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sábado, 15 de octubre de 2016

Me pruebo su traje (por Charles Bukowski)


él me daba a entender a veces que yo era un bastardo y yo

le decía a él que escuchara a Brahms, y yo le decía a él que

aprendiera a pintar y beber y a no ser dominado por las mujeres

y los dólares pero él me gritaba, por el amor de Dios recuerda a

tu madre, recuerda a tu patria,

nos vas a matar a todos…!


me desplazo por la casa de mi padre (de la cual aún debe 8000 dólares

después de 20 años en el mismo empleo) y miro sus zapatos muertos,

la forma en que sus pies combaron el cuero, como si estuviera

furioso plantando rosas, y lo estaba, y miro su cigarrillo muerto, su

último cigarrillo y la última cama en la que durmió esa noche, y siento que

debería rehacerla pero no puedo, pues un padre es siempre tu amo aún

cuando se ha ido; supongo que estas cosas han sucedido una y otra vez

pero no puedo dejar

de pensar:


morir sobre el suelo de la cocina a las 7 de la mañana

mientras otra gente está friendo huevos

no es tan duro

a menos que te suceda a ti.


salgo y cojo una naranja y le quito la piel luminosa;

las cosas están todavía vivas: el césped crece bastante bien,

el sol envía sus rayos circundados por un satélite ruso, un perro

ladra sin sentido en algún lugar, los vecinos espían desde detrás

de las persianas.

soy un extranjero aquí, y he sido (supongo) en cierto modo el granuja,

no dudo de que él me pintara bastante bien (el viejo

y yo peleábamos como leones de montaña) y dicen que dejó

todo a alguna mujer en Duarte pero me importa un bledo —puede quedárselo:

era mi viejo

y ha muerto.


dentro, me pruebo su traje azul claro

mucho mejor que cualquier cosa que haya llevado nunca

y agito los brazos como un espantapájaros al viento

pero de nada sirve:

no puedo mantenerlo vivo

no importa lo mucho que nos odiamos el uno al otro.


parecíamos exactamente iguales, pudimos haber sido gemelos

el viejo y yo: eso es lo que decían.

él tenía los bulbos sobre la rejilla

listos para ser plantados

mientras yo estaba acostado con una puta de la calle

tercera.


muy bien. concedámonos este momento: de pie delante del

espejo con el traje de mi padre muerto

esperando también

a morir.

4 comentarios:

hAiKu dijo...

Nos sobreviven
las gafas, el batín,
las zapatillas...

Marián dijo...

Este hombre fue un poeta de los de verdad; pues fue fiel a sí mismo y nunca trató de parecerse a nadie. Sólo escribía de lo que sentía su corazón.

Saludos.

casa de citas dijo...

Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él. Tampoco una verdad puede transformarse en error cuando nadie se adhiere a ella.

(GANDHI)


Ignatius Reilly dijo...


La vida siempre acaba mal. Y bien mirado: ¿puede terminar bien lo que termina?

(ÁNGELES MORA)