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viernes, 17 de marzo de 2017

Mayor o menor que qué (por Carolina Musa)



A la siesta andábamos como fantasmas
en silencio, en bombacha, en puntas de pie.
Aunque no había represalias por el ruido
era una tradición
a medias apurada por el infierno del patio.
Mi hermana leía.
Yo pasaba horas sobre el cerámico fresco
jugando con una balanza:
dos platillos de plástico
y cinco pequeñas pesas grises.
Pesaba los objetos de la casa,
las muñecas, los adornos, los libros,
los anillos, las piedras, algunas hojas y flores
que arrancaba del patio, la ropa,
las uñas de mi propia mano pesé.
Era cada vez una maravilla
pero no exactamente
la medida en gramos de las cosas sino
su relatividad, las relaciones fortuitas
de esos datos más o menos duros
4 medias=1 llave
1 birome=21 cartas
¿Qué es mayor o menor que qué?
la raqueta y la pava
los lentes y el pescado de la tía
los libros ¿cuál libro?
La fascinación de ese acto
mecánico, cada vez
el soberano idiotismo revelado en unas reglas
que aseguraban disponer el orden de las cosas.
“Estate atenta” dice el mensaje
que la de entonces, toda intuición,
me envió a través del tiempo
en una cápsula cromada.



3 comentarios:

Pablo M dijo...

Las cosas pesan, sobre todo, cuando caen: o sea, cuando se pierden.

Eneko Ortuondo (piedrolari) dijo...

Las cosas pesan, sobre todo, cuando se levantan o así. Si no sería porque pesan, cosa de niños, oyes.

cajón desastre dijo...


Cuando alguien está muy pagado de sí mismo, suele ser con un cheque sin fondos.

(RIVERO TARAVILLO)