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lunes, 12 de marzo de 2018

Nuestro vuelo (por Joan Payeras)



Como el vuelo de la ceniza

que gira y gira

a las órdenes del viento

y de repente cae

quieta por unos instantes

como fundida con la tierra

antes de iniciar de nuevo el vuelo

ligero azaroso sutil


nuestro vuelo como el vuelo de la ceniza

con idéntica insignificancia

con idéntica belleza



3 comentarios:

Pablo M dijo...

Cenizas voladoras. El suelo y el vuelo. La tierra y el aire. La extinción y el nacimiento van de la mano.

hAiKu dijo...

Bacterias, virus:
invisibles colegas
omnipresentes.

casa de citas dijo...

Los días son lluviosos. Mañana entraremos en el mes de diciembre y habrán pasado cincuenta y cinco años desde la fuga de Dora. La noche cae pronto y es preferible: borra el tono gris y la monotonía de estos días de lluvia en los que uno se pregunta si en verdad existe el día o si se trata más bien de un estado intermedio, una suerte de eclipse sombrío, que se prolonga hasta primeras horas de la tarde. Entonces, las farolas, los escaparates, los cafés se iluminan, el aire de la noche es más vivo, el contorno de las cosas es más preciso, hay embotellamientos en los cruces, la gente se apresura en las calles. y en medio de todas esas luces y de esa agitación, me cuesta creer que me encuentro en la misma ciudad donde residían Dora Bruder y sus padres, y también mi padre, cuando tenía veinte años menos de los que yo cuento ahora. Tengo la impresión de ser el único en establecer el vínculo entre el París de aquel tiempo y el de hoy, el único que se acuerda de todas esas minucias. En algunos momentos, el vínculo se adelgaza y está a punto de romperse; pero algunas noches la ciudad de ayer se me aparece con reflejos furtivos detrás de la de hoy.

(PATRICK MODIANO)