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viernes, 15 de septiembre de 2017

Pero no el corazón (por Simon Armitage)




He hecho testamento; me dejo a la Salud

Nacional. Estoy seguro de que pueden usar

las gelatinas y los tubos y jarabes y colas,

la red de nervios y venas, la hogaza de sesos,

un surtido de empastes y suturas y lesiones,

sangre – un galón exactamente de sopa de arándano –,

el chasis o la jaula o la catedral de hueso;

pero no el corazón, pueden dejarlo solo.


Pueden tener el lote, todo el surtido:

los bucles y las bobinas y las ruedas dentadas y las

suspensiones y las bielas, los hilos y cuerdas y filamentos,

la cara, el estuche, los dientes y las manos,


pero no el péndulo, el corazón;

que lo dejen donde se pare o se cuelgue.



6 comentarios:

Pablo M dijo...

Hay algo que indefectiblemente se irá con nosotros. Habrá un hueco (ojalá que bueno), un vacío que nada llenará.

TóTUM REVOLÙTUM dijo...

Nadie sabe a lo que sabe.
¿A qué sé (=qué sabor tendré) yo?

Anónimo dijo...

Recuerdas vagamente

Puede que lo soñaras

¿Ah pero yo fui aquél?

Quiza no fui yo sino un antepasado

Creía en cosas en que no crees haber creído

Aquello que desprecias para él era importante

Abominó lo que amas

Amó lo que detestas

Vagamente recuerdas pero

no fuiste tú

Fue otro

otro distinto

¡Cualquiera sabe quién sería el fulano aquel!

¡Hace ya tanto de eso!

¿Quién acordó asignarle tu plaza tu parcela

de individualidad?

¿No se supone que tienes tú el monopolio?

Claro que él vivió antes

nunca habéis coincidido

no sois contemporáneos

Aun así induce a error

Pero vamos que no compartís más que eso

¿Ah pero fuiste él?

¿Estuviste allí dentro?

¿De verdad has sido ése

tan otro tan extraño?

No es posible

Acaso solamente aparecía en un sueño

un viejo sueño que

vete a saber por qué

no se deja olvidar




mailconraul dijo...

Por eso renacemos nuevamente, no se puede ser el mismo eternamente. Ni aun siendo nosotros, somos siempre nosotros.

Anónimo dijo...

¿A qué sé? ¿Cuál es, para los otros, mi sabor?

cajón desastre dijo...

VOSOTROS LOS NORMALES

Tal vez en algún sitio y en un pliegue del tiempo los Pol Pots, los Stalins, los Hitlers…, los tiranos y monstruos de la Historia (o quizá sus espectros lavados, depurados) nos recriminarán:



-Yo era un pobre pirado con la cabeza ida, un tipo "iluminado", un loco de remate (y además lo sabíais: se notaba a la legua).



Pero vosotros no.



Vosotros erais cuerdos, personas razonables, seres equilibrados.



Y aun así me dejasteis realizar mis delirios, disponer a mis anchas, salirme con la mía.



Me permitíais todo. Todo me consentíais.



En nada me coartabais.



¿Acaso no debisteis vosotros, los normales, ponerme a buen recaudo, impedir mis desmanes y mantenerme a raya?



¿Por qué no os rebelasteis?



Vosotros que podíais ¿por qué no hicisteis nada?



¿Por qué nunca objetabais mis consignas absurdas, mis sanguinarias órdenes, mis demencialidades?



Si a otros los repudiabais y teníais por lunáticos -y hasta los encerrabais en algún manicomio-, ¿por qué, en cambio, conmigo no hicisteis nada de eso?



¿Por qué me obedecíais siempre y sin rechistar?



¿Por qué no me salvasteis de mí mismo -y de paso os librasteis de mí-… vosotros, los normales?

(SAIZ DE MARCO)