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jueves, 8 de diciembre de 2011

El sol se partió (por Marosa di Giorgio)

De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar

arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;

después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó

ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos

desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,

como rosas, como ratones que volvieran del infinito,

todavía, con las alas.

Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:

“Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas…”.

Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía

calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance

de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó

la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,

el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.

De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,

arriba de las calas.

3 comentarios:

Mariem dijo...

Sobre la tumba del soldado muerto
ha brotado una encina
y en su rama más alta
un pájaro parece trinar
en su nombre
-Maldita sea la guerra
y quien la inventó.

Círculo Cultural FARONI dijo...


La rama de la paciencia sabe agria, pero su fruto sabe dulce.

(proverbio pakistaní)

casa de citas dijo...



La confianza es madre del descuido.

(GRACIÁN)