zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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lunes, 28 de septiembre de 2020

Canción de amor (por Williams Carlos Williams)


¿Qué tengo para decirte
cuando nos encontremos?
Sin embargo —
aquí estoy acostado pensando en ti.

La mancha del amor
se extiende sobre el mundo.
Amarilla, amarilla, amarilla,
se va comiendo las hojas
mancha con azafrán
los pliegues de las ramas que se inclinan
pesadamente
contra un delicado cielo púrpura.

Aquí no hay luz —
sólo una espesa mancha de miel
que gotea de hoja en hoja
y de rama en rama
arruinando todos los colores
del mundo.

Estoy solo,
el peso del amor
me ha mantenido a flote
hasta que mi cabeza
golpea contra el cielo.

¡Mírame!
Gotea néctar de mis cabellos;
los tordos se lo llevan
en sus alas negras.
Mírame, al fin
mis brazos y mis manos
están sin hacer nada.

¿Cómo podría saber
si alguna vez volveré a amarte
como ahora?


domingo, 27 de septiembre de 2020

Así siento caer (por Ada Negri)

 

La rosa blanca, sola en una copa


de vidrio, en el silencio se deshoja


y no sabe que muere y que la miro


morir. Uno tras otro se desprenden


los pétalos; intactos, impolutos.


Uno al lado del otro, con un toque


leve, se van posando y se quedan, dispuestos


por si un prodigio los reanima y los


devuelve, aún vivos, cándidos aún,


al tallo despojado. Así siento caer


sobre mi corazón los días de mi tiempo


fugaz: intactos; y el corazón quisiera,


y no puede, volver a componerlos


en una rosa nueva, sobre un tallo más alto.


jueves, 24 de septiembre de 2020

El secreto rojo (por Mónica Alicia Spesso)



La boca llega al filo de la confesión,

quiere saltar sin miedo,

llegar al fondo del abismo

que hace tiempo está en silencio.

La lengua juiciosa se encierra,

se retuerce,

calla el secreto apretado en la cavidad roja.

Los labios llenos de sangre

esperan el momento,

no quieren salpicar a los que aman.


martes, 22 de septiembre de 2020

Tuve la feliz idea (por Mary Szybist)


Tuve la feliz idea de suspender algunos globos azules en el aire
y verlos estallar.

Tuve la feliz idea de poner mi pequeño caballo de cobre en el estante para que pudiéramos mirarnos el uno al otro toda la noche.

Tuve la feliz idea de crear un vacío en mi interior.

Pensé que era algo natural.

Pensé que era algo sobrenatural.

Tuve la feliz idea de anudar una bufanda azul alrededor de mi cabeza y enrollarla.

Tuve la feliz idea de que en algún lugar nacería un niño que en nada se parecería a Helena o a Jesús, excepto en la intención de cambiarlo todo.

Tuve la feliz idea de que algún día iba a experimentar el placer y el castigo, que los conocería y los padecería,

Y que, hasta que lo hiciera, sería casi mejor fingirlo.

Tuve la feliz idea de decir que soy feliz.

Tuve la feliz idea de que el perro que escarba un hoyo en el patio en el crepúsculo tenía la nariz profundamente amoldada a la vida.

Tuve la feliz idea de que lo que no comprendo es más real que lo que comprendo,
y entonces la felicísima idea de calzarme
los dos zapatos de terciopelo azul.

Tuve la feliz idea de pulir el cristal reflectante y decir
hola a mi propia alma azul. Hola, alma azul. Hola.
Fue mi idea más feliz. 


lunes, 21 de septiembre de 2020

Calle de uno que no hizo nada (por Nino Pedretti)

 

Las calles son

todas de Mazzini, de Garibaldi, son de Papas,

de aquellos que escriben,

que dan órdenes, que hacen la guerra.

Nunca vas a cruzarte con

calle de uno que hacía gorritos,

calle de uno que estaba debajo de un cerezo,

calle de uno que no hizo nada

porque iba de paseo

encima de una yegua.

Y pensar que el mundo

está hecho de gente como yo

que come achicoria

en una ventana

contenta de estar, en verano,

descalza.


domingo, 20 de septiembre de 2020

Cansada de la perfección (por Rosabetty Muñoz)



El vendaval que dejó la santa
al elevarse.
Despojada de sí.
Cerúleo el rostro.
Transformada y bella.
Me sorprendió encontrarla, al otro día
donde mismo. Cansada.
Con algunas arrugas cerca de los ojos
y, sobre todo,
subiendo desganada al pedestal.
Quiero decir (parecía)
cansada de la perfección
tratando de confundirse con los feligreses.



miércoles, 16 de septiembre de 2020

Test (por Nicanor Parra)


Qué es un antipoeta:
Un comerciante en urnas y ataúdes?
Un sacerdote que no cree en nada?
Un general que duda de sí mismo?
Un vagabundo que se ríe de todo
hasta de la vejez y de la muerte?
Un interlocutor de mal carácter?
Un bailarín al borde del abismo?
Un narciso que ama a todo el mundo?
Un bromista sangriento
deliberadamente miserable?
Un poeta que duerme en una silla?
Un alquimista de los tiempos modernos?
Un revolucionario de bolsillo?
Un pequeño burgués?
Un charlatán?

Un dios?
Un inocente?
Un aldeano de Santiago de Chile?

Subraye la frase que considere correcta.

Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
como lo cree el padre Salvatierra?
Un espejo que dice la verdad?
Un bofetón al rostro
del Presidente de la Sociedad de Escritores?
(Dios lo tenga en su santo reino)
Una advertencia a los poetas jóvenes?
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?

Marque con una cruz
la definición que considere correcta.

martes, 15 de septiembre de 2020

Los formales y el frío (por Mario Benedetti)


¿Quién iba a prever que el amor ese informal se dedicara a ellos tan formales?

Mientras almorzaban por primera vez ella muy lenta y él no tanto, y hablaban con sospechosa objetividad de grandes temas en dos volúmenes

su sonrisa, la de ella era como un augurio o una fábula.


Su mirada, la de él tomaba notas de cómo eran sus ojos, los de ella pero sus palabras las de él no se enteraban de esa dulce encuesta.

Como siempre o como casi siempre la política condujo a la cultura, así que por la noche concurrieron al teatro sin tocarse una uña o un ojal ni siquiera una hebilla o una manga.

Y como a la salida hacía bastante frío y ella no tenía medias solo sandalias por las que asomaban unos dedos muy blancos e indefensos, fue preciso meterse en un boliche y ya que el mozo demoraba tanto ellos optaron por la confidencia extra seca y sin hielo por favor.

Cuando llegaron a su casa, la de ella ya el frío estaba en sus labios, los de él.

De modo que ella fábula y augurio le dio refugio y café instantáneos.

Una hora apenas de biografía y nostalgias hasta que al fin sobrevino un silencio, como se sabe, en estos casos es bravo decir algo que realmente no sobre.

Él probó "solo falta que me quede a dormir"
y ella aprobó "¿por qué no te quedás?"
y él "no me lo digas dos veces"
y ella "bueno, ¿por qué no te quedás?"


De manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella.


Después ella besó sus labios, los de él que a esa altura ya no estaban tan fríos.

Y sucesivamente así mientras los grandes temas dormían el sueño que ellos no durmieron.


lunes, 14 de septiembre de 2020

He oído decir que es un mensaje (por Russell Edson)


Había permanecido en la cama más tiempo del que usualmente le toma a la fatiga de uno agotarse.

Muy a menudo hay una canción que uno debe cantar toda la noche; se repite y no hay quien la pare. Uno le marca el compás con los dientes caninos, o con los dedos de los pies. Es un tic musical.

He oído decir que es un mensaje que uno no se atreve a escuchar. En la oscuridad el inconsciente es algo peligroso. Prefiero “Melancholy Baby” a cualquier otra cosa que pueda escuchar. Y así escucho toda la noche “Melancholy Baby”, rechinando cada sílaba con mis dientes.

Uno siente que las cosas están a punto de cambiar. He sentido esto toda mi vida. Es una disposición que le quita significado a cada acto, volviendo cada situación obsoleta, poniendo el presente en el pasado.

Un hombre es una serie de objetos guardados en una caja, el sonido de un tren, los sonidos de sus propios líquidos goteando a través de los íntimos arroyos de su cuerpo, un cierto número de huesos, sombras de árboles que caen a través de la carne como un estampado de nervios, o vasos sanguíneos; derrames, intercambios, desconexiones…

Improvisación montada en un trozo de carne, tendido en la cama en la noche.

“Melancholy Baby” una y otra vez. Ralentizada. Fuera de tiempo… Cada sílaba una y otra vez…


domingo, 13 de septiembre de 2020

Está la línea de misterio y fuego (por Clarice Lispector)


Dame tu mano:
Voy a contarte ahora
cómo he entrado en lo inexpresivo
que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta.
De cómo he entrado
en aquello que existe entre el número uno y el número dos,
de cómo he visto la línea de misterio y fuego,
y que es línea subrepticia.

Entre dos notas de música existe una nota,
entre dos hechos existe un hecho,
entre dos granos de arena por más juntos que estén
existe un intervalo de espacio,
existe un sentir que es entre el sentir
—en los intersticios de la materia primordial
está la línea de misterio y fuego
que es la respiración del mundo,
y la respiración continua del mundo
es aquello que oímos
y llamamos silencio.


sábado, 12 de septiembre de 2020

Sueños (por Robert Rivas)


sin punto de partida: siempre están empezados
el cine ha estado en función, sos vos el que llega
en determinado momento
la idea del multicine es muy apropiada
en este caso se proyectan varias películas al mismo tiempo, 
el espectador pasa de uno a otro cine 
como si la suya fuese una existencia en estado gaseoso
sólo su mirada permanece, el resto de él está 
en una situación de perfecta presencia ausente
sueños cuya sustancia suya es lo evanescente
sueños que parpadean y se alejan
sueños que casi no respiran y sueños pulsátiles
sueños ajenos que han llegado por puertas ocultas
sentir su reabsorción casi instantánea al despertar
has salido brutalmente del cine y tu memoria 
se ha quebrado por ese acto brutal
con la luz de los sueños se podrían preparar bebidas
para momentos cruciales
dejame mirarlos, no importa lo que signifiquen
sueños que se proeelonngan, estiran
no se detienen en ninguna estación
(las estaciones suben y cambian el rumbo sin detenciones)
sin embargo se deslizan por un aire encantado
están hechos de tal modo que convencen
de su realidad
con los sonidos de los sueños, con sus palabras que nunca
pasaron por el ojo de la aguja del lenguaje
podrían escribirse cosas que ridiculizarían a los poetas
largas son sus piernas, estiradas hasta lo más hondo
del pasado
"sueños soñaba soñarte, viviente mía"
me sueño
me sueño es mi última 'realidad'
me sueño encima
me sueño vivo, muerto, otro, propio, enemigo, solo, hijo,
yendo, viendo, estando, perdido, gozante-aterrado-amado
-olvidado
tan íntima intimidad como puede conseguirse
y un poco un poco más de libertad
fluye sueño
fluyen sueños -algunos viajan vacíos-
a lo largo de una vida -una lifetime intraducible-
una vida de sueños, múltiple, casi infinita
y las posibilidades de los sueños y su decir lo indecible

el sueño de un escalofrío
el sueño de las crías de las liebres en el campo
el sueño del flotador perdido en el mar
el sueño de las langostas acorazadas, si es que sueñan lo mismo
el sueño de una obsesión
el sueño del reloj parado a las tres y cinco
el sueño del huevo en el nido
el sueño de un baño tibio
el sueño del iceberg a la deriva
el sueño de los días olvidados y el sueño del olvido
el sueño del cuchillo en el cajón
el sueño de los silencios
el sueño de la sardina en el cardumen
el sueño del faro de la cárcel mientras gira
el sueño del obús entre la chatarra
el sueño de las nubes -que también mutan y se evaporan
el sueño de la vaca bajo la lluvia
el sueño del viento entre los pastos altos
el sueño de un frasco de clavos
el sueño de una palabra perdida
el sueño de las almejas cuando pasa el oleaje
el sueño de la niña que aún no habla
el sueño de una pluma que baja volando en círculos
el sueño de las piedras en el río
el sueño del loco en sus muchas cabezas diferentes
el sueño del aire en la niebla
el sueño del budín todavía caliente
el sueño de las hojas bajo el rocío de invierno
el sueño del cuerpo soñado
el sueño del agua y el sueño del arroyo, sin mezclarse
el sueño del tiempo perdido
el sueño de los cangrejales en las marismas
el sueño de las flores embriagadas por sus perfumes
el sueño del fósforo que no ha sido encendido
el sueño del fósforo que ya ardió


viernes, 11 de septiembre de 2020

Con esta desmesura (por Marina Tsvietáieva)


Qué puedo hacer, ciega e hijastra,
en un mundo donde cada uno es padre y vidente,
donde el espanto cruza sobre anatemas
como sobre terraplenes. Donde la gente
llama resfriado ¡al llanto!

Qué puedo hacer por decisión y disposición
a cantar - ¡Tal cable! ¡Bronceado! ¡Siberia!
¡Como por un puente a causa de mi alucinación!
Con la liviandad
en un mundo de pesos.

¡Primogénita y cantora, qué puedo
en un mundo donde lo más negro es grisáceo!
¡Donde la inspiración se guarda en un termo!
¡¿Qué puedo hacer con esta desmesura
en un mundo de medidas?!



jueves, 10 de septiembre de 2020

A lo mejor soy otro (por César Vallejo)


A lo mejor, soy otro; andando, al alba, otro que marcha
en torno a un disco largo, a un disco elástico:
mortal, figurativo, audaz diafragma.
A lo mejor, recuerdo al esperar, anoto mármoles
donde índice escarlata, y donde catre de bronce,
un zorro ausente, espurio, enojadísimo.
A lo mejor, hombre al fin,
las espaldas ungidas de añil misericordia,
a lo mejor, me digo, más allá no hay nada.

Me da la mar el disco, refiriéndolo,
con cierto margen seco, a mi garganta;
¡nada en verdad, más ácido, más dulce, más kanteano!
Pero sudor ajeno, pero suero
o tempestad de mansedumbre,
decayendo o subiendo, ¡eso, jamás!

Echado, fino, exhúmome,
tumefacta la mezcla en que entro a golpes,
sin piernas, sin adulto barro, ni armas,
una aguja prendida en el gran átomo...
¡No! ¡Nunca! ¡Nunca ayer!¡Nunca después!

Y de ahí este tubérculo satánico,
esta muela mortal de plesiosaurio
y estas sospechas póstumas,
este índice, esta cama, estos boletos.


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Puma en el zoológico de Chapultepec (por Gregory Corso)


Gato largo suave lento veloz flexible
¿Qué partitura, de quién la coreografía que bailaste
cuando bajaron el telón?
¿Puede esa laboriosa elegancia continuar
aquí, en completa soledad, en este escenario de 9 x 10?
¿Te darán otra oportunidad
quizá de danzar en las Sierras?
Qué triste pareces: al mirarte
pienso en Ulanova
encerrada en algún pequeño cuarto alquilado
de Nueva York, en la calle 17 Este
sector puertorriqueño.


martes, 8 de septiembre de 2020

Grito hacia Roma (por Federico García Lorca)


Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,

ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños

una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslúcidas

dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,

los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Sin más (por Isidro Saiz de Marco)


qué bonito este estar
aquí
contigo


sin otra pretensión que estar contigo
sin más propósito
sin más afán
sin otro empeño que verte y oírte


habitando los dos este momento 


sin uso 
sin dominio 
sin victoria 
sin posesión 
tú y yo sencillamente 
sin más razón 
sin otra utilidad 
sin más ocupación 
sin más porqué 
sin otro para-qué que estar así 


los dos este momento con-viviendo 


qué bonito este solo
este diáfano
sin mezcla de otra cosa 
estar contigo 


domingo, 6 de septiembre de 2020

Jamás te pertenecimos (por Margaret Atwood)


El momento en que, después de tantos años
de trabajo duro y de largo viaje,
te encuentras en el centro de tu cuarto,
casa, medio acre, milla cuadrada, isla, país,
y sabes, por fin, cómo llegaste allí,
y te dices: soy el dueño de esto,

es el mismo momento en que los árboles separan
sus suaves brazos de ti,
los pájaros recobran su lenguaje,
los acantilados se quiebran y colapsan,
el aire se retira de ti como una ola
y no puedes respirar.

No, murmuran. No eres dueño de nada.
Eres un visitante subiendo la colina,
una y otra vez,
plantando bandera, proclamando.
Jamás te pertenecimos.
Nunca nos encontraste.
Siempre fue al revés.



sábado, 5 de septiembre de 2020

Esta mañana (por Claudio Rodríguez)


Después de tantos días sin camino y sin casa
y sin dolor siquiera y las campanas solas
y el viento oscuro como el del recuerdo
llega el de hoy.

Cuando ayer el aliento era misterio
y la mirada seca, sin resina,
buscaba un resplandor definitivo,
llega tan delicada y tan sencilla,
tan serena de nueva levadura
esta mañana...

Es la sorpresa de la claridad,
la inocencia de la contemplación,
el secreto que abre con moldura y asombro
la primera nevada y la primera lluvia
lavando el avellano y el olivo
ya muy cerca del mar.

Invisible quietud. Brisa oreando
la melodía que ya no esperaba.
Es la iluminación de la alegría
con el silencio que no tiene tiempo.
Grave placer el de la soledad.
Y no mires el mar porque todo lo sabe
cuando llega la hora
adonde nunca llega el pensamiento
pero sí el mar del alma,
pero sí este momento del aire entre mis manos,
de esta paz que me espera
cuando llega la hora
—dos horas antes de la media noche—
del tercer oleaje, que es el mío.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Acerca de la libertad (por José Watanabe)



Esta mañana han comprado un pájaro

como se compra una fruta

un ramo de flores.


Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.


También Leonardo

pero midiéndoles el impulso y el rumbo.


Posiblemente en la infancia he pintado pájaros

pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.


Estoy tentado a liberar este pájaro

a devolverle

su derecho de morir sobre el viento.


Me van a pedir razones.


Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad

pero mi familia que es muy lógica

dirá que afuera solo

con el viento

a ver qué hago.


jueves, 3 de septiembre de 2020

Pequeña rosa (por Emily Dickinson)


Nadie conoce esta pequeña rosa.
Podría haber sido una peregrina
si no la hubiera cogido yo de los caminos
y te la hubiera ofrecido a ti.
Sólo una abeja la echará de menos,
sólo una mariposa,
apresurándose tras un largo viaje
para descansar en su regazo.
Sólo un pájaro se preguntará dónde está.
Sólo una brisa suspirará.
¡Ah, pequeña rosa, qué fácil,
para alguien como tú, morir!


martes, 1 de septiembre de 2020

Improvisa (por Rafael Baldaya)


Vas a salir a escena.
¿Cuál es mi personaje?
Vas a salir a escena.
¿Qué papel interpreto?
Vas a salir a escena.
¿Con qué actores y actrices compartiré la trama?
Vas a salir a escena.
¿De qué trata la obra?
Vas a salir a escena.
¿Cuál es el argumento?
Vas a salir a escena.
¿Hay al menos un tema, una idea básica?
Vas a salir a escena.
¿Dirigirá alguien esto?
Vas a salir a escena.
¿Podríamos, al menos, ensayarlo una vez?
No preguntes y actúa: muévete, habla, improvisa.
¿…? ¿...? ¿...?
Sólo puedo decirte que ya sales 
a escena.


domingo, 30 de agosto de 2020

Cada colisión fue evitada (por Mary O' Malley)


A esta hora de la noche los objetos de la casa

ya no son inertes o agradables.

Despiden emanaciones cargadas de ceniza.

El frío televisor, el panel de la ventana

y el teléfono tiemblan ligeramente

en sus sueños de baratija.

Hace casi dieciocho años

regresamos del sol

con dos hijos pequeños

a esta, nuestra ciudad universitaria.

Aquí, no lo sabíamos,

planeaban abrir una calle.

En la colina de enfrente

solían pastar dos caballos, Verano e Invierno,

que nuestra hijita adoraba.

Arriba, en las constelaciones,

convergían trayectorias

de estrellas candentes. Pese a las

señales de desastre,

cada colisión fue evitada.

Cuando volví al hogar esta noche

los gatos vinieron hacia mí,

una sombra gris, una nube naranja.

¿Hogar? No hay peligro de elegía.

Ya nunca tendremos treinta años de casados.

Este anillo de bodas

que fue nuestra O de regocijo

y “para siempre” y que está en un

oscuro cajón, todavía me va bien.

Cuando partimos a Ítaca

con rostros radiantes, te di juventud

y fuego, tanto como dolor.

Aunque esa isla desnuda no era

el destino esperado,

compramos ámbar y ébano

y nuestro viaje fue largo.

Los caballos ya no están,

reemplazados por casas.

En cada calle, en cada barrio nuevo,

empieza una vez más.

Esta noche de noviembre

hay una luna

atrapada en una tenue malla

de bruma. Me consuela saber

que podría ir hasta la colina de enfrente

donde pastaban la yegua blanca y el caballo marrón

y la bahía se ensanchaba al oeste,

hacia el agua y la fuga.



jueves, 27 de agosto de 2020

La canción de los murciélagos (por Robert E. Howard)


Anochecía en la montaña
y las estrellas eran tenues y frágiles
cuando los murciélagos llegaron volando,
volando desde el río y el valle
para rodar contra el crepúsculo
y cantar sus cuentos de brujas.

«¡Éramos reyes de antaño! —cantaban—:
gobernantes de un mundo encantado;
cada nación de lo creado
reconocía nuestro dominio sobre los hombres.
Las diademas de poder nos coronaron,
luego se levantó Salomón para confundirnos,
nos dio forma de bestias,
y se rompió nuestro reino».

Girando, girando hacia el oeste,
huyeron en vuelo fantasmal;
¿No fue más que música esas alas moviéndose,
murmurada a través de la noche estrellada?
¿O fue el canto de un clan espectral
susurrando un poder olvidado?



lunes, 24 de agosto de 2020

Donde mis ojos se lavan (por Raquel Sinelli)


Después de la lluvia

los troncos se ven negros,

nítidos

y entre ellos pasa, difusa, la luz del día.

El agua

retenida en la corteza

es el subrayado de un dibujo infantil

donde mis ojos se lavan, inocentes.



viernes, 21 de agosto de 2020

Elegimos procesarlo (por Carolina Soria)


Martes 0:44




un recuerdo enmohecido

se arrastra


prisionero de sombras

se silencia


arriba a los ojos

espera

cae por las mejillas

corre


un recuerdo enmohecido

se arrastra


para morir

en la garganta


Domingo 21:15


si alguna vez hablamos

te diría sí

me lastimaste


quisiera que lo sepas

para que no pases por la vida sin saber

que uno daña


me pregunto a quién dañé


Sábado 01:38


harapientos de basura

abandonados


o de ropaje blanco

con números bancarios


o deshojando margaritas

en la luna valenciana


o simulando ser lo que se debe ser


vestiduras de almas enjauladas

¿pueden elegir otra ropa?


Jueves 19:34



de acuerdo

dejamos atrás el dolor

elegimos procesarlo


perdonamos a nuestros deudores

nos perdonamos


aprendimos de la experiencia

seguimos


pero en lo más interior de la voz

lo real

no miente


Miércoles 22:56



real que retumba en las maneras de ver


donde verse se hace carne

donde la carne se ciñe


y no hay más real

que un adiós


martes, 18 de agosto de 2020

Menos él (por Alfredo Fressia)


Mira el espejo en la vidriera
y todo se refleja menos él.
Se refleja su cuerpo, ve
sus ojos, con ojeras, ve
su ropa, puesta con cuidado,
ve que aprendió finalmente
que el mundo es de los otros,
cuidadosamente de los otros, con ojeras
de los otros, y esta calle y la patria
y las reglas de este enfermo,
este suspecto hijo de nadie, este
anónimo en la calle y en la vida
de los otros que no miran
el espejo en que él se mira
entero y está ausente.



sábado, 15 de agosto de 2020

Inscripción sobre un sepulcro (por Tristan Tzara)


Y sentía tu alma pulcra y triste
como sientes la luna que se desliza calladamente
detrás de los visillos corridos,
y sentía tu alma pobre y encogida,
como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,
sin atreverse a llamar y entrar,
y sentía tu alma frágil y humilde
como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,
y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor
como un pañuelo en la mano en el que gotean lágrimas,
y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,
solamente tu recuerdo la detiene
con invisibles dedos de fantasma.



miércoles, 12 de agosto de 2020

Mi cabeza estadística (por Wislawa Szymborska)


En la fotografía de la muchedumbre
mi cabeza es la séptima desde el margen,
o tal vez la cuarta a la izquierda,
o la veinte desde abajo;

no sé cuál es mi cabeza,
ya no una, no única,
ya parecida a las parecidas,
ni femenina, ni masculina,

las señales que me hace
no son ningún rasgo personal;

tal vez la ve el Espíritu del Tiempo,
pero no la mira;

mi cabeza estadística
que consume acero y cables
tranquilísima, globalísimamente;

sin la vergüenza de ser una cualquiera,
sin la desesperación de ser cambiable;

como si no la tuviera en absoluto
a mi modo y por separado;
como si se hubiera desenterrado un cementerio
lleno de cráneos anónimos
en aceptable estado de conservación
a pesar de su mortalidad;

como si ya hubiera estado allí
-mi cabeza, una cualquiera, ajena-

donde, si recuerda algo,
es quizá el profundo futuro.



domingo, 9 de agosto de 2020

Espera (por Silvina Ocampo)


Cruel es la noche y dura cuando aguardo tu vuelta
al acecho de un paso, del ruido de la puerta
que se abre, de la llave que agitas en la mano
cuando espero que llegues y que tardas tanto.
Crueles son en las calles los rumores de coches
que me dan sueño cuando estoy junto a tus ojos.
Cruel es la lluvia suave, furiosa que fascina,
las enormes tormentas, las nubes con sus islas
cuando espero que llegues y que el reloj enclava
sus manecillas de oro en el corazón ávido.
Cruel es que todo sea precioso hasta el retorno
de la espera, y el lento padecer del amor.
Cruel es rezar sin tregua la promesa olvidada
de volver a ser buena, de sentir que redime
estar bien preparada sólo para la dicha.
Cruel es la luz, perfecta, de la luna y del alba,
el alma de las horas sobre el campo y el mar,
y crueles son los libros, la voluptuosa música,
hasta la anomalía de las caras etruscas.
Y es cruel aún después tener que ser humana,
no convertirme, al verte, en perro, de alegría.


jueves, 6 de agosto de 2020

Intercambiamos un saludo (por Hagar Peeters)


Anoche me crucé con mis padres,
dos pálidas figuras inclinadas
una hacia otra bajo la blanca luz de un farol.
A juzgar por su alegría yo no había nacido
aún. Ambos eran jóvenes y muy enamorados.
A mí me dio mucha tristeza
porque yo sabía el curso que iban a tomar las cosas.
Ella se moría de risa por algo que él le susurró.
Él se reía a carcajadas como suele hacerlo todavía.
Intercambiamos un saludo cortés
y después nos fuimos cada uno por su lado.
“Un momento -les dije a distancia-,
seguramente nos vamos a reencontrar dentro de un tiempo”.
Ellos, tomados del brazo, doblaron en silencio la esquina.



lunes, 3 de agosto de 2020

Insomnio (por Jorge Luis Borges)


De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.

Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.

El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.

En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.

En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.

Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la circulación de mi sangre y de los planetas.

(He odiado el agua crapulosa de un charco,
he aborrecido en el atardecer el canto del pájaro.)

Las fatigadas leguas incesantes del suburbio del Sur,
leguas de pampa basurera y obscena, leguas de execración,
no se quieren ir del recuerdo.
Lotes anegadizos, ranchos en montón como perros,
charcos de plata fétida:
soy el aborrecible centinela de esas colocaciones inmóviles.
Alambre, terraplenes, papeles muertos, sobras de Buenos Aires.

Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer,
ningún muerto,
—aunque se oculten en la corrupción y en los siglos—,
y condenarlos a vigilia espantosa.

Toscas nubes color borra de vino inflamarán el cielo;
amanecerá en mis párpados apretados.



viernes, 31 de julio de 2020

El problema está en lo que construimos (por Lew Welch)


Viví aquí casi cinco años antes de poder enfrentarme al día del Medio Oeste con algo parecido a la dignidad. Es un lugar que te deja saber por qué la Biblia es como es: la gente orgullosa no puede vivir aquí.

Es un terreno demasiado plano. Feo, hosco y grande, machaca a los hombres más allá de la humildad. Se doblegan a los 35, probablemente encogidos por el cielo pesado y terrible. En un territorio como éste no puede haber otro Dios que Yahvéh.

En las fábricas y refinerías del sur, Chicago lanza un gas natural en llamas que oscilan como mecheros en chimeneas de cien pies de altura. El hedor te acuchilla los ojos. Todo el cielo es un fondo verde y amarillo para el esqueleto, acero de una ciudad bombardeada.

¿Te acuerdas de las películas en la escuela? ¿Los hombres con máscaras haciendo cosas pesadas tras una cortina de chispas de acero? ¿La pantalla oscura relampagueando luz y la puerta del horno que se abre con una explosión naranja como de atardecer? ¿O una naranja?

Fotografiado por un hada, entusiasmada como una niña, o un nazi al que le encantaría que hubiese gente detrás de esa puerta (de ahí su remota belleza), pero Sievers, cuyo padre se pasó la mayor
parte de su vida allí, recuerda a un "negro con camiseta roja meando en la arena oscura".

Pasaron cinco años hasta que pude permitirme reconocer su ferocidad. Los amigos me ayudaron. Entonces le puse cariño a mi casa. Por fin descubrí algunos lagos tranquilos y una granja en la que me dejaban cazar faisanes.

De pie sobre la barca una noche vi el lago aplanarse por completo. Menores que gotas de lluvia, y sólo aquí y allá, podían verse anillos de peces comiendo a cientos de yardas — ¡y la Perca que cogí
esa tarde izada de su lago del norte como si fuera tropical! Una joya en su oreja, un vientre dorado tan brillante que jurarías que lleva dentro una luz. Su color se desvaneció con su vida. Un pequeño pez
verde...

Bien mirado, es un planeta amable y generoso, incluso aquí. Mucho más amable aquí que en otra docena de lugares. El problema está siempre y sólo en lo que construimos sobre él.

Nadie más a quien culpar. Ni puedes arreglarlo ni hacer que desaparezca. No ayuda apelar a algún Tonante mal pergeñado que amenaza sobre un peñasco inimaginable...

Es nuestro. Hasta en el más pequeño de los detalles, la existencia de todo depende sola y finalmente de nuestra tolerancia.

Conduciendo de vuelta, vi Chicago erguido sobre sus gases y comprendí de nuevo que no se hizo al hombre para enfrentarse a esta despiadada monstruociudad, sin parecido a nada.

Resuella en la orilla de su Gran Lago como un rinoceronte, rojo, ciego. Ya ha comenzado a destruirnos.

No puedes arreglarlo. No puedes hacer que desaparezca. No sé qué vas a hacer tú, pero sí sé lo que voy a hacer yo. Voy a alejarme de ella. Tal vez una pequeña parte morirá si no estoy aquí alimentándola.


jueves, 30 de julio de 2020

Siento que no estoy preparado (por Alastair Reid)


Al final del suculento verano
la casa está manchada de verde.
Me estiro en busca de la mano

de mi padre, la antigüedad de sus uñas.
A intervalos, aunque endeble,
aparece y prevalece una dulzura.

La tan aromática noche
parece llegarle a la garganta.
Es como si la noche tosiera.

En los demás cuartos de la casa
los muebles han enmudecido.
La edad se le ha encajado en la cara.

Voy acunándole el tembloroso mentón
y lo afeito, sintiendo que el hueso
va estirándole la piel de cera.

Nos hemos vuelto manos más que nada
y voces que entiendas.
Está la casa toda en pendiente.

Siento que no estoy preparado
para estar sin tu frágil y desperdiciado cuerpo,
los diversos caminos de tu pensamiento,

tu vida, sus venas trastabillantes.
Tarde a tarde, me resisto
a dejarte a solas con tu muerte.

Tampoco me habré de demorar
en la interminable, acumulativa pregunta
que, siendo tu hijo, habré de formular.

Pero una noche cualquiera,
pronto, para ti la oscuridad
no será día que amanezca,

y entonces empezaré contigo
la vacilante conversación
que sigue y sigue y sigue.


miércoles, 29 de julio de 2020

Estatuas (por Sergio Ballouk)


¿Cuántas estatuas de bandidos

comandantes de exterminios

capitanes de monte? ¿Cuántas?


¿Cuántos nombres de ricos en calles

plazas y viaductos, de gente

a la que no le gustaba la gente? ¿Cuántos?


¿Cuántos podridos por dentro

podridos en pie, como si en pie

resbalaran las tropas y el veneno? ¿Cuántos?


¿Cuántos todavía nos están viendo

aguardando el mejor momento

de entrar en una estatua de bronce? ¿Cuántos?


martes, 28 de julio de 2020

Persecución (por Sylvia Plath)


Una pantera macho me ronda, me persigue:

un día de estos al fin me matará.

Su avidez ha encendido los bosques,

su incesante merodeo es más altivo que el sol.

Más suave, más delicado se desliza su paso,

avanzando, avanzando siempre a mis espaldas.

Desde la esquelética cicuta, los grajos graznan estrago:

la caza ha comenzado; la trampa, funcionado.

Arañada por las espinas, ojerosa y exhausta,

atravieso penosamente las rocas, el blanco y ardiente

mediodía. En la roja red de sus venas,

¿qué clase de fuego fluye, qué clase de sed despierta?

La pantera, insaciable, escudriña la tierra

condenada por nuestro ancestral delito,

gimiendo: sangre, dejad que corra la sangre.

La carne ha de saciar la herida abierta de su boca.

Afilados, los desgarradores dientes; suave

la quemante furia de su pelaje; sus besos agostan,

dan sed; cada una de sus zarpas es una zarza;

El hado funesto consuma ese apetito.

en la estela de este felino feroz,

ardiendo como antorchas para su dicha,

carbonizadas y destrozadas, yacen las mujeres,

convertidas en la carnaza de su cuerpo voraz.

Ahora las colinas incuban, engendran una sombra

de amenaza. La medianoche ensombrece el tórrido soto;

el negro depredador, impulsado por el amor

a las gráciles piernas, prosigue a mi ritmo.

Tras los enmarañados matorrales de mis ojos

acecha el ágil; en la emboscada de los sueños,

brillan esas garras que rasgan la carne,

y, hambrientos, hambrientos, esos muslos recios.

Su ardor me engatusa, prende los árboles,

y yo huyo corriendo con la piel en llamas.

¿Qué bonanza, qué frescor puede envolverme

cuando el hierro candente de su mirada me marca?

Yo le arrojo mi corazón para detener su avance,

para apagar su sed malgasto mi sangre, porque

él lo devora todo y, en su ansia, continúa buscando comida,

exigiendo un sacrificio absoluto. Su voz

me acecha, me embruja, me induce al trance,

el bosque destripado se derrumba hecho cenizas;

aterrada por un anhelo secreto, esquivo

corriendo el asalto de su radiación.

Tras entrar en la torre de mis temores,

cierro las puertas a esa oscura culpa,

las atranco, una tras otra las atranco.

Mi pulso se acelera, la sangre retumba en mis oídos:

las pisadas de la pantera lamen los peldaños,

subiendo, subiendo las escaleras.


lunes, 27 de julio de 2020

Y me abrazo a los olmos (por Juan Ramón Jiménez)


Los brazos de los doce olmos desnudos,
mis olmos, mis amigos naturales,
me abrazan negros, blancos. Nieva.
¡Y qué abrazo
de bosque el de estos doce olmos,
en este olmo primero, junto a mí!

¡La melodía, blanca, negra, en negro blanco abrazo;
frío y cálido abrazo,
como el del perro, el animal que viene vaheando;
el blanco y negro estar a gusto aquí
desnudo, aunque vestido;
la unidad de lo blanco con lo negro solos,
dos negros con dos blancos;
la eternidad desnuda blanca, negra;
bosque mío de olmos con la nieve!

Y al fin, levanto más mis brazos y los abro
y me abrazo a los olmos en el olmo,
en su total de ramas desnudas blancas negras;
esta vibrante y armoniosa sinfonía
de ramas en enlace sucesivo;
bosque hecho abrazo con la nieve;
y me cierro con él, en un abrazo inmenso,
desnudo de blancura y de negrura,
un bosque natural de ser y ser
en un abrazo natural de amor,
con mi ser natural desnudo de árbol hombre.


domingo, 26 de julio de 2020

Antes de separarse (por Abraham Gragera)


Somos como los siglos

antes de separarse.

Espera un poco más, amor,

que el mar está lloviéndose aún,

que no llegamos tarde.


Que ya no teme la semilla

caer sobre la roca,

y el silencio y la oscuridad se besan,

y mi mano te busca,

y hay otros en nosotros que se tocan


sus pieles encendidas.

Estar desnudos es venir de lejos

y siempre estar llegando.

Espera un poco más, amor,

que nada es poco para los que esperan tanto.


Que el aire se hará llama,

como la voz aliento,

como ahora es de noche

y el ojo mira las estrellas,

y las estrellas miran hacia dentro.


sábado, 25 de julio de 2020

Cada ojo un tubo de ensayo (por Marcos Herrera)


La verdad
no existe.

Son los vidrios de la mitología que abandonaste
cuando decidiste operarte los ojos.

Cada ojo, un tubo de ensayo
en donde un dios
enclenque y mal pagado
mezcla líquidos,

colores fantásticos
que atacan sin que los veas,

como lobos a ovejas,

para que al amanecer
me abraces antes de que me despierte

y me digas que nunca más
vas a viajar a las profundidades.


viernes, 24 de julio de 2020

Pero el otro (por José Emilio Pacheco)


Alguien te sigue a veces en silencio.
Las cosas nunca dichas
se transforman en actos.
Atraviesas la noche en las manos del sueño,
pero el otro, implacable,
no te abandona: lucha
contra la irrealidad, la falsa vida
donde todo es ocaso.
Frágil perseguidor que eres tú mismo,
lo has obligado a ser, en guardia siempre,
el minucioso espejo que no olvida.



jueves, 23 de julio de 2020

Hoy lo volví a ver (por Roberto Bolaño)


La historia comienza con la llegada del sexto enfermo,

un tipo de más de sesenta, solo, de enormes patillas,

con una radio portátil y una o dos novelas de aquellas

que escribía Lafuente Estefanía.

Los cinco que ya estábamos en la habitación éramos amigos,

es decir, nos hacíamos bromas y conocíamos

los síntomas verdaderos de la muerte,

aunque ahora ya no estoy tan seguro.

El sexto, mi padre, llegó silenciosamente

y durante todo el tiempo que estuvo en nuestra habitación

casi no habló con nadie.

Sin embargo, una noche, cuando uno de los enfermos se moría

(Rafael, el de la cama nº 4)

fue él quien se levantó y llamó a las enfermeras.

Nosotros estábamos paralizados de miedo.

Y mi padre obligó a las enfermeras a venir

y salvó al enfermo de la cama nº 4

y luego volvió a quedarse dormido

sin darle ninguna importancia.

Después, no sé por qué, lo cambiaron de habitación.

A Rafael lo mandaron a morir a su casa y a otros dos

los dieron de alta.

Y a mi padre hoy lo volví a ver.

Como yo, sigue en el hospital.

Lee su novela de vaqueros y cojea de la pierna izquierda.

Su rostro está terriblemente arrugado.

Aún lo acompaña la radio portátil de color rojo.

Tose un poco más que antes y no da mucha importancia

a las cosas.

Hoy hemos estado juntos en la salita, él con su novela

y yo con un libro de William Blake.

Afuera atardecía lentamente y los coches fluían como

pesadillas.

Yo pensaba y pensaba en mi padre, una y otra vez,

hasta que éste se levantó, dijo algo

con su voz aguardentosa

que no entendí

y encendió la luz.

Eso fue todo. Él encendió la luz y volvió a la lectura.

Praderas interminables y vaqueros de corazones fieles.

Afuera, sobre el Monte Carmelo, pendía la luna llena.



miércoles, 22 de julio de 2020

Una nueva estrella (por Wislawa Szymborska)


Se ha descubierto una nueva estrella,
lo cual no quiere decir que se vea más claro
en el cielo, ni que ella nos faltase.

La estrella es grande y lejana,
tan lejana que es muy pequeña,
más pequeña que otras,
incluso más pequeña que ella misma.
El asombro no tendría nada de
sorprendente
si es que tuviéramos tiempo para
sorprendernos.

La edad de la estrella, su masa, su lugar en el universo,
bastan tal vez
para una tesis doctoral
y para un brindis.
En los medios cercanos al cielo: el astrónomo, su mujer, los padres, los colegas,
el ambiente es desenvuelto,
no se exige ninguna formalidad,
la conversación gira sobre las novedades del barrio
y se picotean cacahuetes.

La estrella es magnífica,
pero eso no es razón
para no beber a la salud de nuestras
damas,
incomparablemente más cercanas.
La estrella es intrascendente.
No tiene ningún efecto sobre el clima, la moda, los goles del partido,
los reajustes del gabinete, los presupuestos y la pérdida de valores.
No tiene ninguna influencia sobre la
propaganda
ni sobre la industria pesada.
No se refleja sobre el barniz de la mesa de debates.
Es irrelevante para los días contados de la vida.

Para qué preguntar
bajo cuántas estrellas nace el hombre
y bajo cuántas estrellas muere
un instante después.



martes, 21 de julio de 2020

Aquel niño (por Joan Margarit)


Aquel niño callado. Juega solo.
Permanece detrás de estos ojos de viejo,
resiste la embestida brutal del mediodía
oyendo los confusos versículos del mar
y el grito de los cuerpos desnudos y oxidados
al entrar en las aguas transparentes y frías
de la playa de piedras. Avergonzado, corre
de un escondite a otro de los cuentos.
Duerme dentro de mí, desvalida criatura:
duerme dentro de mí, una noche de reyes,
donde en silencio vuelan las escobas
y los lobos dejaron sus huellas en la nieve.
Afuera brilla un cielo lleno de albaricoques,
y el mar azul oscuro de ciruelas
se deshace en los negros cuchillos de las rocas.
El verano de alcohol frío en los ojos
me hace sentir mi vida como la pulpa oscura
y dorada de un fruto que se pudre
alrededor del hueso del recuerdo.
Dentro de mí ocúltate, desvalida criatura.
Dentro de mí protégete de la cruel claridad.
Recita la leyenda que habla del niño gris
y de la miserable bicicleta
montada por el triste ciclista del suburbio.
Te busca y está cerca. Pedalea hacia aquí.


lunes, 20 de julio de 2020

Tía Rose (por Allen Ginsberg)


Ahora -Tía Rose- podría verte
con tu cara delgada y tus dientes de conejo y el dolor
del reúma -y un largo, negro, pesado zapato
en tu huesuda pierna izquierda,

renqueando por el largo pasillo alfombrado, en Newark,

pasando el gran piano negro
en esa misma habitación,
donde se hacían las fiestas
y en la que yo cantaba himnos republicanos de la Guerra Civil
Española, con voz chillona y muy aguda
(histérico), mientras el comité
me escuchaba cantar,
y tú renqueabas por la habitación
recogiendo el dinero-

la tía Honey, el Tío Sam, alguien desconocido que tenía una insignia

de tela en el bolsillo
de la Brigada Lincoln
y una cabeza calva enorme y joven

tu triste cara larga,

tus lágrimas de frustración sexual
(qué llantos sofocados y caderas huesudas
debajo de la almohada de Osborne Terrace)

aquella vez que me senté en el inodoro, totalmente desnudo,

mientras tú me rociabas loción de camomila en la entrepierna
contra la hiedra venenosa -mis tiernos
vergonzosos vellos primerizos, morenos y rizados,
qué estarías pensando, secretamente en tu alma,

ahora que ya me conocías como hombre-

y yo era una ignorante muchachita de silencio familiar en el delgado
pedestal de mis piernas en el baño -el Museo de Newark.

Tía Rose–

Hitler murió, Hitler está en la Eternidad; Hitler está con
Tamerlán y Emily Brontë

Aunque te veo todavía, caminando espectral por Osborne Terrace,
atravesando el largo y oscuro corredor hacia la puerta de la calle,
renqueando un poco, una sonrisa dolorida dibujada en la cara,
enfundada en lo que debe haber sido un vestido de seda

estampado con flores

recibiendo al Poeta, mi papá, en su visita a Newark

te veo llegar al living
y bailotear sobre tu pierna mala
y festejar con un aplauso
que le hubiera aceptado publicar su libro
el editor de Liveright.

Hitler murió, y Liveright fue a la quiebra
El desván del pasado y El minuto infinito se agotaron

El tío Harry vendió ya su último par de medias de seda
Claire dejó de asistir a la escuela de danza interpretativa


Buba se pasa el día sentada en un asilo para ancianas,

como si fuera un monumento todo lleno de arrugas,
parpadeando a los recién nacidos

te vi en el hospital, la última vez,

el cráneo blanquecino sobresalía de la piel color ceniza
muchachita de venas azules inconsciente en una carpa
de oxígeno la guerra
en España acabó hace mucho

Tía Rose.


domingo, 19 de julio de 2020

Yo dejo hacer, dejo pasar (por Nicanor Parra)


Mil novecientos treinta. Aquí empieza una época

con el incendio del dirigible R 101 que se precipita a tierra

envuelto en negras ráfagas de humo

y en llamas que se ven desde el otro lado del Canal

Yo no ofrezco nada especial, yo no formulo hipótesis

yo sólo soy una cámara fotográfica que se pasea por el desierto

soy una alfombra que vuela

un registro de fechas y de hechos dispersos

una máquina que produce tantos o cuantos botones por minuto


Primero indico los cadáveres de Andrée y de sus infortunados compañeros

que permanecieron ocultos en la nieve septentrional durante medio siglo

para ser descubiertos un día del año mil novecientos treinta

año en que yo me sitúo y soy en cierto modo situado

Señalo el lugar preciso en que fueron dominados por la tormenta

he ahí el trineo que los condujo a los brazos de la muerte

y el bote lleno de documentos científicos

de instrumentos de observación

lleno de comestibles y de un sinnúmero de placas fotográficas


En seguida me remonto a uno de los picos más altos del Himalaya

al Kanchetunga, y miro con escepticismo la brigada internacional

que intenta escalarlo y descifrar sus misterios

veo como el viento los rechaza varias veces al punto de partida

hasta sembrar en ellos la desesperación y la locura

veo a algunos de ellos resbalar y caer al abismo

y a otros veo luchar entre sí por unas latas de conserva


Pero no todo lo que veo se reduce a fuerzas expedicionarias:

yo soy un museo rodante

una enciclopedia que se abre paso a través de las olas

registro todos y cada uno de los actos humanos

basta que algo suceda en algún punto del globo

para que una parte de mí mismo se ponga en marcha

En eso consiste mi oficio

Concedo la misma atención a un crimen que a un acto de piedad

vibro de la misma manera frente a un paisaje idílico

que ante los rayos espasmódicos de una tempestad eléctrica

Yo no disminuyo ni exalto nada

me limito a narrar lo que veo


Veo a Mahatma Gandhi dirigir personalmente

las demostraciones públicas en contra de la Ley de la Sal

veo al Papa y a sus Cardenales congestionados por la ira

fuera de sí, como poseídos por un espíritu diabólico

condenar las persecuciones religiosas de la Rusia soviética

y veo al príncipe Carol volver en aeroplano a Bucarest

miles de terroristas croatas y eslovenos son ejecutados en masa a mis espaldas

Yo dejo hacer, dejo pasar

dejo que se les asesine tranquilamente

y dejo que el general Carmona se pegue como lapa al trono de Portugal


Esto fue y esto es lo que fue el año mil novecientos treinta

así fueron exterminados los kulaks de la Siberia

de este modo el general Chang cruzó el río Amarillo y se apoderó de Pekín

de ésta y no de otra manera se cumplen las predicciones de los astrólogos

al ritmo de la máquina de coser de mi pobre madre viuda

al ritmo de la lluvia, al ritmo de mis propios pies descalzos

y de mis hermanos que se rascan y hablan en sueños


sábado, 18 de julio de 2020

Parra camina (por Roberto Bolaño)


Ahora Parra camina
ahora Parra camina por Las Cruces
Marcial y yo estamos quietos
y oímos sus pisadas
Chile es un pasillo largo y estrecho
sin salida aparente
El Flandes indiano que se quema allá a lo lejos
un incendio rodeado de huellas
o los restos de un incendio
y los restos de unas huellas
que el viento va borrando
o diluyendo
nadie te da la bienvenida a Dinamarca
todos estamos haciendo
lo indecible
nadie te da la bienvenida a Dinamarca
aquí está lloviendo
y las cruces exhiben huellas
de hormigas y de incendios
oh el Flandes indiano
el interminable pasillo de nuestro descontento
en donde todo lo hecho parece deshecho
el país de Zurita y de las cordilleras fritas
el país de la eterna juventud
sin embargo llueve y nadie se moja
excepto Parra
o sus pisadas que recorren
estos tierrales en llamas
petrificadas
estos camposantos arados por bueyes
inmóviles
Oh el Flandes indiano de nuestra lengua esquizofrénica
toda pisada deja huella
pero toda huella es inmóvil
nada que ver con el hombre o la sombra
que una vez pasó
o que en el último suspiro intentó
materializar la cobra
del sueño inmóvil
o de lo que en el sueño sobra
representaciones representaciones
carentes de sustancia
En el Flandes indiano de la fractura
infinita
pero nosotros sabemos que todos
nuestros asuntos
son finitos (alegres, sí, feroces,
pero finitos)
la revolución se llama Atlántida
y es feroz e infinita
mas no sirve para nada
a caminar, entonces, latinoamericanos
a caminar a caminar
a buscar las pisadas extraviadas
de los poetas perdidos
en el fango inmóvil
a perdernos en la nada
o en la rosa de la nada
allí donde sólo se oyen las pisadas
de Parra
y los sueños de generaciones
sacrificadas bajo la rueda
y no historiadas


viernes, 17 de julio de 2020

Decir no (por Idea Vilariño)


Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola


jueves, 16 de julio de 2020

Cuestión de hechicería (por José Luis García Martín)


Si todo fue cuestión de hechicería,

si nunca fue verdad aquella historia,

si el jardín era polvo y sombra y nada,

aire en el aire, música y danzantes,

¿de dónde viene este dolor de ahora,

este hoyo que no se llena nunca,

esta falta de suelo en la mañana,

este dar tumbos a ninguna parte?

Qué poderosa se elevó tu mano

inmensa sobre el mundo y yo con ella,

súbito rey del universo todo.

Abrí los ojos. Vi que era mi vida

trampantojo y cartón y poco más.

Tan solo esa mentira fue verdad.


miércoles, 15 de julio de 2020

Apiádate (por Isidro Saiz de Marco)


Apiádate, Universo, de tus trozos sensibles:
de los que no son solo roca,
de los que no son solo agua,
de los que no son solo hierro,
de los que no son solo gas,
de los que no son solo luz,
de los que no son solo una tormenta eléctrica
o una erupción volcánica.

De tus trozos que sienten,
de tus trozos que sufren,
de tus trozos que saben -poco, sí, pero saben
y se saben-,
de tus trozos capaces de dolor y desgarro,
de tus pobres minucias cerebradas
por un tiempo conscientes como ésas de la Tierra
surgidas de tu hacer o de tu azar,
de esos fragmentos mínimos
en que prendió la vida,
de esos pequeños nódulos de materia blanduzca
que a fin de cuentas son pedazos tuyos:

-si es que Todo Tú piensas, sientes, sabes-
de tus trozos sensibles apiádate, Universo.


martes, 14 de julio de 2020

Sosiégate, corazón (por Fernando Pessoa)


¡Sosiégate, corazón! ¡No desesperes!
Tal vez un día más allá de los días
encuentres lo que quieres porque no lo quieres.
Entonces, libre de falsas nostalgias,
alcanzarás la perfección de ser.

¡Pero pobre sueño el que solo quiere no tenerlo!
¡Pobre esperanza la de existir tan solo!
Como quien se pasa la mano por el cabello
y en sí mismo se siente diferente,
¡ah, cuánto mal hace al sueño el concebirlo!

¡Sosiégate, sin embargo, corazón! ¡Duerme!
El sosiego no quiere razón ni causa.
Sólo quiere la noche plácida y enorme,
la grande, universal, solemne pausa
antes de que todo se transforme en todo. 


lunes, 13 de julio de 2020

Puerto Supe (por Blanca Varela)


Está mi infancia en esta costa, bajo el cielo tan alto,

cielo como ninguno, cielo, sombra veloz, nubes de espanto,

oscuro

torbellino de alas, azules casas en el horizonte.


Junto a la gran morada sin ventanas, junto a las vacas ciegas,

junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.


¡Oh, mar de todos los días,

mar montaña,

boca lluviosa de la costa fría!


Allí destruyo con brillantes piedras la casa de mis padres,

allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,

destapo las botellas y un humo

negro escapa y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.


Están mis horas junto al río seco, entre el polvo

y sus hojas palpitantes,

en los ojos ardientes de esta tierra

adonde lanza el mar su blanco dardo.


Una sola estación, un mismo tiempo de chorreantes dedos

y aliento de pescado.

Toda una larga noche entre la arena.


Amo la costa, ese espejo muerto en donde el aire

gira como loco,

esa ola de fuego que arrasa corredores,

círculos de sombra y cristales perfectos.


Aquí en la costa escalo un negro pozo,

voy de la noche hacia la noche honda,

voy hacia el viento que recorre ciego pupilas luminosas

y vacías,

o habito el interior de un fruto muerto, esa asfixiante seda,

ese pesado espacio poblado de agua y pálidas corolas.

En esta costa soy el que despierta entre el follaje de alas pardas,

el que ocupa esa rama vacía,

el que no quiere ver la noche.


Aquí en la costa tengo raíces, manos imperfectas,

un lecho ardiente en donde lloro a solas.



domingo, 12 de julio de 2020

Gong (por Efraín Barquero)


El tiempo ardía apagando los rostros
se inmovilizaban los años para escuchar el grave sonido
se ordenaban en círculo los animales de piedra
las puertas se abrían con lentitud crepuscular
yo avanzaba guiado por el centro de mí mismo
por el extraño peso de mi alma
se apagaban mis pasos como tragados por las aguas
mi aliento se disolvía velozmente
mis ojos palpaban como manos
mis oídos rechazaban lo exterior
nada me era más ajeno que mis pies
nada me era más distante que mis brazos
resonaban solos los espacios comprendidos
a sí mismos se escuchaban los largos aposentos
los dispuestos utensilios ocupaban otro orden
las aves emblemáticas habían adquirido otro poder
vivían las cosas un interior de frutas solas


sábado, 11 de julio de 2020

Tan grande, tan pequeño (por Wislawa Szymborska)


Hubo un tiempo en que conocíamos el mundo al dedillo:

era tan pequeño que cabía en el cuenco de unas manos,

tan simple que era posible describirlo con una sonrisa,

tan corriente como el eco de viejas verdades en una oración.

La historia llegó sin trompetas victoriosas:

nos arrojó tierra sucia a los ojos.

Nos esperaban lejanos caminos sin salida,

pozos envenenados, pan amargo.

Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo:

es tan grande que cabe en el cuenco de unas manos,

tan complejo que es posible describirlo con una sonrisa,

tan extraño como el eco de viejas verdades en una oración.



viernes, 10 de julio de 2020

Por desbordarse (por Joseph Brodsky)


En medio de la cena se levantó y, tras abandonar
la mesa, salió fuera. La luna brillaba
como en invierno; las negras sombras del zarzal
volcadas sobre el perfil de la empalizada
se dibujaban en la nieve con tanta claridad
que parecía que allí hundieran sus raíces.
Alrededor, ni un alma. Latir del corazón.

Tal es el ansia de todo ser
viviente por superar cualquier frontera,
por desbordarse a lo alto y ancho, que
basta sólo con que asome una estrella,
sea cual sea, para que en ese mismo instante
el entorno se vuelva presa,
no de nosotros, sino de nuestros sueños.


jueves, 9 de julio de 2020

Blandula tenula vagula (por Ezra Pound)


¿Qué tienes tú que ver, alma mía, con el Cielo?
¿Acaso no querrías, cuando ya estemos libres,
buscar un lugar claro, donde el sol
suelte sobre nosotros, a través de las hojas
su gloria líquida? Y si en Sirmio
te encontrase, alma mía,
cuando esta vida esté ya terminada,
¿no hallaremos quizá una colina,
un lugar consagrado
por aéreos apóstoles de terrena delicia?
¿No estará nuestro culto dedicado a las olas,
zafiros claros, cobaltos o cianóticos
en trinidad de azules, impalpables,
los espejos inquietos del cambio permanente?
Alma mía, si Ella llega, ¿qué rumores traería
de refugios más altos, de laderas más deseables
que pudiera atraernos
más allá de la cima, entre nubes, de Riva?


miércoles, 8 de julio de 2020

Una canción en la tormenta (por Rudyard Kipling)


Asegúrate bien de que a tu lado peleen
los océanos eternos, aunque esta noche
el viento en contra y las mareas
nos hagan su juguete.
A fuerza de tiempo, no de guerra,
nos guiamos en medio del peligro:
sea bienvenida entonces la descortesía del Destino
dondequiera que aparezca
en todo tiempo de angustia y también
en el de nuestra salvación.
El juego siempre vence al jugador
y el barco a su tripulación.

De la bruma salen rumbo a la tiniebla
las olas que brillan y se encrespan.
Estas aguas sin conciencia se comportan
casi como si tuvieran alma,
casi como si hubieran pactado sumergir
nuestra bandera debajo de sus aguas verdes:
sea bienvenida entonces la descortesía del Destino
dondequiera que sea vista.

Asegúrate bien, a pesar de que las olas y el viento
que soplará guardan ráfagas aún más poderosas,
de que los que cumplimos las guardias asignadas
no descuidemos ni por un instante la vigilancia.
Y mientras nuestra proa rechaza flotando
cada carrera frustrada de las olas,
canta “Sea bienvenida la descortesía del Destino
dondequiera que se revele”.

No importa que la cubierta sea barrida
y se rompan la arboladura, el maderamen.
Podremos sacar provecho de cualquier pérdida
salvo de la pérdida del regreso.
Por eso, entre estos diablos y nuestra astucia
deja que la cortesía de las trompetas suene,
y sea bienvenida la descortesía del Destino
dondequiera que se halle.

Asegúrate bien, aunque en nuestro poder
no quede nada para dar
salvo lugar y fecha para encontrar el fin,
y deja de esforzarte por vivir,
que hasta que éstos se disuelvan, nuestra Orden se mantiene,
nuestro Servicio nos ata a esto.
Sea bienvenida entonces la descortesía del Destino
dondequiera que aparezca,
en todo tiempo de angustia y también
en el de nuestro triunfo.
El juego siempre vence al jugador
y el barco a su tripulación.



martes, 7 de julio de 2020

Como por una escalera (por Marina Tsvietáieva)






Pero a las teclas

las amaba: por su negrura y su blancura (¡casi amarillenta!),

por su negrura, tan evidente,

por su blancura (¡casi amarillenta!), tan secretamente triste,

porque unas eran anchas

y otras estrechas (¡ofendidas!),

porque era posible, sin moverse de lugar,

ir por ellas como por una escalera,

porque esta escalera ¡estaba debajo de mis manos!

y de esta escalera surgían de inmediato arroyos helados,

heladas escaleras de arroyos a lo largo de la espalda,

y calor en los ojos.



lunes, 6 de julio de 2020

Antes que la palabra (por Moya Cannon)


Hay sonidos
en los que podemos confiar
y en los que confiamos:

el viento en los árboles,
el suave chasquido de piedras, donde retrocede la marea,
un bebé que llora de noche.

Nadie se burló jamás de esos sonidos
ni trató de comprenderlos.
Son demasiado comunes para ser comprados o vendidos,
estaban aquí antes que la palabra,
y legalmente carecen de importancia.

Interminablemente repetidos,
inmutables,
son sonidos sin una historia.
Consuelan y perturban
la parte de arcilla del corazón.


domingo, 5 de julio de 2020

Espejo (por Sylvia Plath)


Soy plateado y exacto. No tengo prejuicios.
Todo lo que que veo lo trago de inmediato
tal como es, sin que me empañen ni el amor ni el disgusto.
No soy cruel, soy sincero,
el ojo de un pequeño dios de cuatro ángulos.
La mayor parte del tiempo la paso meditando sobre la pared de enfrente.
Es rosada, con manchas. Tanto la miré que
me parece que ya forma parte de mi corazón. Aunque con intermitencias.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
buscando en mi extensión su verdadero ser.
Después se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Ella me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Ella viene y va.
Es su cara, cada mañana, la que reemplaza la oscuridad.
En mí, ella ahogó a una muchacha, y en mí, una vieja
se alza hacia ella día tras día, como un pez terrible.


sábado, 4 de julio de 2020

Lo haré (por Fernando Pessoa)


Sí, lo haré...; y hora a hora pasa el día...
Lo haré, y día a día pasa el mes...
Y yo, lleno siempre apenas con cuanto haría,
veo que cuanto haría no fue hecho,
en la inútil nostalgia de mí mismo.

Lo haré, lo haré... Los meses son años
cuando son muchos – Años, toda la vida,
todo... Y siempre la misma sensación
de que cualquier cosa ha de alcanzarse,
y siempre está inerte el pie, quieta la mano...

Lo haré, lo haré, lo haré.... Sí, una hora cualquiera
tal vez me traiga el esfuerzo y la victoria,
pero será sólo si me los trae desde fuera.
Lo quise todo: la paz, la sensación, la gloria...
¿Qué oscuro absurdo llora en mi alma?