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sábado, 18 de junio de 2011

Pero no apaga los ojos (por Marcel Proust)

Todo lo borra el tiempo como las olas borran
los trabajos infantiles sobre la arena llana.
Habremos de olvidar estas palabras tan precisas, tan vagas,
tras las que cada uno siente el infinito.
Todo lo borra todo el tiempo pero no apaga los ojos,
sean de ópalo, de estrella o de agua clara;
bellos como en el cielo o en un lapidario
arderán para nosotros con fuego alegre o triste.
Unos, joyas robadas de su vivo joyero,
lanzarán a mi corazón sus duros reflejos de piedra
igual que un día en que engastados, sellados en el párpado,
brillaban con fulgor precioso y frustrante.
Otros, dulces fuegos robados también por Prometeo,
chispa de amor que brillaba en sus ojos
y que para nuestro amado tormento hemos llevado,
claridades demasiado puras o joyas demasiado preciosas.
Constelad por siempre el cielo de mi memoria,
inextinguibles ojos de aquellas que amé.
Soñad como los muertos, fulgid como aureolas.
Como una noche de mayo brillará mi corazón.
Borra el olvido como una bruma los rostros,
los gestos adorados en otro tiempo a lo divino,
por quienes estuvimos locos, por quienes fuimos sensatos,
fascinación del error y símbolos de fe.
Todo lo borra el tiempo, la intimidad de las noches,
mis dos manos en su cuello como la nieve virgen,
sus miradas que acarician como un arpegio mis nervios
mientras sobre nosotros la primavera agita sus incensarios.
Otros, sin embargo, los ojos de una mujer alegre,
así como las penas eran vastos y negros.
Espanto de las noches, misterio de las tardes,
entre esas mágicas cejas estaba toda su alma
y su corazón era vano como una mirada alegre.
Otros, como el mar tan cambiante y tan dulce,
nos extraviaban hacia el alma hundida en sus ojos
como en esas tardes marinas a que nos empuja lo ignorado.
Sobre tus claras aguas navegábamos, mar de los ojos,
henchía el deseo nuestras velas remendadas
y olvidando las tempestades pasadas, partíamos
sobre las miradas para descubrir las almas.
Tantas miradas diversas, tan parejas las almas,
qué decepción para nosotros, viejos prisioneros de los ojos.
Habríamos debido quedarnos a dormir bajo la pérgola,
pero os habríais ido igual de haberlo sabido todo.
Para tener en el corazón estos ojos prometedores
como un mar de atardecer que sueña con el sol
habéis realizado gestas inútiles.
Para alcanzar el país soñado que, bermejo,
gemía de éxtasis más allá de las verdaderas aguas
bajo el arca sagrada de una nube que creíamos profética.
Pero es dulce tener estas heridas para un sueño
y vuestro recuerdo fulge como una fiesta.

6 comentarios:

Mar de los Sargazos dijo...

¿Y los ojos de R.? ¿Dónde habrán ido a mirar aquellos sus ojos tan poco misericordiosos?
Hace tanto de la última vez que me miró...
Había concursado por "Los ojos más bellos de Valencia", apenas pasada la adolescencia. Le dieron el segundo premio. Vive dios que lo merecía.
La conocí en el esplendor de la carne y fue la nuestra una trabazón incandescente, un rapto de los sentidos, cada día una gloriosa zozobra.
Y todo acabó de la manera más lacerante: la estación de ferrocarril, la esperanza de que apareciese en el andén en el último minuto para decirle un adiós agónico, el pitido de la locomotora que devuelve a la cruel realidad, la partida...
Luego, unas cartas cargadas de reproches. Se fueron dulcificando con el tiempo. Pero un día volvió a brotar en una la despechada decepción, el hiriente desdén (cuán fingido era...). Y aconteció lo irreparable. Nunca volví a saber de ella.
Pasaron muchos años. Cambió casi todo.
No hay día en que su recuerdo, dulcificado por el tiempo, no me acaricie la frente.

Emilia dijo...

M de los S, casi todos tenemos vivencias parecidas ("Cuando el amor se acaba, ¿sabes tú adónde va?). Sí, ¿quién no se reconoce en estos versos de Proust: "Constelad por siempre el cielo de mi memoria,
inextinguibles ojos de aquéllas [o aquéllos] que amé".

Cide Hamete Benengeli dijo...

Cada vez que considero
que me tengo que morir
tiendo una manta en el suelo
y me jarto de dormir.

TóTUM REVOLúTUM dijo...


Quien tiene ideología, ya no necesita tener ideas.

casa de citas dijo...


La humanidad ha cambiado mucho menos entre el siglo V a. de C. y 1850, que entre 1850 y hoy.

(JULIÁN MARÍAS)

hAiKu dijo...


Mi gata duerme
su quinta siesta de hoy.
Yo la primera.

(CUQUI COVALEDA)