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lunes, 6 de junio de 2011

Toco tu boca (por Julio Cortázar)

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué grandes sois los que hacéis esto. Es que no falláis ni un tiro.

zUmO dE pOeSíA dijo...

Bueno, Anónimo, el símil del tiro no nos va mucho, ya que aquí todos somos pacifistas, pero nos alegra que te guste nuestra pequeña selección o antojolía (que no antología) poética. Saludos.

casa de citas dijo...

El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, siempre que te guste vivir dentro de una institución.

(GROUCHO)

tERESA pANZA dijo...

De esta vida sacarás lo que disfrutes y ná más.

casa de citas dijo...



¡ Cómo crece la necesidad con la abundancia !

(FERNANDO DE ROJAS)

hAiKu dijo...

Recuerdos llenos
de carcoma, de herrumbre,
de telarañas.

(RAFAEL BALDAYA)

ORáKULO dijo...

La solemnidad es el disfraz favorito de la nadería.

hAiKu dijo...


Mi viejo barrio.
Todo se ha renovado
excepto yo.

(SUSANA BENET)

Cide Hamete Benengeli dijo...


Madrugaba el conde Olinos
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe
canta un hermoso cantar;
las aves que iban volando
se paraban a escuchar:

-Bebe, mi caballo, bebe,
Dios te me libre del mal:
de los vientos de la tierra
y de las furias del mar.

De altas torres del palacio,
la reina le oyó cantar:
-Mira, hija, cómo canta
la sirena de la mar.

-No es la sirenita, madre,
que ésa tiene otro cantar;
es la voz del conde Olinos
que por mis amores va.

-Si es la voz del conde Olinos,
yo le mandaré matar,
que para casar contigo,
le falta sangre real.

Guardias mandaba la reina
al conde Olinos buscar:
que le maten a lanzadas
y echen su cuerpo a la mar.

La infantina, con gran pena,
no paraba de llorar;
él murió a la medianoche
y ella a los gallos cantar.