miércoles, 3 de julio de 2013
Este día (por Jaime Sabines)
Vamos a guardar este día
entre las horas, para siempre,
el cuarto a oscuras,
Debussy y la lluvia,
tú a mi lado, descansando de amar.
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo
flotaba densamente, imantado, como una mano
acariciando.
Tu espalda como una llanura en el silencio
y el declive inmóvil de tu costado
en que trataban de levantarse,
como de un sueño, mis besos.
La atmósfera pesada
de encierro, de amor, de fatiga,
con tu corazón de virgen odiándome y odiándote.
todo ese malestar del sexo ahíto,
esa convalecencia en que nos buscaban los ojos
a través de la sombra para reconciliarnos.
Tu gesto de mujer de piedra,
última máscara en que a pesar de ti te refugiabas,
domesticabas tu soledad.
Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué.
Y más tarde tu mano apretando la mía,
cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho,
y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello.
Vamos a guardar este día
entre las horas para siempre.
martes, 2 de julio de 2013
Al mar (por Amalia Bautista)
¿Cuándo iremos al mar,
tú y yo, juntos y solos?,
¿cuándo podremos ir al mar?, ¿podremos?,
¿iremos algún día tú y yo al mar?
No conozco la arena entre tus dedos,
ni el olor de la crema protectora en tus hombros,
no he escuchado contigo el rumor de las olas,
ni he besado la sal en nuestros labios.
No sé lo que es quedarse
a tu lado en silencio mirando el horizonte.
No he visto el mar contigo.
No sé lo que es el mar.
lunes, 1 de julio de 2013
Ese sonido misterioso (por Nika Turbina)
Con eco volaron los dedos,
la música les daba miedo,
les dolía y los iluminaba.
Toco el piano,
no sé palabras,
no sé notas.
Sólo una sensación extraña
tengo del sonido
que llenó la casa.
Él bate las ventanas,
en torbellino sacudió
los árboles,
confundió la noche con el día,
ese sonido misterioso.
Toco el piano,
poco a poco los dedos se detienen.
Esa música pertenece al universo,
mi casa le es pequeña.
domingo, 30 de junio de 2013
Besarnos (por Miguel Hernández)
Besarse, mujer,
al sol, es besarnos
en toda la vida.
Ascienden los labios,
eléctricamente
vibrantes de rayos,
con todo el furor
de un sol entre cuatro.
Besarse a la luna,
mujer, es besarnos
en toda la muerte.
Descienden los labios,
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
del labio de arriba,
del labio de abajo,
gastada y helada
y en cuatro pedazos.
sábado, 29 de junio de 2013
Llévalas todas (por Dulce María Loynaz)
Éstas son mis alegrías:
Ésta soy yo: fundida con mi sombra,
las he contado, y creo que no falta ninguna.
Llévalas todas a cantar en tus noches,
o a perderse en tus mares,
o a morir en tus labios.
Éstas son mis tristezas.
Contarlas no he podido,
pero sé que me siguen fielmente.
Llévalas todas a abonar tu tierra,
a ser la levadura de tu pan,
la leña de tu lumbre.
Ésta soy yo: fundida con mi sombra,
entera y sin rezagos.
Llévame a tu corazón,
que peso poco y no tengo otra almohada
ni otro sueño.
viernes, 28 de junio de 2013
Lo llenan todo (por Juan Ramón Jiménez)
Como médanos de oro,
que vienen y que van, son los recuerdos.
El viento se los lleva,
y donde están, están,
y están donde estuvieron,
y donde habrán de estar... –Médanos de oro–.
Lo llenan todo, mar
total de oro inefable,
con todo el viento en él... –Son los recuerdos–.
que vienen y que van, son los recuerdos.
El viento se los lleva,
y donde están, están,
y están donde estuvieron,
y donde habrán de estar... –Médanos de oro–.
Lo llenan todo, mar
total de oro inefable,
con todo el viento en él... –Son los recuerdos–.
jueves, 27 de junio de 2013
De una sola vida (por Roberto Juarroz)
Decir una palabra excluye a todas las otras,
abrir un libro cierra todos los demás,
pensar una sola cosa desequilibra el mundo,
amar a alguien es el mayor olvido.
El ejercicio puntual de una sola vida
no podrá tener sentido nunca.
Queda sólo encontrar el plural.
abrir un libro cierra todos los demás,
pensar una sola cosa desequilibra el mundo,
amar a alguien es el mayor olvido.
El ejercicio puntual de una sola vida
no podrá tener sentido nunca.
Queda sólo encontrar el plural.
miércoles, 26 de junio de 2013
Hermosura no atendida (por Luis Cernuda)
Ya es noche. Vas a la ventana.
El jardín está oscuro abajo.
Ves el lucero de la tarde
latiendo en fulgor solitario.
Y quietamente te detienes.
Dentro de ti algo se queja:
Esa hermosura no atendida
te seduce y reclama afuera.
Encanto de estar vivo, el hombre
sólo siente en raros momentos
y aún necesita compartirlos
para aprender la sombra, el sueño.
El jardín está oscuro abajo.
Ves el lucero de la tarde
latiendo en fulgor solitario.
Y quietamente te detienes.
Dentro de ti algo se queja:
Esa hermosura no atendida
te seduce y reclama afuera.
Encanto de estar vivo, el hombre
sólo siente en raros momentos
y aún necesita compartirlos
para aprender la sombra, el sueño.
martes, 25 de junio de 2013
Y aún hoy (por Peter Handke)
Cuando el niño era niño
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera río,
que el río fuera torrente,
y este charco el mar.
Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
todo le parecía animado
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito.
A menudo se sentaba en cuclillas,
de pronto echaba a correr,
tenía un remolino en el pelo
y nunca posaba para tomarle una foto.
Cuando el niño era niño,
era el tiempo de estas preguntas:
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde acaba el espacio?
¿Es la vida bajo el sol tan sólo un sueño?
¿Es lo que veo y oigo y huelo,
sólo una ilusión de un mundo antes del mundo?
Vistas las acciones del Mal y de la gente,
¿existe realmente la maldad?
¿Cómo es posible que yo, que soy quien soy,
no haya sido antes de existir
y que algún día yo, que soy quien soy,
deje ya de ser quien soy?
Cuando el niño era niño,
le costaba tragar espinacas, guisantes, arroz con leche
y coliflor cocida,
y ahora come de todo, y no sólo por necesidad.
Cuando el niño era niño,
alguna vez despertó en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas, entonces, le parecían hermosas
y ahora solo unas pocas, y con suerte.
Había visto una imagen nítida del Paraíso
y ahora, como mucho, la intuye.
No podía pensar la Nada
y hoy se estremece ante ella.
Cuando el niño era niño,
jugaba con entusiasmo,
y ahora tiene la misma excitación que entonces,
pero sólo en lo que afecta a su trabajo.
Cuando el niño era niño,
le bastaba con comerse una manzana.... y pan,
y aún hoy es así.
Cuando el niño era niño,
las moras le llenaban la mano como sólo las moras lo hacen,
y aún hoy es así.
Las nueces verdes le ponían áspera la lengua,
y aún hoy es así.
Tenía, en cada cumbre,
el anhelo de un monte aún mas alto,
y en cada ciudad,
el anhelo de una ciudad mayor,
y aún hoy es así.
Alcanzaba las cerezas de las ramas altas,
con un ímpetu que todavía hoy tiene.
Era tímido ante los extraños,
y aún hoy lo sigue siendo.
Esperaba la primera nevada,
y aún hoy la sigue esperando.
Cuando el niño era niño,
tiró un bastón, como lanza, contra un árbol
y aún sigue allí vibrando.
lunes, 24 de junio de 2013
El sentimiento a la deriva (por Paul Éluard)
Tu voz, tus ojos,
tus manos, tus labios.
Nuestro silencio, nuestras palabras.
La luz que se va,
la luz que retorna.
Una sola sonrisa para nosotros dos.
Por necesidad de aprender,
vi la noche crear el día
sin que nosotros cambiemos de apariencia.
O muy queridos de todos,
o muy queridos de uno solo,
el silencio de tu boca prometía ser feliz.
Fuera, fuera, decía el odio.
Más cerca, más cerca, decía el amor.
Una caricia nos guía desde nuestra infancia.
Cada vez veo más la forma humana
como un diálogo de amantes.
El corazón no tiene más que una boca.
Todo por casualidad.
Todas las palabras sin pensamiento.
El sentimiento a la deriva.
Hombres vagan por la ciudad.
Una mirada, una palabra.
El hecho de que te amo.
Todas las cosas se mueven.
Debemos avanzar para vivir.
Dirígete directamente hacia los que amas.
Yo fui hacia ti,
continuamente hacia la luz.
Si tú sonríes, es para invadirme mejor.
Los rayos de tus brazos perforan la niebla.
domingo, 23 de junio de 2013
Sobre la superficie de mi vida (por Yehuda Amijai)
Mi padre con un traje espacial blanco
camina con el paso ligero y torpe de los muertos
sobre la superficie de mi vida que no sujeta nada.
Pone nombres: esto, canal de la infancia.
Esto, abismo. Este tenía trece años.
Estas, colinas blancas. Esto, habla profunda de antaño.
Toma muestras y pone en sus probetas
arena, palabras y piedras de suspiros de mis sueños.
Mide y define. Me llama
estrella de su nostalgia, tierra de mi infancia,
de su infancia, de nuestra infancia.
"Hijo mío, aprende a tocar el violín. Cuando
seas mayor la melodía te ayudará
en las difíciles horas de soledad y dolor".
Eso me dijo una vez y no le hice caso.
Y después vuela alto
hacia el duelo de su muerte blanca e infinita.
camina con el paso ligero y torpe de los muertos
sobre la superficie de mi vida que no sujeta nada.
Pone nombres: esto, canal de la infancia.
Esto, abismo. Este tenía trece años.
Estas, colinas blancas. Esto, habla profunda de antaño.
Toma muestras y pone en sus probetas
arena, palabras y piedras de suspiros de mis sueños.
Mide y define. Me llama
estrella de su nostalgia, tierra de mi infancia,
de su infancia, de nuestra infancia.
"Hijo mío, aprende a tocar el violín. Cuando
seas mayor la melodía te ayudará
en las difíciles horas de soledad y dolor".
Eso me dijo una vez y no le hice caso.
Y después vuela alto
hacia el duelo de su muerte blanca e infinita.
sábado, 22 de junio de 2013
Y ella habita otro estado (por John Burnside)
Antes de que los nombres de las cosas
se adentren en su mente,
no hay más que una secuencia de ecos:
el pelo color óxido y los ojos acuosos,
el ángulo y pivote de los huesos
bajo la piel oscura y blanda,
y ella habita otro estado
donde somos fluidos e indistintos,
caprichos de sonido y alimento
que se encienden y apagan,
y lo que sabe de los perros,
o de la luz, o el agua, es un misterio a nuestros ojos,
que los hemos nombrado y extraviado,
verdad resuelta en la gramática
que viste y mina nuestro pensamiento
y oscurece su asombro ante éste, el imposible mundo.
viernes, 21 de junio de 2013
Sintámonos huéspedes (por Wislawa Szymborska)
Mientras no se sepa aún algo seguro,
pues no nos llegan todavía señales,
mientras la Tierra siga siendo diferente
a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,
mientras no se diga ni se escuche nada
sobre otras hierbas honradas por el viento,
sobre otros árboles ceñidos por coronas,
sobre otros animales comprobados como aquí,
mientras no haya un eco, además del nativo,
que sea capaz de entrecortar palabras,
mientras no haya noticia
de peores o mejores mozarts,
edisons, platones,
mientras nuestros crímenes
puedan rivalizar sólo entre sí,
mientras nuestra bondad
siga sin parecerse a nada
y siendo excepcional hasta en su imperfección,
mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones
se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,
mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas
pueda ponerse un grito en el cielo,
sintámonos huéspedes de este refugio,
distinguidos y extraordinarios,
bailemos al son de la banda local
y hagamos como si éste fuera
el baile de los bailes.
No sé si para otros,
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:
un rincón modesto,
en el que las estrellas den las buenas noches
y hacia el que parpadeen
sin mayor significado.
jueves, 20 de junio de 2013
A la que hoy pierdo (por Claudio Rodríguez)
Tal vez, valiendo lo que vale un día,
sea mejor que el de hoy acabe pronto.
La novedad de este suceso, de esta
muchacha, casi niña pero de ojos
bien sazonados ya y de carne a punto
de miel, de andar menudo, con su moño
castaño claro, su tobillo hendido
tan armoniosamente, con su airoso
pecho que me deslumbra más que nada
la lengua... Y no hay remedio, y le hablo ronco
como la gaviota, a flor de labio
(de mi boca gastada), y me emociono
disimulando ciencia e inocencia
como quien no distingue un abalorio
de un diamante, y le hablo de detalles
de mi vida, y la voz se me va, y me oigo
y me persigo, muy desconfiado
de mi estudiada habilidad, y pongo
cuidado en el aliento, en la mirada
y en las manos, y casi me perdono
al sentir tan preciosa libertad
cerca de mí. Bien sé que esto no es sólo
tentación. Cómo renuncio a mi deseo
ahora. Me lastimo y me sonrojo
junto a esta muchacha a la que hoy amo,
a la que hoy pierdo, a la que muy pronto
voy a besar muy castamente sin que
sepa que en ese beso va un sollozo.
miércoles, 19 de junio de 2013
Inscripción en cualquier sepulcro (por Jorge Luis Borges)
No arriesgue el mármol temerario
gárrulas infracciones al todopoder del olvido,
rememorando con prolijidad
el nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria.
Tanto abalorio bien adjudicado está a la tiniebla
y el mármol no hable lo que callan los hombres.
Lo esencial de la vida fenecida
-la trémula esperanza,
el milagro implacable del dolor y el asombro del goce-
siempre perdurará.
Ciegamente reclama duración el alma arbitraria
cuando la tiene asegurada en vidas ajenas,
cuando tú mismo eres la continuación realizada
de quienes no alcanzaron su tiempo
y otros serán (y son) tu inmortalidad en la tierra.
martes, 18 de junio de 2013
Como una llamarada (por Luis Rosales)
Siento tu cuerpo entero bajo el mío.
Tu carne
es
como un ascua,
fresca e imprescindible,
que está fluyendo hacia
mi cuerpo, por un puente
de miel lenta y silábica.
Hay un solo momento en que se junta
el cuerpo con el alma,
y se sienten recíprocos,
y viven
su transfiguración,
y se adelantan
el uno al otro en una misma entrega
desde su mismo origen deseada.
Siento tus labios en mis labios, siento
tu piel desnuda y ávida,
y siento,
¡al fin!
esa frescura súbita
como una llamarada
de eternidad, en que la carne deja
de serlo y se desata,
se dispersa en el vuelo,
y va cayendo
en la tierra sonámbula
de tu cuerpo que cede interminable
mente cediendo,
hasta
que el vuelo acaba y ya la carne queda
quieta, milagreada,
y me devuelve el cuerpo,
y todo ha sido
un pasmo, un rebrillar y luego nada.
Tu carne
es
como un ascua,
fresca e imprescindible,
que está fluyendo hacia
mi cuerpo, por un puente
de miel lenta y silábica.
Hay un solo momento en que se junta
el cuerpo con el alma,
y se sienten recíprocos,
y viven
su transfiguración,
y se adelantan
el uno al otro en una misma entrega
desde su mismo origen deseada.
Siento tus labios en mis labios, siento
tu piel desnuda y ávida,
y siento,
¡al fin!
esa frescura súbita
como una llamarada
de eternidad, en que la carne deja
de serlo y se desata,
se dispersa en el vuelo,
y va cayendo
en la tierra sonámbula
de tu cuerpo que cede interminable
mente cediendo,
hasta
que el vuelo acaba y ya la carne queda
quieta, milagreada,
y me devuelve el cuerpo,
y todo ha sido
un pasmo, un rebrillar y luego nada.
lunes, 17 de junio de 2013
La hora tuya (por Dulce María Loynaz)
De las veinticuatro horas del día,
siempre te dejo una para que puedas irte,
si lo quieres.
Si me das veintitrés horas de cada día tuyo,
bien puedes conservar una sola para pensar en ella,
si están las otras veintitrés bien empleadas.
Ésa es la hora tuya,
y de tal modo la respeto
que casi me privo de respirar,
a fin de que ni mi aliento te turbe o te desvíe.
Es la hora en que yo me borro a mí misma,
en que yo me sujeto el corazón y me vuelvo de espaldas a tu tiempo,
de cara a la pared, para esperar,
trémula, ansiosa,
esa hora que dura todo un siglo...
Cuando ella pasa vuelvo a abrir los ojos, y,
viéndote a mi lado todavía,
te saludo entonces sin gestos, sin palabras,
como un nuevo milagro, para mí sola florecido.
Es un milagro que se hace todos los días sin gastarse,
sin que la angustia deje de ser angustia,
ni la alegría deje de ser maravillosa, pura,
estrenada alegría.
siempre te dejo una para que puedas irte,
si lo quieres.
Si me das veintitrés horas de cada día tuyo,
bien puedes conservar una sola para pensar en ella,
si están las otras veintitrés bien empleadas.
Ésa es la hora tuya,
y de tal modo la respeto
que casi me privo de respirar,
a fin de que ni mi aliento te turbe o te desvíe.
Es la hora en que yo me borro a mí misma,
en que yo me sujeto el corazón y me vuelvo de espaldas a tu tiempo,
de cara a la pared, para esperar,
trémula, ansiosa,
esa hora que dura todo un siglo...
Cuando ella pasa vuelvo a abrir los ojos, y,
viéndote a mi lado todavía,
te saludo entonces sin gestos, sin palabras,
como un nuevo milagro, para mí sola florecido.
Es un milagro que se hace todos los días sin gastarse,
sin que la angustia deje de ser angustia,
ni la alegría deje de ser maravillosa, pura,
estrenada alegría.
domingo, 16 de junio de 2013
Bajo túneles de dolor (por César Vallejo)
Este piano viaja para adentro,
viaja a saltos alegres.
Luego medita en ferrado reposo,
clavado con diez horizontes.
Adelanta. Arrástrase bajo túneles,
más allá, bajo túneles de dolor,
bajo vértebras que fugan naturalmente.
Otras veces van sus trompas,
lentas ansias amarillas de vivir,
van de eclipse,
y se espulgan pesadillas insectiles,
ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis.
Piano oscuro ¿a quién atisbas
con tu sordera que me oye,
con tu madurez que me asorda?
Oh pulso misterioso.
viaja a saltos alegres.
Luego medita en ferrado reposo,
clavado con diez horizontes.
Adelanta. Arrástrase bajo túneles,
más allá, bajo túneles de dolor,
bajo vértebras que fugan naturalmente.
Otras veces van sus trompas,
lentas ansias amarillas de vivir,
van de eclipse,
y se espulgan pesadillas insectiles,
ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis.
Piano oscuro ¿a quién atisbas
con tu sordera que me oye,
con tu madurez que me asorda?
Oh pulso misterioso.
sábado, 15 de junio de 2013
Crece hasta sucumbir (por José Antonio Labordeta)
Cuando vuelvas
cuando cansado te sientes al borde del camino
y contemples el mar
como una luz vencida
y el otoño te traiga
el amargo sabor de los días agrestes
RECUERDA,
como si nada fuese a suceder,
tus infinitos pasos
huellas sobre las yerbas de otros días.
Luego crece
crece hasta sucumbir como un gigante
como una hormiga inútil.
Tú y yo
y el celeste paisaje de las noches
habremos sido viento
palabras apresadas
miedo vencido
inútil NADA.
cuando cansado te sientes al borde del camino
y contemples el mar
como una luz vencida
y el otoño te traiga
el amargo sabor de los días agrestes
RECUERDA,
como si nada fuese a suceder,
tus infinitos pasos
huellas sobre las yerbas de otros días.
Luego crece
crece hasta sucumbir como un gigante
como una hormiga inútil.
Tú y yo
y el celeste paisaje de las noches
habremos sido viento
palabras apresadas
miedo vencido
inútil NADA.
viernes, 14 de junio de 2013
Y no eres más que razón (por Paul Éluard)
Te amo por todas las mujeres que no he conocido
Te amo por todos los tiempos en que no he vivido
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente
Por la nieve que se derrite por las primeras flores
Por los animales puros a los que el hombre no aterra
Te amo por amar
Te amo por todas las mujeres a las que no amo
Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco
Sin ti no veo nada más que una extensión desierta
Entre antaño y hoy
Ha habido todas esas muertes que he superado en la miseria
No he podido atravesar la pared de mi espejo
He tenido que aprender palabra por palabra la vida
Como se olvida
Te amo por tu sabiduría que no es la mía
Por la salud
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión
Por ese corazón inmortal que no detento
Crees ser la duda y no eres más que razón
Eres el gran sol que se me sube a la cabeza
Cuando estoy seguro de mí.
jueves, 13 de junio de 2013
Toma (por Laura Casielles)
Ha vivido tempestades y lleva dentro animales pequeños
que por su nombre podrían ser dinosaurios.
Toma, éste es mi cuerpo,
te estaba esperando,
cada mañana lo perfumo y a menudo
no me deja dormir.
Si te fijas bien verás que en los recodos
tiene la forma de tus manos.
Toma, éste es mi brazo, tuyo,
éste es mi labio,
tuyo,
éste es mi cuerpo y enseguida
piel,
entrañas,
tuyo,
se va a poner a llorar de amor,
naranjas, viento,
toma,
éste es mi cuerpo,
te estaba esperando,
a veces no estás y no es nada,
a veces cuerpo,
a veces voz.
miércoles, 12 de junio de 2013
Después de amarnos (por Kirmen Uribe)
después de amarnos.
Dormida en la cama, sólo
los párpados te cubren.
No hagas caso del miedo,
no digas siempre, no digas nunca,
deja que el mundo
siga adelante.
El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.
Dormida y flotando
como un feto o un ojo.
No hagas caso del miedo,
no digas siempre, no digas nunca,
deja que el mundo
siga adelante.
El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.
martes, 11 de junio de 2013
Mi dolor (por Manuel Altolaguirre)
Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa
de donde salí llorando
me llegaba a la cintura.
¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo!
Crecí como una alta llama
de tela blanca y cabellos.
Si derribaran mi frente
los toros bravos saldrían,
luto en desorden, dementes,
contra los cuerpos humanos.
Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.
lunes, 10 de junio de 2013
Por qué fue roto aquello (por José Moreno Villa)
No vinimos acá, nos trajeron las ondas.
Confusa marejada, con un sentido arcano,
impuso el derrotero a nuestros pies sumisos.
Nos trajeron las ondas que viven en misterio.
Las fuerzas ondulantes que animan el destino.
Los poderes ocultos en el manto celeste.
Teníamos que hacer algo fuera de casa,
fuera del gabinete y del rincón amado,
en medio de las cumbres solas, altas y ajenas.
El corazón estaba aferrado a lo suyo,
alimentándose de sus memorias dormidas,
emborrachándose de sus eternos latidos.
Era dulce vivir en lo amoldado y cierto,
con su vino seguro y su manjar caliente,
con su sábana fresca y su baño templado.
El libro iba saliendo, el cuadro iba pintándose,
el intercambio entre nosotros y el ambiente
verificábase como función del organismo.
Era normal la vida: el panadero, al horno,
el guardián, en su puesto; en su hato, el pastor,
en su barca el marino, y el pintor en su estudio.
¿Por qué fue roto aquello? ¿Quién hizo capitán
al mozo tabernero y juez al hortelano?
¿Quién hizo embajador al pobre analfabeto
y conductor de almas a quien no se conduce?
Fue la borrasca humana, sin duda, pero tú,
que buscas lo más hondo, sabes que por debajo
mandaban esas fuerzas, ondulantes y oscuras,
que te piden un hijo donde no lo soñabas,
que es pedirte los huesos para futuros hombres.
domingo, 9 de junio de 2013
Sino decir palabras (por Luis Cernuda)
Un día comprendió cómo sus brazos eran
solamente de nubes;
imposible con nubes estrechar hasta el fondo
un cuerpo, una fortuna.
La fortuna es redonda y cuenta lentamente
estrellas del estío.
Hacen falta unos brazos seguros como el viento,
y como el mar un beso.
Pero él con sus labios,
con sus labios no sabe sino decir palabras;
palabras hacia el techo,
palabras hacia el suelo,
y sus brazos son nubes que transforman la vida
en aire navegable.
solamente de nubes;
imposible con nubes estrechar hasta el fondo
un cuerpo, una fortuna.
La fortuna es redonda y cuenta lentamente
estrellas del estío.
Hacen falta unos brazos seguros como el viento,
y como el mar un beso.
Pero él con sus labios,
con sus labios no sabe sino decir palabras;
palabras hacia el techo,
palabras hacia el suelo,
y sus brazos son nubes que transforman la vida
en aire navegable.
sábado, 8 de junio de 2013
Cada vez más pequeños (por Ana Blandiana)
Deberíamos nacer ancianos,
despiertos, capaces de decidir
nuestro destino en la Tierra,
saber desde la primera encrucijada
qué camino tomar
y que irresponsable sólo sea
el deseo de ir más lejos.
Después, hacernos al caminar,
aún más y más jóvenes,
maduros y fuertes alcanzar
las puertas de la creación,
traspasarlas y entrar enamorados
a la adolescencia,
ser niños cuando nazcan nuestros hijos.
Igual serían siempre más viejos que nosotros,
nos enseñarían a hablar,
y nos mecerían para dormirnos,
desapareceríamos cada vez más,
seríamos cada vez más pequeños,
como un granito de uva, de arveja o de trigo...
viernes, 7 de junio de 2013
Qué nada soy yo (por Juan Ramón Jiménez)
¡Cómo me siguen
en fila interminable
todos los yos que he sido!
¡Cómo se abre el ante mí
en infinita fila
para todos los yos que voy a ser!
¡Y qué poco, qué nada soy yo,
este yo de hoy
que casi es de ayer,
que va a ser todo de mañana!
jueves, 6 de junio de 2013
En el centro de la ciudad sagrada (por Roberto Juarroz)
Hemos llegado a una ciudad sagrada.
Preferimos ignorar su nombre:
así le podemos dar todos los nombres.
No encontramos a quién preguntar
por qué estamos solos en la ciudad sagrada.
No conocemos qué cultos se practican en ella.
Sólo vemos que aquí forman un solo filamento
el hilo que une toda la música del mundo
y el hilo que une todo el silencio.
No sabemos si la ciudad nos recibe o nos despide,
si es un alto o un final del camino.
Nadie nos ha dicho por qué no es un bosque o un desierto.
No figura en ninguna guía, en ningún mapa.
Las geografias han callado su ubicación o no la han visto.
Pero en el centro de la ciudad sagrada hay una plaza
donde se abre todo el amor callado
que hay adentro del mundo.
Y sólo eso comprendemos ahora:
lo sagrado
es todo el amor callado.
miércoles, 5 de junio de 2013
Adioses (por Miguel d´ Ors)
Las hojas del castaño se despiden –noviembre–
convirtiendo en belleza la pena del adiós:
esta polifonía de verdes, amarillos,
ocres, marrones, pardos… Veo desde el balcón
cómo va, hoja tras hoja, rindiéndose al otoño
y cayendo en la broza otra generación
vegetal. Y recuerdo al viejo Homero: como
van pasando las hojas, vamos pasando los
hombres. En este otoño, en el que cada hora
es una despedida, que sepa también yo,
imitando el ejemplo callado de esas hojas,
hacer de los adioses mi música mejor.
martes, 4 de junio de 2013
Tango (por Günter Grass)
Orden, como desde arriba: el cuerpo que huye del cuerpo,
estirado, está en fuga,
así es como esto nos arrebata.
Ningún abismo, pero una vastedad a la que,
como si hubiera espejos alrededor,
lanzamos miradas que se pierden.
Y luego, ordenado: volver hacia dentro.
Nos movemos en el sitio, en lo más interior del sitio
y seguimos el compás.
Caídas contadas, las casi-caídas,
los pasos que siguen, vacilan, retrasan,
arrastran, posponen el fin.
¡No muere, no muere! Este yo de dos,
en tanto que el tango, el tango mortal
siga una forma de paso.
Con lo que queda de aliento en la fiesta sin nadie
los dos se celebran, y al final, no obstante,
esperan aplausos.
El dolor es sólo máscara. En disfraz nos deslizamos
en pista sin límite, pisándole a la muerte los talones
y también a nosotros.
lunes, 3 de junio de 2013
Todo (por Wislawa Szymborska)
Todo:
palabra impertinente y henchida de orgullo.
Habría que escribirla entre comillas.
Aparenta que nada se le escapa,
que reúne, abraza, recoge y tiene.
Y en lugar de eso,
no es más que un jirón de caos.
domingo, 2 de junio de 2013
Más que nunca (por Claudio Rodríguez)
Ahora necesito más que nunca
mirar al cielo. Ya sin fe y sin nadie,
tras este seco mediodía, alzo
los ojos. Y es la misma verdad de antes
aunque el testigo sea distinto. Riesgos
de una aventura sin leyendas ni ángeles,
ni siquiera ese azul que hay en mi patria.
Vale dinero respirar el aire,
alzar los ojos, ver sin recompensa,
aceptar una gracia que no cabe
en los sentidos pero les da nueva
salud, los aligera y puebla. Vale
por mi amor este don, esta hermosura
que no merezco ni merece nadie.
Hoy necesito el cielo más que nunca.
No que me salve, sí que me acompañe.
sábado, 1 de junio de 2013
De tiempo y agua (por Jorge Luis Borges)
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo.
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
viernes, 31 de mayo de 2013
Ése es el término (por Li Po)
¿Cuánto podrá durar para nosotros
el disfrute del oro, la posesión del jade?
Cien años cuanto más, ése es el término
de la esperanza máxima.
Vivir y morir luego, he aquí la sola
seguridad del hombre.
Escuchad, allá lejos,
bajo los rayos de la luna,
al mono acurrucado y solo
llorar sobre las tumbas…
Y ahora llenad mi copa, es el momento
de vaciarla de un trago.
jueves, 30 de mayo de 2013
A salvo (por Saiz de Marco)
Todo el horror ahí enfrente
batalla de Stalingrado
y yo sin embargo a salvo
Sí
qué extraño se me hace que yo a resguardo de todo
yo con mi escudo invisible
en la ciudad asediada y sobre la línea de fuego
en medio de aquello pero
sin salpicarme la sangre
las vísceras
la metralla
yo lo único invulnerable
a menos de quince metros y a salvo de todo eso
yo inmune
parapetado
entre butacas de cine
batalla de Stalingrado
y yo sin embargo a salvo
Sí
qué extraño se me hace que yo a resguardo de todo
yo con mi escudo invisible
en la ciudad asediada y sobre la línea de fuego
en medio de aquello pero
sin salpicarme la sangre
las vísceras
la metralla
yo lo único invulnerable
a menos de quince metros y a salvo de todo eso
yo inmune
parapetado
entre butacas de cine
miércoles, 29 de mayo de 2013
Como una flor tardía (por Hart Crane)
Esta lámpara dejó caer una tímida
solemnidad en nuestro pobre cuarto.
¡Oh dorada y gris amenidad,
tristeza intensa y gentil!
A lo largo y ancho del mundo
reclamamos las horas robadas ya que ninguno puede saber
cuánto le agrada al amor florecer como una flor tardía
en los días posteriores a la incandescencia.
Y aunque el mundo deba despedazarse
con celos y engaños,
al menos podrá reverenciar y conquistar
nuestra piedad con una sonrisa.
martes, 28 de mayo de 2013
Quién es ahora (por Paal Brekke)
El hombre que asesinó el martes
¿era el asesino del lunes?
Y si se despierta el miércoles frente a una ventana gris
y la niebla vagando solitaria a través de él
quién es ahora
¿el hombre de ayer?
cuando la piedra levantó su mano para golpear
o el que era anteayer
quién
cuando fue anteayer
Recuerda él la luz de la lámpara del piano
y las manos sobre las teclas
sí, Hãndel.
Y una pesada piedra gris, crujiente
Mira fijamente hacia adentro
donde viejos puntos de referencia se disuelven en la niebla
modifican su forma y cambian de sitio
Y él mira esas manos
¡de quién son!
una piedra que ellas lanzan a un malecón
o Hãndel, Hãndel
que se ha levantado del piano
sin mirarlo a él
deja que la puerta vuelva a cerrarse
Y sólo quedan las manos
usadas prestadas
Como perros callejeros están
por ahí aullando en un páramo desierto
hacia el jueves viernes
lunes, 27 de mayo de 2013
Olvido y años (por Stein Mehren)
El tiempo cura todas las heridas, decimos
de todo lo que ocurrió hace mucho
Ni siquiera el eco de un grito de dolor
queda colgando en el cielo
Pero el dolor tiene sus caminos
que atraviesan olvido y años, tiene
sus lentos caminos oscuros
y huellas luminosas
Aquello que hemos olvidado, continúa
acordándose de nosotros, como secretos sepultados
vivos en palabras y en tiempo
grabándose a fuego en el centro de nosotros
Allí dentro donde llevamos nuestras heridas
como manantiales secretos, de cariño o dolor
de odio o amor, silenciosamente
el original grito deviene con los años
silencioso y tenaz
domingo, 26 de mayo de 2013
En pequeños rincones (por Paul-Helge Haugen)
Y sin embargo
el amor existe
por todas partes: en pequeños rincones
y lugares perdidos en el paisaje
dispuesto a desbordarse
a menudo apuñalado o atropellado
se retira hasta el fondo
de las grietas del muro a esperar
el pequeño reptil del amor, siempre
dispuesto a cambiar de color
a menudo ahuyentado como un ángel
que se envuelve en el aire que lo rodea y se va
a menudo colocado bajo una campana de cristal en un paisaje
donde nieva si le das la vuelta a la bola de cristal
sin embargo el amor puede brotar
también en el tembloroso resplandor de la pantalla de rayos X
se hace visible dentro del cuerpo
incluso el amor que nunca verá la luz
los fetos gemelos con su halo de muerte
uno al otro dulcemente acariciándose
sábado, 25 de mayo de 2013
Todas han muerto (por Antonio Machado)
Llamó a mi corazón, un claro día,
con un perfume de jazmín, el viento.
—A cambio de este aroma,
todo el aroma de tus rosas quiero.
—No tengo rosas; flores
en mi jardín no hay ya; todas han muerto.
Me llevaré los llantos de las fuentes,
las hojas amarillas y los mustios pétalos.
Y el viento huyó... Mi corazón sangraba...
Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?
viernes, 24 de mayo de 2013
La niña de Pompeya (por Primo Levi)
Como la angustia ajena es también la nuestra,
otra vez vivimos la tuya, niña delgada,
aferrada en un espasmo a tu madre,
como si cuando el cielo del mediodía se tornó negro
hubieras querido volver a su seno.
Era inútil, porque el aire, envenenado,
se filtró hasta hallarte tras las ventanas cerradas
de tu casa tranquila, de gruesos muros,
alguna vez feliz con tu canto y tus tímidas risas.
Han pasado siglos, las cenizas se han petrificado
aprisionando esos delicados miembros para siempre.
Así has permanecido con nosotros, como un molde de yeso
retorcido,
una agonía sin término, testigo terrible de lo mucho
que nuestra orgullosa estirpe importa a los dioses.
Nada queda de tu hermana lejana,
la muchacha holandesa aprisionada entre cuatro paredes
que escribió sobre su juventud sin futuro.
Sus cenizas calladas fueron esparcidas por el viento,
su corta vida encerrada de un portazo en un cuaderno arrugado.
Nada queda de la niña de la escuela de Hiroshima,
sombra impresa sobre un muro por la luz de mil soles,
víctima sacrificada en el altar del miedo.
Poderosos de la tierra, dueños de venenos nuevos,
tristes guardianes secretos del trueno final,
los tormentos que el cielo nos envía son suficientes.
Antes de que vuestro dedo apriete el botón, deteneos, y pensad.
jueves, 23 de mayo de 2013
Con mi soledad (por Georges Moustaki)
Amigos, otro grande que se nos va: Georges Moustaki. Lo suyo era poesía hecha canción. Sus seguidores lo saben, lo sabemos bien. Muchos aprendimos francés leyendo sus letras y oyendo su voz. En su homenaje publicamos hoy este poema. Quienes además quieran disfrutarlo en francés ("Ma solitude"), de su garganta y con su música, ya saben lo que tienen que hacer. Pero en zUmO dE pOeSíA nos quedamos, en silencio, con sus poemas… y, tras su marcha, con nuestra soledad. Hasta siempre, amigo.
Con mi soledad
Por haber dormido tan a menudo con mi soledad
se ha convertido casi en una amiga, en una dulce costumbre.
No me deja ni un momento. Fiel como una sombra
me ha seguido por todas partes, por los cuatro rincones del mundo.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad
Cuando se tiende en mi cama, la ocupa toda entera,
y pasamos largas noches, los dos, frente a frente.
Realmente no sé hasta dónde me seguirá esta cómplice.
Será preciso que me acostumbre o reaccione.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad
Por su culpa he visto tanto que he llorado.
Si alguna vez la rechazo, nunca se rinde y,
aunque a veces prefiera el amor de alguna otra cortesana,
ella será, en mi último día, mi última compañera.
No, nunca estoy solo,
con mi soledad.
Amor es esto (por Günter Grass)
Amor
Es esto:
Transacciones sin efectivo.
La manta siempre un poco corta.
El contacto flojo.
Buscar más allá del horizonte.
Rozar con cuatro zapatos las hojas muertas
y frotar mentalmente pies desnudos.
Arrendar y tomar en arriendo corazones;
o en la habitación con ducha y espejo,
en un coche alquilado, con el capó hacia la luna,
dondequiera que la inocencia se baja
y quema su programa,
suena la palabra en falsete,
cada vez diferente y nueva.
Hoy, ante la taquilla aún cerrada,
susurran, de la mano,
el avergonzado viejo y la vieja delicada.
La película prometía amor.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Y tú envejeces lejos (por Jon Juaristi)
Al otro pertenecen
las escenas que guarda tu memoria:
imágenes confusas
que el óxido del tiempo deteriora.
Otro es el que las sueña
desde un ayer de rabia silenciosa.
Muere con ellas una lengua exangüe
y una causa llamada a la derrota.
Y tú envejeces lejos,
en el destierro de la tierra toda,
entre voces ajenas
y soledades próximas,
perdiendo cada día y rescatando
los colores, las líneas y las formas
de un mundo ajeno que creíste tuyo
y alzando en torno de su ausencia torva
gastados laberintos de palabras,
una mansión decrépita y angosta,
una torre, un brocal, quizá una vida.
desde un ayer de rabia silenciosa.
Muere con ellas una lengua exangüe
y una causa llamada a la derrota.
Y tú envejeces lejos,
en el destierro de la tierra toda,
entre voces ajenas
y soledades próximas,
perdiendo cada día y rescatando
los colores, las líneas y las formas
de un mundo ajeno que creíste tuyo
y alzando en torno de su ausencia torva
gastados laberintos de palabras,
una mansión decrépita y angosta,
una torre, un brocal, quizá una vida.
martes, 21 de mayo de 2013
Si te quedas conmigo (por Josep M. Rodríguez)
No te vayas aún, quédate un rato.
El día nace para destruirse,
y nuestra juventud es el periódico
de ayer.
Amanece conmigo.
Deja que sea la presa la que defina al cazador
y que este instante valga
por cualquier otro instante.
El sol es una broca
de luz:
se abre paso,
no nos necesita.
Si te quedas conmigo,
emergeremos juntos de la noche
igual que el tallo brota de lo oscuro:
Cada vez más fuertes.
No te vayas aún
y quédate conmigo:
Escucharemos cómo
ola
a ola
tartamudea el mar,
como aprendiendo a pronunciar tu nombre.
El día nace para destruirse,
y nuestra juventud es el periódico
de ayer.
Amanece conmigo.
Deja que sea la presa la que defina al cazador
y que este instante valga
por cualquier otro instante.
El sol es una broca
de luz:
se abre paso,
no nos necesita.
Si te quedas conmigo,
emergeremos juntos de la noche
igual que el tallo brota de lo oscuro:
Cada vez más fuertes.
No te vayas aún
y quédate conmigo:
Escucharemos cómo
ola
a ola
tartamudea el mar,
como aprendiendo a pronunciar tu nombre.
lunes, 20 de mayo de 2013
Cada gota de lluvia (por Federico García Lorca)
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!
domingo, 19 de mayo de 2013
Solos bajo la lluvia (por Raúl Gonzales Tuñón)
Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos,
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos,
todos los gestos que hemos entrevisto y sospechado, los ademanes y las palabras de ellos,
todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido,
en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto,
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto,
cuanto tú y yo seamos dos sombras, y todavía estemos pegados, juntos,
subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta,
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta,
ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros,
ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles,
ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra esperanza,
los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste
y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría.
Oh, íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.
sábado, 18 de mayo de 2013
Bajo los dragones dorados (por Juan Carlos Mestre)
Me enamoré de ti en el restaurante chino de la Plaza Mayor
Ese día bajo los dragones dorados
tú eras todas las dinastías que ha tenido la Tierra
tú eras el delta de los ríos y la cascada de los encantamientos
el curry que tiñe de sol el lazo de las servilletas
El día que me enamoré de ti comenzaba el año del gato
y las nubes maullaban sobre los tejados
celebrando la lluvia de estrellas y la cosecha de arroz
Demonios, al salir tiraste sin querer el buda de escayola
y todos los buenos presagios se hicieron añicos
Nena, ya nada ha vuelto a ser como entonces
cuando sabías a las bolitas de helado Familia Feliz
y yo te acariciaba con palillos de bambú los brotes de primavera
viernes, 17 de mayo de 2013
Como unos labios (por Kirmen Uribe)
Mis pechos son pequeños y mis ojos redondos.
Tus piernas, largas y frías
como el agua de la fuente.
Te mordisqueo el cuello,
lo tienes firme, inmaduro aún,
como una nuez recién caída.
Te pones arriba y me besas el vientre,
húmedas olas por toda mi piel,
ahora aquí, ahora allá,
como las primeras gotas que caen
antes de que descargue la tormenta: pla, pla, pla.
Nos quedamos dormidos,
pecho y espalda se cierran
como unos labios tras un suspiro.
Tus piernas, largas y frías
como el agua de la fuente.
Te mordisqueo el cuello,
lo tienes firme, inmaduro aún,
como una nuez recién caída.
Te pones arriba y me besas el vientre,
húmedas olas por toda mi piel,
ahora aquí, ahora allá,
como las primeras gotas que caen
antes de que descargue la tormenta: pla, pla, pla.
Nos quedamos dormidos,
pecho y espalda se cierran
como unos labios tras un suspiro.
jueves, 16 de mayo de 2013
Manso declive (por Jorge Luis Borges)
La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Un gran simulacro (por Mario Benedetti)
Cada vez que nos dan clases de
amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de
amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de
ausencia
muñones de porvenir, arrabales
de duelo
pero también candores de
mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde
sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo
de otoño
sentimientos insoportablemente
actuales
que se niegan a morir allá en lo
oscuro
el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las
remembranzas
y hay que tirar rencores por la
borda
en el fondo el olvido es un gran
simulacro
nadie sabe ni puede -aunque
quiera- olvidar
un gran simulacro repleto de
fantasmas
esos romeros que peregrinan por
el olvido
como si fuese el camino de
santiago
el día o la noche en que el olvido
estalle
salte en pedazos o crepite,
los recuerdos atroces y de
maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por
el mundo
y esa verdad será que no hay
olvido.
martes, 14 de mayo de 2013
Como primeras muertes (por Juan Ramón Jiménez)
en que no estamos donde estamos
sino donde estuvimos,
en que quisiéramos, mejor
que vivir nuestras horas,
revivir las pasadas!
¡Cómo primeras muertes,
con la nostalgia
de la resurrección!
lunes, 13 de mayo de 2013
Nada le pesa (por Wislawa Szymborska)
El ratonero no tiene nada que reprocharse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
No dudan de sus actos las pirañas.
La víbora se acepta sin complejo a sí misma.
No existe un chacal autocrítico.
El tábano, la langosta, la tenia y el caimán
viven como viven y así están satisfechos.
Cien kilos pesa el corazón de la orca,
pero nada le pesa.
No hay nada más bestial
que una conciencia limpia
en el tercer planeta bajo el sol.
domingo, 12 de mayo de 2013
Y me dejo cegar (por Félix de Azúa)
Ahora es mi turno, cuando cierro los ojos
y me olvido de ti, de tu salvaje higuera y tus higos salvajes,
cuando tu carne, como un libro de cuentos, resplandece en la noche
a la luz de un hogar mediterráneo;
y me dejo cegar por el brillo solar de la memoria
mientras mi cuerpo entero se quema en un chispazo.
Ahora infantiles yemas te descubren, y entre las llamas muertas
rescato el viejo yugo, los utensilios viejos y las viejas guirnaldas
del buey, de la cebada y de la Pascua de Resurrección.
Es mi turno, no el tuyo. Te levanto en mis palmas
como se exponen los recién nacidos
a las nubes plomizas, irritadas
como vacas repletas que atronan el establo
los campos secos, el pozo, la uva amarga.
Pero tú, hecha una niña, también tientas las ubres, y arqueada
jadeas entre brasas; es mi turno y tú danzas
resonando perpleja y sonriente,
átomo, brizna, astilla de una combustión
que no puedo pensar sin sentirme infinito.
Tus yemas y tu sonrisa atónita me invitan al incendio…
pero me venden luego por la espalda como cosa fútil,
como ese azar minúsculo, gratuito
que te alcanza las nubes y se empeña en durar.
Y mientras tú contratas con terribles clientes
a los que yo sólo conozco por el nombre,
y cuyas sombras, mantos, miradas esquinadas,
me hacen alzar la sábana aterrado;
hundido al fin, hundido,
olvidado por fin, perdido y solo, cobijado en mí mismo,
puedo gritar, gritar hasta romper el techo y por la grieta ver
la esplendorosa faz sin ojos y sin boca
que me agarra del cuello y me disuelve en risas,
fuego de azufre, espanto y aroma de castaños.
sábado, 11 de mayo de 2013
La mancha del amor (por William Carlos Williams)
¿Qué tengo para decirte
cuando nos encontremos?
Sin embargo
estoy aquí pensando en ti.
La mancha del amor
se extiende sobre el mundo.
Amarilla, amarilla, amarilla,
devora entre las hojas,
unta de azafrán las ramas enastadas que se inclinan
pesadamente
contra un cielo blando y violáceo.
No hay luz,
sólo una mancha espesa como miel
goteando de hoja en hoja
y de rama en rama
adentrándose en los colores
del mundo entero.
Estoy solo.
El peso del amor
me sostuvo
hasta que mi cabeza
dio contra el cielo.
Mírame.
Mi pelo chorrea néctar,
los tordos se lo llevan
sobre sus alas negras.
Mira, mis brazos y
mis manos por fin están
sin hacer nada.
¿Cómo puedo decir
si voy a volver a amarte como ahora
alguna vez?
viernes, 10 de mayo de 2013
De plantas (por Ana Blandiana)
Yo creo que somos un pueblo de plantas.
De otra manera, ¿de dónde sacamos la calma
con que esperamos ser deshojados?
¿De dónde el valor
para empezar a deslizarnos en un tobogán de sueños
tan cerca de la muerte,
con la certeza de que podremos
nacer de nuevo?
Yo creo que somos un pueblo de plantas:
¿Quién ha visto
a un árbol rebelándose?
jueves, 9 de mayo de 2013
Loca, desnuda noche de estío (por Walt Whitman)
Cíñete a mí, noche del seno desnudo; cíñete a mí, noche ardiente y nutricia.
Noche de vientos del sur, noche de grandes y pocos luceros,
tú, que en la paz cabeceas, loca, desnuda noche de estío.
Voluptuosa sonríe, ¡oh, tierra de fresco aliento!
Tierra de árboles adormilados y líquidos,
tierra ya sin luz del ocaso, tierra de montes con cumbre de niebla,
tierra donde derrama cristales el plenilunio azulado,
tierra con manchas de luz y de sombra en las aguas del río,
tierra de límpido gris y de nubes que para mí son
más vivas y claras,
tierra de abrazo anchuroso, tierra ataviada con flor de manzano,
sonríe ya, que tu amante se acerca.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Aprende a amar (por Maram Al-Masri)
I
Ella llegaba hasta él
para ofrecerle
los poros de su piel
y las yemas de sus dedos
adornados con cerezas
que comía con avidez.
Y se marchaba
con la cesta de su corazón
vacía.
II
Bendíceme libre
y soporta
mis negativas.
Acércate cuando
te invite,
y cuando
te descuide,
aprende a esperarme.
Acéptame siendo de otro
y aprende a amar.
III
No se avergonzaba ante ella
por su vieja ropa interior de algodón
y sus calcetines agujereados.
Ante ella
se desnuda
como se desnudan
las urgencias del amor,
para descender
como un rey
sobre su cuerpo.
martes, 7 de mayo de 2013
La alegría de perderte (por Álvaro Tato)
Que haya viento a favor.
Que mires atrás una sola vez
para saber que aún no te persigues.
Que encuentres la alegría de perderte,
la certeza fugaz de no estar muerto,
alguien que te acompañe
y cosas que sucedan.
Que sigas. Que te pares.
Que nunca des contigo.
Y que tu patria sea ese lugar
al que no llegarás.
Que mires atrás una sola vez
para saber que aún no te persigues.
Que encuentres la alegría de perderte,
la certeza fugaz de no estar muerto,
alguien que te acompañe
y cosas que sucedan.
Que sigas. Que te pares.
Que nunca des contigo.
Y que tu patria sea ese lugar
al que no llegarás.
lunes, 6 de mayo de 2013
Una sábana azul (por Clara Janés)
Desplegó una sábana azul
que abarcaba los ocho cielos
salpicados del oro de los astros
y me envolvió, y a sí mismo, en ella.
Y como el entero firmamento
me abrazó...
...Y se adentró en mi vida,
y en aquella noche
la deshojó hasta la tersura del alba.
Con el tacto del más leve pétalo
se dobló su cabeza en mi cuello,
sus bucles negros
emitían un aroma de abismo.
que abarcaba los ocho cielos
salpicados del oro de los astros
y me envolvió, y a sí mismo, en ella.
Y como el entero firmamento
me abrazó...
...Y se adentró en mi vida,
y en aquella noche
la deshojó hasta la tersura del alba.
Con el tacto del más leve pétalo
se dobló su cabeza en mi cuello,
sus bucles negros
emitían un aroma de abismo.
domingo, 5 de mayo de 2013
Sus vidas desperdiciadas (por Charles Bukowski)
Siempre nos piden que entendamos
el punto de vista de los otros
sin importar si es anticuado,
necio,
nauseabundo.
A uno le piden
que entienda
amablemente
todos los errores de los otros,
sus vidas desperdiciadas,
sobre todo si son de edad longeva.
Pero su edad es lo único
en lo que nos fijamos.
Han envejecido mal
porque han vivido sin enfoque,
se han negado a ver.
¿Que no es culpa suya?
Se me pide que oculte
mi opinión ante ellos
por miedo a su miedo.
La edad no es un crimen
pero la vergüenza de una vida
deliberadamente desperdiciada
entre tantas vidas
deliberadamente desperdiciadas
sí lo es.
sábado, 4 de mayo de 2013
Tan sólo ese momento (por Francisco Brines)
¿Y qué es lo que quedó de aquel viejo verano
en las costas de Grecia?
¿Qué resta en mí del único verano de mi vida?
Si pudiera elegir de todo lo vivido
algún lugar, y el tiempo que lo ata,
su milagrosa compañía me arrastra allí,
en donde ser feliz era la natural razón de estar con vida.
Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia;
no queda ya el recuerdo de días sucesivos
en esta sucesión mediocre de los años.
Hoy vivo esta carencia,
y apuro del engaño algún rescate
que me permita aún mirar el mundo
con amor necesario;
y así saberme digno del sueño de la vida.
De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha,
saqueo avaramente
siempre una misma imagen:
sus cabellos movidos por el aire,
y la mirada fija dentro del mar.
Tan sólo ese momento indiferente.
Sellada en él, la vida.
viernes, 3 de mayo de 2013
Con quién habla (por Floridor Pérez)
He visto a un hombre arrodillarse sobre un prado.
Jardinero que riega una flor subterránea,
no lleva regadera ni agua le falta
como si fluyera de su propio ser.
Estoy cerca de él, pero él
está lejos de todos y de todo.
Y sin embargo habla ¿con quién habla
este hombre que no habla con nadie?
Habla con alguien que fue él
y ahora sólo es parte de él y de la tierra:
lo increpa, ruega, lo maldice,
le golpea la cabeza con un por qué:
¿por qué / por qué / por qué / por qué?
Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe
qué decirle a ese hombre que una tarde
-domingo en Concepción- riega su hija
en un parque, y le deja una flor
y un caballito blanco de juguete
para que vuelva a casa por la noche:
caballito blanco
llévame de aquí
llévame a la cuna
donde yo nací.
Y de noche la sueña: y en sueños se levanta
y la cubre, porque llueve en el sur
-ay, cómo llueve en su lecho de trébol-
y yo sueño con él, lo sueño niño
y en sueños se hace hombre
y se arrodilla sobre un prado,
se dobla como un herido a bala
pero no cae, se levanta
-con todo el peso del dolor se levanta-
y en sueños le pregunto ¿cómo? ¿cómo?
Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe.
Jardinero que riega una flor subterránea,
no lleva regadera ni agua le falta
como si fluyera de su propio ser.
Estoy cerca de él, pero él
está lejos de todos y de todo.
Y sin embargo habla ¿con quién habla
este hombre que no habla con nadie?
Habla con alguien que fue él
y ahora sólo es parte de él y de la tierra:
lo increpa, ruega, lo maldice,
le golpea la cabeza con un por qué:
¿por qué / por qué / por qué / por qué?
Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe
qué decirle a ese hombre que una tarde
-domingo en Concepción- riega su hija
en un parque, y le deja una flor
y un caballito blanco de juguete
para que vuelva a casa por la noche:
caballito blanco
llévame de aquí
llévame a la cuna
donde yo nací.
Y de noche la sueña: y en sueños se levanta
y la cubre, porque llueve en el sur
-ay, cómo llueve en su lecho de trébol-
y yo sueño con él, lo sueño niño
y en sueños se hace hombre
y se arrodilla sobre un prado,
se dobla como un herido a bala
pero no cae, se levanta
-con todo el peso del dolor se levanta-
y en sueños le pregunto ¿cómo? ¿cómo?
Y no sabe -ni yo- ni nadie sabe.
jueves, 2 de mayo de 2013
En dos (por Juan Ramón Jiménez)
¡Cómo, cantando, el pájaro,
en la cima de luz del chopo verde
al sol alegre de la tarde clara,
me parte el alma, a gusto, inmensamente en dos
-¡y qué sangre de música chorrea!-,
desde el cénit sin vuelta
a la tierra sin fondo!
miércoles, 1 de mayo de 2013
Malos (por Saiz de Marco)
Cuando eras niña tu lengua era sabia,
pero al crecer se fue deteriorando.
Vinieron "tramposo",
"especulador",
"déspota",
"xenófobo",
"esclavista"...
Vinieron voces oscurecedoras:
palabras torcidas, oblicuas, curvas.
Pero al principio sólo tenías "malo":
A la que hacía el mal la llamabas MALA.
Al que hacía sufrir le llamabas MALO.
Les llamabas por su nombre genuino:
su nombre de verdad,
su llano nombre.
Hablabas de ellos como debía ser.
pero al crecer se fue deteriorando.
Vinieron "tramposo",
"especulador",
"déspota",
"xenófobo",
"esclavista"...
Vinieron voces oscurecedoras:
palabras torcidas, oblicuas, curvas.
Pero al principio sólo tenías "malo":
A la que hacía el mal la llamabas MALA.
Al que hacía sufrir le llamabas MALO.
Les llamabas por su nombre genuino:
su nombre de verdad,
su llano nombre.
Hablabas de ellos como debía ser.
martes, 30 de abril de 2013
En ellas (por Maram Al-Masri)
desaparezco para ser
cada una de ellas
veo mi mirada en ésta
mi risa
en los labios de aquélla
mis lágrimas
asoman a sus ojos
y por sus cuerpos
circula mi alma
se parecen a mí y yo a ellas
en ellas me reconozco
en ellas
me completo
y me divido
lunes, 29 de abril de 2013
Otro silencio (por Octavio Paz)
Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
domingo, 28 de abril de 2013
No te abandonarán (por Joan Margarit)
No tires las cartas de Amor
ellas no te abandonarán
el tiempo pasará, se borrará el deseo
-esa flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo
caerán los años. Te cansarán los libros
descenderás aún más
e incluso, perderás la poesía.
El ruido frío de la ciudad en los vidrios
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.
sábado, 27 de abril de 2013
Miré hacia atrás (por Wislawa Szymborska)
Dicen que miró hacia atrás por curiosidad.
Pero yo podría haber tenido otras razones aparte de la curiosidad.
Miré hacia atrás por pena de una fuente de plata.
Por distracción mientras me ataba el cordón de mi sandalia.
Para evitar seguir mirando el justo cuello
de Lot, mi esposo.
Por una repentina certidumbre de que si yo hubiera muerto
él ni siquiera habría atenuado su marcha.
Por la desobediencia de los humildes.
Alerta a la persecución.
Repentinamente serena, esperanzada de que Dios hubiera cambiado de parecer.
Nuestras dos hijas ya estaban casi en la cima de la colina.
Sentí la ancianidad dentro de mí. Lejanía.
La futilidad de nuestro vagar. Somnolencia.
Miré hacia atrás mientras dejaba mi atado en el suelo.
Miré hacia atrás por miedo de dónde poner a continuación mi pie.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratas de campo y buitres jóvenes.
Entonces no había justos ni malvados -simplemente todas las criaturas vivientes
reptaban y saltaban en medio de un pánico común.
Miré hacia atrás por soledad.
Por vergüenza de que estaba huyendo.
Por un deseo de gritar, de volver.
Justo cuando una súbita ráfaga de viento
me deshizo el peinado y me levantó mis vestidos.
Tuve la impresión de que lo estaban viendo todo desde las murallas de Sodoma
y estallaban en risas sonoras de vez en cuando.
Miré hacia atrás por rabia
para gozar de su gran ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones que he mencionado.
Miré hacia atrás a pesar de mí misma.
Fue sólo una roca que se desprendió, resonando bajo los pies.
Una repentina grieta que cortó mi camino.
Al borde un hámster correteó parado en sus patas traseras.
Fue entonces que miramos los dos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
repté y gateé hacia arriba,
hasta que la oscuridad me aplastó desde el cielo,
y con ella, grava ardiente y pájaros muertos.
Por falta de aliento me balanceaba repetidamente.
Si alguien me hubiera visto podría haber pensado que estaba bailando.
No es descartable que mis ojos hayan estado abiertos.
Puede ser que cayera con mi cara vuelta hacia la ciudad.
viernes, 26 de abril de 2013
Las palabras borradas (por Francisco Brines)
En las horas de amortiguada luz, y música,
en las alegres noches de nuestra juventud,
velamos hasta que el alba llega,
y en el humo se quedan las palabras
que la sombra golpea,
las palabras borradas que fueron nuestra vida.
Hace tiempo que callo,
y son tristes las noches de nuestra juventud,
y el alba llega muerta.
Rodeado de frío vuelvo a la hostil ciudad,
y el clandestino amor me despide furtivo
desde las rotas sombras de los descampados,
y el día se alza lívido
como si sólo un muerto lo hubiese de habitar.
Con el recuerdo sólo de tu vida, porque fuiste mi vida,
qué abandonado estoy.
¿Y a quién le contaré lo que ahora siento?
jueves, 25 de abril de 2013
El más grande de todos los mundos (por Walt Whitman)
¿Quién va allí?
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¿quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?
Cuanto yo señale como mío,
debes tú señalarlo como tuyo,
porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es más que cieno y podredumbre,
no me puedo parar a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como me da la gana.
¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?
Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.
Soy fuerte y sano.
Por mí fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mí.
Y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.
Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy más orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)
Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el más grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tú llamas disolución
porque conozco la amplitud del tiempo.
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¿quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?
Cuanto yo señale como mío,
debes tú señalarlo como tuyo,
porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es más que cieno y podredumbre,
no me puedo parar a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como me da la gana.
¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?
Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.
Soy fuerte y sano.
Por mí fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mí.
Y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.
Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy más orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)
Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el más grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tú llamas disolución
porque conozco la amplitud del tiempo.
miércoles, 24 de abril de 2013
El puro no (por Oliverio Girondo)
El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan
noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unísolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no
martes, 23 de abril de 2013
Por eso no gritáis (por Pier Paolo Pasolini)
Si no se grita viva la libertad
humildemente
no se grita viva la libertad.
Si no se grita viva la libertad
riendo
no se grita viva la libertad.
Si no se grita viva la libertad
con amor
no se grita viva la libertad.
Vosotros, hijos de los hijos
gritáis con desprecio
con rabia, con odio
viva la libertad.
Por eso no gritáis
viva la libertad.
humildemente
no se grita viva la libertad.
Si no se grita viva la libertad
riendo
no se grita viva la libertad.
Si no se grita viva la libertad
con amor
no se grita viva la libertad.
Vosotros, hijos de los hijos
gritáis con desprecio
con rabia, con odio
viva la libertad.
Por eso no gritáis
viva la libertad.
lunes, 22 de abril de 2013
He aquí el camino (por Ko Un)
De ahora en adelante, esperanza.
Me falta el aliento,
de ahora en adelante, esperanza.
Si no hay camino
lo construyo mientras lo hago.
De ahora en adelante, historia.
Historia no como pasado,
sino como todo lo que es.
Del futuro, de sus peligros
en mi vida presente,
hasta lo desconocido que viene
y la oscuridad que viene.
Oscuridad
es solo ausencia de luz.
De ahora en adelante, esperanza.
El camino no existe.
Por esto lo construyo mientras lo hago.
He aquí el camino.
He aquí el camino,
y lleva siempre consigo, impecable,
numerosos mañanas.
Me falta el aliento,
de ahora en adelante, esperanza.
Si no hay camino
lo construyo mientras lo hago.
De ahora en adelante, historia.
Historia no como pasado,
sino como todo lo que es.
Del futuro, de sus peligros
en mi vida presente,
hasta lo desconocido que viene
y la oscuridad que viene.
Oscuridad
es solo ausencia de luz.
De ahora en adelante, esperanza.
El camino no existe.
Por esto lo construyo mientras lo hago.
He aquí el camino.
He aquí el camino,
y lleva siempre consigo, impecable,
numerosos mañanas.
domingo, 21 de abril de 2013
Casi juicio final (por Jorge Luis Borges)
Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: clara luna volvedora y las mejillas que apetece el amor.
He conmemorado con versos las ciudad que me ciñe y los arrabales que me desgarran.
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mis sueños he exaltado y cantado.
He sido y soy.
He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado en ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón.
Como el caballo muerto que la marea inflige en la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: clara luna volvedora y las mejillas que apetece el amor.
He conmemorado con versos las ciudad que me ciñe y los arrabales que me desgarran.
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mis sueños he exaltado y cantado.
He sido y soy.
He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado en ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón.
Como el caballo muerto que la marea inflige en la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si
esta gran luna de mi soledad me perdona?
sábado, 20 de abril de 2013
Incluso nuestros límites (por Adrienne Rich)
Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.
viernes, 19 de abril de 2013
Dueños por un instante (por Juan Ramón Jiménez)
El olor de una flor nos hace dueños
por un instante del destino;
el sol del cielo azul que, por la tarde,
la puerta que se entreabre deja entrar;
el presentir una alegría justa;
un pájaro que viene a la ventana;
un momento de algo inesperado...
No hay en la soledad y en el silencio
más que nosotros tres:
visita, hombre, misterio.
El tiempo y los recuerdos
no son nudos de atajos
sino de aire y luz. Andamos sonriendo
sobre el tranquilo mar.
La casa es dulce,
bellas sus vistas...
Y un instante
reinamos ¡pobres! sobre nuestra vida.
jueves, 18 de abril de 2013
Para abarcarlo (por Saiz de Marco)
Para ser consciente de que te tengo conmigo,
para de par en par felicitarme por ello,
para abarcarlo en su exacta grandeza,
para plenamente agradecerlo y valorarlo...,
necesito recordar cuando no te tenía,
necesito imaginar cuando no te tendré.
miércoles, 17 de abril de 2013
El don de la ternura (por Raymond Carver)
Tarde en la noche. Comenzó a nevar.
Los copos húmedos caían
más allá del cristal de las ventanas,
surcando el aire frío
ocultaban el resplandor de la ciudad.
Observamos un rato la tormenta
sorprendidos, felices, satisfechos
de estar allí y no en otro sitio.
Puse un leño en el hogar,
me pediste que regulara
el tiro de la chimenea.
Nos metimos en la cama.
Cerré mis ojos, de inmediato,
pero
por razones que desconozco
antes de dormirme
el aeropuerto de Buenos Aires
atravesó mi memoria.
Recordé esa tarde,
la temprana oscuridad, las sombras.
Reconstruí la escena:
regresé a ese paisaje desolado
donde flotaba un silencio sepulcral
interrumpido únicamente por el rugido
de las turbinas del avión que carreteaba
lentamente bajo una lluvia de granizo,
tan fino que lo confundimos con nieve.
En las ventanas de los edificios no había luz.
Un lugar realmente solitario.
Sólo pasillos abandonados, hangares vacíos.
No vimos a una sola persona.
"Es como si todo estuviera de luto",
fue tu comentario.
Abrí mis ojos.
El ritmo de tu respiración
me dijo que estabas profundamente dormida.
Te cubrí el cuerpo con uno de mis brazos.
Mis evocaciones
me trasladaron de la Argentina
a un departamento en el que pasé
un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
No nieva en esa ciudad,
pero el departamento disponía
de un amplio ventanal desde donde
podríamos haber mirado por horas
la autopista que rodea la bahía.
La heladera estaba al lado de la cama.
Las noches calurosas, sofocantes,
cuando me despertaba con la garganta seca
sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
y dejarme guiar por la luz interior
hasta el botellón con agua refrescante.
En el baño un pequeño calentador eléctrico
descansaba cerca del lavatorio.
Todas las mañanas mientras me afeitaba
calentaba agua en una vieja sartén,
el frasco de café instantáneo,
siempre a mano, en el botiquín.
Un mañana me senté en la cama
vestido, recién afeitado,
bebiendo sorbos de café caliente
intentando olvidar planes,
proyectos, todas esas cosas
que había decidido realizar.
Finalmente marqué el número
de Jim Houston que vive en Santa Cruz,
le pedí prestados 75 dólares.
Me contestó que estaba sin fondos.
Su mujer había viajado a México
por unos días y él ya no tenía dinero,
no llegaba a fin de mes.
"Está bien", le dije. "Te entiendo".
Y así era,
no necesité explicaciones.
Hablamos un poco más y cortamos.
Terminé el café cuando el avión
comenzaba a elevarse en mi recuerdo
y yo desde la ventanilla miraba
por última vez las luces de Buenos Aires.
Después cerré los ojos
iniciando el largo regreso.
Esta mañana hay nieve por todos lados.
Hablamos sobre la tormenta.
Me comentas que no dormiste bien.
Te digo que yo tampoco.
Tuviste una noche terrible. "Yo también".
Estamos tranquilos el uno con el otro,
nos asistimos tiernamente
como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
las mutuas inseguridades.
Creemos adivinar los sentimientos del otro,
no podemos, por supuesto, nunca podremos.
No tiene importancia.
En realidad es la ternura la que me interesa.
Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
esta mañana, igual que todas las mañanas.
martes, 16 de abril de 2013
Y al contrario (por Paul Valéry)
El más escéptico de todos
es el Tiempo,
que con los Noes hace Síes
y con el odio amor
y al contrario.
Y si el río no remonta a su fuente,
y si la manzana caída no salta
y se reúne a su rama
es porque te falta paciencia para creerlo.
lunes, 15 de abril de 2013
Lamento por la tórtola de Butch Butchanam (por Juan Gelman)
el pobre butch butchanam pasó sus últimos años
cuidando a una tórtola ciega y sin querer ver a nadie
en solidaridad con el pájaro al que amaba y cuidaba
y a veces aleteaba en su hombro dejando caer
un dulce sonido a naranjos azules girando por el cielo
a demonios de pie sobre un ratón
a monos de piedra sorprendidos en el acto de hacer
"oh tórtola" decía butch butchanam "amas la ceguera
y yo convertí mi corazón en ceguera
para que vueles alrededor de él y te quedes"
pero lo que debe desaparecer
todo lo que se masca come chupa bebe o saborea
venía con el crepúsculo y tristeza para butch
tristeza para butch
el cual:
soñaba con el desierto sembrado de calaveras de vaca
los castillos de arena instantánea o polvo rápidamente quieto en tierra
los oleajes (como de serpiente) del tiempo en Melody Spring
y los antepasados que ya no conocían la muerte ni el dolor de la muerte
y hablaban un idioma lento amarillo feliz
como un lazo de oro al cuello
noches y noches soñó butch butchanam
hasta que supo que iba a morir
enfiló su cama hacia el sur y se acostó de espaldas al cielo
y dejó escrito en la tórtola que lo enterraran de espaldas al cielo
y aquí yace de espaldas al cielo mirando todo lo que baja y sube
en Melody pueblo de miserables que:
degollaron la tórtola la asaron se la comieron
y comprobaron con cristiano horror
que los miraba desde el plato
con el recuerdo de sus ojos
domingo, 14 de abril de 2013
Quieren leerme (por Aazam Abidov)
Visto un traje
Largo
De la cabeza hasta los pies
Está hecho de letras árabes
De hilo hecho de algodón y piedra
El hilo es dorado
El algodón y la piedra tienen la forma
de letras árabes
La gente quiere leerme
Lo intentan.
Algunas veces son las letras de algodón
las que tocan sus ojos
Otras, son las de piedra
Ellos quieren leerme
Ellos quieren leer al que nunca supo leerse a sí mismo
sábado, 13 de abril de 2013
La sombra se amontona (por Luigi Martellini)
Es triste en verano
echar la mirada en la oscuridad
descubrir afectos escondidos en callejas antiguas.
También aquí el cielo nos mira,
es inútil
inventar esquemas cerrados
cuando se es viejo desde siempre.
La sombra se amontona
envuelve piedras relucientes y sucias
defiende a quien duerme.
(El sereno que llega,
levanta sospechoso la mirada
moviendo su gorra:
"Hace calor esta noche, señor"
"Sí, hace calor")
Que pase aquel tiempo
Es triste asomarse solo
y casi descubrirse feliz
en un día
en que no hay vida.
Es así.
viernes, 12 de abril de 2013
Abril que vuelves (por Juan Ramón Jiménez)
¡Abril!, solo, desnudo,
caballo blanco mío de mi dicha.
Llegó rompiendo, llenos de rocío,
los rosales; metiéndose, despedregando
los pesados torrentes; levantando,
ciclón de luz, los pájaros alegres.
Tu jadeo, tu espuma, tu sudor
me parece que vienen de otra vida...
¡Ven aquí, ven aquí, caballo mío;
abril, abril que vuelves,
caballo blanco
de mi amor perdido!
Mis ojos le acarician, apretándole,
la frente blanca cual la luna,
con su diamante negro de carbón.
Abril, abril, ¿y tu jinete bello?
¡Mi pobre amor, abril, mi pobre amor!
caballo blanco mío de mi dicha.
Llegó rompiendo, llenos de rocío,
los rosales; metiéndose, despedregando
los pesados torrentes; levantando,
ciclón de luz, los pájaros alegres.
Tu jadeo, tu espuma, tu sudor
me parece que vienen de otra vida...
¡Ven aquí, ven aquí, caballo mío;
abril, abril que vuelves,
caballo blanco
de mi amor perdido!
Mis ojos le acarician, apretándole,
la frente blanca cual la luna,
con su diamante negro de carbón.
Abril, abril, ¿y tu jinete bello?
¡Mi pobre amor, abril, mi pobre amor!
jueves, 11 de abril de 2013
Conversación con una piedra (por Wislawa Szymborska)
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.
-Vete -dice la piedra-.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.
-Soy de piedra –dice la piedra-
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.
-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.
Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.
-No entrarás –dice la piedra-.
Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.
-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,
acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
-No tengo puerta –dice la piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.
-Vete -dice la piedra-.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.
-Soy de piedra –dice la piedra-
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.
-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.
Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.
-No entrarás –dice la piedra-.
Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.
-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,
acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.
Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
-No tengo puerta –dice la piedra.
miércoles, 10 de abril de 2013
Cuando el amigo llega (por Ernesto Pentón)
Cuando el amigo viene y llega lentamente
y oímos el susurro de sus pasos de olas de mar,
avanzando, avanzando por los senderos del alma,
alguien que recorre el tiempo en un instante,
alguien que viene desde adentro con una flor en la mano.
Cuando el amigo avanza como un huracán de silencio,
cuando el amigo llega...
el corazón, en un temblor, se abre
y allí se sienta el hombre
y el amigo.
martes, 9 de abril de 2013
Una totalidad (por Wallace Stevens)
Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto
en el que descansamos y, casi por nada, pensamos
que el mundo imaginado es el bien esencial.
Ésta es, por tanto, la más intensa cita.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa:
Dentro de una sola cosa, una sola manta
que nos abriga bien, pues somos pobres, un calor,
una luz, un poder, la milagrosa influencia.
Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros.
Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
un conocer, lo que arregló la cita,
dentro de su vital circunscripción, en la mente.
Decimos: Dios y la imaginación son uno.
La candela más alta, que alta ilumina lo oscuro…
Y fuera de esta luz, de esta mente central,
hacemos nuestra casa en el aire nocturno,
donde estar los dos juntos es lo suficiente.
lunes, 8 de abril de 2013
Su canción (por Tolba Phanem)
Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada,
se interna en la selva con otras mujeres
y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño.
Saben que cada alma tiene su propia vibración
que expresa su particularidad, unicidad y propósito.
Las mujeres entonan esta canción y la cantan en voz alta.
Luego regresan a la tribu y se la enseñan a los demás.
Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le canta su canción.
Luego, cuando el niño comienza su educación,
el pueblo se junta y le canta su canción.
Cuando se inicia como adulto la gente se junta nuevamente y canta su canción.
Cuando llega el momento de su casamiento,
la persona escucha su canción.
Finalmente cuando el alma va a irse de este mundo,
la familia y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento,
le cantan su canción,
para acompañarlo en su transición.
En esta tribu de África hay otra ocasión en que los pobladores
cantan la canción.
Si en algún momento de su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante,
lo llevan al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor.
Entonces… le cantan su canción.
La tribu reconoce que la corrección de las conductas antisociales no es el castigo;
es el amor y el recuerdo de la propia identidad.
Cuando reconocemos nuestra propia canción
ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pueda dañar a otros.
Tus amigos reconocen tu canción
y la cantan cuando la olvidaste.
Aquellos que te aman no pueden ser engañados
por los errores que cometes ni por las oscuras imágenes que muestras a los demás.
Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo;
tu totalidad cuando estás quebrado;
tu inocencia cuando te sientes culpable;
y tu propósito cuando estás confundido.
domingo, 7 de abril de 2013
Rodó (por Luis Rogelio Nogueras)
Un botón
ha caído
de mi camisa
rodó
por el suelo
bajo el armario
Un obrero
ha caído
desde un andamio
rodó por
la calle
bajo los autos
todo
en
el
mismo
maldito
minuto
ha caído
de mi camisa
rodó
por el suelo
bajo el armario
Un obrero
ha caído
desde un andamio
rodó por
la calle
bajo los autos
todo
en
el
mismo
maldito
minuto
sábado, 6 de abril de 2013
Hay una pausa en la obra de la nada (por Julio Cortázar)
¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges, y arriba está la noche
llena de ojos.
Son los amantes, su isla flota a la deriva, hacia muertes de césped,
hacia puertos que se abren entre sábanas.
...Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada,
pero ellos ni siquiera saben que, mientras ruedan en su amarga arena,
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.
Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita y les impone los deberes cotidianos.
viernes, 5 de abril de 2013
Sólo nosotros (por Fernando Pessoa)
La abeja que, volando, zumba sobre
la colorida flor, y se posa, casi
sin diferencia de ella
a la vista de quien no discierne,
no cambió desde Cécrope. Sólo quien vive
una vida con un ser que se conoce
envejece, distinto
de la especie en que vive.
Ella es la misma que otra que no es ella.
Sólo nosotros — ¡oh tiempo, oh alma, oh vida, oh muerte! —
mortalmente compramos
tener más vida que la vida.
jueves, 4 de abril de 2013
Un mapa (por Adrienne Rich)
He aquí un mapa de nuestro país:
aquí está el Mar de la Indiferencia, barnizado de sal
Éste es el río maléfico que fluye de la frente a la ingle
agua que no nos atrevemos a probar
Éste es el desierto en el que se han plantado misiles como bulbos
Éste es el granero de las granjas hipotecadas
Éste es el lugar donde nació el chico rockero
Éste es el cementerio de los pobres
que murieron por la democracia Éste es el campo de batalla
de una guerra del siglo diecinueve el sepulcro es famoso:
Ésta es la ciudad marina de mito e historia cuando las flotas pesqueras se arruinaron
aquí es donde había trabajo en el muelle
congelando pescado en trozos paga por horas sin dividendos
Éstos son otros campos de batalla Centralia Detroit
aquí están los bosques primitivos los filones de cobre de plata
Éstos son los suburbios del consentimiento el silencio se eleva como el humo de las calles
Ésta es la capital del dinero y del dolor; sus pináculos
estallan en el aire caliente, sus puentes se desmoronan
sus hijos van a la deriva por ciegos callejones confinados
entre alambres de espinas enrollados
Prometí mostrarte un mapa y dices pero esto es un mural
entonces bien, déjalo estar son pequeñas diferencias
la cuestión es desde dónde lo miramos
miércoles, 3 de abril de 2013
El centinela (por Jorge Luis Borges)
Entra la luz y me recuerdo; ahí está.
Empieza por decirme su nombre, que es (ya se entiende) el mío.
Vuelvo a la esclavitud que ha durado más de siete veces diez años.
Me impone su memoria.
Me impone las miserias de cada día, la condición humana.
Soy su viejo enfermero; me obliga a que le lave los pies.
Me acecha en los espejos, en la caoba, en los cristales de las tiendas.
Una u otra mujer lo ha rechazado y debo compartir su congoja.
Me dicta ahora este poema, que no me gusta.
Me exige el nebuloso aprendizaje del terco anglosajón.
Me ha convertido al culto idolátrico de militares muertos, con los que acaso no podría cambiar una sola palabra.
En el último tramo de la escalera siento que está a mi lado.
Está en mis pasos, en mi voz.
Minuciosamente lo odio.
Advierto con fruición que casi no ve.
Estoy en una celda circular y el infinito muro se estrecha.
Ninguno de los dos engaña al otro, pero los dos mentimos.
Nos conocemos demasiado, inseparable hermano.
Bebes el agua de mi copa y devoras mi pan.
La puerta del suicida está abierta, pero los teólogos afirman
que en la sombra ulterior del otro reino estaré yo, esperándome.
Empieza por decirme su nombre, que es (ya se entiende) el mío.
Vuelvo a la esclavitud que ha durado más de siete veces diez años.
Me impone su memoria.
Me impone las miserias de cada día, la condición humana.
Soy su viejo enfermero; me obliga a que le lave los pies.
Me acecha en los espejos, en la caoba, en los cristales de las tiendas.
Una u otra mujer lo ha rechazado y debo compartir su congoja.
Me dicta ahora este poema, que no me gusta.
Me exige el nebuloso aprendizaje del terco anglosajón.
Me ha convertido al culto idolátrico de militares muertos, con los que acaso no podría cambiar una sola palabra.
En el último tramo de la escalera siento que está a mi lado.
Está en mis pasos, en mi voz.
Minuciosamente lo odio.
Advierto con fruición que casi no ve.
Estoy en una celda circular y el infinito muro se estrecha.
Ninguno de los dos engaña al otro, pero los dos mentimos.
Nos conocemos demasiado, inseparable hermano.
Bebes el agua de mi copa y devoras mi pan.
La puerta del suicida está abierta, pero los teólogos afirman
que en la sombra ulterior del otro reino estaré yo, esperándome.
martes, 2 de abril de 2013
Hasta encontrarnos (por Juan Ramón Jiménez)
Yo, centro de mi mundo inmenso.
Tú, de tu inmenso mundo
centro.
¡Qué inmenso penetrarse
de tantas cosas dobles y distintas
hasta encontrarnos ambos, como uno,
en medio de los dos!
lunes, 1 de abril de 2013
Ser un instante (por Rafael Guillén)
La certidumbre llega como un deslumbramiento.
Se existe por instantes de luz. O de tiniebla.
Lo demás son las horas, los telones de fondo,
el gris para el contraste. Lo demás es la nada.
Es un momento. El cuerpo se deshabita y deja
de ser la transparencia con que se ve a sí mismo.
Se incorpora a las cosas; se hace materia ajena
y podemos sentirlo desde un lugar remoto.
Yo recuerdo un instante en que París caía
sobre mí con el peso de una estrella apagada.
Recuerdo aquella lluvia total. París es triste.
Todo lo bello es triste mientras exista el tiempo.
Vivir es detenerse con el pie levantado,
es perder un peldaño, es ganar un segundo.
Cuando se mira un río pasar, no se ve el agua.
Vivir es ver el agua; detener su relieve.
Mi vagar se acodaba sobre el pretil de hierro
del Pont des Arts. De súbito, centelleó la vida.
Sobre el Sena llovía y el agua, acribillada,
se hizo piedra, ceniza de endurecida lava.
Nada altera su orden. Es tan sólo un latido
del ser que, por sorpresa, llega a ser perceptible.
Y se siente por dentro lo compacto del hierro,
y somos la mirada misma que nos traspasa.
La lucidez elige momentos imprevistos.
Como cuando en la sala de proyección, un fallo
interrumpe la acción, deja una foto fija.
Al pronto el ritmo sigue. Y sigue el hundimiento.
La pesada silueta del Louvre no se cuadraba
en el espacio. Estaba instalada en alguna
parte de mí, era un trozo de esa total conciencia
que hendía con su rayo la certeza absoluta.
Ser un instante. Verse inmerso entre otras cosas
que son. Después no hay nada. Después el universo
prosigue en el vacío su muerte giratoria.
Pero por un momento se detiene, viviendo.
Recuerdo que llovía sobre París. Los árboles
también eran eternos a la orilla. Al segundo,
las aguas reanudaron su curso y yo, de nuevo,
las miraba sin verlas, perderse bajo el puente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Ver una entrada al azar