonrisa todavía aparece
aquella niña larguirucha “tan bien educada”,
pero tu esperanza enflaquece llamándote con voz cada vez más débil
cuando ya no te dignas escucharla.

Extrañamente hermosa eres ahora tu propio fantasma,
en tu alma han entrado la carne del mundo y la tuya
confundidas,
apiñadas por el mismo placer, revueltas por el mismo dolor.
Desnuda, la ropa que te acabas de quitar
ya no reaparece en tus ojos,
tu mirada y tu voz entonces también se quedan desnudas,
te quedas desnuda,
y por tu desnudez pasan los templos antiguos, las oraciones,
los heridos de guerra y los cánticos de guerra,
los mares lejanos y también la vida posible en otros planetas.
Ya tu cuerpo comprende lo que significa ser tu cuerpo,
lo que significa que tú seas él;
tu cuerpo extendido a lo largo de tu amor, a lo largo de tu alma,
y todos los barcos que zarpan de tu corazón llevan ahora
las luces apagadas.

Ya te has probado en ti
y un hombre no es el extraño invasor que conocías,
el esposo prudente, el hombrecito que cariñosamente
te mataba un momento
por unas cuantas caricias, por unas cuantas monedas.

Pero sabes también que no existe el triunfo que alguna vez deseaste,
por eso en tu mirada puede oírse
el ruido del mar golpeando las costas solitarias y a veces
el chillido de un pájaro detrás de la niebla o la llovizna pertinaz.
Ven aquí con tu colección de mariposas, con tus antiguos
juguetes que ya no existen
y que parecen burlarse de ti desde ciertos rincones,
ven aquí con tus segmentos de niña asombrada.

Ven a mirar mis osos polares.
Ven, ahora que sabes que también en los labios aparece
—sin que nos demos cuenta—
el beso monstruoso y bello
de aquello que todavía llamamos el alma.


16 comentarios:

Anónimo dijo...

Alguno vez echo un vistazo en el blog de AMM, hoy, sin ir más lejos. Me extraña y me asombra que soportéis la insolencia y la mala educación que algunos os dedican. Ese espacio es una auténtica vergüenza, un nido de histéricos y resentidos que, siguiendo el ejemplo de su ídolo, renuncian a hacer un análisis del batacazo que han sufrido. Lo peor es que se consideran elitistas. Patético

Anónimo dijo...

Quizá estéis pasando un precio demasiado alto por participar en el blog de un escritor de renombr. Os escribo por la simple disidencia. Sugerirles que lean el análisis de ayer de Elkaizer (La trampa). Al menos él es capaz de reconocer los infantiles y escandalosos errores de la izquierda cutr

Anónimo dijo...

Quiero decir que os escupen por la simple disidencia.
No os vuelvo a molestar más.

Anónimo dijo...

Quiero decir que os escupen por la simple disidencia.
No os vuelvo a molestar más.

F. dijo...

¿Quién o quienes serán los malvados que hieren a mis niños, a mis abnegados recolectores de poemas? Si lo sé, si lo supiera..., les marcaría una F en la frente con mi florete más audaz en filigranas.
A mis nenes ningún rojo, morado, amarillo o azulón me los zahiere. Si acaso yo..., y con mesura de quien bien quiere.
Besos.

hAiKu dijo...

Gozan de doble
nacionalidad todas
las golondrinas.

(CUQUI COVALEDA)

Anónimo dijo...

Parece que he aclarado que se trata del foro del demócrata Antonio Muñoz Molina
A la gente siempre educada y ecuánime de Zumo los tratan con desdén democrático

cajón desastre dijo...

Si supiéramos lo que dicen las piedras, las flores, la lluvia... Puede ser que hablen y nosotros no oímos. ¿Cuándo se abrirán los ojos del mundo? ¿Cuándo se abrirán nuestros ojos para ver?

cajón desastre dijo...

(NIKOS KARANTZAKIS)

F. dijo...

Es un mal arraigado de la raza, de la tribu, ese no transigir con los puntos de vista ajenos. Además con violencia verbal, con inquina... Pero nos tienen tan acostumbrados a con su mal ejemplo aquellos que debieran marcarnos la pauta... En esta campaña electoral -por poner un ejemplo bien cercano- se han escuchado las mayores vilezas, calumnias, insidias de la peor ralea, basuras inmundas... por parte de aquellos que debieran dar ejemplo de mesura y buen gobierno. Y así nos va. Lo peor es que, incluso quienes así pontificamos, llegado el caso, solemos caer en el vicio que denunciamos. Pero, por lo menos, que no falte la autocrítica, el saberse reos de esa culpa, víctimas de ese mal... Porque si no sabemos no vamos a corregirnos.
nunca.
Ocurre que la repulsa, la ojeriza, incluso el odio -hablamos de política- van dirigidos a un ente abstracto, a un colectivo amorfo, al que hacemos objeto de nuestras peores intenciones. Pero se da el caso de que, habiendo conocido a una persona de aquella adscripción partidaria o ideológica antagónica a la nuestra, las cosas cambian muy mucho.
Digo esto porque, habiendo estado servidor como apoderado en un colegio electoral por la marca que es de suponer, he tenido ocasión de trabar conversación con un colega de la oposición más radical a a los postulados de mi partido. Y, a lo largo de la tediosa jornada, hemos intercambiado opiniones, casi confidencias, sobre arte, literatura, arqueología, música, familia, el mundo y la carne. Y hemos simpatizado tanto que estoy seguro de que, de darse la ocasión, hubiésemos podido ser amigos.
Queridos zumeros, no se dejen arrugar por gente sin cara ni silueta; sigan exprimiendo lo mejor que nos perfuma las mañanas: eso es dar trigo, no pontificar en el desierto.
Besos a todos.

Anónimo dijo...

Las gentes sin cara no silueta somos precisamente las que nos indignamos ante la insolencia con que los señores de Zumo están siendo tratados en "aquel" foro. Hoy les siguen aplicando la lija y por lo visto no les molesta demasiado. Incomprensible. Y mañana más, mientras no den explicaciones y reciban penitencia.

Cide Hamete Benengeli dijo...

Cuando estoy entre tus brazos
siempre me pregunto yo
cuánto me debía el destino,
que contigo me pagó.

F. dijo...

El que no pagó fui yo, la multa que me impusieron los gendarmes de Garnata. Se dio la venturosa circunstancia de haber, aquellos días, un congreso en la ciudad acontecía, de rabinos, imanes o cosa parecida. Y se ve que fue criterio generoso de la concejalía, exonerar de gabelas al torpe que tan mal se conducía, por la traza sinuosa de las calles, buscando un figón que entre álamos dormía, al rumor del Darro, al pie de la muralla que arriba, ilumidada y soberbia relucía, en el Paseo de los Tristes, que así se conocía, la calzada y la amplia vereda que a los lindes del río se ceñía.
Un saludo muy cordial, Aitor.

Aitor Suárez dijo...

Me alegro, amigo F.

Perdonan multas,
en honor al turista,
los concejales.

Aitor Suárez dijo...

De multa exime
a nuestro amigo F.
el consistorio.

Anónimo dijo...

Poema en linea recta

Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de las formalidades,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que fui todavía más ridículo cuando la abrí ;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.

La gente que conozco y con la que hablo
nunca cayó en ridículo, nunca fue insultada,
nunca fue sino príncipe -todos ellos príncipes- en la vida...

¡Ah, quién pudiera oír una voz humana
confesando no un pecado sino una infamia;
contando no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil?
¡Oh príncipes, mis hermanos!

¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?

Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados -¡pero ridículos nunca!-
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
Alvaro de Campos
(F.Pessoa. 1888-1935)

Beatriz M.