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miércoles, 5 de octubre de 2011

Para crear (por Charles Bukowski)

¿Sabes?, yo tenía una familia, un trabajo, algo
siempre estaba
en el medio
pero ahora
he vendido mi casa, he encontrado este
lugar, un estudio amplio, deberías ver el espacio y la luz
por primera vez en mi vida voy a tener el lugar
y el tiempo
para
crear

no, chaval,
si vas a crear
vas a crear trabajando
16 horas al día en una mina de carbón
o
vas a crear en una habitación con tres chicos
mientras estás
en el paro,

vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de
tu cuerpo
vas a crear ciego
mutilado
loco

vas a crear con un gato trepando por tu
espalda mientras
la ciudad entera tiembla, con terremotos, bombardeos,
inundaciones y fuego

chaval,
aire y luz y tiempo y espacio
no tienen nada que ver con esto
y no crean nada
excepto quizá una vida más larga para encontrar
nuevas excusas

19 comentarios:

Carlos Cay dijo...

Los verdaderos escritores y poetas no tienen vocación, tienen necesidad de escribir.

Anónimo dijo...

Todos creamos pues soÑar por la noche es reelaborar, mezclar y refundir hechos, vivencias, deseos y emociones engarzandolos en un proceso imaginativo, inventivo y narrativo, a menudo surrealista, que inconscientemente creamos e ideamos cada dia (incluso en varios sueños en una misma noche).

angel dijo...

Yo creo que Bukowsky tiene mucha razón... y sino que le pregunten a D. Fernando

CC dijo...

Perdona, Ángel, debo estar un poco dormido. Pero ¿a qué Fernando te refieres?

angel dijo...

A Fernando Pessoa. Me refiero por la incomodidad que rodea al artista.

CC dijo...

Ah claro, el gran Pessoa. En efecto, hay un texto en que Pessoa relata cómo surgieron en él los heterónimos, y cuenta que desde su infancia empezó a usar para llamarse a sí mismo distintos nombres, en función de su estado de ánimo o de su sensibilidad del momento. A ver si encuentro el texto y lo copio. Un abrazo, Ángel.

CC dijo...

Esto es lo que el propio Pessoa dice en una carta sobre sus heterónimos:

"Paso ahora a responder su pregunta sobre la génesis de mis heterónimos. Vamos a ver si logro explicarme totalmente.


Comienzo por la parte psiquiátrica. El origen de mis heterónimos es el hondo síntoma de mi histeria. No sé si soy simplemente histérico o si, más exactamente, soy un histérico-neurasténico. Me inclino por esta segunda hipótesis, porque hay en mí fenómenos de abulia que la histeria, propiamente dicha, no encuadra en el registro de sus síntomas.


Sea como fuere, el origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación. Estos fenómenos –felizmente para mí y para los demás– se cristalizaron en mi mente, quiero decir que no se manifiestan en mi vida práctica, exterior y de relación con la gente; estallan hacia adentro y sólo yo los vivo. Si yo fuese una mujer –en la mujer los fenómenos histéricos irrumpen en forma de ataques o cosas parecidas– cada poema de Álvaro de Campos (el más histéricamente-histérico en mí) sería motivo de alarma para el vecindario. Pero soy hombre –y en los hombres la histeria asume, generalmente, aspectos mentales–; de modo que todo termina en silencio y poesía…


Esto explica, tan bien como mal, el origen orgánico de mi heteronimia. Voy a relatarle ahora la historia directa de mis heterónimos. Comienzo por aquellos que murieron, algunos de los cuales ya no recuerdo pues yacen perdidos en el pasado remoto de mi infancia casi olvidada.


Desde niño fui propenso a crear a mi alrededor un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron. (No sé, entendámonos, si no existieron o si soy yo quien no existe. En estas cosas, como en todas, no debemos ser dogmáticos). Desde que me sé un yo, recuerdo haber fijado mentalmente, con sus correspondientes figuras, movimientos, caracteres e historias, varios personajes irreales que eran para mí tan visibles y míos como las cosas que forman parte de lo que designamos, quizás abusivamente, vida real. Esta tendencia, que me domina desde que me recuerdo como un yo, me ha acompañado siempre, modificando en parte la melodía con que me encanta, pero manteniendo siempre intacta su fuerza de encantamiento.

CC dijo...

Sigue la carta:

Esto explica, tan bien como mal, el origen orgánico de mi heteronimia. Voy a relatarle ahora la historia directa de mis heterónimos. Comienzo por aquellos que murieron, algunos de los cuales ya no recuerdo pues yacen perdidos en el pasado remoto de mi infancia casi olvidada.


Desde niño fui propenso a crear a mi alrededor un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron. (No sé, entendámonos, si no existieron o si soy yo quien no existe. En estas cosas, como en todas, no debemos ser dogmáticos). Desde que me sé un yo, recuerdo haber fijado mentalmente, con sus correspondientes figuras, movimientos, caracteres e historias, varios personajes irreales que eran para mí tan visibles y míos como las cosas que


Así es como recuerdo al que me parece que fue mi primer heterónimo, o mejor, un primer conocido inexistente, un cierto Chevalier de Pas de mis seis años, en cuyo nombre yo escribía cartas suyas dirigidas a mí mismo; su figura, no totalmente brumosa, conquista todavía aquella zona de mis afectos que linda con la nostalgia. Recuerdo, con menos nitidez, otra figura cuyo nombre he olvidado y que también era la de un extranjero y no sé en qué, rival de Chevalier de Pas…


¿Cosas que ocurren a todos los niños? Seguramente –o quizá–. Pero fue tal la intensidad con que viví esas figuras, que aún hoy las vivo; tanto las recuerdo que debo realizar un gran esfuerzo para darme cuenta de que no fueron realidades.


Esta tendencia a crear en mí otro mundo, igual a éste pero con otra gente, nunca abandonó mi imaginación; atravesó varias etapas, entre las cuales ésta, producida ya en la madurez. De repente se me ocurría algo, algo que, por un motivo u otro, resultaba absolutamente ajeno a quien soy o a quien supongo que soy. Inmediatamente, espontáneamente, exteriorizaba esa ocurrencia, atribuyéndosela a cierto amigo mío cuyo nombre inventaba, cuya historia añadía y cuya figura –cara, estatura, traje y gesto– en seguida veía yo ante mí. Así fue como encontré y divulgué varios amigos y conocidos que nunca existieron pero que, aún hoy, a casi treinta años de distancia, oigo, siento y veo. Repito: oigo, siento, veo… Y extraño.

CC dijo...

La carga sigue. Puedes seguir leyéndola poniendo en google algún párrafo. Saludos.

angel dijo...

¡¡Ostras pedrín!!!

¡¡Desde luego que lo leeré!!

Ha sido un regalazo. Gracias mil.

carlos cay dijo...

Miguel Hernandez escribia poemas apoyandose sobre el lomo de las cabras que cuidaba como pastor. Asi que el creativo creara en cualquier sitio.

casa de citas dijo...

Siempre mañana, y nunca mañanamos.

(LOPE)

Círculo Cultural FARONI dijo...


Tres madrugones hacen un día más.

(proverbio chino)

hAiKu dijo...


Me vuelvo al agua
-dijo el delfín de tierra.
Y echó a nadar.

(CUQUI COVALEDA)

Aldonza Lorenzo dijo...


El gato enfadado, araña hasta con el rabo.

Cide Hamete Benengeli dijo...


Ojos azules tenía
la mujer que me engañó;
ojos del color del cielo,
mira tú si fue traición.

Aldonza Lorenzo dijo...


El hombre celoso no tiene reposo.

hAiKu dijo...


Sin Internet
en tantos miles de horas
¿qué habrías hecho?

(RAFAEL BALDAYA)

Cide Hamete Benengeli dijo...



Pregúntale al herrero

que cuánto vale

un juego de herraduras

para tu madre.