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jueves, 16 de noviembre de 2017

Después de 37 años mi madre se disculpa por mi niñez (por Sharon Olds)




Cuando te inclinaste hacia mí, con los brazos abiertos

como alguien tratando de caminar por un incendio,

cuando te balanceaste hacia mí gritando
que sentías mucho lo que me habías hecho,

tus ojos se llenaron de un líquido terrible
como bolitas de mercurio de un termómetro roto
derramándose en el suelo,

cuando gritaste ¿hacia dónde más pude girar? ¿a quién más tenía yo?

tus manos, la vajilla hecha pedazos, se mecían hacia mí,
el agua de tus ojos crujía como humedad de piedras bajo presión,

no podía ver qué podría hacer con mi vida.

El cielo parecía astillarse, como una ventana
que alguien quebrara hacia dentro y hacia fuera,

tu carita destellaba como si tuviera cristal en añicos, con verdadero arrepentimiento,

el arrepentimiento del cuerpo.

No podía ver cómo serían mis días con tus disculpas,
con el deseo de no haberlo hecho,

el cielo caía a mi alrededor,

sus fragmentos centelleaban en mis ojos,

tu viejo, blando cuerpo recaía en mí en horror,

te tomé en mis brazos y dije está bien,
no llores, está bien,

el aire se llenó con vidrio que volaba,

no supe qué decía
ni qué sería yo ahora que te había perdonado. 


3 comentarios:

Pablo M dijo...

A menudo es más lograble perdonar que perdonarse. ¿Cómo absolverse uno a sí mismo? Difícilmente.

TóTUM REVOLÙTUM dijo...

Comprender no es perdonar pero se acerca mucho.

Círculo Cultural FARONI dijo...

No quemes tu casa para echar de ella a los ratones.

(proverbio bávaro)