jueves, 28 de febrero de 2013
Sobre la muerte sin exagerar (por Wislawa Szymborska)
No sabe encajar una broma,
no sabe de estrellas, de puentes,
de tejidos, de minas, de labranza,
de construir barcos, ni de pastelería.
Hablamos sobre el día de mañana
y dice su última palabra
sin venir nunca al caso.
Ni siquiera sabe hacer
las funciones propias de su oficio:
ni cavar fosas,
ni clavar ataúdes,
ni limpiar los despojos que su paso deja.
Ajetreada con tanto matar,
lo hace de cualquier modo,
sin método ni destreza.
Como si se estrenara con cada uno de nosotros.
De acuerdo, tiene éxitos
pero, ¡cuántos fracasos,
cuántos golpes fallidos
e intentonas estériles!
A veces faltan fuerzas
para fulminar a una mosca al vuelo.
Y más de una oruga la deja atrás
al arrastrarse en la carrera a más velocidad.
Todos esos tubérculos, vainas,
antenas, aletas y branquias,
plumajes nupciales y pelambres de invierno
demuestran serios retrasos
en su penosa labor.
La mala voluntad no basta,
y nuestra ayuda a base de guerras y revueltas
no le resulta por ahora suficiente.
En los huevos laten corazones.
Crecen los esqueletos de los recién nacidos.
Las semillas se visten con sus primeras hojas
y a veces también con árboles en el horizonte.
Quien afirma que es todopoderosa
es, él mismo, prueba viviente
de que, de todopoderosa, nada.
No existe vida,
que, aun por un instante,
no sea inmortal.
La muerte
siempre llega con ese instante de retraso.
En vano golpea la aldaba
en la puerta invisible.
Lo ya vivido
no se lo puede llevar.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Sonetos teológicos (por Agustín García Calvo)
I
Enorgullécete de tu fracaso,
que sugiere lo limpio de la empresa:
luz que medra en la sombra, más espesa
hace la sombra y más durable acaso.
No quiso Dios que dieras ese paso,
y ya del solo intento bien le pesa;
que tropezaras y cayeras, ésa
es justicia de Dios: no le hagas caso.
¿Por lo que triunfo y lo que logro, ciego,
me nombras y me amas?: yo me niego,
y en ese espejo no me reconozco.
Yo soy el acto de quebrar la esencia:
yo soy el que no soy. Yo no conozco
más modo de virtud que la impotencia.
II
Pero no cejes; porque no se sabe
cuándo pierde el amor, dónde la tierra
volteando camina, ni qué encierra
mensaje del que nadie tiene clave.
Pues el Libro Mayor (y eso es lo grave)
del Debe y el Haber nunca se cierra,
y acaso acierte el que con tino yerra;
ni es nada el mundo hasta que el mundo acabe.
Si te dicen que Dios es infinito,
di que entonces no es; y si finito,
que lo demuestre pues, y que concluya.
Pero no hay Dios ni hay Ley que a contradanza
no se pueda bailar. Tu muerte es tuya.
Tu no saber es toda tu esperanza.
no se pueda bailar. Tu muerte es tuya.
Tu no saber es toda tu esperanza.
martes, 26 de febrero de 2013
No eras (por Teresa Rita)
eras mentira en tu ataúd
Apenas te toqué las manos
vi que no eras tú aquella
Tu cadáver era un extraño
vestido con tu ropa
fingiendo
que eras tú
Lo maldije
como a un impostor.
lunes, 25 de febrero de 2013
El fluir de mi sangre (por Norma Jean Baker [Marilyn Monroe])
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Solo se escucha
el fluir de mi sangre
como un río que anhela
un lago tranquilo
en que perderse para siempre.
domingo, 24 de febrero de 2013
Los días (por Philip Larkin)
Los días son donde vivimos.
Vienen, nos despiertan
una y otra vez.
Son para que estemos felices en ellos:
¿Dónde podríamos vivir sino en los días?
Ah, contestar esa pregunta
hace que vengan el cura y el doctor
con sus abrigos largos
corriendo por los campos.
sábado, 23 de febrero de 2013
Con mi fusil descargado (por Giorgio Caproni)
Hace frío en la historia.
Me gustaría largarme. Adonde,
también yo, con mi fusil descargado,
pueda gritar: "¡Viktoria!"
viernes, 22 de febrero de 2013
Pero deja tu recuerdo (por Federico García Lorca)
No te lleves tu recuerdo.
Déjalo solo en mi pecho.
Temblor de blanco cerezo
en el martirio de enero.
Me separa de los muertos
un muro de malos sueños.
Doy pena de lirio fresco
para un corazón de yeso.
Toda la noche en el huerto
mis ojos, como dos perros.
Toda la noche, corriendo
los membrillos de veneno.
Algunas veces el viento
es un tulipán de miedo.
Es un tulipán enfermo,
la madrugada de invierno.
Un muro de malos sueños
me separa de los muertos.
La niebla cubre en silencio
el valle gris de tu cuerpo.
Por el arco del encuentro
la cicuta está creciendo.
Pero deja tu recuerdo,
déjalo solo en mi pecho.
jueves, 21 de febrero de 2013
El plano se duplica (por Alejandro Céspedes)
¿dónde estás tú? ¿qué decisión te elige?
el papel sólo puede crear iguales pero hay cosas
que ocurren más allá del envés
de estas mismas palabras crece la división
el plano se duplica con la simplicidad y la complicidad
de tus dos ojos
escenografía vida que se parece a la vida irrealidad
símbolo y certidumbre
se aparearán en este mismo espacio y cuando ocurran
simultáneamente será posible habitar en las palabras
en la figuración de lo real somos inconstatables
a veces lo que no es y lo que es decide confundirse
nos confunde
pero tampoco en la confusión habrá cobijo
volando
un cisne resbala sobre el hielo y en su reflejo cree estar
volando
el papel sólo puede crear iguales pero hay cosas
que ocurren más allá del envés
de estas mismas palabras crece la división
el plano se duplica con la simplicidad y la complicidad
de tus dos ojos
escenografía vida que se parece a la vida irrealidad
símbolo y certidumbre
se aparearán en este mismo espacio y cuando ocurran
simultáneamente será posible habitar en las palabras
en la figuración de lo real somos inconstatables
a veces lo que no es y lo que es decide confundirse
nos confunde
pero tampoco en la confusión habrá cobijo
volando
un cisne resbala sobre el hielo y en su reflejo cree estar
volando
miércoles, 20 de febrero de 2013
Ahí está el odio (por Enriqueta Arvelo)
No quiero mirar hacia ese sitio;
ahí está el odio.
Tiene los ojos curtidos
de mal fuego.
Lo esquivo.
No quiero saber siquiera
cómo hace sus incendios.
No quiero ver su factoría.
Le rehúyo abiertamente.
Y yo no soy su blanco.
ahí está el odio.
Tiene los ojos curtidos
de mal fuego.
Lo esquivo.
No quiero saber siquiera
cómo hace sus incendios.
No quiero ver su factoría.
Le rehúyo abiertamente.
Y yo no soy su blanco.
martes, 19 de febrero de 2013
Lo nuestro era el silencio (por Cristian Antüllangka)
El sol cae sobre el chuponal
El viento sur llega a los huesos
Los caballos que pastaban quietos
se asustan
corren
En el mar el marullage ha florecido
Recuerdo cuando en la orilla
los perros y yo te esperábamos
Cuando llegabas a puerto
ellos saltaban sobre ti
te lamían la cara
tú reías
Yo los envidiaba
Pero no te culpo
lo nuestro era el silencio
Para mí tú eras la lanza que descansaba
en un lugar preciso de la casa
Ahora que no estás escribo
para que el silencio venga,
como cuando de la mar llegabas
El viento sur llega a los huesos
Los caballos que pastaban quietos
se asustan
corren
En el mar el marullage ha florecido
Recuerdo cuando en la orilla
los perros y yo te esperábamos
Cuando llegabas a puerto
ellos saltaban sobre ti
te lamían la cara
tú reías
Yo los envidiaba
Pero no te culpo
lo nuestro era el silencio
Para mí tú eras la lanza que descansaba
en un lugar preciso de la casa
Ahora que no estás escribo
para que el silencio venga,
como cuando de la mar llegabas
lunes, 18 de febrero de 2013
Tus pies tocan los míos (por Octavio Paz)
Tus cabellos se pierden en el bosque,
tus pies tocan los míos.
Dormida eres más grande que la noche
pero tu sueño cabe en este cuarto.
Cuánto somos qué poco somos!
Afuera pasa un taxi
con su carga de espectros.
El río que se va
siempre
está de regreso.
¿Mañana será otro día?
domingo, 17 de febrero de 2013
Lluvia de medianoche (por Edward Thomas)
Lluvia, lluvia de medianoche, sólo la lluvia salvaje
sobre esta barraca gris, y soledad, y yo
recordando de nuevo que al final moriré
y no podré oír la lluvia ni ofrecer mi gratitud
por su forma de lavarme, dejándome lo más limpio
que he estado desde que nací a esta soledad.
Benditos son los muertos sobre los que llueve la lluvia:
pero ahora rezo para que ninguno de los que amé
se esté muriendo esta noche o yazga aún despierto
y en soledad, escuchando la lluvia,
sufriendo o sintiendo así una compasión
impotente entre los vivos y los muertos,
como agua fría entre juncos quebrados,
incontables juncos quebrados, altos y tiesos,
que, como yo, no poseen un amor que esta lluvia salvaje
no haya disuelto salvo el amor por la muerte,
si acaso es amor hacia aquello que es perfecto y
no puede, me cuentan las tempestades, decepcionar.
sábado, 16 de febrero de 2013
Un día giratorio (por Carina Sedevich)
Suena una alarma.
El calor, la ausencia, una rama de sauce:
¿qué hace que la alarma suene?
El perro del vecino llora.
Es la mañana de una nochebuena.
Un día giratorio,
más que otros.
Cegador como una vuelta al mundo.
Si fueras a perdonarme
escribiría una carta, hijo,
de despedida.
Te diría que no encuentro la belleza
más.
Que me sequé.
Quisiera
rodearte de piel embarazada
para siempre.
Que te quedes así, en la tibieza.
Que tu vuelo
sea el vuelo del que nunca va a perder.
Hijo, si pudiera,
te dejaría el álbum grande de la vida
completo, con todas las figuritas,
sobre todo las difíciles.
Hijo, si pudiera,
repartiría mi cuerpo por tajadas,
lo dejaría guardado en la heladera.
Hijo, si pudiera,
dejaría la palabra exacta
blanda y blanca como un cirio
cada noche en tu mesita.
Suena una alarma.
Pero no pasa nada.
Porque estas cosas no se anuncian.
viernes, 15 de febrero de 2013
Bóveda tras bóveda (por Thomas Tranströmer)
En el interior de la enorme iglesia románica se apretujaban
los turistas en la penumbra.
Bóveda tras bóveda y sin visión global.
Flameaban las llamas de algunas velas.
Un ángel sin rostro me abrazó,
y me susurró por todo el cuerpo:
"No te avergüences de ser persona. ¡Enorgullécete!
En tu interior se abre bóveda tras bóveda sin fin.
Nunca habrás terminado, y es lo que debe ser".
Las lágrimas me cegaban
y alguien me sacó a la plaza ardiente de sol
junto con Mr y Mrs Jones, el señor Tanaka y la signora Sabatini,
y en el interior de todos ellos se abría bóveda tras bóveda sin fin.
los turistas en la penumbra.
Bóveda tras bóveda y sin visión global.
Flameaban las llamas de algunas velas.
Un ángel sin rostro me abrazó,
y me susurró por todo el cuerpo:
"No te avergüences de ser persona. ¡Enorgullécete!
En tu interior se abre bóveda tras bóveda sin fin.
Nunca habrás terminado, y es lo que debe ser".
Las lágrimas me cegaban
y alguien me sacó a la plaza ardiente de sol
junto con Mr y Mrs Jones, el señor Tanaka y la signora Sabatini,
y en el interior de todos ellos se abría bóveda tras bóveda sin fin.
jueves, 14 de febrero de 2013
Laurel de espuma sobre mi cuerpo (por Lorena Estrada)
Salitre ultimísimo,
hoy que es mi lámpara
quien marca la hora en este cuarto gris y ciego,
el siguiente viento
que necesito es el de tu abrazo.
Tu abrazo más allá de la carne y la arteria,
un abrazo que no se apague con el día.
Suspiro del polvo que fue estrella
y Teshcal, eterno hueso del fuego que somos.
Un abrazo con la calentura de una lluvia.
Fuerte huracán de ramas de bronce.
Rosa del sismo, laurel de espuma sobre mi cuerpo.
Hogar, como sombra hecha de mis propios brazos.
Tu abrazo de color de primera tarde y primer beso.
Catedral de pájaros,
patria de tu nombre y el mío,
tu abrazo de ancho mar
y de minúscula lágrima.
Tu abrazo…
sin más palabras que tus brazos alrededor de nuestro sueño
es lo que necesito
en este cuarto gris y ciego.
miércoles, 13 de febrero de 2013
He saltado fuera de mi piel (por Wislawa Szymborska)
Perdí unas pocas diosas camino del sur al norte,
también muchos dioses camino de este a oeste.
Un par de estrellas se apagaron para siempre, ábrete, oh cielo.
Una isla, otra se me perdió en el mar.
Ni siquiera sé dónde dejé mis garras,
quién anda con mi piel, quién habita mi caparazón.
Mis parientes se extinguieron cuando repté a tierra,
y sólo algún pequeño hueso dentro de mí celebra el aniversario.
He saltado fuera de mi piel, desparramado vértebras y piernas,
dejado mis sentidos muchas, muchas veces.
Hace tiempo que he guiñado mi tercer ojo a eso,
chasqueado mis aletas, encogido mis ramas.
Está perdido, se ha ido, está esparcido a los cuatro vientos.
Me sorprendo de qué poco queda de mí:
un ser individual, por el momento del género humano,
que ayer simplemente perdió un paraguas en un tranvía.
martes, 12 de febrero de 2013
En este instante (por Antonio Ferres)
está deshaciéndose la nieve
en el tejado de este año
está tan tibio el sol
en este instante
que vienen conmigo hombres
como recién resucitados
y mujeres con sudarios blancos.
En este instante
canta un gorrión en el tejado
y está deshaciéndose la nieve
mientras la tierra brilla como fuego
en este instante
mientras hay caminos
con hombres iguales que nosotros
y ciudades donde aún no he nacido.
lunes, 11 de febrero de 2013
Porque podía escribirse (por Saiz de Marco)
Me acuso
de haber escrito aquello que se podía escribir:
aquello que podía meterse en el lenguaje,
aquello que podía ponerse por escrito.
Me acuso porque
¿qué importancia tiene, qué valor añade
escribir lo escribible?
Si lo escribí fue
porque podía escribirse.
Así pues, hacerlo no aportó nada.
Nada hizo aflorar,
nada alumbró.
Sólo si hubiera escrito algo inescribible
-algo intrasladable,
algo inconvertible en texto, en palabras;
algo irreductible,
algo incapturable en letras y signos-…,
estaría justificado haberlo escrito.
Así pues, me acuso
de escribir tan sólo versos escribibles.
Y no sólo de eso, sino de
creer que escribirlos serviría de algo
y –qué perversión, qué atrocidad-
pretender ¡incluso! que otros los leyeran.
domingo, 10 de febrero de 2013
No conozco la impermanencia (por Gregory Corso)
Te digo a ti
morir, creer que vas a morir
es una horrible
triste creencia
Las personas no son de fiar
y tus padres tu sacerdote tu gurú son personas
y son ellos los que te dicen que debes morir
creerles a ellos es morir
Porque ves a otro morir
crees que tienes que morir
sin embargo sólo conocerás la muerte de otro
nunca la tuya propia
incluso en tu lecho canceroso
nunca sabrás que te despiertas muerto
El cuerpo es simplemente una etapa
nacemos de nosotros mismos
del encarnado amanecer
a la noche desencarnada
al amanecer reencarnado
una continua conexión
cuyo hilo conductor es el espíritu
nuevamente te digo
no conozco la impermanencia
estoy con la permanencia
y desprecio la muerte
sólo tengo sentimientos por los vivos
no tengo sentimientos por los muertos
Te dicen que tienes que morir para llegar al cielo
manda a la mierda a esos engreídos poco creíbles
que con su fe fraudulenta
matan a millones de eternas inteligencias
Les digo a ustedes. Los muertos: no van a ningún lado
sólo si están vivos podrán llegar aquí, allá, a cualquier lado
El espíritu es más sabio que el cuerpo
Creer que la vida muere con el cuerpo
es estar enfermo del espíritu
El gran peligro es
pensar con el cuerpo que el espíritu es cosa efímera
La víctima de cáncer de espíritu saludable
no es una cosa terminal
y el cuerpo saludable frágil de espíritu
sí lo es
Como los peces son aguas animalizadas
nosotros somos espíritus humanizados
los peces van y vienen los humanos también
la muerte de los peces
no es la muerte de las aguas
la muerte de tu cuerpo
no es la muerte de la vida
Así es
cuando digo que nunca conoceré mi muerte, creo en ello,
conmigo el espíritu emergió con su rostro humano
logré salir de la vida vivo
Y no permitas que un cuerpo en una tumba
en cuya lápida podrás leer el nombre de Gregory Corso
te haga gracia, tiente a esa risa tuya “Ja, ja”
“Él decía que nunca moriría,
mira, el imbécil fue enterrado bien muerto”
Sólo tienes que saber que habrá un cielo
sobre esa tumba ahí
y transportará el tamaño de mi espíritu a todas partes
y esto es una mera suposición
porque quizá nunca verás esa tumba
seguramente yo nunca la veré
Así de este modo como los peces son al agua
así soy yo respecto de la tierra, el fuego, el aire
y así seré hasta tanto todos estos elementos
no estén más allí
Habré muerto en realidad
hasta entonces todavía seré
como ahora, como mañana
como ayer;
adiós, que tengan una buena vida
recuerden
que las personas
las más de las veces
no son confiables,
y son ellas, las que te dicen que tienes que morir;
te estaré viendo en mis ecos
la próxima vez
sábado, 9 de febrero de 2013
Lo que somos (por Óscar Hahn)
Se desvía el curso de la vida
tuerce su rumbo y se va por el camino equivocado
Entra por una puerta que no estaba en sus planes
y no vuelve a salir
Allá adentro
la cercan alambradas murallas
fosos de agua
Entonces la vida marca el paso
desfila en círculos
como los presos en el patio de una cárcel
o sobrevive a ciegas
como el condenado a muerte
que conoce la pena
pero ignora el día de su ejecución
La vida que está afuera
la vida de los otros no cuenta para el muerto
Lo único que cuenta
es la vida que uno lleva adentro
y si se va la vida
uno se va con ella tomado de su mano
que ya no existe
Se fue
se acabó
desapareció
Y por más que los vivos nos recuerden
por más que pongan flores en nuestra tumba
no cambia nada
porque nadie está hecho
de la materia del recuerdo
Los héroes famosos
cuyas estatuas pueblan la ciudad
no están menos muertos
que los huesos que yacen
en la tumba del soldado desconocido
Y es eso lo que somos: soldados desconocidos
o conocidos (da lo mismo)
que día a día pierden la batalla
pero también la guerra
La memoria es un atributo de los vivos
Los muertos no recuerdan nada
Estar muerto es no tener pasado
ni presente ni futuro
Y todo lo que se dice de los muertos
lo decimos nosotros
expertos en vivencias que nunca hemos tenido
¿Alguien sabe lo que piensa el agua
la tierra el aire el fuego?
La muerte es el quinto elemento.
viernes, 8 de febrero de 2013
Amanecer (por Jorge Luis Borges)
En la honda noche universal
que apenas contradicen los faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
los arrabales desmantelados del mundo.
Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen.
Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río,
la doctrina anterior
asumió otra forma en el alba
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi razón
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa Buenos Aires
no es más que un sueño
que erigen en compartida magia las almas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
y es el instante estremecido del alba,
cuando son pocos los que sueñan el mundo
y sólo algunos trasnochadores conservan,
cenicienta y apenas bosquejada,
la imagen de las calles
que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo su obra!
Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.
jueves, 7 de febrero de 2013
Curriculum vitae (por Justo Navarro)
Acabé los estudios con facilidad y honor.
Empecé a trabajar sin la mediación de mi padre.
Fui a Londres y volví. Encontré a mi padre
más callado que nunca, más
enmudecido y más mutante,
avergonzado
de envejecer, de haber envejecido.
Esperaba en la puerta
del Hotel Alhambra: le había
caído encima una sombra, igual que cambia
la luz de un día espléndido por un
movimiento invisible de una nube
casi invisible, aunque la nube
desaparece y vuelve el esplendor, y la sombra
de encima de mi padre no se iba.
-No queda en ti nada de ti -me dijo.
miércoles, 6 de febrero de 2013
En algún sitio (por Carina Sedevich)
Yo sé que en algún lado nuestro amor existe
como existen los esteros y los ríos.
Ajeno a nosotros como si fuera un hijo.
Un hijo que se fue.
Y lo pensamos.
En algún lado, le damos nuestro cuerpo.
Le damos todavía nuestros gestos.
Nos preguntamos.
En nuestra memoria es tan distinto
como cada día que tuvimos.
Hasta podemos saborear su sangre
como después de un puñetazo.
Porque hoy nuestro amor no nos asiste.
Aunque esté erigido en algún sitio
o fluya sobre un cauce
o se haga brasa.
martes, 5 de febrero de 2013
Un zumbido de fondo (por Roberto Juarroz)
Un zumbido de fondo
acusa la presencia de las cosas.
Necesitamos la palabra y el viento
para poder soportarlo.
Un zumbido de fondo
denuncia la ausencia de las cosas.
Necesitamos inventar otra memoria
para no enloquecer.
Un zumbido de fondo
anuncia que no hay nada
que no pueda existir.
Necesitamos un silencio doblado de silencio
para aceptar que todo existe.
Un zumbido de fondo
subraya el frío de la muerte.
Necesitamos la suma de todos los cantos
y el resumen de todos los amores
para poder aplacar ese zumbido.
O una tarde cualquiera,
sin más condición que su abertura,
vendrá un pájaro a posarse en el aire
como si el aire fuera otra rama.
Y entonces cesarán todos los zumbidos.
lunes, 4 de febrero de 2013
Hacia la puerta que nunca abrimos (por T. S. Eliot)
Tiempo presente y tiempo pasado
están ambos quizá presentes en el tiempo futuro,
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente,
todo tiempo es irredimible.
Lo que podía haber sido es una abstracción
y permanece como posibilidad perpetua
sólo en un mundo de especulación.
Lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.
Las pisadas resuenan en la memoria
bajando el pasillo que no tomamos
hacia la puerta que nunca abrimos
a la rosaleda. Mis palabras resuenan
así en tu mente,
pero con qué propósito,
removiendo el polvo en un cuenco de pétalos de rosa.
No lo sé.
Otros ecos
habitan el jardín. ¿Los seguimos?
Rápido, dijo el pájaro, encuéntralos, encuéntralos,
al doblar la esquina. Por la primera puerta,
entrando en nuestro primer mundo, ¿Seguimos
el engaño del tordo? En nuestro primer mundo.
Ahí estaban, solemnes, invisibles,
moviéndose sin presión, sobre las hojas muertas,
en el calor del otoño, a través del aire vibrante,
y el pájaro llamó, en respuesta a
la música no oída oculta en los arbustos,
y la mirada no vista lanzada, pues las rosas
tenían el aspecto de flores que son miradas.
Ahí estaban como nuestros invitados, aceptados y aceptando.
Así que avanzamos, y ellos, en formación,
por el paseo vacío, hacia el círculo de boj,
para mirar dentro del estanque drenado.
Seco el estanque, hormigón seco, de borde ocre,
y el estanque se llenó con agua de luz solar,
y el loto se elevó, quietamente, quietamente,
la superficie brilló desde el corazón de la luz,
y estaban tras nosotros, reflejados en el estanque.
Entonces pasó una nube, y el estanque estaba vacío.
Marchaos, dijo el pájaro, pues el estanque estaba lleno de niños,
escondidos, nerviosos, conteniendo la risa.
Id, id, id, dijo el pájaro, la especie humana
no puede soportar mucha realidad.
Tiempo pasado y tiempo futuro,
lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.
están ambos quizá presentes en el tiempo futuro,
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente,
todo tiempo es irredimible.
Lo que podía haber sido es una abstracción
y permanece como posibilidad perpetua
sólo en un mundo de especulación.
Lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.
Las pisadas resuenan en la memoria
bajando el pasillo que no tomamos
hacia la puerta que nunca abrimos
a la rosaleda. Mis palabras resuenan
así en tu mente,
pero con qué propósito,
removiendo el polvo en un cuenco de pétalos de rosa.
No lo sé.
Otros ecos
habitan el jardín. ¿Los seguimos?
Rápido, dijo el pájaro, encuéntralos, encuéntralos,
al doblar la esquina. Por la primera puerta,
entrando en nuestro primer mundo, ¿Seguimos
el engaño del tordo? En nuestro primer mundo.
Ahí estaban, solemnes, invisibles,
moviéndose sin presión, sobre las hojas muertas,
en el calor del otoño, a través del aire vibrante,
y el pájaro llamó, en respuesta a
la música no oída oculta en los arbustos,
y la mirada no vista lanzada, pues las rosas
tenían el aspecto de flores que son miradas.
Ahí estaban como nuestros invitados, aceptados y aceptando.
Así que avanzamos, y ellos, en formación,
por el paseo vacío, hacia el círculo de boj,
para mirar dentro del estanque drenado.
Seco el estanque, hormigón seco, de borde ocre,
y el estanque se llenó con agua de luz solar,
y el loto se elevó, quietamente, quietamente,
la superficie brilló desde el corazón de la luz,
y estaban tras nosotros, reflejados en el estanque.
Entonces pasó una nube, y el estanque estaba vacío.
Marchaos, dijo el pájaro, pues el estanque estaba lleno de niños,
escondidos, nerviosos, conteniendo la risa.
Id, id, id, dijo el pájaro, la especie humana
no puede soportar mucha realidad.
Tiempo pasado y tiempo futuro,
lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.
domingo, 3 de febrero de 2013
Perseguidores del perseguidor (por Pere Gimferrer)
Todo poema tiene un tema sólo:
cómo dice otra cosa la palabra.
Ciego y sereno vive el gavilán
en la tiniebla de palabras últimas.
Yo pisaba estas calles en los años
en que mi juventud fue loba muerta,
pero eran irreales, no trazadas
todavía, o trazadas e insepultas.
Me miraban con ojos de pintura
o de fotografía incandescente
aquellas calles hoy borrosas, claras,
al mismo tiempo nítidas y angostas:
están en el pasado y hoy las cruzo,
voy en pos de mí mismo ensabanándome.
Todo es un pacto de irrealidad:
la serenata del rosal del tiempo.
Al doblar esta esquina, me veré desdoblado
como en el almacén La Rinascente
una tarde en Turín hecha de yeso
en la grisalla oscura de los pórticos.
(Recordé entonces que era carnaval,
al ver luces en nieve de febrero.)
Perseguidores del perseguidor,
nos acechamos porche a porche, esquina
a esquina, zigzagueo de mercurio
que escapa entre las manos, edad mía.
Como gárgola en piazza Solferino,
me mira mi carátula de ayer.
Haber llegado al cabo de la calle:
la luna pudo detenerse al fin.
Un mosaico de voces el poema:
son todos los poemas una voz
que murmura palabras maquilladas,
el rímmel descorrido y afónica la luz,
el oleaje que, al venir, se va.
La predela de Urbino es la palabra
clausuradora de Paolo Uccello:
sombras de azogue, luz endemoniada
en el bozal del aire que llamea.
Pero no es muralla la predela;
la palabra absoluta de la alhaja,
el encerado de la claridad.
sábado, 2 de febrero de 2013
Hubo algo perdido y encontrado (por Wislawa Szymborska)
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto por la mitad.
viernes, 1 de febrero de 2013
Matrimonio (por Gregory Corso)
¿Tendría que casarme? ¿Tendría que ser Bueno?
¿Sorprender a la chica de al lado con mi traje de terciopelo y mi capucha de Fausto?
No llevarla al cine sino al cementerio
hablarle de los baños de inmersión del hombre lobo y de clarinetes bifurcados
después desearla y besarla y todos los preliminares
y ella sin querer ir tan lejos y yo entendiendo por qué
diciéndole sin enojarme ¡Tienes que sentir! ¡Sentir es hermoso!
y en vez de eso tomarla en mis brazos y recostarla en una lápida vieja y torcida
y enamorarla toda la noche con las constelaciones del cielo
Cuando me presentara a los padres
enderezando la espalda
y por fin con el pelo bien peinado, estrangulado por una corbata,
me sentaría con las rodillas juntas en su sofá de tercer grado
y no preguntaría ¿Dónde está el baño?
De qué otro modo sentirme distinto del que soy,
casi siempre pensando en el jabón de Flash Gordon
Oh qué terrible debe ser para un hombre joven
sentarse delante de una familia que piensa
¡Nunca lo vimos! ¡Quiere a nuestra Mary Lou!
Después del té y las tortitas caseras preguntarían ¿Qué haces para vivir?
¿Tendría que decirles? ¿Les caería bien?
Dirían Está bien cásense, perdemos una hija
pero ganamos un hijo
¿Y entonces podría preguntar dónde está el baño?
¡Oh Dios, y la boda! Todos los familiares y amigos de ella
y nada más que un puñado de los míos desgreñados y barbudos
esperando para lanzarse sobre los tragos y la comida
¡Y el cura! Mirándome como si me masturbara
preguntando ¿Quiere a esta mujer como legítima esposa?
Y qué diría yo, temblando, diría ¡“Sin Hielo”!
Besaría a la novia con todos los cornudos palmeándome la espalda
¡Es toda tuya, chico! ¡je-je-je!
Y en sus ojos se vería pasar una luna de miel obscena
Después todo ese absurdo del arroz y latas ruidosas y zapatos
¡Las Cataratas del Niágara! ¡Hordas de nosotros!¡Maridos!¡Esposas!¡Flores!¡Bombones!
Todos entrando en tropel en hoteles acogedores
Todos yendo a hacer lo mismo esta noche
El conserje indiferente sabiendo lo que va a pasar
Los zombies del vestíbulo sabiéndolo
El que silba en el ascensor sabiéndolo
El botones que me guiña un ojo sabiéndolo
¡Todos sabiéndolo! ¡Casi estaría tentado de no hacer nada!
¡Me quedaría levantado toda la noche!¡Miraría a los ojos a ese conserje!
Gritándole: ¡Me niego a la luna de miel! ¡Me niego a la luna de miel!
corriendo desaforado entre las suites climatizadas
gritando ¡Panza de radio! ¡Pala de gato!
¡O me quedaría a vivir en Niágara para siempre! en una cueva oscura frente a las cataratas
Me sentaría ahí como el Mielero Loco urdiendo formas de romper matrimonios, un flagelo de bigamia un santo del divorcio
Pero tendría que casarme tendría que ser bueno
Qué lindo sería llegar a casa a ella
y sentarme junto al hogar y ella en la cocina
joven y preciosa con su delantal queriendo tener a mi bebé
y tan feliz conmigo que se le quemaría el asado
y vendría a mí llorando y yo me levantaría de mi sillón grande de papá
diciendo ¡Diente navideño! ¡Cerebros radiantes! ¡Manzana sorda!
¡Por Dios qué esposo sería! Sí, ¡tendría que casarme!
¡Hay tanto por hacer! como meterme en la casa del Sr. Jones tarde a la noche
y tapar sus palos de golf con libros noruegos de 1920
como colgar de la podadora un cuadro de Rimbaud
como pegar estampillas de Tannu Tuva en la cerca
cuando viniera la sra. Kindhead a recolectar para el Community Chest
agarrarla y decirle ¡Hay presagios desfavorables en el cielo!
y cuando el Intendente viniera a ganarse mi voto decirle
¡Cuándo va a parar la matanza de ballenas!
Y cuando viniera el lechero dejarle una nota en la botella
Polvo de pingüino, déjeme polvo de pingüino, quiero polvo de pingüino
Aunque me casara y viviera en Connecticut y nevara
y ella tuviese un bebé y yo estuviera insomne, agotado,
sin dormir durante noches, con la cabeza contra una ventana inmóvil, con el pasado detrás,
en la más común de las situaciones un hombre que tiembla
absorbido por las responsabilidades nada de ramita ni sopa de moneda romana
¡Oh lo que sería!
Seguro que le daría un Tácito de goma como chupete
como sonajero una bolsa de discos rotos de Bach
le clavaría De la Francescas con tachuelas por toda la cuna
le cosería el alfabeto griego en el babero
y le construiría un Partenón sin techo como corralito
No, dudo que yo fuera esa clase de padre
nada de campo, nada de nieve ni de ventana inmóvil
sino la ciudad de Nueva York caliente y olorosa
siete pisos por escalera, con cucarachas y ratas en las paredes
una esposa gorda y Reichiana gritándome sobre las patatas ¡Consigue un trabajo!
Y cinco mocosos con la nariz chorreando enamorados de Batman
Y los vecinos sin dientes y con el pelo electrizado
como esas multitudes de brujas del siglo 18
todos queriendo entrar a ver la tele
Y el dueño que quiere el alquiler
Supermercado Cruz Roja Gas & los Caballeros Eléctricos de Columbus
Imposible acostarse y soñar que nieva el Teléfono, estacionamiento fantasma
¡No! ¡No tendría que casarme y no me casaría jamás!
Pero me imagino si me casara con una mujer hermosa y sofisticada
alta y pálida que usara un vestido negro muy elegante y guantes largos negros
con una boquilla en una mano y un vaso de whisky en la otra
y viviéramos en un ático con una ventana enorme
desde la que pudiéramos ver toda Nueva York y todavía más lejos en días despejados
No no me puedo imaginar casado con ese sueño de preso
Ah pero ¿qué hay del amor? Me olvido del amor
no es que yo sea incapaz de amar
es solamente que veo al amor tan raro como andar con zapatos
Nunca quise casarme con una chica que fuese como mi madre
Ingrid Bergman siempre fue imposible
Y ahora debe haber alguna chica pero ya estará casada
Y los hombres no me gustan y
¡pero tiene que haber alguien!
Porque qué pasa si llego a los 60 y no estoy casado,
solo en una pensión con manchas de meado en los calzoncillos
¡y todos los demás están casados! ¡Todos en el universo casados menos yo!
Ah, sé muy bien que si hubiera una mujer posible como yo soy posible
el matrimonio sería posible
Como Ella en su lujo exótico y solitario esperando a su amante egipcio
así espero privado de 2000 años y del baño de la vida.
y por fin con el pelo bien peinado, estrangulado por una corbata,
me sentaría con las rodillas juntas en su sofá de tercer grado
y no preguntaría ¿Dónde está el baño?
De qué otro modo sentirme distinto del que soy,
casi siempre pensando en el jabón de Flash Gordon
Oh qué terrible debe ser para un hombre joven
sentarse delante de una familia que piensa
¡Nunca lo vimos! ¡Quiere a nuestra Mary Lou!
Después del té y las tortitas caseras preguntarían ¿Qué haces para vivir?
¿Tendría que decirles? ¿Les caería bien?
Dirían Está bien cásense, perdemos una hija
pero ganamos un hijo
¿Y entonces podría preguntar dónde está el baño?
¡Oh Dios, y la boda! Todos los familiares y amigos de ella
y nada más que un puñado de los míos desgreñados y barbudos
esperando para lanzarse sobre los tragos y la comida
¡Y el cura! Mirándome como si me masturbara
preguntando ¿Quiere a esta mujer como legítima esposa?
Y qué diría yo, temblando, diría ¡“Sin Hielo”!
Besaría a la novia con todos los cornudos palmeándome la espalda
¡Es toda tuya, chico! ¡je-je-je!
Y en sus ojos se vería pasar una luna de miel obscena
Después todo ese absurdo del arroz y latas ruidosas y zapatos
¡Las Cataratas del Niágara! ¡Hordas de nosotros!¡Maridos!¡Esposas!¡Flores!¡Bombones!
Todos entrando en tropel en hoteles acogedores
Todos yendo a hacer lo mismo esta noche
El conserje indiferente sabiendo lo que va a pasar
Los zombies del vestíbulo sabiéndolo
El que silba en el ascensor sabiéndolo
El botones que me guiña un ojo sabiéndolo
¡Todos sabiéndolo! ¡Casi estaría tentado de no hacer nada!
¡Me quedaría levantado toda la noche!¡Miraría a los ojos a ese conserje!
Gritándole: ¡Me niego a la luna de miel! ¡Me niego a la luna de miel!
corriendo desaforado entre las suites climatizadas
gritando ¡Panza de radio! ¡Pala de gato!
¡O me quedaría a vivir en Niágara para siempre! en una cueva oscura frente a las cataratas
Me sentaría ahí como el Mielero Loco urdiendo formas de romper matrimonios, un flagelo de bigamia un santo del divorcio
Pero tendría que casarme tendría que ser bueno
Qué lindo sería llegar a casa a ella
y sentarme junto al hogar y ella en la cocina
joven y preciosa con su delantal queriendo tener a mi bebé
y tan feliz conmigo que se le quemaría el asado
y vendría a mí llorando y yo me levantaría de mi sillón grande de papá
diciendo ¡Diente navideño! ¡Cerebros radiantes! ¡Manzana sorda!
¡Por Dios qué esposo sería! Sí, ¡tendría que casarme!
¡Hay tanto por hacer! como meterme en la casa del Sr. Jones tarde a la noche
y tapar sus palos de golf con libros noruegos de 1920
como colgar de la podadora un cuadro de Rimbaud
como pegar estampillas de Tannu Tuva en la cerca
cuando viniera la sra. Kindhead a recolectar para el Community Chest
agarrarla y decirle ¡Hay presagios desfavorables en el cielo!
y cuando el Intendente viniera a ganarse mi voto decirle
¡Cuándo va a parar la matanza de ballenas!
Y cuando viniera el lechero dejarle una nota en la botella
Polvo de pingüino, déjeme polvo de pingüino, quiero polvo de pingüino
Aunque me casara y viviera en Connecticut y nevara
y ella tuviese un bebé y yo estuviera insomne, agotado,
sin dormir durante noches, con la cabeza contra una ventana inmóvil, con el pasado detrás,
en la más común de las situaciones un hombre que tiembla
absorbido por las responsabilidades nada de ramita ni sopa de moneda romana
¡Oh lo que sería!
Seguro que le daría un Tácito de goma como chupete
como sonajero una bolsa de discos rotos de Bach
le clavaría De la Francescas con tachuelas por toda la cuna
le cosería el alfabeto griego en el babero
y le construiría un Partenón sin techo como corralito
No, dudo que yo fuera esa clase de padre
nada de campo, nada de nieve ni de ventana inmóvil
sino la ciudad de Nueva York caliente y olorosa
siete pisos por escalera, con cucarachas y ratas en las paredes
una esposa gorda y Reichiana gritándome sobre las patatas ¡Consigue un trabajo!
Y cinco mocosos con la nariz chorreando enamorados de Batman
Y los vecinos sin dientes y con el pelo electrizado
como esas multitudes de brujas del siglo 18
todos queriendo entrar a ver la tele
Y el dueño que quiere el alquiler
Supermercado Cruz Roja Gas & los Caballeros Eléctricos de Columbus
Imposible acostarse y soñar que nieva el Teléfono, estacionamiento fantasma
¡No! ¡No tendría que casarme y no me casaría jamás!
Pero me imagino si me casara con una mujer hermosa y sofisticada
alta y pálida que usara un vestido negro muy elegante y guantes largos negros
con una boquilla en una mano y un vaso de whisky en la otra
y viviéramos en un ático con una ventana enorme
desde la que pudiéramos ver toda Nueva York y todavía más lejos en días despejados
No no me puedo imaginar casado con ese sueño de preso
Ah pero ¿qué hay del amor? Me olvido del amor
no es que yo sea incapaz de amar
es solamente que veo al amor tan raro como andar con zapatos
Nunca quise casarme con una chica que fuese como mi madre
Ingrid Bergman siempre fue imposible
Y ahora debe haber alguna chica pero ya estará casada
Y los hombres no me gustan y
¡pero tiene que haber alguien!
Porque qué pasa si llego a los 60 y no estoy casado,
solo en una pensión con manchas de meado en los calzoncillos
¡y todos los demás están casados! ¡Todos en el universo casados menos yo!
Ah, sé muy bien que si hubiera una mujer posible como yo soy posible
el matrimonio sería posible
Como Ella en su lujo exótico y solitario esperando a su amante egipcio
así espero privado de 2000 años y del baño de la vida.
jueves, 31 de enero de 2013
Sigamos siendo noche (por Manuel Altolaguirre)
Si para ti fui sombra
cuando cubrí tu cuerpo,
si cuando te besaba
mis ojos eran ciegos,
sigamos siendo noche,
como la noche inmensos,
con nuestro amor oscuro,
sin límites, eterno...
Porque a la luz del día
nuestro amor es pequeño.
miércoles, 30 de enero de 2013
Por un solo resplandor (por Marcin Świetlicki)
Me despierto por el insomnio, espero una tormenta.
¡Dios, por favor, una tormenta! ¡Que resalte todas
las siluetas! ¡Que resplandezca,
aunque luego se haga la negrura, muera!
¡Por un solo resplandor,
Dios, por favor, una tormenta, por una sola explosión!
He sido paciente, he soportado muchas
sofocantes y turbias horas.
Un solo segundo limpio, por favor.
martes, 29 de enero de 2013
En algún lugar (por William Faulkner)
En algún lugar resplandecerá una luna sin encontrarme,
luego se apagarán los jardines sin viento del azul;
en algún lugar un dolor fresco y perdido (pero mejor así
que olvidado hace ya tiempo en la fértil desolación).
En algún lugar una dulce boca recordada que besar...
Silencio, tonto; estate quieto que no es para ti.
lunes, 28 de enero de 2013
Cruz de destinos (por Tomás Díaz Barlett)
Tú que llevas las manos empapadas de ausencia
y los labios de olvido,
con los párpados duros bajo un peso de estrellas,
la garganta sin ecos
y los pasos profundos sollozando silencio;
con las formas diluidas
y las voces vaciadas en secretos de seda,
no te das ya palpable,
modelada en ti misma
con la piel de luceros protegiendo la forma
y una alondra de luces en la firme promesa.
Tú que llevas las manos de ausencia.
Yo que llevo la sombra de las noches heridas,
las heridas en sombras,
la conciencia obstinada sobre el yunque del hielo
y el enorme vacío,
el enorme vacío de tu nombre ya suelto.
¡Oh qué cruz de destinos!
Tú que llevas las manos empapadas de ausencia,
yo que llevo las sombras de los cuervos agónicos
sobre hielos nocturnos.
domingo, 27 de enero de 2013
Tú eres la luz no interrogada (por Yannis Ritsos)
¿Dónde andabas, niña mía, antes de venir?
Donde se funde el amor de la madre
con el amor del padre,
donde se funde el amor de los hombres
es tu patria.
Pero... ¿dónde andabas tú, niña mía, antes de venir?
Traes el rocío del cielo en tu frente
y los reflejos del mar en tus ojos.
Estuviste caminando abajo abajo entre las algas,
anduviste paseando arriba arriba entres las nubes.
Peces y estrellas, semillas y aves
confiaron su secreto a tu silencio.
No vas a repetirlo.
Guardas el secreto entre tus ojos.
Mañana o tal vez después lo buscarás para vivir.
Atravesaste por el misterio del mundo
y llegaste aquí para encontrarlo,
nombrarlo,
cambiarlo.
¿Cómo vas a encontrarlo?
¿Cómo vas a cambiarlo?
Un poco en la sombra,
otro poco en la luz,
oculto siempre en el silencio.
Haz, niña, del silencio voz
y de la voz canción.
En una de tus manitas el antes
y en la otra el después
y en nuestros desvelos el ahora.
Frente al silencio profundo,
frente a la sombra profunda,
tú eres la luz no interrogada
y la duda azul.
Mira cerca, mira lejos.
Eres sonrisa nueva
y hondo trozo de inmortalidad.
Contigo comienzo todo de nuevo, niña mía,
la luz, la sombra y el silencio.
Sopla en nuestros cabellos la eternidad
y en nuestro corazón se arrebolan los frutos.
Las patas de mi silla
echaron hojas,
el respaldo de mi silla
floreció.
Una nueva estrella,
estrella azul.
¿Adónde nos llama?
¿Todavía está lejos nuestra casa?
¿Está en el ayer o en el mañana?
¿Está en ninguna parte nuestra casa?
Ah, niña mía, nuestra casa
no es la casa en que vivimos
sino la que construimos.
Camina, mi niña.
Es largo,
largo,
largo el camino.
El camino es nuestra casa.
Camina, mi niña.
sábado, 26 de enero de 2013
Quiero decir adiós (por Octavio Paz)
Es en la madrugada.
Quiero decir adiós a este pequeño mundo,
único mundo verdadero.
Adiós a este penoso abrir los ojos
del día que se levanta:
embozado en su capa, el sueño huye
del lugar de su crimen,
y el alma es una plaza abandonada.
Adiós a la silla
donde colgué mi traje cada noche,
ahorcado cotidiano;
y al sillón, roca de mi insomnio,
peña que no abrió el rayo
ni la sed agrietó.
Adiós al espejo verídico
donde dejé mi máscara
por descender al fondo del sinfín
(y nunca descendía:
¿no tienes fondo, sólo superficie?).
Adiós al poco cielo de la ventana
donde, a veces, las rosas se asomaban
y ángeles extraviados una mañana penetraron.
Adiós al alba, deshielo silencioso de la noche,
y a la niebla que sube a ciegas la colina,
manso rebaño que se desvanece.
Al vestido de copos, al ciruelo,
decirle adiós, y a ese pájaro
que es un poco de brisa en una rama.
Con palabras pequeñas y puras
decirle adiós al río:
“Tus aguas siempre fueron para mí las mismas aguas.”
Quisiera decirte adiós, besar tu falda,
niña, mujer, fantasma de la orilla;
decirte siempre adiós
como el río se lo dice a la ribera,
en una interminable despedida.
Madre, quisiera decirte adiós
y que soplaran en mi espíritu tus labios:
“Esos delirios eran mariposas.”
Quisiera decir adiós a esas presencias,
memorias de mañana,
nombres que tengo aquí encerrados, en el pecho;
mas tengo miedo que despierten y me digan adiós.
viernes, 25 de enero de 2013
Tenía nueve años y era pecador (por Valeriu Stancu)
I
en el pueblo en el que ni siquiera he podido gozar de mi infancia
los abuelos se juntan bajo cruces de plata
tenía nueve años
cuando me confesé
por última vez
y estaba podrido de pecados
y se llenó de vergüenza todo mi ser
tenía nueve años, una manzana
y una prima errante
tenía nueve años y deseaba tanto
una guitarra
y un silbato de hueso
tenía nueve años y era pecador
en el pueblo limoso, miedoso, aterrador
en aquel pueblo era un proscrito
en el pueblo del Sena limoso, París
II
se ahorcan los abuelos con cuerdas de plata
en el pueblo en el que ni siquiera he podido gozar de mi infancia
tenía nueve años
y era pecador
ya se había podrido la manzana
de marfil,
de oro,
de hueso
desde hace tiempo se había ahorcado mi abuelo
me había dejado a mí en el tumulto de la vida
la noche como un pájaro ciego
la espero para que me absorba
la noche de la cuerda de plata escucho
como pasa por mí
un pedazo de cuerda con cadena
podrido ya desde hace tiempo
un pedazo hostil, oculto
en el pueblo en el que ya me hice adulto
en el pueblo en el que no he podido gozar de mi infancia
vienen los sabios, nos llaman, nos mienten
en aquel tiempo no sabía que sería un renegado
en el pueblo del Sena limoso, París
III
en el pueblo en el que mienten las sendas
los abuelos se emborrachan en cálices de plata
tenía nueve años me importaba un bledo la vida
y se asombraba el cura
de mis desmesurados pecados
dinamitando los altares de todas las iglesias
en la noche pecadora
escucho
el alboroto de la cuerda
cómo pasa por mí
un trocito hostil
oculto
un trocito es maldición y el otro es abismo
en el pueblo del Sena limoso, París
jueves, 24 de enero de 2013
Préstamos (por Mª Rosaria Valentini)
Me quedo
con el corazón en el pecho
y las uñas en las manos
me quedo
con tu voz
en mi silencio
con tu risa
en mi llanto
con tu paz
en mi tumulto
con tu valor
en mi miedo
con tu alegría
en mi tristeza
con tu hambre
en mi saciedad
con tu descaro
en mi timidez
con tu vigor en mi fragilidad
con tus ojos en los míos
con mi alma
mendiga
en la tuya.
miércoles, 23 de enero de 2013
Como si pudiéramos permanecer (por Paul Auster)
Porque lo que sucede jamás sucederá,
y porque lo que ha sucedido
vuelve sin fin a suceder,
somos tal como fuimos, todo
ha cambiado en nosotros. Si hablamos
del mundo es sólo
para dejar desdicho
al mundo. Primer invierno: manzanas amarillas
aún por caer
de un árbol desnudo, las pisadas
de ciervos invisibles
en la primera nieve, y más tarde la nieve
que no cesa. No nos arrepentimos
de nada. Como si pudiéramos permanecer
en esta luz. Como si pudiéramos permanecer en el silencio
de este único instante
de luz.
y porque lo que ha sucedido
vuelve sin fin a suceder,
somos tal como fuimos, todo
ha cambiado en nosotros. Si hablamos
del mundo es sólo
para dejar desdicho
al mundo. Primer invierno: manzanas amarillas
aún por caer
de un árbol desnudo, las pisadas
de ciervos invisibles
en la primera nieve, y más tarde la nieve
que no cesa. No nos arrepentimos
de nada. Como si pudiéramos permanecer
en esta luz. Como si pudiéramos permanecer en el silencio
de este único instante
de luz.
martes, 22 de enero de 2013
Sólo yo estoy de más (por Saiz de Marco)
Ocres
pardos
castaños
No hay palabras para todos los marrones, para todos los cárdenos, para todos los mates
(o tal vez sí pero yo las ignoro)
Hojas que aún cuelgan
Hojas caídas prestas a ser suelo: barro otra vez
Todos los ojos se han escondido
entre cuevas de la tierra, entre huecos de los árboles
Sólo una uve de pájaros que viaja cortando el cielo gris
Rumor de río
Humedad que me sube cuerpo arriba
Sólo yo estoy de más. Sólo yo desentono
Sólo yo ajeno, intruso
Sólo yo sobro aquí
pardos
castaños
No hay palabras para todos los marrones, para todos los cárdenos, para todos los mates
(o tal vez sí pero yo las ignoro)
Hojas que aún cuelgan
Hojas caídas prestas a ser suelo: barro otra vez
Todos los ojos se han escondido
entre cuevas de la tierra, entre huecos de los árboles
Sólo una uve de pájaros que viaja cortando el cielo gris
Rumor de río
Humedad que me sube cuerpo arriba
Sólo yo estoy de más. Sólo yo desentono
Sólo yo ajeno, intruso
Sólo yo sobro aquí
lunes, 21 de enero de 2013
Debajo de mi falsa cabellera (por José Ángel Valente)
Llevo tal cantidad de vidas no narradas debajo de mi falsa cabellera,
tal cantidad de fechas incumplidas.
No me digas jamás ni siempre.
Búscame.
Pues cómo de otro modo
iba a saber si estoy o si no he vuelto
o cómo si he llegado o cómo cuándo
si el que ha llegado soy o el que me espera.
No encadenes a nadie al pie de nunca.
Ocúltame, solapa,
bajo el llanto tardío
domingo, 20 de enero de 2013
Te reíste una vez (por Viola Fischerová)
Cuando cree
que ya no quiere nada
se arrojan sobre ella los lugares de antaño
en el sol brusco del mediodía
-Aquí en las piedras te reíste una vez
a borbotones
completamente feliz-
A mí del futuro me da frío
sólo lo que fue
sábado, 19 de enero de 2013
Llega la sombra (por Tomas Tranströmer)
El sol quema. El avión vuela a baja altura
proyectando una sombra en forma de gigantesca cruz que corre vertiginosa por el suelo.
Hay un hombre sentado en el campo hurgando en algo.
Llega la sombra.
Durante una fracción de segundo él está en mitad de la cruz.
He visto la cruz colgada en frescas bóvedas de iglesia.
A veces semeja una imagen instantánea
de algo en brusco movimiento.
viernes, 18 de enero de 2013
Loco jinete (por Juan Ramón Jiménez)
¡Dame tu carne!¡Quiero ir en ella loco jinete
al norte, al sur, al este y al oeste!
Quiero cruzar el mundo
con tu cuerpo luciente,
derramarlo, un instante, más allá
en la vida y la muerte.
jueves, 17 de enero de 2013
Sobre un extraño puente (por Edward Thomas)
Hoy vengo desde lejos:
sobre un extraño puente, solo,
recordando amigos, viejos amigos,
descanso, sin sonrisa y sin lamento,
tal y como ellos me recuerdan sin sonrisa y sin lamento.
Todos quedan atrás, los amables
y los antipáticos también, esta noche
no son más que un sueño. El arroyo
discurre suave y sin embargo ahoga al Pasado,
el arroyo oscuramente iluminado ha ahogado al Pasado
y al Futuro.
Ningún viajero ha descansado más bendecido
que este breve momento entre
dos vidas, cuando las primeras luces de la noche
y las sombras esconden lo que nunca fue,
cosas más buenas, hermosas y queridas de lo que
han sido y serán.
miércoles, 16 de enero de 2013
Como a la orilla (por Yorgos Seferis)
He viajado, me he cansado y escrito poco
pero pensé mucho en el regreso, cuarenta años.
El hombre en todas las edades es un niño:
la ternura y la brutalidad de la cuna;
a lo demás le pone límite la mar, como a la orilla,
a nuestro abrazo y al eco de nuestra voz.
martes, 15 de enero de 2013
Un terror continuo (por Zbigniew Herbert)
Buenas noches Marco Aurelio apaga la luz
y cierra el libro Encima de tu cabeza
se levanta una dorada alarma de estrellas
el cielo habla alguna lengua extranjera
este es el bárbaro grito de miedo
que tu latín no puede entender
un terror continuo un negro terror
contra la frágil tierra humana
empieza a golpear y triunfa Escucha
su rugido El flujo incesante
de los elementos ahogará tu prosa
hasta que se derrumben los cuatro muros del mundo
¿Y para nosotros? -temblar en el aire
soplar las cenizas agitar el éter
roernos los dedos buscar vanas palabras
arrastrar las sombras caídas a nuestras espaldas
Bueno Marco Aurelio mejor cuelga tu paz
a través de las tinieblas dame la mano
Déjala temblar cuando el ciego mundo golpea
en nuestros cinco sentidos como en una lira caída
Traidores el universo y la astronomía
el cálculo de las estrellas la sabiduría de la hierba
y tu grandeza demasiado enorme
y Marco mis lágrimas indefensas
lunes, 14 de enero de 2013
Como si fueras aire y yo me ahogara (por Idea Vilariño)
Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.
domingo, 13 de enero de 2013
Ese hombre (por Stephen Derwent Partington)
Ensalzamos al hombre que,
aunque tenía el fósforo en sus manos,
vislumbró el horror en la pequeña gota,
vio en el marrón y su globosa suavidad
un pequeño cráneo hecho carbón
y de nuevo lo guardó en su caja.
Celebramos también al joven que,
aunque alzó su machete con el puño apretado,
lo sintió de pronto ajeno entre sus manos
al no tener ni matorral ni leña que ser talados,
y lo soltó al suelo.
Una ovación para el hombre que
al ver corriendo a una mujer,
con su vestido desgarrado,
deseándola también,
vio a su madre en juventud,
contuvo a sus colegas y se alejó.
Rendimos homenaje al hombre que,
pese a tener de piedra el corazón
y al tomar una piedra que aventar,
sintió sobre su palma la dureza,
intuyó lo frágil de los cuerpos,
y la dejó caer.
Encomiamos al hombre que,
aunque revisó
la credencial de un pasajero,
no atendió al nombre sino al rostro
y la extendió de nuevo
como se tiende la mano a un amigo.
Y para el resto de nosotros,
una bendición:
porque nunca tengamos que ser ese hombre,
pero si tenemos que ser, ¡hay que
SER!
sábado, 12 de enero de 2013
Tocan el acordeón (por John Berger)
Las montañas son despiadadas
la lluvia funde la nieve
volverá a helar.
En el café dos extranjeros
tocan el acordeón
y canta la habitación abarrotada de hombres.
Las melodías llenan
los sacos del corazón
los pesebres de los ojos.
Las letras llenan
los establos
que rugen entre los oídos.
La música suprime las papadas
relaja las articulaciones,
la única cura para el reumatismo.
La música limpia las uñas
suaviza las manos
restriega las callosidades.
Una habitación abarrotada de hombres,
venidos del ganado empapado,
del gasoil, de la pala eterna,
acaricia
el aire de una canción de amor
con manos dulces.
Las mías han abandonado los brazos
y están cruzando las montañas
en busca de tus pechos.
En el café dos extranjeros
tocan el acordeón
la lluvia funde la nieve.
viernes, 11 de enero de 2013
Para una mujer (por Susan Griffin)
1
Este es un poema para una mujer que lava platos.
Este es un poema para una mujer que lava platos.
Debe ser repetido.
Debe ser repetido
una y otra vez,
una y otra vez,
porque la mujer que lava platos
porque la mujer que lava platos
no puede oír bien
no puede oír bien.
2
Este es otro poema para una mujer
limpiando el piso
que no oye del todo.
Un minuto de silencio
por la mujer que limpia el piso.
3
Y otro poema más
para la mujer que está en casa
con los niños.
Nunca la ves por las noches.
Quédate mirando a un espacio vacío
e imagínala allí,
a esa mujer con los niños
porque no puede estar aquí para hablar
por sí misma,
y escucha
lo que piensas
que ella puede decir.
Respuesta a la pregunta de un hombre:
"¿Qué puedo hacer por la liberación de la mujer?"
Lleva un vestido.
Lleva un vestido que tú misma has hecho, o has comprado en una tienda.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva elástico, alrededor
de tus caderas y bajo tus pezones.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva una compresa.
Lleva un vestido y lleva zapatos con tacones altos.
Lleva un vestido con elástico y una compresa debajo
y zapatos de tacones altos en tus pies
y camina cuesta abajo por Telegraph Avenue.
Lleva un vestido con elástico y una compresa
y zapatos de tacones altos por Telegraph Avenue
e intenta correr.
Encuentra un hombre.
Encuentra un hombre bueno que te gustaría que te pidiera una cita.
Encuentra un hombre bueno que te pedirá una cita.
Mantén tu vestido puesto.
Pídele al hombre bueno que te cita, que venga a cenar contigo.
Prepárale al hombre bueno una cena exquisita
que la cena esté pronta antes de que llegue
y tu vestido sea bonito y limpio y lleva una sonrisa.
Dile al hombre bueno que eres virgen
o que no tienes nada para evitar embarazarte,
o que te gustaría conocerlo mejor.
Mantén el vestido puesto.
Ve sola al cine.
Encuentra un trabajo.
Plancha tu vestido.
Lleva tu vestido planchado y prométele al jefe
que no quedarás encinta (en tu caso es predecible) y que te gusta
escribir a máquina
y sé sincera y lleva tu sonrisa.
Encuentra un trabajo o acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y quédate en casa todo el día con el niño,
o anda a un parque público con el niño y lleva al niño
a la oficina del seguro social
y llora y di que tu hombre te dejó
y sé humilde y lleva tu vestido, tu sonrisa, y no repliques,
mantén el vestido puesto,
prepara cenas exquisitas,
aléjate de Telegraph Avenue,
y aún así, nunca sabrás
ni la mitad, ni siquiera en un millón de años.
Y otro poema más
para la mujer que está en casa
con los niños.
Nunca la ves por las noches.
Quédate mirando a un espacio vacío
e imagínala allí,
a esa mujer con los niños
porque no puede estar aquí para hablar
por sí misma,
y escucha
lo que piensas
que ella puede decir.
Respuesta a la pregunta de un hombre:
"¿Qué puedo hacer por la liberación de la mujer?"
Lleva un vestido.
Lleva un vestido que tú misma has hecho, o has comprado en una tienda.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva elástico, alrededor
de tus caderas y bajo tus pezones.
Lleva un vestido y bajo el vestido lleva una compresa.
Lleva un vestido y lleva zapatos con tacones altos.
Lleva un vestido con elástico y una compresa debajo
y zapatos de tacones altos en tus pies
y camina cuesta abajo por Telegraph Avenue.
Lleva un vestido con elástico y una compresa
y zapatos de tacones altos por Telegraph Avenue
e intenta correr.
Encuentra un hombre.
Encuentra un hombre bueno que te gustaría que te pidiera una cita.
Encuentra un hombre bueno que te pedirá una cita.
Mantén tu vestido puesto.
Pídele al hombre bueno que te cita, que venga a cenar contigo.
Prepárale al hombre bueno una cena exquisita
que la cena esté pronta antes de que llegue
y tu vestido sea bonito y limpio y lleva una sonrisa.
Dile al hombre bueno que eres virgen
o que no tienes nada para evitar embarazarte,
o que te gustaría conocerlo mejor.
Mantén el vestido puesto.
Ve sola al cine.
Encuentra un trabajo.
Plancha tu vestido.
Lleva tu vestido planchado y prométele al jefe
que no quedarás encinta (en tu caso es predecible) y que te gusta
escribir a máquina
y sé sincera y lleva tu sonrisa.
Encuentra un trabajo o acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y acógete al seguro social.
Pide prestado un niño y quédate en casa todo el día con el niño,
o anda a un parque público con el niño y lleva al niño
a la oficina del seguro social
y llora y di que tu hombre te dejó
y sé humilde y lleva tu vestido, tu sonrisa, y no repliques,
mantén el vestido puesto,
prepara cenas exquisitas,
aléjate de Telegraph Avenue,
y aún así, nunca sabrás
ni la mitad, ni siquiera en un millón de años.
jueves, 10 de enero de 2013
En la mano (por Viola Fischerová)
Todavía te siento en la mano
los hombros flacos con los huesos marcados
y la cabeza en el regazo
todavía te siento en la mano
en aquella penúltima hora
Buscabas esa noche a la mujer
a la que amaste
De ti se escondía
la niña que creaste
Llamé en la oscuridad
al hombre que fuiste
Encontré asesino al niño
que no engendraste
Todavía te siento en la mano
peso creciente
que se acurruca
y no sabe dónde está
Todavía tengo las manos llenas
de una ternura que te sobrevive
miércoles, 9 de enero de 2013
En las antípodas del paraíso (por José María Merino)
Yo soy Simbad Merino, aquel que un día,
dilapidada infancia y pubertad perdida,
inició los cortísimos viajes.
Yo soy Simbad Merino, vivo ahora,
tras el final naufragio, otra aventura
en las antípodas del paraíso.
Habito allí donde la Gran Esfinge
preside toda hora, donde nadie
descifra los enigmas.
Y cada amanecer la Gran Esfinge
desparrama su cavernosa voz, pregunta
Qué es el hombre, y algunos balbuceos
contestan. Pero todos
encogemos los hombros. Y retumba
otra vez la sentencia que nos condena a muerte.
Aquí habito rodeado de las joyas
que conseguí en mis viajes.
Afilaesperas. Cachos
de incandescente sombra.
Piedras maravillosas que nacieron
en la vesícula de Alá.
Aquí habito temiendo cada día
la solución final de la Resolvedora.
Y cada noche, cuando el festín ha concluido,
evoco mis viajes.
Atravieso de nuevo los océanos
a la pálida luz de mi añoranza.
Yo soy Simbad Merino, vivo ahora,
tras el final naufragio, otra aventura
en las antípodas del paraíso.
Habito allí donde la Gran Esfinge
preside toda hora, donde nadie
descifra los enigmas.
Y cada amanecer la Gran Esfinge
desparrama su cavernosa voz, pregunta
Qué es el hombre, y algunos balbuceos
contestan. Pero todos
encogemos los hombros. Y retumba
otra vez la sentencia que nos condena a muerte.
Aquí habito rodeado de las joyas
que conseguí en mis viajes.
Afilaesperas. Cachos
de incandescente sombra.
Piedras maravillosas que nacieron
en la vesícula de Alá.
Aquí habito temiendo cada día
la solución final de la Resolvedora.
Y cada noche, cuando el festín ha concluido,
evoco mis viajes.
Atravieso de nuevo los océanos
a la pálida luz de mi añoranza.
martes, 8 de enero de 2013
Volviendo a buscarlas, volviendo a buscarme (por José Hierro)
Me da pena pensar que algún día querré ver de nuevo este espacio,
tornar a este instante.
Me da pena soñarme rompiendo mis alas
contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme.
Estas ramas en flor que palpitan y rompen alegres
la apariencia tranquila del aire,
esas olas que mojan mis pies de crujiente hermosura,
el muchacho que guarda en su frente la luz de la tarde,
ese blanco pañuelo caído tal vez de unas manos,
cuando ya no esperaban que un beso de amor las rozase...
Me da pena mirar estas cosas, querer estas cosas, guardar estas cosas.
Me da pena soñarme volviendo a buscarlas, volviendo a buscarme,
poblando otra tarde como ésta de ramas que guarde en mi alma,
aprendiendo en mí mismo que un sueño no puede volver otra vez a soñarse.
lunes, 7 de enero de 2013
Seguirte (por Manuel Altolaguirre)
Al ver por donde huyes
dichoso cambiaría
las sendas interiores de tu alma
por la de alegres campos.
Que si tu fuga fuera
sobre verdes caminos
o sobre las espumas
y te vieran mis ojos,
seguirte yo sabría.
No hacia dentro de ti,
donde te internas,
que al querer perseguirte
me doy contra los muros de tu cuerpo.
No hacia dentro de ti,
porque no estemos:
tú, pálida, escondida;
yo, como ante una puerta
ante tu pecho frío.
dichoso cambiaría
las sendas interiores de tu alma
por la de alegres campos.
Que si tu fuga fuera
sobre verdes caminos
o sobre las espumas
y te vieran mis ojos,
seguirte yo sabría.
No hacia dentro de ti,
donde te internas,
que al querer perseguirte
me doy contra los muros de tu cuerpo.
No hacia dentro de ti,
porque no estemos:
tú, pálida, escondida;
yo, como ante una puerta
ante tu pecho frío.
domingo, 6 de enero de 2013
Y nada más (por Federico García Lorca)
Sólo tu corazón
caliente,
y nada más.
Mi paraíso un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.
Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo
de miradas rotas.
Un reposo claro
y allí nuestros besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente,
nada más.
y nada más.
Mi paraíso un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.
Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo
de miradas rotas.
Un reposo claro
y allí nuestros besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente,
nada más.
sábado, 5 de enero de 2013
Teorema (por Agustín Fernández Mallo)
Teorema de descomposición temporal
en factores idempotentes:
la vida de cada persona podrá trocearse
en los siguientes pares temporales:
un momento
[infinitesimal aunque infinito]
en el que no se quiere seguir viviendo,
y al instante otro
[de idénticas dimensiones]
en el que se desea más que nunca
continuar.
Así, la suma da cero.
demostración: no importa
la cantidad de tiempo que inviertas
en crear un poema,
importa que parezca
haberse creado en un instante y solo,
que solo te atraviese,
que solo desaparezca.
viernes, 4 de enero de 2013
Les convoca la música (por Walter de la Mare)
Barre las delicadas cuerdas, Músico,
con tu mano larga y hábil en llagas.
Abajo arden las velas estrelladas,
se hunden suavemente en la arena.
El viejo sabueso se queja en sueños.
Las brasas apenas arden.
A través de las paredes llegan sombras,
pasan y se quedan.
Barre tiernamente las cuerdas, Músico.
Los minutos se vuelven horas.
La helada sobre el marco sin viento
teje un laberinto de flores.
En el aire que oscurece se demoran los fantasmas
oyendo por la puerta abierta.
Les convoca la música y les invita a soñar
con regresar a casa.
jueves, 3 de enero de 2013
Pero un tablón de andamio (por Aldo Oliva)
Lo que está debajo de la línea
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.
Pero un tablón de andamio
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.
Pero un tablón de andamio
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.
miércoles, 2 de enero de 2013
Este vaivén (por Rabindranath Tagore)
El incienso desea desaparecer en aroma,
el aroma quiere aferrarse al incienso.
La melodía trata de encadenarse al ritmo,
mientras el ritmo retrocede a la melodía.
La idea busca su cuerpo en la forma,
la forma busca su libertad en la idea.
Lo infinito busca el contacto de lo finito,
lo finito busca su libertad en lo infinito.
¿Qué drama es el que se da entre la creación y la destrucción...,
este vaivén incesante entre la forma y la idea?
La esclavitud corre en pos de la libertad,
y la libertad busca reposo en la esclavitud.
el aroma quiere aferrarse al incienso.
La melodía trata de encadenarse al ritmo,
mientras el ritmo retrocede a la melodía.
La idea busca su cuerpo en la forma,
la forma busca su libertad en la idea.
Lo infinito busca el contacto de lo finito,
lo finito busca su libertad en lo infinito.
¿Qué drama es el que se da entre la creación y la destrucción...,
este vaivén incesante entre la forma y la idea?
La esclavitud corre en pos de la libertad,
y la libertad busca reposo en la esclavitud.
martes, 1 de enero de 2013
En ese caso sí (por Saiz de Marco)
Vida en otros mundos,
vida extraterrestre
pero distinta:
sin predación sin garras sin dolor
En ese caso sí
Vida de otros sistemas,
otra clase de vida
Séame dado
conocerla
lunes, 31 de diciembre de 2012
Se apagan dulcemente (por Ángel González)
en los atardeceres de verano,
el viento
traía desde el campo hasta mi calle
un inestable olor a establo
y a hierba susurrante como un río
que entraba con su canto y con su aroma
en las riberas pálidas del sueño.
Ecos remotos,
sones desprendidos
de aquel rumor,
hilos de una esperanza
poco a poco deshecha,
se apagan dulcemente en la distancia:
ya ayer va susurrante como un río
llevando lo soñado aguas abajo,
hacia la blanca orilla del olvido...
domingo, 30 de diciembre de 2012
Tener que elegir (por Philip Larkin)
No, nunca he encontrado un lugar
del que pudiera decir
Esta tierra es mía,
Aquí debería quedarme;
Tampoco he conocido a ese alguien especial
que de inmediato me exigiera
todo lo que es mío
hasta mi nombre.
Encontrar algo así parece probar
que no quieres tener que elegir dónde
echar raíces, o a quién amar;
Les pides que te echen fuera
irrevocablemente,
de modo que no sea tu culpa
si la ciudad se vuelve monótona
y la muchacha una estúpida.
Con todo, incluso perdiéndolas
quedas obligado a actuar
como si lo que te tranquilizara
de hecho, te destrozara.
Así que será más sabio que dejes
de pensar que aún podrías hallar
lo que hasta ahora no has llamado
tu mujer, tu lugar.
del que pudiera decir
Esta tierra es mía,
Aquí debería quedarme;
Tampoco he conocido a ese alguien especial
que de inmediato me exigiera
todo lo que es mío
hasta mi nombre.
Encontrar algo así parece probar
que no quieres tener que elegir dónde
echar raíces, o a quién amar;
Les pides que te echen fuera
irrevocablemente,
de modo que no sea tu culpa
si la ciudad se vuelve monótona
y la muchacha una estúpida.
Con todo, incluso perdiéndolas
quedas obligado a actuar
como si lo que te tranquilizara
de hecho, te destrozara.
Así que será más sabio que dejes
de pensar que aún podrías hallar
lo que hasta ahora no has llamado
tu mujer, tu lugar.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Insomnio (por Fernando Pessoa)
No duermo, ni espero dormir.
Ni en la muerte espero dormir.
Me espera un insomnio de la largura de los astros,
y un bostezo inútil de la extensión del mundo.
No duermo; no puedo leer cuando despierto de noche,
no puedo escribir cuando despierto de noche,
no puedo pensar cuando despierto de noche
–¡Dios mío, ni soñar puedo cuando despierto de noche!–.
¡Ah, el opio de ser otra persona cualquiera!
No duermo, yazco, cadáver despierto, sintiendo,
Y mi sentimiento es un pensamiento vacío.
Pasan por mí, trastornadas, cosas que me sucedieron
–todas aquellas de las que me arrepiento y culpo–;
pasan por mí, trastornadas, cosas que no me sucedieron
–todas aquellas de las que me arrepiento y culpo–;
pasan por mí, trastornadas, cosas que no son nada,
e incluso por ésas me arrepiento, me culpo y no duermo.
No tengo fuerzas para tener la energía para encender un cigarro.
Observo la pared frontera de mi cuarto como si fuese el universo.
Allá fuera está el silencio de esa cosa toda.
Un gran silencio atemorizante en otra ocasión cualquiera,
en otra ocasión cualquiera en que yo pudiera sentir.
Estoy escribiendo versos realmente simpáticos
–versos diciendo que no tengo nada que decir,
versos que insisten en decir eso,
versos, versos, versos, versos, versos–...
Tantos versos...
¡Y la verdad toda, y la vida toda fuera de ellos y de mí!
Tengo sueño, no duermo, siento y no sé en qué sentir.
Soy una sensación sin persona correspondiente,
una abstracción de autoconsciencia sin de qué,
salvo lo necesario para sentir consciencia,
salvo –vaya a saber salvo qué...
No duermo. No duermo. No duermo.
¡Qué gran sueño en toda la cabeza y encima de los ojos y en el alma!
¡Qué gran sueño en todo salvo en el poder dormir!
¡Oh madrugada, tardas tanto... Ven...
Ven, inútilmente,
a traerme otro día igual a éste, que será seguido por una noche igual a ésta...
Ven a traerme la alegría de esta esperanza triste,
porque siempre eres alegre, y siempre traes esperanzas,
según la vieja literatura de las sensaciones.
Ven, trae la esperanza, ven, trae la esperanza.
Mi cansancio entra dentro del colchón.
Me duele la espalda por no estar acostado de lado.
Si estuviera acostado de lado me dolería la espalda por estar acostado de lado.
¡Ven, madrugada, llega!
¿Qué hora es? No lo sé.
No tengo energía para extender una mano hasta el reloj,
no tengo energía para nada, para nada más...
Solo para estos versos, escritos al día siguiente.
Sí, escritos al día siguiente.
Todos los versos son siempre escritos al día siguiente.
Noche absoluta, sosiego absoluto, allá fuera.
Paz en toda la Naturaleza.
La Humanidad reposa y olvida sus amarguras.
Exactamente.
La Humanidad olvida sus alegrías y amarguras,
se acostumbra decir esto.
La Humanidad olvida, sí, la Humanidad olvida,
pero incluso despierta la Humanidad olvida.
Exactamente, pero no duermo.
Ni en la muerte espero dormir.
Me espera un insomnio de la largura de los astros,
y un bostezo inútil de la extensión del mundo.
No duermo; no puedo leer cuando despierto de noche,
no puedo escribir cuando despierto de noche,
no puedo pensar cuando despierto de noche
–¡Dios mío, ni soñar puedo cuando despierto de noche!–.
¡Ah, el opio de ser otra persona cualquiera!
No duermo, yazco, cadáver despierto, sintiendo,
Y mi sentimiento es un pensamiento vacío.
Pasan por mí, trastornadas, cosas que me sucedieron
–todas aquellas de las que me arrepiento y culpo–;
pasan por mí, trastornadas, cosas que no me sucedieron
–todas aquellas de las que me arrepiento y culpo–;
pasan por mí, trastornadas, cosas que no son nada,
e incluso por ésas me arrepiento, me culpo y no duermo.
No tengo fuerzas para tener la energía para encender un cigarro.
Observo la pared frontera de mi cuarto como si fuese el universo.
Allá fuera está el silencio de esa cosa toda.
Un gran silencio atemorizante en otra ocasión cualquiera,
en otra ocasión cualquiera en que yo pudiera sentir.
Estoy escribiendo versos realmente simpáticos
–versos diciendo que no tengo nada que decir,
versos que insisten en decir eso,
versos, versos, versos, versos, versos–...
Tantos versos...
¡Y la verdad toda, y la vida toda fuera de ellos y de mí!
Tengo sueño, no duermo, siento y no sé en qué sentir.
Soy una sensación sin persona correspondiente,
una abstracción de autoconsciencia sin de qué,
salvo lo necesario para sentir consciencia,
salvo –vaya a saber salvo qué...
No duermo. No duermo. No duermo.
¡Qué gran sueño en toda la cabeza y encima de los ojos y en el alma!
¡Qué gran sueño en todo salvo en el poder dormir!
¡Oh madrugada, tardas tanto... Ven...
Ven, inútilmente,
a traerme otro día igual a éste, que será seguido por una noche igual a ésta...
Ven a traerme la alegría de esta esperanza triste,
porque siempre eres alegre, y siempre traes esperanzas,
según la vieja literatura de las sensaciones.
Ven, trae la esperanza, ven, trae la esperanza.
Mi cansancio entra dentro del colchón.
Me duele la espalda por no estar acostado de lado.
Si estuviera acostado de lado me dolería la espalda por estar acostado de lado.
¡Ven, madrugada, llega!
¿Qué hora es? No lo sé.
No tengo energía para extender una mano hasta el reloj,
no tengo energía para nada, para nada más...
Solo para estos versos, escritos al día siguiente.
Sí, escritos al día siguiente.
Todos los versos son siempre escritos al día siguiente.
Noche absoluta, sosiego absoluto, allá fuera.
Paz en toda la Naturaleza.
La Humanidad reposa y olvida sus amarguras.
Exactamente.
La Humanidad olvida sus alegrías y amarguras,
se acostumbra decir esto.
La Humanidad olvida, sí, la Humanidad olvida,
pero incluso despierta la Humanidad olvida.
Exactamente, pero no duermo.
viernes, 28 de diciembre de 2012
Suma de la voz aislada (por Enriqueta Arvelo)
moliendo las hojas tostadas.
A los que me dijeron: espéranos bajo ese árbol.
Gracias a los que se fueron a buscar fuego para sus cigarrillos
y me dejaron sola,
enredada en los soles pequeños de una sombra olorosa.
Gracias a los que se fueron a buscar agua para mi sed
y me dejaron ahí
bebiéndome el agua esencial de un mundo estremecido.
Gracias a los que me dejaron oyendo un canto enselvado
y viendo soñolienta los troncos bordados de lianas marchitas.
Ahora voy indemne entre las gentes.
Toda la mañana ha hablado el viento
Toda la mañana ha hablado el viento
una lengua extraordinaria.
He ido hoy en el viento.
Estremecí los árboles.
Hice pliegues en el río.
Alboroté la arena.
Entré por las más finas rendijas.
Y soné largamente en los alambres.
Antes -¿recuerdas?-
pasaba pálida por la orilla del viento. Y aplaudías.
Suma de la voz aislada
En el aire ancho y aromado ha ido sola mi voz.
En vano busqué ansiosa.
Todas las voces se habían ido.
Ahuecaba mis manos y lanzaba mi voz.
Y salía a recogerla. Yo misma.
Qué dolor desolado, agrupadas voces,
el de no tener la voz compañera.
En el ámbito soleado y ciego,
en la zona sin voces,
sobre la grama desmandada,
he ido presente por caminos que no me oían.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Mozart (por Marius Torres)
Llevados de un ritmo fácil y profundo,
también nuestros compases querrían, uno a uno,
volar y sonreír.
También nuestra ley es una gracia ardiente,
ala de un orden en movimiento,
rápida, libre...
Puede que nuestra vida sea un instrumento inútil,
pero vivir es música.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Oídas desde lejos (por Gabriel Celaya)
Melancolía. Infancia
perpetua. Las campanas
oídas desde lejos
ya entonces, aunque estaban
sonando en el momento
de una tarde dorada.
Momentos en suspenso.
Vibrantes distancias.
Parece que no pasa
nada. Pero yo observo
en esta tarde en pausa,
que no soy el que mira,
que soy el que miraba.
martes, 25 de diciembre de 2012
Hacia la orilla del Reverso (por Czeslaw Milosz)
Me preguntas, cómo rezar a alguien que no existe.
Sólo sé que la plegaria levanta un puente de seda
por el que avanzamos como en un trampolín
hasta alzar el vuelo por encima de los paisajes de oro profundo
cambiados por el mágico síncope del sol.
Este puente va hacia la orilla del Reverso
donde el otro lado de las cosas revela un sentido
apenas sospechado de las palabras “Esto es”.
Mira, estoy diciendo: Nosotros. Y cada uno en su singularidad
siente allí la compasión por los que siguen presos en el cuerpo,
y sabe que, incluso si no existiera la otra orilla,
igual tendrían que entrar en el puente tendido sobre la tierra.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Y tú puedes hacerme (por Juan A. González Iglesias)
Déjame que te abrace, ahora que todavía
tu piel no lleva escritas las mentiras del mundo
y tus labios son sede sólo de la hermosura.
Porque sólo he querido ser bueno y verdadero,
y tú puedes hacerme,
déjame que te abrace.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Ella era agua (por Marco Antonio Campos)
Como rama al romperse en el invierno blanco,
corazón lloró a la estrella; triste era el olmo,
y hace muchos años; cuánta fuerza y fiereza
en la adolescencia sin dirección, quién se atrevería
a decir: "Por aquí pasó el vendaval"; Dios creció
las ramas y cortó las hojas para que supiéramos
de la felicidad, si la luz pasa. ¡Ah, el Danubio!
Estrella lloraba el corazón, ella era agua
que sabía a vino; donde llegaba se oía
la luz. Era la estrella en el invierno blanco.
Era blanca y hermosa como el pueblo donde nació.
Ella me queda, me vive en mí, me llama
como un remordimiento.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Y cuidad de mi hijo (por Roberto Bolaño)
Libros que compro
entre las extrañas lluvias
y el calor
de 1992
y que ya he leído
o que nunca leeré
libros para que lea mi hijo
la biblioteca de Lautaro
que deberá resistir
otras lluvias
y otros calores infernales
-Así pues, la consigna es ésta:
resistid queridos libritos
atravesad los días como caballeros medievales
y cuidad de mi hijo
en los años venideros
entre las extrañas lluvias
y el calor
de 1992
y que ya he leído
o que nunca leeré
libros para que lea mi hijo
la biblioteca de Lautaro
que deberá resistir
otras lluvias
y otros calores infernales
-Así pues, la consigna es ésta:
resistid queridos libritos
atravesad los días como caballeros medievales
y cuidad de mi hijo
en los años venideros
viernes, 21 de diciembre de 2012
Me sirve no me sirve (por Mario Benedetti)
La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve
no me sirve tan mansa
la esperanza
la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve
no me sirve tan sabia
tanta rabia
el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve
no me sirve tan bueno
tanto trueno
el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve
no me sirve tan fría
la osadía
sí me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
sí me sirve
me sirve cuando avanza
la confianza
me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve
me sirve la medida
de tu vida
me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve
me sirve tu batalla
sin medalla
me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve
me sirve tu sendero
compañero.
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve
no me sirve tan mansa
la esperanza
la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve
no me sirve tan sabia
tanta rabia
el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve
no me sirve tan bueno
tanto trueno
el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve
no me sirve tan fría
la osadía
sí me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
sí me sirve
me sirve cuando avanza
la confianza
me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve
me sirve la medida
de tu vida
me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve
me sirve tu batalla
sin medalla
me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve
me sirve tu sendero
compañero.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Sucesión y engaño (por Jorge Luis Borges)
¿Dónde estarán los siglos?, ¿dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron?,
¿dónde los fuertes muros que allanaron?,
¿dónde el árbol de Adán y el otro leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro cielo no esperes, ni otro infierno.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Una ensordecedora ausencia (por Derek Walcott)
Algo remoto brama en los oídos de esta casa;
cuelga apacible en las cortinas, paraliza los espejos
hasta que los reflejos pierden su sustancia.
Algo como el rechino de un molino de viento suena
hasta parar en seco;
una ensordecedora ausencia, un vendaval.
Algo cerca este valle, agobia esta montaña,
aparta el signo, empuja este lápiz
por una espesa nada, ahora,
fleta las alacenas de silencio, dobla la ropa avinagrada
como los trajes del muerto, dejados exactamente
tal como procedió el difunto al lado de la amada,
incrédulos, esperando que alguien los lleve puestos.
martes, 18 de diciembre de 2012
Me curó una carcajada (por Bertolt Brecht)
Durante siete años no pude dar un paso.
Cuando fui al médico me preguntó:
¿Por qué llevas muletas?
Porque estoy tullido, respondí.
No es extraño, me dijo.
Prueba a caminar. Son esos trastos
los que te impiden andar.
¡Anda, atrévete, arrástrate a cuatro patas!
Riendo como un monstruo,
me quitó mis hermosas muletas,
las rompió sobre mi espalda sin dejar de reir
y las arrojó al fuego.
Ahora estoy curado. Ando.
Me curó una carcajada.
Tan sólo a veces, cuando veo palos,
camino algo peor por unas horas.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Allí están ellos (por Roberto Bolaño)
Lee a los viejos poetas, hijo mío
y no te arrepentirás
Entre las telarañas y las maderas podridas
de barcos varados en el purgatorio
allí están ellos
¡cantando!
¡ridículos y heroicos!
Los viejos poetas
Palpitantes en sus ofrendas
Nómades abiertos en canal y ofrecidos
a la nada
(pero ellos no viven en la nada
sino en los sueños)
Lee a los viejos poetas
y cuida sus libros
Es uno de los pocos consejos
que te puede dar tu padre
y no te arrepentirás
Entre las telarañas y las maderas podridas
de barcos varados en el purgatorio
allí están ellos
¡cantando!
¡ridículos y heroicos!
Los viejos poetas
Palpitantes en sus ofrendas
Nómades abiertos en canal y ofrecidos
a la nada
(pero ellos no viven en la nada
sino en los sueños)
Lee a los viejos poetas
y cuida sus libros
Es uno de los pocos consejos
que te puede dar tu padre
domingo, 16 de diciembre de 2012
Poética (por Aurora Luque)
Un equipaje sobrio
–una escueta sintaxis despojada
y dos pronombres falsos–
para un fin de milenio. Inservible el amor:
ése es el tema. –¿Acaso no me oyes?
¿No basta imaginar que oyes cómo escribo
para que me parezcan
rentables el hastío y la escritura?
–Desherédame, lengua. No te sirvo.
No acudo a las palabras limpiamente.
Sólo acaricio aquéllas que me queman
y que saben a labios o a odisea.
Sólo quiero adular a la familia
de las palabras muertas del amor.
Será inútil seguir. Queda sólo un pronombre.
sábado, 15 de diciembre de 2012
Corro por sus pasillos (por Yaoska Tijerino)
I
La niña que fui
corro por sus pasillos.
Avanzo sobre la madera
tanteando con los ojos
el rojo quemado de las barandas.
El sol se cuela en el jardín
y las plantas lo saludan
con un rumor verde.
Casi nada ha cambiado.
Avanzo más rápido.
El corazón me recuerda
la naturaleza de mi propia fuerza.
Estoy nerviosa
aunque todo me complace en esta casa.
Las puertas son piezas
de un rompecabezas
que reconstruyo en la memoria.
Todo es tan similar y tan distinto:
Soy yo
la que todavía pepena la imagen
al pie de estas paredes.
Ya no somos los mismos
que acomodamos recuerdos
entre retrateras.
Estoy por llegar al área de mi Tío.
¿Cómo estará?
¿Por dónde deambulará
su apetitoso intelecto?
¿Y la boina?
¿Cuántas ideas que ni sospecho
se debaten bajo esa boina?
II
Sé que detrás de esta puerta
me espera con su oficio de alfarero,
rodeado de afiches,
en la misma mesita roja.
“¡Tío Flavio!” le digo
a través de la rendija y el cedazo.
Se acerca con dificultad
aunque me saluda con voz ágil.
Entro, me siento y platicamos.
Como siempre la conversación fluye.
Parece que fue apenas ayer
que escribimos la línea anterior
y hoy sólo recobramos el vuelo.
“Carísimo Tío”
como el de antes
conserva la sorpresa del niño.
Sin embargo,
lo noto arañado por el tiempo
con los huesos resentidos tras cada invierno.
Me duele el dolor de sus articulaciones,
me duele en las articulaciones de cada verso
que para mí
es como que me doliera
en el cuerpo entero.
Y vuelvo a pensar en la casa
con sus pasillos, balcones, y corredores.
En la niña que fui corriendo sobre mi infancia,
machacando el tiempo a gusto
ante la realidad de un espejo sin horas.
Y en todo lo que representa este espacio
que a pesar del trajín de los años
sigue dando textura a mi tiempo.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Me abrazo a tus ausencias (por Mario Benedetti)
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Tendió su mano hacia mí (por Ivan Turgueniev)
Iba desde Hamburgo a Londres en un pequeño vapor. Éramos dos
pasajeros: yo y una hembra de mono, como ésas que un comerciante de Hamburgo
suele regalar a su pareja inglesa.
Ella estaba atada con una cadena a uno de los asientos en la cubierta, se movía con inquietud,
y gemía quejumbrosa como un pájaro.
Cada vez que pasaba a su lado alargaba su pequeña, fría mano negra,
mirando hacia mí con sus tristes, casi humanos ojos. Tomé
su mano, ella dejó de gimotear, y siguió moviéndose nerviosamente alrededor de mí.
Había una calma chicha. La mar se extendía por todas partes como una inmóvil
hoja de color plomizo. Una niebla radial se apoderó de la cubierta, parecía ligera y frágil,
aunque ocultaba la misma punta del mástil; aturdía y cansaba los ojos
con su oscuridad suave. El sol colgaba de un rojo opaco falto de definición en esta oscuridad;
pero en el preludio de la noche brillaba con extraña, espeluznante luz misteriosa.
De manera intermitente un delfín saltaba junto al barco; al final desapareció
por debajo de la superficie de olas apenas rizadas.
Y el capitán, un hombre silencioso con una sombría cara quemada por el sol, que fumaba un puro
corto junto a la borda, con furioso gesto escupía sobre la estancada mar opaca.
A todas mis preguntas respondía con gruñidos inconexos. Así que me vi obligado
a volver hacia mi única compañera: la mona.
Cuando me senté a su lado, ella volvió a dejar de quejarse, y otra vez tendió su mano hacia mí.
La niebla se aferraba oprimiéndonos en aquella somnolienta humedad, enterrándonos
en la misma ensoñación inconsciente, y seguimos sentados uno al lado del otro como hermano y hermana.
Sonrío ahora,... pero entonces tuve otra sensación.
Todos somos hijos de una madre, y me alegré de que la pobre
bestia se calmara, y se situara tan confiadamente junto a mí,
pasajeros: yo y una hembra de mono, como ésas que un comerciante de Hamburgo
suele regalar a su pareja inglesa.
Ella estaba atada con una cadena a uno de los asientos en la cubierta, se movía con inquietud,
y gemía quejumbrosa como un pájaro.
Cada vez que pasaba a su lado alargaba su pequeña, fría mano negra,
mirando hacia mí con sus tristes, casi humanos ojos. Tomé
su mano, ella dejó de gimotear, y siguió moviéndose nerviosamente alrededor de mí.
Había una calma chicha. La mar se extendía por todas partes como una inmóvil
hoja de color plomizo. Una niebla radial se apoderó de la cubierta, parecía ligera y frágil,
aunque ocultaba la misma punta del mástil; aturdía y cansaba los ojos
con su oscuridad suave. El sol colgaba de un rojo opaco falto de definición en esta oscuridad;
pero en el preludio de la noche brillaba con extraña, espeluznante luz misteriosa.
De manera intermitente un delfín saltaba junto al barco; al final desapareció
por debajo de la superficie de olas apenas rizadas.
Y el capitán, un hombre silencioso con una sombría cara quemada por el sol, que fumaba un puro
corto junto a la borda, con furioso gesto escupía sobre la estancada mar opaca.
A todas mis preguntas respondía con gruñidos inconexos. Así que me vi obligado
a volver hacia mi única compañera: la mona.
Cuando me senté a su lado, ella volvió a dejar de quejarse, y otra vez tendió su mano hacia mí.
La niebla se aferraba oprimiéndonos en aquella somnolienta humedad, enterrándonos
en la misma ensoñación inconsciente, y seguimos sentados uno al lado del otro como hermano y hermana.
Sonrío ahora,... pero entonces tuve otra sensación.
Todos somos hijos de una madre, y me alegré de que la pobre
bestia se calmara, y se situara tan confiadamente junto a mí,
como un hermano.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Tu nombre (por Gloria Fuertes)
Ya ves qué tontería,
me gusta escribir tu nombre.
Llenar papeles con tu nombre,
llenar el aire con tu nombre;
decir a los niños tu nombre,
escribir a mi padre muerto,
y contarle que te llamas así.
Me creo, que siempre que lo digo me oyes.
Me creo, que da buena suerte.
Voy por las calles tan contenta,
y no llevo encima nada más que tu nombre.
me gusta escribir tu nombre.
Llenar papeles con tu nombre,
llenar el aire con tu nombre;
decir a los niños tu nombre,
escribir a mi padre muerto,
y contarle que te llamas así.
Me creo, que siempre que lo digo me oyes.
Me creo, que da buena suerte.
Voy por las calles tan contenta,
y no llevo encima nada más que tu nombre.
martes, 11 de diciembre de 2012
Sujeta su albedrío (por Jorge Luis Borges)
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino.
No saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?
lunes, 10 de diciembre de 2012
El muelle (por Gabriel Celaya)
Me sentaba a pensar. O a no pensar, a ver.
Los barcos parecían juguetes de colores.
No podía creerlos. No eran verdad del todo.
Recurría a algo arcaico. Me negaba a mis ojos.
Y entonces sí, vivía verdad en los olores.
Yo podía tocar los atunes. Mentira.
Eran como unas momias de princesas marinas.
Yo podía beber lo mismo que bebían
aquellos pescadores en Alcalde o Shabino.
Mas sólo cuando olía comprendía su fiesta:
lo real sin razones de una vida secreta.
Los barcos parecían juguetes de colores.
No podía creerlos. No eran verdad del todo.
Recurría a algo arcaico. Me negaba a mis ojos.
Y entonces sí, vivía verdad en los olores.
Yo podía tocar los atunes. Mentira.
Eran como unas momias de princesas marinas.
Yo podía beber lo mismo que bebían
aquellos pescadores en Alcalde o Shabino.
Mas sólo cuando olía comprendía su fiesta:
lo real sin razones de una vida secreta.
En un mínimo cuerpo (por Enriqueta Arvelo)
Pájaro pequeñísimo que recién nacido me dieron,
cómo me causó asombro
ver en tu implume y breve cuerpo
la vida, tan perfecta,
que ya alzaba tus alas
en ensayo del ensayo del vuelo.
Mas fue mayor mi asombro
cuando estuviste plenamente quieto.
Confunde ver la inmensa muerte
entrar toda en un mínimo cuerpo.
Y aún me diste otro asombro:
tú, el minúsculo en la vida,
crecías hasta parecerme un gran muerto.
Caído en mi mano,
con sudario de luz de tarde,
crecías ante mis ojos abiertos y mudos.
Crecías en la nada
como si fueses por lo eterno.
cómo me causó asombro
ver en tu implume y breve cuerpo
la vida, tan perfecta,
que ya alzaba tus alas
en ensayo del ensayo del vuelo.
Mas fue mayor mi asombro
cuando estuviste plenamente quieto.
Confunde ver la inmensa muerte
entrar toda en un mínimo cuerpo.
Y aún me diste otro asombro:
tú, el minúsculo en la vida,
crecías hasta parecerme un gran muerto.
Caído en mi mano,
con sudario de luz de tarde,
crecías ante mis ojos abiertos y mudos.
Crecías en la nada
como si fueses por lo eterno.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Por él avanzo (por Tomás Segovia)
De tan poco que pesas mi suelo se construye
Aun estando tú lejos el amor me rodea
Aunque duerma sin ti duermo en tu lecho
No tengo yo tu amor por él avanzo
En él se pone triste esta tristeza
De tan poco que pesas es tuyo todo el suelo
Tu amor tan fácil de llevar me empuja
Tus delicados labios gobiernan hondas zonas
De quién somos si tú te llamas mía
Fue hecho para ti este ser que tus manos
tan seguras de qué tocaban han tocado
sábado, 8 de diciembre de 2012
Hoy por hoy (por Javier Krahe)
La suave luz que anima mi ventana
temprano me avisó que ya era el día:
nuevo plazo de vida que venía.
Mañana ha sido hoy por la mañana.
Al filo del reposo, por lo sano
se ha cortado la línea divisoria
que separa mi propia trayectoria
de mi vida común de ciudadano.
El porvenir posible e indeciso
al ayer tan seguro le consulta.
El hoy por hoy me entrega y me resulta
un hoy por hoy de límite impreciso.
Mañana ha sido hoy tan de repente
y tengo que volver a hacerme cargo
de cuanto es dulce, de cuanto es amargo,
de cuanto casi me es indiferente.
Como el tiempo ni siente ni padece
lo mismo si hace alegre o si hace triste,
hoy estoy para todo lo que existe:
lo que ya va morir y lo que crece.
En este instante me siento quien soy.
Adelante y atrás todo es mi vida:
mi vida a la redonda y esparcida,
mezclada con el mundo, ayer y hoy.
Porque ayer me ha pasado su recibo:
otro día al alcance de la mano,
otro día de asombro cotidiano.
Porque, en fin, me parece que estoy vivo.
temprano me avisó que ya era el día:
nuevo plazo de vida que venía.
Mañana ha sido hoy por la mañana.
Al filo del reposo, por lo sano
se ha cortado la línea divisoria
que separa mi propia trayectoria
de mi vida común de ciudadano.
El porvenir posible e indeciso
al ayer tan seguro le consulta.
El hoy por hoy me entrega y me resulta
un hoy por hoy de límite impreciso.
Mañana ha sido hoy tan de repente
y tengo que volver a hacerme cargo
de cuanto es dulce, de cuanto es amargo,
de cuanto casi me es indiferente.
Como el tiempo ni siente ni padece
lo mismo si hace alegre o si hace triste,
hoy estoy para todo lo que existe:
lo que ya va morir y lo que crece.
En este instante me siento quien soy.
Adelante y atrás todo es mi vida:
mi vida a la redonda y esparcida,
mezclada con el mundo, ayer y hoy.
Porque ayer me ha pasado su recibo:
otro día al alcance de la mano,
otro día de asombro cotidiano.
Porque, en fin, me parece que estoy vivo.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Donde menos lo esperes (por Mario Benedetti)
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en ún arbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
jueves, 6 de diciembre de 2012
Dictados (por Saiz de Marco)
No es un dictado,
señora maestra,
ni es éste mi cuaderno de escritura
ni estamos ya en su clase de primaria.
Es mi diario,
el libro de mi vida.
Y si ahora usted corrigiera y tachara en rojo
los errores,
los equívocos
(como subrayaba en esos dictados, con rotulador rojo, las faltas de ortografía
–lo que, siendo con be, escribí yo con uve,
o las haches que omití o indebidamente puse…-),
si ahora usted corrigiera y subrayara
las equivocaciones de mi vida,
¡qué cúmulo de rayas y de enmiendas,
de subrayados rojos en mi libro!
Cuántos errores, señora maestra.
Y qué puedo decir
más que llegué al mundo sin saber ortografía;
que vine sin saber,
vine ignorante;
que nací inadvertido e iletrado.
Y que luego, cuando viví
e incurrí en todos los errores que siguieron,
tampoco nadie me había explicado
las bes, uves y haches del camino.
Tampoco entonces nadie me enseñó
a escribir los dictados de la vida.
señora maestra,
ni es éste mi cuaderno de escritura
ni estamos ya en su clase de primaria.
Es mi diario,
el libro de mi vida.
Y si ahora usted corrigiera y tachara en rojo
los errores,
los equívocos
(como subrayaba en esos dictados, con rotulador rojo, las faltas de ortografía
–lo que, siendo con be, escribí yo con uve,
o las haches que omití o indebidamente puse…-),
si ahora usted corrigiera y subrayara
las equivocaciones de mi vida,
¡qué cúmulo de rayas y de enmiendas,
de subrayados rojos en mi libro!
Cuántos errores, señora maestra.
Y qué puedo decir
más que llegué al mundo sin saber ortografía;
que vine sin saber,
vine ignorante;
que nací inadvertido e iletrado.
Y que luego, cuando viví
e incurrí en todos los errores que siguieron,
tampoco nadie me había explicado
las bes, uves y haches del camino.
Tampoco entonces nadie me enseñó
a escribir los dictados de la vida.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Sin acacia ni perro (por Juan Antonio Massone)
Yo fui un niño que tuvo patio
con un perro que se perdió una vez
y hasta el día de esta tarde no regresa.
Yo era un niño que olía tierra húmeda
y fue mío despedirme de momentos
como si el día acostumbrara a morir.
Yo fui un niño en un patio y ventolera
con más ladridos debajo de la tierra.
La nieve parece ahora menos blanca.
Yo era un niño que pactó con lagartijas
y queltehues invocando nuevas lluvias
en espera de pan con mantequilla.
Yo fui un niño y, de en medio del patio,
una acacia con nidos fue arrancada
los años aún no dicen para qué.
Yo era un niño con un perro
al que asustó la muerte muy temprano
y el pálpito quedó mío sin deseos.
Yo quedé niño de patio sin acacia
ni perro, ni estar seguro de nada más.
En los otros se quedaba la alegría.
con un perro que se perdió una vez
y hasta el día de esta tarde no regresa.
Yo era un niño que olía tierra húmeda
y fue mío despedirme de momentos
como si el día acostumbrara a morir.
Yo fui un niño en un patio y ventolera
con más ladridos debajo de la tierra.
La nieve parece ahora menos blanca.
Yo era un niño que pactó con lagartijas
y queltehues invocando nuevas lluvias
en espera de pan con mantequilla.
Yo fui un niño y, de en medio del patio,
una acacia con nidos fue arrancada
los años aún no dicen para qué.
Yo era un niño con un perro
al que asustó la muerte muy temprano
y el pálpito quedó mío sin deseos.
Yo quedé niño de patio sin acacia
ni perro, ni estar seguro de nada más.
En los otros se quedaba la alegría.
martes, 4 de diciembre de 2012
Terrible, juvenil, me sentaba (por Gabriel Celaya)
Pavos reales, corzos, estanques de agua muerta.
Todo municipal, mas casi con princesas.
Inmensas avenidas de invierno y de pureza,
y un temblor invisible donde el árbol se acaba,
y un secreto buscando por ese laberinto
de senderos la forma posible de un oído,
que haga ser al sonido y al leve escalofrío
de unos visillos blancos en una casa antigua,
o quizás a mí mismo cuando iba adolescente
por esas soledades, respirando amarillos
cansancios y delicias, y empapado en nostalgias.
Mas de pronto terrible, juvenil, me sentaba
en un banco, ponía mi máquina portátil
de escribir en mis muslos, rimaba, tecleaba,
tocaba en el piano de mis adoraciones,
sin pensar que mis letras eran como metralla
contra el mágico parque.
Yo era tan joven, tan joven.
Todo municipal, mas casi con princesas.
Inmensas avenidas de invierno y de pureza,
y un temblor invisible donde el árbol se acaba,
y un secreto buscando por ese laberinto
de senderos la forma posible de un oído,
que haga ser al sonido y al leve escalofrío
de unos visillos blancos en una casa antigua,
o quizás a mí mismo cuando iba adolescente
por esas soledades, respirando amarillos
cansancios y delicias, y empapado en nostalgias.
Mas de pronto terrible, juvenil, me sentaba
en un banco, ponía mi máquina portátil
de escribir en mis muslos, rimaba, tecleaba,
tocaba en el piano de mis adoraciones,
sin pensar que mis letras eran como metralla
contra el mágico parque.
Yo era tan joven, tan joven.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Adiós las mutuas manos (por Jorge Luis Borges)
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna,
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde -repites vanamente-,
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra;
y te puede matar una guitarra.
domingo, 2 de diciembre de 2012
¿Cómo va a haber muerte? (por William Faulkner)
Si hay dolor, que sea sólo lluvia,
y ésta sólo dolor de plata por el dolor en sí,
si estos verdes bosques sueñan aquí para despertar
en mi corazón, si yo amaneciera otra vez…
Pero dormiré, pues ¿cómo va a haber muerte
mientras en estas azules y soñolientas colinas de lo alto
tenga yo, como el árbol, mi raíz? Aunque esté muerto,
esta tierra que se agarra a mí encontrará mi aliento.
y ésta sólo dolor de plata por el dolor en sí,
si estos verdes bosques sueñan aquí para despertar
en mi corazón, si yo amaneciera otra vez…
Pero dormiré, pues ¿cómo va a haber muerte
mientras en estas azules y soñolientas colinas de lo alto
tenga yo, como el árbol, mi raíz? Aunque esté muerto,
esta tierra que se agarra a mí encontrará mi aliento.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Mapas negros (por Mark Strand)
Ni la presencia de las piedras,
ni el viento que aplaude,
te dejarán saber
si has llegado,
ni el mar que únicamente
celebra adioses,
ni las montañas,
ni las ciudades en su agonía.
Nada te dirá
dónde estás.
Cada momento
es un lugar
en el que nunca has estado.
Puedes caminar
creyendo que irradias
luz a tu alrededor.
¿Y cómo podrías saberlo?
El presente siempre es oscuro.
Sus mapas negros
salidos de la nada
son sólo descripción
en su lento ascenso
hacia sí mismos,
su propio viaje,
su vacío,
la desolada, atemperada
necesidad de plenitud
mientras se alzan al ser,
son como aliento.
Y si acaso se les estudia,
sólo se descubre
demasiado tarde, que aquello
que interesaba
ya no existe.
En ninguno de ellos
aparece tu casa,
ni tus amigos
esperando tu aparición,
ni están tus enemigos
enumerando tus faltas.
Sólo estás tú allí,
diciendo hola
a aquello que serás,
y una hierba negra
sostiene la oscuridad estelar.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Mañana ¿qué se hicieron? (por Piedad Bonnett)
Los saludables, los briosos estudiantes de espléndidas sonrisas
y mejillas felposas, los que encienden un sueño en otro sueño
y respiran su aire como recién nacidos,
los que buscan rincones para mejor amarse
y dulcemente eternos juegan ruleta rusa,
los estudiantes ávidos y locos y fervientes,
los de los tiernos cuellos listos frente a la espada,
las muchachas que exhiben sus muslos soleados
sus pechos, sus ombligos
perfectos e inocentes como oscuras corolas,
qué se hacen
mañana qué se hicieron
qué agujero
ayer se los tragó
bajo qué piel
callosa, triste, mustia
sobreviven.
y mejillas felposas, los que encienden un sueño en otro sueño
y respiran su aire como recién nacidos,
los que buscan rincones para mejor amarse
y dulcemente eternos juegan ruleta rusa,
los estudiantes ávidos y locos y fervientes,
los de los tiernos cuellos listos frente a la espada,
las muchachas que exhiben sus muslos soleados
sus pechos, sus ombligos
perfectos e inocentes como oscuras corolas,
qué se hacen
mañana qué se hicieron
qué agujero
ayer se los tragó
bajo qué piel
callosa, triste, mustia
sobreviven.
jueves, 29 de noviembre de 2012
Media hora (por Konstantinos Kavafis)
Ni te he poseído ni te poseeré
nunca, creo. Unas pocas palabras, un acercamiento
como en el bar anteayer, y nada más.
Es triste, no lo niego. Pero nosotros los artistas,
a veces, con el poder de la mente, y, claro está, sólo
por pocos minutos, creamos un placer
que casi parece real.
Así, en el bar anteayer –ayudado, además,
tan misericordiosamente por el alcohol-
pasé media hora totalmente erótica.
Y me parece que lo comprendiste
y te quedaste un rato más a propósito.
Y eso era muy necesario. Porque,
a pesar de toda mi imaginación y de la magia del vino,
me era preciso ver tus labios,
me era preciso tener tu cuerpo junto a mí.
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