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sábado, 16 de noviembre de 2019

Cuatro pinturas (por Kiri Piahana-Wong)



Por la mañana

la luz toca las paredes

como una pintura

el sol matinal cae en finas pinceladas

el cabello de ella es un enredo oscuro

la cara de él se empaña con sueño


Pintura #1: Cómo ella se enamoró de él


En esta pintura, ella usa

el vestido rojo con que le gusta dormir

y éste ha caído hasta su cintura


Él está desnudo

sus brazos se curvan rodeándola

su boca se presiona contra el cuello

en el lugar donde a ella le gusta

que él la bese


Pintura #2: Su primera pelea

En esta pintura, ella está sentada

afuera de un bar

con un vestido negro de encaje.

Tras ella, la noche es un sólido bloque

de oscuridad.


Él está sentado a su lado con

una camisa verde pálido, el cabello

despeinado, de espaldas, inclinado

ligeramente hacia ella.


Los coches vierten el pasado con golpes

de luces brillantes.


Pintura #3: Lo que haya dicho, no lo dije en serio


En esta pintura él permanece solo

en una playa vacía.


El cielo se extiende a lo lejos en un resplandor.


Pintura #4: La reunión


En la pintura anterior él está

mirando hacia un camino


Ella usa un vestido lila con dorado

y el cabello echado hacia atrás

lejos de su rostro.


Empieza a atardecer. Sobre ella

el cielo dorado, abierto

y vacío.


2 comentarios:

Isidoro Capdepón dijo...

Se nota que los cuadros no están en orden cronológico. Pero amigo mío, ¿cuál sería el orden correcto? Ah!!!

Fuego de palabras dijo...

Una criatura de nervios modernos, de inteligencia sin cortinas, de sensibilidad despierta, tiene la obligación cerebral de cambiar de opinión y de certeza varias veces en el mismo día. Debe tener, no creencias religiosas, opiniones políticas, predilecciones literarias, sino sensaciones religiosas, impresiones políticas, impulsos de admiración literaria.

Ciertos estados de alma de la luz, ciertas actitudes del paisaje tienen, sobre todo cuando son excesivos, el derecho de exigir a quien está frente a ellos determinadas opiniones políticas, religiosas y artísticas, aquellas que ellos insinúen, y que variarán, como es de entender, conforme ese exterior varíe. El hombre disciplinado y culto hace de su sensibilidad y de su inteligencia espejos del ambiente transitorio: es republicano a la mañana, y monárquico al crepúsculo; ateo bajo un sol descubierto y católico ultramontano a ciertas horas de sombra y de silencio...

Convicciones profundas, sólo las tienen las criaturas superficiales. Los que no miran hacia las cosas apenas las ven sólo para no tropezar con ellas, esos son siempre de la misma opinión, son los íntegros y los coherentes. La política y la religión gastan de esa leña, y es por eso que arden tan mal ante la Verdad y la Vida.

(PESSOA)