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jueves, 15 de diciembre de 2011

Vermeer (por Wislawa Szymborska)

Mientras esa mujer del Rijksmuseum

con esa calma y concentración pintadas

siga vertiendo día tras día

leche de la jarra al cuenco

no merecerá el Mundo

el fin del mundo.

9 comentarios:

BSK dijo...

El cuadro de Vermeer al que alude el poema puede verse en

http://taurlithvanitas.blogspot.com/2008/07/la-lechera.html

Ana Pérez Cañamares dijo...

AMO este poema.

zUmO dE pOeSíA dijo...

Hola, Ana, qué alegría verte por aquí. Ya sabes que tus poemas, como los de W. Szymborska, están siempre entre nuestros preferidos.

emiliano dijo...

!!

Aldonza Lorenzo dijo...

Fruta prohibida, fruta mordida.

Al dijo...

Benedicto nos deja, Babilonia aprisca los rebaños y se encierra entre ladrillos pintados al fresco. Apilan las monedas y pesan el oro (lingotes, polvo, coronas dentarias, algunas regias, exvotos, prótesis claviculares, raspaduras de retablo, relicarios, vajillas zapotecas...).
De la parte de Civitavecchia, adelantada, viene una nube negra. Luego, un capotón oscuro sume la ciudad en una penumbra fosforescente. El primer relámpago y,un segundo después, el trueno que desgarra los tapices vaticanos: la tormenta está encima mismamente de la cúpula de Buonarroti. Y por un desgarrón del cielo comienzan a bajar los arcángeles con sus espadas flamígeras...
Los viejos clérigos maldicen, algunos lloran. Pero no se oye una oración, ni un salmo, ni una jaculatoria...
El Fin de los Tiempos ha acontecido.
Mientras, en el Rijksmuseum, la mujer que pintó Vermeer continúa, impertérrita, vertiendo leche en el cuenco. Szymborska se habrá equivocado.

Cide Hamete Benengeli dijo...


Es de vidrio la mujer,
pero no se ha de probar
si se puede o no quebrar
porque todo podría ser.

ORáKULO dijo...


El más sabio es el que menos tarda en conocer sus errores y en rectificarlos.

Cide Hamete Benengeli dijo...


No soy de esta tierra
ni en ella nací.
Fue la Fortunita
quien me trajo aquí.