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miércoles, 19 de octubre de 2011

Un cocktail (por Oliverio Girondo)

Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail,
un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica

en estado crónico de erupción; no pasa media hora
sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración
de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio

de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes:
en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso!
¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad
más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo —me pregunto—

todas estas personalidades inconfesables,
que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir
que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito
que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide
cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente,
sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo

ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten
en los repliegues más profundos de mi cerebro.
Pero son de una petulancia…, de un egoísmo…, de una falta de tacto…
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico.

Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar
un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas,
conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca.
En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas,
¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad
sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás.
Si alguna tiene una ocurrencia que me hace reír a carcajadas,
en el acto sale cualquier otra proponiéndome un paseíto al cementerio.
No bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad,
ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia,
y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada,
la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades

que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas
que se entrechocan y se destruyen mutuamente.
El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades,
antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo,
que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo
lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos,
la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Agradezco a Oliverio Girondo que haya dedicado parte de su tiempo a crear un poema que me describe con gran precisión: se ve que lee el blog y -aunque habla en primera persona- parece que me tiene en mente. Gracias muy sinceras.
El que no ha quedado conforme es mi carnicero: "¿Qué tiene contra los carniceros este sudaca, que no nos concede la facultad de ruborizarnos?". Ruperto es licenciado en filología eslava y tiene una bien surtida biblioteca en el frigo. Sin querer, lo has herido, Oliverio.

Victor Saltero dijo...

Me recuerda la confederación de yoes de que habla Antonio Tabucchi en la novela Sostiene Pereira. Pero sí, todos somos una confederación o asamblea o barahúnda de yoes, y si no que se lo digan a D. Fernando Pessoa y su cohorte de heterónimos.

ad dijo...

"se ve que lee el blog", dices, Anónimo. Y nosotros también queremos saber cuál es tu blog, para leerlo y degustarlo como sin duda merece.

F. muestra sus cartas a AD dijo...

No soy titular de ningún blog, Ad. Frecuento algunos y mi lema es "muerte al muermo y consideración a los amigos".
Manejo varios alias (son fáciles de identificar, me dicen los rendidos admiradores). Provocación, sarcasmo,
farsa..., son los buenos escuderos-compis de este andante con moto (BMW).
Salud.

ad dijo...

Colega F.: Lástima que no tengas blog. Pareces persona imaginativa y con dotes creativas y literarias, aunque un poco hipercrítico tal vez. Seguro que nos estamos perdiendo grandes cosas. Se me ocurre que no deberías guardarlas aherrojadas dentro de ti. No todas, al menos.

F. dijo...

Mucha culpa de que haga pasadas sobre este blog, la ha tenido la extinta Emilia Alarcón. Ella era amable y considerada para con los pecadores que veníamos a este club a tomar una copa y a exorcizar algunos resabios y querencias no siempre sanctos, y contestaba amablemente los mandaos que le hacía la parroquia (vosotros seguís en esa considerada tónica).
Y le tomé gusto al negociado, de modo que, cuando tengo un rato libre (como ahora, que está lloviendo y no puedo hacer el chou de la cabra sobre trípode, en la plaza mayor de un pueblo X, desde el que os tecleo atechado en un café Wifi, lleno de molestas moscas supervivientes), pues le doy al manubrio (suelo disparar en direcciones varias). Productivo que es uno.
A veces, con las prisas, doy al enter habiendo pensado más bien poco en lo que escribo. Y resultan pifostios y artefactos verbales que consiguen asombrarme a mí mismo, sobre todo si los leo después de tiempo. A eso lo llaman surrealismo. Lo tengo asumido y a mucha honra.
S.

Aforismos sobre crítica dijo...

Destrozar de vez en cuando un libro mantiene en forma al crítico.

(JLGM)

mIcRoRrElAtO dijo...

"Cualquier poquito ayuda", dijo el ratón. Y se orinó en el mar.

Aldonza Lorenzo dijo...

De la mano a la boca, se pierde la sopa.

TóTUM REVOLúTUM dijo...

Quienes no se adaptan a la nueva situación, perecen. Por eso -por falta de adaptabilidad- se extinguieron los dinosaurios.

hAiKu dijo...

Trueno, resígnate:
siempre ganará el Rayo
esta carrera.

(RAFAEL BALDAYA)

tERESA pANZA dijo...


Todos los toros son chicos… si se ven desde el tendido.

Círculo Cultural FARONI dijo...


Es más fácil hacer un camello saltar una zanja que hacer un tonto escuchar la razón.

(proverbio beduino)