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viernes, 1 de julio de 2011

Ahora que te has ido (por Raymond Carver)

Ahora que te has ido durante cinco días,
fumaré todos los cigarrillos que quiera y
donde quiera. Haré bollos y me los comeré
con mermelada y tocino. Haré el vago. Seré
indulgente conmigo mismo. Pasearé por la playa solo
si me apetece. Y me apetece, a solas y pensando en mis años de juventud.

En las personas que entonces me amaron más allá de la razón.
Y en cómo yo las amé a ellas sobre todas las demás.
Excepto de una. ¡Estoy diciendo que haré todo
lo que quiera mientras estás fuera!
Pero hay una cosa que no haré.
No dormiré en nuestra cama sin ti.
No. No tengo ganas.
Dormiré ahí donde suelto una blasfemia si me apetece,
ahí donde duermo cuando estás fuera
y no puedo abrazarte como lo hago.
En el sofá roto de mi estudio.

6 comentarios:

F., que se apena por los suyos dijo...

Hay que ver cómo tiranizan algunas mujeres al infeliz que tienen en casa...
Cinco días sin la parienta y montan un aquelarre, una orgía (sin titis), un festín de Baltasar.
Pero, ¡ah!, miran el tálamo vacío, el ring de los cuerpo a cuerpo y se les pianta un lagrimón.
Y, alicaídos, fuman en un rincón contando los minutos que faltan para el regreso de la dama del cuero, el látigo y la mordaza.
El sexo débil, sí...

PD.- Emilia termino de leer este finde "La embriaguez de los sentidos", de Zweig. Mola.

Sigue siendo feliz, darling.

Emilia dijo...

Lo que pasa, amigo F, es que no valoramos lo que tenemos (sea la parienta, el pariente o cualquier otro accidente) más que cuando nos falta. Aunque sea durante un tiempo corto. Basta que se vaya la luz cinco minutos para que nos demos cuenta de hasta qué punto es importante. No te digo nada si quien huye es el agua corriente. Una amiga mía estuvo un tiempo con un brazo inmovilizado y no podía manejar las tijeras, cortar el filete, abrocharse los botones... Y eso mismo pasa con las personas: que nunca sabemos lo importante que son para nosotros hasta que nos faltan. Aquí el amigo Raymond no quería dormir en la cama sin su amada para no sentir su vacío, su hueco, su im-presencia. Bueno, eso es lo que me dice a mí el poema, pero, claro, a cada cual le puede decir/evocar/sugerir una cosa distinta.

Amigo F, ese título de "la embriaguez de los sentidos" no me suena. Creo que lo que yo leí de S. Zweig es "La embriaguez de la metamorfosis", pero a lo mejor es un problema de traducción. Indagarélo.

Que pases un felicísimo fin de semana, dando rienda suelta a tus instintos más primarios y primitivos. Pórtate mal (y me invitas).

Ciao.

F. dijo...

Sasto, Emily, es "La embriaguez de la metamorfosis". ¿En dónde tendría yo la cabeza? Será lo que insinúas tú, que los finde nos dislocan, nos vuelven sensualotes y hace que cometamos lapsus freudianos.

PD.- No te parezca mal, Emily, pero mi bañera da para tres personas (lo habitual) y, como no sé de tu índice de masa corporal ni de la elasticidad de tus articulaciones (cosa fundamental), no me atrevo a invitarte.
Beso.

Emily dijo...

Pues F., ni mu gorda ni mu dergá: así así. Güeno, que me voy de finde a las Alpujarras pa no pasar caló. Dejo entradas programadas y no vuelvo/regreso/retorno hasta el lunes. Sé feliz a más no poder, sé rabiosamente dichoso, desmelénate y, entre desvarío carnal y desvarío carnal, repón fuerzas con Stefan Zweig.

casa de citas dijo...

La verdadera causa de problemas en el mundo es que los estúpidos están seguros de sí mismos, mientras que los inteligentes están llenos de dudas.

(BERTRAND RUSSELL)

Aldonza Lorenzo dijo...

No te rebajes tanto que el culo muestres.