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viernes, 4 de marzo de 2016

Luego el grito al nacer (por Matilda Södergran)

Preferiría parirle con la boca,
dejar que sea un exhaustivo examen de conciencia.
Elegiría expulsarlo con la boca.

Y nada más.

Luego el grito al nacer,
el largo cordón umbilical.

Preferiría parirlo con la boca un largo rato, despacio
a través de las comisuras quebradas. Porque mi boca no basta
con sus piernas entre los dientes.

Después, él en el suelo, la placenta pesada bajo el paladar, la sangre del nacimiento que dispersa mi sentido del gusto.

Desnuda con aliento a alcohol
y paredes rojas descoloridas.

Su madre que ya no está aquí.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Perturbadora y conmovedora imagen.

Anna Pont dijo...

El inicio y el final me encantaron, yo preferiría parir esta poesía con las manos.

Un saludo

indecible dijo...

En Babelia de hoy viene un poema de Piedad Bonnett titulado "Desgarradura" que me ha recordado a éste, o éste a aquél. Copiopego:


Otra vez sales de mí, pequeño,
mi sufriente.
Otra vez miras todo con mirada reciente,
y llenas tus pulmones con el aire gozoso.
Ya no lloras.
El mundo, de momento, no te duele.
Todo es tibio esta vez, caricia pura,
como una prolongada primavera.
Ignoras
mi útero vacío, mi sangrado.
Desconoces
que el grito de dolor de parturienta
va hacia adentro y se asfixia, sofocado,
para que no trastorne
el silencio que ronda por la casa
como una mosca azul resplandeciente.
Mis manos ya no pueden cobijarte.
Solo decirte adiós como en los días
en que al girar, ansioso, tu cabeza,
mi sonrisa se abría detrás de la ventana
para encender la tuya. Cuando todo
era sencillo transcurrir, no herida,
ni entraña expuesta, ni desgarradura.

Aldonza Lorenzo dijo...

A tal zarpazo, tal garrotazo.