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domingo, 8 de julio de 2012

Y ellos se contemplaran por dentro de ese amor (por Mario Benedetti)


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puede ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube ha resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.


16 comentarios:

Agridulce dijo...

Leo esto tan hermoso de Benedetti y se me ocurre que también se nos fue hace poco, y pienso entonces que en los últimos tiempos, desde que sigo Zumo de Poesía, se nos han ido tantos: el propio Benedetti, Wislawa Szymborska, Ángel González, Carlos Edmundo de Ory, José Saramago, Ray Bradbury… Todos en cuestión de un par de años. A este paso nos vamos a quedar sin los mejores. Aunque claro que nos queda su obra, pero preferiría que también ellos siguieran aquí con nosotros.

Aitor Suárez dijo...

Llevas razón, Agridulce: Se nos ha ido mucha gente en muy poco tiempo. Y a tu lista de ausencias hay que añadir al recientemente fallecido Carlos Fuentes, el escritor mexicano que, aunque fundamentalmente novelista, también cultivó la poesía. Por cierto, que Benedetti tiene un poema en que refiere la desazón que le producía ver cómo se iban marchando los escritores que de algún modo le marcaron el camino:

Me he ido quedando sin mis escogidos
los me dieron vida
aliento
paso
de soledad con su llamita tenue
y el olfato para reconocer
cuánta poesía era de madera
y crecía en nosotros sin saberlo
Me he quedado sin proust y sin vallejo
sin quiroga ni onetti ni pessoa
ni pavese ni walsh ni paco urondo
sin eliseo diego sin alberti
sin felisberto hernández sin neruda
se fueron despacito en fila india

Aldonza Lorenzo dijo...

A la China vamos a buscar lo que tenemos en el portal.

Cide Hamete Benengeli dijo...

Todos los que cantan bien
cantan bajo tu ventana
y yo, como canto mal,
estoy contigo en la cama.

Eleuterio Romaní dijo...

¡Qué bien mete Cide Hamete!
Refocílase en el prado
y a olvidarse ha comenzado
de aquello que ahora promete.
¡Qué puto sos, Cide Hamete!

Cide Hamete Benengeli dijo...

Sí, amigo Lute:

Prometer
hasta meter
y una vez metido
se olvida lo prometido.

Cide Hamete Benengeli dijo...

La paz os dejo,
mi paz os doy.
Que os den por saco,
que yo me voy.

F. investigador, a Sidi Hamed dijo...

Sidi: Resulta que El Greco, además de pintor genial, componía poemas. Y parece ser que Cervantes pintaba bastante mejor de lo que pudiera esperarse.
En una pared de la celda de Argel que ocupaba cuando fue dado en esclavitud al potentado Dali Mamí, y antes de su primera intentona de fuga, dibujó y coloreó (con pigmentos de la especiería vecina de un tal Ibrahim ibn Muhammad) una escena de la batalla naval de Lepanto. Figuran no menos de cincuenta galeras y bergantines, unos intactos y otros a punto de irse a pique, así como minuciosos detalles de abordajes y fuego de artillería. Carmín, ocre, verde, cobalto, azafrán, negro, es la gama de color de la notable pintura. Firma en el ángulo inferior izquierdo como Cide-Hamete-Benegeli. Según he llegado a saber, en el siglo XIX se desmontó el paño de pared que soportaba la pintura y paso a manos del mercader judío Benjamín Salmónides, con tinglado en el puerto de Orán. Pagó por ella diez mil dirhams. Me han soplado como gran secreto que, a día de hoy, Sotheby's anda detrás de la pieza. Les ruego discreción.
Y en cuanto a Doménikos Theotokópulos, he de decir que he tenido el privilegio de leer un facsímil de unos sonetos suyos dedicados, en secreto, a doña Mencía Benamejí, que era ama de llaves del Duque de Consuegra, con la que tenía relaciones extramaritales y con la que tuvo cinco hijos. Es de ver la donosura de tales versos, que bien pasaran por ser obra del propio Lope.
(No sigo, que me pierdo)

Anónimo dijo...

Todo es posible y "si non è vero, è ben trovato". Pero este comentario también puede leerse en

http://blogs.elcomercio.es/cosesmies/2013/02/08/greco/

F. muestra sus (algunas) cartas dijo...

Muy cierto: este texto había sido enviado por esta factoría imaginaria (de magín le viene el nombre) al blog de Miguel Mingotes "Coses míes" (llegado el caso, pudiera daros información al respecto: es una persona especial y muy estimada por mi). Sólo que en ocasión tan gloriosa tuve a bien signarlo con mi (presunto) nombre completo, Frederik (sin c ante la k), que es como me conocen por aquellos pagos. Citaba en aquel post a Cide Hamete, por eso he tenido el gusto de reenviárselo a nuestro homónimo habitual, en prueba de afecto indescriptible. Y es que suelo compartir con otros amigos (?) algunas bagatelas con que dotome la Natura (ya está don Alonso incordiándome), de modo que lo que aquí gustáis (?) no es sino la punta del cálido iceberg de mi metralla dialéctica. Está visto que la modestia no es lo mío. O son las apariencias.
Por cierto: desde que cambió el formato de este blog, encuentro que el clima se ha hecho más gélido; noto menos disposición al intercambio y menos rifirrafe y cierto tedio inundándolo todo. No sé, no sé...

F. dijo...

Se me olvidaba informaros de que le he hecho llegar una copia del post en cuestión a Luis Bárcenas. Dada su pericia en el mercado de obras de arte -que le ha procurado una fortuna incalculable-, pensé que podría interesarle hacerse con el "fresco" de Cervantes, y de paso... ganarme unas pelillas por la comisión pertinente. Que no sólo van a ser los avispados peperos (y gente de par ralea) los laboriosos comisionistas.

hAiKu dijo...


¡ Tanto y tanto
y tanto que aprender
de tanta gente !


(CUQUI COVALEDA)

ORáKULO dijo...


Quien pega para enseñar está enseñando... a pegar.

Cide Hamete Benengeli dijo...


Por un problema de lindes
le puse un pleito a mi hermano.
Los dos salimos perdiendo
y el huerto es del escribano.

hAiKu dijo...

Nadie en la boda
de los Reyes Católicos
fumaba habanos.

(CUQUI COVALEDA)

TóTUM REVOLÙTUM dijo...

Rendirse o desesperarse ante la adversidad es ponerse de su parte.