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viernes, 21 de octubre de 2011

Todos los miedos (por Saiz de Marco)

Todos los miedos del mundo
huían,
muertos de miedo,
cuando me abrazaba
a ti.

7 comentarios:

Agridulce dijo...

En el ahora reeditado libro de Muñoz Molina, titulado Nada del Otro Mundo, se incluye un relato inédito titulado precisamente El Miedo de los Niños. Lo recomiendo de verdad, no sólo por este cuento, sino por todos los del libro.

Alberto Granados dijo...

Qué tierno. Yo estoy leyendo El miedo de los niños.

Saludos granaínos.

AG

Anónimo dijo...

Hoy en Babelia Manuel Rodriguez Rivero hace una critica muy elogiosa del nuevo relato de Muñoz Molina.

Anónimo dijo...

Del autor del poema estoy siguiendo ahora su blog de aforismos (declives.blogspot.com) . Aunque algunos pensamientos pueden parecer de perogrullo, en general está bastante bien escrito y te hace pensar sobre cosas que generalmente uno no se había planteado.

Agridulce dijo...

Pues ya he leído el libro de Muñoz Molina y me ha gustado mucho.

En cuanto al último relato, "El miedo de los niños", en él se habla (y creo que no desvelo nada del argumento) de los tísicos que raptaban niños.

Pues bien, esta "leyenda urbana" de nuestra niñez tiene una base real. Curiosamente hace poco leí un artículo que hablaba de que, hasta los años 50 (o sea, con la aparición y difusión de los antibióticos), estaba muy extendida la idea, difundida por algunos curanderos, de que beber sangre humana sana (sobre todo si era de niños) curaba la tuberculosis pulmonar o tisis, por lo que hubo casos de personas que secuestraron y mataron niños para sacarles la sangre (para ellos o para alguien de su familia, enfermo de tisis).

Así surgió la historia del Hombre del Saco y del Sacamantecas, entre otros personajes, que inspiraron muchos miedos infantiles.

Luego estaba además la costumbre de muchos padres que, para conseguir que sus hijos obedecieran, recurrían al miedo, intimidándoles con estos individuos ("que viene el hombre del saco", etc) si los niños no hacían caso.

Cide Hamete Benengeli dijo...


En la penumbra vaga
de mi pequeña alcoba,
donde una tibia tarde
me acariciabas toda,
te buscarán mis brazos,
te llamará mi boca
y aspiraré en el aire
aquel olor a rosas.
Cuando tú te hayas ido
me envolverán las sombras.

hAiKu dijo...

Cuánta ceguera,
cuánta invidencia cabe
en nuestros ojos.

(RAFAEL BALDAYA)