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domingo, 17 de diciembre de 2017

Respirando niebla (por Carmen Boullosa)


Hay en el aire el retardo de la niebla.
Hay en los árboles la tersura de la niebla, la suavidad,
y en el río la pausa de la niebla.
Todo duerme respirando niebla.
El sueño del zorro es suave pausa retardando.
El sueño del lobo es sólo niebla.
La niebla sueña con ríos inmóviles, amedrentados.
El pez no duerme.
El hombre cava al pie de la montaña,
junto a los árboles, cerca del río,
lejos de los caminos, al ritmo suave de la niebla.
Hay en el aire...
El pez no duerme.
El hombre sería alboroto, ventarrón, pero cava en silencio,
obedece a la niebla.
Cava.
Los matorrales bruscos le dan la espalda.
No hay gota de sudor sobre su cuerpo.
La niebla ocupa al momento la tierra desterrada.
El hombre es más de tierra que la tierra,
claro de sal o mansedumbre,
piedra de río a quien menea la niebla, piedra flexible,
serena como es sereno el desierto,
como los bosques de algas,
y como ambos iracundas flechas lentísimas apuntando al forastero
silenciosas
(¿a quién acepta el alga o el desierto?).
El hombre viste niebla.
Lo protege la noche y una vela encendida
donde danzan su muerte los mosquitos festivos.
Lo alumbran los tímidos cocuyos.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

cocuyo

Nombre genérico con que se designa a distintas especies de insectos coleópteros, de cuerpo alargado de hasta 5 cm de longitud, que tienen dos manchitas redondeadas de color amarillento (una a cada lado del primer segmento del tórax) por las cuales despide de noche una intensa luz azulada; es propio de América.

Cide Hamete Benengeli dijo...

Mi olvido en el olvido no halla olvido,

ni mi alma en mi alma su posada…

¡Ay del que todo, en todo, lo ha vivido

y comprende que todo ha sido nada!

casa de citas dijo...

Muchas grandes verdades empezaron como blasfemias.

(SHAW)

Lloviendo amares dijo...

Al amanecer, un viento del Norte ha zarandeado

la nieve de las ramas de los abetos. Ningún disfraz

dura demasiado. ¿Pensabas que no había vientos

debajo de tierra? Mi caballo tártaro prefiere

el viento del Norte. ¿Pensabas

que la muerte y un poco de tiempo me detendrían?

¿Acaso no me elegiste por mi condición

obstinada, por los ojos verdes que ahuyentaban

a los timadores y engañabobos de nuestra puerta?

He abierto un pequeño sendero, un círculo ovoide

alrededor de tu tumba, para mantener el calor

mientras te hablo. Soy la única

en el cementerio. Elegiste bien. Nadie

es tan obstinada como yo, y mi caballo tártaro

prefiere el viento del Norte.



(TESS GALLAGHER)