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martes, 8 de agosto de 2017

Basura (por Kim Addonizio)



No sueles pensar a dónde va
después de que amarras la bolsa blanca y la lanzas
al contenedor que se encuentra en la calle. No piensas
en la pestilencia del camión al retroceder,
o en los hombres con sus asquerosos guantes
colgándose de los lados, maldiciendo desde la cercana
oscuridad de un nuevo día
en el cual, de alguna forma, alguien será lanzado
dentro de una celda
del mismo modo en que la basura es lanzada
dentro de un agujero profundo para quemarse,
del mismo modo en que los cuerpos son lanzados
para que los sepulten.
No piensas en los basureros, en las ratas que la hurgan,
en las malolientes pilas dentro de los túneles
-los zapatos gastados,
las muñecas con los ojos salidos, los centavos,
el anillo de bodas
que se perdió, cualquier cosa que haya encontrado
su lugar hasta ahí y que no va a regresar
más que como una mancha, un mal olor en el aire, veneno
sembrado en las nubes hasta que llueva de nuevo-. Pero hoy
el clima es precioso; mira al cielo, su pureza,
su nulidad, sólo hay gaviotas cruzándolo en su transcurso
hacia las playas. No dejes que las gaviotas te recuerden
cómo se zambullen por peces con el pico,
cómo los peces flotan en las aguas residuales.
Especialmente no pienses en cosas muertas,
o en buitres, en cómo esperan de un modo tan paciente
mientras algo sangra en la tierra, y después
se empujan unos a otros
mientras se encorvan, vestidos de negro,
alrededor del cuerpo, alimentándose de la manera
en que todos se alimentan;
oh, no pienses ahora en toda la comida
que has desperdiciado,
en los platos que desechaste o se pudrieron
en la alacena, en el refrigerador,
no pudiste evitarlo, tu intención era salvarlos a todos,
a los niños especialmente,
pero la basura sigue llenando la casa; la impresión negra
de los periódicos,
las peticiones de dinero con listas de nombres, sus caras actuales,
ellos siguen vivos, están allá afuera con los guardias
y los soldados y las moscas, así que no te preguntes si tu casa
está limpia, no pienses ni por un minuto que lo tienes todo,
mira tus manos, están cubiertas de ella, puedes intentar
lavarlas o sumergirlas en cualquier otra cosa;
incluso un solo dedo, tómalo y raspa
un poco de la mugre, del estiércol y el hedor de los humanos,
siente cómo la más mínima esperanza se aferra ahí.


3 comentarios:

Cide Hamete Benengeli dijo...

El médico me ha mandado
dormir con una morena.
¡Qué doctor tan atinado!
¡Qué medicina tan buena!

TóTUM REVOLÙTUM dijo...

Toda persona lleva dentro un gran necio. Hay quien consigue mantenerlo a raya.

ORáKULO dijo...

Cualquier bandera limita consigo misma.